scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Homenaje rendido a la memoria de... José Gestoso y Pérez : discurso necrológico...

Rodríguez Jurado, Adolfo

Full text

HOMENAJE RENDIDO ALA MEMORIA DEL EXCELENTÍSIMO SEÑOR D. José Gestoso yPérez DISCURSO NECROLÓGICO ESCRITO EN VIRTUD DE ACUERDOS DE LAS REALES ACADEMIAS DE BUENAS LETRAS YDE BELLAS ARTES DE SEVILLA POR EL EXCELENTÍSIMO Sr. Dr. D. Adolfo Rodríguez Jurado VICEDIRECTOR YCONSir.IARIO, RESPF.CTIVAMRNTEi DE DICHAS CORPORACIONES LHÍDO EN SESIÓN PÚBLICA YSOLEMNE celebrada el día ióde diciembre de 1918 SEVILLA TALLERES TIPOGRÁFICOS GIRONÉS, FRANCOS, 49 1918 / HOMENAJE RENDIDO ALA MEMORIA DEL EXCELENTÍSIMO SEÑOR D. José Gestoso yPérez DISCURSO NECROLÓGICO ESCRITO EN VIRTUD DE ACUERDOS DE LAS REALES ACADEMIAS DE BUENAS LETRAS YDE BELLAS ARTES DE SEVILLA POR EL EXCELENTÍSIMO Sr. Dr. D. Adolfo Rodríguez Jurado VICEDIRECTOR YCONSILIARIO, RESPECTIVAMENTE, DE DICHAS CORPORACIONES LHÍDO EN SESIÓN PÚBLICA YSOLEMNE CELEBRADA EL DIA DE DICIEMBRE DE I918 1918 :tr J"- 1 EXCMO. SR.: Dignísimas Autoridades: Sres. Académicos: Señoras: Señores: ocos homenajes tan justos ydebidos como el que hoy venimos atributar ala memoria del Excnio. eIlustrísimo Sr. D. José Destoso yPérez, miembro ilustre de las Reales Academias de Buenas Letras yde Bellas Artes de Sevilla; ygrande acierto el de ambas Corporaciones al reunirse en este día para llorar juntas la eterna ausencia del sevillano insigne, de grata recordación, que, al rendir ala muerte el tributo que hemos de rendir todos, hizo que vistieran de riguroso luto las Artes ylas Letras his- ])alenscs. Yhacemos bien en llorarle; que, si lloré Jesucristo la muerte de Lázaro, santiíicando así las humanas tristezas por la pérdida de seres queridos; si llora la patria asus héroes, la ciencia asus sabios, la Iglesia asus Pontífices yasus Pastores, la familia asus deudos, la religién atodos sus hijos. ( —2 se justo es que lloremos la muerte del amigo, del con^' pañero, del sabio, del maestro, del patricio, del sC' villano, por tantos títulos ilustre, vertiendo esas grimas, dulces, santas, llenas de divinos consueie?; que, si de una parte se traducen en tributo dolor yde cariño alos que fueron, de otra testimonio de sus méritos yvirtudes, yestím^^^^ para que sigamos los senderos que nos dejaran zados aquellos que, al atravesar los áridos desierto*’ de nuestra peregrinaci(5n por esta vida, fueron brando la verdad yel bien, consagrando su exi^ tencia, yaun sacrificándola en aras de los gran^*^^ ideales, ycontribuyendo así al esplendor de la tria, acuyo engrandecimiento, si es verdad qu® llega triunfando en los campos de batalla, ens<'^'^ chando las fronteras, dominando en todos los tinentos, como en aquel siglo de nuestro inniei''^^ poderío yde nuestras espléndidas grandezas, ll‘^o‘‘^^^ más derechamente ymás pronto por los canii’^'J'/ de la cultura; que no conozco, ni existe, medio eficaz yseguro de hacer patria que laborar santemente por la cultura patria. Pero si acertadas anduvieron ambas Corpor<'^^^^ nes al acordar que, en sesión pública ysolenñ^^ se hiciera la necrolog-ía de tan esclarecido prestí^ de la mentalidad española, no tuvieron igual aci^i al encomendar este trabajo al (^ue tiene el de dirigiros la palabra. La colosal figura en honor nos congregamos, maestro de maestros tantas ytan variadas disciplinas, requería— Académicos—que cualquiera de vosotros, yoo se hubiera encargado de cantar las glorias de o yOi lie^' —3— ^10 ii^olvidable consocio; se precisaba que persona coni petente en arqueología, en artes bellas, decorativas eindustriales, en literatura yen historia, poseedora de erudición vastísima yde profundos co- i^ociinientos en todas estas ramas del gran árbol ^el saber humano, hubiera venido hoy apresentólos en alto relieve la mcritísima labor desarropada por el insigne Gestoso; menester era que pluma Pien cortada, que palabra brillante yelocuentísima, hubiera entonado en este día el himno de admiración, de respeto yde cariño que debemos al recuerdo inextinguible del que tanto honró aestas eales Academias yconstituyó una de las glorias legitimas de nuestra querida patria, tero, desgraciadamente para mí ypara vosotros ueste acto, ni puedo acometer la ardua empresa ^^^tudiar la magna obra cultural de nuestro ilustre riueito, porque para ello mi incompetencia es no- ^ra, ni tan siquiera me es dado cautivaros con galas de la hermosa lengua castellana, porque como siempre, cuando intento aprisionar esas as para vestir yadornar con ellas mi pobre y •^ ^uda palabra, esas galas huyen, como sombia esfuma, burlando mis afanes, denes esperanzas, desvaneciendo mis ilusio- ’eoino se desvanecen las espirales del humo, como los perlas del rocío cuando las hieren uube'"^^^^ mañana, como se disipa la apare viento azota, como se pierde ydeshiivo que arrastra en su furia el Sil* '^a, ello no obstante, de disculpa alos acuerdos —10 cil^ genio sus alas para que, remontándose a1^'^^ purísimas regiones del ideal, produjera obras taw bellas que refrigeran el ánimo, yelevan el espi' ritu, yhacen soñar venturas ideales, haciendo pO' sible yllevadera la existencia humana! ¡El Arte!, esa cándida paloma que huye de imperfección que nos' rodea yvuela hacia la perfección que idealizamos; que no se posa en espíritus viá' gares; que sólo anida en almas privilegiadas ygra^^' des, capaces de saborear sus delicadas dulcedumbre^ yde sentir sus inefables delicias, halló espléndida morada en el alma grande ydelicadísima de nuestre egregio compañero. Gestoso, que, en los días serene^’ yalegres de su juventud—según él mismo nos refiere —«cuando sentía el alma henchida he deseos sin iioni' bre, de pensamientos puros yde esperanzas sin líi^^^' tes»; cuando leía al más tierno ysoñador de los poetad’ sevillanos, aGustavo Adolfo Bécquer, las fibras nia^ sensibles de su corazón se conmovían, yel alma dd poeta de las Rimas penetraba en lo íntimo de su sG) como rayo de sol que diera vida atantas ytanta*’ imágenes poéticas yvisiones inefables; ysu espíritu identificaba con el espíritu del cantor de las golondri' lias, yaél unido por estrecho ymisterioso lazo, reU' díale verdadero culto yprofunda admiración. Va»i Gestoso fué poeta elegante ydelicado, que de tal E acreditan sus Apuntes del natural ysu Relación caso memorable del Racionero Juan Martínez Victoria; pero es, además, que Gestoso hizo verseé románticos, becquerianos, que nunca quiso publica^ en Sevilla; mas algunos vieron la luz en periódicos y revistas de otras provincias, si bien ocultando con di*’ 11 eimpenetrables seuduiiiiuos el nonibre del ? }cuentan que merecieron p.rítica muv íh Hlrkw • autor; jrentan que merecieron de la crítica muy lavorajuicios; éxito saboreado modesta ysilenciosanienpci nuestro ilustre compañero, que no quiso reve- '^inos los cantos de su lira. Quizá algún día se cnozcan los altos vuelos de su inspiración, si entre ^'^^^^^uscritos