Sobre cuestionamientos, crisis y crítica en Psicología
Abstract
Desde sus inicios la Psicología se ha visto altamente cuestionada y/o en abierta crisis. Para explicar ese hecho el presente ensayo invoca algunos factores estructurales subyacentes a ese cuestionamiento, tales como su posición medianera entre las ciencias biológicas y las antroposociales o su multiplicidad interna. Aduce asimismo factores históricos: haber sido poco autocrítica, hallarse encorsetada en exigencias editoriales y académicas abusivas, y verse distorsionada en su divulgación en libros de amplia venta al gran público.
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27 Sobre cuestionamientos, crisis y crítica en Psicología Alfredo FIERRO BARDAJÍ Universidad de Málaga (España) Resumen Desde sus inicios la Psicología se ha visto altamente cuestionada y/o en abierta crisis. Para explicar ese hecho el presente ensayo invoca algunos factores estructurales subyacentes a ese cuestionamiento, tales como su posición medianera entre las ciencias biológicas y las antroposociales o su multiplicidad interna. Aduce asimismo factores históricos: haber sido poco autocrítica, hallarse encorsetada en exigencias editoriales y académicas abusivas, y verse distorsionada en su divulgación en libros de amplia venta al gran público. Abstract From its very beginning Psychology has been highly questioned and/or in open crisis. To explain this fact the present essay invokes some underlying structural factors, such as its position between biological and anthroposocial sciences and its internal multiplicity. Some historical factors are also argued: its low level of self-criticism, its submission to excessive academic and editorial constraints, and its distortion due to divulgation aims through books, even bestsellers, addressed to the general public. Dirección del autor: Facultad de Psicología. Campus de Teatinos. 29071 Málaga. Correo electrónico: [email protected] Recibido: diciembre 2017. Aceptado: marzo 2018. La Psicología ha estado en crisis, en cuestión, desde sus inicios como ciencia hace siglo y medio. Apenas nacida, así se ha visto tempranamente diagnosticada al filo de 1900 (Willy, 1899). En el primer tercio del siglo XX, el mismo año en que también Vygotski (1927/2004) se preguntaba por el significado de la crisis de la psicología, Karl Bühler (1927) la comparaba con la torre de Babel: de confusión de lenguas. No ha decaído la percepción de esa crisis, que algunos analistas reputan permanente, crónica (Delgado, 2006; Henriques, 2011, capítulo 2). Una crisis crónica ¿es propiamente crisis? En verdad, es una contradicción intrínseca, al igual que una mala salud de hierro. Pero si a la mala salud de hierro de la Psicología se la ve asimismo como crisis habrá que analizar qué hay en ella. Podría haber alguno de estos dos extremos: uno, el colapso de un paradigma de ciencia, lo que Kuhn (1962/1971) denominó revolución científica; otro, en extremo opuesto, la naturaleza cuestionable de toda ciencia, que en todos sus aspectos, de método y de contenido, y a diferencia del dogma, siempre puede cuestionarse. Cabe, además, preguntarse si la Psicología está en cuestión, acaso en crisis, en un grado en que otras ciencias no lo están. Desde luego en ella parece darse una conciencia de estarlo que no se da en otras disciplinas. De ser así hay un obvio comentario: toda crisis comporta un importante componente subjetivo; está en crisis un individuo, un grupo social, también una comunidad científica, cuando ese individuo o, respectivamente, buena parte del grupo, de la comunidad, cree y juzga hallarse en crisis, aunque no alcance estado crítico. Bio-psico-social Factor de riesgo crítico para la Psicología es ya su ubicación en un espacio entre las ciencias naturales y las sociales, con orientación de los investigadores a unas u otras (Cahan y White, 1992). Hay que matizarlo. Las ciencias naturales se extienden en un espectro muy amplio: de la física a las neurociencias. La Psicología no se roza con muchas ellas, no con la astronomía, ni con la mecánica cuántica. Es contigua, en cambio, de la biología o, mejor, de las disciplinas biológicas, aunque ni siquiera de todas estas por igual. Por otra parte, las ciencias antroposociales -mejor que “sociales” Apuntes de Psicología Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental, 2018, Vol. 36, número 1-2, págs. 27-33. Universidad de Cádiz, Universidad de Córdoba, ISSN 0213-3334 Universidad de Huelva, Universidad de Sevilla
