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Vistas de Sevilla extramuros del XVI al XVIII

Díaz-Zamudio, Tomás; Gámiz-Gordo, Antonio

Abstract

Las vistas de Sevilla en las que aparece su entorno extramuros entre los siglos XVI y XVIII, aquí analizadas, constituyen una destacada fuente documental sobre un territorio que tuvo un marcado carácter agrario -hoy apenas conocido- hasta su profunda transformación urbana iniciada en el siglo XIX. Tras considerar breves datos sobre el contexto de sus más destacados autores -Medina, Wyngaerde, Hoefnagel, Bambrilla, Janssonius, Merian, Meunier, Baldi, Tortolero, Swinburne y otros- por primera vez se identifican de forma sistemática los principales elementos territoriales e hitos arquitectónicos representados, valorando su fiabilidad documental. Finalmente se localizan los puntos de vista aproximados sobre un plano de la ciudad y su entorno, detectando los principales lugares o miradores desde los cuales se dibujó aquel paisaje. De este modo se subraya la relevancia de estas imágenes que -con su particular impronta gráfica- tuvieron una notable difusión en Europa a lo largo de siglos.

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1021 Vistas de Sevilla extramuros del XVI al XVIII Tomás Díaz Zamudio; Antonio Gámiz Gordo Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Universidad de Sevilla Resumen Las vistas de Sevilla en las que aparece su entorno extramuros entre los siglos XVI y XVIII, aquí analizadas, constituyen una destacada fuente documental sobre un territorio que tuvo un marcado carácter agrario -hoy apenas conocidohasta su profunda transformación urbana iniciada en el siglo XIX. Tras considerar breves datos sobre el contexto de sus más destacados autores -Medina, Wyngaerde, Hoefnagel, Bambrilla, Janssonius, Merian, Meunier, Baldi, Tortolero, Swinburne y otrospor primera vez se identifican de forma sistemática los principales elementos territoriales e hitos arquitectónicos representados, valorando su fiabilidad documental. Finalmente se localizan los puntos de vista aproximados sobre un plano de la ciudad y su entorno, detectando los principales lugares o miradores desde los cuales se dibujó aquel paisaje. De este modo se subraya la relevancia de estas imágenes que -con su particular impronta gráficatuvieron una notable difusión en Europa a lo largo de siglos. Palabras clave: Sevilla; extramuros; periferia urbana; vista; panorámica; imagen 1. Consideraciones iniciales El perímetro de la ciudad histórica de Sevilla quedó fijado con un imponente recinto amurallado en época almohade (Valor Piechotta, 2002). Su entorno extramuros tenía un marcado carácter agrario que, tras la conquista cristiana castellana y el Repartimiento de bienes (González González, 1951) permaneció prácticamente inalterado durante varios siglos. Sin embargo, la demolición de la muralla iniciada hacia mediados del siglo XIX (Cuenca Toribio, 1991, p. 143), aceleró la expansión urbana, provocando cambios irreversibles. Dicho espacio extramuros se caracterizaba por la fuerte presencia de la muralla, con numerosos torreones, junto a puertas y postigos, y por los arrabales de origen medieval o del siglo XVI. Su territorio se estructuraba por un conjunto de calzadas y caminos radiales que partían de las puertas de la ciudad. El Guadalquivir y su puerto constituían la más relevante vía de comunicación y comercial. Sobre el río se ubicaba el puente de barcas y sobre sus afluentes diversas alcantarillas o pequeños puentes. El abastecimiento de agua se realizaba desde los Caños de Carmona y otras fuentes. La ciudad estaba rodeada por un extenso cinturón de huertas, con haciendas y cortijos, además de prados y dehesas públicas. En este paisaje se localizaban variados