Proceedings of the II International and IV National Congress on Sustainable Construction and Eco- Efficient Solutions 1267 LOS INDICADORES DE SOSTENIBILIDAD DE LOS MUNICIPIOS ESPAÑOLES: UNA PROPUESTA METODOLÓGICA A LA VISTA DE SU EVOLUCIÓN ENTRE 2002-2015 1 Vargas-Yáñez; Antonio J. 1 Área de Construcciones Arquitectónicas. E.T.S. de Arquitectura Universidad de Málaga Campus Universitario El Ejido; Universidad de Málaga; 29071. Málaga e-mail:
[email protected] RESUMEN El empleo de indicadores es frecuente en numerosos campos de conocimiento como herramienta de evaluación de los fenómenos objeto de estudio. En el ámbito de la sostenibilidad, ya aparecen en un primer momento en trabajos como el Manifiesto para la supervivencia o Nuestro futuro común, cuando se pretende valorar las posibilidades reales del planeta. Pero no es hasta la Declaración de Río y la posterior Conferencia de Aalborg en el contexto europeo, cuando la idea de evaluar las ciudades europeas mediante un conjunto de indicadores específicos toma cuerpo. En esta comunicación se evalúa el estado del arte de los indicadores de sostenibilidad municipales desde un triple enfoque. Primero, se aborda el concepto de indicador conforme a los trabajos de Hernández Aja, el Observatorio de la Sostenibilidad en España, Antequera y Carrera, Salvador Rueda, Zavadskas y Ester Higueras, y se propone una clasificación a partir de la propuesta de la última autora. A continuación, se expone cómo la indefinición inicial del concepto de sostenibilidad que reconocen los trabajos de Hernández Aja o Naredo se ha superado con la adopción de los diferentes catálogos municipales de indicadores de sostenibilidad. Finalmente, se presenta la evolución que han experimentado estos indicadores en España mediante el análisis del estudio de Instituto Juan de Herrera sobre los indicadores de sostenibilidad en los municipios españoles publicado en 2003, y las propuestas de indicadores de medioambiente urbano de Andalucía y otras comunidades autónomas, la Agencia Europea de Medio Ambiente, el Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Urbanos, UN-HABITAT. Desde el ámbito nacional se han adoptado las referencias necesarias a las propuestas la Red de Redes de Desarrollo Local Sostenible, el Instituto Nacional de Estadística y el Observatorio de la Sostenibilidad en España. Y en el ámbito local, a las propuestas de los municipios de Málaga, Sevilla y Victoria-Gasteiz. Como conclusión final, se establece una propuesta metodológica para dar respuesta a la necesidad de valorar las diferentes estrategias europeas, nacionales y autonómicas de sostenibilidad mediante la definición de una serie de catálogos de municipales de indicadores de sostenibilidad. Keywords: indicadores, sostenibilidad, estrategias, municipios
Chapter VI - The study of the city as a strategy for sustainability 1268 1.- Objetivos y metodología Desde que se estableció la necesidad de evaluar los logros que se van obteniendo en materia de sostenibilidad, investigadores, gobiernos locales y organismos nacionales e internacionales, han realizado diferentes propuestas de catálogos de indicadores con tal fin. Propuestas que han configurando una oferta de indicadores muy amplia y variada, cuyo análisis ha permitido establecer las características que deben poseer estos instrumentos de evaluación y una clasificación de los mismos. Sin embargo, mientras que existen unos criterios claros sobre las características que deben tener los indicadores de manera individual, se echa en falta una propuesta sobre cuáles deben ser los criterios para definir unos catálogos y una propuesta metodológica para su elección. Esta propuesta pretende establecer cuáles son los criterios a los que debe responder la elección de los catálogos municipales de indicadores de sostenibilidad, como paso previo y necesario para la definición de una propuesta concreta de referencia en un trabajo posterior. Para alcanzar este objetivo se ha seguido una metodología que ha quedado reflejada en la propia estructura de esta comunicación: - Acercamiento al concepto de indicador mediante la exposición de sus características y las diferentes clasificaciones realizadas por distintos autores. - Análisis de las características cualitativas adquieren estos elementos cuando se selecciona un conjunto de ellos con el objetivo de evaluar un territorio. - Recopilación de los catálogos de indicadores de sostenibilidad más significativos realizados en España con el análisis de los criterios que los han inspirado. Que concluye en la definición de los criterios metodológicos a los que debe responder la elección de un catálogo de indicadores. 