El valor representativo de las antologías de textos en los procesos comunicativos literarios: posibles evidencias de construcciones literarias femeninas en Das Liederbuch der Klara Hätzlerin
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El valar representativo de las antologías de textos en los procesoscomunicativos literarios. Posibles evidencias de construcciones literarias femeninas en Das Liederbuch der Klara Hátzlerin EVA PARRA MEMBRI VES Universidad de Sevilla Con relativa frecuencia a la hora de elaborar una antología literaria sus autores emplean como criterio de selección de los textos que habrán de figu - rar en ella lo que ellos mismos señalan como su representatividad’. A pesar de tratarse de un término de evidente carácter valorativo, pues es en función de su adecuación o no adecuación a él por lo que los textos serán elegidos o rechazados para su inclusión en una antología en cuestión, el vocablo sin embargo apenas suele encontrar definición por parte de los seleccionadores, que parecen no poder determinar del todo dónde reside en un texto, con exac - titud, esa ‘representatividad’. Cuando se trata de justificar por qué se han pre - ferido seleccionar precisamente determinados textos y decidido eliminar otros, no es infrecuente encontrar, en el prólogo, en la introducción o en el epí - logo al corpus reunido, declaraciones como: «Es sol/ten Texte prásentierí wer - den, die reprñsentativ sind» (Brandstetter, 1987: 424), «Trotzdem darf der Herausgeber nieta darauf verzichien, eme gewisse Reprdsentativitót anzus - teuern undfñrdas Ergebnis auciz zu beanspruchen» (Brandt, 1982: 8), o «Dic voz-líe gende Sammlung will versuchen, dern Studierenden wie demLiebhaber eMe reprásentative Auswahl dieser cigenartigen Dichtung in dic Hand zu geben» (Anger, 1969: y). En estos casos, como puede advertirse, la selección de los textos es justifi - cada a través de su representatividad, cualidad que es presumiblemente aplica - da a la materia en tomo a la cual se configura la antología. Sin embargo, tanto en los ejemplos citados aquí como en otros muchos que podrían mencionarse, los recopiladores de textos no se deciden adefinir qué entienden exactamente y en la práctica por ‘representatividad’, concepto que tan frecuentemente citan, siendo esta característica no obstante tan esencial que lleva a destacar alos tex - Revista deFilología Alemana, e.0 5,91-111. Servicio dePublicaciones UCM. Madrid, 1997
92 Eva Pan-a Mcn,hri~•’cs tos finalmente recogidos en los antologías de entre todos los demás, hasta el punto de que se prefiere la divulgación en concreto del texto escogido a la de otros muchos similares a él. Si se consulta el diccionario, reprásenticren no significa en realidadmás que «vertreten, darstel/en» (Wahrig, 1986: 1061). Se trata pues simplemente de sim - bolizar o sustituir a algo o alguien, sin que aquí se ineluya ningún tipode valo - ración; por decirlo de otro modo, no es preceptivo que las personas o los obje - tos elegidos para ‘representar’ hayan de considerarse más capacitados, superiores, o de mayor calidad, sea esto en el ámbito que sea, que otros muchos. De modo que, si se vuelve ahora a las antologías de textos, parece que la labor del seleccionador de éstos no habría de ser más que la de escoger de entre la multitud de posibilidades que se le ofrecen, casi al azar, unos cuantos ejemplos textuales. La representatividad, esa cualidad que poseen los textos que final - mente aparecen en las antologías, podría calificarse entonces como un fenóme - no puramente casual. Sin embargo, esta elección en apariencia aleatoria de unos textos que pre - tenden ser representativos queda claramente restringida si se consulta en el dic - cionario el mismo vocablo en su forma adjetivada, es decir, como reprósentativ, tal como es utilizado por los autores de las antologías. La primera de las acep - ciones que puede encontrarse seta: «wiirdig vertrerend» (Wahrig, 4986: 1061). Obsérvese aquí la importante diferencia que supone el aditamento del adjetivo «wúrdig»: ya no será suficiente que lo representativo, y valga la redundancia, «represente» algo, sino que esta labor habrá de desarrollarse de una manera que se considere satisfactoria y digna. En la búsqueda de esa dignidad, los seleccionadores de