Irse. Hacerlo sin Hacerlo
Abstract
Existe un sentimiento silencioso que se apropia del lugar de tus raíces. En cada escondite de mi hogar reconozco un ansia de fuga tan grande que ni siquiera fugarme la sacia. Con cada huida inicio una búsqueda del perdón, en un intento constante por liberarme de la carga del pasado. Porque cada vez que me voy, deseo que sea la última vez que me vaya. Así es como decido enraizarme en lo más profundo de mi sitio, incluso cuando no estoy: Adueñándome de un espacio, abandonado a la naturaleza, alejado del mundo. Un espacio el que enterrar lo que soy hasta que toda la isla se haya impregnado de mí. Hacer de la Isla, la Casa y el Yo un solo ser.
Full text
Irse. Hacerlo sin Hacerlo. Elisa Warez
Irse. Hacerlo sin Hacerlo. Elisa Warez Título: Irse. Hacerlo sin Hacerlo Alumna: Elisa Gomila Warez Tutora: María Teresa Carrasco Gimena Trabajo de fin de Grado Universidad de Sevilla Bellas artes 2020
ABSTRACT / TÉRMINOS CLAVE INTRODUCCIÓN LA CARTA LA RAÍZ EL PROYECTO LA ISLA [ un poco más allá ] LA CASA [ porque casa. Casa. No es hogar ] EL RINCÓN [ y el yo ] LA CAMA [ el sentimiento silencioso ] EL LIBRO [ decirlo sin decirlo ] CONCLUSIÓN BIBLIOGRAFÍA 7 18- 24 27 - 53 54 - 67 68- 80 81 - 91 9 -10 11 - 17 7 - 8 94 - 95 92
8
Irse. Hacerlo sin Hacerlo. El perdón y la fuga. Existe un sentimiento silencioso que se apropia del lugar de tus raíces. En cada escondite de mi hogar reconozco un ansia de fuga tan grande que ni siquiera fugarme la sacia. Con cada huida inicio una búsqueda del perdón, en un intento constante por liberarme de la carga del pasado. Porque cada vez que me voy, deseo que sea la última vez que me vaya. Así es como decido enraizarme en lo más profundo de mi sitio, incluso cuando no estoy: Adueñándome de un espacio, abandonado a la naturaleza, alejado del mundo. Un espacio el que enterrar lo que soy hasta que toda la isla se haya impregnado de mí. Hacer de la Isla, la Casa y el Yo un solo ser. ABSTRACT TÉRMINOS CLAVE El espacio - Lo efímero - La apropiación - El tejido - Lo ambiguo - El rastro - La mancha 9
“ Porque estamos donde no estamos ” Jean-Pierre Jouve, Lyrique. (1956) 10
Volver, con varios objetos que quiero que formen parte del lugar: telas, lienzos, papeles, sábanas… y acto seguido empieza un ritual animal, el de ir enterrándolos para que así, en un futuro, acaben interactuando con ese mágico sitio. Este mecanismo de dispersión me recuerda a una obra de Pauline Bastard: Los Estados de la Materia (2013). En ella, la artista compró una casa en ruinas en el campo y la desmontó con sus propias manos, para luego devolverla a la naturaleza. Inició el proyecto sola, pero este largo y laborioso proceso hizo involucrar a amigos, familiares y compañeros en él. De alguna manera, puedo notar que también varias personas de mi entorno se sienten cómplices en este trabajo, como quien me presentó por primera vez el espacio; el núcleo de personas que conocen el hecho de que ahí descansan mis pertenencias; o simplemente quien me acompaña para documentarlo fotográficamente. Ahí es donde el trabajo empieza a expandirse, y ya no se hace algo extremadamente íntimo, para volverse más que solo una imagen que reposa en mi cabeza como un proyecto celoso. Otro paralelismo que puedo comprender con Pauline al de mi objetivo, es el de ir diluyéndose en el espacio. Ella quiere hacerlo desaparecer pero yo quiero echar raíces en él. 17
Empieza a florecer Marzo, hace apenas 20 días que mis reliquias están bajo el resguardo de la tierra, me invade una primera sugerencia de desenterrar y apreciar la evolución y los intuitivos primeros resultados, el efecto de la humedad, las lluvias, el polvo… pero me obligo a recordar que ese no es el objetivo, sino que el tiempo y la naturaleza se encarguen de manera paciente de ello. Yo debo, simplemente, esperar. Es entonces cuando se inicia lo que puedo considerar la espera más larga, sin ser aún consciente de que lo que terminaría significando esperar, con la espera que nos consumió a todos en los meses siguientes, la incertidumbre del tiempo vacío. La bienvenida al Confinamiento. Es así que en este trabajo conviven dos experiencias: la de la apropiación de un espacio, sí, pero sobre todo la de la absoluta privación de él. Días, semanas, meses; aparece un sentimiento intruso, en el que la relación espacio-tiempo se queda bajo un manto abstracto, en que el espacio reducido, se ve como el protagonista de nuestros días, desrealizándonos, haciendo de todo un proceso onírico. Arrastrando Marzo y Abril es donde noto los verdaderos espacios del recuerdo, los espacios donde vuelven a conducirnos nuestros sueños, los espacios enriquecidos por un onirismo fiel, que terminan quedando en la penumbra día tras día, alejados de cualquier realidad. La Isla. La Casa. La Cama. El Rincón. El Libro. Todos se hacen acompañantes. Simplemente presentes o simplemente rutinarios, absorbiendo toda mi atención. Es tal la distorsión que ya nada me parece sincero. 18
“Yo soy el espacio donde estoy“ Noël Arnaud, L’état d’ébauche. (1950) 19
20 la isla.
