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Hermandad de la caridad de sevilla: valoración de la muerte A U T O R : A L I C I A P E Ñ U E L A D E M U L A T U T O R : P I L A R D E L O S R E Y E S G I L T É B A R 2 0 2 3 / 2 0 2 4
El autor del presente Trabajo Fin de Máster declara explícitamente que asume la originalidad del trabajo, entendida en el sentido de que no ha utilizado fuentes sin ser citadas debidamente. Quisiera expresar mi profundo agradecimiento a María Arjonilla Álvarez, cuya generosidad y compromiso con la conservación del patrimonio han sido fundamentales para el desarrollo de este trabajo. Su apoyo y gestión facilitaron mi acceso a la Hermandad de la Santa Caridad, permitiéndome adentrarme en la riqueza histórica y cultural que encierra esta institución. Sin su disposición y constante respaldo, muchos de los recursos que hicieron posible esta investigación no habrían estado al alcance. Su implicación y conocimiento han sido una guía invaluable, y le agradezco de corazón por su tiempo, confianza y dedicación. A mi tutora, Pilar de los Reyes Gil Tébar, por su invaluable guía y apoyo durante todo el proceso de elaboración de este trabajo. Su dedicación, paciencia y compromiso han sido fundamentales para la realización de este proyecto. Agradezco profundamente su generosidad al compartir sus conocimientos y su disposición para acompañarme en cada paso. Sin su orientación, este logro no habría sido posible. 2
ÍNDICE ÍNDICE 3 RESUMEN 5 ABSTRACT 6 INTRODUCCIÓN 7 1.1 Planteamiento del problema 7 1.2 Objetivos del estudio 7 1.3 Justificación e importancia del tema 8 1.4 Metodología 9 CONTEXTO HISTÓRICO Y CULTURAL DE LA HERMANDAD DE LA CARIDAD DE SEVILLA 11 2.1 Historia y origen de la Hermandad 11 2.2 Evolución a lo largo del tiempo 12 PATRIMONIO DE LA HERMANDAD DE LA CARIDAD 15 3.1 Descripción del patrimonio material e inmaterial 15 3.2 Obras de arte, reliquias y otros elementos significativos 17 El legado de Miguel Mañara 17 MEMORIA VIVA Y ODA A LA MUERTE 24 4.1 Concepto de memoria viva 24 4.2 Importancia de la conservación de esta memoria 25 4.3 Factores que amenazan la continuidad de esta memoria colectiva 26 RESCATAR LA IMPORTANCIA DEL DUELO 28 5.1 Concepto de Luto 28 5.2 Prácticas y creencias relacionadas con la muerte en la Hermandad 30 5.3 Comparativa con otras religiones y tradiciones 31 RITOS FUNERARIOS DE LA HERMANDAD DE LA CARIDAD 34 6.1 Descripción y análisis de los ritos funerarios 34 6.1.1 Evolución y cambios en los ritos a lo largo del tiempo 36 6.2 Significado y simbolismo de estos ritos 37 6.3 Consecuencias culturales y sociales 37 6.4 Estrategias para la preservación del patrimonio 39 ESTUDIO DE CASO: ENTREVISTAS Y TESTIMONIOS 42 7.1 Metodología de la recopilación de testimonios 42 7.2 Análisis de las entrevistas 42 7.3 Relatos y experiencias personales 44 PROPUESTAS PARA LA CONSERVACIÓN Y RESTAURACIÓN DEL PATRIMONIO 45 8.1 Estrategias y métodos de conservación 45 8.2 Iniciativas y proyectos exitosos 46 8.3 Propuesta de documentación de los ritos funerarios para la Hermandad de la Caridad 48 Rito funerario 49 8.4 Fichas técnicas 51 CONCLUSIONES 59 9.1 Resumen de los hallazgos 59 9.2 Reflexiones finales 60 9.3 Recomendaciones para futuros estudios 60 3
BIBLIOGRAFÍA 62 LISTADO DE IMÁGENES 64 4
RESUMEN La Hermandad de la Caridad de Sevilla, fundada en el siglo XV por Miguel Mañara, se erige como un pilar fundamental en la historia cultural y social de la ciudad. Esta institución, originalmente dedicada a la gestión de un hospital y actualmente enfocada en los ritos funerarios y el cuidado de acogidos, ha sido testigo de numerosos cambios sociales y urbanísticos a lo largo de los siglos. Su legado incluye una rica colección de objetos patrimoniales y prácticas rituales que no solo reflejan su historia, sino que también encapsulan valores universales de solidaridad y dignidad. El patrimonio de la Hermandad de la Caridad es excepcional por su capacidad para mantener vivas tradiciones ancestrales y por su impacto en los valores sociales de la comunidad sevillana. Los enseres utilizados en sus ceremonias, desde los féretros hasta los atuendos rituales, y los ritos funerarios que realiza, constituyen una parte esencial de su identidad cultural. Estos elementos no solo tienen un valor histórico, sino que también actúan como vehículos de memoria que conectan el pasado con el presente. Sin embargo, la Hermandad enfrenta desafíos significativos que amenazan la continuidad de su patrimonio. La avanzada edad de muchos de sus miembros, combinada con la falta de recursos económicos y la falta de renovación generacional, pone en riesgo tanto la conservación de sus objetos como la transmisión de sus prácticas y valores. La modernización del entorno urbano y las restricciones impuestas por el tráfico han llevado a la adaptación de algunas tradiciones, pero también han puesto de manifiesto la necesidad urgente de preservar y restaurar el patrimonio material e inmaterial. En este contexto, el presente estudio se propone abordar la conservación y restauración del patrimonio inmaterial de la Hermandad de la Caridad desde una perspectiva integral. La investigación se centrará en identificar y documentar el patrimonio inmaterial existente, analizar el papel de los objetos en la preservación de la memoria y evaluar el impacto de la pérdida de este patrimonio en los valores sociales. Además, se desarrollarán estrategias para la conservación y la gestión sostenible del patrimonio, con el objetivo de asegurar que el legado de la Hermandad continúe siendo una parte viva de la identidad cultural de Sevilla. 5
ABSTRACT The Brotherhood of Charity of Seville, founded in the 15th century by Miguel Mañara, stands as a fundamental pillar in the cultural and social history of the city. This institution, originally dedicated to the management of a hospital and currently focused on funeral rites and the care of those in need, has witnessed numerous social and urban changes throughout the centuries. Its legacy includes a rich collection of heritage objects and ritual practices that not only reflect its history but also encapsulate universal values of solidarity and dignity. The heritage of the Brotherhood of Charity is exceptional for its ability to keep ancestral traditions alive and for its impact on the social values of the Sevillian community. The items used in its ceremonies, from coffins to ritual garments, and the funeral rites it performs, constitute an essential part of its cultural identity. These elements not only hold historical value but also serve as vehicles of memory that connect the past with the present. However, the Brotherhood faces significant challenges that threaten the continuity of its heritage. The advanced age of many of its members, combined with a lack of economic resources and the absence of generational renewal, puts at risk both the preservation of its objects and the transmission of its practices and values. The modernization of the urban environment and the restrictions imposed by traffic have led to the adaptation of some traditions, but they have also highlighted the urgent need to preserve and restore both the material and intangible heritage. In this context, the present study aims to address the conservation and restoration of the intangible heritage of the Brotherhood of Charity from a comprehensive perspective. The research will focus on identifying and documenting the existing intangible heritage, analyzing the role of objects in preserving memory, and assessing the impact of the loss of this heritage on social values. Additionally, strategies for the conservation and sustainable management of the heritage will be developed, with the aim of ensuring that the Brotherhood’s legacy continues to be a living part of Seville’s cultural identity. 6
INTRODUCCIÓN 1.1 Planteamiento del problema La Hermandad de la Caridad de Sevilla es una institución centenaria con un papel fundamental en la historia cultural y social de la ciudad, especialmente a través de sus ritos funerarios y su dedicación a la caridad. Sin embargo, en la actualidad, la Hermandad enfrenta una serie de desafíos críticos que amenazan la continuidad de su legado. Uno de los problemas más graves es la avanzada edad de sus miembros, lo que pone en peligro la transmisión de sus memorias, tradiciones y prácticas a las futuras generaciones. El patrimonio vivo de la Hermandad, que incluye tanto sus ritos funerarios como su enfoque en la caridad, está en peligro de desaparición. Este riesgo se agrava por la falta de difusión de estas tradiciones fuera del círculo íntimo de la Hermandad, lo que limita su conocimiento y aprecio en la sociedad en general. Además, la modernización del entorno urbano y social ha forzado cambios en prácticas tradicionales, como el cortejo funerario en el barrio del Arenal, lo que plantea el desafío de modernizar sin perder la esencia de las tradiciones. Un aspecto crítico de este problema es la falta de recursos económicos que enfrenta la Hermandad. Tradicionalmente, la Hermandad ha sobrevivido gracias a la caridad, las donaciones y las colectas realizadas por sus miembros y simpatizantes. Sin embargo, estos recursos son cada vez más limitados, lo que dificulta tanto la conservación del patrimonio material como la continuidad de sus actividades caritativas y rituales. La insuficiencia económica compromete la capacidad de la Hermandad para modernizar sus enseres y preservar los elementos patrimoniales que cuentan la historia de la Hermandad y su vínculo con la comunidad sevillana. El problema central radica en cómo asegurar la conservación de este patrimonio, tanto material como inmaterial, en un contexto de escasez de recursos económicos, falta de renovación generacional y desinterés creciente en sus prácticas. ¿Cómo puede la Hermandad de la Caridad mantener viva su memoria y sus ritos en una sociedad que está cambiando rápidamente? ¿Qué estrategias pueden implementarse para garantizar que estas tradiciones no se pierdan con el tiempo, y cómo se puede sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de este legado? ¿De qué manera se pueden captar y gestionar recursos para asegurar la sostenibilidad de la Hermandad en el futuro? Estas preguntas son fundamentales para abordar el futuro de la Hermandad de la Caridad y para desarrollar un plan que permita la preservación de su patrimonio cultural, asegurando que su historia y su impacto sigan siendo reconocidos y valorados en los años venideros. 1.2 Objetivos del estudio El presente estudio tiene como objetivo principal analizar y desarrollar estrategias para la conservación y restauración del patrimonio cultural de la Hermandad de la Caridad de Sevilla, con un enfoque específico en la preservación de la memoria a través de los objetos y cómo estos influyen en los valores sociales de una parte olvidada de la sociedad. Los objetivos específicos de este estudio son: 1. Identificar y documentar el patrimonio material e inmaterial de la hermandad Realizar un inventario detallado de los objetos, enseres, y documentos históricos que forman parte del patrimonio funerario de la Hermandad, con especial atención a aquellos que cuentan la historia y reflejan la memoria de la institución. Documentar los ritos funerarios y otras prácticas tradicionales de la Hermandad que constituyen su patrimonio inmaterial, destacando su evolución y significación en la actualidad. 2. Analizar el papel de los objetos como vehículos de memoria Estudiar cómo los objetos patrimoniales de la Hermandad sirven para mantener viva la memoria de sus miembros y de la comunidad a la que sirven, y cómo estos objetos reflejan y transmiten los valores y creencias de la Hermandad. 7
