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La garantía de libertad desde la perspectiva maquiaveliana y sus influencias

Fernández Muñoz, Jesús

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 Jesús Fernández Muñoz * LA GARANTÍA DE LIBERTAD POLÍTICA DESDE LA PERSPECTIVA MAQUIAVELIANA Y SUS INFLUENCIAS1 1. INTRODUCCIÓN: EL ORIGEN DE LAS LEYES Y LA CORRUPCIÓN HUMANA En el comienzo del libro primero de los Discorsi Maquiavelo se centra específicamente en lo más virtuoso de la fundación de Roma, esto es, en su legislación y primer ordenamiento. Una ciudad que se conservó durante muchos siglos, que fue una república y llegó a ser un Imperio (Roldán, 2007 a b). El secretario florentino subraya que la fundación de Roma tiene un origen libre y sin dependencia externa, ya sea tomando a Eneas como padre fundador o a Rómulo. Lo que destaca es la fuerza de la virtù romana desde el principio, pues ni el pasar de los primeros siglos ni las características geográficas positivas, como su fertilidad, su posición estratégica, sus continuas victorias y la grandeza del imperio generaban corrupción2. La idealización de Roma por parte de Maquiavelo está presente desde el inicio de su principal obra. * Universidad de Sevilla 1 Trabajo realizado en el marco de los proyectos PID2020-112558GB-I00 y PID2020- 119806GB-100. 2 El inicio de la república los historiadores, al menos desde Salustio, la sitúan en la victoria romana en las Guerras Púnicas. Y la razón principal de la transformación de la República en Imperio fue precisamente la corrupción, que degeneró en Guerras Civiles. MAQUIAVELO, EL PUEBLO Y EL POPULISMO. HISTORIA, TEORÍA POLÍTICA ...  De ahí que incida en que “había en ella más virtù de la que haya habido jamás en cualquier otra república o ciudad” (Maquiavelo, Discursos, I, 1). En particular, la fundación virtuosa de Roma la estima el florentino de suma importancia, puesto que no es fácil que el hombre se reordene sin peligro desde el principio y mucho menos si se tiene en cuenta que “la mayoría de los hombres no se inclina a unas leyes nuevas que supongan un nuevo estado de cosas en la ciudad, a no ser que por necesidad manifiesta se les obligue a hacerlo” (Maquiavelo, Discursos, I, 2). Una obligación que puede dar lugar a peligros e incluso a la destrucción de la propia república3. El origen de los ordenamientos políticos y su diversidad acontece, según Maquiavelo, por azar, aunque también por necesidad debido a diversas situaciones sobrevenidas. De modo que piensa en el ser humano en un tiempo remoto viviendo en pequeños grupos dispersos, que dependiendo de las circunstancias sería razonable que cada grupo viviese con un ordenamiento político u otro y que, además, dicho ordenamiento fuese cambiando o, al menos, pudiese cambiar según múltiples factores y accidentes. Las variadas vicisitudes traen siempre a la luz nuevas necesidades a las que hay que adaptarse y para ello se necesitan nuevas leyes y un nuevo orden; y si bien no tienen que ser leyes completamente nuevas, sí será necesario realizar cambios con el paso del tiempo. Maquiavelo prosigue explicando que hay dos tipos principales de repúblicas: “las legisladas de golpe y las legisladas por accidentes; él las combinará para dar a su legislación una apariencia de perfección accidental” (Mansfield, 1986, p. 34). De hecho, los problemas comienzan cuando esas sociedades en las que pensaba Maquiavelo se iban haciendo más grandes y complejas. Entonces empieza “la distinción entre las cosas buenas y honestas y aquellas malas y perniciosas, porque, aunque denostaban al ingrato y honraban al agradecido, viendo que si uno perjudicaba a su benefactor surgían el odio y la compasión” (Maquiavelo, Discursos, I, 2). Así, al ampliarse los grupos, daba comienzo algo fundamental: la promulgación de leyes y, por tanto, la tipificación de castigos para sus infractores. De este modo es como nace, desde el punto de vista maquiaveliano, la justicia o, mejor dicho, la primera elaboración social de lo que era lo justo y lo bueno para vivir en sociedad y en armonía: 3 El ejemplo de su propia ciudad, Florencia, es significativo y es precisamente al que alude Maquiavelo: a los sucesos de Arezzo de 1502 en los que la ciudad es reordenada y a los incidentes de Prato de 1512 donde es desordenada.  Jesús Fernández Muñoz La vida en común, condición del conocimiento de la justicia, enseñó a los hombres a pagar un precio por sus acciones: unas suscitaban el odio y la venganza, otras la aprobación y reconocimiento. Al comprobar que si uno perjudicaba a su benefactor, se suscitaba en los demás hombres rechazo y odio hacia el primero y estima y compasión hacia el segundo, se decidieron a hacer leyes y a ordenar castigos a quienes las incumplieran, con el fin de evitar perjuicios y que el mal quedara impune. En resumen, la justicia surgió a partir de la observación de la ingratitud hacia un benefactor, es decir, cuando los hombres fueron capaces de colocarse imaginariamente en la situación de un benefactor ofendido. Así, poco a poco, los hombres comprendieron la conveniencia de impedir unas acciones y fomentar otras, elaborando leyes que las regularan y castigos para quienes las violaran (Villar Ezcurra, 2010, p. 266). Según la lógica maquiaveliana cuando las sociedades tuviesen que elegir a un príncipe no optarían, de primeras, por aquel que fuese más fuerte, valiente o gallardo –como sí podía ocurrir en las primeras (y pequeñas) sociedades, puesto que era beneficioso para la defensa y organización de aquellos grupúsculos–. Esto es: cuando la sociedad aumenta, y con esa idea de justicia relacionada con el cumplimiento de las leyes, lo que la mayoría prefiere suele ser un príncipe prudente y justo. La vida común surgía por necesidad social y fueron precisamente las interacciones sociales las que generaron los condicionamientos morales