se encuentran las cuartillas originacomposiciones poéticas, yentonces se conuna vez más que, los hombres que tienen ^ de artista, suelen poseer aptitudes para muy cisas manifestaciones del arte. que leía aBécquer, yse familia- _Aacon nuestros clásicos, yconcurría alas bi lite • ^^^cecuentaba el trato con las eminencnn ^^l^aiias de aquella época, yrecibía las enseñanza! pi’och^^^ ^^udito f). Juan José Bueno, cuya irre yí^^íinera de escribir en lengua castellana en 1 ^^P^i’^dísimo gusto literario tanto influye bién b^signe compañero, éste dedicaba tam ^oi’ia "preferente al estudio de la his P^^aba^r^ ^^Pccialidad ala de nuestras artes, ^ Píi’itu' ei espaciando su es ^impoTd ^^^^^^^^^B^bación yestudio del espléndid< atesora caudal artístico que nuestra Sevilf ^^cultérico inmenso museo pictórico ; aieritísu^^^ ciudad encierra; ylas obra bailadores 'pióyade de ensambladores yei ^^cres, oiJebr^^^ ^hrosladores, olleros yforjf cileros, q^^ ^espaderos, estofadores yguadann ^^^^estra her í^i’abajaron ytanto lucieron e eonstruccioii^!^^^ ®^^bla. Yestudiaba las sever? flcl arte clásico romano, del que ta 12 notables ejemplares conservamos; vel arte maho' metano, del que poseemos tantas joyas de estilo árabe bizantino, mauritano yojival; yestudiaba con singular predilección el interesantísimo arte nía* dejar, ese rayo de luz que surge al contacto óe polos tan opuestos, como fueron aquellas dos ra^as que, al unirse, mezclaron los atauriques ylacería!’) ylas labores estalactíticas vlos esmaltados azalejos, ylos geométricos alfarjes ylas afiligranada-'’ yeserías con las frondas ycarderías; yla fantáí’* tica fauna ylas delicadas tracerías que adornaa impostas, capiteles yapuntados arcos, formando esc maravilloso conjunto en que se funden la inspii’^'''' ción cristiana yla arábiga fantasía para dejar eje' cutoriada anuestra patria, yespecialmente a región andaluza, con los gloriosos blasones de fe ydel genio, de la poesía ydel arte. YestU' diaba las obras del Renacimiento ylas construC' ciones del estilo borrominesco, tan despreciado eH' tonces, yobjeto hoy de grande atención ydetC' nido examen. Cultivada su clara inteligencia con tan persevC' rante ydetenido estudio, no es de extrañar que, joven todavía, figurara entre los hombres de recon^' cido mérito, que tanto abundaron en Sevilla en higunda mitad del siglo xix, época de glorioso resiu’g'^' miento de las Artes ylas Letras hispalenses. Por tuna, la negra ola del siglo xviii se alejaba, esa ola gendrada en el último tercio del siglo xvir, despa^’^ que Calderón escribió sus últimos dramas, yVela^ quez pintó sus últimos cuadros, ypasaron a vida Mui’illo yValdés Leal; esa ola que invadió hasb" 1 i •! I 1 1 i primer tercio del siglo xix, yde cuyo pernicioso no se libró la Atenas española, que si en el de las Letras no sufrió tanto quebranto, gracias Academia que fundara D. Luís Germán yRibón, Gl campo del Arte padeció horrores inenarraf*ies. El inmenso caudal artístico que nos legaran siglos XVI yXVII sufría tremendas devastaciones, ^^^estras joyas pictóricas yescultóricas •emigraban i^iipulsos dela codicia eiban aenriquecer museos ^xtranjeros; se fundían las más delicadas obras de !se vendían, como cosa vieja ydespre- "^ble, riquísimos paños, damascos ybrocados; se ^^utilaban magnífícas esculturas, desentonando la exsion de sus rostros al ponerles ojos de cristal, les^^ ^^^^^^*=caraban otras con sendas pelucas ytraj" óe guardarropía; se embadurnaban frescos de cul ^yde otros insignes maestros; se dest cielos rasos soberbios artesonados; se siis ^^'‘^ndiosos monumentos para aprovechai mecual si se tratara de cantera infor- Gtai ^elegantísimas construcciones mau- i'Odo ^^cubrían con antiestéticos paredones; y lícnerT^^^ ^ii^^cho más, se hacía en medio de la ^aiia ^^^^^^^^crencia, sin que nadie impidiera prdpro'te.u^^*^^ f'^ies, sin que se levantara una voz de mal 1^' ignorancia era absoluta yel '^mant^^^^^ había artistas, no había S'Uo ^‘^i’te, ymucho menos del arte antidían clasicismo, cuya belleza no se comprentieii como que se aproximaba el fin de ^Ríos retiraba del mundo la luz ^mde. Vliada faltare aeste 14 cuadro de tan negras tintas, fiel trasunto de triste realidad, la malhadada invasión francesa, coi^ sus devastaciones ysus latrocinios, mermó con^^' derableniente nuestro tesoro artístico. Pero al siglo xix cabe la honra de que en él resui' gieran las bellas artes yvolvieran aflorecer las 1^' tras, ypor dicha nuestra vimos en la segunda núh'^*^ de ese siglo cómo revivía la Atenas española. En ese período, Sevilla vuelve atener poetas, literatos 5 artistas, dignos de que sus nombres figuren enP'*^ los del siglo de oro; yvuelven amirarse con respeto las obras de la antigüedad; yse va prestancle mayor’ atención cada día alos monumentos y^ las joyas del arte clásico; yse va rompiendo el hielo de la indiferencia, yse va’ depurando el gust^i y, en suma, se opera un verdadero renacimiento del arte yde las letras sevillanas. Mas este re’!'"^ cimiento, si de una parte era un estímulo pnrn ^ estudio, de otra constituía gran dificultad para h^^^^ yconquistar un puesto glorioso ydescollar enhO tantos hombres de valía, dificultad que no lo para nuestro inolvidable compañero, que lucio J descolló, llegando ainfluir poderosamente en dios aspectos de la cultura sevillana. Nó satisfecho con tan prolijo estudio de tod*'^^ las manifestaciones del arte patrio, su alma de tista le llevó ala que, por excelencia, es píiP^^ del Arte: ala que fué cuna de Rafael y Angel, yallí, contemplando las severas constr^^ ciones romanas, visitando aquellos espléndidos seos, estudiando aquella infinidad de obras ricas, desde las que produjera el pincel místico td' íE —15 Angélico, que ha entrevistado los angeles, ^asta las que brotaran del pincel -naturalista de ^íasaccio, que ha copiado los hombres, aumento ya inmenso caudal de conocimientos de que hadado muestras en sus portentosos libros. Ycomo destoso era un artista yhabía tenido 1 _ t‘ .Tionn Acomo destoso era un artista yhabía tenido acierto yla fortuna de contraer matrimonio con ^’^a ilustre dama, que asu belleza, asus talentos yasus virtudes, une una gran cultura, que estrechaba más ymás la comunión espiritual establec^^a por los vínculos del amor, en el hogar dichoso cnuestro insigne compañero, no solo imperaba felicidad, sí que también el arte, ysu casa cons- un verdadero museo, instalado con gusto irrenodiable, que proclamaba las cultas aficiones de dueños. »< v«* El arte siempre tuvo D. José destoso al nion yol perseverante estudio de los r.