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Fedro, Revista de Estética y Teoría de las Artes. Número 11, abril de 2012. ISSN 1697-8072 LOGOS / COLLAGE ENSAYO SOBRE EL ESPACIO NEUTRO Y EL ARTE DE LO INVEROSÍMIL César Moreno Universidad de Sevilla César Moreno, Postnavidad (2012). RESUMEN: Ya no puede caber duda de que los extraordinarios rendimientos del collage no le corresponden tan sólo como artefacto artístico, sino también como dispositivo ontológico (medium expresivo para la contemporaneidad de heterogeneidades extremas). Concretamente, el collage brinda la ocasión de una propedéutica inigualable de cara a la pregunta sobre un Logos (para lo que seguimos algunas pistas brindadas por Martin Heidegger) abierto a lo Inverosímil en un mundo vertiginoso e hipercomunicativo que sin negar la conformidad del circunmundo, se expande en espacios neutros que propician gran soltura de sinapsis. Justamente, el Arte se torna decisivo en la medida en que puede acreditar una nueva congregación del pensar en la zona de refriega entre Comunicación (como estandarte de la Gestell de nuestra época) y Meditación. 27
ABSTRACT: Already it cannot fit doubt that the extraordinary performances of collage do not correspond to him only as artistic artefact, but also as ontological device (expressive medium for the contemporaneity of extreme heterogeneities). Specifically, collage provides the opportunity of an unparalleled propaedeutics to face the question about a Logos (for wich we follow some clues provided by Martin Heidegger) opened to the Unlikely in a vertiginous and hypercommunicative world that without denying the conformity of environing world (Umwelt), this Logos expands in neutral spaces that propitiate a great fluency of synapses. Just, Art becomes crucial insofar as it can accredit a new congregation of thinking in the area of affray between Communication (such as banner of Gestell of our time) and Meditation. «Uno está obligado a sentir en sí mismo los excesos ilusorios de su propia época y su terror si quiere decir algo en calidad de intelectual contemporáneo. En cierto modo, uno dice algo instado por una orden lingüística procedente de la sorpresa y el horror o, dicho en términos más generales, de los potenciales extáticos de su propio tiempo. No hay para nosotros otros imperativos. En cuanto escritores de nuestra actualidad, no estamos investidos de un cargo por la gracia de un rey o de un dios. No somos los mensajeros de lo absoluto, sino individuos con oído para las detonaciones de nuestra propia época. Con este imperativo, el escritor entra en escena ante su público, teniendo apenas como regla general el recurso a su “propia experiencia”. Ésta también puede ser un potente emisor en el caso de que dé testimonio de lo monstruoso. Es ella la que permite nuestra manera de ser mediúmnica» (Peter Sloterdijk, El sol y la muerte) «Los mortales están vueltos continuamente al coligar desalbergante-albergante [dem entbergend-bergenden Versammeln] que despeja [lichtet] todo lo presente en su asistir. Sin embargo, con ello le dan la espalda al despejamiento [Lichtung] y se vuelven sólo a lo presente con el que, de un modo inmediato, se encuentran todos los días en el trato con todas y cada una de las cosas. Piensan que este trato con lo presente, por sí mismo, les depara la adecuada familiaridad [die gemä β e Vertrautheit] con él. Y, sin embargo, lo presente sigue siendo extraño [fremd] para ellos. Porque no vislumbran nada de aquello a lo que ellos están confiados: la presencia que, despejando, es lo primero y lo único que hace aparecer lo presente. El Λóγος, en cuyo despejamiento [Lichtung] se mueven y están, permanece oculto para ellos, está olvidado para ellos. 28
Cuanto más conocido es para ellos todo lo cognoscible, tanto más extraño sigue siendo para ellos, sin que ellos puedan saberlo. […] El opinar cotidiano busca lo verdadero en la diversidad múltiple de lo siempre nuevo que se dispersa ante él [im Vielerlei des immer Neuen, das vor ihm ausgestreut wird]. No ve el callado resplandor [den stillen Glanz] (el oro) del misterio [des Geheimnisses] que brilla incesantemente en lo simple del despejamiento [im Einfachen der Lichtung] […] Pero lo dorado del brillar inaparente del despejamiento [des unscheinbaren Scheinens der Lichtung] no se deja coger porque no es nada que pueda cogerse sino que es el puro acaecer de un modo propio [das reine Ereignen]. El brillar inaparente del despejamiento irradia del sagrado albergarse en la guarda en verdad, que se contiene a sí misma, del sino. Por esto, el parecer del despejamiento es en sí al mismo tiempo el velarse y, en este sentido, lo más oscuro [Das unscheinbare Scheinen der Lichtung entströmt dem heilen Sichbergen in der ansichhaltenden Verwahrnis des Geschickes. Darum ist das Scheinen der Lichtung in sich zugleich das Sichverhüllen und in diesem Sinne das Dunkleste]». (Martin Heidegger, Aletheia) «¿Qué es una ventana? Su marco limita lo abierto de la transparencia para reunirlo, mediante los límites, en una libre donación [Freigabe] del aparecer [Scheinen]. La ventana, en tanto que dejar-entrar [Einlass] del aparecer que se acerca, es un mirar hacia la llegada. Pero en el acontecimiento único de esta imagen única, la imagen no aparece de manera adicional, a través de una ventana ya existente, sino que es la imagen misma la que da-imagen [bildet] a la ventana». (Martin Heidegger, Sobre la Madonna Sixtina) I. De entre los posibles primeros pasos que debiera dar este ensayo ninguno sería más iniciático y necesario –y a él me atendré, puesque el de recordar, una vez más, y a expensas de resultar reiterativo para el lector experto –no así para el más neófito-, la verdad o la entraña ontológica del collage, por la que dejaría sobradamente muy atrás el aspecto meramente “técnico” de lo que en el medio artístico se considera bajo tal designación, relativo a un conjunto de prácticas realizadas con materiales de 29
procedencia diversa que sobre algún soporte se combinan, entrelazan, trasladan o transmutan, generando un efecto susceptible de ser estéticamente valorado. Sin embargo, no es esa acepción del collage la que aquí me importa destacar sino, sobre todo, el collage en su aspecto profundo, cuando propone la apertura o acogida de vínculos, coligaciones o sinapsis de un extrañamiento sistemático, sin que aún se hubiese decidido nada sobre el soporte expresivo del mismo. Quizás si no el principal, sí al menos uno de los más destacados teóricos del collage, aparte de ser uno de sus más reconocidos creadores, fue Max Ernst. Aunque descubierto in actu exercitu muy pronto, antes de la década de los años veinte del pasado siglo1, es al propio Ernst al que, en torno a 1936, debemos agradecer una aproximación teórica al collage, precisamente en ese sentido que quisiéramos explorar aquí. Decía Ernst, para responder a la pregunta por el mecanismo del collage: «Estoy tentado de ver en él [el collage] la explotación del encuentro fortuito de dos realidades distintas en un plano no-conveniente (dicho sea parafraseando y generalizando la célebre frase de Lautréamont: Hermoso como el encuentro fortuito en una mesa de disección