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Objetivo Gramsci. La crítica socialista del concepto de “Hegemonía” en la batalla ideológica entre el PSI y el PCI (1976-1978)

Palacio Martín, Jorge Del

Abstract

Este artículo analiza uno de los episodios más importantes de la batalla ideológica y cultural entre el PSI de Craxi y el PCI de Berlinguer de los años 1976-1978: la crítica socialista del concepto de “Hegemonía” de Antonio Gramsci. Una crítica que se produce en la revista Mondoperaio en 1977 y coincide con el 40 aniversario de la muerte de Gramsci. Como se tratará de mostrar, esta crítica del pensamiento gramsciano está vinculado a los procesos de transformación ideológica del socialismo y el comunismo del sur de Europa a finales de los años setenta. En este sentido, la crítica del concepto de “Hegemonía” de Gramsci que realizarán los intelectuales del PSI, denunciando su matriz leninista, no puede disociarse del debate sobre la legitimidad de los partidos comunistas para gobernar en las democracias occidentales durante la Guerra fría.

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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 515-536. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.23 Objetivo Gramsci. La crítica socialista del concepto de “Hegemonía” en la batalla ideológica entre el PSI y el PCI (1976-1978)1 Objective Gramsci. Socialist criticism of the concept of “Hegemony” within the ideological battle between PSI and PCI (1976-1978) Jorge del Palacio Martín2 Universidad Rey Juan Carlos (España) ORCID: https://orcid.org/0000-0001-5334-7575 Recibido: 24-06-2022 Aceptado: 17-07-2022 Resumen Este artículo analiza uno de los episodios más importantes de la batalla ideológica y cultural entre el PSI de Craxi y el PCI de Berlinguer de los años 1976-1978: la crítica socialista del concepto de “Hegemonía” de Antonio Gramsci. Una crítica que se produce en la revista Mondoperaio en 1977 y coincide con el 40 aniversario de la muerte de Gramsci. Como se tratará de mostrar, esta crítica del pensamiento gramsciano está vinculado a los procesos de transformación ideológica del socialismo y el comunismo del sur de Europa a finales de los años setenta. En este sentido, la crítica del concepto de “Hegemonía” de Gramsci que realizarán los intelectuales del PSI, denunciando su matriz leninista, no puede disociarse del debate sobre la legitimidad de los partidos comunistas para gobernar en las democracias occidentales durante la Guerra fría. Palabras-clave: Gramsci, Hegemonía, Socialismo, Comunismo, Leninismo, Marxismo, Pluralismo. 1 Este artículo se enmarca en el proyecto “Práctica electoral y quiebra del constitucionalismo en España (1923-1936)” (Ref. V792) dirigido por Roberto Villa García. 2 ([email protected]). Profesor de Historia de las ideas políticas en la Universidad Rey Juan Carlos. Ha participado en la coordinación de los libros Geografía del populismo (Tecnos, 2017) y ¿Atenas y Jerusalén? Filosofía, política y religión desde 1945 (Tecnos, 2022). Ha dirigido el monográfico “Italia 2008-2018: ¿fin de la Segunda República?” publicado en la Revista de Estudios Políticos (2020). 516 Jorge del Palacio Martín Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 515-536. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.23 Abstract This article analyses one of the most important episodes of the ideological and cultural battle between the PSI of Craxi and the PCI led by Berlinguer between the years of 1976-1978: the socialist criticism of the “Hegemony” concept by Antonio Gramsci. Such a criticism was made in the magazine Mondoperaio in 1977 and coincided with the 40th anniversary of the death of Gramsci. As will be discussed, this criticism of the Gramscian thought is linked to the processes of ideological change that were taking place within socialist and communist parties in Southern Europe at the end of the seventies. In this sense, the criticism of the Gramscian “Hegemony” concept that was made by the PSI intellectuals, denouncing its Leninist character, cannot be dissociated from the debate about the legitimacy of the communist parties to govern in western democracies during the Cold War era. Keywords: Gramsci, Hegemony, Socialism, Communism, Marxism, Pluralism. 1. Introducción3 Este artículo, partiendo de la historia de las ideas políticas, abordará un capítulo particular de la batalla cultural e ideológica que se desata entre el PSI y el PCI entre 1976 y 1978: la crítica del concepto de “hegemonía” de Antonio Gramsci que realizará el entorno intelectual del PSI dirigido por Craxi. Una crítica que se produce principalmente en 1977, coincidiendo con el 40 aniversario del fallecimiento de Antonio Gramsci. El primer objetivo será asociar la crítica socialista del concepto de “hegemonía” gramsciano –de la que emergen ideas clave que tocan al circuito de legitimación política-cultura-historia en las sociedades democráticas– a los procesos de transformación ideológica de finales de los años setenta que protagonizarán socialistas y comunistas del sur de Europa. El primero, el proceso de cambio del socialismo portugués, español e italiano hacia la socialdemocracia siguiendo el modelo del Sozialdemokratische Partei Deutschlands (SPD). El segundo, la transición del comunismo occidental al Eurocomunismo siguiendo el modelo del PCI. Transición que suscitará en plena Guerra fría la “cuestión comunista”, entendida como debate sobre la legitimidad del Partito Comunista Italiano (PCI), el Partido Comunista de España (PCE) y el Parti Communiste Français (PCF) para acceder al gobierno en sociedades democráticas y pluralistas. El segundo objetivo será mostrar que 3 Quiero agradecer a los profesores Giuseppe Bedeschi y Luis Arranz el tiempo que han dedicado a la lectura y comentario de los primeros borradores de este trabajo. 