Cartas y comunicaciones de las élites militares cubanas (siglo XIX)
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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 Cartas y comunicaciones de las élites militares cubanas (siglo XIX)1 Eva Bravo-García2 Universidad de Sevilla ORCID: https://orcid.org/0000-0002-2064-8889 Introducción El 8 de marzo de 1895, Práxedes Mateo Sagasta tomó la palabra en el Senado para afirmar que “la Nación española está dispuesta a sacrificar hasta la última peseta de su Tesoro y hasta la última gota de sangre del último español, antes que consentir que nadie le arrebate un pedazo siquiera de su sagrado territorio” (Sagasta 1895b). En la segunda mitad del siglo XIX, se habían intensificado las acciones civiles y militares que, pese al esfuerzo realizado, culminaron con la derrota de España en 1898, poniendo fin a 406 años de vinculación con la siempre fiel isla de Cuba. A partir de esta fecha, se inicia un período marcado por la imposición de una administración de los Estados Unidos, hasta que en 1902 es nombrado presidente Tomás Estrada Palma, un bayamés nacionalizado estadounidense3. La causa insurrecta se mueve a través de todos los estamentos de la sociedad civil y conlleva la creación de un grupo armado heterogéneo. En la medida en que pasa de ser una guerrilla desorganizada a una milicia orgánica –el llamado Ejército Libertador– se hace necesario establecer un procedimiento de comunicación escrita eficaz y reglamentada. De esta forma, el documento –tanto manuscrito como impreso– se convierte en un elemento vital para la diseminación de las ideas revolucionarias y la coordinación de la insurrección4. De una parte, se producen bandos y proclamas para ganar 1 Esta investigación es resultado del proyecto «Lengua, identidad y memoria a través de las cartas y la prensa de Andalucía y Cuba (siglo XIX)» (P20_01166), PAIDI 2020, Proyectos I+D+i, Consejería de Transformación Económica, Industria y Conocimiento, Junta de Andalucía <https://institucional. us.es/cuba19>. 2 ([email protected]). Catedrática de Lengua Española y miembro del Instituto Universitario de Estudios sobre América Latina (IEAL) de la Universidad de Sevilla. Véase <https://ebravo.es> 3 La derrota de España en 1898 no supuso la independencia de Cuba. El 20 de mayo de 1902, el gobernador militar Leonard Wood entregó formalmente el país a Estrada Palma, si bien la dependencia de los EE. UU. continuará de forma velada hasta 1952 (Gott 2007). 4 La prensa adquirió suma importancia como medio de propaganda; véase Mancera Rueda (2021). V. Documentos
808 Eva Bravo-García Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 adeptos a la causa, de otra se crea, a través de la correspondencia epistolar, una red de argumentos y opiniones que apuntalan la filosofía que sustenta las nuevas ideas revolucionarias. Junto a todo ello, se produce un intercambio de comunicaciones formales que entretejen el día a día de las acciones militares, transmitiendo órdenes e informando de la situación de las fuerzas. Como consecuencia, a lo largo del siglo XIX cubano se observa una proliferación de documentos –públicos y particulares– que recogen el día a día de las propuestas de los cabecillas insurrectos, sus relaciones y amistades, sus dudas y convicciones políticas. El molde textual más utilizado es la carta, dada su versatilidad y popularidad. Desplegada en múltiples variantes formales (comunicaciones, notas, nombramientos, etc.), constituye un medio eficaz para transmitir órdenes, compartir ideas y registrar los sucesos de la vida cotidiana, tanto civil como militar5. Las circunstancias descritas obligaron a escribir –por sí mismos o mediante delegación– a individuos que tenían muy diverso grado de alfabetización y competencia escrituraria, lo que brinda un escenario óptimo para analizar la variedad del español que se va consolidando en Cuba. Esta contribución ofrece una muestra del intercambio epistolar entre miembros de la élite militar cubana. Los escritos constituyen, por ello, un ejemplo de la tracción entre ideas y realidad que se produce en toda contienda bélica. Como valor añadido, en este material se puede rastrear cómo se está produciendo la definición de la identidad de la isla, es decir, el concepto de cubanía o cubanidad, que sintetiza los modelos de la nueva patria que, en buena medida, encarnan los líderes de la insurrección. Así lo expresa Ramón Roa en una carta a Máximo Gómez: “General: su historia de usted es la historia cubana, y usted no es más que cubano” (1969: 390). Cuba en el contexto de la independencia Las relaciones entre la isla y la Península Ibérica se centran en un intento casi desesperado por solucionar “el problema de Cuba” (#7)6, lo que hará que la pérdida de este territorio sea sentida de forma aún más trágica en una España sobrepasada por los acontecimientos políticos y sociales, tanto internos como externos. La raíces del conflicto se encuentran en el descontento de los cubanos ante el régimen político y económico implantado en la isla a partir de 1837 (Hammett 2008: 395). Una combinación de sanciones duras y medidas 5 En Bravo-García (2022a) se encuentra una selección de escritura epistolar particular coetánea a los documentos que se estudian aquí. 6 Los ejemplos se referencian indicando el número del documento precedido del signo (#). Se conservan en la transcripción los rasgos ortográficos que reflejan la pronunciación cubana.
