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Una reflexión sobre el futuro de las fiestas de toros. La depuración de la suerte de varas

Martínez-Novillo, Álvaro

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Re is a de Es udios Tau inos N.º 9, Se illa, 1999, págs. 141-170 UNA REFLEXIÓN SOBRE EL FUTURO DE LAS FIESTAS DE TOROS. LA DEPURACIÓN DE LA SUERTE DE VARAS Ál a o Ma ínez No illo1 Fundación de Es udios Tau inos unque en el siglo XVIII muchos ilus ados p e en- die on da in a las co idas de o os, en ealidad se desbloquea on no ablemen e los obs áculos ci iles y eligiosos que les enaban al dispone se que és as hab ían de se siemp e au o izadas y supe isadas po la au o idad, que solamen e ac ua ían en ellas o e os p o esio- nales cuali icados, que el público p esencia ía el espec áculo en un edi icio adecuado, p o isional o de ini i o, y que el p oduc o esul an e de las en adas se emplea ía en ob as de bene icencia u ob as públicas. Apesa de ello los polí icos ilus ados siguie on p ocla- mando que la ies a de los o os e a un espec áculo sang ien o que omen aba los ins in os iolen os del pueblo y su ociosi- dad. También eían con malos ojos el encumb amien o de los o e os, gene almen e pe sonajes de baja condición social, que g acias a su habilidad en la a ena se con e ían en e dade os hé oes popula es. Asimismo lamen aban los nume osos cam- 1Conse ado del Museo Reina So ía y, en la ac ualidad, di ec o del Cen o Cul u al Conde Duque de Mad id. pos que pe manecían incul os al se dedicados a la c ía de o os b a os y que, po úl imo, és os no llegasen nunca a se bueyes, animales en onces an necesa ios pa a las aenas ag ícolas y el anspo e. Con base en és as y o as azones las ies as de o os ol ie on a se pa cialmen e p ohibidas en 1785. Pe o la mode na au omaquia a pie que se había con e - ido ya en un espec áculo an apasionan e pa a españoles y ex anje os que, aunque en 1805 se p ohibie on comple amen- e debido a las nume osas desg acias ocu idas en los uedos po aquella época (la más amosa de las cuales ue la mue e de Pepe-Hillo en la plaza de Mad id), no a dó mucho en en- ce es a p ohibición. Du an e la Gue a de la Independencia los dos bandos con endien es au o iza on de nue o las co idas pues con ellas log aban dis ae al pueblo de las calamidades del momen o y, al mismo iempo, a o ece el abas o de ca ne pa a las poblaciones hamb ien as. Desde en onces se puede deci que las co idas de o os han es ado au o izadas legalmen e en España siendo uno de sus mayo es a ac i os u ís icos desde la época del Roman icismo. Bien es e dad que, en gene al, la in elec ua- lidad española del siglo XIX se sin ió moles a y un an o a e gonzada con la excesi a iden i icación de nues o país con los o os que la li e a u a, la música y el a e ex anje o p opiciaban, como se mani ies a en la nume osas e siones del ema de Ca men. Pa a calib a la impo ancia de las ies as de los o os a comienzos del siglo XX debemos eco da que, según eco- gía Eugenio Noel, en 1913 se die on en España 350 co idas de o os y 790 no illadas, es ando en ac i o 41 ma ado es y 400 no ille os. Todo ello mo ía la can idad de 253 millones Ál a o Ma ínez-No illo 142 de pese as de la época. Po o a pa e a medida que a anzaba el siglo los o e os en luga de cumpli su come ido de una mane a u ina ia busca on una lidia más a iesgada y emo- cionan e y así, a pa i de Belmon e, se conside ó no mal que el dies o in adie a e eno del o o y apa ecie an nue as sue es de capa y mule a. Con es ando a los de ac o es del o eo, Ignacio Sánchez Mejías dijo en una memo able con e encia en Nue a Yo k que «an es de acep a la c ueldad de la co ida de o os hab á que discu i sob e la gue a, sob e la caza, sob e el boxeo y o as muchas cosas que la co esía me impide enu- me a . Cuando la humanidad es é en un g ado al de ci iliza- ción que no quede ninguna c ueldad, en onces se ía cosa de habla de sup imi la co idas de o os» añadiendo que «den- o de las c ueldades humanas no se puede oma ni un peque- ño de alle que compi a en belleza con la ealización a ís ica del o eo». Incluso el o e o no ehuyó en onces en a en el e eno más polémico de la au omaquia cuando explicaba: «Es e dad que mue e el o o y puede mo i el o e o. Pe o ¿cómo y po qué? El o o mue e eple o de u ia, de sobe bia, de abia po ma a . El o e o, en cambio, es ido de seda y o o, sob e el ama illo del albe o que se le ap oxima azando cí culos al ededo de su cin u a. Ma ado es, o e os, homb es de España, ¿po qué ais hacia la mue e? Hacia ella po la glo ia, que es la ilusión que co e po la sang e; po el aplau- so, que es el p emio de la locu a. Cuando odas la posibilida- des cie an al homb e del pueblo las pue as de la celeb idad, sal a al uedo a juga su a en u a con la mue e, si es el caso, son iendo con en o, enseñando el a e de no mo i , el a e de la ida» (Con e encia en la Uni e sidad de Columbia. N. I. Una e lexión sob e el u u o de las ies as de o os 143 1930). Imp esionan es palab as de un homb e a quien un o o qui a ía la ida cinco años más a de. I.– NUESTRO TIEMPO El siglo XX que aho a e mina se ha ca ac e izado po su impulso mode nizado a odos los ni eles sociales y am- bién po una uni e salización de las cos umb es g acias en buena pa e al espec acula desa ollo de los medios de comunicación. De es e modo, en los úl imos cincuen a años, mul i ud de adiciones locales han desapa ecido o quedado en desuso. Sin emba go, a pesa de ales ci cuns ancias, la au omaquia no ha encon ado mayo es p oblemas en su cul- i o y desa ollo. Incluso du an e es e siglo se ha dado el caso de que muchos p ejuicios de in elec uales hacia la ies a de los o os se han a enuado o desapa ecido. Así como en su mayo pa e los li e a os y pensado es has a la gene ación del 98 e an cla amen e opues os a los o os, a pa i de O ega y Gasse se encuen a un cla o cam- bio de es imación y ambién en la poesía, a pa i de los c ea- do es del 27, se puede deci que los o os no sólo son obje o de espe o sino que se con i ie on en un ema li e a io cul i- ado ex ensamen e. Lo mismo ocu e con las a es plás icas donde, po ci a un ejemplo p ecla o, Picasso, el más uni e - sal de los a is as españoles y uno de los más comp ome idos con el a e nue o, u o a la au omaquia a lo la go de su dila- ada ca e a como uno de sus emas ca dinales. Tampoco podemos ol ida la ascinación po la ies a que esc i o es ex anje os de la alla de Hemingway, Dos Passos, Ál a o Ma ínez-No illo 144 Mon he lan , Lei is y o os muchos mani es a on en sus ob as y en sus decla aciones (Fig. n.º 32). De es a mane a en un pe íodo his ó ico eno ado en el que en p incipio no pa ecía que pudie a cuad a muy bien un espec áculo c uen o –e inclu- so ela i amen e anac ónico– co- mo las co idas de o os, és as no han encon ado ningún obs áculo insal able pa a su desa ollo en Es- paña ni ampoco en el su de F ancia, en Mé- xico, Colombia, Venezuela, Ecua- do , Pe ú y en Po ugal (aunque en es e úl imo país no es é au o- izada la sue e de ma a ). También se puede a i ma que, g acias sob e odo al apoyo de la in e- lec ualidad, se ha o o de ini i amen e el also ópico que pesaba sob e la ies a desde comienzos del siglo XIX que la conside aba en gene al como un espec áculo polí icamen e eacciona io. De es e modo se explica que ac ualmen e no Una e lexión sob e el u u o de las ies as de o os 145 Fig. n.º 32.