Full text
TESIS DOCTORAL 2023
SARA REBOLLO BUENO
DIRECTOR: ANTONIO PINEDA CA CHERO
UNIVERSIDAD DE SEVILLA
FACULTAD DE COMUNICACIÓN
TESIS DOCTORAL
EL USO D EL MIED O COMO HER RAM IENTA DE LA PROPA GANDA
POLÍTICA Y ELECTOR AL ESPA ÑOLA EN LA ERA DEL
MULTIPA RTIDISM O
SARA RE BOLL O BUENO
DI RECTOR: ANTON IO PI NEDA CACHERO
DEPARTAMENTO DE COMUNI CAC IÓN AUDIOVI SUAL Y PUBLICIDAD
SEVILL A, 2023
el mandado es el preci o que pone el
protector; la subordinación, el precio que
paga el proteg ido (Catalán, 2018: 19).
A mis padres y a mi hermano,
por espantar mis miedos
AGRADECIMIENTOS
Este manuscrito es el result ado de la inversión de tiempo y esfuerzo de muchas personas,
aunque en la autoría aparezca únicamente un nombre. Por ello, estas líne as que pre ceden a esta
tesis doctora l estarán dedicadas a todas esas perso nas que son parte de este proceso y , por end e,
de su resultado.
En pr ime r lug ar , mi s agra de ci mie nt os va n di rig ido s a An ton io Pin eda Cac hero , di re cto r, tut or y
g uía de e sta s líne as ; sin su ay uda , su ti em po y s u con fia nza n ing una d e e stas p a lab ras po dría
ha ber sid o esc ri ta y , muc ho m en os, re fle xion ada . En segu ndo l ugar, a l Dep art ame nto de
Co mu ni c ac ió n Au diov is ual y P ubl ic idad d e la Un ive rsi da d de S e vi lla y a las per son a s que lo
fo rma n y que si e mpr e han ten ido su pue r ta ab ier ta para esc ucha rm e , ay uda rme y apoy ar me. En
c on cr eto , qu ier o ag rade cer esp ec ia lmen te a la Dra . Ma ría de l Mar Ru bio Her nán dez su a poy o
la bora l y p ers ona l, su co nfian za, s us ga na s y s u ha bi lid ad na ta p ar a h ac er que e l r est o n os si nta mos
bi e n. A sim is mo , ta mb ié n qu ie ro me nc io nar e spe cia lme nte a l Dr. Ví c tor He rnán de z de Sa nta ola ll a
Ag uil ar , e l cu al m e ac og ió com o a lumn a in ter na cua nd o toda vía e ra u na e stud ia nte de 1 9 año s y
no sab ía mu y bie n qu é er a la inv est iga ción , pero sí que la propa g anda era mi cam in o; gr ac ia s por
da rme l a f uer za, la conf ian za , e l c onoc imie nto y la s ga nas.
De l mismo modo, agradezco a María Sán chez Ramos, compañera y , sin du da, ami ga , que ha ya
estado en todos los momentos de esta tesis doctor al. Grac ias por ser l a que me incita a se guir
cuando no tengo más fuerzas y , t ambién, gracias por enseñarme a parar y a c uidar: gracias a ti
por cuidarme en la a cademia y en l a vida. Gracias a mis amigas, Marichu, Julia y Mónica, y a
mis amigos Ismael, Miguel, Andrés y J onathon por ser y estar durante todos estos años. En
especial, a Ismael Romo Crespo por poner portad a y diseño a este manuscrit o lleno de palabras.
Gracias a mi pareja, el c ual ha confiado en mí cada día y h a respetado mis tiempos, aunque a
la misma vez, me ha enseñado la im portancia de sacar siempre unos minutos para bailar en el
salón de casa. Gracias por querer así de bonito.
Por último, y más importante, a mis padres, Jesús y Espe ranza, y a mi hermano Jesús, porque
sin ellos na da de esto habría sido posible; gracias por vuestro ti empo, v uestra confianza y
vuestro amor. Al fin y al cabo, todo lo que so y y t odo lo que sé de polí tica y , en general, de la
vida es grac ias a vosotros; los mismos que, desde n iña, me ha n enseñado que a l miedo ha y que
enfre nt arlo y, a la vez, respetarlo.
Para finalizar, grac ias a la educación pública que ha sido el motor para p oder escribir estas
palabras. Una educación en igualdad, de calidad y pública es la cl ave para la evolución y el
avance social; gracias por hac erme partícipe de ello.
ÍNDICE
Resumen / Abstract ............................................................................................................. 13
1. Introducción .................................................................................................................... 17
1.1. Definición del problema de investigación ................................................................ 16
1.2. Justificación del problema ......................................................................................... 20
1.3. Limitaciones de la investigación ............................................................................... 21
2. Marco teór ico .................................................................................................................. 23
2.1. El miedo como concepto ........................................................................................... 23
2.1.1. El miedo desde la psicología ................................................................................ 25
2.1.2. El miedo desde la psicobiología ........................................................................... 40
2.1.3. El miedo desde la psicología social ..................................................................... 55
2.1.4. Antropología cultural del miedo ................................................................ .......... 69
2.2. Los medios de comunicac ión de masas y la emoción del miedo .............................. 93
2.2.1. Los medios de comunicación de masas como constructores de realidad ............. 94
2.2.2. Los medios de comunicación de masas y la representación del mie do ............. 108
2.2.3. Opinión pública y efec tos de los mass media en relación con
la emoción de l miedo ................................................................................................... 140
2.2.3.1. La aproximación teórica de la aguja hipodérmica o bala má gica ................. 158
2.2.3.2. Teoría de usos y gratificaciones.................................................................... 164
2.2.3.3. Teoría de l a agenda-setting ........................................................................... 168
2.2.3.4. Teoría de la e spiral del silencio .................................................................... 178
2.2.3.5. Teoría de l cultivo .......................................................................................... 185
2.2.3.6. Teoría de la de pendencia del sistema de medios de masas ........................... 187
2.3. El miedo en la propaganda política ......................................................................... 188
2.3.1. El miedo como factor de poder y control social................................................. 189
2.3.2. Conceptos de propaganda y propaganda política ............................................... 192
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1. INTRODU CCIÓ N
Las di scipl in as qu e ado ptan l as em ocio nes p rim arias com o obj eto de est udio so n div ersas,
entre el las l a psic olo gía, la ant ropol ogía o la p ed ago gía, ent re otra s, y , la qu e aquí m ás no s
concie rne, l a c omu nic ación. El hech o de que una s po cas emo cion es rij an una gran parte d e la
toma de decision e s, pen samie nto s, opini ones , id eas, et c. qu e tiene n los i ndivid uos sobre sí
mismo s y so bre el m undo, h ace que s ean at ract ivas pa ra s u i nv esti gaci ón y q ue no pas en
desap ercibid a s a lo s de seos d e emiso res que bus can pe rsuadi r a todo un audito rio. U na de est as
emoci ones es el mi edo, l a cual ti en e un v alor añadido respe cto al rest o, pues es consi derad a la
emoci ón má s pod eros a ( Meana , 2008; Bos cobo i nik, 2016 ) y, adem ás, e s un a ca ptad ora de
atenci ón nat a (Brown, 1 995) q ue l lev a a l a mo no poliz ació n d el pen sami ento (Ekma n, 2 00 7).
Como se des arroll ará en los p rime ros su bepí gra fes de la revis ión de la l it er atura de esta tesis
docto ral, e stas cuesti one s e st án estr echam ente vi ncul adas con l a s upe rviv enci a del in divi duo
(Manno ni, 1984; Ma rks, 1991; Sa rráis, 2014; André, 2005; Mean a, 2008) , pues, si e st e quie re
so br evivi r, deb e ser capa z de señ alar l a ame naza y activ ar la form a de evita rla o, al me nos,
intent ar r educi r sus co nse cuenci as. Al fin y a l c abo , el miedo es una emo ció n prima ria negativ a
provo cada “por la perce pció n de un peli gro, real o supuesto , pr esent e o futur o […] [que] der iva
de la aversió n natur al a l riesgo y l a amenaz a” (Barrera Méndez, 2010: 9). De hec ho, “avis a de
la e xist enci a d e u n peli gro y p ermit e p repa rar [ …] u na estr ategi a de de fensa o huid a” (Sarr áis,
2014: 20).
A partir de estas primeras lí neas int roductorias ya se puede deducir que el mi edo puede
convertirse ( y , d e hecho , lo hace) en una im portante y eficaz herramienta propa gandística,
consiguiendo incidir en algo tan primario como el instint o de supervivenci a. En l as próx imas
líneas se entiende propa ga nda como un fenómeno comunicativo utilizado por el emisor para
mantener y/o alcanzar el poder, en este estudio, el poder político. De hecho, son varias las
técnicas propagandísticas ligadas, conc retamente, al mi edo; una cuestión que aventura el
vínculo entre el fenómeno comunicativo y la emoción en estudio. Ante esto, el objetivo general
de este trabajo es estudiar el uso de la emoción del miedo en la propaganda de los partidos
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
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políticos españoles desd e la ruptur a d el bipartidismo, para lo cu al s e han definido objetivos
secundarios que han permi tido conocer cómo opera la emoción en estos mensajes. En las
próximas líneas de esta introduc ción se presenta el objeto de estudio y cómo se ha a bordado la
investigac ión que se desarrolla en las próx ima s pág in as. Asimismo, el lector podrá encontrar
la justificación de esta elección, así como las li mitaciones de l propio estudio, las c uales también
son partes ese nciales par a la compre nsión d e esta investigac ión.
1.1. Definición del problem a de inves tigación
El objeto de estudio de la presente tesis doctoral es el mi edo en la propaganda política en
España. Para delimitar cómo se aborda, se acude a dos parámetros: el objeto material, que
describe la visión amplia desde la que se atiende al objeto de estudio, y el objeto formal que
concre tiza el anterior y se constru ye “por la perspectiva, el inter és y la planific ación
( finalización ) que proy ecta el sujeto epistémico sobre este” (Piñuel y Lozano, 2006: 185). Por
lo tanto, el objeto material de e sta investigación e s la propaganda, la cual es entendida como
un fenómeno comunicativo de co ntenido y fine s ideo lógicos mediante el cual un E misor ( individual
o colectivo) transmite interesa da y delib erada mente un Me nsaj e para conseguir, m ante ner o reforzar
una posición de poder sobre el p ensamiento o la conducta de un Receptor (individual o colectivo)
cuyos intereses no coincide n necesaria mente con el E misor (P ineda, 20 06: 228).
Por su parte, el objeto formal es el uso del mi edo en la propaganda políti ca española. S i bi en
es cierto que la comu nicación es la disciplina que otorga el ma yor cuerpo teórico y
metodológico, al tratarse de un objeto de estudio que tiene como protag onist a una emoción
primaria, la presente tesis doctoral se ha alimentado de otr as disciplinas, en concreto, de la
psicología, la psic obiolo gía, la psicología social y la antropolog ía.
De esta forma, la aproximación que se rea liza e n relación con la e moción de l miedo inclu ye un
recorrido por dife rentes peculiarida des de esta e moción (e. g., el miedo com o un acto r en la
supervivencia del indi viduo) hasta ll egar al núcle o de interés de la presente tesis doctoral, es
decir, la participación del mi edo en los discursos propagandísticos (e.g., técnicas de este
fenómeno comunicativo en las que esta emoción toma un papel releva nte). Así, se ha
pretendido un enriquecimiento de los resultados finales, convergiendo las disciplinas
mencionadas e n su aplicación a la comunicación.
Asimismo, y esta vez atendiendo a la praxis form al, es decir el fin últ imo de la investig ación,
la presente t esis doctoral pre tende estudiar el uso de la e moción del miedo en la propaganda de
los partidos políticos españoles desde la ruptur a del bipa rtidismo – o, como se mostrará,
1. INT RODUCCIÓN
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multipartidismo moderado – . De hecho, este es el definido como obje tivo ge neral de la
investigac ión. Del mismo modo, y más allá de t érminos tan amplios, pretendemos conocer
cómo es uti lizado el mi edo en la propaganda de los partidos mencionados, atendiendo a las
amenazas/peligros que se señalan en los dis cursos, las téc ni cas propagandísti cas uti lizadas, el
tipo de propaganda qu e prevalece, las intencionalidades del emisor, etc. En definitiva, todo
aquello que se c ircunscribe al mensaje. Además, y como apunte más teó rico, esta tesis doctoral
desea contribuir al debate sobre si el uso de esta poderosa emoción en los discursos analizados
se puede c alificar como democrá tico; un debate ya abierto en otr os estudios. Ante esto último,
y si bien es cierto qu e la presente tesis doctoral tiene una perspectiva e int ención científico -
académica, e so no significa que durante el desarrollo de la misma no se hay a acudido a escuelas
críticas. Por lo tanto, el lector puede encontrar e n sus líneas afirmaciones que se encuadran
dentro de la postura crítica sobr e e l objeto de e studio, en concr eto, en la discusión y las
conclusiones del e studio. Más si ca be, c uando otros a utores (c omo se verá e n el tercer capítulo
de la revisión de la literat ura) profundizan, no sólo en cómo aparece el mi edo en los discursos
propagandísticos, sino también en la incoherencia de que esta emoción sea utiliz ada en estados
democrátic os, cuando el mi edo opera sobre la inseguridad de los ciudadanos.
Epistemológica mente, esta investigación se enmarca en el empirismo, dando como resultado
un estudio teórico-empírico. Si acudimos a la filosofía de la ciencia, en concreto a Arti gas
(1999), nos explica cómo el empirismo en su orige n se basa en comprobar si los enunciados
(premisas, teorías, hipóte sis, …) seguían la ló gica o no, pues “los enunciados sin sentido serían
enunciados mal construidos desde el punto de vis ta de la ló gica: no corresponderían a estados
de cosas que se pudieran comprobar empíricamente y, por consi guiente no podrían ser
verdaderos ni fa lsos ” (1999: 75). Si atende mos al concepto de e mpirismo, la propia etimología
del término, el cual proviene del grieg o empeiria , nos lleva a “experiencia”; al fin y al cabo,
este conce pto se utiliz a para “d esignar aquel posicionamiento filosófic o que ciñe el
conocimiento humano a la experiencia” (Garcí a González, 2014: 161) . Por lo tanto, la
comprobación/e xperimen tación es la ba se del empirismo. Conociendo esto, esta tesis es
empirista en tanto que se busca comprobar el uso del miedo en los discursos propagandísticos
a través de té cnicas de investigación que permiten identif icar tanto la prese ncia de la emoción
como las técnicas, estrategias y recursos de su uso. Para ello, se han utilizado dos técnicas de
recogida de datos empíricas: aná lisis de contenido y análisis crítico del discurso.
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
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Por último, aclararemos que esta tes is docto ral no tiene ningún fin com ercial ni electoral, sino
que se circunscribe únicamente a intereses acadé micos y que, en consecu encia, debe revertir
en el progreso social. No obsta nte, e sta intenc ionalidad no descarta qu e terc eras pe rsonas
puedan hacer uso de sus resultados de forma diferente a los fines que se plantean el presente
manuscrito.
1.2. Justificación del problem a
La s emociones han sido abordada s en numerosas ocasiones desde la psicolog ía c on el objetivo
de conocer las reacciones de los indi viduos e, incluso, medirlas (e.g., Stan ley, 1966; Molina,
Chorot, Valiente y S andín, 2014; Espinoz a, Mo ya y Wil lis, 2015 o V era -Villarroel, 2020, entr e
otros). Adem ás, los estu dios desde el ámbito de l a propa ganda sobre dich a emoción también
son numerosos, como se mostrará en la revisión de la literatura. Sin embarg o, aunque estos
estudios tienen en c uenta la importancia de la emoción, la presente tesis doctoral quiere mostrar
específicamente el peso cuantitativo que ti ene el miedo y, además, cómo opera en la realidad
de los discursos propagandísticos y , por end e, en la realidad d el contex to polí tico y social de la
España actual.
Asimismo, y aunque la aprox imación de esta tesis se ac erca, evidentemente, a lo
comunicacional, así como a lo político y lo so cial, lo cultural también dest aca. Esto se d ebe a
que la realidad d e Occidente está marcada por la emoción que estudiamos desde lo s atentados
terroristas a las Torres Gemelas en Estados Unidos del 11 de septiembre de 2001. Fue en este
punto de inflexión en el que los términos d e cultura del miedo y sociedad del riesgo empiezan
a ser utilizados para referirse a l a sociedad o ccidental. Estados Unidos se presentaba y se
conocía como el protecto r, pero los atentados dejaron patente que esto y a no era así. El miedo
se adentró en la r ealidad y la vid a cotidiana d e los ciudadanos, adquiriendo diferentes formas:
crisis económicas, des empleo, terrorismo, violencia, etc. Por lo tanto, si los emisores de
discursos propagandísticos buscan alcanzar o m antener el poder – atendiendo a la de finición
citada en línea s anteriores – no es de e xtrañar qu e haga n uso, no sólo de la emoción cu yo poder
y a se ha men cionado, sino también de un contexto social y cultural en que el mi edo es
protag onista. De este planteamiento deriva la decisión de estudiar el miedo en la propa ganda:
una emoción poderosa q ue, además, es el centro de las sociedades occide ntales hasta e l punto
de que ha interferido en l a concepción propia de l o social, lo político, lo cultural y , por lo que
al pre s ente trabajo concierne, a lo comunic acional; concretame nte lo propagandístico. De aquí
radica la primera de las razones que ilustran la import ancia del análisis del miedo en la
1. INT RODUCCIÓN
21
propaganda política. Al fin y al cabo, conocer cómo los partidos utilizan el mi edo para sacar
rédito políti co a y uda a detectar e identificar sus estrate gias, comprendiendo así los marcos de
referenc ia en los que se e ncuadra su discurso y que , a la vez, son reflejo y ali mento de la cultura
del miedo y l a sociedad del riesgo; dos fenómenos que atraviesan las so ciedades o ccidentales
actuales y que tienen consecuencias en ella (e.g., el sentimiento de inseguridad constante) .
Por su parte, la segunda razón que ilustra la importancia de la presente tesis doctoral está más
enfoca da al futuro d emocrático de la soci edad, con tribuyendo al deb ate sobre la adecuación del
uso del miedo en los sistemas democ ráticos, pu es miedo y segurid ad son c onceptos opuestos.
En este punto, es interesante señalar l a relación e xistente entre el miedo, l a inseguridad y la
libertad; un triángulo que ha sido ana lizado y sobre el que han teorizado diferentes estudiosos,
como Zygmunt Bauman (2003; 2007). El hecho de que exista un vínculo e ntre estos tres
aspectos está directamen te relacionado con el uso propagandístico del miedo, pues, como se
desarrollará en los siguientes epígrafes, aquellos que señalan el peligro pueden presentarse
como los salvadores frente al mi smo. Así, como s e ex plicará posteriorm ente, se facilita qu e los
ciudadanos acepten una s erie de medida s concretas que benefician al e misor de l a prop aganda,
y no necesariamente a los ciudadanos. Por e jemplo, consiguiendo votos o el favor en el imp ulso
de ciertas ley es. Por lo tanto, el poder de la e moción primaria del miedo ta mbi én lleg a hasta la
concepción de la liberta d del individuo, atendiendo a si sus decisiones son tomadas bajo el
influjo de lo amenazante y lo peligroso. Catalán ( 2018) lo res ume de la siguiente manera: “el
mandato es el precio qu e pone el protector; la subordinación, el p recio que paga el protegido”
(2018: 19).
1.3. Limitac iones de la i nvestigación
Cualquier investigación, aunque regida por el método científico, no está exenta de tener
limitaciones, más si cabe en un ámbito volátil como las ciencias sociales. De hecho, en la
mayoría de las oc asiones se debe a a spectos que escapan a la mano de l investi ga dor, pero que,
sin duda, afectan al desarrollo de la mi sma y , por ende, a lo s resultados y c onclusiones. En el
caso de la prese nt e tesis doctoral, existe una limitación que parte de la propia idiosincrasia de l
estudio de una emoción y , en c oncreto, por su c arácter empírico – a pesar de que ha sido
estudiada con una meto dología híbrida, concretada en un análisis de con tenido (dimensión
cuantitativa de la metod ología) y un análisis crít ico del discurso (dimensión cualitativa),
erig iéndose el primer análisis como base para desarrollar l a segunda técn ica de recogida de
datos – . La limitación principal que afecta a esta tesis doctoral es la complejidad de cuantificar
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
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una emoción. Si bien es cierto que desd e la psico logía y , en con creto, la psicología social, se
han realizado estudios que pueden determinar qué porcentaje de miedo (o felicid ad, ira,
sorpresa, etc.) sient e un i ndividuo, hacer esto sobr e un mensaje o un discurs o se torna una tarea
compleja, pero relevante todo caso en cuanto a la intencionalidad del emisor: es racional pensar
que si un propagandista quiere que su público sienta miedo, el mensaje que produce ese
propagandista debe contene r r epresentaciones de la e moción del miedo, busca ndo así una
relación causa-efecto entre el texto propagandístico y la mente del receptor. P ara ello, esta tesis
doctoral presenta, como herramient a metodoló gica, una hoja d e codificación que r ecoge lo
estudiado en la revisión de la li teratura. Por lo tanto, no ha sido solo la co nceptualización del
miedo lo que ha necesitado la a y uda de otras disciplinas, sino también el intento de construir
una herramienta que cua ntifique la emoción presente en e l mensaje; por ejemplo, a través de la
operac ionaliz ación de los desen cadenantes o de las funciones del mi edo. A pesar de qu e s e han
utilizado las aprox imacione s mencionadas (junto a otras que se desarrollará n en el capítulo
dedicado a la metodolo gía), somos conscientes d e la limitación que supo ne esto, y de qu e
algunas escuelas más ortodoxas podrían ver en nuestro traba jo una osadía.
En los siguientes capítulos que conforman esta t esis doctoral se presenta la revisión teórica
realizada sobre e l miedo desde la psicología, la psicobiología, la psicología social y la
antropología cultural, seguida de la literatura que r ecoge el papel que ha tomado esta emoción
en los medios de comunicación d e masas y, más t arde, en la propaganda p olítica (capítulo 2).
