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Brecha digital, la barrera entre la élite on-line y los parias off-line

Vázquez Atochero, Alfonso

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-------------------------------------------------------------- Capítulo 54. Págs. 837 a 854 ------------- Capítulo 54 Brecha digital, la barrera entre la élite on-line y los parias off-line Alfonso Vázquez Atochero * a informática se ha impuesto en la sociedad actual e internet se ha ido popularizando: ha dejado de ser un reducto de extravagantes para ser una realidad paralela. No podemos negar su importancia, y quien no domina este campo, queda fuera de juego. No estar al día excluye social y laboralmente. Vivimos en una época donde los medios tecnológicos están condicionando sobremanera el desarrollo social y los procesos comunitarios que conforman nuestro día a día. Este fenómeno de tecnificación se ha desarrollado paralelamente al de globalización. No es que la tecnología se desarrolle con fines altruistas, aunque mediáticamente sea muy grandilocuente afirmar tal extremo que el desarrollo de esta sirve para mejorar la calidad de vida de la humanidad. Nada más lejos de la realidad, pues esta revolución es la que está quedando más sectores sociales fuera del terreno de juego. Y es que como afirma el aforismo popular, a río revuelto ganancia de pescadores. Este crecimiento repentino ha conseguido que se polaricen aún más los sistemas sociales. Es decir, que los estamentos sociales tienden a situarse entre extremos de la distribución normal de la sociedad, eliminando los términos medios, generando unas élites evidentemente minoritarias y unas lumpenclases de tamaño desproporcionado. Y este desequilibrio se puede detectar en economía, cultura, política y cualquier elemento social que tomemos como referencia. Así, la tecnología -en manos de unos poco gigantes del mercadono sólo no ayuda a la humanidad en su conjunto, sino que facilita una distribución asimétrica que condena a un ostracismo perpetuo e irreversible a una gran parte de la población mundial. * Miembro del Grupo de Investigación de Innovación en Educación y Salud (GIIES) de la Universidad de Extremadura, España. L -------------------------------------------------------------- Capítulo 54. Págs. 837 a 854 ------------- Cuando se fueron consiguiendo elementos de calidad que ahora son indiscutibles como el agua corriente o electricidad en los hogares pocos fueron los que se quedaron fuera de esta nueva mejora. Sin embargo, en el desarrollo digital han primado los aspectos comerciales sobre los aspectos sociales. El acceso a Internet no se considera una necesidad sino más bien un elemento más de consumo y estatus social. Sin embargo esta perspectiva puede generar una perversa división entre aquellos que tienen acceso a estos recursos y los que no. Porque no olvidemos que si una familia no tiene luz o agua, aparte del drama que ello supone, hará que se activen unos mecanismos sociales de defensa. Sin embargo, la falta de acceso a la sociedad de la información no activará ninguna de estas alertas, lo que hará que los entornos que no dispongan de este acceso sigan cada vez más aislados de aquellos que consigan entrar. La hiperconectividad es un beneficio colateral de esa globalización que citábamos anteriormente. Una globalización diseñada para que capitales y empresas pudieran desplazarse de manera cómoda, efectiva y rápida por el planeta. Un factor más de protección de un capitalismo galopante que buscaba el beneficio inmediato de aquellos que diseñaba en este sistema. Sin embargo, un resquicio quedaba abierto a la humanidad en este proyecto. Y es que el desarrollo imparable de los medios de comunicación y de transporte en los últimos decenios ha conseguido que la humanidad, entendida como un sistema de base sobre el que se construye cualquier modelo económico, pudiera aprovechar y utilizar este tipo de mejoras en beneficio propio. Y eso es importante porque nunca antes en la historia de la humanidad se había ofrecido un panorama similar. Estamos viviendo una