Investigar la relación entre los objetos patrimoniales y los ritos funerarios, y cómo esta interacción contribuye a la perpetuación de una memoria viva que conecta a las generaciones presentes con las pasadas. 3. Evaluar el impacto de la pérdida de patrimonio en los valores sociales Examinar cómo la posible desaparición del patrimonio de la Hermandad afectaría a los valores sociales, especialmente en cuanto a la revalorización de la muerte, la solidaridad, y la caridad, que son aspectos centrales de la Hermandad pero que han sido olvidados o subestimados por la sociedad contemporánea. Explorar cómo la preservación de este patrimonio podría contribuir a rescatar y reforzar estos valores en la sociedad actual. 4. Desarrollar propuestas de restauración y conservación del patrimonio Proponer estrategias y métodos de conservación y restauración que aseguren la protección y continuidad del patrimonio material e inmaterial de la Hermandad, considerando las limitaciones económicas y el contexto social actual. Diseñar un plan de acción para la sensibilización y difusión de los valores sociales que este patrimonio representa, promoviendo su reconocimiento y apreciación dentro y fuera de la Hermandad. 5. Crear un modelo de gestión sostenible para la conservación del patrimonio Investigar y proponer modelos de gestión que permitan la captación de recursos económicos y la implicación de nuevos miembros en la Hermandad, asegurando la sostenibilidad a largo plazo de sus actividades y la conservación de su patrimonio. Establecer un marco de cooperación con instituciones locales, regionales y nacionales para el apoyo a la conservación de este patrimonio, integrando a la Hermandad en iniciativas más amplias de preservación cultural. Este estudio pretende no solo preservar el legado de la Hermandad de la Caridad, sino también revitalizar los valores sociales que este patrimonio encarna, contribuyendo a la memoria colectiva y al fortalecimiento de la identidad cultural en Sevilla y más allá. 1.3 Justificación e importancia del tema La importancia de abordar el patrimonio cultural de la Hermandad de la Caridad de Sevilla reside en su papel fundamental en la preservación de tradiciones y valores históricos que han sido cruciales para la identidad de la comunidad sevillana. La Hermandad no solo conserva una serie de prácticas y ritos funerarios profundamente enraizados en la historia local, sino que también es un símbolo de valores como la solidaridad y la dignidad en la muerte. La conservación de los objetos y ritos de la Hermandad es esencial para mantener viva la memoria colectiva y la identidad cultural de Sevilla. Cada enser y cada práctica ritual actúan como un vínculo tangible con el pasado, ofreciendo una ventana a las creencias y costumbres de generaciones anteriores. Sin la adecuada preservación y documentación de estos elementos, hay un riesgo real de perder una parte significativa del legado cultural de la comunidad, lo que resultaría en una desconexión con la rica historia que ha moldeado la identidad local. Además, la Hermandad de la Caridad desempeña un papel educativo importante al proporcionar un contexto histórico y cultural que puede ser revelador tanto para los miembros de la comunidad como para los investigadores y el público en general. La historia que encarnan sus objetos y ritos no solo refleja el desarrollo social y cultural de Sevilla, sino que también ofrece lecciones sobre cómo las tradiciones pueden adaptarse y sobrevivir en un mundo en constante cambio. El impacto de la pérdida de este patrimonio cultural también tiene implicaciones más amplias en los valores sociales. Los principios de caridad y solidaridad que la Hermandad encarna son más relevantes que nunca en una sociedad que a menudo enfrenta desafíos de cohesión social y desigualdad. La preservación de estos ritos y prácticas no solo ayuda a mantener vivos 8
estos valores, sino que también ofrece una oportunidad para reflexionar sobre su importancia en el contexto moderno. La falta de recursos económicos y la difusión de los actos de la Hermandad presentan desafíos urgentes para la conservación de su patrimonio. Abordar estos problemas con estrategias adecuadas es crucial para evitar la pérdida irreversible de este legado cultural. El estudio de la Hermandad y su patrimonio no solo es una cuestión de restauración material, sino también una necesidad para asegurar que sus valores y tradiciones sigan siendo una parte integral de la comunidad sevillana en el futuro. La justificación para el estudio de la Hermandad de la Caridad radica en la necesidad de proteger y valorar una parte esencial de la identidad cultural de Sevilla. La preservación de su patrimonio es fundamental para mantener viva la memoria histórica, reforzar los valores sociales y garantizar que las tradiciones continúen siendo un vínculo significativo con el pasado para las generaciones venideras. 1.4 Metodología La metodología del estudio se estructura en varias fases para abordar la conservación y restauración del patrimonio de la Hermandad de la Caridad de Sevilla, con un enfoque integral en la preservación de la memoria a través de los objetos y la evaluación de su impacto en los valores sociales. 1. Investigación preliminar Se ha llevado a cabo una revisión exhaustiva de la literatura existente y documentos históricos relacionados con la Hermandad de la Caridad. Esta fase incluyó el análisis de estudios previos, archivos históricos, publicaciones académicas y otros documentos que proporcionaron una comprensión profunda del contexto histórico y cultural de la Hermandad. Se realizaron entrevistas con miembros actuales de la Hermandad. Estas entrevistas ayudaron a obtener perspectivas personales y conocimientos detallados sobre los ritos funerarios, las prácticas de caridad y la evolución del patrimonio. 2. Inventario y documentación del patrimonio Se ha creado un inventario detallado de los objetos y enseres asociados a la tradición funeraria de la Hermandad. Esto incluye la catalogación de cada pieza con descripciones exhaustivas, fotografías y, cuando sea posible, información sobre su origen y uso histórico. Se documentaron los ritos funerarios y otras prácticas tradicionales, utilizando métodos como la observación directa durante las ceremonias y la recopilación de relatos orales de miembros experimentados. Esta documentación se complementa con registros fotográficos y audiovisuales para preservar la riqueza de los ritos en su contexto original. 3. Análisis y Evaluación Se ha realizado una evaluación sobre el papel de los objetos en la preservación de la memoria y los valores de la Hermandad. Se han analizado cómo estos objetos sirven como vehículos de memoria y cómo contribuyen a la perpetuación de las tradiciones y valores culturales. Se ha investigado cómo la pérdida potencial del patrimonio de la Hermandad podría afectar a los valores sociales relacionados con la caridad y la dignidad en la muerte. Esto se ha llevado a cabo mediante el análisis de estudios de caso, entrevistas a la comunidad y la revisión de la literatura sobre el impacto cultural y social de la pérdida de patrimonio. 4. Desarrollo de estrategias de conservación Se ha llevado a cabo una evaluación técnica del estado de conservación de los objetos y enseres patrimoniales para identificar necesidades específicas de restauración. Basado en la evaluación técnica, se han elaborado unas propuestas para la conservación y restauración del patrimonio. Estas propuestas incluyen recomendaciones para la restauración física de los objetos, así como estrategias para la preservación de los ritos y prácticas inmateriales. 9
Imagen 2. Camilleros de la Santa Caridad conduciendo a un enfermo, 1932. Fotografía por Muñoz San Román. Los miembros de la Hermandad de la Santa Caridad siguen los mismos ritos funerarios que los residentes y subraya uno de los valores fundamentales de la Hermandad: la humildad. Esta humildad no es solo una actitud personal, sino una virtud profundamente arraigada en la identidad colectiva de la Hermandad, que se manifiesta en todos los aspectos de su vida comunitaria, incluido el modo en que se enfrentan a la muerte y al duelo. (M. Caballero Infante, comunicación personal, 10 de Abril de 2024) La Hermandad enfatiza que la muerte es un gran igualador, un momento en el que todos los miembros, independientemente de su posición o estatus, son tratados con la misma reverencia y sencillez. Al seguir los mismos ritos funerarios que los residentes, los hermanos de la Caridad refuerzan la idea de que en la muerte, como en la vida, no hay diferencias entre ellos. Este acto de compartir los mismos ritos crea una continuidad y una conexión profunda entre los miembros de la comunidad, tanto en vida como en la despedida final. (SANTA CARIDAD, 2016) La humildad, valor central en la Hermandad, se traduce también en una discreción que guía el comportamiento de sus miembros. La responsable área cultural del Hospital de la Caridad consultada subrayó que los hermanos huyen de cualquier forma de ostentación personal. Esta discreción no es solo una forma de evitar la vanidad, sino una expresión tangible de la humildad cristiana que buscan encarnar. En la Hermandad, el alarde personal está prohibido, ya que el enfoque debe estar en el servicio a los demás y en la caridad, no en la promoción de uno mismo. Hermanos amantisimos de la Santa Caridad de Jesucristo: Nuestro intento es solo despertar la Caridad ardentisima de Dios y de el projimo en nuestros corazones, inglamandolos en el amor de nuestro Criador, de suerte que cumplamos con el primero precepto de su Ley Santísima, en que nos manda la amemos de todo nuestro corazón, de toda nuestra ánima y de todo nuestro entendimiento. Y pues el fruto de las virtudes con que le hemos de servir y amar son las obras, de la misma suerte las mismas obras son la simiente de las virtudes que las producen: porque tener en la boca a Dios y el corazón en el Mundo es ocasionar a Su Majestad Santísima se queje desta falsedad….(SANTA CARIDAD, 1675:5) 16
Este compromiso con la humildad y la discreción se refleja también en la manera en que se lleva a cabo el rito funerario. En lugar de optar por ceremonias pomposas o monumentos ostentosos, los funerales en La Caridad son simples y sobrios, enfocados en el valor espiritual del acto más que en su apariencia externa. Esta práctica refuerza la idea de que lo importante no es la ostentación, sino el legado de caridad y servicio que cada miembro deja tras de sí. La discreción con la que los hermanos viven y mueren es un testimonio de su compromiso con los principios fundacionales de la Hermandad. En un mundo donde a menudo se valora la visibilidad y el reconocimiento, la Hermandad de la Santa Caridad ofrece un ejemplo de cómo la verdadera grandeza puede residir en la humildad y el servicio silencioso. Este enfoque no solo honra a los hermanos y residentes en la muerte, sino que también refuerza el valor de la humildad como una virtud que trasciende la vida y se perpetúa en la memoria colectiva de la comunidad. Además, la Hermandad conserva y promueve una serie de usos sociales y rituales que forman parte de su identidad. Estas prácticas incluyen las ceremonias religiosas, como las misas y procesiones, así como los actos de beneficencia que se realizan de manera discreta pero constante. Estas tradiciones son esenciales para la cohesión de la comunidad de hermanos y para la continuidad de los valores fundacionales de la institución. Este patrimonio cultural inmaterial de la Hermandad es un elemento vital para el mantenimiento de la identidad cultural en Sevilla. A través de estas prácticas y tradiciones, se crea un vínculo entre el pasado y el presente, que contribuye a la cohesión social y al sentido de pertenencia entre los miembros de la comunidad. Este patrimonio vivo es un testimonio de la persistencia de la caridad cristiana en la vida cotidiana y un recordatorio de la importancia de la solidaridad en tiempos de necesidad. La Hermandad de la Caridad de Sevilla custodia un patrimonio cultural que abarca tanto bienes tangibles como inmateriales. Estos elementos, en su conjunto, representan no solo la historia y el arte asociados con la Hermandad, sino también los valores y tradiciones que han perdurado a lo largo del tiempo, convirtiéndose en un legado esencial para la ciudad de Sevilla y para la comunidad religiosa que la sostiene. 3.2 Obras de arte, reliquias y otros elementos significativos La Capilla de la Hermandad de la Santa Caridad en Sevilla es un auténtico tesoro del arte barroco que no solo alberga grandes obras de artistas icónicos como Murillo, Valdés Leal y Roldán, sino que también ofrece una profunda reflexión sobre la caridad, la humildad y la mortalidad, en línea con la misión de la Hermandad. Gracias a la historiadora de arte doña Marisa Caballero Infante, quien está al frente de la gestión turística y cultural del lugar, podemos adentrarnos en los detalles de esta impresionante capilla y descubrir los mensajes espirituales que su iconografía nos transmite. El legado de Miguel Mañara El visionario Miguel Mañara, filántropo y líder espiritual de la Hermandad, fue quien encargó la decoración de la capilla, dejando claro que quería transmitir un mensaje espiritual a través de las imágenes. El viaje iconográfico de la capilla está estructurado en tres partes: el mensaje de la fugacidad de la vida, las obras de misericordia y la importancia de la humildad. Para Mañara, la capilla debía no solo impresionar a los fieles, sino también servir como una lección de vida y una exhortación a la caridad. 1. Jeroglíficos de la Muerte: La fugacidad de la vida En la entrada de la capilla, en la zona del bajo coro, se encuentran las pinturas de Juan de Valdés Leal, "In Ictu Oculi" y "Finis Gloriae Mundi", conocidas como los "Jeroglíficos de la Muerte". Estas obras son un recordatorio sombrío de que la vida es efímera y que la muerte llega para todos, sin importar el estatus, la riqueza o el poder. 17
Imagen 3. In ictu oculi. (Juan de Valdés Leal, 1672) ●In Ictu Oculi muestra a un esqueleto que apaga la llama de la vida, pisando símbolos del poder, la riqueza y la gloria, recordándonos que todos esos bienes terrenales no tienen valor ante la muerte. Imagen 4. Finis Gloriae Mundi. (Juan de Valdés Leal, ca. 1670-1672) ●Finis Gloriae Mundi presenta una cripta con los restos de un obispo, un caballero y una calavera, mientras una balanza en manos de Cristo pesa las obras de misericordia frente a los pecados capitales, indicando que solo las buenas acciones cuentan en el juicio final. 2. Las Obras de Misericordia: El llamado a la caridad La segunda parte de la capilla está dedicada a las obras de misericordia, con una serie de cuadros de Bartolomé Esteban Murillo que reflejan la esencia del mandato cristiano de ayudar a los más necesitados. 18
