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Los festejos taurinos de la Alhambra, siglos XVI-XIX

Laguna Reche, Jesús Daniel

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LOS FESTEJOS TAURINOS DE LA ALHAMBRA (SIGLOS XVI-XIX) Jesús Daniel Laguna Reche* LA ALHAMBRA DESPUÉS DE 1492 demás de tener la carga simbólica derivada de la culminación de la Reconquista, así como suponer un gran paso antes de la consecución de la unidad de España, la toma de Granada por los Reyes Católicos el 2 de enero de 1492 dio a Castilla la posesión y el gobierno de laAlhambra, palacio-fortaleza sin igual en el mundo, cuya belleza todos conocían de oídas pero que pocos, muy pocos, habían podido admirar con sus propios ojos. Era un misterio que iba a desvelarse, y de qué manera. En la Alhambra se instaló la Capitanía General del Reino de Granada, cuyo gobierno fue entregado al conde de Tendilla, don Íñigo López de Mendoza. En consecuencia, el recinto siguió teniendo función militar, y por ello sus estancias fortificadas se convirtieron en residencia permanente de los soldados y sus familias. El resto de los edificios y terrenos contiguos al palacio fue poblado progresivamente por gente de baja posición social –artesanos y labradores sobre todo–, y el conjunto se convirtió en una auténtica ciudad dependiente territorialmente del cabildo de Granada, pero con una jurisdicción propia que incluía, por ejemplo, a las actuales Puerta de Elvira y alrededores, Plaza de Revista de Estudios Taurinos N.º 36, Sevilla, 2015, págs. 91-118 A *Licenciado en Historia y Profesor de Enseñanza Secundaria. Instituto de Estudios “Pedro Suárez” de Guadix. Jesús Daniel Laguna Reche 92 Bib-Rambla y calles Alcaicería, Oficios, Zacatín, Paños y López Rubio, entre otras. Esta situación se mantuvo hasta que, a partir del año 1870 aproximadamente, el Estado, a través de los ministerios correspondientes, como Fomento y Bellas Artes, inició los expedientes de expropiación de casas y cuevas situadas en el término y dominio del monumento, a la vez que el gobierno dejaba de dar a la Alhambra uso militar. Todavía en los primeros años de la década de 1960 vivía en laAlhambra, concretamente en la Torre de los Picos, el encargado de vender las entradas a los turistas, de nombre Manuel Garrido, según recuerda la madre del autor de estas líneas, que por amistad con su familia durmió alguna noche en dicha torre y pudo ver detrás del público un espectáculo flamenco en el patio del Palacio de Carlos V. La reconversión de palacio-fortaleza a ciudad y cuartel que sufrió la Alhambra obligó a realizar transformaciones, como la construcción de la Torre del Cubo –la de fachada semicircular– y el muro que da entrada a la Alcazaba, un aljibe, la ex parroquia de Santa María o el convento de San Francisco, hoy Parador Nacional de Turismo. A dichas edificaciones se le sumaron en diferentes épocas otras reformas y construcciones que respondían, bien a meros caprichos, bien a necesidades determinadas. Entrarían aquí, por ejemplo: – Palacio de Carlos V –sin cubiertas ni tabiques hasta el siglo XX–. Proyectado en 1526. – Habitaciones del Emperador. Mandadas construir en 1528. – Pilar de Carlos V. Siglos XVI-XVII. – Puerta de las Granadas (hacia 1536) y, unos metros más arriba, una cruz de piedra puesta en 1641. Los festejos taurinos de la Alhambra 93 – Capilla de la Puerta de la Justicia. Siglo XVI. Retablo puesto en 1588. – Reforma del aljibe situado bajo la Torre de la Vela (cuya entrada original fue sustituida por otra nueva). – Patios de la Reja y de Lindaraja. Transformados en el siglo XVII. – Otras intervenciones para añadir un segundo piso a algunas estancias, cerrar mediante galerías con soportales ciertos espacios antes abiertos, abrir nuevos miradores, colocar nuevas balaustradas, rejas, balconadas, puertas y ventanas, subir o bajar la altura de diferentes suelos, crear nuevos jardines, redecorar con nuevas pinturas o repintados, etc. Muchas de esas intervenciones conllevaron, además, el traslado de materiales de construcción originales para su reutilización, como vigas y columnas. Hasta que en la segunda mitad del siglo XIX se empezase a plantear su restauración y posterior puesta en valor para su difusión general, la Alhambra sufrió un grave abandono que conocemos a través