hitos arquitectónicos de carácter religioso -monasterios, conventos, iglesias, ermitas, capillas y humilladerosmanufacturero, hospitalario u otros. Las imágenes de la periferia urbana hispalense que se acometieron entre los siglos XVI y XVIII constituyen un valioso legado gráfico y una fuente documental imprescindible para conocer la evolución de este espacio y sus principales elementos territoriales e hitos arquitectónicos, hoy perdidos o alterados en gran parte. Así, el objetivo que aquí se plantea es reunir y analizar de forma sistemática destacadas vistas de diversos autores que representaron el paisaje extramuros de Sevilla antes de su radical transformación en el siglo XIX, cuando aún no existía la fotografía como registro documental. Las principales referencias bibliográficas sobre este tema son el libro "Sevilla extramuros. La huella de la historia en el sector oriental de la ciudad" coordinado por Valor Piechotta y Romero Moragas (1998) y también “Iconografía de Sevilla”, que reproduce la mayoría de las vistas aquí tratadas en sus tomos I, 1400-1650 (Cabra Loredo y Santiago Páez, 1988) y II, 1650- 1790 (Oliver y Serrera Contreras, 1989). 2. Vistas de Sevilla extramuros hasta el siglo XVIII 2.1. Siglo XVI Una de las primeras vistas conocidas de la urbe sevillana apareció en 1548, junto a otras, en una De trazos, huellas e improntas. Arquitectura, ideación, representación y difusión 1022 publicación del humanista y cosmógrafo sevillano Pedro de Medina (1493-1567), con diversas reediciones posteriores (Medina, 1548). Tiene un carácter muy esquemático y aunque se reconocen algunas edificaciones, apenas aporta datos significativos sobre su entorno extramuros (Fig. 1). Por entonces hubo algunas otras vistas bastante idealizadas y también con un valor documental muy limitado (Cabra Loredo y Santiago Páez, 1988). Figura 1. Vista de Sevilla. Pedro de Medina (grab.), 1548. Fuente: colección particular. En la segunda mitad del XVI dos destacados autores flamencos, Wyngaerde y Hoefnagel, dibujaron Sevilla y su entorno con bastante verosimilitud, aunque con distintos resultados. Anton van den Wyngaerde (1525-1571) realizó minuciosas y precisas vistas durante su recorrido por España hacia 1563-1567. Entre ellas, tres de Sevilla conservadas en la Biblioteca Nacional de Viena y en el Victoria & Albert Museum de Londres, inéditas hasta hace unas décadas (Kagan, 1986, pp. 327- 335). En una, tomada desde el escarpe del Aljarafe, aparece el perfil urbano, el puerto con numerosos navíos, el arrabal de Triana y su vega, el amplio territorio del Guadalquivir y algunas poblaciones. Esta imagen fue la primera que abordó dicho encuadre después repetido por diversos autores. En las otras panorámicas Wyngaerde también dibujó con detalle ambas márgenes del río. En una aparece el puerto casi vacío, el Arenal y el arrabal de la Cestería, más el puente de barcas; y al otro lado del río el monasterio de la Cartuja. La tercera vista incluye el frente fluvial de Triana, con el castillo de la Inquisición, la iglesia de Santa Ana, y al fondo el paisaje de la cornisa del Aljarafe con pueblos como Gelves, San Juan de Aznalfarache, Castilleja de la Cuesta y Santiponce. Además, dibujó dos detalles independientes, de Triana y de la torre del Oro. Por otra parte, el pintor Joris Hoefnagel (1542-1601) sería autor de dos vistas de Sevilla durante su viaje por la península Ibérica hacia 1563-1567. Se incluyeron en una monumental publicación con seis tomos y más de quinientas vistas de ciudades, conocida como Civitates Orbis Terrarum (1572-1617), promovida por George Braun y Frans Hogenberg (Gámiz Gordo, 2011). La panorámica de Sevilla incluida en el tomo I (Braun y Hogenberg, 1572) (Fig. 2a) comparte lámina con Cádiz y