scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Fernando III El Santo. El rey que marcó el destino de España [Reseña]

García Fitz, Francisco

Full text

337 Alcanate V [2006-2007] Reseñas NOTICIERO ALfONSÍ por el control del siempre complejo entramado institucional de los hospitalarios, y que el profesor Josserand conoce muy bien, lo anuncian sin dificultad. El interés de la obra no finaliza con la brillantez de sus conclusiones parciales y generales. El autor nos presenta un elenco de fuentes y bibliografía que resultan sencillamente imprescindibles para acercarse a un conocimiento serio y riguroso de las ordenes militares hispánicas como el que él nos ofrece. Y por si ello fuera poco, el libro incluye un interesantísimo apéndice final en el que se publican por vez primera los estatutos o establecimientos santiaguistas de ese notabilísimo maestre del siglo XIII que fue Pelayo Pérez Correa. Sería muy deseable que contáramos con una versión castellana del magnífico libro del profesor Josserand. Sin duda ello facilitaría su más que recomendable divulgación en España, pero hasta entonces no es menor regalo acceder al cuidado estilo y armoniosa formalidad con el que el autor ha sabido revestir las numerosas páginas de su obra. Carlos de Ayala Martínez Universidad Autónoma de Madrid Fernando III El Santo. El rey que marcó el destino de España Manuel González Jiménez, Fernando III El Santo. El rey que marcó el destino de España. Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2006. 407 pp. ISBN: 84-96556-38-7 Al cabo de varias décadas de ostracismo académico, de desprecio y arrinconamiento –en ocasiones más que justificado a tenor del tipo de estudios que se venían realizando desde mucho tiempo atrás–, la llamada “historia política”, “historia factual” o “historia evenmencial” ha vuelto a la primera línea de interés de los historiadores. Ciertamente en determinados círculos historiográficos NOTICIERO ALfONSÍ 338 Alcanate V [2006-2007] Reseñas –piénsese, por ejemplo, en algunos sectores muy influyentes del academicismo británico– la “historia política” no había llegado a abandonarse, pero no podemos negar que las grandes aportaciones de inspiración marxista o de la Escuela de los Annales, que tan notable impacto tuvieron en la producción histórica hispánica a partir de los años setenta, abominaron no sólo de una forma de hacer historia, sino también de un contenido que se consideraba intrascendente o meramente coyuntural en comparación con el análisis de las grandes estructuras y de las realidades de fondo. En el mejor de los casos, simplemente se pensaba que poco más había que decir sobre una sucesión de hechos políticos que parecía bien establecida. El género biográfico en general, y en particular el referido a las biografías regias, tan estrechamente emparentado con la “historia política”, corrió una suerte paralela, cuando no peor, puesto que después de todo a lo que ésta –la historia política– tenía de “positivista”, superficial o “coyunturalista”, venía a sumarse lo que aquella –la biografía regia– tenía de personalista y elitista. En un ambiente intelectual mucho más interesado por la sociedad que por el individuo, por el carácter de las relaciones y de las tensiones entre diversos grupos sociales que por la trayectoria vital de un personaje particular, por la estructura económica que por el capricho o la voluntad de un monarca, la biografía tenía poca, por no decir ninguna, cabida. Sin embargo, como decíamos en los últimos tiempos –tal vez desde mediados de la década de los noventa– la “historia política” y su corolario, la biografía, parecen haberse recuperado incluso en aquellos ambientes que la habían dejado de lado. Ciertamente, esta recuperación se presenta con etiquetas nuevas que expresan, hay que subrayarlo, enfoques también novedosos: conceptos tales como los de “nueva historia política” o “historia del poder”, nos ponen sobre la pista de unas orientaciones metodológicas y de objetos históricos que difieren de la tradicional historia política de corte decimonónico y que aspiran a plantear otros enfoques –más amplios, complejos y sugerentes–, a realizar lecturas originales de las fuentes y a caminar por senderos poco transitados que conectan la mera sucesión de “hechos políticos” con el mundo de las instituciones, de la sociología, de la economía, de las mentalidades, y aún con el de la antropología, y todo ello a partir del viejo entramado de los “acontecimientos”. Como podrá imaginarse, la renovación ha llegado también al “género” a las biografías regias. Hace no demasiados años, Jacques Le Goff, reflexionando sobre su propio quehacer historiográfico al elaborar la biografía de San Luis, reconocía que una labor como aquélla colocaba