Desde el recuerdo próximo y lejano
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DESDÉ EL RECUERDO PRÓXIMO Y LEJANO Ahora hace quince años. Entraba yo en la Escuela de Magisterio con un bagaje de ilusiones, esperanzas e inquietudes, consecuentes con toda clase de intereses éticos, sociales, profesionales, etc., de la edad primaveral. Aunque tan cerca, eran otros tiempos, otros planes de estudio, otras metodologías, fetros Profesores y hasta otro inmueble. Sólo recuerdo a algunos profesores por la impronta que dejaron en mí. Y como figura relevante en ese ramillete de educadores y formadores, aún veo a Dña. Teresa Bailó. Tengo todavía presente mi primer encuentro con ella en clase. Jamás olvidaré su figura ágil, emprendedora, inquieta. Primeras orientaciones para todos y a empezar a trabajar. La clase en silencio y ella que deambula y habla destacando la importancia de la asignatura, de su asignatura. La primera impresión que deja ( y que perdurará) es la de una persona muy humana, trabajadora, muy documentada y con muchas ganas de hacer trabajar. Y..., muy exj_ gente. No puedo ni debo silenciar que fue la mujer que con más hidalguía, entusiasmo y elegancia, me ha impartido clases. Su dinamismo contagiaba a todo el grupo; incitaba a estar superándose continuamente. No exigía con autoritarismo, sino con razonamientos ylcon su ejemplo, con sus consejos y su aliento. A ningún alumno le faltaba nunca su apoyo para superar dificultades. Tanto es así, que muchas veces nos atrevíamos a romper su intimidad hogareña para recibir allí sus orientaciones. Algo que siempre he admirado en Dña. Teresa Bailó, hasta el último día de su vi da, ha sido su inagotable capacidad de trabajo, ante lo cual, por amor propio, debíamos los alumnos intentar unirnos a su ritmo, seguirla, con la seguridad de qye siempre la teníamos a nuestro lado. Cuando apenas habían pasado las primeras semanas de curso, ya estábamos identificados con ella: con sus deseos de superación, con su amor a la Escuela. Entonces era ya.muy agradable convivir en sus clases, dialogar con ella, porque tenía la Y\abj_ lidad de dar las finas y justas pinceladas de humor para que no decayera la atención y el interés. Es una realidad que no a todos los alumnos les satisface ni les interesa en el mismo grado una asignatura o materia. Ella se esforzaba en conseguir interés y gus- to por la Lengua y Literatura. No sé si en todos lo conseguía. Pero de lo que sí estoy seguro es de que todos salíamos, o podíamos salir, de sus clases con un nuevo CAUCE. Núm. 0. TRIGO, José Manuel. Desde el recuerdo próximo y lejano.
sentido de nuestra misión y de nuestra responsabilidad: A los que nos interesaba la materia se nos proporcionó la suerte de encontrarnos con una nueva manera de concebir y estudiar la Lengua, que por entonces venía de manos de los incipientes pasos de la corriente estructural ista en España, y más concretamente en Sevilla. Junto a ello se nos persuadió de la importancia que tiene la enseñanza de la Lengua en los primeros años de la escolarización. Estos son, pues, los dos importantes criterios, puntos de vista u objetivos que podíamos conseguir como fruto de nuestra relación profesor-alumno con Dña. Teresa: sentido de la responsabilidad, que obligaba a una superación personal, por un lado; y, por otro, valorar la importancia de la didáctica de la Lengua en la escuela. Hay otra faceta en la personalidad de Dña. Teresa que no quiero dejar pasar por alto: su continuo contacto y aliento a los ex-alumnos que deseaban seguir recibiendo sus valiosas orientaciones. Eran unas relaciones enriquecedoras, comenzadas un día y ya nunca cercenadas, porque tenían su base en un verdadero afecto. Esto se reflejaba en el agrado, cariño y efusiva sonrisa con que saludaba siempre a sus antiguos alumnos. Se puede decir que, encontrarse con Dña. Teresa, en cierto modo, era como tener que revisar la actitud de