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El proyecto enciclopédico de las lenguas indígenas del Nuevo Mundo (1785-1792)

Oropesa Oropesa, Felipe

Abstract

Este Trabajo Fin de Máster tiene como finalidad estudiar un expediente generado a fi-nales del siglo XVIII por la monarquía española con el que se pretendía satisfacer las deman-das de la emperatriz Catalina II de Rusia, quien había solicitado al rey de España, Carlos III, una serie de libros impresos, manuscritos y vocabularios referentes a las lenguas indígenas del Nuevo Mundo. Se estudiará en él la documentación que compone el expediente, el procedi-miento de actuación llevado a cabo por las instituciones españolas encargadas del negocio, así como el material recopilado y remitido a España.

Full text

TRABAJO FIN DE MÁSTER EL PROYECTO ENCICLOPÉDICO DE LAS LENGUAS INDÍGENAS DEL NUEVO MUNDO (1785-1792) FELIPE OROPESA OROPESA felipe.orop[email protected] Máster en Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas Sevilla, 2016 3 ÍNDICE DE CONTENIDOS Resumen ............................................................................................................................... 5 Objetivos y metodología ....................................................................................................... 6 1. Marco contextual: Catalina II de Rusia y su interés por las lenguas indígenas del Nuevo Mundo ........................................................................................................................ 11 2. El expediente: génesis y procedimientos documentales en el Despacho de Indias........... 16 2.1. Procedimiento ......................................................................................................... 18 2.1.1. Inicio del expediente en la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias ................................................................................................. 18 2.1.2. Contestaciones por parte de las autoridades indianas ................................... 22 a) Virreinato de México .............................................................................. 22 b) Virreinato de Perú ................................................................................... 23 c) Virreinato de Nueva Granada .................................................................. 27 d) Virreinato de Buenos Aires ..................................................................... 34 e) Gobernación de Filipinas ........................................................................ 35 f) Gobernación de Guatemala...................................................................... 36 Primera parte ...................................................................................... 37 Segunda parte .................................................................................... 41 2.1.3. Cierre del expediente..................................................................................... 47 2.2. Esquema-guión del expediente ............................................................................... 50 2.2.1. Área de identificación ................................................................................... 50 2.2.2. Área de contenido y estructura ...................................................................... 51 3. El material lingüístico: libros impresos, manuscritos y vocabularios ............................... 64 3.1. Libros impresos y manuscritos ................................................................................ 64 a) Virreinato de Nueva Granada .................................................................. 66 b) Virreinato de Perú ................................................................................... 70 c) Virreinato de México .............................................................................. 72 3.2. Vocabularios ........................................................................................................... 77 4 3.3. ¿Qué pasó con el material lingüístico recopilado en el Nuevo Mundo? ................. 88 Conclusiones ......................................................................................................................... 92 Fuentes y bibliografía ............................................................................................................ 96 5 RESUMEN Este Trabajo Fin de Máster tiene como finalidad estudiar un expediente generado a finales del siglo XVIII por la monarquía española con el que se pretendía satisfacer las demandas de la emperatriz Catalina II de Rusia, quien había solicitado al rey de España, Carlos III, una serie de libros impresos, manuscritos y vocabularios referentes a las lenguas indígenas del Nuevo Mundo. Se estudiará en él la documentación que compone el expediente, el procedimiento de actuación llevado a cabo por las instituciones españolas encargadas del negocio, así como el material recopilado y remitido a España. Palabras claves: siglo XVIII, Nuevo Mundo, Carlos III, Catalina II, documentación, culturas indígenas, libros, manuscritos, vocabularios. ABSTRACT In this university project we will study the documentation produced about the petition that Catherine II, Empress of Russia, sent to Charles III, King of Spain, in 1785 for support of her linguistic material, such as various books and vocabularies of the native cultures from New World. We will study the documentation, the acting process of the Spanish government and the books and vocabularies collected in America. Key words: 18th Century, New World, Charles III, Catherine II, documentation, native cultures, books, vocabularies. 6 OBJETIVOS Y METODOLOGÍA El objeto de estudio de este Trabajo Fin de Máster es un amplio expediente generado a finales del siglo XVIII por la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias (1787-1790), en primer lugar, y por la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia, Departamento de Indias (1790-1792), en segundo lugar. El expediente se conserva actualmente en las dependencias del Archivo General de Indias (A.G.I.), y cuenta con un total de 304 hojas1. Se trata de un expediente que se generó para dar cumplimiento a la petición que en 1785 envió la emperatriz de Rusia, Catalina II, al monarca español, Carlos III, solicitándole un conjunto de libros impresos, manuscritos y vocabularios de las lenguas indígenas del Nuevo Mundo. El tema escogido nos parece de gran interés y fue propuesto por mi tutora y coordinadora en este trabajo, Margarita Gómez Gómez, quien me lo dio a conocer a través de una noticia publicada por el periódico El País el día 4 de enero de 2016 —en su sección de Cultura—, relativa a vocabularios indígenas del siglo XVIII. Efectivamente, un artículo que llevaba por título El sueño enciclopédico del Nuevo Mundo2 daba a conocer que el «Registro de la Memoria del Mundo» —un órgano dependiente de la Unesco— había reconocido y decidido incluir como patrimonio documental, por su importancia para la historia de la humanidad, una serie de vocabularios de lenguas indígenas del Nuevo Mundo conservados en el Archivo General de Indias. Inmediatamente surgió en mí un interés hacia ese tema y me decidí a iniciar sobre él una investigación con el fin de conocer los motivos por los cuales existen estos vocabularios; una investigación que a la postre ha sido más amplia y que ha concluido en este trabajo. Una vez establecido el objeto de nuestra investigación y el motivo que nos llevó a su inicio, es conveniente definir ahora los objetivos y la metodología empleada. Y es que, mientras los objetivos marcados nos informan de lo que se pretende alcanzar con la realización de este trabajo, la metodología lo hace del tipo de estrategia que se ha llevado a cabo para su 1 Su signatura archivística es: A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1. 2 AUNIÓN, J. A.: «El sueño enciclopédico del Nuevo Mundo», en: El País, 04/01/2016, (archivo web del periódico). 7 concreción y elaboración. Nosotros, pues, comenzaremos hablando en primer lugar de los objetivos perseguidos, unos objetivos que, desde nuestro punto de vista, lo podríamos simplificar en cinco: 1) El primer objetivo consiste en averiguar el motivo por el cual Catalina II solicitó en 1785 a Carlos III una serie de libros impresos, manuscritos y vocabularios relacionados con las lenguas nativas del Nuevo Mundo. Una petición que fue aceptada por el monarca español, quien dio las órdenes pertinentes para su obtención. Y fue precisamente el hecho de aceptar la petición de la zarina el motivo por el cual las instituciones españolas del momento comenzaron a trabajar sobre el tema, generándose el expediente que aquí estudiamos. 2) El segundo objetivo que nos proponemos consiste, precisamente, en llevar a cabo un amplio estudio sobre el procedimiento de actuación seguido por las instituciones encargadas de gestionar el negocio en España, así como también un estudio sobre la documentación generada en el proceso. Para ello seguiremos la metodología diplomática, estudiando la génesis, la forma y la tradición documental, aunque también analizaremos el expediente desde el punto de vista de la Diplomática Moderna aprendida en la asignatura del máster3 Historia del documento real en la Edad Moderna. Todo esto, además, se verá apoyado y contrastado con la lectura de estudios especializados en la materia que serán convenientemente citados en notas a pie de página y en la bibliografía final de este trabajo. 3) El tercer objetivo tiene como base analizar el material lingüístico que se recopiló en las Indias y se envió a España. Ahora bien, este objetivo no tiene como finalidad llevar a cabo un estudio bibliográfico y documental exhaustivo, ya que un estudio de estas características acabaría excediendo los límites de espacio de un Trabajo Fin de Máster. Nosotros, pues, lo que pretendemos es conocer el material que se ordenó recopilar en un principio a las autoridades indianas y el que finalmente llegó a España. 4) El cuarto objetivo deriva, en cierta medida, del tercero. Y es que, con este cuarto objetivo queremos llevar a cabo un rastreo para averiguar el paradero de ese material lingüístico remitido a España; es decir, pretendemos conocer si se ha conservado en el tiempo y, en el caso de haya sido así, conocer el lugar físico donde actualmente se guardan y conservan los ejemplares enviados desde las Indias. 5) El quinto y último objetivo tiene una finalidad muy clara: queremos saber si el proyecto se concluyó o no; es decir, queremos saber si finalmente se remitieron copias de los 3 Máster en Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas (Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Sevilla). 8 libros impresos, manuscritos y vocabularios recopilados en el Nuevo Mundo a la Corte de Rusia, o si, por el contrario, la empresa quedó fallida. Establecidos los objetivos que perseguimos con la realización de esta investigación, es conveniente hablar ahora de cómo la hemos llevado a cabo, es decir, la metodología de trabajo empleada. Y en relación a esta cuestión diremos, en primer lugar, que hemos utilizado dos métodos de trabajo. El primero de ellos es el método analítico histórico. Con este método, precisamente, lo que pretendemos es estudiar una realidad del pasado y comprenderla en el presente. Y para ello es necesario conocer cuál era el contexto histórico, político y social de España y de sus colonias indianas en el siglo XVIII, así como también conocer las instituciones, su estructura y funcionamiento, y las personas que intervinieron en el negocio; todo esto con la finalidad de acercarnos al estudio de nuestro expediente con un cierto bagaje de conocimiento. Así pues, podemos decir que nuestro análisis histórico va de un conocimiento general de la cuestión a uno particular. El segundo método de trabajo empleado, como se ha dicho, es el diplomático. La utilización de este método es fundamental para conocer la génesis, la forma y la tradición documental del conjunto de documentos que componen nuestro expediente. Pero no solo eso, puesto que su utilización también es muy importante para conocer los pasos administrativos por los que discurrió el expediente, así como las personas que intervinieron en la producción documental. En cualquier caso, el punto de partida inicial de este trabajo ha sido realizar un análisis de lo que se conoce como el «estado de la cuestión», es decir, se ha procedido a cotejar las obras existentes relacionadas con el tema a estudiar para luego llevar a cabo una selección de las más interesantes para nuestra investigación. El estudio de estas obras ha sido muy importante para tener un conocimiento general sobre el contexto histórico-político de España y de Rusia en el siglo XVIII; así como también para tener un conocimiento de las instituciones españolas encargadas de la gestión del negocio, del monarca español Carlos III, de la emperatriz rusa Catalina II, y, por último, para entender cuáles fueron los motivos que impulsaron a ésta a solicitar a España un importante compendio lingüístico relacionados con las culturas indígenas del Nuevo Mundo. Comprendidos ya todos estos aspectos, lo conveniente era entrar en materia y comenzar a estudiar, nunca mejor dicho, el expediente original que se generó para satisfacer los deseos de la emperatriz. Una labor que se ha llevado a cabo, íntegramente, a través del acceso al Archivo General de Indias y la consulta directa de la fuente documental que nos interesaba. Ahora bien, el expediente conservado consta de dos partes diferenciadas pero estrechamente 9 relacionadas entre sí: una parte hace referencia a la consecución de lo solicitado por la zarina de Rusia; la otra parte se generó en relación al virreinato de Nueva Granada, puesto que desde allí se comunicó a la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias que no se poseía prácticamente nada de lo solicitado por Catalina II, pero sí que se poseían otras fuentes lingüísticas importantes. Esta información y el interés de Carlos III por disponer de ellas una vez enterado de la noticia, dio pie a la formulación de un nuevo negocio de recolección lingüística en el territorio neogranadino, que discurre de forma paralela al de la zarina pero que está íntimamente relacionado con él. Con el análisis del expediente hemos pretendido conocer los pasos seguidos por las instituciones encargadas de tramitar el negocio encomendado, así como su reflejo documental. Y con el fin de mostrar con la mayor claridad posible el procedimiento, se ha realizado, por una parte, un esquema-guión sintético, y, por otra, una narración sistemática de cada uno de los pasos administrativos reflejados en el expediente y su resultado documental, lo cual nos ha permitido conocer con detalle los documentos generados por las dos Secretarías de Estado y del Despacho que intervinieron en el negocio, así como sus tipos documentales. Tras el estudio de la tramitación y gestión del expediente, el siguiente paso ha sido llevar a cabo un análisis sintético sobre el material lingüístico remitido desde las Indias a España, y poder ver así claramente los libros, manuscritos y vocabularios que se solicitaron y los que finalmente se enviaron. A través de este estudio también hemos intentado dilucidar si se conserva actualmente algo de lo remitido, dónde