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MUJERES EN LA CIUDAD ROMPIENDO LOS LIMITES DE GÉNERO DEL PLANEAMIENTO URBANO MODERNO Nuria Álvarez Lombardero Departamento de Proyectos Arquitectónicos ETSA Sevilla Universidad de Sevilla [email protected] [email protected] Resumen Desde los orígenes del planeamiento urbano moderno, ciertos grupos sociales han sido sistemáticamente marginados en el diseño de nuestras ciudades. La fuerte relación entablada desde un principio entre esta joven disciplina y los poderes económicos y políticos establecidos han llevado a desarrollo de distintas formas de control o exclusión para ser impuestas a esos individuos desposeídos de cualquier poder. El caso de las mujeres es especialmente paradigmático en relación a este tema. A pesar de haber sido comúnmente consideradas como parte de esos “otros” grupos sociales marginados de la vida urbana y la esfera pública, desde finales del siglo diecinueve las mujeres han sabido encontrar su manera de definir un espacio propio en la vida urbana moderna, encontrando patrones de libertad dentro de un marco preestablecido de franca hostilidad física. Las mujeres, quienes tradicionalmente han sido confinadas al espacio doméstico, rompieron los límites entre público y privado extendiendo su espacio interior hacia la ciudad moderna. El objetivo de esta ponencia es mostrar, en diferentes momentos del planeamiento moderno de las ciudades Europeas, las condiciones espaciales y los diferentes ambientes generados en estos lugares que las mujeres comenzaron a sentir como propios dentro de la fábrica urbana moderna. A través de ellos se comienzan a cuestionar los límites establecidos entre público y privado. Palabras Claves Mujer-Ciudad-Control-Paris-Grandes Almacenes-Escaparates-Londres-Sufragistas 33
A lo largo de la historia de nuestras ciudades las mujeres han experimentado una difícil y compleja relación con los espacios públicos urbanos. Una idea extendida casi hasta nuestros días es que la fundación y crecimiento de las ciudades Europeas debía basarse en la adaptación de la organización primitiva de los asentamientos humanos en forma de familias o grupos de familias, situando a las mujeres como guardianas de los espacios domésticos. Como resultado de esta ideología, cualquier presencia de la mujer fuera de estos límites privados establecidos fue tradicionalmente percibida por el resto de la sociedad como una amenaza o un peligro. No obstante, con el desarrollo del proceso de industrialización a principios del siglo XIX esta situación de limitación por género inició un proceso de cambio. Las mujeres comenzaron a estar gradualmente presentes en la vida pública por su incorporación tanto al mercado de trabajo manufacturero como al mercado de consumo de los productos fabricados; y es de esta manera, a través de sus paseos diarios, ya sea a la fábrica o al comercio, que estas mujeres comenzaron a cuestionar los límites patriarcales que el planeamiento urbano les había impuesto. A pesar del conflicto generado por la presencia de las mujeres en los espacios públicos, ciertas nuevas tipologías edificatorias proporcionaron soluciones espaciales conciliadoras. Un ejemplo tipológico claro fue el gran almacén. El diseño de este edificio comercial no solo respondía a una exposición de las mercancías producidas en masa, sino que también proporcionaba las cualidades espaciales intermedias, entre público y privado, que las mujeres necesitaban. Sin embargo, a pesar de la liberación que el gran almacén parecía representar, uno de sus elementos mantenía aún el control sobre la mujer a través de la mirada: el escaparate comercial. La especial relación que el diseño del escaparate establece tanto con el planeamiento y diseño de las calles como con las experiencias de la vida cotidiana lo convierten en un elemento esencial de estudio para entender las relaciones entre la mujer y la ciudad en la era moderna. Es por ello que este trabajo trazará la evolución del escaparate desde su utilización en los grandes almacenes en Paris a finales del siglo XIX hasta su uso, modificación y transformación por parte de las sufragistas a principios del siglo XX en Londres, reflexionando sobre la relación entre los mecanismos desplegados en el escaparatismo y la lucha de la mujer por encontrar un lugar en la ciudad moderna. Las mujeres y el espacio urbano del planeamiento moderno El inicio de la revolución industrial dio lugar a que los poderes político-económicos establecieran de inmediato una estrecha relación con la nueva disciplina del planeamiento urbano. La espontánea densificación de población inmigrante en las ciudades europeas exigió el desarrollo de técnicas de diseño para el control de esta “nueva” sociedad emergente, que se escapaba de los mecanismos de control tradicionales. De esta manera, los planeadores comenzaron a dividir la ciudad a través de diversas fronteras físicas trazadas en el tejido urbano que, basándose en aparentes razones científico-técnicas, servían para decidir quién habitaría qué en esas nuevas configuraciones espaciales, imponiendo así sus decisiones políticas y normas sociales. De acuerdo con este procedimiento, las personas consideradas por el poder político como fuera de la sociedad activa o económicamente productiva fueron excluidas de la vida pública urbana.1 1Ejemplos claros son la ejecución tanto del Plan de Barcelona por Ildefonso Cerdá´s (1855) como del Plan de Paris por Napoleón III and George-Eugéne Haussmann´s (1851). El planeamiento de ambas ciudades industriales combinaba no solo una 34