Porque yo he nacido para morir aquí. Desde muy pequeña, he escuchado en boca de mi madre una expresión que atormenta mi pensamiento infantil, y dice así: “Tú eres como un elefante: puedes hacer largos trayectos e infinitos viajes, pero siempre regresarás a morir al lugar donde perteneces“. Forzando y condicionando una idea que marcaría mi inocencia durante el resto de los días. Creí con firmeza que una isla no sería la imagen de libertad, de tranquilidad y de crecimiento. Año tras año, además, se fue convirtiendo en un peso angustioso que me sumerge en sus aguas mediterráneas. Ahora sé que mi destino es morir en la tierra que dejó que me hundiera viva. Una pulsión por alejarme de cualquier perturbación emocional me mueve a decidir, y mi decisión es emprender una búsqueda. En ella me muevo hacia todo lo que me ofrece el paisaje, cada conexión espiritual con su fauna y su flora, y más que nada, ando. Planeo largos paseos, caminatas eternas, horas de soledad. Unida a mi tierra, con mis raíces humanas perdidas. Flâneur. “(...) ¿Qué importa lo que pueda ser la realidad situada fuera de mí si me ha ayudado a vivir, a sentir que soy y sentir lo que soy?”1 21 1Charles Baudelaire, Tableaux parisiens. (1857)
El Flâneur aparece en el discurso de varios artistas, como un hilo conductor que une sus diferentes diálogos, en un gesto del alma paseante que busca inspiración. Aunque es un término que se ha visto alterado en cada traducción entre idiomas, éste proviene originariamente del escandinavo flana, que podríamos traducir como ir de aquí a allá. No será hasta el París decimonónico que este concepto pasará a designar una forma de pasar el tiempo en la ciudad, una manera de tomar la relación tiempo-espacio (“aller de côte et d’autre en perdant son temps”), que se desarrollaría al menos en tres acepciones: pasear lentamente y sin rumbo; dejar libre la imaginación y divagar; y por último, sencillamente perder el tiempo, según el BESCHERELLE Dictionnaire Classique de la Langue Française. Vagando por las calles, mucho más allá de emprender una simple caminata, el alma paseante hace decisiva cualquier ruta encomendada. Salir cuando nada te obliga, seguir tus pasos como si el mero hecho de girar a la derecha o coger otro camino hacia la izquierda fuera un acto esencialmente poético. Hablando de este fenómeno, destacamos dos figuras: la de Charles Baudelaire, con sus conceptos de Masa, Ciudad, Multitud, Novedad, París… que con el libro “Le peintre de la vie moderne” asocia a todos los cambios que sufre la capital francesa de los años 1900. Este Flâneur se ve, más adelante, macerado bajo las ideas de Walter Benjamin, como la de “Ser observador” mucho más allá del entorno cosmopolita. Se enfoca así el Flâneur más al individuo, caracterizado principalmente por un transitar despreocupado, por ser un observador sin objetivo concreto que camina atraído por la multitud de imágenes que ofrece el espacio. Desde esa misma idea había nacido mi camino. 22
Aquí empieza el camino. Tal vez ese sea justo el momento en que empieza la obra, en el paseo. En el destino y en su destino. Desde mi punto de vista, al iniciarme en esta indagación personal, se siembra en mí la duda de si todos esos bodegones vegetales, esas arquitecturas botánicas que me cruzaba a mi paso, aparecían por gesto del azar. Todo lo que me encontraba podía llevarme a la perplejidad y la admiración de semejante belleza. Me gustaría acuñar un nombre para este sentimiento, pero Rainer Rilke, en Los cuadernos de Malte Laurits Brigge, (1910) ya lo describe de manera acertada como algo que se aproxima a una sensación de movimiento, como una inquietud que es entendida desde la mejor de sus acepciones: “Y aprendo a ver. No sé en qué consiste que todo se vuelva más profundo en mí y no permanezca en el lugar que antes ocupaba hasta el fin. Tengo un yo interior del que nada sabía. Todo va a un extraño más allá, y no sé lo que allá pasa.” Por un momento, el atrezzo del escenario, lo que parece ser una tierra envenenada, en un momento de iluminación se debe señalar como una manera de distinguirse y alejarse de lo percibido, convirtiéndome en la única espectadora y protagonista de la escena. Es el momento de ser Yo. 23