Tras esto, en el c apítulo 3 se pre sentan los objetivos, hipótesis y pre guntas de investig ación del
estudio de forma detallada, como paso p revio al de sarrollo del diseño metod ológico y muestr al
en el ca pítulo 4. Por último, en los capítulos 5, 6 y 7 se presentan respectivamente los resultados
empíricos (cua ntitativos y cualitativos), la discusión y las conclusiones de esta tesis.
23
2. MAR CO TEÓRICO
Para abordar la temática de esta tesis doctoral se realiza una minuciosa revisión bibliográfica
que contempla dife rentes aspectos que influ yen en el estudio de la emoción del mi edo t al y
como se representa en la propa ga nda política en el caso español. De hecho, este trabajo cubre
diferentes campos de estu dio, desde lo más general hasta lo más específico. Por tanto, se recoge
la conceptualización de l miedo (ámbito psicológ ico, psicobiológico, psicológico social y
antropológico), el papel del miedo en los medios de comunicación de ma sas, el miedo en la
propaganda polí tica y, por último, el contex to político y social que ha marca do la situación de
España desde la ruptura del histórico bipartidismo.
Con esta recogida de d atos, se consigue una ampl ia visi ón tanto del concepto y el papel que
toma el miedo desde diferentes perspectivas, como del espacio político que ocupa en las
circunstanc ias históricas dadas en España. De est a forma, se esp era cubrir todos los parámetros
que influyen en la compr ensión de la emoción del miedo, desde aquellos innatos y propios de
la naturaleza humana d esarrollados grac ias a la evolución de la especie, hasta su utilidad como
herra mienta propagandística que puede aplicarse a diferentes escenarios políti cos nunca antes
dados.
2.1. El miedo com o concepto
Este trabajo trat a sobre la emoción del miedo, qu e será estudiada y defini da desde diferentes
campos de conocimiento, con el objetivo de profundizar en todas las perspectivas. No obstante,
de forma introductoria, s eñalaremos que el con cepto de miedo viene del l atín metus (Tizón,
2011), c u y o sig nificado es prá cticam ente el mismo que en castellano. Si se rea liza una
búsqueda del significado del miedo en la Real Academia de la Lengua E spañola, se puede
observar que se define c omo “ Ang ustia por un ries go o daño real o imaginario ” (RAE, 2020 ).
Garrido Gutié rrez (2000) explica que tanto el mi edo como otras emociones primarias tienen
diferentes procesos y niveles: nivel cognitivo (emocional), nivel social (interacciones
funcionales para el desencadenamiento de un co mportamiento especifico) y nivel biol ógico,
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
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por el cual “se p roducen cambios neurofísiológicos y bioquímicos” (2000: 69). De he cho,
autores, como Tizón (2011), expli can los diferentes cambios de actuación en los que actúa el
miedo y lo que esto conlleva:
Biológ ico
Neurológico:
- Sistema nervioso centra l o de la vida de relación
(SNC).
- Sistema nervioso vegetativo (o “autónomo”) (SNA):
simpático y parasimpático.
Endocrino y visceral:
- Respuestas hormonales, viscerales, cutáneas,
musculares y demás, del miedo, determinadas por la
acción de l sistema n ervioso autónomo sim pático.
Marca dores somáticos de la emoción:
- Sensaciones corpora les, horripilación, sudor,
respuesta electrodermal, cortejo somático de la
ansiedad...
Psicológico intrapsíquico
- Sensaciones sobre el propio cuerpo.
- Otras re presentaciones m entales: sentimientos,
pensamientos, fantasías,...
Psicológico interpersonal
- Reacc iones y conductas del sujeto.
- De la figura de a pe go.
- De los otros.
Psicológico grupa l
- Reacc iones y conductas de la fa mi lia.
- De los microgrupos sociales.
Social
Microsocial
- Reacc iones y conductas de los grupos sociales:
educativos, laborales, recreativos, redes sociales…
Macrosocial
- Cultura e ideolog ía.
Tab la 1. Contextos del miedo (T izón, 2011: 76 ).
2. MARCO TE ÓRICO
25
En definitiva, este estudio realiza una exhaustiva revisión bibliográfica a cerca del conc epto del
miedo con el objetivo de desarrollar el rol de esta emoción tanto en los indi viduos como en la
sociedad a que p ertenecen. El apartado recoge los siguientes ep í grafes: el mi edo desde la
psicología, el miedo desde la psicobiología (profundiz ando en las bases biológicas de dich a
emoción), el miedo desde la psicología social, y, por último, la antropología cultural del miedo.
2.1.1. El miedo desde la psicología
La emoción del miedo ti ene una relevancia extraordinaria, pues “sea com o fuere, lo cierto es
que se le ha definido com o la emoción más antigua y poderos a del se r huma no” (Meana, 2008:
5). Por tanto, enmarcar esta emoción dentro de la psicología se hace in dispensable para su
entendimiento. Así, este subepígrafe aborda la conceptualización del miedo desde la
psicología. P or un lado, se pretende diferenciar e ntre los términos emoción y sentimiento para,
más tarde, poder dar una definición exacta del mi edo en el ámbito de la ps icología, así como
destacar una de sus c aracterísticas esenciales: qu e el miedo es una emoción básica. Por otro
lado, e sta definición ir á acompañada de su difere nciación respecto a otras emociones o
sentimientos con los que puede confundirse, como por ejemplo la angustia. Asimismo, se
desarrolla la relación del miedo con otros té rminos cercanos, como pueden ser las fobias, la
ansiedad o la sorpresa. D el mismo modo, este apartado especifica los tipos de mi edos, así como
las respuestas del sujeto al mismo (tanto las comportamentales como las fisiológicas) y los
factores que in flu y e n en el indi viduo. Por últim o, recogemos la capacidad monopoliz adora que
tiene la e moción del miedo y los estímulos generadores de la misma.
La primera delimitació n conce ptual es entre “emoción” y “sentimiento”, pues pueden
confundirse debido a que , en muchas oc asiones, se usan indistintamente. Si se c onsulta la Real
Acade mia de la L engua Española (RAE) encontramos que define “emoción” como una:
“Alteración del ánimo int ensa y p asajera, agradable o penosa, que va aco mpañada de ci erta
conmoción somática” (RAE, 2020 ). No obstante, para esta misma instit ución un sentimiento
es “un estado afectivo del ánimo producido por causas que lo impresionan vivamente” (Tizón,
2011: 28). Tiz ón (2011) diferencia ambos conceptos tomando los sentimientos como algo
menos int enso en compa ración con las emo ciones, además, considera los sentimientos como
fenómenos psicológicos que son conscientes en el sujeto, mi entras que las emociones se
trabajan en el incons ciente. Bisquerra (2003) explica que los sentimientos son un fenómeno
con una fuerte carga co gnitiva, mientras que las emociones tratan de expresar en el sujeto lo
neurofisiológ ico. “La s emociones producen un impacto global en todo el indiv iduo […] dejan
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
32
state w hile fear is m ore specific and i mmediate. The d anger-o bject seem s to be in front of us in f ear
states while in anxiet y states the indi vidual is not conscio usly a ware of what endan gers her ( Bourke,
2003: 126).
Por lo tanto, según Bourk e (2003), la ansiedad es la re spuesta del sujeto a una amenaza con un
tiempo de antelación considerable y, además, el individuo no sabe qué es ex actamente lo que
le está provo cando esa emoción. La autora expli ca que puede suprimi rse la ca racterística
incertidumbre de la ansiedad, con el objetivo de transformarla en miedo, siempre y cuando se
señale un “enemigo”, un generador de ese mi edo. Bourke (2003) menciona que el proceso
inverso también puede darse, es decir, el miedo puede terminar convirtiéndose en ansiedad.
Puede surgir confusión entre el concepto de angustia, ex plicado ant eriormente, y el de
ansiedad, pues ambos so n mi edos “sin objeto”. P ara f acilitar la diferencia ción, André (2005)
expone lo siguiente:
Así, la an siedad es un miedo anticipado. Es la vivencia aso ciada a la espera, al pr esentimiento o a
la pr oximidad del p eligro. La an gustia es una an siedad con numerosos signos físicos. Las dos son
miedo “sin obj eto”: el p eligro todavía no existe p ero ya tene mos miedo (20 05: 34).
Coincidiendo con estas delimitaciones conceptuales, Kulaik y De la I glesia (2019) añaden que
el miedo es una emoción que se activa al instante ante una situación prese nte y que conlleva
cierta ten dencia al movi miento, a la respuesta autom ática, mientras qu e la ansiedad pone el
punto de mira en el futuro, “ca racterizada por percepciones de i ncontrolabilidad e
impredecibilidad de eventos potencialmente aversivos, y po r un desvío del foco atencional
hacia eventos poten cialmente peligrosos o hacia la propia respuesta afectiva a estos eventos”
(2019: 43).
Otra emoción que ti ene u na relac ión mu y estrecha con el miedo es la sorpresa, pues todas las
cosas que el individuo no espera acaban por asustarle (G arcía Fernández, 1991). Esto está
estrechamente vincul ado con los miedos p equeños y mod erados, pero de alta fr ecuencia
explicados y clasificados por Sarráis (2014). “ La atención puede transfor marse en sorpr esa
gradualmente, ésta en as ombro y finalmente dar lugar al miedo” (G arcía Fernández, 1991:
133). Con esto, Garc ía Fernánde z (1991) explica cómo un estímulo que en u n principio produce
sorpresa puede, finalmente, llegar a ge nerar miedo en el sujeto. Un ej emplo de esto, puede s er
que un estímulo no r econocido por el sujeto, más tarde, le ge nere miedo ante el
desconocimiento sobre el mismo.
En resumen, y una vez repasa das las sim ilitudes y diferencias del miedo respecto a otros
conceptos similares, part iremos en est a investigación de que el miedo, desde una perspectiva
2. MARCO TE ÓRICO
33
psicológica , es una emo ción primaria/básica que se desencadena ante la perc epción de un
peligro y /o am enaza, convirtiéndose en un mecanismo originado por la aver sión al riesgo y que
ay uda a la supervivencia del individuo.
Respecto a las tipologías del mi edo, Sarráis (2014) las distingue dependiendo de la intensidad
que los miedos ge neren en el sujeto. Así, tendríamos:
- Miedo normal o proporcionado: la situación y la r espuesta ante la misma es meditada por
el sujeto.
- Miedo excesivo: el sujeto es capaz de identifica r la necesidad de hacer alg o ante el
peligro, es de cir, enfrentarse a él. No obstante, no es capaz de llegar a la acción. El pánico
es un ejemplo de miedo ex cesivo.
- Miedos pequeños y mod erados, pero de alta f recuencia: el individuo siente miedo hacia
numerosas cosa s, sin em bargo, el resto de personas no experimentan esta emoción hacia
esos estímul os. Esto se suele dar en indi viduos que tienen cierta tendencia a padecer
fobias.
Sarráis (2014) también apunta a la ex istencia entre miedos innatos – aunque él los denomina
como naturales o básicos – y miedos adquiridos. El ser humano y otras especies nace n con los
primeros, mientras que los adquiridos son los que los sujetos van tom ando y desarrollando por
experiencias propias y grupales, siendo estos los más numerosos (Sarráis, 2014). Marks (1991)
ya aventuró esta afirmación de Sarráis, pues expone que h a y mi edos inn atos y otros que se
desarrolla n por ex periencias (adquiridos) tanto individuales (ex periencias propias del sujeto)
como sociales (experiencias dadas en so ciedad/en grupo), destacando el autor que, en estas
últimas, la cultura en la que vive y se des arrolla el individuo es de gran importancia. Ekma n
(2007) reafirma lo que pl antea Marks, aunque expone que no todos los seres humanos tienen
unos miedos innatos específicos, pues los individuos tienen diferencias comportamentales y,
por tanto, también emocionales. Cabe mencionar al respecto una idea de Ekman (2007): el ser
humano puede aprender a temer a casi todo, pues aquellos mi edos que son aprendidos no tienen
frontera s, incluso cuando los estímulos desencadenantes no supongan nin gún peligro para el
sujeto. Por eso ex isten los que el autor denomina como mie dos infundados. Sin embarg o, el
debate sob re la existencia o no de miedos innatos sigue estando abierto, como ya lo aventuraba
Gray (1971).
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
34
André (2005) también coi ncide en la exist encia de miedos innatos y aprendidos , profundizando
en estos últimos determina que de penden de la facilidad que ti ene el sujeto de adoptarlos o no:
- Acontec imientos traumát icos: el sujeto es capaz de re cordar su en frentamiento con un
peligro/a menaza.
- Acontec imientos r epetitivos y penosos: “soport ar pequeños traumatismos de forma
regular, sin posibilidad de poderlos controlar (humillaciones, inseguridad)” (2005: 58).
- Aprendizaje social por imitación de modelos: el sujeto tiene a alguien cercano, como
pueden ser los padres o h ermanos, que padecen un miedo específico y, por tanto, el sujeto
lo aca bará adquiriendo p or cercanía.
Revisando la obra de Tizón (2011), este autor también expone los proc esos de aprendizaje del
miedo: los miedos “ se aprenden por c ondicionamiento operante o respondiente, por ex perienc ia
directa, por imitación o mediante la comunicación simbólica” (2011: 78). Asimi smo, el autor
expone que los condicio nantes primordiales que afectan al ser humano respecto al miedo so n
el dolor y todas las respuestas psicofisiológicas referentes a la ansieda d: “casi cualquier sig no,
estímulo o situación humana, si va acompañada u na y otr a vez por el dolor o por la ansiedad,
acaba produciendo miedo [...] Eso es condicionar un miedo” (2011: 78).
Gray (1971), por su parte, destaca la importancia d el proceso de maduració n del miedo:
Si estudiando las r espuestas a un estí mulo deter minado de un an imal en d iferentes ed ades se
encuentra que las manifestaci ones de miedo, ausentes en edades tempranas, ap arecen en ed ades
tardías, lo inmediato es co ncluir que en el i ntervalo el animal ha ap rendido que el estímulo es
peligroso. Pero esto no tiene q ue ser necesaria mente as í. En muchas o casiones s ucede que los
mecanismos nerviosos que median en la co nducta tienen cap acidad funcional en ed ades tem pra nas,
necesitando un desarrollo (maduración) ulterior (1 971: 12).
No obstante, y siguiendo con la línea de análisis de Gra y (1971), este proceso de maduración
responde a que los sujetos tengan miedo a estímulos que antes no tenían, ya s ea por un a
adquisición o por la maduración del mismo, y , además, el autor comenta que puede haber un
aumento de la intensidad del miedo respec to a ciertos estímulos. Como ejem plo utiliza el miedo
a la oscuridad en niños, pues aparece a la edad de dos años y aumenta en intensidad hasta, al
menos, los cinco años. Cabe mencionar que , aunque es cier to que algunos de los miedos
adquiridos hay qu e eliminarlos, otros, tanto de los naturales como de los adquiridos, se deben
mantener pu es “nos recuerdan dónd e están los peli gros y nos a y udan a ev itar las conductas
imprud entes” (Sarráis, 2014: 21). Mannoni (1994) se ñala que el primer miedo que siente el ser
2. MARCO TE ÓRICO
35
humano es al separarse de su madr e y que, además, en general, todos los miedos primeros que
sufre el sujeto están relacionados con su universo perceptivo.
Este mismo autor reafirma que los miedos son cambiantes y que en las diferentes edades
pueden cambiar los mi edos que tiene el sujeto y la int ensidad de los mismos. Asimismo,
también depende del estí mulo que los provoque. De hecho, según Mannoni (1994), ha y tantos
miedos como estímulos que lo ge neran, lo cu al i mplicaría poten cialmente una ti pología mu y
amplia de miedos. El autor acude a la t eoría de la paz o equilibrio para realizar una
categorizac ión de los m iedos: la base de esta teoría es que la emoció n del miedo es el
mecanismo principal por el cual funciona la conducta del individuo (Mannoni, 1994). Esta
teoría expone los cuatro tipos de miedo ex istentes: muerte o enfermedad, necesidades o
escase z, biológicos o psicosocioculturales y, por últ imo, los miedos que hacen referencia a la
soledad o el aba ndono (Va ldez Medina, Torres Ar ist eo, Arratia López F uentes y Lópe z
Romero, 2010) . Sin e mbarg o, Mannoni (1994) plante a que el mie do puede reducirse, en lí neas
ge nerales, al miedo a la muerte, po r e jemplo, el mie do a la ira de un Dios, la c arrera
armamentística nuclear, lo sobrenatural, etc. Tizón enumera una clasificac ión de los miedos
existentes (2011: 137):
1. Miedos específic os (propios de la especie) […] .
2. Miedos propios de cada cultura […] .
3. Miedos individualizados “monosintomáticos” o “fobias delimitadas”: miedos menos
frec uentes, o más intenso s, o que limitan la vida social o personal (fobias).
4. Miedos patológicos, más genera lizados.
La s respuestas del sujet o al miedo pueden asimismo ser diversas y son compartidas por
diferentes especies, pues a nte problem as pa recidos se d esarrollan soluciones similares (Marks,
1991). Marks expone las siguientes respuestas ante una amenaza o peligro:
- Retirada (huida, escape, evitación): esta pu ede adoptar numerosas formas. No obstante,
suele ser rápida, instantánea.
Los h umanos se r etiran ante la a menaza mediante una gran variedad de respuestas, de sde la huida
precipitad a e incontenible del pánico en el intento de salir de un edificio en lla m as, hasta posp oner
una r eunión q ue se adivina p or ad elantado que va a resultar desagradab le y la evitación in cluso de
pensar o r ememorar co sas desagrad ables ( 1991 : 63).
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
36
- I nmovilidad (congelación): en much as ocasiones la huida no es la opción más adecuada
o, a lo mejor, el sujeto no se atreve a llevarla a cabo; esto puede provocar que el individuo
opte por la inmovil idad. Este tipo de respuesta del sujeto puede dividirse en dos: l as
atentivas y las tónicas. El primer ti po se da cuando el sujeto agudiza sus sentidos para
permanecer en alerta con stante, mie ntras se encuentra en una posición de i nmovilidad.
Por otro lado, el segundo ti po, las tónicas: “es una reacción de miedo extrema en la cual
[…] la pe rsona está « rí gida de te rror» e insensible a la e stimulación dolorosa o a cua lquier
tipo de estimulación” (Marks, 1991: 68). Esto no quiere decir que abandon e totalmente
la posición de vig ilancia.
- Defe nsa agresiva: este tipo de respuesta puede suponer una ventaja cu ando el peli gro es
inminente o está sucediendo en el mismo mom ento, si bien también puede d arse con más
espacio temporal. Durante esta re spuesta el sujeto ataca, y utiliza para ello cualquier arma
o ayuda que tenga dispo nible en su entorno. Respecto a este tipo de respuesta, Ekman
(2007) añ ade que es bastante frecuente que el miedo derive en ira o rabia, t anto contra el
estímulo como contra uno mismo al pensar que podría haberle hecho frente al elemento
desenca denante del mi edo.
- Desviac ión de los ataques y apaciguamiento (sumisión): “La desviación de los ataques
dirigiéndolos hacia otros objetivos que no sean uno mismo o las crías es muy común”
(Marks, 1991: 84).
Siguiendo con las respuestas al mi edo, Ekman (2007) realiza una clasificación de las mismas
que pueden darse en el sujeto dependiendo de si la amenaza o peli gro tiene prox imidad o no al
individuo:
- Respuestas comportamentales. Si el sujeto está ante un peligro lej ano, el miedo suele
conllevar unas respu estas más relajadas, como puede ser la vi gilanc ia del entorno. No
obstante, si se trata de una amenaza más inminente, el individuo optará por otro tipo de
respuestas, como por ejempl o la huida. En con creto, Marks (1991) explica que las dos
repuestas comportamentales más comunes son la huida o la congelación, siendo entre sí
antitéticas, pues una supone la máxima actividad posible del sujeto y la otra el
movimiento nulo. Gray (1971) afirma al respecto:
En cuan to al com por tam ient o su bsigu ien te, y en térm inos gen erale s, podem os dec ir q u e el an im al
at emo riz ado por la pres enci a o ame naza del castig o inte ntará esca par , atac ar, o bien perm ane cerá
abs olu tam ente qui eto y sil enc ioso ( « c o n gel ado » ); al te rnat ivam ente , p u ede apr end er alg o tota lm ente
2. MARCO TE ÓRICO
37
nu evo con objet o de dar fin a la sit uaci ón o man tene r se ale jado en el futu ro de situ aci on es pel ig rosas
sim ila re s. El m ás in te res ant e de los anim ales , el hom bre , se com por ta gen era lm ente a sí (1971 : 9- 10) .
- Sensaciones. Ante un a amenaza inm inente, la sensación de dolor y estrés del individuo
es mí nima o, al menos, menor. Sin embarg o, si el peligro no es próx imo aumenta tanto
el dolor como la preocupación del sujeto.
- Área s de actividad cerebral. El área cerebral que se active dependerá de la proxim idad
del peligro o amenaza (inminente o no).
García Fernández expone, por su parte, la ex istencia de una fisonomía c oncreta para la emoción
del miedo (1991: 287-288):
1. La s cejas se c ontraen y levantan al mismo tiempo.
2. Se junta el entrecejo.
3. Aparecen arruga s en el c entro de la fre nte.
4. Los ojos se a bren d esmesuradamente.
5. El párpado superior está levantado pero el inferior está tenso y alz ado.
6. La bo ca se abre, pero los labios están tensos o ligeramente contraídos hacia atrás.
7. Si la emoción solo se m anifiesta en la bo ca, se trata de una pr eocupación o aprensión
momentánea.
8. Generalmente va acompañado de sudor frío, palidez y temblore s
9. Si se expresa única mente con los ojos se trata de un mie do fingido.
10. Suele tener una gradu ación que se extiende desde la preocupación al terror.
11. […] Puede desembocar en aleg ría o tristeza.
También en relación con las respuestas al miedo, es necesario explicar la postura que adopt an
los sujetos que experimentan esta emoción respecto a su entorno. André (2005) a firma que
estas reacciones son automáticas y que, por ello, en muchas ocasiones son inconscientes. En
concre to, el autor menciona las siguientes:
- La atención del sujeto se centra en el entorno, vigilándolo, incluso de forma patológica.
