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La construcción de la identidad y de los roles de género en mujeres maltratadas : un estudio a través de la técnica de rejilla

García Martínez, Jesús; Orellana Ramírez, Mª del Carmen; Guerrero Gómez, Rafael

Abstract

Se presenta un estudio cualitativo acerca de la construcción que mujeres maltratadas que viven en zonas rurales (N=23) tienen acerca de sí mismas, los varones y las mujeres. El estudio se realizó utilizando la técnica de rejilla y se analizan la construcción de siete elementos de la misma (yo ahora, yo antes del maltrato, mujer feliz, mujer infeliz, varón que maltrata, varón que trata bien y pareja). Los contenidos de la construcción se ponen en relación con la intensidad de síntomas experimentados por la mujer durante el proceso de terapia (Índice General de Síntomas de la escala SCL-90- R) y la presencia-ausencia de dilemas cognitivos en la rejilla. La construcción de la identidad y las características atribuidas a mujeres y varones concuerdan en parte con los modelos tradicionales de género, pero se ven también influidas por algunos indicadores de la rejilla, como la presencia de dilemas y la polaridad de los elementos.

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La construcción de la identidad y de los roles de género en mujeres maltratadas: un estudio a través de la técnica de rejilla Jesús Garcia-Martínez Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos. Universidad de Sevilla. [email protected] Mª Carmen Orellana-Ramírez Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos. Universidad de Sevilla. [email protected] Rafael Guerrero-Gómez Centro de Orientación y Psicología Cerro del Águila (COPSICA, Sevilla) [email protected] Resumen: Se presenta un estudio cualitativo acerca de la construcción que mujeres maltratadas que viven en zonas rurales (N=23) tienen acerca de sí mismas, los varones y las mujeres. El estudio se realizó utilizando la técnica de rejilla y se analizan la construcción de siete elementos de la misma (yo ahora, yo antes del maltrato, mujer feliz, mujer infeliz, varón que maltrata, varón que trata bien y pareja). Los contenidos de la construcción se ponen en relación con la intensidad de síntomas experimentados por la mujer durante el proceso de terapia (Índice General de Síntomas de la escala SCL-90- R) y la presencia-ausencia de dilemas cognitivos en la rejilla. La construcción de la identidad y las características atribuidas a mujeres y varones concuerdan en parte con los modelos tradicionales de género, pero se ven también influidas por algunos indicadores de la rejilla, como la presencia de dilemas y la polaridad de los elementos. 1. Introducción. Uno de los grandes problemas de la terapia con mujeres maltratadas por sus parejas es la reorganización de su visión del mundo y de sí mismas. Habitualmente la mujer sometida a maltrato presenta en el inicio de su tratamiento una visión de sí misma mermada y deficitaria (Matud, Padilla y Gutiérrez, 2005). Es cierto que no todas las mujeres presentan esos mismos perfiles, pero el perfil de autoinculpación y de baja autoestima suele ser el mayoritario (Echeburúa y de Corral, 1998; Garcia-Martínez, 2006). Se han intentado dar varias explicaciones de este fenómeno, algunas son de tipo clínico y consideran que verse sometida a una situación de victimización continua es el factor básico que genera este fenómeno (Echeburúa y de Corral, 1998). Es cierto que en el caso de mujeres maltratadas, la literatura sobre análisis de significado indica que elementos como la vergüenza y la culpa están presentes en su manera de vivir la situación de maltrato (Baker, 2006) y que se perciben como personas que sufren y no 297 tienen control de la situación (Leisenring, 2006), perspectivas que son coherentes con la situación que atraviesan Pero en general, todas las aproximaciones, la clínica incluida, están incorporando una perspectiva de género que entiende el maltrato como la expresión máxima de un continuo de violencias y microviolencias sociales que se ejercen contra la mujer (Bonino, 1995). El modelo de género considera, además, que la construcción de roles sociales sobre las diferencias sexuales ha ido desarrollándose a lo largo de la historia y ha contribuido a consolidar un status quo