24 Serie I., Litografia, 2018, Barcelona.
25 Serie II., Litografia, 2018, Barcelona.
Gat, Litografía, 2019, Barcelona. 26
fig. 1 fuente de la imagen MoMa : https://www.moma.org/collection/works/69637# Femme-Maison,, Louise Bourgeois, 1984, Fotograbado. 33
Hoy, escribiendo este texto, hace exactamente un año que fui a la casa por primera vez. Es Agosto, y es Mallorca. Me rodea un calor bochornoso que hace sufrir los días de domingo bajo el sol. Ahogada por esta cálida bruma, pensamos en subir a la colina, aquella que siempre nos recibe con un aire marino proveniente de la bahía. Emprendemos una caminata. El sendero es verde aunque estemos en pleno verano, caminamos en silencio, tan absortos en nuestros pensamientos que no nos fijamos en que no hay ni un solo sonido proveniente del entorno, y en ese momento de pleno sigilo, empiezo a ver las primeras sombras de lo que me imagino que es una fortaleza. Me quedo impresionada. Estábamos en la montaña ante este imperio de piedra mallorquina, y lo primero que pensé fue que había llegado. Mi acompañante me miró y en ese momento supuse que tenía la cara descompuesta. Estaba deslumbrada. Me propuso entrar. Me cuesta reconocer que mi primera reacción fue la de miedo, o quizás vergüenza. Ahora me resulta complicado desglosar ese sentimiento, pero sé cierto que sentí, que merecía esto, que merecía ese lugar, que de alguna manera había nacido para morir aquí. Fui incapaz de entrar, había recibido tanta exaltación que me parecía que sobrepasar el umbral era un exceso de confianza. De algún modo también buscaba dosificar mis emociones y poder regresar, así que simplemente me quedé en el porche, repitiendo en mi cabeza que ya había llegado. 35
Fueron transcurriendo los meses, y volver a vivir de nuevo al sur peninsular hace que empiece una nueva rutina. Desvinculándome por completo aquello que me arraiga temporalmente a la Isla pero observo, de una forma curiosamente inevitable, cómo gran parte de mis obras guardan, aunque sea en una mínima esencia, algún rastro de Mallorca. Integro elementos que me encuentro en su entorno: ramas, maderas, piedras, y dedico todo un cuatrimestre a jugar con esos elementos y simplemente crear, convirtiendo estas piezas en tesoros personales. Se vuelven, poco a poco, parte fundamental en la integración de la obra. Bromeo con compañeros de clase, explicando en mis exposiciones que soy un pequeño mono recolector, haciendo mío todo aquello que me llama la atención. Como las urracas hacen con los objetos brillantes. Así se inicia Corc. 36