28 Apuntes de Psicología, 2018, Vol. 36, número 1-2, págs. 27-33. a secaspueden ser abordadas con principios naturalistas. En antropología así lo ha hecho Dan Sperber para la explicación de los hechos de cultura. Preconiza Sperber (2005) “naturalizar” los fenómenos sociales: atenerse a lo social allí donde pueda establecerse de modo firme una causalidad patente; buscar cadenas causales en el entorno objetivo o en la cabeza de los individuos, pues también la vida mental está hecha de encadenamientos. Se sirve para ello de una “epidemiología social”, que a semejanza de la médica, estudia la distribución, la frecuencia y los determinantes no ya de enfermedades, sino de hechos sociales, y trata, en particular, de ver cómo se “contagian” o difunden en la población las representaciones mentales, culturales. Así que la contraposición o tensión en Psicología está entre ciencia biológica y antroposocial. Es una ciencia tensa entre disciplinas en una u otra frontera. Y ramas suyas específicas lindan, fronterizas, con las respectivas disciplinas de esos confines. En un lado, sea una Psicobiología, una Psicología fisiológica o una Neuropsicología, se avecinan a la fisiología, la genética, la etología, las neurociencias, una vecindad, por cierto, peligrosa, pues ahí se arriesga a ser deglutida por ellas. En el otro, una Psicología social está a un paso de la sociología y de otras ciencias antroposociales, de las antropologías, e incluso de la historia, como Gergen (1973) ha venido sosteniendo. Asunto bien distinto sería adjudicar a la Psicología una posición indecisa, ambigua, entre las ciencias y las humanidades. Hay que negarse a esa ambigüedad. La Psicología es decididamente ciencia y no literatura o filosofía. Lo cual no quita a que la ciencia pueda practicarse con miras humanistas o, mejor, humanitarias; y a que el psicólogo, personal y profesionalmente, pueda o deba nutrirse de artes y de letras. Sincretismo La Psicología no es en absoluto monolítica; antes al contrario, de modo creciente se ha hecho más y más fragmentada en intereses, temática, método, epistemología y visión del mundo: multidisciplinar, multiepistémica, multiparadigmática, multiconcepción y multimétodo (Royce, 1976). Especialmente quienes aspiran a una ciencia unitaria o unificada consideran esa multiplicidad como raíz estructural mayor de la crisis en la Psicología (Henriques, 2011): estructural, porque asociada a su lugar epistemológico entre las ciencias biológicas y las antroposociales. La multiplicidad a veces se resuelve en la práctica con un eclecticismo. La propia corriente ahora dominante, la cognitivo-conductual, cae bajo esa categoría, dicho sea con forzosa simplificación en etiquetas, por no decir motes: conductismo y cognitivismo, ¿resultan conciliables?, ¿pueden sumar conceptos, modelos, teoría, acoplarse en una síntesis robusta? Acaso más que de síntesis o alianza se trata de una prótesis, donde cada concepción intenta suplir las carencias de la otra (Fierro, 1996, capítulo 14). Lo de “conductual” puede ser solo retórico. Una Psicología científica, toda ella, es conductual: versa sobre conductas. Así, pues, decir Psicología conductual es una redundancia como lo sería decir “biología vital” o “antropología humana”. O bien es un truco para hacer pasar de matute lo “conductista” como equivalente a “conductual”. Desde luego, cualquier propuesta hoy en Psicología habrá de nutrirse de esa doble tradición. Pero eso no basta para que puedan compenetrarse. Ante los primeros asaltos de lo que por entonces se presentaba como “revolución cognitiva” el conductismo estricto replicó: no hay tal revolución, lo cognitivo puede entenderse y explicarse desde un análisis funcional conductista, que nunca ha ignorado los procesos cognitivos (Wolpe, 1978). Para el conductismo esto estaba claro al menos desde Verbal Behavior de Skinner, en 1957: la más cumplida réplica a