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SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 CERRO MACARENO (LA RINCONADA, SEVILLA): NUEVOS DATOS SOBRE SU SECUENCIA DE OCUPACIÓN Y RASGOS CONSTRUCTIVOS CERRO MACARENO (LA RINCONADA, SEVILLA): NEW DATA ON ITS OCCUPATION SEQUENCE AND ITS CONSTRUCTIVE FEATURES FRANCISCO JOSÉ GARCÍA FERNÁNDEZ Profesor Titular de Universidad, Departamento de Prehistoria y Arqueología, Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Sevilla. Dirección postal: c/ María de Padilla s/n, 41004, Sevilla Telf.: 954551414. Correo-e: [email protected]. https://orcid.org/0000-0002-4978-8818 Researcher ID: https://publons.com/researcher/K-3364-2014 Resumen: La intervención arqueológica llevada a cabo en 2017 en Cerro Macareno ha proporcionado un ingente caudal de información que corrobora, pero también matiza, los datos aportados por las excavaciones de urgencia realizadas en este yacimiento a mediados de la década de los setenta. La metodología aplicada se ha basado en todo momento en técnicas no destructivas o de bajo impacto sobre los restos. Entre las tareas desarrolladas destaca la limpieza de perfiles y el estudio de las secciones estratigráficas resultantes en diferentes puntos del yacimiento, que han permitido llevar a cabo un análisis comparado de las distintas secuencias obtenidas. Estas se han cotejado posteriormente con las plantas y secciones de las antiguas excavaciones publicadas, una vez que han sido digitalizadas y georreferenciadas, especialmente el sondeo estratigráfico efectuado por M. Pellicer y su equipo en 1976. Como resultado, contamos con una sistematización de la documentación existente y una actualización del conocimiento sobre los niveles de ocupación conservados y su cronología. Asimismo, se han podido recopilar nuevos datos sobre las formas arquitectónicas, los materiales y técnicas constructivas, así como sobre las pautas de edificación-re- paración-reconstrucción de los edificios. Abstract: The archaeological intervention carried out in 2017 in Cerro Macareno has provided an enormous amount of information that corroborates and qualifies the data provided by the emergency excavations carried out in this site in the mid-seventies. The methodology applied has always been based on non-destructive techniques or low impact on the remains. Among the tasks developed, the cleaning of slopes and the study of the resulting stratigraphic sections in different points of the site stand out, which have allowed a comparative analysis of the different sequences obtained. Then, they have been compared with the plants and sections of the old excavations published, once they had been digitalised and georeferenced, especially the stratigraphic sounding carried out by M. Pellicer and his team in 1976. As a result, we have a systematization of the existing documentation and an update of the knowledge about the levels of occupation conserved and their chronology. Likewise, it has been possible to collect new data on architectural forms, materials and construction techniques, as well as on the building-repair-reconstruc- tion guidelines of the buildings. Palabras clave: Protohistoria, Bajo Guadalquivir, estratigrafía, cronología, urbanismo, arquitectura, técnicas constructivas. Key words: Protohistory, Lower Guadalquivir valley, stratigraphy, chronology, urbanism, architecture, construction techniques. Recepción: 23 de octubre de 2019. Aceptación: 06 de febrero de 2020 García Fernández, F. J. (2020): “Cerro Macareno (La Rinconada, Sevilla): nuevos datos sobre su secuencia de ocupación y rasgos constructivos”, Spal 29.1: 93-127. DOI: http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04
94 SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 FRANCISCO JOSÉ GARCÍA FERNÁNDEZ Cerro Macareno es un gran tell protohistórico ubicado en el municipio de La Rinconada (Sevilla), junto a la barriada de San José. Se situaba originalmente sobre un suave promontorio formado por las terrazas bajas del Guadalquivir, en su margen izquierda y junto a un canal navegable del mismo, ocupado actualmente por el arroyo Almonázar. Ello le proporcionaba una posición privilegiada en relación con el sistema poblacional introducido por los fenicios a inicios de la Edad del Hierro y que se mantuvo con pocos cambios a lo largo del I milenio a.C. (Escacena 1983 y 1987; véase también Ferrer et al. 2008, Ferrer 2017, García Fernández 2017). El yacimiento pasó inadvertido para la arqueología hasta el inicio de su destrucción a principios de la década de los setenta, cuando su explotación como gravera levantó la voz de alarma entre aficionados e investigadores, que pusieron los primeros medios para su conservación y estudio, como se verá más adelante. A pesar de la paralización de las labores extractivas en 1975, su perímetro acabó reducido a menos de un tercio de su superficie original, que se llegó a estimar en 50000 m2 (Pellicer et al. 1983: 18). Hoy en día el yacimiento está constituido por dos cerros testigo separados por una lengua de tierra, correspondiente al antiguo frente de extracción de la gravera, con diferente nivel de conservación. La elevación oriental, la menos afectada por la acción de las máquinas, conforma una meseta regular de forma romboidal de aproximadamente 9000 m2 y 8 m de potencia máxima, conservando la superficie original del cerro y, por tanto, la mayor parte de los depósitos arqueológicos. Por el contrario, la elevación occidental, de unos 6500 m2 y con una superficie más irregular, ya había sido parcialmente desmontada a mediados de los años setenta, por lo que solo conserva unos 2 m de potencia arqueológica, correspondientes a los estratos inferiores (fig. 1). Paradójicamente, el cierre de la cantera no supuso un avance en las investigaciones, que carecieron de continuidad más allá del estudio de los resultados de las ya realizadas o la revisión de algunos materiales procedentes de las mismas. Solo cuarenta años después de las últimas excavaciones, dirigidas por M. Pellicer (Pellicer et al. 1983), se han retomado las investigaciones en Cerro Macareno a partir de un convenio suscrito entre el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla y el Ayuntamiento de La Rinconada, con un triple objetivo: avanzar en el conocimiento científico del yacimiento y su entorno, garantizar su adecuada protección y conservación y explorar las estrategias más adecuadas de integración urbanística y puesta en valor de este espacio. Para ello se planteó una primera intervención arqueológica puntual en 2017 destinada a realizar un diagnóstico previo mediante técnicas no invasivas (prospección superficial, prospección geofísica, limpieza de perfiles y registro de estructuras emergentes), que permitiera valorar el estado de los restos conservados y su potencial científico, así como aportar nuevos datos sobre la secuencia de ocupación y la organización urbana del primitivo asentamiento con objeto de orientar actuaciones futuras en el marco de proyectos de investigación sistemáticos. Los resultados obtenidos son coherentes con los proporcionados por las excavaciones anteriores, pero introducen también interesantes matices en lo que se refiere a la evolución del hábitat y su distribución espacial, la entidad o función de las estructuras y sus características arquitectónicas y constructivas (v. García Fernández et al. e.p.). 1. ANTECEDENTES Las primeras noticias que se tienen de Cerro Macareno se remontan a inicios de la década de los setenta, cuando unos vecinos de la cercana localidad de Brenes dan a conocer la existencia de restos arqueológicos en la zona, comunicándoselo al Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla. Las visitas de algunos de sus miembros y de M. Ponsich, que por aquel entonces estaba elaborando el primer volumen de su obra Implantation rurale Antique sur le Bas-Guadalquivir (Ponsich 1974), dieron lugar a las primeras noticias científicas que se tienen del mismo. Durante esos mismos años se había producido también el depósito, en el Museo Arqueológico de Sevilla, de algunos materiales de esa procedencia, lo que incrementó el interés por este lugar (Fernández-Chicarro 1974). No obstante, fue la sistemática destrucción del yacimiento con motivo de su puesta en explotación como cantera de áridos la que despertó la atención de la comunidad científica y la que determinó el inicio de su estudio y las primeras tentativas de protección. Así pues, a finales de 1973 los terrenos ocupados por el yacimiento fueron incluidos en el Decreto 3383/1973, de 21 de diciembre, por el que se declaran de utilidad pública, a efectos de expropiación forzosa, diversos yacimientos arqueológicos de excepcional importancia para el conocimiento del reino de Tartessos, en el Bajo Guadalquivir (García y Del Espino 2019). Al año siguiente, tras una visita de J. Maluquer de Motes, por aquel entonces Comisario General de Excavaciones Arqueológicas, se organizó la primera campaña de excavaciones
95Cerro MACAreno (LA rinConADA, SeviLLA): nuevoS DAToS SoBre Su SeCuenCiA… SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 Figura 1. ubicación de Cerro Macareno en el contexto del poblamiento protohistórico del Bajo Guadalquivir (arriba) e imagen aérea del yacimiento (abajo), a partir de la ortofotografia Básica Color de Andalucía 2010-2011 (<http://www. ideandalucia.es/wms/ortofoto2010>).
96 SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 FRANCISCO JOSÉ GARCÍA FERNÁNDEZ Figura 2. Levantamiento topográfico realizado en 1974, con indicación de los cortes practicados entre 1974 y 1976 (a partir de Fernández Gómez et al. 1979), superpuesto a la imagen del yacimiento previa a su destrucción obtenida de la Ortofoto de Andalucía 1956-57 (Vuelo General de España de 1956).