de una máquina de coser y un paraguas) o, para usar una expresión más concisa, el cultivo de efectos de un extrañamiento sistemático según la tesis de Breton: “La surrealidad dependerá, por lo demás, de nuestra voluntad de extrañamiento completo de todo […]”. Una realidad completamente consolidada, cuyo ingenuo destino parece haber sido fijado para siempre (un paraguas) al encontrarse de pronto en presencia de otra realidad muy distinta y no menos absurda (una máquina de coser) en un lugar donde ambas deben sentirse extrañadas (en una mesa de disección) escapará por esta misma circunstancia a su ingenuo destino y a su identidad: pasará de su falso absoluto, a través de un relativo, a un absoluto nuevo, verdadero y poético: el paraguas y la máquina de coser harán el amor. El mecanismo de procedimiento me parece que queda desvelado mediante este sencillo ejemplo. La transmutación completa seguida por un acto puro como el del amor se producirá forzosamente cada vez que los hechos dados conviertan las condiciones en favorables: acoplamiento de dos realidades en apariencia inacoplables en un plano que en apariencia no les conviene. Refiriéndose en 1920 al procedimiento del collage, Breton nos dice “Pero la facultad maravillosa, sin salir del campo de nuestra experiencia, de alcanzar dos realidades distintas y hacer que brote una chispa de su aproximación; la capacidad de poner al alcance de nuestros sentidos figuras abstractas llamadas a la misma intensidad y relieve que las otras y, privándonos de sistema de referencia, extrañarnos en nuestro propio recuerdo, es lo que por ahora le interesa” (Prefacio a la exposición Max Ernst, mayo de 1920)2. Y Breton añade a continuación las siguientes palabras proféticas: “Quién sabe si de este modo no nos estamos preparando para escapar algún día al principio de identidad”»3. 30
De esto se trata, pues. No quisiera entretenerme en ello más de lo necesario. En todo caso, no podría prescindir de rememorar aquí cuando, hace ahora justamente veinte años, allá por un muy festejado, internacional, cultural y deportivo Agosto de 1992, tras un viaje de esos que a los que se refería Martin Heidegger, no sin inquietud, al comienzo de su curso sobre La Cosa4, encontré una página de periódico (desde entonces es La Página de Periódico) del desaparecido Diario 16 en la que acontecía, con una perfección difícilmente superable, lo que llamé entonces la «contemporaneidad de las heterogeneidades extremas que teje la hechura del Mundo», sin que por aquel entonces me hubiese percatado realmente de la relevancia ontológica del collage. Esta de aquí era La Página. Diario 16, Agosto de 1992 31
Escribí un artículo para ER. Revista de Filosofía5 del que luego he creído que supuso, en efecto, una inflexión decisiva en mi trayectoria de pensamiento, en la que después se presentaron las vanguardias, sin que las esperara ni buscase, hasta comenzar a darme a pensar, hace algunos años, lo que habría podido suceder si la Fenomenología y las vanguardias, que convivieron en el primer tercio del siglo XX, se hubieran fecundado recíprocamente, siendo que realmente permanecieron ajenas entre sí. Sobre todo, desde luego, qué le habría sucedido a la Fenomenología, porque lo cierto es que, tal como las concibo, y justamente en el sentido en que me complace su proximidad, las vanguardias ya ejercieron a su manera, y no inconscientemente, aunque sí a veces muy pre-filosóficamente, la apertura fenomenológica, conduciéndola en muchos casos hasta sus zonas extremas, periféricas y más complejas. Por mi parte, y sé que algunos lo estimarían como a contracorriente, siempre he pensado que, más allá de interpretaciones a veces deliberadamente miopes y aviesamente alicortas, e incluso más allá de lo que el propio Husserl pudiese haber imaginado en concreto (un Husserl que en 1913 tenía 54 años y estaba empeñado -sin que, desde luego, no le asistieran razones- en la idea de una fenomenología como ciencia estricta), el principio de todos los principios6 permitía una apertura o descerrojamiento de tales descomunales proporciones, que podría haber permitido un diálogo fructífero entre la Fenomenología y las vanguardias. La genial aportación de Heidegger fue diferente (me referiré a él en este artículo). En todo caso, creo que, en general, pienso que ni la Seinsfrage heideggeriana (con el extraordinario juego de muchos de sus conceptos: Alezeia, Physis, Apeiron, Logos y un largo etcétera) ni la Bewuβtsein husserliana (con su Principio de todos los principios), y precisaré que “tal como las concibo” (sin ánimo de entrar, en esta ocasión, en rigores o disputas eruditas), tendrían por qué ser obstáculos para aquel posible (hoy sólo futurible) encuentro entre Fenomenología y vanguardias en aquella época fascinante para la Filosofía y las Artes, y para la Cultura en general, que fue el primer tercio del siglo XX. Cuando escribí La hechura del mundo pensaba que aquel “Mundo” que mostraba la Página era casi inhabitable por sus refriegas brutales y sus estridencias. Imaginaba, por ello, que la cotidianeidad podría brindar, en sus “márgenes”, una especie de resguardo o cobertura cuasi poéticas para un cierto Logos a modo de intimidad-y-cordura. Sin embargo, después de veinte años soy mucho más... Pero no lo diré: no sé bien cómo decirlo sin caer en alguna trampa. Lo cierto es que hoy parece que ya no me preocupa tanto valorar las heterogeneidades extremas como estridencias, chirridos o refriegas (aunque confesaré que sí me sigue dando que pensar el tema de la “marginalidad de lo cotidiano”), cuanto estar atento a no perder las oportunidades que pudiesen brindar para esa congregación del pensar7, sobre todo interrogativa, más que apurada por la urgencia de síntesis efectivas o resolutivas, que pienso que caracteriza a la Filosofía, y para la que a veces resultan tan benéficas –de tarde en tarde, al menosciertas automicrointoxicaciones homeopáticas8, como me parece que fue precisamente, entre otras que vinieron luego, la del collage en aquel 1992. La noche del 8 de Enero de 2012, casi veinte años después del encuentro con la Página de Periódico, surgió una nueva ocasión para seguir pensando sobre aquellas 32