809 Cartas de amor y de guerra. Correspondencia femenina de Cuba (siglo XIX) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 apaciguadoras –e incluso indulgentes7– con los cabecillas solo consiguió retrasar lo inevitable: “Los españoles dan en pacificar el territorio, pero donde quiera resuella el libertador” (#9). Conforme avanza el siglo, la sociedad cubana vio crecer el componente militar, debido tanto a la llegada continua de refuerzos españoles8 como a la creación de un ejército propio, concentrado en torno a las figuras emblemáticas de la época. Estos jefes serán los que, en cada etapa bélica, lancen los gritos que movilizan a la acción. El primero de ellos, el grito de Yara, se produce en 1868 cuando Carlos Manuel de Céspedes proclama el Manifiesto del 10 de octubre en su finca La Demajagua, libera a sus esclavos y los incita a la lucha, acto que dio inicio a la Guerra de los Diez Años (1868-1878). En esta contienda surgen importantes figuras como Ignacio Agramonte, Calixto García, Máximo Gómez, Quintín Bandera, Vicente García González, Antonio y José Maceo o Guillermo Moncada. Todos ellos contribuyen en la forja de una imagen de líder que se consolida en las insurrecciones posteriores. La protesta de Baraguá (15 de marzo de 1878) dio lugar a la Guerra Chiquita (1879-1880), promovida desde el exilio por Antonio Maceo, firme partidario de retomar la acción armada: Ha llegado el momento de volver al campo de la lucha para conquistar por medio de las armas lo que por justicia nos corresponde. [...] Por lo tanto, cese ya tan larga tregua y empuñemos el machete para arrojar de su último dominio en América, al infame cobarde español, haciendo resonar desde Punta Mani a San Antonio el grito de Independencia o muerte. (#2) La última etapa será la Guerra de la Independencia o Guerra del 95 (1895- 1898), que se inició con la firma del Manifiesto de Montecristi por parte de José Martí y Máximo Gómez y el grito de Baire, apoyado con levantamientos en distintas localidades9. Desde el punto de vista social, esta última guerra tenía importantes diferencias con la primera, cuyos partidarios eran criollos blancos 7 Tras cada conflicto bélico, el gobierno español facilita el exilio de muchos líderes compensándolos económicamente e incluso indultándolos: “Los presos que han salido para España han sido indultados” (#9). Testimonio de ello se encuentra en las memorias del insurrecto Ramón Roa (1969: 198): “Echáronse al campo José Maceo, coronel hermano del General; Quintín Banderas, comandante hasta hacía poco y algunos otros, uniéndoseles, a regañadientes, Guillermo Moncada o Guillermón, que no estaba por sublevarse. Todos ellos percibían regularmente sueldos del Estado español como inspectores de agricultura, plaza creada ad hoc por las autoridades coloniales, ganosas de robustecer su política conciliadora”. La política de apaciguamiento tuvo detractores ante la falta de resultados y el fortalecimiento de los insurgentes. 8 “Entre 1895 y 1898 España realizó el mayor esfuerzo militar jamás llevado a cabo por una potencia colonial: los 220.285 soldados trasladados a Cuba en cuatro años constituyeron el mayor ejército que cruzara el Atlántico hasta la II Guerra Mundial, cuando los Estados Unidos se aprestó a la invasión de Europa” (Moreno Fraginals y Moreno Masó 1993: 127). Para un cómputo actualizado, véase De Miguel Fernández (2010). 9 Para un desarrollo detallado de los acontecimientos, véase Navarro García (1998) y Moreno Fraginals (2002).
810 Eva Bravo-García Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 de condición alta y media, muchos de ellos terratenientes de la zona oriental y central de la isla: Por el contrario, la guerra de 1895 nació con un cierto matiz popular, obrero y de clase media, y una fuerte campaña de captación de los sectores negros mulatos y campesinos. Pero casi de inmediato tuvo el apoyo de toda la sociedad criolla incluyendo a quienes se habían alineado con el Partido Liberal Autonomista o en el Partido Reformista, ante la ausencia de otra opción política factible. Contó también con un amplio cuadro de jefes, formados en la anterior contienda, que habían ganado una gran experiencia militar, fama y prestigio público. (Moreno Fraginals 2002: 274-275) La guerra de color El tema de la raza está presente en los textos que nos ocupan y es un asunto que forma parte no solo de la realidad cubana, sino también de las reflexiones en torno a las independencias de las nuevas naciones americanas. Además de las implicaciones políticas y demográficas, el concepto y definición de raza se encuentra en las obras de los escritores decimonónicos, en un intento por encontrar una nueva identidad que satisfaga y responda al futuro del continente. En 1883, Sarmiento escribió Conflicto y armonías de las razas en América, obra que termina con una frase que constituye todo un manifiesto de desafección a los viejos valores europeos: Seamos Estados Unidos. [...] Sí. Seamos como ellos, una raza nueva desprendida del tronco caucásico, plasmada en una naturaleza fecunda y generosa, capaz de alentar grandes ideales de porvenir y de marcar una etapa en la historia futura de la civilización humana. (Sarmiento 1915: 40) Pero la realidad es mucho más compleja, especialmente en una Cuba que, en 1827, tiene una población de 630.980 habitantes, de los cuales 291.021 son blancos y 339.959 de color (115.691 libres y 224.268 esclavos)10. Para los sectores intelectuales, era preocupante el alto porcentaje que había alcanzado la población negra, debido tanto a las importaciones de esclavos necesarios para atender a la necesidades de la agricultura, como a los procesos de emigración de libertos de otras zonas11. En su viaje por estas tierras, la infanta Eulalia de Borbón relata a su madre: “ayer recibí a tres delegaciones de lo que aquí se llama “gente de color”, es decir, de negros” 10 Sobre las ideas de la raza y las opiniones vertidas en la Sociedad Antropológica, véase Pruna y García González (1989). 11 La distribución geográfica no es homogénea: a mediados de siglo, la proporción en las provincia occidentales es de 1 español por cada 12 cubanos, mientras que en las orientales alcanza 1 por 23.
811 Cartas de amor y de guerra. Correspondencia femenina de Cuba (siglo XIX) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 (Borbón 1949: 53). A lo largo de la centuria este sector social irá tomando fuerza y representación. La experiencia previa de Haití y la República Dominicana había levantado los temores sobre una descompensación en el componente étnico en la sociedad y el surgimiento de una nueva “república de negros”. Como consecuencia, se promueve una política de emigración de individuos blancos, a la que respondieron especialmente canarios, gallegos, asturianos y, en menor medida, vizcaínos y catalanes (García-Abásolo 2002). La sociedad decimonónica cubana refleja mezclas de razas, procedencias geográficas12 y estatus social; en ella, las inclinaciones hacia la independencia de determinados grupos sociales o raciales fluctúan según las circunstancias: estancieros, políticos, criollos con frecuencia cambian de bando, por no mencionar los pactos de los líderes insurrectos con los distintos gobernadores de la isla. Si los promotores de la primera contienda fueron generalmente estancieros descontentos con la política de la metrópoli, conforme avanza el siglo el movimiento insurrecto enraíza en las clases populares: Los esclavos, viendo que sus verdugos cada día remacha sus cadenas y el látigo cruza aún sus espaldas martirizándonos, tienen fijos sus ojos en nosotros y nos aclaman para que rompamos de una vez y para siempre sus prisiones. (#2) Lo que sí se constata es que la pertenencia al ejército fue un medio de ascensión social que ofrecía nuevas posibilidades para individuos de extracción humilde, y los servicios a la causa conferían un nuevo estatus a negros y pardos (Piedra Martel 1966: 35)13. Aunque había negros y mulatos en el ejército español, la proporción era menor que en el insurgente, en el que líderes emblemáticos tenían mezclas muy diversas: el general Quintín Bandera era negro entero, al igual que Guillermo Moncada, hijo de esclavo liberto; los hermanos José y Antonio Maceo eran hijos de padres mulatos; Calixto García, de padre blanco y madre descendiente de indígena venezolana; Máximo Gómez, criollo dominicano, José Martí hijo de canaria y valenciano, etc. Pese a esta variedad real, en la búsqueda de “lo cubano” Vitier (1958) considera que la identidad de la isla se forja precisamente desde el siglo XIX 12 Las diferencias propias de Cuba entre Oriente y occidente, zonas con una sociedad absolutamente distinta y cuyas peculiaridades se habían acentuado a lo largo del XIX, se atenúan como fruto de las políticas de movilidad social y de las migraciones ocasionadas por las guerras. De otra parte, se produce una gran cantidad de matrimonios entre cubanas y soldados españoles (Moreno Fraginals 2002: 297). 13 Algo similar ocurría en la milicia peninsular, en cuyas filas podía encontrarse mezclas étnicas y de orígenes. Valeriano Weyler sirvió en Santo Domingo a las órdenes del brigadier Juan Suero, “un mulato de aventajada estatura, fuerte, arrogante, dotado de gran valor personal, pero de carácter difícil, ajeno a nuestras costumbres y hábitos militares” (2004: 49).