se custodia en el caso de que se haya conservado algo y, finalmente, si se enviaron a Rusia las copias del material solicitado por Catalina II. Para llevar a cabo este estudio ha sido fundamental, por una parte, estudiar la propia documentación referente a ello que se conserva en el expediente y, por otra parte, estudiar otros trabajos realizados por autores que también han intentado dilucidar estas cuestiones. En definitiva, el resultado de nuestro trabajo se ha estructurado en tres capítulos. En el primero de ellos se intenta exponer una contextualización general relativa a nuestro objeto de estudio. Hablamos de una contextualización en la que se intenta explicar la figura de Catalina II, la figura de Carlos III, las dos Secretarías que intervinieron en el negocio, pero que, sobre todo, pretende dilucidar cuáles fueron los motivos que llevaron a la emperatriz de Rusia a solicitar a nuestro país un importante material lingüístico relacionado con las lenguas indígenas del Nuevo Mundo. El segundo capítulo está compuesto de dos partes: por un lado, se explica de forma extensa y paso a paso toda la gestión y tramitación que se produjo en el expediente para dar así cumplimiento al negocio encomendado a las autoridades indianas; por otra parte, se explica de forma más sintética y generalizada en un esquema-guión la misma trami- 16 2. EL EXPEDIENTE: GÉNESIS Y PROCEDIMIENTOS DOCUMENTALES EN EL DESPACHO DE INDIAS Como se acabar de decir, el expediente objeto de nuestro estudio fue gestionado en la Secretaría de Estado y del Despacho de Indias, institución que tiene su origen en el seno de la monarquía de los Habsburgo, aunque alcanzó su pleno desarrollo durante la monarquía de los Borbones. No es nuestro objetivo analizar la Secretaría de Estado y del Despacho de Indias como institución a lo largo del siglo XVIII15. Sin embargo, sí es preciso tener en cuenta que durante los años en los que nuestro expediente fue generado (1787-1792), la institución sufrió grandes cambios estructurales que afectaron a su génesis documental. De este modo, el 8 de julio de 1787, unos meses antes del inicio de nuestro expediente, la hasta entonces única Secretaría de Estado y del Despacho de Indias16 fue dividida en dos ministerios diferentes: el de Gracia y Justicia de Indias, para el que fue nombrado Antonio Porlier y Sopranis; y el de Hacienda, Guerra, Comercio y Navegación de Indias, para el que se nombró a Antonio Valdés y Bazán17. Esta división en dos ministerios de la Secretaría de Estado y del Despacho de Indias perduró hasta el 25 de abril de 1790, fecha en la que el monarca Carlos IV emitió un Real Decreto por el que suprimía a ambos y se agregaban sus negocios a las distintas Secretarías de índole transversal que existían en España. Se pasó entonces de siete a cinco Secretarías, creándose en cada una de ellas «Departamentos de Indias» con competencias específicas en los asuntos indianos y con oficiales que conservaron sus grados, sueldos y ascensos. El mismo Antonio Porlier asumió entonces la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia18. 15 Para conocer en profundidad la Secretaría de Indias en el siglo XVIII, véase: GÓMEZ GÓMEZ, Margarita: Forma y expedición del documento en la Secretaría de Estado y del Despacho de Indias, Sevilla, Universidad de Sevilla-Secretariado de Publicaciones, 1993. 16 Desde 1754 existía en España una Secretaría de Estado y del Despacho de Indias como órgano institucional independiente encargada de los asuntos indianos. Con anterioridad a la fecha indicada, los asuntos de las Indias fueron asumidos por distintas Secretarías, sobre todo asociados a la marina. 17 GÓMEZ GÓMEZ, Margarita: Forma y expedición del documento…, op. cit., p. 52. 18 Ibid., p. 56. 17 Así pues, nosotros estamos ante un expediente que se inició para octubre de 1787 y concluyó también en octubre, pero de 1792. Cinco años de gestión en la que su tramitación, a juzgar por lo que acabamos de ver, pasó por dos Secretarías: la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias (1787-1790), y la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia, Departamento de Indias (1790-1792). De igual modo, pasó por las manos de dos secretarios del Despacho: de Antonio Porlier y Soparnis, marqués de Bajamar (1787-1792), y de Pedro Antonio de Acuña y Malvar (1792); y, paradójicamente, lo mismo ocurrió en el ámbito real, puesto que el expediente se inició siendo monarca Carlos III (1787- 1788) y concluyó de la mano de su hijo y sucesor Carlos IV (1788-1792). Durante estos años de gestión en ambas Secretarías se generó un amplio expediente de 304 hojas y de gran complejidad. Para facilitar la comprensión del procedimiento seguido en su tramitación, así como presentar con orden el gran número de intervinientes que lo generaron, hemos dividido su estudio en dos partes. En la primera parte (apartado 2.1.) vamos a explicar de forma sistemática y paso a paso cómo se ejecutó el procedimiento de tramitación del expediente, distinguiendo cómo se inició el expediente en la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias, cómo se comunicó la orden de recopilar los libros impresos, manuscritos y vocabularios a las autoridades indianas, cómo los distintos territorios del Nuevo Mundo dieron respuesta a la orden ministerial y fueron remitiendo los resultados a España, y, finalmente, cómo se cerró el expediente. Además, debido a la interrelación de documentos de uno y otro territorio, algo que hace complejo una explicación clara y concisa si siguiéramos el orden cronológico de los mismos, hemos optado por analizar lo acontecido territorio por territorio. En la segunda parte (apartado 2.2.) vamos a realizar un esquema-guión del procedimiento de tramitación, ahora sí, siguiendo el orden estricto de trámite, de escrituración y recibo de los documentos, para que el lector que así lo quiera pueda tener una constancia fehaciente del modo en el que fueron expidiéndose los diferentes documentos. También queremos poner de manifiesto que, con el fin de lograr una mayor comprensión del expediente, cada vez que hagamos referencia a alguna parte del mismo indicaremos en notas a pie de página, en primer lugar, el número de documento con el que se corresponde en el esquema-guión (apartado 2.2.); y, en segundo lugar, y entre paréntesis, la signatura archivística con la que figura ese documento en el Archivo General de Indias. 18 2.1. Procedimiento. 2.1.1. Inicio del expediente en la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias. Aunque tenemos constancia de que Carlos III dio su aprobación al proyecto lingüístico de Catalina II a finales de 178519, su gestión y tramitación, como ya indicamos con anterioridad, no comenzó hasta casi dos años después. Concretamente se inició el 9 de octubre de 1787, y lo hizo de oficio. Y decimos que se inició de oficio porque, al afectar el asunto a la monarquía española, fue José Moñino Redondo, conde de Floridablanca, secretario del Despacho de Estado, quien, en nombre del rey, envió y suscribió una carta20 desde la residencia de San Ildefonso a Antonio Porlier y Sopranis, marqués de Bajamar, secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias, encomendándole un negocio para la recolección de material lingüístico relacionado con las lenguas indígenas en los siguientes términos: «Con el fin de satisfacer los deseos de la emperatriz de Rusia, [quien] ha hecho varios encargos para adquirir los libros que contiene la adjunta lista nº 1 (…), pido a V. E., pues es cosa en la que el rey quiere complacer a dicha soberana, que dé comisión a las personas que tenga por conveniente en las dos Américas para que [los] adquieran con la posible brevedad y remitan uno o dos ejemplares de cada obra; procurando al mismo tiempo el que se envíen con igual prontitud traducidas en todos los idiomas que se puedan de aquellos países las voces que contiene el adjunto papel nº 2, indicando la ortografía que se haya seguido para expresarlas»21. En el expediente no se encuentran las adjuntas listas que previsiblemente debió de remitir con su carta el conde de Floridablanca. Pero, de forma indirecta, sí tenemos constancia de lo contenido en ellas porque, más adelante, Antonio Porlier y Sopranis remitió una Real Orden a una serie de autoridades indianas con la que adjuntaba copia de cada una de las listas. Es precisamente ahora cuando tenemos constancia de lo contenido en ambas listas, puesto que se conserva en el expediente una minuta de cada una de ellas22. Hemos dedicado un apartado del presente trabajo a tratar los libros impresos, manuscritos y vocabularios que fueron solicitados a las autoridades indianas y el material que finalmente fue remitido a España, por lo que obviaremos hablar de ello aquí y ahora; en el capítulo tercero lo haremos. 19 Consúltese LARRUCEA DE TOVAR, Consuelo: «José Celestino Mutis (1732-1808) and the report…», op. cit., pp. 215 y 222. 20 La estructura documental es igual a la de una Real Orden, documento ministerial por excelencia en el que el secretario del Despacho transmitía una orden del rey, pero debido a que se trata de una correspondencia entre iguales, no hay un mandato directo y, por lo tanto, se puede denominar a esta tipología como “carta”. 21 Documento 1. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 1, fol. 2r, 2v y 3r). 22 Documentos 3.1 y 3.2. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, docs. 2a y 2b). 19 El 6 de noviembre de 1787, el secretario Antonio Porlier, desde la residencia de San Lorenzo, resolvió el negocio, es decir, tomó una decisión definitiva acerca del asunto que el conde de Floridablanca le había encargado en nombre del rey. En su escrito de resolución ordenó lo siguiente: «Expídanse Reales Órdenes a los virreyes de México, el Perú, Santa Fe y Buenos Aires, y al gobernador de Filipinas y presidente de Guatemala, acompañándoles copias del índice nº 1 y nº 2 remitidas por la vía del Estado para que, valiéndose de las personas más instruidas y prácticas de las lenguas que corran en sus respectivos territorios, procuren por su medio adquirir uno o dos ejemplares de las obras comprendidas en el índice nº 1 (…); y que del propio modo conviertan en las voces correspondientes a dichas lenguas el catálogo de las que se incluye en la nota nº 2. Y que todo se vaya igualmente remitido a mis manos»23. Una vez adoptada cualquier tipo de resolución definitiva, ya fuera a favor o en contra del negocio, había que ponerlo en conocimiento de las personas interesadas. Con ello se iniciaba, como bien indica Margarita Gómez Gómez, el proceso de escrituración de los documentos, a través de los cuales se comunicaba a los interesados lo dispuesto por el secretario o el rey, dependiendo de quién hubiese adoptado la decisión; unos documentos que eran puestos por escrito por los oficiales de la Secretaría, quienes a su vez eran informados de la decisión adoptada por el secretario o el rey a través del oficial mayor24. Así pues, en la misma residencia de San Lorenzo, con fecha de 13 de noviembre de 1787, se hizo realidad la decisión del secretario de Gracia y Justicia de Indias: se expidieron seis Reales Órdenes para ser enviadas a las siguientes autoridades indianas: «A los virreyes de ambas Américas, presidente de Guatemala y gobernador de Filipinas, remitiéndoles las listas nº 1 y nº 2 (…), a fin de satisfacer los deseos de la emperatriz de Rusia»25. La Real Orden, el tipo documental empleado para comunicar esta resolución, bien podría considerarse como el documento ministerial por excelencia. Validada con la exclusiva firma del secretario de Estado y del Despacho, la Real Orden comunicaba una resolución tomada por el rey pero que era puesta por escrito por el secretario, quien, de esta forma, se convertía claramente en el intermediario entre el rey y sus súbditos26. 23 Documento 2. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 1, fol. 2r). 24 Véase GÓMEZ GÓMEZ, Margarita: Forma y expedición del documento…, op. cit., p. 163. 25 Documento 3. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 2, fol. 5v). 26 Véase GÓMEZ GÓMEZ, Margarita: Forma y expedición del documento…, op. cit., p. 243. 20 Ahora bien, en el expediente que estamos estudiando no se encuentran estas Reales Órdenes, sino que se halla la minuta que fue utilizada para la posterior redacción de las mismas. La minuta, un tipo documental que se conservaba siempre en el expediente terminada su función y que no salía de las dependencias de la Secretaría, es definida por Margarita Gómez Gómez como «el procedimiento usado para plantear, ensayar y, finalmente, elegir la forma interna y tenor que debía mostrar el documento final que comunicaba una resolución determinada»27. Es decir, la minuta era un documento que se realizaba previamente por el oficial encargado del negocio y que servía como base de pruebas para la posterior redacción final de la resolución en su correcta forma. Realizados cuantos cambios fueran necesarios en la minuta para perfeccionar el documento comunicatorio de la resolución, se pasaba ya a la redacción en limpio del mismo, «que suponía la puesta por escrito del documento con todas las formalidades que le fueron propias y en el soporte que finalmente sería expedido»28. El documento en limpio, por el contrario, sí salía de la Secretaría con destino a las personas interesadas, de ahí que las Reales Órdenes no se conserven. Y sabemos con total certeza que las mencionadas Reales Órdenes y sus adjuntas listas puestas en limpio se expidieron el 13 de noviembre de 1787 con destino a las Indias por un motivo muy claro. Debajo de la resolución que emitiera Antonio Porlier —ubicada al dorso de la carta de Floridablanca con la que se inicia el expediente— se encuentra una nota de cumplimiento, que dice: «fho en 13 dho»29. La misma Margarita Gómez afirma que «la nota de cumplimiento tenía la misión de dejar constancia en el expediente de haberse formulado y validado un documento que comunicaba una resolución determinada. Era expresada por el oficial encargado del trámite y gestión del expediente, justo debajo de la resolución del mismo. Con ello se pretendía indicar que por parte de la Secretaría se había dado cumplimiento a dicha resolución en la parte que le tocaba, que era, evidentemente, puramente documental»30. La nota de cumplimiento nos indica, pues, que las Reales Órdenes se validaron y expidieron con fecha de 13 de noviembre de 1787. Tras haberse expedido las Reales Órdenes a las autoridades indianas, el secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias remitió un Oficio al conde de Floridablanca, secretario del Despacho de Estado, para informarle que, efectivamente, había acatado la decisión del monarca y había dado «la orden correspondiente a los gobernadores de In- 27 Ibid., p. 164. 28 Ibid., p. 169. 29 Documento 4. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 1, fol. 2v). 30 GÓMEZ GÓMEZ, Margarita: Forma y expedición del documento…, op. cit., p. 177. 