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El hospital de San Lázaro de Sevilla y su proyección indiana

Borrego Plá, Mª del Carmen

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EL HOSPITAL DE SAN LAZARO DE SEVILLA Y SU PROYECCION INDIANA por MARÍA DEL CARMEN BORREGO PLA 1.— FUNDACIÓN DEL HOSPITAL DE SAN LÁZARO DE SEVILLA Desde sus orígenes la hospitalidad ha sido un fenómeno íntimamente unido a la caridad cristiana. Ya San Pablo consideraba a esta virtud como la principal de las teologales, pues «para cumplir con la ley hay que amar al prójimo ». Paulatinamente a medida que los núcleos urbanos fueron creciendo y sus funciones socioeconómicas complicándose, la existencia de elementos socialmente marginados se fue poniendo de manifiesto cada vez con más evidencia y crudeza. Precisamente hacia estos últimos se dirigiría la labor asistencial del cristianismo a través de establecimientos benéficos denominados hospitales. Sin embargo su creación no sería debida exclusivamente a la Iglesia, sino que en ella participarían también los monarcas y grandes señores de la nobleza, así como las villas, ciudades, hermandades y cofradías, imbuidos todos ellos no sólo de este espíritu caritativo sino también del deseo de hacer méritos suficientes para alcanzar la salvación eterna 1 . Todo este esquema religioso y social se iría afianzando lenta -mente sobre todo a partir de la Edad Media en que la guerra, el hambre, la pobreza y las malas cosechas harían de las enfermedades algo común en la vida cotidiana. De entre todas ellas la más terrible sería 1. Carmona García, Juan Ignacio: El sistema de hospitalidad pública en la Sevilla del Antiguo Régimen. Sevilla, Excma. Diputación Provincial, 1979, págs. 18-24. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA 164  MARIA DEL CARMEN BORREGO PLA la lepra, de origen desconocido durante mucho tiempo, casi siempre de carácter mortal y que pasaría a ser conocida como «la hija primogénita de la muerte ». Tradicionalmente —y según la mentalidad del momento— los leprosos serían los individuos más despreciados de la época. Y aunque el cristianismo trataría de suavizar esta actitud, el hombre seguiría huyendo de la lepra, no sólo por su aspecto repugnante sino sobre todo por miedo al contagio. Alrededor de esta enfermedad se llegaría durante la Edad Media a crear una mística especial — «los leprosos eran los enfermos de Dios»— e incluso una liturgia propia, referida fundamentalmente a la separación que hacía la sociedad del leproso. Esta solemne ceremonia denominada «Separa -tio Leprosorum» mitigaba el instante doloroso y humillante en el que el leproso era separado de la sociedad en la que hasta entonces había vivido. El momento culminante llegaba cuando el sacerdote acompañaba al enfermo fuera de la ciudad y tomando tierra en su mano la vertía sobre su cabeza exclamando: «Muere al mundo y renace en Dios». A partir de ese momento la vida del leproso se debatiría entre la naturaleza humana que lo repudiaba y el espíritu divino que se volvía hacia él 2 . Como ya hemos expuesto en un principio, estos enfermos vivían fuera de la ciudad, en casa de material muy humilde — chozas— en cuya puerta había un cepillo para las limosnas y un aviso indicando la índole de la enfermedad de su ocupante. Pero posteriormente y dado todo el bagaje cultural al que acabamos de hacer referencia, se comenzarían a levantar leprosarios a lo largo y ancho de toda Europa, en donde el afectado por el mal podría hacer una vida de cierta normalidad entre sus compañeros de enfermedad. De entre ellos se distinguirían por su número y calidad los lazaretos franceses, sobre todo el dependiente de la Abadía de San Claudio o el de Lyon fundados el 460 y el 580 d.C. respectivamente 3 . Uno de los hospitales de leprosos que más fama llegaría a alcanzar en España e incluso en Europa sería el de San Lázaro de Sevilla, y su influencia en Indias como modelo de instituciones similares resulta incuestionable. Fundado por Alfonso X el Sabio su aparición correría paralela a los grandes cambios que estaba experimentando la 2. Muriel, Josefina: Hospitales de la Nueva España. 2 vols. México, Instituto de Historia, 1956, vol. I, pág. 15. 3. Ibidem, pág. 19. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA ACTAS VII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA  165 ciudad. El abandono de Sevilla por parte de todos sus habitantes musulmanes en 1248 simbolizaría de manera ejemplar el fin de una época, que sería sustituida por otra nueva representada en este caso por la repoblación castellana. Los componentes de esta última manten -drían aspectos materiales del pasado como toponimia, paisajes urbanos, incluso términos rurales, pero su presencia significaría una alteración radical de la población, de los regímenes de la propiedad, e incluso de las relaciones económicas y administrativas. En el siglo XIII el Reino de Sevilla vendría a comprender parte de las actuales provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz, o bien si nos atenemos al marco de la geografía eclesiástica, los ámbitos del arzobispado hispalense y obispado gaditano. Desde el punto de vista de la administración seglar, su territorio se dividiría en varios grandes municipios de realengo y en áreas de jurisdicción señorial que no dejarían de crecer a lo largo de la época a. Curiosamente tanto su, emplazamiento como sus condiciones geográficas representarían similitudes n algunos escenarios india -nos en donde se erigirían lazaretos, sobre todo el de Cartagena de Indias como analizaremos posteriormente. Así Sevilla situada en una llanura aluvional entre los Alcores y el Aljarafe, al lado de uno de los brazos del Guadalquivir se vería abocada fundamentalmente por la propia situación y características de su enclave a dos actividades económicas primordiales: el comercio y la agricultura. Efectivamente al ser un nudo de comunicaciones muy importante no sólo para Africa sino para el Mediterráneo y Atlántico —Italia, Flandes e Inglaterra— se favorecería la presencia de un dinámico sector mercantil del que no sería ajeno un importante núcleo de mercaderes extranjeros —sobre todo genoveses— cuyo paso por la ciudad quedaría registrado en la propia toponimia de la misma. El otro gran pulmón económico sería el relacionado con la agricultura — cereales, aceites y vinos— que se potenciaría cada vez más gracias a la fertilidad de la tierra, sobre todo la del Aljarafe conocida como «la perla del alfoz ». Importante también por lo que significarían luego en la Carrera de Indias serían las profesiones derivadas de la mar — marineros, constructores de aparejos, carpinteros de ribera.., - 5 . 4. Ladero Quesada, Miguel Angel: Historia de Sevilla. - La Ciudad Medieval. SeviIla, Publicaciones de la Universidad, 1980, págs. 63-64. González, Julio: La población de Sevilla a fines del siglo XIV, «Hispania», n.° 129, Madrid, 1975, págs. 49-74. 5. Ladero, cit., págs. 83-90. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA 166  MARÍA DEL CARMEN BORREGO PLA Sin embargo esta variopinta sociedad con sus claras divisiones estamentales se distribuiría muy irregularmente en el casco urbano. Hacia 1384 el 50% de sus 2.600 vecinos se concentrarían casi exclusivamente en el 10% del suelo hispalense —collaciones del Salvador, San Vicente, Santa María Magdalena, Barrio de la Mar, San Lorenzo y Omnium Santorum—. El resto del terreno estaba muy poco poblado y es allí precisamente donde se establecerían fundaciones conventuales, palacios, huertas y jardines, siendo en muchos casos lugar en el que se levantarían numerosos hospitales, entre ellos el de San Lázaro, sito en el arrabal de la Macarena. No hay que olvidar cómo desgraciadamente Sevilla sufriría graves problemas de salubridad derivados no sólo del imperfecto sistema de cloacas, sino también de la propia desidia del vecindario que convertirían las múltiples callejas en muladares de difícil erradicación 6 . Las enfermedades y sobre todo la peste harían frecuente acto de presencia en la población, que paulatinamente vería crecer el número de hospitales: Los Inocentes, del Cardenal, Amor de Dios, Desamparados, Sangre... Frecuentemente ingresarían en ellos no sólo aquellas personas necesitadas de asistencia médica, sino multitud de pícaros y vagos que pasaban por enfermos. En aquella turbamulta se confundiría el vago de profesión, el campesino arruinado, el trabajador que ya no tenía fuerzas para seguir trabajando, el soldado veterano. Se les encontraba en todas partes, asediando a los fieles que frecuentaban las iglesias, exhibiendo sus lacras en los lugares públicos, esperando el momento de la sopa boba de los conventos. La esperanza de muchos de ellos radicaba en el ingreso en alguno de estos hospitales en donde terminaría el problema de su subsistencia. Por ello las instituciones benéficas tendrían sumo cuidado en la selección de sus internos, sobre todo dada la insuficiencia de plazas de las que disponían'. De todos estos hospitales el menos conocido hasta ahora sería el de San Lázaro. Para Francisco Collantes de Terán está fuera de dudas que en el ejército que trajo Fernando III para la conquista de Sevilla, vendrían ya algunos soldados contagiados de lepra que que -darían confinados en el arrabal de la Macarena —que se hallaba en- 6. Collantes de Terán, Antonio: Sevilla en la Bája Edad Media. Sevilla, Excmo. Ayuntamiento, 1977, págs. 157, 103-104. 7. Collantes de Terán, Francisco: Memoria Histórica de los Establecimientos de Caridad de Sevilla. 2 vols. Sevilla, 1884. Carmona García, cit., págs. 161-162. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA ACTAS VII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA  167 tonces más distante que el actual—, cerca de la Torre de los Gausines, llamada así por los árabes que la labraron y que según Ortiz de Zúñiga costó un reñido combate a las tropas cristianas 8 . A partir de aquel momento la enfermedad comenzaría a ser objeto de preocupa -ción por parte de la Corona, cristalizando en la erección de un hospital en tiempos de Alfonso X el Sabio, aunque actualmente no existe constancia documental directa sobre este aspecto. La única referencia al mismo vendría dada por el propio Collantes de Terán al citar el Traslado fechado el 13 de junio de 1372 de un Privilegio de Alfonso XI —por ahora en paradero desconocido— en el que se insertaría una carta de Alfonso X y otra de su hijo Sancho —ambas igualmente sin fecha conocida— en el - que se le recomendaba que ningún hombre enfermo de lepra por muy importante que fuera, pudiera ser atendido y amparado en casa alguna bajo graves penas y pérdida de bienes, pues para ello estaba el citado hospital, con lo que se evitaría la propagación de la enfermedad 9 . La noticia coincidiría con lo expuesto por Fray Alonso de Mor -gado que llegaría a relatar como Alfonso X «ordenó que hubiese en Sevilla una Casa de San Lázaro donde se recogiesen, alimentasen y curasen los gafos, plagados y malatos de todo el arzobispado de Sevilla y obispado de Cádiz ». Y prosigue el autor: «Lo que yo no he leído que hiciese con ninguna otra ciudad ». Para ello el mencionado rey pondría al frente de la Casa a un mayoral y la dotaría de suficiente patrimonio y numerosos privilegios entre los que destacaría el que no pudiese entender en asuntos de justicia relacionados con ella más que el citado mayoral o el Consejo Real por ser el rey de España su patrono. Asimismo se permitiría que los malatos pudiesen salir cada día a caballo para demandar limosnas por la ciudad, llevando unas tablillas para que les sirviesen de lengua en este menester, ya que les estaba prohibido demandarlas hablando 1 °. El hospital se levantaría en el propio arrabal de la Macarena cerca de la Torre de los Gausines, lugar que actualmente sigue ocupando, aunque con otros menesteres benéficos. Muy pocos son los ves -tigios que aún permanecen de su antigua edificación, si exceptuamos el patio, de clara influencia mudéjar y sobre todo su iglesia, compues- $. Collantes, Francisco, cit., págs. 11-12. 9. Ibidem, pág. 17. 10. Morgado, Fray Alonso: Historia de Sevilla. Sevilla, 1587, págs. 358-360. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA 168  MARÍA DEL CARMEN BORREGO PLA ta por tres naves muy cortas separadas por pilares, con una cabecera mayor muy profunda, arco toral apuntado y bóveda gótica. Habría que destacar la importancia que desde sus comienzos alcanzarían las iglesias en estas instituciones lazarinas, ya que serían los únicos lugares de asistencia espiritual para los enfermos — oraciones, misas, sacramentos— dado que las características de la enfermedad harían que fuesen rechazados en cualquier tipo de manifestación religiosa o social. Según Collantes parece que antiguamente la fachada tenía una galería cubierta que serviría de lugar de descanso a los viajeros que llegaban a Sevilla, estando todo ello en relación con una cédula despachada en Buitrago el 14 de junio de 1508, por la que la reina Doña Juana disponía que la ciudad pagase mil maravedíes anuales al hospital por este servicio. La situación del citado lazareto al norte de la ciudad, de fácil comunicación con el centro de la misma, rodeado de huertas y arboledas —que con el paso de los años se convertirían en lugar de frecuentes paseos para los internos— haría de él un lugar en cierta medida agradable que gozaría de gran prestigio en la ciudad. Desgraciadamente sus Reglas Fundacionales aún no han podido ser localizadas, aunque dicha pérdida se encontraría compensada en gran medida gracias a una Carta de Reglas y Ordenanzas del 15 de diciembre de 1393 recogida en un traslado de las mismas que el 2 de enero de 1494 le fue entregado a Gonzalo Fernández, tenedor y administrador del Hospital de San Lázaro de Málaga para que le sirviera de guía y modelo. De su lectura se desprendería que estas Reglas debieron de ser prácticamente las que organizaron y vertebraron la vida de la institución, pues «fueron dictadas por el Rey Enrique, ya que las anteriores no estaban bien declaradas ». La citada Carta se compone de un total de 54 Ordenanzas, bien conservadas, aunque con una redacción confusa, ya que en un mismo párrafo suelen mezclarse cuestiones de muy diversa índole. De todas formas podrían distinguirse tres grandes apartados informativos referentes funda -mentalmente a la administración de la Casa, a su sostenimiento eco -nómico y a la vida material y espiritual de los enfermos I 1 . El análisis de este cuerpo legislativo demostraría que efectiva -mente el hospital fue de creación real, ejerciendo la Corona como su 11. Collantes, Francisco, cit., pág. 23. Carta de Reglas y Ordenanzas del Hospital de San Lázaro de Sevilla. Sevilla, 15 de diciembre de 1393. Insertas en un Tras -lado dado a Gonzalo Fernández en Sevilla el 2 de enero de 1494. Archivo de la Excma.