y de la justicia, haciéndose necesario el uso de la ley, que si bien no cae del cielo y del ámbito de la divinidad tienen que usarse para que el hombre no caiga en el desenfreno y para ponerle límites (Maquiavelo, Discursos, I, 58). Esta idea, que se desarrollará en confrontación al planteamiento guicciardiniano, la explicita la profesora Villar en su trabajo citado: En sus Historias de Florencia y sobre todo en los Discursos se encuentra un detalle del peso ‘sin fondo’ de la ambición humana y su vinculación con otras pasiones negativas. La ambición tiene un gran poder en el corazón humano y nunca le abandona por muy alto que haya llegado (Discursos, II, 37). De hecho, los hombres ‘pasan de una ambición a otra’, y aunque en un principio tratan sólo de no ser perjudicados, luego perjudican a los demás. Maquiavelo transforma el juicio clásico sobre la excesiva ambición de los hombres, en su afirmación de que los hombres nunca parecen tener suficiente. La causa es que la naturaleza ha constituido al hombre de tal modo que ‘puede desearlo todo, pero no puede conseguirlo todo, siendo siempre mayor el deseo que la capacidad de conseguir, resulta el descontento de lo que se posee y la insatis- MAQUIAVELO, EL PUEBLO Y EL POPULISMO. HISTORIA, TEORÍA POLÍTICA ...  facción’ (I, 37). Comprueba que la ambición se conjuga con la inquietud y la impaciencia, e impide al hombre controlar sus deseos (I, 40; I, 58). Es un desasosiego que hace olvidar los vínculos de amistad y que hace esforzarse sólo por los intereses particulares. Entonces, los demás son vistos como obstáculos y como rivales (Villar Ezcurra, 2010, p. 267). Otro problema al que seguidamente apunta Maquiavelo es que las monarquías dejan de ser electivas para volverse hereditarias, lo que implica que en la mayoría de los casos los herederos no estarán a la altura de sus antecesores y los príncipes comenzarán a ser odiados por su pueblo, de manera que aquellos pasarán “del temor a la ofensiva” (Maquiavelo, Discursos, I, 2): y así nacerá la tiranía como una reacción defensiva (Mansfield, 1986, p. 37). A su vez, Maquiavelo considera que esas tiranías provocaban que una multitud se armase contra el príncipe con la idea de proceder a la liberación del pueblo y acercarse a la justicia por miedo a volver a otra tiranía: “Gobernaban según las leyes promulgadas por ellos mismos, anteponiendo el bien común al suyo propio y administrando los asuntos públicos y privados con gran habilidad, gobernando y conservando” (Maquiavelo, 2003, I, 2). Lo mismo ocurrirá con los hijos de los príncipes a los que se ha hecho alusión anteriormente: al no conocer la variabilidad de la fortuna ni haber padecido mal alguno, estaban descontentos con la igualdad cívica y dieron rienda suelta a la ambición, la avaricia y la lujuria considerando suyas a todas las mujeres y convirtiendo el gobierno de los mejores en una oligarquía sin el menor resquicio de civismo (Maquiavelo, 2003, I, 2). La corruptibilidad de las personas y, por ende, de los gobiernos es un aspecto central que no se puede dejar de lado y que el pensador florentino tiene presente en sus escritos. Por eso explica, aludiendo al caso de Roma, y como ya hicieran Aristóteles o Polibio, que hay tres tipos de ordenamientos: el monárquico, el aristocrático y el popular. Y los tres pueden corromperse, a su vez, en otros tres: “el principado deviene fácilmente en tiranía, las aristocracias se convierten en oligarquías y a los gobiernos populares no les cuesta mucho volverse licenciosos” (Maquiavelo, 2003, I, 2). La degeneración de un buen gobierno en otro completamente pernicioso es muy fácil dada la delgada línea que separa virtud y vicio. Si bien no se refiere directamente a la degeneración del gobierno del pueblo, también es un caso común, aunque a priori parezca más difícil que suceda: el diseño se realiza para que ni  Jesús Fernández Muñoz unos cuantos poderosos ni tampoco un príncipe tengan un poder ilimitado; sin embargo, la corrupción puede apoderarse de los hombres públicos de la misma manera que de los particulares (sean muchos o sean pocos) y lo explica como un ciclo que finalmente no es tal: Cada cual empezó a vivir como quería, se cometían miles de injurias al día hasta que, tal vez llevados por la necesidad o las sugerencias de algún hombre bueno, acaso para acabar con tanta licencia, se volvió al principado. Así, paso a paso, se llega a la disipación, de la forma descrita y por las razones mencionadas (Maquiavelo, 2003, I, 2). 2. LA NECESIDAD DEL GOBIERNO MIXTO Y SU IMPORTANCIA: VIRTÙ Y FORTUNA En el momento en el que las injurias empiezan, según Maquiavelo, lo que suele ocurrir no es que vuelvan al origen y a re-comenzar, sino más bien que finalmente la república se hace súbdita de otro Estado mejor ordenado políticamente4. Al considerar la facilidad para corromperse que tienen todas las formas de gobierno, desde el punto de vista del florentino es mejor que no existan las “formas puras” (que verdaderamente no pasan de ser ideales), y para evitar ese defecto los legisladores tendrían que optar desde el principio por un “modelo mixto” (Raimondi, 2005) que reúna características de todas: “una forma de gobierno corrige a las demás cuando el gobierno de una ciudad es, al mismo tiempo, monárquico, aristocrático y popular” (Maquiavelo, Discursos, I, 2). El autor de El Príncipe sigue en esta idea de gobierno mixto a Polibio nuevamente en Historias, VI, 11-18. Y un ejemplo histórico al que alude es al caso de Atenas y su brevedad por no incorporar Solón en su Constitución parte de gobierno monárquico y aristocrático y quedarse exclusivamente con un gobierno popular. Por ese motivo nació muy pronto la tiranía de Pisístrato. A diferencia del espartano que perduró ochocientos años gracias a que Licurgo: “diseñó el gobierno de Esparta de modo que tuviera algo de regio, algo de aristocrático y algo de popular” (Maquiavelo, Discursos, I, 2). Con este gobierno mixto en el que participan las tres formas de gobierno, y más aún si se le suma la fortuna, para Maquiavelo se llegaría a la “república perfecta” sin una propuesta (premeditada) previa: 4 Si no fuese así lo que ocurriría sería un ciclo infinito de las formas de gobierno, un tema que ya expone Polibio en su Historias, VI, 5-10. Véase la comparativa que desarrolla Mansfield (1986: 36-41) entre Maquiavelo y Polibio. MAQUIAVELO, EL PUEBLO Y EL POPULISMO. HISTORIA, TEORÍA POLÍTICA ...  