•^^®^^fos yobras artísticas de la antigüedad, le ^VV\^^T ^^^ontai sobradamente realizó, de docudicur '* ^^®foria del arte, pudiendo afirmarse, sin ^*0- ci orror, que fué el primero que en nues- Jo ex il ^^onietió seriamente la ardua empresa ^hos ^^^^ostros riquísimos archivos, algunos de ^‘"^udo inexplorados hasta entonces, marcom^ ^^ueva orientación de la Arqueología, todas las ciencias históricas, ha translor- mado su sistema ysus procedimientos. Por fortum^, pasaron aquellos tiempos, no lejanos, en que 1^^ historia se escribía mezclada con la leyenda ycon la fábula, copiándose lo que hombres de otras generaciones escribieran yaderezándolo con las galns de la inventiva; hoy la crítica, más exigente y más racional, no admite que la fantasía penetre en el campo de la historia; que si ésta ha de ser ciencia, si ha de llenar sus altos fines, forzoso es que se asiente en verdades comprobadas, en testimonios fidedignos ante las reglas del enjuiciamiento racional; ysi bien es verdad que la Ar(j[ueologi‘^ dispone de elocuentes testimonios, cuales son 1^^ propias ^obras del arte, hijas de la espontancidaá efectiva del que las produce bajo la infiuencia áe las circunstancias que le rodearon; si es cierto q^^ los monumentos, como ha dicho un eminente queólogo, «retratan con exactitud la época en q'^® encajan, yque son como espejos donde se refieja sociedad aque pertenecen, con sus pensamieiití^^ más íntimos, sus flaquezas, sus virtudes ysus recimientos», no es menos cierto que el retrata queda imperfecto si la documentación no lo fija, amplía ylo consagra, ya que estamos muy puestos al error si no escuchamos más voz que del monumento, ola obra artística, por muy cuente que esa voz sea. Tlueiia prueba de ello nos ofrecen las rectificad^ nes ya hechas ylas que puedan por hacer en orden ^ la paternidad, yaun ala época, de magníficas prodn^ ciones del arte pictórico ydel escultórico. Por no berse prestado tanta atención como es debida a —17 ^'líibajos de investigación documental, ignoramos hoy ’i^ucho de la historia de nuestras artes yseguimos ^manteniendo tradicionales errores. Por el mero exa- ^Gn de las notables esculturas que en tan consideable niiniero atesora nuestra ciudad, aún no cono- ^ Jilos quiénes fueran los autores de la mayor parte ^ellas. Si los arqueólogos, que han venido atribiivemln 1o’1 ^ jyHirva el caso de ejemplo —al inmortal an Martínez Montañés la paternidad del hermonio Cristo de la Conversión del Buen Ladrón que Capilla de Monserrat, hubieran raspiibT^ ‘T-i’chivos, habrían hallado la escritura ica que se otorgó con motivo de la hechura fn' peregrina imagen, yhubieran visto que no laeMoninri' o’J^ '^imies su autor, sino otro artista, digno tameieii dp lo • ’o inmortalidad, yque se llamó Juan de J..V. ’pndieudo citarse centenares de ejemplos como inve:- demuestran la importancia de la labor I) Tnque tan afanosamente se dedicara 'losé "^e Lestoso yPérez. por ol . ~ ^eiiii ^entrario, ycomo dije en otra ocasión sono es tan fácil ysencilla esa laboiq muy vigjo^’ difícil yenojosa. Revolver papeles doa legajos manchados iior la humedad ycorroíla iihmañas; hojear índices yregistros que ^^^i’a'nd^ tiempo casi destruyó; despestañarse desvios '^tortuosas, signos inexplicables, abredescoloridas yborro'sas; niUchas P^^^^micia de un benedictino, sin lograr la est resultado que el cansancio ante '"^^^i’radoi 'esfuerzo, es, por demás, empresa pero es el único medio de destruir las —18 fábulas ylas leyendas que empanan la verdad histórica yenvuelven en sombras yen penumbras In-S vidas, los hechos ylas producciones de los grandes hombres; es el único modo de llegar acomprender el alcance de las obras maestras, yde aquilatar las facultades de 'los grandes genios, si hemo^'’ de obtener la enseñanza saludable de la historia y recrear nuestro espíritu con la posesión de la be lleza ydel arte. De esos legajos, yde esos índiceB? yde esas tortuosas líneas, van apareciendo, conm por mágico conjuro, las generaciones que nos pi’®' cedieron yque allí dejaron escritas sus glorias y sus miserias, sus virtudes ysus vicios, sus alegría^ ysus penas, sus excelsitudes ysus pasiones, sus esperanzas ysus desengaños; yse reconstituye nna época, yse nos ofrece la realidad de una vida pasó; yvan surgiendo como por ensalmo las gi’a^^' des ñguras, yse van dibujando sus líneas ynim cando sus caracteres; yvemos al escritor, al ai’hs ta, al poeta, encajado en su época, rodeado de aqueh^^^ con quienes convivió, respirando el ambiente socn eintelectual que había de reflejarse en sus obi’^^^’ podemos apreciar si se adaptó, ose inadaptó, o anticipó asu siglo, yllegamos, en fin, aunque larga ypenosa la jornada, asatisfacer nuestras sias de saber, aprehendiendo la deseada verdad } arrancándola de la tumba del olvido. *He aquí la ímproba ymeritísima labor desari liada por D. José Destoso, labor aque dedicó la yor parte de su vida ycuyos frutos bien se en sus libros. El riquísimo. Archivo de Indias; el m^) interesante del Cabildo Catedral; el no menos 19 ^^nte de nuestro Ayuntamiento5el muy curioso de los leales Alcázares; los de nuestras parroquias yconcentos, ymuchos de particulares, fueron campo de faccióndel infatigable investigador de la historia del pero donde con más entusiasmo ymayor fruto abajo fué en el Archivo general de Protocolos; mu- ^^^os anos laboró allíasiduamente ymucho exploró, pero fuó muchísimo más lo. que no pudo explorar; perqué desde el año 1907, ypara vergüenza de l^'^iestra cultura, oprobio de la ciencia ybaldón Ij^^^^^^^eioso de un país civilizado, quedaron cerrabas para aquel hombre, por tantos títulos digno ^ elos mas grandes respetos; para aquel sabio, ilus- ^ adoi de nuestra .historia, las puertas que hasta íences tuvo abiertas de tan importante archivo, ^envertido hoy en almacón de documentos histó- .substraídos ala cultura patria, encerrados en baluarte que defienden la férrea mutur^ arancel yel contrafoso de la incul-, pusV nuestro inolvidable amigo amargas quejas en cuantos libros publicó ^Au^s de la expresada fecha; inútil que se dirialos u'poderes públicos en demanda de una tesor que la vigente yque pusiera esos ^aútil '^^^^^^^^otales al alcance de los estudiosos; Como ‘Acudiera aCongresos tan importantes viiio Historia yGeosrrofía celebrado en Seclusio^Qg ^consignara, entre sus co.noi'den Pi’opuesta por D. José Gestoso en ^’opresei t particular; inútil que, sevillanos con ^cvneln, parlamentaria en la Alta Cámara, in- IOS ministros de Gracia yJusticia e 2G — grande atención yestudio aeste monumento, y formó el plano, que todos conocemos, del circo ita* license, no tuvo ocasión ni medios de practicar excavaciones importantes. Gestoso fué el primero que exploró las construcciones subterráneas del anfiteatro, en uiiión de otro arqueólogo muy competente, D. Francisco Caballero Infante. Fué el mismo Gestoso el que, años más tarde, tuvo la fortuna de hallar lo que con tanto empeño, y,tan inútilmente, habían perseguido Bruna, Estévanez Calderón yDemetrio de los RíoS) osea, la necrópolis italicense* descubrimiento interesantísimo para la Historia yla Arqueología, y que enriqueció nuestro Museo Provincial con notable colección de ataúdes ocajas sepulcrales. Gestoso fué el que, en reciente fecha, ycontando con recursos que la Excma. Diputación Provincial facilitara con largueza, realizó dos obras de* verdadera magnitud, cuales fueron: el descubrimiento de toda la construcción central subterránea del ciico» que desde la destrucción de Itálica no se había vuelto aver al descubierto, yla edificación de preciosa casa de estilo clásico romano, soleinnO' mente inaugurada por SS. MM. los Reyes D. Alfonso XIII yD.