La construcción de Sevilla
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Alfonso Jiménez Martín Maestro Mayor de la Catedral La forma urbis de la Sevilla anterior al siglo Xii es un yermo de contornos imprecisos en el que sólo destacan con nitidez la primera mezquita aljama, el más antiguo de los recintos alcazareños y un cementerio situado en el extremo meridional de la Alameda; el resto de la información disponible lo constituyen fragmentos de crónicas y poemas, cuyas referencias topográficas no sabemos dónde ubicar, excavaciones poco extensas, incapaces de proporcionar imágenes fiables, y mucha extrapolación. Cuando se inició el siglo Xiii, a los tres años de la inauguración de la torre que con el tiempo sería la giralda, lo que conocemos y podemos dibujar de la ciudad, en sitio y forma precisos, conforman un panorama radicalmente distinto, pues muchos elementos urbanos, desde la nueva aljama a la alcaicería, pasando por el puente y el acueducto, no sólo estaban ya en uso, sino que han pervivido en lo esencial hasta época muy reciente. incluso tenemos datos, cada vez más nítidos, del trazado de un nuevo barrio, tan extenso como regular. el urbanismo de la ciudad pasó, por lo tanto, de un periodo “prehistórico”, cuyo estudio está dominado por filólogos y arqueólogos, a otro, plenamente histórico, que analistas diferentes, historiadores y arquitectos, podemos investigar sobre bases materiales ciertas, pues los edificios romanos que sirvieron a Hispalis, incluidas las murallas y los templos, las iglesias que contemplaron la llegada y romanización de los pueblos germánicos y sus luchas dinásticas, las casas que habitaron los primeros musulmanes, incluso el lugar que usaron como mezquita durante ciento veinte años, han quedado reducidos, en el mejor de los casos, a inexpresivos fragmentos, soterrados bajo varios metros de escombros. en los últimos años el profesor Borja Barrera ha certificado el mecanismo de tanta destrucción y que no es otro que el secular movimiento del río que, como un látigo imparable, como una tuneladora al aire libre, ha triturado cuan- to se ha opuesto a su paso; consta que a comienzos del siglo Xi ya estaba encajado en el lugar actual, por lo que la ciudad consolidó su expansión hacia poniente en terrenos que, como certifican las crónicas, aún planteaban problemas en época almohade y que, en realidad, siempre estuvieron a merced de la riadas, como acredita la de 1961, que atacó la ciudad por la espalda. el río ha sido, por lo tanto, el vehículo de una continua e insólita reencarnación urbana. este proceso, que es la prolongación de los tiempos geológicos hasta la época de San Fernando, tiene su correlato en el plano de la ciudad actual, cuyo casco histórico no sólo refleja bien el trazado de su único circuito de murallas conocido, sino que, por la formalización de su viario y parcelario, sugiere varia etapas en su constitución. Hasta hace bien poco, y salvo excepciones dispersas, los analistas sólo disponían de la lectura formal de la forma urbis presente en Torre y Puerta del Agua, en las murallas del Alcázar de Sevilla. [60] AGUA, TERRITORIO Y CIUDAD )La construcción de Sevilla
la que, mediante meritorios ejercicios de voluntarismo metodológico, se identificaban procesos históricos concretos, alcanzado a veces patinazos monumentales, como cuando se identificó el trazado del cuadrante noroeste de la ciudad, con el reflujo, ya en el siglo XVII, del urbanismo americano. El elemento que mayores dudas ha suscitado es el que se refiere al momento en que se construyó la muralla, la etapa en que su contorno quedó fijado, pues de una hipótesis romana se pasó a otra almohade, se retrocedió luego al momento almoravid y, en un cierre tan dogmático como infundado, se ha pretendido volver a la almohade por los siglos de los siglos, incluido el amén. Los textos ofrecen un panorama muy explícito sobre cómo era la ciudad en el tránsito del siglo XI al XII, mostrando una “medina saturada” y desbordada, que argumenta contra una ampliación reciente del recinto amurallado. Poco después los datos literarios de época almoravid acreditan la construcción de la nueva muralla entre 1118 y 1125. En la segunda mitad del siglo XII y en la primera del XIII los muy abundantes y detallados textos almohades permiten fechar diversas obras de ampliación, reforma, refuerzo y recrecido del recinto anterior. La arqueología ha añadido un nuevo dato, pues una reciente excavación del profesor Tabales Rodríguez en la Puerta del Agua, justo bajo el trazado del recinto que aún podemos contemplar en toda su altura, ha detectado un muro que ha fechado en la etapa almoravid, demostrando que, al menos en un sector clave de la ciudad, la ampliación se había producido cuando las crónicas atestiguan. En ninguna otra zona se ha excavado la cimentación del muro histórico, y en ningún otro lugar éste puede mostrar los estratos, bien datados e indudables, que garantizan la cronología de los tramos emergentes, ya que en ninguno de ellos los atanores del acueducto inaugurado el 13 de febrero de 1172 proporcionan un terminus post quem cierto. La abundancia de datos explícitos y detallados demuestra que en un momento muy concreto la ciudad culminó por entonces la más espectacular de sus fases constituyentes, pues además de inaugurar la traída de agua aquel invierno de 1172, se recreció el muro sobre su conducción y se tendió el puente, cosa que había sucedido el 9 de octubre del año precedente. Estas inauguraciones de infraestructuras básicas, cuyos detalles son dignos de un periódico actual, dieron paso a la creación de un segundo, o tercero, centro urbano, religioso y comercial, velando entre todas ellas otros procesos más difusos, pero no por ello menos interesantes, como fue la consolidación y creación de nuevas extensiones del hábitat vecinal amurallado. En algunas partes, desbordadas de antiguo, la nueva cerca se limitaría a incluir bajo su protección barrios completos, como el que el tiempo constituiría la collación de Santa Lucía, que seguramente empezó como núcleo suburbano diferenciado, convertido en un arrabal sin cerca a causa del desbordamiento citado. En otras convertiría en urbanas zonas poco o nada construidas, entre las que destaca la urbanización del sector noroeste del recinto, que en el futuro se dividiría en las extensas parroquias de San Lorenzo y San Vicente, pues sus 50 ha muestran un trazado regulador de calles rectas y paralelas, con manzanas rectangulares, tan claras, tan poco islámicas, que unos las han tenido por las de la colonia romana y otros las han tomado por renacentistas; pues bien, las excavaciones demuestran que en época almohade muchas de sus alineaciones y manzanas estaban bien definidas, aunque probablemente grandes extensiones aún serían agrícolas. Como todos estos elementos son visibles, y en gran parte operativos, podemos decir que la historia urbana de Sevilla comienza en el siglo XII. ❖ La construcción de Sevilla) SEvIllA AlmOhADE. 1248 [61]