- Aunque el sujeto no esté seguro de la ex istencia del peli gro, activa la alar ma, evitando
así que, si rea lmente ex iste sea demasiado tarde.
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
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- Para e star alerta, el individuo trata de construir situaciones y escenarios catastróficos.
- Pueden llegar a colapsar, ahogarse, ante las situaciones generadoras de mi edo.
A modo de resumen, p odríamos decir que las respuestas que pueden darse por parte del
individuo suelen ser de tres ti pos: cognitivas-subjetivas, conductuales-motoras y fisiológicas
(Ekman, 2007). Así, esta s respuestas, se a cual fuere, se relacionan con el poder que tiene la
emoción del miedo:
Hay qu e subra yar la i m porta nte per turbación s ubsiguiente del comporta miento. El sujeto se ve
obligado, bajo el im per io de su emoción, a interrumpir casi siempre brutalmente lo q ue está
haciendo y reaccionar muy ráp ido […] E sta perturbació n de la actividad va aco mpañada en el
hombre, por lo co mún, de un angosta miento importante del ca m po de su s f ac ultades intelectuales y
de su atención ante la realidad [ …] El individuo aterr orizado tiene ac aparado su espíritu por el
peligro y ya no es capaz de un j uicio o un razona miento coherente […] ya no es, práctica mente,
accesible a los análisis disc ursivos ni a las ar gumentacio nes de la ló gica (Mannoni, 1996: 16 -17).
Otra dimensión tipológica podemos en contrarla en los factores que influ yen en las diferente s
experiencias en q ue se encuentra la emoción del m iedo, aunados así por Ekman (2007):
- I ntensidad de las ex periencias: referente a la gravedad de la amenaz a/peligro ante la que
está el sujeto.
- Temporalida d: proximidad e inm ediatez a la que se encuentra la amenaza/peligro d el
sujeto.
- Disminución de la amenaza: capa cidad del individuo de reducir la amenaza/peligro.
En general, es el reconoc imiento de la amenaza/peligro lo qu e opera como determinante p ara
poder definir si un sujeto está sintiendo la emoción o no:
En deter minadas situaciones, el hombre se ve enfrentad o a estímulos, obj etos o rep resentaciones
mentales que él siente co mo amenaza s. Y es j ustamente e ste reco nocimiento de un peligr o, r eal o
imaginario, el q ue deter mina en el individuo un senti miento de m iedo (Manno ni, 1994: 15) .
A pe sar de que este se a un factor común, esto no c onlleva que los sujetos padezca n una mi sma
intensidad ante un peligro e, incluso, que deban temer al mismo peligro (Mannoni, 1994).
Respecto a la intensidad, Tiz ón (2011) expone que “ su gradación, es una medida personalizada,
adaptada a la personalidad de quien la siente. Por eso no es un criterio ‘objetivo’, compartible
con otros sujetos” (2011: 113).
2. MARCO TE ÓRICO
39
Respecto a los estímulos, Gray (1971) r ealiza una clasificación de “estímulos atemorizantes ”,
ge nerando cuatro grupos: intensidad, novedad, lo que él d enomina como “peligros evolutivos
especiale s” y los estímulos cuya p rocedencia so n las int erac ciones socia les. El primero, la
intensidad, hace re ferencia al impacto que tiene un estímulo en el sujeto, un ejemplo podría se r
un c hoque que genera un gran ruido. En segunda posición está la nove dad, pue s los individuos
pueden tener miedo a lo nuevo, lo cual ex plicaría que se tenga mi edo a lo s extraños. Marks
denomina esta categoría “ neofobia”, miedo a lo nuevo, a la novedad, y realiza diferentes
apuntes relevantes: “La novedad implica siempre ma y or es peli gros y las situaciones extrañas
[…] evocan miedo” (1991: 40-41). No obstante, Marks afirma que el hecho de que un individuo
tenga mi edo o no a una n ovedad, dependerá tambi én de la p ropia experiencia del sujeto, pues
puede variar c onsiderablemente; lo que sí es una realidad es que la neofobia se puede observar
normalmente en los niños entre 8 y 18 años. Sin embargo: “El grado de extrañeza es importante
[…] La novedad extrema induce evitación corrientemente, mientr as que la novedad moderada
provoca ap roximación” (Marks: 1991: 42). Con e sto el autor quiere afir mar que los individuos
se sienten atraídos por lo nuevo hasta cierto punto, pues si es un alto grado de extrañeza supon e
un generador de miedo, como clasificaba Gra y ( 1971). S iguiendo con la categorización, la
tercera posición en los estímulos genera dores de miedo la ocupa la denominada como “pelig ros
evolutivos especiales” :
Cuando una situación determi nada es f recuenteme nte responsable de la m uerte de una parte
considerable de lo s miembros de una especie, durante un per io do de tie mpo suficie ntemente largo
(escala evolutiva), cabe esperar que los individ uos de dich a especie desarro llen un te mor innato
hacia alguno de los estímulo s característicos de tal situación, con el f in de evitarla. Es evidente que
tal temor […] constituirá una ventaja co mpetitiva, al permiti r un au m ento de la sobrevivencia de la
especie co nsiderada (Gray, 1971: 21).
Según el autor, esta categoría daría respuesta a algunos miedos innatos, como el miedo a la
oscuridad o a las s erpientes, así como a los cadávere s. La cu ar ta y última categoría de la
clasificación de Gra y e stá formada por aquell os estímulos procedentes de interacciones
sociales. Respec tos a estos, Marks (1971) explica que su origen se debe al desarrollo de algunas
formas de conducta, pu es se parte de señales-estímul o y sus respectivos mecanismos de
reconoc imientos. De h echo, e stos mecanismos pue den llegar fácilmente a convertirse en
interacc iones de domina ción y sumisión (Marks, 1971) – al go que, sin duda, y en el cont exto
de esta investigac ión do ctoral, tiene una gran importancia para la propaga nda – .
Siguiendo con tipologías relativas al miedo, André (2005) afir ma que el miedo tiene tres
dimensiones en las que afecta al individuo:
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
40
- Emocional: la única se nsación que es capaz de sentir el sujeto es miedo.
- Psicológica : el individuo observa todo su alrededor como una circunstanc ia o lugar de
peligro/a menaza.
- Conductual: el sujeto adopta una posición de vi gilancia continua para pod er huir cuando
sea necesario.
André (2005) propon e que para vencer los mi edos se debe superar cada una de las tres
dimensiones. El primer paso para supe rar un mi edo es que el sujeto deb e “luchar contra el
miedo conductual: comprender de qué se compon e y emp ezar a hacer frente a las situa ciones
que se temen […] Al comprende r los miedos conductistas y cómo afrontarlos, aumentamos la
libertad de movimientos” (2005: 78). El seg undo paso consiste en: “la repetición de estos
enfre nt amientos permitir á modificar nuestra visi ón del mundo […] podremos percatarnos de
que la idea que teníamos de l as situaciones angustiantes se pueden ir modificando [ …] . Al
comprender los miedos psicológicos y cómo modificarlos, aumentamos su lucidez” (2005: 78).
El tercer y último paso de superación de estas dim ensiones trata de:
La práctica regular de los enfrenta mientos co n la s situacione s y los repla nteamiento s sob re ciertas
creencias f óbicas, “de sgasta rá” paulatinamente la reacción emocional d el m iedo […] Al
comprender las e mociones del miedo y cómo “cansarlas”, se llega a una paci ficación interi or y a la
comodidad de una vid a sin mied os exagerado s (André, 200 5: 78).
En definitiva, el miedo es una emoción compleja a nivel psicológico y, co mo se ha expuesto,
presenta va rias formas a la hora de incidir en el indi viduo. En todo caso, esta emoción debe
estudiarse desde otros campos que incluyan al g rupo, la sociedad, etc.; en definitiva, la
colectividad, pues el ser h umano es un ser social y, por tanto, la forma de inci dir sus emocion es
afec ta al grupo y vic eversa ( el grupo al individuo). Por esto, en los siguientes epígrafes se
profundizará en la psicobiología, la psicología social y la antropología cultural del miedo.
2.1.2. El miedo desde la psicobiología
Analizamos aquí las bases biológica s de la emoció n del miedo, pues es inte resante y esencial
conocer las funciones y procesos bioló gicos qu e se dan en el individuo al enfrentarse a un
estímulo ge nerador de miedo. Este epígrafe recoge diferentes asp ectos a niv el psicobiológico,
pues es esta materia la q ue aporta una persp ectiva sólida sobre el proceso cerebral del miedo,
así como su naturaleza y r eacciones (Bedo y a Dorad o y Velásquez Fernández, 2014). De hecho ,
la psicobiología es la “ Disciplina que estudia las bases biológicas de los hechos psíquicos ”
2. MARCO TE ÓRICO
41
(RAE, 2020). No obst ante, se d estaca que “la Ps icobiol ogía, aunqu e puede ser considerada una
disciplina fronteriza, no es un mero nexo o puente entre las Cien cias Biológicas y la psicología,
sino una forma de entender el objeto de estudio de la Psicología” (Se govia y Guillamón, 1991:
389).
Sabiendo es to, este apartado incluye, por un lado, la formación del proceso cerebral, lo cual
conlleva el des arrollo evolutivo de la emoción en los sujetos y las condiciones de dicha
evolución. No obstante, también se inclu yen aquellos estímul os genera dores de miedo que no
son de orig en innato, sino que su e xist encia es arbitraria . Por otro lado, se e x plicará el proceso
cere bral a ctual con el que cuenta el ser humano y, por tanto, las partes del cere bro que a ctúan
ante la recepción de la emoción de l miedo, como por ej emplo la amígdala, pues las emociones
no son solamente estados psicológicos del indi viduo, sino que además tienen objetivos
funcionales y conllevan la acción de complejos procesos biol ógicos que impli can directamente
al sistema nervioso (Mora Mérida y Mart ín J orge, 2010). Todos estos puntos son de gran
importancia para entender cómo de esencial es el miedo para el ser humano, así como el papel
que tiene esta emoción en el desarr ollo del sujeto.
La s emociones p rimarias
1
tienen como común denominador que se caracterizan por ser
esenciale s para el desarrollo del ser humano. No obstante, el miedo va un poco más lejos y se
sitúa como una emoción primaria fundamental para la sup ervivencia de la especie, lo cual ha
permitido que esta siga evolucionando: “The emoti on of fear also has a bi ological basis and
has pla y ed a crucial role in the survival a nd the evolution of the human species” (Furedi, 2018:
23). Autores c omo Furedi (2018) señalan la necesidad biológica de los individuos de proteg e rse
y sobrevivir: la autoprotección es algo innato y, p ara ello, el miedo juega un papel
imprescindible, sirviendo de alarma ante los pelig ros y a menazas, ac tivando todo un
mecanismo biológico, ps icológico y fisiológico para evitarlos, huir o enfrentarse al generador
del miedo: “Fr om a biological persp ective the function of fear is to protect the or ga nism from
harmful or noxious circumstances, whe ther actual or anticipated” ( Öhman, 1986: 124-125).
Desde el punto de vist a de la psicobiología, la evol ución ha sido un proceso de g ran importanc ia
para ex plicar cómo funciona el ser humano en la actualidad y por qué cue nta con ciertos
procesos físicos y mentales. Por lo tanto, explicando sus orígenes se conocerá su desarrollo y
se podrá es tudiar con ma y or precisión el presente del ser humano. De hecho, Sarudiansk y
1
Las emociones pri marias so n aquellas en las que se p ueden detectar rasgos universales: ir a, miedo, so rpresa,
tristeza, aversió n, despr ecio y felicidad (Ek man y Cordar o, 201 1).
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
48
El siste ma simpático es el que nos p repara para la lucha o la huída, mientras que el siste ma
parasi m pático o vag al tiende a relajarnos. Por la acción del prim ero, se cortocircuita el recorrido de
la sangre desde las vísceras a los músculos y el cereb ro, mientras que a umenta la transpiració n o
sudor, con el fin de enfriar el cu erpo . Incluso ese componente del miedo tiene un doble objetivo
fisiológico: enfriar el cuerpo y lu bricar la piel, con lo que hay más posibilidades de escap a r (Tizón,
2011: 75).
Respecto al sis tema n ervioso autónomo en general es necesario ex plicar que, al control ar la
parte física de los sujetos como ya se ha mencionado, se enca rga de prepar ar a los individuos
para la reacción más adecuada:
Because the b asic function of fea r is to m obilize defense behaviour, an impor tant co mponent of fea r
is to activate the autono mic ne rvous s ystem to as sure metabo lic resources for vigorous ac tion [ … ]
This psychophysiological side of fear activation p rovides access to obj ective m easures of fear . For
example, rising fear is related to in creases in heart rate and bloo d p ressure (Plamper y Lazie r, 2012:
41).
El sistema nervioso simpático está c onectado directamente a la médula suprarrenal. De hecho,
es el que se encarga de controlar dicha médula ( Garrido Gutiérrez, 2000). Este autor explica
cómo la médula mencionada (médula suprarrenal) es la encargada de generar la adrenalina y
la noradrenalina: “hormonas que potencian los efectos neuronales de la ac tividad simpá tica”
(2000: 95). Este proceso conlleva unos efectos específicos (2000: 95):
- Aumenta el flujo sanguíneo de los músculos y pro vocan que los nutrientes almacenados
se descompongan en glucosa en las células musculares. esqu eléticas, prod uciéndose un
aumento de la energía dis ponible en ellas.
- Elevan la velocidad de contracción del corazón, provocando taquicardia.
- I ncrementa la sudoración.
- Produce la dilatación de las pupilas.
- Relaja la fibra muscular de las paredes del tubo digestivo, disminu yendo la actividad
digestiva.
Todo esto a y uda a la reacción ante una situación de peligro y /o am enaza, pr eparando
físicamente a los sujeto s. De hecho, el autor ex plica cómo una “e xcesiva libera ción de
adrena lina ll eva al or ganismo de los individuos a ponerse en una situación de alarma ante una
emerge ncia en la que po ne en marcha el sistema defensivo y de reserva del organismo par a
estar pre parado ante cualquier eventualidad” (2000: 95).
2. MARCO TE ÓRICO
49
Cuando p ercibimos una a menaza […] esa señal activa al mismo tiempo el si stema nervio so central
(SNC), el que nos lleva a cond ucirnos en la vida de relación y en el mundo externo, p ero activa
también el siste ma ner vioso autóno mo ( SNA), el que regul a el fun c iona miento de nuestro p ropio
cuer po: ritmo y capacid ad de co ntracción d el co razón, presión arter ial, respiración, sistem a
digestivo, aparato reproductor y una b uena par te de las respuestas em ocio nales. El S NA e stá
compuesto por dos subsiste mas: el SNA simpático es el dominante en la s situacio nes de alar m a,
tensión, co ncentración, i nterés… En la situación de amenaza, es el q ue pred ispone toda la energía
del sistema muscular y cereb ral para p reparar la lucha o la huída. El SNA parasi mpático o vagal
regula la vida orgánica en sit uaciones de tranquilidad , de continuidad y p ara la rep rod ucción de la
vida (T izón, 2011 : 86).
Por tanto, los cambios fisiol ógicos que se producen en el indi viduo ante el miedo son
reacciones a los cambios en el sistema nervioso autónomo, pues produce cambios en los
procesos vasculares de los sujetos:
All emotiona l experiences produce disequilibria in t he vascular proce sses. For exam ple, in the case
of fear, blood is redistribute d to suppl y skeletal muscles to meet the de mands of an incipient
response, sa y a sudden flight [ …] T his vascular architecture exist s to allo w th e facial branch of the
main carotid artery to act as a safety valve ( Va n Go ozen et al. , 2013: 7) .
Todos estos cambios – y, por tanto, todo lo que conllevan, como pueden ser probables
taquicardias, cefalea, pr oblemas intestinales y r espiratorios, crisis de an siedad, etc. (Tizón,
2011) – tienen el obj etivo de salva guardar al individuo y facilitarle las difer entes re acciones al
miedo, como la huida o la lucha (Sarudiansky, 2013). Sin embarg o, todas las reacciones
fisiológicas mencionadas dependen de la intensidad que experimente el indivi duo, explican
Mannoni (1994) y Ekman (2007). Esto conlleva que e xist an unas re spuestas física s específicas
como la aceleración cardíaca, los sudores “fríos” o la reac ción de sobresalt o, ya mencionadas.
Sin embarg o, ex pone Mannoni (1994) que si la int ensidad aumenta en el individuo puede
aparecer otro tipo de respuestas fisiológicas como temblores generalizados o pérdida del habla,
entre otros; incluso, en alg unas situaciones extremas, el individuo puede lleg a r a experimentar
un eclipse de conciencia. No obstante, las respuestas y mecanismos fisiológicos que puede
llegar a experimentar un individuo ante una am enaza o peligro pueden se r muy va riados: “las
reacciones autonómicas que entran en jue go son capaces de afectar a tod os los aparatos del
organismo, ya se a acelerando las funciones habit uales de la estructura correspondiente o, por
el contrario, retar dándol a” (Mannoni, 1994: 21). De hecho, según este autor se pueden
encontrar respuestas fisiológica s diferentes ante un mismo estímulo generador de miedo.
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
50
Biológicamente , el miedo no solo influ y e en el sistema nervioso autónomo simpático, sino que
interfiere en otras partes del cerebro que tienen su propio proceso y función y que, por e nde, se
pueden clasificar como es enciales para el indi viduo cuando este se encuentra ante un generador
de miedo, es decir, un peligro/amenaza (sea real o no). Ejemplos de tales partes son la amígdala
y el estado límbi co, aunque se insi ste en la exist encia de otras p artes. Tizón (2011) expli ca cuál
es el proceso que se lleva a cabo cuando el individ uo siente miedo:
[Los] estí mulos llegan al córtex sensorial y frontal, per o, antes, al cereb ro límbico y al sistema
nervioso autó nomo. El hipo tálamo, una parte del sistema l ímbico, pro cesa la señal y, mediante
impulsos bio químicos y eléctrico s, lanza a la hipófisis una señal de alarma. Po r lo que ho y s abemos,
la hipó fisis, ento nces, ordena la pro ducción de al menos do s ne urotransmisores ( mensajeros de la
señal ner viosa), la adr enalina y la norad renalina, que p onen al organi smo “en pie de g uerra” :
comienza la génesis y secr eció n de tod a u na serie de hormonas y sustancias que p repar an el gasto
de en ergía corpor al y se pone n en marcha los patrones muscular es y sensoriales que nos prepar an a
la huida o al ataq ue” (201 1: 87) .
Alguna s de las part es que se han mencionado son clasificadas c omo esenciales para el
entendimiento del proceso de la emoción del miedo en el ser humano. El hecho de que el auto r
las clasifique como tal se debe a la relevancia de estas en referencia al pr oceso, pues ti enen
re lación t anto con la aparición del miedo como con el desarrollo y las tra nsformaciones del
mismo. Estas partes son: la amígdala y el córtex prefrontal, aunque el autor destaca también
otras partes que juegan un papel de relevancia como el cerebelo (Tizón, 2011).
En primer lugar, se p rofundiz a en la amígdala: “La amí gdala ap areció en u na etapa temprana
de la evolución del encéfalo y está implicada en respuestas que son de vital im portancia para
la supervive ncia” (Ca rlson, 2011: 197). Esta parte del cere bro ha sido mu y estudiada por
diferentes autores, tanto su exist encia, como su funcionamiento, así como lo que supondría
para el ser humano ten er fa llos en dicha parte del cere bro: “The ke y to the fear pathw a y s in the
brain is a small re gion called the amygdala. Damage to thi s area greatl y c hanges the wa y
animals, including p eople, act in the face of danger” ( LeDoux, 1998: 1229). De h echo, la
amígda la está compuesta por muchas partes en sí misma, alguna s de las cuales son de notable
utilidad para la e moción del miedo:
Central to t he neural circ uitry that m ed iates a nd m odulate s many fear beha viors, inc luding freezing,
is t he a mygdala T he amygdal a is co mprised of 13 nuclei […] Only so me of these ar e kno wn to be
important for f ea r. These include the b asolateral com plex of the a mygdala ( consistin g of the lateral,
basal, and accessory basal nuclei) and the cen tral nucleus (subdivided into the capsular, lateral, and
medial d ivisions). T hese nuclei sit as an inter face b etween se nsory i nput and motor output i m porta nt
for learning a nd mem or y of fear and behavioral responses to fear (Rosen, 2004: 2 6).
2. MARCO TE ÓRICO
51
La amígdala es la encargada de producir los cambios del sistema n ervioso autónomo simpático,
como la li beración de dopamina y noradrenalina (Tiz ón, 2011), las cuales son creada s, ya
mencionadas anteriormente, por la médula suprarrenal. En d efinitiva, la amí gda la es esencial
para ent ender cómo actúa el ser humano ante la emoción del miedo y los procesos que se dan
a nivel cerebral. De hecho, la amígdala es de gr an relevancia en l as respuestas a estímulos
específic os ( reflejos con dicionados), lo cual la hace importante para la memoria del sujeto
(Tizón, 2011), esto es destacable tanto a la hora de recordar qué estímulos deben generar miedo
y cuáles no, como en la decisión de las re accione s a ciertos estímul os generadores de miedo.
LeDoux (1998) insiste en que es indudable que la amígdala es el pilar del sistema del miedo a
nivel biológico.
Es la a mígdala la q ue puede cl asificar u na per cepción co nsciente o inco nsciente, i ncluso su bli m inal,
por debajo d el um bral percep tivo consciente, co m o se ñal de peligro y desencadenar tod o el co rtejo
biopsico lógico del miedo, prep arando p ara una respuesta de huida, lucha o rendición. Y e so puede
hacerlo co rtocircuitando la conciencia, corto circuitan do los l ób ulos frontales. Es interesante señalar
aquí que el m ied o al daño físico pr ovoca la misma reacción que el te mor a un dolo r psíquico (Tizón,
2011: 94).