97Cerro MACAreno (LA rinConADA, SeviLLA): nuevoS DAToS SoBre Su SeCuenCiA… SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 a cargo de un equipo de arqueólogos de la Universidad Autónoma de Madrid, el Museo Arqueológico de Sevilla y la Universidad de Sevilla (Fernández Gómez et al. 1979: 11). La intervención se inició con la excavación, durante el verano de 1974, de los cortes A, B, C, D y e, localizados en distintos puntos de la elevación occidental, así como con una limpieza de perfiles en la elevación oriental (corte F), con el fin de poder correlacionar estratigráficamente ambos sectores (fig. 2). A principios de noviembre del mismo año se reanudaron las excavaciones en la elevación occidental, en un sector cuya destrucción era inminente, pues aún no se habían paralizado las labores extractivas de la cantera. Aquí se abrieron otros tres cortes (F, G y H), de los que finalmente se encargó el equipo del Museo Arqueológico de Sevilla (fig. 2). esta segunda fase se interrumpió a finales del mismo mes a causa de las lluvias y no se pudieron retomar debido a la negativa de los propietarios y del contratista hasta que no se resolviera el expediente de expropiación incoado (Fernández Gómez et al. 1979: 11). Al año siguiente, en 1975, se programó una segunda campaña, aunque nunca llegó a emprenderse debido a las mismas razones. Finalmente, en 1976 y con el beneplácito del contratista, M. Pellicer obtuvo el permiso para la realización de una nueva intervención con el fin de recabar la información necesaria para agilizar los trámites iniciados. En este caso la excavación se llevó a cabo en el talud SE de la elevación oriental, una zona que aparentemente ofrecía una secuencia completa e inalterada de las distintas fases de ocupación del cerro (fig. 2). el corte v-20, que recibió ese nombre a partir de la nueva organización del yacimiento en un sistema cartesiano de cuadrículas planteada por el equipo de Pellicer (Pellicer et al. 1983: 18), constituye la última excavación realizada hasta la fecha. Lamentablemente, la publicación de los resultados de estas intervenciones fue muy irregular. Los cortes A, B y D quedaron inéditos; por el contrario, el estudio de los cortes E, F y G, a cargo del equipo del Museo Arqueológico de Sevilla, vio rápidamente la luz (Fernández Gómez et al. 1979). La limpieza de perfiles realizada en la elevación oriental constituyó la Memoria de Licenciatura de J.C. Martín de la Cruz, publicándose también de forma inmediata (Martín de la Cruz 1976), mientras que el sondeo estratigráfico efectuado en 1976 en el mismo sector por el equipo de M. Pellicer dio lugar algunos años después a una monografía que se convertiría en un referente para el estudio de la secuencia cultural protohistórica del Bajo Guadalquivir (Pellicer et al. 1983). A partir de ahí habría que esperar dos décadas para que D. Ruiz Mata emprendiera la publicación de los restantes cortes, el H.I y H.II (Ruiz Mata y Córdoba 1999) y el corte C (Ruiz Mata y Vallejo 2002). Este último, ofreció una estratigrafía de 2,5 m de potencia máxima (fig. 3), donde pudieron distinguirse tres estratos bastante homogéneos, sin restos constructivos y con una cronología que puede situarse en torno al s. VI a.C. a partir del material exhumado en los mismos, exclusivamente cerámico (Ruiz Mata y Vallejo 2002: 199). Paralelamente, el corte e se excavó hasta Figura 3. Secciones estratigráficas obtenidas en el corte C (elevación occidental) de 1974 (ruiz Mata y vallejo 2002: fig. 2).
98 SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 FRANCISCO JOSÉ GARCÍA FERNÁNDEZ una profundidad de 1,45 m. En ese punto apareció un potente suelo de habitación que abarcaba prácticamente toda la cuadrícula, asociado a restos de muros de adobe y a un hogar sobre el que se superponía un depósito de abandono y derrumbe formado por escombros, tierra y ceniza (Fernández Gómez et al. 1979: 14-23). Por su parte, los cortes F, G y H dieron con una amplia área artesanal asociada a un posible espacio de hábitat anejo (fig. 5). este se pudo registrar únicamente en el corte F, dividido en dos por un potente muro que lo atravesaba en sentido NE-SO y al cual se unía otro perpendicular en el centro de la cuadrícula, conformando dos ámbitos perfectamente delimitados: uno exterior, relacionado con las estructuras de producción de los cortes G y H, y otro interior, separado a su vez en dos estancias distintas y bien pavimentadas (Fernández Gómez et al. 1979: 23-26). Sin embargo, es la presencia de un conjunto de hornos de cerámica lo que determina la función de este sector. En el corte G se documentó la cámara de combustión de un horno de planta ovalada y pilar central, con la boca abierta al este (Fernández Gómez et al. 1979: 26-28); mientras que en los cortes H.I y H.II se excavaron otras dos estructuras de similares características aunque de distinto tamaño (Ruiz Mata y Córdoba 1999). Tanto uno como los otros estaban asociados a dos hoyos que se extendían hacia la cuadrícula F, rellenos de capas de ceniza, tierra, adobe y restos de cerámica procedentes de la limpieza de los hornos (Fernández Gómez et al. 1979: 25). Estos materiales y otros vinculados a sus niveles de construcción y uso, permitieron fechar este complejo alfarero entre mediados/finales del s. v y mediados del iv a.C. (García Fernández y García Vargas 2012: 21). Por último, el corte v-20 de Pellicer, con 4 x 4 m de lado y 7,50 m de potencia máxima (fig. 6), ofreció una secuencia completa de la ocupación del cerro que se inicia a mediados del s. VIII y se prolonga ininterrumpidamente hasta principios del i a.C. (Pellicer et al. 1983). Aquí se pudieron registrar hasta siete episodios constructivos, representados por una sucesión de muros, pavimentos, hogares, etc., algunos de ellos con varias fases de refacción, asociados siempre a niveles domésticos, que contribuyeron a reconstruir la evolución del poblado, tanto en lo que se refiere a su cultura material como sus las formas de vida. No en vano, el estudio sistemático de los contextos cerámicos exhumados en las distintas fases sentó las bases para la clasificación de las producciones regionales de la edad del Hierro (Pellicer 1982, Pellicer et al. 1983) y, sobre todo, para la primera seriación tipológica de las ánforas prerromanas del valle del Guadalquivir (Pellicer 1978). Asimismo, se examinaron los restos faunísticos (Amberger 1985) y se emprendieron las primeras analíticas de pastas, con el fin de determinar el origen y las características de estas producciones (González García et al. 1985, González Vilches et al. 1985a, b, 1988). Desde entonces y hasta el inicio del actual proyecto no se han llevado a cabo nuevas intervenciones sobre el yacimiento, a excepción de la prospección arqueológica superficial realizada en 2007 con motivo de la redacción del PGou de La rinconada (Jiménez 2010). este estudio se centró en los sectores recientemente calificados como Suelo Urbanizable, que afectaban tanto a los terrenos ocupados por el Cerro Macareno como a su entorno más inmediato, y tuvo entre sus principales objetivos establecer la delimitación original del primitivo oppidum de cara a garantizar su protección futura. Combinando el trabajo de campo con el análisis de las fotografías aéreas, desde el Vuelo Americano de 1956 hasta las más recientes, se pudo reconstruir cartográficamente el perímetro del montículo antes de su destrucción y avanzar en la determinación de posibles áreas y fases de ocupación, Figura 4. Sección estratigráfica obtenida en el corte F (elevación oriental) de 1974 (Martín de la Cruz 1976: fig. 2).
99Cerro MACAreno (LA rinConADA, SeviLLA): nuevoS DAToS SoBre Su SeCuenCiA… SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 Figura 5. Planta de las estructuras documentadas en los cortes F, G y H (elevación occidental) de 1974 (ruiz Mata y Córdoba 1999: fig. 3). Figura 6. Sección estratigráfica obtenida en el corte v-20 (elevación oriental) de 1976 (Pellicer et al. 1983: figs. 5-7).