– F ancis Bacon: Michel Lei is, es udio pa a un e a o, 1978, ól./l., 35’5 x 30’5, Pa is, Col. Louise y Miche Lei is (Lei is, M.: F ancis Bacon, ad. de R. Ibe o, Ba celona, Políg a a, 1987, pág. 108). exis a ningún medio de comunicación que se mani ies e an i- au ino, cosa que e a bas an e habi ual hace un siglo en España, Eu opa y Amé ica aunque, po supues o y como es lógico, sí exis en esc i o es y pe iodis as que de ienden pos- u as an i au inas. Du an e el sigloac ual ha habido un g an núme o de espadas amosos, muchas eces con una pe sonalidad huma- na que ha ebasado lo me amen e au ino, que han p es igia- do la au omaquia y cuya ama ha desbo dado ampliamen e nues as on e as a los cuales se debe mucho del p es igio in e nacional alcanzado po la ies a. Todo es o a pesa de que, en es e siglo, haya habido una nómina muy impo an e de o e os que han pe dido la ida en los uedos –en e o os: Joseli o el Gallo, G ane o, Gi anillo de T iana, Sánchez Mejías, Manole e, Paqui i, El Yiyo– y es o a pesa de los a ances de la medicina mode na que han sido decisi os pa a educi el núme o de cogidas i epa ables. Pe o, aunque esul e so p enden e, las íc imas de los o os al inal, en el mundo mode no, no esul an an escandalosas como en iem- pos pasados lo e a pa a muchos po que la p ác ica con em- po ánea de nume osos depo es incluye y acep a g a ísimos iesgos. En in, hoy en día, en gene al, nadie pone en cues- ión las compe iciones au omo ilis as, de mo ocicle as, ae o- náu icas o la p ác ica del mon añismo po el núme o cie a- men e ele ado de íc imas que se cob an pe iódicamen e. El iesgo con olado po eglamen os depo i os es cul u al- men e acep ado po la sociedad con empo ánea. Se debe econoce en cambio que los o os han dejado de se , al menos numé icamen e, el espec áculo más popula . Los depo es, y más conc e amen e el ú bol, a eba a on a la Ál a o Ma ínez-No illo 146 au omaquia el monopolio secula que és a enía undamen- almen e a pa i de los años cua en a y cincuen a. Sin emba - go ello no signi ica que las co idas engan p oblemas de público pues o que su a ición sigue muy i a y, en muchos casos, se compadece pe ec amen e su en usiasmo con el de los depo es y o os espec áculos. En cualquie caso, se puede incluso a i ma que los o os han aguan ado mejo la compe- encia de los depo es que el ea o la del cine. Además, ello ha se ido pa a que la a ición a los o os se haya depu ado yhecho, en gene al, más en endida y conscien e de la singu- la idad de los espec áculos au inos. Sin emba go se pod ía deci que quienes ienen espon- sabilidades conc e as en la o ganización de las co idas, po los mo i os que sean, no han alo ado su icien emen e que uno de los g andes acie os de la es uc u a depo i a en o den a c ea a ición en su o ganización escalonada en di e - sas ca ego ías de mane a que el público puede epa i su a i- ción en e los equipos de p ime a di isión que pa icipan en las más impo an es compe iciones nacionales e in e nacio- nales y los de ca ego ía in e io , mucho más p óximos al público y consecuen emen e más ba a os, que si en pa a p omociona la p opia can e a de jugado es. El hecho de que hoy en día muchos pueblos en ies as puedan con a a a unas g andes igu as del o eo, a nues o juicio, pe u ba mucho la calidad de la lidia ya que, muchas eces, el esul ado inal no es sino una ca ica u a de las co idas en las g andes e ias a unos p ecios p ohibi i os pa a buena pa e de la a ición local. Además, es p eciso econoce que a la ies a de los o os la p og esi a e olución de los medios de comunicación le ha esul ado bene iciosa. Tal como ya ocu ió cuando Una e lexión sob e el u u o de las ies as de o os 147 empeza on a apa ece las e is as ilus adas y p on o des a- ca on las de ema au ino po sus g abados y o og a ías que podían compe i en belleza plás ica con las mejo es, hoy en día la ele isión, sob e odo en colo , se ha con e ido en un o midable ehículo de di usión de los es ejos au inos. La adecuación écnica de la ele isión a las