La amígdala, al ser la en carga da de d etectar los estímulos, entre ellos los que se consideran
am enaza o peligro y, también, el miedo (alerta de peligro o amenaza) en el rostro del resto de
individuos, lo cual se convierte en un pro ceso de gran relevancia en el que trabajan a nivel
biológicos varias partes del cerebro: “The am ygdala must make the si ght of the fearful face
activa te m y riad cortical and subcortical regions, whose ensemble, temporall y coordinated
activity constitutes the c oncept of fear. I mportant components of suc h a distributed” ( Adolphs,
Tranel, Damasio y Dam asio, 1995). Por lo tanto, el reconoc imiento del rostro de los otros
individuos es de gran im portancia, pues pued en provocar que otro sie nta miedo, tanto por
reflejo social, como por procesos sociales, pues la amígdala se encarga de recoger estos
estímulos sociales relevantes para las interacciones, como se explicará en apartados posterior es.
Asimismo, al hablar de amígdala y miedo, se hace prácticamente im posible no ex poner el
concepto de miedo condi cionado, basado en la teoría del condicionamiento clásico:
Learning to respo nd appropriately to environme ntal sti muli t hat pred ict p otentially harmful events
is an adapti ve mechanism cr ucial to t he s urvival of a ny o rganism. St udies e xploring the neural
circuitry underl ying this adapt ive mechanis m have pri marily examined clas sical fear co nditioning
parad igms . In cl assical fear c onditioning, t he organi sm acq uires a co nditioned fear r esponse ( CR)
to a previously ne utral stimulus (CS) through the direct exper ience with its pairing with a naturall y
aversive eve nt, the unco nditioned stimulus (US) (Olsso n, Nea ring y Phelp s, 2007: 3).
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
52
En general, la fun ción principal de las respuestas emocionales condicionadas es avisar y
prevenir a los sujetos y/o animales ante un estímulo que puede ser o es peligroso (Carlson,
2011). Olsson, Nearing y Phelps (2007) explican que el func ionamiento del condicionamiento
clásico y, en especial, el mie do condicionado, está estrec hamente ligado a la a mígdala, pue s es
la encargada de recibir, a dquirir y procesar la información que le lle ga respecto a la emoció n
del miedo. La respuesta e mocional co ndicionada es aque lla que, siendo el estímulo neutral, ha
sido vinculado con una reacción emocional específica (Carlson, 2011). En palabras del autor,
el condicionamiento clásico se da cuando “a un estí mulo neutro le sigue con regularidad otro
estímulo que provoca de forma automática una respuesta” (2011: 197). Cabe men cionar que
Olson, Nearing y P helps (2007) señalan que la principal forma de a dquisición del miedo no es
el condicionamiento clásico, sino que existen otras formas, sobre todo socioculturales, como
la observación social. De hecho, los procesos neuronales que se dan en los individuos ante el
miedo c ondicionado, es de cir, a tra vés del condicionamiento clásico, es bastante similar al que
sigue el individuo a nte la observación y su posterior a prendizaje (los miedo s aprendidos por la
observac ión social), siendo también la amígdala esenc ial para este proceso (Olsson, Nearing y
Phelps, 2007). Esto ha sido estudiado por diferentes autores, como Phelps, O'Connor, Gatenb y ,
Gore, Gr illon y Davis (2001), quienes lo explican de la siguiente manera:
A pri m ar y adapti ve function of e motion is to influence future interactio ns with sti muli a ssociated
with e motional rea ctions. To d iscover the neuroscientific principles underl ying t his e motional
learning, fear conditionin g has traditio nally been used as t he beha vioral task. T he a mygdala is
critical for learnin g t he aversi ve p roper ties of events thro ugh fear conditioni ng […] Ho wever, fear
conditioning ma y not be the primary means by whic h humans lear n ab out the aversive nature of
events. Although t here ar e si tuations in which p eople learn ab out the emotional pro perties of a
neutral e vent by its co -occurrence with an a versi ve e vent, we often learn ab out p o tentially
dangerous situ atio ns th rough language. An analo gy to traditional fear conditioning would be
learning to f ear a neighborhood dog because it once bit y o u unexpectedly. You develop a fear from
direct experience with the dog in conjunction w it h th e aversive experience of a pain ful bite.
Ho w e ver, a similar fear reaction co uld be elicited not because t he do g bit you, b ut b ecause you
heard that it bit so meone else . In this ca se, there is no direct experience with t he dog or with an
aversive event. I nstead, the dog is associated with an imagined and anticipated aversive event,
resulting in a co gnitive rep resentatio n of the a versive prop erties of the dog (2001: 437).
Sin embargo, ha y un p aso previo a la amígdala en el pro ceso, donde inter fiere otra p arte: el
tálamo. Según Tiz ón (2011), este comprende un paso int ermedio entre la percepción a tr avés
de los sentidos y la filtración a la amígdala, pues se encarga de catalogar las percepciones que
el ser humano recoge a través de los sentidos. Si dura nte su proceso el tálamo de tecta algo que
considera peli groso o a menazante – o que puede llegar a serlo – este se encarga de que esa
perce pción, es decir, la información, llegue a la amígdala (Tizón, 2011). Asi mismo, la amíg d ala
2. MARCO TE ÓRICO
53
está estrechamente li gada con el sistema límbico. Este se conoce como “cerebro emocional”,
esto se debe a que es el que tiene un doble objetivo: por un lado, reg ular las emociones y, por
otro lado, las reacciones ante las emociones (en el caso del miedo, pu eden ser: lucha, huida,
evitación, etc.) (Tiz ón, 2011).
Por su parte, el córtex prefrontal también es impo rtante en el proceso c erebral del ser humano
ante la emoción del mi edo, pues se encarga de moderar el trabajo de la amígdala. De he cho,
este córtex prefrontal está situado en los llamados “lóbulos del pensamiento y el control
racional y moral” (Tiz ón, 2011: 91): los lóbulos frontales (Tiz ón, 2011 ). P or tanto, el proceso
lleva a que el córtex mitigue las acciones de la a mí gdala, r egulando el impacto de las emociones
en el individuo, activando la parte racional de l cerebro. Esto
explica ta m bié n que las p ersonas mayores, es decir, su corteza prefrontal, tenga n mayores
capacidad es para af rontar el m iedo q ue lo s jóvenes. Se trata de la base n euro lógica para la
observación común de que los m ayores controlan m ej or sus e mociones que los jóvenes: porq ue han
establecido ya circuitos prefer enciales que inclu so el envejec imiento cereb ral tarda en deteriorar
(T izón, 2011: 9 1).
Po r t anto , es el mec ani smo de l cór tex p refr onta l el que fac il it a que la s pe rs onas sea n capa ces de
to ma r dec isi one s en s itua cio ne s de m iedo o ans ieda d, p ue s se tra ta de un “ inte rco mu nic ad or en tre
el cere bro ra ci ona l y el cer ebr o emoc iona l: sirv e par a intr oduc ir em ocio ne s en los raz on amie nto s
y, ta mbié n, para i nf lu ir c on lo s ra zo na mien to s s obre las emo cio nes” (Tiz ón , 20 11 : 92 ).
Como resumen, Garrido Gutiérrez (2000) recoge en un cuadro los niveles de la emoción del
miedo y las estructuras neuroanatómica que intervienen, es decir, las estructuras del sistem a
nervioso que influyen (Tabla 3):
Nivel de actividad
Nivel de emoción
(componen tes)
Estructura s neuroanatóm icas
Funciones
Cognitiva (m ent al)
Experiencia
SRA (activ ación cortical).
Neurocórtex (cor teza pre-
frontal, parieta l, temporal ).
Sistem a límbico.
Adaptación a n ivel
cognitivo.
Cualidad de la
emoción.
Física
Cam bios
neurofisiológ i cos
y bioquím icos
SRA (activ ación del SNA).
Hipotálam o.
Sistem a límbico.
SNA.
Sistem a endocino.
Área de asocia ción cerebra l.
Adaptación a n ivel
fisiológ ico .
I ntensidad de la
emoción.
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
54
Social
Expresión
SAR (activ ación conductua l ).
Corteza m otora precentra l.
Sistem a límbico.
Hipotálam o.
Amíg dala.
Hipocam po.
Adaptación a n ivel
social.
Com uni cación del
estado emocion al.
Tab la 3. Niveles de actividad y sus correspo ndientes ni veles de emoción, estr ucturas neuro anató micas y
funciones (Garr ido Gutiérrez, 2000: 75).
A pesar de todo el proceso expli cado, debe mencionarse que también existen diferencias en el
mismo dependiendo de la propia amenaza o peligro:
There is also evidence f or multiple f ear circuits in relation to the content of the threat. For in stance,
it has been argued that there are separ ate neural s ys tems for fear of pain, p redator s, and aggressive
conspecifics. Each of these can be pr ocessed through a distinct sensor y cha nnel (for exa m pl e
somatosensor y, olfac tor y, visual), engage distinct subnuclei in the a mygdala and hypothalamus, and
result in distinct responses (Ad olphs, 2013 : 81).
Asimismo, también hay diferencias en función de cada individuo, a pesar de que son
procesos biol ógicos uniformes par a todos los individuos, no todos los sufren y
exteriorizan de la misma forma (Tiz ón, 2011): “¿Qué es lo que nos h ace diferentes en
nuestra sensibilidad ante las amenazas y nuestr as formas de graduar y expresar el mi edo?:
fundamentalmente nuestra experiencia” (2011: 96).
Fear is co mmonly t hought to have ad aptive function s in ter ms of both co gnition a nd b ehavioral
response. Unli ke reflexe s and fixed-action p atterns, t he relatio nship bet w ee n stimuli a nd behaviors
mediated by fear is highly flexib le and co ntext -dependent […] Indee d, this flexibilit y is part of what
distinguishes e motions: t hey a re ‘deco upled reflexes’, central states m ore akin to p ersonality traits
and d ispositions. O ne f ea ture th at hig hlights thi s are the highl y diverse yet integrated sets of
psychophysiological, cog nitive and behavioral changes that all serve as indices of a central state of
fear (Adolphs, 2013: 84).
En definitiva, el ser hu mano activa un pro ceso biológico en el momento en que pe rcibe un
estímulo que le provoca una emoción, a la cual se ha llegado gracias a la evolución de la
especie, hasta el punto de que el mi edo ha t enido un papel de gran importancia salv aguardando
la supervive ncia de la misma. Por lo tanto, han sid o dos procesos: el primero, en qu e el miedo
ha a yuda do a la sup ervivencia de la esp ecie reaccionando a los depredadores y p ermitiendo así
que prosiga la evolución; el segundo, la c apacidad humana para la reacción y la gestión del
miedo ha ido avanzado durante la evolución, consiguiendo llegar al proceso que se ha
explicado. Este proceso pone en juego diferentes partes del cerebro pero, en especial, el sistema
2. MARCO TE ÓRICO
55
nervioso automático. Del mismo modo, para la emoción del miedo, el proceso biológico uti liza
dos fa ctores relevantes: la amígdala, la cual e stá estrechamente vinculada con lo emocional (el
sistema límbico) y el córt ex prefrontal, el cual es c onocido como el cerebro racional y t rata de
regular el trabajo de la amígdala. A p esar de que intervienen muchas más partes en el proceso,
se destaca, para este estu dio, estos dos sectores por funcionar como dos fue rzas contrarias que
regulan e interviene n en la emoción del miedo en el ser humano.
2.1.3. El miedo desde la psicología soc i al
Es importante tener en c uenta la visión sobre el mi edo de la psicolo gía s ocial, debido a la
importancia e incidencia que tiene la sociedad en las emociones y vi ceversa. En concreto, la
psicología soc i al se define como la disciplina que
estudia las relacione s entre pr ocesos p sicológic os y contexto social. Dicho con o tras palabras, es el
estudio cient ífico de cómo las p ersonas pensa mos y sentimo s acerca de lo s demás, de cómo nos
comportamos al relac ionarno s unas co n otras, y de có m o en esos pensa mientos, e mociones y
conductas i nfluye el co ntexto social, es decir, otras personas (Gaviria Ste wart y Mor ales
Do m ínguez, 2013: 3-4).
Si bien la psicología so cial contiene todo el entramado de relaciones sociales derivadas del
individuo como ser social, es decir, su inclusión en grupos de distinta índole (e.g ., la familia,
amistades, etc.), es necesario aquí recurrir a F reud (1989). Este autor explica c ómo la psicolo gía
debe, también, compr ender a los sujetos dentro de un grupo social más amplio (e.g ., un pu eblo,
una ciudad, una tribu, etc.), lo que él mi smo deno mina como “masa” y qu e afirma no se deb e
únicamente a té rminos cuantitativos, sino de influencia. Ante esto, y por su relación con los
medios de c omunicación de masas sobr e la que se prof undiz ará en el sig uie nte e pígrafe de este
marco teórico, la psicología de l as masas y la psi cología social se presentarán conjuntam ente
en su relación con el miedo. En con creto, este subepígrafe r ecoge datos, teorías y cono cimiento
en torno al estudio del mi edo desde la psicología social. En primer lugar, se inclu ye la
explicación del concepto de “masa”, para poder si tuar al individuo en la misma y destaca r así
la im portancia de las viv encias grupales. En se gundo lugar, contemplamos las circunstanc ias
orige n de los miedos de los individuos en la sociedad, de los miedos soci ales e, incluso, las
tipologías de miedos col ectivos y las fun ciones de estos. Por último, se agrupan diferentes
teorías que a y ud an a la comprensión de esta emoción desde el punto de vi sta social, como la
teoría se la separación afectiva, la conducta del apeg o o la teor ía del contagio, por ejemplo.
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
56
Se ha ce prácticamente imposible poder estudiar al sujeto de form a individual, sin la influenc ia
de otros, si se quiere obt ener un a visión completa y profunda de las emociones, entre ellas, el
miedo, sobre la que versa este estudio.
Es verdad q ue la psicolo gía individual se ciñe al ser humano singular y estudia los ca minos por lo s
cuales b usca alca nzar la satisfacció n de sus mocio nes p ulsio nales. P ero sólo rara vez, b ajo
determinadas condicio nes de excep ción, p uede prescindir de lo s vínculos de este individ uo co n
otros. En la vida aní mica d el individuo, el o tro cuenta, co n to tal regularidad, como modelo, como
objeto, com o auxiliar y como enemigo, y por eso desde el comienzo m is mo la psicología in dividual
es simultá neamente psico logí a social en e ste sentido m ás lato, pero enteramente le gítimo (Fre ud,
1976: 67).
De hecho, “el c ampo de la psicología social queda formulado del mo do más sencillo y
esquemático afirmando que el hombre es, por naturaleza, un s er social” (Fischer, 1990: 18).
Freud (1976), al tratar la psicología de las masas, se centra en la atención a las influencias que
ejerce el grupo o grupos sobre el individuo. Estas otras pe rsonas, explica el autor, son
individuos a los que el sujeto se siente vinculado por alguna razón o razones:
La psicolo gía de las masas trata del individuo como miembro […] de un pueblo, de una ca sta, de
un es tamento, de una i nstitución, o como integrante de una multitud organizada en forma de masa
durante cierto lapso y para deter minado fin (Freud, 1976: 67 - 68).
Sabiendo esto y, por tanto, la necesidad de estudiar al individuo en la “masa ” ( en su ámbito
social) se deduce qu e el estudio de las emocion es tiene un peso de gran relevancia. De hecho,
las emociones son en sí una forma de vinculación entre el individuo y el mundo, la sociedad,
que le rodea (Tizón, 201 1). La cognición social j uega un papel im portante en el desarrollo y
proceso de l as emociones:
Our social inter actions with o ther peo ple are d istinctively c olo ured by o ur e motions, in ways that
are both ob vious and subtle. Neuroscientists are m akin g rapid p rogress in understanding t he
interface b etwee n our pro cess ing of emotions, fee lings and social co gnition – that set of rules and
responses t hat m akes f or a w el l ad justed individual. Research on e motion p rocessi ng is ill uminatin g
our understandin g of how soci al co m pete nce develops and ho w it is maintained (Skuse, 2003: 50).
Anastasio Ovejero Bernal (1997) explica la d efinición y explicación del concepto de “la masa”:
grupo sobre el qu e los individuos se organizan y generan un estado psicol ógico común. Freud
(1976) afirma que aquellos individuos que pasen a ser parte de la masa harán que se genere una
especie de “alma colectiva”, consiguiendo que sus actuaciones, pensamientos, actitudes, etc.
se modifiquen y sean totalm ente diferentes a cómo sería n si se estudiasen por sepa rados a c ada
uno de los individuos. De aquí la importancia de introducir el ap artado sobre la psicolo gía
social en este estudio, la denominada por Freud como “masa psicológica”.
2. MARCO TE ÓRICO
57
Se hace imprescindible, al hablar del concepto de “masa” acudir a Le Bon (2004), pues hace
un recorrido por todo el concepto de masas, sus implicaciones y características. Le B on (2004 )
explica que a pesar de que esta palabra puede entenderse como una re unión de diferentes
personas unidas por alguna característica en especial (como por ejemplo la nacionalidad o el
sexo), no es este el significado psicológico. Des de el campo de la psicología social, el autor
expone que “masa” pasa a ser un a reunión de persona s que adquieren características
ideológicas y mentales unificadas, dejando su personalidad individual casi desvanecida,
crea ndo así una mente colectiva definida. Una característica de la “masa” desde la psicolo gía
social es la orientación de las ideas y emocione s de los individuos que conforman la masa ,
suele ser dominada por m otivos de los que no son conscientes, la devaluació n de la inteligencia
y la pérdida de individualidad ( Le B on, 2004). El a utor, Le Bon, explica que el resultado de la
transformación de los individuos que supone la “masa” pue de ser tanto positivo como negativo.
De hecho, especifica que las características que la definan pued en ser de dos ti pos: por un lado,
aquellas que se presentan también en los individuos de forma aisladas y, por tanto, pasan a
formar parte de la masa , y, por otro l ado, las que genera la masa de for ma p ropia.
La obra de Le Bon sobre las masas es tan importante que Freud lo revis a y c oncibe que la masa
tiene las siguientes carac terísticas generales, basándose e interpretando el estudio de Le Bon:
1. Inexistencia del s entimiento de r esponsabilidad. El sujeto se encu entra d entro de un a
masa anónima y desarrolla un sentimi ento de poder. Por tanto, ese se ntimiento de
responsabilidad que supone un freno para los individuos, se abole.
2. El contagio. Casi toda ac tuación, pensamiento, opinión, etc. es fác il de contagiarse entre
los individuos cuando estos se encuentran dentro de la masa. Partiendo de e sta premisa,
puede exponerse en el te ma de este estudio que la emoción del miedo, tambi én forma
parte de este conta gio, así como su capacidad para pasarse de unos indi viduos a otros es
alta.
3. La su gestionabilidad del indi viduo. Se convierte en tarea fácil de conseguir el hecho de
que el sujeto vea factibl e las sugestiones y acabe transformándolas en u na realidad a
través de sus actos. Dicha sugestionabilidad, expone Freud, no es aplicable con tanta
facilidad cuando el individuo se encuentra separado de la masa.
La masa es impulsiva, voluble y excitable. Es g uiada casi con exclusividad por lo inconsciente. L o s
impulsos a los que obedece […] son tan imperiosos que nunca se i mpone lo personal, ni siquiera el
interés de la autoconservación […] . La m asa es extraord inariamente influible y crédula; es ac rítica
[…] Piensa por i mágenes que se evoca n asociativa mente unas a o tras, tal co mo sob reviven al
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
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Mannoni (1984) p rofundiza asimismo en las tipologías de mi edos colectivos, diferenciando
entre los miedos sagra dos y los profanos:
1. Miedos sagrados: son los miedos cuy o origen es la divinidad, es decir, la ira de lo
divino:
Se castiga a quie n transgrede el tabú. Impulsados por el temor a las represalias divinas que po drían
abatirse so bre la colectividad entera, los ho mbres castigaro n al culpable con tanta mayor convicción
cuanto más temían la ira celeste. El herético, el sacrílego, el ico noclasta, debían ser destruid os para
que se pudiera borrar su gesto escandaloso […] Para complacer al Dio s ven gador, no se d uda en
castigar para no ser castigado s ( 1984: 1 18).
2. Miedos profanos: estos miedos se subdividen a su vez en otras dos categorías:
- Miedos perpetuos: son at emporales, no se dan en un contexto específic o c on unas
condiciones determinadas, sino que han surgido en todas las épocas históricas,
normalmente, porqu e su vínculo con la inse guridad es mu y estrecho. La may or ía
de ellos están relacionados con creencias del fin del mundo, temática sobre la cual
también se profundizará posteriormente. Que se traten de miedos perpetuos no
quiere decir que siempre tengan el mi smo rostro, sino que puede ser cam biante,
aunque el mie do sea el mismo. Por ejemplo, el miedo al fin del mundo ha pasado
por difere ntes fases, la última o al menos más cercana es la “ bomba atómica”: “La
bomba atómica, con su pode r de destrucc ión generalizada, le propo rcionó al
apocalipsis un rostro modernizado ” (1984: 121).
- Miedos relegados a circunstancias y/o épocas determinadas: son miedos que sur gen
por circunstancias especí ficas y/o necesidades del ser humano, como por e jemplo
el miedo a las brujas, a los comunistas o a los duendes.
Mannoni (1984) hace una reflexión final en la que afirma que los mi edos siguen estando a la
orden del día. De hecho, la tecnología y la ciencia se han conve rtido en un nuevo objetivo. En
otras palabras, la ciencia, la tecnología y los avances no solo han tomado un papel esperanzador
y resolutivo, sino qu e ta mbién se h an conve rtido en g en eradores de ansiedad, angustia, e tc.; en
definitiva, de miedo. Ejemplos pueden ser la c ontaminación o la radiactividad:
Pero repitamos que b ajo estas máscaras r ejuvenecidas, son casi sie mpre los mismos miedos arcaicos
los que oper an en la conc iencia del hombre de hoy. En cua nto a la inseguridad que la mayo ría de
personas experimentan hoy, dolorosa m ente, frente al aumento de la d elincuencia, de la
criminalidad, del racis m o, del fanatismo y del ter roris m o, ta mbién aq uí se trata de la actua lización
de fenómenos c uya crónica se confunde con la de las soci edad es mismas. Estos miedos de hoy
tienen, en suma, larga historia ( Mannoni, 1984: 127).