100 SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 FRANCISCO JOSÉ GARCÍA FERNÁNDEZ lo que ha servido de base indispensable para el actual proyecto (Jiménez 2010: 3801-3802). A lo largo de estas últimas décadas sí han sido frecuentes, en cambio, los estudios sobre los materiales procedentes de las antiguas campañas, especialmente los cerámicos, lo que es indicativo del interés que sigue despertando este yacimiento entre los investigadores y las expectativas sobre el potencial científico de los restos conservados. 2. LA CAMPAÑA DE 2017: METODOLOGÍA Y DESARROLLO DE LOS TRABAJOS Como se ha dicho más arriba, en esta intervención de diagnóstico se han priorizado las actividades menos invasivas con objeto de extraer la máxima información sobre el yacimiento con el mínimo impacto sobre los restos. 2.1. Prospección superficial La primera actividad fue la inspección visual del yacimiento y su entorno, utilizando como base la información procedente de trabajos anteriores, especialmente los resultados de la prospección llevada a cabo en 2007 (Jiménez 2010). Además de la revisión de los límites del bien y de los sectores conservados, se pudo comprobar la potencia estratigráfica de las dos elevaciones principales, el estado de conservación de sus perfiles, la regularidad de su superficie, accesibilidad, tipo y densidad de vegetación, etc. 2.2. Levantamiento planimétrico Paralelamente se realizó un nuevo levantamiento de todo el yacimiento y sus accesos a partir de las bases cartográficas existentes (fig. 7). ello permitía disponer de un soporte digital de referencia más preciso donde integrar y gestionar la información generada por el proyecto y los recursos cartográficos utilizados. Asimismo, a este soporte se ha ido incorporando el registro gráfico procedente de las intervenciones arqueológicas anteriores mediante la digitalización de las planimetrías y su transformación en capas vectoriales. 2.3. Prospección geofísica Una de las actividades principales fue la realización de una prospección magnética de la superficie de las dos elevaciones, con el fin de contar con una primera lectura de la tipología, función y distribución de las estructuras subsuperficiales, así como poder valorar su potencia, complejidad y estado de conservación. Asimismo, se realizaron también tomas de datos con el georradar para corroborar la información proporcionada por el magnetómetro y afinar la lectura de las irregularidades detectadas en superficie. A pesar de ello los resultados fueron muy desiguales entre una elevación y otra, debido en parte a la naturaleza de los materiales subyacentes y su complejidad estratigráfica, lo que exige explorar y aplicar en el futuro otras técnicas geofísicas sobre los mismos sectores. 2.4. Limpieza de perfiles y registro de estructuras Con objeto de sacar el máximo provecho a los cortes dejados por las máquinas excavadoras en el contorno de los dos cerros testigo conservados, se planteó la limpieza y documentación de una serie de perfiles previamente seleccionados y delimitados. Para evitar el deterioro de los mismos y garantizar un registro más amplio no se llevaron a cabo rectificaciones manuales de su superficie, mientras que el rebaje de los taludes se redujo a lo estrictamente necesario para trabajar sobre ellos. Asimismo, la altura de los cortes limitaba el trabajo en los niveles superiores de la estratigrafía dentro de los márgenes de seguridad establecidos, por lo que finalmente se sacrificó la obtención de secuencias verticales continuas y homogéneas por la documentación de secciones extensas y horizontales. Antes fue preciso dividir el perímetro de los dos cerros en sectores que facilitaran la organización de las tareas y la localización de las unidades de intervención. Para ello se siguieron los siguientes criterios: respetar la propia geometría de los cerros, definir tramos cuyos perfiles presentasen características y condiciones de conservación parecidas, y tratar de mantener sectores más o menos homogéneos en tamaño. En la elevación oriental se delimitaron un total de 8 sectores de entre 35 y 55 m de longitud, numerados siguiendo el sentido contrario a las agujas del reloj, mientras que en la elevación occidental se establecieron 5, correspondientes a los lados del polígono que lo conforma. Ante la imposibilidad de abarcar todos los sectores en una misma campaña se decidió dar prioridad a la elevación oriental debido al mejor estado de conservación de sus depósitos, con perfiles más potentes, mayor cantidad de estructuras visibles y la práctica ausencia de vegetación, en comparación con la elevación occidental. Finalmente se seleccionaron cuatro sectores situados en puntos opuestos del cerro (sectores 1, 4, 5 y 7), buscando tener
101Cerro MACAreno (LA rinConADA, SeviLLA): nuevoS DAToS SoBre Su SeCuenCiA… SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 Figura 7. nuevo levantamiento topográfico realizado en 2017, con indicación de los cortes practicados entre 1974 y 1976, superpuesto a la imagen del yacimiento previa a su destrucción obtenida de la Ortofoto de Andalucía 1956-57 (Vuelo General de España de 1956).
108 SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 FRANCISCO JOSÉ GARCÍA FERNÁNDEZ del s. vii y finales del vi a.C. La reforma que inaugura la Fase 2 tendría lugar a principios del s. V a.C., mientras su uso se extendería a lo largo de esta centuria. Las construcciones pertenecientes a la Fase 3 podría fecharse grosso modo de finales del s. v a la primera mitad del iv a.C. y la Fase 4 en su segunda mitad, aunque los límites cronológicos son poco claros. En todo caso, los materiales correspondientes a la amortización de la estructura formada por las UUEE-136, 133 y 134, son compatibles con una fase avanzada de esta centuria. Por último, la Fase v se extendería a lo largo del s. III a.C. hasta su último tercio, coincidiendo con la introducción de los zócalos de mampuestos en los muros de tierra, que se produce en un momento avanzado de esta centuria. 3.2. Sector 4 Este sector es el que ha ofrecido resultados más limitados debido tanto a las condiciones de trabajo del lugar, con la cota superficial del cerro más baja, taludes más potentes y perfiles peor conservados, como a la complejidad de la secuencia, con elementos poco elocuentes y de escasa continuidad, muy alterados por la acción de las excavadoras y del arado, en la superficie. Debido a ello actuación se tuvo que centrar en los niveles superiores, a una cota inferior de 14,50 y una cota superior de 16,51 m s.n.m., alcanzando una potencia de 2,01 m y una longitud máxima de 4,70 m (fig. 11). El primer nivel de ocupación registrado, que denominamos Fase 1 (14,49-14,85 m s.n.m.), corresponde a un depósito de ceniza de forma lenticular, de apenas 58 cm de diámetro (UE-412), relleno con caracoles con evidencias de haber sido manipulados para su consumo, ya que presentan orificios en sus caparazones, de forma muy similar a los documentados en los niveles iniciales de las excavaciones en Pajar de Artillo, itálica (Luzón 1973: 13, lám. XXviii-A). Parece tratarse de un hogar o cocina asociado a un posible pavimento (UE-404), solo parcialmente conservado en la parte central del perfil, compuesto por arcilla suelta, ceniza y abundantes restos cerámicos. Entre ellos se pudieron registrar un asa y varias paredes de ánforas de producción local/regional, así como otros fragmentos de recipientes a torno, especialmente algunos pertenecientes a grandes vasos globulares pintados (fig. 10). A partir de aquí se sucede una serie de depósitos de relleno y niveles de uso más propios de un espacio abierto que del interior de una vivienda, ya que las superficies están formadas simplemente por una acumulación de cantos rodados y tierra apisonada mezclada con cerámicas, ceniza y detritus (UUEE-419 y 420). En sus respectivos preparados (UUEE-407 y 411) se registró un fragmento de cerámica gris orientalizante, probablemente un cuenco o plato, y el borde de un ánfora arcaica T.10.1.2.1 (fig. 10), tratándose posiblemente de materiales residuales. La Fase 2 (14,85-15,24 m s.n.m.) se inaugura con un muro de adobe que solo se conserva, muy alterado, en la parte central del perfil (ue-406). está aparejado con ladrillos de unos 40 cm de longitud dispuestos aparentemente a soga. La parte superior forma una línea continua y más homogénea de arcilla color rojizo que pudo corresponder a un alzado de tapial posteriormente desmantelado para la siguiente construcción. El muro presenta una altura de 20-25 cm en la parte mejor conservada, donde se pudieron registrar hasta tres hiladas de adobe, y un recorrido mínimo de 3 m en dirección SE-NO. Resulta difícil precisar los límites orientales del muro y las relaciones estratigráficas con el resto de las unidades. No obstante, es posible que el depósito que encontramos a la misma cota al este del corte (UE-408) funcionara como un nivel de amortización/nivelación destinado a servir de base a la siguiente fase. Se trata de un relleno de arcilla compactada y restos de adobe, procedentes probablemente del mismo muro, con algunos materiales cerámicos: un borde de cuenco realizado a torno y varios fragmentos de ánfora pertenecientes a un mismo individuo (fig. 10). el resultado es una superficie horizontal donde se dispone el siguiente expediente constructivo (Fase 2B), un nivel de cantos rodados de mediano/gran tamaño y algunos fragmentos cerámicos (UE-402) que se extiende a lo largo de 3,5 m en sentido E-O o SE-NO, apoyándose directamente sobre el muro ue-406. Por el tamaño y disposición de los cantos podría interpretarse como la cimentación de otro muro de adobe, si no fuera porque sobre el mismo se sitúa un nivel de uso (UE-403) constituido simplemente por una capa de tierra arcillosa, endurecida en su superficie y con restos de ceniza. Contenía restos muy fragmentados de cerámica, especialmente ánforas (una de ellas de producción arcaica) y recipientes de almacenamiento realizados a torno. Sobre este se deposita una capa de tierra suelta limosa, con abundantes materiales, que podría corresponder al nivel de abandono de esta fase, previo a su amortización (UE-409). Entre ellos destacan los bordes de un cuenco y de un lebrillo, decorados ambos con pintura roja, y abundantes fragmentos de ánforas y grandes vasos de almacenamiento a torno pintados (fig. 10). La amortización de esta subfase se llevó a cabo mediante una serie de depósitos yuxtapuestos de 25 a 45 cm de espesor, cuyos límites y relaciones estratigráficas
109Cerro MACAreno (LA rinConADA, SeviLLA): nuevoS DAToS SoBre Su SeCuenCiA… SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 Figura 11. ortofotografía y dibujo interpretativo del perfil obtenido en el sector 4.
