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Efectos macroeconómicos de la inmigración: Breve referencia al caso de Andalucía

Arévalo Quijada, María Teresa; Prieto Rodríguez, Manuela; Vallés Ferrer, José

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EFECTOS MACROECONÓMICOS DE LA INMIGRACIÓN: BREVE REFERENCIA AL CASO DE ANDALUCÍA Arévalo Quijada, Mª Teresa (Universidad de Sevilla) [email protected] Prieto Rodríguez, Manuela (Universidad de Sevilla) [email protected] Vallés Ferrer, José (Universidad de Sevilla) [email protected] 1 EFECTOS MACROECONÓMICOS DE LA INMIGRACIÓN: BREVE REFERENCIA AL CASO DE ANDALUCÍA El número de residentes extranjeros en Andalucía durante el periodo (19922002) aumentó en 108.435 personas, es decir, se multiplicó por algo más de tres. Este incremento, especialmente relevante desde 1996 en adelante, nos situó a 1 de enero de 2002, con un 14,17% de la población extranjera residente en España, lo que supone en términos absolutos 157.157 personas, como la tercera comunidad autónoma con mayor número de residentes extranjeros, siendo sólo superada por Madrid (20,86%) y Cataluña (25,26%). En términos relativos, la situación es diferente. Andalucía ocupa una posición intermedia dentro del conjunto de las comunidades autónomas, puesto que la población extranjera residente en ella sólo representa un 2’10 % de su población; cifra que se sitúa por debajo de la media española para ese mismo año (2,65%) y del último dato, referidos al año 2000, que conocemos para la Unión Europea (4,7 %) (véase Dolado, 2002). Las causas que explican este importante incremento del número de residentes extranjeros en Andalucía son diversas. En términos generales, coinciden con las explicaciones dadas por los modelos teóricos, basados en la Teoría del Capital Humano derivada del enfoque de Becker (véase Martín,2003), que intentan explicar los movimientos migratorios desde un punto de vista económico. Según estos modelos, la decisión de emigrar se toma de la misma manera que se decide cualquier otra inversión. En concreto, las personas deciden emigrar cuando el valor presente de las ganancias netas que esperan obtener es positivo. Por tanto, todo lo que aumente esas ganancias netas potencia los movimientos migratorios. En concreto (véase Dolado, 2002), el aumento de las ganancias esperadas en el país de destino, provocadas por un aumento de los salarios reales o una disminución de la tasa de paro, aumentarán la emigración; una mejora de las ganancias esperadas en el país de origen reduce la emigración; y una reducción de los costes (económicos y sociales) de trasladarse de un país a otro, aumenta la propensión a emigrar. En la realidad, de todas las explicaciones posibles sobre el aumento de los flujos migratorios, hay una que destaca por su importancia, habiendo gran consenso en la literatura económica consultada. Nos referimos a la distancia creciente que se viene observando entre la renta per cápita de los países desarrollados y la de los países en vías de desarrollo. Así pues, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que los extranjeros vienen atraídos por nuestros niveles de rentas; vienen a trabajar, lo 2 que también está teniendo un reflejo importante en la evolución de ciertas características (edad, sexo, origen, etc) de las personas que integran este colectivo (véase Jaén, 2003). En el futuro, también existe un amplio consenso, parece que ese diferencial aumentará. Por ello, es lógico pensar que la explosión migratoria no haya hecho más que empezar. Ante esta situación nos planteamos dos preguntas, que intentamos responder en esta comunicación, a saber: determinar los efectos macroeconómicos de esos movimientos migratorios en los países receptores y ver hasta qué punto puede la economía andaluza absorber mano de obra extranjera. La comunicación la hemos estructurado en cuatro epígrafes. En el primero, exponemos los modelos teóricos que hablan sobre los efectos de la mano de obra extranjera en ciertas cuestiones relacionadas con el mercado de trabajo del país receptor, puesto que estamos convencidos que es éste su principal efecto económico (véase Carrasco, 2001). En el segundo, hacemos un breve recorrido