textos no siempre parecen seguir el mismo camino. Aunque algunos interpretan como resultado satisfactorio una selección que englobe sólo lo mejor o más meritorio, como demuestran afirmaciones como: «Es sol/ten dic besten oder reprásenhativsten Stiickeflir cinen Autor geji¿n den werden, so etwas wie ¿isthetische Qualitdtsol! ge/ten» (Bode, 1984: 15), otros autores sin embargo prefieren la abundancia de material, como indica por ejemplo la siguientecita: «Noch imrner stellt Gúnther Riihles Dramnenanthologic Zeit und Theater dic reprásentativste und umfang - rejubsteTextsamnilung zu den Zwanzigeriahren dar>~ (Siebenhaar, 1988: 13), y, por último, otros más consideran también representativo un posible reflejo de lo histórico y social dentro de laliteratura: «Von hier aus, auch ohne wissenschaftliches Vorwort und Iiteraturkriiischen Apparat, kann sich dic Sammlung von fdnfzig Erzkihlcrn der DDR ausweisen als reprásenta[iv irn Sinne ciner Geschichte unserer sozialislischen Literatur» (E>záIi - lcr, 1985: 6) Calidad, cantidad, reflejo histórico-social, todo parece indicar que, por lo queparece, lo representativo puede ser reflejado dignamente de múltiples mane - ras. Además, si se observan los títulos de algunas de las antologías existentes en
El valor representativode las antologías de textos en los procesos... 93 el mercado, puede llegarse a la conclusión de que todo tipo de percepciones, segmentaciones y clasificaciones de lo literario son válidas alahora de elaborar una antología. Así, nos será posible hallar selecciones de textos que pretenden ilustrar formas específicas (Deutsche, 1988; Mattenklott, 1989), géneros con - cretos (Reich-Ranicki, 1989; Wiese, 1985), subgéneros (I-Iány, 1965; Schmitt, 1972), épocas literarias (Scholz, 1988; Kissling, 1988), épocas cronológicas (Wiese, 1973; Pratz, 1987), épocas políticas (Durzak, 1973; Zimmermann, 1985), o también unaproducción literaria clasificada por sexos (Brinker-Gabler, 1986), nacionalidades (George, 1989, Acosta, 1997), o temas (Frank, 1985; Pilz, 1982), y combinaciones avoluntad de todolo anteriormente citado. Lo úni - co común atodos estos textos quebajo denominaciones tan diversas pueden lle - gar aagruparse será que habrán sido elegidos en función de su, al menos asi se parece sugerir, superior valor estético, es decir, su comprobada ‘literariedad’, concepto que aquí ha de entenderse simplemente, tal como lo definiera Fichenbaum, como «lo que hace de una obra dada una obra literaria» (Eichenbaum, 1976: 27). Pero, ¿ha de encontrarse de forma inherente al texto aquello quelo convier - te en un texto literario? Precisamente, tal como han demostrado ya recientes investigaciones realizadas por algunas de las corrientes crítico-literarias más modernas, constituye un grave error hablar de literariedad como cualidad inhe - rente a un texto. Teorías como el constrnctivismo radical (Ceruti, 1991; Dupuy, 1991; Finke, 1984; Flacke, 1984; Glasersfeld, 1991), el altemativismo cons - tructivo (Kriissel, 1992), la teoría de los modelos (Krússel, 1992), la teoría de los sistemas (Disselbeck, 1987; Mohr, 1985; Millíer, 1990; Schwanitz, 1990), o la ciencia empírica de la literatura (Beetz, 1984; Hauptmeier, 1985; Nierlicb, 1984; Schmidt, 1982), por ejemplo, que han incorporado alestudio de los fenó - menos estrictamente literarios investigaciones desarrolladas en otras discipli - nas ajenas a las llamadas ciencias del espíritu rechazan totalmente esta idea. Para ello, se basan en los últimos descubrimientos efectuados en el campo de la neurofisiología (Maturana, 1985; 1990; 1991; 1994; Varela, 1994), que han lle - vado a confinnar que el cerebro humano no puede de ningún modo aprehender de forma objetiva larealidad circundante. Al contrario, las investigaciones con - cluyen que aquello que cree percibir el sujeto no es más que una propia cons - trucción neuronal quelepermite sobrevivir en su entorno de manera viable. Así, la realidad exterior no puede ser descubierta por el ser humano en su forma ver - dadera, sino sólo construida por él mismo de un modo aceptable que garantice su supervivencia. Estanegación de una percepciónobjetiva de la realidad conlíeva consecuen - cias de vital importancia en el campo de las comunicaciones humanas, pues implica por necesidad una modificación de los presupuestos de los modelos comunicativos tradicionales. Ciertamente, la inexistencia de la objetividad, tal como postulan estas nuevas teorías, imposibilita al individuo para comunicar algo acerca de la realidad óntiea, pues es incapaz de percibirla. Pero, más nota-