acerca de la identidad que varones y mujeres deben mantener (Osborne, 2009, Puleo, 2005). Estos supuestos generan una serie de imperativos sociales (Brannon, 1976) que para el varón que se pueden resumir en no ser mujer, ser duro, ser fuerte y ser agresivo. Para la mujer, el modelo prescrito implica la belleza, el cuidado o ayuda a los demás, la necesidad de completitud en otro individuo y la maternidad (Rebollo, 2009). Estos mandatos terminan constituyendo una parte importante de la identidad individual de varones y mujeres, ya que prescriben como se debe ser. El varón es visto como duro, frío, intelectual, fuerte, organizado y dominante y la mujer como suave, sentimental, intuitiva, frágil, impulsiva y sumisa. Es decir, los conceptos de género son antónimos semánticos. Ahora bien, cuando se trabaja con una perspectiva terapéutica es necesario poner en común los mandatos de género con la historia individual de la mujer. Es decir, hay que conocer la interfaz en la que las narrativas culturales se transforman en narrativas individuales. Quizá uno de los modelos más útiles para analizar las perspectivas individuales de significado teniendo en cuenta el origen social de éstas es el modelo de los constructos personales (Kelly, 1955). Este modelo hace énfasis en la perspectiva popular de la construcción de significado y de la asunción de la identidad (Butler, 2009): lo importante es la perspectiva del cliente (en este caso, de la mujer), ya que es su propia perspectiva la que da sentido al mundo. Obviamente, dicha perspectiva estará claramente imbuida por el marco narrativo general que proporciona el modelo dominante patriarcal, pero cada mujer introducirá sus propios matices, que será necesario tener en cuenta en la intervención. El marco de los constructos personales se ha aplicado a la intervención con diferentes tipos de violencias sociales como el abuso infantil (Alexander, Neimeyer, Follette, Moore y Harter, 1989) o la terapia de maltratadores (Horley y Johnson, 2008), pero se han desarrollado relativamente pocos estudios con mujeres maltratadas desde esta perspectiva (Camps, Calle y Feixas, 2000; Guerrero-Gómez y Garcia-Martínez, 2008; Guerrero-Gómez, Garcia-Martínez y Orellana-Ramírez, 2009). Una primera aproximación para conocer la perspectiva de las mujeres es analizar los contenidos de su construcción del maltrato y de los roles sociales asociados a éste. De esta forma, el análisis de contenido es la estrategia de investigación que se puede utilizar en primera instancia para conocer dicha construcción. Esta estrategia se ha usado con anterioridad en el estudio de otras violencias sociales (Harter, Erber y Hart, 2004), pero es necesario hacer más énfasis en el análisis de la construcción de los roles de género para comprobar cómo las narrativas sociales se incorporan a los formatos de construcción individual. El estudio que se presenta intenta ofrecer una visión preliminar de la construcción de los roles de género usando como herramienta fundamental una de las técnicas más 298 utilizadas en el trabajo con constructos personales, la técnica de la rejilla (Kelly, 1955; Feixas y Cornejo, 1996). Se trata de una entrevista en la que las preguntas (denominadas elementos) son aspectos de la identidad de la persona entrevistada o personas relevantes en la vida de esta. Las respuestas (denominadas constructos) son contrastes bipolares (por ejemplo: educada-ordinaria) que la persona entrevistada genera comparando entre sí dos o tres de los elementos, en dicha comparación la persona entrevistada tiene que decir en que característica se asemejan los dos elementos que compara y qué es, desde su punto de vista, lo contrario de esa semejanza. Otro tipo de comparación usual es que se indique en qué característica se diferencian los elementos a comparar. Las bipolaridades que se explicitan (los constructos) son los componentes del significado que la persona atribuye a la situación que se pretende analizar (en nuestro caso, los roles de género y el maltrato). No tienen por qué ser contraposiciones lógicas o semánticas, basta que sean incompatibles desde el punto de vista personal. Posteriormente todos los constructos son puntuados para todos los elementos, usando una escala likert impar (habitualmente de 7 puntos). El valor central (4) indica la imposibilidad de determinar si el elemento se acopla a uno u otro polo del constructo. Los valores 1 a 3 indican que el elemento es muy, bastante o un poco parecido al polo izquierdo del constructo (en nuestro ejemplo, es una persona muy educada, bastante educada, o sólo un poco educada), pero excluyendo que sea ordinaria. Los valores 5 a 7 indican que el elemento es un poco, bastante o muy parecido al polo derecho del constructo (en el ejemplo, es un poco ordinaria, bastante ordinaria o muy ordinaria), pero excluyendo que sea educada. En los estudios realizados con rejillas, se está introduciendo cada vez más la variable dilema implicativo. Estos dilemas son contradicciones internas del sistema entre dos constructos determinados que determinan la imposibilidad de tomar una decisión única y coherente (Feixas y Saul, 2004). Operativamente el dilema se establece estudiando las discrepancias entre los polos de dos constructos usados para definir al elemento yo actual (como la persona se ve en el momento de la evaluación) y el yo ideal (como le gustaría ser). Un constructo es congruente, es decir, la persona sitúa tanto en su yo como en su yo ideal el mismo polo del constructo. El otro constructo es discrepante, la persona sitúa en su yo el polo indeseable del constructo y en su yo ideal el deseable. En los estudios de carácter exploratorio el nivel crítico de correlación entre constructos congruentes y discrepantes es r=.20. A partir de ese nivel se considera que hay un dilema. Un ejemplo sería el siguiente: una mujer considera que es una persona dedicada y le gusta serlo (constructo congruente), de manera que dedicada define tanto al elemento yo como al yo ideal. El polo opuesto a dedicada es desprendida. Por otro lado, hay un constructo discrepante, la mujer se ve a sí misma (elemento yo) como pasiva y le gustaría ser capaz (yo ideal). Esos constructos tienen una correlación superior al punto crítico, de manera que si esta mujer logrará ser capaz (es decir transformar ese constructo en congruente), tendría que pasar a ser también una persona desprendida (y hacer ahora este constructo discrepante), de modo que no puede realizar el primer cambio sin realizar también el segundo. En esto consiste su dilema, tome la decisión que tomé, habrá un componente de disconformidad. Se ha comprobado que la presencia de dilemas es mayor en la población con problemas psicológicos que en la población normal (Feixas, Saúl y Ávila, 2009; Feixas, Saúl, Winter y Watson, 2008). En el caso de mujeres maltratadas, si bien no hay datos definitivos, la proporción de dilemas se sitúa en torno al 58% (Garcia-Martínez, Cano- García, Rodríguez-Franco, Buero-Gallego, Alcocer-Gómez y Guerrero-Gómez, 2009). 299 En cualquier caso, el trabajo con dilemas en las poblaciones victimizadas es interesante, ya que las víctimas, en muchos casos, suelen partir de una visión del mundo que es impuesta por su agresor (Walker, 2009), lo que va a determinar la aparición de dilemas entre su perspectiva agente (la que va ligada a su propia capacitación y logro de poder) y la perspectiva de sumisión (que va ligada al control por parte del agresor). 2. Método. 2.1. Objetivos e hipótesis. El objetivo fundamental de este estudio es tener un conocimiento preliminar de los constructos utilizados por las mujeres que han sido maltratadas por su pareja para definir la situación de maltrato y algunos roles de género relacionados con la situación de maltrato. Un segundo objetivo es conocer en qué medida los contenidos de esos constructos se solapan con los contenidos que el modelo de género da a la construcción patriarcal del varón y la mujer. Dado que la naturaleza del estudio es fundamentalmente exploratoria, las hipótesis se van a establecen a un nivel muy general. Serán las siguientes: 1. Los constructos asociados a varones tendrán más componentes asociados a la fuerza, la resolución y la falta de emocionalidad (es decir, se cumple básicamente el mandato patriarcal de género). 2. Los constructos asociados a mujeres tendrán más componentes asociados a la emotividad y la relacionalidad (es decir, se cumple básicamente el mandato patriarcal de género). 3. Todos los elementos referidos a personas de un mismo género tendrán altas correlaciones entre sí, lo que implica que hay un sesgo social de género en la construcción de los mismos. 