812 Eva Bravo-García Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 y en torno al mulato14. Los insurrectos acusan continuamente a España de instrumentalizar el color como la causa de la guerra: Vd. sabe que el español es muy astuto y no desperdicia medios, por ruines e ilegales que sean, para hacer la guerra a sus adversarios, desfigurando los hechos y haciendo aparecer las cosas enteramente distintas de lo que son en realidad. Usted, como nosotros, debe tener una dolorosa experiencia de lo que son nuestros enemigos; [...] V. como nosotros sabe que en la pasá guerra, falseando el criterio y desfigurando los hechos, hizo aparecer a nuestra santa causa como guerra de raza, de cuyo medio tan infame como inicuo ha vuelto a hacer uso para sembrar la desunión y el descrédito entre los simpatizadores de nuestra causa. (#4) Las acusaciones son mutuas y los documentos estudiados aluden de forma recurrente a esta cuestión, lo que convierte al tema racial en un argumento esgrimido por ambos bandos: Los asesinatos cometidos por el gobierno español durante este mes en cubanos no tienen número, pudiendo deducir por estos hechos que la idea del gobierno es como la de la otra guerra: “acabar la raza cubana para poblar a Cuba de españoles”. (#4) ... queriéndonos hacer aparecer que hacemos guerra de raza, y no de principios como es en realidad. Inconcebible parece que nuestro suelo tan privilegiado por la naturaleza haya podido producir seres tan indignos, los cuales son la vergüenza y baldón de nuestra Patria y nuestra honra. No obstante, tres siglos de oprobio y degradación explican de una manera que no deja duda, la causa. (#6) El líder y la patria La construcción del líder cubano se hace en contraposición a lo que representa el español, que encarna, en el imaginario insurrecto, todo lo despreciable15; junto al español, se estigmatiza al cubano que toma partido por España (españolizado) y al que se rinde –el “mal cubano” (#6) o presentado–16: 14 A propósito de la construcción de la esencia cubana, véase la extensa obra de Torres-Cuevas (2006). 15 Esta breve selección de documentos ejemplifica abundantemente las opiniones acerca del “déspota tirano español” (#2). 16 Como se ha señalado anteriormente, el gobierno español tuvo una política benevolente con cabecillas muy señalados. Los documentos #10 y #11 muestran el agradecimiento de dos de ellos, Flor Crombet y José Maceo, a Camilo García de Polavieja: “tomo la pluma para poderle demostrar mi agradecimiento y darle las gracias por sus maneras de comportarse conmigo y como también recomendarle mi hermano, que queda en el campo, para que tan pronto como llegue efectúe su embarque [...]. Debiéndole manifestar que de mi parte no tengo temor de ningún género, ni en el vapor ni en donde pienso fijar mi recidencia, pues he salido de la revolución con la firme resuleción de
813 Cartas de amor y de guerra. Correspondencia femenina de Cuba (siglo XIX) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 esos menguados asesinos de nuestros hermanos, azote de nuestra querida madre Patria y vergüenza de la civilización moderna, prosigan en su maléfica obra. (#4) La orden que tienen los jefes de operaciones es que maten a todas las personas de color que puedan por los campos, y mas sin embargo da vergüenza ver tantos españolizados con el traje de guerrillero. (#9) En el compromiso con la causa se ponen de manifiesto las virtudes del cubano, ya que el honor y la honra personal van unidos a los de la patria: “venir a ocupar el puesto que su honra y la Patria les señalan después de haber empeñado su palabra de honor” (#6). En efecto, el centro vital del líder cubano es buscar el “bien de nuestra amada patria” (#1), que solo es posible conseguir con “la victoria de nuestra santa causa” (#2): Recordando la palabra de nuestros soldados, de no abandonar las armas mientras la tiranía imperase en nuestra querida [patria] y llamándonos estos para que les guiemos en las batallas, es nuestro deber acudir a donde ellos se encuentran a fin de que no nos tengan por perjuros. (#2) Es el futuro de una nueva Cuba lo que provoca el entusiasmo (“dichosos los que generosamente derraman su sangre por la libertad de su patria” #9) y solo la victoria puede proporcionar la felicidad de los ciudadanos: esperando se me incorporen casi todos los cubanos, dado el entusiasmo que en los pueblo reina. Nuestro ejército nunca ha contado con tanto elementos de guerra como hoy; ni los cubanos han respondido tan unánime, tan desidos <sic> como en esta nueva campaña. (#1) saluden a todos los buenos patriotas que defienden con tezón la santa causa de la independencia, para que vean algún día a Cuba feliz y vuestros sucersores echarán bendiciones por el bien que vosotros legaréis a la posteridad. (#9) Para obtener éxito, la única vía posible es la lucha armada, que se justifica con toda su dureza, y “el mejor medio es conseguirlo por la tea y el machete” (#9)17: Machete, machete con esos verdugos. (#2) El sistema que debe de adoptar para sus operaciones es en guerrilla pocos tiros que sean sobre los jefes cargando sobre el centro a desorganizarlos y tratar de coger armas. (#5) Procuren hacer daño a los ingenios y, si pueden, hagan un esfuerzo en matar a Francisco Azúa, socio de los Bueno y administrador de sus ingenios... (#9) no volver a ser insurrecto en el resto de mi vida” (#11). Huelga decir que ambos volvieron a la lucha armada en la guerra del 95. 17 Para un análisis de los símbolos bélicos y valores cubanos, y su análisis léxico, véase Bravo- García (2022b).
