Abella, Carlos, (2016): Luis Miguel Dominguín. A corazón abierto. Barcelona, Edicions Bellaterra [Reseña]
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Fig. n.º 11.- Abella, Carlos (2016): Luis Miguel Dominguín. A corazón abierto. Barcelona, Edicions Bellaterra. 479 páginas. Revista de Estudios Taurinos N.º 40, Sevilla, 2017, págs. 307-312 La biografía que le dedica Carlos Abella a la gran figura del toreo Luis Miguel Dominguín puede contarse entre las más profundas, completas y variadas que se les han consagrado a los toreros del siglo XX. Abella, que ha empleado gran parte de su vida en el estudio de la tauromaquia, llevando a cabo una labor incansable en pro de la cultura taurina, es autor de otras biografías de toreros (Paco Camino y José Tomás), además de haber ocupado el cargo de Director Gerente del Centro
Fátima Halcón 308 de Estudios Taurinos de la Comunidad de Madrid (entre 2010 y 2015), que desempeñó defendiendo la fiesta taurina como símbolo axiomático de la cultura y entidad españolas. A diferencia de otras biografías, ésta se basa en conversaciones mantenidas entre el autor y el torero a lo largo de varios años de amistad y mutua admiración, en las que Carlos Abella va desgranando la personalidad compleja y poliédrica de Domínguín. El libro desarrolla la vida del genial artista que sedujo por igual a hombres y mujeres, ocupando un lugar indiscutible dentro de la sociedad internacional de su época. La biografía cuenta con dos partes destacables. Una fundamental dedicada a la figura del torero en la que se despliegan las diversas etapas de su vida: su infancia y juventud acaparada por el entorno familiar de padre y hermanos, su consolidación como torero alternando, compitiendo y mandando con otras grandes figuras del toreo a lo largo de treinta años con sus idas y venidas y su retiro definitivo. La otra parte de la biografía se centra en el análisis de Dominguín como figura innegable de la sociedad de su tiempo. Sus romances y amoríos con mujeres de distinta índole y personalidad entre las que se cuentan actrices de fama universal, damas de la alta sociedad de la época, familiares, etc., sus relaciones con los principales gobernantes políticos de Hispanoamérica, su amistad con Picasso y otros intelectuales y artistas y su extraña y próxima relación con Franco, con quién compartió su enorme afición a la caza. De la primera parte quisiera resaltar la descripción de la familia Dominguín, tanto del padre como de los dos hermanos del torero, Domingo y Pepe, relacionados todos ellos con el mundo de toro. La gestión de diversas plazas de toros en España y América, el apoderamiento de toreros de renombre, el desarrollo de la profesión de los tres hermanos, nos muestra con total evidencia el desarrollo del negocio y del mundo taurino desde su interior. La agudeza de Carlos Abella es capaz de conseguir la sinceridad de
Recensiones de libros 309 Dominguín, quien cuenta en primera persona asuntos polémicos dentro de su biografía. Entre ellos destacamos la rivalidad existente entre el torero y otros matadores de toros: Manolete, Antonio Ordóñez y Carlos Arruza, con los que compartió cartel y quedó unido para la historia. La competencia entre Dominguín y Manolete se fraguó desde el momento en el que el primero tomó la alternativa, quedando fuertemente arraigada tras la fatídica tarde de Linares al culparle gran parte del público de su temprana muerte. El 28 de agosto de 1947, ambos toreros libraron su última batalla en la plaza, con el impacto del joven torero de apenas veintiún años de tener que asimilar la muerte de su rival, ganándose, a partir de ese momento, la hostilidad de gran parte del público a pesar de la admiración que sentía hacia Manolete. Como le explica Dominguín a Carlos Abella «la muerte compra su entrada cada corrida y está ahí de espectadora, acechando al torero, inquietándole». La rivalidad con Ordóñez tuvo un carácter diferente al unirles no sólo lazos profesionales sino también familiares. Abella nos explica los comienzo de Ordóñez bajo la tutela de la familia Dominguín, particularmente del patriarca Domingo González Mateos, quien al amparo de su hijo Luis Miguel le fue abriendo paso en los contratos de las distintas ferias. Desde su alternativa en 1951 toreó con Luis Miguel y con otro de los toreros de la casa Dominguín, Rafael Ortega, en distintas tardes tanto en España como en América. La protección que el patriarca de la familia le otorgó a Ordóñez le fue crucial en estos primeros años donde se adivinaba ya la maestría de su arte, que compitió desde esos momentos con el de su futuro cuñado. La rivalidad entre ambos artistas quedó de manifiesto en la década de los años cincuenta cuando las desavenencias entre ambos fueron palpables en el ruedo. Así se llegó al conocido como verano sangriento del año 1959, del que salió triunfante Antonio Ordóñez, quien ya se consideraba