al historiador en una posición privilegiada para reflexionar sobre las convenciones y ambiciones de su oficio, sobre los límites de sus descubrimientos y sobre las reconsideraciones que necesitaba su propia dedicación profesional. Sin duda el medievalista francés tenía 339 Alcanate V [2006-2007] Reseñas NOTICIERO ALfONSÍ razón en su caso particular, puesto que el historiador que viene de una tradición historiográfica centrada en las estructuras y que ha de abordar la trayectoria vital de un individuo necesariamente debe replantearse su punto de vista sobre los “hechos particulares”. Pero el resultado de este replanteamiento puede llegar a ser muy fructífero, sobre todo si el historiador tiene conocimiento y capacidad para convertir al biografiado en una atalaya desde la que observar el conjunto social y desde la que tomar el pálpito de todo un momento histórico. Recordaba Duby, amparándose en la autoridad de Braudel, que la crónica de lo cotidiano, de lo que el hombre repite sin estridencias, puede ser indicadora de una realidad perdurable, incluso de una estructura, y que por eso debía de ser considerada, y añadía, ahora por su propia cuenta, que el acontecimiento extraordinario, el irrepetible, el que se presenta escandalosamente iluminado por el testimonio de los contemporáneos o de los cronistas, también “adquiere un valor inestimable”, al menos en la medida en que enfoca y hace surgir “latencias”, “huellas” que de otra forma “hubieran permanecido en tinieblas”. El gran maestro se refería a las batallas en general –aunque pensando obviamente en la de Bouvinnes– pero su juicio es perfectamente aplicable a todos los “hechos” de un rey: a la postre, su biografía permite contemplar no sólo su peripecia vital, sino también el escenario que le sirve de fondo. Partiendo de estas premisas, los historiadores en general, y los medievalistas en particular, han vuelto a recuperar sin complejos en género biográfico, convencidos ahora de que la perspectiva que éste aporta, a pesar de la centralidad del personaje tratado, puede llegar a ser panorámica y envolvente. En los últimos años hemos tenido varias muestras notables, y ahora le ha tocado el turno a uno de los principales monarcas del medievo hispano, Fernando III. El autor, Manuel González Jiménez, tiene en su haber un bagaje de experiencia y conocimientos que le coloca en una privilegiada posición para realizar este ejercicio: experto conocedor del siglo XIII castellano, y de manera muy especial de algunos de los más importantes fenómenos de largo alcance inaugurados por el monarca castellano-leonés en Andalucía –procesos de repoblación, transformaciones de la propiedad de la tierra, ordenación de la sociedad implantada como consecuencia de las conquistas militares, organización institucional de los concejos, mudejarismo, relaciones con otros reinos peninsulares...–, sus aportaciones específicas sobre Alfonso X –desde luego las varias biografías que le ha dedicado, pero también sus trabajos de ediciones de fuentes documentales y cronísticas de aquel reinado, que le convierten en el máximo especialista en este monarca– le han permitido escudriñar más de una vez la manera en que el rey Sabio continuó o transformó las políticas emprendidas por su padre. Quizás era el momento estudiar directamente estas últimas. NOTICIERO ALfONSÍ 340 Alcanate V [2006-2007] Reseñas La propuesta que realiza el profesor González Jiménez está explícitamente perfilada desde las primeras páginas: no se trata de una obra espesamente erudita, académica y de investigación básica –aunque, como el mismo autor indica, “algo [hay] también de investigación”– sino que, en sus propias palabras, “este libro tiene mucho de síntesis y de puesta al día”. Como puede derivarse de estas afirmaciones introductorias, el trabajo –que ha merecido el premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2006, concedido por la Fundación José Manuel Lara– está dirigido a un público lector muy amplio y tiene una evidente intención divulgativa. El lenguaje claro y asequible, que por otra parte pone de manifiesto la vocación profesoral y didáctica del autor, sin duda permitirá que quienes no sean especialistas ni en el personaje, ni en el período, ni en las fuentes que sustentan el estudio, puedan acercarse al mismo con facilidad a través de una obra que, en contraste con la divulgación histórica al uso realizada por aficionados con escasa formación, combina el rigor científico y el placer por la lectura. Pero no sólo el lector no especializado, sino también el medievalista podrá encontrar, además de una síntesis bien hecha, una actualización de los conocimientos sobre el reinado, debidamente refrendadas por las notas finales, que el autor aprovecha no sólo