94 Eva Parra Membrives ble aún, le impide además transmitir aotros información mediantepalabras —o textos—, puesto queesta información procederíapara los receptores de un mun - do exterior cuyo conocimiento se ha demostrado que les está vedado. Es decir, tal como se venían concibiendo tradicionalmente los procesos comunicativos, se le otorgaba al emisor del mensaje la capacidad necesaria para influir lo sufi - cientemente en otro individuo como para insertar en un cerebro ajeno ideas que se han gestado en el suyo propio. Algo que, evidentemente, ha de ser totalmen - te descartado en la actualidad. La comunicación humana —y en particular la literaria— habrá de redefinirse entonces a partir de ahora más bien como una construcción paralela de significados efectuadapor diversos sujetosinmersos en un mismo sistema social. Su socialización similar constituye en este caso preci - samente aquello que les permite establecer ámbitos consensuados a fin de llegar a una intersubjetividad que convierta en posible cualquier proceso comunicati - vo. En cuanto a aquellos textos posiblemente literarios, ha de considerarse en primer lugar, como muy bien indicaGlngau, que: «<...> cine Úbertragung von Informationen oder Gedanken durch Sprache <¡st> unrnóglich. SprachlicheAussemngen unó Texte enihalten keine Bedeutnng, diese entsteht erst im kognitiven Bereich» (Glogau, 1993: 14) Siendo por lo tanto elpropio individuo el quedotade significado todo aque - lío que percibe del exterior, asignándole de forma autónoma un valor concreto en su propio cerebro, en un texto carente de toda significación no podrá descu - brirse más literariedad que la que cada uno de los individuos inmersos en un determinado proceso comunicativo literario le asigne. Algo queconfirma lo ya expresado hace años en el marco de la teoría de la recepción, que: «<...> el texto cobra vida sólo en e] momento en que es leído, lo que trae como consecuencia el rechazo del principio propio de la teoría de la interpretación, de que el sentido de un texto y las posibles implicaciones sólo pueden encontrarse en él y nunca fuera de él» (ACOSTA, 1989: 163) El componente básico del sistema social de la literatura por lo tanto no pue - de estar constituido por un corpus más o menos amplio de textos literarios, ya que los textos no son literarios en sí, sino que esta ‘literariedad’ va a depender en su totalidad de los sujetos, actantes en los procesos comunicativos literarios, que le asignan valores estéticos a los textos. Es decir, que, como lo expresara Meutsch, a partir de ahora ha de considerarse que: «Wir verstehen nicht litera - risehe Tate, sondern wir verstehen Texte literarisch» (Meutsch, 1987: VI) Si se rechaza laliterariedad inherente a los textos como se ha venido hacien - do hasta ahora, sin embargo, volviendo al tema en el que se centra este trabajo, ¿no habrá de afectar todo ello profundamente a esa posible ‘representatividad’ de los textos recogidos en las antologías literarias? Es del todo imposible, por supuesto, quelos textos recopilados en las antologías sean representativos en el
El valor representativo de las antologías de textos en ¿os procesos... 95 sentido de ‘más literarios’ o ‘estéticamente más valiosos’ que otros. No obstan - te, esa parecía ser precisamente la definición más usual de ‘representatividad’ manejada por los seleccionadores de textos. Una antología, y así se ha especifi - cado al inicio de este trabajo, no era tenidapor más que una selección y recopi - lación de aquéllos textos en los que se había querido ver algún significado lite - rario, textos que, en función de unas determinadas características que se les atribuyen, son elegidos para representar dignamente un segmento concreto den - tro del sistema de la literatura. Si se insiste, sin embargo, en que los textos no son literarios en sí, y en que un corpus de textos ‘literarios’ no puede darse en la realidad y por lo tanto ha de resultar rechazable, ala luz de estas modernas con - cepciones de la