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A vueltas con la ética escéptica: reflexiones desde la racionalidad escéptica

Bermúdez Vázquez, Manuel

Abstract

Como sabemos, la filosofía moral también es conocida como filosofía práctica, de modo que hace referencia a cómo hay que actuar frente a los desafíos de la vida. Sin embargo, el escepticismo duda de la posibilidad de tener algún conocimiento válido y, frecuentemente, ha sido acusado de apraxia por sus más acérrimos enemigos (estoicos y neoplatónicos principalmente). Así, si las acusaciones de los rivales fueran verdaderas, el escepticismo no podría proponer filosofía práctica alguna, de modo que la expresión “ética escéptica” podría ser considerada una contradictio in terminis. Nada más lejos de la realidad. Sexto Empírico tiene un texto en sus Hipotiposis pirrónicas en el que propone cuatro criterios diferentes para que el escéptico pueda actuar en la vida sin riesgo a ser acusado de contradictorio. En las presentes páginas nos proponemos, sin temores ni ambages, analizar tanto los desafíos que supone plantear la posibilidad de una ética escéptica, como contrastar esta con el escepticismo moral que sería una propuesta filosófica de otro cariz. Por último, trataremos de mostrar que no es una posibilidad tan remota ni tan descabellada el pergeño básico de una ética escéptica que funcionara a modo de criterio escéptico de acción.

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9292 Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 92-106 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.05 A vueltas con la ética escéptica: reflexiones desde la racionalidad escéptica. On the topic of skeptical ethics: reflections from skeptical rationality Manuel Bermúdez Vázquez 1 Universidad de Córdoba, España Recibido 27 marzo 2023 ∙ Aceptado 28 julio 2023 1 manuel.bermude[email protected]s Abstract As we know, moral philosophy is also known as practical philosophy, so it refers to how to act in the face of life's challenges. However, skepticism doubts the possibility of having valid knowledge and has often been accused of apraxia by its most ardent enemies (mainly Stoics and Neoplatonists). Thus, if the accusations of the rivals were true, skepticism could not propose any practical philosophy, so the expression "skeptical ethics" could be considered a contradictio in terminis. Nothing is further from the truth. Sextus Empiricus has a text in his Outlines of Pyrrhonism in which he proposes four different criteria for the skeptic to act in life without risk of being accused of contradictory. In these pages we propose, without fear or hesitation, to analyze both the challenges of posing the possibility of a skeptical ethics, as well as to contrast this with the moral skepticism which would be a philosophical proposal of another kind. Finally, we Resumen Como sabemos, la filosofía moral también es conocida como filosofía práctica, de modo que hace referencia a cómo hay que actuar frente a los desafíos de la vida. Sin embargo, el escepticismo duda de la posibilidad de tener algún conocimiento válido y, frecuentemente, ha sido acusado de apraxia por sus más acérrimos enemigos (estoicos y neoplatónicos principalmente). Así, si las acusaciones de los rivales fueran verdaderas, el escepticismo no podría proponer filosofía práctica alguna, de modo que la expresión “ética escéptica” podría ser considerada una contradictio in terminis. Nada más lejos de la realidad. Sexto Empírico tiene un texto en sus Hipotiposis pirrónicas en el que propone cuatro criterios diferentes para que el escéptico pueda actuar en la vida sin riesgo a ser acusado de contradictorio. En las presentes páginas nos proponemos, sin temores ni ambages, analizar tanto los desafíos que supone plantear la MONOGRÁFICO_ CONCEPTO Y PRAXIS: ESCEPTICISMO Y ARTE 93 MANUEL BERMÚDEZ VÁZQUEZ A VUELTAS CON LA ÉTICA ESCÉPTICA: REFLEXIONES DESDE LA RACIONALIDAD ESCÉPTICA 93 Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 92-106 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.05 1 · Introducción Este