por los trabajos empíricos que se dedican a contrastar los modelos teóricos anteriores. En el tercero, hacemos un pequeño ejercicio de simulación sobre las implicaciones de un aumento del número de residentes extranjeros en Andalucía, si además nos proponemos alcanzar los objetivos fijados por el Consejo Europeo de Lisboa 2000, con el fin de determinar la capacidad de absorción de mano de obra extranjera de la economía andaluza. Finalmente, terminamos con un epígrafe dedicado a recoger las conclusiones y reflexiones a las que nos ha llevado la realización de esta comunicación. Por último, antes de concluir esta introducción haremos dos observaciones. La primera se refiere a las fuentes. En este sentido, destacar que los datos utilizados pertenecen a fuentes oficiales o han sido tomados de artículos de autores de reconocido prestigio, lo que se indica detalladamente en cada momento. La segunda cuestión es metodológica. En concreto, se trata de aclarar que cuando hablamos de residentes extranjeros, nos referimos a extranjeros con permiso de residencia en vigor. Es decir, sólo trabajamos con los residentes legales (excluidos los estudiantes y sus familias), tanto de la Unión Europea como del resto del mundo. No tenemos, por tanto, en cuenta a aquellos extranjeros que viven entre nosotros sin permiso de residencia, cuyo número, al parecer, es importante y creciente (véase Jaén, 2003). También nos gustaría indicar, sobre este particular, que en esta comunicación hemos utilizado el término residente extranjero e inmigrante como sinónimos. Sabemos que es del todo incorrecto, puesto que inmigrante es el que se 3 mueve, el que se desplaza de un país a otro, independientemente de su nacionalidad, que es lo que define al extranjero. Sin embargo, lo hacemos así porque entendemos que es precisamente a este grupo de personas, los residentes extranjeros, a los que nos referimos popularmente cuando hablamos de inmigración. 1. MODELOS TEÓRICOS En la literatura económica que hemos manejado para elaborar esta comunicación, hemos encontrado dos modelos distintos que intenta explicar los efectos macroeconómicos de la inmigración (véase González, 2002). El primer modelo defiende la hipótesis del desplazamiento o reemplazo. El segundo, por el contrario, defiende la hipótesis de la segmentación del mercado. A continuación pasamos a describirlos. a. Hipótesis del desplazamiento o reemplazo Este primer modelo es un modelo neoclásico de equilibrio general determinado por la concurrencia de la oferta y la demanda en el mercado de trabajo (véase McConnell, 1997). En el se considera que los flujos de personas son, completamente, comparables a los flujos de mercancías. Lo que quiere decir, que para este modelo los flujos de personas no son más que un mecanismo para conseguir la equiparación de los precios de los factores de producción a nivel mundial. Las hipótesis con las que trabaja este modelo son las siguientes: • En el modelo sólo existen dos mercados de trabajos, cada uno de los cuales es perfectamente competitivo, y está situado en un lugar geográfico distinto • Cada mercado de trabajo contiene un número fijo de trabajadores, y no hay desempleo en ninguno de los dos • Los aspectos no salariales positivos de los puestos de trabajo, así como los atributos geográficos son idénticos en ambas áreas • El capital es inmóvil • Los trabajadores poseen una información perfecta sobre los salarios y las condiciones de trabajo en los dos mercados • La migración de un mercado a otro no tiene costes Pues bien, en una situación como esta, supongamos que los mercados de trabajo de los dos países existente, (L) y (S), son los que están representados en las gráficas 1 y 2, respectivamente. Y supongamos, también, que inicialmente estos mercados se encuentran en equilibrio en los puntos (ELO, SLO) y (ESO, SSO). 