517 Objetivo Gramsci. La crítica socialista del concepto de “Hegemonía” en la batalla ideológica entre el PSI y el PCI (1976-1978) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 515-536. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.23 la crítica del concepto de “Hegemonía” Gramsci se inserta en el proceso de crítica, de carácter más general, que el PSI y su entourage intelectual desarrolla contra el marxismo-leninismo como identidad del PCI. De este modo, la denuncia de la conexión Lenin-Gramsci que realiza el PSI pretendía poner de manifiesto la imposibilidad del PCI para transitar de manera autónoma –es decir, desde el patrimonio teórico de la cultura marxista-leninista–, hasta el pluralismo occidental. Como dará a entender el sociólogo Luciano Pellicani –uno de los principales protagonistas de la batalla ideológica PSI-PCI–, Gramsci había opuesto a la estrategia leninista de la conquista de la sociedad a través de la conquista violenta del Estado, la idea de conquistar el Estado a través de la ocupación cultural de la sociedad. Sin embargo, no por ello, insistirá Pellicani, el pensamiento de Gramsci superaba los límites estructurales de su matriz leninista a la hora de entender el valor intrínseco del pluralismo en las democracias liberales4. La crítica del PSI, por tanto, señalaba que el concepto “Hegemonía” gramsciano no podía disociarse de un programa revolucionario de homogenización cultural orientado a construir un marco cognitivo dominante –un nuevo “sentido común”– en la que apoyar la conquista exclusiva del poder por parte del PCI. 2. Los orígenes políticos y culturales del duelo ideológico El proyecto de revisión ideológica del PSI que Bettino Craxi impulsa entre los años 1976 y 1978 no puede desligarse del proceso de maduración programática hacia la socialdemocracia que se produce en los partidos socialistas del sur de Europa con el apoyo fundamental que recibieron por parte del SPD y la Internacional Socialista. A partir del congreso de Bad Godesberg, celebrado en 1959, el SPD transitó de la condición de “partido de la clase obrera” a “partido popular” como culminación de una reflexión general, de carácter ideológico-político, que había llevado al partido a renunciar a cualquier tipo de aspiración de transformación radical de la sociedad en clave marxista. El SPD concretó su revisión del marxismo en una defensa de los valores occidentales de libertad y pluralismo, en un compromiso claro con la desideologización de la vida política que se impone en Occidente después de la Segunda Guerra Mundial –en consonancia con la tesis del “final de la ideología”–, apostando, en definitiva, por competir con el resto de los partidos por la mejor gestión del sistema en clave social e igualitaria. A saber, renunciando a la promesa marxista de la superación del sistema capitalista5. 4 Luciano Pellicani, “Gramsci e il messianessimo comunista”, F. Coen (ed.), Egemonía e democrazia. Gramsci e la questione comunista nel dibattito di Mondoperaio, Roma, Mondoperaio, 1977. 5 Giovanni Bernardini, “La Spd e il socialismo democrático europeo negli anni Settanta: il caso 518 Jorge del Palacio Martín Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 515-536. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.23 A partir de la Revolución de los claveles de Portugal, el SPD jugó un papel activo en la política europea con una voluntad clara de exportar el éxito del “modelo alemán” –entendido como socialdemocracia abierta a la modernidad occidental, autónoma y crítica frente al comunismo–, frente al “modelo francés” representado por Mitterrand de entente entre socialistas y comunistas. La implicación del SPD en la promoción internacional del PSI de Craxi para poder hacer frente a la hegemonía política y cultural del PCI sobre la izquierda italiana fue particularmente importante. A ello contribuía no solo el histórico anticomunismo del SPD, sino un panorama político diverso del que depararon las transiciones a la democracia en Portugal y España, donde la nota característica fue la supremacía electoral de la socialdemocracia liderada por Soares y González frente al comunismo de Cunhal y Carrillo. En Italia, muy al contrario, el sistema de partidos italiano encontraba uno de sus elementos distintivos en la presencia del partido comunista más poderoso de Occidente, el PCI. El cual, merced a su hegemonía indiscutible sobre el electorado de la izquierda, cerraba el paso a una alternativa socialista anclada en valores democráticos e independiente de la política de la URSS. En este contexto, Willy Brandt, en su condición de presidente del SPD y de la Internacional Socialista, apostó por dar relieve y visibilidad al nuevo liderazgo de Bettino Craxi. En esta clave particular debe leerse su nombramiento como vicepresidente de la Internacional Socialista (IS) o el papel protagonista que el SPD ofreció a Craxi en enero de 1977 en el acto de reapertura de la casamuseo de Karl Marx en Tréveris6. El discurso ofrecido por Craxi en Tréveris, que en el documento original lleva por título “Socialismo y libertad”, resulta de interés para entender la naturaleza del proceso de revisión ideológica del PSI que inicia su mandato. Craxi puso en valor el pensamiento de Marx y Engels, en tanto que precursores, en la lógica de su discurso, del socialismo reformista que tomará cuerpo con Kautsky y Bernstein en la II Internacional. Y dedicó sus palabras más duras al bolchevismo y la tradición leninista como desviaciones del marxismo: Cierto, los bolcheviques se consideraban como los marxistas ortodoxos. Pero lo eran solo a condición de considerar insignificante todo lo que Marx y Engels habían escrito después de la desilusión del Cuarenta y ocho. En breve: el marxismo de Lenin y Trotsky no era otra cosa que el jacobinismo juvenil de Marx y Engels. Un concentrado de voluntarismo y de extremismo, de esperanzas milenarias y de autoritarismo, de moralismo exasperado y de realismo maquiavélico. Siendo así las cosas, se entiende por qué todos los principales líderes de la Segunda Internacional rechazaron reconocerse en el proyecto bolchevique7. dell’Italia”, Ricerche di Storia Política, 1 (2010), pp. 3-21. 