dimensiones de las plazas, la capacidad de ecoge el espec áculo en su colo ido y la posibilidad de al e na planos gene ales y de alles pa - ciales de la lidia han hecho que las ies as de los o os hayan salido muy bene iciadas con el desa ollo de es os nue os medios de comunicación a ni el nacional e in e nacional y así se puede a i ma o undamen e que el concep o de «aldea global» de las comunicaciones ac uales es ex ao dina ia- men e posi i o pa a el mundo de los o os. Un p ime ejemplo elocuen e de la in luencia mediá i- ca en los o os se u o ya, en los años sesen a, con el enó- meno de El Co dobés, en cuya ca e a la ele isión ue deci- si a pues dio a conoce su a ac i a pe sonalidad a un g an público no a icionado, nacional y ex anje o, ace cándole a los o os. Como quie a que se a aba de un o e o he e odo- xo posiblemen e no se alo ó bien es e enómeno desde den- o del mundo au ino, pe o lo cie o es que puede se i bien de ejemplo de cómo el público es capaz de eacciona cuan- do la ies a de los o os se ab e y p opo ciona un espec áculo que en gene al se puede conside a eno ado en emoción. E iden emen e no se a a aquí de magni ica las inno acio- nes de El Co dobés espec o a la elegancia de la lidia adi- cional sino de ponde a cómo u ilizando los medios de comu- nicación se puede ambién conmo e un espec áculo an asen ado como el au ino. Ál a o Ma ínez-No illo 148 Po que, ca a al público, en gene al, uno de los p oble- mas más impo an es de la ies a de los o os es que se ha con- e ido en un espec áculo excesi amen e pa a iniciados y bas- an e c íp ico pa a un espec ado que no es é al an o. Incluso es un ópico li e a io, desde los saine es de don Ramón de la C uz, la displicencia del a icionado en la plaza hacia los espec ado es ocasionales. Po el con a io, a a és de las e ansmisiones ele isi as, el público iene acceso a nume o- sos da os que en la plaza de o os sólo son asequibles a un núme o educido de espec ado es, como pueden se los cam- bios de úl ima ho a en los o os que se lidian o en los compo- nen es de las cuad illas que es án ac uando en un de e minado momen o. Así, po ejemplo, cuando se p oduce una cogida no malmen e el público de la plaza suele se el más desin o - mado sob e su g a edad y alcance dando ello luga a si ua- ciones pa adójicas, algunas eces e ibles, que se ían incom- p ensibles si no se u iese en cuen a es a ci cuns ancia. Pe o, es muy posible, que el p oblema in ínseco más impo an e del o eo ac ual como espec áculo de masas sea su coincidencia con el absolu o p edominio de la aena de mule- a y la consiguien e sue e sup ema en de imen o del es o de ac uaciones sob e el uedo, más conc e amen e de las sue es de a as y de bande illas, que han ido paula inamen e pe - diendo impo ancia y con i iéndose, demasiadas eces, en un pu o ámi e sin apenas in e és a ís ico. Es o si, de un lado, mani ies a el gus o del público ac ual po la pa e esencial de la lidia, no puede sin emba go jus i ica , de o o, que el es o de las sue es, quede en un plano secunda io pues las di e sas ases de la co ida es án concebidas desde hace dos siglos pa a o ece un espec áculo lo más comple o posible en el que, si Una e lexión sob e el u u o de las ies as de o os 149 sidad al es a esabiada, excepción hecha de los a ísimos animales indul ados as una co ida. Po an o no hay pa a el animal apenas di e encia en se apun illado de ás de la pue a del o il o en se es oqueado a la is a del público, máxime cuando es a sue e sup ema se debe ealiza con la mayo lim- pieza y siguiendo unas no mas muy es ic as. E iden emen e la sue e de ma a no siemp e se p oduce en la a ena de es a mane a, pe o es e iden e que, po egla gene al, el ma ado pone odo su in e és en que la sue e sea ejecu ada de la mejo mane a pues o que en ello a su p