• Diputación Provincial de Sevilla, Fondos de San Lázaro, legajo 4. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA ACTAS VII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA  169 patrono. Las tareas de administración y control directo del Centro las ejercería un mayoral designado por el rey y que según Collantes de Terán sería siempre un personaje de elevada alcurnia al que se le concederían grandes franquicias. Incluso las Ordenanzas le autorizarían a que pudiese aceptar cualquier tipo de presente entregado por los servidores de la Casa en agradecimiento a sus desvelos por ellos. A este mayoral debería tomar juramento «quien poder hubiere» o incluso los propios enfermos de que desempeñaría bien y fielmente sus obligaciones. Posteriormente el citado mayoral conjuntamente con los enfermos reunidos en cabildo elegirían al resto de los «servidores» que tendrían que encargarse del buen funcionamiento interno del hospital. Así de entre los enfermos se elegirían a tres de ellos para que dos -«hombres buenos con fama y conciencia »— actuasen de asesores y el restante como clavero. Este último estaría al cargo de todos los maravedíes, ropa y comida del hospital, que debería repartir entre los leprosos según indicaciones del mayoral, siendo igualmente el encargado de vigilar los bienes de la capilla — cálices, ornamentos y ves -tiduras—. De todo ello entregaría cuenta al escribano de la Casa para que lo asentase en su libro. Igualmente también se encargaría de custodiar un arca con dos llaves —una que estaría en su poder y la otra en el del mayoral— en la que se guardarían todas las escrituras, bulas y privilegios de la institución. Por su parte, un hombre —esta vez sano— serviría como procurador general del hospital, a cambio de que se le pagase no sólo los gastos de desplazamiento sino un porcentaje de un dos por ciento sobre los fondos recaudados. Igualmente se contemplaba la posibilidad de que existiesen procuradores particulares e incluso bacinadores —individuos que solicitaban limosnas por medio de cepillos denominados bacinas— cuya acción se circunscribiría al arzobispado y obispado sevillano y gaditano respectivamente. En ambos casos no se prescribiría salario alguno, aunque los bacinadores gozarían de determinadas franquicias como analizaremos con posterioridad. Curiosamente las Ordenanzas silenciarían no sólo la figura del escribano, aunque su presencia vendría claramente detectada a lo largo del amplio cuerpo normativo, sino incluso la del médico o cirujano cuya actuación debió ser importante, dadas las características del Centro. Como objeto de preocupación constante estaría la reiterada amonestación relativa a la honradez de dichos servidores, bajo pena de devolver el doble de lo que hubiesen tomado, además de la pérdida de UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA 170  MARÍA DEL CARMEN BORREGO PLA oficio y un período que oscilaría de cinco a diez días —según si el hurto se hubiese dado sin o con cómplices— «de cadena ». Esta circunstancia haría suponer que dentro del hospital debió existir algún tipo de prisión para cumplimiento de condenas, dados los privilegios judiciales ya mencionados. Por último quedaría establecido que dos o •tres veces por semana se reuniesen en cabildo los enfermos con el mayoral, para tratar de solucionar los problemas que presentase tanto el establecimiento hospitalario como sus internos, evitándose así todo el mal ejemplo que podría darse al pueblo, si esto se hiciesen públicos «con la consiguiente pérdida de fe y de limosnas ». Aquellos que faltasen a dichos cabildos estarían condenados en dos maravedíes para «la cofradía », sobre la cual el silencio documental es absoluto, aunque para Collantes debieron existir dos: una bajo la advocación de San Lázaro y otra bajo la de San Blas 12 . Respecto al sostenimiento económico, el hospital se mantendría no sólo con las limosnas que recibiese sino también con las rentas y propiedades provenientes de donaciones y testamentos tanto de sus protectores como de los propios enfermos. Estos últimos nada más ingresar en el lazareto tendrían la obligación de jurar ante el escribano —que lo asentaría en su libro— los bienes de que disponían, de qué tipo eran y en qué lugares estaban, porque dicho patrimonio pasaría inmediatamente a la Casa de San Lázaro. Por su parte al enfermo agonizante sólo se le permitiría destinar para sus exequias una quinta parte del producto de las limosnas que hasta aquel momento hubiese recibido, pasando el resto al patrimonio del hospital que lo destinaría a las reparaciones que fuese menester. En esta misma línea el clavero debería reunir todo tipo de limosnas, tanto en maravedíes como en especie —pan cocho, vino, carne, trigo, cebada, harinas, quesos, aceite, lana, leña, fruta y hortalizas— para repartirlas entre los enfermos a razón de una ración por persona, excepto el mayoral que recibiría tres de maravedíes y dos en especie. De los recursos aportados por el procurador general la tercera parte debería reservarse para los negocios de la institución, mientras que la cantidad restante seguiría una distribución semejante a la señalada con anterioridad. Igualmente del pan otorgado por las capellanías de la Casa establecidas dentro y fuera de la ciudad, los enfermos recibirían una ración, el mayoral 12. Collantes, Francisco, cit., págs. 13 y 18. Ordenanzas I-XI, XIII, XXX, XXXV, LIII. Carta de Reglas del Hospital de San Lázaro de Sevilla, cit. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA ACTAS VII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA  171 cuatro y los restantes servidores «lo que fuera costumbre ». También la ropa —de color, lino, algodón o lana— sería objeto de reparto, reservándose el mayoral dos raciones y el clavero veinte maravedíes. Ambos servidores tendrían que reunirse cada semana para asentar en los libros los citados repartos, función por la que cada uno recibiría dos maravedíes y una libra de velas de sebo. Aunque posteriormente, y según Collantes, los Reyes Católicos ordenarían al hospital —en el caso de que los enfermos tuviesen descendientes— que únicamente se quedase con la quinta parte «de los bienes muebles y raíces» 13 . En cuanto a los bienes raíces del leprosario, no deberían venderse a no ser por causa grave y con permiso expreso de la Corona. Según se desprende del contenido de la documentación, en estos primeros tiempos ya comenzarían a mostrar su impoftancia las viñas, tierras, huertas, ganados, casas y hasta un mesón colindante al hospital. Todos ellos estarían a cargo de servidores del mismo —acemileros, pastores, hortelanos...