4. Las mujeres maltratadas se definirán a sí mismas como personas heridas y sin control, en la línea de otros estudios sobre la definición del yo de mujeres maltratadas (Leisenring, 2006). 5. Las mujeres que presenten dilemas tendrán una pero definición más problemática de su yo (mayor incapacidad, más nivel de emocionalidad negativa) que las que no presenten dilemas. Los dilemas suelen estar asociados a mayor conflictividad interna y mayor neuroticismo (Feixas, Saúl, Winter y Watson, 2008). 6. Es posible detectar diferencias en las polaridades y correlaciones de los elementos relacionados con el género en función de la presencia de dilemas y el nivel de sintomatología que presentan las mujeres. Las mujeres con mayor índice de sintomatología (medido según el índice general de síntomas de la escala SCL-90-R) muestran una mayor polarización de esos elementos, las mujeres con presencia de dilemas también muestran una mayor polarización de esos elementos. Esta hipótesis supone que mayores niveles de polaridad están ligados a una mayor problematicidad (Feixas y Cornejo, 2000). 2.2. Muestra. La muestra fueron 23 mujeres de localidades de pequeño tamaño de la Provincia de Sevilla (entre 500 y 19.000 habitantes). Todas ellas fueron remitidas por las abogadas 300 de los Puntos de Información a la Mujer de sus municipios y participaban en un programa de terapia psicológica para mujeres maltratadas que seguía un marco de trabajo constructivista sistémico (García-Martínez, Guerrero-Gómez y Orellana- Ramírez, 2009). Todas se encontraban separadas o en proceso de separación debido a violencia de género y demandaron explícitamente ayuda terapéutica. La edad media era de 43,81 años (Sd = 10,84). El perfil socioeconómico era bajo, con estudios primarios completos (38,5%) o incompletos (39,8%) y dedicadas fundamentalmente a labores agrícolas (23,1%) 2.3. Instrumentos y medidas. Aunque en el estudio global del que se extraen estos datos se utilizaron más instrumentos (García-Martínez, Guerrero-Gómez y Orellana-Ramírez, 2009), a efectos de este trabajo sólo se van a considerar la técnica de rejilla y el Cuestionario de Síntomas SCL-90-R (Derogatis, 2000). La rejilla, por cuestiones relacionadas con necesidades de intervención terapéutica sólo se logró administrar a 24 mujeres de la muestra total. El cuestionario de Derogatis evalúa 10 escalas distintas de síntomas y cuenta con tres indicadores globales de patología, el índice global de síntomas (IGS) y el total de síntomas positivos (TSP) y el índice de puntuación total de síntomas positivos (PSDI). Consta de 90 ítems que se distribuyen desigualmente entre las distintas escalas y el intervalo de respuesta es de 0 a 4. El punto de corte que determina la presencia de problemas clínicos para el IGS es de 169 puntos en poblaciones españolas. La rejilla utilizada ha sido la típica del proyecto dilema (Feixas & Saúl, 2004): una rejilla cuadrada de 15 elementos prácticamente predeterminados pero que se modifican ligeramente para adaptarlos a cada investigación concreta. El procedimiento de obtención de constructos era el diádico y la escala de intervalo utilizada para puntuar los constructos a través de los elementos ha sido de 7 puntos. Los elementos elegidos para la construcción de la rejilla fueron: yo actual, yo antes de tener conciencia que era una mujer maltratada, yo dentro de 6 meses, pareja que la maltrataba, padre, madre, familiar relevante (a elegir por la mujer), mujer feliz, mujer infeliz, varón que trata bien a los demás, varón que trata mal a los demás, persona significativa 1, persona significativa 2, terapeuta y yo ideal. La mujer identificó dentro de sus relaciones cercanas a las personas que desempeñaban todos los papeles. La rejilla se administró en la sesión 3ª ó 4ª de terapia. Es necesario aclarar que el total de la muestra que participó en el programa fue de 83 mujeres, pero por razones de necesidades terapéuticas o imposibilidades materiales, las rejillas sólo se administraron a 23 mujeres. Las rejillas se corrigieron usando el programa Record 4.0 (Feixas y Cornejo, 2000). Las medidas utilizas fueron: a) La presencia o ausencia de dilemas. b) El valor del IGS del SCL-90-R. c) La polaridad de los elementos yo, yo antes de tener conciencia del maltrato, mujer feliz, mujer infeliz, varón que trata bien, varón que trata mal y pareja. Este índice muestra el grado en el que el sujeto utiliza puntuaciones extremas (1 ó 7). Se calcula dividiendo el número de puntuaciones extremas entre el total de constructos. La polaridad total del sistema suele determinar el grado de rigidez, la polaridad de un elemento o constructo aislado, el grado de significación o relevancia del mismo (Feixas & Cornejo, 1996). 