Obra periodística, de Andrés de Almansa y Mendoza. Edición de Henry Ettinghausen y Manuel Borrego; Madrid, Castalia, Nueva Biblioteca de Erudición y Crítica, 2001 [Reseña]
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RESEÑAS DE LIBROS 185 un fresco general procedente del noroeste de la península con tendencia a empeorar», que pertenece sencillamente a la peculiar leyenda de la principal revista satírica del franquismo, texto que la autora ubica difusamente en los años cincuenta –dejándose llevar de la afirmación en tal sentido de Hans Jorg Neuschäfer–. No hemos localizado tal información y parece muy improbable que si un «Retirarse a tiempo. No al general de Gaulle» supuso la suspensión para el diario Madrid en las postrimerías del régimen, tal parte meteorológico pudiese publicarse en los oscuros años cincuenta. Aparte esos pequeños detalles, estamos sin duda ante uno de los mejores, más documentados y equilibrados estudios realizados hasta ahora sobre la prensa en la Dictadura. No estamos, conviene advertirlo, ante un análisis de los medios ni de sus dirigentes, sus idas o venidas, ni de la empresa periodística, que componen a lo sumo un tenue telón de fondo, sino ante un análisis de la rígida estructura que crea una Dictadura llamada a larga existencia, pero que atraviesa por ello mismo coyunturas muy diferentes, para ejercer su control. La censura, sus formas, sus cambios, sus obsesiones, sus luchas internas, sus protagonistas, son otros de esos aspectos analizados con habilidad en el estudio, con buenas aportaciones, aunque sea un aspecto del franquismo más conocido. Obra por tanto de evidente madurez que sin modificar en lo sustancial nuestras ideas o nuestro conocimiento sobre esas etapas del periodismo español, sí lo enriquece y lo perfila con mucha nitidez, corrige determinados tópicos, sitúa a algunos políticos en su papel real durante la Dictadura, sin caer en la mera anécdota. Una obra, por todo ello, que habrá que tener en cuenta en lo sucesivo en cualquier acercamiento que se quiera fiel al periodismo español entre 1936 y 1975. ANTONIO CHECA ALMANSA Y MENDOZA, Andrés de (2001): Obra periodística. Edición de Henry Ettinghausen y Manuel Borrego, Madrid, Castalia, Nueva Biblioteca de Erudición y Crítica. La reedición de la obra periodística de Andrés de Almansa y Mendoza –relacionero de profesión, poeta de segunda fila y famoso en la literatura española por su amistad con Góngora– era una de esas grandes tareas pendientes de la Historia del Periodismo en España. Los pocos especialistas, de ámbito nacional o internacional, que estudian relaciones de sucesos, avisos, gacetas… y otras muestras del periodismo de los orígenes, sabían que esta edición estaba siendo preparada, y, teniendo en cuenta que sus autores resultan ser dos de los máximos conocedores de la materia, habían albergado grandes expectativas al respecto. En este sentido puede decirse que las expectativas se han visto colmadas y el trabajo de Ettinghausen y Borrego es la obra definitiva sobre Almansa y Mendoza. Nos limitaremos en lo que sigue a detallar sus aportaciones, aunque permitiéndonos reseñar las partes de que consta la obra desordenadamente.