Imagen 5. (Izquierda) Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos. (Bartolomé Esteban Murillo, 1617-1682). (Derecha) San Juan de Dios transportando a un enfermo. (Bartolomé Esteban Murillo, 1617-1682) ● Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos y San Juan de Dios transportando a un enfermo representan la dedicación a cuidar a los enfermos y los pobres. Imagen 6. (Izquierda) La curación del paralítico en la piscina probática. (Bartolomé Esteban Murillo, ca. 1665-1670) (Derecha) San Pedro liberado por el ángel. (Bartolomé Esteban Murillo, ca. 1665-1670) ● La curación del paralítico y la liberación de San Pedro ilustran la importancia de visitar a los enfermos y liberar a los cautivos. 19
Imagen 7. Abraham y los tres ángeles. (Bartolomé Esteban Murillo, ca. 1670-1672) El regreso del hijo pródigo. (Bartolomé Esteban Murillo, ca. 1665-1670) La multiplicación de los panes y los peces. (Bartolomé Esteban Murillo, 1669-1670) Moisés y la roca de Horeb. (Bartolomé Esteban Murillo, 1669-1670) ● Abraham y los tres ángeles y el retorno del hijo pródigo resaltan la obra de dar refugio al peregrino y vestir al desnudo, mientras que La multiplicación de los panes y los peces y Moisés haciendo brotar el agua de la roca representan dar de comer y beber a los hambrientos y sedientos. Estas obras, encargadas por Miguel Mañara, son una muestra del compromiso de la Hermandad con los más desfavorecidos, transmitiendo un mensaje claro a los fieles: la caridad es el camino a la vida eterna. 3. La Humildad: La clave para la salvación La última parte del recorrido iconográfico es el Retablo Mayor de la Caridad, una majestuosa obra de Pedro Roldán, Bernardo Simón de Pineda y Valdés Leal, que representa el descendimiento de Cristo y destaca la séptima obra de misericordia: dar sepultura a los muertos. Esta es una obra central para la Hermandad, cuyo origen está vinculado a la sepultura de los ajusticiados. 20
Imagen 8. Retablo del Hospital de la Caridad. Diseño de Bernardo Simón de Pineda, esculturas de Pedro Roldán, y pintura y dorado de Juan de Valdés Leal ,1670-1674. Fotografía de la Hermandad de la Hospitalidad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo. Además, en el retablo, encontramos figuras alegóricas de la Fe, la Caridad y la Esperanza, que simbolizan las virtudes cristianas que guían a los hermanos en su labor. Imagen 9.La Exaltación de la Cruz, Valdés Leal en 1685. Fotografía de la Hermandad de la Hospitalidad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo. Otro cuadro, encargado por Mañara a Valdés Leal, es La Exaltación de la Cruz, que relata cómo el emperador Heraclio solo pudo entrar a Jerusalén cargando humildemente la Cruz sobre sus hombros, enfatizando que la humildad es esencial para la salvación. 21
Imagen 10. Detalle del retablo del Santo Cristo de la Caridad. Fotografía de la Hermandad de la Hospitalidad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo. El Retablo del Santo Cristo de la Caridad es una obra maestra concebida bajo la dirección de Miguel Mañara, y realizada por dos grandes artistas, Pedro Roldán y Bernardo Simón de Pineda. La escultura de Cristo que preside el retablo, muestra a Jesús en un momento de gran sufrimiento, antes de su Pasión, reflejando un patetismo extremo que se realza mediante el uso detallado de la policromía para representar el cuerpo ensangrentado. La iconografía del Cristo fue sugerida por Mañara, quien detalló cómo debía aparecer Jesús en oración, justo antes de comenzar su sacrificio. Esta imagen de Cristo ensangrentado se convierte en un símbolo de la devoción y el dolor redentor, tan relevantes para los miembros de la Hermandad. (SANTA CARIDAD, 2016) Imagen 11. Retablo de la Virgen de la Caridad (Derecha) y retablo de San José de Simón de Pineda (Izquierda). Fotografía de la Hermandad de la Hospitalidad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo. El retablo de la Virgen de la Caridad, diseñado por Simón de Pineda, alberga una escultura gótica tardía de la Virgen, uno de los pocos elementos que sobrevivieron de la antigua capilla de la Hermandad. Aunque la escultura es gótica, la policromía del manto fue realizada por Valdés 22
Leal, quien dejó su sello en este trabajo posterior. Encima del altar, otro óleo de Murillo representa a Jesús niño, un símbolo del cuidado maternal y de la piedad. Esta Virgen es un elemento central de la devoción dentro de la capilla y encarna la caridad cristiana que define a la Hermandad. El retablo de San José, también en la Capilla de la Santa Caridad, es otro encargo de Mañara. Simón de Pineda diseñó el retablo que honra a San José, el padre terrenal de Jesús. Destaca una imagen de San José, obra del escultor Cristóbal Ramos, y en su parte superior, un pequeño cuadro de Bartolomé Esteban Murillo que representa a San Juan Bautista en su infancia, primo de Jesús. Este óleo sobre tabla añade un toque íntimo y conmovedor al conjunto. (SANTA CARIDAD, 2016) En conjunto, los tesoros artísticos de la Capilla de la Santa Caridad son mucho más que objetos de devoción o decoración. Representan una profunda enseñanza sobre la vida, la muerte y la virtud, reflejando la misión de la Hermandad de la Caridad de Sevilla: ofrecer ayuda a los más desfavorecidos y recordar a los fieles la importancia de la humildad y la caridad. Gracias a la inestimable ayuda de historiadores como doña Marisa Caballero Infante, el legado de Miguel Mañara sigue vivo, mostrándonos que el verdadero significado de la caridad no reside solo en las acciones, sino también en el espíritu con el que se realizan. Imagen 12. Tour Virtual. (Hermandad de la Hospitalidad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo -2016) La Hermandad de la Santa Caridad ha llevado a cabo una labor encomiable en la preservación de su valioso patrimonio material. A lo largo de los años, han documentado, digitalizado, restaurado y mantenido en excelentes condiciones las obras de arte y los elementos arquitectónicos que forman parte de su legado. Este esfuerzo ha permitido que piezas de artistas de renombre como Murillo, Valdés Leal y Pedro Roldán se mantengan en estado óptimo para las generaciones futuras. Sin embargo, junto con este patrimonio material, la Hermandad posee un vasto y rico patrimonio inmaterial, igualmente digno de protección. Este patrimonio abarca las tradiciones, ritos funerarios, valores de caridad y humildad, y la propia historia de servicio a los más necesitados, que ha sido fundamental en la esencia de la Hermandad desde sus orígenes. La conservación de este legado inmaterial requiere un esfuerzo paralelo: la documentación, difusión, y transmisión de sus prácticas y creencias a través de los tiempos. El reto ahora es aplicar el mismo nivel de cuidado y dedicación que se ha destinado a los bienes tangibles para preservar este aspecto intangible. La oralidad, los ritos funerarios, las costumbres de caridad, y la participación comunitaria son elementos vivos que deben ser registrados, estudiados y compartidos, tanto en formato digital como en espacios de enseñanza y reflexión. Esta es una forma crucial de garantizar que la identidad de la Hermandad perdure en su totalidad, más allá de lo material. 23
MEMORIA VIVA Y ODA A LA MUERTE 4.1 Concepto de memoria viva La memoria viva se refiere a la capacidad de una comunidad para mantener y transmitir sus recuerdos, tradiciones y conocimientos a través de generaciones, conectando el pasado con el presente y proyectándose hacia el futuro. Este concepto se enmarca en la relación estrecha entre patrimonio y memoria, donde la comunidad juega un papel activo en la patrimonialización, es decir, en el proceso de identificación y valorización de elementos que representan su historia e identidad. La memoria viva no se limita a la mera preservación de objetos o monumentos, sino que incluye prácticas culturales, idiomas, rituales y cualquier otra manifestación intangible que una comunidad reconoce como parte de su identidad. Es un concepto dinámico que permite que la identidad cultural evolucione mientras se mantiene el vínculo con el pasado. (...) La historia no es todo el pasado, pero tampoco es todo lo que queda del pasado. O, si se quiere, junto a una historia escrita, se encuentra una historia viva que se perpetúa o se renueva a través del tiempo y donde es posible encontrar un gran número de esas corrientes antiguas que sólo aparentemente habían desaparecido. Si no fuera así, ¿tendríamos derecho a hablar de memoria colectiva?, ¿y qué servicio podrían hacernos unos marcos que sólo subsistirían en estado de nociones históricas, impersonales y descarnadas? Los grupos, en cuyo seno antaño se elaboraron unas concepciones y un espíritu que reinaron algún tiempo sobre toda la sociedad, retroceden pronto y hacen sitio a otros que sostienen a su vez, durante un período, el cetro de las costumbres y dan forma a la opinión según nuevos modelos. Podríamos creer que el mundo sobre el que, con nuestros abuelos, nos hemos inclinado se ha retirado de repente. Como apenas nos quedan recuerdos que salgan del círculo familiar del tiempo intermedio entre ése, muy anterior a nuestro nacimiento, y la época en que nuestro espíritu se verá poseído por los intereses nacionales, todo sucede como si, en efecto, hubiera habido una interrupción durante la cual el mundo de los ancianos se borró lentamente, mientras el cuadro se cubría de caracteres nuevos. Consideremos, no obstante, que no haya acaso un medio, ni un estado de los pensamientos o de las sensibilidades de antaño, del que no subsistan huellas y, más aún, todo lo necesario para recrearlo temporalmente (...). (HALBWACHS,1968:209) La cita de Maurice Halbwachs nos invita a reflexionar sobre la naturaleza dual de la historia y la memoria, destacando la distinción entre la historia escrita y la historia viva. Halbwachs señala que la historia no es simplemente un registro exhaustivo del pasado, sino una selección particular de eventos y narrativas que han sido preservados y documentados. Sin embargo, más allá de este registro formal, existe una "historia viva" que se perpetúa en la memoria colectiva de los grupos, donde persisten y se renuevan antiguas corrientes de pensamiento y costumbres que parecen haber desaparecido. Este concepto es crucial porque nos recuerda que la memoria colectiva no se limita a lo que está escrito en los libros de historia, sino que incluye también esas tradiciones, sensibilidades y modos de pensar que continúan influyendo en la sociedad, aunque no siempre de manera evidente. La memoria colectiva es, por tanto, un espacio dinámico en el que el pasado no está muerto, sino que sigue viviendo en la medida en que es recordado y actualizado por las comunidades. Esto nos permite comprender cómo las costumbres y valores que parecían haberse desvanecido pueden resurgir y encontrar nuevas formas de expresión en el presente. La Hermandad de la Caridad ha mantenido viva una memoria colectiva que va más allá de la historia escrita. No sólo preserva un patrimonio material, como sus edificios, obras de arte y ritos, sino que también mantiene y transmite un conjunto de prácticas, valores y creencias que se han perpetuado a lo largo de los siglos. Estas costumbres y tradiciones no son meros vestigios de un pasado remoto, sino que forman parte de una "historia viva" que sigue siendo relevante en la vida diaria de la Hermandad. 24
La Hermandad ha logrado mantener una conexión con su pasado, recreándolo y adaptándolo a las necesidades del presente. Por ejemplo, los rituales funerarios que siguen los miembros de la Hermandad, aunque profundamente arraigados en la tradición, no son simplemente una repetición del pasado. En lugar de eso, son una forma de mantener vivo el espíritu y las enseñanzas de figuras clave como Miguel Mañara, actualizándose en un contexto contemporáneo. Esto resuena con la idea de Halbwachs de que la memoria colectiva permite a los grupos recrear y dar nueva vida a las sensibilidades y pensamientos del pasado. 