Fátima Halcón 310 el número uno de los toreros. De esta confrontación Hemingway ofreció una visión dantesca y apocalíptica en una serie de artículos publicados en la revista Life. Si la primera parte de esta biografía resulta interesante al describirse con fluidez y claridad distintos sucesos de muchas corridas comentadas en las que se destacan los episodios que el autor considera memorables, ello no le resta un ápice de incentivo a la segunda parte, donde se analizan las amistades del torero, así como su pasión por las mujeres y la caza. La inteligencia, personalidad y chulería de Dominguín se intuyen en la minuciosidad de la escritura presentando a un personaje tan atractivo como diferente. Su amistad con Picasso y con Juan Antonio Vallejo-Nájera explica el carácter fascinante del torero, que podía magnetizar con igual dominio a hombres y mujeres. También se narran múltiples aventuras vividas con Peter Viertel y con Don Marcelino en ambientes madrileños ya perdidos que quedan expuestos con calidad fotográfica. Interesante, asimismo, es la descripción de la amistad entre el torero e intelectuales de la época, destacacando la ayuda que le prestó a Jorge Semprún o los momentos que compartió con personajes de la talla de Ortega y Gasset, Alberti, Dalí o Foxá. Capítulo aparte es el anecdotario tan abundante como heterogéneo de su relación con Franco, con quien compartió su pasión por la caza, y donde queda manifiesta la superioridad del torero, sobrado de inteligencia y descaro. A pesar de que eran conocidas muchas de las aventuras amorosas de Dominguín plagadas de múltiples anécdotas que forman parte del imaginario común de los españoles de una generación, el libro repasa muchas de estas historias, unas más conocidas que otras. Desde sus primeros amoríos juveniles a sus romances con algunas estrellas del cine, que incluyen artistas de la talla de Lauren Bacall, Romy Schneider, María Félix o Ava Gardner y sus matrimonios con Lucía Bosé, a quien el autor
trata con respeto y generosidad, y con Rosario Primo de Rivera, a quien considera salvaguarda de los últimos años del torero. La diversidad social y la variedad de prototipos de las mujeres con las que mantuvo algún tipo de relación demuestran la capacidad conquistadora del torero, cuyo talante no tuvo comparación con ningún otro de su época. Esa capacidad seductora también la aplicó a personalidades masculinas, y esa polivalencia provocó, en ocasiones, la envidia de otros seductores natos, como fue el caso de José Luis de Vilallonga. Un apartado destacado de la biografía de Dominguín lo centra el autor en la afición del maestro a la caza, proporcionándole descripciones de parajes naturales extraordinarios, sobre todo de la finca La Virgen, situada en un lugar privilegiado de la sierra de Andújar. Tal y como el mismo torero reconoce, las tres pasiones que tuvo en su vida fueron la caza, los toros y las mujeres. Esta afirmación, hecha cuando el matador tenía veinte años, estaba en activo y cazaba de forma continua, se transformó en los últimos años de su vida, al reconocer que esa pasión frenética se le había agotado porque le apenaba matar a los animales, aunque le seguía encantando estar en contacto con la Naturaleza. Su faceta de buen cazador y tirador le permitió, aparte de conocer gran parte de los mejores cazaderos de Europa y de África, tratar a aristócratas y millonarios, con los que departía de igual a igual. Luis Miguel Dominguín confió en Carlos Abella para contarle su vida a lo largo de varios encuentros en los que el autor conversó y trató como amigo al torero. Por ello, esta biografía nos muestra además una faceta más humana del maestro, quien hizo de la provocación una de las bazas de su gran atractivo. A través de estas páginas podemos entrever una persona generosa y comprensiva, capaz de ayudar a los más necesitados, dentro y fuera de su profesión. Y como colofón, el autor nos da una detallada relación de los matadores de toros con los que compartió Recensiones de libros 311
cartel en España, Francia, Portugal, Marruecos y América durante los años en los que estuvo en activo. También se relacionan las plazas de toros en las que actuó, así como las ganaderías y las cornadas sufridas entre 1944 y 1973. En definitiva, una biografía indispensable no sólo por el análisis exhaustivo que se hace de la sugestiva figura de Luis Miguel Dominguín sino también por la abundancia de noticias taurinas que proporciona de los años de su actividad profesional, donde se ponen de manifiesto todos los entresijos de la profesión. Fátima Halcón Fundación de Estudios Taurinos Fátima Halcón 312