110 SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 FRANCISCO JOSÉ GARCÍA FERNÁNDEZ no son suficientemente claros (uuee-405, 410, 414 y 415), aunque pueden diferenciarse grosso modo a partir de la matriz y el material contenido, un elenco abundante y variado de cerámicas de cronología turdetana. De la UE-410 se extrajeron varias paredes de ánforas de distintas procedencias correspondientes, al menos, a 11 individuos, mientras que la UE-414 ofreció un asa y dos bordes de ánfora, una indeterminada y otra perteneciente a una variante antigua del tipo Mañá-Pascual A4, un borde de urna pintada de pequeño tamaño, además de fragmentos atípicos de ánforas y de grandes recipientes a torno de almacenamiento, algunos con decoración pintada (fig. 10). Sobre estos depósitos se cimentó la siguiente estructura, correspondiente a la Fase 3 (15,59-15,79 m s.n.m.). Se trata de un zócalo de mampostería careada realizado con lajas de caliza de mediano tamaño, dispuestas horizontalmente y trabadas con tierra (UE- 401), donde aparecen algunos restos cerámicos, entre ellos un borde de recipiente de cocina a torno (fig. 10). Presenta unos 90 cm de ancho por poco más de 1 m de alzado conservado, con una orientación N-S, y se encuentra asociado a un nivel de uso de similares características que la ue-403: una superficie de tierra arcillosa endurecida, con restos de ceniza y cerámica incrustada (UE-417). No ha sido posible calcular sus dimensiones, ya que solo aparece adosada al muro y en algunos puntos del centro del perfil, perdiéndose hacia el e, quizá alterada por el siguiente nivel de ocupación. Este se sitúa en la mitad oriental como una capa de ceniza de 1,7 m de longitud mínima y entre 4-5 cm de espesor (UE- 416), dispuesta sobre un pequeño depósito de arcilla y cal bastante compactado (UE-421), aunque no parece guardar relación estratigráfica con el muro ue-401. Con todo, el final de esta fase, la última con estructuras conservadas, viene marcado por un nivel de derrumbe sobre la UE-416, donde encontramos ladrillos de adobe procedentes de algún muro próximo, así como abundantes restos cerámicos y algunos cantos, mezclados con arcilla rojiza (UE-422). Asociadas a este nivel se pueden individualizar, además, dos concentraciones significativas: la ue-418 y la ue-413, que proporcionó el borde y un asa de ánfora de producción local/regional perteneciente al tipo Pellicer B/C (fig. 10). este sector sí ofreció suficientes materiales como para establecer una secuencia cronológica aproximada, aunque teniendo en cuenta la cota a la que se sitúa la unidad de intervención, solo se han podido registrar muy parcialmente algunas fases de ocupación correspondientes a momentos avanzados de la Edad del Hierro. Si nos atenemos a la posición relativa de la Fase 1 con respecto a las secuencias obtenidas en otros puntos del yacimiento, podríamos fechar esta ocupación en la primera mitad del s. IV a.C., lo que no desentona con los materiales hallados en la UE-404. La Fase 2 se centraría entre mediados de esta centuria e inicios de la siguiente. Aunque los abundantes restos anfóricos son poco elocuentes, tanto la posición estratigráfica de estos niveles como las producciones comunes identificadas en los mismos apuntan a esta cronología. Por último, la Fase 3 correspondería grosso modo al s. III a.C. Hay pocos materiales asociados al uso y amortización de esta estructura, aunque la entidad del muro UE-401 y las técnicas constructivas empleadas en el mismo solo suelen documentarse, como se verá, a esta cota y a partir de esta fecha. 3.3. Sector 5 Este sector ofrecía a priori una sucesión bastante elocuente y regular de pavimentos y algunas estructuras de adobe. La unidad de intervención se estableció al S del mismo, entre las cotas 12,78 y 15,53 m s.n.m. (2,80 m de potencia), abarcando una longitud máxima de 8,80 m (fig. 12). no obstante, a pesar de la claridad que presenta gran parte de la secuencia, la escasez de materiales recuperados –la mayor parte en el talud– y su poca entidad ha dificultado la adscripción cronológica de los distintos niveles. La Fase 1 (13,05-13,60 m s.n.m.) está formada por dos posibles construcciones. La primera (Fase 1A) se asienta sobre una serie de depósitos de relleno (UUEE- 530 y 551), el último de los cuales pudo servir de primer nivel de uso de esta estructura. Está constituida por un muro de adobe o tapial (UE-536) y posible orientación N-S, al que se asocia un segundo nivel de uso, un posible pavimento de arcilla roja y cal (UE-535), que a su vez se asienta sobre un nivel de recrecimiento formado por las UUEE-529 y 532. No obstante, la conservación de estos niveles es muy deficiente para poder avanzar sobre el carácter de esta estructura. El único material recuperado de esta fase es un fragmento de pared de ánfora de procedencia malagueña hallado en la UE-529 y fechable de forma imprecisa en el Hierro I. La segunda (Fase 1B) está formada por un muro de ladrillos de adobe aparejados a tizón de unos 45 cm de longitud y una altura conservada de 55 cm (UE-534), que se dispone de forma perpendicular sobre el primero (UE-536). Se encuentra asociado a un depósito (UE- 520) que, además de amortizar la estructura anterior, pudo haber servido de preparación para un suelo hoy perdido, así como a una compleja serie de vertidos que
111Cerro MACAreno (LA rinConADA, SeviLLA): nuevoS DAToS SoBre Su SeCuenCiA… SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 se extienden hacia el N. La conforman varios niveles de arcilla compacta muy irregulares (UUEE-541, 542, 545) sobre los que se superponen capas de cantos rodados de forma lenticular (UUEE-540 y 528), que pudieron haber servido de superficie de circulación de un espacio abierto o una calle. En ellos, y especialmente en la UE-540, se documentaron abundantes restos cerámicos, sobre todo fragmentos atípicos de ánforas y recipientes de almacenamiento realizados a torno, algunos pintados. Los niveles de destrucción de esta segunda estructura se limitan al relleno formado por la posible caída del muro UE-534 hacia el S (UE-566), ya que el resto está muy alterado por la preparación de la siguiente fase constructiva. En efecto, la Fase 2 (13,88-14,19 m s.n.m.) está precedida por una profunda remodelación que implicó la nivelación del terreno mediante depósitos de arcilla y tierra (UE-533) y potentes dados de cimentación de adobe (UUEE-539 y 519) de unos 30 cm de espesor medio, que sirvieron de base a las nuevas estructuras. La cronología aproximada de esta reforma vendría marcada por los materiales registrados en los rellenos, en su mayoría restos muy fragmentados de ánforas y recipientes de almacenamiento realizados a torno, cuyas pastas y decoraciones se encuadran ya en el Hierro II. La primera serie de estas estructuras (Fase 2A) está formada por el muro UE-517/515, asociado al pavimento UE-516; el muro UE-559, asociado al pavimento UE-560; y el muro UE-543, que no aparece relacionado con ningún nivel de uso. En todos los casos se trata de muros de ladrillos de adobe de 40-50 cm de módulo, unidos con argamasa del mismo material, Figura 12. ortofotografía y dibujo interpretativo del perfil obtenido en el sector 5.