a través de una sucesión de grados o etapas, en cada una de las cuales los hombres actuaron prudentemente en su propio interés, antes que con ciego egoísmo: los reyes haciendo leyes para la libertad; los aristócratas al no odiar a los reyes tanto que destruyeran la institución y también al conceder parte del poder al pueblo. El ciclo aparece ahora no como un círculo de bien y de mal sino como la vía por la cual los hombres prudentes pueden llegar a la perfección sin habérselo propuesto desde un principio (Mansfield, 1986, p. 41). La fortuna no se entiende como un simple azar, de hecho, como apunta Hermosa Andújar (2005) la fortuna puede ser la virtù de otros vista desde el príncipe: es todo aquello que, interponiéndose a su acción, puede ser conquistada por él (véase el capítulo VII de El Príncipe como definitivo al respecto). Maquiavelo insiste en la releancia de las instituciones, el buen ejército romano y su excelente organización. Por ende, con esta disposición la fortuna no suele fallar o por lo menos cuenta con mayor número de posibilidades de no hacerlo, ya que la virtù en buena medida contrarresta a la (mala) fortuna; por eso se puede hablar de la “neutralización” de la fortuna a partir de una buena política preventiva contra los potenciales accidentes, sean naturales o humanos (Hankins, 2019). Aunque los “accidentes” y la desunión están presentes desde el título del capítulo tercero relativo a la creación de los tribunos de la plebe (Mattei, 2016, pp. 147-201). De hecho, en una buena república los accidentes pueden llegar a servir para reforzar a las propias instituciones, como fue el caso de los mencionados tribunos de la plebe. Maquiavelo muestra que los que ordenan una ciudad y crean las leyes tienen que partir de la base de la siguiente idea: los hombres son malos por naturaleza “y… pondrán en práctica sus perversas ideas siempre que se les presente la ocasión de hacerlo libremente” (Maquiavelo, Discursos, I, 3). En el caso de que los hombres no sean (actúen como) malos se deberá a una razón oculta por el momento a los demás, pero el tiempo que es “padre de toda verdad” (Maquiavelo, Discursos, I, 3), sacará a la luz dicha maldad que en apariencia no lo parecía: “este supuesto implicaría que en los estados buenos la malignidad de los estados malos no está ausente sino oculta, o que en realidad no existen estados buenos” (Mansfield, 1986, p. 42). Esto último lo ejemplifica Maquiavelo con la expulsión de los Tarquinos: antes de ese momento aparentemente había una unión entre la plebe y el senado. Los nobles guardaban las formas y toleraban al pueblo dando una impresión engañosa debido a que las causas (del odio) permanecían ocultas, y se demostró al morir Tarquino que “comenzaron a escupir contra la plebe el veneno que habían escondido  Jesús Fernández Muñoz en su pecho, y la ofendían de todas las maneras posibles” (Maquiavelo, Discursos, I, 3). Con este ejemplo confirma su idea de que “los hombres sólo obran bien por necesidad, pero donde se puede elegir y hay libertad de acción se llena todo, inmediatamente, de confusión y desorden” (Maquiavelo, 2003, I, 3). De ahí la importancia de la ley cuando la costumbre no funciona adecuadamente: para hacer a los hombres buenos o, como mínimo, que actúen como tal. En aquel momento fue necesario poner freno a la nobleza con el temor y así buscar el orden previo, o mejor dicho: para conseguir el mismo efecto de los Tarquinos. Mansfield (1986, p. 42) lo explica de la siguiente manera: Cuando la necesidad opera por sí misma, la causa permanece oculta bajo la costumbre; pero cuando no funciona, adquirimos conciencia de ello y exigimos inmediatamente una nueva ley. Una nueva ley sigue a la revelación de la necesidad, y al mismo tiempo oculta la necesidad. Porque no es posible decir que los tribunos de la plebe servían al mismo propósito que los Tarquinos, aun cuando hayan tenido el mismo efecto. 3. LA FUNDACIÓN DE UNO, LOS TRIBUNOS DE LA PLEBE Y LAS TENSIONES POLÍTICAS INTERNAS En el momento de la fundación y la organización de una ciudad no es necesario tener presente la tradición y las costumbres heredadas (Mansfield, 1972). Precisamente Maquiavelo en sus Discursos trae a colación el caso de Rómulo como prototípico y fundamental para Roma. Y aunque efectivamente se pueda pensar a priori que no es un buen fundador aquel que mata a su hermano y que consiente más tarde la muerte de Tito Tacio (Casquillo Fumanal, 2008), sin embargo, pocas veces sucede que una ciudad –o una república– esté bien fundada desde el principio cuando no ha sido ordenada por una sola persona: De modo que es necesario que sea uno solo aquel de cuyos méritos e inteligencia dependa la organización de la ciudad. Por eso, un organizador prudente, que vela por el bien común sin pensar en sí mismo, que no se preocupe de sus herederos sino de la patria común, debe ingeniárselas para ser el único que detente autoridad, y jamás el que entienda de estas cosas le reprochará cualquier acción que emprenda, por extraordinaria que sea, para organizar un reino o construir una república. Sucede que, aunque le acusan los hechos, le excusan los resultados, y cuando éstos sean buenos, como en el caso de Rómulo, siempre le excusarán, porque se debe represente al que es violento para estropear, no al que lo hace para componer (Maquiavelo, 2003, I, 9). MAQUIAVELO, EL PUEBLO Y EL POPULISMO. HISTORIA, TEORÍA POLÍTICA ...  