6 Ibídem, pp. 18-19. 7 Bettino Craxi “30 anniversario della ricostruzione della casa di Karl Marx distrutta dai Nazisti, 519 Objetivo Gramsci. La crítica socialista del concepto de “Hegemonía” en la batalla ideológica entre el PSI y el PCI (1976-1978) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 515-536. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.23 En el plano nacional, la llegada de Craxi a la secretaría del PSI se produce tras las elecciones de 1976 en las que la debacle del socialismo italiano se materializó en el 9,6% de los votos frente al 34,3% de los votos que consiguió el PCI de Berlinguer. Un resultado que miraba al “pecado original” cometido por el PSI en la posguerra, en 1947, al ser el único partido socialista de Occidente que decidió aliarse con un partido estalinista. De esta manera se propiciaba una dinámica creciente de absorción del electorado del PSI por parte del PCI, reforzada por el progresivo solapamiento ideológico y programático entre ambos partidos, a cuya lógica ni siquiera pudo poner fin la ruptura Nenni- Togliatti producida en 1956 tras la invasión soviética de Hungría. Lo cierto es que a la altura de los años setenta, la identidad del PSI estaba muy lejos de poder reconocerse en el socialismo reformista y autonomista de la Internacional Socialista representado por Brandt, Wilson, Erlander, Krag o Palme8. La necesidad de establecer una frontera ideológica frente al PCI, edificada sobre la cultura reformista del socialismo democrático europeo organizado en torno a IS, se convirtió para Craxi en un imperativo ante la lógica de absorción a la que el PCI venía sometiendo al PSI desde la posguerra. Tras las elecciones de 1972 un joven Craxi ya había advertido “La autonomía es una estrategia política: quien no tiene una línea clara termina por sufrir la de los demás (…) tenemos a nuestras espaldas a quien tiene una línea bien clara y la persigue de manera tenaz, con método y seriedad. Haríamos bien en recordar la vieja teoría comunista de Rákosi: los socialistas serán rebanados como el salami y comidos rodaja a rodaja”9. Sin embargo, la batalla ideológica que el PSI de Craxi lanza contra el PCI de Berlinguer también tenía como objetivo contrarrestar la estrategia de legitimación del PCI como alternativa de gobierno. Se trataba de la “cuestión comunista” de los años setenta. En Italia, el proceso de legitimación del PCI era un proceso activo desde la estrategia del “compromiso histórico”, cuya lógica parecía acreditarse y extenderse con la invención del “Eurocomunismo” y las fórmulas de gobierno de “solidaridad nacional” del periodo 1976-1978. No se trataba de un objetivo menor, en tanto que la estrategia de acercamiento a la Democrazia Cristiana (DC) que Berlinguer respondía a un diseño político bien definido que buscaba una modificación profunda de las bases de legitimidad de la política italiana. Treviri”, AFBC Fondo 1 / Sezione 1 / Serie 3 / Discorso 18, pp. 6-7 (Consultado online, 30/05/2022 en https://www.fondazionecraxi.org/archivio-storico/). Según Craxi: “El marxismo continúa siendo parte del credo intelectual y moral del socialismo democrático precisamente porque ha proclamado, con toda claridad, el derecho de todos los hombres sea cual sea su clase, su religión o su raza, a la libertad sustancial”. 8 Marco Gervasoni, La guerra delle due sinistre. Socialisti e comunista dal 68 a Tangentopoli,Venezia, Marsilio, 2013, pp. 9-10. 9 Massimo Pini, Craxi. Una vita, un’era política, Milan, Mondadori, 2007, p. 71. 520 Jorge del Palacio Martín Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 515-536. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.23 El partido de Berlinguer buscaba neutralizar la estructura bipolar de la Guerra fría, que bloqueaba el acceso al gobierno de los comunistas en Occidente, a través de una vía indirecta que no obligaba al PCI a renunciar ni a su identidad ideológica ni a su “vínculo externo” con la URSS. Esta vía preveía la penetración progresiva en el área de gobierno merced a la mediación democristiana. Se trataba, por tanto, de una estrategia ambiciosa en tanto que buscaba provocar un giro radical en la política italiana en plena Guerra fría: pasar del conventio ad excludendum a la conventio ad includendum frente al PCI. De este modo, la aspiración de fondo de Berlinguer se cifraba en neutralizar el anticomunismo como elemento de legitimación democrática que imponía la Guerra fría, para sustituirlo, en exclusiva, por el antifascismo como mito fundacional de la democracia italiana10. De otro lado, la propuesta del Eurocomunismo del PCI de Enrico Berlinguer –en el que confluyen, con sus propios matices, el PCF de Marchais y el PCE de Carrillo– si bien profundizaba la “vía italiana al socialismo” teorizada por Togliatti en la posguerra, también fue “un intento ecléctico y extremo de regenerar la idea comunista y el comunismo entendido como cultura de la revolución”11. Esta definición permite entender el peso de la ambigüedad con