de fuentes documentales y fotografías. En este sentido son muchos los documentos, sobre todo a partir del siglo XVIII, que hablan del estado “ruinoso” y “deplorable” de muchas estancias, que amenazaban hundimiento inminente. Por su parte, las murallas y torres habían padecido ya el derrumbe de parte de sus muros y necesitaban reparaciones prácticamente todos los años. Así, en las numerosas diligencias efectuadas con el fin de reparar o restaurar determinadas zonas de la Alhambra, hay muchas referencias a tejados hundidos total o parcialmente, techos de madera podridos y encorvados, muros abiertos, etc. Como veremos más adelante, muchas de las obras realizadas eran costeadas con los beneficios reportados por las corridas de toros que al efecto se realizaban. Las fotografías del siglo XIX y principios del XX conservadas corroboran totalmente lo que dicen los documentos: apa- Jesús Daniel Laguna Reche 94 recen las galerías de los Palacios Nazaríes y otras estancias apuntaladas e incluso cegadas con muros en los que se habían embutido las columnas, tejados a punto de caerse –por ejemplo la galería del Patio de Machuca– y torres derruidas parcialmente. La falta de cuidado, interés y recursos, el consecuente abandono, la libertad con la que los gobernadores disponían del monumento y algunos accidentes puntuales, como la explosión del Polvorín en 1590 o el incendio de la Sala de la Barca en 1890, han provocado la pérdida de multitud de yeserías, techos de madera, puertas, ventanas, pinturas, materiales constructivos, objetos decorativos, etc. La decencia que en el siglo XVIII algunas autoridades pedían para la Alhambra no se ha conseguido hasta el siglo XX, al que ha llegado en pie casi milagrosamente después de siglos de transformaciones y abandonos. LAS PRIMERAS NOTICIAS SOBRE TOROS Desconocemos cuándo empezaron a celebrarse en la Alhambra diversiones taurinas, pero no es arriesgado pensar que muy probablemente fuese poco después de conquistarse la ciudad de Granada, y quién sabe si para celebrar tan célebre e importante acontecimiento. Si se hicieron en Roma, ¿por qué no en la Alhambra, sede del poder del derrotado reino nazarí? Sin embargo los papeles que han sobrevivido del que debió ser inmenso archivo de la Capitanía General del Reino de Granada no aportan ningún dato hasta muy avanzado el siglo XVI. En el catálogo del Archivo Histórico de la Alhambra, realizado por María Angustias Moreno Olmedo, sólo hay dos documentos fechados en el siglo XVI tocantes a tema taurino. El primero, la referencia más antigua a la celebración de fiestas con toros en el monumento, es del año 1563 y está relacionado con una causa judicial incoada contra uno o varios carpinteros «por hacer en falso un andamio para la fiesta de toros, Los festejos taurinos de la Alhambra 95 de la que habían resultado lastimadas varias personas»1. Estos datos no son muy explicativos, pero hemos de conformarnos, habida cuenta de que el documento original desapareció antes de realizarse la actual catalogación, para la cual se utilizó una regesta anterior que debió estar colocada junto al original. El otro documento al que nos referimos menciona una queja que el 12 de julio de 1804 realizó el contador veedor don José Antonio Núñez de Prado, que a fines del año 1802 había sido expulsado por don Lorenzo Velasco –uno de los oficiales de la fortaleza– del lugar que tenía reservado para él y su familia en la plaza de toros de la Alhambra junto al de la gobernadora. Expuso dicho contador veedor que «desde 1591 y mucho tiempo antes» y hasta fines de 1802 su familia y él habían ejercido sus oficios sin impedimentos y gozando de sus privilegios, entre ellos el de tener asiento con sus madres y mujeres en las capillas mayores del convento de San Francisco y la iglesia de Santa María, así como en las funciones públicas celebradas en el “patio redondo”, como “titiriteros, toros, comedias y otras diversiones públicas”. En dicho patio tenían primero un balcón, y cuando el año 1800 se construyó una nueva plaza, se les destinó un palco exclusivo2. MAS NOTICIAS PARA LOS SIGLOS XVIII YXIX Hemos dicho más arriba que la jurisdicción de la Alhambra alcanzaba a varias zonas del casco urbano de la ciudad de Granada. Es bueno recordarlo porque allí también había espectáculos toreros, para los que quizá llegase a haber algunas gradas permanentes, si bien no sabemos desde qué fecha. Lo que sí sabemos es que en el año 1803 la Gobernación de laAlhambra ordenó realizar unas obras en la “tribunica” de Puerta Elvira3. 