814 Eva Bravo-García Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 Como en toda acción insurgente, entre los promotores no siempre hay acuerdo acerca de las acciones que se deben tomar. Por ejemplo, Céspedes protagonizó el alzamiento del 10 de octubre de 1968 sin consultar con los otros líderes. Pese al desengaño de “la maldita paz del Sanjón” (#1), como la llama Moncada, que cerró la primera contienda, no todos fueron partidarios de reanudar las acciones en 1879. Cuando Calixto García, al frente del Comité Revolucionario de Nueva York, movilizó soldados y armas para una nueva lucha, algunos de los veteranos combatientes de la guerra de los Diez Años (1868-1878) eran reacios a emprender una nueva ofensiva. ¿Cual fue la contestación de Maceo? Hela aquí: “Yo traeré aquí la revolución y cuando ella triunfe expulsaré los autonomistas y confiscaré sus bienes”. Sentí vergüenza en el rostro e indignación en el corazón; haber engañado a gran parte de sus admiradores pintándolo como hombre ilustrado y de alteza de miras. (#7) La acción bélica se combina con decisiones políticas y personales que a veces son cuestionadas. Pese al reconocimiento de Maceo como “héroe de Oriente” (#10) y guía de la causa por la independencia18, la carta de José Lacret19 a Urbano Sánchez (#7) es profundamente crítica con él. Como advierte Moncada, la cizaña y la desunión es otro de los peligros que acecha a la causa: Usted, que ama a su Patria y le desea un porvenir lleno de gloria, apresúrese a cerrar la única puerta por donde pueden introducir los enemigos de nuestro bienestar la venenosa ponzoña de la discordia, en nuestras filas. “La unión constituye la fuerza” dijo un sabio y elocuente orador; desunidos no aparecemos ante el mundo más que como unos miserables ambiciosos; unámonos y estrechémonos fuertemente inspirándonos en un mismo pensamiento y el resultado de nuestros esfuerzos será el triunfo de nuestras ideas, de nuestros principios. (#4) No obstante, son las acciones en el campo de batalla las que forjan al héroe y su fama. Por ello, nombres como el de Maceo han calado en el imaginario popular cubano, que lo considera “no sólo un guerrero excepcional y un político sagaz, sino el símbolo de los combatientes de Cuba, y especialmente de los más humildes” (Moreno Fraginals 2002: 281): Queridos jefes, tengo el grandísimo gusto en tomar la pluma y dirigirle estos mal trazados renglones como una prueba de adhesión y simpatía por la causa que 18 Moncada se dirige a Antonio Maceo en los siguientes términos: “...hombres del valor de Ud. pues, además de prestarnos su apoyo con sus sabios consejos, hacen resplandecer nuestra causa y desaparecen por completo todas las dudas que a los tímidos pudieran tener sobre el origen y objeto de nuestra campaña” (#1). 19 José Lacret Morlot (1850-1904), general de división del ejército cubano (Escalante Colás y Jiménez González 2001, I: 165-166).
815 Cartas de amor y de guerra. Correspondencia femenina de Cuba (siglo XIX) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 tan dignamente defienden, dignos héroes del siglo diez y nueve, que luchando con una nación mucho más mayor que la nuestra, no pueda por menos que tener el universo entero los ojos fijos en Ustedes. (#9) Las escritura como espacio de las ideas Los individuos que componen el escalafón superior del Ejército Libertador tienen distintos grados de educación: los hay cultos y con formación universitaria, completada en España o en los Estados Unidos, junto a otros con instrucción escasa o nula. Algunos se formaron durante sus períodos de destierro en España, como sucedió a José Martí; otros no tendrán tanta fortuna en sus destinos como los penales de Ceuta, Figueras o Fernando Poo. Pese a ello, José Maceo mejoró su escritura durante su presidio en Chafarinas (Padrón Valdés 1975:131). Los remitentes tienen distinta competencia lingüística y escrituraria, pero es en su condición de líder donde adquieren, ellos y sus comportamientos, una reconocida autoridad. Todos ellos se identificarían con estas palabras escritas por otro combatiente, Bernabé Boza, al inicio de sus memorias de la guerra: Tomo hoy la pluma sin ser escritor erudito ni galano de estilo, como ayer cogí las armas sin ser militar; en cumplimiento de mi deber y para bien servir a mi patria. (Boza 1974: 5) La escuela fue en Cuba un ámbito de expansión de las ideas de la emancipación20. Si bien la Ley de Instrucción Pública para Cuba y Puerto Rico (1842) y, posteriormente, el Plan de Estudios para Cuba (1863) mejoraron el alcance de la formación21, en el ámbito rural las dificultades eran mayores y, en muchos casos, se contaba solo con el aprendizaje doméstico22. Máximo Gómez y Antonio Maceo, por ejemplo, tuvieron una educación muy somera, que consiguieron mejorar con el estudio autodidacta y el contacto con personas cultas. Piedra Martel, ayudante de Maceo en la guerra del 95, describe este proceso: Del mozo sin instrucción que fuera antes de la guerra del 68, no quedaba nada en él. Durante los diez años de aquella guerra, y mediante el roce constante con hombres ilustrados, y aun del concurso de algunos de ellos, había adquirido 20 Mesa Rodríguez afirma que “El Salvador”, el colegio de José de la Luz y Caballero, produjo “una hornada de gloriosos cubanos ...(que) se sumaron a las filas libertadoras de 1868” (apud Huerta Martínez 1992: 27). 21 Para una evolución de la enseñanza primaria a lo largo del siglo, véase Huerta Martínez (1992) y De Paz Sánchez y Hernández González (2000). 22 A partir de esta época es cuando se puede tomar a la escuela como un factor de consideración para la definición de la variante cubana del español (Perl 1994: 113).
