El vampiro en la pantalla: de mito literario a icono de la cultura pop
Abstract
Durante siglos han existido las creencias de criaturas malditas que acechan a los mortales desde las sombras. Han sido protagonistas de leyendas, narraciones y novelas y, con la llegada del cine, de grandes clásicos de la pantalla. Analizaremos la evolución del vampiro desde sus inicios, cuando no era más que un ser maldito y temido, hasta nuestros días, en los que su existencia también abarca la sensibilidad, el remordimiento y la reflexión.
Full text
TRABAJO DE FIN DE GRADO EL VAMPIRO EN LA PANTALLA: DE MITO LITERARIO A ICONO DE LA CULTURA POP Realizado por: Isabel García Segura Tutorizado por: Ramón Navarrete-Galiano Rodríguez GRADO EN COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL Facultad de Comunicación Universidad de Sevilla 2024
A papá. “Una mano agarrando una manzana; la memoricé en Colombia. [...] En Italia, alma dolorida, porque es Italia; en Volterra, alma dolorida, porque es Italia. Con él acompañándome a hacer de Alice y de fondo la música de Grease”. 2
ÍNDICE 1. Resumen……………………………………………………………………………....5 2. Palabras clave………………………………………………………………………...5 3. Introducción……………….……..……..…..…….…………………………………..5 4. Origen de la criatura…………………………………………………………………7 5. Primeras adaptaciones cinematográficas.…………………………………..………8 5.1 Nosferatu, una sinfonía del horror (1922)....…………………..……..………8 5.1.1 Fidelidad y reinterpretación de la novela..………………………………9 5.1.2 Enfoque artístico y técnico……………………………………………..10 5.2 Drácula (1931)………………………………………………...…………………11 5.2.1 Fidelidad y reinterpretación de la novela………………………………11 5.2.2 El Drácula de de Lugosi…………………………..……………………14 5.2.3 Enfoque artístico y técnico…………………………..…………………15 5.3 Drácula (1958)…………………………………………………………...………16 5.3.1 Fidelidad y reinterpretación de la novela………………………………17 5.3.2 Enfoque artístico y técnico……………………………………..………20 6. Renovación del mito………………………………………………………...………21 6.1 Drácula de Bram Stoker (1992)…………………………………………………21 6.1.1 Fidelidad y reinterpretación de la novela………………………………22 6.1.2 La sangre como metáfora de la sexualidad………………….…………26 6.1.3 Enfoque artístico y técnico………………………………..……………27 6.2 Entrevista con el vampiro (1994)…………………………………..……………28 6.2.1 El vampiro bueno y misericordioso……………………………………30 6.2.2 Enfoque artístico y técnico………………………………..……………31 3
7. El vampiro del siglo XXI…………………………………………………...………32 7.1 Crépusculo (2008)…………………………………………………….…………32 7.1.1 La perpetuación y ruptura con el imaginario vampírico tradicional…...37 7.1.2 Belleza y juventud: armas y maldiciones del vampiro moderno….……40 7.1.3 Enfoque artístico y técnico……………………………………..………43 8. Conclusiones……………………………………………………………...…………45 9. Referencias bibliográficas………………………………..…………………………48 4
1. RESUMEN Durante siglos han existido las creencias de criaturas malditas que acechan a los mortales desde las sombras. Han sido protagonistas de leyendas, narraciones y novelas y, con la llegada del cine, de grandes clásicos de la pantalla. Analizaremos la evolución del vampiro desde sus inicios, cuando no era más que un ser maldito y temido, hasta nuestros días, en los que su existencia también abarca la sensibilidad, el remordimiento y la reflexión. 2. PALABRAS CLAVE Vampirismo - Mito literario - Cultura popular - Cine de vampiros - Drácula 3. INTRODUCCIÓN Una cruz se desploma desde lo alto de una cúpula hacia un vacío abismal, así como un ángel caído que reniega de Dios. “I renounce God”, pronuncia Drácula, antes de sentenciar que vengará a su amada con todos los poderes de la oscuridad. De esta manera nos plantea Coppola el principio de Drácula, de Bram Stoker (1992). Bajo una luz semejante en esencia pero profundamente lejana, vemos a Edward Cullen conducir un flamante Volvo plateado y dirigirse hacia un descampado para jugar al béisbol junto al resto de su familia vampiro; una cuadrilla de jóvenes inmortales que viven camuflados entre las cotidianidades estadounidenses de principios del siglo XXI. Una de las normas clásicas atadas al universo vampírico es que estas criaturas solo pueden cruzar el umbral de un lugar si han sido previamente invitadas a pasar por alguien del interior. En vista de ello, démosle la bienvenida a estos manifiestos inmortales para permitirnos profundizar en el tema que nos acontece. Imperturbable a la inexorable caducidad de la vida, la figura legendaria del vampiro ha seducido a generaciones y generaciones de seres perecederos que se han postrado ante sus colmillos para venerar las fantasías de una posible existencia de seducción eterna e insaciable. Esta criatura ha sido, sin embargo, causa de terrores por su misma naturaleza macabra y perversa. No tenemos más que remontarnos a algunos de sus posibles orígenes en los que la leyenda nos relata la historia de un ser maldito engendrado a la sombra de la luz de 5
Cristo y condenado a una existencia monstruosa y antinatural. Estos vampiros, a los que en ocasiones denominaremos “no-muertos” del mismo modo en que lo hace el profesor Van Helsing en la novela de Stoker, son enemigos naturales de la simbología cristiana y católica; tenemos en mente la destrucción que un crucifijo o una hostia consagrada pueden llegar a producir. Sin embargo, hablamos de una existencia esencialmente ligada a la religión cristiana desde su origen y, a su vez, dependiente de ella. Exploraremos la evolución de esta enrevesada relación entre la inmortalidad maldita y la salvación eterna del alma, que puede tener mucho que decirnos sobre la llegada del vampiro al siglo XXI. Podemos llegar a caer en la trampa de pensar que al tratarse de criaturas solitarias, excluidas y antinaturales en su naturaleza, valga la redundancia, los vampiros se han mantenido al margen de un mundo íntegramente mortal y mundano. No obstante, es más que de esperar que criaturas que llevan siglos caminando por este mundo terrenal sean plenamente conocedoras de las reglas socioculturales que lo rigen. Y este es un hecho perfectamente adaptable a cualquier época o sociedad; si la naturaleza del vampiro no es otra que aquella que desafía a la muerte y se alimenta de la vida que en otros corre por las venas, tampoco es más que la manifestación de una oposición a una de las pocas verdades absolutas: que somos seres vivos y que en algún momento vamos a morir; no hay nada más cierto y universal que la muerte, causa inevitable de la vida. De esta forma, las circunstancias para que un vampiro haga su aparición entre mortales son tan inabarcables como formas de vida posibles. De ahí a que su persistencia a pesar del paso del tiempo haya tenido un éxito rotundo. Aunque podría no ser el único motivo. Existe una fascinación inherentemente humana hacia aquello que nos es inexplicable o inconcebible. Hemos hablado, por supuesto, de la muerte y sus misterios, y no hay duda de que será un tema recurrente en las páginas que siguen. Pero debemos hacer mención también a la manzana del Edén o a la fuente de la eterna juventud; el deseo de lo prohibido y la búsqueda de la belleza indeleble y el placer desmedido. Y es que la existencia vampírica abarca de forma clara y explícita todas estas cuestiones, saciando así la sed humana. 6