112 SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 FRANCISCO JOSÉ GARCÍA FERNÁNDEZ dejando llagas de unos 2 cm. Los dos primeros fueron aparejados a tizón, mientras que el muro UE-543 presenta dos filas de ladrillos, una a soga y otra a tizón, lo que le otorga un ancho 90 cm aprox. Los pavimentos (UUEE-516 y 560), por su parte, son de arcilla roja apisonada y cal, de unos 2-3 cm de espesor. El muro UE- 517/515, de 70 cm de alzado conservado, y el UE-559, de apenas 32 cm, parecen conformar una amplia habitación de 3,30 m aproximados de ancho o largo, mientras que a partir de este último se abre otra en dirección S, cuyo cierre no sido documentado. Adosado al muro UE-517/515 se levantó un segundo paramento de similares materiales, técnicas y dimensiones (UE-521/525), aunque mucho más deteriorado por la acción de las palas mecánicas (Fase 2B), como se observa en la profunda mordida del perfil. Arranca del mismo nivel de cimentación UE-519, aunque parece estar asociado al pavimento UE-523, algo más ancho y a una cota superior con respecto a los anteriores, descansando sobre el relleno UE-546. Observamos que la distancia de aquel con respecto al muro UE-543 es muy reducida (1,30 m), por lo que no podemos descartar la posibilidad de que se trate de una calle, o más probablemente un espacio de circulación interior, si tenemos en cuenta la secuencia de depósitos y pavimentos que se suceden regularmente en la siguiente fase. el final de la Fase 2 viene marcado por un desmantelamiento parcial e intencionado de los muros precedentes para la posterior reconstrucción de estas mismas estructuras. Los espacios delimitados por ellos fueron rellenados con depósitos de amortización/nivelación compuestos por limo, arcilla, y ceniza (UUEE-546 y 564), así como restos de ladrillos de adobe (UE-518), que se concentran sobre todo al pie del muro UE-517/515. La Fase 3 (14,24-14,68 m s.n.m.) la conforman una serie de estructuras que suceden claramente a las anteriores, ya que no solo mantienen la misma orientación y dimensiones, sino que se superponen y adosan a los muros previos. También reproducen las mismas técnicas constructivas: ladrillos de adobe de unos 50 cm de módulo dispuestos a tizón, unidos con argamasa de arcilla de 2 cm de ancho, y pavimentos de arcilla roja apisonada y cal que, en este caso, suelen superar los 5 cm de espesor. La primera (Fase 3A) está constituida por los muros UUEE-512 y 556, de 70 y 35 cm de alzado conservado respectivamente, y revestidos en ambos casos con un espeso enlucido de cal. Entre ellos encontramos un potente pavimento de 2,60 m de ancho o largo y unos 10 cm de espesor (UE-514), fruto de constantes reparaciones, ya que esta habitación parece haberse mantenido en uso durante toda la fase ocupacional. Hacia el S, otro pavimento de 6 cm de espesor (UE-555) se adosa al muro UE-556, delimitando una estancia que se pierde en el perfil. Por su parte, en el extremo n, el muro UE-543 parece recrecerse con los mismos materiales y técnicas, conservando en esta fase un alzado de 40 cm (UE-524). Sin embargo, no han podido registrarse niveles de uso asociados más allá de una secuencia de pavimentos de escaso espesor (UUEE-537, 538 y 531) y sus respectivos niveles de amortización/preparación (UUEE-548, 549, 550), que quedan aislados entre este y el muro UE-521/525 debido al deterioro de esta parte del perfil. ellos pueden pertenecer, como se ha dicho arriba, a un espacio de circulación interior reparado en sucesivas ocasiones, al menos tres en esta fase, hasta su posterior amortización. La siguiente estructura (Fase 3B) corresponde a reparaciones realizadas sobre las estancias formadas por los muros UUEE-512 y 556. En un momento determinado, el muro UE-556 se queda obsoleto y se construye un nuevo paramento (UE-554) de similares características y orientación, aunque un poco más ancho, asentándose directamente sobre el pavimento UE-555. De él se conservan unos 75 cm de alzado, al igual que del muro UE 512, que continúa en funcionamiento durante esta subfase. La base del muro UE-557 parece mantenerse, no obstante, como un banco adosado revestido de capas de arcilla roja apisonada y cal similares a los suelos conservados, aunque más estrechos (UE-558). Al otro lado del muro UE-554, el pavimento UE-555 se recrece para adosarse al mismo mediante la habitual solución de media caña, continuando igualmente en dirección S hasta perderse en el perfil. La amortización de esta estructura viene dada por los depósitos de relleno UUEE-569 y 556, mientras que en el extremo n del perfil el final de esta fase de ocupación corresponde probablemente al depósito UE-550, que sirve de preparación al siguiente nivel de uso. Los primeros están formados por restos constructivos procedentes del desmantelamiento de las estructuras previas, que se concentran sobre todo al pie de los muros y van disminuyendo en el centro de la habitación, como puede apreciarse en las líneas de enlucido que aún se mantienen adheridas a los ladrillos de adobe, sobre los que se vierten tongadas de tierra compactada. Sobre estos rellenos se dispone la Fase 4 (14,72- 14,98 m s.n.m.), constituida de nuevo por dos estructuras, una al S más completa y otra al n del perfil, solo conservada muy parcialmente. La primera (Fase 4A) conforma una habitación que se superpone directamente sobre la anterior, previa nivelación (UE-511), aunque presenta mayores dimensiones, alcanzando prácticamente los 4 m de longitud. Está delimitada por
113Cerro MACAreno (LA rinConADA, SeviLLA): nuevoS DAToS SoBre Su SeCuenCiA… SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 el muro UE-510/506, de unos 40 cm de alzado conservado, que se asienta justo sobre el muro UE-512, y por el muro UE-553, de unos 38 cm de alzado. El pavimento (UE-508) es similar al de las estructuras previas, aunque no se adosa al muro UE-553, sino que continúa por debajo, lo que lleva a pensar que este funcionara más bien como un tabique de compartimentación interna y no como un muro de cierre. Sobre el pavimento, y relacionado con su última fase de uso, aparecieron algunos fragmentos cerámicos de cronología turdetana: dos paredes de ánforas, una de probable procedencia malagueña y otra de producción local/regional, varios fragmentos de cerámica a torno pintada y restos de escoria de cobre. Posteriormente, al muro ue-510/506 se adosa un banco del mismo material (Fase 4B), de unos 50 cm de ancho y altura indeterminada, pues fue descabezado en la Fase 5 (UE-507). Este banco se instala también directamente sobre el pavimento UE-508, aunque en esta ocasión se repara para adosarse a aquel formando un bocel de media caña (UE-509). Sobre él también se documentaron algunos restos cerámicos, aunque más escasos, representados sobre todo por un borde de cuenco común a torno (fig. 13). La segunda estructura (Fase 4A) se sitúa al n del perfil y está compuesta de nuevo por un muro y un pavimento adosado. El muro está construido con una primera hilada de cantos rodados de medio tamaño (UE-527) y un alzado de ladrillos de adobe (UE-526) de 46 cm de módulo dispuestos a tizón, con una altura de 51 cm en la parte mejor conservada. Se sitúa sobre el muro UE-521/525 de la Fase 2, ya completamente amortizado, siguiendo la misma orientación. El suelo, por su parte, presenta las mismas características que los anteriores: capas alternas de arcilla roja apisonada y cal, alcanzando un espesor de unos 9 cm. Aunque solo conserva una longitud de 1,55 m, ambos parecen conformar una habitación que se superpone al posible espacio de tránsito formado entre los muros UE-521 y UE-543/524. En todo caso, el deterioro de esta parte del perfil y las dificultades del trabajo por encima de esa cota desaconsejaron continuar la limpieza y registro en este punto. Debido a ello, la siguiente fase solo se pudo documentar en la parte central y sur del perfil. La amortización de las estructuras precedentes se realizó siguiendo el mismo procedimiento de desmantelamiento parcial de los muros y el vertido de sus escombros, tierra y otros materiales como relleno (UE-562). No obstante, el muro UE-553 parece haberse mantenido aún visible o incluso en uso, aunque no se ha podido precisar con exactitud su relación con los niveles posteriores. La Fase 5 (15,32-15,53 m s.n.m.) corresponde a una sucesión pavimentos de arcilla de distinta factura y espesor variable (UUEE-505 y 503) y niveles de uso o abandono compuestos por cenizas, carbones y abundante detritus (UUEE-504 y 502). Sobre ellos se sitúa un potente nivel de relleno de tierra arenosa, restos constructivos y cerámicos que se extiende por encima del área de intervención prevista. Este último pudo servir de base a la siguiente fase, correspondiente a un muro de mampostería y cantos rodados que se observa al n de perfil, fuera del corte, sobre una cota de 16 m s.n.m. y que por motivos de seguridad no llegó a ser registrada. Aunque el repertorio material aportado por esta unidad de intervención ha sido con diferencia el más reducido de todos los sectores estudiados, tanto la coherencia de la secuencia como sus similitudes con la obtenida en el sector 1 permiten a grandes rasgos proponer una cronología aproximada a las distintas fases. En este sentido, la Fase 1 podría fecharse en el s. VI a.C., como parecen apuntar los materiales asociados a su amortización, que evidencian la transición al Hierro II. La gran remodelación que antecede a la Fase 2 correspondería, como en el sector 1, a inicios del s. V a.C. y sus distintos episodios constructivos a esta centuria. La Fase 3, por su parte, iría desde finales del s. v a inicios del IV a.C., mientras que la Fase 4 ocuparía el tramo central de este siglo. Los pocos materiales asociados a sus dos niveles de uso sucesivos (UUEE-508 y 509) no desentonan con esta cronología. A partir de aquí se sucederían los niveles pertenecientes a la Fase 5, que podemos fechar con poca precisión entre finales del s. IV e inicios del III a.C. 3.4. Sector 7 En este caso la unidad de intervención se ubicó en el vértice suroccidental de la elevación oriental, en un punto donde la pendiente del talud descendía suavemente facilitando la limpieza del perfil a varios niveles de altura y permitiendo de este modo contar con una lectura más completa de la secuencia. el perfil se dividió, por tanto, en tres tramos dispuestos a distinta cota, entre los 12,53 y los 17,43 m s.n.m (fig. 14), abarcando una potencia acumulada de 4,90 m y una longitud total de 8,90 m. Sin embargo, aunque el repertorio material aportado por este sector es un poco más amplio, adolece en cambio de niveles constructivos elocuentes, a excepción de la parte superior de la estratigrafía. En su mayoría está formado por una sucesión de superficies de uso, depósitos de ceniza y suelos de tierra apisonada,
114 SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 FRANCISCO JOSÉ GARCÍA FERNÁNDEZ Figura 13: Materiales procedentes de las secuencias obtenidas en los sectores 5 y 7.