Málaga. Fue tomada desde Chapina, en la Enramadilla de Triana y cerca del monasterio de la Cartuja, con el Guadalquivir y un gran banco de arena o alfaque en primer plano. Comenzando por la derecha aparece Triana con las almonas o “jabonería”, el castillo de San Jorge o de la Inquisición envuelto en llamas, incluyéndose también el rótulo “alfarería”. Al fondo y detrás del puente de barcas se representó el puerto con numerosos navíos atracados y la ermita de San Telmo. A continuación se contempla el Arenal con la torre del Oro y la de la Plata, el muelle, la grúa y las Atarazanas. Tras los arrabales de la Carretería y la Cestería se extiende la muralla con varios torreones hasta la puerta de Goles. Junto a ella se alza la casa de Hernando Colón y sus célebres huertas, el arrabal de los Humeros y continúa la muralla. Al otro lado del río el monasterio de la Cartuja o de Santa María de las Cuevas aparece mal rotulado como San Jerónimo. Figura 2a y 2b. Vistas de Sevilla. Joris Hoefnagel. Publicadas en 1572 (arriba) y 1598 (abajo). Fuente: colección particular. Vistas de Sevilla extramuros del XVI al XVIII 1023 En el tomo V (Braun y Hogenberg, 1598) aparece otra imagen de la ciudad realizada desde el este, en las proximidades del arrabal de San Bernardo (Fig. 2b). Se trata de un punto de vista poco frecuente, que representa elementos insalubres de Sevilla como el quemadero, el matadero, el muladar de Monterrey o el arroyo Tagarete. También aparecen la ermita y arrabal de San Telmo, la desconocida ermita de Nuestra Señora de la Abundancia, el monasterio de San Agustín y el convento de la Santísima Trinidad. La ciudad estaba delimitada por la muralla almohade, con su barbacana, numerosos torreones y las puertas del Osario, de Carmona, de la Carne y un postigo en el entorno del Alcázar. También se dibujó el acueducto de los Caños de Carmona, el camino hacia Granada, la fuente de Calderón, y al fondo un tramo del Guadalquivir, la torre del Oro y el escarpe del Aljarafe con poblaciones como San Juan de Aznalfarache y Castilleja de la Cuesta. Además, el tomo IV del Civitates (Braun y Hogenberg, 1588) incluye una vista de Sevilla, plagiada de otra estampada en 1585 (Fig. 3) por Ambrosio Brambilla, arquitecto, dibujante y grabador milanés, activo entre 1579 y 1599. Fue objeto de numerosas copias posteriores con diversa fortuna. Está tomada desde el Aljarafe, al oeste, con un punto de vista sobreelevado que permitió representar por primera vez el entorno extramuros de la ciudad de forma completa, detallando la mayoría de sus hitos arquitectónicos, aunque algunos con ciertas imprecisiones (Oliver Carlos y Pleguezuelo Hernández, 2002, pp. 30-31). La ciudad amurallada se representa con sus quince puertas, entre las que destacan por su nivel de detalle la de Goles y la del Arenal. En primer plano aparece Triana y sus huertas junto al castillo de la Inquisición, la iglesia de Santa Ana y lo que parecen ser las ermitas o conventos de los Remedios y la Victoria. También se dibuja el Guadalquivir y el puente de barcas, junto a sus afluentes los arroyos Tagarete y Tamarguillo. En sus inmediaciones se ubica el Arenal, los arrabales de la Carretería y la Cestería, las Atarazanas, la casa y huertas de Hernando Colón y la grúa del puerto. Al este se detallan el prado de San Sebastián, la ermita de San Telmo, el quemadero de la Inquisición, la horca pública, un molino de viento y el matadero. Al fondo aparece el arrabal de San Bernardo, la huerta del Rey, el humilladero de la Cruz del Campo y la ermita de la Soledad junto a los Caños de Carmona, más el monasterio de San Agustín y el arrabal de San Roque. Al norte se sitúan la ermita de Santa Justa y Rufina y el monasterio de la Santísima Trinidad; en las inmediaciones