literatura, ¿dónde residirá, caso de existir aún, esa ‘representati - vidad’ de las antologías de textos? Para responder con propiedad a la pregunta anteriormente planteada, es necesario ahora clarificar cuál ha de ser, en laactualidad, laconcepción de ‘tex - to’ en los estudios literarios, como consecuencia precisamente de las nuevas investigacionesrealizadas.La ausencia de una literariedad inherente a lostextos mismos no los invalida de ningún modo como objetos de estudio dentro del sis - tema literario. El texto será esencial en los procesos comunicativos literarios, pues constituye ese detonante queprovoca determinadas conductas consensua - das que permiten el desarrollo de una comunicación literaria. Es en tomo a los textos donde se producen de manera paralela las diferentes constrncciones a las que los sujetos inmersos dentro de un mismo sistema litérario asignan un signi - ficado estético. El texto provoca un estímulo en el individuo que éste interpreta - rá y transformará en comunicados literarios. Cualquier antología recogerá de este modo la herramienta básica de lacomunicación literaria: los textos, que no son literarios en si, pero que sí han sido construidos como tales de forma para - lela por diversos individuos inmersos en un mismo sistema literario. Los textos recogidos en las selecciones serán así representativos no en el sentido de más literarios o estéticamente más valiosos, sino porque estos ejemplos textuales en concreto habían sido utilizados en su día de manera preferente para construir paralelamente significados literarios. Sin embargo, dadoque los textos no son literarios en si, el seleccionador que pretenda elaborar una antología representativa se enfrenta a un serio problema. inmerso él mismo en un sistema literario con frecuencia diferente a aquél en el quehan surgido los textos entre los cuales se dispone aelegir, tenderáen princi - pio a construir un significado literario en los textos que se adapte a su propia socialización, y no aaquélla que ha provocado la aparición del texto que desea analizar. El peligro reside aquí en queel elaborador de una antologíapuede qui - zá, desde su propio sistema de valores literarios, construir un valor estético superior en un texto que en otra época —puede que incluso en la misma en la que surgió— no era considerado ‘representativo’, mientras que se le escapan otros muchos que se consideraron estéticamente relevantes. Naturalmente, este riesgo es evaluado en su justa medida por lamayor parte de los recopiladores de
96 Eva Parra Membrives textos, que intentan acercarse a ellos desde laépoca misma en la que surgieron, analizando la influencia de los textos en el sistema literario de su época y las posibles recepciones efectuadas. Siendo no obstante él mismo quien decidirá en última instancia acerca de la posible representatividad de los textos, ha de enten - derse que, además de aquellos temas, épocas, géneros o cualquier otro segmen - to de la historia de la literatura que pretenda explícitamente representar, cada antología se configura también de forma implícita como un producto inequívo - co de la época en la que ha sido recopilada y como obra del seleccionador que ha reunido el corpus. Cualquier antología proporcionará de este modo informa - ción no sólo de aquello bajo cuyo epígrafe se aglutina, sino además, y ello pue - de ser interesante, acerca de laépoca en la queha sido reunida. El descubrimiento del inestimable valor de las antologías parallegar a obser - var con mayor claridad la recepción de determinados autores, obras o temas en otras épocas más posteriores, y tratar de establecer con ayuda de ello una histo - ria del gusto literario no es algonuevo, y ya puede encontrarse señalado en algu - nos de los estudios críticos que sobre los llamados Leseblieher —en realidad, no mas que antologías de textos, originariamente creados con el fin de iniciar y ejercitar la lectura— han venido apareciendo desde el siglo XIX hasta la actua - lidad (Cwordrak, 1968; Ehni, 1967; Giebrí, 1962; Rentner, 1949; Steinbach, 1966). l-Iermann Helmers en su Geschichte desdeutschen Le~sehu(~hs in Grund - zagen, además, insiste en el valor didáctico inherente y pretendido por toda antología, e indicaque, dado que las selecciones de textos presentan una visión