301 d) Correlaciones pearson entre los siguientes elementos; yo-yo antes, yo-pareja, yomujer feliz, yo-mujer infeliz, pareja-varón que trata bien, pareja-varón que trata mal. e) El contenido de los constructos generados por las mujeres para los elementos indicados en el punto anterior. Sólo se analizaron los constructos que tenían valor polar extremo (1 ó 7) para ese elemento. 2.4. Diseño. Una vez analizadas las rejillas y corregidos los cuestionarios, se hizo un análisis de tipo cuantitivo a partir de los valores de las correlaciones entre los elementos elegidos y las polaridades de los mismos. Este diseño permite describir la naturaleza de la muestra en términos de semejanzas entre elementos del mismo género y determinar qué elementos son más relevantes en la construcción que las mujeres hacen del maltrato y de los elementos de género. Posteriormente a partir de los mismos datos se aplicaron los estadísticos U de Mann- Whitney y Z de Kolmogorov-Smirnov para comprobar si se podían establecer diferencias entre los grupos con y sin presencia de dilemas y los grupos con alta y baja sintomatología (estableciendo, en este caso, el valor de corte clínico del índice IGS del SCL-90-R como criterio). Los análisis estadísticos se realizaron con el paquete SPSS 15.0. Después se procedió a un estudio cualitativo, analizando los polos de los constructos que se habían utilizado para definir los elementos ligados a género (yo, yo antes, mujer feliz, mujer infeliz, para las mujeres y pareja, varón que trata bien y varón que trata mal, para los varones). Los constructos utilizados fueron únicamente los de máxima polaridad, es decir, sólo aquellos que cargaban en el elemento con un 1 ó un 7. A partir de esos criterios se realizó un estudio basado en la metodología de análisis de contenido. Existen sistemas de categorización de constructos personales ya disponibles (Feixas, Geldschläger y Neimeyer, 2000; Landfield, 1971), pero son demasiados generales para ser útiles en un análisis en el que las concepciones de género deben ser tenidas en cuenta, así que se entendió que, para los propósitos de este estudio, era mejor generar un sistema de categorías ad hoc. No obstante, como el análisis de contenido suele partir de clasificaciones teóricas previas (Delgado y Gutiérrez, 1999), se optó por seguir un procedimiento que parte más de los supuestos de la teoría fundamentada (Glasser y Strauss, 1967), generando las categorías desde la lectura directa de los datos y sin establecerlas a priori. Este procedimiento generó en primera instancia las siguientes categorías bipolares (en cursiva el polo opuesto, que se genera a partir de los antónimos de los contenidos semánticos de los contenidos que se indican): 1. Acción/Pasividad: ser alguien activo/a, no ser alguien parado/a en la vida (pero excluyendo las acciones realizadas para superar la adversidad que se categorizan como superación). 2. Adicción/No adicción: alcohol, otras drogas, vicio. 3. Agrado/Antipatía: simpatía, ser agradable con los demás. 4. Agresividad/No violencia: violencia, agresividad, atacar, maltratar. 5. Ayuda-entrega/Egoísmo: ayudar, apoyar, estar dispuesto/a a colaborar, dar, generosidad, ser buen amigo/a, compartir, educado. 6. Belleza/Falta de preocupación por el aspecto: arreglarse, preocupación por el aspecto, ser bella, ser joven. 302 7. Bondad/Maldad: ser buena persona, tener buenos sentimientos, tener buen corazón, ser un ángel, ser noble, no dañar, no maltrata, no robar o no cometer delitos. 8. Completitud familiar/Falta de preocupación por la completitud familiar: importancia de la familia, de la integración en la familia, referencias a la familia (excluyendo hijos/as). 