escepticismo se manifiesta hoy en la vida, haciéndose valer como esta negatividad general. El escepticismo antiguo no duda, sino que está cierto de la inexistencia de la verdad, siendo indiferente tanto ante lo uno como ante lo otro; no vaga extraviado de aquí para allá con pensamientos que dejan abierta la posibilidad de que sean falsos, sino que prueban con toda certeza la falta de verdad en todo. Hegel, Lecciones sobre la historia de la filosofía. (Hegel 424-425) En el mito de Prometeo, tal y como lo explica Platón en su Protágoras, Zeus acaba entregando a los hombres la justicia y la vergüenza o el pudor para que puedan construir sus sociedades. Zeus, entonces, temió que sucumbiera toda nuestra raza, y envió a Hermes que trajera a los hombres el sentido moral y la justicia, para que hubiera orden en las ciudades y ligaduras acordes de amistad. Le preguntó, entonces, Hermes a Zeus de qué modo daría el sentido moral y la justicia a los hombres: «¿Las reparto como están repartidos los conocimientos? Están repartidos así: uno solo que domine la medicina vale para muchos particulares, y lo mismo los otros profesionales. ¿También ahora la justicia y posibilidad de una ética escéptica, como contrastar esta con el escepticismo moral que sería una propuesta filosófica de otro cariz. Por último, trataremos de mostrar que no es una posibilidad tan remota ni tan descabellada el pergeño básico de una ética escéptica que funcionara a modo de criterio escéptico de acción. Palabras clave: Escepticismo; Ética; Epistemología; Filosofía moral. will try to show that the basic outline of a skeptical ethics that would work as a skeptical criterion of action is not so remote or so outlandish. Keywords: Skepticism; Ethics; Epistemology; Moral philosophy. 94 MANUEL BERMÚDEZ VÁZQUEZ A VUELTAS CON LA ÉTICA ESCÉPTICA: REFLEXIONES DESDE LA RACIONALIDAD ESCÉPTICA 94 Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 92-106 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.05 el sentido moral los infundiré así a los humanos, o los reparto a todos?». «A todos, dijo Zeus, y que todos sean partícipes. Pues no habría ciudades, si solo algunos de ellos participaran, como de los otros conocimientos. Además, impón una ley de mi parte: que al incapaz de participar del honor y la justicia lo eliminen como a una enfermedad de la ciudad». (Platón, 1985: 526-527). Vemos así que se trata de dos conceptos de enorme envergadura, dike (justicia) y aidós (vergüenza o pudor, en el texto también traducido como “sentido moral”). Este segundo concepto, la vergüenza o el pudor, se trata de un tipo de vergüenza que se experimenta no solo ante los demás, sino también ante la propia conciencia, o sea, ante uno mismo (Mondolfo, 1955, 538). Así, este concepto griego, aidós, es posible que tenga alguna relación con la estética, ya que ambos se relacionan con la idea de lo que es considerado aceptable o inaceptable en términos de apariencia y comportamiento. El pudor puede influir en las decisiones sobre cómo vestirse o presentarse, mientras que la estética se refiere más específicamente a cómo se percibe la belleza y la forma en una sociedad. Sin embargo, estos dos conceptos, emanados de la misma palabra griega, no son lo mismo y pueden tener diferentes grados de importancia en diferentes culturas y contextos. Sin embargo, para el propósito que nos hemos planteado, nos sirven. Existe una relación, tal vez tangencial, tal vez más profunda, entre la belleza de un acto y su aceptación social, de ahí que nos detengamos a analizar, otra vez y desde otra perspectiva, si el concepto de “ética escéptica” es válido o si hace caer en contradicción al escéptico. Y decimos que hemos de detenernos otra vez en este tema porque ya presentamos una propuesta de ética escéptica en un capítulo del libro homenaje al profesor José Luis Cantón (Bermúdez 2020), sin embargo, la propuesta pareció encontrar con un obstáculo sólido: las propuestas escépticas son fundamentalmente individuales, el escéptico lo es para sí mismo, mientras que una ética que pretenda ser funcional mínimamente debe