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Al sentir miedo, lo seres humanos tienden a unirse al grupo, a tener un mayor c ontacto con los
demás (Tizón, 2011). De hecho, existe la conocida como teoría de la se paración afe ctiva y, por
otro lado, pero partiendo de esta última, debemos mencionar la figura del apego. La teoría de
la separac ión afectiva fue formulada por Bowlby y dice así:
La conducta que red uce la distanc ia de las persona s u ob j etos q ue supuesta mente s uministran
protecció n no es otra que la d enominada conducta de apego. Desde esta p erspectiva […] , la
conducta de apego parec e ser un co mponente más de entre las heterogénea s for mas de co nducta
comúnmente cla sificad as dentro de la ca tegoría general de conducta citada por el tem or (1985: 112).
En otras pa labras, la conducta del apego es re aliz ada por los seres humanos r especto a a quellas
personas que co nside ran una fu ente de protecció n y, po r tanto, tiend en a acercarse a dichas
personas con el fin de sentirse seguros ante un peligro o amenaza. Esta conducta provoca que
los vínculos de afecto en tre las personas se c reen, evolucionen e incrementen (Tizón, 2011).
De hecho, en este punto debe recordarse lo ya visto en el apartado sobre la s bases biológicas
del miedo, donde se exponía que un a de las disposiciones filo genéticas, según Mannoni (1984),
del miedo en los seres humanos era la necesidad de seguridad. En este pu nto, el autor, como
ya se afirmó, explicaba q ue ante la constante necesidad de s eguridad (nunca satisfecha por el
entorno generador de inseg uridad en el que se encuentra el sujeto) tiend e a buscar esa seguridad
en otros individuos del grupo. No obstante, el autor señala que, si el individuo no consigue este
tipo de relaciones sociales y, por tanto, mantiene los mismos niveles de insegurida d e
intranquilidad, parece
Condenado a trastor nos graves de adap tación social e incluso de desarro llo per sonal. Estos
trastornos pued en ad optar formas di versas, q ue van desde marasmo fisiológico y psicológico hasta
las perturb aciones de las relac iones i nterpersonales, pasa ndo por los desórdenes de la agresividad,
de la sexualidad, e incluso de las grandes funcio nes, co mo la nutrició n (Mannoni 1984: 71 -72).
Tizón (2011) expone que el primer vínculo referente a la condu cta del apego que el se r humano
vive es el exist ente entre los pa dres y los hijos, aunque según va crec iendo y desarrollando sus
habilidades sociale s, ir á adquiriendo un ma yor nú mero de vínculos afectivos (Tizón, 2011). En
ge neral, todas las relaciones sociales tienen su orig en en las rel aciones que se mantienen
durante la infancia y, en concreto, en el vínculo ex istente con la madr e (Fischer, 1990 ). Este
último ex pone que los primeros pasos de un indiv iduo en la vida social se hacen por el apego
y la soci alización. Por tanto, el apego ti ene un a importancia indudable en el desarrollo del
sujeto en la sociedad. Entre otras funciones, estas conductas de apego b uscan dar y r ecibir
protección: se guridad. Por tanto, la separación o la ruptura de di chos vínculos/relaciones
ge neran ansiedad en el sujeto: “la ansiedad de separac ión, una reacción emocional domi nada
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por el temor, es la respuesta del bebé y el niño pequeño cuando se le s epara de su fi gura de
apego, su cuidador fundamental” (Tizón, 2011: 120).
En este sentido, el ap ego y la figura de ap ego so n dos de los r ecursos humanos más pri m itivo s contra
el miedo […] . Así, la fig ura de apego es la que pro porcio na una b ase se gura a p artir de la cual
explorar el m undo, el refugio en el cual buscar ap o yo, co nfort y protecc ión cuando se siente peligro
o m alestar: la f igura de apego es refugio y colab orado r/a en so portar los m iedos y de fenderse de los
peligros. A la larga, ade más, se acaba constitu yendo en figura de identificación para saber q ué hacer
con lo s miedos, maestro de q ué hacer con los miedos: No es lo mismo intentar m a ntenerse protegido
por la proximidad con la figura de apego, que p oder la introyectar para que, a la larga, s us fu ncione s
formen parte de nuestra mente , de nuestros siste mas de trabaj o mentales, inter nos,.. (2 011 : 122).
Al hablar de miedo y psicología so cial, es tambié n im prescindible profundizar en la teoría del
contagio, ya m encionada y ex plicada por Ovejero Bernal (1997). Esta teoría afirma qu e es
posible que los individuo s que p ertenecen a una co lectividad se contagien entre ellos dif erentes
estados psicológicos, como puede n ser las emocione s; de hecho, la transferibilidad de las
mismas es mu y alta. Esto provoc a, expone Ove jero Bernal (1997), que la emoción a umente en
los individuos, pues exist e un refuerzo por parte de otros sujetos, los cuale s además son parte
del grupo al que pertenecen. De hec ho, el miedo y, en sit uaciones más extremas, el pá nico, son
muy contagiosos. Asimi smo “la situación de pánico posee siempre una alta dosis de
inseguridad y de a mbigüedad, ya que uno puede perecer, pero también puede salvarse” (1997:
292). Ove jero Bernal e numera así aquellas condiciones que a y ud an a que se g eneren y
desarrolle n los miedos y pánicos colectivos (1997: 290):
1. Sentimiento del individuo de que podría ser incapaz de escapar de la amenaza y quedarse
atrapado.
2. Sentimiento de gra n ind efensión con un doble componente: la impotencia y la soled ad.
3. Limitación o bloqueo de las rutas de e scape.
4. Existencia de una predefinición colectiva, por ejempl o, la creencia de que un fuego en
un cine es peligroso por el pánico que genera.
Tizón (2011) hace también referencia a la teoría del contag io, acerca de la cual expone que el
contagio del miedo se pr oduce, entre otras razone s, por ser una de las emociones básicas d el
ser humano. El h echo de que la suframos todos, explica Tizón (2011), hace que se active la
empatía, la cual califica como “proceso comuni cacional [...] fundamenta do tanto en
mecanismos psicológicos (la identificación mediante la pro y ección), en mecanismos
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neurológ icos (el funcionamiento de las ‘n euronas espejo’), y con refuerzos sociales básicos ”
(Tizón, 2011: 98-99).
Por eso el m iedo se puede infundir en el otro con cierta facilidad, tanto ideas con palabra s co mo
con gestos co mo con acciones… Esa f acilid ad de “contagiar” el miedo apar entemente es un
inconveniente, común co n otras mu chas respuestas e mocio nales. T od as ellas son automáticas,
rápidas y poco controlables por el razonamiento: por tanto, pueden dar lugar a numerosos er rores
lógicos y cognitivos. Pero ahí r eside, por otra par te, su ventaja: en su rapidez y auto matismo. Si con
el desarrollo d el cerebro, o por influencias culturale s, los hu manos hubiése m o s perd ido la rap idez
y el carácter au to mático de las respuestas e mocionales, y, entre ellas, del m ied o, habríamos perdido
una parte p osible m ente i mportante de nuestras capacidad es adap tativas y de s upervive ncia ( Tizón,
2011: 99).
Al hablar d el contagio h ay un f actor de gran rel evancia para que se p roduzca: la expresión
facial. Eje mplo de esto es lo que afirman Öhman y Mineka:
Facial expressions of threat and su b m issivene ss provide an im porta nt channel of co mmunicatio n in
dominance conte sts a mong pri mates, which makes facial thr eat a po werful fear st imulus [ …] Like
animal stimuli […], facial sti muli sugges ting t hreat are powerful attentio n catcher s in humans
(2001: 487).
Es decir, a través de las ex presiones faciales se pueden comunicar las emociones, en este caso
el miedo, tanto para infringirlo como para most rarlo, consiguiendo así capt ar la atención de los
otros individuos del grupo. Esto supone que “ re conocemos los sentimi entos de los demás
mediante la vista y el oí do [ … ] [ En este proceso] el hemisferio derecho juega un pap el más
importante que el izquierdo en interpretación de e mociones ” (Carlson, 2011: 215).
Thro ugh out evol ution other p eople have b een vital tbr our sur vival, so it is natural t hat we are
responsive to their e motions and intentions. Our fellows" fac ial expressions are po werful stimuli
that evoke si milar fee lings in us […] Hum a n a ngry or frighte ned expressio ns are prep otent cues t hat
prod uce co nditioned ac tivation more r eadil y than do happ y expressions (Marks y To beña, 1990:
367) .
De hecho, “ el reconocimiento de las expresiones faciales de las emociones de otra persona es
ge neralmente automático , rápido y ex acto” (Carlson, 2011: 215). Por lo tanto, conocer l as
expresiones faciale s de otros sujetos supone conocer las emociones de los otros, lo cual es una
capacidad del individuo en la sociedad y, además, esta habilidad es esen cial para el desarrollo
social del ser humano y que, por ende , su ausencia supone una carencia social:
Most of us ca n ‘read other peop le’s emotional states without ef fort, and our ability to respo nd
appropr iately to such states has huge significance for our abi lity successfully to rear our y o ung and
to find a mate with whom to r epro duce ourselves. W hen the ability to read others emotion al states
is significa ntly impaired , we appear at the very least socially gauche, or we m ay have difficulty in
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responding approp riately in any social sit uation, a character istic f ea ture of autistic conditions
(Skuse, 2003: 50).
In su mmary, humans have ada pted the instincti ve ar ousal e voked by d irect e y e contact and used it
for other p urposes, purposes th at are cr itical for the development of social cognition and the ab ility
to in teract cooperativel y to ensure survival. There is evolu tionary sense in t his: direct eye co ntact is
a threat to virtually all sp ecies, which rarel y make direct eye contact w ith one another unle ss they
are going to fight […]. Fear is of particular rele vance in thi s contex t; for this is a facial exp ression
that has great i mportance for our survival and it is an expression in which the pr edominance of the
wide-open e yes is critical for accurate interpretation (Sk use, 2003: 54 -55).
De hecho, ha y una parte del cere bro con la función espec ífica de leer las e xpresiones faciales
de las otras personas y, por tanto, obtener su estado emocional. Así lo explica Skuse (2003 ):
This subcortical struct ure influences our abilit y to gain and to maintain social ly appr opriate
behaviour by affecting each of these do mains of face processi ng ab ility rev iewed, including face
recognition memory, facial expression i nterpretation and ey e-gaze monitoring. W hether it s
functional i ntegrity is critical for nor mal social co gnitive d evelop ment in h umans is still an op en
question (200 3: 5 1).
Es necesario mencion ar que e sta comunic ación de emociones a trav és del rostro deb e ser
bidireccional: “Una comunicación eficaz es un proceso bidireccional. Es decir, la capacidad
para mostrar el estado e mocional mediante cambios en la expresión resulta úti l solo si otras
personas son capaces de reconocerlos” (Carlson, 2011: 215).
Socialmente, el miedo también a y uda a marcar q ué sujetos son los que ejercen el control y,
además, ti enen el pode r y, por otro lado, los que son controlados. En definitiva, el miedo es un
marcador de jerarquía .
Ohman et al. (198 5) proposed that so cial fears and social p hob ia or iginated fro m a second evolved
behavioral system relate d to conspecific attac k and self-defense […]. T his system co ntr o ls the
interaction a mong individuals in a group by defining which group mem bers bo ss or yield to which
others. T he resulting d o minance hierar chy pro vides a vehicl e for br inging ord er into t he group and
for minimizing further aggres sive e ncounters. Beca use t he focus here is on t he rele vance of this
system for fear, Oh man et al. ( 1985) talked ab out the defe nse or submissiveness part of i t, relatin g
social fear and anxiety to exaggerated social submissivene ss (2 001: 4 86-487).
Esta teoría la refuerzan Plamper y Lazier (2012):
Defensive aggression should be distin guished fro m the within-species aggression inherent in social
hierarchies in which hig h-ranking m embers assert their d o m inance by threateni ng gest ures or actual
aggressive acts. T he targets of these acts sho w signs of (often intense) fear, but rather than resorti ng
to defensive aggres sion the t ypically respond with gestures suggesti ng subordinatio n, sub mission,
and withdrawal, eve ntually, p erhaps, to flee the sce ne. Thus, there is a ritualistic, s ymbolic aspec t
to fear and aggress ion in the intraspeci fic conte xt of d o minance co nflicts t hat is lac king in the
interspecific co ntext of encounters between pre y and p redato rs (2012 : 39 -40).
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Otro punto de gran importancia respecto al mi edo y, en general, respecto a las emociones
básicas, es que están fuertemente vinculad as y co ndicionadas por las estru cturas de poder en
las que se encuentra el i ndividuo, las cuales son conse cuencia inevitable de l as sociedades
actuales y de las interacciones que de estas deriv an (Mora Mérida y Martín J org e, 2010). De
hecho, los autor es men cionados especifican que el miedo es la consecuencia de una interacción
social que está marcada por el hecho de que un in dividuo está bajo el sometimiento de otro /s .
Por lo tanto, el miedo es un refle jo de las situaciones jerárquicas que se da n en una sociedad y,
de esta for ma, ge nerar miedo es una for ma de mantener las posiciones de dominación respec to
a las de dominados, es decir, situaciones de poder y de control.
En resumen, los individuos están condicionados p or el grupo o los grupos sociales en que se
encuentran. Por lo tant o, la forma de vivir, d esarrollarse y aprender las emociones e stá
fuertemente condicionada por el resto de mi embros del grupo. El miedo es una emoción con
implicaciones mu y r elevantes tanto en la formación del grupo como en su evolución, y es que
existen mi edos sociales, reacciones del indi viduo (como la teoría del apego) qu e parten del
miedo pa ra velar por la seg u ridad del indi viduo como parte del grupo e, incluso, es el miedo el
que, en muchas ocasiones, se tr ansforma en un m arca dor de poder y j erarquía. Por lo tanto, el
miedo acompaña al indi viduo (ser social) y a los grupos (como las soci edades) a los que
pertenece. En definitiva, el miedo y el grupo son dos factores de influencia a tener en cuenta
por su importancia en la relación e ntre los seres h umanos y sus formas de organizarse.
2.1.4. Antropología cultural del miedo
Para profundizar en el co ncepto del miedo, tambié n es de interés analizarlo desde un punto de
vista antropológico cultural, pues las emociones son el pilar sobre el que se constru ye y
desarrolla la vida social de los individuos , los cuales van creando y desarrollando distintas
culturas (Hurtado, 2015). Es cierto que la disciplina de la antropología es excesivamente
amplia, la c ual se define como “el estudio de la hu manidad, de los pueblos anti guos y modernos
y de sus estilos de vida” (Harris, Bordoy, Revuelt a y Vel asco, 1990: 2). Sin embargo, es por
esta amplitud por la que la mencionada disciplina se dedica a distint os aspectos diferenciados,
consiguiendo así una especialización más concreta sobre las dif erentes cu estiones que a fectan
a la humanidad. En concreto, y por interés de est a tesis doctoral, estas lín eas se c entran en la
antropología cultural o social, la cual se d efine como “el estudio de los pueblos actuales y sus
culturas, incluidos los cambios o variaciones” (M iller, 2011: 7). En otras palabras, esta rama
de la antropología tiene como objeto de estudio la cultura humana (Barrio, 1996: 23). Esta
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selección se debe a la im portancia del estudio del miedo desde una visi ón social y cultural;
ejemplos de esto son conceptos rel evantes como la cultura d el miedo o la s ociedad d el ries go,
indispensables para comprender la esfera social y cultural actual de Occidente. Por lo tanto,
este epígrafe recoge el desarrollo de dichos términos. Asimismo, este apartado también indaga
en cómo los miedos han int entado ser explicados o elimi nados desde el origen de las
sociedades, lo cu al se ve refle jado en la mitol og ía o la relig ión, por ejemplo. Del mismo modo,
los miedos también han tenido, y siguen teniend o, una representación cu ltural en el arte, la
literatura, el cine, etc. Por último, es im porta nte aventurar que este epíg rafe recoge el
acontec imiento del 11-S al ser un punto de inflex ión para la implantación del miedo en las
sociedades am ericanas y europea s. Esto conllev a el estudio de la dicotomí a entre la li bertad y
la seguridad, ante el senti miento de vulnerabilidad y miedo, así como el uso de técnicas como
el chivo expiatorio y la n ecesidad de ma rcar una otredad; cuestiones que se relacionan con la
propaganda y que se verán en profundidad en el epígrafe tres de este marco teórico.
Disciplinarmente, realizar una división entre psic ología soci al (nuestro an terior apartado) y
antropología (el foco del presente apartado) ha result ado, en p arte, dificultoso, debido a los
límites difusos que hay entre estos dos puntos de vista en cuanto a la emoc ión del miedo, pues
ambos la estudian como parte de un a sociedad (grupos/masa) y la c ultura q ue de estos emana
y sus r elaciones con el propio sujeto.
Lo e mocional es una di mensión de la persona que la antropolo gía social en cuanto saber holístico
no puede dejar de estudiar. Lo hace desd e una visión i ntegral de la experiencia humana: el cuerpo
y el espíritu, el sentimiento y la razó n, el ho mbre y la mujer, el adulto y el niño y, sobre to do,
combinar la unidad de lo universal con la diversid ad de las situaciones so ciales y cu lturales. Est e
enfoque sociocultural es espec ialmente fecundo en un m o me nto de incertidu m bre y miedo como el
actual (Hurtado, 2015: 263).
Hurtado (2015) realiza una diferenciación entre s entimiento y emoción qu e, a pesar de que en
este trabajo ya se explicó anteriormente, se considera nece sario abordarla desde la
antropología.
Su m odo de estar y ser en este medio [del individuo] crea un “circuito co mpleto o cam po de acción”,
configurado por una tensió n cr eadora o to no perso nal, desde la que interpreta y valora su situación
real y s us p osibilidad es de acci ón [ ... ] A esa tensión o tono es a lo que lla mamos [ ... ] e moción (20 15:
263) .
Fernández Poncela (2011) determina que: “Los se ntimientos son las emociones culturalmente
codificada s, personalmente nombradas y que dura n en el tiempo. Secuelas profundas de placer
o dolor que dejan las emociones en la ment e y todo el o rganismo” (20 11: 3). Es esencial
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entender la im portancia de las emociones en un contex to social y cultural para así saber la
relevancia que estas tienen:
La emoción ha resultado una estrategia adaptati va mucho más eficaz par a n uestra espec ie, aunque
su contr ol r esulta mucho más complicado, por eso, desde las elites del pod er se ha enmascarad o,
devaluado e incluso anulado . Un ejemplo que suste nta la afirmación anterior, sería la cultura d el
very nice tan arraigada en los Estados U nidos y en cier ta cl ase social, eco nó m icame nte p udiente ,
de nuestro país, q ue co nsiste en rep rim ir las e m ocio nes verdad eras y estar to do el d ía “con una
sonrisa vacía en la b oca” o la famosa y reconocible “sonrisa P rofiden” que s upone una ide ntificac ión
social y de estatus eco nómico (Hurtado, 2015: 266).
Respecto al miedo, Boscoboinik (2016) la describe como una emoción incómoda,
desagra dable, provo cada por una amenaza y /o peli gro. No obstante, la autora especifica que,
desde un punto de vist a antropológico, es imposible estudiar el miedo como una emoción
únicamente individual: “sin duda, las emociones forman parte del indi viduo, pero [ …] las
emociones son creaciones culturales, no individuales” ( 2016: 120). Así, no solo ha y miedos
individuales, sino que también existen los miedos colectivos. Estos son definidos por
Boscoboinik (2016) como aquellos miedos “que se refieren a las p rincipales preocupaciones
compartidas por una comunidad” (2016: 123). Esta autora desarrol la que cada cultura y época
está marcada por unos miedos que se jerarquiz an de forma diferente, aparecen nuevos y
desaparecen otros, aunqu e al gunos son cíclicos, pues ha y circunstancias amenazantes que se
viven una y otr a vez, como el miedo a las g uerras o al hambre. “Cuando los miedos colec tivos
conducen a acciones sociales, como identifi car un responsable o un culp able, se convierten en
miedos sociales. En otr as palabras, la instrumentalización de los miedos colectivos los
transforma en miedos sociales” (2016: 123).
Esta misma autora expone que ha y situaciones soc iales que a y udan a generar o desarrollar los
miedos colectivos o miedos sociales. Boscoboinik no duda en señalar qu e, entre otros, en
Europa ex isten los miedos crecientes de crisis económica , conflictos, migración y catástrofes.
Tizón (2011) aporta un a lista de mi edos que pueden encontrarse en la actualidad y que son
miedos colectivos:
El miedo a la inseguridad […] el m iedo al terro rism o, el m ied o a las catástro fes, el m iedo al fracaso,
el miedo a la crisis, el miedo a la impotencia, el miedo a la sexualidad , el miedo a la ira en las
sociedad es bipensa ntes, el mied o a lo s extraños y e xtranjeros, el miedo a los marginado s, el miedo
a la juventud, el m iedo al comunismo, a la masonería y las sectas, el miedo al diablo, […] el m iedo
a la delinc uencia, el miedo a la marginación social, [ …] el miedo a la pér dida de status so cial, el
miedo a la pér didas materiales, el miedo a la pér didas afectivas,… He ahí una li sta, enormemente
acortad a (2011: 2 30).
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Los peligros a los que se enfrentan la sociedad y el individuo, y que luego derivan en miedos,
se puede c lasificar, se gún Bauman (2007: 12), en tres clases:
- L os que amenazan/atacan lo físico del individuo (el cu erpo) o bien, las propiedades del
sujeto.
- L os que tratan de amenazar/atacar el orden social y, po r end e, la s eguridad respecto a la
consecuc ión de la vida (e.g., la renta el empleo, las pensiones, etc.).
- L os que amenazan/atacan la jerarquía social, la identidad de los sujetos.
Es necesario aclarar que los miedos colectivos, en muchas ocasiones, no son una ex perienc ia
propia o cercana de un a amenaza o peli gro, sino que se generan por la rec epción de discursos
políticos que tratan de generar este tipo de miedo, un miedo colectivo. En este proceso, los
medios de comunicac ión son esenciales (Boscoboinik, 2016).