2.- El concepto de indicador Como el objeto de los indicadores de sostenibilidad es determinar la evolución del ámbito territorial sobre el que se actúa, los valores que se obtienen son significativos de su calidad y deben representar el resultado de las acciones emprendidas en aquellos campos que se han definido como críticos. Esta opinión que ya sostuvo Hernández [1] coincide con la que recogió el Observatorio de la Sostenibilidad en España, OSE, unos años después en uno de sus informes [2]. En él, incidía en la trascendencia de los indicadores más allá de su propia capacidad de representación; definiéndolos como una variable que “provee una información agregada, sintética, respecto a un fenómeno más allá de su capacidad de representación propia”. Por su parte, Antequera y Carrera [3] inciden en que la información asociada a un indicador tiene que contemplar dos características que deben ser contrastadas: - un valor representativo de la situación real obtenido como resultado de un determinado procedimiento previo: algoritmo matemático, encuesta, etc. - un umbral, obtenido de un razonamiento previo acerca de la situación deseada y expresado en forma de un valor que se adopta como objetivo y que sirve como punto de partida para definir una escala del grado de cumplimiento. Posteriormente, Salvador Rueda [4] ha sido aun más preciso al definir sus características y vincularlos a los intereses específicos del territorio en el que se definen: “El sistema de indicadores urbanos es un conjunto ordenado de variables sintéticas cuyo objetivo es proveer de una visión totalizadora respecto a los intereses predominantes relativos a la realidad urbana de que se trate”. Las ciudades son entidades complejas, cuyo estudio se aborda desde la definición de catálogos de indicadores incluidos en estructuras de análisis que potencian su
Proceedings of the II International and IV National Congress on Sustainable Construction and Eco- Efficient Solutions 1269 función como medio de información. Es este carácter complejo el que obliga a disponer de herramientas que aporten una visión de conjunto si se quiere captar adecuadamente el alcance de esa realidad, ya que las visiones sectoriales tienen el riesgo de perder la información que solamente aporta la visión holística de los fenómenos que albergan. No existe un criterio determinado sobre cuál debe ser la extensión de estos catálogos que se amplían continuamente sin que se vislumbre cuál será su fin, pero es evidente que los catálogos muy amplios hacen que se pierda la visión de conjunto que reclama el OSE o Rueda. Por el contrario, sí están más claras las características que deben poseer estos indicadores, que autores como Zavadskas [5] e Higueras [6] han sintetizado y que podrían concretarse en la siguiente propuesta: - Abordar los aspectos sobre los que se pretende actuar mediante la planificación territorial para lograr un desarrollo más sostenible; - Responder a objetivos realizables conforme a las capacidades existentes para un periodo determinado; - Guardar coherencia entre los índices y los criterios de evaluación; - Ser sensibles a los cambios; - En la medida de lo posible, ser reflejo de un consenso internacional; - Disponer de una actualización periódica de datos fiables, documentados, coherentes y de reconocida calidad con una relación coste-beneficio aceptable; - Mantener una constancia en el tiempo que permita establecer series; - Claros, simples, faltos de ambigüedad y de fácil comprensión tanto por expertos como por la ciudadanía en general. Las diferentes tipologías de indicadores y su posible clasificación han sido analizadas por Higueras (ibídem). Esta autora ha establecido una primera división en dos grupos: los “indicadores de estado o ambientales” y los “indicadores de sostenibilidad” (Fig. 1); y ha relacionado a los primeros con el análisis y evaluación de la situación en un determinado momento, y a los segundos con la evaluación del éxito de las medidas adoptadas por las respectivas Agendas 21 a lo largo del tiempo. Fig. 8 “Clasificación de los distintos tipos de indicadores en función de la etapa en la que se generan. Fuente: elaboración propia a partir de la propuesta de Ester Higueras” [6]. El objeto de los “indicadores de estado” o “ambientales” es evaluar la situación social, económica y medioambiental comparando unos valores de referencia previos con los que se van obteniendo en distintos momentos, de manera que se puedan establecer conclusiones sobre la evolución de la ciudad. En la práctica, el sistema de “indicadores de estado” o “ambientales” y el sistema de “indicadores de