822 Eva Bravo-García Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 Documentos Los textos aparecen referenciados con indicación del archivo, número de legajo y foliación. La documentación pertenece al Archivo General de Indias de Sevilla (AGI) y al archivo del Instituto de Historia y Cultura Militar de Madrid (AIHCM)27. 1. Guillermo Moncada a Antonio Maceo dando cuenta de la situación de la insurgencia [1879]. AGI, Diversos,7, R.2, D.12, fols. 488r–489r. 2. Antonio Maceo a Arcadio Leyte Vidal, sobre el inicio de la insurrección y su compromiso con la causa (Kingston, 16 de agosto de 1879). Autógrafa. AGI, Diversos 7, R.2, D.15, fols. 590r–591r. 3. José Maceo a Antonio Maceo dando cuenta de las operaciones (Campamento en Caoba, 8 de octubre de 1879). Autógrafa. AGI, Diversos 7, R.2, D.12, fols. 491r–492v. 4. Guillermo Moncada a Francisco Ramírez, ordenándole cese sus comunicaciones con un coronel español (Cuartel General, 26 de octubre de 1879). AGI, Diversos 7, R.2, D.12, fols. 518r–519v. 5. Limbano Sánchez ordena a Guillermo Moncada el inicio de hostilidades contra el gobierno español (7 de noviembre de 1879). Autógrafa. AGI, Diversos 7, R.2, D.16, fols. 942r–943r. 6. Guillermo Moncada a Santos Pérez, lamentando el comportamiento de algunos cubanos (Macio, 13 de noviembre de 1879). Copia. AGI, Diversos 7, R.2, D.15, fols. 577r bis-577v. 7. José Lacret a Urbano Sánchez, con quejas sobre Antonio Maceo [1879]. AGI, Diversos 20, D., doc. 8. 8. Un miembro de la logia Colón a G. Moncada, J. Maceo y J. Sánchez (16 de diciembre de 1879). AGI, Diversos 7, R.2, D.15, fols. 580r–581r. 9. Lafayette (seudónimo de Antonio Colás) a los jefes del Ejército insurrecto (Cuba, 5 de diciembre de 1879). AGI, Diversos 7, R.2, D.15, fols. 867r–868v. 10. Flor Crombet a Camilo García de Polavieja, limpiando su imagen (Nassau, 15 de septiembre de 1890). AGI, Diversos 20, D.2, doc.1. 11. José Maceo agradece a Camilo García de Polavieja el tato recibido y las facilidades para su exilio [1880]. AGI, Diversos 7, R.2, D.14, fols. 563r–563v. 12. Máximo Gómez a José Lacret Morlot, notificándole que aprueba la prisión de Pedro Miguelín y deplora la muerte del coronel Clotilde García (“El Rosario”, 1898). AIHCM, Ultramar 3444, Doc.8. 27 Todos ellos están recogidos en el Corpus Documental y Hemerográfico de la Cuba del Novecientos (CODHECUN), donde se ofrece una triple presentación, siguiendo los criterios de la Red internacional Charta (2013): transcripción paleográfica, presentación crítica e imagen del documento.
823 Cartas de amor y de guerra. Correspondencia femenina de Cuba (siglo XIX) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 1. Guillermo Moncada a Antonio Maceo (1879) Apreciable amigo: Después de saludarle a Ud. y su familia, cordialmente paso a manifestarle el buen resultado que nos está dando las nuevas operaciones en bien de nuestra amada patria. Las guerrillas de Songo, las Guásimas y cuatrocientos de Mayarí, todos están a mis órdenes esperando se me incorporen casi todos los cubanos, dado el entusiasmo que en los pueblo reina. Nuestro ejército nunca ha contado con tanto elementos de guerra como hoy; ni los cubanos han respondido tan unánime, tan desidos <sic> como en esta nueva campaña. {1v} ¡En algo nos había de convenir la maldita paz del Sanjón! La isla entera ha respondido al movimiento y en otras juridiciones cuentan ya con fuerzas respetables, pudiéndole citar la de Holguín que pasan de 700 hombres. Solamente lamentamos la ausencia de hombres del valor de Ud. pues, además de prestarnos su apoyo con sus sabios consejos, hacen resplandecer nuestra causa y desaparecen por completo todas las dudas que a los tímidos pudieran tener sobre el origen y objeto de nuestra campaña. Amigo mío, prolijo quisiera ser en los detalles que sobre este particular podría darle pero, no permitiéndomelo la estención de esta carta, le envío en comisión a un oficial del ejército (que a Ud. {2r} no le he desconocido) para que verbalmente le informe. Venga U. que le esperamos aquí con los brazos abiertos; vengan todos aquellos que son dignos de estar a nuestro lado, pues sería un gran paso para nuestra causa la presencia de todos sus amigos en este campo. Deseando el feliz momento en que pueda estrecharle entre mis y juntos podamos compatir las fatigas de la campaña, se repite de Ud. afectísimo S. S. Q. B. S. M. G. Moncada ∴ [rúbrica] 2. Antonio Maceo a Arcadio Leyte Vidal (Kingston, 1879) Kingston, 16 de agosto de 1879 Sr. Arcadio Leyte Vidal Mi muy distinguido amigo y compañero: Ha llegado el momento de volver al campo de la lucha para conquistar por medio de las armas lo que por justicia nos corresponde. Muchos que esperaban que España concedería libertades, garantías, miles iluciones que se formaban, habrán quedado desengañadadas por el largo tiempo transcurrido sin haber obtenido nada absolutamente y, sobre todo, por las palabras de Martínez
824 Eva Bravo-García Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 Campos en el Congreso. Nosotros, afortunadamente, no se nos engañó, porque nada convensía, que nada esperábamos de ellos, conocíamos demasiado al déspota tirano español y estábamos plenamente convencido que no podría con libertad alguna; toda vez que ella misma no lo tiene. Recordando la palabra de nuestros soldados, de no abandonar las armas mientras la tiranía imperase en nuetra querida [roto] y llamándonos estos para que les guiemos en las batallas, es nuestro deber acudir a donde ellos se encuentran a fin de que no nos tengan por perjuros. Los esclavos, viendo que sus verdugos cada día remacha sus cadenas y el látigo cruza aún sus espaldas martirizándonos, tienen fijos sus ojos en nosotros y nos aclaman para que rompamos de una vez y para siempre sus prisiones. Una falange de mercenarios aventureros, ignorantes soldados, diariamente invaden nuestras poblaciones, [roto] {1v} puestos del gobierno y, resolviendo sin conocer las necesidades del país las cuestiones más interesantes a su antojo, y solo guiándolos el interés de su bolsillo y de la península. Por lo tanto, cese ya tan larga tregua y empuñemos el machete para arrojar de su último dominio en América, al infame cobarde español, haciendo resonar desde Punta Mani a San Antonio el grito de Independencia o muerte. Conozco perfectamente su inmenso amor por Cuba y su firme propósito de que esta obtenga su libertad, así es que quedo plenamente persuadido de que trabajará sin descanso para que la nueva revolución obtenga el triunfo en el más breve plazo, siendo necesario se ponga de acuerdo con los demás jefes sobre la manera en que ha de hacerse el pronunciamiento a fin de apoderarse del mayor posible de los elementos de guerra del enemigo y poder obtener la primera victoria, que siempre es la más valiosa, y salvar por la desconfianza y temor que se introduce en las filas españolas. Al llevarse a cabo el pronunciamiento, allí me encontraré para compartir con Vds. las fatigas y privaciones de la guerra, así otros muchos jefes que se encuentran en el extranjero, y como [roto] esperarse arrastraremos la mayoría de la emigración. Es necesario e indispensable atraerse las dotaciones de [roto] cas, haciéndoles comprender que a nuestro lado obtendrán la libertad, mientras que al lado de los españoles solo conseguirán [roto]er siempre en la degradada condición de esclavo, y que la campaña será de muy poca duración. Debe tenerse también el necesario espionaje, toda vez que {2r} se aventura la vida de muchos compatriotas, y la victoria de nuestra santa causa, así como dar la orden a los demás jefes de propiciarse en el caso de ser descubiertos; pues de otro modo pudiera suceder que los españoles nos privasen de nuestro mejores compañeros.