es igio y la ma e ialización de su iun o. Desde luego se puede aduci que nues a sociedad epe- le la idea de la mue e y en ella su sola mención suele esul- a p o undamen e desag adable, pe o ese es un ma iz muy discu ible en nues a sociedad ya que la mue e exis e y es absu da su ocul ación sis emá ica. Aes e espec o pa ece opo uno ci a las palab as de Michel Lei is: «En el p esen e es ado de cosas (no able po una no able ausencia de odo cuan o concie ne a la ies a) una ins i ución como la co ida –que pa ece, en más de un aspec o, desa olla se siguiendo un esquema análogo al de la agedia an igua– adquie e un alo pa icula a consecuencia de se la única, en nues o mundo occiden al mode no, capaz de esponde a las expec- a i as exigibles a odo espec áculo, an o si és e se o ece en el ma co de la ida eal, an e la alsa apa iencia de un deco- ado o, incluso, sob e el suelo i me de un campo de depo - es» (Espejo de Tau omaquia, Tu ne , 1995 [1937]). Además si la co ida se e ec úa ejecu ando co ec a- men e sus no mas, es e espec áculo pod ía incluso esul a en cie o modo pedagógico pues no sólo pone de elie e el pode Ál a o Ma ínez-No illo 156 de la in eligencia sob e la ue za b u a sino que ecue da, con dignidad y belleza, que el homb e necesi a sac i ica anima- les pa a su p opia subsis encia. Po que no deja de se una abe ación que en nues a sociedad u bana muchos niños no elacionen en absolu o las iandas que se comp an empaque- adas en supe me cados con los animales del campo que con- emplan en los iajes o en las es ancias en g anjas-escuela. También hay que señala que en buena pa e de las películas ac uales y ideojuegos al alcance de los niños hay una ca ga de iolencia i ual mucho mayo que la que se suele p esen- cia no malmen e en una co ida de o os. Sin emba go es e azonamien o no se á admi ido po la mayo ía pues o que lógicamen e aduci á que una cosa es la iolencia de icción yo a la eal, po más que no es é muy cla o si es e ma iz es á bien di e enciado en las men es in an iles y ju eniles ac ua- les an o más cuan o que las no icias que nos llegan de ins i- u os y liceos son cuan o menos, inquie an es. Tampoco es de endible la manipulación ilíci a de los o os an es de las co idas que p oduce en ocasiones si ua- ciones e dade amen e lamen ables en los uedos. La más adicional es la manipulación de los cue nos aco ando su longi ud. Sob e es e asun o hay una amplia no ma i a legal yuna inacabable pica esca. La azón úl ima es la exigencia de las igu as que condicionan a ganade os y emp esa ios has a el pun o de obliga les a a on a impo an es sanciones gube na i as po más que el «a ei ado» no sea una panacea con a el pelig o al como lo demues a el hecho, de ela i o dominio público, de que uno de los o e os más amosos del siglo pe ecie a de esul as de la co nada de un o o con las as as manipuladas. Aunque en los úl imos iempos se ha Una e lexión sob e el u u o de las ies as de o os 157 luchado mucho con a es a p ác ica la e dad es que esul a eno memen e de audan e el hecho de que con a a ecuen- cia, cuando se asis e a co idas ue a de las plazas más adi- cionalmen e o is as, se ean animales e dade amen e imp esen ables en su co namen a y lo peo es que en esas ci - cuns ancias se sien e una al a sus ancial de au en icidad en la ies a y, po consiguien e, un a en ado con a la é ica. Menos e iden e pe o más decepcionan es oda ía son o as p ác icas con a la in eg idad del o o que an desde la bu da desca ga de sacos e e os sob e el espinazo de las eses has a más so is icados mé odos de d ogado de las mismas. F en e a es as p ác icas que odos deseamos que no es én muy ex endidas pe o cuya somb a de duda apa ece en los uedos, sob e odo cuando se en, en el uedo, e á icos compo a- mien os, en los o os apenas explicables, no debe