Si el fundador es prudente y virtuoso no dejará su responsabilidad a otros, y si se trata de una fundación organizada es preferible hacer recaer la responsabilidad en varios y que sean éstos los que se encarguen de mantener el orden. El problema cuando uno solo actúa y es el fundador, por virtuoso que sea, es que entraña más peligro y se debe a que “los hombres son más inclinados al mal que al bien, podría su sucesor usar ambiciosamente aquello que él ha empleado virtuosamente” (Maquiavelo, Discursos, I, 9). No obstante, Maquiavelo tiene claro que los muchos no son buenos para organizar una cosa nueva, por eso excusa a Rómulo de la muerte de su hermano; su ejecución no fue por simple ambición de poder y “lo demuestra el hecho de que enseguida estableció un senado que le aconsejase y de acuerdo con el cual tomaría las decisiones” (Maquiavelo, Discursos, I, 9). La autoridad que Rómulo conservó fue exclusivamente la del mando de los ejércitos en caso de guerra y la de convocar al senado (Reale, 1985). El secretario florentino lo expresa de la siguiente manera: “concluyo que para organizar una república es imprescindible estar solo en el poder, y que Rómulo merece excusa, y no reproches, por la muerte de Remo y Tito Tacio” (Maquiavelo, 2003, I, 9). Roma tuvo unas buenas leyes al inicio por parte de Rómulo y otros reyes, pero hay que tener en cuenta que fueron pensadas para un reino y no para una república, por lo que posteriormente necesitó cambios relevantes. Cuando Roma se liberó de la monarquía le faltaban leyes, se crearon dos cónsules y el senado: una mezcla de monarquía y aristocracia. Mas también se concedió una parte del poder al pueblo con la creación de los tribunos de la plebe, “aunque el senado y los cónsules conservaron la suficiente autoridad como para mantener su posición en la república” (Maquiavelo, 2003, I, 2). Según Maquiavelo, fueron los tribunos una de las causas principales de la libertad en Roma pese a los tumultos (Pedullà, 2012). Esto se relaciona directamente con la buena milicia de la que disponía Roma, que implicaba y beneficiaba, a su vez, la buena organización de su política interna. Así las cosas, el florentino destaca que los buenos efectos pueden derivar de un buen orden que, en apariencia, es un desorden y puede ser considerado como negativo. Por eso entiende que los que critican los tumultos parece que dejan de lado los buenos efectos que produjeron y “se fijan más en los ruidos y gritos que nacían de esos tumultos” (Maquiavelo, Discursos, I, 4). En definitiva, queda claro que los tribunos de la plebe permitieron que el pueblo desahogase sus ambiciones (Zorzo, 2019); el propio Maquiavelo comenta que esa ambición del pueblo no suele ser perniciosa al dirigirse contra aquellos que lo quieren oprimir. El debate entre oprimidos y opresores, buenos y malos, es evidente en esta justificación maquiaveliana en defensa de los tribunos de la plebe como expresa Mansfield (1986, p. 46):  Jesús Fernández Muñoz Si los tumultos fueron la causa de la creación de los tribunos, merecen las máximas alabanzas […] porque además de dar al pueblo una parte en la administración, se constituyeron en guardia de la libertad de Roma, puesto más imparcial. Es éste un elogio de los tumultos más atenuado que el anterior (como primera causa de la conservación de la libertad en Roma). La buena organización de la república necesita una garantía de libertad y la cuestión central que se plantea es en quién ha de recaer la vigilancia de esa libertad, si en el pueblo o en los grandes. Aquí se encuentra una de las discrepancias principales con Francesco Guicciardini, como se verá más adelante, ya que Maquiavelo piensa que el modelo romano es superior al veneciano. El secretario florentino proyecta esta cuestión como una dicotomía sobre cuál de las repúblicas hizo una mejor elección. Cuando mira los efectos de otras repúblicas que eligieron a los nobles como garantes de la libertad indica que es superior puesto que fueron repúblicas más duraderas. En relación con las distintas repúblicas establece que “unas y otras tienen motivos razonables, pero si vemos sólo los resultados, nos inclinaríamos por los nobles, porque la libertad de Esparta y Venecia tuvo una vida más larga que la de Roma” (Maquiavelo, Discursos, I, 5). La voluntad de no dominar (y vivir libres) desde el punto de vista maquiaveliano es superior en el pueblo y por eso considera que sería mejor garante de la libertad que aquellos otros –los nobles– cuyo deseo principal consiste en dominarlo al pueblo. Desde esta óptica el deseo de no ser dominado parecería que va aparejado a una supuesta imposibilidad de dominar. La pregunta que habría que hacerse al respecto se sintetiza en cómo serían capaces de defender la libertad y cómo pudo la plebe llegar a ser guardián de la libertad romana. El propio Maquiavelo muestra que esa idea de que el pueblo se conformaría con ser garante de la libertad y que no busca aumentar su poder es falsa al indicar que los propios tribunos de la plebe no se conformaban y deseaban un mayor poder (Maquiavelo, Discursos, I, 5). La conclusión que se puede extraer de lo anterior es que los mismos que son capaces de “guardar la libertad” también pueden intentar eliminar a la nobleza y llevar a Roma a la ruina (Mansfield, 1986, p. 48). Al hilo de esta cuestión la interrogación del Mansfield es muy pertinente: “¿hay tribunos en los que se pueda confiar para guardar la libertad?” (1986, p. 48). El florentino alude al deseo de mantener el honor o el deseo de adquirir honores que no se tienen, y ninguno de los dos se pueden vincular con ese deseo de no ser dominado. Por eso insiste en el capítulo que los que tienen riquezas y honores siempre tendrán más motivos (y poder) para iniciar tumultos puesto que tienen más que perder, sin embargo, se contradice al indicar MAQUIAVELO, EL PUEBLO Y EL POPULISMO. HISTORIA, TEORÍA POLÍTICA ...  