para realizar la citada puesta al día bibliográfica y de fuentes, sino también para clarificar algunos problemas de fondo. El recorrido biográfico se efectúa a través de ocho capítulos que mantienen la secuencia cronológica de la vida de Fernando III. Los títulos de los mismos responden al hito o los hitos políticos elegidos por el autor como acontecimientos o fenómenos centrales en cada momento de la trayectoria del personaje: en el primero, que abarca los años 1201-1217, se abordan las dos primeras décadas del futuro monarca, poniéndose el énfasis en las circunstancias políticas y familiares que permitieron su paso de “infante leonés a rey de Castilla”. Una vez alcanzada la corona castellana, el segundo capítulo se articula fundamentalmente en torno a los problemas internos y externos a los que tuvo que hacer frente en los años iniciales de su reinado –1217-1224–, problemas derivados tanto de la minoría de Enrique I como de las tensiones con su padre –Alfonso IX de León– y que en buena medida giran en torno a “la caída de los Lara”. Al encarar una biografía como la de Fernando III, difícilmente el historiador puede sustraerse al espectacular proceso de expansión hacia el sur que protagonizó el reino de Castilla y que encabezó su monarca, y no sólo por la importancia objetiva del mismo, sino también porque sus propias fuentes, y especialmente los contemporáneos que dieron cuenta de aquellos sucesos, vuelven sus ojos de manera casi exclusiva hacia la frontera meridional y prácticamente olvidan todo lo que ocurre al norte de Sierra Morena. No puede extrañar, por tanto, que desde el momento en que Fernando III decida emprender sus 341 Alcanate V [2006-2007] Reseñas NOTICIERO ALfONSÍ campañas contra al-Andalus, la atención se centre prioritariamente en la guerra en las fronteras. Eso explica que el período comprendido entre 1224 y 1230, analizado en el tercer capítulo, se dedique esencialmente al análisis de la crisis del califato almohade y a las “primeras campañas de Fernando III en Andalucía”. Sólo un acontecimiento tan resonante y notorio como la muerte de Alfonso IX y la consiguiente aspiración al trono leonés de Fernando III, podía obligar a este monarca a mirar de nuevo hacia el norte, arrastrando consigo la atención de los cronistas. Con la perspectiva que dan los siglos, el historiador no puede sino ratificar la trascendencia política e histórica que tuvo “la reunificación de Castilla y León” –1230-1231–, un proceso que, en esta biografía, se hace merecedor del cuarto de los capítulos. No obstante, una vez consolidada la restauración de la unidad política de los dos reinos, la lógica de la conquista vuelve a imponerse en la trayectoria vital del monarca: el eje axial en torno al que gira el siguiente lustro –1231-1236– será la anexión de Córdoba, un hecho que no sólo da pie –en el capítulo quinto– al estudio de los orígenes de futuro sultanato nazarí y al análisis de la expansión castellano-leonesa por otros ámbitos –caso de la actual Extremadura o el alto Guadalquivir– sino que también abre la puerta al examen de otros fenómenos no menos trascendentales, tales como la repoblación de Córdoba y su tierra, o la organización institucional de un gran concejo. Algunas otras peripecias vitales y políticas –el frustrado acuerdo matrimonial con Teobaldo de Navarra o la muerte de su mujer, Beatriz de Suabia, por ejemplo– también tienen cabida en estos años de guerra. Posiblemente el acontecimiento político más importante de toda la siguiente década –1237-1246– fue “la ocupación del reino de Murcia” a partir de 1243, con la consiguiente expansión de Castilla-León hacia el ángulo sudoriental de la Península, a la que en buena medida está dedicado el capítulo sexto. Sin embargo, el significado cabal de la dilatación de las fronteras en aquella dirección sólo puede comprenderse cuando se observa que, en paralelo a la anexión del territorio murciano –un proceso cuyo protagonismo político y militar recae sobre el infante don Alfonso–, durante estos años se está produciendo una profunda recomposición política en al-Andalus –tras la muerte de Ibn Hud y la consiguiente ampliación del poder nazarí– que facilitará la expansión militar castellana por la campiña cordobesa, la sierra de Segura y el alto Guadalquivir, todo un embate que culminará con la conquista de Jaén en 1246 y con la firma de un pacto con el sultán nazarí que tendrá consecuencias estratégicas de largo alcance. Este avance territorial estará acompañado, además, por los llevados a cabo en el este y en el oeste por la monarquía catalano-aragonesa y por la portuguesa, unos vecinos a quienes Fernando III –casado desde 1237 con Juana de Ponthieu– y su heredero tendrán que prestar una atención NOTICIERO ALfONSÍ 