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LLEGUÉ HASTA TI PARA CAVAR TU ESCORZO
LLEGUE has a i pa a ca a u esco zo
y es ampa u pe il en mi moneda,
pa a g aba el mapa de u ai e,
el ca bón de u i mo. Los almia es
de u espe a abiosamen e e guida.
El igilan e acen o de u es ada...
Llegué has a i como se llega al ma :
a baña me de
azul,
de azul enhies o.
AMALIO
LA VIDA SE NOS PASA EN UN ENSAYO
A Isabel Alonso.
1
Vocación de i i
Qué sensación ex aña nos in ade la ida
cuando el iempo apa ece en nues a ca ne.
Muda la soledad,
inexplicablemen e jo en nues o espí i u inquie o,
deso denado a azos,
con una explicación pa a cada p egun a,
se descub e de p on o.
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CAUCE. Núm. 2. GARCÍA DEL MORAL GARRIDO, Amalio; MANUEL VILCHES, Juan; DEL BARCO, ...
An e el sueño, la his o ia.
Esa his o ia que, a eces, a e igua
la esencia del milag o o el des ino.
Y odo se adelan a y nues o cue po iembla
po no sabe qué hace
con la espe anza a cues as
o en un incón do mido a cica ices.
Decimos que sí a odo.
La e dad se p esen a a nues os ojos
y espi ando siemp e en e gemidos
pasa el año y los años.
Qué sensación ex aña.
Qué indudable exis encia.
2
E e na injus icia
Cuando el ien o se ompe a nues o lado
y la ilusión e e na de los días
desc ibe con su línea el pensamien o,
un nomb e es á sonando en nues o oído
a en o a las palab as.
Espe amos que el a e,
que dulcemen e mue e nues os ojos,
se pe ile en caminos. Y soñamos.
Y la pasión nos hie e cada ins an e.
Y el alma se nos hace una canción.
Pe o la noche es la ga
y el co azón es demasiado is e
pa a sabe de his o ias de u u o.
Desespe adamen e, acaso,
ap e amos los dien es sob e el id io,
hundimos nues os labios en el iempo
y, a en os al des ino, p onunciamos:
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CAUCE. Núm. 2. GARCÍA DEL MORAL GARRIDO, Amalio; MANUEL VILCHES, Juan; DEL BARCO, ...
Alcemos nues os ojos
a la e e na injus icia de la ida,
"alguien ha dicho un nomb e y lo ha ol idado".
Ins ancia
Aho a que el iempo llena de libe ad u mano
mis e iosa, us ojos de chiquilla,
aho a que ya no sien o lo que soy, que me emb iago
de sueños y se acaba mi noche,
aho a que la memo ia nos de uel e ese es ilo
que a medias p epa amos,
SOLICITO a la ida y al sen ido
mi aslado a u somb a,
a u isa, a u
piel,
pa a pode llena ,
con p esencia y con alma,
la p ima e a e e na de los días.
Po que ya no me si e que no engo un deseo
espe ando que uel as y que quie as mi a me.
Dime que sí en silencio.
Se á nues a mañana la mañana del iempo.
Y ol e ás a e me y ol e emos jun os.
Necesa io ama
En onces me ace qué a su cin u a
La besé de un alien o le ab acé
Y has a no pude más cogí su pecho
En egado en el sueño adolescen e
Y lo mo í con g acia es aba suel o
Sólo necesi aba mi diablu a
Pa a ol e se loco sin men i as
Se aleg aba de e me me esul a
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CAUCE. Núm. 2. GARCÍA DEL MORAL GARRIDO, Amalio; MANUEL VILCHES, Juan; DEL BARCO, ...
Que nunca io la mano mensaje a
Yo pensaba pe o ya es aba hecho
Mi con ac o lo ab ió de pa en pa
La p ima e a es la es ación del no e
Y es p eciso que a lo e siemp e salga
El pensamien o es aba ce ca en onces
Me in oduje qué buen ino después
La lengua se me hacía un ho izon e
Y no engo cos umb e pe o acaso
Aquella ez c eía e a dis in a
La ida se nos pasa en un ensayo
Y es necesa io ama pa a i i
Así que es u e den o con mi his o ia.