Chapter VI - The study of the city as a strategy for sustainability 1270 sostenibilidad” tienen numerosos elementos en común, pero haciéndonos eco de la opinión de Higueras, es interesante diferenciarlos ya que los objetivos que persiguen son distintos (ibídem). Metodológicamente, el proceso debe ser definir los “indicadores de sostenibilidad” después de haber efectuado el diagnóstico del territorio sobre el que se va a actuar con la ayuda de los “indicadores de estado”, y en el momento en que se establecen unas metas y es necesario realizar un seguimiento de las iniciativas o acciones que se van a pone en marcha (siguiendo la terminología de los Compromisos de Aalborg [7]). De este modo, los indicadores de sostenibilidad responden a las prioridades de las Agendas 21, y como establece Rueda, a “los intereses predominantes relativos a la realidad urbana de que se trate” (ibídem). Una segunda clasificación se establece en función de los conceptos que abarca su definición. Con este criterio, los indicadores se clasifican en “indicadores globales o macro” que incluyen varios conceptos, e “indicadores específicos” que valoran conceptos concretos. El análisis que realiza Higueras sobre los indicadores todavía establece una tercera clasificación que distingue entre indicadores “simples” y “complejos”. Mediante esta clasificación se distinguen bajo la denominación de “indicadores simples” a aquellos que valoran un único aspecto del ámbito objeto de evaluación o seguimiento. Son fundamentales para observar la evolución de un territorio mediante una fácil gestión de la toma de datos y de su evolución, aunque sólo aportan la visión parcial de un único aspecto. Mientras que bajo la denominación de “complejos” se recogen aquellos que relacionan distintos aspectos del objeto de evaluación. Citando a Rueda (ibídem), son el resultado de la fusión en una única expresión numérica de distintas “variables descriptivas de un fenómeno social como mecanismo de síntesis”. Expresión que “denomina índice, y es una magnitud adimensional pues resulta de la adición ponderada, según el procedimiento que se elija, de diversas unidades de medida”. En su opinión, “su carácter social es más acentuado, dada la aleatoriedad que rodea todo proceso de ponderación. El beneficio obtenido se traduce en una mayor síntesis de la información relevante y una mayor eficacia como input en la toma de decisiones". Es evidente que la evaluación de estos “indicadores complejos” es más difícil y costosa que la de los “indicadores simples”, pero también es cierto que su seguimiento puede arrojar conclusiones más sutiles y sectorizadas que los primeros. Finalmente, la clasificación de los indicadores en función del grado de segregación espacial elegido para sus estudio da lugar a una nueva distinción entre “indicadores de valores medios” e “indicadores de valores locales”. En el primer caso, se persigue un valor único y representativo de todo el territorio evaluado que permita la comparación con otros ámbitos análogos. Por el contrario, los “indicadores de valores locales” evalúan las distintas áreas de estudio en las que se ha dividido el territorio objeto de análisis y permiten permitir lo que Higueras denomina una “evaluación comparativa”. Dentro de esta clasificación espacial propuesta por Higueras, se establece un cuarto grupo, los “indicadores de valores de población”, en los que el valor se asocia a los valores de densidad de población de las diferentes áreas de la ciudad o a sus características tipo-morfológicas 6 . Siendo cierto que es posible establecer una 6 La referencia literal de Higueras es a las “características morfológicas” de la zona, pero deberíamos entender que una referencia más correcta sería a las “características tipo-morfológicas” ya que la asociación presentada puede establecerse, no sólo con las características morfológicas de un determinado ámbito urbano sino también con unas determinadas características tipológicas edificatorias o con una situación que reconozca determinadas tipologías asociadas a una morfología urbana específica.