heterogeneidades extremas. No importa si pudiera estimarse (alguien con seguridad lo hará) que La Imagen –en su doble expresión retiniana: en primer plano perceptivo, cuando tuvo lugar el encuentro concreto y efectivo en el mundo que llamamos “real”, y en representación fotográficano daba para tanto, pero, en cualquier caso, y esto era y es en verdad lo absolutamente único decisivo, el motivo resurgió esporádicamente y con intensidad suficiente. Tal vez en algunos años sabré si acaso podría considerar que en este 2012 encontré un antídoto a aquella automicrointoxicación de 1992 o si esta nueva ocasión se trataba, simplemente, de una reincidencia. No sería necesario añadir demasiadas palabras a La Imagen9. Lo que en ella se dilucida no es algo que se pareciese a la apelación a un mundo global y distante, como en el caso de La Página. De lo que se trata es del entorno más cotidiano, del circunmundo más próximo, a pie de calle. Su ubicación espacio-temporal de procedencia (respecto al mundo que -insisto en la precisiónllamamos “real”) es inequívoca. Como he dicho, fue tomada el 8 de Enero de 2012, hacia las 20´30 h. También la circunstancia del “encuentro” es nítida: coincide con el momento de ir a depositar la basura en los contenedores destinados a tal fin. Se daba la circunstancia de que el dispositivo publicitario no funcionaba debidamente, mostrando sucesivamente dos o tres carteles publicitarios, sino que sólo mostraba, como si se hubiese detenido aposta en él, el primer plano frontal, contundente, de un frasco del conocido perfume Chanel nº 5. Era casi imposible eludirla: La Imagen se me impuso, si se me permite decirlo así, de modo que instantes después decidí retornar a la escena para fotografiarla, lo que hice, sin pretender alcanzar otra dignidad, para mi fotografía, que la de ser una Instantánea. Luego pensé que podría haberla realizado a la mañana siguiente, pero deseché la idea: aparte de que se hacía preciso respetar en la medida de lo posible la autenticidad del encuentro singular, poniéndolo a resguardo de su más que presumible fugacidad, había que conservar el matiz sensible de un cierto efecto de nocturnidad y alevosía del acontecimiento. Luego me percaté del extraordinario resplandor que azarosamente había provocado en el frasco de perfume la utilización del flash. Por lo demás, en La Imagen se ven unas cajas de juguetes (recuérdese la fecha: 8 de Enero) y al fondo, en la zona superior, una valla publicitaria anunciando Rebajas. De vuelta, no dudé un segundo en titular la fotografía. Podría no haberlo hecho, desde luego, pero un cierta ansiedad por nombrar y un inveterado deseo-de-Logos (que no se trataría de reprimir ni ignorar, a estas alturas) hizo que titulase la imagen Postnavidad. Si así lo desea y le complace, el lector sabrá llenar de sentido ese “Post”10. Cuando mi hijo mayor (once años) vió la fotografía, le pedí su opinión al respecto. Fue un intelecto eminentemente “constructivo” el que trazó una relación de “razonabilidad” entre los elementos más llamativos de La Imagen, en el “tramo” que abarcan, a la izquierda, los contenedores de basura y, a la derecha, el anuncio publicitario. Lo que significaba la fotografía era -en un mundo muy cuerdo y eminentemente causal, no casualque todo lo que se anuncia finalmente acaba en el contenedor de basura. Por mi parte, le hice notar que aunque era muy cierto lo que decía, lo que a mí me había llamado la atención era más bien esa proximidad, el escasísimo trecho de distancia entre el resplandor del frasco de perfume y la suciedad y 33
el aspecto un tanto siniestro de los contenedores. Frente al argumento racional, pragmático, nada inquietante, en torno a una totalidad de conformidad [Bewandtnisganzheit]11, en mi caso, alguien diría que una cierta experiencia tal vez más... (más ¿qué?) me incitaba a no resolver así el trecho de proximidad extrema de lo heterogéneo-antagónico que había deparado el azar (azar riguroso, pues, en efecto, nadie habría querido que ocurriese esa proximidad, y nadie se responsabilizaría de ella) entre basura (residuo, pestilencia, suciedad) y perfume (regalo, seducción, resplandor, transparencia). Una tentativa un poco más intensamente hermenéutica se habría entretenido (quiero decir: regocijado, o tal vez inquietado) con el contenido simbólico de un perfume tan mítico como Chanel nº 5, que creó Coco Chanel y popularizó Marilyn Monroe cuando confesó (a nadie le habría importado demasiado si era cierto o no) que dormía desnuda con sólo algunas gotas del perfume. Quien ahondase en el imaginario de Chanel nº 5 realizaría un vertiginoso recorrido a través de “las Marilyn” del perfume, entre otras, Catherine Deneuve, Carole Bouquet, Estella Warren, Nicole Kidman o Audrey Tautou, que han protagonizado famosos spots publicitarios del perfume. Pero dejémoslo. No podría decir, desde luego, que La Imagen brindaba la oportunidad de experimentar una suerte de belleza convulsa, para delirio poético de un posible Breton redivivo. No se trataba de eso. Más bien lo que sobresaltaba en la imagen/fotografía era precisamente el efecto-collage. Como en La Página de Periódico, había realidades muy diversas convocadas (aunque en menor número), y no tanto colocadas cuanto dislocadas, en una cercanía extrema inoportuna, claramente perversa –pero a la vez, en su perversión, en una cercanía rápidamente demasiado sensata, más lúcida de lo usualque invitaba a transitar velozmente de lo uno a lo otro, o a demorarse en el bloqueo recíproco de lo uno por lo otro. El espectáculo era el de una cópula insólita y estéril, imposible, en medio de lo real, desde luego, pero extrañamente fructífera en una contemplación casi extática (pero de un éxtasis frío, pausado), que dejaba sobrado margen a una dialéctica tan básica como rutinaria: pestilencia y perfume, fealdad y belleza, opacidad y transparencia, turbiedad y resplandor, residuo y regalo... y quizás, en otro plano, hiperrealidad (la de los contenedores, reducidos a ser ellos-mismos –aquí no se trata, en modo alguno, de una basura trascendida o embellecida12, sino más bien de una basura reconducida a ser lo que es: forzada a su intensificada identidad de basura) y ensoñación/ilusión, que el testigo un poco diestro hermenéuticamente detectaría de inmediato. Más adentro, incluso, alguien podría desplazarse casi delirantemente desde la luminosidad del anuncio publicitario postnavideño hasta el resplandor navideño hipotético, anterior, de una Natividad. Chanel nº 5 está “iluminado”, casi como si se tratase, en confrontación (o hermanamiento) con la basura, de un emblema postnavideño. Pero dejémoslo (también esto). II. La Imagen por sí misma: isla de arte, boquete de inverosimilitud. El dispositivo de la imagen guarda relación no sólo con la posibilidad, que la imagen acredita, de la doble institución de un marco y de una ventana (de tránsito y transporte), sino también, especialmente, con la posibilidad de la experiencia viva de un diafragma activo que articulase la síntesis cuasipasiva o muy activa, subitánea o 34
pausada, fulgurante o serena, entre un encuentro perceptivo (potencialmente azaroso y cautivador) y un proceso de asignación de sentido capaz de concentrar, a la postre, la razón suficiente imaginario-virtual de la imagen. He nombrado antes “marco” y “ventana”. No podría renunciar a recordar aquí la parte final de la meditación que José Ortega y Gasset dedicó al marco (y al telón)13. Decía en 1921 Ortega que el marco condensa la imagen, apartándola del mundo y provocando que su contenido “esté sin estar” propiamente (se refería Ortega a trozo de paisaje bidasotarra en un cuadro de Regoyos14). Por ello, no podríamos ni deberíamos comportarnos ante la imagen como ante una realidad ordinaria, pues lo que contiene el marco «goza de una existencia meramente virtual», «es una abertura de irrealidad que se abre mágicamente en nuestro contorno real»15, debiéndose desestimar cualquier actitud “utilitaria”. No hay comunicación entre lo real del mundo circundante y lo contenido en el cuadro («isla imaginaria que flota rodeada de realidad por todas partes»), y a la que sólo mediante un salto brusco (al que