— que recibirían a cambio un salario. Por su parte el mesonero se comprometería a no cobrar «derecho de establo» a las cabalgaduras de los servidores y bacinadores del hospital, así como a la de los romeros que hasta allí se acercasen, aunque les podría cobrar —a igual precio que los demás— la paja o cebada que dichos animales consumiesen. Los maravedíes que todas estas rentas produjesen se repartirían en la forma ya descrita aunque en este caso el mayoral recibiría tres raciones. Igual suerte correrían los beneficios derivados de la venta del numeroso ganado vacuno, porcino y ovino que poseía el hospital, pero si dicha venta superaba los 3.000 mara -vedíes, el citado mayoral recibiría dos raciones y si era inferior, tres 14 Muy pocas y confusas son las referencias a la vida de estos enfermos. La Casa de San Lázaro haría las veces de hospital y asilo, puesto que allí se recogerían los enfermos hasta la hora de su muerte, aunque durante su internamiento podrían vivir con sus respectivos cónyuges —a pesar de que estuviesen sanos— si así lo deseaban. Incluso a veces podrían disfrutar de la ayuda de alguna persona que efectuase esta labor por voto, sin cobrar ningún tipo de remuneración. 13. Ordenanzas X11 -XX. Carta de Reglas del Hospital de San Lázaro de Sevilla, cit. 14. Ordenanzas XXIV-XXIX, XL, XLII-XLIII, XLVI, XLVII. Carta de Reglas del Hospital de San Lázaro de Sevilla, cit. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA 178  MARÍA DEL CARMEN BORREGO PLA prohibido el que pudiesen recibir presente alguno «como ocurre en Sevilla y otras partes ». La institución lazarina solamente debería albergar y cuidar a enfermos leprosos, tanto ricos como pobres, mujeres u hombres, españoles, mestizos, negros, mulatos o de cualquier condición, existiendo una separación muy estricta entre sexos y razas. Los hombres se concentrarían exclusivamente en tres «cuartos» — salas —. El primero para españoles y mestizos, con recámaras por si alguno tuviera mujer y familia. El segundo para los indios en el que existirían únicamente «apartamentos de camas». Parece que en este caso no se admitiría la familia. Y el tercero — semejante al anterior— para negros y mulatos. Las mujeres por su parte tendrían una sala común, aunque se ordebana que «no se vieran unas a las otras », quedando terminantemente prohibida la comunicación entre ambos sexos para que no se diese lugar a «pláticas que de alguna manera ofendiesen a Dios». Para evitar la ociosidad «que era la madre de todos los vicios », los enfermos estarían obligados a trabajar — siempre que se lo permitiera su estado físico— en pro de la Casa y dentro de ella, estando igualmente prohibidas las blasfemias, los embarragamientos y los juegos a excepción de «aquellos que fuesen lícitos para pasar el tiempo» 25 . La vida debería llevarse en común e incluso las comidas —a diferencia de Sevilla— seguirían este sistema, sirviéndose a las once en verano y a las diez en invierno mientras que la cena sería a las cinco, concediéndose no obstante que el mayoral beneficiase de alguna manera la ración de aquellos enfermos que hubiesen aportado algún tipo de beneficio económico al hospital. Durante la comida un lector se encargaría de leer «un libro devoto, bueno y en romance» y antes de comenzar y finalizar la misma deberían dar gracias a Dios. Inmediatamente después se dirigirían a la capilla a rezar el salmo Miserere Dei. En cuanto a la labor asistencial a enfermos y agonizantes sería exactamente igual que la desempeñada en Sevilla 2 U. La vida espiritual de los lazarinos estaría atendida por un sacerdote que les impartiría los sacramentos, debiendo confesar y comulgar al menos cuatro veces al año. En Pascua Florida, Espíritu Santo, 25. Ordenanzas IV, VI. Confirmación de las Ordenanzas Fundacionales de San Lázaro de México, cit. 26. Ordenanzas V-XI. Confirmación de las Ordenanzas Fundacionales del Hospital de San Lázaro de México, cit. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA ACTAS VII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA  179 Ascensión de la Madre de Dios y Pascua de Navidad. Asimismo estarían obligados a rezar cada mañana una quincuagena del rosario a la advocación preferida por cada uno y una plegaria para rogar por los miembros de la Casa Real —tanto vivos como difuntos— así como un responso por las Animas Benditas del Purgatorio. En cuanto a las festividades de la institución evidentemente se relacionaría con San Lázaro, patrón del Centro. Se celebraría misa y solemne sermón el tercer jueves de cuaresma —día en que la iglesia conmemoraría el Evangelio de San Lázaro— al igual que el propio viernes de San Lázaro —en el que se celebraría su Resurrección —, así como el domingo anterior al mismo, conocido por el pueblo como Domingo de Lázaro. En dichas conmemoraciones se permitirían que personas «buenas y honradas» pidiesen limosnas para el hospital. Finalmente como festividades exclusivas del leprosario mexicano se establecerían la de Nuestra Señora de la O —dada la gran veneración que se tenía a la Madre de Dios— y la Octava de Todos los Santos en recuerdo de los enfermos difuntos 27 . La pervivencia de este hospital sería muy larga y estaría ligada a la familia Contreras, ya que a pesar de lo registrado por las Ordenanzas, el fundador lograría que el patronato de la Casa volviese de nuevo a sus manos. En 1590 contaría este centro con cuatro grandes enfermerías, oficinas de servicio, administración, huertas e iglesia además de un importante capital para su sostenimiento. Pero a mediados del XVIII los herederos de los Contreras, considerando a este centro benéfico como una pesada carga económica cederían sus derechos de patronato a los Hermanos de San Juan de Dios. Curiosamente para esta época no todos los enfermos leprosos se encontrarían ingresados en el mencionado hospital. En él solamente tendrían cabida los que padeciesen la lepra denominada «elefanciaca». Los que sufriesen la conocida como «fuego sacro» lo estarían en el de San Antonio Abad. En 1787 la orden juanina, en vista de los problemas interiores que estaba atravesando y en agradecimiento a la ayuda económica prestada por el cabildo mexicano cedería también en su caso los derechos de patronato a este último, que según parece conseguiría el favor regio para esta obra hospitalaria a la que le sería concedida el título de real. Unos años después —1819— se integraría 27. Ordenanzas XIXII-XVI. Confirmación de las Ordenanzas Fundacionales de San Lázaro de México, cit. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA 180  MARÍA DEL CARMEN BORREGO PLA en ella el leprosario anteriormente mencionado de San Antonio Abad, comenzando así una nueva etapa amenazada de nuevo por la escasez de recursos, hasta que en 1857 los exiguos bienes de San Lázaro serían desamortizados, clausurándose finalmente en 1862 28 . Precisamente durante esta época en la que México buscaba desesperadamente la creación de un nuevo leprosario, muy lejos de allí, en Lima, iniciaría su andadura otra fundación de características similares a las anteriores, debida esta vez al español — avecindado en la citada ciudad— Antón Sánchez. Según la tradición, la causa de que emprendiese esta piadosa tarea se debería a los remordimientos sufridos por haber abandonado en España a su padre que fallecería víctima de la lepra. El mencionado Antón Sánchez adquiriría de sus propias rentas un espacioso solar y algunas huertas en un arrabal que por entonces comenzaría a poblarse, situado al otro lado del rio Rimac y que posteriormente hacia 1592— albergaría el populoso barrio de Triana, uno de los más típicos y bellos rincones de la urbe limeña 29 . La fecha fundacional de esta importante obra asistencial sería el 30 de abril de 1563 y cuatro años más tarde Felipe II ordenaría al Hospital de San Lorenzo de Sevilla que enviase a Lima una copia de sus Ordenanzas para que sirviesen de guía y modelo a la nueva institución. No obstante, muy pronto esta última tropezaría con el ya endémico problema de la financiación que no podría solventarse únicamente con limosnas y que sería el causante de que sólo pudiera terminarse de construir la capilla cuya estructura de tres naves resultaría para muchos un tanto suntuosa al tratarse de un hospital situado por aquel entonces en un barrio extremo de la ciudad 30 . En cuanto al edificio hospitalario propiamente dicho no podría culminarse, por lo que tendría que limitarse a la construcción de dos largas salas a ambos lados de la iglesia, en donde se recogiesen y cuidasen a los enfermos. Aunque parece que no se llegaron a establecer —a pesar de la cédula anteriormente expuesta— ningún tipo de constituciones y 28. Muriel, cit., págs. 238-239. Real, José Joaquín y A. Heredia: El Virrey Martín de Mayorga, en Virreyes de Nueva España (1779-1787). 2 vols. Calderón Quijano, J. A. (coord). Sevilla, EEHA, 1968, vol. 2, págs. 186-188. 29. Cascajo Romero, Juan: El pleito de la curación de la lepra en el Hospital de San Lázaro de Lima. AEA, tomo V, Sevilla, 1948, pág. 159. Bernales Ballesteros, Jorge: Lima: La ciudad y sus monumentos. Sevilla, EEHA, 1972, pág. 46. 30. Cascajo, cit., págs. 159-160. Bernales, cit., pág. 75. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA ACTAS VII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA  181 ordenanzas que velasen por sus intereses y la buena marcha del Centro 31 . Desgraciadamente, esta primera construcción sería gravemente dañada en 1586 por un terremoto y los enfermos encontrarían gravísimas dificultades para poder subsistir, tanto más cuanto que su número aumentaba sin cesar, por lo que muchos de ellos morirían de hambre sin ningún tipo de asistencia, ocultos en los campos y mula -dares 32 . La situación llegaría a tal extremo que en 1606 —sin que se conozca hasta el momento la fecha exacta— varios vecinos de Lima se decidirían a crear una hermandad y codradía para fundar iglesia y hospital donde fuesen albergados, sustentados y curados estos leprosos. De entre estos primitivos fundadores sólo han llegado hasta nosotros los nombres de Antonio Román de Herrera, Sebastián de Vera, Alvaro Alonso Moreno, Pedro Vélez Roldán, alférez Sebastián Carreño, Diego Sánchez Valdés, Diego Jiménez, Marcos Pérez, Alonso Crespo, Juan Aparicio, Pedro González Caso y Antón Sánchez Márquez. Poco más se conocería acerca de la personalidad y condición de estos personajes, aunque según se desprendería de la documentación examinada debieron gozar de cierta relevancia en la ciudad 33 . Sin embargo, su principal tarea —por la que hasta ahora serían recordados— estribaría en la confección de unas Ordenanzas que ver -tebrarían toda esta obra hospitalaria y que «se deberían guardar y cumplir en forma que las guardaba y cumplía la hermandad del Hospital de Sevilla» Por su parte, la citada hermandad y cofradía limeña estaría compuesta por veinticuatro hermanos que no tuviesen ningún tipo de relación ni parentesco con judíos, debiendo estar regida por un mayoral, un mayordomo, un procurador, dos diputados y un escribano. Aunque se admitiría la posibilidad de aumentar el número de hermanos, a condición de que los cargos anteriormente mencionados fuesen desempañados unicamente por los miembros fundadores, o en su defecto por aquellos que ocupasen su lugar —según fuese su antigüedad —. Las elecciones para dichos cargos se celebrarían anualmente el primero o segundo día de Pascua Florida, llevándose 31. Cascajo, cit., pág. 150. 32. Bernales, cit., pág. 131. Cascajo, cit., pág. 151. 33. Aprobación de las Ordenanzas Fundacionales de la Hermandad y Cofradía de San Lázaro de Lima por el Dean y Cabildo catedralicios. Ciudad de Los Reyes, 5 de mayo de 1606, Inserta en el Expediente de Confirmación de la Fundación del Hospital de San Lázaro de la ciudad de Los Reves y Reino del Perú, 1609. AGI, Lima, 141. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA I82  MARIA DEL CARMEN BORREGO PLA a cabo por votación secreta, recayendo los nombramientos —de mayor a menor— en aquellos aspirantes que hubiesen conseguido un mayor número de votos —mayoral seguido del mayordomo y diputados —. Parece que el procurador y el escribano serían designados y no elegidos. Todos ellos se deberían reunir en cabildo una vez al mes, bajo pena de dos pesos, para tratar de todos aquellos asuntos que fuesen de interés, siendo de destacar la labor del mayordomo que tendría encomendado todo lo referente a la administración de la Casa y cuya cuenta le sería tomada anualmente por su sucesor 34 . Las citadas Ordenanzas silenciarían todo lo relacionado con el edificio que albergaría a la capilla, pero no así con el del hospital. Efectivamente se especificaría que en él se deberían asistir a aquellos hombres y mujeres —tanto blancos como indios y negros horros— que estuviesen enfermos con el fin de evitar el contagio, debiendo proporcionarles médico, cirujano, medicamentos, botica y sustento. A este efecto se tendría que construir tres «cuartos» — salas— en donde se alojasen respectivamente los hombres, las mujeres y los negros. Cada uno de dichos cuartos contaría con varios aposentos en los que debería haber cama, colcha, sábanas, almohada y frazadas. Las ropas se tendrían que cambiar una vez a la semana y asimismo el escribano, actuando como veedor, supervisaría también dos veces por semana el funcionamiento de dicho hospital. Para todo ello se facultaría el mayordomo y diputados o en su caso a aquel hermano que el cabildo nombrase con el fin de que —bajo pena de cuatro pesos— pudiese salir por la ciudad a demandar entre el vecindario aquellas limosnas que fuesen necesarias 35 Asimismo, la hermandad y cofradía debería acompañar a los entierros de enfermos y servidores de la Casa, permitiéndose que los citados veinticuatro hermanos y sus familiares más directos pudiesen ser enterrados en la capilla del mencionado hospital. Igualmente la propia hermandad y cofradía estaría obligada a costear de su peculio una misa cantada en sufragio de cada enfermo que falleciese, corn- 34. Ordenanzas I-V, VII. Ordenanzas Fundacionales de la Hermandad Cofradía de San Lázaro de Lima, cit. Hasta ahora no existiría ninguna noticia referente a la hermandad y cofradía lazarinas de Sevilla. Aunque es probable que tuviese relación con ellas la afirmación de Francisco de Collantes en el sentido de que dicho hospital sevillano albergaría después de su fundación a dos cofradías que estarían bajo la advocación de San Lázaro y San Blas respectivamente. Collantes, Francisco, cit., pág. 18. 