revolución cultural y social, un cambio de paradigma basado en la relación ser humano-maquina que condiciona, sobre todo, a los más jóvenes, a los ciudadanos del futuro. Sin embargo, una brecha separa a los que dominan las nuevas tecnologías de los que se han quedado atrás en esta carrera hacía el futuro. Esta brecha digital provocará una escisión entre dos grupos sociales bien diferenciados. El analfabetismo tecnológico marcará claramente las condiciones laborales, y estamos condenando, dejando condenarse, a una parte importante de jóvenes. Hace unas décadas el gran problema de la educación, y por ende de la sociedad en general, era el analfabetismo. La gente que no sabía leer ni escribir interpretaban el mundo de otra manera. Para ellos era ajena la magia que un texto puede aportar a un letrado. Además eran excluidos del proceso cultural, y en el ámbito laboral eran ubicados en puestos extrarradio. En nuestra época hemos creado una nueva forma de analfabetismo, el tecnológico, y con el paso de las dos últimas décadas, verdadera transición entre la sociedad analógica y la sociedad digital, se ha convertido en una gran preocupación. Hasta tal punto que el fenómeno -------------------------------------------------------------- Capítulo 54. Págs. 837 a 854 ------------- genera y seguirá generando dos estamentos sociales postmodernos: los integrados y los parias de Internet, y en entre ellos la Brecha Digital, un escollo que en algunos casos se presenta como insalvable. A partir de aquí, podemos plantearnos una reflexión retroactiva ¿Crea más sesgo la Brecha Digital del que creó la Brecha Analógica? ¿Será tan trágico el futuro para aquellos que no se integren en la "nueva moda"? 1. NUEVAS DESIGUALDADES EN LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN. Requena analiza la exclusión en las redes como la cara opuesta a la solidaridad (Requena, 2008: 66-69). Trata esto procesos no como una novedad, pero si aprecia en ellos una nueva dimensión, potenciada por la globalización. Si a nivel global podemos hablar de grandes áreas geográficas excluidas, hasta países completos, también destaca la exclusión dentro de las áreas más favorecidas, donde se ceba en grupos sociales específicos, como ancianos, jóvenes, pobladores de extrarradio o población rural. Es lo que denomina cuarto mundo como forma de exclusión dentro de una misma área geográfica frente a tercer mundo como formas de exclusión entre áreas geográficas diferentes y diferenciadas. Tras esto cita Castells afirmando que la sociedad de la información presenta grandes agujeros negros de exclusión y desigualdad. Continúa tratando el informacionismo, como corriente insoslayable que crea una línea divisoria, estableciendo quién está fuera y quién dentro. Además, destaca el peligro de la fuerza de estos agujeros negros, en los que es fácil caer pero muy difícil salir y, son tan graves para es sociólogo que llega a hablar de muerte social (Requena, 2008: 67-69). Por su parte, Tezanos afirma que el desarrollo de la ciencia no va a ser neutral socialmente, sino que responde a una serie de coordenadas políticas (Tezanos, 2001: 67). Por ello, justifica que de las tres típicas preguntas que se formula la antropología, las dos primeras (¿Quiénes somos?, ¿de dónde venimos?) pierden sentido mientras que la tercera toma una nueva dimensión. El ¿hacia dónde vamos? es la cuestión que debe plantear los esfuerzos de los investigadores sociales. Citando a Freeman Dyson, Tezanos recuerda que si “los avances del siglo XIX y XX fueron en general beneficiosos para el conjunto de la sociedad extendiendo el bienestar a la vez entre ricos y pobres con un cierto grado de equidad”, (luz, agua, televisión, teléfono, antibióticos, vacunas...) en proceso actual (en las tres nuevas tecnologías: de la información, biotecnología y neurotecnología) se dejan entrever impactos desigualitarios, ofreciendo poder y riqueza a las personas con habilidades y poder para entenderlas y controlarlas. Dyson lleva las consecuencias de dominar la tecnología más allá del simple -------------------------------------------------------------- Capítulo 