^ Victoria Eugenia, ydestinada a recibir decorosamente alos muchos eilustres visitantes del famoso monumento. La meritísima labor de nuestro inolvidable compañero, en las ruinas de Itálica, bastaría aconsagrar una reputación de arqueólogo eminente. *A* Ai. ' —27 — El claro entendimiento, la actividad prodigiosa y<^1 vehemente amor que tuvo al arte nuestro nia- ^ogrado compañero, hicieron que éste diera esplen- *iida muestra de sus excepcionales aptitudes en un ^iden de conocimientos que es ,ciencia yarte a vez, yque, ala vez, es arte bella, decorativa ^ii^dustrial* de tan ilustre yrancio abolengo, que bien puede afirmarse no hay manifestación de la Actividad humana, en el arte yen la industria, que aventaje en antigüedad, ni que mas consagiahaya tenido en todos los pueblos yen todas edades de la historia*, arte que inmortalizó Ho- ^^^eio cuando, requerido por los alfareros de Sainos paia quQ^ ^cambio de algunas vasijas de barro, cantase versos, les dijo: '.<Si fielmente me recompensáis, oh, alfareros, he aquí lo que os cantaré: Minerva, yampara con tu favor la tarea enniendada al horno. Haz que esos vasos, ypMn- Pal mente los destinados alas ceremonias sagradas, .^^^^eirezcan al fuego, yque, vendidos aalto pie- ’^^einden los mercados ylas calles de nuestias ,ysean, para vosotros que los fabricáis, sa S^n-njería, ypara mí nueva ocasión de con- ^is versos. Pero si con impudencia os lod vengan avosotros, no Minerva, sino sobr*^ pestes que devastan el mundo, ycaigan cspe *horno Sinárago, Asbeto yAbacto, y es q\Omódamo, que, más que otro alguno, fue^o de vuestra industria. Devore el tiene fábrica; todo lo que el horno conr yconfúndase en inservible congerie; de espanto el alfarero; resuene el horno con sordo crujido, semejante al que producen - mandíbulas de un caballo furioso, ytodos vuestros ; vasos, triturados, queden reducidos auii, montón n de ceniza ycascajo». 'j La cerámica, tan antigua como la humanidad» J pues que vemos sus productos en las cavernas del 1 hombre primitivo, llegó aun gran adelantamiento ' en Egipto yen Persia, cuyo pueblo enseñó aIn^ 4 árabes los procedimientos técnicos de esta fabrica' j ción; los árabes la trajeron aEspaña yadquirid carta de naturaleza en nuestra patria, singularmente en Sevilla, alcanzando inmenso esplendor, yno se J construía monumento oedificio que no fuera de- J corado con los productos de los alfares trianeros- 1 Más tarde, Francisco Niculoso Pisano, importadoi ^ de un nuevo estilo, produce obras tan bellas come 1 el altar de los Reyes Católicos en nuestro Alcází^b J ydc-cora la famosísima portada del convento de Santa Paula, yda un mayor impulso al esplendí ] de tan hermoso arte, echando los cimientos de escuela que tuvo tan egregios representantes come 1 Cristóbal de Augusta yAntonio Cambarino. 1 Pero llegó el nefasto siglo xviii, que no dejó ai’ie J ui industria que no envolviera en sus obscuras h^ nieblas, yla cerámica trianera llegó alamentable i decadencia. Se olvidaron los procedimientos de 1^' 1 fabricación; la policromía de los azulejos llegó a, detestable; pintores ignorantes, sin inventiva, 'j gusto artístico, yempleando malos colores, áeco 1 raban las piezas de vajillas, los azulejos yla ] sijería con dibujos incorrectos yextravagantes, d'^a^V a do ese ridículo ydetestable género aque llaniai’*^^^ j —29 — Moiitevíci, yen el (\ue vemos tan absui dos dispa i’ates; género que aún perdura, apesar del inoder- i’esurgimiento de esta industria, pues el ineican ^iúsnio hace que mantengamos, entre otras muchas endas que nos desdoran, la que considera este S^nero del arte cerámico el genuino ycaracteiistico estilo trianero, ycomo tal se le ofrezca a '‘^estros visitantes, que hacen buen consumo de ejemplares. He aquí el lamentable estado aque vino aque- i’educida esta importantísima industria, que no aresurgir hasta que el insigne Gestoso, en últimos años del siglo xix, aplicando aella sus glandes conocimientos, sus aptitudes artísticas, su ^labajo manual, su prodigiosa actividad ysu culúsima propaganda, consiguió el renacimiento de esta ^j-caida industria, haciendo que llegara aalcanzai la perfección yel esplendor que hoy tiene i^uestra ciudad querida. Bien es verdad que, algunos años antes, se hala'^^^ laudables intentos de resurgimiento de ^Gicimica trianera, siendoel primero de ellos el ^^el excelente ceramista D. Manuel Soto ^al que siguieron Fourrat, los hermanos Ji- y'Mgún otro; pero estos esfuerzos aislados, ind^^ intentos, no consiguieron sacar a, la cerámica de la postración en que yacía, jog/ se opera cuando los hermanos don ^Hnrique Mensaque, insignes sevillanos de Ij ^^^^^^^’dación, formando compañía con el intetab^^ ^^'^‘^^ústa D. Fernando Soto yGonzález, es- ^i^ion la fábrica que hoy conocemos, yque, I 30 — desde su fundación, comenzó areproducir fielmente la azulejería clásica. Entonces volvimos aver, mas de los azulejos de cuenca, resucitados por lo^ Jiménez, los de cuerda seca ylos písanos, y, pecialmente, los de refiejo metálico dorado, cuy*'^ fabricación había quedado en el misterio unís in^' penetrable desde el siglo xvr. Pero este noble esfuerzo de la Compañía «Uem saque ySoto» seguramente no hubiera tenido tiin franco éxito sin la poderosa ayuda técnica y tística que, desinteresadamente, le prestara el ilustre D. José Gestoso; porque no bastaban los conocí' mientos químicos yprácticos que poseía el Sr Soto, que, al pie del horno, ensayaba metales, hacía coiU' posiciones de sustancias vitrificables yaplicaba 1^^ fórmulas que mejores resultados ofrecían; no bastah*^ que los hermanos Mensaque, conocedores tanibico del arte cerámico, inteligentes yactivos ysevillíu^^^ de corazón, que, comprometiendo un capital otros no se atrevieron aarriesgar, mostraran patriótico entusiasmo por el resurgimiento de cerámica trianera; se precisaba algo más: era cesaría la dirección artístico-arqueológica, cieub' tica, y, más aún, era preciso romper el hielo la indiferencia con que se miraba esta industria, ) que un voto de calidad, muy distinto ymuy perior ala propaganda comercial, influyera lo baS' tante para despertar las aficiones artísticas yhacet salir al público inteligente de ese indiferentismo ^ que le había lle\<ado la decadencia "“eneral de artes; yhe aquí la meritísirna labor desarrollaos por D. José Gestoso, que, no‘ sólo facilitaba dibujO'^’ —31 yniodelos de la época clásica eindicaba los ejemplares existentes en nuestra ciudad mas adecuados para ser reproducidos, sino que, con sus propias ^aanos, ejecutaba el género