Los m edios masivos de co mun icación juegan un rol im porta ntísi m o tanto en la minimizació n co m o
la exacerb ación d el evento y su transmisión a los espectad ores […] La percepción creada por los
medios […] en el 11 - 09 […] no reflej aba lo s p eligros reales d el suceso, sino una elab oración e
interpretación si mbólica espec ífica sobre la opinión pública. Así, es necesario e studiar los efectos
de la Agenda-Settin g en temas [ …] de seguridad ( Korstanje, 2010: 45) .
De hecho, Tizón expone que “el miedo vende” (2011: 230), llegando a la conclusión de que
las amena zas y los peligros temidos en las socieda des actuales son los que a yuda n
económicamente al sustento de los medios de comunicación. De hecho, menciona que la
primera ola de pánico cuyo germen está en los medios de comunicación de masas fue
ocasionada por Orson Welles, explicando que, en 1938, en un conocido programa radiofónico,
se relató “una supuesta in vasión por los extrater restres. Ese famoso prog rama, La guerra de los
mundos, […] parece qu e de entrada proc lamó que era una ficción, desató sin embargo un ataque
de pánico colectivo” (2011: 231). Posteriormente, profundiz aremos en el papel del mi edo en
los medios de comunicación.
En cuanto a los efectos, el mi edo tiene consecuencias a nivel individual, como ya se ha
desarrolla do en apa rtados anteriores, pe ro también tiene c onsecuencias sociales, pues “el miedo
paraliza, desactiva, reduce la capacidad de resistencia y de vigilancia crítica de la población”
(Hurtado, 2015: 271).
L as pers onas en es ta situ aci ón pier den la cap aci dad de orga niza r las idea s, se at rof ia la f ort alez a
cog n iti va, se pie rden habi lid ades para la res olu ción de probl emas , se redu cen las estr at egias en la
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bú sque da de alte rna tiv as y sucu m be a un esta do tr aum áti co en el que se per cib e com o ví ctima
per segu ida y esp ia da y se inc r em entan los suici dios . Por lo que al med io se ref ie r e asi stim os a un
deb il itam ient o de los l azos fam ili ar es debi do al m ied o a e s ta bl ecer re la cion es du r ader as , una
f ragm ent aci ón de los e sp aci os de rel aci ón coti diana , f u nd amen ta da en la ins egu rida d y un a val ora ción
de l as re lac ion es in terp ers on ales con cri te r io s f inan ciero s bas ados en c ost es y ben efic ios ( 201 5: 271)
Ante la emoción del miedo, los individuos o grupos sociales no adoptan una posición pasiva,
puesto que esto supondría convivir con dicha emoción constantemente, día tras día
(Boscoboinik, 2016). Por lo tanto, la emoción del miedo lleva a la acci ón, aunque sea a la
creación de ritua les.
Fr om an early age , pe ople are edu cate d to bec ome pr eo ccu pied wi th the ir saf ety , an d to regard bei ng
f ea rfu l as a sen s ibl e and res ponsi ble orien tati o n tow ards the w orld . We are ex pecte d to re sp on d
pos itiv ely to fear app ea ls b ecaus e it is assum ed th at fe arfu lness is our norm al st ate (F ur edi , 2018: 177).
Además de su dim ensión social, y como se me ncionó al principio de este sub-epígrafe, es
imposible conseguir un análisis del mi edo sin ade ntrarse en la antropolo gía, pues el vínculo
entre emociones, miedo y cultura es muy estrecho. La sociedad influye de fo rma directa en los
miedos de los individuos, así como en los miedos sociales, por lo que analizarlos desde fuera
es prácticamente imposible: “el miedo no puede ser estudiado fuera de c ontexto: el entorno
social, cultural y político es funda mental para e ntender el sur gimiento y la gestión de los
temores” (Boscoboinik, 2016: 120). “Communit y values, attitudes and expectations provide a
cultural context for the articulation of individual fears” (Furedi, 2018: 7). El mi edo, en
resumen, es un eje de gran importancia en la cultura, y de ahí que deba enfocarse
antropológicamente , pu es los miedos se crean, se viven y se d esarrollan de diferente forma
tanto entre distintas culturas como en el interior de una de ellas; por ello, se debe hablar de
miedos, en plural (Boscoboinik, 2016 ).
P o r lo ta nt o, la al us ió n al té r min o “ cu lt ur a d el mi ed o” es in di sp en sa bl e . E s t e c on ce p to se de sa rr ol l ó
en l os añ o s no ve n ta de l s igl o p as ad o, a p es ar de qu e su pr i me ra a par ic i ó n f ue en 1985 en un ar t íc u lo
d el Ne w Yo rk T im es . Es te c on ce p to h ace r ef er en ci a a la e xi s t en ci a de la in c er t id u m br e y la an si ed a d
que pa de ce n la s pe r so n as , y a qu e di c ho s se n t im ie nt os de ri va n en mi e do (F ur e d i , 20 1 8) . Fu re d i
a f ir ma q ue “f ea r a nd c ul t u re h ad be c o me cl os e ly e nt wi n ed a n d t ha t t hi s d e ve lo pm e nt ha d a
s ig ni fi c an t im pa c t on p ub li c l if e” ( 2 01 8 : 1 ). E s te c on ce pt o de c ul tu ra de l mi e do i nc l uy e el s is te ma
a la rm is ta en el qu e se en cu en tr a la s oc ie da d oc c id en ta l, el c ua l p ro m ue ve el pr op io c li ma de mi ed o,
i n cl us o ll eg an d o a lí mi te s c om o el pá ni co . A si mi sm o , la c u lt ura de l mi e do no se ce nt ra en si lo s
i n di vi du os de be n o no pa d ec e r la e m oc ió n en es tu di o, s in o que pa rt en de un te mo r c o ns ta n te y se
d ed ic a a se ña la r a q ué y /o a qu ié n /e s h ay qu e te ne r le mi e do ( Fu re d i , 2 0 18 ).
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
80
riesg o de una situación” (2016: 122). Esta autora expone que la pérdida de control de la
situación por parte del individuo supone que del sentimiento de vulnerabilidad surja la emoción
del miedo: “de hecho, sen timos miedo no cuando somos vulnerables, sino cuando nos sentimos
vulnerables” (2016: 122). Cuando los individuos s on vulner ables que dan bajo el sometimiento
del resto (aquellos que no sienten vulnerabilidad) y, además, la capacidad de someti miento es
mayor si el sujeto vulnerable no puede identifica r o sentir a la p ersona o las personas qu e le
están sometiendo: la ausencia provoca el aumento de la vulnerabilidad (Goffman, 1979).
Bauman (2007 ) ex pone que la vulnerabilidad se encuentra en las socied ades actuales y está
presen te constantemente debido a la g lobalización, pues esta no solo acentúa la omnipre sencia
del peligro, sino que también acecha a todas las p ersonas independientemente del lu gar en el
que se encuentren. Además, explica el autor, la apertura de poblacion es características po r su
heteroge neidad y su vulnerabilidad conlleva qu e l os propios ciudad anos se perciban entre ellos
como pe ligrosos. De hecho, afirma el autor: “sólo hay tres papeles posibles que r epresentar: el
de perpe tradores, el de víctimas y el de « daños colaterales » ” ( Bauman, 2007: 127).
El « miedo derivati vo » es un fotogra ma fijo de la m ente que po demos d escribir […] co mo el
sentimiento de ser susceptib le al peligro: una sensació n de inseguridad (el mundo está lleno de
peligros q ue pueden caer sob re nosotros y materializarse en cualq uier momento sin ap enas d ar
aviso) y vulnerabilidad ( si el peligro nos agrede, habrá po cas o nulas p osibilidades de escap ar a él
o de hacerle frente co n una d efensa eficaz; la suposición de nuestra vulnerabilidad frente a los
peligros no d epende ta nto del volu men o la naturaleza de la s a m enazas reale s co mo de la a usencia
de confianza en las de fensas d isponibles) (B auman, 2007: 11 -12 ).
Del mismo modo, y diferenciando el mundo actual respecto a épocas anteriores, existe otro
concepto que gira alrededor de la e moción del miedo: el riesgo.
La amenaza y la inseguridad son condición de la existe ncia h umana d esde siempre […] La
semántica del riesgo se relacio na co n riesgos futuros que se te matizan en el presente y r esultan a
menudo de lo s éxitos de la civilizació n. Y también posibilita movilizaciones sociale s n uevas,
posutópicas, co mo las […] iniciativas cosmop olitas co ntra el ca mbio cli mático o alianzas
cambiantes e ntre sociedad civil, Es tados y gra ndes grupos e mpresariales […] Las dos c aras del
riesgo -oportu nidad y peligro- ( Beck, 2 008: 20).
Ante un futuro incierto, los individuos sienten inseg uridad y vulnerabilidad:
La diná mica de la sociedad del riesgo no consiste ta nto en asumir que en el f uturo tendremos q ue
vivir en un mundo lleno de riesgos inexistentes hasta h o y , como en asumir que tendre m os que vivir
en un mundo que d eberá d ecidir su futuro en u nas co ndiciones de inseg uridad q ue él mism o habr á
prod ucido y fabricado. El mund o ya no puede contro lar los peligro que la modernidad ge nera (Beck,
2008: 24 - 2 5).
2. MARCO TE ÓRICO
81
La sociedad actual se ha convertido en la denominada “so ciedad del riesgo”, puesto que los
discursos se centran, en su ma y oría, en los riesgos, a menazas y peligros que la propia sociedad
crea (Beck, 2008 ). Gil Calvo (2003) afirma que: “Desde comienzos de si glo estamos asistiendo
a un in cremento de la alarma so cial, que pa rece superar en todo O ccidente los niveles hasta
ahora habituales” (2003: 11). Ulrich Beck acuña el con cepto de “sociedad del ries go”, una
sociedad que ya no sien te seguridad: la inseguridad y la incertidumbre se apoderan de las
sociedades y el miedo se convierte en una const ante. De hecho, el concepto de “riesgo” ha
cambiado, es decir, ha sido re -definido:
Although ris k is hi storically d efined as exposure to the pr obabilit y of loss, harm or so me kind of
misfortune, through its current expanded usage it has b een reinterpr eted as the po ssibility of such
adversity. T his shift in mea ning from probab ility to p ossibility has led to a fundamental rev ision in
the conceptualizatio n of risk (Furedi, 2018: 153).
Por lo tanto, la sociedad del riesgo está unida inev itablemente al miedo: “si el riesgo habla de
una amenaza real o pot encial, el mi edo es su ela boración simbólico-emocional. […] En la
mayoría de los casos riesgo y mi edo van unidos de la mano” (Korstanje, 2010: 39). Al fin y al
cabo, los mi edos se generan y desa rrollan a partir de los riesgos qu e per cibe el individuo,
teniendo en cuenta la vari able de la vulnerabilidad frente al peli gro, pues es lo que provoca que
el individuo sienta o no la emoción del miedo (Boscoboinik, 2016).
Risk has ab sorbed the narrative of fear, and its conte mporary mea ning has l ittle in co mmon with
the p roject of attem pting to und erstand th e likely outco me of uncertain ev e nts. In present times, one
of th e principal ob jectives of a r isk manager is to ‘reduce risk’ (Fured i, 2018: 155).
Encontrarse en la “sociedad del riesgo” supone un “no - saber” y la dif usión de amenazas
constantes (Beck, 2008). Ante esto Beck expone unas conclusiones sobre la sociedad del riesgo
(2008: 25-26):
- El riesgo ti ene la “fuerza destructiva de la g uerra”. De hecho, el autor ex plica cómo el
lenguaje y el uso del riesgo es contagioso.
- En la ac tualidad se pertenece a la “comunidad de pelig ro mundial”. Esto significa que el
peligro y los riesgos no se concentran en un país solo, sino que son a nivel global y, por
tanto, un único país no puede enfrentarse y c ombatirlos de forma individual.
- El hecho de qu e ha ya m ás progreso ci entífico no provoc a que se reduzca el riesgo. No
obstante, sí consi gue qu e la so ciedad tenga una mayor con ciencia del mismo, es una
forma de hacerlo visible ante las personas.
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
82
- El a utor afirma que la emoción del miedo condiciona la vida, el día a día de las personas
y las sociedades. La necesidad de seguridad hace q ue la libertad y la ig ualdad pase n a un
segundo plano en el rango de valores, pu es el miedo y la inseguridad provocan que las
leye s se endurezcan y se convierta en, como denomina el autor, “totalitarismo
antirriesgo”.
- La “economía del miedo” es la que saca bene ficio de la emoción d el miedo en la
ciudadanía. Esto se de be a que el ciudadano se presta a interr ogatorios, grabaciones, etc.
con el objetivo de mejorar su “seguridad” . “ La se guridad es, como el agua y la
electricidad, un bien de consumo, administ rado tanto pública como privadamente para
obtener beneficios ” (2008: 26).
Las c ulturas anteriores a la modernidad tenían el concepto de miedo, pero no el de r iesgo […] y
cuando los gob iernos n eolib erales redireccio nan la mirada y las vidas de los s eres humanos
inculcando en sus subj etividades la inexiste ncia d el futuro, con el mantra por todo s conocid o, de
“no hay al ternativa”, la famosa TINA: There Is No Alternative de Thatcher es una estrate gia para
encapsular el p resente y reducir el futuro (Hurtado, 20 15: 271).
Al exponer la sociedad del rie sgo, Beck (2008 ) hace una diferenciación ent re los riesg os
antiguos y los ac tu ales, expli cando las ca racterísticas de estos últimos (2008: 83):
1. Deslocalización: tanto las causas que los provocan como las consecue nc ias no tienen
límites g eo gráficos, pued en dars e en c ualquier lugar del mundo. Estos, según el autor, se
pueden dar en tres dimensiones diferentes: espacia l (los riesg os van mucho más allá del
ámbito nacional), tempor al (los riesgos actuales su elen desarrollar sus consecuencias en
un largo periodo de tiempo y, por tanto, no se pueden conocer y definir sus consecuencias
de forma exacta) y, por último, social (al tratarse de riesgos a largo plazo no puede
especificarse l as consecuencias que de ellos derivan).
2. Incalcula bilidad: los efectos de los peligros actu ales no pueden calcularse, pues son,
como define el autor, “riesgos hipotéticos”.
3. No -compensabilidad: el precio que supone la s eguridad se considera ba equil ibrado, no
obstante, en la actualidad no se vislumbra la capacidad de recomponer los daños
causados.
Cabe mencionar qu e vivir en la so ciedad del riesgo es vivir con la const ante sensa ción de que
todo puede salir mal y, por e nde, que llegue el fin del mundo o del individuo, se tra ta de que la
sociedad esté siempre en alerta: “One of the most noticiable features of the way we fear in the
present d a y is the tendency grossl y to inflate the thr eats we face and transform re lativel y normal
2. MARCO TE ÓRICO
83
risk into a potential catastrophe” (Furedi, 2018: 71 ). Aquí debe recordarse lo que se explicó en
el apartado de las bases biol ógica s y psicología del miedo, y es que, com o ex pone Mannoni
(1984), el ser humano tiene una necesidad de seguridad, por eso se encuentra en alarma
constante. Esto es , como se observó, algo prá cticamente innato y que se ve acentuado por la
sociedad del riesg o y la cultura del miedo que imperan en la actualidad.
Una característica para entender la magnitud de los riesgos y miedos en la sociedad actual es
el hecho de que se vive en un mundo inte rconectado “de man era que cualquier sa cudida en
cualquier punto del planeta se difunde c on velocidad ex traordinaria a toda la poblac ión
mundial” (Beck, 2008: 31). Al respecto, un hech o histórico que marcó un punto de inflexión
en el mundo fue el atentado del 11 de s eptiembre de 2001 en Nueva Yor k contra las To rres
Gemelas.
Estadísticame nte, el ate ntado al W orld T rad e Center pr ovocó – apr oxim ada mente- unos tr es mil
quinientos muertos y desapare cido s genera ndo un sentido de pánico sin pr ecedente s en la p o blación
estadounidense […] el 11 de Septie mbre de 2001 marcó un antes y un después en la v ida cultural
de Occidente (Ko rstanje, 2010: 60).
La inseguridad re corrió todas las partes del mundo, dando un giro a la Historia (Salvador,
2015). Para exponer este hecho tan relevante acudimos a Salazar (2009), quien expone que se
ge neró lo que denomina “síndrome del miedo, inseguridad y v ulnerabilidad”, pues el sistema
comenzó a tener est as características desde que “se hirió de gra vedad” a aquel qu e lo
sustentaba: Estados Unidos, y esto se difundió alr ededor del mundo. Salazar (2009) ex plica
cómo Estados Unidos era el pilar del mundo; al fa llar este, la inseguridad e incertidumbre se
expandió . “El atentado del 11 de s eptiembre de 2001 trajo a la conciencia general la
vulnerabilidad de O ccidente a pesar de tod a su superioridad económica y mi litar” ( Beck, 2008:
35). Tras este histórico atentado, España tambié n sufrió, posteriormente, un gran golpe: el
atentado del 11 de marzo de 2004 en la estación de Atocha de Madrid, el cual provocó que los
discursos que se habían utilizado en el 11-S se volviesen a re petir, los cuales estaban marcados
por la emotividad, el miedo, el patriotismo y el dr ama (Camiñas Hernández , 2007). Si bien es
cierto que es imprescindible menc ionar los atenta dos sucedidos en Eur opa y en otras partes del
mundo durante las últ imas décadas, se ha decidid o profundizar en ellos en el epígrafe tres de
este marco teórico, al pod er así incidir en un hilo conductor político y propagandístico de estos.
Este tipo de atentados ter roristas son muy impo rtantes en la sociedad del ri esgo. Estos atentados
tienen unas características específicas expuestas por Beck (2008) :
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
84
- El acaecer mediático de la catástrofe : la magnitud mediática que tiene act ualmente este
tipo de situaciones conlleva que la audiencia se masifique, convirtiendo a toda la
humanidad en receptores y, además, en p artícipes, pues todo se retransmite en directo y
se convier te en monotemático.
- El sentimiento de dolor planetari o : la empatía ju ega un papel de gran im portancia, y
todos sienten que pod rían haberle ocurrido a ello s, por lo que el dolor ante la tragedia
aumenta.
- El “para nosotros” : los riesg os no se dan por amenazas, catástrofes, e tc. aleatorias, sino
que se producen con a nticipación y ti enen un destinatario específico: se crean y
desarrolla n para grupos s ociales concretos.
- El shoc k antropológico ante la fragilidad de los fundamentos del mundo civilizado : como
ya se ha mencionado, el 11-S supuso la ruptura de la c reencia todopode rosa de Estados
Unidos, dejando la vulne rabilidad e inseguridad como sensaciones predominantes en el
mundo. Ante este tipo de circunstancias, nadie puede obviar la situación, ya sea por la
constante mediática o por el desvanecimiento de la creencia. “El 11 de septiembr e
destruy ó, entre otras, la c erteza de que la seguridad de los ciudadanos era directamente
proporcional a la supe rioridad mili tar” (Bec k, 2008: 107).
No solo fueron los atentados del 11- S, o posteriores, los que han llevado a que la sociedad se
convierta en “sociedad del riesgo”, viviendo en la “cultura del mi edo”, sino que han sido
numerosos los ac ontecimientos que se han ido desarrollando, sobre todo desde el ini cio de e ste
siglo. Gil Calvo (2003) menciona la existencia de un “ciclo depresivo de la economía
occidental” (2003: 13), es decir, la crisis financiera. Es im portante s eñalar que Españ a no
escapa a estos ciclos depresivos de la economía (Burgaya Riera, 2014; Carreras y T afunell,
2020), los cuales son más temidos tras la crisis de 2008, sobre la que se profundizará en el
último epígrafe del marco teórico.
Por eso, el m antra más repetido en la jerga de los a nalistas fi nancieros es ide ntificar co m o causa de
todos los males la ep idemia de aver sión al riesgo que estar ían padec iendo los inversores financieros,
ya sean fondos de pensiones, bancos de in vers ión u operadores bursátiles, afectados todos ellos por
la m i sma inseguridad colectiva caus ada tanto por el riesgo especulativo como por el llamado riesgo
geopolítico o estratégico (Gil Calvo, 2003: 15 ).
Como ya se ha men cionado, ha y otros conceptos , además del riesgo y la vulnerabilidad, que
cuentan con un vínculo con el miedo. De hecho, todo el contexto explicado anteriormente lleva
a los conceptos de inseguridad e incertidumbre.
2. MARCO TE ÓRICO
85
El miedo constituye, po siblemente, el más siniestro de lo s múltiples d emonios que a nidan en la s
sociedad es abiertas de n uestra ép oca. Pero son la inseguridad del presente y la incertidumbre so bre
el futuro las que incuban y crí an nuestro s te mores más i mponentes e insoportab les. La inse guridad
y la incertid umbre nacen, a su vez, de la sensación de impotencia: par ece que, si nunca tuvimo s
control alguno sobre los asuntos del conjunto del planeta, tam b ién hemos dej ado de tenerlos (como
individuos, co mo grupos y co mo co lectivo) sob re los de nu estras p ropias co munidades (B auman,
2007: 166).
Asimismo, es necesario mencionar que exist e un factor más de gran relevancia: el propio
análisis de l riesg o. Con esto, Bec k (2008) quiere afirmar que realizar este tipo de a nálisis lleva
a pensar y generar p eligros que realmente no se están dando o no existen, y que, por tanto, e sto
puede ayudar a que sí aparezca n:
Un mundo en el que se incite a nuestra fantasía con intención preventiva a ir más allá de los límites
de los accidentes fortuitos y ator mentarse ima ginando el desencadena miento de catástrofes
premeditadas a menaza co n sup rimir los funda mentos de la lib ertad y la de mocracia (2 008 : 34).
Conceptos como la sociedad del riesgo y la cultura del mi edo demu estran que el miedo se ha
convertido en eje vertebral de la sociedad y la cultura. De hecho, Furedi (2 018) afirma:
When t he expression ‘Pro ject Fear’ emerged d uring t he 2016 UK referendum on m emb ership of
the Euro pean Union, it indicated th at the n arrative of fear ha d acquired the stat us of co mmon sense.
