Poner de manifiesto el efecto curativo del diseño: otro espectro recorre el planeta [Reseña]
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|| 255 || PONER DE MANIFIESTO EL EFECTO CURATIVO DEL DISEÑO. OTRO ESPECTRO RECORRE EL PLANETA Félix de la Iglesia Universidad de Sevilla. [email protected] Anna Heringer.Essential Beauty Catálogo de la exposición ANNA HERINGER. La belleza esencial. Museo ICO. Madrid, 2022) AA .VV. Fundación ICO, Arquitectura Viva, Madrid, 2022 ASTRÁGALO. Cultura de la Arquitectura y de la Ciudad, 30 (2022). ISSNe: 2469-0503 Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Review https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2022.i30.15 1. Acercarse de la mano de Anna Heringer a la “belleza esencial”, a su representación, supone un gesto –militantede toma de conciencia en un momento en el que lo humano y lo no humano, la arquitectura o el diseño, el conocimiento y la acción pugnan por explicitar una base ética donde referenciarse entre múltiples miradas y recepciones. La banda de posicionamientos y referencias es tan vasta, que la crítica oficial ya no es una garantía de procedimientos que nos guíen por tendencias unificadoras que marquen épocas. Preferimos acudir expectantes a lugares singulares, en tiempos concretos. En su edición digital o impresa, la publicación que se presenta no es sino la formulación de un posicionamiento: el de una obra diversa, plural, exigente y de bella expresión. Una manifestación del momento que agita a la arquitectura y al diseño en general; eso sí, configurada y contada con el sesgo que determina una posición de
PONER DE MANIFIESTO EL EFECTO CURATIVO DEL DISEÑO. OTRO ESPECTRO RECORRE EL PLANETA 256 || ASTRAGALO Nº 30 | Septiembre, September, Setembro 2022 | article | ISSN 2469-0503 privilegio, de dominio a fin de cuentas, como es la del espacio europeo. Toma la forma de un regalo cuya envoltura papel de celofán de tonalidades y reflejos diversos, con la memoria de recientes plieguesmantiene como única entidad la excelencia de la dádiva; o si se prefiere, mejor, la de un hatillo de hilos trenzados y retales que reúnen la complejidad de su contenido. Con cualquiera de las dos apreciaciones, esta piel sensible, semitransparente, de espesor e incidencia variable para cada comunidad y lugar, deja entrever la posibilidad de un modo de hacer coherente con todos y con el planeta; algo que a la postre nos envuelve y condiciona en el hacer tanto como en el usar y disfrutar, que sobrevuela nuestras vidas, objetos y lugares cotidianos, corrientes. Una membrana que se configura con dos textos, el de inicio, a modo de nota editorial de la propia Fundación ICO (Instituto de Crédito Oficial, fundación del sector público estatal) y otro de cierre, formando parte de las obras y proyectos de Anna Heringer; a estos habría que añadir un tercero externo a la publicación, el “Ensayo de un «Manifiesto composicionista»” de Bruno Latour, que los cose –perfilando y marcando las aristaspara guiar el interés de esta reciente publicación que, a modo de catálogo de la exposición de igual título, ha tenido lugar en Madrid durante la pasada primavera europea. En el primero de ellos, “Obras sostenibles”, queda patente lo revolucionario de la concepción de la arquitectura de Heringer, su ejemplaridad para las nuevas políticas medioambientales y de captación de recursos económicos (los fondos del plan de recuperación NextGenerationEU o la New European Bauhaus) y, por consiguiente, la oportunidad de la muestra, destacándola como último episodio de una línea de autores e intervenciones que conjugan el respeto por la tierra y las comunidades, en una secuencia que va de Lacaton & Vassal hasta Francis Kéré. Con el segundo de los textos, el “Manifiesto de Laufen” de Anna Heringer, se explicitan de forma sintética los principios que impulsan esta manera de proceder y que podrían funcionar como referencia de cualquier otro diseño, situación y geografía para llegar a una “cultura del diseño más humana, trazando una red sólida de comunidades, artesanos, proyectistas, constructores y organizaciones”, como se postula en el mismo. Así, los vectores del sistema de orientación que se vindican para el diseñar y que nos permitirían cartografiar la muestra, se centran en “colaborar mano a mano“ de forma respetuosa con las comunidades, en “diseñar el trabajo“ para formar cadenas