Las mujeres, como parte de estos grupos improductivos marginados, fueron también privadas del derecho a participar de la vida pública por estos primeros planeadores. Es también fundamental destacar aquí que el comienzo del planeamiento urbano moderno coincidió con una vuelta a los valores sociales tradicionales. Tras un periodo de turbulentas revueltas,2 los poderes dominantes confiaron en concepciones ultraconservadoras del orden social para restablecer el control sobre una sociedad a sus ojos desmandada. Estos poderes creyeron en la necesidad de confinar de forma segura a las mujeres en espacios domésticos para su propia protección, convirtiéndose en sus lugares segregados y restringidos de acción. Cualquier presencia de mujeres fuera del espacio doméstico privado sería percibido por los planeadores como un síntoma de desorden en la ciudad, o lo que Elisabeth Wilson denomina ‘la esfinge en la ciudad’. Tal y como Wilson indica: “Debemos dejar de percibir la ciudad como una área desordenada o peligrosa de la cual la mujer- y otrosdeben ser ampliamente excluidos para su propia protección. Es la dicotomía masculino-femenino lo que se ha traducido peligrosamente como una concepción de la cultura de la ciudad sólo concerniente al hombre. Consecuentemente, la mujer se ha convertido en una irrupción en la ciudad, un síntoma de desorden, y un problema: la esfinge en la ciudad.”3 De esta modo estos primeros planeadores urbanos comenzaron a trazar fuertes límites físicos dividiendo el espacio urbano entre público y privado, a la vez diferenciaba las experiencias diarias en la ciudad de acuerdo a la identidad por género, identificando a la mujer con el espacio privado doméstico y al hombre con el espacio público. Sin embargo, a medida que el proceso de industrialización va alcanzando su desarrollo pleno, comienza a surgir una incipiente ruptura de estos límites por parte de la mujer. A finales del siglo diecinueve, un crecimiento en la producción manufacturera trajo consigo una inesperada presencia de las mujeres en el espacio público. La necesidad de restructuración higienista de la fábrica urbana medieval sino también la reforma social de su población. Las implicaciones en términos de género han sido analizado por diversos autores, como: HOOPER, Barbara: `The Poem of Male desires: Female Bodies, Modernity and “Paris, capital of the Nineteenth Century”´ en SANDERCOCK, Leonie (ed.): Making the Invisible Visible, Berkeley: University of California Press, 1998 y CANO ROJAS, Pilar: `La casa: Formadora de sexos y géneros en la Barcelona de finales del XIX y principios del XX´, en ARRIAGA FLÓREZ, Mercedes: Mujeres, Espacio y Poder, Sevilla: ArCiBel Editores, 2006. 2 Un ejemplo de estos movimientos sociales que conmocionaron a los poderes es la Primavera de los pueblos, o la Revolución de 1848, formada por una oleada de manifestaciones revolucionarias en varios países del continente iniciadas por varios movimientos revolucionarios de clase trabajadora como consecuencia de la situación de crisis industrial y agrícola entre 1845 y 1846. Especialmente destaca el caso de la ciudad de Paris donde las revueltas obreras, a las que se unieron las primeras feministas de Francia, tomaron la ciudad. Como consecuencia, y tras apaciguar las revueltas un nuevo régimen político dirigido por Napoleón III iniciará un proceso de reforma urbana para el control de la ciudad de Paris. HARVEY, David: Paris, Capital of Modernity, New York and London: Routledge, 2006. 3 WILSON, Elisabeth: Sphinx in the city: urban life, the control of disorder, and women, London: Virago Press, 1991,p.9. 35
mano de obra incrementó la incorporación de las mujeres de clase trabajadora a la fábrica, que a través de sus movimientos diarios del hogar al trabajo, comenzaron a cuestionar esos límites ya trazados por el planeamiento moderno. Del mismo modo, la producción en masa de mobiliario y productos para el hogar atrajo a las mujeres de la élite burguesa a consumir fuera de los límites domésticos. Como responsables de la decoración de los espacios interiores habitados por sus familias, ellas acudían solas a los nuevos espacios de exposición en donde los límites entre público y privado quedaban diluidos. Ante esta nueva situación los planeadores urbanos tuvieron que redefinir estos límites para mantener los existentes patrones de control sobre la mujer, de modo que la creciente presencia de las mujeres en los espacios públicos, creó nuevas técnicas o elementos arquitectónicos de control como el escaparate. 36