9. Completitud social/Falta de preocupación por la completitud social: importancia de la integración en grupos sociales distintos al familiar (sólo se integran las referencias a las amistades si estas se refieren a la importancia de la amistad en sí misma), querido por los otros, querido por los amigos (las referencias a tener amigos se categorizan como extroversión). 10. Confianza/Desconfianza: confiar en otras personas. 11. Control/Dejar libertad: manipulación o control de terceros. 12. Crítica/No crítica: meterse con otros/as, ser criticón/a, hablar mal de terceros, discriminar a otros, mala educación (en el sentido de no mantener el respeto y la formas con terceros), no respeta a otros. 13. Dedicación a la tarea/Irresponsabilidad: trabajador/a, responsabilidad, formalidad, hacer las cosas que debe hacer. 14. Diversión/Ser casero/a: salir, disfrutar de las relaciones, bailar, contacto con amistades (pero excluyendo las referencias a ser buen amigo/a), ser callejero/a, divertirse, alborotar. 15. Emociones negativas/Emociones positivas: tristeza, aflicción, infelicidad, desesperanza, llanto. 16. Emotividad/Frialdad: sufrido/a, sensible 17. Empatía/Desinterés por los demás: entender, escuchar, tener en cuenta la opinión de otras personas, ser cariñoso/a, respetar a terceros. 18. Fidelidad sexual/Infidelidad sexual 19. Fuerza/Debilidad: ser fuerte, ser asertivo, seguridad en sí mismo/a, tener seguridad en uno/a mismo/a; tener las cosas claras, no tener miedo, tiene control de las cosas, maduro. 20. Honestidad/Deshonestidad: sinceridad, ser claro/a, decir las cosas a la cara, no tener dobleces. 21. Impulsividad/Autocontrol: ser impulsivo/a, tener falta de control, escandalizar a otros con la propia actitud, estar loco, no tener la sangre fría. 22. Inteligencia social/Inhabilidad social: saber hablar, saber convencer, tener don de gentes. 23. Introversión/Extroversión: ser reservado/a; ser tranquilo/a; preferir la tranquilidad, ser serio/a. 24. Limpieza/Suciedad: otorgar importancia a la limpieza, ser alguien limpio/a. 25. Maternidad-Paternidad/Desinterés por la descendencia: referencias exclusivamente relacionadas con el cuidado de la descendencia o la importancia de ésta en la vida. 26. Obstinación/Falta de obstinación: ser de ideas fijas, testarudez, no dialoga o no negocia, no se arrepiente de sus decisiones. 27. Riesgo/Cobardía: decisión, valentía, asumir riesgos. 28. Ser alguien maltratado/a/ No ser alguien maltratado/a. 29. Sexualidad manifiesta/sexualidad inhibida: sexo, picardía, falta de pudor, ser fresco/a, sinvergüenza (en el sentido de no ser inhibido con el sexo contrario). 303 30. Status alto/status bajo: intentar destacar, no ser sencillo/a, creerse importante, actuar como importante, no someterse, inconformista. 31. Superación/Falta de voluntad: tirar para adelante, salir adelante, ser luchador/a, afrontar los problemas, tener voluntad. Para simplificar el análisis se optó por un procedimiento exhaustivo y sin solapamientos encajando cada referencia directa (cada polo de un constructo) en una sola categoría de análisis, pero siempre en una. El procedimiento de fiabilidad fue un test-retest a los 30 días, realizado por la misma persona. La fiabilidad fue r =.93. A partir de ese punto se procedió a valorar los resultados desde una óptica más cuantitativa, atendiendo a las frecuencias de cada elemento para cada categoría. 3. Resultados. El primer estudio estadístico fue la búsqueda de diferencias entre las mujeres con y sin dilemas para las polaridades y correlaciones entre los elementos elegidos y para los niveles de sintomatología clínica y no clínica según el indicador IGS del SCL-90-R. El estadístico utilizado fuer la U de Mann-Whitney dado que el pequeño tamaño de los grupos (n=12 para las mujeres sin dilemas y n=11 para las que presentan dilemas) no permitía establecer asunciones de normalidad de los datos. Los resultados pueden verse en la tabla 1. Dilemas Sintomatología Correlación U Z P U Z P Yo-Yo antes 39 -1,664 .096 43 -.198 .843 Yo -Pareja 57 -.554 .579 41 -.357 .721 Pareja-Varón trata bien 55 -.667 .498 43 -.198 .843 Pareja-Varón trata mal 48 -1.109 .267 33 -.992 .321 Yo-Mujer Feliz 44 -1,354 .176 28 -1.387 -165 Yo-Mujer Infeliz 63,5 -.154 .878 35 -.951 -341 Yo antes-Mujer Feliz 63 --185 .853 41,5 -.317 .751 Yo antes-Mujer Infeliz 46,5 -1,201 .230 26,5 -1.507 .132 Polaridad Yo 37 -1.798 .72 26 -1.557 -119 Yo antes 43.5 -1.391 .164 38,5 -.557 .578 Pareja 53 -.804 .421 35,5 -.796 .426 Mujer feliz 65 -.062 .950 39,5 -.480 .631 Mujer infeliz 62 -.248 .804 32,5 -1.038 .299 Varón trata bien 64 -.124 .901 34,5 -.876 .381 Varón trata mal 62 -.249 .804 42,5 -2.39 .811 Tabla 1. Diferencias en correlaciones y polaridad en función de dilemas y sintomatología (P asintótica bilateral) Como indica la tabla, no se encontraron diferencias entre los dos grupos para ninguna de las variables analizadas. Sólo se dibuja una pequeña tendencia en la correlación entre el yo y el yo antes a favor de las mujeres con dilemas (X= 145,55) frente a las que no los presentan (X=127,92). Dado que las distintas submuestras no presentan diferencias estadísticamente significativas, se pueden describir como si se tratasen de un conjunto homogéneo en lo que se refiere a estos variables de tipo cuantitativo. En la tabla 2 aparecen los estadísticos descriptivos de estas variables. Como puede verse en la tabla, los elementos 304 más dispares entre sí son el yo y la pareja (-28,39), mientras que la mayor semejanza se da entre los dos aspectos del yo de la mujer maltratada (36, 35) y entre la pareja y el varón que trata mal (36,39). El resto de correlaciones tiene valores intermedios entre ellos. En cuanto a la polaridad, los elementos más polares, y por tanto más significativos para las mujeres, son la pareja (56,23) y el yo antes (42,00), su yo actual es el elemento peor definido (31, 29). Media Desv. típ. correlación yoyo antes 36,35 30,463 correlación yo-pareja -28,39 29,039 correlación pareja-varón trata bien -10.09 41,874 correlación pareja-varón trata mal 36,39 32,895 correlación yo-mujer feliz 8.96 33,036 correlación yo-mujer infeliz 11,57 35,457 correlación yo antes-mujer feliz 10.17 39,731 correlación yo antes-mujer infeliz 17,65 32,667 polaridad yo 31,2909 22,96821 polaridad yo antes 42,0583 24,37952 polaridad pareja 56,2317 28,97863 polaridad mujer feliz 39,7109 25,06391 polaridad mujer infeliz 37,3917 21,15233 polaridad varón trata bien 37,1304 26,01941 polaridad varón trata mal 35,9422 28,05017 Tabla 2. Estadísticos descriptivos Dado que la aproximación cuantitativa ofrece unos pobres resultados, es mejor centrarse en el análisis cualitativo de los contenidos otorgados a cada elemento. Los resultados de las frecuencias de cada elemento cada para categoría se pueden ver en la tabla 3, en la que se contempla también las diferencias en función de la presencia o ausencia de dilemas. Como puede verse, la riqueza de resultados es mucho mayor, siempre con la prudencia de que se trata de muestras con un tamaño muy reducido. Por tanto, los resultados deben tomarse únicamente como tendencias. El rastreo de tendencias se va a hacer según el orden alfabético de la tabla. Una primera tendencia es que los problemas de adicción se ven como algo propio de los varones maltratadores (pareja o varón que trata mal), pero no es algo que caracterice a ninguna mujer. Las mujeres que presentan dilemas tienen una mayor tendencia a indicar que sus parejas tienen problemas de adicción. Ser una persona agradable es algo que caracteriza a las mujeres felices y al yo antes para las mujeres dilemáticas. Las mujeres no dilemáticas, indican que las mujeres infelices son desagradables. El agrado apenas se aplica a los varones. La agresividad es una característica típica de las exparejas y no se aplica apenas a ningún otro elemento. 305 traumático: Modelos, Abordagens e Práticas, 81-90. Leiria (Portugal): Diferença. Garcia-Martínez, Jesús; Cano-García, Francisco Javier; Rodríguez-Franco, Luis; Buero- Gallego, Milagros; Gómez-Alcocer, Elisabeth y Guerrero-Gómez, Rafael (2009). Linking traits and personal constructs: an exploratory study through out levels of personality. Annals of Psychology, 57-80. Garcia-Martínez, Jesús, Guerrero-Gómez, Rafael y Orellana-Ramírez, Mª Carmen (2009). Terapia de víctimas de violencia de género. El papel modulador de la personalidad. Actas del I Congreso de Investigación y Género. Sevilla: Universidad de Sevilla. Edición electrónica. Glasser, Barney G. y Strauss, Anselm L. (1967). The discovery of Grounded Theory: Strategies for Qualitative Research. Nueva York: Aldine. Guerrero-Gómez, Rafael y Garcia-Martínez, Jesús (2008). 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