Para analizar la evolución vampírica en la pantalla, recurriremos principalmente a textos audiovisuales seleccionados entre los que encontramos Nosferatu, una sinfonía del horror (Friedrich Murnau, 1922), Drácula (Tod Browning, 1931), Drácula (Terence Fisher, 1958), Drácula, de Bram Stoker (Francis Ford Coppola, 1992), Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994) y Crepúsculo (Catherine Hardwicke, 2008). El motivo de la elección de estas películas se debe a su esencial papel en la evolución de la criatura en la historia del cine, al contar todas ellas con enfoques únicos e innovadores que exploraremos de manera desglosada en los apartados que corresponden a cada una de ellas. Si hubiéramos de mencionar otras obras que en mayor o menor medida se han hecho lugar en la filmografía vampírica, podríamos hablar de Vampyr (Carl Theodor Dreyer, 1932), veterana en los cimientos del cine de terror europeo; Drácula, príncipe de las tinieblas (Terence Fisher, 1966) como continuación de la película de 1958 del mismo director que sí analizaremos; The Lost Boys (Joel Schumacher, 1987) que retrata a las criaturas viviendo en plena década de los ochenta; Blade (Stephen Norrington, 1998), como fusión de las historias de vampiros con las de superhéroes; Queen of the Damned (Michael Rymer, 2002), basada también en las novelas de Anne Rice, al igual que Entrevista con el vampiro que sí estudiaremos; y, por último, Abierto hasta el amanecer (Robert Rodríguez, 1996), con guión de Tarantino. No obstante, antes de sumergirnos en este análisis, es esencial que nos detengamos en una concisa exploración de los mitos, leyendas y novelas a los que les debemos la creación e identidad del vampiro tal y como lo conocemos hoy en día, para poder contar así con la perspectiva global que necesitaremos y agradeceremos más adelante. 4. ORIGEN DE LA CRIATURA Si rastreamos las raíces legendarias de una criatura sobrenatural que se alimenta y fortalece a base de otros seres nos trasladamos a diferentes rincones del mundo. Martínez Lucena (2010) recopila diferentes nombres que se le han asignado a lo largo de la historia mencionados por Bram Stoker en Drácula; los kiang-kuei chinos, los beregyni, los rusalki, los eslavos upuri o el nosferatu. Van Helsing lo denomina de la forma que conocemos para describirlo en la novela: 7
Este vampiro que está entre nosotros es él solo más fuerte que veinte hombres; su astucia es mayor que la de un mortal, porque su astucia ha crecido con los siglos; posee la ayuda de la nigromancia, que es, como su etimología indica, la adivinación por los muertos, y todos los muertos a los que puede acercarse están a sus órdenes. (Stoker, 2012, p. 270). Lafuente Pacheco (2005) sostiene que el origen de numerosas historias literarias de terror moderno se remontan a Ginebra en 1816, el año sin verano, cuando Lord Byron, Mary Shelley y John Polidori, entre otros, se reunieron en Villa Diodati y dieron origen a ideas que inspirarían sus posteriores novelas Frankenstein (1819) de Shelley y El vampiro (1819) de Polidori. Esta última retrata al no-muerto desde una nueva perspectiva moderna que más adelante vuelve a plasmar Bram Stoker en su Drácula (1897). Durante seis años, de 1890 a 1896, Stoker toma notas y anotaciones sobre mitología y supersticiones que conciernen a estas criaturas y sus leyendas (Navarro, 2005) y lentamente da forma a la que pocos años después se convertiría en su obra estrella y el nacimiento de uno de los inmortales más emblemáticos de la historia. Esta novela se convierte en una pieza clave para la asociación y consolidación de temáticas vampíricas recurrentes, como lo son las creencia de que las moradas de estos monstruos se encuentran en Transilvania, que son incapaces de reflejarse en los espejos o que se destruyen con crucifijos, ajo y agua bendita. Stoker no crea de la nada estas características; pasa años investigando y recopilando rastros de leyendas y literatura sobre el tema. Sin embargo, es él quien, con su novela, consolida y globaliza la idea de lo que hace a un vampiro serlo. 5. PRIMERAS ADAPTACIONES CINEMATOGRÁFICAS 5.1 Nosferatu, una sinfonía del horror (1922) En el año 1922 vio la luz un filme dirigido por Friedrich Wilhelm Murnau que a pesar de su polémica inicial ha trascendido las fronteras del tiempo y a día de hoy es considerado una de las más antiguas y emblemáticas películas sobre vampiros. Esta no es otra que Nosferatu, una sinfonía del horror (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens). Se trata de una adaptación no oficial de la novela escrita y publicada por Bram Stoker de 1897, Drácula. La historia, las 8
tramas y los personajes son prácticamente los mismos que los del texto original; sin embargo, se utilizaron otros nombres para evitar así las acusaciones de plagio. El protagonista no es Jonathan Harker, sino Hutter, y su esposa Mina pasa a llamarse Ellen en la película. De la misma manera, el nombre del conde Drácula es sustituido por Orlok. La viuda del escritor denunció la existencia del filme y las copias del mismo fueron confiscadas con intención de ser eliminadas, pero la película ya había sido distribuida y no se logró tal borrado. Así es como se ha conservado y llegado hasta nuestros días. 5.1.1 Fidelidad y reinterpretación de la novela La película se desarrolla por medio de cinco actos. El primero de ellos comienza con la presentación de los personajes principales, Hutter (Gustav von Wangenheim) y su esposa Ellen (Greta Schröder), quienes tienen una vida tranquila en Wisborg. Él se dedica al mercado inmobiliario y le es encomendado un viaje de negocios para vender la casa con la que linda la suya propia. Es así como Hutter acude a Transilvania para encontrarse con el conde Orlok (Max Schreck). En el camino encuentra un libro que le habla de la leyenda del Nosferatu, una criatura maldita y sedienta de sangre que acecha la humanidad desde las sombras. Hutter no parece mostrarse crédulo con lo que lee y desecha la idea de tal existencia. Sin embargo, pronto empiezan a manifestarse pruebas y evidencias que indican al hombre que tal vez haya algo de verdad en el escrito. A medida que se acerca al castillo del conde, sus acompañantes se muestran más reacios por seguir el camino aludiendo a la presencia del diablo. Vemos una similitud clara con la novela que más adelante echaremos en falta en otras adaptaciones oficiales y es la aparición del conde bajo un disfraz de cochero. Es él quien lleva a Hutter al castillo. Finaliza el primer acto y comienza el segundo con el recibimiento de Hutter en el interior del castillo por parte del conde, ya sin disfraz. En la cena se hace un corte en el dedo de manera accidental, lo que propicia una reacción extraña en el conde. Al despertar, Hutter encuentra en su cuello dos marcas que atribuye a la picadura de un mosquito. Vuelve a leer el libro que le hablaba del vampiro Nosferatu y ata cabos. Armándose de valor, decide investigar el lugar y encuentra a Orlok descansando en un ataúd. En Wisborg, Ellen empieza a tener actitudes 9
No obstante, el sonido no es el único elemento que determina la atmósfera que podemos percibir en el filme de Browning; el monocromismo de la imagen ayuda en gran medida a este fin. Si a ello unimos el juego de luces y sombras, tenemos un resultado como el que vemos en la película y que sin duda alguna nos trae recuerdos nítidos del expresionismo alemán, tal y como ya vimos en Nosferatu, una sinfonía del horror (1922). Desde que entramos en el castillo de Drácula en Transilvania hasta que despedimos el filme en esa inconfundible escalera de su casa en Londres, los decorados otorgan a la historia un tono absoluto de pesadilla hallowinesca. Lo vemos con detalle en la escena en la que Renfield sube las escaleras del castillo y debe pasar a través de una telaraña que abarca del techo al suelo (Browning, 1931, 0:11:30). Esta parece sacada de una casa del terror de las que se montan en las ferias o a las que podemos acudir la noche de un 31 de octubre; la niebla, los murciélagos y la penetrante mirada del vampiro ataviado con cuello de capa así nos lo confirman. Si tenemos como modelo la novela de Stoker, la historia desarrollada en esta película está simplificada en varios aspectos, tanto de trama como de personajes. No obstante, las temáticas más esenciales están presentes y por lo general el tono y rumbo de la narración son muy similares a los del texto original. Esto no será siempre así; como veremos más adelante, hay otras versiones de Drácula que presentan mayores cambios. En este filme no se hace tanto hincapié en la introspección y luchas internas de los personajes como sí en cuidar una estética marcada y personal. Indudablemente se busca causar impacto visual y crear una atmósfera propia de un relato de terror sobrenatural. 5.3 Drácula (1958) Movámonos ahora hacia la segunda de las tres versiones de Drácula que analizaremos; introduzcámonos en la mirada de Terence Fisher como director y volvamos a conocer al conde Drácula, esta vez traído a la vida por Christopher Lee, quien posteriormente volverá a representar al personaje en numerosas ocasiones. Estamos ante un enfoque y adaptación de la novela original notablemente libres; aunque reconocemos a los personajes de siempre, estos cumplen roles diferentes. 16