342 Alcanate V [2006-2007] Reseñas no despreciable –tratado de Almizra con el primero, participación en la guerra civil del segundo–. La definitiva anexión de la campiña cordobesa y del reino de Murcia, junto a la firma del pacto de Jaén con Muhammad I en 1246, dejaba a Fernando III las manos libres para dirigir su atención militar hacia el bajo Guadalquivir, donde la antigua capital almohade, Sevilla, se presentaba como un objetivo de primerísimo orden en el proceso de expansión de las fronteras meridionales. La conquista de una urbe de esta magnitud militar y económica no habría de ser fácil, como demuestra el año y medio que el monarca hubo de emplear en la compleja operación de bloqueo terrestre y fluvial, a cuyo análisis se dedica el capítulo séptimo. La importancia de esta anexión no podía pasar desapercibida, y la resonancia de aquellos hechos quedó patente en la literatura de la época. Una vez incorporada Sevilla a la corona castellanoleonesa, en noviembre de 1248, la actividad bélica y el avance territorial se remansan: durante “los últimos años de su reinado”, entre 1249 y 1252, la obra de Fernando III tiene menos de militar y mucho más de gestión económica e institucional. Los inicios de la repoblación de Sevilla y su tierra, la creación del concejo hispalense, la dotación de su Iglesia, la reactivación de la vida comercial mediante el acuerdo con los genoveses, la convocatoria de cortes en 1250, junto a la “normalización” de las relaciones con Portugal son los asuntos que ocupan al rey antes de su muerte. Aparte de estos ocho capítulos centrales, otros dos apartados completan el perfil del biografiado. Por una parte, la introducción que le sirve al autor para presentar tanto las fuentes esenciales para el estudio del reinado, como los principales jalones de la historiografía fernandina desde el siglo XVII hasta finales del XX. Por otra, un interesante epílogo analiza la “mitificación” del personaje –un fenómeno fundamental para entender la imagen del monarca que se ha transmitido hasta nuestros días– a través de dos procesos: el de su conversión en modelo de gobernante ejemplar y verdadero espejo de virtudes –piadoso, justo, sabio, guerrero, defensor de la Cristiandad y debelador del infiel...–, una creación en la que tuvo mucho que ver su propio hijo, Alfonso X, y el de su canonización en el siglo XVII, cuya exposición bien puede completarse con la colección iconográfica que se incluye en la obra. A pesar de que, como bien advierte el profesor González Jiménez, las fuentes del período una veces dejan en la más absoluta oscuridad no pocos aspectos de su reinado, y otras los magnifican en exceso, limitando en todo caso las posibilidades de acercamiento al personaje y a su época, no puede negarse la trascendencia histórica del reinado de Fernando III: la última y definitiva unión de los reinos de Castilla y de León, la dilatada expansión hacia el sur de sus 343 Alcanate V [2006-2007] Reseñas NOTICIERO ALfONSÍ fronteras hasta incorporar parte de la actual Extremadura, el valle del Guadalquivir y el reino de Murcia, la conversión de Castilla-León en la principal potencia peninsular, la apertura del reino a tres mares y a tres líneas de expansión política y comercial cargadas de futuro –la cantábrica, la atlántica y la mediterránea–, son procesos de largo alcance de los que Fernando III fue protagonista. Desde este punto de vista, bien puede justificarse el subtítulo de esta biografía: el rey que marcó el destino de España. En definitiva, una magnífica oportunidad para aproximarse y actualizar conocimientos sobre el personaje y la época. Francisco García Fitz Universidad de Extremadura Fuero de Andújar Estudio y edición por Félix Martínez Llorente y Emiliano González Díez, Fuero de Andújar. Andújar, Fundación “Lázaro Galdeano”/Grupo de Investigación REVIPE, 2006, 440 pp. ISBN: 84-611-3663-2. No todos los días se descubre un fuero inédito. En esta ocasión, la buena fortuna ha permitido identificar entre los fondos manuscritos del Museo Lázaro Galdeano un fuero hace tiempo desaparecido y que ahora se edita por primera vez en una cuidada edición que incluye, tras los prólogos e introducciones institucionales, un amplio Estudio realizado por el Dr. Félix Martínez Llorente, Profesor Titular de Historia del Derecho e Instituciones Españolas, de la Universidad de Valladolid; la trascripción del texto, hecha por el Dr. Emiliano González Díez, Catedrático de loa misma disciplina en la Universidad de Burgos, y la reproducción fotográfica del texto conservado en la Biblioteca de la Fundación Lázaro Galdeano (Madrid). Andújar, como es bien sabido, fue una de las primeras conquistas de Fernando III. En 1224 el monarca castellano había llevado a cabo la primera