habe o a medida más que el acue do de los sec o es elacionados con la ies a pa a des e a es as p ác icas, los análisis e e ina ios pe inen es an es y después de cada co ida, po cos osos que és os sean y las eglamen a ias sanciones. Pa a conclui es e ema podemos a i ma sin exage a- ción alguna que cada ez que se p oduce algún aude en la in eg idad del o o b a o o du an e la lidia se ejecu an des- cuidada o indebidamen e las sue es de a as, bande illas o de mue e se es án dando a gumen os eales a quienes se opo- nen a las co idas po el mal a o que, en ellas, se p oduce a los animales. Las ies as de o os sólo son excepcionalmen e admisibles pa a la legí ima sensibilidad del homb e ac ual si se ealizan según las no mas es ic as de la au omaquia, las que la con i ie on en un a e suscep ible de compagina el alo y la maes ía con la mínima iolencia posible. Si se pe - Ál a o Ma ínez-No illo 158 sis e en p ác icas descuidadas o ilíci as és as g a i a án ine- i ablemen e sob e el po eni de la co ida. Po que de nada si en los a gumen os his ó icos sob e las co idas de o os en nues a ci ilización si su p ác ica ac ual no es á a la al u- a de las ci cuns ancias. Reco demos que la his o ia es á llena de ejemplos de cos umb es y adiciones que, en un momen- o dado, pe die on su azón de se , su igencia, y desapa e- cie on con i iéndose en pu a a queología. II.– ELFUTURO DE LA FIESTA Solamen e en España con los espec áculos au inos –unas se ecien as co idas anuales–se ecaudan cada empo a- da en o no a los cien o cincuen a mil millones de pese as, de los cuales ein idós mil millones ing esa el Es ado en concep- o de I.V.A. Es as ci as e idencian la impo ancia que oda ía ienen en nues o país a pesa de habe dejado de se , como dijimos, el espec áculo más concu ido en bene icio del ú bol. Sin emba go en el mundo del o o exis e siemp e la p eocupa- ción po el po eni sob e odo po que se pe cibe una no able disminución de la a ición en e los jó enes. Desde luego han pasado ya los iempos en los que odos los chicos españoles jugaban al o o y aspi aban a se de o e os mayo es, aunque es e hecho, como es e iden e, debe se conside ado den o de un cambio sociológico más p o undo en que los g andes medios de comunicación ienen una in luencia decisi a. En el dis anciamien o de los jó enes de las ies as de o os hay que ene en cuen a, apa e del ac o económico, los p oblemas con la sensibilidad ac ual que e iden emen e ienen Una e lexión sob e el u u o de las ies as de o os 159 un mayo impac o en e es e sec o de la sociedad que ecibe una educación cada ez más p o eccionis a del medio ambien- e. De es e modo se puede a i ma que la a ición au ina ha pasado de se algo na u al y casi ins in i o en España a algo que hoy en día equie e una mayo madu ez e lexi a. Po ello, aunque sea necesa io que los jó enes eciban una in o mación his ó ica obje i a ace ca del o igen y el sen ido de las ies as de o os en el mundo ibe oame icano, hay que ene un cuidado e dade amen e exquisi o en no susci a eacciones con ap o- ducen es a causa de una insis encia inopo una y poco in eli- gen e, a a o de ellas, en el pe íodo escola . En cualquie caso, se án las sucesi as gene aciones u u as las que decidi án sob e la pe i encia de las ies as de o os, pe o pa a a o ece es o no hay o o camino que la depu ación de la co ida en el sen ido de e i a oda iolen- cia innecesa ia así como su en iquecimien o como espec á- culo, haciéndolo a ac i o a las nue as gene aciones aunque sin pe mi i que su a menoscabo su ca ác e a ís ico que, en de ini i a, es su azón de exis i . También hay que ene muy en cuen a que si se a i ma que la au en icidad es uno de los alo es undamen ales de la ies a y, además, se ac ualiza y cumple, odo aude se á esencialmen e noci o y p ác ica- men e con ap oducen e. Po o a pa e los es ejos popula es –encie os, capeas, e c.