JUAN MANUEL VILCHES
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CAUCE. Núm. 2. GARCÍA DEL MORAL GARRIDO, Amalio; MANUEL VILCHES, Juan; DEL BARCO, ...
UN MUNDO FELIZ
Yo pasaba el día i ando obje os desde la en ana. Mi pun e ía, asomb osa, sin
allos,
mo al. Papeles en un p incipio. Me habían condenado al silencio. La en a-
na,
amplia, pe mi ía escaquea me ápidamen e, pe mi ía obse a la mi ada, asom-
b o y odio, de los andan es. Esc ibía en papeles blancos. E a poe a. Mis e sos se -
ían pa a algo; bomba deaban anseún es. Unos desen ol ían el papel de su pe eza.
Leían.
Nadie eía ni llo aba, ¡po ca mise ia!. E a poesía de ba alla, ganada o pe di-
da;
algo e a. Pe o me ui has iando de despe dicia mi ama. Comencé a deja cae
palomi as de papel, g ises, osadas, blancas... Caían mansamen e sob e los homb os,
las cabezas. Me eco daban Pla e o y yo. Palomas había que comían en las manos de
los anseún es; después de ol ían su uelo has a la en ana. Llegó un día que mi
cua o es aba eple o de palomas y yo es aba a pun o de con e i me en una paloma
más,
iniden i icable. ¿Cómo llega ía a la ama?. Me p opuse ab ica culeb as de go-
ma.
Robaba po la noche uedas de coches clase media. Co aba las i as, dejaba so-
b e la ace a, suspendía desde mi en ana. Sus os, pa adas, pe os lad ando. Algunos
lle aban las culeb as pa a ab ica un ungüen o con a las llagas; dio mucho e ec o.
Pa a ab ica monede os, pe o aquellas culeb as i as seguían impa ablemen e sus
ondulaciones. Me some ía al juego has a ago a la ese a de anas. No sabía ya có-
mo alimen a los ep iles. T as una la ga discusión conseguí con ence les una noche;
oma on el camino del ío p óximo. Hay aho a menos a as y más culeb as; se ha de-
co ado el paisaje monó ono de an año. El de las a as ue o o buen in en o. A e-
ces pe manecían en las homb e as de los iandan es sin da se ellos cuen a. Yo se-
guía con la mi ada has a que aquel balcón medio caído me lo impedía, o la esquina
de la calle dejaba al cubie o mi en e enimien o. Llegué a supe a el abo de las a-
as au én icas, los bigo es más a ilados, de ace o y un mecanismo que ganaba en e-
locidad y p ecisión de huida a los oedo es del ío ecino. E a imposible con undi
los au én icos con los míos; mis animales supe aban en ealismo. Los ga os, po
ejemplo, nunca pe seguían a las a as na u ales; las c eían de jugue e y apenas po-
dían encon a sa is acción con ellas. También el pa o abundan e de los oedo es
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CAUCE. Núm. 2. GARCÍA DEL MORAL GARRIDO, Amalio; MANUEL VILCHES, Juan; DEL BARCO, ...
iba ax isiándome en mi cua o. No podía imagina nada nue o. Cualquie c eación
e a ápidamen e; oída po aquella muchedumb e de a as mecánicas. Pensaba de
nue o en las culeb as.
Algunos anseún es habían mue o ya en la calle, síncopes, esas pequeñas co-
sas que p ueban que la humanidad cuida mal sus co azones. Yo no sen ía sob esal o
ni gozo; solo apun aba en la pa ed con ayas e icales cada íc ima. Consiguie on
las a as hace hui a los es udian es de un callejón ce cano, quie o deci un colegio
ce cano —no sé po qué azón sublime los colegios me pa ecían aho a callejones sin
salida.