54. Págs. 837 a 854 ------------- acceso a ordenadores e Internet (no es más que un producto de consumo). El alcance perverso de estas nuevas tecnologías se basa en “la tendencia a destruir a las antiguas tecnologías, haciendo que las personas adiestradas en el dominio de estas, queden excluidas de mercado laboral e, incluso, del social. El peligro es que se siga premiando a los ricos y se pase por alto a los pobres, acentuando las desigualdades en la distribución actual de la riqueza”. Y destaca Dyson que “el problema fundamental para la sociedad del siglo XXI es el desajuste entre las tres olas de la tecnología y las necesidades básicas de la gente pobre” (Tezanos, 2001: 69) . Para Dyson, el desarrollo científico, cada vez más, está permitiendo el desplazamiento de la mano de obra manual, que pasa a ser sustituida por máquinas, y lo ordenadores están desplazando a los trabajadores de oficina no cualificados. Según Dyson, en la sociedad de la información se producirán más tensiones y diferencias entre las personas ricas y pobres (Tezanos, 2001: 71). Michio Kaku, también citado por Tezanos, recapacita sobre las dos visiones asombrosamente antagónicas que se producen sobre los efectos del desarrollo científico, ya que por un lado se ofrece la “posibilidad de un mundo futuro de prosperidad y tiempo libre, conocimiento ilimitado, comodidades sin precedentes y entretenimiento sin límites”, pero al mismo tiempo este mundo feliz se enfrente ante una “pérdida sustancial de empleos, una agudización de las desigualdades [en informática, la brecha digital, aspecto principal de esta tesis] discriminación y nuevas formas de control social y dictaduras programas al tipo un Mundo Feliz [Aldous Huxley] o 1984 [George Orwell]”. En resumen, Kaku teme que “la revolución informática arroje a la indigencia a millones de personas, sesgando las distribución de riquezas del planeta, creando una sociedad de pobres y ricos de la información y advierte que Internet es un fusil que apunta a todos los intermediarios: vendedores de seguros, banca de inversión, agencias de viajes [...] y que habrá que dirimir si creará nuevos puestos de trabajo para compensar los antiguos y permitir el crecimiento de una economía más productiva y prospera” (Tezanos, 2001: 70). Más positivo se presenta Joan Majó, quien afirma que si a finales del siglo XX éramos 800 millones de humanos los que teníamos acceso a las comodidades del mundo digital, en un futuro a medio plazo, veinticinco o treinta años, estas mejorías se harían extensibles a un sector de población dos o tres veces mayor (Majó, 1997: 131). Para ello, admite que es necesario abandonar el modelo actual en que el Europa, Japón y Estados Unidos marchen a un ritmo diferente al del resto del planeta y que se hace necesario una coordinación transnacional, compatible y extrapolable para que el bienestar sea patrimonio de la humanidad, apuntando que el comportamiento opuesto, es -------------------------------------------------------------- Capítulo 54. Págs. 837 a 854 ------------- decir, una actitud más conservacionista y elitista del reparto de bienes y bienestar es la mayor amenaza para el conjunto de la humanidad. 2. LA BRECHA DIGITAL. Para Arturo Serrano y Evelio Martínez, “la brecha digital se define como la separación que existe entre las personas (comunidades, estados, países…) que utilizan las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) como una parte rutinaria de su vida diaria y aquellas que no tienen acceso a las mismas y que aunque las tengan no saben cómo utilizarlas” (<www.brechadigital.org>). Pero podemos analizar diversos factores de fractura: la edad, el sexo, la distribución geográfica, factores sociales, religiosos, culturales... Cecilia Castaño aporta que la división digital o brecha digital partía inicialmente de la “existencia de colectivos de población incluidos y excluidos de la sociedad de la información en función de contar o no con acceso a ordenadores e Internet” (Castaño, 2008: 8). Pero a partir de los primeros momentos en los que se