21 dias»31 para adquirir el compendio lingüístico solicitado por la zarina de Rusia. Se trata de un Oficio fechado el 13 de noviembre de 1787, y del que se conserva en el expediente la minuta utilizada para ensayar su definitiva redacción. Los Oficios se caracterizaban por dos aspectos fundamentales: el primero, por ser documentos en los que ya el secretario de Estado y del Despacho hablaba por sí mismo; el segundo, por ser documentos breves y concisos, lo que los convertía en instrumentos ideales para las comunicaciones internas entre las distintas instituciones32. La siguiente noticia que poseemos acerca del inicio del expediente la encontramos en el extracto general33 que desde la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias se optó por realizar el 4 de septiembre de 1788. Los extractos generales eran documentos de carácter informativo, pero de gran importancia para entender los trámites de los negocios en las Secretarías de Estado y del Despacho durante el siglo XVIII. Eran realizados por los oficiales encargados de la gestión del expediente quienes, a veces, como aquí es el caso, dejaban plasmados su opinión personal sobre el negocio a tratar. En palabras de Margarita Gómez Gómez, «la finalidad de este instrumento burocrático era doble: por un lado, agilizaba el despacho de los negocios, pues al exponer breve y claramente lo esencial del expediente, evitaba la lectura de las largas y a veces pesadas redacciones dieciochescas; por otro lardo, ejercía un control administrativo de lo trabajado en la oficina, consignando todos los pasos burocráticos que afectaban a un documento desde su recibo en la Secretaría»34. En el margen del propio extracto general podemos apreciar la decisión que adoptó el secretario Antonio Porlier y Sopranis para resolver lo que hasta el momento se había generado. Se trata de una resolución adoptada el día 11 de septiembre de 1788, siete días después de la realización del extracto, y en la que disponía lo siguiente: «He dado cuenta a S. M. y ha resuelto que todos estos hallazgos se remitirán a mis poderes. Y venidos que sean de los países de donde se han pedido, junten, reconozcan y examinen antes de pasarlos en copias a la Corte de Rusia, lo que se executará después de bien vistos y dando antes cuenta al rey para su real permiso y aprobación; a cuio efecto se irá formalizando expediente comprhensivo de todo lo que se remita en fuerza de las órdenes expedidas en 13 de noviembre del año 87»35. 31 Documento 5. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 2c, fol. 10r y 10v). 32 Véase GÓMEZ GÓMEZ, Margarita: Forma y expedición del documento…, op. cit., p. 248. 33 Documento 9. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 6). 34 GÓMEZ GÓMEZ, Margarita: Forma y expedición del documento…, op. cit., p. 148. 35 Documento 10. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 6, fol. 22v y 23r). 22 Esta última resolución del secretario de Gracia y Justicia de Indias posee una noticia importante. Y es que, en ella, ordena que se formule un expediente para que se conserve en su interior toda la documentación generada en el proceso de recolección de libros impresos, manuscritos y vocabularios de las lenguas indígenas. Un expediente que, como principal vía utilizada para la resolución de los negocios administrativos, nació en España en tiempos de los Habsburgo, «cuando el desarrollo institucional de secretarías y oficinas y el aumento de negocios que les eran propios hizo necesario, entre otras muchas cosas, poner por escrito y conservar de forma adecuada las distintas actuaciones llevadas a cabo en su interior para la resolución de los asuntos»36. 2.1.2. Contestaciones por parte de las autoridades indianas. Hasta aquí llega el inicio del expediente. Ahora a continuación iremos narrando las respuestas dadas al negocio por parte de las distintas autoridades indianas desplegadas en el Nuevo Mundo. Y, como dijimos al inicio de este capítulo, iremos haciéndolo territorio por territorio, con el objetivo de conseguir exponer el tema con la mayor claridad posible. a) Virreinato de México. El virrey de México, Manuel Antonio Flórez, fue el primero en responder al encargo que le había hecho el secretario de Gracia y Justicia de Indias, para lo cual envió y suscribió una carta37 a Antonio Porlier y Sopranis, fechada en México a 5 de marzo de 1788. En ella, el primero comunicaba al segundo lo siguiente: «He recibido la Real Orden de 13 de noviembre del año próximo pasado (…) y habiendo ordenado lo conducente a que tenga cumplimiento lo resuelto por S. M., lo aviso a V. E. para su real noticia y que oportunamente participaré las resultas»38. No es hasta dos años más tarde cuando volvemos a tener noticias del virreinato de México; unas noticias que se encuentran plasmadas en una nota habida en el expediente, probablemente realizada por el oficial encargado del negocio, y que hay que interpretar para conocer su alcance. Y es que, el nuevo virrey de México, Juan Vicente de Güemes, debió enviar una carta39 a Antonio Porlier y Sopranis con la que adjuntaba cuatros libros. Y decimos que 36 GÓMEZ GÓMEZ, Margarita: «El expediente administrativo: origen y desarrollo constitucional», en: La jurisdicción contencioso-administrativa en España. Una historia de sus orígenes, Madrid, Consejo General del Poder Judicial-Centro de Documentación Judicial, 2009, p. 378. 37 Se trata de la carta número 58 que Manuel Antonio Flórez enviaba a Antonio Porlier y Sopranis. 38 Documento 6. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 3, fol. 11r). 39 Se trata de la carta número 161 que Juan Vicente Güemes enviaba a Antonio Porlier y Sopranis. 23 suponemos que debió enviarla porque dicha carta no se halla en el expediente. Pero sí se halla la nota de la que venimos hablando, la cual nos informa que con fecha de 27 de agosto de 1790, el virrey mexicano «remitió con [una] carta quatro libros de otras tantas lenguas»40. La aclaración a esta situación se encuentra en la propia nota, que nos informa que la carta del virrey mexicano «no se entregó a la mesa, ni tampoco el duplicado»41. Por tanto, y en resumidas cuentas, la nota del expediente nos informa que Juan Vicente de Güemes remitió una carta acompañada de cuatro libros en la fecha indicada, aunque la carta no se entregó al negociado de turno y no se halla en el expediente. Podemos decir, por tanto, que desde el virreinato de México únicamente se enviaron a España cuatros obras lingüísticas. Por datos indirectos conocemos los títulos de esas cuatro obras que remitió Juan Vicente de Güemes con su carta; y también sabemos que se guardaron en la biblioteca de la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia, Departamento de Indias. En el apartado dedicado al material lingüístico recopilado en las Indias y enviado a España volveremos sobre esta cuestión. b) Virreinato de Perú. Dos son las noticias que tenemos en el expediente acerca del virreinato de Perú. La primera de ellas está basada en la contestación que el virrey peruano, Teodoro de Croix, dio al negoció que le fue encargado por el titular de la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias, a quien le envió y suscribió una carta42, fechada en Lima a 28 de febrero de 1789, para informarle de lo siguiente: «He conseguido los libros que comprehende la adjunta lista y remito en esta propia ocasión con un cajoncito de madera forrado en lienzo y rotulado a V. E.; de ellos algunos no son de los pedidos, pero conciernen a un mismo obgeto y pueden dar luz en la materia, [por lo que] me ha parecido conveniente dirigirlos. Igualmente, remito a V. E. traducidas en las lenguas quechua y aymara las palabras castellanas de la lista nº 2»43. Como puede desprenderse de la información que aporta Teodoro de Croix, su carta iba acompañada de una serie de documentos, cuatro para ser más exactos, así como de un conjunto de libros impresos y manuscritos, algunos solicitados por la zarina y otros no, dando así cumplimiento al encargo que le fue encomendado por Antonio Porlier y Sopranis. 40 Documento 26. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 20, fol. 304r). 41 Ibid., fol. 304r. 42 Se trata de la carta número 66 que Teodoro de Croix enviaba a Antonio Porlier y Sopranis. 43 Documento 15. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 14, fol. 68r y 68v). 24 El primer documento que acompañaba a la carta era un informe elaborado, firmado y rubricado por José Joaquín Ávalos Chauca, capellán de la iglesia de Lima, fechado en la misma ciudad a 3 de septiembre de 1788. Se trata de un informe dirigido al virrey de Perú en el que José Joaquín Ávalos Chauca le informaba sobre las lenguas existentes en el territorio. Sostenía en él que eran cuatro las lenguas habladas en el virreinato del Perú: la lengua quechua, la lengua aimara, la lengua chimú y la lengua de Chile (el mapuche o mapudungun), informando a su vez que: «La primera [se utiliza] en la provincia de Cuzco y sus comarcas; la segunda en algunos pueblos que oy están cerca de la raya que divide este virreinato del de Buenos Aires; la tercera en Lambayeque y pueblos de la costa desde esa provincia hasta la de Puza, y la cuarta en el reyno de Chile»44. Sin embargo, aunque existían cuatro lenguas en el territorio de Perú, en un primer momento solo se realizaron y se enviaron a España las traducciones sobre dos: las lenguas quechua y aimara. Y para entender esto volvemos al informe del propio José Joaquín Ávalos Chauca, quien sostenía en él que las lenguas quechua y aimara eran muy cultas y expresivas, por lo que fue más fácil difundir la religión cristiana entre los indígenas que las hablaban. Es por ello por lo que en el Concilio de Lima, celebrado en el año 1582, se dispuso que los párrocos las utilizasen «en la administración del sacramento de la penitencia e instrucción de la doctrina cathólica»45. Por tanto, y en resumidas cuentas, podemos decir que eran cuatro las lenguas habladas en el virreinato de Perú, pero solo dos eran las utilizadas para la difusión del catolicismo, por lo que fueron precisamente sobre esas dos (quechua y aimara) sobre las que se confeccionaron en un primer momento las traducciones y se enviaron a España. Más tarde, como ya veremos, se enviaron las traducciones de otras lenguas. El segundo documento que acompañara con su carta el virrey de Perú era una copia certificada del expediente46 que se generó con motivo de la consecución del vocabulario en lengua castellana-aimara, así como de los posibles libros y manuscritos que se pudiesen encontrar en el territorio peruano. Una copia certificada que se encuentra fechada en Cuzco, a 25 de enero de 1789. Y contiene una rúbrica de validación, aunque no conocemos la persona que dio fe al asunto, entre otras cosas, porque no se especifica. En ella se relatan todos los pasos 44 Documento 15.1. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 14b, fol. 73r). 45 Ibid., fol. 72v. 46 Documento 15.2. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 14d. Posee una segunda signatura archivística, que es: A.G.I., Mp-Escritura_Cifra, 41). 25 administrativos que se dieron en la intendencia de Cuzco para la obtención del material lingüístico, y dichos pasos son los que a continuación vamos a ver. La copia certificada inserta en su interior hasta un total de cuatro documentos. Comienza, nunca mejor dicho, con la copia de una carta fechada en San Bernardo, a 8 de noviembre de 1788, y enviada por Ignacio de Castro —probablemente un religioso a juzgar por el contenido de la misma— al señor regente, gobernador e intendente de Cuzco, Bernardo José de Gamarra, con la que le informaba de lo siguiente: «Ignoro la lengua aymara, de modo que ni el mismo elemento suyo penetro (…). Para el pronto expediente de la traducción que se solicita podrá V. E. ocupar a don Tomás Sanches, cirujano reciente en esta ciudad y bien inteligente de aquel idioma (…). Entre los libros que menciona el papel nº 1, solo tengo noticia de la Gramática de González Holguín, que suele ser común en esta ciudad, como el Lexicon quechuanum, que es quizá el que suele correr en manos de los que estudian la lengua quechua»47. Ya en posesión de la carta que Ignacio de Castro le remitiera, el señor regente, gobernador e intendente de Cuzco, Bernardo José de Gamarra, emitió una resolución de trámite sobre qué hacer. Se trata de una resolución dada en Cuzco el 10 de noviembre de 1788, y que constituiría el segundo documento inserto. En ella, el intendente dispuso que: «En atención a lo que resulta del informe antecedente, pásese este expediente a don Tomás Sánchez, para que con su reconocimiento haga la traducción en lengua aymara»48. El tercer documento inserto es la propia traducción que realizara de forma manuscrita Tomás Sánchez, fechada en Cuzco a 23 de diciembre de 1788; una traducción que iba acompañada de un informe en el que hace una serie de referencias a categorías gramaticales para la correcta comprensión de la lengua. El cuarto y último documento inserto es ya la resolución definitiva dada al asunto, adoptada en la ciudad de Cuzco el día 3 de enero de 1789. Se trata de una resolución en la que Bernardo José de Gamarra dispuso lo siguiente: «Sáquese copia de lo actuado en este expediente desde mi decreto de dies de noviembre anterior, y remítase al excelentísimo señor virrey de estos reynos en contestación a la orden que está por cabeza de él»49. 47 Documento 15.2. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 14d, fol. 79r y 79v). 48 Ibid., fol. 79v. 49 Ibid., fol. 86r. 32 José Celestino Mutis y don Diego de Ugalde, prebendado de la iglesia de Cartagena, cuyo mérito tendrá S. M. presente»72. Sabemos con total certeza que esta Real Orden se expidió el día 19 de agosto de 1789. Y lo sabemos porque debajo de la resolución del secretario hay una nota de cumplimiento que nos informa de su validación y expedición por parte de la Secretaría, y que dice: «fho 19 dho»73. Esto en cuento a la primera parte de la resolución. La segunda parte hace referencia al lugar donde se guardarían y custodiarían los libros y manuscritos que trajo consigo a España Antonio Caballero y Góngora. Como bien puso de manifiesto el propio Antonio Porlier y Sopranis, eso sí, en nombre del rey, los libros y manuscritos se guardarían en la biblioteca de la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias. Y para que hubiera constancia del ingreso de tales ejemplares, se dispuso que se realizara una copia de su índice. Tenemos constancia que tal encargo fue realizado por un oficial, y lo sabemos por una nota que se encuentra al pie de la resolución del secretario de Gracia y Justicia de Indias que estamos analizando, y que dice: «se ha entregado también a S. E. copia de la lista»74. Esta nota, por tanto, nos informa que se realizó una primera copia con el índice de los libros y manuscritos para que permaneciera en la mencionada biblioteca; y, al mismo tiempo, nos informa que se realizó una segunda copia que fue entregada directamente a Antonio Porlier para su conocimiento. Siguiendo con la tramitación, una vez comunicado lo expresado por el rey a Antonio Caballero y Góngora, Antonio Porlier y Sopranis hizo lo mismo el día 21 de octubre de 1789, pero ahora al conde de Floridablanca. Hablamos que el secretario de Gracia y Justicia de Indias envió un Oficio —del que se conserva una minuta en el expediente— al titular de la Secretaría del Despacho de Estado para informarle del gran esmero desempeñado por Diego de Ugalde en la recolección de libros impresos y copia de vocabularios y manuscritos. Además, le comunicaba que, en un principio, el rey había decidido tener su mérito en cuenta pero que, poco tiempo después, resolvió premiarle con la gracia de concederle una «media ración en la iglesia-catedral de Córdoba»75. Antonio Caballero y Góngora, una vez enterado que el monarca —por estos momentos ya Carlos IV— había decidido conceder a Diego de Ugalde la gracia de la media ración por la 72 Documento 20. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 10, fol. 34v). 73 Documento 21. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 9, fol. 30r). 74 Documento 22. (Ibid., fol. 30r). 75 Documento 23. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 11, fol. 36v). 33 iglesia-catedral de Córdoba, remitió una carta al secretario de Gracia y Justicia de Indias, dada en Madrid a 25 de octubre de 1789, para darle sus «más expresivas gracias, suplicándole las haga también presente a su majestad»76. Con esta carta se da por concluida la nutrida documentación referente a Antonio Caballero y Góngora, pero todavía no se da por concluido lo concerniente a Nueva Granada. Y es que, el nuevo virrey neogranadino, José de la Ezpeleta, envió y suscribió una carta77 a Antonio Porlier y Sopranis que entronca directamente con la Real Orden que este último le enviara el 21 de octubre de 1789, con la que le ordenaba que obtuviera, copiara y enviara a España el Vocabulario de la lengua sáliba, y el Arte de la lengua sáliba; argumento que ya lo mencionamos con anterioridad78. Recapitulemos. Con motivo de informarse desde el virreinato de Nueva Granada de la existencia de los manuscritos acabados de mencionar y no haberse podido enviar a España, Antonio Porlier, tras una resolución favorable del rey, envió una Real Orden a José de la Ezpeleta —sucesor en el cargo de Francisco Gil y Lemos— transmitiéndole la decisión del monarca, consistente en que consiguiera y enviara a España los ejemplares citados. Pues bien, esta carta del virrey neogranadino que ahora a continuación vamos a tratar no es más que la contestación a esa Real Orden. Se trata de una carta fechada en Santa Fe, a 19 de noviembre de 1790. Y en ella el virrey de Nueva Granada informaba de lo siguiente al secretario de Gracia y Justicia de Indias: «En cumplimiento de lo que me precisó V. E. por Real Orden de 21 de octubre del año anterior, pedí al presidente provincial de Agustinos Recoletos el Diccionario de la lengua sáliba (…). Después de algunos meses ha venido el diccionario, cuyo enbío ha padecido nuestra dilación porque ha sido necesario trasladarlo con mejor letra por ser malísima en la que venía escrito; y aunque no es buena en la que va a manos de V. E., [se lo envío] junto con el Arte de la lengua [sáliba] y un pequeño catecismo de la Doctrina christiana [en lengua sáliba] para la enseñanza de aquellos indios»79. José de la Ezpeleta, por tanto, acompañó su carta con tres documentos. El primero de ellos era un libro manuscrito en formato cuarto, que contenía el Arte de la lengua sáliba según el méthodo más fácil a que se pudo reducir el idioma después de muchas correcciones80. En la portada de este manuscrito se nos informa del dónde y el cuándo fue realizado: «fecho 76 Documento 24. (A G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 12, fol. 37r y 37v). 77 Se trata de la carta número 98 que José de la Ezpeleta enviaba a Antonio Porlier y Sopranis. 78 Consúltese la cita 70. 79 Documento 27. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 16, fol. 88r y 88v). 80 Documento 27.1. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 16b. Posee una segunda signatura archivística, que es: A.G.I., Mp-Escritura_Cifra, 43). 34 en el pueblo de San Miguel de Macuco, en 15 de julio de este presente año de 1790»81. Ahora bien, no se nos informa de su autor material. El segundo documento adjunto también era un manuscrito en formato cuarto, que contenía el Diccionario de la lengua sáliba en los Llanos de Santiago de la Atalaya y Río Meta82. Este manuscrito no presenta fecha de producción, ni tampoco aparece reflejado quién fue su autor material. El tercer y último documento adjunto, para no romper la tónica, era otro libro manuscrito en formato cuarto. Este otro contenía la Doctrina christiana en lengua que llaman sáliba83. Y al igual que ocurre con el Diccionario de la lengua sáliba, este manuscrito no posee fecha de producción, y tampoco nos informa de quién fue su autor material. Con este último envío de material lingüístico se da por concluido lo concerniente al virreinato de Nueva Granada. d) Virreinato de Buenos Aires. Del virreinato de Buenos Aires apenas tenemos noticias; es más, fue el único territorio al que se le encomendó la recolección de libros impresos, manuscritos y vocabularios que no remitió absolutamente nada a España. La única noticia que poseemos acerca de este territorio es la carta84 que el virrey, Nicolás Cristóbal del Campo, envió y suscribió a Antonio Porlier, fechada en Buenos Aires a 6 de marzo de 1788. En esa carta, el virrey indiano expresaba que: «Con oficio de V. E. de 13 de noviembre último, he recibido una lista de libros que solicita la emperatriz de Rusia y otra de varias vozes de que desea saber esta soberana la traducción de todos los idiomas de estos dominios. Y, en consecuencia del encargo que se sirve V. E. hacerme, despacho orden circular para [su] consecución»85. Parece ser que había plena disposición en el virreinato de Buenos Aires para cumplir con el negocio encomendado, pero no hubo resultado alguno. 81 Documento 27.1. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 16b, fol. 118r). 82 Documento 27.2. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 16a. Posee una segunda signatura archivística, que es: A.G.I., Mp-Escritura_Cifra, 42). 83 Documento 27.3. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 16c. Posee una segunda signatura archivística, que es: A.G.I., Mp-Escritura_Cifra, 44). 84 Se trata de la carta número 36 que Nicolás Cristóbal del Campo enviaba a Antonio Porlier y Sopranis. 85 Documento 7. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 4, fol. 13r). 35 e) Gobernación de Filipinas. El gobernador de Filipinas, Félix Berenguer de la Marquina, envió y suscribió una carta86 a Antonio Porlier para dar así constatación a la Real Orden que éste le enviara encargándole el negocio de recopilar una serie de libros impresos, manuscritos y vocabularios de las lenguas indígenas del Nuevo Mundo. Se trata de una carta fechada en Manila, a 25 de noviembre de 1788, y con la que el gobernador filipino le informaba de la remisión de los «vocabularios y traduccion[es] de voces que se le encargaron»87. La carta se encuentra por duplicado en el expediente, e iba acompañada de una serie de documentos: cinco para ser más exactos. Ahora bien, de esos cinco documentos, cuatro se correspondían con traducciones de lenguas indígenas; unas traducciones que fueron elaboradas de forma manuscrita. El primer documento adjunto era una «lista de los vocabularios de varios idiomas de estas Islas Filipinas y del Japón, como también de las colecciones de determinadas voces castellanas traducidas a distintos idiomas del país»88. La lista está fechada en Manila, a 20 de diciembre de 178889, y está rubricada por el gobernador filipino. El segundo documento era la traducción en lengua castellana-tagalog90. Este vocabulario no posee fecha de producción, ni tampoco se menciona en él quién fue su autor material. El tercer documento era el vocabulario en lengua castellana-bicol91. Este vocabulario no posee fecha de producción, ni tampoco aporta datos sobre su autor. El cuarto documento era una doble traducción realizada en lengua castellana-cagayán92 y en lengua castellana-pangasinán93. Para no romper con la tónica, tampoco conocemos su fecha de producción, ni tampoco el nombre de su autor. El quinto y último documento era un vocabulario múltiple, realizado en lengua castellana-bisaya, el idioma hablado en la isla de Mindanao y de Bohol, y en lengua castellana-zámbala94. Un vocabulario del que también se desconoce su autor, así como su fecha de producción. 86 Se trata de la carta número 4 que Félix Berenguer de la Marquina enviaba a Antonio Porlier y Sopranis. 87 Documento 13. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 13, fol. 38r). 88 Documento 13.1. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 13a, fol. 40r). 89 Aquí se debió producir un error de escritura por parte del redactor, puesto que es más lógico que su fecha de producción hubiese sido el 20 de noviembre de 1788 a juzgar por la fecha de expedición de la carta antecedente. 90 Documento 13.2. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 13b. Posee una segunda signatura archivística, que es: A.G.I., Mp-Escritura_Cifra, 35). 91 Documento 13.3. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 13c. Posee una segunda signatura archivística, que es: A.G.I., Mp-Escritura_Cifra, 36). 92 Documento 13.4. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 13d, fol. 50-53. Posee una segunda signatura archivística, que es: A.G.I., Mp-Escritura_Cifra, 38). 93 Documento 13.4. (Ibid., fol. 54-57. Posee una segunda signatura archivística: A.G.I., Mp-Escritura_Cifra, 37). 94 Documento 13.5. (Ibid., fol. 58-65. Posee una segunda signatura archivística: A.G.I., Mp-Escritura_Cifra, 39). 36 Con la remisión de este material lingüístico que adjuntara con su carta el gobernador Félix Berenguer de la Marquina, se daba por cumplida en la gobernación de Filipinas la orden que le trasmitiera el secretario de Gracia y Justicia de Indias. f) Gobernación de Guatemala. Bernardo Troncoso, presidente de la Real Audiencia y gobernador de Guatemala, también se puso en contacto con Antonio Porlier y Sopranis para responderle al negocio que éste le encomendara. Le envió una carta95 con la que le comunicaba lo siguiente: «No fue dable por exquisitas diligencias que se practicaron en esta real universidad, ni en ninguna otra parte, los expresados libros, pues absolutamente [no] se tiene noticia de todos, ni alguno o algunos de ellos; y solo sí de un diccionario manuscrito que se halla en poder del provincial de San Francisco (…), cuya copia se omitió (…). La traducción de las voces en cuantos idiomas de indios se conocen en este reyno, y comprendida [en] la citada lista acompañada nº 2, se encierra en el adjunto testimonio, cuio trabajo y diligencias practicadas para su consecución espero que sean de la aprobación de V. E.»96. Se trata de una carta que se encuentra fechada en Guatemala, a 12 de marzo de 1790. Y presenta la firma sin rúbrica de Bernardo Troncoso. Una carta, por tanto, que nos informa de dos hitos importantes: el primero de ellos es que no se habían podido localizar y, por lo tanto, enviar a España los libros y manuscritos solicitados; el segundo hito importante es que tanto los vocabularios como los pasos administrativos dados para su obtención se enviaron a España en forma de copia certificada. Una cosa queremos mencionar antes de entrar en el análisis de la copia certificada. Bernardo Troncoso era el presidente-gobernador de Guatemala cuando remitió a España, junto con su carta, los vocabularios recopilados en dicho territorio, elaborados todos ellos de forma manuscrita. Pero la recopilación íntegra de los mismos corrió a cargo del anterior presidente de la Real Audiencia y gobernador de Guatemala, José Estachería y Hernández. Así pues, podemos decir que la recopilación de todos y cada uno de los vocabularios por parte de las autoridades en las que delegó José Estachería generó un amplio expediente97; un expediente cuya copia certificada se remitió a España para que se tuviera constancia ya no solo de los vocabularios en sí, sino del proceso de elaboración y obtención de los mismos. Se trata, 95 Se trata de la carta número 4 que Bernardo Troncoso remitía a Antonio Porlier y Sopranis. 96 Documento 25. (A.G.I., Indiferente, 1342A, doc. 17, fol. 161r y 161v). 97 Documento 25.1. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 17a. Posee una segunda signatura archivística, que es: A.G.I., Mp-Escritura_Cifra, 45. 37 por tanto, de un expediente de expedientes, es decir, hablamos de un expediente que inserta en su interior la copia de otros expedientes, cuatro para ser más exactos. Llegados a este punto, pues, vamos a pasar a analizar, como se le denomina en su portada, el «testimonio del expediente sobre el cumplimiento de Real Orden para la traducción de vocablos y remisión de libros»98. Ahora bien, lo acontecido en la gobernación de Guatemala presenta una alta complejidad, sobre todo a la hora de su explicación. Es por ello por lo que hemos optado por disponer esta narración en dos partes bien diferenciadas; partes que también pueden apreciarse claramente en el expediente. Primera parte La Real Orden, junto con las adjuntas listas de libros impresos, manuscritos y vocabularios a obtener que enviara Antonio Porlier y Sopranis a Guatemala, fue vista en el palacio de la Audiencia, a 17 de marzo de 1788. José Estachería, ante ello, emitió una primera resolución de trámite ese mismo día, en la que sostenía que la carta fuera «al señor fiscal con las copias acompañadas»99. El oidor fiscal, de nombre Sebastián Antonio de Talavera, respondió a dicho trámite en Guatemala, a 27 de marzo de 1788, lo siguiente: «El fiscal de su magestad dice que V. S. podrá mandar se guarde, cumpla y execute esta Real Orden y que al efecto se pasen tres Oficios al rector de la Universidad de San Carlos de esta ciudad y [a los] reverendos padres provinciales de Santo Domingo y San Francisco, acompañándoles a cada uno copias de la lista de libros y colección de vocablos adjunta (…); [con el fin de que] procuren acopiar los exemplares de libros que se piden y, consultando con los cathedráticos de lengua matrices de este continente, pong[an] el equivalente a las voces castellanas que se apuntan»100. Seguidamente, en el palacio de la Audiencia, a 28 de marzo de 1788, José Estachería resolvió de forma definitiva este primer trámite para decir: «guárdese, cúmplase y execútese esta Real Orden como dice el señor oydor fiscal»101. El mismo José Estachería fue el encargado de validar los tres Oficios que con fecha de 11 de abril de 1788 fueron enviados al rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala, así como a los padres provinciales de Santo Domingo y de San Francisco para la recopilación de libros, manuscritos y vocabularios. Y esto lo sabemos —a falta de fuentes directas 98 Documento 25.1. (A. G. I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 17a, fol. 163r). 