de valor, en “desplegar la belleza“ empatizando con los pobladores y sus territorios, en “identificar lo local“ para contribuir a la autosuficiencia, en “comprender el territorio“ en todas sus escalas y vivencias, en “educar a los proyectistas“ para diseñar el proceso correcto y en “conformar la política“ para promover intercambios más productivos. No es extraño encontrarse cada cierto tiempo con una “pública declaración de doctrinas, propósitos o programas“ (diría la RAE a propósito de la voz manifiesto) que con un formato tan reivindicativo como propositivo recogen posicionamientos y formulaciones de otras maneras de aproximarse a la realidad o plantear novedosas maneras de hacer: un zarandeo que fuerza la detención en un tiempo progresivo que nos anula, invitando a reflexionar sobre una situación que se considera llamada al cambio y transformación. Bruno Latour, en su breve texto “Ensayo de un «Manifiesto compo-
Félix de la Iglesia || 257 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2022.i30.15 sicionista»“, de 2010, lo plantea como “una advertencia, una llamada de atención, paradejarde ir más lejosde la misma maneraque antes hacia el futuro. (…) Tan lejos del relativismo como lo está del universalismo, del universalismo retoma la tarea deconstruir un mundo común; del relativismo, la certidumbre de que este mundo común tiene que ser construido por partes completamente heterogéneas que nunca harán un todo. (…) Si queremos componer un mundo común necesitamos una definición del mundo material mucho más mundana, mucho más inmanente, mucho más realista, mucho más encarnada". Habitual en las vanguardias artísticas del siglo XX, en la arquitectura y por extensión en el diseño y que, por ejemplificar en el plano por el que nos movemos, cabría recordar la significativa y pedagógica experiencia de 2012 que las arquitectas del grupo Artéria realizaron en Lisboa, la Casa Comunitaria de Mouraria: el Edificio-Manifiesto y su proceso de construcción. Como lo presentaron las autoras, “un Manifiesto en forma de edificio, un patrimonio menor, pero único y singular, que nos corresponde cuidar al ser menos deseable para promotores inmobiliarios. Enmarcado en una lógica de aprovechamiento de los recursos existentes se pone en juego una mirada técnica y creativa, una intervención contenida, que consolidando la memoria reconstruye los viejos lugares para el futuro. Para concretar este enfoque, es necesario que la comunidad esté involucrada en el proceso. El proyecto arquitectónico fue lo último (para alcanzar) una importante meta: ser un lugar común”. En efecto, manifiestos que tienen, siguiendo con Latour, “algo en común, a saber, la búsqueda de lo Común. (…) Todo sucede como si la raza humana estuviera de nuevo en movimiento, expulsada de una utopía, la de la economía, y en búsqueda de otra, la de la ecología. ¿Cómo puede ser construido un «hogar» habitable y respirable para esas masas errantes?”. Algo que avanzó ya en 2003 en “Atmosphère, atmosphère”: “Si no descubrimos los modos a través de los cuales el mundo puede hacerse común, no habrá mundo común que compartir”. Si un espectro recorría Europa a mediados del S XIX, como nos señalaban Marx y Engels en manifiesto del Partido Comunista, y ya conocemos el devenir de la historia, ahora y ante un amenazador y gigantesco nimbo que como atmósfera envuelve el planeta tierra, ¿qué diseño tendrá que acompañar a las futuras acciones? 2. Lo relevante es lo que tiene esta publicación de visibilidad para los actores, tanto agentes como destinatarios, y su potencial didáctico, una práctica alternativa de estar en el mundo marcada por esa “vocación medioambiental y su compromiso social” que se subraya en “Ética material, un diálogo” entre Peter Buchanan y la propia Anna Heringer: “sostenibilidad es sinónimo de belleza y también de felicidad. Las cosas tienen que estar en armonía no sólo con su entorno urbano, sino también con los estratos que forman la sociedad y el medioambiente. El problema va mucho más allá de la armonía visual, y la gente es capaz de sentir esto”. Hoy, conocedores del estado de agotamiento del planeta, es más que pertinente reflexionar sobre el papel reparador que puede jugar el diseño como facilitador de otras formas de vida que inciden en humanos y no humanos; enfrentarnos con una manera más consecuente de proyectar o, mejor, de proponer para las comunidades, pasa por una ejercitación que es la que se nos muestra y relata en el libro: una suerte de ensayos diversos, siempre necesarios e intencionados, a veces intuitivos o casuales, que van decantan-
PONER DE MANIFIESTO EL EFECTO CURATIVO DEL DISEÑO. OTRO ESPECTRO RECORRE EL PLANETA 258 || ASTRAGALO Nº 30 | Septiembre, September, Setembro 2022 | article | ISSN 2469-0503 cesario. Pero también revisitar las obras, con esta orientación, de otros tantos y reconocidos arquitectos como las de Hassan Fathy (“arquitectura para los pobres”), de Shigeru Ban (arquitecturas sencillas con tubos decartón reciclados), de Alejandro Aravena, Balkrishna Doshi, Francis Kéré; o de la arquitecta Salima Naji (“Pour une éthique de la préservation: Ardo procedimientos al abrigo de los relatos que les acompañan. Navegar por este archipiélago Heringer, conociendo ya el proceso llevado a cabo en las obras seleccionadas "sus decisiones iniciales compartidas, la aplicación técnica de las diversas disciplinas y el alcance para la comunidad, el lugar y la arquitectura-, es un ejercicio ne- Fig. 2. Edificio Anandaloy. Rudrapur (Bangladesh), 2020. Fotografía de Kurt Hoerbst, tomada de la web de Anna Heringer: https://www.anna-heringer.com/projects/anandaloy/
Félix de la Iglesia || 259 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2022.i30.15 chitectures du bien commun”), recomponiendo en Marruecos una mediadora y participada arquitectura del bien común. Así, detenernos en sus edificios en Bangladesh (las Escuelas Meti y Desi o el edificio Anandaloy), en China (los albergues de bambú y el Museo de la Cerámica de Majiayao) y en África (en Ghana, en Zimbabue o Marruecos), hasta los proyectos desarrollados en Europa, nos dará pie a posicionarnos y tomar partido sobre la situación y la arquitectura actual para enfrentarnos a las enormes brechas sociales derivadas de las continuadas crisis que padecemos o el cada vez mayor desequilibrio territorial que vivimos y configurar nuestro propio itinerario sobre los puntos del Manifiesto y su práctica profesional. Complejas de analizar desde los argumentos habituales -la crítica se queda corta ante estas realidades-, tendríamos que acudir a cada ensayo para experimentar, como usuarios en el microcosmos del lugar y arropados por la comunidad, estos bloques de sensaciones que decantan las razones del manifiesto. Y una cla- ve de lectura nos la ofrece Angelika Fitz con su aportación “Una arquitectura de los cuidados”, una mirada sustancial a la obra de Anna Heringer que nos conectará con el arte (los cuidados y la alimentación en Louise Bourgeois), el feminismo y otras expresiones transversales, subrayando el valor de los cuidados y su papel relacional para este espacio de los comportamientos que es el medio: “Se trata de empezar con lo que hay, de cuidar de lo que ya está ahí, y conducir esas cualidades hacia el futuro. Una arquitectura que no estaría obsesionada por ser cada vez más alta y por competir a instancias de un capital que devora recursos irreemplazables todos los días, sino comprometida en cuidar y nutrir”. Una arquitectura de los cuidados que atienda al cuerpo, a las comunidades, a sus territorios locales ya que, como subraya Victoria Camps en “Tiempo de cuidados”, “de acuerdo con el pensamiento deFoucault, elcuidadode sí eséticoen símismoe implica relaciones con los otros en la medida en que elcuidadode sí vuelve capaz de ocupar en la ciudad, en la comunidad o en las relaciones interindividuales, el lugar que le conviene”. Por consiguiente, arquitectura de afectos y emociones, para la vida. Son los materiales, las texturas y colores de una cultura propia, los efectos de lo cotidiano, las atmósferas de sus estancias y un cuidado exquisito por los espacios intermedios, las actividades a las que invita la arquitectura en su interior y que se disuelven en todo el entorno, y podríamos seguir apoyándonos en cada detalle, lo que conduce la búsqueda de un hacer arquitectónico más manual y menos dominador. Como dice Luis Fernández-Galiano, comisario de la exposición, en "La belleza del erizo”, “un núcleo ético que vertebra todas sus iniciativas ( ) procurando que su doble respeto por la vida de las gentes y por la salud del planeta cristalice en construcciones cuya belleza se desprenda de su compromiso solidario”.
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