tener una aspiración si no universal, sí mucho más abarcadora que la perspectiva del individuo. Tal vez uno de los interrogantes iniciales que quizá se presente a quien esto lee sea cómo el escepticismo, la antigua corriente de la duda, se puede convertir en el fundamento de una ética escéptica. Lo más llamativo es que 95 MANUEL BERMÚDEZ VÁZQUEZ A VUELTAS CON LA ÉTICA ESCÉPTICA: REFLEXIONES DESDE LA RACIONALIDAD ESCÉPTICA 95 Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 92-106 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.05 nosotros mismos estamos intentando verificar si hay los elementos básicos para esbozar lo que denominamos ética escéptica con sus características esenciales y una prueba clara es el tanteo académico al que estamos sometiendo la idea a través de diversos textos. Desde nuestra perspectiva, lo mejor para lograr algún éxito sería señalar algunos principios básicos que sean indispensables para una ética fundada en el escepticismo y que se puedan dar filosóficamente. En primer lugar, como ya dijimos (Bermúdez 2020), cualquier aproximación ética, si debe ser filosófica, requiere un principio del cual extraer las directrices apropiadas (Muguerza 345-367). Si no hay un principio similar, lo que denominamos ética escéptica no sería más que una sucesión al azar de preceptos morales que sorteen las dudas escépticas. Este resulta el quid de la cuestión, porque el escepticismo es un viejo experto en demoler criterios y argumentos. ¿Cuál puede ser ese factor que valga como principio ético tanto como criterio susceptible de superar los tropos escépticos? La respuesta, en este caso, no puede ser otra que el propio escepticismo. Solo el escepticismo mismo puede ser la base de una ética escéptica, ya que es el único principio en el cual una ética como la que estamos examinando puede fundamentarse. Así, creemos que es posible tener una ética escéptica. Esta ética se basaría en la duda, la introspección, la mirada detenida y el cuestionamiento. El objetivo sería buscar la verdad y la comprensión de la realidad de la mejor manera posible para poder establecer un criterio mínimo de comportamien- to. Esto requeriría una evaluación cuidadosa de todas las opiniones, ideas y creencias en lugar de aceptarlas sin cuestionamiento. Esta ética podría llevar a una mayor comprensión y aproximación a la verdad. Una ética del escepticismo estaría centrada en la búsqueda de la verdad y la comprensión de la realidad con los instrumentos que tiene la razón humana. Esto implicaría examinar todos los argumentos y opiniones de manera crítica, con el objetivo de descubrir la verdad. Se requeriría una sólida evaluación de la evidencia y los argumentos, así como una profunda reflexión sobre los mismos. El escepticismo también se relaciona con la aceptación de la incertidumbre, la ausencia de certeza y la tolerancia a la diversidad de opiniones. Finalmente, una ética del escepticismo promueve la búsqueda de la verdad y la comprensión de la realidad a través de la duda, que es lo que ha venido haciendo el 96 MANUEL BERMÚDEZ VÁZQUEZ A VUELTAS CON LA ÉTICA ESCÉPTICA: REFLEXIONES DESDE LA RACIONALIDAD ESCÉPTICA 96 Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 92-106 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.05 escepticismo los últimos veintiséis siglos de historia de la filosofía (Popkin, 2004; Bermúdez 2006). Presentada de este modo nuestra causa, proponemos la siguiente afirmación: tal vez la única ética filosófica posible hoy día es una ética que nace del espíritu del escepticismo. Esta aseveración, que puede parecer a priori contraria al propio espíritu escéptico, es, por una parte, necesaria si queremos dar el primer paso hacia una ética escéptica y no es, por otra parte, ninguna afirmación dogmática, pues hemos empleado en ella el viejo recurso del escepticismo griego de agregar el famoso hos emoi fainetai ( ώς έμοι φαίνεται ) de Sexto Empírico, “según a mí me parece” (Bermúdez 48). Ahora bien, nos queda por demostrar si somos capaces de establecer una ética de este tipo. Es decir, que, por el momento, lo