de la puerta de la Macarena el arrabal homónimo, el hospital de la Sangre y más alejados el hospital de San Lázaro, el monasterio de San Jerónimo y La Rinconada. Al otro lado del río se aprecian los monasterios de la Cartuja y San Isidoro del Campo, junto a la ermita sobre el cerro de Santa Brígida y los restos romanos de Sevilla la Vieja o Itálica, más las poblaciones de Castilleja de Guzmán, Castilleja de la Cuesta, Camas, la Algaba y Santiponce. Todas estas vistas simbolizan el esplendor de la ciudad tras el Descubrimiento de América, que propició un floreciente comercio y un notable incremento de su población (Morales Padrón, 1977) con el puerto como emblema representativo de su paisaje urbano. Figura 3. Vista de Sevilla. Ambrosius Brambilla (grab.) 1585. Fuente: Biblioteca Nacional de España. 2.2. Siglo XVII En este siglo cabe destacar una panorámica tomada desde Triana (Fig. 4) editada en 1617 por Joannes Janssonius (1588-1664) importante cartógrafo, editor, grabador y comerciante de estampas holandés. Solo se conocen ejemplares de esta gran imagen (más de dos metros de largo) en el British Museum, el Museo Naval de Madrid y la Biblioteca Nacional de Suecia. El ejemplar de esta última, con el número 82, pertenece a una colección de unas 187 vistas europeas (Collijn, 1915) posiblemente encargadas por el rey Gustavo II Alfonso de Suecia (Dahlgren, 1920). Su cartela inferior, en 16 columnas, aporta datos en latín y francés sobre la ciudad. Sin embargo, no se conoce la leyenda asociada a las letras incluidas en la imagen, siendo las minúsculas las que corresponden a edificios extramuros. Arriba aparece el rótulo “Hispalis vulgo Siviliae urbis toto orbe celeberrimae hispaniæque De trazos, huellas e improntas. Arquitectura, ideación, representación y difusión 1024 primariæ effigies”, y también incluye un lema muy popular: “Qui non ha visto Sevillia non ha vista marravilla” (Sierra Delgado, 1996, pp. 296-297). En primer plano incorpora incontables detalles del puerto, con suntuosos barcos que dan idea de la prosperidad de la ciudad (Falcón Márquez, 2007); pero el entorno extramuros resulta poco verosímil y fiable. Cerca de la torre del Oro, con tamaño desproporcionado se encuentra la torre de la Plata (G). Además, en la muralla se resaltan sus torreones y puertas de forma fantasiosa. Junto a la puerta de Goles o Real (A) aparece una colina de residuos y la casa de Hernando Colón con sus huertas. Entre las puertas de Triana (B) y del Arenal (C) se localiza el arrabal de la Cestería, unido al de la Carretería, las Atarazanas (D) y el postigo del Carbón o Azacanes idealizado (F). En el Arenal se aprecia una intensa actividad portuaria. También se detalla la puerta de Jerez (H) con su alcantarilla sobre el arroyo Tagarete. En el prado de San Sebastián se representa el convento de San Diego, el quemadero de la Inquisición, un molino de viento, una alcantarilla (k), lo que pudo ser la ermita de San Sebastián (l) y un camino hasta el arrabal de San Bernardo con un templo muy irreal, junto a huertas y tierras de labor. Entre las puertas de la Carne (I) y la de Carmona parece situarse el matadero (g) y junto al acueducto de los Caños de Carmona (f) se localizan el humilladero de la Cruz del Campo y el monasterio de San Agustín. Seguidamente se aprecian las puertas del Osario (L), del Sol junto a la ermita de Santa Justa y Rufina (d), de la Macarena (N), de la Almenilla (O) y al fondo el monasterio de San Jerónimo (c). En la otra orilla del río, el monasterio de la Cartuja está rodeado por frondosas huertas y potentes muros que combatían las crecidas del rio, junto a los caminos de Camas (a) o Santiponce. En el río, protagonista de la vista, se detallan el puente de barcas y numerosas