autosuperación. Porque siempre preguntaba de una u otra ma_. ñera: "¿Qué estás haciendo ahora?", para luego señalar lo último que había publicado sobre el tema en cuestión, o para orientar el método, etc. En este sentido, siempre tenía para todos un "¡ánimo!, que hay poco hecho sobre esa idea",o "cuando tú quieras me llamas y hablamos de eso otro que me interesa bastante", etc. Pienso que su trato exquisito tenía esta difícil virtud: ponerse al mismo nivel del alumnos o del que le consultaba, como si ella quisiera aprender. Era una verdad^ ra humildad, lejos de toda actitud hipócrita y solapada. Escuchaba y nunca imponía sus criterios; era al final cuando ella insinuaba. En definitiva, el contacto con Dña. Teresa constituía siempre un enriquecimiento, porque era una persona rica en los bienes de la cultura y de las virtudes. En un recuerdo más próximo, desde la perspectiva de colaborardor. o profesor de su departamento en esta Escuela, el perfil humano de Dña. Teresa se ha agigantado ante mis ojos. Cuando me incorporé a su departamento en calidad de P.N.N., de ella partieron los primeros ánimosy el darme confianza, al decirme: "Habíame dé tü_, hombre, si ya somos compañeros". Pocos meses después, sólo seis, cayó enferma. Pero corto espacio de tiempo fue suficiente para corroborar que seguía siendo la misma Dña. Teresa que me daba clases quince años antes. La misma dulzura en el trato, la misma hidalguía, equilibrio y elegancia. Había, no obstante, ganado en serenidad, sin perder su dinamismo, sus deseos de trabajar., y seguía programando seminarios, reuniones de estudio, etc8 como si estuviera empezando sus actividades profesionales. Su madurez corporal seguía envolviendo al mismo espíritu juvenil y entusiasta en sus quehaceres yí •, 10 CAUCE. Núm. 0. TRIGO, José Manuel. Desde el recuerdo próximo y lejano.
preocupaciones por las escuelas. Otra vez, ahora en otra situación y a otro nivel, Dña. Teresa significaba un compromiso de superación, un estímulo y un ejemplo. Su cariño se acentuó y sus orientaciones se multiplicaron. Entonces déseubrí su insuperable espíritu de servicio a\;la Escuela de Magisterio, asociado íntegramentea su sentido ético y a su conducta ejemplar, a través de lo cual se transparentaba de algún modo su espiritual sentido del deber y de toda su vida. Estos deslabazados recuerdos remotos e inmediatos se unen ahora para evocar una gran figura de esta Escuela del Profesorado de E.G.B., que unía a todos sus méritos la gran virtud de la sencillez, quizás como testimonio y como forma de deber realizar la trascendente labor pedagógica en nuestro colegios de E.G.B.. Lo grande, lo sublime se presenta siempre con vestimenta humilde, con.modestia. No creo excederme al pensar que Dña. Teresa poseía el doble aspecto de la humildad auténtica: la humildad del verdadero universitario, fundada en el " sólo sé que no sé nada" y la sincera virtud cristiana de la humildad. ' Podríamos relinir sus cualidades más sobresalientes en estos versos de Fray Luis de León, trasladando a este momento sus pensamientos de esta forma: "Lo jaita le acampana y la lucXente vendad, la ¿encÁllez en pecha de ofw, la (Je no colo/tada ^albamente; de. nJjiai, e&peJianzai almo coto y paz con ¿>u d&bcuUdo le. twd.ea.Yi, y el gozo, cuyoi ojoi huye el Ito/w." Para muchos educadores de Sevilla sobre todo, Dña. Teresa Bailó no ha muerto, aunque haya fallecido, porque aún vive en el recuerdo y sigue siendo ejemplo, ya que ella fue testigo e intérprete de una vida permanentemente entregada a la docencia, a la enseñanza. Eso la enriqueció en abundancia, hasta que la nube negra de la muerte le dio paso a la eterna claridad que ella ya en sus últimos días esperaba. Con el mismo Fray Luis podemos decirle: füjca tú. te alejan ¡Cudn pobxe& y cudn cÁeQói, ¡ay¡, noi dijaii" 3o&£ Manuel Profesor de Escuela Normal. 11 CAUCE. Núm. 0. TRIGO, José Manuel. Desde el recuerdo próximo y lejano.