37 Corc., Bronce, 2020, Sevilla.
Corc., Bronce, 2020, Sevilla.38
Corc., Bronce, 2020, Sevilla.39
Todos estos elementos provienen del mismo municipio, del único espacio de donde siempre me he sentido afortunada de ser. Ahí descansa la nube de las idealizaciones: veranos entre el mar, las montañas, un pequeño pueblo de pescadores, el banco del puerto donde comíamos helado. En cualquier cabeza todas estas imágenes pueden resultar preciosas. Y realmente lo son. Lo fueron. Porque uno siempre vuelve. Vuelve donde es feliz. “Asociar imágenes del espacio feliz, imágenes sencillas, pero profundas, es asociar imágenes del espacio amado”1 1Gaston Bachelard, Especies de espacios. (1957) 40
Dentro de mi propio lenguaje, entiendo que siento un vínculo fuerte con la tierra. Pero no hablo de cualquier tierra, de cualquier lugar, no; hablo de mi Tierra, de la tierra conocida, la que siendo muy niña se acumulaba en las rodillas de mis pantalones, la tierra que me deja el cuerpo lleno de marcas al tumbarme sobre el suelo en primavera, la tierra caliente que buscas un día soleado en invierno si decides bañarte en el mar… Todos estos pensamientos me conducen a las costumbres de la tribu ancestral de los Kimberly. Los hombres Kimberly salen de su aldea natal en busca de esposa. Cuando se emparejan y ella se traslada al lugar del que él proviene, ella lleva consigo un saco lleno de tierra de su lugar de origen, saco del que ella, cada noche, come una pequeña dosis a fin de que ese proceso le ayude a hacer la transición de su lugar de origen al de su nuevo hogar. Esa pizca de tierra la mantiene vinculada en ambos hogares. La mujer se transforma en tierra. Llegando a ser alguien distinto a uno mismo, una relación entre la interiorización de lo ajeno y la exteriorización del Yo. 41
Es tal la intensidad de lo que quiero enlazar con la tierra, que mi pensamiento más interno es el de sumergirme en ella. Respondiéndome a mí misma el concepto de enterrar. Enterrar. Este verbo lo podemos relacionar con las acciones de Fina Miralles, artista que siente un gran apego por la naturaleza y, sobre todo, con la del lugar de sus raíces: Serrallonga, en Cataluña. Trabaja mayoritariamente con el paisaje, con la interacción de diferentes elementos de la propia naturaleza. De este modo, recopila una documentación fotográfica que adquiere un papel muy importante en sus performances. En la colección Relacions (1974) trabaja con la paja, con la hierba, las piedras, la tierra, el mar y la arena. Sus Acciones van acompañadas de fotografías (o tal vez sean sus fotografías las que van acompañadas por las acciones) en las que siempre se ven muy vinculadas, ante la característica sensibilidad de su trabajo que tan próximo se me hace. 42
Hoy ya es Agosto. Y en Agosto se construyó el cuerpo. 49
50 La Casa., Tela, 2020, Mallorca.
51 La Casa., Tela, 2020, Mallorca.
52 La Casa., Tela, 2020, Mallorca.
53 La Casa., Tela, 2020, Mallorca.
“(…) y yo, sin pensarlo más, me lancé al agua, como ávida nadadora como si siempre hubiera estado esperando ese momento, el momento supremo de soledad en que nada pesa nada queda ya sino el deseo impostergable de vivir; me lancé al agua, es cierto, sin mirar atrás. De mirar quizás no me lanzara habría vacilado mirando tus grandes ojos tristes siniestros remordimientos me hubieran impedido ya saltar al espacio tocar la fría humedad del aire el nocturno relente y caer (…)” Cristina Peri Rossi, Condición de Mujer, (1991) 54
los rincones.
“ La casa-nido no es nunca joven Podría decirse con cierta pedantería que es el lugar natural de la función habitar. Se vuelve a ella, se sueña en volver: como el pájaro vuelve al nido, como el cordero vuelve al redil. Este signo del retorno señala infinitos ensueños, porque los retornos humanos se realizan sobre el gran ritmo de la vida vida humana, ritmo que franquea años de lucha por el sueño contra todas las ausencias. Sobre las imágenes relacionadas con el nido y la casa, resuena un íntimo componente de fidelidad.“1 Me resulta muy compleja la tarea de reducir algún contenido del libro La Poética del Espacio en todo este trabajo, porque ha sido mi autentica salvación para superar la etapa confinada, como una biblia bajo mi almohada: su efecto es la curación. Este libro se convirtió en esa pequeña ventana que me trasladaba al mundo del exterior, un mundo ya en el olvido, leyéndolo encogida desde los pies mi cama noche tras noche. Y esto ya forma parte de un acto irreversible. 57 1Gaston Bachelard, Especies de espacios. (1957)
Vivir en un rincón. Vivir en un rincón lo puedo llegar a comparar al vivir, o mejor dicho, sobrevivir, a un confinamiento. Es prácticamente como vivir en un hoyo muy profundo, solo pensando cuál va a ser el momento en que verás al fin la luz, la libertad. Dos meses en que tus sucesos y tu respiración quedan atrapados en apenas 10m2 de habitación. Convertido ya en madriguera, en permanente episodio letargoso, la vida se convierte en un persistente estado de hibernación humana. Es en un simple rincón donde el proyecto permanece vivo. 58