establece esta brecha, a medida que el número de usuarios aumenta y la que la Sociedad de la Información se comienza a instaurar como una tendencia inesquivable de futuro, el fenómeno se sobredimensiona y podemos distinguir entre “dos divisiones o brechas: por un lado la imposibilidad de acceso por parte de determinados sectores, en razón de su sexo, edad, estudios”, etc. Y la segunda brecha haría referencia a la “intensidad y variedad de los usos, determinada por las capacidades y habilidades de los propios individuos. Castaño denuncia que esta brecha digital se convierte en una brecha de género que afecta sobre todo a las mujeres” (Castaño, 2008: 9). Ballestero empieza explicar el concepto de brecha digital haciendo un repaso histórico sobre ciertas invenciones y como su uso produjo una cierta escisión en los primeros momentos. Así, nos recuerda como el ser humano, a lo largo de la historia ha ido incorporando invenciones y mejoras técnicas que han ido ayudando a mejorar el nivel de vida. Algunas han tardado mucho tiempo desde su invención hasta su implementación o mejora. Así, la electricidad requirió más de 75 años desde sus primeros usos domésticos hasta que su uso se hizo corriente en la mayoría de los hogares del mundo occidental (Ballestero, 2002: 29). Otros inventos que han revolucionado o supuesto un salto trascendental de la humanidad, como la imprenta, requirieron mucho más tiempo antes de que su uso arrojara beneficios tangibles. A medida que ha avanzado la historia de la humanidad, la implementación de las invenciones se ha hecho más ágil, a la vez que el número de inventos y mejoras se hacía cada -------------------------------------------------------------- Capítulo 54. Págs. 837 a 854 ------------- vez más denso, lo que Ballesteros denomina “la gran aceleración del proceso de evolución de la humanidad”. Esta aceleración, remarcable a mediados del pasado siglo, marcó el tránsito de una sociedad industrial a una postindustrial, en la que “el sector servicios pasaba a jugar un papel muy relevante dentro de las actividades productivas y las relaciones sociales” (Ballestero, 2002: 28) Si bien el tránsito de sociedades recolectoras a productoras duró siglos, este paso a una sociedad postindustrial y del conocimiento ha durado unos poco años (Ballestero, 2002: 29) . Además, añade que “toda innovación aporta, sobre todo en su inicio, progreso por una parte, y más desigualdad por otra” (Ballestero, 2002: 64). De esta manera, la brecha digital es asimilada como un proceso natural que se da cada vez que una mejora se aplica a la sociedad, ya que hay quien sabe aprovecharla y quien se queda al margen, sufriendo una exclusión que, a la larga, se hace más grave. Sin embargo, el mismo autor concreta que la brecha digital (digital divide) es un término que “comenzó a usarse en Estados Unidos a mediados de los años 90 para referirse a las desigualdades sociales que comienzan a surgir a medida que se desarrolla el uso de los ordenadores e Internet” (Ballestero, 2002: 69-70) De la misma manera, precisa que no es extraño que sea en este país donde primero se detecte este fenómeno, ya que si bien no es un país donde la eliminación de las desigualdades sociales sea una prioridad, si que la vertebración y la cohesión social son un tema de preocupación entre pensadores y gobernantes. Para fundamentar esta afirmación, recurre a un informe de Departamento Federal de Comercio de este país, que en el año 2000 afirmaba que “algunas personas disponen de los ordenadores más potentes, el mejor servicio telefónico y el servicio de Internet más rápido así como la riqueza de contenidos y una educación y aprendizaje relevante para sus vidas... Otro grupo de personas no tiene acceso a los mejores y más modernos ordenadores, al servicio telefónico más seguro o al servicio de Internet más rápido y conveniente. La diferencia entre estos dos grupos es la brecha digital” (Ballestero, 2002: 70-71). No obstante, Ballesteros es más crítico con esta definición, basada en una problemática de partida de índole económica, la existencia o no de ordenador