5.3.1 Fidelidad y reinterpretación de la novela Como decíamos, aquí tenemos los mismos nombres de los personajes que en la novela, pero la relación entre ellos es muy diferente: la enamorada de Jonathan no es Mina sino Lucy, quien a su vez es la hermana de Arthur Holmwood. Esto difiere de la novela puesto que en ella ambos son prometidos. Por el contrario, en la película la esposa de Arthur es Mina, y el médico que atiende a las mujeres es Seward (quien en la novela es pretendiente de Lucy), que es desconocedor de la causa vampírica; es un médico corriente que contrasta con el tratamiento de Van Helsing. Notamos la ausencia de Quincey P. Morris, el tercer pretendiente de Lucy en la obra de Stoker. La película empieza con la llegada de Jonathan Harker (John Van Eyssen) a la morada de Drácula. Sin embargo y a diferencia de en el texto original, no se trata de un trato sobre una compra inmobiliaria la razón por la que este se dirige al castillo; según deducimos por sus palabras, es el nuevo bibliotecario del lugar. Podemos dejarnos sorprender por la ambientación y composición visual que Fisher presenta del castillo. Es, sin duda, una innovación en todo lo que hemos visto hasta el momento. Tanto en la novela como en adaptaciones anteriores, el castillo es un lugar oscuro, tenebroso y sombrío. Sin embargo, en este filme nos encontramos con un lugar inhóspito, pero al que llegamos a plena hora del día acompañados por la reconfortante luz del sol. Pronto descubrimos que Jonathan ha acudido al lugar con una misión secreta e importantísima: acabar con el reinado de terror del conde. Allí se encuentra con un cortés pero frío Drácula (Christopher Lee) que muy pronto descubre al espectador su naturaleza inmortal. Jonathan se dirige al ataúd en el que el vampiro descansa para clavarle una estaca en el corazón, aunque antes se encuentra con el de la compañera, también no-muerta, de este y acaba con ella primero. Sabemos que Jonathan corre ahora un grave peligro, pues con los gritos de la vampira Drácula ha abandonado su ataúd y le observa siniestramente desde lo alto de una escalera. 17
El doctor Van Helsing (Peter Cushing), compañero de Jonathan en la misión de destruir al vampiro, llega al castillo para investigar la desaparición de su colega. Allí encuentra tres evidencias que arrojan luz sobre lo ocurrido. En primer lugar, halla en la habitación de Jonathan un cuadro vacío en el que anteriormente había habido una foto de Lucy, la enamorada de Jonathan que Drácula había elogiado. Entendemos, pues, que el vampiro ha marcado un objetivo. Van Helsing descubre también el diario personal de Harker, en el que el hombre ha escrito al detalle todo lo ocurrido hasta el momento de su desaparición; lo que nos lleva a la tercera evidencia que el doctor encuentra: el cuerpo sin vida y señalado con la marca del vampiro en el cuello. El doctor es consciente de que poco se puede hacer ya por Jonathan, así que destruye el cuerpo de su amigo para liberarlo de la maldición inmortal. Nos trasladamos a Inglaterra y conocemos a la mencionada pero no presentada amada de Jonathan, Lucy, interpretada por Carol Marsh. Se encuentra muy enferma, bajo el cuidado de su hermano Arthur (Michael Gough) y su esposa Mina (Melissa Stribling). Alberga esperanzas de recuperar la salud a la llegada de su querido Jonathan, sin saber que ha muerto. Van Helsing llega a Londres con las terribles noticias que, sin embargo, no son recibidas con confianza, pues Arthur desconfía de las palabras del médico al no poder este explicarle qué ha causado exactamente la muerte de su cuñado. Sin embargo, Lucy empieza a empeorar y la situación se vuelve tan grave e insostenible que a los Holmwood, Arthur y Mina, no les queda otra que confiar. Una noche, Lucy se encuentra en su habitación sola, expectante. Como espectadores sabemos lo que va a ocurrir; lo intuímos al igual que lo hacemos en el grave silencio que precede a una tempestad. El conde Drácula entra por la ventana de la habitación y se acerca a la cama de la chica. Al día siguiente, Lucy está muy grave de salud y Van Helsing detecta en su cuello dos marcas rojas. Sin esperar ni un minuto más, ordena que las ventanas de la habitación de la chica se cierren tras el crepúsculo hasta el amanecer y que se introduzcan flores y ramos de ajo en su habitación. Mina está dispuesta a cumplir, pero no cuenta con que una de las amas de llaves retire las plantas y abra las ventanas al oír las súplicas anhelantes de Lucy durante la noche. Al amanecer, la chica está muerta. 18
Destrozado por la muerte de su hermana, Arthur le pide a Van Helsing que se marche de sus vidas; por lo que el doctor decide contarle todo lo que sabe con sinceridad. Le entrega el diario que encontró en el castillo: “Supongo que no me creerá a mí pero sí creerá al mismo Jonathan. Aquí están sus últimas palabras, su diario. Cuando lo haya leído, comprenderá usted” (Fisher, 1958, 0:46:54). Paralelamente, nos enteramos de que una niña de la familia ha sufrido un desagradable encuentro con una mujer que, por la noche, la llamó para jugar. La sorpresa de Arthur al comprender que es su hermana muerta de quien habla es mínima comparada con la que siente esa misma noche al visitar su ataúd y descubrir que está vacío. Efectivamente, descubre a Lucy vestida de blanco deambulando entre las sombras seguida de la pequeña niña, y casi es mordido por la ahora vampira de no ser por la intervención de Van Helsing, que interpone entre ambos una cruz. Toca con ella la frente de ella y ahí donde la roza, se vuelve carne viva. Deciden clavarle una estaca en el corazón para liberar el alma de la joven de la condena eterna. Al decidir sus siguientes pasos, Van Helsing explica a Arthur reglas que caracterizan a estos seres. Cuenta que los símbolos sagrados y el ajo los ahuyentan, pero también dice que, a diferencia de en las leyendas, no se convierten ni en lobos ni en murciélagos. Esto nos resulta interesante de destacar, porque vemos aquí una intención del director por mostrar una evolución de la figura que conocimos con las primeras versiones de Drácula, que es precisamente el motivo por el que realizamos este análisis. Al igual que en la novela, tras la muerte de Lucy, es ahora Mina el siguiente objetivo del conde. Pronto empieza a mostrar síntomas similares a los de Lucy que ponen a Arthur y a Van Helsing sobre aviso. Vemos a Drácula visitar a la mujer por las noches y, seductoramente, hacerla sucumbir a sus malditas intenciones. Mientras el vampiro se va bebiendo su sangre por las noches, Arthur le dona la suya durante el día. Latorre (2005) tiene una observación interesante respecto al tema: 19