– end án que i pe eccionándose po una doble ía: la legisla i a y la au ocensu a. Es e iden e que los san e mines de Pamplona ienen enomb e in e nacional al habe sido popula izados po la li e a u a, la o og a ía y el cine, pe o ambién es cie o que mucha de su igencia es i- ba en el espe o y co ección con que mozos co en a los o os. Po el con a io, el soez compo amien o de una Ál a o Ma ínez-No illo 160 muchedumb e eb ia acosando a una aquilla en un es ejo popula es algo insopo able que, apa e de mani es a la coba día de los que lo p ac ican, e dade amen e, ya no puede ene luga en nues a sociedad (Fig. n.º 35). En cambio sí pa ece con enien e omen a los espec- áculos con pa icipación de caballis as. Aunque his ó ica- men e la mode na au omaquia su ge de un p oceso en el cual el o eo a pie suplan a al o eo a caballo adicional de la Una e lexión sob e el u u o de las ies as de o os 161 Fig. n.º 35.– Sobe bia « ase » de Jackey Siméon al o o Fidélio de la manada de Lau en . De la misma mane a que los ma ado es de es oque an a o ea a los pue- blos del Su de F ancia no es a ía nada mal que inie an los « eco ado es» ance- ses a enseña les a los mozos andaluces un emociona e juego popula con los o os que hace muchos, muchos decenios, ol ida on (Fo . de Na al, Mon pellie , F ancia). nobleza, a lo la go de odo el siglo XX ha habido un g an es ue zo p o esional no sólo pa a la ecupe ación del a e del ejoneo sino ambién pa a da le cada ez más emoción y espec acula idad. Es o que, lamen ablemen e, ha opzado con la indi e encia de muchos a icionados sin emba go es una ía inmejo able, si se omen a adecuadamen e, pa a a ae a las plazas de o os a un público no habi ual en ellas y a la ju en- ud. Po ello se ía deseable omen a co idas de ejones, e incluso alguna e ia dedicada exclusi amen e a ellas. El espec áculo que aúna en la a ena bellos caballos, b a os o os y expe os jine es iene un g an po eni en un sociedad como la nues a en la que se año a la desapa ición de la cabaña equi- na an e el a ance implacable de las máquinas (Fig. n.º 36). Pe o el da o, con mucho, más p o undamen e espe an- zado sob e el po eni de la au omaquia es, sin ninguna duda, el g an núme o y la calidad de los jó enes aspi an es a ma ado es. T adicionalmen e se conside aba que la huída de la mise ia e a lo que obligaba a los jó enes a a iesga su ida an e los cue nos del o o, sin emba go en la ac ualidad se en cada ez más jó enes no ille os o o e os que no sólo ienen es udios supe io es sino ambién ca e as uni e si a ias y que se en en an al o o mo idos exclusi amen e po su ocación. Además la e icacia de las escuelas de au omaquia se pe cibe inmedia amen e cuando sus alumnos salen al uedo con un bagaje de conocimien os eó icos y p ác icos sob e el o o muy impo an es. Es o ha con ibuido no poco a la ecupe ación de la elegancia y a iedad de la lidia que a o unadamen e ha sus- i uido al desga o y pa e ismo que se solía e en los male i- llas de hace años. La nue a can e a de o e os es condición sine qua non pa a la au omaquia del u u o y pa a so p esa de Ál a o Ma ínez-No illo 162 muchos de los que e an escép icos an e el u u o de las ies as es as nue as gene aciones, p epa adas in eligen emen e, ga an izan un espléndido po eni pa a la lidia. Ello es an cie o que hoy en día en las plazas se clama más po la ausen- cia de buenos o os que po la de buenos o e os. Así los jó e- Una e lexión sob e el u u o de las ies as de o os 163 Fig. n.º 36.– El espec áculo que aúna bellos caballos, b a os o os y expe os jine es en la a ena iene un g an po eni en un sociedad como la nues a en la que se año a la desapa ición de la cabaña equina an e el a ance implacable de las máquinas. En la imagen una es ampa de la Tau omaquia de Aillaud (Ve , en es e mismo n.