Proceedings of the II International and IV National Congress on Sustainable Construction and Eco- Efficient Solutions 1271 relación entre la evaluación de determinados aspectos y la densidad de población o las características tipo-morfológicas de las diferentes zonas de un territorio, también lo es que en todos los hechos evaluados no se da esta relación. Con estas características, la distinción de este tercer grupo de indicadores no parece coherente con los dos anteriores, pues todos los indicadores pueden clasificarse como “de valores medios” o “de valores locales”, con independencia de que se encuentren asociados a valores de densidad de población o a las características tipomorfológicas del área. Y por otra parte, tanto los valores de densidad de población como las características tipo-morfológicas definen áreas territoriales concretas que no tienen por qué coincidir con las áreas de estudio en las que se ha podido dividir el territorio a efecto de la valoración de los otros “indicadores de valores locales”. Por estos motivos, una clasificación territorial más efectiva sería distinguir entre los dos primeros grupos de indicadores, “de valores medios” y “de valores locales”, y reconocer que determinados indicadores guardan relación con los fenómenos de densidad de población y ordenación tipo-morfológica que son de especial relevancia en el caso del análisis de las ciudades. La clasificación, que se recogido en forma de gráfico en la Fig. 2, se completa con la definición de un último tipo de indicador que Higueras no considera de manera específica en su propuesta pero que recoge el OSE como “diagrama básico de sostenibilidad”, o simplemente “diagrama de sostenibilidad”, para lograr la visión holística que reclama Rueda a los sistemas de indicadores. Se trata de un único indicador sintético con el que se analiza el comportamiento global del territorio mediante la evaluación simultánea de todos los indicadores. En esencia, es un índice de sostenibilidad global análogo a los indicadores compactos de Rueda que permite sintetizar en un solo valor toda la información sobre el territorio. Y "complejo" según la clasificación de Higueras. Pero que en cualquier caso, como resumen y visión global del territorio, es una obligación conceptual de cualquier sistema indicadores [8]. Fig. 9. “Clasificación de los indicadores de las Agendas 21”. Fuente: elaboración propia a partir de la propuesta de Ester Higueras. 3.- Los indicadores de sostenibilidad como concreción del concepto de desarrollo sostenible Tal y como reconoce Hernández Aja en la introducción al libro “La sostenibilidad en el proyecto arquitectónico y urbanístico” [9], la definición del concepto de
Chapter VI - The study of the city as a strategy for sustainability 1272 sostenibilidad no es fácil. Pero aunque es cierto que en todas las propuestas se pueden encontrar aportaciones interesantes, otra cosa es aceptar que “no hay una visión más correcta que las demás” (ibídem). Es más, aun aceptando que no existe una definición única del concepto de desarrollo sostenible, esto no significa que cualquier definición sea correcta, y que en consecuencia, terminemos aceptando cualquier definición realizada a la medida de los hechos que se pretendan justificar o poner en valor. Es más, tal y como sostiene Naredo [10], el logro de unos avances más significativos en el campo de la sostenibilidad global demandan una clarificación conceptual y una revisión crítica del actual statu quo. De todas las definiciones realizadas sobre el concepto de sostenibilidad, la más acepta ha sido la recogida en el 3 er principio de la declaración de Río [11]: “Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades”. Y según el propio documento final de la Cumbre, se construye sobre tres pilares interdependientes que se refuerzan mutuamente: los desarrollos económico y social, y la protección del medioambiente (Fig. 3). Fig. 10. “Esquema de los