35. Ordenanzas VI-VII, IX. Ordenanzas Fundacionales de la Hermandad y Cofradía de San Lázaro de Lima, cit. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA ACTAS VII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA  183 prometiéndose a la vez cada hermano a entregar al mayordomo una limosna de un peso para que se celebrasen nuevas misas con idéntico fin. Como colofón a esta función asistencial estaría la celebrada el Día de Difuntos que sería cantada —y con su vigilia— en recuerdo de todos los que de alguna manera habían estado relacionados en vida con esta obra hospitalaria. Por último, se permitiría que la citada hermandad y cofradía pudiese acompañar a su última morada a cual -quier moribundo que así lo solicitara, por lo que percibiría aquella limosna que el mayordomo considerase oportuna 36 . Las citadas Ordenanzas serían aprobadas por el virrey Marqués de Montesclaros el 28 de febrero de 1609 37 y en este mismo año se comunicaría al rey que se había conseguido levantar — parece que en el mismo lugar que había ocupado el establecimiento de Antón Sánchez— el mencionado hospital que contaría con dos patios. De ellos sólo existirían referencias explícitas al primero, ya que alrededor de él se habrían levantado dos enfermerías cubiertas con «sus puertas y ventanas» así como la sala de cabildo de la hermandad, un cuarto para el capellán y una cocina para los sirvientes del lazareto. En cuanto al segundo de los patios es fácil suponer que sería el centro donde convergiesen los aposentos de los enfermos, de cuya vida —al contrario de lo ocurrido en México o Sevilla— no se recogería ningún tipo de referencia 38 . Por su parte, la iglesia no presentaría una factura de nueva planta, sino que la hermandad se limitaría a reconstruir lo deteriorado en el terremoto de 1586. Se pondría especial énfasis en la portada, obra de Martínez Arrona según documentación de 1628 39 Al igual que había ocurrido en otras partes de Indias el lazareto limeño se convertiría en una pieza clave para la vida de la ciudad sobre todo teniendo en cuenta que la extensión de la lepra en el virreinato cada vez sería mayor. Por ello y a pesar de las exiguas rentas y 36. Ordenanzas VII-VIII y X-XI. Ordenanzas Fundacionales de la Hermandad y Cofradía de San Lázaro de Lima, cit. 37. Aprobación de las Ordenanzas Fundacionales de la Hermandad y Cofradía de San Lázaro de Lima por el Virrey Marqués de Montesclaros. Los Reyes, 28 de febrero de 1609. Inserta en el Expediente de Confirmación de la fundación del Hospital de San Lázaro, cit. 38. El Mayoral Alvaro Alonso Moreno a SM. Los Reyes, 7 de enero de 1609. Inserto en el Expediente de Confirmación de la fundación del Hospital de San Lázaro, cit. 39. Bernales, cit., págs. 131-132. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA 184  MARÍA DEL CARMEN BORREGO PLA de que el caso no estaba contemplando en las Ordenanzas Fundacionales, se decidiría admitir también en él a los esclavos leprosos previo pago por parte de su amo de cuatro reales diarios durante el primer año de ingreso. Posteriormente si este esclavo era declarado incurable podría vivir en el citado establecimiento hasta el final de sus días sin que ya supusiese ninguna carga económica para el dueño. De esta manera se trataba de evitar el abandono a que se veían sometidos estos negros en el caso de que fuesen víctimas del mal con el consiguiente peligro de contagio que ello suponía. Sin embargo, durante gran parte de su existencia el leprosario limeño tendría que luchar contra un fraude muy común consistente en que los poseedores de esclavos —en el caso de que éstos sufriesen el mal— les concedían la libertad para ahorrarse el desembolso que les suponía su ingreso en la citada institución 40 Posteriormente, en 1637, la citada hermandad y cofradía atravesaría momentos económicos muy difíciles, por lo que se vería en la necesidad de vender parte de los solares anejos al hospital —de los que era propietaria —, así como a edificar en los restantes algunas casas para ser alquiladas. Con el producto de todo ello se iniciaría una reconstrucción del edificio hospitalario —ya muy deteriorado— levantándose esta vez «a espaldas de la iglesia », trasladándose allí los enfermos en 1645. Desgraciadamente los seismos de 1678 y 1746 acabarían con toda la obra, por lo que en los años siguientes los leprosos estarían recogidos en chozas diseminadas a orillas del río llenos de miserias y necesidades 41 . Será ésta una época de muy difícil seguimiento en la documentación existente, de la que parecería desprenderse que por estos años finalizaría la citada hermandad, debiendo pasar la responsabilidad del lazareto bien al cabildo, o bien a la propia audiencia limeña, incluso es probable que al igual que en México, la Corona aceptase ser su patrono. Por último, Don Pedro José Bravo de Laguna, Oidor de la Audiencia de Lima y Juez Protector del Hospital, decidiría una nueva reconstrucción en el mismo lugar que ocupaba la anterior, tras conseguir numerosas limosnas por diferentes medios, de los que habría que destacar la celebración de numerosas corridas de toros. La citada obra culminaría en 1758, debiendo ser muy importante con habitaciones individuales para los enfermos 40. Cascajo, cit., págs. 160-161. 41. Ibídem, pág. 161. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA ACTAS VII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA  185 y un gran número de salas abriéndose por medio de puertas laterales a una gran galería. A este respecto el Virrey Abascal llegaría a recomendad: «la necesidad de introducir el orden, la caridad, la dulzura y la ciencia en los hospitales, inundando estos sombríos palacios del dolor y de la muerte en albergues risueños de la salud» 42 • Sin embargo, con el paso del tiempo se iniciaría el declive definitivo de este hospital limeño, desconociéndose hasta ahora las causas y el desarrollo del mismo. Aunque parece lógico pensar que su total finalización se situaría en los primeros años del XIX, fecha ésta en la que ocurrirían fenómenos similares para otras instituciones indianas del mismo tipo. Asimismo, una nueva fábrica lazarina comenzaría a levantarse a fines del quinientos en un escenario muy distinto al de Lima y tan diferente de él como cercano a Santo Domingo, ya que tendría su sede en Cartagena de Indias, a la orilla misma del Caribe. Paradójicamente Cartagena ofrecería muchas similitudes con la lejana y mítica Sevilla. Recordando a esta última, la ciudad indiana se convertiría también en una importante encrucijada de caminos, ya que en su caso era el único nexo de unión entre el interior del Nuevo Reino de Granada y el Darién, por lo que su puerto — arribada forzosa de flotas— se destacaría como uno de los más importantes de Indias. Y también dentro de esta técnica de identidad, Cartagena se convertiría en un importante emporio comercial en el que el río Magdalena —principal arteria de comunicación— jugaría un papel similar al ejercido por el Guadalquivir en la gran urbe andaluza. Todo ello conllevaría un aumento poblacional imparable, que unido al cálido clima tropical —semejante al de Santo Domingo—, y a los problemas higiénicos de la época, harían que la enfermedad de la lepra se cebase muy pronto en la gobernación 43 . La ciudad de Cartagena de Indias contaba desde mediados del siglo XVI con un hospital general —el de San Sebastián— pero precisamente las características de contagio que llevaría consigo el padecimiento de la lepra no aconsejarían el internamiento de estos enfermos en dicho centro 44 . Todas estas circunstancias harían que el ca- 42. Ibídem, págs. 16-19. Bernales, cit. págs. 303, 314, 323. 