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La particular guerra fría de la prensa española. [Reseña de] Entre la admiración y el rencor. Estados Unidos y la prensa española ante el final de la Guerra Fría

Berzal de la Rosa, Enrique

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Revista internacional de Historia de la Comunicación, Nº10, año 2013, pp. 314-317 314 Entre la admiración y el rencor. Estados Unidos y la prensa española ante el final de la Guerra Fría Coral Morera Hernández Instituto Franklin-UAH, Madrid, 2015 Nº páginas: 286 Reseña por Enrique Berzal de la Rosa http://dx.doi.org/10.12795/RiHC.2018.i10.17 LA PARTICULAR GUERRA FRÍA DE LA PRENSA ESPAÑOLA Las investigaciones académicas sobre el papel desempeñado por Estados Unidos en la historia reciente de nuestro país son cada vez más abundantes y de calidad acreditada. Valga como ejemplo los trabajos de Ángel Viñas para el Franquismo o de Charles Powell para la etapa de la Transición. Algo parecido podríamos decir de la genealogía del antiamericanismo y su desenvolvimiento contemporáneo, no solo en la España de los siglos XIX y XX, sino también en la Europa que vivió el intenso periodo histórico que significó la Guerra Fría. Son conocidos, a este respecto, los trabajos clásicos de Revel, Friedman y Chomsky, pero también, centrándonos en nuestro país, las aportaciones de Chislett, Ceaser, Seregni, Lazo o Fernández de Miguel. Entre la admiración y el rencor. Estados Unidos y la prensa española ante el final de la Guerra Fría, por Coral Morena Hernández Revista Internacional de Historiadores de la Comunicación, Nº10, año 2018, PP. 314-317 315 El libro que nos ocupa no deja de ser una aportación relevante a este objeto de estudio, cada vez más sugerente a medida que se desvelan testimonios documentales hasta hace poco desconocidos, si bien desde una perspectiva complementaria a la de las investigaciones históricas. Se trata, en efecto, de una aproximación novedosa a la imagen que sobre Estados Unidos se difundió en España en un periodo histórico muy relevante, tanto para nuestro país – el final definitivo de la Transición y la consolidación de la democracia tras el golpe de Estado del 23-F- como para el continente europeo en general y el resto del mundo –la ‘segunda Guerra Fría’ y el final definitivo de la misma-. Ubicado en el ámbito de la Historia de la Comunicación Social, el trabajo de Coral Morera, que es fruto de su tesis doctoral, aporta una visión muy sugerente sobre el posicionamiento de los tres diarios con mayor difusión en la España de los años 80 y principios de los 90 –La Vanguardia, ABC y El Paíssobre el desenvolvimiento del final de la Guerra Fría y el papel jugado en el mismo por Estados Unidos. No conviene olvidar que en ese momento, los medios de comunicación escritos jugaban un papel crucial en la conformación de la opinión pública – aún no había televisiones privadas ni medios digitales, y tampoco la ‘tutela’ de los poderes públicos era excesiva-, lo que demuestra la idoneidad de la elección. Se sirve asimismo de una metodología científica que comprende el análisis de todos los elementos que conforman esa “prensa de referencia” y que aportan información sobre el objeto concreto de estudio (portadas, editoriales, artículos de opinión, crónicas, elementos gráficos, viñetas, titulares, información interior, etc.), para, a través de ellos, elaborar una interpretación verosímil sobre cómo se representó a Estados Unidos, y con qué intención, en los medios citados. Según sus propias palabras, lo que pretende demostrar en su libro es que “una de las últimas ‘batallas’ de la Guerra Fría se libró en la prensa española”. Antes de abordarlo, la profesora Morera nos introduce con tino, a través de un breve pero acertado recorrido, en la historia del periodismo en la España democrática y, más concretamente, en las especificidades de ABC, La Vanguardia y El País. Este último, como es bien sabido, era el periódico de mayor difusión en España, pues en apenas doce años, entre 1980 y 1992, había duplicado sus cifras hasta superar los 407.000 ejemplares. Y en cuanto al posicionamiento ideológico, podría hablarse de un claro alineamiento con las tesis liberalprogresistas en el caso del diario de Prisa, frente a las liberal-conservadoras de ABC y La Vanguardia. Este hecho, sin