65 Los Rincones., Tela, 2020, Mallorca.
66 Los Rincones., Papel Japones sobre tela, 2020, Mallorca.
67 Los Rincones., Papel Japones, 2020, Mallorca.
“Estoy en una casa de estampas japonesas. El sol entra por todas partes, porque todo es transparente” Annie Duthil, La pêcheuse d’absolu. (1953) 69
la cama.
La Cama ha sido un elemento que, desde el inicio, estaba conformado de manera muy persistente en la propuesta. En mis primeros esquemas mentales, la Cama asumía un valor destacado. Al trasladar esta idea a lo físico y tangible, el primer paso es la recolección. Voy capturando muchos tipos de tejidos que pasan por mis manos: trapos viejos y olvidados del aula de litografía, sábanas antiguas de la abuela, alguna toalla blanca de un hospital y, mis preferidas, las telas bordadas con motivos florales. Inicio una serie de bocetos, en pequeña escala, que de forma instintiva asocio a la almohada. Dado su reducido tamaño, me gusta pensar que no se ha trabajado desde la miniatura para más adelante corregir su tamaño, si no que empecé desde el principio a trabajar aquello que conformaba la cama, con aquello que puede estar o no vinculado al elemento. Las primeras pruebas están realizada en arcilla cocida gracias a una laminadora, un tórculo para cerámica que me permite estampar la textura del tejido con el mínimo grosor. Posteriormente lo esmalto y me complace el resultado, pero las dimensiones se ven condenadas por el tamaño del horno, y aún más por su fragilidad, entonces debo seguir investigando entre otros materiales. Me propongo indagar con la escayola. 72
73
Recuerdo el día en que La Cama se elaboró. Aún me río de lo paradójico de las situaciones, cómo la idea se ha mantenido tan adentro, tanto tiempo, tan encerrada, que cualquier movimiento rápido y dinámico que sea símbolo de inicio me perturba la noción espacial. Quiero conservar este momento de aquel día en mis manos. La satisfacción de realizar algo que ha quedado contenido de forma tan íntima, para después exteriorizarlo, me resulta gratificante. 74
81 La Cama., Escayola, 2020, Mallorca.
“ Nidos blancos, vuestro pájaros van a florecer Volaréis senderos de pluma ” Robert Ganzo, L’oeuvre poétique. (1956) 82
el libro.
Cuanto más pertenecemos a un espacio, más datos descubrimos y almacenamos sobre él. Pero, irónicamente, esto no nos lleva a conocerlo mejor: por el contrario, éste nos absorbe, condicionándonos, enseñándonos solo lo que quiere. Un espacio nos conduce inevitablemente a fijarnos, primero, y obcecarnos y anularnos, después, en cada uno de sus nimios detalles. La situación opuesta no es mucho más esperanzadora: solo podemos conocer totalmente un espacio ficticio, uno que nosotros ideemos desde cero y que responda única y totalmente a nuestra imagen y semejanza, pero no por eso será más rico. De hecho, siempre estará supeditado a los conceptos que ya tenemos de las cosas. Incluso cuando creamos sorprendernos ante nuestra propia creación, solo sería por una fuerte influencia del subconsciente en la creación de esa imagen concreta, pero de nuevo, limitado a nosotros mismos. Ante esta dualidad de ignorar un espacio real/conocer un espacio ficticio, eliges la primera, que es la única que no depende de nosotros y que puede llegar a ser percibida de forma parecida por diferentes observadores. Las ideas quizás sean perfectas, pero la realidad existe, y solo eso ya la hace superior. 84
Esto mismo ocurre con lo comunicativo. “ Cuanto mayor es la información, tanto más difícil es comunicarla de algún modo; cuanto más claramente se comunica un mensaje, tanto menos informa ”. Esto decían R. Shannon y W. Weaver, en un clásico libro de la teoría de la información, The mathematical theory of comunication (1949). El concepto de información que refleja esta teoría nos es extraño e insatisfactorio. Extraño porque, en lo que respecta a este proyecto, nada tiene un solo mensaje individual, sino más bien un conjunto de mensajes, un enjambre. Insatisfactorio porque, de acuerdo con esta teoría, cada uno de estos mensajes podría no tener nada que ver con su significado, y porque en estos términos puramente estadísticos, las palabras “información” e “incertidumbre” están estrechamente ligadas entre sí. La información es la medida de nuestra libertad de elección en la selección del mensaje. Y el mensaje siempre puede parecer confuso. 85