1Archivo Histórico de la Alhambra (A.H.A). Leg. L-Falta,A-64-50. 2A.H.A. Leg. L-209-1 (leg. 226). 3A.H.A. Leg. L-296-1 (leg. 303). Jesús Daniel Laguna Reche 96 No muy lejos de allí estaba y está la Plaza de Bib-Rambla, también común escenario de corridas y juegos de tauromaquia. Y junto a ella la Alcaicería, importante zona comercial que aglutinaba a multitud de vendedores de paños, cuyas tiendas estaban las más de las veces en muy mal estado y padecían una seria falta de vigilancia por parte de la autoridad competente –la Alcaidía de la Alhambra–. Ante la gran cantidad de robos, muchos tenderos se vieron obligados a poner perros en sus tiendas y dejar algunos más sueltos por el recinto, que quedaba cerrado por las noches y en los días festivos. Algunos de esos días eran aquellos en que la Plaza de Bib-Rambla se convertía en ruedo, dada la mala intención de algunas personas –sobre todo forasteros– que se dedicaban a robar paños en lugar de ver los toros. Pero no todos los vendedores de la Alcaicería estaban de acuerdo con cerrar sus establecimientos cuando había toros en Bib-Rambla. Quienes así pensaban se quejaron por escrito en octubre del año 1733 al alcaide de la Alhambra, a quien pedían que en dichas ocasiones ordenase mantener las puertas de la Alcaicería abiertas, argumentando que la gran afluencia de forasteros siempre les ayudaba a vender algo más. Respondió el alcaide que la costumbre de cerrar la Alcaicería los días en que había toros en Bib-Rambla, la Carrera y la casa llamada “del Rastro”, se debía a los muchos robos que practicaban en los comercios precisamente los forasteros. Tampoco se estuvieron callados aquellos comerciantes que apoyaban al alcaide, al cual pidieron que no diese validez a la queja de sus compañeros de gremio porque no habían dado sus nombres ni firmado, cosa que sí habían hecho ellos. No sabemos cómo se resolvió el asunto4. Respecto a las funciones realizadas dentro de la Alhambra, su Gobernación arrendaba anualmente en pública 4A.H.A. Leg. L-115-6 (leg. 131). Los festejos taurinos de la Alhambra 97 subasta la plaza de toros, construida entera de madera, a un particular o particulares asociados, o bien sobre la marcha contrataba las corridas que consideraba oportunas y vendía los productos de ciertas funciones a las personas o instituciones que lo pidiesen. Los beneficios obtenidos eran invertidos generalmente en obras de reparación de tejados, murallas y torres. Además de los juegos de tauromaquia, los empresarios podían organizar cualquier espectáculo en la plaza de toros, como comedias, danzas y bailes, títeres y otras diversiones, lo que ha dejado documentos referidos a vestidos, cordones, colgaduras, cintas, espadas, tablados, carteles pintados, etc.5 Como ejemplo de contrato para una temporada completa traemos aquí el firmado por don Francisco de Siles y don Luis de Morales para el ejercicio 1803-1804, por el precio de 65000 reales6. Sus cláusulas son las siguientes: «- Comienza el contrato el día de Pascua de Resurrección de 1803 y acaba el Miércoles de Ceniza de 1804. - Los empresarios son dueños de hacer las funciones de muerte o novilladas en días de fiesta o trabajo, por la tarde o por la mañana. - Si se suspende una función por muerte de un miembro de la Familia Real, peste, incendio, ruina, etc., sólo se hará cargo económico a los empresarios por el tiempo que hayan aprovechado. - Podrán hacer en la plaza rifas, juegos e “inventivas” para atraer público, pero acabará el contrato en caso de ir contra la libertad de la gente. 5Sirvan como ejemplos las cuentas de la impresión de carteles y papeletas de toros embolados y de muerte desde agosto de 1801 hasta junio de 1802, y de los gastos en vestidos, cordón, cinta, colgadura, carteles pintados, espadas, etc., de fecha 13 de septiembre de 1803, en A.H.A. Leg. L-296-1 (leg. 303). 