duda, condicionará el tratamiento y los enfoques sobre el papel desempeñado por Estados Unidos, especialmente por sus presidentes, en el final de la Guerra Fría. Dicho esto, no conviene olvidar, como señala Carlos Barrera en el prólogo, que dicho posicionamiento periodístico no puede entenderse sin reparar en el “contexto histórico específico en que salieron a la luz”, y que ello también exige tener en cuenta “su naturaleza de textos de diversos géneros pero habitualmente pegados a la instantaneidad propia del periodismo”. Así se explica, en efecto, la adecuación del título principal del libro, Entre la admiración y el rencor, a la perspectiva que encontramos en los rotativos estudiados: por un lado, ABC y La Vanguardia, coincidentes en presentar una visión positiva, a menudo explícitamente admirativa, del pueblo norteamericano y de los tres presidentes que se sucedieron entre 1981 y 1992, y, por otro, El País, que en esos años ofrece al lector una lectura Enrique Berzal de la Rosa Revista internacional de Historia de la Comunicación, Nº10, año 2018, pp. 314-317 316 mucho más “rencorosa” y negativa, no pocas veces plagada de estereotipos, y especialmente incisiva al enjuiciar el mandato de Ronald Reagan. La metodología empleada permite desentrañar con rigor la tesis expuesta, toda vez que los capítulos se estructuran en correspondencia con la división canónica de la Guerra Fría. De este modo, la primera parte, que se extiende desde el final del gobierno de Jimmy Carter hasta la segunda victoria de Reagan, se correspondería con los últimos años de la etapa de rebrote de los conflictos, abierta en 1975, mientras que la segunda y tercera comprenderían la distensión y el final de la Guerra Fría. Sirviéndose de dicho esquema general, la autora nos introduce someramente a los hitos históricos más relevantes, vinculados tanto a la política interna de Estados Unidos como a su papel en los principales acontecimientos internacionales, para centrarse de inmediato en la interpretación y el mensaje discursivo que los diferentes diarios difundieron sobre los mismos. De esta forma, en la primera parte, que abarca de 1979 a 1984, la autora desvela estrategias discursivas como el cambio de parecer de La Vanguardia ante la llegada de Reagan, que de considerarlo más o menos mediocre pasa a enjuiciarlo con más benevolencia, la evolución de ABC desde la indiferencia inicial hasta el entusiasmo explícito hacia el mandatario, y la imagen francamente negativa de El País, que en algún momento llega a equipararlo con Hitler. La oposición más extrema aparece a la hora de describir a Estados Unidos y a sus ciudadanos: alegres, espontáneos y patriotas para ABC, pero bélicos, simplistas, salvajes, fanáticos nacionalistas y excesivamente competitivos para el diario de Prisa. Con estos antecedentes, no es de extrañar que la victoria electoral de Reagan, en 1984, sea interpretada por El País como el triunfo del belicismo, con lo que el juicio emitido es francamente negativo, mientras que ABC y La Vanguardia se muestran más favorables a la revolución conservadora del gobernante. Estos dos periódicos incrementan en la etapa siguiente -hasta 1989- su admiración por Reagan, hasta el extremo, por ejemplo, de alabar su firmeza en las conversaciones de Ginebra (1985) o relativizar el carisma de Gorbachov con ocasión del acuerdo de desarme de 1987; El País, sin embargo, presentará al mandatario soviético como el principal artífice del mismo. El esquema se repite a la hora de enjuiciar algunos de los conflictos más relevantes de este periodo; así sucede cuando acontece la caída del dictador Ferdinand Marcos en Filipinas, considerada por La Vanguardia y ABC como un ejercicio de prudencia de los Estados Unidos, interesados en afianzar un régimen democrático, pero que El País juzga como un mero ejercicio oportunista del país gobernado por Reagan, preocupado únicamente en salvaguardar sus intereses. De igual manera, la opinión sobre la Europa de aquel momento cambia mucho si la observamos bajo el prisma de La Vanguardia y ABC, inclementes hacia un continente que juzgan débil e ineficaz políticamente en comparación con EEUU, o si seguimos al diario de Prisa, europeísta convencido hasta el extremo de pugnar por la ruptura del Viejo Continente con Estados Unidos. Curiosamente, el estallido del