muy particular y desde luego muy condicionada por factores sociales e históri - cos de la época en laquehan sido elaboradas, han de ser en épocasfuturas cons - tantemente revisadas para que no se didacticen inadvertidamente de nuevo con los textos recogidos ideas inconvenientes. Así ocurriría por ejemplo con selec - ciones efectuadas en las que pudieran advertirse pensamientos vigentes en eta - pas de la historia de Alemania que tan claramente pudieran resultar rechazables como el fascismo (Helmers, 1970: 229ss). Es innegable así que, como testimonioe ilustración de lo que se consideraba en una etapa histórica o literaria en concreto —incluso no idéntica con aquélla en laque surgieron los textos—, o lo que se contemplaba quizá en detenninados ambientes o grupos como literariamente válido, recomendable o meritorio, las recopilaciones de textos podrán resultar del todo dignamente representativas. En ellas, ya no serán sólo los textos seleccionados y pretendidamente literarios los que deban interesar, sino también en altamedida la acción de selección mis - ma como actuación dentro del sistema literario, una actividad quecompondrá en realidad lo literario tal como lo concibe 5. J. Schmidt en su ciencia empírica de la literatura: «Eme zentrale Entscheidung betñfft den Literaturbegrifí, der lo der Fmpirischen Theorie der Literatur nicht wie in anderen LiteraturtheoÑen tíber lexte aufge - spanns wird, sondero tíber Text-Handlungs-Syndrome. <...> Solche Handlungen nenne ich im folgenden litcrarische Handiungen. Grundshtzlich gcht (lic Enípirí
El valor representativo cíe las antologías de textos en los procesos... 97 sche Theorie der Literaturaus von vierelementaren Handlungstypen: der Produk - tion, Vermittlung, Rezeption und Verarbeitung literarischer Texte» (Schmidt: 1992, 158) Las antologías, que participan de las acciones de transmisión, y previamen - te al proceso de selección por necesidad también de las de recepción y transfor - mación, pueden aportar datos de elevado interés a lahora de estudiar dentro de la historia de la literatura también los valores estéticos vigentes para el creador de la antología. Y mayor valor aún alcanzarán las antologías aquí si el entorno en el cual han nacido, y como consecuencia de ello también el concepto de lo literario que pudieran llegar a ejemplificar, es especialmente desconocido. De este modo ocurre por ejemplocon la antología elaborada en el siglo XVpor Kla - ra Hátzlerin. Esta colección de exclusivamente textos líricos aparecería en elaño 1471 en la ciudad alemana de Augsburg, siendo sin embargo muchomás tardío —a par - tir de su edición crítica por Haltaus (Haltaus, 1840) en el siglo XIX— su título de Liederbuch der [Cara Hdtzlerin. En principio, el nombre de la antología pudiera resultar engañoso, ya que ninguno de los 219 poemas y canciones que contiene el manuscrito ha sido compuesto por Klara, quien simplemente se ha limitado a reunir ycopiar los textos parapresentar un documento representativo de la producción poética de su misma época. Interesante será subrayar ahora que Klara —contrariamente a lo que indica Haltaus en su edición crítica— no era monja, como Gebele (Gebele, 1958) se ha encargado de demostrar posteriormente. Su padre y hermano trabajaban en Augsburg como notarios y asesores fiscales, y ella misma figura como contri - buyente en los libros de impuestos entre los años 1452 y 1476, lo que excluye su posible pertenencia a una orden religiosa. Confirmada de este modo una ads - cripción a laburguesía como clase social, y descartado un ambiente de religio - sidad como entorno educacional de Klara, el valor que adquiere su colección de textos es inestimable. Es cierto que, en la actualidad, numerosos estudios se han encargado de demostrar que ese silencio femenino en las letras durante la Edad Media en elque tradicionalmente se había venido insistiendo no era tal (Blank, 1962; Borchers, 1987; Brinker-Oabler, 1988; Classen, 1991; Cocalis, 1986; Dinzelbacher, 1984; Gnúg:, 1985; Habermas, 1991; Parra, 1995; Ringler, 1980; Segura, 1992; 1993; Spitzlei, 1991), y que, muy al contrario, existen numerosos textos que prueban unaparticipación muy activa de la mujer medieval en el sis - tema literario de su época. No obstante, y aunque puede afirmarse, desde luego, que es posible hallar mujeres pertenecientes a diversas clases sociales y de dife - rente formación espiritual como participantes en el sistema literario medieval, hay que conceder que las mujeres laicas de clase burguesa comparecen con una actuación bastante escasa en las letras alemanas. Y Klara, que no compone tex - tos ella misma, sino que se atreve a enjuiciar una producción textualque parece ser en su totalidad de origen masculino en busca de unaposible representativi -