99 Ibid., fol. 168v. 100 Ibid., fol. 168v y 169r. 101 Ibid., fol. 169r. 38 en el expediente— porque los vocabularios enviados desde la Real Universidad de San Carlos, desde el convento de San Francisco y desde el convento de Santo Domingo lo hacen a su persona, y en uno de ellos —para que sirva de ejemplo— se argumenta, refiriéndose a José Estachería: «en cumplimiento de orden que V. S. se sirvió comunicarme con fecha de once de abril de este año…»102. Con la expresión «este año» se referían al año en curso, esto es, 1788. A continuación nos encontramos ya inserto en la copia certificada el primer expediente103, generado con motivo de la adquisición de vocabularios en las lenguas castellanakiche (quiché), castellana-eaechiquel (cakchiquel) y castellana-jutuhil (tzutujil)104. Estos tres vocabularios fueron remitidos desde el convento de San Francisco de Guatemala, junto con una carta, el día 28 de junio de 1788 por fray Juan José López a José Estachería. En esa carta le comunicaba al presidente-gobernador de Guatemala lo siguiente: «Remi[to] la lista de los nombres puestos en las lenguas cachiquel, quiché y sutugil, que son las tres que saven mis religiosos (…). De los diccionarios que se solicitan, ninguno he hallado; de la lengua cachiquel, o [de] Guatemala, tengo un copioso diccionario pero como es original y manuscrito, no me pareció oportuno entregarlo porque nos quedaríamos sin este original que haría falta en todo este arzobispado»105. A juzgar por el contenido de su carta, fray Juan José López no debió de ser el traductor de las lenguas, sino que, probablemente, era el prior superior del convento y fue el encargado de enviarlas. Por tanto, no conocemos el nombre de los autores materiales de las traducciones, ni tampoco sus fechas de creación. Además, y atendiendo también al contenido de su carta, el convento de San Francisco de Guatemala no aportó ninguna obra lingüística solicitada. A la llegada de este expediente a la presidencia, el presidente-gobernador de Guatemala, José Estachería, emitió una resolución de trámite, dada en el palacio de la Audiencia a 3 de julio de 1788, para decir: «póngase con los antecedentes y en estado al señor fiscal»106. La copia inserta de un segundo expediente107 precede al anteriormente visto. Se trata del expediente generado con objeto de la consecución del vocabulario en lenguas castellanaquiché, castellana-cachi (cakchiquel) y castellana-poconchi (poqomchí)108. Las traducciones fueron remitidas por fray Carlos Cadena, junto con una carta, a José Estachería desde el con- 102 Ibid., fol. 192v. 103 Ibid., fol. 169v-181r, (entre las dichas páginas discurre la copia del primer expediente). 104 Ibid., fol. 169v-180v. 105 Ibid., fol. 180v y 181r. 106 Ibid., fol. 181r. 107 Ibid., fol. 181v-193r, (entre estas páginas discurre la copia del segundo expediente). 108 Ibid., fol. 181v-192v. 39 vento de Santo Domingo de Guatemala, el 2 de agosto de 1788. En su carta ponía de manifiesto lo siguiente: «Acompaño a V. S. el adjunto papel en que van puestos, en los idiomas que se hablan en los pueblos de esta provincia que están al cargo de mi religión, los vocablos que en castellano se contiene en el papel número segundo (…). Los libros que expresa [la lista] número primer[a], ninguno se halla ni en las librerías que tiene los conventos de mi provincia ni en las particulares que los religiosos tienen a uso»109. Atendiendo a su propio argumento, dos cosas debemos decir. La primera de ellas es que fray Carlos Cadena debía de ser el prior superior del convento de Santo Domingo y el encargado de enviar las traducciones a José Estachería; él no debió de ser el ejecutor de las mismas. Esta situación nos lleva a desconocer los nombres de las personas que tradujeron las lenguas, al igual que tampoco sabemos en qué fecha se realizaron. La segunda cosa está aún más clara: en las dependencias del convento de Santo Domingo de Guatemala no se halló ninguno de los libros y manuscritos solicitados. A la llegada de este expediente a las dependencias presidenciales, José Estachería emitió una resolución de trámite dada en el palacio de la Audiencia, a 8 de agosto de 1788, para sostener: «pónganse con los antecedentes y en estado al señor fiscal»110. El tercer expediente111 inserto en la copia certificada es un poco más dinámico y complejo. Todo su contenido radica en torno a la actuación acontecida en la Real Universidad de San Carlos de Guatemala. Sin embargo, en primer lugar se relata la actuación llevada a cabo por el rector Juan de Santa Rosa y Ramírez, y, en segundo lugar, se relata la actuación llevada a cabo por su sucesor en el cargo, Manuel Ángel de Toledo. Empezando con la actuación del rector Juan de Santa Rosa y Ramírez, sabemos que en la Real Universidad de San Carlos de Guatemala, a 19 de abril de 1788, tomó una decisión con respecto al Oficio que le mandara José Estachería el 11 de abril de 1788, para decir: «Pásese esta lista a nuestro bibliotecario para que, con presencia del índice alfabético, informe si entre los libros que se hallasen a su cargo se encuentran los comprehendidos en la citada, procediendo a ello con la maior exactitud y brevedad posible»112. 109 Ibid., fol. 192v y 193r. 110 Ibid., fol. 193r. 111 Ibid., fol. 193r-220r, (entre las mencionadas páginas discurre la copia el tercer expediente). 112 Ibid., fol. 194r. 40 Dio fe a esta actuación del rector Esteban José Pérez, prior superior de la universidad. Ante ello, el bibliotecario, de nombre José Mariano Villavicencio, realizó un informe en el que sostuvo lo siguiente: «Registrado con la maior solicitud y eficacia el yndice alfabético de esta biblioteca, y después de haber hecho de todo en un prolijeo escrutinio, no he encontrado alguna de las obras mencionadas»113. El informe está fechado en la Real Universidad de San Carlos de Guatemala, a 21 de abril de 1788. Por tanto, en la mencionada universidad no se encontraron los libros y manuscritos solicitados. Hasta aquí hemos narrado todo lo que aconteció durante el rectorado de Juan de Santa Rosa y Ramírez; ahora continuaremos narrando lo acontecido bajo el rectorado de su sucesor en el cargo, Manuel Ángel de Toledo. El nuevo rector envió una carta a José Estachería, fechada en Nueva Guatemala a 5 de diciembre de 1788, para comunicarle todo lo sucedido bajo su potestad en relación a la recopilación del material lingüístico solicitado. Dos puntos importantes de información poseía esta carta. En el primero de ellos, Manuel Ángel de Toledo informaba a su remitente que «registrada con la maior exactitud la biblioteca de esta universidad, no se encontró uno siquiera de los exemplares que se solicitan como lo acredita la razón puesta por el bibliotecario»114. En segundo lugar, Manuel Ángel de Toledo informaba a José Estachería que por no haber en la universidad «cathedráticos de lengua (…), consult[é] sobre [ello] a los curas más versados en el ydioma de los yndios de este arzobispado; de quienes solo ha podido lograrse (…) tres diferentes lenguas: pocomán, populaca y cakquichel»115. Esta aclaración nos informa, a su vez, de dos importantes hitos: el primero de ellos radica en que la carta del rector iba acompañada de tres traducciones que a continuación vamos a ver; el segundo hito radica en que las traducciones fueron realizadas por miembros eclesiásticos y no por miembros de la universidad. La primera traducción a la que vamos a aludir fue la realizada en lengua castellanacakchiquel116. Hablamos en este caso de un vocabulario realizado por el cura Joaquín de Paredes, y cuya fecha de producción fue el día 23 de mayo de 1788, en Tecpanguatemala. 113 Ibid., fol. 194r y 194v. 114 Ibid., fol. 219r y 219v. 115 Ibid., fol. 219v y 220r. 116 Ibid., fol. 213r-218v. 41 La segunda traducción hace referencia a la lengua castellana-pocomán117, que iba acompañada de un informe puramente lingüístico para su mejor comprensión. No se nos informa en el expediente de la fecha de creación de esta traducción, ni tampoco de su autor. La tercera y última traducción que acompañara con su carta Manuel Ángel de Toledo era en la lengua castellana-pupulaca (populaca)118; una traducción que iba acompañada de un informe en el que se especificaban unas meras anotaciones lingüísticas para su correcta comprensión. Para este vocabulario tampoco conocemos su autor ni su fecha de creación, puesto que el expediente no nos informa de ello. A la llegada de este amplio expediente a poder de José Estachería, éste resolvió de trámite lo siguiente: «únase a los antecedentes y al señor oidor fiscal»119. La decisión del presidente-gobernador de Guatemala fue tomada en el palacio de la Audiencia, a 6 de diciembre de 1788. Llegados a este punto es conveniente poner de relieve que los tres Oficios que envió José Estachería el 11 de abril de 1788 al rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala, y a los padres provinciales de Santo Domingo y de San Francisco para la recopilación de libros impresos, manuscritos y vocabularios, ya habían dado sus frutos; es decir, sus destinatarios habían asumido el encargo y habían remitido todo aquello que pudieron recopilar. Pero la cosa no quedó ahí, puesto que siguió reclamándose más material lingüístico. Segunda parte En este contexto, el cuarto expediente inserto120 se inicia cuando de nuevo el señor oidor fiscal, Sebastián Antonio de Talavera, mandó una carta a José Estachería, fechada en Nueva Guatemala a 22 de diciembre de 1788, para comunicarle lo siguiente: «Aún no se halla cumplida la Real Orden que le govierna y en que manda su magestad se traduzcan las voces del papel número segundo en todos los idiomas de este país que sea posible, de los cuales tiene entendido el que expone haver mucha diversidad en la provincia de Chiapa; y aún en los pueblos que fueron a cargo en esas doctrinas de la religión de la Merced, siendo regular también que algunos religiosos del colegio de propaganda Fide entiendan lo que hablan los yndios de su pacificación. Y V. S. se sirva mandar se pasen Oficios como los anteriores a los reverendos padres provinciales de la Merced y guardián del Colegio para la traducción de aquellos (…). Y que se libre despacho con inserción de las dos listas al señor inten- 117 Ibid., fol. 194v-205v. 118 Ibid., fol. 207r-212v. 119 Ibid., fol. 220r. 120 Ibid., fol. 220v-295r, (entre las citadas páginas discurre la copia del cuarto expediente). 48 «los libros que se citan no existen en esta biblioteca, ni resulta que hayan venido a ésta»152. El entonces nuevo secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia, Pedro Antonio de Acuña y Malvar, emitió al respecto una resolución de trámite con la que ordenaba que se comunicara lo sucedido «a Cerdá, para que diga dónde paran»153. Hasta el momento no nos habíamos encontrado en el expediente con ningún decreto o resolución de trámite adoptada directamente por el secretario, ésta es la primera. No es lo mismo una resolución de trámite que una resolución definitiva. Es más, una resolución definitiva adoptada por el secretario de Estado y del Despacho, ya fuera solo en el desempeño de sus funciones o junto al rey, daba por concluido una parte de la tramitación del expediente o, incluso, el expediente al completo. Sin embargo, las resoluciones de trámite eran adoptadas por los secretarios cuando el expediente no estaba completo y se necesitaba recaudar información o antecedentes al respecto. Por lo tanto, estas resoluciones de trámite «implicaban un mandato de índole burocrático e informativo, que debían ser obedecidas por el oficial encargado del expediente en cuestión»154 sin que por ello se diera por concluido el expediente o una parte del mismo. Así pues, todavía en el dorso de su primera nota, el señor Francisco J. Cerdá y Rico respondió al secretario lo siguiente: «Está muy trascordado el bibliotecario: los puse yo por mi mano en los caxones de la librería; cabalmente están frente por frente de la mesa del page de bolsia, de suerte que habiendo trabajado en ella dicho bibliotecario [Ventura Palacios], no podría levantar los ojos sin verlos»155. Pedro Antonio de Acuña y Malvar emitió ya al respecto, podemos considerarla así, la definitiva resolución a dicho trámite; una resolución dirigida hacia el señor Francisco J. Cerdá y Rico y con la que le ordenaba lo siguiente: «Dígase si estos libros están presentes en la librería y si las voces que remite podrán servir para la utilidad pública»156. A esta resolución definitiva del secretario contestó el señor Francisco J. Cerdá y Rico afirmativamente, además de comunicarle que: 152 Documento 29. (Ibid., fol. 297v). 153 Documento 30. (Ibid., fol. 297v). 154 GÓMEZ GÓMEZ, Margarita: Forma y expedición del documento…, op. cit., p. 152. 155 Documento 31. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 18, fol. 297v). 156 Documento 32. (Ibid., fol. 299r). 49 «Estos libros se pidieron con motivo de haverlos solicitado la emperatriz de Rusia (…); el señor marqués de Bajamar [resolvió] que se conservasen en la librería por ser extremadamente raros y que si se reclamasen, entonces se haría presente a S. M. para que fuese de su real agrado»157. De forma seguida al conjunto de notas que acabamos de ver, e imbricada con ellas, nos encontramos con la minuta de una lista158 en la que se citan todos los libros impresos y manuscritos que fueron enviados desde las Indias a España con motivo del negocio encomendado159. Probablemente, con la confusión dada y acabada de narrar, el personal de la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia, Departamento de Indias, debió realizar una lista para que constase en ella el título de todas las obras que se hallaban en la biblioteca. De este conjunto de libros impresos y manuscritos que se remitieron a España hablaremos a continuación, en el siguiente capítulo. 157 Documento 33. (Ibid., fol. 299r). 158 Documento 34. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 19). 159 Todos menos los tres manuscritos relacionados con la lengua sáliba. 50 2.2. Esquema-guión del expediente. 2.2.1. Área de identificación. Código de referencia. ES.41091.AGI/23.15.1372//Indiferente, 1342A Título atribuido. Expediente generado con motivo de la petición que la emperatriz de Rusia, Catalina II, realizó en 1785 al rey de España, Carlos III, con el objetivo de que éste le proporcionara un conjunto de libros impresos, manuscritos y vocabularios relacionados con lenguas nativas del Nuevo Mundo. Fechas extremas. Fecha de creación: [c] 1787-10-09. [Madrid] / 1792-10-30. Madrid. Fecha de formación: [f] 1787-10-09. [Madrid] / 1792-10-30. Madrid. Organismos productores - Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias (1787-1790). - Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia, Departamento de Indias (1790-1972). Nivel de descripción Unidad documental compuesta Volumen y soporte 1 expediente, que contiene: - 1 hoja [octavo]. Papel. - 97 hojas [cuarto]. Papel. - 206 hojas [folio]. Papel. 51 2.2.2. Área de contenido y estructura. 1.- CARTA. José Moñino Redondo, conde de Floridablanca, secretario del Despacho de Estado, comunica a Antonio Porlier y Sopranis, marqués de Bajamar, secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias, que la emperatriz de Rusia desea adquirir una serie de libros impresos, manuscritos y vocabularios de las lenguas indígenas del Nuevo Mundo. Firma y rubrica el conde de Floridablanca. San Ildefonso, 9 de octubre de 1787. 2.- RESOLUCIÓN DEL SECRETARIO DE GRACIA Y JUSTICIA DE INDIAS. (Al margen de la carta, documento 1). «Expídanse Reales Órdenes a los virreyes de México, el Perú, Santa Fe y Buenos Aires, y al gobernador de Filipinas y presidente de Guatemala, acompañándoles copias del índice nº 1 y nº 2 remitidos por la vía de Estado para que, valiéndose de las personas más instruidas y prácticas de las lenguas que corran en sus respectivos territorios, procuren por su medio adquirir uno o dos ejemplares de las obras comprehendidas en el índice nº 1 y los bayan remitiendo a mis manos. Y que del propio modo conviertan en las voces correspondientes a dichas lenguas el catálogo de las que se incluye en la nota nº 2. Y que todo se vaya igualmente remitiendo a mis manos, esperando S. M. que esta diligencia se practique con la mayor exactitud y, asimismo, con toda la brevedad posible». San Lorenzo, 6 de noviembre de 1787. 