e Internet y se cuestiona la pertinencia de otros puntos de apoyo para defender esta brecha: ¿Es suficiente tener un ordenador o habría que considerar la capacidad de usarlo? ¿Es un ítem el acceso a Internet o debería serlo la falta de contenidos o motivaciones para determinados colectivos? ¿Está el uso del ordenador condicionado al nivel económico o al cultural?. Cuando hay un exceso de información, más importante que el acceso a la misma, es saber canalizarla. En palabras de Perry y Jupp, “el verdadero reto no es la exclusión, sino la exclusión por la información” (Ballestero, 2002: 71-72). -------------------------------------------------------------- Capítulo 54. Págs. 837 a 854 ------------- De la misma manera, el autor aporta la visión de la OCDE, quien define el término como “el desfase o división entre individuos, hogares, áreas económicas y geográficas con diferentes niveles socioeconómicos con relación tanto a sus oportunidades de acceso a las tecnologías de la información y la comunicación como al uso de Internet para una amplia variedad de actividades” (Ballestero, 2002: 73). Englobando las perspectivas citadas, Ballestero destaca la presencia de cuatro puntos a tener en cuenta: disponibilidad de ordenador o dispositivo de acceso a Internet, posibilidad de conectarse, conocimiento de las herramientas básicas y capacidad para transformar la información en conocimiento (Ballestero, 2002: 73) David Alandete, en su reportaje “Internet también crea marginados”, nos hace reflexionar sobre la cara y la cruz de la moneda. Todo el bienestar que puede generar la sociedad de la información a veces queda vetado a algunos sectores y grupos de edad. Lo más afectados pueden ser los ancianos, aunque hay un alto porcentaje de jóvenes en riesgo de exclusión: “Hay jóvenes que dominan a la perfección los programas de chat y las redes sociales pero no saben cómo mandar un currículo en condiciones a través del correo electrónico. Son los marginados de la red, y ante una tecnología rápidamente cambiante, corren el riesgo de quedarse atrás”. En el mismo artículo se recoge la opinión de Ken Eisner, director ejecutivo de operaciones la compañía sin ánimo de lucro One Economy quien cuenta que "la brecha digital existe. Si no se le quiere llamar así, también se puede hablar de desigualdad económica. Es la misma historia de siempre... Internet es el nuevo espacio público. El no tener acceso a la red, en muchos casos, no es una cuestión de decidir vivir en un lugar u otro. Es una cuestión de pobreza, de subdesarrollo urbano o rural" (Alandete, 2010). Para Hakken, aunque crítico con las ideas sobre la revolución de las computadoras, afirma que “por supuesto, la gente, las sociedades y los estados que no participen en esa revolución tecnológica serían excluidos del progreso. En función de este razonamiento, ‘la brecha digital’ es vista como una división social definitiva, más importante que otras inequidades sociales” (Grillo, 2007). Pero ¿cuáles son los diferentes niveles en los que podemos clasificar a los usuarios a la hora de hablar quién está dentro y quién fuera del uso de las nuevas tecnologías y quiénes son los realmente afectado por la brecha digital? Un informe de la OCDE de 2006, citado por Castaño, establece tres categorías para intentar clarificar estos interrogantes (Castaño, 2008: 31): 1. Especialistas TIC, con capacidad para crear y mantener sistemas. -------------------------------------------------------------- Capítulo 54. Págs. 837 a 854 ------------- 2. Usuarios avanzados de herramientas de software, para los que las TIC no constituyen una tarea esencial, sino que son una herramienta. 3. Usuarios básicos, capaces de usar de forma competente las herramientas genéricas para la sociedad de la información, siendo las TIC una herramienta, pero no la tarea esencial del puesto de trabajo. 