cualquier cognitivismo. En el giro hacia lo cognitivo-conductual puede verse el más reciente episodio de crisis en el devenir de la Psicología. En sus respectivas versiones liberales, más o menos heterodoxas, conductismo y cognitivismo pueden auxiliarse, complementarse, remediar flaquezas cada uno con prótesis tomadas del otro. Pero también, visto por el revés de la trama, puede quedar en una componenda, en mero sincretismo y yuxtaposición, una amalgama donde no encajan todas las piezas del puzle y donde a veces el engranaje chirría. Las coaliciones no siempre suman fuerzas; a veces suman limitaciones, restringen grados de libertad. Más que en síntesis podría quedarse en ortopedia recíproca. Método La psicología es ciencia porque sigue el método común a toda ciencia: éste es un mantra repetido hasta la saciedad, aunque, como todo mantra, está sujeto a interpretación y por sí solo no garantiza nada, por demasiado genérico, pues ¿qué es común a toda ciencia? Suele mencionarse la experimentación; y, de acuerdo con eso, buena parte de la investigación en Psicología es experimental. Ya aquí ha habido y hay cuestionamiento, sin embargo. Son conocidos desde Orne (1962) y Rosenthal (1968) los sesgos a los que está expuesta y en los que suele incurrir la experimentación en Psicología; y no hace falta insistir en ellos por consabidos. Menos atención se ha prestado a una crítica más de raíz: en Psicología los investigadores parecen seguir trabajando con esquemas en boga tiempo ha, pero hoy desacreditados en otras ciencias (Delgado, 2008). No es la única crítica posible. Con el planteamiento de los experimentos en Psicología, como puesta a prueba de hipótesis concretas, tiene que ver otro aspecto metodológico cuestionable, merecedor de ser analizado por extenso (Fierro, 2004a). “La característica común de todas las ciencias -suele también decirse en Psicología - es la adopción del mismo enfoque para la solución de los problemas, el llamado método científico, positivo, o hipotético-deductivo [...] A partir de un A. Fierro Bardají Sobre cuestionamientos, crisis y crítica en Psicología
Apuntes de Psicología, 2018, Vol. 36, número 1-2, págs. 27-33. 29 enunciado aceptado como verdadero -hipótesis-, se deducen, por adelantado, las consecuencias que de ese enunciado se derivan siguiendo las reglas de la lógica deductiva” (Beltrán, 1990, pp. 26-27). Así que rutinariamente se sostiene y “se da por sentada la posibilidad de aplicar en ella el método científico-positivo, es decir, el método hipotético-deductivo”, que es “el método científico por excelencia” (Fernández-Ballesteros, 1992 / 1998, p. 40). La siempre respetada autoridad de Clarke Hull ha avalado ese dogma. En el clarificador prólogo que escribió a los Principios de Conducta de Hull (1943), Spence elogiaba a su maestro por el uso de postulados y del método hipotético-de- ductivo, descrito así: “El procedimiento típico de la ciencia consiste en adoptar en principio un postulado, deducir de él una o más de sus consecuencias lógicas relativas a fenómenos observables y comprobar después mediante observación la validez de las deducciones” (Hull, 1943/1986, p. 36). Ahora bien, ¿ése es el método único y común de toda ciencia? No hace falta ir a Feyerabend (1970 / 1974) para cuestionarlo. Basta leer a Skinner en un irónico relato autobiográfico titulado “un caso de método científico”. Desde la Asociación Americana de Psicología le han preguntado y solicitado a Skinner que escriba sobre método unas páginas que resulten orientadoras para jóvenes investigadores. Y sabiamente él cumple el encargo de esta guisa: pues miren ustedes, yo no sé qué decir del método en general, pero les voy a contar una historia, la de cómo he procedido e indagado yo mismo. Lo que luego sigue es una narración: hice esto y esto, y me encontré con aquello; si alguien quiere llamar método a mi proceder, puede hacerlo; pero es nada más un caso y no para generalizar. “Es equivocado –añade-identificar la práctica científica con las formalizadas elaboraciones de la estadística y del método científico. Ofrecen un método científico, pero no, como suele suponerse, el método científico» (negrilla suya). Y todavía: “algunos de los más