4 Empleo País L SL0 SL1 EL0 EL1 D O O’ I A B C F E’L1 Gráfica 1 D O’ O ES1 ES0 SS0 SS1 I Empleo País S Gráfica 2 H J K Salario real 0 Salario real 0 G Salario real Gráfica 3 D O O’ S1 S0 E1 E0 Empleo 0 5 Como hemos supuesto información perfecta y costes de traslado cero, ante esta situación se producirá un flujo de salida de mano de obra desde (S) hacia (L), hasta que los salarios se igualen. Es decir, se producirá un desplazamiento de las curvas de oferta, definiéndose dos nuevos equilibrios (EL1, SL1) y (ES1, SS1), respectivamente. ¿Qué consecuencias se derivan del flujo migratorio descrito? Desde un punto de vista global, básicamente, hay dos consecuencias fácilmente apreciables; a saber: • Se han eliminado o reducido las diferencias salariales • Y se ha producido un aumento de la eficiencia en el “mundo”. Para ver esto en la gráfica, primeros debemos recordar que cada punto de la curvas de demanda de trabajo (D) en el eje de ordenada nos da la productividad marginal, que en un mercado competitivo coincide con el salario percibido (véase Dolado, 2002). De donde se deduce, que las áreas trapezoidales (AOELOB) y (GOESOJ) representan el PIB nacional de estos dos países, antes del proceso migratorio. Si comparamos estas áreas iniciales con las finales, (AOEL1C) y (GOES1H), podremos observar que después del proceso migratorio el país (L) ha visto aumentado su PIB, mientras que el país (S) lo ha visto disminuido. Ahora bien, la ganancia de (L), que nos es más que el área (ELO EL1CB), es mayor que la pérdida de (S), que se corresponde con el área (ES1 ES0JH). Por eso, decimos que con el proceso migratorio el “mundo” gana en eficiencia, lo que significa obtener una mayor producción real total con una determinada cantidad de recursos. Por tanto, en términos globales las consecuencias de los movimientos migratorios parecen positivas, excepto para los trabajadores del país (L) que verán reducidos sus salarios. Así pues, el modelo neoclásico justifica, de esta manera, ciertos prejuicios comúnmente utilizados por aquellos que ven en la llegada de extranjeros un peligro innegable. Ahora bien, el aumento del PIB y la reducción de salarios no son las únicas consecuencias del flujo inmigratorio en la sociedad receptora, que es lo que, realmente, queremos conocer. Por el contrario, existen otros efectos, entre los cuales creemos conveniente destacar los siguientes: • Cambia la distribución de la renta. En concreto, lo que ocurre es que aumentan las rentas del capital, pasando de ser el triángulo (ASLOB) a ser el triángulo (ASL1C). Y, por otra parte, disminuye la participación de las rentas de trabajo nacional en la renta nacional, pasando de ser el área (SLOOELOB) a ser el área (SL1OE´L1F). 6 • Se produce un desplazamiento de trabajadores nacionales. Puesto que, por el salario que determina el punto de equilibrio después de producirse el proceso inmigratorio, (SL1), sólo estaría dispuesto a trabajar (E´L1) trabajadores nacionales. Lo que supone, una pérdida de (ELO - E´L1) puestos de trabajo para los trabajadores nacionales. Este efecto podría ser total en el caso de que la inmigración recibida fuese ilegal y estuviese dispuesta a aceptar salarios impensables para la mano de obra nacional. Esta es la situación que hemos representado en la gráfica 3, donde se puede ver cómo un desplazamiento de la curva de oferta desde O a O´, motivado por la entrada de inmigrantes ilegales, provoca un desplazamiento del punto de equilibrio desde (E0, S0) hasta (E1, S1). El nuevo punto de equilibrio en la ordenada nos muestra un nuevo salario de equilibrio, para el que no se encontrará mano de obra nacional dispuesta a trabajar. En este caso, pues, el trabajador nacional no es que sea desplazado, es expulsado en su totalidad, del mercado de trabajo. A la vista de estos resultados es lógico pensar, que dependiendo de la posición que se ocupe o de lo qué se sea (trabajador o empresario), se tendrá una actitud u otra ante la entrada de inmigrantes (véase McConnell, 1997). En concreto, lo normal será que los empresarios apoyen los flujos de entrada de inmigrantes, que estén de acuerdo y se alegren con ello, puesto que se ven beneficiados. Los trabajadores nacionales, al contrario, se resistirán a estas entradas, puesto que pueden ser desplazados o expulsados del mercado de trabajo, ven disminuidos sus salarios, y ven disminuida su participación en la renta nacional. Así pues, según este modelo, los efectos macroeconómicos de la inmigración provocan, a su vez, una actitud de aceptación o rechazo que divide a la población, y que