6A.H.A. Leg. L-171-32. Jesús Daniel Laguna Reche 98 - Los empresarios pagarán el ganado de lidia y los vaqueros, y recibirán los toros el Viernes de Dolores, pagando 1000 reales por cabeza, adelantando 10000 en la firma del contrato. El precio de los cabestros será fijado por peritos. Rendirán cuentas el Miércoles de Ceniza y darán de hipoteca fincas de más de 30000 reales y sin ningún cargo ni gravamen. - La dehesa de la “Casa de las Gallinas” será abrevadero y apartadero del ganado, y el guarda de éste y el de la plaza de toros se pagarán a cuenta del Real Patrimonio. - La plaza estará siempre en condiciones de uso, para comodidad del público. - Las sillas de la plaza y demás objetos se entregarán a los empresarios con un inventario para evitar pérdidas. Se guardarán en una estancia de la Alhambra que podrán usar con toda libertad. - Los empresarios harán los carteles y deberán presentarlos al gobernador para que autorice su impresión. Luego se darán copias a los oficiales reales para que sepan cuándo hay función. Dichos oficiales podrán entrar sin pagar a las funciones, junto a los tres espectadores que salen premiados con función gratis en cada corrida. - Los empresarios disponen a su voluntad de todos los balcones excepto el de mando y el del gobernador y el asesor. - Todos los gastos de las funciones de tropa, música, rifa, encierros, toreros, caballos, aseo y riego de la plaza corren por cuenta de los empresarios. - El contrato se abonará en ocho pagas, la primera el 24 de abril, y el resto los días 24. - Las funciones se harán en nombre del rey. - No se hará función de toros cuando la haya en la Real Maestranza de Granada». Fuera del contrato quedaban la carne y el despojo de los toros muertos, que se arrendaban aparte.Al igual que para arren- Los festejos taurinos de la Alhambra 99 dar la plaza, los contratos eran prácticamente iguales todos los años, por lo que hemos escogido como ejemplo el primero que hemos visto, correspondiente al año 1800. Especificaba que los toros serían pesados una vez desollados, y el pago se haría «a dinero contante y no en vales en el acto mismo de hacer los pesos». Y prosigue diciendo que «los despojos los ha de satisfacer a precio de treinta y cuatro reales cada uno, y se entienden la cabeza, asadura, tripas, panza, lengua y manos, y se le han de abonar por el desuello de los toros 24 reales cada uno». Los inconvenientes que pudiesen ocurrir de cortarlos, conducirlos y demás correrían por cuenta de los tomadores del contrato, «y a los oficiales que los desuellen sólo se les ha de consentir que saquen los rabos, soletas, falda y riñones, todo con arreglo y sin el menor desorden». Y, además, «las astas no se entienden vendidas en este ajuste»7. 7Ibidem. Fig. n.º 16.- El enclave de uno de los conjuntos mas completos de occidente.La Alhambra. Apud. www.alhambra.org. Jesús Daniel Laguna Reche 106 Son muchas las noticias que conocemos acerca de lo que acabamos de decir: guardias, cobradores, músicos, vaqueros, etc., y otros datos relacionados con la iluminación y vigilancia nocturna de la plaza o la existencia de zanjas para los caballos. Sin embargo, resulta un tanto llamativo que junto a las menciones de toreros, banderilleros, picadores, espadas y demás artistas, casi nunca hallemos los nombres de quienes desempeñaban esos oficios. De hecho, sólo hemos encontrado una de esas anotaciones: en una corrida del año 1802 participaron las compañías de Bartolomé Gálvez, Juan Lirela, Francisco García y Miguel de Rojas, lidiadores, banderilleros y picadores de vara larga, vecinos de Granada17. De la calidad de los toros lidiados y del éxito de las corridas apenas hay referencias. Una de ellas muestra el descontento del público y de la organización del festejo, que manifestaron su protesta. En efecto, el 27 de mayo de 1800 Alfonso Pérez Cid, vecino de la jiennense villa de Cazorla, había contratado llevar a Granada 40 toros, de los cuales nada menos que 36 iban a ser lidiados en un único día, el 6 de julio. El retraso en la llegada de las reses, con los toreros de camino a Granada, obligó a la organización a comprar 5 toros a don Juan de Prado, vecino de Antequera, quien aprovechó la urgencia de los compradores para imponerles un precio abusivo (1350 reales, cuando su valor no superaba los 1000). De Cazorla llegaron unos primeros toros muy buenos, pero los organizadores se quejaron de que «con los que quedaron nos dieron chasco, pues eran absolutamente mansos, lo que causó el mayor descrédito de la plaza». Por si fuera poco, a alguien se le ocurrió colocar en la vía pública falsos anuncios de una corrida para el día 15 de agosto, de modo que «…para evitar un chasco a este respetable público, se le avisa, de orden del señor gobernador de la Alhambra, carece de todo 17 Ibidem. Los festejos taurinos de la Alhambra 107 fundamento la voz divulgada y carteles que se han fijado anunciando que el día 15 del corriente hay toro de cuerda en aquella fortaleza, y que el autor de ella y de estos papeles debe haberse propuesto el desacreditar la empresa y retraer la concurrencia a las funciones que se anunciarán en la forma acostumbrada»18. Los gastos de las corridas eran cubiertos en función de las cláusulas de cada contrato, aunque solían ser los tomadores quienes se hacían cargo de pagar a los vaqueros, cobradores, músicos, guardianes, alguacil, coheteros, además, evidentemente, de toreros, titiriteros, bailarines y otros artistas contratados. El alimento de los animales era sufragado a cuenta del Real Patrimonio, al que pertenecían los terrenos de descanso del ganado de lidia. Los gastos anotados como “extraordinarios” no se explican, pero por su denominación debemos pensar en hechos puntuales, como la compra de sogas para embolar toros19, banderillas, hachones para iluminar la plaza, intervenciones poco importantes del carpintero, etc. Para terminar con este apartado, traigo una petición del año 1804 a la Gobernación de la Alhambra para el pago de una deuda: «Pegalajar, 18 de julio de 1804. Señor gobernador y de mi mayor estimación: me alegraré de que Vuestra Señoría esté bueno, en compañía de la señora y familia; yo estoy en una cama malo, y me veo en la premisa de que Vuestra Señoría haga por que se me satisfaga el resto de los novillos que me se deben (sic), pues los segadores han acabado y el trigo que he cogido es muy poco y malo, y por el amor de Dios hágalo Vuestra Señoría, pues de tener que vender trigo es la pérdida de mi casa, que me quedo sin grano para volver a 18 A.H.A. Leg. L-171-32. 19 En julio de 1802 el encargado de embolar y desembolar a los toros era un tal Mateo Nísporo. Ibidem. Jesús Daniel Laguna Reche 108 sembrar, y a lo menos cuando no sea el todo de los 6 novillos restantes, que sea algún dinero hasta que yo vaya y ajustemos las cuentas. De Vuestra Señoría su afectísimo servidor que su mano besa. Antonio Ruiz»20 Pillos ha habido siempre, y en la Alhambra los había que pretendían escaquearse y pasar de balde o pagar menos para ver los toros. Rescatamos sobre esto una curiosa referencia dieciochesca. Un expediente del año 1787 nos dice que los domingos se corrían novillos con cuerda en la Plaza de los Aljibes, con la intención de recoger algún dinero para socorrer a las exhaustas arcas de la Alcaidía de la Alhambra. Para cobrar las entradas se colocaban unos guardias en las puertas del cuerpo de guardia y del Carril, pero algunos individuos, sobre todo niños y jovenzuelos, se colaban por las murallas inmediatas a la Puerta del Carril. El día 5 de agosto los soldados de guardia habían pillado en pleno intento a ocho de ellos, que de inmediato fueron llevados a la cárcel para declarar. A uno de los detenidos le incautaron ocho duros en duros, dieciséis reales en “pesetas” y quince cuartos de vellón –cobre–, además de un cuchillo catalán de mesa con puño de palo y punta, escondido entre el ceñidor. A otro le cogieron dieciséis cuartos y medio y una navaja «de las largas con punta y puño negro de cuerno con una virola de latón dorado» y otros cuatro cuartos. Otro llevaba una porra y una navaja de hechura de hocino –corvo y acerado, para cortar leña–. Otro era albañil y tenía trece años; otro era tejedor de cintas, otro era cabrero (que dijo no recordar el apellido de su madre); otro herrero y otro tintorero: y todos dijeron que se habían colado por un agujero que un soldado extranjero “picado de viruelas” había practicado junto a la Puerta del Hierro. El soldado no hizo el agujero por capricho, sino para 20 A.H.A. Leg. L-296-1 (76). Los festejos taurinos de la Alhambra 109 cobrar también su entrada al que se colase, pero más barata que en taquilla, obviamente, y parece que no le faltaron clientes. El dinero confiscado a los detenidos se repartió entre los soldados que habían hecho la detención, Juan Lamber y Bartolomé Pedris, la hermandad de la Virgen que se veneraba en la puerta de la guardia, el carcelero (Juan de Molina), el alguacil (Agustín de Aguirre) y la reparación de las tapias y el agujero. Las armas se presentaron al maestro armero Miguel de Olivares para que las reconociese y dijese si eran de uso prohibido: declaró que el cuchillo figuraba en las Reales Pragmáticas y las navajas no y que de la porra no podía hablar por no ser de su oficio. Fueron visitadas las casas de los detenidos para reclamar fianzas a sus familias, pero ante la enorme pobreza de todas se desistió del intento y se solicitó al fiscal de la Alhambra que prosiguiese el proceso como considerase oportuno, aunque ignoramos esa parte21. LOS TOROS Y LA CONSERVACIÓN DE LA FORTALEZA Independientemente de que el público dispusiese de gradas, era práctica generalizada que en las funciones de toros la gente se subiese a los tejados de las casas que rodeaban la Plaza de los Aljibes, con el consiguiente disgusto de la Junta de Obras y Bosques –con sede en Madrid–, que en más de una ocasión pidió la prohibición de tal práctica, con el fin de evitar daños materiales y ahorrarse reparaciones innecesarias, aunque nunca se consiguió acabar con la costumbre popular. El 11 de febrero del año 1744 se dictó la citada prohibición, debido al mal estado de los tejados y las numerosas goteras. También se prohibió la cría de palomas, ya que los pichones atraían a las garduñas, que anidaban en los tejados22. 21 A.H.A. Leg. L-176-7 (leg. 196). 22 A.H.A. Leg. L-162-1 (leg. 180). Jesús Daniel Laguna Reche 110 El 23 de mayo de ese mismo año la hermandad de la Hiniesta, sita en el convento de San Francisco, solicitó licencia para correr un toro con cuerda en la Plaza de los Aljibes. Se le concedió la petición a cambio de que sus mayordomos se hiciesen cargo de los posibles daños causados por el público en la Casa del Emperador, el lienzo de muralla que iba a la Alcazaba, la Torre del Homenaje y las casas contiguas a la plaza. El maestro mayor de obras, Francisco Pérez Orozco, ayudado por el sargento José Marín, el cabo Manuel Pérez Orozco y el soldado Bartolomé del Rincón, inspeccionó los espacios por si había peligro en caso de subir el público. Hecho el reconocimiento, se avisó a los dueños de las casas contiguas a la plaza, doña Margarita Valdivia, Juan de Gójar, Alfonso Sánchez, don José Caicedo y don Francisco Gabí, para que no permitiesen subir a nadie a sus tejados. Respecto a la Casa del Emperador, sí se permitió su uso, ya que la solería era de ladrillo y los únicos tejados existentes, «hechos pedazos y las maderas podridas», miraban a la parte trasera del edificio. Pasada la corrida, el maestro mayor de obras declaró que no había subido nadie a los tejados y que no había daños23. El deplorable estado de conservación que sufría la Alhambra y el abandono de muchas de sus estancias, que se encontraban en ruina, obligó a la prohibición total o parcial de las corridas de toros para evitar daños mayores. Así, por ejemplo, en julio de 1749, la Junta de Obras y Bosques no permitió a la hermandad de Jesús de la Humildad celebrar tres corridas de maroma debido al peligro derivado del cercano almacenamiento de municiones de guerra. La misma Junta se quejó el 27 de septiembre a la Gobernación de la Alhambra por haber permitido que don Pedro de Ribera, uno de los mayordomos de dicha hermandad –muy posiblemente en nombre de ésta–, 23 A.H.A. Leg. L-293-10 (leg. 300). Los festejos taurinos de la Alhambra 111 pudiese organizar dos corridas los días 2 y 3 de agosto, a pesar de que el público fumaba “tabaco de chupar” y había pólvora cerca. Antes de esta queja, el 12 de agosto, se había requerido a don Pedro de Ribera para que pagase los daños causados por el público que había presenciado los toros desde los tejados24. Veto total a los toros en la Alhambra fue el aconsejado en un memorial del año 1767, en cuyo último apartado se recomienda “no hacer toros en el alcázar, pues es acabar de arruinarlo y destrozarlo”25. Sin embargo, la prohibición de las corridas podía ser mala solución, pues la falta de dinero impedía acometer obras y aumentaba el abandono de las edificaciones. Por eso en muchas ocasiones no hubo más remedio que autorizar corridas para emplear la recaudación en