llamado de «cuerda seca», más difícil de todos, como privativo de una de- Isrininada yreducida época, yque requeiia la inteligente aplicación de elementos 'decorativos de obras mudéjares para que resultara la debida ^i’monía de la técnica con los adornos. Ypor si tan importante concurso ytan interesantes enseñanzas teóricas ypracticas no bastaren, destoso fué un -verdadero apóstol del arte cerámico, un propagandista infatigable yentusiasta, ycomo su opinión autorizadísima, por ser suya, ^r’íi constantemente requerida por cuantas personas áe buen gusto edificaban oreconstruían sus casas ^palacios, su parecer se imponía ylos azulejos empleaban cada día con mayor profusión, como ^ieinentos decorativos, hasta llegar dicha industiia florecimiento yesplendor en que hoy la vemos, 'fl^ra honra ygloria de nuestra ciudad. ^rio fné D. .Tosé destoso únicamente el maesr^ que con sus enseñanzas contribuyera al perfec- ^ronamiento de la referida industria ycon sus enrrsiasnios la resucitara; fué también el artista, el ^^i'ámico que trabajó mucho tiempo en tan rcil^ arte yprodujo obras meritísimas. Díganlo rr illtl rií rl o/I .1, /moíll'ns fab rrifliiidad de piezas, platos, vasijas ycuadros 1B92, ycon motivo de las fiestas del IV rráo del descubrimiento del Nuevo Mundo, sivo^^^^'"^ ypintara, decorándolos con asuntos alu- ^dichas fiestas, inspirados todos en el mas —32 depurado gusto artístico de aquella época. Dígalo la laude sepulcral de la señora madre de otro insigne compañero nuestro, D. José de Apelilla yRodríguez, obra originalísima que los inteligentes encomiaron. Dígalo el magnífico tríptico que sirve de retablo en una de las capillas de la huertí^ del Convento de PP. Capuchinos de esta ciudad? espléndido donativo que hiciera adicha comunidad. Díganlo los escudos de los Reyes Católicos, de qne hizo varios ejemplares, ylos escudos de armas de los Excmos. Sres. Duque de T’Serclaes yD. Anselmo Rodríguez de Rivas. Dígalo la bellísima le* seta al estilo del siglo xv representando aNuestra Señora con el Niño en brazos, yde cuya obra se han hecho infinitas reproducciones. Dígalo el niag' nífico cuadro de gran tamaño, en el procedimiento de cuerda seca, representando una figura con armadura romana yleyenda de carácter gótico, in'^' •miado en la Exposición Artística de Barcelona- Díganlo, en fin, las otras muchas obras 'que pnO' dujera, entre las que se cuentan preciosos platos decorados yde gran tamaño, uno de los cuaRS tenemos la fortuna de poseer. Por muchos conceptos el nombre ilustre de íR®'. toso quedará engastado, como piedra preciosa, on la historia de Sevilla; pero una de sus más relevantes significaciones será siempre la de padre ymaestro del renacimiento de la cerámica trianera. *A* .V. —33 — No fue nuestro inolvidable compañero avaro de ciencia, como algunos otros hombres que adqui- Neron, con justicia, el título de sabios, porque estudiaron yaprendieron mucho, pero que se llevasus conocimientos ysu sabiduría ala tumba legarlos asus semejantes. D. José Gestoso, aunque ^ucieible parezca que lo fugaz de la vida del hompermita tanto, amás de ser un artista, yun pueta, yun arqueólogo, yun erudito, yun artífice, y investigador en los archivos, yun centinela avanj^udo en la defensa de nuestra riqueza monumental, un sabio maestro que, en la cátedra yen el ^u, prodigó espléndidamente su gran cultura. Pro- ^^'^ur por oposición en la Escuela Superior de Artes ^ udustrias de Sevilla, sus conferencias en la caeran escuchadas con interés ycon respeto, ^ ^u muchas ocasiones asistieron asu clase perso- ^^^idades de alto relieve, deseosas de escuchar las ilustre maestro. ^fué un escri- ^^^^tante, de correctísimo estilo, que sabia ma- ^^^ico de nuestra lengua con admirable publicista notable yfecundo, que sobre historia general, ilustrándola con indeo ^^®^*^^^utos5 yescribió sobre artes bellas, ®uper^^^^^^ ^iudustriales, con maestría por nadie de ^®ubre arqueología; ycultivó el campo .l^ti’as, enriqueciendo con datos curiosísimos bord ulgunos de nuestros clásicos; ycola- P®^ú<^fiicos yrevistas nacionales -yextran- a]r^J ^u, su pluma castiza yfecunda legó booin futuras el inmenso caudal de co- ’’ii’uto de su laboriosa vida, yque sera 3 34.— siempre fuente inagotable de provechosas enseñanzas. Asusta considerar el número yla calidad de los libros dados ala prensa por Gestoso. Cuarenta yseis obras acusa el catálogo de sus publicacío' nes, sin contar los centenares de discursos, artículos, exposiciones, dictámenes, informes yotros trabajos literarios que, reunidos, formarían considerable yloquísima colecci(3n. Nada más lejos de nuestro ánimo que hacer el estudio crítico-bibliográfico de la inmensa obra de .Gestoso; sería insensatez siquiera intentarlo, no sólo por notoria incompetencia, sino porque semejante trabajo resultaría impropio de este acto yde imposible ejecución. Se precisaría escribir un libro de muchas páginas, que ojalá haya sevillano amante de nuestras glorias, ysuficiente' mente capacitado, que lo escriba, pues con ello rendiría un tributo muy debido ala memoria de nuestro inolvidable consocio yprestaría un señaladísimo servicio ala cultura patria. Sólo, pues, ligera^ indicaciones hemos de permitirnos. Interesantes por demás, yeruditísimos, son 1^^ trabajos intitulados Apuntes ‘del natural, PedfO Millán, Curiosidades antiguas sevillanas, histórico-descriptiva del antiguo pendón de la dad de Sevilla, Guia Artística de Sevilla^ recuerdo de la batalla de Bailén, Necrología D. Francisco MA Tubino, Relación del caso morable del Racionero Juan Martínez' de ría, Valdés yManara, El navio del Santo Don Fernando, Los Reyes Católicos en Sevid^^' Historia ydescripción de la Sacristía Mayor d^ la Catedral de Sevilla, Recuerdos del MonastFF —35 — Nuestra Señora de Regla, Necrología del Doctor D. Fernando Behnonte, Nuevos datos hiográf^^os del maestro Juan de Matara yde Mateo Alemán, Guia histórico-descriptiva del Alcázar de ^^'oüla, Cristóbal de Morales (pintor sevillano), huevos documentos colombinos, Documentos para historia de la p)rimera tipografía mexicana, Juan Sánchez (pintor sevillano), Esgrimidores se- '^^llanos. Algunos datos relativos ala historia de ^uérica. De Sevilla aGuadalupe, Recuerdos de *an l^ernando. Descripción de la iglesia ydel Gustillo de Rota y¿a qué seguir? Se precisaría ®Pi educir íntegramente el catálogo de sus libros yfolletos, ya que todos son de reconocido mérito, ^^0 suyos, ytienen el interés de la documentaque avalora todas sus obras, fruto aquélla de ,P*^iseverante yconcienzuda investigación en nuesarchivos. fecunda ymeritísima labor histórico- Alalia de destoso se destacan como grandiosos cuatro obras fundamentales, cualcuales bastaría acrear una sólida re- ’cuatro obras que serán siempre de conarqueólogos, historiadores yartistas, y el ha inmortalidad de su autor, porque destoso se pronunciará por las gese pvenideras con el respeto yveneración que