escándalo ‘Irangate’, en 1986, por el cual el Congreso abrió una investigación sobre venta ilegal de armas a Irán y el desvío de fondos para apoyar a los “contras” nicaragüenses, fue enfocado por los dos diarios liberal-conservadores desde una perspectiva que, sin ocultar la gravedad del caso, buscaba salvar la gestión global de Reagan, mientras que El País tampoco se mostró demasiado severo con él. Entre la admiración y el rencor. Estados Unidos y la prensa española ante el final de la Guerra Fría, por Coral Morena Hernández Revista Internacional de Historiadores de la Comunicación, Nº10, año 2018, PP. 314-317 317 Que la alargada sombra de Reagan se proyectó inevitablemente sobre su sucesor, George Bush, lo observamos con ocasión de las presidenciales de 1988, a propósito de las cuales La Vanguardia y ABC lo reciben con poco entusiasmo y lo presentan francamente empequeñecido por su antecesor, cuando no heredero directo de su eficaz y añorada revolución conservadora; consecuente con su discurso, El País juzga negativamente al nuevo líder republicano, pues lo considera un mero continuador de la postura retrógrada, excesivamente conservadora, de Reagan. De hecho, la victoria de Bush sobre el gris Dukakis le brinda a este periódico una nueva ocasión para criticar el, a su juicio, carácter infantiloide de los estadounidenses, presos de la torpeza secular de sus presidentes. En el último capítulo del libro, centrado en el final de la Guerra Fría, asistimos a un progresivo y, en ocasiones, sorprendente cambio de registro en los periódicos analizados, fruto sin duda del final de la amenaza nuclear y de la nueva etapa que se abre en el mundo. Es la primera vez, señala Morera, que los tres rotativos coinciden en sus argumentos. Aunque quizás el cambio más acusado lo observemos en El País, que no solo comienza elogiando a Bush por haber perdido de vista definitivamente a Reagan, sino que le seguirá brindando un discurso positivo –a él y a los Estados Unidoscon ocasión de los tres hitos históricos de esta etapa: la Conferencia de Washington (1987), la Cumbre de Malta (1989) y, más aún, la Conferencia de Paz de Madrid (1991). De hecho, contrasta este tratamiento del diario de Prisa, a veces entusiasta, con el papel marginal que le confiere a Gorbachov, mientras La Vanguardia y ABC elogian su labor. Con las presidenciales de 1992, que trajeron la victoria del demócrata Bill Clinton y fueron analizadas por ABC y La Vanguardia de manera equilibrada y pormenorizada, se produce, en palabras de Morera, el verdadero final de “la Guerra Fría en El País, o dicho de otro modo, de la Guerra Fría de El País”. Y es que la llegada a la Casa Blanca de Clinton supone para el rotativo el ansiado cierre del ciclo republicano y conservador en Estados Unidos, la pérdida de vista definitiva del “reaganismo”, que tanto había combatido, de ahí la alegría que desprende la información sobre el nuevo mandatario y la buena acogida que le dispensa, ponderando incluso sus rasgos más anecdóticos y cotidianos y presentándole como modelo a seguir. En definitiva, en 286 páginas, acompañadas de una exhaustiva referencia bibliográfica y hemerográfica y una somera reproducción de portadas, fotografías y viñetas aparte de un anexo con la difusión de los datos de difusión de los tres diarios, Coral Morera demuestra cómo La Vanguardia y ABC, aun coincidentes en su valoración positiva del papel de Estados Unidos en esta etapa final de la Guerra Fría, también denotan divergencias: un seguidismo explícito en el caso del diario catalán y un tomo admirativo vehemente, aunque tampoco exento de críticas, en el de ABC. El polo opuesto lo representa El País, presa de los clichés más críticos con Estados Unidos, simplista en sus argumentos y reproductor de los estereotipos antiamericanos al uso, pues en sus informaciones juzga severamente y con rencor al país, a sus mandatarios y a su población, haciendo uso de juicios apriorísticos, adjetivos de matiz negativo e informaciones valorativas encaminadas a desacreditar la trayectoria de los Estados Unidos: un país conservador y racista, culpable del empobrecimiento de otros pueblos, imperialista y arrogante, corrupto y oscurantista en sus gobiernos, con una población simplista e ignorante, casi infantil, patriotera en exceso, violenta y obsesionada por el dólar.