º 9 de la Re is a de Es udios Tau inos, la ecensión a dicha ob a en págs. 209-216). nes alo es cada año p opo cionan nue as so p esas y g andes sa is acciones que encandilan a la a ición y acili an los ele- os gene acionales an necesa ios pa a la pu eza de la ies a. Sin emba go, es a emoción que se p oduce cada nue a e ia con la apa ición de nue os alo es como no ille os o jó enes ma ado es no ansciende an o a nues a sociedad po que la ele isión ealmen e no es á a la al u a de las ci - cuns ancias. Exis e aho a un deba e sob e si las co idas deben se e ansmi idas po canales de pago o lib es. Una pa e del sec o se inclina po la segunda opción po mo i os unda- men almen e económicos y además hay que econoce algu- nas expe iencias ecien es en es e sen ido han sido muy in e- esan es. El hecho de que un canal de pago haya e ansmi i- do, has a el año pasado, oda la Fe ia de San Isid o de Mad id acompañada de in e esan es comen a ios, con buenos esúme- nes y espacios di ulga i os sob e el o o en égimen abie o, ha enido una eno me epe cusión social al documen a a las a iciones locales y al ace ca a un público de mayo edad lo que ocu ía en las plazas e e deciendo su a ición. Pe o ello en ningún caso puede suplan a la esponsabi- lidad que las ele isiones públicas –g a ui as– ienen con nues a ies a nacional. En es os canales se pe cibe muy a menudo una al a de polí ica cohe en e en la e ansmisión de co idas y p og amas in o ma i os especí icamen e au inos. Es e hecho so p ende eno memen e a los ex anje os a icio- nados que no pueden en ende cómo se despe dician an as g andes ocasiones pa a di undi algo que es pa e de nues o pa imonio y un is oso en e enimien o público. Igualmen e los emig an es españoles no pueden comp ende que, den o de la p og amación de los canales in e nacionales po sa éli e, los espacios in o ma i os sob e los o os apa ezcan e á ica- Ál a o Ma ínez-No illo 164 men e en los peo es ho a ios o simplemen e desapa ezcan sin explicación de las p og amaciones. La única explicación azo- nable pa a ello es que los esponsables de las ele isiones públicas pa icipen de los p ejuicios dieciochescos espec o a los o os lo cual no pa ece ni muy igu oso in elec ualmen e hablando ni, ampoco, muy espe uoso pa a con la audiencia a icionada a unos espec áculos pe ec amen e au o izados. Tampoco pa ece que se haya explo ado debidamen e el po encial u ís ico que o ecen las ies as de los o os. Apa e de las g andes e ias au inas de odos conocidas, se dan cada empo ada –es deci en p ima e a, e ano y el comienzo del o oño–co idas en la mayo pa e del e i o io español. Yuna pa e impo an e de las mismas ienen luga en pobla- ciones y plazas e dade amen e pin o escas, sin emba go si no se a a de lec o es habi uales de las e is as au inas espe- cializadas, es os in e esan es es ejos pasan desape cibidos pa a un público que es a ía po encialmen e in e esado en ellos sob e odo si hubie a un mínimo de in aes uc u a u ís ica o ganizada. Con empla una buena co ida en el ci co omano de Nimes o en las his ó icas plazas de Ronda, Béja , Las Vi udes o Ba ca o a, po ci a sólo unos ejemplos muy signi ica i os, den o de eco idos o ganizados pod ía se un alicien e muy impo an e pa a un u ismo de calidad an o español como ex anje o. Aes e espec o cualquie ini- cia i a del sec o se ía muy impo an e aunque sólo uese a ni el in o ma i o de la p og amación de es ejos au inos en los medios de comunicación gene ales. Se escucha con ela i a ecuencia que las ins alaciones que la mayo pa e de las plazas de o os o ecen al público son a caicas y muy de icien es. Ello es cie o, pe o ambién hay que señala que muchas de es as e us as plazas es án Una e lexión sob e el u u o de las ies as de o os 165