importantes descubrimientos se han hecho sin programa de investigación ninguno”. ¿No hay, pues, un método? Skinner da a entender que, más que un método, hay un arte adquirido, el que -glosemos aquíha recibido el nombre de “serendipity”. De ahí también su principal recomendación: “cuando tropieces con algo interesante, deja todo lo demás y estúdialo”. Skinner (1959/1975, p. 113) concluye resaltando que las prácticas de cada investigador son producto de su propia historia y que es preferible no querer encajar a todos los científicos en el mismo molde. En la serie de volúmenes coordinados por Sigmund Koch en 1959, haciendo balance de medio siglo de estudio y ciencia del comportamiento, queda poco ya en favor del acercamiento hipotético-deductivo. El propio Skinner declaraba allí de modo explícito: “Nunca he hecho frente a un problema construyendo una hipótesis. Nunca he deducido teoremas ni los he sujetado a chequeo experimental”. Escribía igualmente Tolman: “Mi sistema está basado en vislumbres y en el conocimiento de sentido común. Ciertamente, no es hipotético-deductivo”. De observaciones de ese corte pudo con todo fundamento concluir Koch (1959, pp. 778-780) que “el modelo hipotético-deductivo representa la práctica científica de modo incompleto y quizá desorientador”. Autocrítica Cada teoría es crítica respecto a otras teorías rivales. La Psicología científica, naturalista, lo ha sido frente al psicoanálisis (Eysenck, 1966; Rachman, 1960/1965), pero poco crítica consigo misma. Las corrientes principales dentro de ella se han mirado de reojo y tratado con mucho respeto recíproco, sin que haya obstado a ello el contencioso entre conductismo y cognitivismo. En los años 70 ha habido crítica global a la Psicología dominante, en especial al conductismo desde premisas varias: desde el psicoanálisis y desde el marxismo, que ha sospechado en ella una ideología seudocientífica al servicio del poder dominante y del estatus quo (Braunstein, 1975; Dorna y Méndez, 1979). Ha llegado a hablarse de “las redes de la Psicología”, juzgada ésta como una “cirugía de las almas” (Varela y Alvarez-Uría, 1979). Posteriormente, tampoco ha podido sustraerse la Psicología al acoso y zarandeo por parte de los “deconstruccionismos” (Parker y Shotter, 1990). Frente a los desafíos desde distintos flancos, asumiéndolos, han aparecido propuestas de “psicología crítica” (Fox y Prilleltensky, 1997; Sloan, 2000), en crítica tanto de las corrientes mayores de la psicología cuanto del orden social vigente, conllevando en esto una intención emancipadora. También existe una publicación periódica que desde 1999 da cauce a esas expresiones críticas: la Annual Review of Critical Psychology. En su primera entrega ese anuario definía la psicología crítica como “el examen sistemático de cómo ciertas variedades de acción y de experiencia psicológicas son privilegiadas por encima de otras y cómo los informes de rendición de cuentas (accounts) prevalecientes en psicología operan ideológicamente al servicio del poder”; y también: “el estudio de todos los modos en que las variedades de psicología están construidas históricamente y de cómo variedades alternativas de la misma pueden confirmar o resistir los supuestos ideológicos de los modelos de sus corrientes principales”. Ha habido, pues, paralela a la corriente dominante en Psicología, una línea crítica presentada como alternativa a la totalidad. La alternativa, sin embargo, ha quedado marginal, con escaso impacto en el bloque de la ciencia y la práctica psicológicas, escasamente autocríticas. Permítase entonces una arriesgada conjetura: con más autocrítica permanente habría acaso menos crisis crónica, pues la autocrítica -en realidad, crisis a dosis bajasfuncio- na como vacuna preventiva de crisis de alto voltaje. A esa autocrítica sirven los dos siguientes apartados, relativos a publicaciones en Psicología, a las académicas y a las de divulgación. A. Fierro Bardají Sobre cuestionamientos, crisis y crítica en Psicología