hue ^^)^^^an los de aquellos hombres privilegiados humanidad fuentes inago- ^^’ibiv lih^ l^^®^*pótuas 'enseñanzas. El que quiera esl^arables Sevilla, oestudiar nuestros incom- ^^^onunientos, otratar materias de arte, o J ; —42 ción de nuestro infortunado compañero. Difícilmente se hallará, en nuestra copiosa bibliografía artística, trabajo biográfico más completo que el del pintor sevillano Juan de Valdés Leal, publicado pocos meses antes del infausto suceso que hoy nos congrega. Las curiosas noticias que contiene, la exuberante documentación que saca aluz, nueva muestra de su ímproba labor investigadora; los atinadísimos juicios que emite en orden alas maravillosas pi’O- ducciones de aquel artista genial, merecedor de figurar entre los grandes maestros cuyos nombres esmaltan la historia del arte pictórico sevillano, y la magnífica colección de fotograbados que ilustra yavalora tan interesante libro, hacen que éste sea digno remate del grandioso monumento levantado con sus obras por el insigne Destoso. Yes al propio tiempo este libro una obra justicia. Aunque parezca increíble, el autor de las Postrimerías, el que supo darnos el más acabado concepto de lo deleznable de la vida yde la realidad pavorosa de la muerte; el que produjo cuadros tan hermosos como el de la Visión de San Ignacio de Loyola; el pintor de colorido brillante, fluido ytransparente yde ejecución portentosa, fue objeto de los más desfavorables juicios por algunos críticos de arte, llegando atratarle despectivamente, unos por ajíasionamientos insanos, otros por desconocer las producciones de tan insigne maestro, otros, en fin, por notoria incompetencia. Destoso, q^® conocía yadmiraba la obra de Valdés Leal, tomo a su cargo la defensa de esta gloria de la escueln sevillana, yen el último de sus libros desfcruy^^ —43 — tan injustas apreciaciones, volviendo por los fueros la verdad yde la justicia ydejando consolidada para siempre la merecida fama de aquel ilustie hijo de Sevilla. Después de la publicación de este libro, yya quebrantada la salud de nuestro compañero^ por la penosa ytraidora enfermedad que le llevó al sepulcro, sólo volvió atomar la pluma para escribir Unos interesantes artículos en el periódico El Con eo Andalucía, relacionados con el inventario de los objetos de arte que se vendieron en la famosa aluioneda del Dr. Gerónimo de Herrera, documento Curioso que tuve la fortuna de hallar entie papeles viejos, doblemente interesante por figurar en aquél nombre del Príncipe de los Ingenios, del gran ^^iguel de Cervantes 'Saavedra. ^1 la muerte suele llegar antes de lo que la humanidad desea, tratándose de los grandes hom- ^^'Cs siempre llega demasiado pronto, yesto ha acontecido con nuestro inolvidable amigo, que, por edad no avanzada ypor la frescura ylozanía su poderoso entendimiento, pudo habernos legado ^nievas joyas literarias, de haber vivido algún tiem niás. Deja terminadas ypendientes de imblica- Noticias inéditas de impresores sevillanos, Gíces yretablos, yotras más que bueno fueia ^l^e estas RR. Academias procuraran que tan m- ^ci osantes trabajos salieran aluz, agregando asi Uevo fiorbn ala espléndida corona de las letias ^spalenses. Deja en preparación Nombres de calles ^yentre el inmenso material de ti abajo tenía acumulado figura el que se proponía —44 — utilizar para uiia obra, con vehemencia deseada por todos los sevillanos cultos, obra cuya necesidad se nota, ymás de una vez este vacío' ha ocupado Ifi^ atención de la Academia de Buenas Letras; refiérome ala colección completa de Leyendas yTradiciones sevillanas. ¡Lástima que la inoportuna muerte cortara con su torpe mano el hilo de la existencia de nuestro egregio compañero, privándolo del tiem^ío que necesitara para sacar aluz tan interesantes producciones yprivándonos de saborear 'estos nuevos frutos de su erudición yde su ingenio, con que tanto se hubieran enriquecido las letras hispalenses! \4 kV V w- ./ó'. ' Pero si destoso, literato, poeta, artista, investigador, erudito, publicista, arqueólogo, restaurador de artes industriales, prototipo de la hidalguía española yde la caballerosidad más exquisita, merece que tributemos este homenaje a su memoria; como varón ilustre es acreedor aque su nombre se escriba con letras de oro en el gran libro de nuestra historia; si es digno, por tantos títulos, de admiración yaplauso, todavía merece* más los honores de la inmortalidad, ynuestra gratitud peí’' *durable, por algo que para los sevillanos es oro de más subidos quilates; yese algo es su acendrado, su entusiasta, su ferviente amor anuestra adorada Sevilla. 4 —45 — Sí; anuestra idolatrada Sevilla, que yo quisieia cantar con el arpa eólica de un alma enamorada, esta bendita tierra, que si todos la proclaman sultana de Andalucía, venero inagotable de ensueuos, jardín de doradas ilusiones, manantial riquiside leyendas, nido yvergel de amores, archivo glorioso de la historia, relicario de la fe, inspiiación de los artistas ymusa de los poetas, paia i^osotros, los que tuvimos la fortuna de que, al ^brir por vez primera nuestros ojos íí la luz, fue- i’an rayos del sol sevillano los que hirieran nuestras retinas ypenetraran hasta el fondo de nuestias ^hnas*, rayos de ese sol inconfundible, mas hermoso ymás alegre que todos los soles de todos los sis lemas planetarios; yambiente sevillano, perfumado azahares, el primero que respii/iramos como halito de vida; ysevillana la mujer bendita que nos ^iera el primer beso ynos arrullara en su regazo, ysevillano el hogar donde se abriera nuestro colazán al sentimiento; ysevillanas las leyendas que ^•^^qn’esionaran nuestras imaginaciones infantiles; y Sevillano el altar donde eleváramos al cielo nueslias primeras oraciones; ysevillana la reja donde ^'donáramos nuestro primer canto de amor; yse- '^hlauas las primeras obras de arte que conmovieran nuestro espíritu; ysevillana la primavera de Muestra vida, poética yriente como la primaveia f^vhlana, con sus aromas ysus flores, nubes de ^^cienso, devotos penitentes, soberbias esculturas, lifluísinia orfebrería, sublimes notas 'de Eslava, sen- ^l^ísimas saetas, alegres repiques de nuestra esbelta ^^ralda, cltiveles rojos, mantillas blancas, cuadios I r —46 — de luz, manchas de color, rompientes de gloria,..