embarcaciones. Más atrás se representa la ciudad, abigarrada y majestuosa. En Triana, recortada abajo, sobresalen el castillo de San Jorge y los imaginarios campanarios de Santa Ana, los Remedios y la Victoria. El conjunto se maquilla con una falsa pátina de clasicismo arquitectónico, quizás tratando de aparentar la imagen de una nueva Roma (Lleó Canal, 1979) con muchos edificios estilizados, transformados o imaginarios. Y el sinuoso perfil del fondo no se corresponde con la verdadera topografía del territorio que representa. Figura 4. Vista de Sevilla. Joannes Janssonius (ed.), 1617. Fuente: Biblioteca Nacional de Suecia. Dicha imagen pudo servir de inspiración a otra bastante importante, incluida en la obra Neuwe Archontologia Cosmica (Fig. 5) realizada en 1638 por el grabador y editor suizo Mathäus Merian (1593- 1650) (Carrete Parrondo, Vega y Solache, 1996, pp. 126-127) que tuvo gran difusión y fue objeto de plagios hasta el siglo XIX (Oliver Carlos y Pleguezuelo Hernández, 2002, pp. 32-37). Entre ellos cabe destacar un célebre óleo del Museo de América de Madrid, otro de la Fundación Focus de Sevilla, y uno de inferior calidad procedente del Museo del Prado, todos ellos de gran formato. El punto de vista de la imagen de Merian, algo más elevado que la de Janssonius, facilita la inclusión de más elementos extramuros, lo cual indica que no es una simple copia, e incluye una leyenda inferior. El encuadre de Triana es más amplio que en la vista de Janssonius y sus arquitecturas están más simplificadas, aunque igualmente alejadas de la realidad, salvo el castillo de San Jorge (2) y el puente de barcas (7), más verosímiles. Al fondo, el monasterio de la Cartuja (1) recuerda a la imagen de Brambilla. El puerto se detalla menos y son más precisas la puerta Real, la de Triana (9) y la del Arenal (18). Se reconocen los arrabales de la Carretería, de la Cestería y parte de los Humeros, con el colegio mercedario de San Laureano (3). El Guadalquivir es de nuevo protagonista con sus embarcaciones. Las atarazanas (26) siguen los detalles imaginarios del grabado de 1617, junto a las torres de la Plata (23) y del Oro (24), la grúa del puerto, la desembocadura del Tagarete y la puerta de Jerez (25). Al este se retoma la representación fantasiosa del arrabal de San Bernardo con cuatro grandes torres. También aparecen los Caños de Carmona (28) y mal ubicado, un templete que podría ser la Cruz del Campo. Junto a la puerta de Carmona se aprecia el monasterio de San Agustín (19) y posiblemente el convento de la Santísima Trinidad, más alejado. Al norte, cerca de la puerta de la Macarena, figura el hospital de San Lázaro, el monasterio de San Jerónimo de Buenavista, La Rinconada (5) y al fondo las estribaciones de Sierra Morena. Vistas de Sevilla extramuros del XVI al XVIII 1025 Figura 5. Vista de Sevilla. Mathäus Merian (ed. y grab.), 1638. Fuente: colección particular. También deben mencionarse dos vistas anónimas realizadas al óleo y datadas hacia mediados del XVII, sobre el sector norte, hacia el arrabal de la Macarena, con el hospital de la Sangre como protagonista (Cabra Loredo y Santiago Páez, 1988, pp. 195-199). Otras tres panorámicas de Sevilla extramuros, protagonizadas por el omnipresente Guadalquivir, fueron dibujadas y grabadas hacia 1665-1668 por Louis Meunier, pintor de la escuela francesa y especialista en grabados de monumentos, ciudades y paisajes (Meunier, h. 1665-1668). En una (Fig. 6a) se incluye el perfil urbano, con el monasterio de la Cartuja, sus huertas y entorno en primer plano, en el que sobresale su iglesia con su rosetón, sobre la llanura donde discurría el antiguo cauce conocido como Madre Vieja. Además, se contempla el frente portuario, el arrabal de la Carretería, la muralla, y al