186 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA Nos interesa destacar para comenzar el logro que suponen los capítulos III y IV, los dos con que se cierra el volumen. En el tercero se reedita la obra periodística completa de Almansa y Mendoza, es decir, las diecisiete cartas noticieras y las diecisiete relaciones de sucesos presuntamente escritas por el probable sevillano entre 1621 y 1627, en los primeros años del reinado de Felipe IV. Ambas series constituyen, como se sabe, las dos primeras muestras de profesionalización de las tareas informativas en la España de los Austrias: las cartas, gracias a su periodicidad irregular y a su intención de resumir las novedades de la actualidad cortesana, militar, económica… del reino, resultan muy próximas al formato gaceta que aún tardará veinte años en consagrarse en España; las relaciones, en cambio, dirigidas a un destinatario particular de alta alcurnia y dedicadas al relato pormenorizado de un solo suceso, casi siempre de la esfera de la corte, muestran los modos de hacer de la información heredados de la Edad Media, antes de que la imprenta hiciera públicos documentos informativos que antes fueron privados o semiprivados. La modernización ortográfica agiliza la lectura sin desvirtuar el sabor de la prosa de Almansa, a veces seca y casi siempre alambicada como corresponde a su inclinación por el culteranismo, y mediante notas a pie de página los editores aclaran la identidad de los personajes aludidos en las noticias, el sentido político no explícito de muchas informaciones, o incluso llaman nuestra atención sobre las estrategias narrativas del sevillano. El valor que estas piezas tienen para el historiador del periodismo es por tanto indudable, sin despreciar el aporte documental insólito que suponen para el estudioso de cualquier otra especialidad de la Historia. Pero el mérito de los editores sólo puede ser calibrado si se conocen las dificultades intrínsecas a las tareas de búsqueda de estos impresos de ínfima categoría material, escondidos a menudo todavía en bibliotecas públicas o privadas deficientemente catalogadas. Ettinghausen y Borrego han logrado rescatar, tras recorrer un centenar de bibliotecas o archivos, más de cien ediciones, manuscritas o impresas, de textos periodísticos de Almansa. Algunos, como los dos manuscritos que contienen su primera relación –acerca de la entrada del Príncipe de Gales en Madrid en 1623– son un hallazgo reciente, dado a conocer por los editores en esta edición. Versiones con diferencias significativas en ediciones distintas se publican en un Apéndice, y además el capítulo cuenta con un Glosario donde se recogen los términos usados por Almansa más oscuros para el lector actual, sobre todo aquéllos a los que el periodista era tan proclive, los propios de la jerga de la moda del vestir en la época. El último capítulo, el IV, debe haber supuesto sin duda un gran esfuerzo para los editores, que han singularizado cada una de las noticias recogidas en la serie de diecisiete cartas por Almansa –quien a veces se limita a reproducir durante páginas, y muy lejos aún del ordenamiento mediante secciones que caracteriza al periódico actual, breves informativos obtenidos a partir de avisos oficiales o fuentes orales–. Las noticias se han clasificado temáticamente en cuatro grandes bloques de contenido: «Nombramientos y mercedes», «Noticias policiales y judiciales», «Actos bélicos y noticias del extranjero», «Actos de representación y acontecimientos sociales». Cada uno de estos clasifica las noticias en sub-temas. Por ejemplo, dentro del primer bloque:
RESEÑAS DE LIBROS 187 «Nombramientos de funcionarios», «Nombramientos palaciegos», «Nombramientos militares», etc. Ya que sólo se identifican los acontecimientos o los protagonistas de los mismos, independientemente del espacio que se les dedique o la intención informativa en que se inscriban, el capítulo dista de ser un análisis de contenido en profundidad de la obra periodística de Almansa; aún así, considerada la dificultad de localizar datos históricos, muchos de ellos de tan poca relevancia posterior que resulta imposible encontrarlos en las historias generales de la época, se comprenderá a la par la dificultad a la que antes aludíamos y la utilidad que todo ello tiene para investigadores posteriores. La simple constatación de que los arriba enumerados son los cuatro grandes temas de la información periodística seria de la época supondrá tal vez, para los no iniciados en la materia, una primera sorpresa. Pese a todos los méritos reseñados hasta el momento, en nuestra opinión lo que hace de la edición un trabajo redondo, y, según hemos ya indicado, definitivo, son los dos primeros capítulos, «Introducción» y «Cuestiones bibliográficas». La Introducción, de más de cien páginas, dedica los apartados previsibles a recoger el conocimiento del que hoy en día se dispone acerca de la identidad del autor –lamentablemente escaso, a pesar de que los editores utilizan todo fuentes tanto literarias como documentales para esclarecer su compleja personalidad–, y a recordar las claves históricas de la época en que se sitúa su producción. En ambos