4.2 Importancia de la conservación de esta memoria La conservación de la memoria viva es crucial porque actúa como un pilar fundamental para la identidad y cohesión social de una comunidad. Mantener viva esta memoria permite que las tradiciones, valores, y conocimientos culturales sean transmitidos de generación en generación, lo que no solo fortalece el sentido de pertenencia, sino que también garantiza la continuidad de prácticas que son esenciales para la diversidad cultural. En un mundo cada vez más globalizado, donde las influencias externas pueden diluir las identidades locales, conservar la memoria viva se convierte en un acto de resistencia cultural. Preservar esta memoria ayuda a proteger los conocimientos tradicionales, las lenguas, los rituales y las expresiones artísticas que son únicos de una comunidad. Esta conservación no es solo una forma de preservar el pasado, sino también una manera de adaptarlo y hacerlo relevante en el presente y el futuro. La memoria colectiva es un concepto complejo que integra tanto recuerdos individuales como experiencias compartidas dentro de un grupo o comunidad. La Hermandad de la Santa Caridad, al igual que otras comunidades, se encuentra en la intersección de estas diversas formas de memoria, donde la individualidad de los miembros se mezcla y se enriquece con la memoria colectiva e histórica del grupo. La memoria colectiva es inherentemente selectiva, y este proceso de selección implica que no todo lo que ocurrió en el pasado se transmite o recuerda. Como señaló Eric Hobsbawm en su obra "La invención de la tradición", lo que se recuerda y cómo se recuerda puede ser remodelado, reinterpretado o incluso inventado para servir a las necesidades de una comunidad en un momento dado. En el contexto de la Hermandad de la Santa Caridad, esta selectividad se manifiesta en cómo se perpetúan ciertas tradiciones y valores, mientras que otros aspectos del pasado pueden ser minimizados, transformados o directamente omitidos. Esto no solo ayuda a preservar una imagen coherente de la Hermandad a lo largo del tiempo, sino que también fortalece la cohesión interna del grupo y su reputación externa. Esta transmisión no es una simple reproducción del pasado, sino un proceso activo de construcción de la memoria. Cada individuo dentro de la Hermandad aporta su propia serie de recuerdos y experiencias, que se suman y entrelazan con los de otros miembros, formando un tejido complejo y multifacético de memoria colectiva. Como señala Halbwachs (1968), la memoria individual no opera en aislamiento, sino que se enraíza y se moldea dentro de los marcos sociales en los que la persona se encuentra inmersa. Esto es particularmente evidente en una Hermandad, donde los recuerdos personales sobre los rituales, eventos y experiencias compartidas con otros residentes e, incluso, los trabajadores y voluntarios, se reconfiguran constantemente a través de las interacciones y el diálogo colectivo. Todos tenemos imágenes y recuerdos abstractos que son difíciles de encuadrar en experiencias reales o vividas. Estos fragmentos de memoria, que a menudo surgen de manera espontánea en ciertos lugares o circunstancias, pueden desempeñar un papel crucial en la construcción de la memoria colectiva de la Hermandad. Cuando los miembros evocan estas imágenes o sensaciones abstractas en un contexto comunitario, se produce un proceso de reinterpretación y validación colectiva. Este proceso no sólo enriquece la memoria individual, sino que también contribuye a una memoria colectiva más robusta, donde lo vivido y lo recordado se fusionan para formar una narrativa común. 25
siguiente. De manera similar, en Medina Sidonia, la hermandad también tomaba el cuerpo del ajusticiado con el mismo respeto, lo enterraba en un ataúd y seguía rituales similares con un paño azul. En ambas cofradías, el respeto hacia el cuerpo era clave, aun cuando el ajusticiado fuera marginado por la sociedad. Sin embargo, el enfoque en los rituales post-mortem difiere en pequeños detalles. En Sevilla, la hermandad también celebraba misas en memoria de sus miembros difuntos, lo que muestra la importancia del aspecto comunitario y religioso en el proceso de duelo. En Medina Sidonia, los funerales para sus miembros también eran importantes, pero había un énfasis particular en la moderación de los gastos para asegurar que los fondos de la hermandad pudieran destinarse a la ayuda de los necesitados, lo que añade un matiz más práctico y comunitario a sus prácticas funerarias. Comparando estas hermandades con otras religiones, vemos cómo en el budismo la muerte es vista como parte de un ciclo de reencarnación, no como un tránsito definitivo. El cuerpo es incinerado o entregado a los elementos para que el alma se libere y continúe su viaje, lo cual contrasta fuertemente con la visión de las hermandades andaluzas, que concebían la muerte como un paso único hacia la eternidad y preferían el entierro sobre la cremación. En el hinduismo, también se favorece la cremación rápida para liberar al alma, lo que contrasta de nuevo con la práctica de la hermandad siguiendo la tradición católica. De manera similar, en el islam y el judaísmo, el cuerpo es lavado y enterrado rápidamente, y en ambos casos la cremación está prohibida. Al igual que en las hermandades andaluzas, el énfasis está en la dignidad del cuerpo y en su entierro en tierra, aunque las creencias sobre lo que sucede después de la muerte son diferentes. Mientras que en el judaísmo y el cristianismo existe la esperanza en la resurrección del cuerpo, el islam cree en el juicio inmediato tras la muerte, con la cara del difunto mirando hacia La Meca. Entiendo por ritual una conducta formal prescrita en ocasiones no dominadas por la rutina tecnológica, y relacionada con la creencia en seres o fuerzas místicas. El símbolo es la más pequeña unidad del ritual que todavía conserva las propiedades específicas de la conducta ritual. (…) Un «símbolo» es una cosa de la que, por general consenso, se piensa que tipifica naturalmente o representa, o recuerda algo, ya sea por la posesión de cualidades análogas, ya por asociación de hecho o de pensamiento. Los símbolos que yo observé sobre el terreno eran empíricamente objetos, actividades, relaciones, acontecimientos, gestos y unidades espaciales en un contexto ritual.(TURNER,1967) El contraste más interesante surge con culturas como las sociedades tribales africanas y el Día de los Muertos en México, donde la muerte no se vive con la misma solemnidad o temor. En estas culturas, la muerte es celebrada, y los muertos siguen formando parte de la vida cotidiana a través de rituales que los mantienen presentes. Mientras que la Hermandad de la Caridad de Sevilla seguía un enfoque sobrio y centrado en la salvación del alma, en estas otras culturas, la relación con los muertos se manifiesta de forma festiva y cotidiana. En México, por ejemplo, el Día de Muertos implica una celebración alegre y colorida, donde los vivos honran a los fallecidos con altares, comida y música, algo que contrasta con la seriedad y el luto que acompañan los ritos de las hermandades andaluzas. Otro ejemplo es el culto a Nuestra Señora de la Santa Muerte, popularmente conocida como Santa Muerte, es una manifestación de sincretismo religioso en México que combina elementos del catolicismo y de las creencias prehispánicas. Este culto representa una deidad femenina esquelética asociada con la muerte y venerada en distintos contextos sociales, incluidos sectores marginados y algunos vinculados al narcotráfico, especialmente en zonas como Tepito, un barrio de Ciudad de México con una fuerte carga simbólica de resistencia cultural y social. (LEIJA, 2023) También podemos encontrar congregaciones en Andalucía como la de los Hermanos Fossores de la Misericordia, que se dedican a la asistencia funeraria. Existe una congregación religiosa laical católica dedicada a la gestión y mantenimiento de cementerios llamada los Hermanos Fossores de la Misericordia; esta 32
congregación también se dedica a la asistencia en los entierros. Fundada por Fray José María de Jesús Crucificado (Francisco Victoriano Linares Garzón) en 1953, su misión se inspira en las obras de misericordia, especialmente en la obra de enterrar a los difuntos y orar por vivos y muertos, un enfoque que toma ejemplo del personaje bíblico Tobit, quien enterraba a los muertos pese a la prohibición de su rey. Inicialmente establecidos en Guadix, la congregación expandió su labor a ciudades como Jerez de la Frontera, Huelva, Vitoria, Pamplona y Logroño, aunque actualmente solo se encuentran en Guadix y Logroño. Su espiritualidad se centra en la Eucaristía, la Liturgia de las Horas, el Santo Rosario y la oración mental, en consonancia con su estilo de vida contemplativo-activo, que les permite atender los cementerios y asistir a los familiares en el momento de la sepultura. La vida de los fossores, desarrollada en camposantos, se documenta en reportajes como El último sendero, donde se muestra cómo muchos de estos monjes decidieron unirse a la orden tras desempeñar oficios seculares y buscar un propósito de servicio espiritual en el entorno peculiar de un cementerio.(LOZANO, 2021) Comparada con otras culturas y religiones, la hermandad tiene una visión más solemne y finalista de la muerte, en contraste con tradiciones que ven la muerte como un ciclo o que la celebran como un reencuentro festivo con los ancestros o con el más allá. 33
RITOS FUNERARIOS DE LA HERMANDAD DE LA CARIDAD 6.1 Descripción y análisis de los ritos funerarios Los ritos funerarios en la Hermandad siguen un conjunto de normas rigurosamente establecidas que reflejan valores profundamente arraigados de caridad, igualdad y solemnidad religiosa. Estos rituales están diseñados para asegurar que todos los hermanos reciban una despedida digna y espiritual, sin distinciones jerárquicas ni económicas, lo cual es uno de los principios fundamentales de la Hermandad. Se tiene certeza de la existencia de los hermanos desde el año 1565 en que empiezan a registrarse por escrito, probablemente con la incorporación del primer escribano a la Hermandad. Esto no excluye la presencia de los mismos con anterioridad. La primera Regla de la Hermandad data de 1578, pero existía de hecho desde hacía más de un siglo, es decir, coincidiendo con la fecha de fundación de la Santa Caridad. (SANTA CARIDAD, 2016) 1. Preparación del cuerpo y traslado (Artículos 4º y 5º) Cuando un hermano fallece, la preparación del cuerpo y su traslado son fases esenciales del proceso funerario. Si el deceso ocurre fuera de las instalaciones de la Hermandad, el cuerpo es trasladado por el párroco correspondiente al hospital de la Hermandad. Esta práctica tiene un profundo sentido de unidad comunitaria y refuerza el vínculo entre los miembros, puesto que la Hermandad asume la responsabilidad completa del difunto, independientemente de dónde ocurra la muerte. La Hermandad asegura que el cadáver reciba el tratamiento adecuado conforme a las normas religiosas, siendo depositado en la capilla fúnebre, donde comienzan las oraciones previas. El uso de la capilla no solo como lugar de reposo sino también de oración enfatiza la importancia de la espiritualidad y la cercanía con lo divino en el proceso de la muerte. Según lo que se detalla en el reglamento de ritos funerarios, el cuerpo es cuidadosamente preparado conforme a la tradición: es cubierto con un paño mortuorio de color azul y bordado con el escudo de la Hermandad, símbolo de pertenencia y respeto. Este paño azul también simboliza la humildad y el luto compartido por la comunidad entera. Desde la capilla, el cuerpo es llevado a hombros por los hermanos, subrayando el sentido de solidaridad y responsabilidad compartida en este acto final. En este punto, el reglamento también indica que el cuerpo es transportado sobre una parihuela especial, adornada discretamente con símbolos religiosos, lo que refleja el carácter solemne del acto, pero manteniendo la sencillez característica de los ritos de la Hermandad. (SANTA CARIDAD, 1675) 2. Oraciones previas y Misa Exequial (Artículo 14º) El artículo 14º estipula que los ritos funerarios se desarrollan en tres momentos clave. Primero, se realizan oraciones en la capilla fúnebre, donde el sacerdote, ataviado con las vestiduras rituales apropiadas, dirige los rezos en presencia del cadáver. Este momento inicial simboliza el paso del difunto hacia una nueva vida espiritual y asegura su protección divina durante el proceso de tránsito. La segunda etapa es la procesión desde la capilla hasta la iglesia. La participación de los hermanos en este cortejo ritual es fundamental, ya que refuerza la idea de hermandad, solidaridad y acompañamiento en el viaje final. No se trata solo de una muestra de respeto hacia el difunto, sino también de una reafirmación de la comunidad de fe que sostiene la Hermandad. Según el reglamento, durante la procesión, el féretro es acompañado por cirios encendidos de color azul, un color que también se repite en los elementos que cubren el cuerpo. Los cirios y la luz representan la esperanza y la fe en la resurrección, mientras que los símbolos del Santo Cristo, presentes en las insignias y estandartes que acompañan la procesión, destacan la centralidad de Cristo en el viaje del alma. 34
Imagen 14. Regla de la muy humilde Hermandad de la Hospitalidad de la S. Caridad de Nuestro Señor Jesu Christo sita en su casa y hospital del señor San Jorge de la ciudad de Sevilla. (Hermandad de la Hospitalidad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo - 1675) Finalmente, la Misa Exequial constituye el acto central del rito. Celebrada según las normas litúrgicas de la Hermandad, esta misa es el momento en que la comunidad ruega por el alma del difunto y encomienda su espíritu a la misericordia divina. En términos teológicos, es un acto de intercesión y de purificación que permite al alma avanzar hacia su destino final con el apoyo espiritual de los vivos. Los hermanos tienen una participación activa durante la misa, ya que ellos mismos realizan las lecturas y acompañan las oraciones, reforzando el papel comunitario y solidario de la Hermandad en este momento crucial. (SANTA CARIDAD, 1675) 3. Igualdad y Sencillez (Artículos 3º, 13º y 17º) Uno de los aspectos más notables de los ritos funerarios de la Hermandad es el principio de igualdad. Según el artículo 3º, todos los hermanos tienen derecho a ser sepultados bajo las mismas condiciones. Este enfoque refuerza el valor de la sencillez en las ceremonias, evitando que se produzcan distinciones basadas en estatus social o riqueza. Incluso las autoridades civiles deben respetar este principio, tal como dicta el artículo 13º, lo que refleja el compromiso de la Hermandad con la humildad y la justicia. El toque de la campana de la iglesia durante los funerales, descrito en el artículo 17º, es otro símbolo de esta igualdad. Todos los hermanos reciben el mismo tributo en forma de campanadas, sin importar su posición en vida, lo que subraya la creencia en la igualdad ante Dios y la muerte. El reglamento confirma que todos los miembros son sepultados de la misma manera, sin distinciones en el tipo de ataúd o decoraciones, y los cirios y paños son siempre de color azul, simbolizando la unidad y simplicidad en la partida final. Este principio se extiende incluso al tipo de paño que cubre el cuerpo del difunto, que es siempre el mismo para todos los hermanos: el mencionado paño azul con el escudo de la Hermandad, asegurando que no haya diferenciación en la presentación del cuerpo. Además, la lectura del reglamento revela que, en los funerales de hermanos con roles destacados en la Hermandad, la solemnidad se mantiene a través del uso de insignias, pero la sobriedad en los símbolos y ornamentos sigue siendo la norma. (SANTA CARIDAD, 1675) 4. Solemnidad y Comunidad (Artículo 3º) Aunque la sencillez es una característica clave, la solemnidad es otro elemento central de los ritos funerarios. En el caso de los hermanos ajusticiados, se permite una mayor solemnidad durante la ceremonia, un gesto que podría interpretarse como una forma de redimir o exaltar el sacrificio final de estos individuos. El acto solemne destaca no solo la gravedad del fallecimiento, sino también la importancia de acompañar a los hermanos con respeto y devoción en su paso al más allá. El reglamento aporta un dato interesante: en ciertos casos excepcionales, se permite una mayor cantidad de cirios o una disposición más ceremonial del cuerpo, pero sin que esto rompa el 35