norte se divisa el hospital de la Sangre sin sus chapiteles. Otra vista que representa el Arenal parece un detalle de la anterior: tras varios montículos se aprecia el convento agustino del Pópulo, el arrabal de la Cestería y al fondo las Atarazanas junto a la torre del Oro y el puente de barcas. Al otro lado del río se ve parte del castillo de la Inquisición, Triana y la iglesia de Santa Ana, cuya torre estaba rematada por un chapitel. La tercera vista (Fig. 6b) representa el entorno del río con grandes navíos, el puente de barcas, la torre del Oro en primer término, y al fondo el imponente castillo de la Inquisición, hoy desaparecido, con sus torreones y una gran puerta hacia el Altozano. Dichas vistas fueron objeto de variados plagios hasta el siglo XVIII (Oliver Carlos y Pleguezuelo Hernández, 2002, pp. 38-43). Figuras 6a y 6b. Vistas de Sevilla. Louis Meunier (dib. y grab.), h. 1665-1668. Fuente: colección particular. También resultan de interés dos precisas vistas de Pier Maria Baldi (h.1630-1686), arquitecto florentino y reportero gráfico que acompañó a Cosme III de Médici en su viaje por España y Portugal entre 1668 y 1669. Se conservan en la Biblioteca Laurenciana de Florencia y han sido publicadas por Sánchez Rivero y Mariutti de Sánchez de Rivero (1933) y en un reciente catálogo (Xunta de Galicia, 2004). Una, tomada desde el entorno del monasterio de la Cartuja, incluye los mismos elementos que la panorámica de Hoefnagel, aunque los montículos junto al río ocultan parte de la ciudad, apreciándose sólo la muralla, la torre del Oro, el puente de barcas, el arrabal de Triana y su castillo. La otra, con un punto de vista más novedoso, hacia el arrabal de la Macarena, comprende sus casas y huertas, junto al hospital de la Sangre con chapiteles en las esquinas. 2.3. Siglo XVIII En este siglo cabe destacar un óleo de autor anónimo fechado en 1726, hoy conservado en la escalera principal del Ayuntamiento de Sevilla (Collantes de Terán y Delorme, 1970, p. 38). Esta vista se tomó con una posición sobreelevada, en Triana, incluyendo todo el frente portuario y un completo perfil urbano en el que sobresale la Giralda. En ella se localizan algunos elementos extramuros y abundantes edificaciones religiosas intramuros enumeradas en su leyenda. De derecha a izquierda se identifica la torre del Oro (36) y adosado a su coracha el almacén del Rey (50), el postigo del Carbón (32), la Aduana (31), el hospital de la Caridad con su iglesia (30), y en su costado el De trazos, huellas e improntas. Arquitectura, ideación, representación y difusión 1026 postigo del Aceite (27). Frente a él se encuentra el Arenal donde se aprecia la estructura del muelle (37), la pequeña edificación de la antigua aduana (39), y un paseo arbolado con diversos personajes. A continuación se ubica el arrabal de la Carretería y el Baratillo (40), la puerta del Arenal (26) y la gran elevación del muladar del Baratillo (41). Junto a él se identifica el arrabal de la Cestería, el convento del Pópulo con su espadaña y huertas (42), el despacho del pescado (43) los madereros (44) y al fondo la puerta de Triana (10). Tras ella algunas construcciones, el lienzo de la muralla, la puerta Real (7) y el colegio de San Laureano (2). Más alejada parece verse la población de Mairena (34) sobre el escarpe de los Alcores y los Caños de Carmona (13). Tras cruzar el río por el puente de barcas (45) en Triana (48) destaca la iglesia almenada de Santa Ana y su torre campanario (47) y también el castillo de la Inquisición (46). De considerable importancia son cuatro vistas relacionadas con la estancia de Felipe V en Sevilla (1729- 1733) grabadas por Pedro Tortolero (h. 1700- 1766), pintor y grabador sevillano, discípulo de Domínguez Martínez (Carrete