`Retrato de la familia Bellelli´ de Edgar Degas (1858-67). En este cuadro Degas representa este papel de la mujer como madre y esposa en el espacio privado doméstico tan defendido por los valores tradicionales. `Los paraguas´ de Pierre - Auguste Renoir (1881-86) Sin embargo en este cuadro de Renoir casi treinta años después representa esta nueva flâneuse que pasea del hogar al trabajo y a los comercios rompiendo los límites por género. Su traje indica que se trata de una grisette, mujeres cuya respetabilidad solía estar en entredicho por la sociedad ya que solían tener amantes que ayudaban a subsistir económicamente ante los bajos salarios que recibían en su trabajo en la industria manufacturera. 37
El control del escaparate en el Paris de Haussmann. “El momento en el que la mirada domina, el cuerpo pierde su materialidad”4 Luce Irigaray El ejemplo más significativo de esta redefinición del límite aparece con la construcción de los primeros grandes almacenes en Paris a finales del siglo XIX. Esta nueva tipología edificatoria no sólo rompería los límites pre-establecidos entre espacio público y privado, sino también la relación que se había establecido entre cada categoría espacial y la identidad por género. Tal y como Elisabeth Wilson indica, “La presencia de la mujer creaba una especial y ambigua atmósfera en estas zonas, que eran públicas, pero con una intención de intimidad de su interior privado. La burguesía idealizaba la mujer en sus familias, y la cultura burguesa hizo posible la gran elaboración de la esfera privada. Al mismo tiempo, el consumo burgués invadía la esfera pública, y los espacios que eran permitidos a las mujeres respetables eran en muchos casos dedicados a la compra y venta más que a actividades de elevada moral. Allí, las mujeres miraban, así como eran observadas.”5 Durante mucho tiempo el único edificio comercial en la ciudad había sido el pasaje comercial. El peligro y suciedad de las calles habían hecho de los pasajes un lugar perfecto para las compras esporádicas de las mujeres en compañía de sus maridos, sirvientas o damas de compañía. Sin embargo con la reorganización urbana del Plan de Paris hecha por ambos Napoleón III y el Barón Haussmann entre 1852 y 1870 los pasajes comenzaron un proceso de decadencia. El nuevo diseño de avenidas amplias y limpias atrajo a ciudadanos a moverse a través de las calles de la ciudad en vez de usar los caminos ocultos y cubiertos que proporcionaban las arcadas. Además, la producción en masa de productos manufacturados necesitaba espacios más amplios para exponer la mercancía que los que ofrecían las pequeñas tiendas de los pasajes. A través de estas nuevas condiciones, los grandes almacenes surgieron en su diseño como la necesidad de combinar amplios espacios interiores de exposición con una directa relación con las calles de la ciudad. [Img.1] Dado que el cometido de esta nueva tipología era acercar lo máximo posible los productos manufacturados al consumidor, su diseño estaba dirigido a establecer una relación más permeable a nivel de calle. Antes del surgimiento de los grandes almacenes, las actividades comerciales fuera de los límites domésticos estaban reducidas a la compra de productos de primera necesidad. Ocasionalmente los clientes visitaban los talleres manufactureros para adquirir elementos únicos con los que cubrir sus necesidades básicas. Sin embargo, desde que la burguesía comenzó a utilizar el consumo como parte de su formación como clase social, el número de consumidores de artículos manufacturados en la sociedad Parisina creció exponencialmente. Paralelamente, la forma del edificio comercial cambió, evolucionando de la condición urbana contenida y cerrada del pasaje a una más permeable y abierta. La transparencia 4 De la entrevista con luce irigaray en Les Femmes, la pornographie et l´erotisme, HANS, M.F. y LAPOUGUE, G. citado en POLLOCK, Griselda: Vision and Difference: Femininity, Feminism and the Histories of Art, New York: Routledge, 1988, p.50. 5 Wilson, Elisabeth: Op.cit.P.59 38
de la fachada del gran almacén en planta baja fue incrementada en comparación con otros edificios, debilitando así las diferencias establecidas entre público y privado. El resultado fue una serie de habitaciones o salones de exposición cuya identidad espacial no era exactamente ni pública ni privada, sino ambas a la vez. [Img.2] Como consecuencia de esta relación cercana entre el nivel de la calle y el consumidor, las mujeres eligieron los grandes almacenes como refugios para sus solitarias incursiones en la ciudad. El hecho de que las mujeres estuvieran más involucradas en las actividades de consumo no fue la única causa de que las primeras flâneuses prefirieran estos edificios comerciales. En realidad fue la condición entre público y privado de las diferentes salas lo que realmente