3. CUANDO LA EDAD NO ES UN GRADO. ¿BRECHA DIGITAL O ABISMO GENERACIONAL? Un factor de escisión social es la claramente la edad. El cambio generacional, que ha sido un motor de cambio a lo largo de la humanidad, no es un elemento de reciente aparición en nuestra sociedad; Sócrates afirmaba hace ya 24 siglos que "nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos". En las sociedades precedentes, el factor edad era un factor decisivo y de status, sin embargo, en las sociedades digitales el conocimiento y otros factores han producido un cambio en la balanza. La antropóloga Margaret Mead escribe, en 1970, que “hoy en día, en ninguna parte del mundo hay ancianos que sepan lo que los niños ya saben; no importa cuán remotas y sencillas sean las sociedades en las que vivan estos niños. En el pasado siempre había ancianos que sabían más que cualquier niño en razón de su experiencia de maduración en el seno de un sistema cultural. Hoy en día no los hay. No se trata sólo de que los padres ya no sean guías, sino de que ya no existen guías, los busquemos en nuestro propio país o en el extranjero. No hay ancianos que sepan lo que saben las personas criadas en los últimos veinte años sobre el mundo en el que nacieron” (Harris, 1990: 31). La sociedad digital conforma nuevos modelos de crecimiento no basados en conocimientos nuevos, y no tanto en la acumulación del saber de antaño. Por lo tanto, pierde vigencia el dicho popular de “sabe más el diablo por viejo que por diablos”. 4. LA SEGUNDA BRECHA DIGITAL. Otro factor a tener en cuenta a la hora de analizar y comprender el fenómeno de exclusión y marginación para acceder a la sociedad digital es el sexo. Es lo que se viene denominando la segunda brecha digital. Cecilia Castaño reflexiona y duda en torno a si Internet está generando una auténtica -------------------------------------------------------------- Capítulo 54. Págs. 837 a 854 ------------- sociedad digital, pero sí que acepta que las nuevas tecnologías de la información están conformando un nuevo escenarios con unas reglas propias y, en su obra la segunda brecha digital, cita a Judy Wajman quien afirma que “las revoluciones tecnológicas no crean nuevas sociedades, pero cambian los términos en los que se desenvuelven las relaciones sociales, políticas y económicas” (Castaño, 2008: 7). Castaño, no obstante, valora las oportunidades que se ofertan ante el panorama de novedad que la red ofrece a sus usuarios, al encontrarnos una abundancia de opciones tecnológicas, organizativas y de relación social sin precedentes que están disponible para todas y todos. Defiende que si generalmente la tecnología es una “fuente clave del poder masculino”, la mujer goza en la actualidad de la posibilidad de transformar esta tendencia, y que ha “de apropiarse de las herramientas tecnológicas y utilizarlas para transformar la sociedad de la información en igualdad y para la igualdad” (Castaño, 2008: 7). Para Castaño la socialización y cotidianeidad de la red ha generado dos brechas o divisiones digitales: una primera brecha vendría marcada por “la imposibilidad de acceso por parte de determinados sectores, en razón de su sexo, edad, estudios”, etc. En cambio, la segunda brecha haría referencia a “la intensidad y variedad de los usos, determinada por las capacidades y habilidades de los propios individuos”. Castaño denuncia que esta brecha digital se convierte en “una brecha de género que afecta sobre todo a las mujeres ya que en lo relativo a los usos (intensidad, variedad) y a las habilidades, las mujeres se sitúan en una posición de clara desventaja frente a los hombres al realizar un uso más restringido de actividades que requieren, además, menos destreza tecnológica”. La autora asegura que “esta brecha de género puede convertirse en un factor significativo de ulterior marginalización, pues las TIC son la llave para participar en el mundo global del siglo XXI” (Castaño, 2008: 9). Para cuantificar esta idea, cita un informe de Van Welsum y Montaigner de 2007 en el que se presenta un resumen de la posición de las mujeres en relación con las tres categorías propuestas por la OCDE en 2006 dónde se afirma que el número de “usuarias básicas” no para de crecer, pero que el número de usuarias avanzadas sigue siendo escaso, en torno al 25% en USA y 20% en Europa, mientras que el