Parrondo, Vega y Solache, 1996, p. 129). Entre ellas destaca una panorámica (Fig. 7a) que refleja la festiva y multitudinaria entrada en la ciudad del monarca y su numeroso séquito, incluida en una publicación de Zúñiga (1748) (Oliver Carlos y Pleguezuelo Hernández, 2002, pp. 128-129). Es la única firmada en 1748, aunque se indica la fecha del acontecimiento, el 3 de febrero de 1729. Además de la arquitectura efímera, se observa la playa del Arenal y el puerto con hileras de árboles, detallándose la puerta de Triana (5) a modo de arco triunfal y el convento de Nuestra Señora del Pópulo (8) junto con el arrabal de la Cestería, el muladar del Baratillo y al fondo la torre del Oro (7) y el río. Tras el puente de barcas, en la otra orilla, (6) aparece el arrabal de Triana, la iglesia de Santa Ana y el castillo de San Jorge en ruinas; y más lejos la iglesia del convento de los Remedios. Las otras vistas de Tortolero están fechadas en 1738. Una comprende Sevilla desde Triana (Fig. 7b) con el río (7) repleto de embarcaciones (5), el Arenal lleno de actividad, la torre del Oro (2) y la Real Aduana con su gran frontón en fachada, junto al hospital de la Caridad y su iglesia barroca. También aparecen el arrabal de la Carretería y el de Cestería, el muladar del Baratillo, el arrabal de la Cestería, el convento del Pópulo con la tapia de su huerta, el almacén de maderas del Segura o del Rey y arbolado junto al rio (8). Curiosamente no se dibujan las puertas de la ciudad. En la otra orilla del río el castillo de la Inquisición se representa en un aparente estado ruinoso (3) junto al puente de barcas (4) y al fondo el monasterio de la Cartuja (6). Además, dos imágenes de Tortolero se centran en el colegio-seminario de San Telmo y en el entorno del hospital de la Sangre (Fig. 7c) con el arrabal de la Macarena, la capilla de la Concepción y al fondo, muy esquematizados, San Jerónimo de Buenavista (2) y el hospital de Lázaro (3). Figuras 7a, 7b y 7c. Vistas de Sevilla. Pedro Tortolero (dib. y grab.) 1748 (arriba) y 1738. Fuente: Fondo Antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla. Vistas de Sevilla extramuros del XVI al XVIII 1027 Una singular vista al óleo de Triana desde el Arenal (Fig. 8) de autor anónimo, está datada con ciertas dudas hacia 1730-1740 (Fundación Cajasol, 2015, pp.12-13) y anteriormente hacia 1630 (Fundación Cajasol, 2013, pp. 12-21). Incluye leyenda y está tomada desde un punto de vista sobreelevado, quizás desde la puerta del Arenal o la iglesia del hospital de la Caridad. A pesar de sus numerosas imprecisiones, especialmente la reducida longitud de ambos frentes fluviales y el excesivo tamaño de algunos elementos, aporta datos novedosos y complementarios a la panorámica de Wyngaerde. En el puerto, con diversas escenas y personajes, se identifica la torre del Oro (2) muy desproporcionada, una pequeña construcción en madera que podría corresponder con la antigua aduana y la estructura del muelle, donde se aprecian cargadores manejando mercancías de los barcos. Al otro lado del Arenal aparece otra edificación en madera y una cruz sobre un pedestal, y junto a ellos el puente de barcas. El arrabal de Triana (1), protagonista de la vista, presenta un llamativo abigarramiento. En él se identifican el castillo de la Inquisición deformado (6) y al sur la parroquia de Nuestra Señora de La O con su campanario (8). Además de la iglesia de Santa Ana con su esbelta torre (3), se aprecia el campanario del convento de la Victoria (7) y el convento de los Remedios junto a sus huertas (4), muy reducido de tamaño. Al fondo aparece un paisaje idealizado con unas ruinas sobre un monte, que podría corresponder con San Juan de Aznalfarache. Figura 8. Vista de Triana desde el Arenal. Anónimo, h. 