98 Eva Parra Mcta brives dad, es completamente excepcional. La labor de Klara, su acción de selección dentro de su propio sistema literario,adquiere un valor extraordinario por tra - tarse del único testimonio que en la actualidad se posee de un posible gusto esté - ticofernenino durante la Edad Media. Una concepción estética que, a su vez, se convierte en el caso de Klara en especialmente representativa de lo femenino, porque, en primer lugar, su alejamiento de una vida religiosa la liberaba de la sujeción a un tutor masculino quepudiera censurar su labor, y, porque, además, su condición de burguesa le otorgaba como mujer unas libertades sociales y per - sonales de las que la mujernoble carecía (Ketsch, 1983; Pemoud, 1987; Parra, 1997). Para analizar con propiedad lalabor de selección realizada por Klara adqui - rirán una particular relevancia no sólo lostextos que va a elegir como represen - tativos y que van a comentarse dentro de unos instantes, sino también el modo en el que esta mujer organiza su antología. Klara no utiliza sin discriminación alguna cualquier tipo de textos a su alcance, sino que pretende seguir una espe - cie de plan (Olier: 1978-) que incluye composiciones que pudieran llegar a mos - trar una producción lírica medieval, siempre enmarcable dentro del Minnesang tardío, en todas sus posibles variedades, tanto formales como temáticas. Impor - tante será para ella no acercar al lector únicamente a textos afamados y de renombre, sino también a poemas más sencillos, pero de extendida presencia en su época. Klarapretende mostrar, en definitiva, lo que ella considera ejemplifi - cador en el sentidode reflejo del gusto literario popular, algo para lo cual, teniendo en cuenta que, como ya se ha indicado, no se trata de una mu¡er reclui - daentre los muros de un convento,podría estar perfectamentecapacitada. Si se analizael resultado por ella obtenido, éste aparece como curiosamente bastante alejado de aquello que los seleccionadores actuales creen haber reco - nocidocomo representativo de esamisma época, laBaja Edad Media. La acción de selección misma de Klara y lamanera de presentar sus textos defraudan muy probablemente las expectativas de los estudiosos o interesados en esta época actuales, que quizáesperarían encontrar en una obra que se describe como una antologíapoética del Minnesang tardío otros textos, otros autores, y posible - mentetambién, otra presentación. Para empezar,los textos citadospor Klara son casi todos anónimos, lo cual, aunquesolía ser la tónica general en gran parte de la Alta Edad Media, ya no es tan frecuente en laépoca en la que ellamisma hade insertarse, el siglo XV, y un cierto orgullo creador presente en los autores de esta fecha ya puede verse inclu - so en Klara misma, quien firmará su antología. Debe suponerseque ¡Clara pre - tendíadar a conocer únicamente textos, y no autores literarios, y no que estos últimos le eran desconocidos, puestoque algunos de ellos, posteriormente iden - tificados por la crítica, como Freidank, der Mónch von Salzburg u Oswald von Wolkenstein eran ya muy respetadospor entonces y su producción poética lo suficientementepopular como para ser fácilmente identificada por el público. En la antología de Klara, entonces, los textos necesariamente deben compren-