Hay un momento, cerca del final, en el que Van Helsing transfiere a Mina sangre de Arthur y por ello puede ser entendido como una desesperada tentativa de éste por combatir a su rival: si Drácula extrae la sangre de Mina para darle vida eterna, o un amor de ultratumba, Arthur se la repone [...] para recuperarla para el amor terreno, aunque también para la inexorabilidad de la muerte y la disolución de la carne. (Latorre, 2005, p. 43). Estamos pues, ante el principio de un cambio que observaremos crecer en los siguientes filmes que se van a analizar: la atractiva y tentadora posibilidad de sucumbir al amor inmortal. Latorre añade: Arthur ofrece una vida gris, corriente, y los sufrimientos de la carne (la tortura, la finitud, las llagas, las estacas…) y Drácula, la posibilidad de vivir eternamente junto al amado: el amor como estado absoluto. (Latorre, 2005, p. 43). El ama de llaves advierte a Mina de no bajar a la bodega, lo que alarma e informa automáticamente a Van Helsing de dónde se oculta el conde. Al encontrar el ataúd vacío, el doctor comienza una persecución que termina con la caza del vampiro. Destacamos la manera de destruir a Drácula en este filme; Van Helsing hace uso de la nociva luz solar al descorrer una cortina y hacerle llegar al conde un rayo de sol que automáticamente lo reduce a polvo. 5.3.2 Enfoque artístico y técnico A diferencia de la adaptación de Browning de 1931, esta película plantea una atmósfera más vibrante y dinámica, visualmente hablando. Con un uso destacado de los colores y los barrocos decorados, Fisher nos presenta la historia de Drácula de una forma más atrevida y sensual. Por supuesto, gran parte de la responsabilidad cae en la caracterización del personaje de Christopher Lee, quien muchos, aunque quizás no tantos como con Lugosi, reconocen como la cara oficial del conde Drácula. Es el uso de colores como el rojo, que nos alude a la sangre y a la pasión, lo que nos desvela un nuevo enfoque renovado. 20
Por otro lado, somos testigos de un juego a lo largo de todo el filme entre lo que vemos y lo que, sin detectar con nuestros ojos, percibimos. Son pocos los momentos en los que Drácula protagoniza la imagen que vemos en la pantalla de manera explícita y presente en comparación con aquellos momentos en los que, aunque no se nos muestra, sabemos que ahí está. Latorre expone los siguientes ejemplos: Esas hojas otoñales que caen ininterrumpidamente sobre el balcón poseen el mismo sentido que la sombra del conde Drácula proyectada en la escalera durante su bajada al sótano para matar a Harker: advierten de su presencia o, dicho de otra manera, son una forma de resaltar la poderosa presencia de Drácula desde su ausencia dentro del plano. (Latorre, 2005, p. 35). Es así como Christopher Lee, a diferencia del dramático y teatralizado personaje de Bela Lugosi, nos ofrece un Drácula más sutil en presencia, pero indudablemente evocador de la sensualidad y la seducción con sus víctimas. 6. RENOVACIÓN DEL MITO 6.1 Drácula de Bram Stoker (1992) En 1992, Francis Ford Coppola nos presentó una nueva interpretación de la novela de Stoker. A diferencia de las anteriores que hemos tratado, esta parece ya indicarnos únicamente con el título que la fidelidad al texto literario original será mayor. Esto lo analizaremos y desarrollaremos a continuación, pero también trataremos las diferencias y cambios que el director introdujo, porque estos no se limitan únicamente a esta película, sino que plantearán toda una revolución en la producción de filmes vampíricos. Hemos conocido al personaje encarnado por Lugosi, quien ofreció un enfoque renovado en cuanto a la caracterización física del personaje así como la cualidad dramática del mismo. Pasamos a la versión de Christopher Lee que nos presentó al conde como a un ser esencialmente enigmático y atrayente para sus víctimas y que participó en la evolución del vampiro de una criatura monstruosa y cruel a una más cercana y seductora. Demos pie, pues, 21
a una nueva perspectiva de la historia tras la mirada de Coppola y protagonizada por el Drácula de Gary Oldman. 6.1.1 Fidelidad y reinterpretación de la novela Drácula de Bram Stoker da inicio trasladando al espectador a una lejana en el tiempo Constantinopla. El príncipe Vlad (Gary Oldman) se despide de su amada Elisabeta (Winona Ryder) y parte rumbo a una batalla dejando su castillo y su amor atrás. Ella recibe la terrible, pero falsa noticia de que su príncipe ha muerto y, sin dudarlo, se arroja desde lo alto de una almena del castillo. Vlad regresa y se encuentra con el cadáver de Elisabeta y después de leer su carta de suicidio, entra en una terrible agonía. Uno de los religiosos que le acompañan le informa que el alma de la joven no podrá ascender al Reino de los Cielos al haber sido ella misma quien se ha quitado la vida. El príncipe grita con angustia y arroja la pila de agua bendita contra el suelo para después recitar unas palabras con las que reniega de Dios. El bautismo, que se lleva a cabo con esa agua bendita, simboliza la entrada al cristianismo; aquí, sin embargo, vemos cómo su recipiente es destruido, como si se tratase de una ruptura abrupta con ese lazo con Dios creado y forjado en la iniciación bautismal. Vlad renuncia a la vida eterna cristiana y pasa a convertirse en Drácula, príncipe de las Tinieblas. Hasta este momento hemos presenciado unas sutiles, en cuanto a la trama, pero claras referencias a todo lo vampírico que sucederá a continuación. Un hilo de sangre que corre por la comisura del labio de Elisabeta tras morir, la acción de Drácula de clavar su espada en el centro de una gran cruz, como si estuviéra hundiéndole a un vampiro una estaca en el corazón, o la sangre que inunda la estancia a continuación y rellena la copa en la que en las ceremonias litúrgicas se toma el vino que representa la sangre de Cristo; copa que Drácula bebe. Nos adelantamos en el tiempo a varios siglos más tarde, a finales del siglo XIX. Jonathan Harker (Keanu Reeves) deja atrás Inglaterra para introducirse en la lejana Transilvania, donde debe acudir para cerrar unos negocios de una casa que se ha vendido en Londres. Allí se encuentra con el conde Drácula, quien le recibe en su tétrico castillo. Empiezan a sucederse una serie de extraños acontecimientos. En primer lugar, el conde en sí mismo es toda una 22
anomalía de una palidez extrema y un físico aterrador. Presenta manos peludas y largos y desproporcionados dientes más propios de un animal que de una persona. Muestra un desconcertante terror por los espejos, en los que no se refleja, así como por el crucifijo que Jonathan lleva colgado al cuello. En una ocasión, el visitante inglés lo vislumbra a través de la ventana de su habitación trepando las paredes del castillo como si de un reptil se tratara. Sin embargo y a pesar de todas estas anormalidades, la que más llama la atención al tratarse de una incorporación del director a la historia, pues no hemos leído esta trama en la novela de Stoker, es la brutal e innegable similitud entre la antaño amada del conde, Elisabeta, y la prometida de Jonathan, Mina (ambas interpretadas por Winona Ryder), a quien vemos en un retrato que él porta. A partir de este momento, como mencionábamos, se empieza a desarrollar toda una nueva y emocionante trama alrededor de Drácula y Mina. Martínez Lucena (2010) nos plantea esta historia como el despegue inicial de los nuevos vampiros y sus narrativas románticas: El elemento claramente distintivo del filme de Coppola con respecto a la historia de Bram Stoker es que aquél deja de ser una novela de terror para pasar a ser una historia de amor. El que era un ser perverso en la historia original, pasa a tener esa doble faz y a justificar todos sus movimientos por la recuperación del amor de su esposa que falleció suicidándose en la lejana Edad Media cuando creía que su marido había muerto, y que parece reencarnarse en Mina Harker (Winona Ryder). De hecho, la bestia que es Drácula muere finalmente en brazos de su amada, que, en una mezcla de reconocimiento de ese amor verdadero y de conmiseración, parece suscribir que el monstruo tiene su lado humano y positivo. (Martínez Lucena, 2010, pp. 110, 111). Drácula planea entonces dirigirse a Londres no únicamente con la intención de mudarse sino ahora con un nuevo objetivo: buscar y encontrar a la que considera la reencarnación de Elisabeta. Antes de esto, sin embargo, ocurre un encuentro en el castillo entre Jonathan y las tres novias vampiro de Drácula. Aquí volvemos a destacar el enfoque que Coppola decide darle a la historia de Stoker. En la novela, Jonathan nos describe a las tres criaturas de la siguiente manera: 23