1730-1740. Fuente: colección Fundación Cajasol. Por último, a finales del XVIII cabe destacar la vista del viajero y escritor británico Henry Swinburne (1743-1803) (Fig. 9), incluida en su libro “Travels through Spain in the years 1775 and 1776” (1779) grabada por William Ellis. Se realizó desde el entorno del antiguo castillo de San Juan de Aznalfarache, reflejando el paisaje de la vega de Triana y el Guadalquivir. Al fondo se perfila la ciudad, identificándose la torre del Oro, la muralla y dos volúmenes, que corresponderían con el colegio de San Telmo y la nueva Real Fábrica de Tabacos. Figura 9. Vista de Sevilla desde San Juan de Aznalfarache, Henry Swinburne (dib.), 1775-1776. Fuente: colección particular. 3. Conclusiones Para concluir el análisis planteado se han identificado los más destacados miradores históricos que permitían visualizar la ciudad y su entorno extramuros. Por ello, se han situado de forma aproximada los distintos puntos de vista con sus ángulos visuales sobre el plano de Sevilla de Manuel Galiano de 1839, uno de los primeros que representó su periferia urbana (Fig. 10). Uno de los más lugares con vistas más privilegiadas de Sevilla y su entorno se ubicaría al oeste, a cierta distancia hacia la cornisa del Aljarafe. Desde allí dibujaron Swinburne (A), Medina, Wyngaerde, Bambrilla, Janssonius, Merian (B) y Meunier (C). Otro importante mirador en la historia gráfica de la urbe se localiza en el arrabal de Triana, con el Guadalquivir, el puerto, el puente de barcas y la torre del Oro en primer plano, más el perfil urbano con la Giralda al fondo. Desde allí tomaron vistas Wyngaerde, el anónimo de 1726, Tortolero (D, E), Hoefnagel, Baldi (F) y Meunier (G). Además, las márgenes del río, la torre del Oro, el puente de barcas y Triana con el desaparecido castillo de la Inquisición protagonizaron variadas imágenes de Meunier (H), Wyngaerde, del anónimo hacia 1730-1740 (I) y Tortolero (J). Menos frecuentes fueron los puntos de vista al norte, hacia el arrabal de la Macarena con el hospital de la Sangre, de Baldi (K), De trazos, huellas e improntas. Arquitectura, ideación, representación y difusión 1028 Tortolero y de anónimos a mediados del XVII (L), o el singular encuadre al este, desde el entorno del arrabal de San Bernardo, de Hoefnagel (M). Figura 10. Esquema de localización con puntos de vista y ángulos visuales sobre plano de Galiano, 1839 (Instituto Geográfico Nacional): Fuente: Tomás Díaz Zamudio, 2017 Estos puntos de vista serían retomados por otros dibujantes y fotógrafos que desde el siglo XIX hasta nuestros días han producido incontables imágenes que permiten reconstruir visualmente la evolución de la ciudad y sus perfiles. Como conclusión general debe subrayarse que durante siglos los artistas citados dibujaron Sevilla siempre ligada indisolublemente a su entorno extramuros, como parte esencial de la urbe. Cabe destacar la belleza y el gran interés documental de las vistas analizadas, que ofrecen incontables datos sobre los principales elementos territoriales e hitos arquitectónicos de dicho entorno, aquí identificados por primera vez de forma sistemática. El análisis comparado de las diversas vistas facilita la valoración de sus distintos niveles de precisión o verosimilitud, según la técnica y la particular impronta de cada autor. Finalmente, debe considerarse la gran relevancia de estas imágenes como emblemas del paisaje de Sevilla. Hoy son parte esencial de su identidad y del imaginario colectivo, tras haber gozado de una notable difusión en Europa a lo largo de siglos. Referencias Braun, G. y Hogenberg, F. (eds.) (1572) Civitates Orbis Terrarum. Tomo I. Colonia y Amberes. Braun, G. y Hogenberg, F. 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