* ¡Ah! Para nosotros es mucho más; es que forman una sola la nuestra jel alma sevillana, yveneraremos siempre al que, como el insigne destoso, quiera aSevilla con toda su alma, yde Sevillíi haga el amor de sus amores. destoso amó aSevilla con amor verdadero, desinteresado ypuro; no fué uno de tantos declamadores que pregonan su amor anuestra ciudad querida, sin sentir, osintiendo débilmente ese amor, jamás refrendado con la abnegación yel sacrificio; no fué tampoco el amante platónico que pasara la vida en idealismos estériles, no; destoso selló su amor con sus propias obras; puso acontribución sus talentos, su gran cultura, su proverbial actividad, su tiempo, sus prestigios yaun su hacienda en beneficio de Sevilla, yno hay monumento, ni obra artística, ni recuerdo del tiempo viejo, ni rincón de la ciudad donde el arte ola historia alienten, que no proclame la bienhechora infiuencia, la paternal tutela, el solícito cuidado, la notoria competencia del amante apasionadísimo de Sevilla. Preguntad, si no, anuestra incomparable Catedral, yella os dirá con cuánto entusiasmo ydesinterés hubo de desempeñar el secretariado de aquella Junta de Obras creada ])ara la restauración del grandioso templo; yos mostrará en la capilla de los Alabastros, donde se venera la bellísima Concepción del insigne Montañés, el magnífico frontal de azulejería dibujado ypintado por la mano de I). José destoso; yos enseñará el precioso capitel árabe que donara para colocarlo en la esbeltísima V —47 - Giralda; yos advertirá la muy acertada instalación de cuadros hecha en todas las capillas; yos iiiostrará en la biblioteca, mal llamada Colombina, ^^lás de cuatrocientos volúmenes que, años ha, docon más algunas cantidades en metálico de i'clativa importancia; y, en la misma dependencia, ^cs retratos de Gustavo Adolfo Bécquer yde don 'fosé Asencio yToledo, donativos suyos también; Vos referirá sus incesantes trabajos en la di- i'ccción de cuantas obras de conservación de cuaúi’os ydecoración de retablos yaltares se efectuaion la Santa Iglesia; yos dirá cuán activa intervención tuvo en la restauración de las puertas de Basílica, ycuántas fueron sus gestiones ysus distancias, durante muchos anos, para que se reali- ^^i’an las obras, por fortuna ya comenzadas, que babrán de devolver, al Patio de los Naranjos, gran parte, de su belleza arquitectónica; y, en fín, no haedará altar, ni retablo, ni sepulcro, ni vidriera, lienzo, ni reja, ni escultura de los que forman espléndido museo de nuestra Iglesia Metrolitana, no os cuente cómo aquel insigne arqueólogo y ^Gista pasó horas yhoras, años yaños, contemplando tantas riquezas, estudiando tan maravillosas deducciones del genio, admirando tan soberbias manifestaciones del arte, para cantar, en sus libros, b'^s glorias de nuestra querida Sevilla. b*i’eguntad al bellísimo alminar almohade, aese peregriné ejemplar de la arquitectura africana que ^dece la primera manifestación de la azulejeria se ^diana; aesa esbelta yelegantísima torre de San ^barcos, yella os dirá cuánto hizo Gestoso para 48 que se realizaran las obras de restauración de que tan necesitada se hallaba. Preguntad al histórico convento de Santa Paula yos enseñará los epitafios del Condestable D. Juan de Portugal yde su mujer D.*'^ Leonor Enríquez, hechos por su mano ycolocados asus expensas,- por haberse destruido los primitivos, yen su deseo de que no se perdieran monumentos epigráficos tan interesantes para la historia de Sevilla. Preguntad ala iglesia de San Estéban yos mostrará la lápida colocada aexpensas del Sr. Gestoso para perpetuar el hecho de que en la pila de dicho templo recibió las aguas regeneradoras del bautismo el notabilísimo pintor Valdés Leal. Preguntad ala hermosa iglesia de nuestra Uni- ' 'Versidad Literaria, yos* presentará los monumentos sepulcrales de D. Antonio. Martín Villa yGustavo Adolfo Bécquer, acuya erección tanto contribuyera la eficaz yperitísima cooperación de D. -Jos'é Gestoso. Yquizás os diga también el templo universitario, que, como panteón de hombres ilustres, espera guardar en su sagrado recinto, yen artístico mausoleo de rica azulejería, los restos mortales ele nuestro llorado compañero, que, si* hoy yacen en panteón familiar, Sevilla tiene derecho areclamar- I0S5 Sevilla los debe reclamar para que reposen con las venerables reliquias de aquellos hombres que fueron brillante representación de la intelectualidad y de la cultura hispalenses. Preguntad aesa preciosa joya del arte ojival ñorido' a* esa linda capilla que el insigne Maese Rodrigo de Santaella hiciera construir en el Corral —49 — de Xerez para su Colegio Mayor de Santa Maiía de Jesús, yella os contará, gozosa, una interesante historia; ella os dirá cómo hubo de ser condenada ^muerte, ycómo se comenzaba alevantar ya el cadalso donde había de ejecutarse en bieve plazo ha fatal sentencia, ycómo sus muros yaquel her- i^mso arco ojival, con su archivolta festoneada por guirnaldas de hojas zarpadas que se levanta ante el presbiterio, yaquella -bóveda del ábside, con sus elegantes nervaduras, sentían ya los primeros golpes de la piqueta demoledora; yos dirá que hubo uu sevillano, cou alma de artista yamante de su patria, (|ue, con la urgencia que el caso requería, ycon el denuedo yahinco con que defendió sieni- Pi’c las venerandas reliquias del arte, gestiono y ebtuvo el indulto, poniendo en juego hasta sus amistades personales yhaciendo que por telógiafo comunicara alas autoridades de esta ciudad Jue la capilla del antiguo Seminario era intangible perqué había sido declarada monumento nacional. Preguntad al 'legendario yespléndido palacio Jue habitaran, desde San Fernando yAlonso el ^abio hasta nuestros días, los monarcas de Casti aese soberbio Alcázar que tantos recuerdos guarda, que tanta riqueza atesora, que tantas ma- ^avillas encierra, yos dirá que, bajo su inteligente *^h*ección, se -restauró en 1B9G la portada piinci pal; ([ue por su iniciativa se hizo desaparecer aquel antiartístico yanacrónico que aparecía sobie ^1 arco de la puerta llamada de la Monteiia, sus ^P'Uyéndose por el león heráldico que «el propio h^cstoso dibujara; yos referirá los persevei antes — i —50 — estudios que hiciera de los restos del Akrópolis y de la morada de los Abbaditas ydel palacio de D. Pedro el Justiciero, ysus investigaciones relativas al Palacio del Yeso yal Cuarto del Maestre, yal del Cidral, yal de los Oratorios, y' del Lagarto, ytantas otras construcciones del Alcázar viejo, destruidas en la antigüedad yde que apenas quedan vestigios; yos dirá también que fue el primero, acasó el único, que trabajó en el interesante archivo de la regia estancia, sacando aluz impor- 'tantísimos datos ynoticias que contribuyeron eíicazmente aque hiciera la más exacta, erudita y completa descripción que se ha hecho del grandioso monumento; yos dirá, en fin, yentre otras muchas cosas, que, en fecha reciente, lo honraba S. M. el Rey D. Alfonso XIII consultando su autorizada opinión sobre dos últimos descubrimientos de antiguas construcciones yencomendándole la dirección arqueológica de los trabajos que con tal motivo se ejecutaron. Preguntad aesa lindísima joya del arte mauritano, aesa torre constantemente acariciada poi’ -las ondas de ese río «que levanta igual al mar su altiva frente», por nuestro caudaloso Guadalquivii’i en el espejo de cuyas aguas se mira, recreándose en su propia hermosura; preguntadle yos dirá con cuanto acierto cumplió el insigne Gestoso el encargo que se le confiara de dirigir, en la parte urtístico-arqueológica, la restauración de tan