principio de igualdad fundamental en los funerales de la Hermandad. En todos los casos, el escudo de la Hermandad permanece en el paño azul que cubre el féretro, representando que la comunidad es una unidad indivisible incluso ante la muerte. El reglamento funerario de la Hermandad revela una profunda preocupación por mantener un equilibrio entre el respeto a la tradición religiosa, la igualdad de todos los miembros y la devoción comunitaria. A través de sus disposiciones, se promueve una visión de la muerte como un proceso natural y trascendental en el que todos los miembros de la Hermandad tienen derecho a la misma dignidad. Este énfasis en la igualdad y la sencillez refleja un compromiso con los valores cristianos, especialmente la caridad, entendida no sólo como un acto de ayuda, sino como un principio rector que guía el tratamiento de los vivos y de los muertos. (SANTA CARIDAD, 1675) Además, la insistencia en que todos los entierros se lleven a cabo bajo las mismas normas refuerza la idea de que, en la Hermandad, la muerte no hace distinciones. Es un recordatorio de la fragilidad humana, pero también de la esperanza de la vida eterna, sostenida por la fe y la comunidad. 6.1.1 Evolución y cambios en los ritos a lo largo del tiempo La evolución de los ritos de la Hermandad de la Caridad de Sevilla a lo largo del tiempo refleja tanto cambios en las prácticas culturales como la necesidad de conservación de los elementos utilizados en los funerales adaptándose a las adversidades presentadas por la modernización de la sociedad.. Tradicionalmente, la hermandad utilizaba un paño antiguo y significativo para el entierro de sus miembros. Sin embargo, este paño, debido a su antigüedad y fragilidad, ha pasado a ser reservado exclusivamente para el entierro de hermanos, mientras que se emplea un paño más nuevo para los demás difuntos. Esta decisión se ha tomado por razones de conservación, dado que el paño original es cada vez más quebradizo y podría deteriorarse rápidamente si se utilizara con frecuencia. Al restringir su uso a ocasiones especiales, la hermandad busca preservar un elemento central de su tradición mientras adapta sus prácticas a las realidades contemporáneas. En tiempos pasados, era común que los difuntos fueran enterrados en el sepulcro principal de la hermandad. Sin embargo, en respuesta a las limitaciones de espacio y el incremento en el número de entierros anuales, se ha adoptado la práctica de la incineración. En esta nueva modalidad, las cenizas se colocan en una urna que se sitúa en un segundo sepulcro, más amplio y con mayor capacidad. Este cambio da una solución práctica en la gestión del espacio funerario. Las velas que se usaban en los ritos de despedida eran tradicionalmente de cera, contribuyendo a la atmósfera solemne del entierro. No obstante, en un esfuerzo por modernizar y facilitar el proceso, la hermandad ha comenzado a usar cirios "falsos", que contienen un líquido inflamable y son reutilizables. Este cambio no solo representa una innovación en los ritos, sino que también refleja un enfoque más sostenible, reduciendo los costos y la necesidad de adquirir continuamente velas de cera. (M. Caballero Infante, comunicación personal, 10 de Abril de 2024) La parihuela, que es el soporte utilizado para transportar el féretro, también ha experimentado una transformación. Originalmente, esta era de madera, lo que suponía un desafío logístico debido a su peso considerable. En la actualidad, se ha reemplazado por una parihuela de metal, que es más ligera y fácil de manejar. Este cambio no solo facilita el transporte, sino que también mejora la seguridad y el confort durante el proceso. Otro cambio significativo en los ritos funerarios de la Hermandad de la Caridad de Sevilla se refiere a la procesión funeraria. Tradicionalmente, después de los funerales, se organizaba una procesión que salía a la calle para rodear la manzana en la que estaba situada la hermandad. Durante esta procesión, los hermanos pedían limosna y ofrendas para la hermandad, una práctica común en la época como una forma de recaudar fondos para la institución. Además, esta procesión permitía a los vecinos salir a la calle para ofrecer sus condolencias y mostrar sus respetos al difunto. Sin embargo, con el crecimiento urbano y el aumento del tráfico vehicular, esta práctica se ha visto modificada. Actualmente, la procesión ya no sale a la calle, sino que se realiza dentro del recinto 36
de la hermandad, pasando por los patios y espacios internos. Esta modificación no solo responde a razones prácticas relacionadas con la afluencia de vehículos y el tránsito en la ciudad, sino que también preserva el carácter íntimo y solemne del acto, evitando las complicaciones logísticas que implicaría la procesión en la vía pública. La hermandad ha demostrado una notable capacidad de adaptación a lo largo del tiempo, equilibrando la conservación de sus tradiciones con la necesidad de modernizar y optimizar sus prácticas. Estos cambios reflejan un compromiso con la dignidad y el respeto hacia los difuntos, al mismo tiempo que responden a las realidades prácticas de la vida contemporánea. Así, la Hermandad de la Caridad de Sevilla continúa honrando su legado mientras se adapta a un mundo en constante cambio. 6.2 Significado y simbolismo de estos ritos Los ritos funerarios de la Hermandad están profundamente enraizados en creencias religiosas y valores comunitarios que trascienden la mera logística de un funeral. Cada elemento ritual tiene un significado simbólico que refuerza la cohesión espiritual, la igualdad entre los hermanos y la creencia en la vida eterna. La solemnidad de los ritos funerarios, especialmente en el caso de los hermanos ajusticiados, otorga un significado adicional a la muerte en el contexto de la Hermandad. Los ritos para estos hermanos son más solemnes, lo que puede interpretarse como un reconocimiento del sufrimiento y el sacrificio en la vida y la muerte de estos individuos. Esta solemnidad en los funerales es una manera de subrayar el misterio sagrado de la muerte y la esperanza de la salvación. A través de estos actos solemnes, la Hermandad reconoce la trascendencia de la vida y la muerte, y eleva el sacrificio individual a un plano espiritual más alto. Este enfoque ritual es una forma de mostrar respeto por la vida terrenal mientras se asegura que el alma del difunto reciba las debidas atenciones espirituales en su viaje hacia la vida eterna. Un aspecto clave de estos ritos funerarios es la participación de toda la comunidad. El hecho de que los hermanos acompañen al difunto desde la capilla hasta la iglesia y participen activamente en las oraciones y la misa refuerza la noción de comunidad como soporte espiritual. No solo es la Hermandad quien organiza los ritos, sino que también se convierte en el vehículo por el cual el difunto transita hacia la vida eterna. Este simbolismo de la comunidad es central en las prácticas funerarias de la Hermandad. Los vivos no solo rezan por el descanso del alma del difunto, sino que también se ven reflejados en él. El funeral de un hermano es un recordatorio de la fragilidad de la vida y la inevitabilidad de la muerte, lo que inspira a los vivos a llevar una vida de fe y compromiso con los valores de la Hermandad. Los ritos funerarios de la Hermandad son mucho más que ceremonias formales; están impregnados de un profundo simbolismo que refleja los valores fundamentales de la comunidad: igualdad, solidaridad y trascendencia espiritual. A través de estos rituales, se reafirma la creencia en la vida eterna, la misericordia divina y la igualdad ante la muerte, al tiempo que se refuerza la cohesión de la Hermandad como una comunidad que acompaña a sus miembros en su viaje final. El simbolismo inherente a cada fase del proceso funerario, desde la preparación del cuerpo hasta la misa exequial, ofrece a los hermanos vivos una perspectiva espiritual sobre la muerte, recordándoles que la vida terrenal es solo una parte de un camino más largo hacia la redención y la vida eterna. 6.3 Consecuencias culturales y sociales Los ritos funerarios de la Hermandad no solo tienen implicaciones espirituales, sino que también generan efectos significativos en el tejido social y cultural de la comunidad. Estas prácticas, profundamente enraizadas en las tradiciones y valores colectivos, actúan como un mecanismo de cohesión, refuerzan la identidad compartida y tienen repercusiones tanto en la vida comunitaria como en las estructuras sociales. A continuación, se exploran las principales consecuencias culturales y sociales de estos ritos. 37
1. Reforzamiento de la identidad comunitaria Uno de los impactos culturales más relevantes de los ritos funerarios es la consolidación de la identidad colectiva de los miembros de la Hermandad. Al participar activamente en los funerales, los hermanos reafirman su pertenencia a un grupo con una fuerte tradición religiosa y espiritual. Este sentido de pertenencia va más allá de lo individual y refuerza la idea de comunidad unida en vida y en muerte. La participación en los rituales funerarios también asegura que las tradiciones y valores de la Hermandad se transmiten de generación en generación. Esto no solo garantiza la continuidad de las prácticas religiosas, sino que también perpetúa los lazos culturales que vinculan a los miembros de la Hermandad, creando un fuerte sentido de identidad común. En este sentido, los ritos funerarios actúan como un recordatorio constante de la historia y los valores compartidos de la Hermandad, lo que fortalece su cohesión interna. (Hermano Celador, comunicación personal, 30 de Julio de 2024) 2. Promoción de la igualdad social El principio de igualdad en la muerte, un valor clave en los ritos funerarios de la Hermandad, tiene profundas implicaciones sociales. La idea de que todos los hermanos, independientemente de su estatus social, son tratados con la misma dignidad en la muerte es un mensaje potente que promueve la justicia social dentro de la comunidad. En una sociedad que, históricamente, pudo estar marcada por desigualdades, este acto de equidad ritual proporciona un contrapeso simbólico, subrayando que ante la muerte, las diferencias materiales y sociales se desvanecen. Este principio de igualdad, especialmente evidente en aspectos como el toque de las campanas o el tipo de sepultura, tiene un efecto democratizador en la comunidad, minimizando las jerarquías y reforzando un sentido de solidaridad y equidad. Culturalmente, esta práctica no solo es un reflejo de las creencias cristianas sobre la igualdad ante Dios, sino también un instrumento para mantener la cohesión social y reducir tensiones derivadas de desigualdades sociales entre los hermanos. (Hermano Celador, comunicación personal, 30 de Julio de 2024) 3. Fortalecimiento de los lazos interpersonales Los ritos funerarios son momentos en los que los lazos interpersonales entre los miembros de la Hermandad se fortalecen. La participación activa en el funeral de un hermano crea un espacio donde los miembros se apoyan mutuamente en momentos de pérdida. Este acto de solidaridad emocional no solo alivia el dolor de los familiares y amigos del difunto, sino que también refuerza los vínculos entre los miembros de la comunidad. El acompañamiento del difunto en su tránsito hacia la vida eterna es, en muchos sentidos, una reafirmación del compromiso mutuo entre los miembros de la Hermandad. Este proceso contribuye a crear un entorno de apoyo emocional y espiritual que ayuda a los hermanos a enfrentarse a la muerte de una manera más consciente y menos individualizada. La muerte se convierte en un fenómeno colectivo, lo que reduce el aislamiento de quienes están en duelo y refuerza la unidad comunitaria. 4. Conservación de la memoria colectiva Los ritos funerarios también juegan un papel fundamental en la preservación de la memoria colectiva de la Hermandad. A través de los funerales, se recuerdan las vidas de los hermanos fallecidos, y sus nombres se integran en la narrativa histórica de la comunidad. Este proceso de conmemoración permite que la historia de la Hermandad se mantenga viva, y que las generaciones futuras comprendan y valoren las contribuciones de sus predecesores. El acto de recordar a los difuntos, ya sea a través de las oraciones o de la misa exequial, tiene un doble impacto: por un lado, mantiene el legado individual de cada miembro, y por otro, refuerza la continuidad de la tradición cultural. A través de los ritos, los hermanos vivos se ven conectados con aquellos que han fallecido, creando una línea de continuidad que une pasado, presente y futuro en una narrativa común. 38