El valor representativode las antologías de textos en los procesos... 99 derse como materia independiente y autosuficiente, que, despojados de toda información externa, como la que pudieran suponer autor o lugar de creación, pueden resultar perfectamente válidos y literarios. Es únicamente en los textos mismos, por lo tanto, donde se encuentra reflejado el concepto de lo literaria - mente relevante según Klara, idea que hoy en día ya no se comparte. Al margen de queen lamodernidad una edición de cualquier obra sin lainclusión del nom - bre de su autor, si éste se conoce, seria impensable sin entrar en conflictos de tipo legal, la mayor parte de las teorías crítico-literarias -—-ciertamente no todas— consideran fundamental situar el texto dentro de un entorno para que pueda ser analizado en profundidad. Estudios y análisis posteriores, que se deben sobre todo, como la mayor par - te de la información sobre la obra de Klara, de nuevo a Haltaus, han permitido identificar un elevado número de autores presentes en la antología. Haltaus cita a los ya mencionados Oswald von Wolkenstein, Freidank, y der Mñnch von Salzburg, y. además, a Neidhart, Kaltenbach, Peter Suchenwirt, Heinrich der Teichner, Muskatblút, Hans Rosenblíit, Mayr Betzen, l-(ermann von Sachsen - heim y Jdrg Schilher. Aunque muchos de los autores reseñados son hoy en díaaún muy conocidos, —es elcaso de Oswald von Wolkenstein, Neidhart o Muskatbltit, entre otros—— llama sin embargo la atención la ausencia de autores como por ejemplo Frauen - lob, Johannes Hadlaub o Michael Beheim, que en la actualidad no faltan en cualquier antologíaque pretenda ser representativa de la época que trata ¡Clara. Incluso en antologías de menor envergadura que la de esta mujer, que, recuér - dese, cuenta con una totalidad de 219 ejemplos textuales, es frecuente la men - ción de, entre otros, Frauenlob, por ejemplo, almargen de otros muchos autores que se echan de menos en ¡Clara. Si se consultan aquellas antologías que han sido elaboradas en el siglo XX, pero realizadas con la intención de resultar representativas del gusto estético medieval, poca coincidencia puede encontrarse en cuanto a autores selecciona - dos. De todos los que aporta Klara, únicamente Oswald von Wolkenstein, der Mónch von Salzburg y Neidhart son mencionados por ejemplo por Jammers (Jammers, 1963) en su Ausgewñh/te Me/odien des Minnesangs; por otra parte, sólo textos de Oswald von Wolkenstein y deDer Mdnch von Salzburg de nuevo aparecen recogidos en laobra de Freund (Freund, 1983) Deu¿sche Tagelieder, y ello a pesar de que, según aprecia Olier, en la compilación de ¡Clara pueden hallarse «eme statt/iche Gruppe von Tage/iedern» (Glier, 1978-: 548). La anto - logía titulada Lyrik des Mitte/a/ters editada por Bergner (Bergner, 1983) sólo menciona, de los autores reconocidos en la selección de ¡Clara, al casi omnipre - sente Oswald von Wolkenstein, a Neidhart y a der Mónch von Salzburg. En su Lyrik des spñten Mitte/a/ters Maschek (Maschek, 1971) citala antología de ¡Cla - ra, pero sin embargo también coincidirá con ella en únicamente tres autores que serán esta vez der Mónch von Salzburg, Oswald von Wolkenstein y Hans Rosenblút. Curschmann (Curschmann, 1981), quien, curiosamente, incluye en
106 Eva Parra Membrives Pfáffische Quattrerin! Rotzige Schwátzerin! Trostiose Verschm~cherin Christi! lmrner und ymmer zu schelten!» (Haltaus, 1840: LXVIII) Sin embargo, y quiere aquí insistirse en ello, ¡Clara lo considera lo suficiente - mente representativo de los textos líricos de su época como para incluirlo en su selección yquerer darlo a conocer IDe interés resulta aquí la frecuencia en laque aparecen este tipo de textos en la antología de ¡Clara. El gusto estético popular que esta mujer pretende reflejar aparece así como encaminado hacia una lírica fundamentalmente realista, directa hasta llegar en ocasiones incluso a la rudeza. Pero,más allá de ello, es llamativo el papel preponderante que ocupa en la mayor parte de estas composiciones, en ocasiones vulgares, una figura femenina bien alejada del ideal lírico habitual y mucho más cercano ala vida cotidiana. La diferencia existente por lo común en las imágenes presentadas de la mujer en la literatura medieval femenina conrespecto a las creaciones de escri - tores varones ha sido establecida ya por algunos críticos. Las mujeres escritoras durante la Edad Media presentan usualmente en sus escritos un interés marcado por espacios y temas femeninos, pero, además, reflejan un alejamiento marcado de la imagen tradicional femenina, describiendo a un ser que controla su propio destino, una mujer fuerte, decidida, firme, libre que es capaz de igualarse con el varón (Parra, 1997: 370). Asimismo, en cuanto a ciertos comportamientos humanos de carácter menos