nos y no castigan, y los irritados piensan en vengarse, odiando, y no temiendo, los cargos que se les hacen” (Maquiavelo, D, I, 8). La regulación en Roma, para Maquiavelo, es, pues, digna de admiración y un ejemplo en ese sentido, a diferencia de lo que ocurría en la Florencia, como él mismo explicita: Si hubiera existido en Florencia un procedimiento para acusar a los ciudadanos y castigar a los calumniadores, se habría evitado la mayoría de los alborotos que han tenido lugar en ella. Porque aquellos ciudadanos, ya hubieran sido condenados, ya absueltos, no habrían podido perjudicar a la ciudad, y habrían sido acusados con menos frecuencia que fueron calumniados, no siendo tan fácil, como dije antes, acusar a alguien como calumniarle (Maquiavelo, 2013, I, 8). La conclusión en este asunto es que: el que organiza una república debe establecer cauces legales para que se pueda acusar públicamente a cualquier ciudadano, sin ningún miedo, sin ninguna consideración, y hecho esto y observado escrupulosamente, debe castigar duramente a los calumniadores, los cuales no pueden quejarse si son castigados, habiendo lugares abiertos donde podían hacer oír los cargos que iban difundiendo calumniosamente por los pórticos (Maquiavelo, 2013, I, 8). La mala regulación de este asunto crearía un importante desorden y mucho mal a la ciudad en cuestión, como ocurrió en Florencia, ya que la calumnia genera siempre odio, miedo y división, lo que al final puede derivar en la ruptura y ruina de un Estado. En consecuencia, según las ideas maquiavelianas, más allá de las calumnias, como se ha indicado, es necesario un buen ordenamiento interno, porque siempre que los ciudadanos acudan a fuerzas externas a la ciudad para resolver sus contenciosos quiere decir que el ordenamiento jurídico se torna insuficiente al no incluir “la manera de poder canalizar los humores nocivos sin recurrir a procedimientos excepcionales; y esto se evitaría completamente estableciendo una acusación pública ante numerosos jueces y dándole gran importancia” (Maquiavelo, Discursos, I, 7). Sin ese buen ordenamiento la ciudad estaría en manos de la fortuna y de los extranjeros. 5. EL MODELO DE ROMA O EL DE VENECIA? MAQUIAVELO GIANNOTTI Y GUICCIARDINI En este apartado se tratarán de poner en relación las ideas principales que se han desarrollado desde la perspectiva maquiaveliana en contraste con otros dos pensadores florentinos de su época: Francesco  Jesús Fernández Muñoz Guicciardini, al que ya se ha hecho alusión, y Donato Giannotti. La mirada sobre la cuestión se centrará en estos tres políticos de la Toscana que se vinculan especialmente en el deseo de libertad que tienen para su ciudad. Maquiavelo, Guicciardini y Giannotti son las tres figuras más importantes de la modernidad dentro de la filosofía política italiana y los representantes del republicanismo cívico. Sobre este asunto tiene especial interés la definición general del concepto de república que respecto a Maquiavelo aporta García Jurado, pues servirá para esbozar características generales aplicables también a Guicciardini y Giannotti: A pesar de que en ningún momento Maquiavelo dio una definición sistemática y detallada del concepto de república, un análisis del conjunto de su obra podría llevar a identificar seis características esenciales que atribuía a esta forma de gobierno: 1) primacía del bien común sobre el particular; 2) moderada o reducida desigualdad social; 3) activa participación política de los ciudadanos; 4) integración en un gobierno mixto; 5) estricto apego y respeto a la ley; y 6) libertad de los ciudadanos (García Jurado, 2015, p. 20). La reforma de Florencia es el fondo de las reflexiones políticas de estos autores y sus propuestas giran en torno a dos modelos político-ins- titucionales principales ya mencionados, como son el de Roma y el de Venecia. De forma general se ha puesto de manifiesto que el modelo romano fue el elegido por Maquiavelo y el veneciano por Guicciardini. En el caso de Giannotti, si bien tiene la mirada puesta en el modelo institucional de la vecina Venecia, también apunta al pasado romano y espartano, siendo por tanto un “modelo híbrido”. Incluso podríamos considerar a Giannotti como el más aristotélico de los tres en su propuesta de governo misto, su análisis histórico y la relación entre el modelo romano y veneciano: que era considerado por Skinner (1993, p. 180) como el “último teórico de la república de florentina”. Lo que este autor trata de crear es “un tipo nuevo de república, no tradicional, porque éstas han fracasado” (Soriano González, 2009, p. 277), por tanto, hace que su propuesta sea distinta y proponga “una república ajustada, por un lado, a la naturaleza humana y por otro a las características sociales de la ciudad de Florencia. Una república realista que pueda perdurar en el tiempo” (Soriano González, 2009, p. 277). La reforma de Florencia de estos autores, por lo tanto, tiene como base a nivel teórico a Grecia con Aristóteles pasando por Polibio, así como por los modelos políticos aplicados en Roma y analizados por el filósofo Cicerón o el historiador Tito Livio hasta llegar a la República de Venecia. MAQUIAVELO, EL PUEBLO Y EL POPULISMO. HISTORIA, TEORÍA POLÍTICA ...  