tres pilares del desarrollo sostenible”. Fuente: elaboración propia. Aunque la definición efectuada en la Conferencia de la ONU sobre Medio Ambiente y desarrollo de Río de Janeiro (Cumbre de la Tierra) ha sido objeto de numerosas críticas debido a las lagunas que encierra, no se cuestiona que sólo sea posible lograr un desarrollo sostenible desde una posición que aborde de manera conjunta y equilibrada los tres aspectos mencionados. De hecho, en 1972, la declaración final de la Conferencia de las Naciones Unidas Sobre el Medio Humano [12] recogió dos aportaciones fundamentales en forma de los Principios 1 y 2 que demuestran que el concepto de desarrollo sostenible se ha construido sobre la búsqueda de un equilibrio social, económico y medioambiental desde sus orígenes. Pero lo realmente importante es que pese a las críticas que se le puedan realizar a estas declaraciones, en el fondo subyacen tres principios fundamentales: existen ciertos límites a la economía; los niveles de pobreza no son inevitables; hay que empezar por redistribuir los recursos de manera más equitativa. El Informe Brundtland [13] incluyó tres ideas fundamentales: el desarrollo sostenible tiene una triple dimensión (medioambiental, económica y social); los sistemas económicos y sociales no se pueden desligar de la capacidad de carga del medioambiente; y la noción de capital está asociada a todo tipo de recurso que debiera ser gestionado racionalmente. Con lo que relacionar las políticas de sostenibilidad con aspectos exclusivamente energéticos o ligados al empleo de
Proceedings of the II International and IV National Congress on Sustainable Construction and Eco- Efficient Solutions 1273 determinados recursos es completamente desacertado en tanto que es muy parcial y limitado. El documento final de la Segunda Cumbre de la Tierra, conocido como la Agenda 21 [11], estableció un marco de partida que debía ser desarrollado por medio de las políticas locales de los distintos países. Este marco se reforzó con la declaración de la Sesión de los Gobiernos Locales de la Cumbre de Johannesburgo [14] y su mandato a las autoridades locales para que pasaran a la acción, desde el convencimiento de que la acción local constituye un instrumento fundamental para alcanzar un desarrollo sostenible. En Europa, la estrategia propuesta en Johannesburgo se concretó en la conferencia de Aalborg+10, en cuya declaración final, Aalborg+10 —Inspiring Future [7], se establecieron nuevos objetivos y se requirió a los gobiernos locales para que establecieran las prioridades que consideraban apropiadas a su situación y necesidades específicas, y que comenzaran un proceso participativo para identificar los fines específicos y los plazos en los que se podían evaluar los logros que se fueran obteniendo. En palabras de la propia declaración final presentada en forma de decálogo, se trataba de “traducir nuestra visión conjunta de un futuro urbano sostenible en objetivos de sostenibilidad y acciones tangibles a nivel local” en un plazo máximo de 24 meses. La indefinición del concepto de desarrollo sostenible empezó a superarse con la definición de la tercera línea de trabajo del segundo punto del decálogo de los Compromisos de Aalborg. Esta línea, Gestión urbana hacia la sostenibilidad, contempla la obligación de “establecer objetivos y plazos en el marco de los — Compromisos de Aalborg— y crear y realizar el seguimiento de los —Compromisos de Aalborg—”. De este modo se compromete a las diferentes entidades locales a que se doten de unos conjuntos de indicadores con los que evaluar la evolución de sus respectivos territorios. La definición de estos catálogos de indicadores de carácter social, económico, medioambiental e institucional, más o menos específicos de cada ámbito territorial, concreta la anterior definición genérica de desarrollo sostenible que había sido cuestionada debido a su indefinición. Pese a ello, el mayor reto de la sostenibilidad sigue siendo definir con precisión los marcos de referencia donde se tiene que plantear los problemas y las soluciones que permitan resolver el problema del equilibrio entre las necesidades a corto y medio plazo [15]. 