3.- REAL ORDEN. Antonio Porlier y Sopranis, marqués de Bajamar, secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias, ordena en nombre del rey a los virreyes de México, Perú, Santa Fe (Nueva Granada) y Buenos Aires, así como al presidente-gobernador de Guatemala y al gobernador de Filipinas, que traduzcan una lista de palabras castellanas en cuantos idiomas indígenas puedan, y que consigan una serie de libros impresos y manuscritos solicitados por la emperatriz de Rusia. (Contiene extracto al dorso). San Lorenzo, 13 de noviembre de 1787. (Minuta). 52 Adjunta: 3.1.- LISTA DE LIBROS IMPRESOS Y MANUSCRITOS. Lista de libros impresos y manuscritos que se desean conseguir de los dominios españoles en el Nuevo Mundo. S. F. (Minuta). 3.2.- LISTA DE PALABRAS. Lista de palabras castellanas que se desean traducir a todas las posibles lenguas indígenas de los dominios españoles en el Nuevo Mundo. S. F. (Minuta). 4.- NOTA DE CUMPLIMIENTO Y EXPEDICIÓN. (Al pie de la resolución, documento 2). «Fho en 13 dho», (rúbrica). 5.- OFICIO. Antonio Porlier y Sopranis, marqués de Bajamar, secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias, informa a José Moñino Redondo, conde de Floridablanca, secretario del Despacho de Estado, que ha remitido una orden en nombre del monarca a los virreyes de México, Perú, Nueva Granada y Buenos Aires, así como al presidente-gobernador de Guatemala y al gobernador de Filipinas, para la consecución de lo solicitado por la emperatriz de Rusia. [Madrid], 13 de noviembre de 1787. (Minuta). 6.- CARTA. Manuel Antonio Flórez, virrey de México, informa a Antonio Porlier y Sopranis, marqués de Bajamar, secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias, de la 53 recepción y acatamiento de su orden. Firma y rubrica el propio Manuel Antonio Flórez. (Contiene extracto al margen del texto y al dorso). México, 5 de marzo de 1788. 7.- CARTA. Nicolás Cristóbal del Campo, marqués de Loreto, virrey de Buenos Aires, informa a Antonio Porlier y Sopranis, marqués de Bajamar, secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias, haber recibido su orden y que se pondrá en marcha para cumplir con el mandato recibido. Firma y rubrica el propio Nicolás Cristóbal del Campo como «marqués de Loreto». (Contiene extracto al margen del texto y al dorso). Buenos Aires, 6 de marzo de 1788. 8.- CARTA. Antonio Caballero y Góngora, arzobispo de Bogotá y virrey de Nueva Granada, informa a Antonio Porlier y Sopranis, marqués de Bajamar, secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias, haber recibido su orden y su predisposición a acatarla; informa, además, que el doctor don José Celestino Mutis, presbítero y director de la Real Expedición Botánica de Santa Fe, tiene constancia de dos importantes manuscritos que no se recogen en la inicial solicitud de la emperatriz de Rusia: la Gramática y diccionario de la lengua chibcha o mosca y el Diccionario de la lengua achagua. Firma y rubrica el propio Antonio Caballero y Góngora. (Contiene extracto al margen y al dorso). Turbaco, 29 de mayo de 1788. Adjunta: 8.1.- CARTA. José Celestino Mutis, presbítero y director de la Real Expedición Botánica de Santa Fe, informa a Zenón Alonso, secretario del virreinato de Nueva Granada, que tiene constancia de la existencia de importantes obras que hablan de la lingüística indígena, sobre todo del Diccionario de la lengua chibcha o mosca. Pide licencia para que, ayudado por el padre Anselmo Álvarez y por el señor Diego de Ugalde, secretario de Cámara del arzobispo de Bogotá y virrey de Nueva Granada, Antonio Caballero y Góngora, pueda hacer copias de las obras más importantes y remitirlas a España. 54 Mariquita, 3 de marzo de 1788. (Copia certificada por Zenón Alonso, secretario del virreinato de Nueva Granada). 8.2.- CARTA. José Celestino Mutis, presbítero y director de la Real Expedición Botánica de Santa Fe, informa a Zenón Alonso, secretario del virreinato de Nueva Granada, que ha recibido una carta de Diego de Ugalde, secretario de Cámara del arzobispo de Bogotá y virrey de Nueva Granada, Antonio Caballero y Góngora, en la que le comunica que ha encontrado el Diccionario de la lengua achagua, obra que daba por perdida y de la que también sería de su agrado hacer una copia y remitirla a España si le conceden la pertinente licencia. Mariquita, 3 de abril de 1788. (Copia certificada por Zenón Alonso, secretario del virreinato de Nueva Granada). 9.- EXTRACTO GENERAL CON NOTA OPINATIVA. Extracto general del expediente que resume todos los documentos recibidos y generados hasta la fecha; e incluye una nota opinativa del oficial encargado del negocio que dice así: «Si fuese del agrado de V. E., podrá pasarse copia de la carta del virrey y de las dos de Mutis al señor conde de Floridablanca para que tenga noticia del proceso de la diligencia encargada por S. M.». [Madrid], 4 de septiembre de 1788. 10.- RESOLUCIÓN DEL SECRETARIO DE GRACIA Y JUSTICIA DE INDIAS. (Al margen del extracto general, documento 9). «He dado cuenta a S. M. y ha resuelto que todos estos hallazgos se remitirán a mis poderes y, venidos que sean de los países de donde se han pedido, junten, reconozcan y examinen antes de pasarlos en copias a la Corte de Rusia, lo que se executará después de bien vistos y dando antes quenta al rey para su real permiso y aprobación; a cuio efecto se irá formalizando expediente comprhensivo de todo lo que se remita en fuerza de las órdenes expedidas en 13 de noviembre del año 87. Y se contestará el aviso del virrey de Santa Fe». [Madrid], 11 de septiembre de 1788. 55 11.- CARTA. Antonio Porlier y Sopranis, marqués de Bajamar, secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias, remite escrito a Antonio Caballero y Góngora, arzobispo de Bogotá y virrey de Nueva Granada, informándole que el monarca Carlos III, enterado de las obras lingüísticas tan importantes que posee José Celestino Mutis, presbítero y director de la Real Expedición Botánica de Santa Fe, da licencia a éste para que haga las copias necesarias de las obras más importantes que posea y las envíe a España. (Contiene extracto al dorso). San Ildefonso, 12 de septiembre de 1788 (Minuta). 12.- NOTA DE CUMPLIMIENTO Y EXPEDICIÓN. (Al pie de la resolución, documento 10). «Fho 12 dho». 13.- CARTA. Félix Berenguer de la Marquina, gobernador de Filipinas, contesta la Real Orden que Antonio Porlier y Sopranis, marqués de Bajamar, secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias, le enviara el 13 de noviembre de 1787, y le informa de la remisión a España de los vocabularios solicitados por la emperatriz de Rusia. Firma y rubrica Félix Berenguer de Marquina. (Contiene extracto al margen y al dorso). Manila, 25 de noviembre de 1788. (Por duplicado). Adjunta: 13.1.- LISTA DE VOCABULARIOS Y TRADUCCIONES. Lista en la que se citan las diferentes lenguas en las que se han traducido las palabras castellanas. Rubrica Félix Berenguer de la Marquina. Manila, 20 de diciembre de 1788. (Por duplicado) 56 13.2.- VOCABULARIO. Vocabulario en lengua castellana-tagalog. S. F. 13.3.- VOCABULARIO. Vocabulario en lengua castellana-bicol. S. F. 13.4.- VOCABULARIOS. Vocabularios en lengua castellana-cagayán y castellana-pangasinán. S. F. 13.5.- VOCABULARIOS. Vocabularios en lengua castellana-bisaya y castellana-zámbala. S. F. 14.- CARTA. Francisco Gil y Lemos, nuevo virrey de Nueva Granada, comunica a Antonio Porlier y Sopranis, marqués de Bajamar, secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias, que será su antecesor en el cargo, Antonio Caballero y Góngora, una vez jubilado de del mismo, el encargado de llevar consigo a España todos los libros y manuscritos que de ámbito lingüístico se han recopilado hasta la fecha en el territorio de Nueva Granada por José Celestino Mutis y su equipo ayudante. Firma y rubrica Francisco Gil y Lemos. (Contiene extracto al dorso del documento). Cartagena, 30 de enero de 1789. (Por duplicado). 15.- CARTA. El virrey de Perú, Teodoro de Croix, informa a Antonio Porlier y Sopranis, marqués de Bajamar, secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias, que ha conse- 57 guido algunos de los libros solicitados por la zarina y otros no solicitados por aquélla, así como la traducción de las palabras castellanas en las lenguas quechua y aimara. Firma y rubrica el propio Teodoro de Croix como «caballero de Croix». (Contiene extracto al margen). Lima, 28 de febrero de 1789. Adjunta: 15.1.- INFORME. José Joaquín Ávalos Chauca, capellán de la iglesia de Lima, remite un informe sobre las lenguas existentes en el virreinato peruano a Teodoro de Croix, virrey de Perú. Firma y rubrica José Joaquín Ávalos Chauca. Lima, 3 de septiembre de 1788. 15.2.- VOCABULARIO. Teodoro de Croix, virrey de Perú, envía a Antonio Porlier y Sopranis, marqués de Bajamar, secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias, copia certificada del expediente generado con motivo de la adquisición del vocabulario en lengua castellana-aimara, (rúbrica). Cuzco, 25 de enero de 1789. (Copia certificada). 15.3.- LISTA DE LIBROS IMPRESOS Y MANUSCRITOS. Lista con todos aquellos libros impresos y manuscritos que desde el virreinato de Perú se enviaron a España. Rubrica Varea. Lima, 28 de febrero de 1789. (Por duplicado). 15.4.- VOCABULARIO. Vocabulario en lengua castellana-quechua. S. F. 64 3. EL MATERIAL LINGÜÍSTICO: LIBROS IMPRESOS, MANUSCRITOS Y VOCABULARIOS Como acabamos de ver, el tema central del expediente, es decir, lo que motivó su creación, fue la petición que la emperatriz de Rusia, Catalina II, le hiciera en 1785 a Carlos III para que le proporcionara una serie de libros impresos, manuscritos y vocabularios referentes a las lenguas indígenas del Nuevo Mundo. Una petición que, indudablemente, aceptó el monarca hispano. Por lo tanto, creemos conveniente dedicar un apartado del presente trabajo a analizar qué palabras se pretendían traducir y en cuántas lenguas se tradujeron, así como cuántas obras lingüísticas se pretendían conseguir y cuáles se consiguieron. 3.1. Libros impresos y manuscritos. Como se ha podido ver a lo largo del análisis del expediente, las obras lingüísticas, algunas impresas y otras manuscritas, fueron llegando a España en diferentes tandas, provenientes de diferentes territorios indianos y de la mano de diferentes personas. Algunas de las obras inicialmente solicitadas llegaron, otras no lo hicieron por no hallarse o no encontrarse en las Indias. En todo caso, sí que se remitieron obras que no habían sido solicitadas por la emperatriz de Rusia, pero que se consideraban de suma importancia por los propios contemporáneos de la época. En este apartado, precisamente, pretendemos analizar el conjunto de libros impresos y manuscritos que se pretendían conseguir de las Indias y los que finalmente se consiguieron; así como llevar a cabo un rastreo para averiguar qué ha sido de esas obras, es decir, pretendemos conocer si se han conservado en el tiempo y, en el caso de haya sido así, conocer el lugar físico donde actualmente se guardan y custodian los ejemplares venidos directamente de las Indias a España. Comenzaremos hablando de las obras lingüísticas que se pretendían conseguir inicialmente a petición de Catalina II; unas obras expuestas en la lista número uno que el secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias, Antonio Porlier y Sopranis, enviara, junto con una Real Orden, a las autoridades indianas. De acuerdo a la transcripción literal de la lista, se pretendían conseguir los siguientes volúmenes: 65 - «T. D. Bejarano. Vocabulario de pampango en romance. Manila, 1732, et al. - J. de Moreda y P. de San Lucar. Vocabulario de la lengua tagala. Manila, 1754, en fol. - Fr. Pareja. Grammatica timuquana. México, 1614. - A. De Olmos. Diccionario y grammatica de la lengua mexicana. - P. L. Ruiz del Corral. Vocabularium panomanum. - A. Ruiz de Montoya. Grammatica guayana. Madrid, 1639, en 8º. — Lexicon guayanum. Madrid, 1640. - D. González Holguín. Grammatica quichuana. Lima, 1607, en 4º. — Lexicon quichuanum. Lima, 1608, en 4º. - L. de Valdivia. Grammatica et lexicon milcayar. - E. Vega. Grammatica et lexicon maromisir. - L. Bertonio. Grammatica de la lengua aymara. Rome, 1603, en 8º. - L. Figuero. Grammatica brasiliana. Lussab, en 12º. - D. Collado. Grammatica japoniensum y lengua. Rome, 1632, en 4º. — Dictionarium japoniensum. Rome, 1632, 4º»160. Como bien puede apreciarse, una parte importante de los ejemplares solicitados inicialmente eran libros impresos en ciudades de América y Filipinas, y el que hubiera tantos libros impresos en las Indias tiene su explicación. Debemos tener en cuenta que la conquista militar hispana del Nuevo Mundo llevó aparejada la evangelización en la fe cristiana de los pueblos indígenas. Sin embargo, desde un inicio los misioneros católicos comprendieron que una de las mayores dificultades a las que se enfrentaban para la efectiva evangelización de los indígenas era el problema lingüístico, ya que las lenguas habladas por los nativos, además de ser muy variadas, eran muy difíciles de comprender para ellos. Para resolver este problema lingüístico, los misioneros católicos pusieron en práctica desde el principio una estrategia muy clara: comenzaron a aprender las lenguas nativas, ya fuera a través de su estudio en las universidades, o a través de la confección de múltiples vocabularios, artes de las lenguas (gramáticas) y catecismos en lenguas indígenas, todo ello con su equivalencia a la lengua castellana. Su finalidad consistía en predicar de esta forma la religión cristiana a través de sus propias lenguas, con el objetivo de integrar así a los pueblos nativos en la cristiandad y, de paso, someterlos a la autoridad española. En este sentido se ex- 160 Documento 3.1. (Transcripción literal del siguiente documento: A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 2a). 66 presa Marina Garone Gravier, quien defiende que la evangelización de América giró en torno a las lenguas indígenas, puesto que eran el principal vehículo de comunicación161. No es de extrañar, por tanto, que las necesidades de evangelización hacia los pueblos indígenas motivara la implantación de imprentas en las Indias, siendo la ciudad de México el primer territorio en albergar una en la temprana fecha de 1539. Pero ésta no fue la única imprenta en las Indias, porque en el mismo siglo XVI surgió, por ejemplo, otra más, la de Lima en el año 1583. Imprentas que se fueron multiplicando y diversificando con el paso del tiempo por todo el territorio del Nuevo Mundo, publicando gran cantidad de libros relacionados con las lenguas nativas que ayudaron a los misioneros católicos en sus tareas de evangelización. Por otra parte, algunas de las obras inicialmente solicitadas tenían una relevancia importante, como por ejemplo la obra de Andrés de Olmos, Diccionario y gramática de la lengua mexicana, que, según la autora Marina Garone Gravier, «fue la primera gramática americana escrita en lengua indígena»162. O también podemos destacar la obra de Antonio Ruiz de Montoya, La gramática guaraní163, que según la misma autora fue «una de las ediciones más antiguas que se realizaron en lengua guaraní»164. Analizada la lista de libros impresos y manuscritos que se pretendían conseguir en un principio, a continuación vamos a pasar a ver y tratar las obras que se reunieron en las Indias y se enviaron a España, muchas más de las inicialmente solicitadas. Y este análisis lo plantearemos territorio por territorio, aunque solo fue en tres virreinatos en los que la recopilación de obras lingüísticas fue fructífera. a) Virreinato de Nueva Granada. El virreinato más prolifero y el que más obras aportó a la causa fue el de Nueva Granada: hasta un total de dos remesas de libros impresos y manuscritos llegó a remitir a nuestro país. La primera de ellas llegó de la mano de Antonio Caballero y Góngora en agosto de 1789, quien, una vez jubilado de su cargo de arzobispo de Bogotá y virrey de Nueva Granada, regresó a España y trajo consigo un total de 21 obras. Ahora bien, la persona que estuvo al frente de la empresa para la obtención y recolección de esas 21 obras fue el gaditano José Celestino Mutis, aunque —todo hay que decirlo— 161 GARONE GRAVIER, Marina: «Cultura impresa colonial en lenguas indígenas: una visión histórica y regional». Ensayos. Historia y teoría del arte, Nº 18, 2010, p. 107. 