5. Función educativa y transmisión de valores Los ritos funerarios no solo afectan a quienes participan directamente en ellos, sino que también tienen una función educativa para la comunidad en su conjunto. Las generaciones más jóvenes, al observar y participar en estos rituales, aprenden sobre los valores fundamentales de la Hermandad: solidaridad, igualdad, fe y respeto por la vida y la muerte. Este aprendizaje ocurre no solo en un nivel intelectual, sino también a través de la experiencia compartida de los ritos. De esta manera, los funerales no son sólo ceremonias para despedir a los muertos, sino también espacios pedagógicos donde los miembros más jóvenes internalizan los valores que definen a la Hermandad. Esto asegura la perpetuación de las prácticas funerarias y la transmisión de los valores que les dan sentido, creando un ciclo continuo de enseñanza y aprendizaje dentro de la comunidad. 6. Impacto en la estructura social de la comunidad Los ritos funerarios también impactan la estructura social de la Hermandad, al reforzar las jerarquías internas basadas en el respeto por la antigüedad, la lealtad y la participación activa en la vida de la comunidad. Aunque el principio de igualdad se manifiesta en la muerte, las responsabilidades y roles asumidos por los miembros en los ritos funerarios reflejan su estatus y compromiso con la Hermandad. En este sentido, los ritos funerarios sirven para reafirmar el orden social dentro de la comunidad. Aquellos que desempeñan roles importantes en los funerales, como los encargados de las oraciones o la misa, son vistos como figuras de autoridad y respeto, lo que refuerza su posición dentro de la Hermandad. Así, los funerales no solo son una ocasión para conmemorar al difunto, sino también una oportunidad para manifestar y perpetuar las estructuras de liderazgo y autoridad moral dentro de la comunidad. (Hermano Celador, comunicación personal, 30 de Julio de 2024) 6.4 Estrategias para la preservación del patrimonio En nuestro país contamos con un plan nacional de prevención del patrimonio inmaterial, en este plan se recogen estrategias de protección y distintas definiciones sobre las diversas tipologías de patrimonio intangible. El Patrimonio Cultural Inmaterial es vulnerable. Lo que caracteriza a este particular tipo de patrimonio no es sólo su dimensión material y objetual, sino el trasfondo inmaterial asociado, compuesto por normas internas, por ritmos, por significados y por símbolos compartidos, etc., todo ello formando una unidad desde la perspectiva de la comunidad portadora, de su voluntad y de sus criterios, sus valores y sus necesidades en cada momento de su historia. Por tanto, mientras la dimensión material se caracteriza por su estabilidad relativa, la inmaterial está, en la actualidad y de forma creciente, más sometida a influencias exteriores y a contradicciones que la hacen vulnerable.(AA. VV., 2011) La Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Inmaterial, adoptada por la UNESCO en 2003, subraya la necesidad de que cada Estado Parte tome medidas para salvaguardar el Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) dentro de su territorio. Estas estrategias de preservación tienen un enfoque participativo y colaborativo, involucrando tanto a las comunidades como a las asociaciones y grupos pertinentes. Basadas en las directrices establecidas por la UNESCO, se analizaron diversas estrategias clave para la preservación del patrimonio. El primer paso es identificar y definir los elementos que lo componen, con la participación activa de las comunidades y los grupos culturales que lo practican. Esto puede hacerse a través de diferentes instrumentos: ●Registros o inventarios preliminares: Estos registros documentan y clasifican el patrimonio inmaterial para establecer una base de datos que ayude a las autoridades 39
culturales a tener un conocimiento más profundo y a tomar decisiones informadas para su preservación. ●Catálogos y atlas: Ofrecen un panorama geográfico y temático del patrimonio, localizando los bienes culturales intangibles y facilitando su protección. ●Estudios específicos: Estos análisis en profundidad permiten abordar aspectos culturales, sociales, históricos y antropológicos de los elementos del patrimonio. ●Planes especiales o directores: Son herramientas que orientan las estrategias de preservación a largo plazo, diseñando líneas de actuación claras para la protección, difusión y sostenibilidad del patrimonio. La difusión es fundamental para garantizar su transmisión intergeneracional y su reconocimiento social. Algunas estrategias clave incluyen: ●Programas específicos de promoción: Estos programas pueden adoptar diversas formas, como iniciativas editoriales,audiovisuales,exposiciones,turismo cultural, música yparticipación ciudadana. Su objetivo es aumentar la visibilidad del patrimonio inmaterial tanto a nivel local como global. ●Plataformas digitales: Utilizar tecnologías modernas, como sitios web o aplicaciones móviles, para difundir el conocimiento sobre el patrimonio. Esto puede incluir la creación de bibliotecas virtuales, archivos multimedia y bases de datos accesibles para el público en general. ●Redes sociales y medios de comunicación: Implementar campañas de difusión a través de redes sociales y medios tradicionales para educar al público sobre la importancia del patrimonio inmaterial. La identificación de bienes culturales en peligro es crucial para priorizar las acciones de preservación. Las comunidades y asociaciones pueden colaborar con expertos para determinar qué elementos corren riesgo de desaparecer o de sufrir transformaciones no deseadas, y así tomar las medidas pertinentes. Algunas estrategias para su protección incluyen: ●Proyectos de revitalización: Cuando un bien cultural se encuentra en peligro de extinción, es importante diseñar programas para revitalizar su práctica. Esto puede incluir la enseñanza de la tradición a nuevas generaciones o la creación de festivales y eventos que reactiven su uso. ●Protección legal: En muchos casos, es necesario que los gobiernos promulguen leyes que reconozcan el valor y ofrezcan protección contra la explotación o transformación no consentida. La documentación es una herramienta esencial para la salvaguarda del patrimonio, permitiendo registrar sus diversas manifestaciones a través de métodos visuales, escritos y audiovisuales. Esto es especialmente relevante para proyectos de investigación en campos como la antropología, la sociología y la museología. Algunos instrumentos que se pueden usar: ●Entrevistas y testimonios orales: Capturar el conocimiento transmitido oralmente por los portadores del patrimonio es vital para su preservación y estudio. ●Producción de material audiovisual: Documentar las prácticas culturales a través de videos y fotografías garantiza que queden registros tangibles de estas tradiciones. ●Colaboración con museos y archivos: Los museos pueden desempeñar un papel importante al incluir el patrimonio en sus exposiciones y archivos, asegurando su difusión y reconocimiento público. La planificación estratégica es necesaria para la preservación sostenible del patrimonio a largo plazo. Esto implica diseñar planes que incluyan no solo la preservación física de los bienes, sino también la continuidad de su significado cultural y social. 40
●Planes de formación específica: Desarrollar programas educativos que permitan a las nuevas generaciones aprender y practicar el patrimonio es fundamental. Estas iniciativas deben involucrar a asociaciones culturales, instituciones educativas y centros patrimoniales. ●Fomento de la colaboración entre asociaciones: Las redes de colaboración entre diferentes grupos culturales son esenciales para compartir conocimientos, recursos y experiencias. Esto puede potenciar la capacidad de las comunidades para gestionar y preservar su propio patrimonio. ●Cursos y jornadas de formación: Organizar actividades educativas sobre los distintos ámbitos del patrimonio, con la participación activa de las comunidades, asegura que el conocimiento se transfiera de manera adecuada y se mantenga vivo. Una estrategia clave es fomentar la colaboración entre las asociaciones culturales, la ciudadanía y las instituciones. Esto fortalece el trabajo colectivo en la protección del patrimonio, creando redes que faciliten el intercambio de conocimientos y experiencias. Entre las acciones destacadas se encuentran: ●Colaboración entre asociaciones culturales: Fomentar el trabajo conjunto entre diferentes grupos que se dedican al patrimonio puede resultar en proyectos más amplios y efectivos, promoviendo la cohesión social y el apoyo mutuo. ●Reconocimiento social y gestión organizativa: Realizar estudios para mejorar la gestión, organización y financiación de las asociaciones permite que estas tengan una mayor capacidad de difusión y obtengan un mayor reconocimiento social por su trabajo. 41
La salud mental es un aspecto crucial en la vida de los ancianos. Proveer recursos y apoyo psicológico puede ayudarles a enfrentar las dificultades asociadas con la pérdida de roles laborales y a mantener una buena calidad de vida. La experiencia de la Hermandad de la Caridad ejemplifica cómo una comunidad puede transformar la percepción y el trato hacia sus ancianos, creando un ambiente donde todos se sientan valorados y conectados. Esta propuesta puede servir como inspiración para que otras organizaciones y la sociedad en general adopten un enfoque similar, asegurando que los ancianos continúen teniendo un papel activo y significativo en sus comunidades, incluso cuando ya no son parte de la fuerza laboral. No se puede olvidar el proyecto de la profesora María Arjonilla, impulsado en colaboración con el Hospital de la Santa Caridad y la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla, que representa una iniciativa clave en la preservación del patrimonio cultural y en la formación académica de estudiantes de conservación y restauración. Este proyecto surgió gracias a la implicación de figuras como Enrique Valdivieso, catedrático de Historia del Arte, quien identificó la necesidad de intervenir en la restauración de algunas piezas de la colección de la Santa Caridad, particularmente en torno a la figura de Mañara. (INFANTE DEL ROSAL, F., ARJONILLA ÁLVAREZ, M. y BILBAO PEÑA, D., 2022) Uno de los principales objetivos fue convertir el patrimonio de la Hermandad en un entorno real de aprendizaje para los alumnos de la Facultad de Bellas Artes. En 2010, se firmó un convenio entre la Hermandad y la Universidad, lo que permitió la participación de estudiantes en prácticas de conservación, restauración e inventario de los bienes de la Santa Caridad. Esta colaboración no solo benefició a los alumnos en su desarrollo académico, sino también al Hospital, al asegurar la preservación de su valioso patrimonio cultural. El proyecto se dividió en varias fases, comenzando con una primera etapa de identificación y registro del estado de la colección. Los alumnos, guiados por profesores y tutores especializados, trabajaron en la evaluación y diagnóstico de los bienes, priorizando aquellas obras que requerían intervenciones más urgentes. De esta manera, se controló el estado físico de las piezas, previniendo mayores deterioros y pérdidas irreversibles. Una parte esencial del proyecto fue la creación de un taller de restauración para los estudiantes en prácticas, lo que permitió realizar las intervenciones necesarias de forma continua. A lo largo de más de una década, cientos de estudiantes participaron en esta iniciativa, dejando un legado de fichas técnicas y reportes fotográficos que documentaron el estado y las intervenciones realizadas en la colección. Esta metodología no solo garantizó la correcta conservación de las obras, sino que también estableció un modelo pedagógico y colaborativo entre el ámbito académico y el institucional. Actualmente, aunque los talleres de restauración se han trasladado a la Facultad de Bellas Artes, las visitas técnicas y el contacto con el entorno patrimonial de la Santa Caridad continúan siendo un componente esencial de la formación de los estudiantes. Además, el proyecto ha seguido recibiendo apoyo financiero de instituciones como la Fundación Focus Abengoa y la Real Maestranza de Caballería, lo que ha asegurado su continuidad. Uno de los aspectos más destacados de este proyecto es su dimensión emocional y social, ya que no solo se trata de preservar obras de arte, sino de mantener vivo un patrimonio que tiene un profundo significado histórico, artístico y comunitario. El contacto directo de los estudiantes con la Hermandad y los ancianos acogidos por la Santa Caridad ha enriquecido el proceso de aprendizaje, proporcionando una experiencia integral que abarca lo académico y lo humano. 8.3 Propuesta de documentación de los ritos funerarios para la Hermandad de la Caridad La Hermandad de la Caridad se rige por el "Reglamento de Entierros" aprobado por el Arzobispado de Sevilla en 1973 para realizar los ritos funerarios. Este tipo de reglamento no solo garantiza el cumplimiento de las normativas litúrgicas y canónicas en los funerales, sino que también refuerza la identidad y el carácter comunitario de la Hermandad. 48