ayuda el marco) podemos acceder. Decía Ortega que, por ello, «la indecisión de confines entre lo artístico y lo vital perturba nuestro goce estético. De aquí que el cuadro sin marco, al confundir sus límites con los objetos útiles, extraartísticos que le rodean, pierda garbo y sugestión. Hace falta que la pared real concluya de pronto, radicalmente, y que súbitamente, sin titubeo, nos encontremos en el territorio irreal del cuadro. Hace falta un aislador. Esto es el marco»16. Por lo demás, y con razón, Ortega asimila “marco” (aunque también podríamos incluir al telón) a “ventana”, diciendo que dan acceso a “boquetes de inverosimilitud”17. Creo que se hacen necesarias algunas someras consideraciones respecto al Marco como, al decir de Ortega, corte entre realidad e imagen. Aunque trataré en otra ocasión con más detalle semejante cuestión18, no quisiera dejar pasar esta oportunidad para llamar la atención respecto a la posibilidad de que, en algunos casos, en lugar de que un marco introduzca una cesura o jorismós entre realidad percibida e imagen, se tienda a diluir dicha escisión, de modo que se muestre máximamente (al menos con vistas a pensar en ello) la continuidad de percepto e imagen19. Si la imagen se recluye, a salvo, dentro de un marco, es cierto que se la protege y realza, pero también, al menos en cierto sentido, se la “depotencia” tan sólo como imagen. Tal vez podría decirse algo similar si, tomando como guía la continuidad entre imagen y percepto, se considerase que éste, en dicha continuidad, podría quedar devaluado como tan sólo una “imagen” (psicologizable o evaluable como meramente “estética”). Sin embargo, la decisión de “cortar” puede no ser viable ni interesante siempre. ¿No es cierto que en algunos casos - como ocurre con frecuencia y patentemente en la fotografíala imagen surge ya antes y fuera del cuadro (fotografía) con su marco, y que este marco puede resultar engañoso respecto a la “realidad de la imagen”, a su surgimiento en el mundo de la percepción como “mundo real”? La imagen fotografiada surgió antes de la fotografía Postnavidad. Pudiera pensarse, no sin razón, que apelando al Marco, Ortega parece que quiere acreditar -y no yerra al respectoimágenes separadas de su génesis perceptiva concreta (como cuando contemplamos el cuadro de un paisaje que nunca contemplamos en persona o en directo, o al que ahora, en este momento, no podemos acceder), o bien imágenes “fuera del mundo”…, en un sentido casi literal (por ejemplo, una imagen onírica o meramente fantástica), a las que el marco protegería para que no se 35
He elegido este texto porque al mismo tiempo que condensa (demasiado, a decir verdad) el pensamiento básico sobre la Entfernung, Heidegger pone un ejemplo del todo interesante, relativo a la radio. Volveré sobre ello de inmediato. Concluía Heidegger diciendo que la progresiva neutralización geometrizante y objetivante del espacio destruye la genuina circunmundaneidad con sus típicos desalejamientos. Todo un pathos humano y filosófico se anuncia no ya en esa crítica a la neutralización objetivante sino, especialmente (valga por lo que se refiere a los que serían las cosas y los sitios del pensador Heidegger), por lo que se refiere a la destrucción del mundo circundante35. La opción heideggeriana por la Provincia (frente a la Gran Ciudad, Berlin) es máximamente sintomática, y aunque la grandeza del pensador no sufre en absoluto por ello, parece innegable que aporta luz sobre su estilo de pensamiento (se trata de un genuino Vorurteil, pre-juicio). De cara a asumir interrogativamente la distancia hermenéutica que pudiera extrañarnos de Heidegger, o al menos dificultar su recepción, al menos en cierto sentido (y más de lo que ya resulta en ocasiones complicado acceder a las entrañas de su camino del pensar), habría que valorar en qué medida aunque en su extensa obra hay pistas suficientes para una valoración no ya del mero Lugar [Stelle], sino del Sitio [Ort] propicio al pensar y sus Versammlungen (congregaciones, coligaciones, religaciones), Heidegger, cual un Pascal, detestaba “moverse”, y cual un Rousseau de la Selva Negra, abominaba de la Gran Ciudad. Tal vez el pensador no fue sensible -ni quiso serlo- a la complejidad del espacio circunmundano/urbano/massmediático, en el que el fenómeno de lo que llama Heidegger “amontonamiento” se torna potencialmente frecuente y de extrema peligrosidad, sin que quizás el pensador le dedicase no ya cariño (lo que no se esperaría), sino al menos atención. Heidegger abominaba de des-alejamientos que no estuviesen acordados por la sensatez y cordura que, como acabo de recordar, ya habían sido abordadas indirectamente en Ser y tiempo bajo el rótulo de totalidad de conformidad. No creo ser injusto para con la arquitectónica heideggeriana rescatando esta problemática, toda vez que, de no hacerlo, permanecerían bastante incomprensibles algunos pasajes de Heidegger. Pienso en uno de ellos, quizás de los más radicales de la filosofía en la segunda mitad del siglo XX. Se trata del comienzo de la conferencia sobre La cosa [Das Ding], de 1951. Decía entonces Heidegger que «todas las distancias [Entfernungen], en el tiempo y en el espacio, se encogen [schrumpfen ein]. A aquellos lugares para llegar a los cuales el hombre se pasaba semanas o meses viajando se llega ahora en avión en una noche. Aquello de lo que el hombre antes no se enteraba más que pasados unos años, o no se enteraba nunca, lo sabe ahora por la radio, todas las horas, en un abrir y cerrar de ojos [im Nu]. El germinar y el crecimiento de las plantas, algo que permanecía oculto a lo largo de las estaciones, lo muestra ahora el cine a todo el mundo en un minuto. Los lugares lejanos de las más antiguas culturas, los muestra el cine como si estuvieran presentes ahora mismo en medio del tráfico urbano de nuestros días. El cine, además, da testimonio de lo que muestra haciéndonos ver al mismo tiempo los aparatos que lo captan y el hombre que se sirve de ellos en este trabajo. 42
La cima de esta supresión de toda posibilidad de lejanía [Beseitigung jeder Möglichkeit der Ferne] la alcanza la televisión, que pronto recorrerá y dominará el ensamblaje entero y el trasiego de las comunicaciones [das ganze Gestänge und Geschiebe des Verkehrs]. El ser humano recorre los más largos trechos [die längsten Strecken in der kürzesten Zeit] en el más breve tiempo. Deja atrás las más largas distancias [die grössten Entfernungen] y, de este modo, pone ante sí, a una distancia mínima, la totalidad de las cosas. Ahora bien, esta apresurada supresión de las distancias no trae ninguna cercanía [das hastige Beseitigen aller Entfernungen bringt keine Nähe]; porque la cercanía no consiste en la pequeñez de la distancia [denn Nähe besteht nicht im geringen Mass der Entfernung]. Lo que, desde el punto de vista del trecho [streckenmässig] que nos separa de ello, se encuentra a una distancia mínima de nosotros -por la imagen que nos proporciona el cine, por el sonido que nos transmite la radiopuede estar lejos de nosotros. Lo que, desde el punto de vista del trecho que nos separa de ello, está a una distancia inabarcable puede estar muy cerca de nosotros. Una