obras de reparación de murallas, torres, palacios y estancias varias. Para eso se pedían de vez en cuando permisos puntuales. Así, el 8 de abril de 1795 se solicitó poder celebrar los días feriados corridas de toros de un novillo embolado en cuerda “para reparar el alcázar”26. Finalmente el rey autorizó la celebración de seis u ocho corridas anuales (Aranjuez, 18 de abril de 1800)27. De todas formas, hay que decir también que algunas veces los beneficios que reportaban las corridas se utilizaban para costear las necesidades y los caprichos de los gobernadores, que eran incluidos en las obras de conservación. Un ejemplo de ello 24 A.H.A. Leg. L-162-1 (leg. 180). La Hermandad quería emplear el beneficio en dorar el retablo de la imagen y comprar alhajas para el culto. 25 A.H.A. Leg. L-53-32 (leg. 61). En este memorial, fechado a 10 de febrero de 1767, se recomienda que no pasten ganados en el bosque de la Alhambra fuera del tiempo, porque lo destruyen. Se expresa el pesar por la mala actitud de los soldados que residen en el monumento, porque talan árboles sin permiso y destrozan las viviendas. Se señala «la falta de buena armonía que en este alcaide se encuentra». 26 A.H.A. Leg. L-181-18 (leg. 203). 27 A.H.A. Legs. L-162-2 y L-162-8. Jesús Daniel Laguna Reche 112 es la intervención realizada en 1802 en la Casa Real para la vivienda del gobernador, y cuyos trabajos de carpintería, bastante destacables, fueron encargados a Juan Marín y Velasco28: Cuatro ventanas para el mirador (934 reales), una ventana sin hojas (110 reales), cinco pares de puertas de vidrios para las ventanas (394 reales), tres mamperlanes de tres varas (65 reales), dos puertas del mirador (195 reales), una mampara para la puerta de la sala principal (287 reales), cinco pares de puertas de vidrio de tres varas para balcones y salas de estrado (684 reales), siete pares de puertas de vidrio para ventanas pequeñas (453 reales) y una portada para la chimenea francesa (230 reales). Finalmente sabemos que en 1803 se arreglaron los adarves y se pintó su puerta, seguramente también con el beneficio de las corridas de toros29. LA FÁBRICA DE LA PLAZA DE TOROS DE LA ALHAMBRA En cuanto a la plaza propiamente dicha, la existencia desde el principio de una construcción específicamente destinada a correr toros es una incógnita. La escasez de referencias antes del siglo XVIII –ya se ha dicho que sólo conocemos dos– y el uso de los términos “patio redondo” o “plaza anfiteatro” nos hacen dudar acerca de si la Plaza de los Aljibes era en los primeros tiempos acondicionada provisionalmente para las corridas y más tarde se hicieron el ruedo y sus gradas, o cualquier otra posibilidad. Suponemos que ya había una plaza de toros construida al menos desde finales del siglo XVIII, cuyo desmantelamiento en el año 1800 marca el inicio de la presencia de abundante cantidad de documentación referente a obras y reparos en el ruedo de la Alhambra. El deterioro de la antigua plaza y la próxima celebración de funciones taurinas llevaron a la Gobernación de la Alhambra 28 A.H.A. Leg. L-296-1 (leg. 303). 29 Ibidem. Los festejos taurinos de la Alhambra 113 a decidir la construcción de un nuevo ruedo30, que se comenzó en mayo de 1800 y se finalizó varios meses después, aunque su estreno (aun sin concluir)se hizo muy pronto, el día 8 de julio. Las obras fueron dirigidas por el profesor de arquitectura Antonio Manuel Molina, quien puntualmente iba tomando nota de los gastos, de los cuales entresacamos, por ser los más destacados, los siguientes: 3500 reales por ciertos tramos de empilastrado, sostenientes, quita-cimbras, estribos, tendidos, encopete con todo el juego de tacos, zapatas para el segundo cuerpo con sus correspondientes graderíos y otras faenas. 1700 reales por hacer la barrera del saltador de toreros que guarece toda la circunferencia, con apertura de hoyos, fijado de pilarcillos, apisonado de éstos, y demás hasta acabarlo. 887 reales por un cuadrante Fig. n.º 17.- Aspecto actual de los jardines de La Alhambra de Granada. Atrás el Albaicín y las cumbres de la sierra. Apud. Andalucía y García Lorca, Incafo, S.A., Madrid, 1984. 