la que cargó el Eurocomunismo desde sus inicios. Sobre todo, en tanto que proyecto llamado a redefinir no solo el internacionalismo del PCI, sino como propuesta para reforzar su identidad a través de una reformulación de su cultura política. En este sentido, una de las principales novedades del Eurocomunismo fue la renuncia expresa a la “dictadura del proletariado” y la aceptación, consiguiente, de la existencia de un vínculo orgánico –es decir, no táctico– entre democracia, libertad y pluralismo en Occidente12. Uno de los momentos clave de la trayectoria del Eurocomunismo italiano fue la participación de Berlinguer en la celebración del 60 aniversario de la Revolución Rusa en Moscú el mismo 1977. El líder del PCI fue autor de un polémico discurso en el que reivindicó: “La democracia no solo es hoy el terreno en el cual el adversario de clase se ve obligado a retroceder, sino que también es un valor históricamente universal sobre el que fundar una sociedad original socialista”. Y añadía: Hete aquí porque nuestra lucha unitaria –que busca constantemente el entendimiento con otras fuerzas de inspiración socialista y cristiana en Italia y en Europa occidental– está orientada a realizar una sociedad nueva socialista, que garantice todas las libertades personales y colectivas, civiles y religiosas, 10 Silvio Pons, Berlinguer e la fine del comunismo, Torino, Einaudi, 2006, p.36; Andrea Guiso, “La vía italiana al Eurocomunismo. Una reflexión sobre el PCI y su cultura de gobierno”, Historia del Presente, 18 (2/2011), pp. 49-50. 11 Andrea Guiso, op. cit., p. 43. 12 Marc Lazar, “El Eurocomunismo, objeto de Historia”, Historia del Presente, 18 (2/2011), p. 65. 521 Objetivo Gramsci. La crítica socialista del concepto de “Hegemonía” en la batalla ideológica entre el PSI y el PCI (1976-1978) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 515-536. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.23 el carácter no ideológico del Estado, la posibilidad de la existencia de distintos partidos, el pluralismo en la vida social, cultural e ideal13. La renuncia solemne de los partidos eurocomunistas a la dictadura del proletariado estaba llamada a tener consecuencias de fondo para la identidad política del comunismo occidental. No podía ser considerada la renuncia a un elemento marginal del marxismo-leninismo, sino que suponía el abandono de una idea clave que culminaba y daba sentido a toda una elaboración política que echaba raíces en la crítica de los derechos “del hombre y del ciudadano”, en el rechazo de la democracia representativa y en la voluntad de destruir la máquina estatal burguesa presentes en el acervo teórico del comunismo, desde La guerra civil en Francia de Marx, hasta El Estado y la revolución de Lenin. Lo cierto es que los partidos eurocomunistas siguieron reconociéndose en la tradición del marxismo-leninismo y evitaron hacer cuentas con su patrimonio históricoideológico desde la altura de su nueva propuesta de adhesión democrática. Sin embargo, la importancia de la mutación ideológica que el Eurocomunismo había puesto en juego en el campo del comunismo occidental “hacía difícil resistirse a la idea de que (…) Kautsky se había tomado una revancha histórica sobre Lenin y Bernstein sobre Marx”14. En el caso del PCI, el Eurocomunismo como redefinición de toda una “cultura de la revolución” dio lugar a manifestaciones de signo contradictorio. Mostraban, de una parte, la complejidad de las relaciones del PCI con el PCUS en su intento por definir un perfil autónomo de Moscú15. De otra, reflejaban la dificultad de Berlinguer para construir una imagen de partido responsable y de gobierno, al tiempo que contenía la presión de toda una galaxia de movimientos radicales que florecían a la izquierda del PCI, nacidos al calor de mayo del 68, que alimentaban el mito de la destrucción de la sociedad capitalista y que acusaban al PCI de haber traicionado el espíritu de la Revolución de 1917. Los “alquimistas de la revolución”, como los llamó Berlinguer16. Las contradicciones en torno a la identidad del PCI afloraron en una entrevista que Berlinguer ofreció a la Repubblica en 1978. La entrevista vino precedida por un artículo del director del periódico, Eugenio Scalfari, en el que invitaba al PCI a protagonizar “una drástica separación del leninismo veterocomunista” para “adquirir plena legitimación de gobierno en una sociedad democrático occidental como la nuestra”17. Berlinguer se mostró favorable a reformular el artículo 5 del estatuto del partido que definía al PCI como 13 Enrico Berlinguer, “Il movimiento socialista e il cammino del PCI”, l’Unità, 03/11/1977. 14 Giuseppe Bedeschi, La parabola del marxismo in Italia, op. cit., pp. 124-125. 15 Para la escalada en la complicación de la relación del PCI con el PCUS en la etapa del Eurocomunismo, véase: Silvio Pons, op. cit., 104 y sgs. 16 Guido Liguori, Berlinguer rivoluzionario. Il pensieron político di un comunista democratico, Roma, Carocci, 2014, p. 60. 17 Eugenio Scalfari, “Berlinguer di fronte al problema leninista”, la Repubblica, 23/07/1977. 522 Jorge del Palacio Martín Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 515-536. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.23 organización “marxista-leninista”: “En lo que a mí toca, la frase en la que se habla de marxismo-leninismo debería ser sustituida por una formulación diversa, que reclame de manera más correcta y actualizada todo nuestro patrimonio ideal”. Sin embargo, al mismo tiempo Berlinguer reivindicaba el valor del leninismo: “a mí me parece del todo viva y válida la lección que Lenin nos ha dado elaborando una verdadera teoría revolucionaria…”18. La ambigüedad del PCI sobre el leninismo y su culto de la “verdadera teoría revolucionaria” fue aprovechada por Craxi para publicar el ensayo Il vangelo socialista –también conocido como Ensayo sobre Proudhon– en la revista L’Expresso. Su objetivo era rebatir la tesis comunista en virtud de la cual el PCI podía llegar a un encuentro con la democracia y el pluralismo a través de una elaboración teórico-política autónoma que partía de Lenin19. Al punto que la tesis principal el ensayo podía reducirse a la frase “Leninismo y pluralismo son términos antitéticos: si prevalece el primero, muere el segundo”: Entre comunismo leninista y el socialismo existe una incompatibilidad sustancial que puede ser sintetizada en la contraposición entre colectivismo y pluralismo. El leninismo está dominado por el ideal de la sociedad homogénea, compacta, indiferenciada. En el leninismo está la convicción de que la naturaleza humana se ha degradado con la aparición de la propiedad privada, que ha desintegrado las comunidades primitivas desencadenando la guerra de clases. Está, sobre todo, el deseo de recrear la unidad originaria haciendo prevalecer la voluntad colectiva sobre la voluntad individual, el interés general sobre el interés particular. En este sentido, el comunismo es orgánicamente totalitario, en tanto que postula poder instituir tal orden social prescindiendo del Estado y de su aparato coercitivo. Pero este “totalitarismo del consenso” debe ser precedido de un “totalitarismo de la coerción”. Tanto es así que Lenin no dudó en describir la dictadura del partido bolchevique como “un poder que se apoya directamente en la violencia y que no se encuentra vinculado a ninguna ley”20. El ensayo llevó al director de la Repubblica a escribir que Craxi “había cortado la barba al profeta”, aludiendo a una ruptura definitiva con Marx21. La realidad, sin embargo, era otra. En el ensayo de Craxi no había ninguna verdadera ruptura con el marxismo, sino un ensamblaje ecléctico de ideas – que iban desde Proudhon a Rosselli o Bobbio– orientadas a la crítica del 18 La entrevista fue publicada íntegramente y el mismo día en l’Unità, de la cual se extrae esta cita: “L’identità del PCI” 02/08/1978. 19 Se trata de un ensayo en cuya elaboración jugó un papel crucial el sociólogo Luciano Pellicani, quien a partir de 1984 sería el director de la revista Mondoperaio. 20 Bettino Craxi “Il vangelo socialista” en AFC Fondo 1 / Sezione 2/ Serie 8 / Sottoserie 2/ Articolo 4/ p. 9 (El documento original lleva el título “Socialismo e comunismo”, consultado el 30/05/2022 en https://www.fondazionecraxi.org/archivio-storico/). 21 Eugenio Scalfari, “Craxi ha tagliato la barba al profeta”, la Repubblica 24/08/1978. 523 Objetivo Gramsci. La crítica socialista del concepto de “Hegemonía” en la batalla ideológica entre el PSI y el PCI (1976-1978) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 515-536. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.23 leninismo22. El texto de Craxi, a pesar de su eclecticismo y desorden, se sumaba al camino abierto por Norberto Bobbio en la revista Mondoperaio. El filósofo turinés había escrito en este sentido: “No tengo nada en contra de que el partido comunista se declare pluralista. Hago observar que el pluralismo, se mire por donde se mire, es un cuerpo totalmente extraño a la tradición marxista-leninista donde no se puede introducir sin provocar un desmoronamiento de toda la doctrina”23. Resulta interesante observar que además de Lenin, otro de los nombres de culto del PCI a los que Craxi acusa de estar en las antípodas de cualquier noción de pluralismo es Gramsci, cuando afirma que: “La democracia (liberal o socialista) presupone la existencia de una pluralidad de centros de poder (económicos, políticos, religiosos, etc.) que compiten entre sí y su dialéctica impide la formación de un poder absorbente y totalitario”. Alude en concreto a las tesis de Gramsci como sigue: Todo lo contrario que las tendencias que se han afirmado en el sistema comunista. Los verdaderos marxista-leninistas no pueden tolerar los contra poderes, ideales comunitarios diversos al colectivista. Por eso sienten que tienen el derecho-deber de imponer el “socialismo científico” a los reacios. Por eso Gramsci teorizó la figura del Príncipe moderno como “el único regulador” de la vida humana. La meta final es la sociedad sin Estado, pero para alcanzarla se debe estatalizar una y cada cosa. Esta, en síntesis, es la gran paradoja del leninismo24. La reflexión de Craxi sobre Gramsci recogía las aportaciones de los intelectuales del área socialista al debate sobre la figura del fundador del PCI que tuvo lugar en las páginas de la revista Mondoperaio. De modo que el debate sobre Gramsci se solapó con la guerra ideológica entre PSI y PCI de los años 1976-1978 que nace en torno a la llamada “cuestión comunista”. El debate, en todo caso, no contribuyó a desviar de su cauce esta batalla política y cultural. Al contrario, alimentó el conflicto en la medida en que el pensamiento de Gramsci resultó ser un terreno fértil para continuar poniendo en cuestión la compatibilidad entre leninismo y pluralismo que reivindicaba el comunismo italiano. 22 Simona Colarizi y Marco Gervasoni, op. cit., p. 72. 23 Norberto Bobbio, “Questione socialista e questione comunista” en F. Coen, op. cit., p. 241 24 Bettino Craxi, “Il vangelo socialista”, op. cit., p. 12. 530 Jorge del Palacio Martín Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 515-536. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.23 el origen del fascismo en el viejo orden liberal italiano y no en contraposición al mismo. Como ha puesto de manifiesto el profesor Bedeschi, la versión gramsciano-togliattiana de la historia de Italia ejerció una fascinación notable sobre los intelectuales marxistas debido a tres razones. Primero, porque ponía la raíz del fascismo en razones estructurales –la ausencia de una verdadera revolución burguesa– que permitían rebatir las tesis, como la de Benedetto Croce, que concebía el fascismo como un cuerpo extraño sobrevenido a la sociedad liberal italiana. Segundo, porque establecía un nexo entre fascismo y capitalismo, de tal modo que permitía articular las ideas de antifascismo y anticapitalismo como lucha por la democracia. Tercero, dado que atribuía a los intelectuales de la Italia liberal la responsabilidad de haber apuntalado el viejo orden que dio a luz el fascismo, elevaba a tarea democrática de primer orden la necesidad de renovar la cultura italiana hasta despojarla de todo elemento tradicional, elitista o de casta como condición para construir una verdadera cultura nacional-popular44. 4.2 Hegemonía: ¿un concepto enemigo del pluralismo? En este punto vale la pena volver sobre el discurso de Enrico Berlinguer en el 60 aniversario de la Revolución de Octubre celebrado en Moscú, donde defendió al PCI, en disonancia con Moscú, como partido orientado a realizar una sociedad socialista de nuevo cuño, “que garantice todas las libertades personales y colectivas, civiles y religiosas, el carácter no ideológico del Estado, la posibilidad de la existencia de distintos partidos, el pluralismo en la vida social, cultural e ideal”45. Sin embargo, ¿era posible, desde los principios teóricos que ofrecía la matriz ideológica Lenin-Gramsci, que el PCI defendiera como parte integral de su identidad, dar luz a una nueva sociedad de esas características? Para el grueso de los académicos de la órbita socialista que participaron en la batalla cultural contra el PCI desde la revista Mondoperaio la respuesta fue, claramente, no. En las intervenciones de Norberto Bobbio, Lucio Colletti, Massimo L. Salvadori, Luciano Pellicani y Ernesto Galli della Loggia, el pensamiento de Gramsci no podía ser el modelo teórico, tal y como reclamaba el PCI, para traducir el comunismo a los principios de una democracia liberal y pluralista. Precisamente porque contenía un residuo leninista que, lejos de permitir la adaptación del comunismo al pluralismo, preparaba el camino para su superación. Un razonamiento, matizado en cada autor, que partía de la asunción del concepto de “hegemonía” entendido como, tal era la posición del filósofo Lucio Colletti, “integración y desarrollo del concepto de dictadura 44 Giuseppe Bedeschi, La parabola del marxismo il Italia, op. cit., 9-11. 45 Enrico Berlinguer, “Il movimiento socialista e il cammino del PCI”, l’Unità, 03/11/1977. 531 Objetivo Gramsci. La crítica socialista del concepto de “Hegemonía” en la batalla ideológica entre el PSI y el PCI (1976-1978) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 515-536. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.23 del proletariado de Lenin”46. O, por decirlo con las palabras del historiador Massimo L. Salvadori: Mi convicción es que lo que caracteriza la teoría de la hegemonía de Gramsci no es en absoluto haber introducido elementos que abren la puerta a una concepción del Estado de matriz liberal-parlamentaria y a la vía nacional en el sentido actual del PCI, sino, más bien, el hecho de ser la más elaborada y compleja expresión de la voluntad de dar a la dictadura del proletariado un fundamento adecuado. Luego Gramsci es el hijo más independiente e incluso autónomo, pero seguirá siendo siempre hijo, a todos los efectos, de la doctrina leninista47. El problema del pensamiento de Gramsci en relación con el PCI, tal y como lo planteará Bobbio en sus dos intervenciones, tiene que ver con una diferencia de fondo que marca las distancias entre el comunismo y el socialismo. Una diferencia de carácter filosófico – “probablemente insuperable” dirá el profesor turinés– que toca a visiones alternativas del hombre, la historia y su realización. Esta diferencia de fondo entre socialistas y comunistas tiene que ver con la diferencia entre una visión laica de la historia y una visión totalizante. Quien se guía por una visión laica de la historia, sostiene Bobbio, no cree que ésta sea la obra de hombres que se consideran en posesión, cual dioses, de una verdad absoluta que debe ser impuesta al resto. Desde una visión laica de la historia, insistirá Bobbio, no hay lugar para “el viejo príncipe al que Maquiavelo fio la tarea de liberar Italia del ‘bárbaro dominio’, ni para el príncipe nuevo de Gramsci a quien se encomienda la empresa de transformar la sociedad”48. Dicho lo cual, Bobbio lanzará una pregunta clave al partido de Berlinguer: “¿Resulta posible (o lícito) servirse de un escritor revolucionario para justificar una política reformista?” Bobbio insistirá en la metáfora del príncipe de Maquiavelo para afirmar su negativa a considerar compatibles el pensamiento de Gramsci y la posición laica y pluralista que el PCI reclama como sus señas de identidad del Eurocomunismo: Un pensamiento revolucionario, un partido revolucionario, un proyecto revolucionario no pueden ser pluralistas. A quien cree en el pluralismo se le suplica no hacer la revolución. Un partido revolucionario debe ser único o, cuando menos, unificador y unitario. Un pensamiento revolucionario debe ser guiado por la firme convicción de poseer en exclusiva, contra todos, la verdad. Un proyecto revolucionario debe mirar a la conquista exclusiva del poder. No por casualidad Gramsci encontró la analogía histórica más afín para explicar qué entendía por el partido nuevo de la clase obrera en el Príncipe de Maquiavelo, invocado para liberar Italia del “bárbaro dominio”, “toda lista y 46 Lucio Colletti “Gramsci e il PCI. Intervista con Lucio Colletti”, en F. Coen, op. cit., p. 63. 