4.- Los indicadores de sostenibilidad de los municipios españoles entre 2002 y 2014 En 2004, Hernandez Aja publicó el informe que lideró entre los años 2002 y 2003 en la sección de urbanismo del Instituto Juan de Herrera (IJH) de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM) sobre los indicadores locales de sostenibilidad de los municipios españoles que a junio de 2002 habían firmado la Carta de Aalborg [7], informe que anteriormente había presentado en formato digital en la web http://habitat.aq.upm.es/temas/a-agenda-21.html [1]. Tras la aprobación de la Carta de Aalborg en la Conferencia europea sobre ciudades sostenibles de 1994 y mediante su firma, los municipios que la subscribieron se comprometieron a desarrollar las iniciativas locales de Programas 21 y desarrollar sus propias Agendas. En este contexto, el objeto del trabajo del IJH fue determinar cuál era el conjunto de indicadores representativo de la elección de los municipios españoles firmantes sin entrar a valorar la corrección de las elecciones, determinar una serie de indicadores universales o una metodología para elegir estos catálogos. Se trataba de dar la visión del estado de la cuestión en ese momento, sobre la que Hernández reconoce que se trato de un proceso “del suficiente tamaño y
Chapter VI - The study of the city as a strategy for sustainability 1274 profundidad como para merecer más de una revisión crítica, tanto más cuando la rapidez de la implantación de las agendas 21 y los indicadores se está produciendo de manera individual por cada municipio, sin que exista un foro de discusión ni un marco de mínimos que aseguren la relación entre el fin declarado y los medios utilizados”. Es lógico que después de doce años desde su publicación se reflexione sobre la vigencia de sus resultados a la vista de las propuestas que han aparecido en el panorama nacional. Pese a que en opinión del Observatorio de la Sostenibilidad en España, OSE [2], los resultados obtenidos en este campo hayan sido “más bien escasos, incluso existiendo vacíos de información e investigación en algunos ámbitos”. Como el estudio de Hernández Aja no pretendía determinar unos indicadores universales, sino dar una visión del estado de la cuestión, estableció una metodología que se resume en la ¡Error! No se encuentra el origen de la referencia. y que partió de la encuesta a los 165 municipios españoles mayores de 10.000 habitantes firmantes de la Carta de Aalborg y una muestra de los de menor entidad (189 en total), así como la totalidad de mancomunidades, diputaciones y comunidades autónomas. Mediante esta encuesta se recogieron los indicadores de 30 entidades locales, y después de realizar una serie de entrevistas en profundidad a 7 de las ciudades, se terminó realizando la selección de los 50 indicadores que se consideraron más significativos. El resultado constituye una radiografía suficientemente precisa del panorama existente en los municipios españoles en esa fecha que no ha sido revisada desde entonces. Fig. 11 “Proceso de selección del catálogo de 50 indicadores básicos de Hernández”. Fuente: elaboración propia. Dado que la elección de un indicador depende de lo que se quiera y se pueda medir, Hernández comparó los resultados de su encuesta con cuatro propuestas ajenas a los municipios españoles. La propuesta de la Unión Europea recogida en el VI Programa de Acción Comunitaria en Materia de Medio Ambiente del Parlamento Europeo [16] representa la dimensión ambiental de la estrategia comunitaria en aras de un desarrollo sostenible, mientras que el Proyecto Piloto de Indicadores Comunes Europeos de 2000 [17] es una iniciativa encaminada al establecimiento de un sistema común de evaluación y medición de las condiciones de sostenibilidad local, que guarda cierto paralelismo con la propuesta del Ministerio de Medio Ambiente,