-“ - Oigo… - - ¿Qué oyes? - - Las cosas existir conmigo” Adopto la idea de crear una recopilación de la documentación de la fantasía de los ensueños en formato de libro. Entra aquí en juego la creación de estampas, con las impresiones más efímeras: una intención de permanecer al filo de lo superficial. Exploramos más que la delgada capa de imágenes nacientes. Sin duda, la imagen más frágil puede llegar a ser la imagen más inconsciente, la que revela las vibraciones más profundas. Este libro es una forma de no decir, pero diciendo. De llamarlo sin el nombre. La forma escondiéndose detrás de la metáfora. Un juego de símbolos que recorren la correlación expresada de forma no literal, sutil, para desembocar en el hallazgo del sentido, en la cuestión del significado. El Libro. Asociamos un libro a la expectativa de que se nos comunique algo, de que nos ofrezca una información valiosa. A menudo olvidamos la acción que puede caer en ella por el simple acto de ver, acomodarse, coger el libro entre las manos, hojearlo, pasar sus páginas, oler la fragancia del papel. Es una realidad que, en ocasiones, sus palabras pueden distraernos de este ritual, por eso elijo enfocar el cuaderno desde una visión más “performática“. El fin no es el contenido, sino entrar en la fase de somnolencia entre el objeto y el individuo, usando el libro como anestesia. 86 1Paul Claudel, La anunciación hecha a María. (1912)
Todo soñador solitario sabe que oye de otro modo cuando cierra los ojos . A la hora de la lectura quería centrarme, sobre todo, en su parte envolvente, sutil y delicada, como cuando nos acurrucamos en la cama. Como cuando nos asentamos a un sitio en busca de paz. Estar en reposo y ser conscientes de ello es de lo más placentero. Telas y papeles japoneses de tonos pálidos, claros. Estampados florales de un tono malva, que satisfacen nuestros dedos al entrelazarse entre la palma y, cogiendo la forma de la mano, hace que su lectura se acomode a nuestro cuerpo. Esa suavidad tanto al tacto como a la vista denota una sensación de descanso, de querer sumergirse; que tu mano y tus ojos quieran adentrarse en el lecho y disfrutar de esas telas que en la noche dejan ver nuestro cuerpo atrapado, y en algunas ocasiones, destapado por los perezosos movimientos que hacemos al dormir. Así nos llega la imagen: fundida en el papel que se ve, sin ser del todo vista. Reminiscente de esos despertares con una pierna y el pie frío por haber evitado su resguardo, las mejillas y las orejas erizadas por la temperatura que permanece en el aire, mientras sus contrarias se mantienen cálidas y rojizas por haber permanecido bajo nuestra pesada cabeza. Unos minutos después, ya en otro estado, aún se mantiene sujetada por una almohada llena de plumas, como si de un nido se tratara. 87
Me gusta hacer libros. ! Me gusta elaborarlos , me crea una sensación de “Construir“, como si se tratara de una arquitecta textil, no se puede asemejar en cuanto a magnitud física de una Casa , o una Iglesia o si de un Palacio se tratara , pero el acto de empezar de 0 , de hacer que todos nuestro materiales encajen, me parece una manera muy metafórica edificar lo que permanece en nuestras cabezas. 88
89 El Libro, Papel Nepal sobre tela, 2020, Mallorca.
90 El Libro, Papel Nepal sobre tela, 2020, Mallorca.
97 WEBGRAFÍA Wunenburger, J. J. (2009). Gaston Bachelard y el topoanálisis poético. y la vida de las imágenes, 89. Aguilar Rocha, I. S. (2013). La casa, el sí mismo y el mundo: Un estudio a partir de Gaston Barchelard. Gómez Tirado, M. (2016). La poética de la memoria: Sobre la ontología del recuerdo, la imagen y la poesía. Company, M. (2019). La casa que crema. Arreola Zambrano, M. E. (2010). Una visión en busca de la poética de Louise Bourgeois (Doctoral dissertation, Universidad Autónoma de Nuevo León).