Las tres tenían dientes blancos y relucientes, que brillaban como perlas sobre los rubíes de sus labios voluptuosos. Había algo en ellas que me inquietó, un deseo vehemente y al mismo tiempo un miedo mortal. Mi corazón se inflamó con un deseo malvado y ardiente de que me besaran con aquellos labios rojos. (Stoker, 2012, p.56). Cierto es que hay de manera explícita una atracción física e irracional por parte del personaje hacia las tres vampiras. Sin embargo, algo que podríamos decir que caracteriza a la novela es la recatada y casta descripción de los hechos. Coppola parece darse cuenta de esto y da un giro drástico al tono de los mismos. En la película, el encuentro de Jonathan con las vampiras es un atrevido espectáculo de lujuria y provocación. Dice así Martínez Lucena: “Aquellos que saben que el hombre no es más que materia, los no-muertos, apelan a la voluptuosidad humana como medio para atraer hacia la condición vampírica” (Martínez Lucena, 2010, p. 61). Este juego inmortal de atracción y seducción como arma ya lo vimos en Drácula de 1958, de manera más sutil, por supuesto, y lo volveremos a ver más adelante, cuando nos introduzcamos en la historia de amor de Edward y Bella en Crepúsculo (2008). Nos trasladamos con el conde a Inglaterra, pero antes de adentrarnos en sus intenciones, conocemos a Lucy (Sadie Frost), amiga querida de Mina a quien ha acogido en su enorme casa. Joven e imprudente, Lucy se nos presenta como un personaje atraído por la idea del amor y las relaciones pasionales y físicas. Tantea entre tres pretendientes con quién se quedará; juega con ellos y disfruta del proceso. Finalmente elige y se compromete con Lord Arthur Holmwood (Cary Elwes). Los otros dos pretendientes, aunque rechazados, se mantienen cerca de la joven, pues su aprecio es real más allá del romanticismo. Son Quincey P. Morris (Billy Campbell) y el doctor Jack Seward (Richard E. Grant). Este último nos interesa especialmente en cuanto al desarrollo de la trama, ya que es el administrador de un hospital psiquiátrico que linda nada más y nada menos que con la abadía de Carfax, la nueva residencia del conde Drácula. A partir de este momento, vemos dos tramas paralelas que empiezan a desarrollarse; ambas provocadas por la llegada del conde a la ciudad. En primer lugar, somos testigos de su 24
acercamiento con la joven Mina. Topa con ella en una calle de la ciudad y, haciendo uso de galante educación, se gana su confianza. Por otro lado, Lucy empieza a tener episodios sonámbulos fortuitos por las noches que terminan en un brutal ataque sexual de un monstruo que le muerde en el cuello; Mina es testigo del mismo. Debido al estado de salud en deterioro de Lucy, el doctor Seward decide contactar con un profesor suyo de la universidad que se encuentra en Ámsterdam, el profesor y doctor Van Helsing. La relación entre Mina y Drácula cada vez es más estrecha; hablan del amor y de la existencia. Ella le expresa al conde un extraño pero intenso sentimiento que experimenta cuando está con él y que guarda en su corazón, transportándole a otros tiempos como en un lejano sueño. Sin embargo, llegan a oídos de la joven noticias de su amado Jonathan, por lo que parte en su búsqueda. Su ausencia da pie al vampiro para acabar del todo con Lucy y convertirla en una no-muerta como él. La chica es brutalmente asesinada por Drácula y, tras su entierro, se convierte en una criatura acechante y peligrosa como lo es su creador. Sin embargo, Van Helsing acierta con sus suposiciones y averigua la naturaleza de los ataques y la muerte de la chica, por lo que acude acompañado al cementerio y arranca del cuerpo de la vampira la maldición inmortal liberando el alma de la joven. Conociendo ya al enemigo, Van Helsing, Harker y los pretendientes de Lucy deciden actuar para acabar con Drácula, pero no cuentan con los acercamientos ocurridos entre este y Mina. Es por ello que hay gran sobresalto cuando irrumpen en el cuarto de la chica y la ven sometida ante el conde. Ella lame la sangre que brota de una herida en el torso desnudo de él mientras le suplica que la convierta en una criatura inmortal a su imagen y semejanza. Tras la interrupción, él huye. Hacia el final de la película, el grupo parte en busca del vampiro hacia Transilvania. Mina empieza a presentar síntomas parecidos a los de Lucy y pronto se evidencian las secuelas de sus encuentros con el conde; su nueva naturaleza casi maldita se muestra marcada en su frente. De la misma forma ocurre en la novela; sin embargo y aunque hasta el momento la historia ha transcurrido plagada de similitudes y referencias al texto original, al igual que el inicio el desenlace del filme es toda una innovación por parte de Coppola. A puertas del 25
encontraremos en el siglo XXI. Estamos entrando en una nueva era en la que las criaturas inmortales optan por adaptarse a los tiempos que corren. Dice así Piñón (2005): “Mientras que a Drácula se le recuerda como un ser atemporal, en el que predominan elementos aristocráticos propios del pasado, a Louis se le percibe como alguien que se mantiene en contacto con el momento en el que vivee. Basta con ver cómo Louis, el primer vampiro puramente americano, se adapta a los diferentes tiempos sin ningún problema, un inmortal que se integra en la sociedad, que está al día, que vive los avances tecnológicos y los descubrimientos científicos con la misma sorpresa con la que lo hacen los mortales”. (Piñón, 2005, p. 216). 7. EL VAMPIRO DEL SIGLO XXI 7.1 Crépusculo (2008) Demos lugar ahora sí a la completamente subjetiva joya de la corona. Ya hemos explorado en profundidad las ideas claves sobre la razón de ser de los vampiros, su tradición y leyenda, las leyes que rigen su mundo y los crueles destinos a los que se enfrentan estas criaturas si se topan con alguna de aquellas armas que los destruyen. Ahora, sin embargo, vamos a darle la vuelta al asunto. Analizaremos por supuesto la película en contenido y características propias como hemos venido haciendo hasta el momento, pero lo haremos diseccionando los diferentes temas que se nos han ido presentando, contrastándolos entre sí y examinando los nuevos enfoques que se exponen. Antes hablemos de la novela en la que se basa esta película. Crepúsculo es el primero de los libros que forman la Saga Crepúsculo. Es obra de Stephenie Meyer y fue publicado en 2005. Cuenta la historia de Bella Swan, una adolescente de diecisiete años que se muda a Forks, un pequeño y lluvioso pueblo perteneciente al estado de Washington en el que conoce a Edward Cullen y a su peculiar familia. Ellos son nada más y nada menos que vampiros, aunque no como las criaturas que venimos tratando hasta el momento; ellos son diferentes. Esta no es únicamente una narración sobre criaturas inmortales que beben sangre, sino que se trata, además y en esencia, de una historia de amor. 32