43, Borrego P1á, M." del Carmen: Cartagena de Indias en el siglo XVI. Sevilla, EEHA, 1983, págs. 343-400. 44. Ibidem, pág. 48. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA 186  MARIA DEL CARMEN BORREGO PLA bildo cartagenero decidiera por unanimidad el 16 de diciembre de 1592 la creación de un lazareto. Para dicho efecto se comisionaría al alcalde José de Barros —hombre prominente de la ciudad, encomendero y antiguo poblador— para que eligiese un lugar que resultase idóneo, terminando este último por pronunciarse a favor de «la esquina que cae en el último remate de Getsemaní, frontero al fuerte del Boquerón» ya que reuniría las condiciones de suficiente lejanía de la ciudad y un fácil abastecimiento de agua 45. Para esta primera fundación se contaría con la desinteresada colaboración del gobernador Pedro de Lodeña, del contador Alonso de Tapia y del tesorero Tristán de Uribe, que conseguirían —gracias a las donaciones de los vecinos— ciento once pesos que serían utilizados en la adquisición de materiales, aunque perecederos, propiciando una construcción muy simple que no debería durar mucho tiempo. Efectivamente en 1600 el municipio cartagenero se declararía partidario de trasladar de lugar al citado hospital. Aunque no existiría constancia de las razones de esta medida, es fácilmente presumible que el crecimiento de la ciudad y en especial de Getsemaní lo convirtiesen en excesivamente cercano a la misma. Así quedarían comisionados para la búsqueda de un nuevo emplazamiento los regidores Antonio de Mendoza y Antonio de Echevarría, que serían igualmente los encargados de vender el solar y el edificio en donde se asentaba la antigua leprosería 46 La segunda fundación se llevaría a cabo durante los primeros años del siglo XVII, cerca del Camino Real, en el Cerro de San Lázaro, en donde luego se instalaría el fuerte de San Felipe de Barajas. Pero también en este caso los problemas económicos no tardarían en llegar, sobre todo después de la plaga de langosta y de las respectivas epidemias de viruelas y sarampión que habrían asolado económica y demográficamente al vecindario, haciendo que los propios de la ciudad quedasen exhaustos. Por su parte como las mercedes regias re- 45. Acuerdo tomado por el cabildo de Cartagena en 16 de diciembre de 1592. Inserto en un Testimonio de Autos para el nombramiento del capellán de San Lázaro fechado en Cartagena el 16 de febrero de 1675. AGI, Santa Fe, 64, fols. 17-18. En el citado año el cabildo estaba compuesto por: Juan de Villoria, Diego Coronado, Domingo Féliz, Alonso de Tapia, Gonzalo Mendoza, José Barros, Francisco Hoyos, Alonso López de León y Diego Cano. Borrego, cit., pág. 302. 46. Acuerdo tomado por el cabildo de Cartagena en 23 de noviembre de 1600. Inserto en el Testimonio de Autos de 1675, cit., fols. 18-19. Para dicho año se desconocerían a los miembros de dicho cabildo. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA ACTAS VII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA  187 lativas a las penas de cámara y bienes de difuntos resultarían insuficientes para paliar esta falta de rentas 47 , el cabildo se vería obligado a ordenar en 1617 que un día a la semana dos de sus miembros pidiesen limosna en favor del hospital. En primer lugar los dos alcaldes y posteriormente dos capitulares, rotando según el orden de antigüedad 48 . A medida que transcurría el tiempo las peticiones de ayuda económica a la Corona por parte del municipio se harían práctica común en base a que ambos eran copatronos del citado hospital. Mención especial merecerían las insistentes reclamaciones en el sentido de creer que era necesario también allí la creación de la figura de los bacinadores que gozando de los mismos privilegios que los sevillanos, ayudasen a la consabida consecución de fondos en beneficio de dicho Centro. Opinión esta última de la que participaría el propio obispo de Cartagena, aunque matizando «que dichos bacinadores deberían desempeñar su oficio por sí mismos y siempre en el lugar de donde fuesen vecinos para evitar la malicia de los tiempos» 49 Sin embargo la respuesta tardaba en llegar y diez años más tarde la situación del lazareto sería lamentable. Por aquella época alberga -ría a más de setenta enfermos, no sólo de Cartagena sino de todo el Nuevo Reino —sobre todo de Panamá— tanto blancos como negros que vivirían sin ningún control, en total promiscuidad, habiéndose dado ya el nacimiento de varios mulatos. Todos estos internos gozarían de una total libertad que les permitiría salir en busca de leña y 47. Acta de cabildo. Cartagena, 26 de octubre de 1619. AGI. Santa Fe, 63. Constan las siguientes firmas: García Girón, Sebastián de Alcibia, Vicente de VilIalobos, Diego Fernández Calvo, Luis Gómez Barreto, Melchor Morales Esquivel, Andrés Vanquesel, Ignacio Ramírez de Arellano, Alonso Cuadrado. Mercedes y asignaciones para la subsistencia del Hospital de San Lázaro. 1598-1678. AGI, Santa Fe, 666. 48. Auto del cabildo, 20 de abril de 1617. Inserto en el testimonio de Autos de 1675, cit., fols. 23-24. 49. Acuerdo tomado por el cabildo de Cartagena en 10 de septiembre de 1619. Inserto en eI Testimonio de Autos de 1675, cit., fols. 27-28. En el citado año el cabildo estaba compuesto por: García Girón, Sebastián de Alvibia, Juan Ruiz de la Vega, Vicente Villalobos, Melchor Morales Esquivel, Diego Fernández Calvo, Andrés Vanquesel, Luis Gómez Barreto, Ignacio Ramírez Arellano, Alonso Cuadrado, Diego de Rebolledo, Diego de Matute, Juan Antonio Sabariego. Martínez Marín, Ana: Cartas de Cabildo de Cartagena de Indias. Tesis enédita presentada en la Universidad de Sevilla en 1975, pág. 121. El cabildo de Cartagena a SM. Cartagena, 30 de julio de 1627. AGI, Santa Fe, 63. Constan las siguientes firmas: Diego de Escobar, Luis Polo del Aguila, Andrés Vanquesel, Miguel de Payola, Luis Gómez Barreto, Alonso Cuadrado Cid, Juan de la Rada, Diego de Rebolledo, Ignacio Ramírez de Arellano, Francisco de Símancas, Ambrosio Arias de Aguilera. Diego de Alvarado a SM. Cartagena, 23 de mayo de 1644 y el obispo de Cartagena a SM. s/£ 1645. AGI, Santa Fe, 63. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA 194  MARIA DEL CARMEN BORREGO PLA venta de dos nuevas plazas de escribanos, lo que desataría tal conmoción entre los restantes, que se tendría que dejar en suspenso la medida. También digna de tenerse en cuenta sería la actuación del médico Francisco Thenesa que otorgaría para el hospital las rentas producidas por su estancia en Monte Pelado, prestando incluso su asistencia profesional a los enfermos 62 . Sin embargo como tres décadas más tarde la situación no había mejorado, ascendiendo ya a 58 los leprosos, el entonces gobernador Caxigal de la Vega nombraría como mampostor y administrador de San Lázaro —sin sueldo alguno— a Tomás López de Aguirre, habanero acomodado y comandante del batallón de infantería de milicias, quien propondría la creación de un nuevo lazareto que debería ser administrado de mejor manera que el existente hasta aquellos momentos, cuyo déficit ascendía a 2.661 pesos anuales 63 • La Junta crea -da en 1748 para estudiar la propuesta y que estaría formada por el gobernador, obispo, oficiales reales y cabildo conseguiría la firme promesa de 10.276 pesos que irían destinados a la nueva fábrica de San Lázaro y que provendrían de las siguientes instituciones y personas: 4.000 por parte del cabildo, 100 de los oficiales reales, 176 de los alcaldes, 5.000 del obispo y 1.000 del vecindario. Asimismo algunos miembros importantes de este último pondrían censos sobre sus casas y propiedades en favor del hospital en una cantidad aproximada de 3.500 pesos, autorizándose también la venta de las dps plazas de escribanos citadas anteriormente 64 . Pero para López de Aguirre estas cantidades no serían suficientes, ya que se necesitaba una nómina mayor al tener que financiarse no sólo la construcción, sino aquellos servicios más necesarios para los leprosos: 500 pesos anuales al capellán, 1.000 al administrador, 500 al boticario José de Larios e igual cantidad para el médico José de Barrios. Para ello La Habana sugeriría a la Corona en este mismo año que otorgase en favor del lazareto los dos novenos de los diezmos, las rentas procedentes de la venta y composición de tierras — 62. Ibídem, cit., vol. 6-III, 1978, pág. 181 y vol. 8-III, 1980, pág. 185. 63. En 1748 el Cargo anual del Hospital ascendía a 2.768 pesos: 942 de rentas tijas, 585 de rentas contingentes y 1.241 de limosnas. Por su parte la Data arrojaba la cantidad de 5.429 pesos: 3.132 de gastos para los enfermos y 2.297 de salarios. Marrero, cit., vol. 8-III, 1980, pág. 186. 64. El desglose de estos censos sería el siguiente: María Pérez de la Mata 2.000 pesos, Micaela Fernández 500, Isabel García 450, capitán Francisco Javier de Flores 300 y Juan Martín de Fuentes 250. Ibídem. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA ACTAS VII JORNADAS DE ANDALUCIA Y AMÉRICA  195 proceso éste muy activo y complejo en el que por entonces se vería inmersa la isla— así como del juego de gallos. Finalmente el 15 de marzo de 1752 el rey aprobaba la creación del nuevo hospital, pero siguiendo el consejo del capellán de palacio descargaría la responsa -bilidad económica de la institución en los habitantes habaneros. Según la teoría del citado capellán, que haría suya la Corona, los hospitales nunca podrían subsistir, a pesar de los fondos especiales que le fueran señalados, «si a su cargo no lo toman los fieles... La experiencia enseña que o por la mala administración se pierden parte de las rentas, o se consumen en crecidos sueldos. Por ello el nuevo hospital que se quiere levantar, se debe poner al cuidado de una hermandad o congregación de eclesiásticos y seglares distinguidos, pues no es creíble falten allí personas que quieran servir a Dios y al público en una obra tan recomendable... En fin la caridad es ingeniosa y una vez fundada la congregación, dictará medidas y arbitrios para que en La Habana florezca la más sólida hospitalidad ». La obra debería comenzarse pues con los fondos que hasta aquel momento se hubiesen recaudado, pero debería quedar alejada del área poblada, ya que se le habría acercado el barrio de Guadalupe. Asimismo que -daría prohibida cualquier tipo de construcción alrededor del hospital en una extensión de media legua. De esta manera el mampostor López de Aguirre se vería en la difícil coyuntura de comenzar el edificio sin contar con los fondos económicos adecuados, tanto más cuanto que la congregación hospitalaria sugerida desde Madrid no alcanzó a tomar cuerpo. Ello le llevaría a idear un sistema de percepción de limosnas — desarrollado también por aquellos años en Lima— que se basaría en la apertura de una plaza de toros en la capital en donde se dieran festejos taurinos cuyo producto engrosara el mermado peculio de la Casa de San Lázaro. Pero como este espectáculo no tendría mucho éxito, decidiría levantar un teatro —que fue el primero de la isla— destinado a la representación de comedias, cuya entrada costaría un real y que obten -dría una rotunda aceptación, aunque el sucesor del gobernador Caxígal, Pedro Alonso, prohibiría su continuación. De todas formas López de Aguirre habría logrado aumentar las rentas del hospital que hacia los años ochenta contaría con 64 reales diarios, de los cuales 56 se gastarían en alimentar a igual número de enfermos, mientras que 65. Ibiden, 1980, pág. 187. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA 196  MARÍA DEL CARMEN BORREGO PLA los restantes se destinarían a aquellas necesidades que les fueran más perentorias, fundamentalmente zapatos y aguardiente para curar sus llagas. Sin embargo las obras de construcción se mantendrían para -lizadas ya que las mencionadas rentas no alcanzarían a cubrir su financiación. En este sentido las quejas del citado mampostor a la Real Corona serían constantes y el hospital habanero encararía la centuria siguiente con una profunda carga de preocupación por su existencia que se le antojaría muy incierta. Impresión esta última que se vería acentuada con los graves acontecimientos ocurridos en la Península al iniciarse la invasión francesa 66 Finalmente un nuevo leprosario se levantaría muy avanzado el siglo XVIII, esta vez en la zona mexicana de Mérida — Yucatán —. Su erección en 1791 estaría motivada por la necesidad de que los leprosos de aquella tierra tuviesen un lugar en donde pudiesen ser recogidos, ya que la gran distancia existente de la ciudad de México haría imposible su traslado a la misma. En este sentido se llegarían a pedir las Ordenanzas de su homónimo mexicano para que sirviesen de guía, pero éstas parece que nunca llegarían, por lo que el hospital yucateco iniciaría una vida muy peculiar de la que hasta ahora nada se conoce, excepto que su existencia aún proseguía en época porfirista 67 . Esta sería a grandes rasgos la historia de los principales lazaretos indianos, aunque lo hasta aquí recogido sólo mostraría una pequeña parte del proceso, inabordable en su totalidad ya que sobrepasaría los límites impuestos para este estudio. Sin embargo hay una cuestión que resulta de todo punto evidente y que se centra en la importancia que tuvo para las nuevas tierras el hospital de lazarinos hispalense. Durante más de trescientos años su sombra planeó a lo largo y ancho de los territorios americanos, integrándose en aquella corriente de influencias mutuas establecida entre ambos continentes y cuyo hilo conductor sería la ciudad de Sevilla. 66. Ibidem. 67. Muriel, cit., vol. II, pág. 207. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA