“Proyectos de Paz del Siglo de la Ilustración” (II. Bellers: Parlamento europeo y concilio de todas las confesiones cristianas)
Abstract
Incluye una traducción de JOHN BELLERS, Algunas razones para un estado europeo
Full text
Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 20, nº 39. Primer semestre de 2018. Pp. 587-610. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2018.i39.29 “Proyectos de Paz del Siglo de la Ilustración” (II. Bellers: Parlamento europeo y concilio de todas las confesiones cristianas)1 Francisco Javier Espinosa Antón2 Universidad de Castilla-La Mancha (España) En tiempos del Brexit quizá debamos recordar que dos de los principales y primeros impulsores de la unidad europea en la época en que se empezó a forjar esta idea, los tiempos de la Ilustración, fueron dos ingleses, William Penn y John Bellers. Presentaremos ahora la obra del último y luego la traduciremos. John Bellers (1654-1725) ha pasado a la historia por ser un importante escritor reformista. Hijo de cuáqueros y él también cuáquero, perteneció a la segunda oleada de este movimiento que había modulado el inicial impulso hacia un interiorismo religioso con la preocupación por las reformas sociales. Fue amigo cercano de William Penn, cuáquero, fundador de Pennsylvania y también reformador social, quien firmó en su acta de boda3. Como Penn, escribió panfletos exhortando a practicar el cuaquerismo, por lo que fue perseguido, multado y arrestado. Quizá no hubo ningún escritor que, en su época, tuviera tanta sensibilidad por los problemas sociales. Propuso, entre otras medidas, la abolición de la pobreza de las masas, una educación gratuita para todos, un sistema estatal de salud gratuito para los pobres, una reforma de las prisiones para que, más que 1 Este escrito se adscribe al Proyecto “Prismas filosófico-morales de las crisis: Hacia una nueva pedagogía sociopolítica” (FFI2013-42395-P). Para ampliar algunas ideas de esta introducción véase la obra de Javier Espinosa Antón: Inventores de la paz, soñadores de Europa. Siglo de la Ilustración. Madrid: Biblioteca Nueva, 2012 y el artículo “Los proyectos de paz y el cosmopolitismo en la Ilustración”, en Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, 32 (2014), pp. 5-20, del mismo autor. 2 (javier[email protected]): profesor Titular en la Universidad de Castilla-La Mancha (España), ha escrito numerosas publicaciones sobre Spinoza, algunos filósofos de la Ilustración y algunos pensadores actuales, especialmente en las temáticas del multiculturalismo, el cosmopolitismo y la paz. 3 G. Clarke (ed.), John Bellers. His life, times and writings. London/New York, Routledge & Kegan Paul, 1987, p. 5 V. Documentos
588 Francisco Javier Espinosa Antón Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 20, nº 39. Primer semestre de 2018. Pp. 587-610. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2018.i39.29 para castigar, sirvieran para reformar y la abolición de la pena capital4. Llegó a ser miembro de la Royal Society. Las ideas de Bellers asombraron a Robert Owen, que decía que muchas de sus propuestas las había tomado de él. A través de Owen algunas ideas de Bellers también llegaron a impresionar a Marx, como, por ejemplo, el valor del trabajo frente al capital, la acumulación de dinero (Bellers decía que “los trabajos de los pobres son las minas de donde sacan su dinero los ricos”5) y la necesidad de educación para los pobres6. Podríamos considerar a Bellers precursor del socialismo y del estado del bienestar7. Bellers conocía el plan de paz que Penn había escrito en 1693, titulado Un Ensayo para la paz presente y futura de Europa mediante el establecimiento de una Dieta, de un Parlamento o de unos Estados Europeos. Y quiso escribir su propio plan de paz, articulado en torno a novedosas instituciones europeas. En 1710 publicó Algunas razones para un estado europeo, la obra de la que presentamos traducción. En esa obra propuso la creación de un estado europeo mediante un parlamento, donde diputados venidos de toda Europa resolvieran los conflictos entre los países. También planteó la realización de un concilio de todas las confesiones cristianas que, respetando la diversidad religiosa, buscara los puntos comunes entre ellas, para que la religión no volviera a ser jamás causa de guerra. A Bellers le afectó mucho la crueldad de la guerra en Europa y la llegada de 10.000 refugiados de Alemania a Gran Bretaña8. Su entorno temporal fueron las guerras por la supremacía en Europa entre Luis XIV de Francia y una alianza de países europeos formada, principalmente, por el Imperio germánico, Holanda e Inglaterra, guerras que se continuaron en la guerra de Sucesión española. La obra tenía 7 partes. En la primera, dedicada a la reina Ana de Gran Bretaña, señalaba que el objetivo de su escrito era el establecimiento de una paz universal en Europa. Afirmaba que, al igual que la unión de Inglaterra, Gales, Irlanda y Escocia había acabado con las guerras entre ellas, lo mismo sucedería en Europa, si se hiciera un pacto entre todos los países y se creasen instituciones jurídicas para resolver pacíficamente todas las disputas. En la segunda parte, dirigida a los parlamentarios de la Gran Bretaña, Lores y Comunes, les señalaba como meta lograr una paz perpetua en Europa. Para ello habría que mantener la coalición actual (la Gran Alianza), evitando divisiones mediante la creación de un tribunal que resolviera pacíficamente los 4 G. Clarke (ed.), ob. cit., p. 18. 5 G. Clarke (ed.), ob. cit., p. 19. 6 G. Clarke (ed.), ob. cit., pp. 26-28. Cfr. R. PACE, “John Bellers. A Biographical Sketch”, en John Bellers, Some Reason for an European State, introducciones y anotaciones de R. Pace y P. van den Dungen, Malta, Midsea, 2010, p. 4 7 P. Van Den Dungen, “Some reasons for remembering John Bellers (1710-2010)”, en JOHN BELLERS, Some Reason for an European State, ed. cit., p. 26 8 Derek Heater, The idea of European unity, Leicester & London, Leicester University Press, 1992, p. 52.
589 “Proyectos de Paz del Siglo de la Ilustración” (II. Bellers: parlamento europeo y concilio de todas las confesiones cristianas) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 20, nº 39. Primer semestre de 2018. Pp. 587-610. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2018.i39.29 conflictos entre los países. Luego se podría proponer a los países neutrales que se unieran y finalmente también a Francia. Les indicaba que era precisamente en los tiempos difíciles, como los de su época, cuando eran posibles los planes innovadores. Realmente, esa ha sido la historia de Europa, que ha dado pasos hacia su unión cuando más difíciles estaban las cosas, como después de las dos guerras mundiales9. La tercera parte, dirigida a las Potencias de Europa, era la más importante y la más extensa. En es ella donde aparecía realmente la propuesta de Bellers. A Francia le exponía que los últimos veinte años de guerra le habían costado 440 millones de libras y 600.000 hombres. Incluso si hubiera ganado todas las batallas y hubiera conquistado todo lo que se proponía, no hubiera tenido, ni mucho menos, la riqueza económica y humana que le hubieran proporcionado ese dinero y esos seres humanos malogrados. Hubiera mejorado muchísimo el país si, en vez de perder en la guerra esos cientos de miles de personas y esos millones de libras, los hubieran invertido en palacios, hospitales, puentes, o en hacer navegables los ríos y aumentar la cantidad de sus pueblos. A las potencias europeas les propuso crear una legislación europea y que se unieran en un solo estado. Aunque no desarrolla mucho la idea, por tres veces dice Bellers que su plan es para construir un estado europeo. El argumento que utilizó para ello era la siguiente: de la misma manera que había necesidad de crear estados, que englobasen pueblos y ciudades, para resolver pacíficamente mediante leyes las controversias de los individuos, también había necesidad de crear una unión entre los estados europeos para resolver pacíficamente los conflictos entre esos estados. Decía que el plan podría empezar por los actuales miembros de la Gran Alianza contra Francia, pero que luego se deberían unir todos los estados europeos. Que tendría que ser un plan que respetase las diferencias entre los países. Propuso dividir Europa en 100 cantones y que cada uno de ellos enviase un representante al parlamento europeo. Esto podría interpretarse como una reforma en profundidad de las estructuras políticas europeas del momento, o simplemente como una manera de confeccionar ese parlamento, de modo que los estados pequeños fueran como un cantón y los grandes se dividieran, a efectos de contar su número de parlamentarios, en tantos cantones como la cantidad de su población lo permitiese10, alternativa que es la que parece más congruente con la literalidad del texto. Es de resaltar que la representación de cada estado en el parlamento europeo sería en proporción a su población, de modo que parece que los parlamentarios no representarían tanto a los reyes como a los ciudadanos. El proyecto hablaba de una confederación, un tribunal 9 Cfr. R. Pace, ob. cit., p. 10. 10 Cfr. Daniele Archibugi, “Models of international organization in perpetual peace projects”, en Review for International Studies (1992), 18, p. 306.
590 Francisco Javier Espinosa Antón Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 20, nº 39. Primer semestre de 2018. Pp. 587-610. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2018.i39.29 supremo y un parlamento, pero no especificaba mucho más. Sí indicaba que los conflictos ente países los debería resolver el parlamento por mayoría, y que la mayor parte del Senado, al no tener intereses en la disputa, se sentiría más inclinada a la parte que presentase mayores razones. Les sugería que era el momento propicio, porque nunca había habido en Europa guerras que ocasionaran mas pérdidas humanas y económicas, por lo que mucha gente estaba dispuesta a acabar con esa situación. La cuarta parte estaba dirigida a los consejeros y ministros de las potencias europeas y en ella repetía algunos de los elementos que ya había presentado. En la quinta parte, dirigida a las jerarquías eclesiásticas, ideaba en el campo de la religión, en paralelo al de la política, una institución a nivel europeo: un concilio europeo. Su objetivo habría de ser buscar el acuerdo y propagar el denominador común de las confesiones cristianas. Así se daría importancia a lo que unía a las confesiones cristianas y se relativizaría lo que las diferenciaba y dividía: los dogmas y las ceremonias eran las pequeñas cosas que dividían a los cristianos, señalaba, mientras que las acciones buenas (amar a Dios y al prójimo) eran lo esencial en la religión y aquello en lo que todas las confesiones concordaban. Afirmaba que se podían tener relaciones amistosas, aunque hubiera esas diferencias. Bellers pensaba que la guerra era contradictoria con el cristianismo y que la glorificación de la guerra era una cosa pagana. Además, según él, debía reinar la tolerancia en las cuestiones religiosas, lo que sería un medio capital para evitar una parte importante de las guerras. La religión había de difundirse mediante el consejo y la caridad, nunca mediante la violencia y la fuerza. La violencia religiosa, además, no servía para que alguien alcanzara la fe, sino solo para que esa persona repitiera las palabras que el que lo violentaba quería oír. Por otra parte, esta manera de proceder iba contra la prosperidad, señalaba, como mostraban las diferencias entre los casos de Holanda, donde la tolerancia promovía la riqueza y la prosperidad, y el de España, donde el rigorismo religioso había causado miseria y pobreza. Pero Bellers no sólo hablaba de la tolerancia desde el punto de vista del cristiano, en cuanto que el cristianismo era una religión de amor y no de violencia, sino que, yendo más lejos, proponía la libertad de conciencia e incluso, de algún modo, la separación de iglesia y estado, cuando señalaba que la religión debía ser sólo objeto de consejo, mientras que aquellas acciones que eran necesarias para el bien de la sociedad humana debían ser impuestas. En la sexta parte hacía un resumen del “Gran designio” de Enrique IV de Francia para establecer una paz perpetua en Europa. Maximilien de Béthune, duque de Sully (1560 - 1641) fue un fiel ministro de Enrique IV de Francia. Después de muerto su amigo el rey y ya retirado de la política, en sus Memorias de las sabias y reales economías de estado de 1638 atribuía a Enrique IV un
591 “Proyectos de Paz del Siglo de la Ilustración” (II. Bellers: parlamento europeo y concilio de todas las confesiones cristianas) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 20, nº 39. Primer semestre de 2018. Pp. 587-610. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2018.i39.29 gran proyecto de paz, lo que se conoció durante mucho tiempo en Europa como “le grand dessein”, proyecto que hablaba de construir una unidad política europea. Mas este complejo libro, compuesto de recuerdos, cartas o transcripciones de documentos, tuvo una difícil y laboriosa gestación: había hasta cuatro redacciones previas a la que Sully publicó en 1638. Y después de su muerte, algunos editores encontraron otros manuscritos que utilizaron para nuevas ediciones. Esto explicaría que podamos encontrar versiones distintas, e incluso contradictorias, del proyecto de paz. Por otra parte, en su afán de atribuir ese plan a Enrique IV, parece que Sully desfiguraba la historia e incluso utilizaba documentos falsos. Quizá Enrique IV quiso crear una gran alianza europea para frenar el poder de los Habsburgo, pero puede ser, más bien, que la idea de ampliarla hasta crear una confederación continental fuera de Sully. Las Memorias fueron muy difundidas, traducidas al inglés y utilizadas por el preceptor de Luis XIV, Hardouin de Péréfixe, en su obra de 1661 Histoire du roi Henry le Grand11. Bellers en su obra se refiere tanto a las Memorias de Sully como a la Histoire de Péréfixe, aunque más específicamente a esta última obra. En la Conclusión apelaba a la universalidad del género humano pareciendo incluir también a rusos y turcos en su proyecto de paz. Acababa la obra con una llamada a todos los que tuvieran ideas similares, para que las hicieran públicas. Quizá también esta idea de la importancia de la difusión pública del proyecto de paz fuera lo que estaba presente en la división de esta misma obra de Bellers, que tenía partes dirigidas a la Reina de Gran Bretaña, a los Lores y a los Comunes, a las potencias de Europa, a los cancilleres y ministros de los estados europeos y a la jerarquía eclesiástica. Por eso mismo, mencionaba los proyectos de Enrique IV y de Penn y afirmará en 1714, en su obra An Essay towards the improvement of physic, que conocía la traducción al inglés de la obra de Saint-Pierre de 1713 Projet pour rendre la paix perpétuelle en Europe12. Como en otros proyectos de paz de la época, la creación de una cierta opinión pública transnacional era esencial, lo mismo que lo sigue siendo hoy, aunque la situación sea diferente. 11 Sobre la obra de Sully, véase Francisco Javier Espinosa, Inventores de la paz, soñadores de Europa. Siglo de la Ilustración, Madrid, Biblioteca Nueva, 2012, pp. 19ss. 12 An Essay towards the improvement of physic, en G. Clarke (ed.), ob. cit., p. 212.
592 Francisco Javier Espinosa Antón Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 20, nº 39. Primer semestre de 2018. Pp. 587-610. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2018.i39.29 JOHN BELLERS, Algunas razones para un estado europeo13, propuesto a las potencias de Europa, mediante una Garantía Universal y un Congreso Anual, Senado, Dieta o Parlamento, para dirimir cualquier disputa sobre las obligaciones y derechos de Príncipes y Estados de ahora en adelante. Con un resumen del plan formado por el Rey Enrique IV de Francia sobre el mismo tema. Y también una propuesta de un Concilio General o Asamblea de todas las diferentes confesiones religiosas de la Cristiandad (no para disputar sobre aquello en lo que difieren, sino) para sentar los principios generales sobre los que están de acuerdo: por lo que se verá que pueden ser buenos súbditos y vecinos los que tienen diferentes maneras de entender el camino hacia el cielo; con la finalidad de impedir riñas y guerras internas, cuando las guerras externas hayan terminado. Y sobre todo, tened caridad ferviente entre vosotros mismos: ya que la caridad cubrirá multitud de pecados (1 Ped 4, 8). [I] A ANA, REINA DE GRAN BRETAÑA Gran Princesa: Las Coronas ya tienen suficientes preocupaciones en el mejor de los casos, a las que se añaden no pocos peligros provenientes de enemigos reconciliados, así como de malentendidos con los aliados. Por tanto, no hay nada más oportuno, en esta coyuntura, que conocer qué recursos pueda haber para prevenirlos, lo que ha dado ocasión a este escrito acerca de una garantía general, el establecimiento de la paz universal de Europa y, más especialmente, en la monarquía británica, en manos de la reina, cuyo suave gobierno y ternura para sus súbditos asienta su trono en sus corazones, y su prudencia y sabiduría para con sus aliados se ven coronadas con la fama en aquellas cortes. Aumentará en gran manera la seguridad de su corona y la paz de las naciones, y será un gran logro para la gloria de la reina [II], si desea usar su empeño, además de para la unión de Escocia (que durante mucho tiempo se ha intentado en vano), también para unir a las potencias de Europa en un acuerdo pacífico. Por medio del cual los reinos y los estados pueden crear entre sí una Jurisdicción legal tal que todas las futuras disputas puedan resolverse pacíficamente de acuerdo al Contrato Original que harían, de la misma manera que los reinos Sajón, Galés, Escocés e Irlandés están ahora felizmente unidos 13 He traducido la obra a partir de la edición facsímil de la original de 1710. Se trata de JOHN BELLERS, Some Reason for an European State, introducciones y anotaciones de R. Pace y P. van den Dungen, Malta, Midsea, 2010. Pondré entre corchetes la paginación de esta obra. También hay otra edición en G. Clarke en John Bellers. His life, times and writings. London/New York, Routledge & Kegan Paul, 1987, pp. 134-153. Hay una traducción, parcial y a veces excesivamente literal, al castellano de VICENTE BLANCO GASPAR en su artículo –La Unión Europea según el plan de Bellers (1710)–, en la Revista de Instituciones Europeas, 2 (Septiembre-Diciembre de 1975), pp. 661-676 [nota del trad.].
593 “Proyectos de Paz del Siglo de la Ilustración” (II. Bellers: parlamento europeo y concilio de todas las confesiones cristianas) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 20, nº 39. Primer semestre de 2018. Pp. 587-610. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2018.i39.29 en un gobierno, evitando el derramamiento de mucha sangre humana, que antes fue vertida en disputas, como sucede ahora en varias partes de Europa. Eso se puede prevenir para el futuro y ése es el vigoroso deseo y el presente esfuerzo de estas Razones para un estado europeo, humildemente presentadas a la reina por su devoto súbdito, quien ruega que la paz de Dios y la protección de sus santos ángeles estén con Ella y el Espíritu de alegría en lugar de su actual luto; y que, después de un largo y próspero reinado en la tierra, tenga la seguridad y la garantía de la gloria en el gozo completo y la corona eterna en el cielo. John Bellers [III] A LOS LORES Y COMUNES DE GRAN BRETAÑA REUNIDOS EN EL PARLAMENTO Los ríos de sangre cristiana y la gran cantidad de dinero que han sido gastados para conseguir la esperada paz son el más poderoso argumento en favor de la necesidad de que la paz, cuando se alcance, se convierta en perpetua, si es posible. ¿Quién puede ser más consciente de la felicidad de la paz que vosotros mismos, nacidos con la pesada carga de la guerra? Si se celebraran tantas sesiones del Parlamento para encontrar un medio aceptable para alcanzar una paz perpetua, como se han celebrado para conseguir paces transitorias, ese tiempo estaría bien empleado. Pero espero que muchas menos sesiones consigan esa paz perpetua. Es muy necesaria una garantía entre los actuales países confederados, en el sentido en el que vuestra Asamblea de agosto se dirigió a la Reina; sin embargo, una garantía general para toda Europa resultará mucho más efectiva [IV], ya que pudiendo sacar beneficio de ella todos los príncipes y estados, todos considerarán que es de su interés mantenerla inviolada, con aquellos artículos adicionales del Acuerdo que puedan hacerla más duradera de lo que son las garantías en general. Ahora bien, considerando los intentos y el peligro que puede haber de debilitar (dividiéndola) la confederación actual, que se podría debilitar especialmente si surgieran disputas entre los aliados actuales sobre el honor de los príncipes, los límites de los países o el comercio de sus súbditos, etc., propongo humildemente como recurso, por eso, que por medio de suficientes acuerdos entre los actuales confederados se establezca un tribunal supremo para dirimir sus futuras querellas sin sangre. Tal jurisdicción parece más necesaria que ninguna otra barrera contra el mayor enemigo público, pues es la unidad entre los estados lo que los mantendrá fuertes y estables para conservar sus posiciones o barreras de defensa exterior.
594 Francisco Javier Espinosa Antón Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 20, nº 39. Primer semestre de 2018. Pp. 587-610. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2018.i39.29 Mientras, por falta de tal jurisdicción para extinguir esas chispas pequeñas, Holanda puede llegar a creerse de nuevo en la necesidad de buscar la alianza y protección de Francia y algunas ciudades fronterizas pueden cambiar de bando, como hicieron en Flandes a la muerte del difunto Rey de España, de lo que puede surgir [V] una nueva guerra más fatal que la presente, que es lo que intenta impedir este ensayo. Y, usando las mismas palabras que el Rey Enrique IV de Francia y sus asociados dirigieron al entonces Rey de España sobre el mismo Designio, diré que: “es sagrado, pío, generoso, glorioso y provechoso a toda la Cristiandad”. El Consejo de Estado en Holanda en el preámbulo a su último Estado de la Guerra declara que el poder de Francia es tan formidable y que las anteriores barreras y garantías han sido tan insuficientes contra las pretensiones de esa Corona que los otros príncipes y estados no pueden asegurarse frente a sus invasiones sin una Liga y unión mutua que hay que desear e intentar siempre para la paz, en imitación de la unión llamada Foedus Sacrum, constituida entre el Emperador y la República de Venecia contra los turcos. Teniendo en cuenta las potencias a las que atañe, cuanto antes se pueda establecer, mejor; las presentes dificultades y desánimos las harán más deseosas de fusionarse [VI] y unirse, mientras que ser un tanto puntilloso en las ceremonias y el honor en tiempos de paz puede convertirse en un serio obstáculo. Las diversas provincias de Holanda, así como los cantones de Suiza, fueron más fácilmente y firmemente establecidas y fortalecidas al unirse en tiempos peligrosos. Si los actuales aliados empiezan este plan entre sí y luego invitan a todas las Potencias neutrales, arrastrarán a la paz más rápidamente y con más inclinación a la misma Francia, por lo que ese reino cosechará la bendición de una paz duradera, como el abuelo de su actual rey ya había propuesto anteriormente. Lo que me ha llevado a escribir sobre este tema ha sido el amor por el bienestar de mi país (como lo fue cuando escribí diversos ensayos sobre los pobres) y por el bien de la Humanidad en general, por la unidad y no por la división, por la paz y no por la guerra. Así que espero vuestra interpretación favorable, si alguna expresión aquí pudiera parecer no demasiado comedida. El único Dios, Sabio, Omnipotente y Eterno, os proteja e incline vuestros corazones a buscar, y os dé la habilidad de alcanzar, la paz y la felicidad, vuestra y de vuestra posteridad, y de toda Europa, en éste y en todos los tiempos venideros. Amén. John Bellers
595 “Proyectos de Paz del Siglo de la Ilustración” (II. Bellers: parlamento europeo y concilio de todas las confesiones cristianas) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 20, nº 39. Primer semestre de 2018. Pp. 587-610. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2018.i39.29 [1] ALGUNAS RAZONES PARA UN ESTADO EUROPEO A LAS POTENCIAS DE EUROPA Sois los vice-reyes del gran Rey de los Cielos y la Tierra, ante el que debéis responder del buen gobierno de los muchos millones de vuestros compañeros en la existencia y súbditos. Vuestro rango entre los mortales es alto y honorable y en la medida en que cumpláis la voluntad del Superior, el Señor Soberano de todas las Naciones, será glorioso vuestro premio en los Cielos. Donde los súbditos son gobernados en paz, muchas y grandes son las bendiciones para el príncipe y el pueblo; mas la opresión y la guerra tienden a la pobreza y la ruina de ambos. Supongamos que esta guerra desde 1688 ha costado a la corona francesa 12 millones de libras esterlinas al año. [2] En 20 años suma ..................................... 240 millones El interés al 6% de 12 millones en 20 años .. 200 millones Lo que hace la suma total de ……..………… 440 millones Además de esto han perdido al menos 30.000 hombres cada año, lo que hace 600.000 hombres en 20 años. Si pensamos que cada hombre vale 200 libras y que cada hombre y su descendencia pueden añadir 10 libras cada año durante 20 años, tendremos un valor de 120 millones. Cada hombre anualmente produce 10 libras al comprar o gastar, según el siguiente cómputo: Para la corona por aranceles, impuestos ........ 0’50 Para la renta por viviendas o tierras .............. 2’50 o más Para telas ………………………………........ 2’50 Para comida …………………….................... 4’50 En total 10’00 cada año Lo que en 20 años supone 200 libras, pues donde no hay hombres, no puede haber dinero, ni mujeres, ni niños, ni reino, sino una tierra sin habitantes. De lo cual se podría deducir que 440 millones (además de las pérdidas en hombres) en 20 años darían 22 millones de renta al año, lo que es 4 o 5 veces más que las rentas normales de la Corona de Francia en tiempos de paz. Por tanto, si las rentas de 4 o 5 veces más hubieran venido por una conquista, teniendo en cuenta ese gasto que produce la guerra, no hubiera habido una gran ganancia. Y los 600.000 hombres muertos serían el doble o el triple del número que Francia tiene ahora en el ejército. Además, habría que contabilizar los muchos miles de refugiados, cuyos problemas provocan espanto en los países extranjeros. ¿Qué suma de riquezas, fuerza y honor para la Corona de Francia habrían brindado tal cantidad de hombres y tan extraordinaria [3] suma de dinero, si
602 Francisco Javier Espinosa Antón Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 20, nº 39. Primer semestre de 2018. Pp. 587-610. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2018.i39.29 vuestra profesión y, por tanto, deberías utilizar todo vuestro empeño contra ella, como si fuese vuestro mayor enemigo, pues las virtudes cristianas son más brillantes en la paz. ¿Cómo podrían los rayos del cristianismo tener alguna influencia en los turcos o en los infieles, cuando ven que, bajo la fachada de esta religión [11], quienes la profesan sienten las más ardientes animadversiones y odios, habiendo derramado, en las guerras de unos contra otros, mucha más sangre cristiana de la que fue derramada por el mayor de sus perseguidores paganos? Si un hombre vive de acuerdo con la paz pública, su error en las opiniones no puede hacerle más difícil el cielo que la ofrenda de Caín cuando mató a Abel. Cuando las inmoralidades de un hombre o las violaciones de la paz le hacen culpable, la ley pública debe castigarle. Muchos ejemplos han mostrado que diferentes maneras de pensar en religión no son inconsistentes ni con tener unas relaciones amistosas ni con ejercer un buen gobierno. La actual confederación y conferencia contra Francia es un buen ejemplo, pues se ve que católicos romanos y protestantes pueden unirse en búsqueda de una ventaja y de una seguridad comunes y, a pesar de sus diferentes principios y ceremonias religiosas, vivir en paz unos con otros. Los distintos estados y principados, que tienen distintas confesiones religiosas, del Imperio, de los cantones de Suiza, así como de las diferentes confesiones en Holanda, han mostrado que se puede gozar de las propiedades y las tierras sin atentar contra el gobierno bajo el que se vive. Protestantes y católicos romanos mantienen una firme amistad en el campo de la filosofía experimental. Malpighi, aunque italiano y médico del Papa, fue aceptado como un auténtico miembro por la Royal Society inglesa. Y los miembros de esta organización lamentan la interrupción de su correspondencia con la Académie Royal de París debido a la guerra. Diversas órdenes religiosas de la iglesia de Roma, aunque difieren en sus costumbres y normas, están como un solo cuerpo bajo la misma cabeza, el obispo de Roma, y generalmente viven amigablemente en los mismos reinos y ciudades. ¿Por qué la caridad, la prudencia y el interés no habrían de unir también a todos los cristianos bajo la misma gran cabeza, Cristo Jesús (al que todos pertenecen), y convertirles en más diligentes para buscar aquellas cosas en las que concuerdan y así vivir en amistad, en vez de permitir que aquellas pequeñas cosas en las que difieren exageren las disputas y el odio? [12] Es el amor a Dios con todas nuestras fuerzas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos lo que lleva a los hombres al cielo: “la fe, la esperanza y la caridad, pero la mayor de estas virtudes es la caridad” (I Cor 13, 15). Los más sabios de los hombres tienen ante sí muchas más verdades que no conocen que las que conocen: “pues ahora vemos como a través de un cristal
603 “Proyectos de Paz del Siglo de la Ilustración” (II. Bellers: parlamento europeo y concilio de todas las confesiones cristianas) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 20, nº 39. Primer semestre de 2018. Pp. 587-610. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2018.i39.29 oscuro, pero en la otra vida veremos cara a cara; ahora sólo conocemos parcialmente” (I Cor 13, 12). Pues si la ignorancia lleva a un hombre de naturaleza buena y honesta a la condenación, ¿quién podrá salvarse? Fue más la malicia de los fariseos y el asesinato del Mesías, que la ignorancia, lo que los llevó a la ruina. Un demonio puede aparecer como un ángel de luz y un Judas puede hacer suyo el nombre y todas las formas visibles de la mejor religión del mundo. Por tanto, una estricta conformidad a la mejor religión no hace bueno al hombre, porque ser bueno es lo que no pueden ser ni espíritus malignos ni hombres malvados. Perseguir a alguien para forzarle a la conformidad en religión, además de inútil, es también algo que va, como el peor de los principios y prácticas paganas, contra la intención del cristianismo. Saquear a los hombres a causa de los principios de la religión no es sino ofrecer [a Dios] el robo como si fuera un sacrificio; y atormentar a los hombres hasta la muerte no es mejor que ofrecer [a Dios] sangre humana. ¿Cualquiera de las opiniones controvertidas es más anticristiana que los asesinatos, robos, violaciones, destrucciones de ciudades y países, que profanan el nombre de Dios, y todo tipo de maldades, que son los efectos comunes de las guerras? La guerra es generalmente la consecuencia de las persecuciones religiosas, que a menudo traen convulsiones, si no revoluciones, en los reinos y los estados: pues como el sufrimiento genera simpatía, así los que se sienten ofendidos son mucho más numerosos que los que sufren. Y cuando hay una multitud de descontentos, aunque sean de diferentes religiones, raramente faltará una cabeza que esté al mando: un Teckly, un Ragotzi o un Cavaliere18 serán encontrados fácilmente. Suiza, Holanda, Bohemia, Hungría y los Cevenois con muchos protestantes franceses en los ejércitos de los aliados son perfectos ejemplos de ellos. Que el verdadero amor quite las pasiones defectuosas y el interés excesivo y la Humanidad concordará naturalmente en hacer el bien unos a otros, como la cera calentada se une. Las solas diferencias de opinión, sin que hayan llevado a cometer acciones ofensivas, no hacen [13] a los hombres discrepar más que sus rasgos, como la estatura o el semblante. Podríamos decir incluso que todo hombre se diferencia mucho de sí mismo en todo, si comparamos cómo se es cuando se tiene 7 años y cómo, cuando se tiene 70. La verdad es más fuerte y prevalecerá. Dejemos que sea oída imparcialmente. Pues la falsedad no puede nunca ser probada verdadera. Si removemos las pasiones que nublan a los hombres, la verdad será descubierta por su propia luz. 18 Se refiere a personajes del XVII que lideraron a grupos de descontentos. El último nombre parece referirse a Jean Cavalier, líder de los camisards en Las Cevenas (Francia) [nota del trad.].
604 Francisco Javier Espinosa Antón Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 20, nº 39. Primer semestre de 2018. Pp. 587-610. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2018.i39.29 Imponer la religión sin que se alcance a entenderla no es llevar a los hombres al cielo. Los hombres no serán salvados en contra de su propia voluntad, ni pueden creer firmemente aquello de lo que no están convencidos. Allí donde las verdades son claras y entendidas, los que las conocen no difieren acerca de ellas. No hay necesidad de un potro de tortura para obligar a una demostración matemática ni para hacer que un artesano sea un buen trabajador. El tormento puede hacer a un hombre decir cualquier cosa, aunque aborrezca al mismo tiempo a sus perseguidores, pero no le abrirá a ninguna verdad. La pasión y el dolor traen nubes al entendimiento de los hombres, en vez de inteligencia. Pero haced que un hombre alcance a entender algo y no podrá dejar de creer aquello de lo que está convencido. Las estrellas difieren en magnitud y gloria en el cielo, y también los hombres difieren en brillo e inteligencia en la tierra. En los cielos hay muchas moradas, pero los que tienen un carácter violento y cruel en la tierra no están en condiciones de adecuarse a ninguna de esas benditas moradas. No hay ningún hombre virtuoso en el infierno: el que vive en el amor, vive en Dios. Tampoco hay hombre de naturaleza malvada y cruel en el cielo, pues el demonio es su padre, aquél que fue un asesino desde el principio y que intentó destruir la creación, que Dios había hecho y los hombres buenos desean preservar. Si los credos debieran siempre ser el criterio de las propiedades, Europa debería estar despoblada, como América, y la gente ser tan bárbara como los indios, manteniendo sus resentimientos y deseos de venganza de una generación a otra. ¿Pueden los cristianos vivir pacíficamente con los turcos y los indios y no entre ellos, sin destruirse unos a otros? ¡Desgraciados hombres! Un enemigo ha sembrado seguramente estas cizañas en la Cristiandad, no a causa de la diferencia en cuanto principios, sino a causa de un modo de ser no caritativo ni cristiano. [14] Habiendo dicho bastante de los daños que acompañan a las enemistades y las guerras, para impedir eso en el futuro, propongo un nuevo tipo de concilio general de todas las diferentes confesiones cristianas en Europa. Las personas virtuosas y sinceras de todas las naciones son de la misma religión y las encontraremos en la reunión y la asamblea general reunida en el cielo para adorar y alabar a Dios y al Cordero (Ap 7,919). Dios no tiene acepción de personas. Aquél que en cada nación le tema y obre rectamente será aceptado por Él (Hech 10, 34). El que es hipócrita e irreverente será excluido. Es la integridad del corazón lo que acepta Dios, quien es el que juzga, y no el hombre. Todos los poderes de la tierra no pueden hacer sincero a un hombre por la fuerza, aunque hagan a millones de ellos manejables. 19 El texto es: “Había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y del Cordero” [nota del trad.].
605 “Proyectos de Paz del Siglo de la Ilustración” (II. Bellers: parlamento europeo y concilio de todas las confesiones cristianas) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 20, nº 39. Primer semestre de 2018. Pp. 587-610. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2018.i39.29 PROPUESTA DE UN CONCILIO GENERAL DE TODAS LOS DIVERSAS CONFESIONES CRISTIANAS DE EUROPA, PARA QUE SE REÚNAN DISPUESTAS A AMAR A SUS VECINOS Y HACERSE EL BIEN MUTUAMENTE, MÁS QUE A ENFRENTARSE POR AQUELLO EN LO QUE DIFIEREN I. Como primera cosa, deberían tomar en cuenta aquello en lo que las diversas confesiones religiosas de Europa están de acuerdo. Y entonces aparecerá claro que esos dos artículos esenciales de amar a Dios y al prójimo serán sólo dos, lo que, si todas las confesiones lo ponen en práctica, pondría eficazmente fin a todas las guerras y derramamientos de sangre por cuestiones religiosas. Y considerando que de la misma manera que un amor sincero hacia Dios hace merecer a cualquier hombre el cielo, así hacer el bien al prójimo da al hombre un derecho a una vida pacífica en la tierra. [15] II. Si los hombres tuvieran que ser examinados de manera puntillosa en cuanto a sus ideas diferentes, con el mismo odio y acaloramiento con que se disputa generalmente con los que son considerados enemigos, se encontraría materia suficiente para que surgieran enemistades y animadversiones entre los amigos más íntimos e incluso entre los dos últimos hombres que estuvieran viviendo. Ya sabemos que había tres hombres en el mundo cuando Caín mató a Abel por la religión. A la luz de esos dos artículos, el caso no deja lugar a dudas. La libertad de conciencia, para los amantes de la paz, tiende a hacer que los países florezcan por la paz; el rigor, por tener diferentes maneras de pensar respecto de la religión seguidas estrictamente, tiende a la miseria y a la ruina. III. Si tal asamblea explicara todas las cosas en las que parece que se difiere, sucedería que todos ellos podrían tener la misma idea y la diferencia en muchas de las cosas en las que hay disputas sería mucho menor de lo que parece ser. Por tanto, podría esperarse con la mayor razón que los miembros de tal asamblea estableciesen paz y amistad entre ellos mismos, aunque tuvieran diferencias en cuanto a la forma de la religión, lo que podría dar lugar a la paz y a la prosperidad de los príncipes y de los pueblos de Europa, donde ellos viven. Y al mismo tiempo, esforzarse por difundir y dar fermento a la Humanidad con los principios que son generalmente aceptados, de los que los siguientes forman parte: Primero: creer que hay un Dios que creó todas las cosas y las preserva. Segundo: que Él es espíritu, omnipresente y que está en todos los sitios. Tercero: que Él debe ser adorado con un corazón humilde, sincero y limpio. Cuarto: que Jesucristo fue el Mesías enviado por Dios al mundo como su salvador. Quinto: que los hombres deben vivir virtuosamente, máximamente dispuestos a la voluntad de Dios, a su propia salvación y felicidad, tanto aquí como en la otra vida.
606 Francisco Javier Espinosa Antón Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 20, nº 39. Primer semestre de 2018. Pp. 587-610. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2018.i39.29 [16] Sexto: que los hombres deben amarse y hacerse el bien unos a otros como querrían que los otros hicieran con ellos. Hay otros muchos artículos que toda la multitud de los cristianos tiene, como los atributos de Dios y los deberes morales para con los hombres. Una gran cantidad de experiencias ha enseñado que la causa explícita, o implícita, de mucha de la sangre derramada en Europa, ha sido no atender a las muchas cosas en que los cristianos concuerdan e imponer, por el contrario, aquellos pocos artículos, en los que ellos saben que difieren. Si las diversas capacidades y disposiciones de la Humanidad hubieran sido debidamente consideradas y sólo hubieran sido impuestas las necesarias para el bien de la sociedad humana y, en cambio, lo referente al camino para el cielo no hubiera sido más que objeto de consejo e información, las vidas de muchos miles de personas se habrían salvado. Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi gente habría combatido (Jn 18, 36). Aunque hablara las lenguas de los hombres y los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o como címbalo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha (I Cor 13, 1-3). [17] UN RESUMEN DEL MODELO PARA LA BUENA Y PERPETUA PAZ DE LA CRISTIANDAD, ESCRITO POR ESE GRAN PRÍNCIPE ENRIQUE IV DE FRANCIA, COMO [APARECE] EN LAS MEMORIAS DEL DUQUE DE SULLY Y EN LO PUBLICADO POR EL OBISPO DE RODEZ (QUE FUE TUTOR DEL ACTUAL REY LUIS XIV) EN SU VIDA DE ENRIQUE IV I. Él creía que tenía que establecer en su propio reino una paz inconmovible mediante la reconciliación de todos los espíritus, tanto con él mismo como entre sí, quitando todas las causas de los resentimientos. Y que además era necesario elegir gente capaz y fiel que viera en qué podía ser mejorada su renta o el estado, y que le instruyeran también en todos sus asuntos, para que él mismo pudiera discernir lo realizable de las empresas imposibles. Otorgó un Edicto a los protestantes: las dos religiones podían vivir en paz. Dio orden de que se pagaran sus deudas y las del reino, contraídas a causa de los desórdenes de su época y las extravagancias de sus predecesores.
607 “Proyectos de Paz del Siglo de la Ilustración” (II. Bellers: parlamento europeo y concilio de todas las confesiones cristianas) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 20, nº 39. Primer semestre de 2018. Pp. 587-610. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2018.i39.29 II. Hecho eso, se esforzó continuamente en unir a todos los príncipes cristianos buscando todas las ocasiones para extinguir los desórdenes y pacificar las diferencias existentes entre ellos. Empezó a convertir en amigos y asociados suyos a los príncipes y estados que parecían mejor dispuestos hacia Francia, como lo eran los estados de Holanda, de Venecia, Suiza y el cantón de los Grisones. Y también hizo lo posible por negociar con los tres poderosos reinos del norte, Inglaterra, Dinamarca y Suecia, y por discutir y resolver sus diferencias y, además, por obrar de la misma manera con los electores y los estados y ciudades imperiales. Y sondeó a los señores de Bohemia, Hungría, Transilvania y Polonia para saber si estaban de acuerdo con él. [18] Éstas eran las disposiciones de su gran designio cuyo programa o modelo es el siguiente: -Deseaba unir perfectamente a toda la cristiandad en un cuerpo que se llamaría la República20 Cristiana. -Para cuyo efecto propuso dividirla en quince dominios o estados; es lo más que pudo hacer para convertirlos en estados de igual poder y fuerza, cuyos límites tenían que estar tan bien especificados, por el consenso universal de los quince, que ninguno pudiera saltárselos. -Los quince dominios eran: 1. El Pontificado o Papado. 2. El Imperio de Alemania. 3. Francia. 4. España. 5. Gran Bretaña. 6. Hungría. 7. Bohemia. 8. Polonia. 9. Dinamarca. 10. Suecia. 11. Saboya o Reino de Lombardía. 12. La Señoría de Venecia. 13. La Comunidad italiana o los pequeños príncipes y ciudades de Italia. 14. Bélgica o Países Bajos. 15. Los suizos. -Para regular las diferencias que pudieran surgir entre esos confederados y para resolverlas debería de establecerse un orden y una forma de procedimiento mediante un Consejo General compuesto de 60 personas, cuatro por cada 20 El término inglés es Commonwealth y lo traduzco como –República– pues está hablando del plan de Sully y éste habla de Republique (MAXIMILIAN DE BETHUNE, DUC DE SUYLLY, Sages et royales oeconomies d’estat, París, 1837, p. 213). Con este término se quería referir a una comunidad de estados unida por los valores del cristianismo en interés de la paz [nota del trad.].
608 Francisco Javier Espinosa Antón Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 20, nº 39. Primer semestre de 2018. Pp. 587-610. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2018.i39.29 dominio, que debería establecerse en alguna ciudad en medio de Europa, como Metz, Nancy, Collen u otras. -Asimismo, deberían establecerse otros tres Consejos en tres sitios diferentes, cada uno de veinte hombres, que deberían hacer informes para el Gran Consejo. -[19] Y mediante el acuerdo del Consejo General, que debería llamarse Senado de la República Cristiana, debería de establecerse un orden y regulación entre soberanos y súbditos para impedir, por una parte, la opresión y la tiranía de los príncipes y, por la otra, los tumultos y rebeliones de los súbditos. -Debería asimismo recaudarse una cantidad de dinero y reclutarse una reserva de hombres, a los que cada dominio debería contribuir de acuerdo con la evaluación que hiciera el Gran Consejo, para la ayuda de los dominios fronterizos de los infieles frente a los ataques de éstos, es decir, para la ayuda de Hungría y Polonia contra los de los turcos, y de Suecia y Polonia contra los de los moscovitas y tártaros. -En fin, por las protestas de todos sus asociados, dejó al Rey de España conocer su designio, junto con los príncipes de su Casa, y los conjuró por la sangre de Jesucristo a consentir en ese plan, como siendo santo, pío, caritativo, glorioso y provechoso para toda la cristiandad. Le presentaron también las ventajas que le hubiera proporcionado y se esforzaron por hacerle comprender que sería más rico, que tendría menos perturbaciones y viviría más pacíficamente. Que en veinte años España, que era casi un desierto, sería repoblada y se convertiría en el estado más floreciente de Europa. Pero es difícil persuadir a aquéllos cuya ilimitada y malvadamente intrigante ambición les hace abrazar más bien quimeras que cosas sólidas y prefieren más bien poseer países vastos pero desiertos, que una extensión razonable pero bien cultivada y bien poblada. Había establecido sus planes y hecho preparaciones con toda la diligencia imaginable durante ocho o nueve años; el programa, escribe el historiador, era tan importante que puede decirse que estaba concebido por una inteligencia más que humana.
609 “Proyectos de Paz del Siglo de la Ilustración” (II. Bellers: parlamento europeo y concilio de todas las confesiones cristianas) Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 20, nº 39. Primer semestre de 2018. Pp. 587-610. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2018.i39.29 [20] CONCLUSIÓN Las juiciosas palabras de Enrique IV de Francia mostraron que era un príncipe de gran sentido y la multitud de dificultades a las que se sobrepuso mostraron que era un príncipe con gran coraje, pero nadie habla de la excelencia de su mente ni de su gran deseo de unir a la cristiandad. Considero su exclusión de los moscovitas y otomanos como un cumplido21 a la Sede Romana. Porque nada hace a las naciones y a los pueblos más bárbaros que la guerra; por eso, la paz debe de ser el primer paso para hacer apta a la humanidad para la religión: la guerra es destrucción y obliga a los hombres a hacer aquellas cosas que en tiempo de paz considerarían crueles y horribles. Los moscovitas son cristianos y los mahometanos son hombres y tienen las mismas facultades y razón que los otros hombres; sólo quieren las mismas oportunidades y utilizaciones de sus entendimientos para ser hombres igualmente. Pero romperles la cabeza para meter sentido dentro de ellas es una gran equivocación y expondría demasiado a Europa a un estado de guerra; mientras que cuanto más lejos pueda extenderse esta Unión Civil, más grande será la paz sobre la tierra y la buena voluntad entre los hombres. El obispo escribe, entre otras aclaraciones, que este rey Enrique se había ganado a todas las buenas plumas de la cristiandad, al haber elegido persuadir, más que obligar a la gente, pero no he visto nada sobre este tema, sino lo que aquel autor dijo y lo que había sido escrito por el eminente y buen caballero William Penn, Gobernador de Pennsylvania*.Pero si algún caballero conoce a algún otro autor que haya escrito sobre este tema, anunciarlo públicamente tendería a ilustrar aún más este gran designio y traería a la memoria otros muchos personajes de los diversos reinos y estados de Europa que contribuirían con su ayuda a tal día feliz en Europa. John Bellers [21] ¡Oh Tú, Santo y Glorioso Señor Dios del séptimo día! Tú, Gran Creador de todas las cosas, Altísimo y Santo, que habitas en la eternidad y vives en la Luz. Tú eres Omnipresente. Tú eres Glorioso en majestad e Infinito en sabiduría y poder. Tú eres Señor de los cielos y Rey de los santos, Señor de las innumerables huestes de los poderosos ángeles. Tú eres el Rey de reyes y tienes los corazones y las vidas de los príncipes en tus manos. Tú, que amparas a los hombres, da tu bendición a los príncipes de Europa mediante el conocimiento 21 Pienso que debe haber una errata y que la palabra inglesa debe ser “compliment” más que “complement” [nota del trad.]. * En un pequeño tratado vendido por J. Sowle en White-Hart-Court, en Gracious Street [nota de Bellers] Se refiere a la obra de W. Penn de 1693 An Essay towards the Present and Future Peace of Europe [nota del trad.].
610 Francisco Javier Espinosa Antón Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 20, nº 39. Primer semestre de 2018. Pp. 587-610. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2018.i39.29 de Tu Ser y haz que los reyes sean padres solícitos y que las reinas sean madres solícitas, de modo que puedan ser instrumentos en tus manos. Que los reyes del este puedan venir al resplandor de tu aurora22y que los oscuros rincones y chozas del Oeste puedan ser alcanzados por Tu luz. Que el conocimiento de Ti pueda aumentar y cubrir la tierra, como las aguas cubren el mar. Que la tierra pueda gozar de su día de descanso y que la Rectitud descienda como un poderosa arroyo. Que las naciones conviertan sus espadas en arados y sus lanzas en tijeras de podar23. Que el ruido de la guerra ya no pueda ser oído nunca más y que se haga Tu voluntad en la tierra como en el cielo. Y que cuando los príncipes, como gavillas de trigo completamente maduro, hayan acabado su carrera sirviéndote, Santo Dios, puedan cambiar sus coronas temporales por otras eternas y puedan juntarse con la innumerable e inmortal compañía de los santos y los ángeles, adorándote y gritando en alta voz: salvación, bendición, gloría, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a Ti que estás sentado en el trono junto al Cordero. Pues Tú, Señor, que vives y reinas en lo más alto de los cielos sobre todo y por encima de todo, estás más allá de toda expresión y de todo concepto de los hombres y de los ángeles, Dios bendito en Tu ser por siempre y para siempre. Amén. Amén. CONTENIDOS 1. A la Reina Ana de Gran Bretaña 2. A los Lores y Comunes de Gran Bretaña 3. A las Potencias de Europa 4. A los Consejeros y Ministros de Estado 5. A los obispos, predicadores, capellanes y otros clérigos 6. Un resumen del modelo creado por Enrique IV de Francia 7. Conclusión 22 Cfr. Is 60,3 [nota del trad.]. 23 Cfr. Is 2.4 [nota del trad.].