El reglamento deja claro que las ceremonias fúnebres deben seguir las pautas establecidas tanto por la Iglesia como por las normas internas de la Hermandad, respetando los principios del Derecho Canónico. La atención a los detalles litúrgicos subraya el valor que se da a cada entierro, asegurando que todos los hermanos difuntos reciban el mismo trato y que se les otorgue la dignidad y solemnidad que merecen. Este documento es una de las formas en las que la Hermandad protege su patrimonio inmaterial, preservando los ritos y tradiciones que la han caracterizado durante siglos. La fijación de normas específicas ayuda a que esos rituales se mantengan con el tiempo y no se pierdan debido a cambios sociales o a la falta de transmisión generacional. Los ritos funerarios son una parte fundamental de la memoria colectiva de la Hermandad y reflejan valores importantes como la caridad, la humildad y la igualdad, ya que los hermanos reciben, en muerte, el mismo trato, independientemente de su estatus social o económico. La Hermandad no solo gestiona el entierro de los hermanos, sino que también proporciona un soporte a las familias en un momento de duelo. Los miembros tienen la obligación de asistir a los velatorios y funerales, lo que fomenta un sentido de comunidad y apoyo mutuo. Este componente comunitario refuerza los lazos dentro de la Hermandad y asegura que ningún miembro sea olvidado o desatendido en sus momentos finales, reflejando el valor de la vida y el respeto a la muerte. (M. Caballero Infante, comunicación personal, 10 de Abril de 2024) En el contexto de la Hermandad, los ritos funerarios van más allá de un simple cumplimiento religioso; también representan el compromiso con los valores de caridad e igualdad. Al mantener un reglamento riguroso, la Hermandad asegura que todos los hermanos, sin importar su posición o condición en vida, tengan el derecho a ser despedidos con el mismo respeto y dignidad, en un acto de verdadera igualdad ante la muerte. Rito funerario El proceso comienza con la notificación del fallecimiento de un hermano. Este acto es clave, ya que, desde el momento en que se comunica la pérdida, la Hermandad se moviliza para organizar las ceremonias pertinentes, conforme a lo estipulado en su reglamento y en las directrices eclesiásticas. En este contexto, el Hermano Mayor y los encargados de los ritos funerarios juegan un papel central. Ellos se encargan de coordinar cada aspecto del funeral, desde la organización de la exequia hasta la preparación de los elementos simbólicos necesarios para las ceremonias. Las normas se aplican estrictamente, de modo que se garantice que todos los ritos funerarios se celebren con la solemnidad adecuada. Uno de los momentos cruciales del proceso funerario es la convocatoria a los hermanos de la Hermandad. Esta convocatoria es un deber que todos los miembros deben cumplir: asistir a los funerales de sus compañeros. Este aspecto destaca uno de los valores esenciales de la Hermandad, que es la fraternidad. Cada hermano, independientemente de su rango o nivel de participación, está llamado a acompañar a sus compañeros en el último adiós, reforzando los lazos comunitarios y el sentido de solidaridad que caracteriza a la Hermandad. Este sacrificio es a menudo visto como una razón por la cual los más jóvenes no se involucran tanto, ya que el compromiso de asistir a velatorios y ceremonias implica una dedicación constante que muchos no están dispuestos a asumir. Antes del entierro, se realiza el velatorio, un espacio reservado para que los hermanos puedan reflexionar y rendir homenaje al difunto, acompañando a la familia en su dolor. Este acto es un recordatorio de que la muerte es parte del ciclo natural de la vida y que la Hermandad, como comunidad, está ahí para apoyar a sus miembros en estos momentos difíciles. El velatorio también refuerza el sentido de unión entre los hermanos, que se reúnen para despedir a uno de los suyos. La misa de difuntos, o exequia, es el acto central de este proceso. Se lleva a cabo en la capilla de la Hermandad, un lugar cargado de significado tanto espiritual como histórico. La ceremonia sigue los ritos litúrgicos tradicionales, y los hermanos se reúnen para orar por el descanso del alma del fallecido. Cada detalle está cuidadosamente planificado para reflejar el respeto que la Hermandad siente hacia sus miembros. El cuerpo del hermano fallecido es 49
presentado ante el altar, y durante la misa se leen pasajes bíblicos apropiados, junto con oraciones que piden por su alma. La simbología religiosa también tiene un papel destacado: cruces, cirios y otros elementos litúrgicos están presentes, recordando la solemnidad de la ocasión. Después de la misa, se realiza la procesión fúnebre y se procede al entierro. La procesión fúnebre en la Hermandad de la Caridad es un rito profundamente solemne y cargado de simbolismo, que sigue un protocolo cuidadosamente delineado en el reglamento de la Hermandad. Tras la Misa Exequial, los asistentes se preparan para la procesión, que parte desde la capilla fúnebre de la Hermandad, situada en el Hospital de la Santa Caridad. Los Hermanos de la Hermandad, precedidos por una cruz, forman una comitiva que acompaña el féretro, el cual es transportado en parihuelas. Estos son llevados a hombros por los propios Hermanos hasta el coche fúnebre. El recorrido atraviesa la lonja del Hospital, y es un trayecto cargado de oración y recogimiento, mientras las campanillas anuncian el paso del difunto. Uno de los momentos más conmovedores de la procesión es cuando los Hermanos portan el cuerpo a lo largo del camino hasta que llega al coche fúnebre, en un acto de profundo respeto y devoción. Durante este trayecto, los Hermanos rezan en voz alta: "Para enterrar a los pobres de la Santa Caridad de Jesucristo por amor de Dios", frase que subraya el valor central de la caridad como motivo principal del acto. Al llegar al coche fúnebre, el Hermano Mayor o el sacerdote que presida la procesión recita una serie de oraciones finales, entre las cuales se incluyen tres Padrenuestros, tres Avemarías y un "Réquiem", momento en el que se bendice el féretro antes de su partida al cementerio. Una vez que el cuerpo es introducido en el vehículo que lo trasladará al lugar de su descanso final, la Hermandad concluye oficialmente su participación en el rito fúnebre. Imagen 16.Procesión fúnebre, 2016. Fotografía de Santiago Molina Dependiendo de las circunstancias y de lo estipulado en vida por el fallecido o su familia, este puede realizarse en un cementerio o en la cripta de la Hermandad. Sea cual sea el lugar, el acto es siempre solemne y digno. Los hermanos, en señal de respeto y unidad, acompañan el féretro en procesión hasta el lugar de descanso final. Esta procesión es otro de los símbolos de 50
fraternidad y apoyo mutuo que la Hermandad promueve. El entierro se realiza siguiendo estrictamente las normas litúrgicas de la Iglesia, asegurando que el acto esté en sintonía con las tradiciones católicas y los valores de la Hermandad. El rito final, una oración o bendición antes de la sepultura, marca el último adiós. Este momento es especialmente emotivo, ya que simboliza la despedida definitiva del hermano fallecido, pero también el compromiso de la Hermandad de mantener viva su memoria a través de la oración y el recuerdo. La Hermandad, además, no se limita a los aspectos rituales, sino que extiende su apoyo a las familias de los hermanos fallecidos, ofreciéndoles consuelo emocional y espiritual en momentos de dolor. (M. Caballero Infante, comunicación personal, 10 de Abril de 2024) Es importante subrayar que uno de los principios más valiosos de este reglamento es la igualdad. Todos los hermanos, independientemente de su estatus o posición en la sociedad, reciben el mismo trato en su funeral. No hay distinciones entre ricos y pobres, poderosos o humildes. Este principio refleja profundamente el espíritu de caridad y humildad que guía a la Hermandad de la Santa Caridad. Este reglamento funerario no sólo preserva un aspecto fundamental del patrimonio inmaterial de la Hermandad, sino que también garantiza que las futuras generaciones continúen participando en estos ritos. La Hermandad ha demostrado a lo largo de los siglos un compromiso inquebrantable con la preservación de sus tradiciones, y este reglamento es un ejemplo perfecto de cómo han sabido mantener intactos los valores y rituales que les definen como comunidad. En todo este proceso, el acompañamiento de los Hermanos de mes es clave, ya que son quienes están encargados de portar el féretro, así como de acompañar a los dolientes durante este momento tan delicado. La campana de la Iglesia de San Jorge, que pertenece a la Hermandad, repica por todos aquellos que tienen derecho al entierro y sufragios según la Regla. Este ritual es una manifestación de la tradición centenaria de la Hermandad, que conjuga la reverencia a la muerte con el espíritu de servicio y caridad hacia los más necesitados, otorgando al fallecido un entierro digno, rodeado del respeto y solidaridad de sus hermanos. 51
CARACTERÍSTICAS CODIGO MATERIALES PALETA ESPECIFICACIONES TÉCNICAS DETALLES FICHA TÉCNICA FAROL FUNERARIO enseres funerarios La procesión fúnebre consta de cuatro miembros que acompaña la parihuela. Dos de ellos en la parte delantera junto con el portador de la cruz parroquial y los otros dos, en la parte trasera cerrando la procesión. EF-F-001 ALUMINIO VIDRIO TEÑIDO PINTURA SINTETICA REMACHES VELA AZUL Usa los colores simbólicos de la hermandad. Fabricada en hierro macizo Pintura sintética. Vidrio tintado en tono azul oscuro. En el pináculo del farol se encuentra el símbolo de la caridad. En el interior se encuentra una vela azul. Grosor del hierro: 5cm diametro Grosor de farol: 30cm Altura: 160cm Ancho: 30cm Peso: 20 kilos Estilo: Barroco Pintura: Moderna negra EF-F-002 EF-F-003 EF-F-004
CARACTERÍSTICAS CODIGO MATERIALES PALETA ESPECIFICACIONES TÉCNICAS DETALLES FICHA TÉCNICA CRUZ PARROQUIAL enseres funerarios La procesión fúnebre se lidera por cuatro de los hermanos, uno de ellos central portador de la cruz parroquial. Se compone por la figura de Cristo crucificado, una manga que oculta la zona de agarre y unas decoraciones en dorado. EF-CP-001 MADERA ÓLEO REMACHES TEJIDO TERCIOPELO FLECOS CENEFA La manga usa los colores simbólicos de la hermandad. Fabricada en madera Policromía original Manga Escultura de Cristo crucificado en la parte superior de la manga. La zona de agarre esta ocult por la manga. Grosor del bastón: 5cm diametro Grosor de figura Cristo: 10cm Altura: 170cm Ancho: 30cm Peso: 25 kilos Estilo: Barroco Pintura: Óleo
CARACTERÍSTICAS CODIGO MATERIALES PALETA ESPECIFICACIONES TÉCNICAS DETALLES FICHA TÉCNICA CIRIO enseres funerarios Los miembros de la procesión fúnebre que no llevan los faroles, la cruz parroquial o la campana, portan un cirio del color de l hermandad. EF-C-001-040 MADERA ÓLEO REMACHES TEJIDO TERCIOPELO FLECOS CENEFA Los cirios son del color oficial de la hermandad. Contine un capsula de cera liquida en su interior. Funda de imitación de cera policromada en azul. No se gastan, puesto que prende la llama con la cera liquida. Reutilizable. Ancho: 10cm diametro Altura: Peso: 5 kilos Estilo: Barroco 150cm
CARACTERÍSTICAS CODIGO MATERIALES PALETA ESPECIFICACIONES TÉCNICAS DETALLES FICHA TÉCNICA CAMPANA enseres funerarios La procesión fúnebre se lidera el portador de la campana que va marcando el rito y avisando a los vecinos del evento. Es también el encargado de recitar una serie de oraciones finales para despedir al difunto. EF-C-041 MADERA LATÓN Fabricada en madera Madera barnizada en el mango Se compone de dos campanas a cada extremo. Las campanas son de latón. La zona de agarre esta desgastada por el paso del tiempo. Grosor del mango: 8cm diametro Ancho campana: 14cm Ancho del mango: 30cm Peso: 5 kilos Estilo: Barroco Pintura: Barniz
CARACTERÍSTICAS CODIGO MATERIALES PALETA ESPECIFICACIONES TÉCNICAS DETALLES FICHA TÉCNICA PAÑO FUNEBRE I enseres funerarios EF-P-001 TEJIDO ALGODON Alto: 200cm Ancho: 200cm Alto escudo: cm Ancho escudo: cm Peso: 5 kilos Estilo: Barroco Tejido: Terciopelo Escudo bordado en hilo metálico dorado El escudo es el símbolo de la caridad. Tejido base azul del color de la hermandad. El tejido base es de terciopelo. Se encuentra en un estado peligroso de deterioro. Borlas en los bordes del paño decorando. TEJIDO ALGODON HILO METALICO DORADO FORRO ALGODON CARTÓN Paño fúnebre usado para cubrir la parihuela de todos los difuntos que son enterrados por la hermandad. Este paño ya no se usa por el estado en el que se encuentra, se guarda para alargar su conservación. Es el paño original de la hermandad.