162 Ibid., p. 120. 163 En la lista de libros a obtener en las Indias se expresaba el título de esta obra como La gramática guayana, pero se produjo un error al citarla. El libro que se esperaba recopilar de este autor era La gramática guaraní, que fue la única lengua indígena sobre la que trabajó y sobre la que publicó esta obra en Madrid, en 1639. Lo mismo ocurre con el Lexicon guayanum, que se corresponde con el Vocabulario en lengua guaraní, publicado en 1640. 164 GARONE GRAVIER, Marina: «Cultura impresa colonial en lenguas indígenas…», op. cit., p. 136. 67 fue ayudado por el clérigo Diego de Ugalde y por el padre Anselmo Álvarez. El autor Valentín Moreno Gallego llama a este conjunto de obras como «la colección Mutis»165. Hablamos de una persona, esto es, José Celestino Mutis, que, desde su llegada al virreinato de Nueva Granada, mostró siempre un gran interés por la recopilación de fuentes relacionadas con las lenguas nativas del lugar. Y, en este contexto, la petición que Catalina II le hiciera a Carlos III le proporcionó la ayuda institucional que necesitaba para volcarse con el tema y obtener este conjunto importante de obras que a continuación vamos a comentar. «Libros impresos 1. Vocabulario de la lengua general de todo el Perú, llamada quichua o del inca. Su autor: Diego González Holguín, de la extinguida compilada, natural de Cáceres. Lima, 1608, en 8º. — Ítem: Gramática y arte nuebo de la misma lengua, por el mismo autor. Lima, 1607, en 4º. 2. Arte de la lengua general del reino de Chile, con vocabulario hispano-chileno, y un calepino chileno-hispano. Su autor: el padre Andrés Febres, de la extinguida compilada. Impreso en Lima en 1765, 1 tomo en 8º. 3. Doctrina Christiana y catecismo, compuesto por autoridades del concilio provincial de Lima de 1583; y traducido por la misma en las dos lenguas generales de este reyno: quichua y aymara. Lima, 1584, en 4º. 4. Manual de los Santos Sacramentos en el idioma de michoacán. Su autor, Juan Martínez de Araujo. México, 1690, en 4º. 5. Arte de la lengua maya. Su autor: fray Gabriel de San Buenaventura, franciscano. México, 1684, en 4º. 6. Arte del idioma maya y semilexicon yucateco. Su autor: fray Pedro Beltrán de Santa Rosa María. México, 1746, en 4º. 7. Gramática de la lengua general del nuebo reyno llamada mosca. Su autor: fray Bernardo de Lugo, de la Orden de Predicadores. Madrid, 1619, en 8º (duplicado). 8. Breve instrucción o arte para entender la lengua común de los indios según se habla en la provincia de Quito. Lima, 1753, en 8º. Libros manuscritos 1. Un cuaderno en 4º papel de marca: Gramática, confesión y vocabulario de la lengua moscachibeha, idioma general de los yndios de Bogotá en el nuebo reyno de Granada, copiado de los únicos 165 MORENO GALLEGO, Valentín: «La Real Biblioteca y sus fondos americanistas: guía de fuentes» [en línea], p. 14. Consultado en fecha: 02/04/2016. Disponible su consulta online en el catálogo web de la Real Biblioteca: http://www.realbiblioteca.es/index.php/es/taxonomy/term/22. Artículo publicado originalmente en: Lope de Barrientos. Seminario de Cultura, 2, 2009, pp. 105-140. 68 manuscritos originales que conserba don José Celestino Mutis. No se sabe su autor, aunque se puede inferir: lo fue el padre José Dadey, de la dicha compilada y uno de los primeros que vinieron a fundar el colegio de Santa Fe. El mismo cuaderno en papel ordinario y que se copió como borrador de dichos manuscritos para que sirviesen después al copiante en limpio. 2. Otro cuaderno en 4º y papel de marca: Vocabulario mosco, sacado del otro manuscrito original de don José Celestino Mutis. Este parece ser aún más antiguo que el antecedente y tampoco se sabe ciertamente su autor. El mismo cuaderno en papel ordinario copiado como borrador para que sirbiese al copiante en limpio. 3. Arte y vocabulario de la lengua achagua, compuesto de lo que trabajaron los padres Alonso de Neyra y Juan de Rivero de la dicha compilada, copiado de un manuscrito que existe en la Real Biblioteca pública de Santa Fé. Un quaderno en 4º, papel de marca. El mismo en papel común, en 8º. 4. Vocabulario de la lengua que usan los indios de estas misiones (del colegio de propaganda de Popayán): es la ceona. Cuaderno en 4º, papel de marca. El mismo en papel común. 5. Diccionario de la lengua andaquí de dichas misiones, en 4º, papel de marca; con otro igual en papel común. 6. Ydioma de la provincia de Páez, sacado por Eugenio del Castillo, puesto en limpio en la misma conformidad. Otro en papel común y un pliego de unos pocos términos del ydioma de la nación murciélaga o huaque. 7. Traducción de las voces castellanas de la lista nº 2º en lengua motilona, y un Diccionario corto de español a motilón en forma de abecedario. — Ítem. Un catecismo para la instrucción de los yndios coyamos, sabriles, chagues y anatomos. 8. La misma traducción de voces de la lista nº 2º en lengua de los yndios guayamos. 9. La misma traducción de voces en las lenguas otomaca, taparita y yarura. Otra en la del inca. 10. Vocabulario español a caribe en su original, compuesto por el padre fray Martín Taradell, capuchino de las misiones de la Guayana; con la doctrina Christiana, conjugaciones y un racionamiento, etc., papel en 4º. 11. Breve compendio de nombres sustantivos y adjetivos o términos más comunes y necesarios para entender la lengua pariagota por el abecedario, con algunas advertencias. Es original, en 4º. 12. Frases y modos de hablar traducidos en lengua guarauna. Cuaderno original bastante maltratado. 13. Vocabulario corto para la lengua arauca»166. Los 21 ejemplares que desde el virreinato de Nueva Granada llegaron a España sabemos con total certeza, tras la sistemática búsqueda realizada, que se conservan actualmente en 166 Documento 18.1. (Transcripción literal del siguiente documento: A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 9a). 69 la Real Biblioteca del Palacio Real de Madrid167. Pero además de esta agrupación de libros impresos y manuscritos, sabemos de la existencia de dos publicaciones contemporáneas, concretamente del siglo XX, con las que se pretendían dar a conocer y difundir los contenidos de esa «colección Mutis» de la que habla Valentín Moreno. Estas dos obras contemporáneas también se conservan en la Real Biblioteca de Madrid. La primera de ellas es del año 1914, cuando los señores Manuel Remón Zarco del Valle y Juan G. López-Valdemoro, bajo los seudónimos de Espinosa y Quesada respectivamente, confeccionaron y publicaron un catálogo de todos los libros y manuscritos recopilados por José Celestino Mutis encuadrados bajo el título: Lenguas de América: catálogo bibliográfico de XXI manuscritos existentes en la Real Biblioteca168. Sin embargo, este catálogo no pasó de ser una simple y elemental noticia bibliográfica en la que se daban cita 21 libros y manuscritos relacionados con las lenguas nativas del Nuevo Mundo. Por ello, en 1924 el rey Alfonso XIII, informado de la importancia de tales obras, dio orden para que se publicaran y se difundiera su contenido. En 1928, por consiguiente, vio la luz una obra que llevaba por título: Lenguas de América. Manuscritos de la Real Biblioteca, Tomo I169. Un primer tomo en el que se publicaron hasta un total de ocho de las 21 obras pertenecientes a la «colección Mutis». Desafortunadamente, a este primer tomo no le siguió ningún otro. Y la obra quedó inconclusa. En cualquier caso, el ya mencionado Valentín Moreno Gallego afirma que estas obras relacionadas con las lenguas indígenas del Nuevo Mundo y recopiladas por José Celestino Mutis son «un verdadero tesoro dentro de los fondos americanistas de la Real Biblioteca, y un ejemplo del interés hispano por preservar para el futuro uno de los elementos capitales de las culturas indígenas: su lengua»170. El segundo envío que se realizó desde el virreinato de Nueva Granada, en este caso solo de libros manuscritos de cuyos autores no conocemos el nombre, se ejecutó en tiempos del virrey José de la Ezpeleta, quien envió una carta a España el 19 de noviembre de 1790, adjuntando con ella tres volúmenes que se conservan, éstos sí, en el Archivo General de Indias, y cuyos títulos son: 167 Para más información acerca de estas obras se puede consultar el catálogo de la página web de la Real Biblioteca, disponible online en: http://realbiblioteca.patrimonionacional.es/ 168 Para más información sobre esta obra, consúltese el catálogo de la página web de la Real Biblioteca, disponible online en: http://realbiblioteca.patrimonionacional.es/ 169 Para más información referente a esta obra se puede consultar el catálogo de la página web de la Real Biblioteca, disponible online en: http://realbiblioteca.patrimonionacional.es/ 170 MORENO GALLEGO, Valentín: «La Real Biblioteca y sus fondos americanistas…», op. cit., p. 16. 70 - El «Arte de la lengua sáliba según el méthodo más fácil a que se pudo reducir el idioma después de muchas correcciones»171. - El «Diccionario de la lengua sáliba en los Llanos de Santiago de la Atalaya y Río Meta»172. - La «Doctrina christiana en lengua que llaman sáliba»173. b) Virreinato de Perú. El virreinato de Perú también fue un territorio en el que la recopilación de material lingüístico dio sus frutos. En este sentido, el virrey peruano, Teodoro de Croix, remitió a España dos remesas de libros impresos y manuscritos, cumpliendo así con el negocio que le fue encargado por Antonio Porlier y Sopranis. El primer envío fue realizado el 28 de febrero de 1789, enviándose, de acuerdo a la transcripción literal de la lista en la que se mencionaban, un total de ocho ejemplares, que fueron: - «La gramática quichuana, del padre Diego González Holguín. Impresa en Lima en 1607, en 4º. — El lexicon quichuanum, del mismo autor. Impreso en Lima en 1608, en 4º, reunidos ambos en un tomo. - La gramática aymara, del padre Ludovico Bertonio. Reimpresa en la provincia de Chucuyto el año de 1612, en 8º (por duplicado). — El vocabulario de la dicha lengua aymara, por el mismo autor, en 4º. - Gramática y diccionario de la lengua mosca (por duplicado). - Ídem de la lengua chilena (por duplicado). - Nueva edición de la gramática quichuana, del padre Torres Rubio. Hecha en Lima el año de 1754, en 8º. - La doctrina Christiana formada o traducida en lengua quichua, por el licenciado Bocanegra, en 4º. - Los evangelios con los sermones del doctor Dávila, en folio»174. Comprobar la ubicación de estas obras ha sido más complicado. Los siguientes ejemplares venidos de las Indias que a continuación vamos a exponer se conservan actualmente en la Real Biblioteca: La gramática aymara, El vocabulario de la lengua aymara, Gramática y 171 Documento 27.1. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 16b. Posee una segunda signatura archivística, que es: A.G.I., Mp-Escritura_Cifra, 43). 172 Documento 27.2. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 16a. Posee una segunda signatura archivística, que es: A.G.I., Mp-Escritura_Cifra, 42). 173 Documento 27.3. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 16c. Posee una segunda signatura archivística, que es: A.G.I., Mp-Escritura_Cifra, 44). 174 Documento 15.3. (Transcripción literal del siguiente documento: A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 14a). 71 diccionario de la lengua mosca175. Por su parte, hemos hallado los ejemplares del autor Diego González Holguín, concretamente las obras La gramática quichuana y El lexicon quichanum, en la Biblioteca Nacional de España176. Debemos tener en cuenta que José Celestino Mutis recopiló estas mismas obras, que fueron enviadas a España y cuyos ejemplares se conservan a día de hoy, como ya explicamos antes, en la Real Biblioteca. Por tanto, con esto queremos decir que, probablemente debido a la duplicidad de ejemplares, los que enviara el virrey peruano ingresaron en la Biblioteca Nacional, lugar donde actualmente se encuentran. Esto no es más que una hipótesis a la que hemos llegado tras un exhaustivo análisis de los catálogos webs de la Real Biblioteca y de la Biblioteca Nacional de España. Para dilucidar esta hipótesis habría que acudir físicamente a la sede de estos organismos y analizar las entradas de volúmenes para corroborar la hipótesis o desmentirla. Por otra parte, también hemos hallado en la Biblioteca Nacional de España el ejemplar venido del Nuevo Mundo y cuyo título es: Arte y vocabulario de la lengua quichua general de los indios de el Perú (en referencia a la Nueva edición de la gramática quichuana del padre Torres Rubio)177, obra que no ha sido hallada en la Real Biblioteca. Desconocemos, sin embargo, el paradero actual de Los evangelios con los sermones del doctor Dávila, La doctrina Christiana formada o traducida en lengua quichua y La Gramática y diccionario de la lengua chilena. El segundo envío de obras lingüísticas que realizara el virrey de Perú con destino a España, concretamente a las dependencias de Antonio Porlier, se materializó en Lima, a 5 de julio de 1789. En esta ocasión, Teodoro de Croix remitió «en un cajoncito de madera forrado en lienzo y rotulado a V. E. tres Artes: los dos de la lengua general de aquel reyno [de Chile] y el otro de la quichua, que son los únicos que se han podido encontrar»178. Entendemos que cuando el virrey peruano menciona en su carta los dos «Artes de la lengua general de Chile», podría estar refiriéndose a la obra que escribiera el autor Andrés Febres, incluyendo la gramática y el vocabulario de dicha lengua; obra cuyo título completo hemos visto en la remisión de obras de Nueva Granada. Pero como no aporta datos relevantes para su identificación, no podemos afirmar con claridad de qué obras se trataban, aspecto que nos dificulta su búsqueda. Y, de igual modo, entendemos que Teodoro de Croix, con el «Arte 175 Para más información acerca de estas obras se puede consultar el catálogo de la página web de la Real Biblioteca, disponible online en: http://realbiblioteca.patrimonionacional.es/ 176 Para más información en relación a estas obras se puede consultar el catálogo de la página web de la Biblioteca Nacional de España, disponible online en: http://www.bne.es/es/Inicio/ 177 Para más información acerca de esta obra, véase el catálogo de la página web de la Biblioteca Nacional de España, disponible online en: http://www.bne.es/es/Inicio/ 178 Documento 16. (A.G I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 15, fol. 87r y 87v). 