distancia pequeña no es ya cercanía [Grosse Entfernung ist noch Ferne]. ¿Qué es la cercanía [die Nähe] cuando, pese a la reducción de los más largos trechos a las más cortas distancias [trotz der Verringerung der längsten Strecken auf die kürzesten Abstände], sigue estando ausente? ¿Qué es la cercanía si la infatigable supresión de las distancias la ha llegado incluso a descartar? ¿Qué es la cercanía cuando, con su ausencia, permanece también ausente la lejanía? ¿Qué pasa que, suprimiendo las grandes distancias, todo está igualmente cerca e igualmente lejos [alles gleich fern und gleich nahe]? ¿En qué consiste esta uniformidad [diese Gleichförmige] en la que nada está ni cerca ni lejos, como si no hubiera distancia [gleichsam ohne Distanz ist]? Todo es arrastrado a la uniformidad de lo que carece de distancia. ¿Cómo? ¿Este juntarse en lo indistante no es aún más terrible que una explosión que lo hiciera añicos todo? [Alles wird in das gleichförmig Abstandlose zusammenge schwemmt. Wie? Ist das Zusammenrücken in das Abstandlose nicht noch unheimlicher als ein Auseinanderplatzen von allem?] El hombre tiene la mirada fija en lo que podría ocurrir si hiciera explosión la bomba atómica. El hombre no ve lo que hace tiempo está ahí, y que además ha ocurrido como algo que, como última deyección, ha arrojado fuera de sí a la bomba atómica y a la explosión de ésta, para no hablar de la bomba de hidrógeno, cuyo encendido inicial, pensado en su posibilidad extrema, bastaría para extinguir toda vida en la tierra. ¿Qué es lo que esperan este miedo y esta confusión si lo terrible ha ocurrido ya? 43
Lo terrible es aquello que saca a todo lo que es de su esencia primitiva ¿Qué es esto terrible? Se muestra y se oculta en el modo como todo es presente, a saber, en el hecho de que, a pesar de haber superado todas las distancias, la cercanía de aquello que es sigue estando ausente [Das Entsetzende ist jenes, das alles, was ist, aus seinen vormaligen Wesen heraussetzt. Was ist dieses Entsetzende? Es zeigt und verbirgt sich in der Weise, wie alles anwest, dass nämlich trotz allem Überwinden der Entfernungen die Nähe dessen, was ist, ausbleibt]. ¿Qué pasa con la cercanía? ¿Cómo podemos experienciar su esencia? A la cercanía, parece, no se la puede encontrar de un modo inmediato. Esto se logra más bien cuando vamos tras de aquello que está en la cercanía. Para nosotros en la cercanía está aquello que acostumbramos llamar cosas. Pero ¿qué es una cosa? Hasta ahora el hombre, de igual modo como no ha considerado lo que es la cercanía, tampoco ha considerado lo que es la cosa como cosa. Una cosa es la jarra. ¿Qué es la jarra?»36. El texto de Heidegger juega con la doble acepción de das Entsetzende: lo desplazante, lo de-ponente, lo dis-locante… y lo terrible. Lo desplazante no es sólo lo que hace cambiar de lugar (un medio de transporte, sin más), sino lo dislocante, lo que quita el sosiego, la estabilidad, el aposentamiento… Heidegger se manifiesta espantado – sigamos su juegoante la facilidad con que en el mundo contemporáneo todo se desplaza, se des-ubica, se dis-loca, pierde la compostura. Desde luego, nada más lejos de nuestra intención que interpretar a la ligera a Heidegger. Lo que críticamente está queriéndonos decir -y en lo que podríamos estar sobradamente de acuerdo, en más de un sentido-, es que el hombre contemporáneo está más expuesto que el de otras épocas a perder la “concentración” (meditativa) y a olvidar la relevancia inmensa de lo Próximo [die Nähe], precisamente por haber sobrevalorado los des-alejamientos que acabarían por dis-locarnos y (pensaba Heidegger) uniformarnos. ¿Cabría señalar, en el extenso texto de Heidegger que acaba de ser citado, una impugnación de aquello que el collage parece empeñado en dar a pensar? En principio, parece que sí. Heidegger se refiere a la «supresión de toda posibilidad de lejanía» y al «ensamblaje entero y el trasiego de las comunicaciones». Dice que «el ser humano recorre los más largos trechos en el más breve tiempo» y que es capaz de «poner ante sí, a una distancia mínima, la totalidad de las cosas». Habla de «la reducción de los más largos trechos a las más cortas distancias», y da a entender que con la supresión de las lejanías y el desprecio de lo próximo todo tendería a la uniformidad y la indiferencia. Cualifica al “juntarse en lo indistante” como si de una explosión se tratase, que lo hiciera todo añicos. Y en un gesto provocador, como son frecuentes las provocaciones heideggerianas, si se leen atentamente sus textos, asimila todo ello a lo terrible, das Entsetzende, que estriba en que habríamos perdido la proximidad misma de la cercanía. Como ya señalé anteriormente, no podría ocuparme de este tema con el detalle que sería necesario. Deberé conformarme con algunas indicaciones. Éstas se refieren a la tensión entre el Gran Logos del Sabio, según entiende Heidegger que lo piensa Heráclito, y los logoi “menores” de los mortales, tal como 44
Heidegger aborda esta tensión en 1935, en su curso sobre Introducción a la Metafísica. La tensión depende de que los mortales no son capaces de prestar oídos y acatar el Logos, que dicta que Uno es Todo y Todo es Uno, de modo que cuando se atienden a las razones particulares, el ser humano vive en la ignorancia o se arriesga a una rebeldía avocada a la tragedia. El tono de las lecciones de Heidegger en 1935 es bastante dramático en ocasiones, quizás a la altura de una época en que Heidegger buscaba pensar la fuerza de la Historia [Geschichte], también como expresión del imperar emergente [aufgehende Walten] de Physis, y, al mismo tiempo, la coyuntura de un ser humano incapaz de soportar la Armonía del Logos cuando ésta se opone a o se aparta de sus “intereses”. En Introducción a la metafísica se dice que «dado que el ser, en tanto logos, es originariamente conjunción, o sea, no un mero acumular y apretujarse de lo amontonado donde cualquier cosa vale lo mismo [kein Geschiebe und Gemenge, wo jegliches gleichviel und gleich wenig gilt], ya sea mucho o poco, por eso al ser le pertenecen la primacía [der Rang] y el dominio [die Herrschaft]. Si el ser tiene que hacerse patente, debe tener por sí mismo y conservar una primacía. [...]. Lo jerárquico es más fuerte. Por esta razón, el ser, el logos, en tanto armonía del conjunto no es fácilmente e igualmente accesible para todo el mundo, sino que permanece cerrado, al contrario de aquella otra armonía que no es más que un arreglo, anulación de la tensión y allanamiento [...]. El ser no se muestra de cualquier manera porque es logos, armonía, alezeia, physis, phaineszai. Lo verdadero no es asunto de cualquiera sino sólo de los fuertes [Das Wahre ist nicht fur jedermann, sondern nur fur die Starken]. [...] Si comprendemos el significado básico de Logos como lo juntado y la conjunción, hay que constatar y retener lo siguiente: Lo juntado nunca es un mero acumular y amontonar, sino que implica la tendencia a separarse y oponerse de lo que se corresponde. No permite que todo se desmorone en la mera dispersión y el puro estar vertido. En tanto implicador, el logos tiene el carácter del imperar-en- todo, de la physis. Ella no disuelve aquello en lo que impera en una vacía ausencia de oposiciones sino que mantiene lo que tiende a la oposición en la máxima agudeza de su tensión»37. Del mismo modo que en 1950 Heidegger mostraba su perplejidad, en una carta a H. Arendt sobre la posibilidad de que el Mal sea, de que pertenezca al Ser, de modo que por el hecho de que algo sea, esto no es de por sí lo bueno y lo recto38, del mismo modo cabría preguntarse por qué el rechazo y desprecio del amontonamiento. ¿Acaso puede acontecer? ¿Podría ocurrir que lo que creemos “amontonado” se deba, en nuestra demasiado humana apreciación, a que no encontramos su conjunción, o a que exigimos una conjunción allí donde lo que acontece se sostiene en una contemporaneidad de heterogeneidades con la apariencia (humana) de un amontonamiento? Si así fuese, podría pensarse que si bien el gran desafío para los humanos es soportar lo insoportable (afirmación y superación de la experiencia trágica), también supondría un desafío 45