Proceedings of the II International and IV National Congress on Sustainable Construction and Eco- Efficient Solutions 1275 Tronco común de indicadores medioambientales [18] enfocada a consensuar una familia de indicadores que permitiese la comparación entre los diferentes municipios españoles. Con la propuesta de los grupos ecologistas españoles 225 Medidas para el desarrollo sostenible [19] introdujo un planteamiento alternativo a la línea oficial. Hay que resaltar que, pese a que Hernández adopta como instrumentos de comparación dos propuestas supranacionales como son el VI Programa del Parlamento Europeo y el Proyecto Piloto de Indicadores Europeos, ignora la propuesta de 134 indicadores de Comisión para el Desarrollo Sostenible de la Naciones Unidas, Indicadores de Desarrollo Sostenible: Marco y Metodologías que había sido aprobada un año antes [20]. Tras estas comparaciones, Hernández Aja eligió los 50 indicadores representativos de la elección de los municipios españoles (Table 3) conforme a los siguientes criterios: Encontrarse en una categoría que apareciese en al menos veinte de las iniciativas municipales analizadas; Estar incluido entre los diez indicadores comunes europeos; Que tras aparecer en la propuesta de al menos quince municipios, perteneciese también a una de las propuestas de referencia del VI Programa de Acción de la Comunidad Europea, Tronco Común de Indicadores Ambientales, 225 medidas para el desarrollo sostenible; Que con independencia del número de municipios, esté recogida en dos bloques de referencia 7 ; Que en opinión de los técnicos encuestados, apareciese como mínimo diez veces entre los indicadores más útiles. Añadiéndole nueve indicadores más, que sin cumplir esta condiciones, entiende que deben contemplarse por ser indicadores “emergentes” que tienen que incorporarse en aras del fomento de la sostenibilidad, independientemente de la importancia o desarrollo que en ese momento tienen. Hernández organizó el catálogo en cuatro grandes áreas que a su vez dividió en diecinueve categorías homogéneas: económica, medioambiental, social y urbanística. Clasificación que recoge la concepción de la sostenibilidad como resultado de un tripe equilibrio social, económico y medioambiental, y a la que añade una cuarta área, el área urbanística. Esta cuarta área no es coherente con las tres primeras ya que los indicadores que agrupa valoran aspectos que podrían haberse contemplado dentro del área social (accesibilidad a las dotaciones, vivienda existente), medioambiental (calidad ambiental, zonas verdes, intensidad de urbanización, utilización sostenible del suelo, áreas restringidas al tráfico, movilidad, transporte público), y dependiendo a que incidencias se les de mayor importancia, en la económica o en la medioambiental (rehabilitación). A fin de cuentas, los fenómenos urbanos no dejan de ser fenómenos sociales, económicos o medioambientales, o una unión de estos. En cualquier caso, hay que ser conscientes de que la selección de los indicadores y su organización en estas áreas temáticas y categorías, responde a un difícil proceso de simplificación dada la disparidad existente entre todo el conjunto de indicadores, su singularidad, y en algunos casos, la dificultad “para entender sus objetivos e intenciones”. La primera validación de los resultados de Hernández debe venir de la mamo de su comparación con los indicadores del sistema de medioambiente urbano de 7 En el texto de Hernández no se define expresamente en qué consisten los “bloques” a los que alude. De su lectura parece desprenderse que se refiere a la clasificación que hace de los mismos en virtud de la consideración que realizan los técnicos y los municipios sobre su utilidad, pero esta es una interpretación personal no contrastada con el autor.