The adop tion of a similar rheto ric by Do nald Tru m p and his rival Hillary Clinton during th e course
of the American Presidentia l Election a few months later co nfirmed that fear had ind eed beco m e a
project (2018: 2).
De hecho, Bauman (200 3) sostiene que seguridad y libertad son dos conceptos que no tienen
cabida juntos, pues para t ener uno hace f alta renun ciar al otro. Con esto, B auman ex pone que
uno de los objetivos de que los sere s hum anos vivan en comunidad es la búsq ueda de seguridad,
la defensa del individuo ante el exterior y, por t a nto, sentirse s eguros en el int erior. El autor
define que el término de “c omunidad” en sí se entiende como un lu gar seguro para el
crec imiento y desarrollo de los seres humanos, por lo que todo lo que esté fuera de ella se
reduce al calificativo de inseguro (Bauman, 2003). Goffman (1979) expli ca que el sujeto es
consciente de su entorno, de la sociedad en la qu e se desarrolla, lo cual provoca que, en el
momento que algo c ambie o él mismo sal ga de su entorno, le genera ala rma. Según Goffman,
los individuos, al estar en sociedad, se encuentran en unos “límites protectores” (1979: 284).
Una vez que el sujeto traspasa esos límites, la a larma e inse guridad se activan, aunque es
necesario mencionar que este sistema puede volv erse en contra del propio sujeto en algunas
ocasiones y circunstancias: “cuando un individu o se halla en presencia abierta de otros […]
forzosamente pasa a ser vulnerable a ellos en determinadas formas norma les” (1979: 299). No
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
86
obstante, para que este g r ado de seguridad exista, la libertad debe recortarse e, incluso,
eliminarse: “no podemos ser humanos sin seguridad y libe rtad; pero no po demos tener ambas
a la vez, y ambas en cantidades que consideremos plenamente satisfactoria s” ( Bauman, 2003:
12). De hecho, el autor pone diferentes ejemplos de cómo por la búsqueda de la seguridad se
limitan las libertades en la comunidad, como l as cámaras de seguridad, no hablar con extraños,
poner alarmas, etc.: “¿Quieres se guridad? Dame tu libertad, o al m enos un buen trozo de ella”
(2003: 10).
Pro m over la seguridad siempre exige el sacrificio de la libertad, en tanto que la liber tad sólo puede
ampliarse a expensas de la seguridad. Pero seguridad sin libertad equivale a esclavitud […] ;
mientras que la libertad sin seguridad equi vale a estar ab ando nado y perdid o (2003: 27).
No obstante, es n ecesario especificar que, a pesa r de que el suj eto sienta inseguridad, no quiere
decir que esta sea propo rcional y racional, ni tampoco que esté dirigida a un peligro real. Es
más, se trata de la mezcla de dos componentes que no se encuentran equilibrados: las
expectativas exacerbadas y la capacidad d el sujeto o la sociedad p ara protegerse (Korstanje,
2010).
Estar pro tegido [ …] implica estar amenazado ; a medida que la socied ad va alcanzando nuev as m etas
en la materia, o tras nuevas s urgen dando o rigen a riesgos que no habían sido tenidos en cue nta
plasmado en una esp ecie de aversión colecti va al ries go (2 010: 46).
Ante la incertidumbre, el riesgo, la inse guridad y la vulnerabilidad, la se guridad se convierte
en un bien preciado. De hecho, cuanto más se d ispara el ri esgo, o la s ensación de este, la
necesidad de protección aumenta (Korstanje, 201 0). Esta sit uación de inte nto de cálculo del
riesg o hace qu e el Estado pueda acudir a la promesa de otorgar se guridad (Beck, 2008). “Es
evidente que el mi edo a la inseguridad [ …] es uno de los leitmotiv de la sociedad
contemporánea” (Tizón, 2011: 235).
En particular los políticos, dado que tien en encomen dada la m isión de alejar peligro s, pueden verse
fácilmente ob ligados a proclamar el logro y el m ante nimien to d el estándar de se g uridad aunque tal
garantía sea i mposible […] . En el futuro, pues, dado el contexto de las promesas de seguridad del
Estado y de la avidez de catástro fes de los medio s de co municación, no será sencillo imp edir el
diabólico juego de po der con la histeria de l no -.saber . No me atrevo siquiera a pensar en los intentos
deliberad os de instrumentalizar dicha situació n (Beck, 2008: 85).
Por tanto, cuando la sociedad siente vulnerabilidad, uno de sus primeros pasos en busca de
protección es acudir al Estado, el cual no suele aportar una solución fácil y rápida, que es lo
que la sociedad busc a, sino que se recrea en comp lejos procesos, generando frustración en los
individuos (Korstanje, 2010).
2. MARCO TE ÓRICO
87
Safety is more highly valued than an y other co ndition in the culture of fear, acquiring t he statu s of
a m oral good that tr umps all o thers […] T he elevatio n of safet y into a m oral value is underp inned
by pr ecautionary id eals and a manifest intolera nce to wards u ncertainty and risk s ( Furedi, 2018: 207 -
210) .
La co nstante frustrac ión que si enten los individ uos en cuanto a este cr eciente sentimiento de “estar
protegido s” y la s carencias de un E stado ca da vez menos omnipresente, sugieren la idea de una
econo m ía del miedo o mejor dicho una econo mía de la protecció n (Korstanj e, 2 010: 47).
Recuperando el ejemplo de la c risis provocada por la COVID-19, e sta se caracterizó por ser el
Estado el encargado de d elimitar las directrice s a s eguir para frenar las cons ecuencias del virus
y el c ontagio. Korstanje (2010) ha ce u na reflex ión acerca del p apel del Esta do en esta so ciedad
del riesgo y cultura del miedo. Afirma que el Estado debe ser “la garantía de la paz, la
protección de sus ciudadanos y la estabilidad” (2010: 839). Sin embarg o, destaca que la
seguridad proporcionada por el Estado no tiene es e único fin, sino que, más bien, se guí a por
la identidad y dignidad del propio Estado: “ya sea por complejo de superioridad, o de
inferioridad, las conciencias nacionales se estrellan en búsqueda de se guridad, hasta el punto
de que el sentimiento llega a ser insoportable que incluso renuncian al propio ejercicio de la
libertad” (K orstanje, 201 0: 839).
“L os tres pilares de la so ciedad est án desgastados – el Estado, la ciencia y la economía fracasan
en la provisión de seguridad” (Beck, 2008: 75). Debido a la inseguridad se ha generado una
industria de la se guridad como herramienta para combatir el miedo, c reándose innumerables
dispositivos (Boscoboinik, 2016). De hecho, la autora conclu ye que: “la sensación de
inseguridad está foment ada por al gunos sectores p ara los cuales es rentable la promoción de un
nuevo nicho económico que desarrolla disposit ivos de seguridad” (2016: 131-132). Ante el
miedo se ha optado por el consumo de antídotos , herramie nt as, etc. par a el iminar o, al menos,
reducir ese miedo: “si las escatologías de redención son todavía útiles para algunos c re y e ntes,
el consumo se ha ido imponiendo como un antídoto mayor contr a el miedo y una forma de
dominarlo” (2016: 132).
El afán y la preocupac ión por la “seg uridad”, es deci r, el miedo a la inseguridad, ha adq uirido la
categoría de delirio social. En la más e stricta ac epción de l tér mino: se trata de u na ce rteza no
reductible por el r azonamiento [ …] La seguridad , ya sea eco nómica o po lítica, se ha co nver tido en
un impor tante arg umento de venta en toda suerte de estra tegias de marketing (Tizó n, 2011: 240 ).
La preocupación e inquietud de la sociedad actual por la búsqueda de la seguridad a toda costa
y el intento de evitación de cualquier cosa que haga tambalear su seguridad, hace que se genere
un ciclo y que la ansiedad, el estrés y el miedo invadan a los in dividuos y a las sociedades
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
88
(Ba um an, 2007). Por esto, y como exponía Boscoboinik (2016 ), Bauman (2007) ya
desarrolla ba la idea de que de la inseguridad, la i ncertidumbre y d el miedo se pueden sacar
beneficios económicos y, en la actualidad, está h aciéndose: “como si de efectivo líquido listo
para cu alquier inversión se tratara, el capital d el miedo puede ser tr ansformado en cualquier
forma de rentabilidad, ya sea comercial o política ” (2007: 185-186). Furedi especifica que:
“There are ver y few experiences, relationships, technolog ies or products that are
unambiguously estimated to be safe” (2018: 210):
Al tie mpo q ue la seguridad (pro tección) personal se ha co nvertido en un gran arg umento de venta
[…] en las estrategias de marketi ng de pro ductos de consum o, la tutela de « la le y y el or den » ,
reducida ca da vez más a u na mer a pro mesa de seguridad personal, se ha con vertido en un impo rtante
argumento de venta en los pr ogramas po líticos y las ca mpañas elector ales. Mie ntras, la exhibició n
de amen aza s a la seguridad personal ha p asado a ser un im porta nte ( quizás el más impo rtante)
recurso en las guerras de los medios de comunicación de m asas por los índices de audiencia, lo que
ha red undado aún más en el éxito de los usos comercial y político del miedo (B auman, 2007: 186).
Todo e sto va unido a la esperanza de a cabar con la inseguridad, la incertidumbre y la
vulnerabilidad, en d efinitiva, con el miedo: “el miedo va siempre unido a la esperanza de que
lo que se teme, no o curra y la esp eranza va unida al miedo de qu e aquello que se espera no
llegue” (Hurtado, 2015: 272). A veces se utiliza el término “futuro” como un sinónimo de
“esperanza” (Furedi, 2018). En la ex plicación que Boscoboinik (2016) hace de la esperanza
milenarista, no solo se opone al miedo, sino que se ofrece como solución. Según la autora la
espera nza milenarista se basa en la idea de vivir en un mundo mejo r, basándose en que el futuro
mejorará respecto a la sit uación actual gracias a la transformación que se debe hacer en el
presente, rompiéndo lo.
Sin e mbargo, c uando las gran des expectati vas de ca mbio no se realizan, c uando no se pro duce la
inversión del mundo de opri midos en un mundo en ar monía y sin miedos, la desilu sión p uede hacer
surgir nuevos m iedo s, que pueden co nvertirse en miedos soci ales, ac usadores, amenazando el tej ido
social (20 16: 13 1).
La esperanza es una forma de abordar el futuro incierto, de que la soc iedad se enfr ente a él sin
tanto miedo: “Nor are feelings of hope a direct resp onse to the opportunities available to people
in soc iet y . Hopeful attitudes towards the future are interlinked with the pos session of a s y stem
of meaning with which people can tackle the unknown” (Furedi, 2018: 105).
La e xistencia del mi edo en la cultura y la soci edad (c ultura del mie do y soc iedad de l riesgo) no
solo gene ra un ambiente de incertidumbre, inseguridad, vulnerabilidad, etc., sino también el
cambio en las id eas. Se trata de un cambio de cómo se ven y cómo v en el mundo los individuos,
un cambio cultural:
2. MARCO TE ÓRICO
89
The ascendanc y of t he fear perspective do es not only ha ve co nsequences f or the way societ y
appro aches uncertainty a nd the future. It al so influe nces behavio ur and ideas abo ut what it means
to be a person. Peop le are socialized into internalizi ng p recautionar y cultural att itudes, w hich
influence how they regard themselves a nd their p lace in the world (Furedi, 2018: 177).
Por otro lado, conc eptos como el de soc iedad de l riesg o o riesgo mu ndial, comenta dos
anteriormente, conllevan otras muchas consecuencias:
Ya q ue va u nido a todo un r epertor io de nuevos ima ginarios, t e m ores, an gustias, esp eranzas, nor m as
de comportamiento y co nflictos de fe. El miedo tiene un ef ecto indirecto esp ecialmente fatal: las
personas o grupos q ue resultan (o son considerad as) “personas de riesgo” o “grupos de riesgo”
pasan por no -personas y sus derechos fundamenta les son a menazados: el ries go d ivid e, segrega y
estigmatiza ( Beck, 2008: 36).
En relación con la se greg ación y la estigmatización, los miedos colectivos o miedos sociales
provocan buscar en lo más profundo de la sociedad y, como solución, suele acudirse a la
incriminación, a la necesidad de encontrar al culpa ble para castigarlo (Boscoboinik, 2016). “El
ajeno, el diferente, el extranjer o, fue un fenómeno que se dio d esde los tiempos más remotos,
en un principio er a considerado como un poten cial enemigo y fuera de su clan o tribu, su
supervivencia era mu y aciaga” (Falcón, 2008: 4). Un ejemplo de esto lo expone Tizón (2011),
pues afirma qu e gran p arte del Derecho Penal está basado en la emoción del miedo, usando la
amenaza como vía para evitar y castigar ciertas conductas.
En toda sociedad y tod a cul tura existen normas represor as, ca stigadoras, infundidor as de miedo, e
instituciones para as ustar, castigar, r epri m ir: las “fuerzas de o rden público son in stituciones sociales
creadas par a asustar a los que inte nten alter arlo, co mo lo son la s cár celes y, p ara muchos y en
muchos mo mentos de la historia, los ej ércitos (T izón, 2011 : 210).
El filósofo y psicólo go Michel Fou cault (2001) profundiza en la vi gilancia y el casti go en el
propio funcionamiento de la prisión. El autor explica que las medidas judiciales que conforman
el tratamiento carcelario a los prisioneros se realiza no como infracc ión por el delito, sino como
una form a de controlar al individuo, el cual es aparentemente peli groso pa ra la sociedad y va
en contra de las le y es a ceptadas por la mas a. De hecho, expone Fouca ult (2001) que no se tra ta
solo de controlarlo, sino de intentar anular o, al menos, apaciguar esa peligrosidad que envuelve
al individuo. De hecho, e ste autor desarrolla cómo el concepto de “peligrosidad” era, y es, de
gran relevancia ante un juicio. Es una forma de señalar al diferente, a lo “anormal” como
ge nerador de miedo e inseguridad, así como fuente de peligrosidad, reflejad o esto en la historia
del derecho y su desarrollo.
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
96
to continue to m ap co nceptually the my riad symbolic connections we ar e able to m ake between our
everyday lives, p opular culture, information technolo gy, and news of the da y (2 017 : 25).
Al crear las representaciones de la realidad que ex plica Castillo -Moro (2016), se deduce qu e
los medios de comunicación crean una realidad específica que lue go difunden. En palabras de
Luhmann (2000), “ produ cen y reproduc en un conocimiento del mundo” (2000: 112).
Una pre misa ese ncial, referid a a cuestiones ta nto sociales co mo culturales, es que lo s medios de
comunicación se ded ican principal mente a la pr oducción y d istribució n de co nocimiento , en el
sentido m ás a m p lio d e la palab ra. Este conocimiento nos capacita para encontrar sentido a nuestra
experiencia d el mundo so cial […] La i nfor m ació n, i mágenes e idea s suministradas po r lo s media
pueden ser, para mucha ge nte, la fuente pr incipal de conciencia de un tie m po pasado común
(historia) y de su posición soci al actual. T am bién son un alm acén de recuerdos y así mismo pueden
proporcio nar materiales de o rientación de ca ra al futuro [ …] l os m ed ios de comunicación
constituyen en gra n medida una realidad y u na nor malidad sociales p ara una vida p úb lica y social
común y son una fuente esenc ial de estándares, modelos y n ormas (McQuail, 200 0: 116).
L a id ea de que los mass me dia son c ons tr ucto res de rea lida d es apoy ada por Char au deu (20 03),
e l cua l con side ra a los medi os co mo cre ado re s de pe rs pec tiva s c on cre tas sobr e el mun do . De
he cho , el au tor expo ne que otr as cap ac ida des de los me di os, como ser vir de e nl ac e en tre la
so cie dad y el mu ndo, as í com o la di fu sió n, ta mpoc o pue den e nte nder se ni con side rar se obj eti vas :
Los med ios no tran smiten lo que ocurre en la realidad social, sino que imponen lo que construyen
del espacio p úblico . La inf ormación es ese ncialmente una cuestió n de lenguaje, y el lenguaje no es
transparente; prese nta su pro pia op acidad mediante la cual se co nstruye una visión y un sentido
particular d el mundo [...] construye una visión par cializada d e ese espacio público (2 003: 15).
Luhmann ( 2002) refuerza este planteamiento, ma nifestando que: “lo que e stos medios aportan
es una construcción de l a realidad soci al” (2000: 147). Esto hace que los medios de masas
formen una triada de acciones que les llevan a ofrecer a su a udiencia una perspectiva concreta:
“L os medios en sí son portavoces, son referentes y son ex presión relativa de lo que ocurre en
la sociedad, a la que extienden informaciones y, e n consecuencias, su prop ia visión y control
social” (González Radío, 2005: 80 -81). Asimismo, existe la idea de que los medios enseñan a
la sociedad ciertas fo rmas de comportamiento, co nductas, sobre circunstan cias o situaciones
que no han vivido todavía. Esta idea, que define una de las funciones de los mass media , es
denominada “hipóte sis d e la socialización”, acerca de la c ual McQuail (2000) afirma:
Los med ia puede n ense ñar normas y valo res m edia nte rec ompensas y castigos si mbólico s para
distintos tipo s de conducta s r epresentadas en los med ia . Otro enfoque recalca que se tr ata de un
proce so de aprendizaj e mediante el cua l todo s aprende mos a co mportarnos e n determinadas
situaciones, as í co mo las expectativas asociadas a un papel o categoría dados en la sociedad. Así
pues, los med ia están ofreciendo continu ame nte i mágenes de la vida y m o de los de
comportamientos, adelantándo se a la experiencia r eal (200 0: 541).
2. MARCO T EÓRICO
97
Por su parte, Castill o Moro (2016) d estaca la im portancia d el concepto de “actualidad”, pue s
es la pal abra que utilizan los medios de comunicación para d esignar aquello que sele ccionan y
que, por ende, recibe c ierta prioridad p ara su difusión. El autor manifi esta que esta selección y
designación que realizan los medios con los diferentes sucesos, ex perienc ias, etc., ayudan a la
creación de la realidad:
Los medios d e co m unicac ión juega n un papel muy i m porta nte en este p roceso. La actualidad es lo
que sucede e n u n momento, pero es lo que sucede en los medio s por que, quitando lo q ue está a
nuestro alcance inmediato, el resto es fr uto de sus pro yecciones, las que n os per m iten ver lo que no
vemos (20 16: 310 -311).
Por lo tanto, el concepto de novedad y /o el de actualidad son mu y importantes para e ntender la
parcialidad de la realidad que ofrecen los mass media : “La actualidad represe ntada en televisión
viene desgajada de su conexión legal con la realidad y s e la revaloriza en un plano de ex istencia
diferente, esto es, dánd ole un significado, una intencionalidad más o menos ex plicitada”
(Vilches, 1989: 82). De hecho, la selección de novedades o hechos de actualidad es
imprescindible si se entiende que: “lo que no se cuenta no ex iste; o, más modestamente, sus
posibilidades de formar parte de la realidad percibida son mínimas” (Noelle -Neumann, 1995:
197). Además de la nove dad y la actualidad, Noelle -Neumann (1995) expresa la im portancia
d el “consenso” a la hora de elegir aquellos sucesos que serán difundidos a través de los medios
de comunicación de masas, pues su repetición en diferentes pro gramas, cadenas o frecuencias
dará más c redibilidad, creando lo que la autora define como “consenso de informaciones”:
“Como todos los period istas aplican casi las mismas reglas de selecció n, crean un ci erto
consenso en sus in formaciones, lo que supon e una confirmación para el público” (No elle -
Neumann, 1995: 194). Esta confirmación para la audiencia a y u da a l a construcc ión de la
realidad, a portando una may or veracidad hacia las noticias o la información que los mass media
están difundiendo.
Asimismo, los medios de comunic ación de masas se adentran en los asu ntos públi cos más
importantes de una sociedad. De hecho, se trata de una relac ión bidireccional, pues estos
asuntos también nece sitan de los medios. Como ex plica McQuail (2000):
Los aspecto s más fundamentales de la socied ad — aquellos que concierne n al repar to y al ejercicio
del poder, a la gestión d e los problemas y a los procesos de i ntegración y ca m bio — se centran en la
comunicación, y en par ticular, en los mensajes trans mitidos po r los m edia […] en forma de
información, opinio nes, relatos o entreteni mientos (20 00: 28).
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
98
Esta im portante selección se da por diferentes razones, entre ellas la capacidad de los medios
de comunicación de masas de conducir las percepciones de los rece ptores ha cia unas temáticas
y opiniones espe cíficas, pues son aquellos quienes deciden qué es lo rel evante como para que
apare zcan en sus reportajes, noti cias o programas. De h echo, tal y como e xplican D’Adamo,
García Beaudoux y Freidenberg (2007), esta fun ción de selección d e los mass media recae
sobre ci ertas p ersonas o grupos, los cuales, normalmente, tienen unas intenciones e intereses
específic os:
Dentro de las explicaciones ed ificadas con la intenció n de co mprender los cambios so ciales y
culturales, los medios constitu yen u na di mensión que no es po sible obviar: guían las percep ciones
hacia d eterminados ob jetos del a mbiente , hacen se ntir a la s personas p artícipes e implic adas e n
ciertos aco ntecimientos. Al mismo tiempo , los co rpus o siste mas de mensaj es de lo s mass media
ocultan o desatiende n otros aspectos y pro blemas de ese mismo a mbiente social q ue suceden
contemporánea mente a las cuestiones destacadas. En ese sentido, resulta útil rescatar la con cepción
de los medios co m o gate keep ers o po rteros , tér m ino acuñado inicialmente por Kurt Le w in, e n
referencia a que e l flujo de información que d iscurre a tr avés de lo s canales p uede verse ce nsurado
merced al proceder y las decisio nes de personas o g rupos qu e llevan a ca bo funciones de vigilancia
o control, obstruyendo o facilitando la corr iente de la información ( 2 007 : 12).