La estabilidad política y la libertad del Estado eran las preocupaciones centrales de estos tres florentinos. De manera que sus esfuerzos y análisis filosóficos estaban dirigidos a la consecución de la libertad para Florencia, pues según ellos era una ciudad naturalmente libre cuya tendencia era preservarla. Sin embargo, un proyecto del fomento de las libertades se tornaba casi utópico en la Firenze del siglo XVI debido a todos los acontecimientos históricos del momento (Baron, 1966). Particularmente no se pueden olvidar los fracasos de los dos intentos de instauración de una república, el primero en 1512 y el segundo 1530, con la vuelta y el dominio de los Médici en ambos casos. El tiempo de la libertad –si es que se puede denominar así– o, mejor dicho, de una forma de gobierno no abiertamente tiránica fue fugaz en la ciudad de la Toscana: en el primer caso duró dieciocho años (1494-1512); en el segundo, poco más de tres (1527-1530); no obstante, las dos repúblicas estuvieron mal ordenadas y gestionadas, tal y como atestiguan los tres florentinos en sus obras. Así pues, uno de los rasgos que tienen en común es la necesidad de una reforma, que Guicciardini lo expresó como sigue: Y tened bien en cuenta que si este gobierno que comienza desorganizado no se reordena, por fuerza el final será, o el hundimiento de la ciudad –que, perdido el dominio, sea ella misma sometida–, o la vuelta de la tiranía, donde por lo general termina el común de los gobiernos populares anárquicos (2017, p. 234). La correcta organización de la república necesita una garantía de libertad, y la principal pregunta que se han planteado estos pensadores es a quién se le encargará la vigilancia de esa libertad. O lo que es lo mismo, dónde se debe depositar la libertad de una ciudad, ¿en el pueblo o en los grandes? En este asunto Guicciardini discrepa radicalmente de los otros, como ya se ha visto, puesto que Maquiavelo considera que el modelo romano –donde la garantía de libertad recaía en el pueblo– es superior al veneciano –con una organización política que descansaba en los ottimati–, y Giannotti, si bien no se inclina tanto por el modelo romano, concluye que la garantía de libertad debe recaer siempre en el pueblo. El secretario florentino, por su parte, plantea esta cuestión como una dicotomía sobre cuál de las repúblicas anteriormente citadas corresponde al mejor modelo. Si se observan los efectos de otras repúblicas que eligieron a los nobles como garantes de la libertad, el autor de El Príncipe nos indica, como ya se ha visto, que fueron superiores y llegaron a ser más duraderas: “unas y otras tienen motivos razonables, pero si vemos sólo los resultados, nos inclinaríamos por los nobles, porque la libertad de  Jesús Fernández Muñoz Esparta y Venecia tuvo una vida más larga que la de Roma” (Maquiavelo, Discursos, I, 5). Sin embargo, seguidamente –y como también se dijo– se pone del lado de Roma al pensar que “se debe poner como guardianes de una cosa a los que tienen menos deseo de usurparla” (Maquiavelo, Discursos, I, 5). En su opinión la voluntad decidida de no-dominación es superior en el pueblo, y por ello supone que sería mejor garante de la libertad que los nobles, cuyo deseo principal consistiría en dominar a los otros. El deseo de no ser dominado se relaciona íntimamente con una –supuesta– imposibilidad de dominar y de conformismo, al decir de Maquiavelo, que poco tiene que ver con la realidad política general, así como con la realidad política particular florentina.El mismo autor es consciente de ello como seguidamente se verá; de hecho, expone al inicio de sus Discursos la idea de que el pueblo no se conformaría con ser garante de la libertad y que, además, buscaría aumentar su poder. Como se indicó en el capítulo anterior sitúa sobre el tablero político a nivel teórico la elección de un modelo u otro dependiendo de los intereses a futuro que tenga de cada república; de esta manera, en el caso de una república que busque la conservación sería conveniente que los guardianes de la libertad fuesen los grandes; sin embargo, en el caso de que una república prefiera ampliar sus territorios el garante de la libertad tendría que ser el pueblo. Los modelos que nos presentan son los ya conocidos de Roma o Venecia-Esparta6 y la elección se tendrá que basar principalmente en las necesidades de cada Estado: ¿ampliar su territorio o mantenerse? El modelo espartano y el modelo véneto son relevantes para Maquiavelo y los tiene en consideración; no obstante, entiende que si Roma hubiese erradicado los tumultos o directamente no hubiese otorgado el poder al pueblo habría sido más débil. Esparta y Venecia pudieron conservar su poder en virtud de su pequeño tamaño y a costa de no expandir sus territorios. El autor de los Discursos llega a una conclusión evidente acerca de las formas organizativas de cada Estado: no se puede encontrar algo totalmente ventajoso que no implique algún tipo de riesgo, es decir, no hay un único modelo posible ni un modelo ideal genérico. El éxito tanto de Venecia como de Esparta –desde el punto de vista maquiaveliano– está relacionado, como se ha indicado, con el –pequeño– tamaño de ambos Estados. Mas en el caso veneciano subraya 6 La estabilidad y longevidad de Esparta fue de ocho siglos y Venecia llegó al milenio, por tanto, son referentes que no pueden pasar desapercibidos. En particular se hace evidente la diferencia entre estos Estados frente a los conflictos que golpearon la república romana entre el Senado y el pueblo. MAQUIAVELO, EL PUEBLO Y EL POPULISMO. HISTORIA, TEORÍA POLÍTICA ... * especialmente la falta de pretensión de grandeza futura y el desinterés en la ampliación de la ciudad. Y respecto a Esparta, además del tamaño, observa positivamente la fortaleza de su legislación, que, entre otras consecuencias, daba lugar a la igualdad entre todos los espartanos libres y a su conversión en un Estado cerrado. En Esparta, según el florentino, la distribución de los cargos se realizaba entre pocos y el pueblo no tenía –grandes– aspiraciones de poder. Maquiavelo, como buen polibiano, se fundamenta en lo anterior a fin de defender el modelo romano como el referente político genuino y el que realmente conformó un régimen mixto que, además, y esto era lo más importante, estaba dispuesto a ampliar sus dominios. En cualquier caso, la forma y la organización institucional de un Estado que aspira a ampliar sus dominios cabe calificarlo como secundario en las circunstancias de Florencia; el propio Maquiavelo es sabedor de que su ciudad no puede convertirse en la nueva Roma y, en consecuencia, su ampliación no tiene en su momento tanta potencialidad como tuvo la romana. En cambio, lo que cobra especial relevancia en estos tres autores es el tema de la libertad, que se convierte en el objetivo de la (nueva o reformada) Constitución florentina. En caso contrario, esto es, si no se logra un ordenamiento republicano que aporte libertad a la ciudad, la vuelta de la tiranía será rápida y seguramente como fase previa del ocaso definitivo del Estado. Por lo que no es tan importante la forma sino los efectos, es decir, garantizar la libertad. 6. LIBERTAD, REFORMAS E IMPERIO DE LA LEY Maquiavelo no desarrolla en modo alguno la reforma concreta de Florencia. Se ha puesto de manifiesto que su modelo político e institucional es el de la república romana y que la garantía de libertad la sitúa en el pueblo. Una eventual reforma maquiaveliana pasaría inevitablemente por el modelo de Roma como apunta Hermosa Andújar: “La reforma de la actual república de Florencia pasa por Roma; cuyo pasado constituye no sólo el centro, sino asimismo la casi entera periferia de las ideas sobre tal institución desarrolladas en los Discursos” (2020, p. 23). Sin embargo, se puede encontrar un análisis pormenorizado –y específico– sobre la reforma de Florencia tanto en Guicciardini como en Giannotti, los cuales apelan a su ciudad no desde el punto de vista imperial y de ampliación de los territorios al estilo romano, sino con el objetivo de conseguir –para luego conservar– la libertad: que en cada caso sería defendiéndose cuando fuese necesario con un ejército propio (idea maquiaveliana por excelencia). La gestión del modelo romano es analizada por Maquiavelo desde el punto de vista teórico para la organización o reorganización de  Jesús Fernández Muñoz cualquier república, es decir, estudia diversos principios generales de gestión republicana que eventualmente podrían adaptarse según el caso. El autor de los Discorsi no se refiere específicamente a las transformaciones y reformas de su ciudad de manera sistemática y concreta. Eso no quiere decir que sus planteamientos no sean de interés y de plausible aplicación para Florencia, como se puede observar en los casos de Guicciardini y Giannotti, ambos influenciados por aquel; sin embargo, el caso de la ampliación de los territorios al modo romano no es uno de los aspectos que tienen en consideración a fin de aplicarlo a la Florencia de principios del siglo XVI. En cambio, sí que prestan particular atención a los defectos de las anteriores repúblicas florentinas, así como de otras repúblicas pasadas. Giannotti hace un repaso de los defectos institucionales de Florencia para posteriormente centrar su atención en una propuesta de reforma que considera perfecta para la ciudad. Su reforma pasa por todos los asuntos relevantes de la república, desde la política interior hasta la exterior en sus distintas aristas. Unas reformas pensadas para la libertad y el equilibrio de su ciudad y, especialmente, para que esa hipotética república pueda tener estabilidad a lo largo del tiempo como claramente exponía Giannotti (1997). Todo ello con vistas a no reiterar los errores en una nueva época que se anhela llena de libertad gracias al buen ordenamiento institucional y particularmente a las leyes. Pero ¿qué es la libertad? Según Guicciardini: la libertad no es más que el prevalecer de las leyes y del orden público sobre el apetito de cada individuo, y dado que las leyes carecen de vida, no tienen capacidad para hacer que sean observadas por sí mismas, sino que necesitan ministros y Magistraturas que hagan que se cumplan (Guicciardini, 2017a, p. 57). Con el propósito de que Florencia recupere y mantenga su libertad se hace necesaria una reforma que profundice en la división de poderes y donde, en suma, prevalezca la ley a fin de evitar que: cualquier privado [pueda] convertirse en hombre poderoso dentro de la ciudad, porque al no tener en su mano la concesión de poder, ni otorgar reputación a nadie, quien ejerza las Magistraturas no hallará causa para obedecerlo, ni por miedo, ni por esperanza (Guicciardini, 2017a, p. 58). La libertad como “no-dominación”, siguiendo a Pettit (1997), se puede considerar característica tanto del modelo romano desarrollado por Maquiavelo en los Discursos como del veneciano expresado por Guic- MAQUIAVELO, EL PUEBLO Y EL POPULISMO. HISTORIA, TEORÍA POLÍTICA ...  ciardini. La no-dominación significa no vivir a merced de otros que estén en disposición de infligir un mal de manera arbitraria. Los tres autores florentinos entendieron que el derecho no puede ser arbitrario y todos los ciudadanos deben estar sometidos a la ley con el objetivo de frenar el deseo y las ansias de poder de una parte de la sociedad. Uno de los principios básicos para una república consistirá, entonces, en que todos los ciudadanos tendrán que seguir las leyes establecidas en igualdad de condiciones, es decir, nadie estará por encima de la ley. Con más motivo las leyes que el propio gobierno ha creado: “no creo que exista cosa de peor ejemplo en una república que hacer una ley y no observarla, sobre todo si el que no la observa es quien la ha hecho” (Maquiavelo, Discursos, I, 45). Este último insistía en el gran perjuicio que suponía del intento de agitación del ánimo de los ciudadanos a través del miedo y la inseguridad de la posición de cada uno y Pettit lo formula de la siguiente manera: No ser libre no consiste en no estar restringido; al contrario, la restricción de un sistema jurídico equitativo –de un régimen no-ar- bitrario– no nos priva de libertad. Carecer de libertad consiste, en cambio, en