Chapter VI - The study of the city as a strategy for sustainability 1282 Fig. 12 “Relación entre los grupos de los 50 indicadores básicos descritos por Hernández y el conjunto de indicadores de la Agenda 21 de Málaga”. Fuente: elaboración propia. 5.- Conclusiones: Una propuesta de actuación Las características específicas que debe poseer un indicador han sido definidas por numerosos autores, del mismo modo que la clasificación Higueras sintetizada en esta comunicación ha puesto de manifiesto los diferentes tipos que existen. Sin embargo, no existe una propuesta sobre cuáles son las características que deben tener los catálogos de indicadores. La iniciativa del OSE de sintetizar en un único valor la sostenibilidad de un municipio mediante un único indicador sistémico denominado “diagrama básico de sostenibilidad” debe entenderse como una característica esencial que tiene que estar presente en cualquier sistema de indicadores de sostenibilidad. La indefinición del concepto de desarrollo sostenible ha empezado a superarse con la obligación de establecer objetivos locales que desarrollen los Compromisos de Aalborg ya que, al establecer estos objetivos, se concretan cuáles son las preocupaciones reales que encierra la búsqueda de un desarrollo sostenible. Esta idea queda expresamente plasmada en la explicación de la Agenda 21 de Málaga sobre la elección de sus indicadores de sostenibilidad, donde se expone que su elección responde a la voluntad de evaluar los logros alcanzados en la búsqueda de los objetivos previamente fijados, en paralelo con los compromisos de Aalborg+10 y las acciones propuestas para tal fin (Fig. 6). Fig. 13 “Proceso de reflexión de las Agendas 21 locales derivado de los Compromisos de Aalborg y la declaración de objetivos de la Agenda21 de Málaga”. Fuente: elaboración propia. En 2002, Hernández recopiló los 50 indicadores más representativos de las elecciones de los municipios hasta la fecha, pero no realiza ninguna crítica cuantitativa o cualitativa de la elección. Del análisis de los sistemas de indicadores en los distintos ámbitos territoriales se concluye que éstos deben responder tanto a los problemas de los territorios para los que se definen como a los de aquellos en
Proceedings of the II International and IV National Congress on Sustainable Construction and Eco- Efficient Solutions 1283 los que se encuadran y que esta respuesta tienen que estar en relación con las diferentes estrategias supramunicipales en desarrollo. En este sentido, las propuestas del OMAU se quedan cortas en tanto que no contemplan las estrategias y planes supramunicipales considerados por el OSE, que en contraposición no reconocen la necesidad de considerar los Compromisos de Aalborg+10. Sintetizando ambas propuestas, los catálogos de indicadores locales de sostenibilidad deben responder a la definición de unos objetivos locales que respondan a las propuestas recogidas en los Compromisos de Aalborg+10, la Estrategia Europea Europa 2020, la Estrategia Española de Sostenibilidad Urbana y Local y el Acuerdo de Asociación de España a las Autoridades Europeas para el periodo 2014-2020, y dependiendo de ámbito territorial concreto en el que nos hallemos, las estrategias de sostenibilidad autonómica que se hayan definido (Fig. 7). Definidos éstos, los indicadores de sostenibilidad serán aquellos que permitan el seguimiento de los logros que se vayan alcanzando en una acción, que si bien se ejecuta a nivel local, sólo tiene sentido desde una concepción global. Fig. 14 “Proceso de reflexión de las Agendas 21 locales derivado de los Compromisos de Aalborg y las diferentes estrategias nacionales y autonómicas”. Fuente: elaboración propia. Una futura definición de una propuesta de catálogo de indicadores de sostenibilidad municipales deberá elaborarse siguiendo los siguientes pasos: Definición de las estrategias europeas, nacionales y autonómicas de sostenibilidad que se van a impulsar junto a los Compromiso de Aalborg mediante un conjunto de accione locales específicas; Valoración de la vigencia de las conclusiones de Hernández a la vista de las diferentes propuestas aparecidas desde su publicación; Elección de un conjunto de indicadores capaces de evaluar los logros obtenidos con acciones locales sobre las diferentes estrategias de sostenibilidad, Fig. 7 (deberá ser relativamente limitado, posible de evaluar anualmente de manera que se pueda constituir series y constante el tiempo); Definición de un “diagrama básico de sostenibilidad” capaz de evaluar de manera conjunta el desarrollo sostenible del municipio. REFERENCIAS [ 1] HERNÁNDEZ AJA, A. Informe sobre los indicadores locales de sostenibilidad utilizados por los municipios españoles firmantes de la Carta de Aalborg. [en linea] 2003 noviembre 1. [2]Sostenibilidad Local: Una aproximación Urbana y Rural. 2008, Alcalá de Henares, MAdrid, España: Observatorio de la Sostenibilidad en España. [3] Antequera i Baiget, J. and E. Carrera Gallissà (s. f.) Portal Sostenibilidad. sitio web del Portal Sostenibilidad de la Cátedra UNESCO de Sostenibilidad de la UPC.
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