hace necesario o justifica la necesidad de regular los flujos de entrada de inmigrantes. No obstante, con estas afirmaciones tendremos que tener cuidado, pues los resultados dependen mucho de las hipótesis con las que trabaja el modelo. A continuación, intentando aproximar el modelo a la realidad, veremos lo que ocurre en los dos casos siguientes: • existen rigideces institucionales que no permiten el ajuste total de los salarios En definitiva, de lo que estamos hablando es que exista un salario mínimo. En este caso (véase gráfica nº 4), la entrada de inmigrantes provoca, los siguientes efectos: a) un desplazamiento de los salarios desde S0 hasta Smin. b) una disminución en el nivel de empleo de los trabajadores nacionales, en la cuantía (E0 - Emin). c) un aumento de la contratación de trabajadores extranjeros, en la cuantía (E1 - Emin). d) y, 7 Salario real S0 E2 E0 D O0 O1 Emin Smin E1 Salario real D D1 SL0 SL1 A Gráfica 5 EL0 Empleo País L 0 B Salario real SS0 SS! D D1 ES0 Empleo País S Gráfica 6 0 8 por último, un aumento del desempleo de los trabajadores extranjeros, puesto que para ese salario mínimo existen trabajadores extranjeros que estaría dispuestos a trabajar pero que no lo consiguen. En concreto, en esta situación se encontrarían (E2 - E1) trabajadores no nacionales. En definitiva, la existencia de un salario mínimo amortigua los efectos negativos de la inmigración sobre los salarios y el nivel de empleo de los trabajadores nacionales. Y, hace aumentar el desempleo de los trabajadores no nacionales, de donde se deduce un aumento del desempleo global. • Existe movilidad de capital En este caso, no es que el los resultados del modelo cambien, sino que ante la diferencia salarial de dos mercados de trabajo situados geográficamente en distintos sitios, puede que no se llegue a producir, ni siquiera, un flujo migratorio. Supongamos (véanse gráficas nº 5 y 6) que inicialmente estos mercados están en equilibrio en los puntos A y B, respectivamente. En una situación como esta, si no fuese posible la movilidad del capital, se produciría un flujo migratorio de (S) hacia (L), hasta que se igualarán los salarios. Sin embargo, cuando el capital es móvil, ésto no tiene porqué ser así. Los empresarios del país (L) pueden encontrar muy beneficioso trabajar con los salarios de (S), pudiendo darse el caso de que entiendan rentable abandonar las instalaciones que tengan en (L) para construir nuevas instalaciones productivas en el país (S). El aumento de capital en (S), lo normal, es que lleve a un aumento del producto marginal y del valor del producto marginal del trabajo. Lo que significará que la curva de demanda de trabajo, en (S), se desplace desde D hasta D1. Todo lo contrario sucederá en (L), donde la curva de demanda de trabajo se desplaza desde D hasta D 1. Las dos nuevas curvas de demanda definen dos nuevos puntos de equilibrio, que tienen en común la ordenada (SL1). Lo que significa, que se ha conseguido igualar los salarios sin que existan movimientos migratorios. Esta información es muy importante, pues nos indica una nueva posibilidad en la lucha contra determinados flujos inmigratorios. En definitiva, nos dice que es posible contener estos flujos con una política de inversión adecuada en los países de orígenes. Visto todo lo anterior, debemos de tener claro que hay que ser prudentes con lo que afirmamos apoyados en el modelo neoclásico. Pues, este tipo de modelo nos da una vaga idea de lo que puede ocurrir en la realidad. Sin embargo, lo que realmente ocurre dependerá mucho de las características específicas de la sociedad receptora 15 detrás de los movimientos migratorios actuales: las diferencias de rentas entre los países receptores y emisores. Europa, España y Andalucía en particular, por su situación geoestratégica, deben apostar por la Cooperación y el desarrollo de los países de origen. No podemos, ni moral ni ética ni económica ni humanamente, olvidar esta alternativa. BIBLIOGRAFÍA Aparicio, R. y Tornos, A. (2000): “La Inmigración y la Economía Española”. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Madrid. Burgenmeier, B. (1992) “Main d’oeuvre étranger. 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