Estaba totalmente segura de tres cosas. Primera, Edward era un vampiro. Segunda, una parte de él, y no sabía lo potente que podía ser esa parte, tenía sed de mi sangre. Y tercera, estaba incondicional e irrevocablemente enamorada de él. (Meyer, 2009a, p. 200). A esta primera parte la siguen Luna nueva (2006), Eclipse (2007) y Amanecer (2008), obras que terminaron de formar este universo en el que vampiros y humanos se encuentran recordándonos a aquellas novelas de terror de décadas atrás y reinventando sus narrativas en medio de una estética contemporánea y juvenil. Se nos presentan varios tipos de vampiros con diferentes valores y formas de existencia, pero nos centraremos sobre todo en la familia Cullen y sus propias peculiaridades entre los vampiros de este mismo universo. Por medio de Edward vemos un vampiro sensible y profundamente empático, no únicamente por su don de leer mentes, sino también y sobre todo por los valores que defiende, que le han sido inculcados y los aprendizajes que ha tenido. Es curioso este tema, pues vemos aquí que los Cullen deciden tener un estilo de vida diferente al del resto de los de su especie, porque se niegan a beber sangre de humanos; se autodenominan “vegetarianos”, pues lo que consumen no es otra cosa que sangre de animales. Esta es una práctica originada por Carlisle, el paterfamilias, y sus valores cristianos. Veremos el impacto de la religión y sus ideas en estos nuevos vampiros, así como los conflictos morales que surgen en torno a la inmortalidad, los antiquísimos conceptos del bien y del mal, y las ideas de la juventud eterna y el deseo por lo prohibido. Todos estos son temas que ya hemos tratado, pero ahora los consideraremos a través de los pensamientos de una adolescente entre las cuatro paredes de un instituto estadounidense. Con el éxito desorbitado del libro se cimentó un fenómeno de masas en la literatura juvenil que, indudablemente, fue esencial en el impulso de la creación de novelas con vampiros como protagonistas en la década de “los dosmil”. La obra de Stephenie Meyer se convirtió en un icono absoluto de la cultura pop contemporánea y Edward Cullen y Bella Swan en la pareja de moda. Esto se intensificó en el momento en el que la historia pasó a la pantalla grande y los protagonistas fueron encarnados por Robert Pattinson y Kristen Stewart en la película de 2008 de Catherine Hardwicke. 33
Empieza la película y aparece en pantalla un cervatillo en un bosque. De repente, alguna criatura que no vemos con claridad, pero que indudablemente tiene forma humana, persigue y se lanza sobre el animal. Tras esto, la imagen pasa a mostrarnos a Bella, quien se muda de Arizona a Forks, un pueblo del estado de Washington en el que vive su padre, Charlie. Bella parece mostrarse poco ilusionada por la nueva vida que está comenzando; deja claro que se ha mudado por elección propia pero sin priorizar su felicidad. Llegando a un instituto nuevo a mitad de curso, no parece encajar muy bien entre la gente que se muestra curiosa por su llegada. Sin embargo, esta monotonía cambia a la hora del almuerzo, cuando por la puerta del comedor entran los Cullen. Vemos cómo automáticamente la atención de Bella y, por tanto la nuestra, se centra de inmediato en los cinco nuevos personajes que se nos presentan. Estos son Rosalie (Nikki Reed), Emmett (Kellan Lutz), Alice (Ashley Greene), Jasper (Jackson Rathbone) y, por último, Edward. Bella hace contacto visual con él y nos queda claro que a continuación veremos la evolución de este primer encuentro. Bella llega a clase de Biología y su compañero de pupitre no es otro que el chico de la cafetería. Sin embargo, la curiosidad de Bella se ve teñida pronto por la incomodidad al observar actitudes desconcertantes, pues al momento de sentarse ella en su silla él se aleja tapándose descaradamente la nariz. Apenas interactúa con ella y prácticamente huye del lugar al finalizar la clase. Tras esto, Edward deja de ir al instituto durante unos días eternos en los que Bella solo puede preguntarse a qué se debe lo extraño en su comportamiento. El día que él vuelve a aparecer sorprende a la adolescente con una actitud cordial y educada que nada recuerda a su primer encuentro. Mantienen una conversación casual y muestra gran interés en lo que ella tiene para decir; sin embargo, es enigmático y lacónico en lo relacionado consigo mismo. Un día, en el aparcamiento del instituto, Bella está a punto de ser arrollada por una camioneta. Todo ocurre muy rápidamente, para los personajes y para nosotros como espectadores; vemos de repente a Edward, que hacía solo unos segundos se encontraba al otro lado del aparcamiento, deteniendo el vehículo con su propia mano con rapidez y fuerza sobrehumanas. Cuando Bella, profundamente confundida, le interroga, él solo da largas con 34
sus respuestas. Esto hace que Bella empiece a observar más de cerca su comportamiento y detecte en él más hechos desconcertantes, como una gelidez extrema e inusual al tocarle o el no verle nunca comer. Llega a sus oídos una antigua leyenda que da a entender que los Cullen tienen un pasado sobrenatural y esto no hace más que ponerla sobre aviso. Investiga por su cuenta y descubre que Edward y el resto de su familia son nada más y nada menos que vampiros. Decide confrontarlo en el bosque y le expone sus sospechas. Eres increíblemente rápido y fuerte. Tu piel es pálida y fría como el hielo. Tus ojos cambian de color y a veces hablas como si fueras de otra época. No bebes ni comes nada y no sales a la luz del sol. (Hardwicke, 2008, 0:49:45). Él no solo las confirma, sino que se muestra sincero y vulnerable respecto a su propia naturaleza. Los Cullen llevan un tipo de vida diferente al del resto de los de su especie al no beber sangre humana. Poseen poderes especiales e individuales: Alice ve el futuro, Jasper puede controlar emociones ajenas y Edward es capaz de leer el pensamiento de los demás, a excepción del de Bella; uno de los motivos por el cual mostró por ella un especial interés al conocerla. El otro es por la brutal y absolutamente excepcional atracción que sintió hacia el olor de su sangre la primera vez que ella se acercó a él. Bella, completamente cautivada por el vampiro, sigue aprendiendo sobre su familia según lo que le va contando. Él le muestra qué le ocurre al exponerse al sol y es que, lejos de morir quemado como los vampiros de antaño, Edward empieza a brillar como si su piel estuviera compuesta por miles de pequeños diamantes. Esta es una escena íntima y vulnerable para ambos, quienes se exponen a un gran riesgo al mostrarse sin filtros ante el otro. Sus naturalezas opuestas están senteciadas por un inestable equilibrio entre el peligro y el deseo. “Y así el león se enamoró de la oveja” (Hardwicke, 2008, 0:55:42). El vínculo y la conexión entre ambos se fortalece y Edward decide introducir a Bella en la familia. Le cuentan de dónde vienen, cómo llegaron a encontrarse, pues todos tenían una vida independiente cuando aún eran humanos, y cómo se forjaron los vínculos que les unen. Carlisle, su padre adoptivo, fue quien le transformó en 1918 cuando estaba a punto de morir de gripe española. Bella pregunta si es necesario estar al borde de la muerte para poder ser un 35