47 M. L. Salvadori, “Gramsci e il PCI: due concezioni dell’egemonia”, en F. Coen, op. cit., pp. 44-45. 48 Norberto Bobbio, “Questione socialista e Questione comunista”, en F. Coen, op. cit., p. 247. 532 Jorge del Palacio Martín Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 515-536. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.23 dispuesta a seguir una bandera, mientras sea quien la coja”. Una bandera, no muchas banderas. Una bandera, porque es necesario un solo guía cuando aviene el tiempo de las grandes decisiones; y la Italia de Maquiavelo estaba, como la Italia de Gramsci, “sin líder, sin orden, abatida, desnuda, desgarrada” y había “soportado todo tipo de ruina”49. La conexión que realiza Bobbio entre el viejo príncipe de Maquiavelo y el príncipe nuevo de Gramsci se pone en relación con la alusión que Bettino Craxi realiza en Il vangelo socialista a “la figura del Príncipe moderno como ‘el único regulador’ de la vida humana”50. Como es sabido, en las reflexiones de Gramsci el “Príncipe moderno” es una metáfora del partido comunista. Y su mención también pone el artículo craxiano en relación con la intervención de Luciano Pellicani en el debate sobre el concepto de “Hegemonía”. Para el sociólogo italiano, el esfuerzo de Gramsci por reelaborar la teoría de la hegemonía leninista tenía que ver con la constatación de que en el mundo occidental “la supremacía de una clase sobre las demás se apoya en una red de relaciones intelectuales y morales que, de una parte, implican cierta capacidad de dirección y, de la otra, una aceptación más o menos espontánea de tal dirección”51. En consecuencia, Pellicani subraya que para Gramsci el orden político emerge, ante todo, como un fenómeno de naturaleza cultural cuya institucionalización tiene que ver con “la asimilación por parte de las clases subalternas de la ideología de la clase hegemónica”52. En opinión de Pellicani, el problema de la teoría política de Gramsci con el pluralismo es que el objetivo de realizar la hegemonía comunista se funde con un objetivo de carácter metapolítico: la construcción de una nueva civilización a través de un proceso de reforma ética y moral de la sociedad. Para Pellicani, el comunismo –también en la versión de Gramsci, por tanto– ha resultado ser “el heredero histórico del mensaje de salvación universal del mesianismo judeocristiano”53. Misión para la cual el partido –“fuego de la fe” y “depositario de la doctrina”, como lo llamó el joven Gramsci– necesita el monopolio de “todos los recursos materiales y morales” de la sociedad para la elaboración de un consenso, en sentido fuerte, edificado sobre la “verdad” del partido comunista. Un proyecto que, en opinión del sociólogo italiano, se coloca en las antípodas de cualquier tipo de pluralismo de matriz liberal. En este punto, Pellicani se apoya en un famoso paso de los Quaderni: El Príncipe moderno, desarrollándose, trastorna todo el sistema de relaciones intelectuales y morales en cuanto su desarrollo significa, precisamente, que 49 Norberto Bobbio “Gramsci e il PCI”, en F. Coen, op. cit., p. 53. 50 Bettino Craxi, “Il vangelo socialista”, op. cit. 51 Luciano Pellicani, “Gramsci e il messianessimo comunista”, F. Coen, op. cit., p. 103. 52 Ibídem., p. 104. 53 Ibídem., p. 105. 533 Objetivo Gramsci. La crítica socialista del concepto de “Hegemonía” en la batalla ideológica entre el PSI y el PCI (1976-1978) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 515-536. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.23 todo acto viene a ser concebido como útil o dañino, como virtuoso o malvado, solo en cuanto tiene como punto de referencia el mismo Príncipe moderno y sirve a incrementar su poder o a combatirlo. El Príncipe toma el lugar, en las conciencias, de la divinidad y del imperativo categórico, deviene la base de una completa laicización de toda la vida y de todas las relaciones tradicionales54. Toda la base argumental del artículo de Pellicani está orientada a negar la compatibilidad del concepto de hegemonía de Gramsci con el pluralismo a través de su redefinición del comunismo gramsciano como “religión política” al servicio de una “verdad”. Dada la tendencia de Gramsci a establecer paralelismos entre el comunismo y el cristianismo primitivo para ilustrar sus ideas, Pellicani afirma que uno de los principales elementos de originalidad que se pueden atribuir al pensamiento de Gramsci, dentro de la familia del comunismo, tiene que ver con haber proyectado “sobre la sociedad moderna el proceso histórico en virtud del cual el cristianismo se transformó de secta de creyentes a Iglesia universal”55. No en vano, insistirá Pellicani, incluso toda la polémica hermenéutica sobre Gramsci como “puente ideológico” entre el bolchevismo y una suerte de post leninismo se ha conducido siguiendo el modelo de la Iglesia católica donde “cada corrección de la ortodoxia siempre se ha presentado como una reinterpretación de los textos sacrosantos y jamás como una ruptura”56. Finalmente, el artículo “Le cenere di Gramsci” del historiador Ernesto Galli della Loggia seguirá insistiendo en los problemas de fondo que el pensamiento gramsciano presentaba para ser adaptado a los esquemas de las democracias parlamentarias contemporáneas. Advertía, sobre todo, que la estrategia de la conquista de la hegemonía cultural como vía de acceso al poder del comunismo en Occidente, elaborada por Gramsci, no podía desprenderse de la voluntad de realizar una “unidad moral e intelectual” de