825 Cartas de amor y de guerra. Correspondencia femenina de Cuba (siglo XIX) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 La premura con que debo alistar esta correspondencia impide ser tan extenso como deseara, pero conociendo su penetrante experiencia, no dudo adivinará mi pensamiento y coadyuvará a verlo realizado. Con la más alta consideración y aprecio, se reporta siempre de V. afectísimo S. S. y A. que besa su mano. A. Maceo ∴ [rúbrica] Ad. = En lo sucesivo le escribiré con el nombre de la hembra que tenía V. en [roto]. Recuerde que su honor esta con la causa de los cubanos y que su gloria se envuelve hoy en un [roto] cosas que le han sucedido a su familia. Machete, machete con esos verdugos. Recuerdos a su señora. Suyo como siempre, Maceo ∴ [rúbrica] 3. José Maceo a Antonio Maceo (Campamento en Caoba, 1879) Campamento en Caoba, 8 de octubre 1879 Mayor General Antonio Maceo: En contra de nuestro propósito (pues no pudimos dejarlo para el día convenido) tuvimos que levantarnos en Santiago de Cuba el 26 de agosto por la noche habiendo sido descubiertos. Desde que nos lanzamos a la fecha, hemos tenido varios encuentros con el enemigo y en todos hemos tenido un éxito favorable. De Santiago de Cuba y de todas partes del Departamento sale todos los días mucha gente. De Mayarí Abajo han salido 400 hombres armados {1v} y pertrechados, de Holguín casi todo, tanto de la ciudad como de todas las partes de la jurisdicción, de Las Tunas lo mismo, de Manzanillo, de Jiguaní, Bayamo, Baracoa y Guantánamo. De este punto ha salido ya mucha parte de las escuadras. Cuando V. venga, hágalo con cuidado que los españoles tienen mucha vigilancia tanto por mar como por tierra. Deseando nosotros cuanto antes su llegada a esta por donde te manifestaba el jefe del Regimiento Guantánamo cuando yo era de la infantería que podías venir, puedes hacerlo siempre por el mismo punto. Tienen presos a D. Silverio, Lacret, Pepillo Medina, Urbano Sán{2r}chez, Emilio Bacardí, Perico Salcedo y muchos muchos más y muchos de los que no habían tomado parte en la revolución pasada. Consérvate bien. Por acá todos sin novedad. Y memorias a todos. Y recibe un abrazo de tu hermano. José Maceo ∴ [rúbrica]28 28 Junto a la carta se conserva un sobre dirigido al “Sr. D. Antonio Maceo. Jamaica”.
826 Eva Bravo-García Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 4. Guillermo Moncada a Francisco Ramírez (Cuartel General, 1879) Comandante Francisco Ramires Cuartel General, octubre 26 de 1879 Inestimable amigo y compañero: con harto disgusto he sabido que mantiene Vd. comunicación en extremo perjudicial a los intereses de la Patria, con un coronel español, naciendo de aquí las presentaciones que, según noticias, han tenido lugar en esa fuerza. Comprendo perfectamente que habiendo dentro de su pecho un corazón tan noble en que arde el sublime fuego del patriotismo y amor a la libertad, no habrá calculado los inmensos perjuicios que pueden proporcionar a la Patria ese orden de cosas. Por lo tanto, como hombre de experiencia, cumple a mi deber de amigo, compañero y patriota, hacer a V. algunas observaciones que creo muy oportunas. Al decir a V. que no era conveniente lleva esa fuerza para esos lugares, prevía lo mismo que está sucediendo. Vd. sabe que el español es muy astuto y no desperdicia medios, por ruines e ilegales que sean, para hacer la guerra a sus adversarios, desfigurando los hechos y haciendo aparecer las cosas enteramente distintas de lo que son en realidad. Usted, como nosotros, debe tener una dolorosa experiencia de lo que son nuestros enemigos; V. como nosotros aun conservará abierta en su pecho la herida que abrió con mano sacrílega e impía el monstruo de la dominación española en nuestro honor y el de la Patria; V. como nosotros sabe que en la pasá guerra, falseando el criterio y desfigurando los hechos, hizo aparecer a nuestra santa causa como guerra de raza, de cuyo medio tan infame como inicuo ha vuelto a hacer uso para sembrar la desunión y el descrédito entre los simpatizadores de nuestra causa. Por eso busca introducirse entre los nuestros con adulaciones y pastelería para seducir y engañar a los crédulos y atemorizar a los pusilánimes con su aparato de guerra, cuando es así que apenas pueden contar con cuatro soldados, sin un maravediz ni de donde sacarlo, porque no hay quien fíe a España ni un céntimo pero ni el valor de él; por eso, repito, busca el medio de introducirse entre los nuestros, con {2r} el fin de volverlos a engañar con fútiles promesas y reírse de todos nosotros como lo hizo la vez pasada. Así pues, querido amigo, no permita V. que esos menguados asesinos de nuestros hermanos, azote de nuestra querida madre Patria y vergüenza de la civilización moderna, prosigan en su maléfica obra. No permita V. ninguna clase de comunicación a su fuerza con el enemigo; mire que el hombre inexperto es muy fácil seducirlo. Usted, que ama a su Patria y le desea un porvenir lleno de gloria, apresúrese a cerrar la única puerta por donde pueden introducir los enemigos de nuestro
827 Cartas de amor y de guerra. Correspondencia femenina de Cuba (siglo XIX) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 bienestar la venenosa ponzoña de la discordia, en nuestras filas. “La unión constituye la fuerza” dijo un sabio y elocuente orador; desunidos no aparecemos ante el mundo más que como unos miserables ambiciosos; unámonos y estrechémonos fuertemente inspirándonos en un mismo pensamiento y el resultado de nuestros esfuerzos será el triunfo de nuestras ideas, de nuestros prin{2v}cipios. Yo espero que V. marchará con el teniente coronel Soria sobre Sagua de Tánamo, donde solo espera una fuerza nuestra para salir una numerosa reacción, lisonjeándome de que contribuirá V. con su patriotismo y conocimientos para el mejor éxito de la empresa. Por las fuerzas que operan por Limones, Sabanilla, Yateras, &, he recibido partes de los voluntarios y tropas de línea que continuamente vienen a engrosas nuestras filas, la mayor parte armados. Los asesinatos cometidos por el gobierno español durante este mes en cubanos no tienen número, pudiendo deducir por estos hechos que la idea del gobierno es como la de la otra guerra: “acabar la raza cubana para poblar a Cuba de españoles”. Ya se puede considerar eso, puesto que más de un jefe español ha dicho en presencia de los mismo cubanos que han estado con ellos, que una acémila vale más que un guerrillero. No tiene ellos la culpa. Sin otro particular, admita el testimonio de mi