noble, es común también una franqueza acusada en las escritoras femeninas, que en ocastones son acusadas de mal gusto o perver - sión, siendo sus textos censurados por tal motivo (Zoepf, 1914: 127). ¡Clara no actúa como productora en el sistema literario de su época, pero, curiosamente, los textos queselecciona como representativos proporcionan una imagen de lo femenino muy similar alo que sus compañeras de sexoinsertan en sus escritos. Dado que los textos que ¡Clara elige son sin embargo de producción masculina, habría de resultarle con toda probabilidad más dificultoso hallar en los textos esta imagen moderna de la mujer, tan cercana ala visión femenina de si misma. Klara Hiitzlerin, a pesar de haberle negado a la posteridad su voz para indicar su concepto de la literatura, proporciona su trabajo, su antología, y se acerca en ella sorprendentemente en su acción de selección a lo que es la pro - ducción femenina, confirmando muchos de los datos que numerosas investiga - ciones recientes (Dinzelbacher, 1989; Goessmann, 1990; Haas, 1991; Largier, 1990: Parra, 1997) han proporcionado acerca de la concepción estética de la mujer. Sin embargo, las escasas referencias para el establecimiento de algoque de forma quizá excesivamente optimista pudiéramos denominar unapoética de
¡Sí valor representativode las antologías de textos en los procesos... 107 las escritorasfemeninas medievales por lo usual siempre se han elaborado has - ta ahora a partir de signosque se han querido encontraren las propias obras de estas mujeres. Valoraciones de autoras medievales acerca de qué es para ellas relevante literariamente hablando,apenas pueden hallarse. ¡Clara, al seleccionar textos creados por otros valora de formaimplícita y literaria obras no propias y no necesariamentefemeninas. Con ello se aventura a adentrarse en un espacio que, por lo común, se le niega a las mujeres medievales y que por lo tanto resul - ta, de momento,aún especialmente desconocido, pero que gracias a obras como la suya puede comenzar a descubrirse poco a poco. Así, a pesar del nuevo curso que han tomado las investigaciones en el campo de la crítica literaria, y en espe - cia] el concepto de lo literario y del texto,como accióndentro del sistema lite - rario lostextos representativos pueden, a veces, suponer no sólo una ilustración digna, sino también imprescindible y fundamental por única. BIBLIOGRAFIA: ACosTA, Luis A. (1997): «Temprana y Alta Edad Media. (750-1170-1270)», en: Acos - ta, Luis A. (coord.) (1997): La literatura alemana a través de sus textos, Madrid: Cátedra, PP. 19-88 AcosrÁ, Luis A. (1989): El lector y la obra. Teoría de la recepción literaria, Madrid: Oredos AcOsTÁ, Luis A. (coord.) (1997): La literatura alemana a través de sus textos, Madrid: Cátedra ANGER, ALFRED (ed.) (1969): Díchtung des Rokoko, Itibingen: Niemeyer BEnZ, MANFRED; Antos, Oerd (1984): «Die nachgestellte Partie. Vorschláge zu einer Theorie der literarischen Produktion», en: Finke, Peter; Sdhmidt, SiegfriedJ.. (eds.): Analytische Literaturwissenschaft, Braunschweig: Vieweg BERONER, HEtNZ (ed.) (1983): Lyrik des Mittelalters JI, Stuttgart: Reclam BLANK, WALTER (1963): Deutsche Nonnenviten des 14. iahrhunderts, Freiburg/Hr: Diss BODE, DIETRIUn (ed.) (1984): Deutsche Gedichte. Eme Anthologie, Stuttgart: Reclam BoRcHERs, ELI5ABETH (ed.) (1987): Deutsche Gedichie. Von Ni/degard von Ringen bis Ingeborg Bachmann, Frankfurt: Suhrkamp BRAND5TEi-rER, ALois (1987): «Vom Árgemis des Erzáhlens. Em Nachwort», en: Oster - reichische Erzdhlun gen des 20. Jahrhunderts, Múnchen: dtv BRANDT, RUDIGER (ed.) (1982): Deutsche Literaturdes Mittelalters. Arbeitst exte fúr den Unterrichí, Stuttgart: Reclam BRINKER-GABLER, GIsELA (ed.) (1986): DeutscheDichíerinnen vom 16.Jahrhundert bis zur Gegenwart.Gedichte und Lebensidufe, Frankfurt am Main: Fischer BRINKER-GABLER, GIsELA (ed.) (1988): DeutscheLiteratur von Frauen. Erster Rancí. Vom Mitielalter bis zum Ende des 18. Jahrhunderts, Mtinchen: Beck CERLJT[, MAURO (1991): «Der Mythos der Allwissenheit und das Auge des Betrach - ters», en: Watzlawwick, Paul; Krieg, Peter (eds.): Das Auge des Betrachters. Beitráge zum Konstruktivismus. Festschrift fíir Hein: von Foerster, Múnchen: Piper, PP. 3 1-60
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