afrontar lo que el Collage conmemora, sea dialéctica pero también a-dialécticamente. ¿Permitiría el Uno-Todo amontonamiento alguno, en verdad o propiamente? Todo está conjuntado, incluso lo que nos pareciera no estarlo. ¿No es tal la sabiduría del Sabio? En tal caso, se retaría al ser humano a ser capaz de sostener la mirada frente a lo aparentemente Inconexo que, en el fondo, se sostiene en el A la vez del acontecer esto- y-aquello, de modo que este A la Vez sería también, en su aparente inconexión, expresión de la (otra) verdad del Ser. El Logos incluiría, pues, espacios neutros donde justamente lo Inconexo podría sostenerse en una consistencia que no se disolvería porque no encontrasen los humanos un camino razonable a un Cosmos presuntamente sensato. Un pensamiento inquietante, sin duda, que vendría a señalar, en medio del Ser, justamente zonas de espacialidad neutra. A la altura de 1935, Heidegger parece no contemplar esta posibilidad, y propone y se adhiere a una interpretación del Logos heraclíteo en el sentido de que, aunque los hombres no lo comprendan, Todo-es-Uno, Uno-es-Todo, pero con un pre-dominio y jerarquía que debería probarse como Armonía en el sometimiento del ser humano. Dieciseis años más tarde de aquel convulso 1935, en Logos (1951), Heidegger parece atenuar la diferencia entre el gran Sabio y la pequeña sabiduría de los mortales, y activar un pensamiento más reconciliador. Leemos: «Hen es lo único-Uno como lo Uniente. Une coligando. Coliga dejando estar-delante, recogiendo (leyendo) lo que está-delante como tal y en conjunto. Lo único-Uno une en tanto que la posada que recoge y liga. Este unir recogiendo (leyendo)-poniendo coliga en sí lo que une en vistas a que este Uno sea y a que como tal sea el único. El Hen Panta nombrado en la sentencia de Heráclito da la simple seña en dirección a lo que el Logos es. ¿Nos salimos del camino cuando, antes de ninguna interpretación metafísica profunda, pensamos el Logos como el Legein y, pensándolo así, nos tomamos en serio el hecho de que el Legein, como dejar-estar- delante-junto que recoge, no puede ser otra cosa que la esencia del unir que lo coliga todo en el Todo del simple estar presente [das Wesen des Einens, das alles ins All des einfachen Anwesens versammelt]? A la pregunta sobre qué es el Logos hay sólo una respuesta adecuada. En nuestra versión dice así: O Logos legei. El deja estar-delante-junto. ¿Qué? Panta. Lo que esta palabra nombra nos lo dice Heráclito de un modo inmediato y unívoco al comienzo de la sentencia B 7: Hei panta ta onta… “Si todo (es decir) lo presente... ” La posada que recoge y liga, en tanto que el Logos ha de-puesto Todo, lo presente, en el estado de desocultamiento. El poner es un albergar. Alberga todo lo presente en su presencia, desde la cual al legein mortal le es posible irlo a buscar de un modo propio como lo cada vez presente y hacerlo salir delante. El Logos pone delante a lo presente en la presencia y lo de-pone, es decir, lo repone. Esenciar en presencia, sin embargo, quiere decir: una vez llegado delante, morar y perdurar en lo desocultado»39. 46
¿Qué es ese Todo del simple estar presente [All des einfachen Anwesens]? Da la impresión de que para Heidegger, en 1951, no se trata ya de avalar una Armonía y Logos que sólo podrían soportar los fuertes, sino de pensar que el acontecer se orienta a lo Selecto, a lo Mejor, que ahora no apela a rango y jerarquía, sino a lo Bien Dispuesto (y pocos años después, en 1956-1956, al florecer de una rosa que florece porque florece… y no cuida de sí40). Decía Heidegger en Logos que «el albergar, por sí mismo, no alberga cualquier cosa que ocurra en cualquier lugar y en cualquier tiempo. El reunir que empieza propiamente a partir del albergar, la recolección, es, en sí misma, de antemano, un elegir (e-legir) aquello que pide albergamiento. Pero la elección (elección), por su parte, está determinada por aquello que dentro de lo elegible (e-legible) se muestra como lo selecto (lo mejor). En la estructura esencial de la recolección, lo primero que hay frente al albergar es el elegir (alemánico: Vor-lese, pre-lección), al que se inserta la selección que pone bajo sí el juntar, el meter dentro y el poner bajo techo»41. Un poco más adelante, Heidegger decía que nos hemos encontrado con un acaecimiento propio [Ereignis] «cuya inquietante enormidad [Ungeheures] se oculta en una simplicidad de la que hasta ahora no nos hemos percatado»42. Un comentario pormenorizado de los textos heideggerianos desborda excesivamente, hasta lo infinito, los límites a los que lo razonable nos recomienda que no sobrepasemos más allá de lo que se espera, aquí, de un artículo. Tan sólo quisiera que nos preguntásemos (y que conste que no pretendo que lo resolvamos aquí) cómo podría ser posible el Amontonamiento y qué significa, a fondo, aquel Simple Estar Presente combinado con la Inquietante Enormidad…, y qué tendría que decir al respecto la posibilidad del Collage, dialéctico, pero también -y el enigma se acrecentaría- a-dialéctico. ¿Hay, pues, alguna oportunidad, que permitiese la coligación de Logos y Collage? IV. Collage. El collage -no éste o aquél, sino el propio dinamismo del collagedeconstruye nuestro pequeño logos, fascinado por facticidades e instituciones en el horizonte de nuestras usuales y rutinarias totalidades de conformidad. Recuerda, con su fuerza, a lo que Derrida llamó L´arrivant43, para lo que el pensador quiso creer que podríamos ser hospitalarios. Cuando se orienta a acoger lo inverosimil acontecido, la mirada/comprensión atenta del Collage se abre no a un Inesperado más, sino a un Inesperado que invita a una congregación del pensar en la que se nos conmina a recordar que el Aparecer admite esas aproximaciones extravagantes, anómalas, monstruosas, delirantes..., o de una radical lucidez, invitando a descubrir en el fondo, bajo la apariencia de lo dis-locante, una nueva cordura en lo más distante, o en lo muy próximo. Al cabo de los veinte años transcurridos desde aquella Página de Periódico hasta esta imagen que tanto nos ha permitido demorarnos con ella, nos hemos trasladado desde aquel Mundo (Gran Mundo) descomunal de la Página a nuestro 47