convirtió a los grandes almacenes en un segundo hogar para estas mujeres dentro de la vida pública parisina. Concretamente, la profusa decoración de los salones de exposición como si fueran confortables espacios interiores domésticos hacía sentir cómodas a estas primeras flâneuses, mientras que la altura de los espacios interiores y el tamaño de sus elementos (columnas, escaleras, puertas) les recordaban que aún se encontraban en la esfera pública. Además esta profusión de decoración intoxicó las fachadas de los grandes almacenes haciendo que su apariencia de inmensa construcción de acero fuera más atractiva para la mirada femenina atrayéndolas hacia su interior. Un elemento clave a nivel de calle para atraer la mirada de la flâneuse fue el escaparate. A parte de su uso más evidente como expositor de mercancía y gancho para el consumo en el interior, el escaparate fue el elemento a través del cual el gran almacén adquirió su rol social. Como los libros de maneras o de etiqueta característicos del momento6, la disposición del escaparate indicaba a las mujeres como debían comportarse en sus hogares y en sociedad. Ansiosas por subir en la escala social como toda una obsesión de la época, estas guías sociales eran comunicadas a las consumidoras a través de la disposición cuidadosa y elección de los objetos expuestos. Sin embargo, su carácter normativo estaba camuflado por los ambientes y sensaciones recreados por los colores y texturas entre los que se perdía la mirada. En su libro El Paraiso de las Damas Émile Zola describe perfectamente el funcionamiento de estos mecanismos, “Denise volvió a detenerse, atraída por otro escaparate dedicado a las confecciones de señora. […] La admiración la dejó clavada en la acera. Al fondo del escaparate un amplio mantón de encaje de Brujas, de elevado precio, extendía sus alas rubias como un mantel de altar entre guirnaldas de encaje de Alezón y una cascada en la que se mezclaban todos los encajes, de Manila, de Venecia y de Valence, incrustaciones de Bruselas lazadas a manos llenas cual nieve recién caída. […] El busto opulento de los maniquís tensaba los tejidos, las caderas generosas exageraban la estrecha cintura, y una etiqueta de gran tamaño, pinchada con un alfiler en el muletón rojo del cuello, hacia las veces de cabeza; a ambos lados del escaparate, varios espejos sabiamente orientados los 6 Libros de etiqueta como La Mode Illustrée (1865) edited by Madame Emmeline Raymond or The Baronne Staffe´s Usages du monde (1887), fueron escritos para las mujeres en donde se les indicaba cómo debían comportarse en sus vidas, los objetivos a adquirir y principios a seguir. Fueron una respuesta a la ambición común de la sociedad francesa durante el siglo diecinueve por subir en la escala social. ZELDIN, Theodore: A History of French Passions. Vol 1, Oxford: Claredon Press, 1973, pp.667. 39
reflejaba y multiplicaba hasta el infinito, abarrotando la calle de hermosas damas en venta que, en lugar de cabezas, lucían unos precios rotulados con grandes números.”7 Confundidas ante la presencia de tal sobrecarga de sensaciones las mujeres miraban su reflejo en el cristal y soñaban con estar al otro lado. Siendo los distinguidos maniquís la representación más cercana que la mujer media podía concebir de la idealizada mujer de clase alta, las buenas maneras eran asumidas como una imitación directa de la actitud y atuendo que el propio maniquí definía: elegante y glamuroso, pero tranquilo y discreto, y delicadamente siempre confinado. De este modo, en la experiencia diaria de la flâneuse la transparencia del escaparate era perversamente superpuesta con el reflejo real de la nueva mujer urbanita. Ajustando su reflejo sobre los decapitados maniquís la mujer podía completar su modelo con un solo pensamiento en su cabeza: ¿cuánto costará todo esto? El hecho de que la economía estuviera normalmente bajo la administración masculina delegaba así la última determinación sobre sus aspiraciones también a ellos. Como consecuencia las ambiciones por subir en clase social ataron a estas mujeres al control de estos mecanismos, disipando la libertad previamente ganada a través de sus movimientos diarios en el espacio público de la ciudad de Paris. 7 ZOLA, Émile: El paraíso de las Damas, Barcelona: Alba Editorial, S.L. 1995, pp.15- 16. 40
[Img.1] Le Bon Marché (1852) fue la primera Galería Comercial construida en Paris, y la segunda a nivel mundial. Después de un incremento en ventas su dueño Aristide Boucicaut adquirió el edificio contiguo completo para extender el espacio de comercio. El diseño, realizado por el arquitecto L.A. Boileau y el ingeniero Gustave Eiffel, combinaba con unos interiores cuyos elementos y espacio estaban diseñados a escala urbana con un alto grado de permeabilidad en su planta baja. [Img.2]Estudio de la permeabilidad en planta y sección, y de la transparencia en alzado de los grandes almacenes “Au Printemps”, diseñados por Louis Jules Sedille (1864). 41