capítulos pueden los editores utilizar y actualizar sus propios trabajos anteriores, publicados en revistas. El epígrafe del Capítulo I denominado «La producción periodística de Almansa» resulta ser el más interesante del estudio, al menos en relación a los intereses de los historiadores del periodismo. Ettinghausen y Borrego logran situar con exactitud la producción informativa almansiana en el contexto de la prensa de su época, y esto es así, sin duda, porque son ambos exhaustivos conocedores de los textos en sí mismos –un problema que aqueja a menudo a los estudiosos a la hora de juzgar este tipo de producción popular de la Edad Moderna es, que, en efecto, no es habitual haber leído muchos de estos impresos–. La dicotomía entre carta y relación, tal como la esbozábamos líneas atrás, queda perfectamente razonada, así como la importancia que para la definición de estos géneros tienen elementos como la periodicidad –la constitución en series de periodicidad irregular, en nuestro caso–, la actualidad relativa, la retórica epistolar –garantía de veracidad–, etc. Los editores prestan especial atención a cuestiones como la difusión, probando incluso una fórmula matemática que permita calcular el número de ejemplares totales impresos por cada una de las piezas de Almansa, consideradas las ediciones conservadas. Epígrafes como los titulados «Criterios informativos de las cartas», «Los protagonistas de las noticias» o «Los apartados de la información según Almansa» son breves hasta la frustración, pero al menos señalan la dirección que en el futuro deben tomar los estudios que puedan realizarse sobre este autor o cualquier otra producción periodística de la época, y que necesariamente habrán de abordar el análisis de los contenidos y de las estrategias de producción –tiradas, ingresos por ventas, fuentes informativas, tipología de autores, esquemas retóricos propios de estos géneros, etc.–. El credo político de Almansa y su estilo literario son otros de los temas tratados por los editores en esta completa Introducción.
188 SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA Por último, el Capítulo II dedicado a las «Cuestiones bibliográficas», que resultará poco significativo para los lectores no especialistas, resulta asombroso por el rigor con el que está confeccionado. En él Ettinghausen y Borrego relacionan todas las ediciones consultadas –todas las que hasta el momento se conocen, según ya dijimos–, realizando una descripción bibliográfica de suma utilidad e indicando la localización de cada pieza. Según todo lo expuesto, podemos concluir afirmando que seguramente la razón última por la que el trabajo resulta tan meritorio reside en el amplio conocimiento que sus autores tienen de la materia tratada –el profesor de la University of Southampton, Henry Ettinghausen, hispanista distinguido con la «Encomienda de la Orden de Isabel la Católica», tiene tras de sí más de treinta años y una veintena de artículos o libros dedicados al estudio de las relaciones de sucesos, mientras que el joven profesor de la Université de Franche-Comté, Manuel Borrego, se ha distinguido ya como uno de los especialistas más destacados–. La obra resulta definitiva entonces desde el punto de vista del estudio del periodismo de Andrés de Almansa y Mendoza, pero también definitiva en cuanto resume todo el caudal de conocimientos acumulados por sus autores durante años. Los investigadores y docentes de la Historia del Periodismo español o europeo tienen en este volumen una fuente de información de un rigor desacostumbrado en el campo, y deben por tanto asumirlo también como un acicate para dirigir el camino de las tareas futuras. CARMEN ESPEJO GUNTER, Barrie (2000): Media research methods: measuring audiences, reactuins and impact, London [etc.], Sage Publications. Este libro no es sólo un libro sobre metodologías de investigación sobre los medios de comunicación, nos encontramos ante un trabajo que recoge las principales teorías de investigación de los medios así como su evolución y, lo más importante, el autor presenta multitud de trabajos para ilustrar cada una de las metodologías de investigación. El profesor Barrie Gunter, miembro de la Sociedad Psicológica inglesa y de la Sociedad de Investigación de Mercado, ha dirigido gran parte de sus trabajos al estudio de la violencia en los medios, los niños y la televisión, así como estudios de audiencia y los contenidos de los medios de comunicación. En esta ocasión nos presenta un trabajo que huye de los farragosos trabajos centrados en la enumeración y descripción de los diferentes métodos de investigación, aunque no olvida introducir el trabajo con un breve repaso a las más importantes teorías y metodologías de investigación de los medios de comunicación a lo largo del siglo XX. Comienza su ejercicio con las tres tradiciones que han ejercido mayor influencia en el pensamiento sobre el rol y el impacto de los medios de masas, el positivismo, la interpretación social y la teoría critica. De las metodologías cualitativas a la observación participante y el trabajo de campo, y de aquí al estudio de casos. Las metodologías de investigación responden en ocasiones