inmediato circunmundo, donde la heterogeneidad se mantenía -sin unidad óntica que la superase- en favor de una co-presencia o simultaneidad de lo heterogéneo en el seno, en este caso, del dinamismo global de la Contradicción. Este Collage de 2012 es más próximo que el de 1992. Ya no se trata de un constructo azaroso que traía la noticia perturbadora y extremadamente verídica de un Mundo inmenso, cuyo Logos parecía retirarse tras una incógnita apenas resoluble, cuanto del testimonio, a través de una Imagen visionaria, de un Inverosímil acontecido en el espacio neutro de la Ciudad44. Indiferencia sigue resonando peyorativamente en nuestros oídos a casi todos los efectos. La versión más ligera de la postmodernidad, la debilidad generalizada de subjetividades, proyectos e instituciones, amén de la crítica justificada al totum revolutum cultural45 han ayudado a destilar aquella resonancia. “Indiferencia” recuerda, en efecto, a “dejadez”, “nivelamiento”, “desafección”, “irresponsabilidad”, “ausencia de compromiso”, “carencia de nervio”, “falta de fundamento”, “debilidad de argumento”…, y alguna que otra lacra más46. Sin embargo, la noción de Neutralidad resuena más positivamente, porque parece concentrar la virtud de “no tomar partido”, “equidistancia”, “equilibrio” y “sosiego”, “equidad” y “justicia”. Pues bien, en lo que el collage podría instruirnos es en la exigencia de no desantender o desapercibir como oportunidades para fértiles y lúcidas congregaciones del pensar las mil y un aproximaciones/imantaciones que se dan precisamente en espacios neutros de nuestras ciudades, o de nuestra percepción (tal como se dice en aleman: Wahr-nehmung: aprehensión de verdad47), espacios tan abiertos, tan a la expectativa, tan desinteresados y aliviadamente impersonales…, espacios sosegados, flexibles, distendidos, contingentes, espacios a modo de una acogedora intemperie (por qué no)48… espacios, decía, que toleran paréntesis lujosos, casi (pero no del todo) fuera del Mundo (más bien: intramundano-periféricos), para que acontezca lo Inverosímil como collage, recordándonos que lo que llamamos Mundo se parece mucho también a aquellas imantaciones en espacios neutros. Encontrar “en la calle” (al cabo de la calle, a pie de calle, como hombres de la calle) esa ocasión de un espacio neutro no es sino una imagen ejemplar para una Oportunidad para congregar el pensamiento. El surrealismo lo supo a la perfección cuando, sin complejos, se dejó fascinar por lo que André Breton llamó el azar de las calles, y que de continuo nos recuerda a nosotros, los Distraídos, los Dispersos, nuestra precariedad y pobreza espirituales. No se trata sólo, pues, como ampliamente mostró Heidegger, de que el circunmundo haya sido o esté siendo destruido por una visión naturalistageometrizante. Ya desde muy pronto Heidegger no ocultó su preferencia por espacios circunmundanos de conformidad acordados por un Logos que cede preferentemente a lo “provincial” o a la cercanía íntima. Lo cierto, sin embargo, es que no se trata ya de que el circunmundo esté siendo destruido por una visión naturalista-objetivante, sino de que los espacios urbanos y mediáticos (cibernéticos, diría Heidegger) son mayoritariamente espacios de des-alejamiento, siempre y cuando ofrezcan grandes posibilidades para una Neutralidad que no se trata de despreciar, desde luego, sino de penetrar comprensivamente y de aprovechar para la tarea del pensar. Del collage importa sobre todo no su deriva en un relacionismo delirante presuntamente hiperpostmoderno, cuyo efecto psicológico pudiera ser provocar 48
sensaciones estériles de mareo, vértigo, desmayo o deslumbramiento y, en suma, la pérdida de toda posibilidad de concentración y pensamiento, sino precisamente lo contrario: su estímulo para un pensar que debería reconocer -como una de las primeras enseñanzas a asumir, y antes de complacerse en ensoñaciones de Dominio y en languideces de Rutinael Exceso del Mundo o su Cabida Inmensa, y que desde aquel Exceso y esta Cabida Inmensa se nos apelará. Del mismo modo que Heidegger temía en los des-alejamientos vertiginosos el olvido de la genuina cercanía, tales des-alejamientos dejarían de ser realmente temibles si, en lugar de dispersarnos, estimularan en nosotros una capacidad de concentración meditativa. La mirada atenta que se abre al collage puede recorrer distancias mayores que la que podría separar, por ejemplo, Londres de Tokyo, y a una velocidad más intensa que la que brindan los mass media, tan temidos por Heidegger. Y sin embargo, no habría que temer en ello alienación alguna, sino la confianza de nuevas posibilidades para el pensar. En tal orientación, el modo en que el collage favorece el extrañamiento es absolutamente imprescindible con vistas al incremento de una lucidez dilatante capaz de combatir nuestra cotidiana miopía y torpeza. En el collage se insinúa una experiencia del todo-del-ente que no debe ser devaluada en favor de la preponderancia exclusivista de la experiencia intensiva del ente en total. La excentricidad del collage puede recordar un Logos más próximo a la Gran Sabiduría (aquella que fascinaba al Heidegger lector de Heráclito), si no se arroja en brazos de un Absurdo estéril adecuado a un mundo convulso, autodestructivo y “pesimista”. No hay necesidad alguna de que el collage deba acomodarse forzosamente a un negativismo tan sólo porque no deposite sus esperanzas en una síntesis reconciladora de lo heterogéneo y deba sostenerse firme en una heterogeneidad fructífera. También por esto es por lo que debemos pensar la posible comunidad entre Logos y collage, a la que no dejaría de resultar estimulante que se incorporase el Juego. La Versammlung des Denkens (congregación, religación del pensar) a que se refería Heidegger en 1951-1952 no tendría por qué consumarse en un pensamiento simplemente rememorante-conmemorante-reconciliador, pero tampoco negativista49. V. Habrá que aplazar para otra ocasión preguntarnos con cierto detalle si el arte del Collage responde a un mundo gestéllico o si, por el contrario, o al menos también, conmemora, en sus gestos ínfimos o más grandilocuentes, una situación de Pre-mundo o Post-mundo. En los collages a-dialécticos y máximamente vacíados de densidad hermenéutica, parece como si quisiera recordásernos que lo que conocemos y en lo que nos desenvolvemos como Mundo (básicamente, un horizonte en el que participamos trascendiendo, y que suele presentársenos como una totalidad de conformidad o respeccional) no define absolutamente las expectativas de un absoluto de fenomenalidad que se parece complacerse precisamente en exceder nuestras acomodaticias rutas y rutinas. Los tres collages a que nos hemos referido ofrecen material abundante de cara a pensar esta cuestión, y abordándolos por supuesto la reflexión está más que abierta bajo la cobertura o en el paréntesis/espaciamiento de un signo de interrogación inagotable. El collage es un mecanismo general de composición 49