30 A.H.A. Leg. L-171-32. Se había dado permiso para celebrar seis u ocho corridas, pero antes era necesario levantar una nueva plaza de toros. Se contrató con Juan Fernández y Rafael Castillo la corta en el Soto de Roma y su traída hasta la Alhambra de la madera necesaria. Jesús Daniel Laguna Reche 114 de suelo de cuadrado para el piso del segundo cuerpo, que se halla fijado entablado y concluido con su correspondiente enjabalconado a la parte de Poniente. 100 reales a Antonio de Checa por dos juegos de escaleras para subir a las gradas de los tendidos. 80 reales a Juan de Huertas por el aumento de dos gradas más que hizo en dicho cuadrante. 50 reales aAntonio Escalona, Juan Fren y José Matamoros por otra grada en dicho sitio y ochava del Mediodía. 263 reales a Sebastián de Viedma por siete arcas medianas, una puerta clavadiza y un escaño. 213 reales a Sebastián de Viedma por un carro de madera. 220 reales a Francisco García por siete hojas de puerta para jaulas en los toriles. 190 reales a JoséAlguacil por cinco hojas de puerta para el corral y salida del toril. 80 reales a José Callejas por los canes, tarimilla y balcón principal de mando. 24 reales aAntonioAceituno por tornear las verjas del balcón. 251 reales a José Medina por hacer ciertos tramos de corredorcillo. 8 reales por dos quicialeras de hierro para la compuerta del potro. 24 reales a José de Toro, maestro tornero, por dos cilindros y dos carretes. Aparecen además otros libramientos de dinero para la compra de clavos31 (muchos de ellos hechos con el hierro de las picas de la Sala de Armas, fundidas al efecto32), preparación del suelo con cargas de arena, armado de vallas, sogas, esteras de esparto para los asientos33 y otros gastos de menor entidad. 31 A.H.A. Leg. L-162-10. Como ejemplo, sirva la venta que en junio y julio de 1800 hicieron Francisco Heredia, Antonio Sevilla y Bernardo Pérez Aguirre de 71 arrobas y 4 libras de hierro viejo para hacer clavos para la plaza de toros de la Alhambra. Este último, que era maestro cerrajero, hizo con dos aprendices 64 arrobas de clavos entre el 15 de mayo y el 7 de junio. También fabricó goznes, cerraduras, llaves, armellas, almocafres, un legón, etc. 32 A.H.A. Leg. L-177-2 (leg. 198). Documento de 12 de mayo de 1800. 33 Como ejemplo, la orden dada al sustituto del tesorero pagador de Obras, Bosques y Hacienda de la Alhambra en 20 de diciembre de 1802 para pagar a Francisco Sánchez, maestro espartero, por las esteras que hizo para los palcos y las galerías de la plaza de toros. A.H.A. Leg. L-296-1 (15). Los festejos taurinos de la Alhambra 115 El día 7 de julio se concluyó el tramo de la parte norte, se sentaron los corredorcillos y se repasaron los sostenientes, puntales y toriles. A partir de la inauguración, se tuvieron que hacer muchas reparaciones por las noches, seguramente debido a la duración de las corridas y a que solían hacerse en días seguidos34. Parece que la nueva plaza de toros de la Alhambra no tenía muy buena fábrica, pues poco después de empezar a usarse ya hay anotaciones de ciertas reparaciones. A ello hemos de sumar las intervenciones realizadas para mejora y embellecimien- to. Así, en 1802 se renovó la arena de la plaza (entre octubre y noviembre)35 y se compraron 24 sillas para el público, realizadas por el maestro sillero Nicolás de Sola, a seis reales y medio cada una, mientras Luis Manjón encolaba las de la galería. También se hizo una silla de brazos forrada para el balcón de mando cuya fabricación y pintura corrió a cargo de Miguel Valenciano, mientras Antonio Picayo vendía el forro de badana acordobanada, tachuelas de metal y hierro, galón, cinta y lienzo36. Las actuaciones surtieron poco efecto, por lo cual el 15 de septiembre de 1804 se realizó una tasación para realizar una reparación de urgencia37. CONSIDERACIONES FINALES El presente artículo es un breve estudio de los festejos taurinos celebrados en la plaza de toros de la Alhambra desde la conquista de Granada y hasta bien avanzado el siglo XIX, época 34 A.H.A. Leg. L-162-4 (leg. 180). 35 A.H.A. Leg. L-296-1 (leg. 303). Francisco Medina y Antonio Manzano, cascajeros, llevaron a la plaza de toros de la Alhambra un total de 564 cargas de arena entre el 10 de octubre y el 14 de noviembre de 1802, al precio de 5 cuartos la carga. 36 Ibidem. 37 A.H.A. Leg. L-171-32. La tasación, que alcanzó los 4600 reales, fue hecha por el maestro mayor de carpintería de la Alhambra, Luis del Águila.