72 de la lengua quechua», podría estar refiriéndose al vocabulario y gramática de la misma lengua; obras que equivaldrían a las de Diego González Holguín descritas anteriormente en referencia a la remisión de obras lingüísticas desde Nueva Granada, y que también fueron aportadas por el virrey peruano en su primer envío. Pero, al igual que antes, el virrey no aporta datos significativos para su identificación, por lo que no podemos saber claramente de qué obra se trataba, dificultándonos este hecho su búsqueda. En todo caso, y como bien puede apreciarse, la gran mayoría de obras lingüísticas que se enviaron desde Perú a España estaban relacionadas con la lengua quechua, lo que nos da una idea de su importancia en dicho territorio. A lo largo del análisis del trabajo ya dijimos que el quechua era una de las lenguas oficiales utilizadas por los religiosos para evangelizar a los indígenas del virreinato peruano. Y en esta misma línea se expresa también Marina Garone Gravier, quien sostiene que a la llegada de los españoles al lugar, el quechua era la lengua más extendida entre las distintas etnias que conformaban el Imperio inca, por lo que la Iglesia católica primó su uso sobre otras lenguas del territorio y acabó difundiéndose a regiones en donde nunca antes se había hablado179. En base a ello, no es de extrañar que la mayoría de obras remitidas desde Perú tuvieran que ver con esta lengua dada su relevancia. c) Virreinato de México. Junto al virreinato de Nueva Granada y el de Perú, el otro territorio indiano que remitió a España obras lingüísticas fue el virreinato de México. Precisamente fue su virrey, Juan Vicente de Güemes, quien recopiló y envió a España un total de cuatro libros impresos. Ahora bien, en cuanto al virreinato de México se refiere, el escenario se presenta un tanto más ambiguo, motivo que a continuación analizamos. En el conjunto del expediente no se encuentra ningún documento ni ninguna lista en la que se expresen los ejemplares enviados desde México. Pero sí que se encuentra una nota, probablemente realizada por el oficial mexicano encargado del negocio, que nos ayuda a entender el proceso. Y es que, en la nota se nos informa que el virrey de México envió una carta al secretario Antonio Porlier el día 27 de agosto de 1790, con la que «remitió quatro libros de otras tantas lenguas»180. El problema radica en que, como bien nos vuelve a poner la nota de manifiesto, la «carta no se entregó a la mesa, ni tampoco el duplicado»181. Por tanto, como la 179 GARONE GRAVIER, Marina: «Cultura impresa colonial en lenguas indígenas…», op. cit., p. 130. 180 Documento 26. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 20, fol. 304r). 181 Ibid., fol. 304r. 73 carta no se entregó al negociado para su gestión, no se halla en el expediente y, en principio, no podríamos saber cuáles fueron los libros enviados desde México. Sin embargo, al final del expediente se encuentra la minuta182 de una lista en la que se citan todos y cada uno de los libros impresos y manuscritos que desde las Indias vinieron a España con motivo de este negocio; unos ejemplares que se guardaron, en primer lugar, en la biblioteca de la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias, y, posteriormente, en la biblioteca de la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia, Departamento de Indias183. Pues bien, realizando una comparación entre todos los ejemplares que en los virreinatos de Nueva Granada y Perú se recopilaron y enviaron a España con la mencionada lista, se puede apreciar que en esta última hay anotados cuatros títulos más; curiosamente, las cuatro obras que desde el virreinato de México se remitieron a nuestro país, y que fueron: - Francisco Pareja: Arte y pronunciación de la lengua timuquana. México, 1614. - Jacinto Esquivel: Vocabulario de Japón, declarado primero en portugués por los padres de la Compañía de Jesús de aquel reyno y agora en castellano en el Colegio de Santo Thomás de Manila. Manila, 1630. - Diego Galdo de Guzmán: Arte mexicano. México, 1641. - Melchor Oyanguren de Santa Inés: Arte de la lengua japona. México, 1738, en 4º. De estas cuatro obras que desde el virreinato de México se enviaron a España para satisfacer el negocio de recolección de material lingüístico solo se conserva, a juzgar por los catálogos webs de las instituciones españolas, el Vocabulario de Japón, que se encuentra actualmente en la Real Biblioteca184. Los demás ejemplares, algunos realmente importantes debido a que trataban de lenguas indígenas de especial relevancia en el Nuevo Mundo, como por ejemplo el Arte mexicano, no se conservan. Marina Garone Gravier nos informa de la importancia de dicha lengua, para lo cual defiende que a la llegada de los españoles a México, el náhuatl (mexicano) era una de las lenguas más habladas por los indígenas que constituían el núcleo principal del Imperio azteca, llegando a convertirse en el habla general de gran parte del territorio mesoamericano185. Una pena que no se conserve, entre otros, este libro. 182 Documento 34. (A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1, doc. 19). 183 Todos excepto los tres manuscritos relacionados con la lengua sáliba, que se depositaron directamente en el interior del expediente. Y, al no guardarse en la biblioteca de dicha Secretaría, no aparecen reflejados en la lista. 184 Para más información acerca de esta obra se puede consultar el catálogo de la página web de la Real Biblioteca, disponible online en: http://realbiblioteca.patrimonionacional.es/ 185 GARONE GRAVIER, Marina: «Cultura impresa colonial en lenguas indígenas…», op. cit., p. 120. 80 Las lenguas nativas del Nuevo Mundo en las que se tradujeron este conjunto de palabras castellanas fueron las que a continuación se expresan: tagalog, bicol, cagayán, pangasinán, bisaya y zámbala en relación a la gobernación de Filipinas; quechua y aimara pertenecientes al virreinato de Perú; sáliba187 perteneciente al virreinato de Nueva Granada; y quiché, cakchiquel, tzutujil, cakchí, pocoman, poqomchí, populuca, chol, tzotzil, tzendal, chanabal, zoque, subinha, chiapaneca, mam, cabécar, viceyta, lean, mulia y térraba en referencia a la gobernación de Guatemala y, por extensión, al virreinato de México. Todas estas traducciones —la gran mayoría— venidas directamente de las Indias a España se conservan actualmente en el expediente estudiado, esto es, en última instancia, en el Archivo General de Indias de Sevilla188. Ahora bien, existen otras traducciones que no se conservan actualmente en el Archivo General de Indias. Si volvemos a la lista de libros impresos y manuscritos que José Celestino Mutis consiguió reunir y enviar a España189, se puede apreciar que algunos manuscritos son precisamente traducciones de lenguas indígenas pertenecientes al territorio de Nueva Granada. Unas traducciones que forman parte de la «colección Mutis» y que, como ya se expresó en su momento, se conservan actualmente en la Real Biblioteca. Estas traducciones de las que estamos hablamos están realizadas en las siguientes lenguas indígenas: mosca, andaquí, ceona, caribe, arauca, achagua, motilona, guayana, otomaca, taparita y yarura. En definitiva, la singularidad de este conjunto de vocabularios radica en que la mayoría de los pueblos representados en ellos perviven en la actualidad, y aunque lamentablemente algunas etnias no han sobrevivido, estos documentos constituyen una fuente primaria insustituible para el estudio de su cultura y su lengua190. 187 La traducción en lengua sáliba presenta una singularidad propia. Y es que, más que llevarse a cabo la traducción de las 444 palabras castellanas que se solicitaban, se realizó para esta lengua un amplio diccionario que se conserva en el expediente estudiado, y que presenta una traducción mucho más completa y con muchas más palabras que el resto de lenguas. 188 A lo largo de la exposición del trabajo hemos expresado las dos signaturas archivísticas con las que cuenta cada traducción en el Archivo General de Indias. Y, para una mayor información, todas las traducciones están digitalizadas en el Portal de Archivos Españoles (PARES). El lector que así lo desee puede utilizar la segunda signatura archivística que hemos expresado cada vez que hemos citado las traducciones y puede acudir a su consulta a través de la siguiente dirección web: http://pares.mcu.es/ 189 Consúltese la cita 166. 190 MINISTERIO DE EDUCACIÓN, CULTURA Y DEPORTE [página web]. Vocabularios de lenguas del Nuevo Mundo [en línea], Madrid, 2015. Consultado en la siguiente fecha: 12/08/2016. Disponible su consulta online en la siguiente dirección web: http://www.mecd.gob.es/cultura-mecd/areas-cultura/archivos/mc/registromemoria-unesco/2015/vocabulario-lenguas-nuevo-mundo.html 81 Imagen 4. Vocabulario en lengua castellana-bicol. 82 Imagen 5. Vocabulario en lengua castellana-cagayán. 83 Imagen 6. Vocabulario en lengua castellana-pangasimán. 84 Imagen 7. Vocabulario en lengua castellana-tagalog. 85 Imagen 8. Vocabulario en lengua castellana-quechua. 86 Imagen 9. Vocabulario en lengua castellana-aimara. 87 Imagen 10. Vocabulario en lengua castellana-térraba. 88 3.3. ¿Qué pasó con el material lingüístico recopilado en el Nuevo Mundo? Analizados ya los libros impresos, manuscritos y vocabularios recopilados en las Indias, es ahora el momento de estudiar qué ocurrió con ese material una vez que llegó a España, es decir, pretendemos saber si finalmente se cumplió el cometido para el que fueron reunidos, esto eso, realizar copias sobre los ejemplares y ser enviadas a la Corte de Rusia para satisfacer así la petición de Catalina II. Sabemos que entre los años 1786 y 1789, Peter Simon Pallas publicó en una primera edición toda la información recaudada de las diferentes lenguas del mundo en listas de mera comparación lingüística (vocabularios). El título exacto que se le dio a la obra fue: Linguarum totius orbis vocabularia comparativa augustissimae cura collecta, a P. S. Pallas digesta. La obra, que como bien indica Julio Calvo Pérez, fue desafortunadamente mandada quemar después, incluía datos de 149 lenguas del continente asiático y 51 lenguas del continente europeo, sin que se hallasen en su interior lenguas ni del continente africano ni del continente americano191. En la misma línea se expresa el autor Antonio Tovar Llorente, quien sostiene que en la primera edición de Pallas «no hay nada de lenguas americanas»192. Todo ello nos lleva a deducir una cosa muy clara y concreta: España no cumplió con su encargo. Tal vez deberíamos matizar la cuestión y decir que no cumplió a medias; es decir, España sí que mandó orden a sus delegados en las Indias para que recopilasen la información solicitada por la emperatriz, unos datos que, efectivamente, llegaron a nuestro país pero que España nunca remitió a Rusia, actuación que intentaremos explicar a que se debió. Siguiendo la teoría de Julio Calvo Pérez, parecer ser que la idea de Catalina II de confeccionar un diccionario universal se centró inicialmente en las lenguas habidas en sus dominios y en otros lugares de Europa y Asia próximos a él, por lo que, una vez que decidió ampliar su proyecto e introducir en él a todo tipo de lenguas, realizó una petición a España para conseguir fuentes sobre lenguas indígenas del Nuevo Mundo un poco tarde193, casi al mismo tiempo que Peter Simon Pallas, entre 1786 y 1789, publicaba los primeros resultados obtenidos. Esto provocó, indudablemente, que el material reunido en las Indias no llegara a tiempo para esa primera publicación, no llegando tampoco los resultados para la segunda edición que entre 1790 y 1791 preparara Theodor Jankievitch de Mirievo. 191 CALVO PÉREZ, Julio: «El proyecto de Catalina II y la corona española…», op. cit., p. 170. 192 TOVAR LLORENTE, Antonio: «Hervás y las lenguas indias…», op. cit., p. 2. 193 Véase su argumento en: CALVO PÉREZ, Julio: «El proyecto de Catalina II y la corona española…», op. cit., p. 170. 89 Entre 1790 y 1791, efectivamente, Jankievitch de Mirievo publicó una segunda edición de la obra de Pallas. Lo curioso de la situación es que en esta obra «sí aparecen palabras de lenguas americanas».194 El autor Humberto Triana y Antorveza defiende que en esta segunda edición se ampliaron «los ejemplos a 164 lenguas asiáticas, 55 europeas, 30 africanas y 23 americanas»195. Aunque Antonio Tovar matiza la cuestión y asegura que de esas 23 lenguas, solo cinco pertenecían a las Indias españolas: maipure, mexicano, peruano, surinam — subdividido a su vez en arauco, criollo, saramaco y tamanaco— y suwazkisch196. Pero en su artículo no deja lugar a la duda, porque sostiene tajantemente que «en la lista de las lenguas que al fin pudo reunir Jankievitch de Mirievo vemos bien claro que nada llegó de Madrid»197. Si España no remitió a Rusia el material lingüístico, ¿cómo es posible que se insertara en la segunda edición del vocabulario universal lenguas americanas? La respuesta la encontramos en la actuación de la propia Catalina II. Sabemos, pues, que la zarina de Rusia utilizó la vía diplomática española para la consecución del material lingüístico que ansiaba. Pero también utilizó la vía de los jesuitas que habían estado destinados en misiones de evangelización en las Indias para obtener información sobre las lenguas indígenas del Nuevo Mundo. En este sentido se expresa Antonio Tovar Llorente, quien defiende que el compilador lingüístico de San Petersburgo tuvo noticias de las lenguas peruana, mexicana y de la lengua maipure, así como del material tamanaco (referente al Caribe), a través del padre jesuita Filippo Gilij198. Y, de igual modo, por el autor Humberto Triana y Antorveza sabemos que «desde 1785 el jesuita español Lorenzo Hervás y Panduro, residente en Roma, se convirtió en un acucioso y generoso colaborador del enviado imperial ruso a la misma ciudad, facilitándole las obras escritas por los jesuitas sobre América y Asia, y especialmente todas aquellas referidas a los temas lingüísticos»199. En definitiva, se puede afirmar que España sí que tramitó la solicitud de la emperatriz, pero no devolvió nunca los resultados obtenidos de las Indias a Rusia. Y, en este sentido, el ya mencionado Antonio Tovar sostiene que, «seguramente por el incumplimiento del regio encargo en varios virreinatos, por el retraso, y sin duda por la muerte de Carlos III, los sabios de la Corte de Rusia no pudieron contar con los materiales que se habían pedido a Madrid»200. 194 TOVAR LLORENTE, Antonio: «Hervás y las lenguas indias…», op. cit., p. 2. 195 TRIANA Y ANTORVEZA, Humberto: Las lenguas indígenas en el ocaso del Imperio español, Bogotá, Instituto Colombiano de Antropología, 1993, p. 96. 196 TOVAR LLORENTE, Antonio: «Hervás y las lenguas indias…», op. cit., p. 2. 197 Ibid., p. 3. 198 Ibid., p. 4. 199 TRIANA Y ANTORVEZA, Humberto: Las lenguas indígenas en el ocaso…, op, cit., p. 98. 200 TOVAR LLORENTE, Antonio: «Hervás y las lenguas indias…», op. cit., p. 3. 96 FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA FUENTES DE ARCHIVO ARCHIVO GENERAL DE INDIAS: A.G.I., Indiferente, 1342A, n. 1. RECURSOS DIGITALES MINISTERIO DE EDUCACIÓN, CULTURA Y DEPORTE [página web]. 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