30 Apuntes de Psicología, 2018, Vol. 36, número 1-2, págs. 27-33. Canon editorial En la psicología actual lo que hoy parece imperar no es el método o algún método en particular. Lo que realmente domina y ahorma toda la producción o, más bien, publicación científica, con la fuerza de un canon inviolable es, ni más ni menos, un formato editorial estándar, el dictado por el Publication Manual de la American Psychological Association. Es un dictado de innegable utilidad, pero abusivamente utilizado, tal como lo aplican muchos editores de revistas científicas, que, inspirados en él, seleccionan lo publicable y lo impublicable con arreglo a criterios, explícitos o implícitos, como éstos: 1. Los informes de investigación han de constar de uno o dos estudios, máximo tres. Difícilmente se aceptará un informe acerca de una línea de investigación proseguida a lo largo de años y desarrollada en numerosos trabajos. Será rechazado por la buena razón de que en menos de 20 páginas no es posible dar cuenta de una serie extensa de estudios, de un entero “programa de investigación” (en la acepción de Lakatos, 1978/1983). 2. Estudios exploratorios, propuestas solo heurísticas y bosquejos de modelos o teorías de amplio rango quedarán excluidos por principio, por no satisfacer el sacrosanto método hipotético-deductivo. Informes como los de Pavlov, Piaget, Vygotski, Skinner, hoy serían rechazados por la mayoría de las revistas. 3. Las referencias han de ser recientes y, además, incluir todo lo publicado en la propia revista -o en otra de la misma editorialcon alguna pertinencia al tema. Esta es la primera regla del canon editor oculto, implícito. Se comprende por qué: el mejor modo de asegurar el impacto de una revista es publicar artículos con abundantes referencias de números anteriores de la misma. Este es criterio selectivo insoslayable en la evaluación y la política editorial de todas las revistas, blindadas en una endogamia sin parangón en el mundo académico. Las referencias se han convertido en asunto de familia y no ya sólo de escuela. A partir de la endogamia editorial se crean familias académicas de menciones recíprocas. En un “hoy por mí, mañana por ti”, se engendran redes de parentesco de autores y de revistas que se mencionan unos a otros con disciplinada lealtad. No hay por qué impugnar las reglas editoriales, siempre necesarias; pero sí denunciar el monopolio suyo en la comunicación y la circulación científicas, su pretensión de encarnar el método y la ciencia, su aplicación indiscriminada ante cualquier tipo de texto. Hay que denunciar haber favorecido el equívoco de que unas meras pautas de edición son reglas sacrosantas de ciencia y el haber dificultado la innovación en investigación (Fierro, 2004b). Hace ya cuarenta años, Stephen Toulmin escogía a la psicología como ejemplo típico para ilustrar el aislamiento de algunos grupos científicos. Toulmin señalaba entonces que las revistas de máximo prestigio se ceñían a referirse a ellas mismas: “Mientras que en la ciencia física la profusión de subdisciplinas y publicaciones periódicas aprovecha las ventajas de la especialización intelectual, a menudo ocurre lo contrario en la psicología académica. Las sospechas de herejía metodológica impiden el debate intelectual fructífero entre miembros de diferentes facciones y la proliferación de revistas sectarias no hace más que retrasar la diferenciación de la psicología en un conjunto de disciplinas genuinamente compactas” (Toulmin, 1972/1977, p. 395-396). En tales condiciones de endogamia resulta irrisorio esforzarse por refinar los índices de impacto. Son meritorios los esfuerzos en pos de tal refinamiento (Buela-Casal, 2003), pero los índices se hallan sesgados de raíz: arrancan de dudosos supuestos y operan con componentes espurios, ajenos a la ciencia y la investigación. El presunto impacto, trucado por intereses de mercado editorial, no vale por impacto científico. Los rankings de revistas de impacto no tienen más valor de calidad que las listas de los 40 principales o de los libros del año más vendidos. El asunto no merecería más comentario si no fuera porque la publicación en revistas representa una parte destacada del currículo en orden al reconocimiento de méritos académicos. A un profesor de psicología le resulta indispensable publicar en formato APA, no ya solo en el explícito, también en el implícito, el que de hecho aplican