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Sobre modernidad y no lugares

Augé, Marc

Abstract

En septiembre de 1995, invitado por la Fundación lnterfás, el antropólogo francés Marc Augé dictó un seminario en Buenos Aires: lo que sigue es una breve transcripción de algunos pasajes.

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84 RELATOS DE LO YA VISTO ,.; "' ~ ci z <( ~ <( J: o "' 'f 'f VJ o .... SOBRE MODERNIDAD Y NO LUGARES Marc Augé En septiembre de 1995, invitado por la Fundación lnterfás, el antropólogo francés Marc Augé dictó un seminario en Buenos Aires: lo que sigue es una breve transcripción de algunos pasajes. El objeto de la antropología lo constituyen las relaciones entre individuo y colectividad, que hoy supone una tensión mucho más fuerte que entre lo local y lo globlal. Lo novedoso radica, ahora, en que somos, por primera vez, absolutamente contemporáneos a dicho objeto. Esta circunstancia histórica puede leerse como oposición entre «lugar» y «no Jugar». El «lugar» es un espacio del que los hombres se apropiaron hace tiempo en el que puede, literalmente, leerse algo y que manifiesta relaciones entre naturaleza e historia: tanto en una residencia como en una sepultura hay noción de lugar por tal voluntad hi stórica, antiazarosa, de apropiación, de culturalización de lo natural. - LXXXIV - ASTRAGALO, 04 (1996) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1996.i04.13 Antropólogo especializado en etnología. Director de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París. El no lugar comienza con el desarraigo: los paisanos de la Europa del siglo XIX, arrancados de la tierra y recentrados, los inmigrantes o los refugiados pasan por la experiencia del no lugar. Los movimientos pioneros de colonización de nuevas tierras tienen por tarea primordial transformar el espacio en lugar. En este sentido, una isla desierta o una selva virgen no son necesariamente no lugares, sino, en todo caso, pre-lugares, espacios a ser conquistados, lugares potenciales. El lugar, por otra parte, está siempre revestido de tiempo (o experiencias subjetivas) y, por lo tanto, de lenguaje. Lo que anula la temporalidad o la referencialidad del lenguaje tiende a constituirse en no lugar. Donde el uso del lenguaje es mínimo o donde prevalece la aceleración del tiempo, hay potencial no lugar. En una porción importante de ámbitos contemporáneos ya casi no hace falta hablar. Las tarjetas de crédito, las autopistas, los supermercados y los shoppings comerciales, los aeropuertos, los cajeros automáticos y los ordenadores estimulan el ejercicio solitario de la vida social. Uno puede estar solo y en relación con todo el mundo y de esta paradoja depende la velocidad de la conversión de un lugar en no lugar. Una condición relevante de la postmodemidad (aunque por sus connotaciones de sucesión e incomparabilidad prefiero el término sobremodemidad) es la copresencia de la soledad junto a la pertenencia virtual a lo global de eso que Virilio llama ciber-espacio. En esa virtualidad, la soledad del sujeto supone una clase de vida en no lugares tanto como una cierta negación de la libertad (soledad no es libertad), dada la tendencia gregarista de una planetarización proclive a 85 homogeneizaciones integristas o fanáticas (del mercado, el consumo, la religión, la raza o cualquier expresión totalitaria de minorías). El escenario sobremoderno de esta combinación de soledad y globalidad virtual son los no lugares. Una ratificación de este movimiento es el apogeo de las imágenes como sustitutos crecientes de la realidad. El turismo, por ejemplo, no es la experiencia del viaje, sino la imagen registrada por vídeos o fotos, elementos protésicos del sujeto turístico que transfigura su experiencia del lugar en la documentación de imágenes (embriones de no lugares). La realidad de los hechos del mundo es el espectáculo de la noticia, la construcción ficticia de las imágenes, como el célebre caso de la guerra del Golfo. Pero lo más grave del presente es que el despliegue de las imágenes, la omnipresencia de lo virtual, no supone un refuerzo de lo imaginario, sino más bien su desaparición en lo ilusorio. La realidad (lacaniana) de lo imaginario se trastrueca en lo ficticio de lo ilusorio. El hecho más significativo de la contemporaneidad es la aparición o emergencia de un yo completamente ficticio, determinado por su pertenencia a una red virtual y fascinado por imágenes. Fascinación menos re al que los sueños y sin sus sentidos tradicionales, puesto que los sueños eran consecuencia de lugares y cosmologías. Se atravesaría, así, una actualidad críticamente definible como el pasaje de la era del no lugar a la era del no yo. O -LXXXV - _LXXXVI- ASTRAGALO,04(1996)ISSN 1134-3672