interesante monumento, ycómo por sus sabias indicaciones recobró su primitiva belleza. Preguntad aesa tan estimable muestra del arte i —51 — ^usulmán^ al histórico torreón de Abdo-l-Aziz, o Santo Tomás, donde se enarbolara la primeia t»findera cristiana al entrar en Sevilla Fernando III Santo, yos dirá con cuánto acierto ypeiicia áirigi(S las obras de restauración de tan glorioso ^'íionumento. I'reguntad aese palacio, severa yrígida muestra ¿el estilo greco-romano, que ideara Herrera y ejecutara Minjares, aesa Casa Lonja, que tanto ‘^cusa su cercano parentesco con el famoso Escoyos ensenará' en su riquísimo archivo de Indias el interesante «mapa hidrograftco del Golfo ^íexicano», hecho en el siglo xviii por el piloto ^'Honio Abren ydonado por el Sr. destoso; yos ^'‘^ostrará la valiosa estantería recientemente cons- ^i'nída, gracias ala felicísima idea ylabor persevc- ^9,11 te del mismo Gestoso, que supo arbitrar recuisos, obteniendo valiosos donativos de corporaciones, en- ^'^dades yparticulares, con los cuales se realizó dicha obla, q^e reclamaba la debida ydecorosa consei- ^^oión del inapreciable tesoro documental que allí guarda. ^ I^i’eguntad aesa hermosa página del estilo plajoiesco, anuestras' Casas Consistoriales, yella os pablará con mayor elocuencia ymayor número ^testimonios del grande ydesinteresado anioi de ’^ostoso anuestra ciudad querida. Os dirá que poi fuiciativa se realizaron las obras de restaui ación olas fachadas monumentales, ysus incesantes tía ajos para que se acometiera la magna obra de ^ar la pavte moderna asemejanza de la antigua, ^a? por desgracia, suspendida apenas comenzada. I 58 — tener espléndida ratificación cuando transcurran sesenta ydos años. Los hombres que entonces vivan tendrán ocasión de conocer testimonios que acreditarán hasta que punto llegaron los desvelos, los esfuerzos ylos sacrificios que D, José Gestoso y Pérez se impuso por su acendrado amor aSevillíij yse conocerán hechos que hoy no sería discreto dar ala publicidad, porque habrían de producir sensación, yaún viven muchas de las personas que en ellos intervinieron. En instrucciones, escritas de su mano, encarga a su viuda yalbaceas entreguen, ala misma Biblioteca Colombina, sus tomos de correspondencia particular, pero encajonados yprecintados, con la condición expresa que no sean abiertos, ni puedan ser examinados, hasta el año de 1980. Yde igual manera, ycon idéntica condición, habrán de entregar una cajita de nogal que •guarda manuscritos suyos. Algo de lo que esos ina- 'nuscritosdicen hubo de revelarme mi buen amigo, siendo ocioso decir que esas revelaciones las llevaré ami tumba, yque por mí no han de quebrantarse, en modo alguno, los precintos de la interesante cajita de -nogal. Sólo diré que los sevillanos de 1980 tendrán la fortuna de saber hasta dónde llegó el patriotismo del esforzado paladín del arte ysus gloriosas tradiciones. Quiso, en fin, nuestro insustituible compañero, que hasta en su losa cineraria quedara grabado ,su intenso amor aSevilla, yasí lo proclama el epP tafio que dejara redactado, ydice así: «Aquí yace el Ldo. D. José Gestoso yPérez, Gran Cruz de las Ordenes de Alfonso XII yJo Isabel la Cat(5lica; Comendador de número de la de Carlos lll: Gentil hombre de la Cámara de S. M. el Rey con ejercicio; C. de las Reales Academias Española, de San Fernando yde la Historia, cadéniico .Secretario general de la de Bellas Rreeminente de la de Buenas Letras, Oficial de trucción pública de 'Francia, etc., etc. ^ Gastó su vida en la defensa de los intereses i^- tóricos yartísticos de esta ciudad, piocuiando lícito la conservación de sus tradiciones y^ iiientos, cuya historia ilustró con su pluma, \ honrar asu patria cuanto pudo. Descansó en e Señor el día.... Ruejíuen aDios por el.» 7 '-7'‘£•V /‘‘Ni'-' •) r»-• -^vrv; :. '.y .’v-: .‘t '•• >;4f^ .., ^.t'i i', i': r-^v' i:;.v , • ':-' vi-' ij llt '$íf' as;. '.. 7;. •,/ I; M<• ;< í•,'. ( ?> ‘t,.v^' 7'«.., í'-y "'r£\: ' ’\i: '-V i -, '-'!Í' ..rV-j'^ío ' •* yj'* j • -Ivs .'-‘t ..\... tr,.\ i.m -ft’ /i'j'’ 53;5ia ."í! 7. .' ’ —G1 — EPÍLOGO Eaquí, senorcp académicos, lo que hemos perdido. He aquí, señoras y señores, lo que ha perdido Sevilla, } por el precio de lo perdido bien pne den quilatarse los grados de nuestro doloi. perdido un compañero de los mas ilusties, un i’ato insigne, un artista eximio, Lm aiqueólo^^o tusiasta ycompetentísimo, un artífice expeito, un publicista fecundo ynotable; un sabio de eiu ic vastísima, un maestro, cuyas enseñanzas habían perdurar; un caballero integérrimo ypundonoroso la antigua usanza, modelo de la hidalguía 1 uola: un amigo cariñoso yun sevillano de :C(5mo 7^én, apasionado por nuestra ciudad queiida ^ •uo ha de ser profundo eintensísimo nuestio Lloremos, pues, con aquellas higiimas consuelos, la muerte de tuntas, llenas de divinos varón de 'tantas virtudes yde merecimientos i —02 — tos; lloremos el inmenso vacío que deja en ambas Corporaciones; lloremos por el arte ypor las letras, que tan grande quebranto sufren; lloremos por núes-., tros monumentos, huérfanos hoy de su paternal solicitud; lloremos, en fin, por nuestra idolatrada Sevilla, que pierde uno de sus hijos que más la amaron yque más contribuyeron a su cultura y esplendor. .Lloremos, sí, que es grande nuestro dolor,' porque grande es el precio de lo perdido; ybien hacemos en llorarle, que el dolor engrandece nuestras almas, porque es, en la ley misteriosa de nuestra existencia, como bálsamo que purifica nuestras virtudes, haciéndonos pensar que nacimos para qtro mundo mejor; yno olvidemos que en ese agridulce de la vida terrena, en esa contradicción, en esa lucha constante entre la felicidad aque aspiramos yla adversidad que nos combate ynos produce el dolor, está encerrado el enigma de nuestra grandeza; yque ese dolor que tantas veces hizo vibrar la lira del poeta* ese dolor que tantas veces tuvo expresión sublime en los cuadros yen la estatuaria yen las notas del pentágrama, ese dolor infinito es el Angel de Dios, que siembra de llores el camino de ta vida ymuestra sonriendo la mansión divina de los cielos. Ysírvanos de lenitivo la consoladora idea de que Gestoso nos há dejado algo, yaun mucho de su sér, que nos permite repetir lo que, en análoga ocasión, dijera una ilustre poetisa sevillana, en los momentos de aflicción yde dolor, por la muerte de su hermano, inspiradísimo poeta lírico de me- G3 — i'ecida fíiiTia/ yAcadémico preeminente o[ne fné la Real Sevillana de Buenas Letras: «Ya el muro de mi hogar se ha^ derrumbado; ya consiguió la muerte su victoiia, pero es más grande la que tu has logiado. que de la muerte triunfa tu memoria; yes algo de tu sér, porque has dejado el destello bendito de tu gloria.» he dicho. i I .*>.j *r *-'S- í «• .' • Y \ 1 \\ / 'í.'; rí' íf^>1 • SE ACABÓ DE IMPRIMIR ESTE DISCURSO NECROLÓGICO EN LA IMPRENTA DE GIRONES EL DÍA TREINTA DE NOVIEMBRE DEL AÑO DE MCMXVIIl >» { 'I ( ¡ s