las revistas. En España es esencial en varios momentos de la carrera universitaria: para acceder cátedra o plaza de profesor titular, para obtener el complemento de sexenios por investigación, para alcanzar la condición de emérito. Así que en distintos tramos de su vida académica el profesor se pregunta qué debe hacer no tanto para el progreso de la ciencia, cuanto para que le publiquen y luego, en consecuencia, le reconozcan. Cómo hacer currículo de cara a la cátedra, al sexenio, a una jubilación como emérito, son cuestiones que sobrepasan al interés individual: a través del legítimo interés personal de los investigadores son cuestiones no marginales a la ciencia. Porque, además, en y por la mediación del currículo de los investigadores, hay todavía otra instancia donde cuenta de manera decisiva haber publicado o no: en la resolución administrativa de convocatorias para ayudas a la investigación. Para que a un investigador o grupo le tengan en cuenta en cualquier convocatoria I+D se requiere haber publicado previamente en la materia, en la parcela objeto de solicitud. Y eso sí que afecta del modo más directo al núcleo de la ciencia, a los posibles avances en ella. Un grupo investigador difícilmente podrá salirse de la parcela en que ha venido publicando. Con el canon editorial al uso no será posible ningún hallazgo sorprendente, sólo los previsibles. No cabe innovar; no habrá muchos hallazgos propiamente tales, solo resultados menores, de detalle. A. Fierro Bardají Sobre cuestionamientos, crisis y crítica en Psicología
Apuntes de Psicología, 2018, Vol. 36, número 1-2, págs. 27-33. 31 Esta pesimista previsión deriva de un juicio retrospectivo cuyo fundamento lo proporcionaría una historia crítica –apenas existentede los hallazgos de la Psicología en el siglo XX. Dicho sea bajo forma de pregunta provocativa: ¿ha habido en ella verdaderos hallazgos en el último medio siglo?, ¿algún experimento seminal, verdadero semillero de toda una floración de otros estudios, eslabón primero de una serie todavía hoy viva?; ¿ha habido nuevos modelos o teorías de veras relevantes posteriores a 1975? Se señala esa fecha, convencional como cualquier otra, porque a partir de ella se produce la implantación generalizada del formato editorial APA. Con esa fecha u otra, la provocación no es gratuita. La revista Escritos de Psicología hizo una encuesta el año 2000 (número 4, paginas 34-38). Varios profesores españoles contestaron a preguntas sobre qué libro de psicología del siglo XX salvarían para el futuro y qué aportación teórica consideraban más importante. Ramón Bayés juzgó que debemos a Pavlov la aportación más destacable. En cuanto a libros, Heliodoro Carpintero citó la obra de William James y Amalio Blanco la de Vygotski y la de Lewin. Juicios así son para preguntarse cuál es el estado de una ciencia tan sujeta al corsé del método o, más bien, de reglas académicas y editoriales, que se ha hecho rutinaria y donde los hitos decisivos datan de hace sesenta, ochenta o cien años. Compárese con la extraordinaria vitalidad de ciencias como la arqueología o la genética. Divulgación Las ciencias necesitan difusión y también “divulgación” (término simplista, pero cómodo) de alto y no tan alto nivel. A Stephen Hawking y a Carl Sagan no se les han caído los anillos en esa tarea. En Psicología no faltan ejemplos comparables: Albert Ellis, Martin Seligman. Pero el acercamiento de la psicología al gran público se está produciendo mayormente en niveles muy bajos, a veces en folletos tan distantes de la ciencia como los folletines distan de El Quijote. En medio del derrumbe editorial en casi todos los géneros -pongamos que se habla de este paísse salvan prósperos los libros de psicología, las guías de vida, los manuales para conocerse y quererse uno a sí mismo, ayudarse y mejorarse, para el crecimiento personal, la autoestima y una vida plena. Esa literatura sobre el saber vivir se ha granjeado el favor de un amplio público lector, que en ella encuentra claves para orientarse y alcanzar objetivos en la vida, el objetivo, sobre todo, de una vida feliz, satisfactoria. Su característica más sobresaliente, al socaire del actual auge de la Psicología “positiva”, es un optimismo universal: a veces prudentemente matizado al calificarlo de “inteligente” (Avia y Vázquez, 1998); otras veces sin medida, desaforado, dentro del cual el lector está o ha de estar “¡O.K.!”, “yo estoy bien y tú no menos” (Harris, 1969/1973). El mundo se halla en tus manos: es el mensaje esencial de ese optimismo puramente subjetivo, la primera de las “ideas” con que una autora abre su decálogo y credo de la ortodoxia optimista: “Somos responsables en un ciento por ciento de todas nuestras experiencias”. A la felicidad la localiza en “el interior”; y al lector se le repite de continuo que la dicha nace de su propia voluntad, de su modo de ver las cosas y de estar a gusto consigo mismo. En ese credo se llega a extremos de ficción, de fábula: “en la infinitud de la vida donde estoy, todo es perfecto, completo y entero”; “todo está bien en mi mundo” (Hay, 1989). Es la utopía del individuo imaginariamente autosuficiente. Sin base en la experiencia, ni en la ciencia, el grueso de la actual producción sobre el saber vivir desconoce el elemento dramático –no sólo ya el trágicode la vida. En brindis al sol sostiene que la felicidad depende sobre todo de uno mismo: que surge desde y en el interior de la persona, por lo que, ocurra lo que ocurra por ahí fuera, cada cual es responsable de su propia ventura. De ahí sus máximas de gran simplicidad, como si todo fuera blanco o negro; mejor dicho, como si no existiera más que lo blanco, luminoso y positivo. No ya solo enfatiza “lo bueno de lo malo” o que “no hay mal que por bien no venga”, incluida la pérdida del ser más querido o el diagnóstico de un cáncer terminal y sin remedio; es que vivimos en el mejor de los mundos posibles y todo va bien, pues hasta las catástrofes traen consigo algún provecho físico o anímico. ¡Vayan con ese cuento a los niños desnutridos, a las poblaciones en guerra o desplazadas, o, también aquí en el Occidente próspero, a quienes malviven bajo mínimos de pobreza! De esos vicios no son siempre o en todo responsables los autores. Buena parte puede corresponder a traducciones y a editores. Algunos arreglos de éstos en los títulos son de juzgado de guardia. Las editoriales saben bien cómo hacer para promocionar una publicación. Véanse, si no, algunos botones de muestra. En inglés, el libro se titula “cómo negarse obstinadamente a hacer de uno mismo un miserable acerca de cualquier cosa, sí, acerca de cualquier cosa”. Ante título tan prolijo, presuntamente ingenioso, pero poco afortunado, la editorial española optó por reducirlo a algo bien conciso y contundente: Usted puede ser feliz (Ellis, 1988/2000). No le hace falta al lector otro cebo que esa aseveración, esa promesa y confianza. La misma editorial que abrevia en el caso recién citado alarga, en cambio, en otro. Donde en inglés decía solo Positive Psychology, en castellano ha quedado: Psicología positiva, la ciencia de la felicidad (Carr, 2008). Atribuir valor de ciencia también vende, siempre vende. Igual arreglo se ha hecho con Lyubomirsky (2008), remachando el clavo de la ciencia con el del método práctico. El título en inglés, The “how” of happiness, queda extendido en castellano hasta esto: La ciencia de la felicidad: un método probado para conseguir el bienestar. Quizá también A. Fierro Bardají Sobre cuestionamientos, crisis y crítica en Psicología
32 Apuntes de Psicología, 2018, Vol. 36, número 1-2, págs. 27-33. haya que atribuir a la editorial el subtítulo, de admirativa tautología prodigiosa, de Ruiz-Matilla (2008): “¡Qué bien se vive cuando se vive bien!”. La publicidad en prensa le ha añadido un consejo: “sácale jugo a las pequeñas cosas”; y anticipa al lector que el libro “te conduce por el camino de la felicidad”. Éstas, por cierto, son engañosas y mágicas palabras-clave o ideas-fuerza de muchos de estos libros: el elogio de las pequeñas cosas, la disertación de Pero Grullo sobre lo obvio, cuando no pura y simplemente tautológico. Si es preocupante que la Psicología científica haya sido poco autocrítica, no menos lo es que no haya reaccionado con energía frente a los saldos editoriales a su costa, que no los haya denunciado como falsificaciones. Si la Psicología se identificara