115Cerro MACAreno (LA rinConADA, SeviLLA): nuevoS DAToS SoBre Su SeCuenCiA… SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 con sus correspondientes niveles de anulación, que podrían responder en algunos casos a espacios abiertos o zonas de circulación. Debido a ello, y al carácter fragmentario de algunas unidades, resulta difícil realizar una lectura continua de la secuencia y establecer las relaciones entre las diferentes fases ocupacionales. La parte inferior de la estratigrafía está definida por un potente nivel muy heterogéneo de tierra arcillosa con carbones, nódulos de cal y algunos restos cerámicos que arranca prácticamente de la base del cerro, oculto por 1,50 m de talud aproximadamente (UE- 724). De él proceden varios fragmentos de cerámica Figura 14. ortofotografía y dibujo interpretativo del perfil obtenido en el sector 7.
116 SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 FRANCISCO JOSÉ GARCÍA FERNÁNDEZ modelados a mano correspondientes a recipientes de almacenamiento, dos de ellos clasificables como vasos “à chardón” (fig. 13). Este relleno sirve de base al primer nivel de ocupación (Fase 1), inaugurando una serie de superficies de uso o tránsito que se extiende entre la cota 13,20 y la cota 13,80 m s.n.m. Arranca con un nivel de ceniza de 1 a 2 cm de espesor y una longitud de 98 cm (UE-706), cubierto a su vez por un depósito de unos 5-10 cm de potencia compuesto por arcillas y cal (UE-705). Sobre él se sitúa un nuevo nivel de ceniza del mismo grosor (UE-704), aunque un poco más extenso (2,60 m documentados), y una superficie de arcilla roja y cal de 3 cm de espesor, que solo ha podido registrarse parcialmente en su extremo O (UE-707). De nuevo un relleno arcilloso compacto, en este caso con una superficie más regular y un espesor de unos 40 cm, viene a anular a la ocupación anterior (UE-703). De él proceden varios fragmentos atípicos de cerámica común pintada, así como un fragmento de cerámica a mano con tratamiento superficial espatulado. Sobre este depósito se construye una plataforma de ladrillos de adobe de 10 cm de grosor y 2 m de longitud (UE-702) relacionada probablemente con la preparación de alimentos o el trabajo artesanal, ya que está cubierta en su totalidad por una capa homogénea de ceniza de 1,2 cm de espesor, que acaba rebasando los bordes de la misma para depositarse a sus pies (UE-701). La amortización de esta fase se realiza mediante dos potentes vertidos de arcilla y restos de adobe que pudieron servir para anular las estructuras precedentes y asentar el siguiente nivel de ocupación (UUEE-726 y 716). De hecho, estos depósitos presentan una cota análoga a los que separan las fases 1 y 2 de la secuencia obtenida en el sector 1 (entre 13,80 y 14,47 m s.n.m.) y podrían relacionarse también con la reforma general que se observa en el sector 5. A partir de aquí encontramos una sucesión de niveles de relleno y uso asociados a la Fase 2 (14,47- 15,38 m s.n.m.). Comienza con un último depósito de nivelación de arcilla, carbones y cal (UE-731), de 15 cm de espesor máximo, donde pudieron documentarse dos paredes de ánforas de producción local/regional indeterminadas y varios fragmentos atípicos de cerámica común a torno. Sobre este se dispone un nivel de uso de 2 cm de grosor y más de 2 m de longitud (UE-730), amortizado por un nuevo paquete de arcilla y restos cerámicos de 20-30 cm de potencia (UE-720). La única estructura clara se desarrolla a continuación. Consiste en un muro de adobe o más probablemente tapial que se asienta en la UE-720 mediante una pequeña fosa de cimentación de unos 15 cm de profundidad (UE-738). El muro UE-719 conserva 32 cm de altura, una anchura de 44 cm y parece estar asociado a un nivel de uso que se adosa a la cara oriental (UE-721). Se trata en realidad de una capa de ceniza muy localizada que se sitúa sobre el relleno UE-720, extendiéndose levemente hacia el E. Al otro lado del muro este nivel de uso es imperceptible, aunque sí se aprecia un cambio en la composición de los sedimentos a esa misma cota, marcando el siguiente nivel de amortización (UE-722/737) que encontramos a ambos lados del muro UE-719. Sobre este vertido se asienta otro nivel de ceniza de similares características que el anterior (UE-723), aunque mucho más limitado en el espacio, pudiendo tratarse de una fogata o un hogar. Una vez más, un potente relleno compuesto por restos de adobe, arcilla compactada y algunos fragmentos muy rodados de cerámica (ánforas y cerámica común) anula esta actividad (UE- 709). La horizontalidad de su superficie facilita la instalación de un nuevo nivel de uso (UE-710), en este caso más extenso, con 2-3 cm de grosor y una longitud que supera el metro. Podría estar asociado al muro ue-714 de la Fase 3, aunque la atonía de los depósitos y la dificultad para trabajar a esta cota limitaron la lectura de la secuencia. Ello obligó a trasladar el área de intervención hacia el E, donde era posible registrar los niveles más altos de los perfiles. Aquí se pudieron identificar hasta 3 episodios constructivos, el primero de los cuales (Fase 3A: 15,38 m s.n.m.) estaría formado por dos muros de adobe o tapial, uno al E (UE-714) y otro al O (UE-733). Ambos tienen una anchura de unos 75 cm y están construidos con arcilla gris muy compactada, aunque solo se ha podido documentar su extremo superior, ya que la mayor parte de la estructura se encuentra bajo el talud que cubre esta parte del perfil. Al primero parece adosársele un muro o banco del mismo material (UE-732), del que se ha documentado una altura de 30 cm y una longitud de 1,56 m. Esta estructura se encuentra amortizada por un relleno de restos de adobe y cal procedente probablemente del desmantelamiento de sus propios alzados (UE-713). Este depósito ofreció un repertorio cerámico abundante, destacando las ánforas de producción local/ regional y la cerámica común a torno, representada por cuencos, lebrillos y vasos de distintos formatos, la mayoría decorados con las características bandas y líneas color rojizo. A ellos se suman el borde de un recipiente de cocina y algunos restos residuales de cerámica modelada a mano de cocina y almacenamiento (fig. 13). La UE-713 está cubierta, a su vez, por un segundo relleno de matriz arcillosa (UE-712) que sirve de base para el nivel de uso de la siguiente estructura. Aquí se registró
117Cerro MACAreno (LA rinConADA, SeviLLA): nuevoS DAToS SoBre Su SeCuenCiA… SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 de nuevo una amplia nómina de restos cerámicos, principalmente anfóricos (hasta 11 individuos diferentes si tenemos en cuenta las paredes identificadas), seguidos por las producciones comunes a torno, especialmente los cuencos y los vasos globulares, algunos de cronología avanzada dentro del Hierro ii (fig. 13). entre ambos rellenos se identificó, además, una superficie rojiza más endurecida de 4 a 6 cm de grosor y poco más de 1 m de longitud (UE-734), que pudo ser resultado de un uso puntual (¿hoguera?) o una alteración superficial del estrato subyacente. el segundo episodio (Fase 3B: 15,90- 16,30 m s.n.m.) lo conforman de nuevo dos muros de tapial (UUEE-715 y 729) que se asientan directamente sobre los anteriores mediante zanjas de cimentación (UUEE-728 y 736). Ambos presentan la misma anchura (75-80 cm aproximadamente) y un alzado variable, oscilando entre los 65 cm del muro E (UE-715) y los 100 cm del muro O (UE-729). Su orientación es respectivamente NE y N-NO, lo que invita a pensar que pudieron encontrarse formando una esquina varios metros hacia el S, en la parte hoy desaparecida. En el espacio entre los dos muros (que alcanza en el perfil los 3,20 m) se documentó una capa de ceniza de 2,5 cm de espesor que podemos interpretar como el nivel de uso de la estancia (UE-711). Sobre ella se registraron algunos restos cerámicos, en especial un borde de ánfora Pellicer D al que podemos atribuir cronología del s. III a.C. (Ferrer y García 2008: 211-212) y que se mantuvo en el perfil. Aparte de estos, los únicos materiales recuperados de esta fase proceden de la base del muro UE-715, donde se extrajo otro borde de ánfora de producción local, en este caso una variante evolucionada del tipo Pellicer B/C, y varios fragmentos de cerámica común: bordes y paredes de cuencos, lebrillos y vasos de almacenamiento, algunos con decoración pintada, además de restos residuales de recipientes a mano de gran formato (fig. 13). esta estructura fue amortizada por una serie de depósitos de arcilla poco compacta y cantos (UUEE-708 y 735) que terminan colmatando el espacio entre los dos muros hasta alcanzar su cresta. De la última fase constructiva, la Fase 4 (16,40 m s.n.m.), solo han podido documentarse dos muros de similar anchura y orientación (UUEE-718 y 717) realizados en mampostería. Se trata en realidad de cimientos/ zócalos de entre 60 y 80 cm de alzado insertos parcialmente en los niveles de amortización previos a través de zanjas de cimentación (UUEE-727 y 739). Están construidos con bloques irregulares de piedra caliza de mediano tamaño (en torno a 15 x 20 cm), toscamente careados al exterior, formando dos hiladas rellenas al interior