número de “especialistas” decae hasta el 7% en USA, siendo cifras en estas dos últimas categorías, estancadas o en decrecimiento y compara este fenómeno con el vivido tras la invención de la imprenta, cuando el número de libros aumentó vertiginosamente, pero no todo el mundo tenía acceso a ellos y a esta ventaja, no sólo por el precio, sino porque el porcentaje de la población que sabía leer era aún muy reducido (Castaño, 2008: 30-31). -------------------------------------------------------------- Capítulo 54. Págs. 837 a 854 ------------- afirma que hay que observar “más de cerca lo que los niños ven en TV y cómo los padres hablan con sus hijos sobre esos programas”. Comparando con nuestros días y lo que está suponiendo la entrada de Internet en la escuela, analiza la posible barrera que se forma, a modo de anticuerpos, por los medios más tradicionales y anotan que “en la era de las redes, Internet está generando expectativas similares a la televisión en cuanto a transformar la educación. No obstante, está encontrando más resistencia en los hogares e incluso más barreras en muchos círculos de la educación formal. Con frecuencia es visto como competidor de otras ya probadas y reales tecnologías educativas, como el libro. Los mensajes de texto a menudo son considerados como un deterioro para la ortografía y la gramática. De hecho, la preocupación por Internet y las tecnologías relacionadas es tan grande que supera la inquietud acerca de la televisión y su impacto en el aprendizaje” (Cobo Romani, 2011: 14). De la misma manera, anota como factor de rechazo el miedo que padres y educadores pueden mostrar ante la libertad de contenidos que ofrece la red y cómo conseguir limitar este caudal de recursos hacia un plan curricular más estandarizado. “Aquello con que interactúan los niños a través de Internet está menos sujeto al control de las familias, escuelas, bibliotecas y otras instituciones educativas. Los niños lo utilizan de manera más individualizada, a menudo de forma privada, lo que dificulta a los padres saber lo que sus hijos ven o hacen en línea” (Cobo Romani, 2011: 14). 8. A MODO DE CONCLUSIÓN. Por lo tanto, a modo de conclusión, queremos lanzar una reflexión sobre esta brecha entre iguales por ser una perversa generadora de desigualdad prematura. Los adolescentes implicados en la sociedad de la información que se está conformando en estos tiempos serán los parias del mañana si quedan excluidos, sea cual fuere la razón, de este proceso tecnificador. Cuando Prensky popularizó el concepto de nativos/inmigrantes digitales ofreció una herramienta populista, tremendamente mediática y eficiente para los dirigentes sociales. Sin embargo, basta profundizar un poco en las relaciones entre los jóvenes y los dispositivos que la sociedad de la información pone a su alcance para darnos cuenta de que una fecha de nacimiento, tal como proponía Prensky, no es suficiente para explicar la lógica que rige esta relación. Se hacen necesarios planes de actuación y formación para que la tecnología, esta vez, sea útil a todos. Este quizá sea uno de los retos con que se encontrarán los gobiernos que pugnen por estar en los vagones de cabeza del convoy que nos conduce hacia el futuro. -------------------------------------------------------------- Capítulo 54. Págs. 837 a 854 ------------- 9. BIBLIOGRAFÍA. Alandete, David (2010). Internet también crea marginados: la brecha digital se ceba con pobres, mayores y población rural - No tienen acceso a gestiones que se han mudado al 'ciberespacio'. En El País, 26/01/2010: <http://elpais.com/diario/2010/01/26/sociedad/1264460401_850215.html>. [Consulta: 15-01-2015]. Ballestero, F. (2002). La brecha digital. El riesgo de exclusión en la Sociedad de la Información. Madrid: Fundación Retevisión. Bertomeu Martínez (2006). La Alfabetización tecnológica es una herramienta para la equidad: la brecha de género y sus retos. En libro de actas del II Congreso Internacional de la Alfabetización Tecnológica. Badajoz, pp. 88-101. Castaño, C., coord. (2008). 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