con esos saldos, según corre riesgo de suceder en la idea popular, ¿qué quedaría de ella como ciencia? La crítica ahí debería conducir a disertar sobre la genuina y la falsa Psicología. Al lado de ésta, las otras crisis o brechas, de epistemología y de método, permanecen dentro de la ciencia y, además, no afectan a la sociedad, a la cultura, no repercuten en ella de manera equívoca. Esta, en cambio, sí: en ésta la Psicología se juega su futuro cultural, social. ¡Larga vida, en todo caso, a la Psicología pese a su mercantilización editorial! ¡Larga vida a pesar de sus crisis y gracias a su mala salud de hierro! Referencias APA (2015). APA Dictionary of Psychology. Washington D.F.: APA. Avia, M.D. y Vázquez, C. (1998). Optimismo inteligente. Madrid: Alianza. Beltrán, J. (1990). Para comprender la Psicología. Estella: EVD. Buela-Casal, G. (2012). Métodos e indicadores para evaluar la investigación: indicadores por revistas, por investigadores y por países. InfoCOP, 58, 7-10. Bühler, K. (1927/1978). Die Krise der Psychologie. Frankfurt: Ullstein. Cahan, E.D. y White, S.H. (1992). Proposals for a Second Psychology. American Psychologist, 47 (2), 224-235. Carr, A. (2008). Psicología positiva: la ciencia de la felicidad. Barcelona: Paidós. Delgado Sánchez-Mateos, J. (2006). Psicología en crisis. Metodología dogmática. Encuentros y desencuentros. Anuario de Psicología, 37 (1-2), 7-26. Delgado Sánchez-Mateos, J. (2008). Las difíciles relaciones entre teoría, práctica y metodología en la psicología del siglo XXI. (I) Sobre algunas disyuntivas. Anuario de Psicología, 39 (3), 387-409. Dorna, A. y Méndez, M. (1979). Ideología y conductismo. Barcelona: Fontanella. Ellis, A. (1988/2000). How to stubbornly refuse to make yourself miserable about anything yes anything / Usted puede ser feliz. Barcelona: Carol Publishing Group / Paidós. Eysenck, H.J. (1966). The Effects of Psychotherapy. Nueva York: Interscience, FernándezBallesteros, R. (1992/1998). Introducción a la evaluación psicológica. Madrid: Pirámide. Feyerabend, P.K. (1970/1986). Against method / Tratado contra el método. Esquema de una teoría anarquista del conocimiento. Minneapolis/ Madrid: University of Minnesota / Tecnos. Fierro, A. (1996). Manual de psicología de la personalidad. Barcelona: Paidós. Fierro, A. (2004a). Sobre hipótesis y método. Revista de Psicología General y Aplicada, 57 (4), 375-394. Fierro, A. (2004b). Contra el formato editorial. Psicothema, 16 (2), 309-316. Fox, D. y Prilleltensky, I. (Eds) (1997). Critical Psychology: An introduction. Londres: Sage. Gergen, K.J. (1973) Social Psychology as History. Journal of Personality and Social Psychology, 26 (2), 309-320 [DOI: 10.1037/h0034436]. Harris. T.A. (1969/1973). I’m OK you are OK / Yo estoy bien, tú estás bien. Nueva York / Barcelona: Harper and Row / Grijalbo. Hay, L.L. (1989). Usted puede sanar su vida. Barcelona: Urano. Henriques, G. (2011). A New Unified Theory of Psychology. Londres: Springer [DOI: 10.1007/978-1-4614- 0058-5]. Hull, C.L. (1943). Principles of Behavior. Nueva York: Appleton. Koch, S. (1959). Epilogue. En: S. Koch (Ed). Psychology: A study of a science, Vol. III, Formulations of the Person and the Social Context (pp.729-788). Nueva York: McGraw-Hill. Kuhn, T.S. (1962/1971). The Structure of Scientific Revolutions / La estructura de las revoluciones científicas. Chicago/México: University of Chicago Press / Fondo de Cultura Económica. Lakatos, I. (1978/1983). The methodology of scientific research programmes / La metodología de los programas de investigación científica. Cambrige / Madrid: Cambridge University Press / Alianza. Lyubomirsky, S. (2008). La ciencia de la felicidad: un método probado para conseguir el bienestar. Barcelona: Urano. Murray, H.A. (1959). Preparations for the scaffold of a comprehensive system. En S. Koch (Ed). Psychology: A study of a science, Vol. III, Formulations of the Person and the Social Context. Nueva York: McGraw-Hill. Parker, I. y Shotter, J. (Eds.). (1990). Deconstructing Social Psychology. Londres/Nueva York: Psychology Press. A. Fierro Bardají Sobre cuestionamientos, crisis y crítica en Psicología
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