estar sujetos a un tira y afloja arbitrario: estar sujetos al arbitrio potencialmente caprichoso, o al juicio potencialmente idiosincrásico, de otro. La libertad entraña emancipación de cualquier subordinación de este tipo, liberación de cualquier dependencia de clase. Exige la capacidad para sostenerles la mirada a nuestros conciudadanos, en el común bien entendido de que ninguno de nosotros goza de interferencia arbitraria sobre otro (1997, p. 22). Pettit de manera muy acertada apunta precisamente a la tradición republicana de Maquiavelo en busca de esa libertad como no-domi- nación, y en concreto se refiere a él como “el divino Maquiavelo de los Discursos” (1997, p. 22). Aunque la tradición republicana tiene sus orígenes antiguos en Cicerón, en realidad esta concepción atraviesa toda la historia vinculando a diversos periodos y a pensadores muy distintos. Desde nuestro punto de vista y al hilo de lo señalado parece claro que además de al divino Maquiavelo se hace necesario añadir a los otros dos coetáneos a aquél: Guicciardini y Giannotti, pues en el desarrollo filosófico de ambos se percibe la relevancia de la ley en sus propuestas de reforma y en las que no cabe la arbitrariedad o, en todo caso, consideran necesario eliminarla en busca de esa igualdad ante la ley de todos los ciudadanos. En definitiva, en sus modelos institucionales y políticos se encuentra como piedra angular el imperio de la ley –y no del imperio de los hombres– dentro del contexto de una Cons-  Jesús Fernández Muñoz titución mixta “en la que diferentes poderes se frenan y contrapesan mutuamente, y un régimen de virtud cívica, régimen bajo el cual las personas se muestran dispuestas a servir, y a servir honradamente, en los cargos públicos” (Pettit, 1997, p. 39). Respecto a los modelos políticos del republicanismo cívico florentino y, en concreto, respecto al concepto de libertad cívica se apunta en todos los casos a la necesidad de buscar la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos. La libertad y la igualdad ante la ley se tienen que manifestar tanto en el ámbito privado como en el público con la posibilidad de acudir a los tribunales (Ruiz, 2002, p. 117). Además tiene que facilitar el acceso libre de todos a los cargos públicos y a los honores a aquellos que tuvieran las capacidades y la formación necesaria. CONCLUSIONES En el autor de los Discursos se localizan los fundamentos teoréticos del realismo antropológico que menos tienen que ver con la práctica política, pero que son, aunque parezca paradójico, el fundamento filosófico del republicanismo cívico florentino de Guicciardini y Giannotti. Con el análisis de la organización republicana de Roma, Maquiavelo extrae los principales motivos de libertad y de potencia necesarios aplicables a cualesquiera repúblicas. Maquiavelo ha sido un científico del arte de gobernar y tanto Guicciardini como Giannotti han intentado aplicar ese método científico y teoría política a Florencia. Precisamente en estos dos filósofos se encuentran propuestas similares de reforma política concreta para Florencia, y aunque en ninguno de los dos casos se llevaron a la práctica posteriormente, sus planteamientos eran eminentemente prácticos, puesto que su reflexión estaba dirigida a las características del Estado florentino. Estas teorías políticas del republicanismo del siglo XVI de Florencia han tenido una gran relevancia a lo largo de la historia de las ideas políticas y en los distintos sistemas políticos aplicados en los siglos posteriores, del mismo modo que en los sistemas jurídicos, por lo tan- to, con una importante influencia a nivel del derecho. No hay que olvidar que la naturaleza humana es la misma y no cambia, los individuos que hacen política y que viven en sociedad somos esencialmente los mismos ahora y en el siglo XVI o en la república romana, y nos mueven las mismas pasiones, aunque cambie el decorado. Guicciardini muy atinadamente habló de ello cuando decía que lo que cambia son los nombres y los aspectos de las cosas, pero no los hombres, por tanto, de lo que se trata es de captar la igualdad (lo semejante entre épocas) en esa diferencia (aparente) a fin de organizar institucionalmente a la sociedad según las necesidades de cada momento –y lugar– con el objetivo del bien común del que ya hablara Aristóteles. Justo por todo MAQUIAVELO, EL PUEBLO Y EL POPULISMO. HISTORIA, TEORÍA POLÍTICA ...  lo anterior, en una misma línea y justificando precisamente la importancia de la historia, lo leemos en su Recuerdo número 767. Con otras palabras, también se lo escribe a Maquiavelo en una carta del 18 de mayo de 1521: […] ves que cambian solum las caras de los hombres y el color externo, las cosas mismas siempre tornan; y no vemos caso alguno que no haya sido visto en el pasado. Pero el cambio de los nombres y la figura de las cosas hace que sólo los hombres prudentes las reconozcan: por eso es buena y útil la historia, porque te pone delante y te permite reconocer y volver a presenciar lo que nunca habías visto ni conocido8. Se puede concluir que la libertad política es la base y el sustento principal para el desarrollo institucional de Florencia. Todos ellos aportan diversas ideas políticas de gran profundidad e importancia con vistas al bien común y los tres comparten un núcleo de interés general: la búsqueda de la libertad a través de las reformas político-instituciona- les. Por lo que no resulta tan determinante en quién recae la garantía de esa libertad, sino que dicha garantía se materialice, ya sea en el pueblo o en los grandes: lo primordial son los efectos de esa garantía con vistas a mantener siempre el imperio de la ley dentro de un gobierno mixto. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Baron, Hans (1966). The Crisis of the Early Renaissance. Princeton. 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