con ripio, cantos de río y barro, sobre los que se situaría un alzado de adobe o tapial. Lamentablemente, la altura del perfil en este punto ha impedido intervenir en condiciones de seguridad en la parte superior de los muros, así como en los depósitos que se disponen entre ellos, por lo que no se han podido identificar los niveles de uso asociados. Estos parecen ser, no obstante, contemporáneos a las estructuras de similares características documentadas en los sectores anteriores y correspondientes a las últimas fases de ocupación del yacimiento. No resulta fácil, dada la escasez de elementos constructivos, otorgar una cronología relativa a la secuencia obtenida en este sector. Parece evidente, por su posición y por los materiales registrados, compuestos en su totalidad por cerámicas a mano, que los depósitos más profundos corresponden a un momento pleno del Hierro I (s. VII a.C.), mientras que los niveles de ocupación que se superponen a ellos (Fase 1) podrían fecharse a lo largo del s. VI a.C. La Fase 2, separada de los niveles previos por potentes depósitos de amortización y preparación similares a los de los sectores 1 y 5, pertenecería por tanto al s. V a.C. A partir de aquí observamos una laguna en la parte central de la secuencia que parece abarcar el final de este siglo y el inicio del siguiente. La Fase 3 supone tanto la amortización de las estructuras precedentes como una nueva construcción, cuya vida se extendería durante el s. IV a.C. La reforma de la Fase 3B se situaría con mayor precisión entre fines del s. iv e inicios del iii a.C. en consecuencia, la estructura documentada en la Fase 4 debe corresponder a mediados del s. III a.C., coincidiendo con el proceso de petrificación de la arquitectura en tierra que afecta por igual en esta cota a los distintos sectores del yacimiento. 4. SÍNTESIS DE LAS FASES DE OCUPACIÓN Hemos tratado de establecer una correspondencia entre los distintos niveles y fases de ocupación identificados en estos sectores del yacimiento y los registrados por las excavaciones realizadas en los años setenta (fig. 15). en el caso de la elevación oriental, hemos referenciado los perfiles resultantes del corte F de 1974 y V-20 de 1976, una vez escalados, situándolos a cota con la superficie actual del cerro con el fin de compararlos con las secuencias obtenidas en la campaña de 2017. Para ello nos hemos apoyado en el nuevo levantamiento planimétrico, usando como base las curvas de nivel correspondientes a los bordes del tell que, grosso modo, se han mantenido estables desde el cierre
124 SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 FRANCISCO JOSÉ GARCÍA FERNÁNDEZ Fase 2 de los sectores 1, 5 y 7), por lo que podemos deducir que constituye un rasgo característico de la arquitectura de Cerro Macareno, al menos desde mediados del I milenio a.C. También se documentan otros tipos de niveles de uso, generalmente superficies no pavimentadas endurecidas por su uso o por la acción del fuego, en ocasiones cubiertas por tierra suelta, ceniza y detritus, o bien depósitos de ceniza relacionados con hogares (fig. 16, F). En el primer caso resulta difícil determinar si se trata de espacios abiertos o cerrados, o incluso de niveles de circulación exterior (calles, explanadas) salvo que estén relacionados claramente con elementos constructivos. Lo mismo se puede decir de los depósitos de grava y encachados, que pudieron corresponder tanto a rellenos de compactación como a espacios de tránsito, dada la extensión y horizontalidad que suelen presentar. Tanto en unos como en otros aparecen instalaciones de distinto tipo: bancos, poyos, hogares, o incluso plataformas de adobe, como la documentada en el sector 7. Los primeros pueden tener pavimentos adosados o estar revestidos de capas de arcilla y cal, mientras que los hogares y plataformas están asociados a restos de carbón, ceniza y basura derivados de su uso. Como se ha visto, salvo cuando se produce un abandono más o menos dilatado en el tiempo, en cuyo caso las estructuras están sepultadas por depósitos irregulares de tierra y residuos domésticos, el ciclo vital de las construcciones turdetanas (las fases más antiguas no han sido completamente documentadas y presentan además una peor conservación) parece seguir siempre el mismo patrón (fig. 16, D). Durante el uso del edificio, este se mantiene y repara periódicamente mediante el enlucido de las paredes y el enlechado del suelo, o incluso se refuerza para garantizar su estabilidad cuando uno de los muros anuncia ruina, construyendo un nuevo paramento directamente sobre el propio piso. Eventualmente se disponen también elementos como hogares, bancos o poyos, que obligan a recrecer el pavimento o a revocar su contacto con estas instalaciones. Sin embargo, cuando el edificio está totalmente obsoleto se procede a destruirlo para construir otro justo encima, aprovechando la base de sus muros como cimentación de los nuevos. Las estructuras suelen desmocharse hasta una altura comprendida entre los 30 y los 70 cm, vertiendo los escombros dentro de la habitación, sobre un pavimento limpio casi siempre de enseres o restos de basura. Sobre este depósito, que presenta una superficie irregular, generalmente inclinada desde la base de los muros hacia el centro de la habitación, se dispone un segundo nivel de arcilla compacta color grisáceo que sirve de nivelación para la siguiente fase constructiva. Será sobre su superficie donde se construya el nuevo pavimento, con o sin ayuda de un preparado de regularización realizado también en arcilla. Estos depósitos ofrecen a menudo cerámicas, restos faunísticos, carbón, etc. procedentes de los aportes de tierra utilizados en los rellenos, o que han sido vertidos como basura en los mismos, si bien su cantidad varía mucho entre unos sectores y otros o incluso entre unas fases constructivas y otras. Con todo, a pesar de la abundante presencia de material residual en estos niveles secundarios y la aparición de restos in situ sobre algunos pavimentos, hogares o instalaciones, los contextos exhumados –compuestos principalmente por cerámicas comunes de cocina y mesa, ánforas y, en menor medida, vajilla fina importada– se muestran insuficientes a día de hoy para determinar la función exacta de estas estructuras, más allá de la doméstica. Resulta imprescindible, por tanto, la realización de nuevas intervenciones en los sectores conservados que saquen a la luz contextos amplios de las principales fases de ocupación de Cerro Macareno, o al menos de las más representativas de las etapas de transición, con objeto de estudiar en extensión sus rasgos arquitectónicos, constructivos y urbanísticos, así como las actividades desarrolladas por sus habitantes. 6. CONCLUSIONES Con todo, el estudio de diagnóstico llevado a cabo recientemente ha permitido confirmar gran parte de las propuestas realizadas por sus primeros excavadores a mediados de los años setenta y avanzar en algunas de ellas, aportando un gran caudal de información sobre la extensión del yacimiento, su potencia estratigráfica, las fases de ocupación presentes, la organización espacial del hábitat y su evolución, sus rasgos arquitectónicos y constructivos, así como sobre la entidad y estado de conservación de los restos subyacentes. Para empezar, se ha podido calcular la extensión actual de los restos conservados en las dos elevaciones, que suman poco más de 20000 m2, incluyendo los taludes, con respecto al tamaño original del cerro, que alcanzaba los 90000 m2. Ello supone una destrucción de más de tres cuartas partes de su superficie, o lo que es lo mismo, ha llegado hasta nosotros poco más del 20% del yacimiento para su investigación. En cuanto a su potencia estratigráfica, la elevación oriental mantiene aún su cota primitiva (19-18 m s.n.m.), lo que da lugar a perfiles profundos, de más de 7 m desde su base (11 m s.n.m.) en la mayor parte de su perímetro, a excepción