único que se puede afirmar con cierta nitidez es que el concepto de una ética escéptica sigue siendo un constructo filosófico paradójico. No obstante, queda claro que el escepticismo como principio ético no puede pretender ser completamente vinculante, lo cual puede parecer que reduce su capacidad para convertirse en un discurso ético de primer nivel. La razón por la que el escepticismo, como corriente filosófica, ha sobrevivido durante tanto tiempo a lo largo de la historia de la filosofía, sin convertirse en un movimiento hegemónico, es porque, incluso en periodos considerados dogmáticos y teocéntricos como la Edad Media, ha sido una corriente de bajo nivel (Granada 2000; Bermúdez 2006; Popkin 2004). Como dijo Marcelo Gigante, el escepticismo sigue “vivito y coleando” y, como actitud mental, es “perenne como el humanismo” (Gigante 222). Pues es precisamente esa actitud mental escéptica la que aproxima la posibilidad de una ética escéptica que tendría, además, una postura ética y estéticamente aceptable. 2 · Escepticismo moral Conviene aclarar, como parte de una obvia metodología filosófica tan vieja como Sócrates, que una cosa será la propuesta ética que planteamos aquí y otra cosa bien distinta es el escepticismo moral. El escepticismo moral es una teoría metaética que sostiene que nadie tiene ningún conocimiento moral (la metaética se enfoca en examinar el origen y la definición de los conceptos éticos, además de considerar cuestiones metafísicas relacionadas con 97 MANUEL BERMÚDEZ VÁZQUEZ A VUELTAS CON LA ÉTICA ESCÉPTICA: REFLEXIONES DESDE LA RACIONALIDAD ESCÉPTICA 97 Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 92-106 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.05 la moralidad, como la existencia independiente de los valores morales y si estos son relativos, convencionales o absolutos). Muchos escépticos morales también hacen la afirmación modal más fuerte de que el conocimiento moral es imposible. El escepticismo moral se opone particularmente al realismo moral: la opinión de que hay verdades morales objetivas y que se pueden conocer. Entre los defensores del escepticismo moral se podría incluir, tal vez, a Pirrón, Enesidemo, Sexto Empírico, David Hume y Friedrich Nietzsche (Gascoigne 2014). Existen tres subclases del escepticismo moral: la teoría del error moral, el escepticismo moral epistemológico y el escepticismo moral no cognitivista. Estas teorías comparten dos conclusiones: nunca estamos justificados al creer que las afirmaciones morales son verdaderas, y nunca sabemos que cualquier afirmación moral es verdadera. La teoría del error moral sostiene que no sabemos que cualquier afirmación moral es verdadera porque todas las afirmaciones morales son falsas, y, por lo tanto, no tenemos justificación para creer ninguna afirmación moral. El escepticismo moral epistemológico es una subclase que reconoce que no tenemos justificación para creer cualquier afirmación moral y se muestra agnóstico sobre si todas las afirmaciones morales son falsas. El escepticismo moral pirrónico niega que es irracional para nosotros creer que cualquier afirmación moral es verdadera o falsa (Román 1996), mientras que el escepticismo moral dogmático afirma que todas las afirmaciones morales son falsas. Finalmente, el no cognitivismo sostiene que nunca podemos saber que cualquier afirmación moral es verdadera porque las afirmaciones morales son incapaces de ser verdaderas o falsas y en su lugar son expresiones de emoción. La teoría del error moral se caracteriza por respaldar dos proposiciones: (i) que ninguna afirmación moral es verdadera y (ii) que hay motivos para creer que la afirmación moral no es verdadera (Mackie 2000, 15). El defensor más destacado de esta teoría fue John Mackie. Se le atribuyen dos argumentos: el primero, llamado el argumento de la inquietud, sostiene que las afirmaciones morales suponen un internalismo motivador (lo cual es falso), por lo que todas las afirmaciones morales también lo son. El segundo, llamado el argumento del desacuerdo, sostiene que cualquier reclamación moral implica un «reclamo de razones» (por ejemplo, «matar bebés está mal»), lo que significa que todos tienen razones para no matar bebés. Sin 98 MANUEL BERMÚDEZ VÁZQUEZ A VUELTAS CON LA ÉTICA ESCÉPTICA: REFLEXIONES DESDE LA RACIONALIDAD ESCÉPTICA 98 Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 92-106 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.05 embargo, esto no se aplicaría en el caso de un psicópata que disfrutaría matando bebés, lo que significa que todas las afirmaciones morales son falsas (Mackie 105-110). En filosofía moral, el término «internalismo motivador» se refiere a una posición que sostiene que las razones morales para actuar están intrínsecamente relacionadas con las motivaciones internas de una persona. En otras palabras, según el internalismo motivador, para que una afirmación moral sea válida o tenga sentido, debe estar vinculada a las motivaciones o actitudes internas del individuo que está haciendo la afirmación. En el contexto de la teoría del error moral de John Mackie, se afirma que una de las proposiciones respaldadas por esta teoría es que las afirmaciones morales no son verdaderas. Para apoyar esta idea, Mackie argumenta que las afirmaciones morales presuponen un internalismo motivador, es decir, implican que existe una conexión necesaria entre lo que es moralmente correcto y las motivaciones internas de las personas para actuar de manera moral. Sin embargo, según Mackie, esto es falso. Él considera que no existe una conexión necesaria entre los hechos morales y las motivaciones internas, lo que significa que las afirmaciones morales no pueden ser verdaderas en el mismo sentido que las afirmaciones sobre hechos objetivos del mundo externo. El escepticismo moral epistemológico sostiene que no está justificado creer ninguna proposición moral. A diferencia de la teoría del error moral, esta postura no sostiene que todas las afirmaciones morales son falsas. Michael Ruse, por ejemplo, argumentaba que hemos evolucionado para creer proposiciones morales porque dicha creencia mejora nuestra aptitud genética (Ruse 1987). Sin embargo, nuestra creencia en estas proposiciones mejoraría nuestra aptitud incluso si todas fueran falsas, lo que significa que nuestras creencias morales no responden a la evidencia y son análogas a las creencias de un paranoico. Por lo tanto, no se justifica la creencia en proposiciones morales y habría razones para desechar nuestras creencias morales. A esta posición de Ruse, Richard Joyce la llamará un «argumento evolutivo» para la conclusión de que no se justifica ninguna proposición moral (Joyce 2008). La conclusión de que no se justifica la creencia en ninguna proposición moral es una postura escéptica, pero contraria a la propuesta que presentamos aquí. Esto significa que, para este escepticismo moral, no tenemos una 99 MANUEL BERMÚDEZ VÁZQUEZ A VUELTAS CON LA ÉTICA ESCÉPTICA: REFLEXIONES DESDE LA RACIONALIDAD ESCÉPTICA 99 Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 92-106 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.05 buena razón para creer en ninguna proposición moral. Pero esto no significa que todas las afirmaciones morales sean falsas. De hecho, esta postura no sostiene nada sobre la verdad o falsedad de las afirmaciones morales. En cambio, se enfoca en la justificación de nuestras creencias morales. En resumen, aunque las teorías del error moral y el escepticismo moral epistemológico sostienen que nuestras creencias morales son injustificadas, lo hacen desde perspectivas diferentes. Mientras que la teoría del error moral se basa en la premisa de que todas las afirmaciones morales son falsas, el escepticismo moral epistemológico aplica argumentos evolutivos para demostrar que nuestras creencias morales no están justificadas. Aunque estos argumentos tienen implicaciones diferentes, ambos plantean un desafío importante para la ética, lo que significa que debemos tener cuidado al considerar nuestras propias creencias morales y ser críticos en nuestra evaluación de las creencias de los demás. Ahora bien, presentada esta enorme objeción a nuestro