E a iempo de huelga de p o eso es y apenas al e ó el uncionamien o del
cen o. Unos días más a de una de las escola es in en ó come se una a i a, su ió
espan oso síncopes y mu ió en el Hospi al Cen al, una habi ación pu ísima y alba
con una o o del Empe ado
—
¡sal e! ¡sal e!— sob e su cabeza. Los doc o es esc i-
bie on en el pa e: apendici is. En onces eco dé mi in ancia, la niñez aquella de los
cólicos, ciga illos de anís, el gue e o del an i az... Había mue o una ecini a mía,
ubio ángel y cole as cenicien a, y eso me lle aba con más en usiasmo a los años pa-
sados. Fab icaba campanillas de pla a que p oducían un sonido ma a illoso. E a
como el lau is a de Hamelín de las campanillas. Nadie e a capaz de no sona la
campanilla en sus manos. Y en aquel jus o momen o la campanilla llegaba a su
eali-
zación plena: explo aba, lle ándose, cla o es á, los dedos o las manos de los campa-
nille os. También llegué a ins ala las en los imb es de las bicicle as a a és de un
complicado sis ema de imanes. Había un pequeño allo: al es alla quedaba el ehí-
culo,
sin di ección y los muchachos, aquí es á el e o , nunca podían u iliza su mano
des ozada en la caída. Yo no sabía cómo subsana aquel incon enien e. Po eso a
pa i de en onces hacía campanillas de doble e ec o: al sona , una ca ga la e al se
dis ibuía a la mano con a ia y así no se es ablecía ese ex año desequilib io de los
unimancos; el desgobie no de las bicicle as acababa aho a inde ensi amen e en una
pa ed.
Los muchachos pa aban di ec amen e con la na iz y los dien es; e a un espec-
áculo ci cense. Tenga omadas muchas de es as escenas, en película sono a, cla o, y
espe o —aunque no lo con ieso, po hones idad— endé selas mon adas ad hoc, con
música de Ra el en ondo, a un labo a o io médico. El esul ado e a excelen e; ha-
bía conseguido cambia la humanidad. La al a de manos obligaba a u iliza o os
miemb os, o os a ilugios humanos ol idados. Ponía espe anzas en una nue a ida.
Ya no ci culaban bicicle as, los au omó iles e an casi ingobe nables, se llegaba a
pa a la cadena indus ial de algunas emp esas, no ponían los muchachos ampas a
los pája os, los polí icos habían dejado de le an a la mano, ex endida o ce ada po
incon enien e de o ma. E a el esu gi del pensamien o, el es ablecimien o de un
país más jo en g acias a las mue es ocasionales. Yo colocaba pega inas con mis e -
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sos y obligaba a odos a lee los. No podían despegá selos, e a indudable. Es aba co-
menzando a se un poe a ealizado. Y en a mil ideas de cómo u iliza mi pode so-
b e los iandan es. Respe aba solo a los bo achos y a los homosexuales; e an an
sensibles... Había dejado la más he mosa de las campanillas en una episa; la llamé
Genocidio un día de op imismo, jun o a odos aquellos in en os que es aba pe ec-
cionando pa a aquella nue a sociedad. Imaginaba odo un mundo nue o, ma a illo-
so,
decaden e, en c isis. Un mundo sin manos. El esul ado e a excelen e po aquel
en onces. Había pensado en o os disposi i os cance ígenos que ue an eliminando
las manos, po abso ción; e a cues ión de mezcla unos líquidos i idiscen es en los
depósi os de agua de la ciudad. Pe o me di cuen a que ya no había con quien p o-
ba aquel in en o. Es aba en ando en una so da desespe ación. Mis campanillas
e an casi inú iles —la belleza inú il— y no enía ya con quien expe imen a las nue-
as ideaciones. Me dediqué a caza con lazo a as y culeb as. La decadencia de la
especie me impedía de nue o dis ingui aho a las eales de las o as, las más eales.
No sabía lo que e a y no e a mío. La humanidad comenzaba a i i sin u iliza solo
las manos; e a un es igo mudo. Mejo a on los co os, los o ado es, los p esen ado es
de ele isión, los no elis as y los poe as. En es o es aba ambién siendo supe ado.
Había cons uido un mundo que aho a no me se ía ni es imaba mis conquis as.
Po eso en aquel ins an e cogí la campanilla y la agi é iolen amen e. Aho a es oy
en medio de los os os y soy un esc i o más que esc ibe con los dien es.
PABLO DEL BARCO
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CAUCE. Núm. 2. GARCÍA DEL MORAL GARRIDO, Amalio; MANUEL VILCHES, Juan; DEL BARCO, ...
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