la sociedad. A saber, de la intervención de Galli della Loggia se deduce que el principal problema que encuentra el PCI para hacer compatible el pensamiento de Gramsci con los principios de las democracias liberales y pluralistas es que, desde una concepción de la política como proceso revolucionario, “la política es, sustancialmente conquista de la hegemonía y esta, a su vez, la afirmación social de un concepción del mundo obra de una vanguardia intelectual”57. Siguiendo este razonamiento, la concepción gramsciana de “hegemonía” no 54 Antonio Gramsci, op. cit., 1561 En su etapa de juventud como redactor de la revista L’Ordine Nuovo Gramsci se refería como sigue al partido comunista: “el órgano de educación comunista, el fuego de la fe, el depositario de la doctrina, el poder supremo que armoniza y conduce a la meta las fuerzas organizadas y disciplinadas de la clase obrera y campesina” Antonio Gramsci, L’Ordine Nuovo 1919-1920, Torino, Einaudi, 1954, p. 9. 55 Luciano Pellicani, op. cit, 104. 56 Ibídem., p. 100. 57 Ernesto Galli della Loggia, “Le cenere di Gramsci”, en F. Coen, op. cit., p. 77. 534 Jorge del Palacio Martín Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 515-536. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.23 es un tipo cualquiera de consenso cultural, sino “un principio ético-político que deviene ideología colectiva”58. El problema, insistirá Galli della Loggia, estriba en que la “La democracia es un método, no es y no podría ser, pues de otro modo sería contradictoria, una construcción moral-intelectual”, de tal modo que “hacerse cargo de la formación de la conciencia individual” de los ciudadanos no está en el programa de objetivos de las democracias occidentales59. Sin embargo, la teoría de la hegemonía gramsciana, expresión de una concepción revolucionaria de la política, mira en otra dirección. No renuncia a un proyecto de “homogenización cultural de las masas” que entronca con toda una tradición revolucionaria que pone la cultura al servicio de la creación del “hombre nuevo”. En este sentido, para Galli della Loggia en el pensamiento de Gramsci anida: …una concepción de la racionalidad del proceso histórico, de la eticidad del Estado, la misma idea de un puñado de intelectuales políticos en medio de una marea de plebe ante la que se arrogan el deber “moral” de dar forma a nuevos ciudadanos, la misma idea de que la coerción del Estado puede y debe sustituir las carencias de la Historia60. 5. Conclusiones La guerra ideológica entre el PSI de Craxi y el PCI de Berlinguer que se ha analizado en este artículo deparó un resultado ambiguo para ambos partidos. Lo cierto es que la crítica del socialismo craxiano no pudo cambiar una situación histórica, abierta en Livorno en 1921, que continuó dividiendo a la izquierda italiana, como ha escrito Luciano Pellicani, en reformistas sin reformas y revolucionarios sin revolución61. La batalla ideológica socialista contra la identidad leninista del PCI no provocó un vuelco en el equilibrio de fuerzas entre ambos partidos. La crítica socialista al concepto de “Hegemonía”, señalando su incompatibilidad con el pluralismo, tampoco logró modificar el culto del partido de Berlinguer a la figura de Gramsci, ni su convicción de que la línea Lenin-Gramsci llevaba al comunismo italiano al puerto de la democracia de manera autónoma. Sin embargo, a partir de 1977 puede registrarse un proceso de crisis y disolución de la cultura 58 Ibídem., p. 73. 59 Ibídem., p. 89. 60 Ibídem., p. 87 La cita de Galli della Loggi hace referencia a la identidad entre el pensamiento de Gramsci y la del historiador y filósofo hegeliano napolitano Bertrando Spaventa, que también ejercerá una gran influencia en el desarrollo del neoidealismo de filósofos italianos como Benedetto Croce y Giovanni Gentile. 61 Luciano Pellicani, “La battaglia culturale contro il comunismo”, en Gennaro Acquaviva y Marco Gervasoni, op. cit., p. 161. 535 Objetivo Gramsci. La crítica socialista del concepto de “Hegemonía” en la batalla ideológica entre el PSI y el PCI (1976-1978) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 515-536. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.23 gramsciana, entendida como cultura de masa y de partido. Un proceso que no puede leerse al margen de la “crisis del marxismo” que se registra en Italia a finales de los años setenta. Al punto que el historiador del PCI Paolo Spriano escribiría en l’Unità en 1986 en referencia a Gramsci: “Casi nadie lee ya sus escritos”62. 62 Guido Liguori, Gramsci conteso, op. cit., pp. 272-273. 536 Jorge del Palacio Martín Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 515-536. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.23 Bibliografía: Acquaviva, Gennaro y Gervasoni, Marco. Socialisti e comunisti negli anni di Craxi, Venezia, Marsilio, 2011. Bedeschi, Giuseppe. La parabola del marxismo in Italia 1945-1983, Roma, Laterza, 1983. Bedeschi, Giuseppe. La fabbrica delle ideologie. Il pensiero político nell’Italia del Novecento, Roma, Laterza, 2002. Canali, Mauro. Il tradimento. Gramsci, Togliatti e la verità negata, Marsilio, Venezia, 2013. Coen, Federico. (ed.) Egemonia e democracia. Gramsci e la questione comunista nel dibatitto di Mondoperaio, Roma, Mondoperaio, 1977. Colarizi, Simona. y Gervasoni, Marco. La cruna dell’ago. Craxi, el Partido Socialista y la crisis de la Repubblica, Roma, Laterza, 2005. Gervasoni, Marco. La guerra delle sinistre. Socialisti e comunista dal ’68 a Tangentopoli, Venecia, Marsilio, 2013. Gramsci, Antonio. Quaderni del carcere, Torino, Einaudi, 2014 (Ed. Valentino Gerratana) Kertzer, David. 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