punto de partida, el objeto de los párrafos anteriores es el de explicar de una forma meridianamente clara que esta podría ser la postura más previsible de un escéptico sobre las cuestiones moral. Sin embargo, lo que venimos a sostener es que se puede partir de postulados escépticos para arribar a una ética escéptica intelectualmente bien cimentada y que podría aportar numerosas bondades al panorama social actual, gravemente amenazado por el auge del dogmatismo de la mentira y los discursos posverdaderos, a través de los cuales una parte no desdeñable de la ciudadanía está dispuesta a creer acríticamente (lo opuesto a la actitud escéptica) mentiras burdas. 3 · Una ética escéptica Una ética escéptica debe partir de una epistemología escéptica que, explicado en sentido lato, supone la negación del conocimiento indubitable y cier- to (Popkin, 2004; Annas, 1985; Gascoigne, 2014). A priori se podría pensar que, si según el escepticismo es imposible conocer la verdad, tampoco sería posible determinar si una conducta concreta es buena o es mala. En el contexto de una ética escéptica, la idea de que lo bueno y lo verdadero deben ir de la mano se refiere a la estrecha relación entre la verdad y la moralidad. En otras palabras, en una ética escéptica, si una afirmación moral es consi- 100 MANUEL BERMÚDEZ VÁZQUEZ A VUELTAS CON LA ÉTICA ESCÉPTICA: REFLEXIONES DESDE LA RACIONALIDAD ESCÉPTICA 100 Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 92-106 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.05 derada como «buena» o «correcta», también se espera que sea verdadera, y viceversa, si una afirmación moral es falsa, entonces se consideraría que no es «buena» o «correcta». En este sentido, si una ética escéptica acepta que no hay una verdad moral objetiva o una base sólida para determinar lo que es moralmente bueno o malo, entonces las afirmaciones morales solo pueden ser válidas en relación con ciertos contextos o puntos de vista subjetivos. Por lo tanto, si algo es considerado «bueno» en un contexto particular, sería verdadero desde esa perspectiva limitada, pero no necesariamente sería válido o verdadero en todas las circunstancias o desde todas las perspectivas posibles. Así, construir una ética escéptica puede parecer difícil, ya que el escepticismo busca cuestionar la validez de cualquier afirmación o prescripción. Sin embargo, podemos avanzar si examinamos cómo se aplica el escepticismo en la realidad concreta, considerando al escéptico como un modelo de escepticismo en acción. El escéptico vive en un mundo determinado y se ve obligado a tomar decisiones en situaciones específicas y es aquí donde aplica sus principios escépticos. Para establecer una ética escéptica, es importante preguntar al escéptico concreto sobre la posibilidad de una ética filosófica, y tomar en cuenta los principios que guían su existencia y comportamiento en el mundo. De hecho, Sexto Empírico señaló cuatro criterios que el escéptico puede seguir para vivir sin caer en la apraxia, tales como: 1) aceptar la guía natural, aquello que se nos aparece (esto vinculado al fenómeno de la representación mental); 2) seguir la costumbre o la tradición; 3) aceptar también el apremio de las pasiones, pues estas no pueden ser abandonadas ya que nos acompañan dada la propia naturaleza de nuestro cuerpo; 4) y por último, aprender un oficio, el conocido didaskalion techné (Sexto Empírico 60). Algunos han planteado que el escepticismo puede ser usado tanto para desafiar sistemas de verdades universales como para estimular una fe y una ética conservadora (esta será la postura del fideísmo). El Renacimiento es un claro ejemplo de esta paradoja, pues la crítica de la razón humana fue simultánea a la interpretación de la duda como la base de una ética. Esta ambigüedad plantea una pregunta: ¿Cómo puede el escepticismo alimentar una ética, si su misma naturaleza parece impedirlo? Esta incógnita puede resolverse si se considera que los principios en que se fundamenta el escepticismo son los mismos que deberían ser la base de una ética a la altura de los tiempos. Por