vampiro y Edward le dice que esa es una decisión personal del propio Carlisle, que solo él haría algo así, pues jamás se lo haría a alguien que tuviera otra opción de salvarse. Vemos implícitos los valores que defiende y por los cuales llega a desafiar a su propia naturaleza. Aún no hemos explorado el pasado de Carlisle y cuáles podrían ser sus motivaciones para pensar así, pero nos queda claro que sea cual sea el motivo, decide de manera racional no actuar como el monstruo sanguinario y terrible que conocimos, por ejemplo, con Drácula. Bella lo interpreta de la misma manera y le pregunta a Edward si es Carlisle el motivo real por el que no bebe sangre humana. “No es la única razón; no quiero ser un monstruo” (Hardwicke, 2008, 1:00:04). Ahí lo tenemos, ahí está. El vampiro bueno. El final de la película se nos presenta con una trama de conflicto cuando aparecen vampiros externos a los Cullen que no comparten sus costumbres. Durante una tormenta eléctrica la familia juega un partido de béisbol en una secuencia cinematográficamente icónica e impecable. Con la compañía musical de Muse y su sublime “Supermassive Black Hole” vemos a los Cullen hacer uso de su brutal fuerza al batear y la sobrehumana e impresionante velocidad vampírica al completar las carreras. Sin embargo, como decíamos, entran en escena vampiros desconocidos. Estos no presentan los ojos dorados que caracterizan a nuestros buenos y vegetarianos Cullen, sino que tienen una roja y sangrienta mirada, como la de Drácula que aterroriza a Lucy, y que nos desvela que la sangre humana encabeza la dieta de aquel que luce aquellos ojos. No vamos a entrar en mucho detalle en cuanto a los sucesos de trama que vienen, pues no tienen gran relevancia en el tema que nos acontece más allá del contraste entre los Cullen y estos vampiros salvajes y más cercanos a las criaturas monstruosas de las que hemos hablado anteriormente. Naturalmente, al ver a la frágil y humana Bella estos pierden el control y uno de ellos la persigue por medio país hasta morderla. Edward, haciendo el mayor esfuerzo de su existencia, le absorbe el veneno para evitar que se convierta en vampiro. Es aquí donde volvemos a detallar la narración. Bella no puede entender que él no haya permitido que su transformación en vampiro se llevara a cabo del todo. Desde sus ojos humanos, una vida inmortal al lado de Edward es el mejor regalo que la existencia puede darle. Desde los de Edward, sin embargo, haber permitido que Bella se convirtiera en una criatura como él habría 36
sido condenarla a una inmortalidad maldita. Edward nació a principios del siglo XX; él mismo se considera “de la vieja escuela”. Creencias que para Bella, una adolescente millenial, no son más que chorradas, para él determinan el funcionamiento más básico de la existencia. Y por eso está convencido que independientemente de las decisiones que tome, si bebe o no sangre humana, por el simple hecho de ser un vampiro ya está condenado a arder en el infierno. Y no se perdonaría jamás hacerle eso a Bella, sentenciar su alma, por el más puro egoísmo de tenera a su lado por el resto de la eternidad. 7.1.1 La perpetuación y ruptura con el imaginario vampírico tradicional Hasta el momento hemos tenido una idea clara de lo que es ser un vampiro. A lo largo del siglo XX, el cine y la literatura nos han reiterado continuamente las reglas que rigen el mundo inmortal, y es prácticamente conocimiento general que para matar a un vampiro hay que clavarle una estaca en el corazón o abrir las cortinas para que los rayos de sol lo conviertan en cenizas. Sin embargo, he elegido el caso de los Cullen para ver y analizar cómo todo este imaginario se ve siendo objeto de evolución y transformación a principios del siglo en el que nos encontramos. Desglosemos una a una las similitudes y diferencias que nos plantean. Centrémonos en primer lugar en la característica más básica de un vampiro: su dieta. Hemos hablado de esto anteriormente, pero analicemos cuál es el papel de la sangre en la vida de los Cullen. Como hemos dicho, son vampiros “vegetarianos”, porque por decisiones personales han decidido no consumir sangre humana. Sus víctimas mortales se limitan a animales salvajes que encuentran en sus partidas de caza por el bosque. Esto supone para ellos un verdadero sacrificio, pues nunca llegan a saciarse del todo y deben lidiar con la Sed. La escribo con mayúscula inicial porque considero que esta llega a hacerse notar en los desarrollos de las diferentes tramas hasta el punto de casi ser un personaje más. De hecho, es esa sed –tras la aclaración volvemos a la minúscula– la que causa que Edward encuentre insoportable su primer encuentro con Bella; cierto es que el olor de la sangre de ella es especialmente atrayente para él, pero también influye el hecho de que ese día Edward no había cazado y estaba sediento (sabemos esto por el color de sus ojos, pues en la primera clase de Biología se los vemos negros mientras que en las siguientes, cuando ya se muestra 37
más amable con Bella, son dorados). Es también esa sed la que causó tres siglos atrás en la historia que Carlisle se viera obligado a beber la sangre de unos ciervos tras intentar matarse de hambre en una huelga contra su nueva naturaleza maldita y cruel: “El instinto es más fuerte en ese momento y lo arrastra todo, pero sentía tal repulsión hacia lo que era que tuvo la fuerza para intentar matarse de hambre. [...] De modo que su hambre crecía y al final se debilitó. Una noche, una manada de ciervos cruzó junto a su escondrijo. La sed le había vuelto tan salvaje que los atacó sin pensarlo. Recuperó las fuerzas y comprendió que había una alternativa a ser el vil monstruo que temía ser”. Edward sobre Carlisle en Crepúsculo (Meyer, 2009a, p. 342). Ya vimos a Louis en Entrevista con el vampiro (1994) que, atormentado ante la idea de tener que consumir sangre humana, encontró la misma alternativa que Carlisle. Hablábamos de un origen del vampiro bueno que cuestiona su naturaleza. Los Cullen encarnan sin duda esta corriente inmortal “moralmente superior” y la adaptan a su modo de vida. Esto nos lleva al siguiente punto. Al adaptarse a una vida regida bajo unas reglas que giran en torno a una sociedad humana y común, los Cullen adoptan su residencia permanente en un lugar que a Drácula jamás se le habría ocurrido pisar durante el día. Y es que lejos de vivir en un sombrío castillo en ruinas en las profundidades de Transilvania, la casa de esta familia es sorprendentemente moderna, lujosa y cómoda. “¿Qué esperabas? ¿Ataúdes, mazmorras y fosos?” (Hardwicke, 2008, 1:03:55), pregunta Edward bromeando a una sorprendida Bella por la luminosidad del lugar. Y es que lo cierto es que la estancia está formada casi en su totalidad por cristaleras que permiten disfrutar de las vistas hacia el exterior, pero que también dan lugar a que los rayos de sol penetren en la estancia. Aquí tenemos la siguiente cuestión: la luz solar. La idea de que los vampiros perecen entre terribles sufrimientos si se exponen al día no se aplica a los Cullen, ni a cualquier otro vampiro del universo de Meyer. Si bien huyen de él, no es por otro motivo que por prudencia, pues aunque no les hace daño, el sol causa que su piel brille como si estuviera cubierta de diamantes; motivo por el cual serían señalados por los humanos entre los que pretenden pasar desapercibidos. De hecho, 38