que puede acoger presencias, realidades o fragmentos de mundo real o visionariofantástico que oscilan desde lo más amorfo, como en el caso del diabólico collage sugerido por Lautrémont en sus Cantos de Maldoror, y que sirvió como estandarte a ciertos sectores de la vanguardia en su voluntad de creatividad y transgresión de la razón y el mundo (un paraguas + una máquina de coser + mesa de disección), pasando por el collage de la Página de Periódico, que combina lo a-dialéctico y lo dialéctico (apelando al desbordamiento del circunmundo rutinario por un Mundo que nos complacemos en llamar “global”), hasta el collage en el que aquí nos hemos demorado ampliamente, que es básicamente dialéctico/transmundano, las opciones para encaminar el pensar son muy amplias -hasta conducirnos al encuentro con una de las preguntas filosóficas (metafísicas) más decisivas, como es la que involucra al pensar sobre el Logos. Lejos de desmentirlo, el collage es una modalidad del Logos, de un Logos extraño, cirtamente, pero imprescindible, siquiera como disciplina en el horizonte de la pregunta por el Aparecer. Creo que la generosa acogida, por parte de Fedro. Revista de Estética y Teoría de las Artes, de estas reflexiones responde, si se me permite decirlo así, a la impagable deuda (que asumo) contraída por la reflexión sobre el collage con el Arte, especialmente a partir de la eclosión de las vanguardias en el primer tercio del siglo XX. Por añadidura, es imposible un paso atrás en el reconocimiento del poder de la Imagen en la reflexión filosófica, en general, y, ni que decir tiene, en todo nuestro entorno y desarrollo civilizatorios. Si algo sabemos a ciencia cierta acerca de lo que llamamos Arte es que, más allá de disputas parciales, y tantas veces ya obsoletas, el Arte es un espacio generalizado de libertad en el que el collage y lo que en otras ocasiones he llamado infinito fenomenológico encontrarían, como otras muchas prácticas, esa acogida que un mundo rutinario, perezoso, inercial, distraido, hiperpragmático o planificado apenas podría garantizarle. Gracias a su juego imaginal (debido a la Imagen) el collage sitúa ventajosamente a la reflexión en el encuentro entre Premundo, Mundo y Postmundo. Los soportes diversos con que trabajan las prácticas artísticas, en toda la amplitud de su diversidad, sirven para que el collage quede resguardado, sea a título experimental, creando ocasiones propicias, o -esto me parece decisivo-, de cara a posibilidades críticas del Arte al amparo de las posibilidades de una mirada atenta a un Mundo cada vez más interconectado y en el que lo Inverosímil puede acontecer, y de hecho acontece, por doquier, in crescendo. Lo que enseña y recuerda el collage es que - Derrida dixittodo se está poniendo “complicado”, y que lo que llamamos Comunicación ya desde hace tiempo ha ocupado máximamente nuestras expectativas civilizatorias, brindando al mismo tiempo oportunidades, para el hombre contemporáneo, tanto de intensificación de la racionalidad como de acefalia50 (creativa o aniquiladora). En este sentido, y en ello se prueba que es un magnífico hilo conductor para la congregación del pensar, el collage depende de la Gestell que configura la Comunicación, pero también conecta -lo hemos insinuado yacon un pensar que no teme abrirse a la pregunta sobre Pre- y Post-mundo. Aunque, insisto, hubiese que reservar para otro ensayo la pregunta por la relación entre Collage y Gestell, creo que estas palabras de Heidegger, que cierran su texto sobre La pregunta por la técnica, podrían servir de pórtico a tal pregunta: 50
«Si al arte, en medio del extremo peligro, le está otorgada esta suprema posibilidad de su esencia, es algo que nadie es capaz de saber. Pero podemos sorprendernos. ¿De qué? De la otra posibilidad. De que en todas partes se instale la furia de la técnica, hasta que un día, a través de todo lo técnico, la esencia de la técnica esencie en el acaecimiento propio de la verdad. Como la esencia de la técnica no es nada técnico, la meditación esencial sobre la técnica y la confrontación decisiva con ella tienen que acontecer en una región que, por una parte, esté emparentada con la esencia de la técnica y, por otra, no obstante, sea fundamentalmente distinta de ella. Esta región es el arte. Aunque, sin duda, sólo cuando, por su parte, la meditación sobre el arte no se cierre a la constelación de la verdad por la que nosotros preguntamos. Preguntando de este modo damos testimonio de este estado de necesidad: que nosotros, con tanta técnica, aún no experienciamos lo esenciante de la técnica; que nosotros, con tanta estética, ya no conservamos lo esenciante del arte. Sin embargo, cuanto mayor sea la actitud interrogativa con la que nos pongamos a pensar la esencia de la técnica, tanto más misteriosa se hará la esencia del arte. Cuanto más nos acerquemos al peligro, con mayor claridad empezarán a lucir los caminos que llevan a lo que salva, más intenso será nuestro preguntar. Porque el preguntar es la piedad del pensar»51. En fin, quizás el mejor modo de, no diré que concluir, sino dejar aplazadas estas consideraciones, como en un interim, sea, precisamente, diciendo, como Heidegger decía al final de Sobre la Madonna Sixtina, «noto, empero, que todo esto se queda tan sólo en un babucear insuficiente»52. 1 Ernst narra la anécdota de cómo se le ocurrió la idea de collage: «Un día de 1919, encontrándome un día lluvioso en una ciudad a orillas del Rhin, me sorprendió la obsesión que ejercían sobre mi mirada excitada las páginas de un catálogo ilustrado en el que figuraban objetos destinados a la demostración antropológica, microscópica, psicológica, minoralógica y paleontológica. Encontré reunidos en el catálogo elementos de figuración tan distantes que la misma absurdidad del conjunto provocó en mí una intensificación súbita de las facultades visionarias e hizo nacer una sucesión alucinante de imágenes contradictorias, imágenes dobles, triples y múltiples, que se superponían entre sí con la persistencia y la rapidez que caracterizan a los recuerdos amorosos y a las visiones de duermevela. Tales imágenes, a su vez, reclamaban planos nuevos para encontrarse en un nuevo territorio desconocido (el plano de noconveniencia)» (Ernst, M., «Más allá de la pintura» [1936], en Escrituras, Barcelona, Ediciones Polígrafa, 1982, p. 203). 2 Este texto y el que le sigue de Breton citado por Ernst se encuentra en «Max Ernst», en Breton, A., Los pasos perdidos, Madrid, Alianza Editorial, 1987, p. 76. 3 Ernst, M., «Más allá de la pintura» [1936], loc. cit., pp. 198-199. Cfr. Yurkievich, S., «Estética de lo discontinuo y fragmentario: el collage», en A través de la trama, Barcelona, Muchnik Editores, 1984, pág. 70: «El collage recorta fragmentos preformados, extraídos de obras o mensajes prexistentes y los yuxtapone para integrarlos en un conjunto disímil, de contextualidad compuesta y antagónica. Disjecta membra, el collage presupone una poética basada en la discontinuidad y la disonancia, en las superposiciones aleatorias, en las contigüidades insólitas, en lo multiforme y multirreferente. Acumulación caótica, adicta a la estética de la profusión, ejerce la potencia implicativa; crea una dinámica anexionista, dinámica adhesiva, capaz de involucrar la agitada disparidad de lo real. A partir de efectos diferenciales y efectos de conmutación, combina, en agrupamientos de integración 51