cariño. Su afectísimo amigo y servidor, G. Moncada ∴ [rúbrica] 5. Limbano Sánchez a Guillermo Moncada (1879) Sr. Brigadier D. Guillermo Moncada Inmediatamente reciba V. esta se pondrá en operación activa a hostilisar el gobierno español sin pérdida de tiempo. Si el señor Santos Pérez llegara por esa, atáquelo que yo con mi fuerza estoy dispuesto ayudarlo a V., pues nos está engañando; y si le llegara a decir ha tenido arreglo con alguno de nosotros, no le crea y fórmele una estrategia y vea si le puede desorganizar la fuerza. El señor D. Félix Camprubí, comicionado de la Junta de New York y con quien teníamos los jefes de Baracoa compromiso, se encuentra a mi lado y me trajo el nombramiento de general de Brigada, que así lo ha dispuesto el general Calistro {1v} García Íñiguez. También el mismo señor trajo nombramiento y carta orden para Santos Pérez, el que se le remitió inmediatamente, y además una carta particular del Sr. Camprubí haciéndole las propociciones de que tenía orde y, al propio tiempo, que si no aceptaba que nos atacase en el término de 3 días o de lo contrario se le atacaba. Pero no aguardó, sino se retiró de Baracoa y por noticias fidedigna sabemos se
828 Eva Bravo-García Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 encuentra en Sabanilla con 300 y pico de las escuadras y parejas de guardia civil y unos cuantos soldados. Así es que Vd. opere con activa y deme cuenta para, si es caso de que yo debo de ayudarlo, inmediatamente darle auxilio. El general D. Antonio Maceo debe desembarcar y para que no tenga trastorno es nesesario tomar esta {2r} determinación. El sistema que debe de adoptar para sus operaciones es en guerrilla pocos tiros que sean sobre los jefes cargando sobre el centro a desorganizarlos y tratar de coger armas. El general Benítez y muchos otros brigada coronés han desembarcado en el centro; trate de ponerse en comunicación y en cuanto lo esté me avisa, dando cuenta que V. lo está conmigo en conducta. Soy de Vd. El general de brigada Limbano Sanches [rúbrica] Noviembre 7 de 1879 P. D. No le extrañe los términos en que está escrita, no ha sido dictada por mí. Yo estoy a sus órdenes con mi fuersa compuesta del pueblo todo de Baracoa. Vale. Sanches [rúbrica] 6. Guillermo Moncada a Santos Pérez (Masio, 1879) Ciudadano Brigadier Santos Pérez Masio, noviembre 13 de 1879 Muy señor mío y de mi mayor consideración: es en mi poder una carta para V. recibida del exterior, la cual tengo el gusto de remitirle adjuntándole una proclama de las que también he recibido. Tiempo ha que tengo el más vehemente deseo de verle para ponernos de acuerdo. Estoy mirando con el mayor disgusto el mal comportamiento de una gran parte de los cubanos; de aquellos que con más ahínco me instaban para que me pronunciara y veo, repito, lo retraídos que hoy se muestran, debiendo haber venido ya a ocupar sus respectivos puestos para dar más impulso a la Revolución, lo cual no han verificado aún y, lejos de ello, he tenido noticias de la propaganda tan infame que se está haciendo para desfigurar el carácter de nuestra guerra, o más bien para tener un pretexto o evasiva que le sirva de disculpa para no venir a ocupar el puesto que su honra y la Patria les señalan después de haber empeñado su palabra de honor. Propaganda tanto más infame, cuanto que como V. sabrá me hallaba tranquilamente en mis quehaceres y al empuñar las armas de nuevo lo hice por un fin noble, por una causa sacra{1v}tísima, y en una palabra: por la redención de un pueblo que sufre todas las iniquidades e insultos de la más bárbara opresión, y de ningún modo por ambiciones bastardas ni pasiones mezquinas, que se avienen muy mal con mi carácter, como quieren suponer
829 Cartas de amor y de guerra. Correspondencia femenina de Cuba (siglo XIX) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 esos menguados queriéndonos hacer aparecer que hacemos guerra de raza, y no de principios como es en realidad. Inconcebible parece que nuestro suelo tan privilegiado por la naturaleza haya podido producir seres tan indignos, los cuales son la vergüenza y baldón de nuestra Patria y nuestra honra. No obstante, tres siglos de oprobio y degradación explican de una manera que no deja duda, la causa. He aquí el comandante vivo que después de haber recibido un terrible desengaño de los españoles, después de haber visto caer a su hermano bañado en sangre, atravesado por el mortífero plomo disparado por manos enemigas, que después de haber jurado vengarlo y lavar su honor ofendido, se ha presentado al enemigo del modo más indigno, delatando al comandante M. Castellanos (a quien tendrá V. la bondad de notificárselo) en sus planes, así como también enterando al brigadier español Pin de los asuntos que de V. sabía para con nosotros. Todo lo cual me apresuro a notificarle {2r} lamentando este paso de ese mal cubano, y sintiendo vaya a proporcionar a V. algún compromiso. Por lo tanto, en vista de tales circunstancias, suplico a V. se sirva manifestarme francamente su última resolución. Quedando como siempre de V. &cétera, G. Moncada 7. José Lacret a Urbano Sánchez Señor Don Urbano Sánchez Echevarría, Cuba Mi querido amigo: Cuando a esta Capital llegó Maceo era yo un cadáver que solo conservaba la facultad de sufrir; el mundo me era solamente indiferente, la patria…. ¿Qué era ella para mí? Un lugar donde el deber acababa de asotarme cruelmente y que me era totalmente indiferente. Pues bien, el hombre cadáver, el que ni del mundo ni de la Patria se acordaba, sintió en sí una inmensa satisfacción, renació a las cosas del mundo por un sentimiento humano, el del orgullo, estrechó la mano del que fue su jefe y continuaba siendo su amigo, le aconsejó de acuerdo con otros compañeros prescindir, por impracticable, de un proyecto que traía para someterlos al general Salamanca, poniendo a su disposición otros medios legales para alcanzar algunos recursos pecunarios que le hacían falta; pero con la condición precisa que el día que su conducta política no le gustase, quedaría relevado del compromiso. Pronto para mí empezó el arrepentimiento. {1v} El Señor Maceo que yo había pintado de superior talento natural en la Revolución y de ilustración alcansada en el extranjero, sostuvo en mi presencia una controversia con un señor que pedía para Cuba la autonomía o la independencia; todo, en fin, menos el actual desbarajuste. ¿Cual fue la contestación de Maceo? Hela aquí: “Yo traeré aquí la revolución y cuando ella triunfe expulsaré los autonomistas y confiscaré sus bienes”.