contrastamos también la belleza de este suceso (Bella opina que Edward se ve especialmente hermoso bajo la luz solar) frente al desagradable y grotesco final de Drácula de Christopher Lee (1958). Ni ajo, ni crucifijos, ni agua bendita. Un vampiro de Crepúsculo no sufre daño alguno al toparse con ninguna de estas cosas. De hecho, en la propia casa de los Cullen hay colgada una gran cruz de madera que había pertenecido en vida al padre de Carlisle, que era pastor. La metodología utilizada por Van Helsing para expulsar a la criatura maldita del alma pura de Lucy no habría funcionado si lo hubiera intentado con Alice Cullen. Por una parte, por los motivos recién expuestos, pero también por el hecho de que un vampiro de Crepúsculo no es un parásito maldito viviendo dentro de un espíritu sometido. Cuando un humano pasa a convertirse en inmortal en el universo de los Cullen, experimenta una transformación que le lleva a evolucionar, podríamos decir, hacia otro estado de existencia. Como una oruga que se convierte en mariposa. Este es un proceso que no tiene vuelta atrás, pero ni falta que hace. Los inmortales de Crepúsculo no necesitan ser salvados por los humanos para poder descansar en paz; no hay un alma que salvar. Este es un tema controversial dentro de la propia saga, ya que es el argumento principal en el que se basa Edward para no querer morder a Bella; él sí piensa que hay un alma pura que sufre una mutilación. Bella se muestra estupefacta ante esta idea, pues sus creencias en el tema están bastante alejadas a las de Edward; podríamos decir que este es un ejemplo claro de contraste generacional. Con casi 90 años reales de diferencia, Edward y Bella han crecido en entornos muy diferentes y como tal lo manifiestan. Bella, hija de padres divorciados y nacida a finales de los ochenta, rechaza lo que ella considera “ideas anticuadas” como lo son el matrimonio o, cuando entra en discusión el tema, la existencia de un alma susceptible de ser dañada. Edward, por el contrario, nace en 1901 y es fiel creyente de la existencia de un más allá en el que las criaturas malditas no son bienvenidas. No es de extrañar; si extrapolamos ambos personajes al texto presente en el que tratamos la evolución de la figura del vampiro a lo largo del siglo pasado, vemos calcadas las creencias sociales que la impulsan. Edward y Bella no son más que el reflejo de los cambios drásticos que vive la humanidad a lo largo de décadas. “Para él, Dios y el cielo existen… al igual que el infierno. Pero no cree que haya vida tras la muerte para nosotros [...]. Ya ves, él 39
cree que hemos perdido el alma” Carlisle sobre Edward en Luna Nueva (Meyer, 2009b, p. 45). Como millenial fan de la literatura, Bella es ávida conocedora de la tradición y clichés relacionados con los vampiros, y le resulta tan curioso como a los lectores o espectadores notar las diferencias que los Cullen tienen con estos. Tras Edward decirle que va a mostrarle su manera de viajar por el bosque, Bella pregunta si se va a convertir en murciélago (Meyer, 2009a, p.285), a lo que él responde con una sonora carcajada. Sin duda, para los Cullen la figura de Drácula debe resultar toda una cómica caracterización de lo que es en realidad un vampiro. Ellos no se transforman ni en murciélagos, ni en lobos, ni en ratas. Los vampiros de Crepúsculo brillan y son, esencialmente, muy guapos. Y así damos lugar al ejemplo final; y es que es con esa excusa de que Edward es muy guapo con la que Bella se justifica para hacerle fotos con su cámara en Luna Nueva: “Tengo una pregunta. [...] Si revelo esta película, ¿aparecerás en las fotos?” (Meyer, 2009b, p. 34). Nuevamente, más risas por parte de Edward. La única vez en la que vemos a Edward cumplir uno de estos “estúpidos clichés”, como él probablemente diría, es al principio de Luna Nueva (2009), cuando Bella se mira en un espejo y Edward, que se encuentra a su lado, no se refleja en él. Sin embargo, esto es parte de un sueño de ella, así que los vampiros de Crepúsculo siguen, hasta el momento, sin tener motivos para ser relacionados con una astillada estaca, un murciélago que repiquetea en una ventana o un oscuro castillo en Transilvania. 7.1.2 Belleza y juventud: armas y maldiciones del vampiro moderno Hay días que al elegir la ropa que me voy a poner pienso que si por lo que sea el destino decide que sea mi último día, ese será mi atuendo de fantasma para toda la eternidad; por lo que si me siento cómoda y satisfecha, he triunfado eligiendo. Cuando leí Crepúsculo por primera vez me planteaba constantemente la duda de si, en el caso de convertirme yo misma en vampiro, preferiría lucir una cabellera larga y lustrosa como la de Rosalie o por el contrario, el corto y casual pelo de Alice. Opinaba que esa era una decisión importantísima, al igual que mi ropa de fantasma, porque eligiese lo que eligiese, no habría vuelta atrás y sería para siempre. Ahora me imagino en tal situación y entiendo que para mí, alguien cuya excusa para cortarse el flequillo es “el pelo crece, nada es para siempre”, sería un tormento tener que 40
existir hasta el fin de los días con un mismo largo de pelo. Pero claro, esa es la realidad de un vampiro. En Crepúsculo, la juventud eterna y la belleza van ligados inherentemente a la existencia inmortal. Y qué podemos decir; esto es como todo. Por ello vamos a ver cómo afecta esta realidad a los vampiros del universo de Meyer. El día que Bella conoce a los Cullen por primera vez queda completamente estupefacta ante el hecho de estar viendo con sus ojos un grupo de personas tan exageradamente hermosas. Llega a comparar sus rostros con los de ángeles pintados por un artista antiguo (Meyer, 2009a, p. 26). Y reitera esta idea continuamente a medida que su romance con Edward va ganando intensidad; se rinde a la belleza del vampiro, sus labios de mármol y su áurea mirada. Pero no podemos culparla; al fin y al cabo para eso están ahí. Un vampiro es un depredador y, por tanto, tiene sus herramientas para atraer a sus presas. Esta seducción casi magnética e imposible de ignorar que ejercen sobre los mortales no es otra cosa que un anzuelo encubierto para conseguir que sus víctimas acudan embelesadas. “Soy el depredador más peligroso del mundo. Todo cuanto me rodea te invita a venir a mí. Mi voz, mi rostro, incluso mi olor” (Hardwicke, 2008, 0:53:06). Ya vimos el efecto que el conde Drácula tenía sobre Lucy durante las noches. La joven no pudo resistirse a su mortal persuasión y así acabó como acabó. Sin embargo, en Crepúsculo vemos actuar esa atracción en ambas direcciones. Por supuesto que Drácula en la novela de Stoker sentía atracción por los humanos a quienes les chupaba la sangre, pero claro, esta era únicamente motivada por la sed y la necesidad de alimentarse del vampiro. En la película de Coppola a esa atracción se une al amor que el Conde siente por Mina, quien le recuerda a su Elisabeta, y ahora en Crepúsculo lo volvemos a ver. Edward se refiere a Bella en una ocasión como su “marca personal de heroína”, aludiendo a que el olor de su sangre y ella misma le atraen como una droga. Es así como ambos se embarcan en un peligroso juego en el que los dos son víctimas y depredadores, y en el que es esa atracción prohibida la que da rienda suelta a su amor. Al hablar de belleza estamos aludiendo, por supuesto, a una sociedad que se aferra desesperadamente a la fugaz juventud de la vida. Martínez Lucena enfoca el tema de la siguiente manera: 41
tormentos pues, a pesar de ser en su literalidad exclusivos a vidas inmortales, son en esencia las consecuencias de una mentalidad humana. Retomamos la idea de que un vampiro es una criatura intrínseca e intensamente relacionada con lo más real y auténtico que existe: la muerte y la vida, y el miedo al que nos enfrentamos aquellos que no podemos huir de ellas. 9. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Libro Ansola González, T., Aristegui, I., Arroba, A., Casa, Q., Cuéllar, C. A., Esquivias, O., Fernández Valentí, T., Ferris, M. J., Gascó, D., Iglesias, E., Lafuente Pacheco, J., Losilla, C., Monedero, R., Paredes, I., Pedraza, P., Piñón, M., Quintana, A., Rins, S., Rodríguez, H. J. (coord.), Sabater, F., Sanfeliu, J. M., Tizón, R. (2005). Las miradas de la noche: Cine y vampirismo. Ocho y medio. Martínez Lucena, J. (2010). Vampiros y zombis posmodernos: La revolución de los hijos de la muerte. Gedisa. Meyer, S. (2009a). Crepúsculo: un amor peligroso. Alfaguara. (Trabajo original publicado en 2005). Meyer, S. (2009b) Luna Nueva. Punto De Lectura. (Trabajo original publicado en 2006). Stoker, B. (2012). Drácula. Anaya. (Trabajo original publicado en 1897). Capítulo de libro Bernal, J. (2005). Variaciones modernas del mito. En H. J. Rodríguez (Ed.), Las miradas de la noche: Cine y vampirismo (pp. 46-60). Ocho y medio. 48
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