125Cerro MACAreno (LA rinConADA, SeviLLA): nuevoS DAToS SoBre Su SeCuenCiA… SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 del N, donde apenas supera los 5 m. En cambio, la elevación occidental, que ya había perdido los niveles superiores de su estratigrafía, presenta perfiles más alterados, con una potencia de entre 4 y 5 m desde la base de la terraza (12,5 m s.n.m.) en la parte más alta (17 m s.n.m.), descendiendo hasta los 3 m en la cara N (14 m s.n.m.). Asimismo, se ha confirmado la secuencia de ocupación establecida por las primeras intervenciones, aunque con algunos matices. A juzgar tanto por los materiales recogidos en superficie como, sobre todo, por el estudio comparado de las estratigrafías obtenidas en la elevación oriental, todo apunta a que el hábitat debió iniciarse en un momento indeterminado del s. VIII para terminar a finales del ii a.C., mientras que, en la elevación occidental, ni la potencia de los depósitos conservados ni los materiales asociados permiten pensar en niveles anteriores al VI a.C. No obstante, sí se constatan evidencias de ocupaciones posteriores, aunque de poca entidad, que podrían haberse situado sobre el cerro, en sus laderas o en sus alrededores, en los sectores ya desaparecidos, aunque también es probable que una parte de los restos de época romana y medieval documentados llegaran desplazados por movimientos de tierra relacionados con la explotación de la cantera. Por otro lado, se mantiene la distribución de las áreas funcionales propuesta en los años setenta, ya que el hábitat parece concentrarse principalmente en la elevación oriental, mientras que las estructuras de carácter industrial se disponen en la elevación occidental, más próxima al antiguo cauce del Guadalquivir, que se transforma a mediados del I milenio a.C. en un auténtico barrio industrial. En este sentido, a pesar de la tendencia horizontal que se aprecia en la mayor parte de los perfiles, las cotas absolutas obtenidas en los distintos sectores estudiados permiten adivinar los pequeños cambios topográficos que debieron existir durante su fase de actividad, y que habrían condicionado su desarrollo espacial, como el leve escalón que se observa en el extremo N de la elevación oriental, o el aumento de cota de la base del cerro en la elevación occidental, que pudo contribuir también a la separación física de las actividades artesanales con respecto al hábitat. Las estratigrafías obtenidas en la elevación oriental demuestran también que la función de hábitat se extendió de forma prácticamente ininterrumpida a lo largo de todo el periodo de ocupación del yacimiento. Se advierte además una gran coherencia entre estas y las antiguas secuencias publicadas, especialmente el corte V-20, cuyas fases coinciden grosso modo con las registradas en los perfiles estudiados en 2017. Aun así, se ha podido identificar una remodelación extensa en tres de los cuatro sectores intervenidos que parece suceder a un abandono temporal del hábitat, probablemente a finales del Hierro I. Está constituida por rellenos potentes y heterogéneos que amortizan las estructuras anteriores, por lo general muros de adobe muy precariamente conservados, en algunos casos sellados por niveles de uso puntuales, como hogueras o depósitos de ceniza. Sobre ellos se disponen –en ocasiones encajados por medio de zanjas– rellenos masivos de arcilla gris muy compactada destinados a nivelar el terreno y cimentar la siguiente fase constructiva. Esta inaugura en realidad una secuencia de estructuras, reparaciones, amortizaciones y reconstrucciones que se suceden en el tiempo sin aparente solución de continuidad hasta el final de la vida del antiguo oppidum. El mantenimiento de las mismas tipologías arquitectónicas, materiales, técnicas, medidas, orientaciones y funciones da fe no solo de la estabilidad del hábitat, sino también de la persistencia de las mismas tradiciones y formas de vida. En este sentido, cabe destacar la continuidad de las formas constructivas a lo largo de las distintas fases identificadas y su enorme personalidad, que es extensiva al resto de los grandes establecimientos portuarios del Guadalquivir, como Ilipa (Alcalá del Río), Italica (Santiponce), Spal (Sevilla) o Caura (Coria del Río). Se aprecia obviamente una gran sintonía con la tradición arquitectónica fenicio-púnica, que se refleja no solo en la tipología edilicia y las técnicas constructivas, sino también en perduración de los patrones metrológicos de origen oriental, ya sea en las proporciones generales de los espacios como, sobre todo, en la modulación de las estructuras. No obstante, se desarrollan por otro lado soluciones particulares que solo pueden entenderse en clave local. Estas son el resultado de una larga evolución en la que los modelos orientales se van adaptando a las condiciones ecológicas del entorno y a las coyunturas económicas, sociales y culturales de sus pobladores. Finalmente, cuarenta años después de las últimas excavaciones, hemos podido valorar el potencial científico y patrimonial que aún alberga Cerro Macareno. La profundidad y extensión de los depósitos arqueológicos subsistentes, el estado de conservación de los niveles de ocupación, su continuidad cronológica y su coherencia en relación con la secuencia cultural del Bajo Guadalquivir protohistórico, aportando nuevos datos sobre los momentos poco conocidos, como el tránsito entre el Hierro I y el Hierro II o el inicio de la presencia romana, así como la excelente legibilidad de las estructuras los contextos asociados, suponen un estímulo para el estudio sistemático de este yacimiento y el desarrollo de las estrategias de conservación y puesta en valor
126 SPAL 29.1 (2020): 93-127 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.04 FRANCISCO JOSÉ GARCÍA FERNÁNDEZ adecuadas con el fin de avanzar en el conocimiento y la difusión de este periodo histórico en la región. Agradecimientos Este trabajo es fruto en gran medida de una estancia de movilidad de profesores e investigadores sénior en centros extranjeros (Programa “Salvador de Madariaga”) realizada en el Istituto di Studi sul Mediterraneo Antico de roma en el verano de 2018 (PrX18/00285). Agradecemos al responsable de la estancia en el centro de destino, el Dr. Massimo Botto, su generosa acogida y el estímulo para llevar a término esta síntesis. Se enmarca en los proyectos de investigación “Tarteso Olvidado (en los Museos)” (PGC2018-097131-B-i00) y “La Construcción en el Valle del Guadalquivir en Época Romana. Tradición e Innovación en las Soluciones Arquitectónicas y los Procesos Tecnológicos, económicos y Productivos” (HAr2015-64392-C4-4-P). Por su parte, las labores de campo fueron financiadas por el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la universidad de Sevilla y el Área de Cultura del Ayuntamiento de La Rinconada, a cuyos responsables agradecemos su inestimable apoyo. Asimismo, ha sido fundamental la ayuda prestada por los miembros del equipo de investigación del proyecto arqueológico, especialmente P. Albuquerque y L. Guillén Rodríguez, la colaboración de A. Mateos Orozco, N. Conejero Redondo e I. Romero Mata en el registro y documentación gráfica, y de J. García Cerezo, encargado de la realización de los levantamientos topográficos. Agradecemos a los profesores o. rodríguez Gutiérrez y A.M. Sáez Romero, de la Universidad de Sevilla, sus sugerencias sobre distintos aspectos del proyecto y al personal del Museo Arqueológico y Paleontológico de La Rinconada (M.I. Rodríguez Achútegui, J. navarro Perza y M. Garrido Martín) su apoyo logístico. Por último, es preciso mencionar la ayuda de los alumnos del Grado de Arqueología, que realizaron sus prácticas en el marco del proyecto. BIBLIOGRAFÍA Amberger, G. (1985): “Tierknochenfunde vom Cerro Macareno/Sevilla”. Studien über frühe Tierknochenfunde von der Iberischen Halbinsel 9: 76-105. Barresi, P. (2007): Metrología púnica. Milano, Athenaion. Belén, M.; escacena, J.L.; Anglada, r.; Jiménez, A.; Pardo, Mª.r. y Pascual del Pobil, A. (1993): “Arquitectura de tradición fenicia en Carmona (Sevilla)”. Spal 2: 219-242. <http://dx.doi. org/10.12795/spal.1993.i2.09>. Braemer, F. (1982): L’Architecture domestique du Levant à l’Âge de Fer. Paris, recherche sur les Civilisations. Díes Cusí, e. (2001): “La influencia de la arquitectura fenicia en las arquitecturas indígenas de la Península Ibérica (s. VIII-VI)”, en D. Ruiz Mata y S. Celestino Pérez (eds.), Arquitectura oriental y orientalizante en la Península Ibérica: 69-121. Madrid, CSIC. escacena Carrasco, J.L. (1983): “Problemas en torno a los orígenes del urbanismo a orillas del Guadalquivir”. Gades 11: 39-83. Escacena Carrasco, J.L. (1987): “El poblamiento ibérico en el Bajo Guadalquivir”, en A. ruiz y M. Molinos (eds.), Actas de las Primeras Jornadas sobre Mundo Ibérico: 273-297. Jaén, Ayuntamiento de Jaén-Junta de Andalucía. Escacena Carrasco, J.L. (1993): “De la muerte de Tartesos. Evidencias en el registro poblacional”. Spal 2: 183-218. doi: <http://dx.doi.org/10.12795/ spal.1993.i2.08>. Fernández-Chicarro y de Dios, C. (1974): “Adquisiciones del Museo Arqueológico de Sevilla”. Bellas Artes 33: 31-34. Fernández Gómez, F.; Chasco Vila, R. y Oliva Alonso, D. (1979): “Excavaciones en ‘El Cerro Macareno’. La Rinconada. Sevilla (Cortes E-F-G. Campaña 1974)”. Noticiario Arqueológico Hispánico 7: 7-93. Ferrer Albelda, E. (2017): “La colonización fenicia en la Tartéside: estrategias y fases”, en S. Celestino y E. Rodríguez (eds.), Territorios comparados: los valles del Guadalquivir, el Guadiana y el Tajo en época tartésica: 11-46. Mérida, IAM-CSIC. Ferrer Albelda, e. y García Fernández, F.J. (2007): “Primeros datos sobre la Ilipa turdetana”, en E. Ferrer, A. Fernández, J.L. Escacena y A. Rodríguez (eds.), I Congreso de Historia de Alcalá del Río: Ilipa Antiqua. De la Prehistoria a la Época Romana: 103- 130. Alcalá del Río (2006), Sevilla, Ayuntamiento de Alcalá del Río. Ferrer Albelda, E. y García Fernández, F.J. (2008): “Cerámica turdetana”, en D. Bernal y A. ribera (eds.), Cerámicas hispanorromanas. Un estado de la cuestión: 201-220. Cádiz, Universidad de Cádiz. Ferrer Albelda, E.; García Vargas, E. y García Fernández, F.J. (2008): “Inter Aestuaria Baetis. Espacios naturales y territorios ciudadanos prerromanos en el Bajo Guadalquivir”. Mainake XXX: 217-246.
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