830 Eva Bravo-García Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 Sentí vergüenza en el rostro e indignación en el corazón; haber engañado a gran parte de sus admiradores pintándolo como hombre ilustrado y de alteza de miras. Guardé, sin embargo, silencio y como antes no había hablado con él de política fácil me fue conservar mi actitud hasta que él me obligó a salir de ella planteándome resueltamente el problema de Cuba; yo le contesté que para ese caso tan necesario eran los hombres como los nombres y que estos últimos andaban más escasos de lo que creíamos y que, por último, si en la pasada Revolución hubiese vertido los conceptos que ya dejó señalados y por ellos me hubiesen nombrado parte de un consejo de guerra contra él le hubiese aplicado la pena de muerte, pues no admito un hombre personificando la ley y menos sobreponiéndose a ella. {2r} Una vez pues oí a Maceo hablar de política, otra vez hablé de política con él. En aquellos días circuló respecto de él una noticia de tal gravedad e importancia que resolví romper todo negocio de interés con él y así lo hice inmediatamente. Enrique Collazo, Felipe Figueredo, Manuel Languely y Ramón Pérez me dieron la noticia, sin autorisarme a darla por más que les rogase, con el fin de que el mismo Maceo se defendiese. Muchos aquí se la han comunicado a Vidal. Para terminar. Desconosco los planes políticos de Maceo, que ni me los comunicó nunca ni traté de conocerlos; pero si son los que otros me refieren, juzgo sus planes implacticables y, si lo fuesen, funestos al país; antes que coadyuvar a su realisación prefiero el patíbulo o el ostracismo. Haga V. el uso que quiera de esta carta. Es su afectísimo amigo, José Lacret [rúbrica] Salud al amigo Crombet29 de quien no sé hace tiempo, lo mismo a Guillermo Moncada. Marcho el 30 de este mes para España y mi dirección es Fuencarral 27, 2º derecha, Madrid. 8. Un miembro de la logia Colón a G. Moncada, J. Maceo y J. Sánchez (1879) Ciudadano brigadier G. Moncada Ciudadano coronel J. Maceo Teniente ayudante J. Sánchez Queridos Amigos y Hermanos ∴ Veo con bastante pena que Vs. me tratan con desmaciado rudeza sin motivos justificados; en su única y última muy grata me dice V. que debo de tener en mi poder cuatro con fechas anteriores y debo decirles que solo he 29 Francisco Adolfo “Flor” Crombet Tejera (1851-1895) participó en las tres guerras.
831 Cartas de amor y de guerra. Correspondencia femenina de Cuba (siglo XIX) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 807-835. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.38 recibido una fechado 2 octubre, suplicándoles indaguen con energía la dirección que le han dado a las demás. Supuesto no han llegado en mi poder y ni han vuelto al suyo, encuentro un poco de ligereza de parte del mensajero. La única llegada en mis manos es la que le indico, lo cual le acuso resepción. En fin, pasaremos a cuestión de mayor interés. Supuesto que debo probarles el motivo de mi cilencio y retraimiento ante la imperiosa nesesidad de no permanecer en la inacción y prestar aucilios con todos los esfuerzos que la cituación exige, debo yo mismo ser juez y acompañarle a tratarme del modo que Vs. me tratan no puedo menos que darles razón, pero aún le suplico y reclamo una pequeña apelación, lo cual espero alcanzar de sus {1v} poderocícimas. Le suplicaré entonce pase sobre cada uno de mis hermanos con atención y dicimule mi criminalidad, ya que ese término se usa hacia mí. Amigos míos, Vs. creo que no ignoran que al terminar la pasada campaña y al tener el gusto de verlos Vs., los héroes de tan memorables guerra, la primera puerta que se abrió para mis nobles hermanos∵ fue la mía. Desde luego, el contacto sin sesar, las continuas vicitas tan honorable para mí y la prición y destierro de varios hermanos∵ nuestros con quien yo estaba diariamente unido es causa de que mi casa se registrara y yo vigilado seriamente de tal modo que cada uno de mis pasos está espiado. Quise por un momento irme al extranjero, ya que no puedo ocupar el puesto mío que es al lado de Vs. ,como siempre lo he deseado, por mi mal estado de salud que tanto me desespera, sobre todo esa afección declarada al pecho; pero mis recursos no me lo han permitido y en este caso espero, Dios mediante y en su santa misericordia, si mi salud tan perdida como deseada se recupera poder entonce ser útil a mi Patria conforme lo fui, si no con mucho al meno con la voluntad como antes, y le consta a nuestro distinguido G. Maceo. Pero amigos, [roto] un hombre enfermo no puede ocupar [roto] {2r} y pueda yo ocuparme de eso se los participaré, pero además sería preciso que desapareciera la desconfianza que me tienen y la vigilancia. En fin, los motivos que les expongo. Juro en nombre del G∴ A∴ D∴ U∴ la realidad de mis razones expuestas y le ruego Os∴ conserve, y bendiga N∴S∴C∴ Colon G. 18 [rúbrica] Hoy 16 de diciembre, la suya recibida en 13 del corriente. 9. Lafayette (seudónimo de Antonio Colás) a los jefes del Ejército Insurrecto (Cuba, 1879) Sres. jefes del Campo insurrecto Cuba y diciembre 5 de 1879 Queridos jefes, tengo el grandísimo gusto en tomar la pluma y dirigirle estos mal trazados renglones como una prueba de adhesión y simpatía por la causa que tan dignamente defienden, dignos héroes del siglo diez y nueve, que