CARACTERÍSTICAS CODIGO MATERIALES PALETA ESPECIFICACIONES TÉCNICAS DETALLES FICHA TÉCNICA PAÑO FUNEBRE II enseres funerarios Paño fúnebre usado para cubrir la parihuela de todos los difuntos que son enterrados por la hermandad. Se usa en ocasiones especiales para hermanos mayores difuntos, por ejemplo. EF-P-002 TEJIDO ALGODON HILO METALICO DORADO FORRO SINTETICO CARTÓN Escudo bordado en hilo metálico dorado El escudo es el símbolo de la caridad. Tejido base azul del color de la hermandad. El tejido base es algodón. En la zona central del escudo, esta descosido por la incompatibilidad del bordado y el tejido base. Alto: 200cm Ancho: 180cm Alto escudo: cm Ancho escudo: cm Peso: 4 kilos Estilo: Barroco Tejido: Algodón
LLOP I BAYO, F., 2009: “Un patrimonio para una comunidad: estrategia para la protección social del Patrimonio Inmaterial”, en Patrimonio Cultural de España 0: pp.133-144 LOZANO, A., 2021. ‘Los seis últimos Fossores de España, los frailes que cuidan de los muertos y viven en el cementerio’, El Español, 11 de abril. Disponible en: https://www.elespanol.com/reportajes/20210411/ultimos-fossores-espana-frailes-cuidan-muertos-c ementerio/572444389_0.html [Accedido el 01 noviembre 2024]. MUÑOZ CARRIÓN, A. 2008: “El patrimonio cultural material y el inmaterial: buenas prácticas para su preservación”, en Mediaciones Sociales 3: 495-534 OLIVARES, J.L., 2015. “Santa Caridad: el 'milagro' de una obra ejemplar”. Entrevista, Archidiócesis de Sevilla. Disponible en: https://www.archisevilla.org/santa-caridad-el-milagro-de-una-obra-ejemplar/ [Accedido el 20 octubre 2024]. PLATA GARCÍA, F., 1999: “La gestión administrativa del patrimonio etnográfico: análisis actual y perspectivas futuras”, en Patrimonio Etnológico. Nuevas perspectivas de estudio, Sevilla, Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, pp. 70-83 QUEROL, M. A., 2010: “Manual de Gestión del Patrimonio Cultural”, Madrid, Akal QUINTERO MORÓN, V., 2003: “El patrimonio inmaterial, ¿intangible?”, en Hernández y Quintero: Antropología y Patrimonio: Investigación, documentación e intervención, Granada, Consejería de Cultura, Junta de Andalucía, Comares, pp. 144-158 TURNER, Victor W. 1980 [1967]. "Símbolos en el ritual ndembu", 21-52. En La selva de los símbolos. Madrid: Siglo XXI. UNESCO, 2003: “Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial”, París, UNESCO VAN GENNEP, A., 2008. Los ritos de paso. Traducción de Juan Aranzadi. Madrid: Alianza Editorial. VEGA MORGAL, M., 2018. Procesos de patrimonialización y activación turística del Hospital de la Caridad de Sevilla. El papel de la Hermandad de la Santa Caridad. Trabajo de Fin de Grado, Universidad de Sevilla. Tutor: D. F.J. Cuberos Gallardo. ZULAIKA, J., 2006. Las ruinas de la teoría y la teoría de las ruinas: sobre la conversión. Revista de Antropología Social, 15, pp. 173-192. 63
LISTADO DE IMÁGENES Imagen 1. Don Miguel de Mañara leyendo la regla de la Hermandad de la Santa Caridad. Óleo sobre tela (196 cm x 225 cm), 1681, por Juan de Valdés Leal (1622-1690). La obra representa a Miguel de Mañara (1627-1679), caballero de la Orden de Calatrava y gran benefactor del Hospital de la Caridad de Sevilla, leyendo la regla de la Hermandad de la Santa Caridad. Fuente: wikidata. Imagen 2. Camilleros de la Santa Caridad conduciendo a un enfermo. (Muñoz San Román, 1932). Fotografía que documenta la labor de los camilleros, resaltando la dedicación y el servicio a los necesitados. Fuente: Hospital de la Santa Caridad, Sevilla. Imagen 3. In ictu oculi. Óleo sobre tela (220 cm x 216 cm), 1672, por Juan de Valdés Leal (1622-1690). La obra se encuentra en el Hospital de la Santa Caridad, Sevilla, y es parte de las Postrimerías o jeroglíficos de la muerte. Esta pieza representa a la muerte apagando la llama de la vida, simbolizando la fugacidad de la vida terrenal, un mensaje promovido por Miguel de Mañara. Fuente: Hospital de la Santa Caridad, Sevilla. Imagen 4. Finis Gloriae Mundi. (Juan de Valdés Leal, ca. 1670-1672). Óleo sobre tela. 220 x 216 cm. Encargada por Miguel Mañara para la iglesia del Hospital de la Caridad en Sevilla. Esta obra, junto a In Ictu Oculi, forma parte de Los Jeroglíficos de las postrimerías, que representan reflexiones sobre la vida y la muerte. Fuente: Hospital de la Santa Caridad, Sevilla. Imagen 5. Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos. (Bartolomé Esteban Murillo, 1617-1682). Óleo sobre lienzo. Dimensiones: 325 x 245 cm. Esta obra, realizada hacia 1672, captura el espíritu de caridad y servicio de Santa Isabel de Hungría hacia los necesitados. San Juan de Dios transportando a un enfermo. (Bartolomé Esteban Murillo, 1617-1682). Óleo sobre lienzo. Dimensiones: 325 x 245 cm. Pintada entre 1670 y 1672, esta obra se encuentra en la Iglesia, en la Nave del Evangelio, y muestra la labor de San Juan de Dios en la atención a los enfermos. Fuente: Hospital de la Santa Caridad, Sevilla. Imagen 6. La curación del paralítico en la piscina probática. (Bartolomé Esteban Murillo, ca. 1665-1670) Esta obra, conservada en la National Gallery de Londres, muestra la escena en la que Jesús cura a un paralítico, destacando la compasión y la sanación. Figura 4. San Pedro liberado por el ángel. (Bartolomé Esteban Murillo, ca. 1665-1670) Exhibida en el Museo del Hermitage de San Petersburgo, esta pintura representa el milagro de la liberación de San Pedro por un ángel, simbolizando la fe y la salvación Fuente: Hospital de la Santa Caridad, Sevilla. Imagen 7. Figura 1.Abraham y los tres ángeles. (Bartolomé Esteban Murillo, ca. 1670-1672) Esta obra se encuentra en la National Gallery de Ottawa. Murillo representa a Abraham en el momento en que recibe a los tres ángeles, una escena que simboliza la hospitalidad y la misericordia. Figura 2. El regreso del hijo pródigo. (Bartolomé Esteban Murillo, ca. 1665-1670) Ubicada en la National Gallery of Art de Washington, esta pintura ilustra la parábola del hijo pródigo, resaltando el perdón y la redención familiar. Figura 3. Moisés y la roca de Horeb. (Bartolomé Esteban Murillo, 1669-1670). Óleo sobre Imagen 8. Retablo del Hospital de la Caridad.Diseño de Bernardo Simón de Pineda, esculturas de Pedro Roldán, y pintura y dorado de Juan de Valdés Leal. Este retablo, que data de 1670-1674, está declarado Bien de Interés Cultural y presenta dimensiones de 14,61 x 9,20 x 1,94 m, elaborado en madera dorada y policromada al óleo con detalles estofados. Fuente: Hospital de la Santa Caridad, Sevilla. 64
lienzo. 236 x 575 cm. Esta obra ilustra el acto de dar de beber al sediento, un episodio clave en el contexto de la misericordia, dentro del programa iconográfico impulsado por Miguel Mañara. Fuente: Hospital de la Santa Caridad, Sevilla. Imagen 9. La Exaltación de la Cruz. (Juan de Valdés Leal, 1622-1690). Óleo sobre lienzo. Dimensiones: 420 x 990 cm. Esta obra fue pintada entre 1684 y 1685. Fuente: Hospital de la Santa Caridad, Sevilla. Imagen 10. Cristo de la Caridad. (Pedro Roldán, 1624-1699). Talla y policromía. Dimensiones: 125 cm con peana y 134 cm sin peana. Esta obra es un ejemplo notable de la escultura barroca, destacando la habilidad del autor en la representación del sufrimiento y la devoción. Fuente: Hospital de la Santa Caridad, Sevilla. Imagen 11. Retablo de la Virgen de la Caridad. Diseñado por Simón de Pineda. Alberga una escultura gótica tardía de la Virgen, con policromía de Valdés Leal. Encima del altar, un óleo de Murillo representa a Jesús niño, simbolizando la caridad cristiana. Retablo de San José. Encargo de Miguel de Mañara, diseñado por Simón de Pineda. Presenta una imagen de San José, obra de Cristóbal Ramos, y un pequeño cuadro de Murillo que representa a San Juan Bautista en su infancia, añadiendo un toque conmovedor al conjunto. Fuente: Hospital de la Santa Caridad, Sevilla. Imagen 12. Tour Virtual. (Hermandad de la Hospitalidad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo, 2016). Escáner 3D de puntos de la capilla y el patio de la hermandad. Esta representación digital documenta todas las obras presentes en el lugar, brindando una experiencia interactiva para los visitantes. Fuente: Hospital de la Santa Caridad, Sevilla. Imagen 13. Portada de El Discurso de la Verdad. (Miguel de Mañara, 1671). Esta portada representa el compromiso de Mañara con los valores cristianos y la importancia de la caridad en la vida cotidiana. Fuente: Hospital de la Santa Caridad, Sevilla. Imagen 14. Portada de Regla de la muy humilde Hermandad de la Hospitalidad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo. (Hermandad de la Hospitalidad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo, 1675). Este libro detalla las normas que guían la hermandad y su misión de ayudar a los pobres y enfermos en la ciudad de Sevilla. Fuente: Hospital de la Santa Caridad, Sevilla. Imagen 15. Entrevista a Marisa Caballero, 2024. Fotografía por la Archidiócesis. Fuente: Archidiócesis, Sevilla. Imagen 16. Procesión fúnebre, 2016. Fotografía de Santiago Molina Fuente: Hospital de la Santa Caridad, Sevilla. 65