Reig (2004) r efuerza la i dea de que los medios so n selec cionadores d e noti cias y sucesos que,
al fin y al cabo, conllevan diferentes tr atamientos mediáticos a la hora de l a difusión, lo cual,
según el a utor, provo ca la c onstrucción d e una realidad e n los receptores. No obstante, R eig v a
más allá y expone la nec esidad que tiene el “Poder” – refiriéndose con este concepto a los
grupos de p ersonas que dirigen la sociedad – d e t ener una complicidad con los mass m edia ,
pues son necesarios para el desarrollo de sus actividades y pa ra seguir manteniendo sus
posiciones: “ Toda estructura de Poder precisa de un discurso, de uno s mensajes, que l a
consoliden. La mi sión de l Poder es no dej ar de serlo. P ara ello, el concurs o y la complicidad
mediáticas son im prescindibles” (2004: 125). Al considerarlos como impre scindibles, afir ma
que se hace “necesario controlar los flujos de informa ción para construir o tratar de construir
una realidad” (2004: 133). Esta función mediática puede ve rse, po r ej emplo, en el contexto del
capitalismo contemporá neo:
Los medios de comunicación, en la e ra de la globalización, se han convertido hasta tal punto e n
altavoces y d ifusores del p ensa m iento único, q ue refuerza n aún más la idea de que no cabe otro
mundo posible fuera d el enfoque capitalista de la globalización. Los medios ejercen una función
decisiva e n el plano econó mico, en el p olítico y, ad emás, en el terre no cult ural ( Aparici, Díaz y
Tucho, 2 007: 16).
2. MARCO T EÓRICO
99
Es importante saber que “ Los medios de mas as garantiz an a todos los sistemas funcional es una
aceptación social amplia, y a los individuos les g a rantizan un presente conocido, del c ual
pueden partir para seleccionar un pasado e specí fico o expectativas futuras refe ridas a los
sistemas” (Luhmann, 200 0: 141 -142). Esto convierte a los medios en interes antes herramientas
para c iertas personalidades, i nstituciones, organizaciones, etc. En palabras de Saperas:
Aquellos [sector es sociales] que se sit úan más cerca nos al c ontrol político disponen de un número
más elevado d e institucio nes d edicad as a la reco gida, trata miento y distribución de la in formación,
con lo que ejer cen un contro l social estratégicamente muy relevante: aquellos secto res que
participan de la gestión del p oder disponen de mecanismos especializad os en el control de la
información. C uanto más c ompleja es la socied ad may or necesidad existe de controlar la
supervisión y la d istribución de información (198 7: 128 -129).
Esto ha provocado qu e los periodistas y comunicadores acaben trabaj ando para aquellas
instituciones y grupos en que reside el poder y , po r ende, realizando su profesión en direcc ión
hacia c i ertos interese s, y a sean económicos, sociales o políticos:
El informador se ha co nvertido, progresivamente, en un «communication specialist » que actúa al
servicio d e d eterminadas i nstituciones o d e d etermin ados interese s so ciales, in tegrándose en el
organigra m a de instituciones cada vez m ás co mplejas y alej adas d e las empresas per iodística s
tradicionales (1 987: 129 ).
La relación entr e el pod er y los medios de comunicación es compleja, y habría que adentrarse
profundamente en ella pa ra tener un a visión amplia de esta temática. Aunq ue esta relación no
es materia p rimordial para nuestro estudio, es necesario mencionarla, pues dicha r elación
provoca una dicotomía entre la realidad de los hechos y la realida d que cuentan los mass media .
Esta re alidad es e l fr uto de la convivencia entr e los sujetos, los medios de comunicac ión y , por
supuesto, el poder: “ La realidad real y la realidad contada aparecen como escenario y
panorámica al individuo y a los grupos sociales, que refuerzan las nuevas condiciones d e la
coexistencia del individuo, de la pre nsa y del poder” (G onzález Radío, 2005: 143).
Esto lleva a la conexión ex istente entre el ámbito político y los medios de comunicación de
masas, c omo afirmaban Aparic i, Díaz y Tuch o (2007). De hecho, si los medios de
comunicación d e masas están al servicio del pod er, y este (el poder) a su vez se sustenta en
ciertas ideolo gías políti cas, las ideologí as se c onvierten en factores i mportantes para la
construcción de l a realidad por part e de los medi os. Esto provoca qu e se encuentren, como
señala González Radío (2005), medios favorables a diferentes ideologías e ideas políticas:
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
100
Hay medios co n una identida d específica en lo político y en lo social, así ha y d e derec has y de
izquierdas, r epublicanos o monárquicos, laico s o confesionales y, aunque tod os tratan d e lo
noticiable de cada día dentro de los marcos de la objeti vidad y p rofesionalidad, se registra n
diferencias que se co nvierte n en adhesiones (20 05: 144) .
No obstante, estudios como el de McQuail (2000) afirman que son los partidos de “derechas”
aquellos que reciben más apo y o por parte de los mass media . Esto supone u n dato interesante,
e im portante, para conoc er en función de qué se crea la realidad que difu nden los medios de
comunicación. En todo caso, González R adío (2005) y M cQuail (2000) coinciden en que se
pueden observar las diferencias exist entes entre unos medios u otros a través de la variable
ideológica, a pesar de qu e cuenten un mismo incidente, suceso o sit uación. No es casualidad
que, debido a todo esto, el poder defina y defienda, como tónica general, a los medios de masas,
concediéndoles atenc ión e interés social e institucional:
Los med ia son tanto un producto como un reflejo de la histor ia de su sociedad , en cu ya
configuración ha n intervenido […] lo s media son, en virtud d e sus o rígenes, pr ácticas y
convenciones, instituciones mu y nacio nales y resp onde n a p resiones i nteriores sociales y políticas
y a las expec tativas de sus p úblico s. Reflejan, expresan y , a v eces, s ir ven diligenteme nte al « inter és
nacional » , tal co mo lo definen o tras instancias e institucio nes más po deroso s (McQuail, 2 000: 19 5).
De hecho, son los medios de comunicación, al crear esa re alidad, los que determinan ciertos
aspectos de la vid a de los receptores, siempre al se rvicio de sus propios beneficios o éxitos:
Puede ser que los medios de comunicación de masas sea n los que co nstruyen la forma en q ue se
obtiene el éxito social, o los que d eterminan las opciones id eológicas, o los q ue garantizan el estatus
quo d e la sociedad (y esto aun cuando tienen una inc linaci ón casi adictiva a las novedades) o, en
último término, los que atie nden a su propio éxito económ ico. Lo medios de comunicación
construyen s u pro pia credibilidad, pero al mismo tie mpo cavan su pr opia tumba, pue sto que se
deconstruyen a s í mismos con la rep roducción de su prop ia producción (Luhma nn, 2000: 60).
En la construcción mediática de la realidad, el factor del entretenimiento también juega un rol
importante. “ L os medios de comunicación acaparan la may or pa rte de las activid ades de ocio
y entretenimiento. Asimismo, también contribuy e n a organizar y a r elacionar los otros tipos de
ocio” (McQuail, 2000: 2 8). De h echo, el miedo s e ha convertido en parte del entretenimiento,
llega ndo a ser definido como un elemento b ásico de la c ult ura de m asas (Altheide, 2017).
Además, cobra especial importancia los formatos de entre tenimiento a la hora de presentar los
problemas sociales:
Changes i n in formation tech nolo gy and co mmunication formats have influenced the way we t hink
about social problems and issues. T he entertainment for mat o f news is ke y to the rise of the p roble m
frame […] T he news media’s use of formats treating co mplex eve nts as pro ble m s is quite c onsistent
with entertain ment (Altheide, 2 017: 45) .
2. MARCO TE ÓRICO
101
Así, el autor afirma que el fac tor del miedo es indispensable para delimitar lo que se considera
como buen entre tenimiento:
It is not ea s y to ma ke people afraid . The w ord fear sho ws up in a lot of ne ws repor ts and p opular
culture. I d o not think t hat this is par t of a natural general tr end, nor do I think that it i s an accident
or inconseq uential. Fear is the ground w or k for the emer gence o f victi mization and th e victim
identity t hat is no w quite co mmonplace. M y arg ument is that fear has bee n trans formed b y a n
entertainment -oriented popula r culture, including news orga nizations as well as p ublic a gencies and
officials who have a stake in fear and who serve as news so urces for the insatiabl e news -
programming market for en ter tainment. And it is fear that makes for good entertainment ( Altheide,
2017: 59).
En este sentido, resulta relevante mencionar al re ceptor. McQuail (2000) r eflexiona acerca d e
por qué tienen los medio s una gran importan cia para los diferentes grupos sociales. De hecho,
el autor afirma que “los mass media son una herra mienta de influ encia y control de la socied ad,
tanto por su capacidad de difusión de informa ción, esencial para las insti tuciones sociales,
como por su funcionamiento, pues forman parte de la sociedad” (200 0: 28). Asimismo,
atendiendo a su capacidad de construcción de la realidad y su vínculo con la sociedad, McQuail
(2000) entiende a los medios como “Una fuente i mportante de definiciones e imágenes de la
realidad soc ial” (2000: 2 8).
El receptor adquiere una gran relevancia en la ac ción constructora de la realidad por parte de
los medios de c omunicación de masas. Los re c eptores, una audien cia masiva, reciben ingentes
cantidades de información y pueden p arecer, a si mple vist a, actores pasiv os del intercambio
comunicativo. Sin embargo, y a p esar de qu e los medios hagan lle gar a los receptores sus
mensajes e informaciones, es el receptor quien tiene que hacer un ejercicio de int erpretac ión.
En este punto se puede deducir que los medios de comuni cación son constru ctores de su propia
realidad, pero también lo s receptores generan una realidad partiendo de la ofrecida por los mass
media , aunque no exclusivamente , como y a aventuraba Luhmann:
También se puede hablar [...] de lo que es la r ealidad para los medios de co municación, es decir, lo
que aparece como rea lidad para ellos, o aquello que los otros tienen p or realidad porque lo han
tomado d e los med ios de comunica ción. E n terminología kantiana: lo s m edios d e ma sas crea n una
ilusión trascendental. Entendiéndolo de esta manera, el quehacer de los media y a no se verá
simplemente co mo sec uencia d e operaciones , sino co mo se cuencia d e o bservacion es . O to davía
con más exactitud: sec uencia d e oper aciones que observan ( 2000 : 6).
Uno de los factore s esenciales pa ra la a ctuación de los medios de comunicación de masas es la
distancia existente entre el emisor (los propios medios) y el receptor (la
audiencia/e spectadores). La distancia entre unos y otros fomenta la ausencia de int eracción,
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
102
pues la comunicación de los medios de masas trad icionales es unidireccional, ante lo cual los
rece ptores tienden a la o bservación y a la interpretación, pero no pueden adoptar el rol de
emisor. De hecho, esto es en sí mismo una cualidad de los mass media :
En todo ca so lo decisivo está en esto: en tre el emisor y el receptor n o debe haber interacción entre
presentes . L a interacción q uedar á excluida p or el intercala miento de la técnica y esto acarrea
consecuencias muy a mplias para d efinir el co ncepto de medio s d e comunicación de masas. Es
evidente que puede haber excepcio nes r especto a esta inter acción en los medios infor mativos,
aunque siempre se las con sidera co m o e scenificaciones cua ndo d icha interacción se lle va a efecto,
nunca se trata d e i nteracció n e ntre todo s los participantes [ … ] Mediante el ro mpimiento d el contacto
inmediato, se aseguran alto s grados d e co municación. Gra cias a este ro mpimiento, se pro ducen
excedentes de comunicación que sólo se controlan en el interior del sistema media nt e
autoorganizació n y mediante una constr ucción pro pia de la realidad (Luhmann, 2000 : 3 -4).
A pesar de que exist e una distancia entre re ceptores y emisores, los medios de masas se pueden
entender como intermediarios entre las personas y la r ealidad, llega ndo a (re)construir esta
última. Esto supone, como ex plica McQuail (2000), que los medios crean sim bolismo en la
mente de los receptores, pues les hacen llegar ex periencias del mundo que ni siquiera han
vivido e, incluso, ni siquiera se podían ima ginar que existían:
El aspecto q ue cabe destaca r aquí es el gra do en q ue los distint os m edios de co m unicac ión han
llegad o a interp onerse entre no sotros y cualquie r expe riencia del mu ndo, más all á de la obse rvación
directa del m undo. También proporc ionan el con tact o m ás c ontinuo c o n las prin cipales insti tucion es
de la socieda d en que vivim os […] dependem o s mu cho de los medios d e comun icación para elaborar
gran parte de nues tro « entorno sim bólico» (las im ágenes q ue l levam os en l a cabeza ) , por m u cho que
seam os capaces de configu rar nuestra propia vers ión persona l. Los m edia fo rjan los elementos que
tenem os en co mú n c o n l o s dem ás, pues to que tendem os a comparti r m uchas d e las m ismas fuentes y
la mism a « cultura m ediática» . Sin algún nivel d e percepció n compa rtida de la realid ad, fu e ra cual
fuera se orig en, n o pue de ha ber una verda d era vida s ocial o rganiza d a (2000: 116).
Es interesante e l análisis que rea lizan McCombs y Rey nolds (2002) sobre cómo los medios de
comunicación son consi derados como fuentes d e información, sobre todo , sobr e temas a los
que los receptores no tienen acceso y, además, so bre ex periencias no vivid as como expli caba
McQuail (2000). Por lo tanto, se puede divi dir en dos escenarios, como afirman McCombs y
Reynolds (200 2):
The news media ar e not t he o nl y so urce of in for m atio n o r orientation to issues o f p ublic c oncern.
issues ca n be arr ayed a long a continu um r anging fro m ob trusive (t hose i ssues that we ex perience
personall y ) to un obtrusive (those issues th at we experience personally) to unobtrusive (those issu es
that we kno w about only throu gh the media).
For example, p eople do not n eed the mass media to alert them to many aspects of the e cono my.
Personal experience usually i nfor m s p eople abo ut p ricing patterns at Christmas o r about rising gas
prices. T hese are obtrusive f eatures of the econo my. Other economic issue s, ho w ever, ar e not
experienced per sonally. T ypically, the m ass m edia infor m us abo ut natio nal trade d eficits o r
2. MARCO T EÓRICO
103
balancing t he national budget. T here ar e unobtrusive issues, which we enco unter only in t he new s
and not in our dail y lives. So m e iss ues can be bo th o btrusive and unob trusive, depending on
individual circu mstances. U nemplo yed is a good exa mple. People w ho have never faced
unemployment a s a reality w ould vie w t he i ssue as unobtrusi ve. but for workers wh o h ave been lai d
off or for an yone w h o h as filed an unemplo yment clai m, the issue is obtrusive. T heir understanding
of unemployment i s firsthand (20 02: 8).
No obstante, McQu ail ( 2000) va más allá, y n o interpreta esta r elación entre emisor es y
rece ptores como un a mediación o un flujo de int ercambio con la realidad, sino que, según el
autor, puede int erpre t arse de múltip les formas dependiendo de la finalida d, la interactividad, la
eficacia, etc. De h echo, en su obra la compara con “una ventana”, “u n espej o” (aunqu e
distorsionado), “un filtro o vigilante” , “una barrera”, etc. (2000: 117).
Peña Lara (2013) especif ica que un ítem mu y importante en la comunicación de masas fue la
creación de la televisión, tanto por su influencia como por su forma de consumo: la audiencia
puede “consumir” televisión sin moverse de casa, se pueden enterar de lo que pasa en cada
parte del mundo (nivel local, nacional e internacional). Esto conlleva que no se necesite
contacto entre person as, creando una separación ma y or: “no se n ecesita el contacto con otros
para de batir asuntos, pues todo viene dado por la tele, listo para servir” (2013: 17).
Los mensajes de los m edios de co m unicació n de m asa no van dirigidos a nadie e n par ticular y e xist e
una distancia física y casi i nsalvable e ntre e misores y rece ptores. Esto lo consolida la d if erencia
social, ya q ue e l emisor suele gozar de más p restigio, pod er, recursos, pericia y autor idad que el
recepto r [ …] El recep tor mediático for ma parte de una gran audie ncia global per o tiene po co o
ningún contacto con sus co mpañeros de audiencia y escaso co nocimiento o conciencia de quiénes
son. La co municación d e m a sas i mplica a menudo un co ntacto en tre un e misor y nu merosos
recepto res y tiene un potenc ial de i mpacto inmediato y uniforme del q ue las ot r as for mas de
comunicación carece n (McQuail, 2000 : 77).
La recepción mediátic a, en cualquier c aso, no puede considerarse un fenómeno completamente
pasivo. L os mass media no serían capaces de generar informaciones individualizadas buscando
una ratio tan grande de recepción, por esto las inf ormaciones son despersonaliz adas, dándole
al receptor la oportunidad de tomar la d ecisión de aquello que quiere o no quiere recibir y/o
consumir. Los miedos de comunicación de masas “no pueden hacer justicia a la exigencia de
que la comunicación se ajuste a cada individuo en particular . De ahí que cada participante teng a
la posibilidad de tomar, de la oferta comunicativa , lo que le convie ne, o lo que cree que necesita
saber e n su m edio” (Luhmann, 2000: 4).
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
104
Por otro lado, la fi gura d el receptor se pu ede analiz ar desde el punto de vista de l consumidor,
es decir, los medios de comuni cación de m asas ofrecen un produ cto (sus n oticias, programa s,
entre otros) que quie ren que sean vistos, escuchados, etc. En definitiva, pr oductos mediáticos
que quieren que sean consumidos. Est o implica que haya cier ta adaptación a los gustos y a las
perspec tivas e historias que resultan interesantes a los propios receptores. E sto se debe, según
McQuail, a que hay otros factore s que intervienen y qu e atrae n a los receptores a la hora de
consumir ciertos tipos de noticias, formatos, prog ramas y /o contenidos. Por lo tanto, los medios
de comunicación prese ntan las informaciones respecto a estos pareceres de los espectadores:
el si mple hecho de que los m edia estén nor malmente o rientado s hacia los intereses de sus a ud iencias
como « co nsu midores» de info rmación y programas de entretenimiento baste para ex plicar la
mayoría d e los [ …] indicios d e distorsión de la realidad. Está claro q ue las audiencias ap recian
muchas otr as cosas inco mpatibles con el r eflejo de la realidad, en par ticular la ficció n, la fantasía,
lo inusual y lo rar o, los mitos, la nostal gia y la diversión (2 0 00: 393) .
Según Gonzá lez Ra dío (2005) , al gene rar c onten idos que sea n atrac tivos para los rece ptore s, s e
hacen estud ios acerca de los mism os, por lo que conocer lo que los mas s media ofertan es
conocer , has ta c iert o punto , a lo s e spectad ores. Esto gene ra infor macion es muy valiosas e
intere sante s para a lguno s gru pos: “La s relaci ones soc iales, las relac iones de poder y las
relaci ones privada s enc ue ntran en los medio s de comunica c ión la materi a y la for ma, los
conte nido s y los tratam iento s de lo que e s el saber social q ue y a a parec e codific ado” ( 2005: 86).
Aparici, Díez y Tucho ( 2007) explican que cuando ex isten sucesos a niv el mundial o con
repercusión amplia siempre se pone en tel a de j uicio la actividad manipuladora de los medios
de comunicac ión de ma sas, avivando este debat e. P recisame nte, este de bate acerca de la
manipulación tuvo un punto histórico crítico, el 11-S, que ya se ha menci onado en epígrafes
anteriore s y que, por la relevancia de los suc esos, se guirá siendo un hit o importante a lo largo
de esta tesis doctoral:
An te a c on te c imie nt o s mu nd ia l es d e es pe ci a l r e le va nc ia — lo s a te nt a do s d e l 11 -S y d e l 11 -M , l as
gue r ra s de Af ga n is tá n y d e I ra k — se r ea vi va el d e ba te so cia l en to r no al p ap e l d e los me d io s d e
co mu ni ca c ió n en la so c i ed ad y s u ca p a ci da d d e man ip ul a r la r e al id a d ( Ap ar i c i, D í e z y T u ch o ,
2 00 7 : 1 1) .
No obstante, la manipulación que ejercen los medios no es desconocida por la audiencia. De
hecho, según Luhmann, es incluso consentida: “sabemos tanto g racias a los medios de
comunicación de masas que no podemos confiarnos a dicha fuente. N os defe nd emos con
decisión anteponiendo la sospecha de que manipulan. S in embargo, este recelo no produc e
consecue ncias notables” (2000: 1). Esto no p resupone, en todo caso, qu e la manipulac ión de la
2. MARCO T EÓRICO
105
realidad por parte de los medios de comunicación de masas no sea un debate social, o que se
ignore n completamente e stos hechos:
Cuando miramos u n in formativo an te la pantalla televisi va sab emos que aunque las cá mar as y lo s
micrófonos pudieran represen tar las cosas co m o so n (al go q ue las teo rías d e la rep resentació n
fotográfica y cinematográ fica se ha n encargado d e desmentir d esde el d escubrimiento de la
artificialidad de la visión re nacentista en adela nte), éstas son co mo ap arecen porq ue alguien ha
querido q ue ocurrieran así (Vilches, 19 89: 1 6).
Respecto a las últ imas palabras de Vilches, es relevante mencionar la importancia de las
técnicas audiovisuales para la construcción de la realidad por parte de los medios de
comunicación de masas:
Los per iodistas d e televisión t ransmiten sus percep ciones a los televidentes mediante la s imágene s
y el so nido […] Estudios […] han confir mado d efinitivamente la influ encia ej er cida por las técnicas
de film ació n y montaje sobre las co ncepciones de la realidad de los televidentes (Noelle -Neumann,
1995: 213-216) .
En cuanto a las características de la realidad construida mediáticamente, Alt heide ex plica que
aquellos contenidos producidos y difundidos por los mass media crean, c onstantemente,
símbolos, perspectivas, e xperiencias, etc. que i nflu y en en el rece ptor y qu e, en muchas
ocasiones tiene ap ariencia de ser verd adera p ero que, en realidad, n ada ti ene que ver con l a
verac idad:
Social narratives reflect social order and communication pr ocesses […] P rior to the mass media’ s
routine acceptance in e veryday li fe, narra ti ves r eflected other cultural e xperiences a nd meanings.
Although the y may not ha ve bee n “ acc urate ” or “objectivel y true”, the y were a pretty good
indication o f the experiences and perspectives of the p eople tellin g the stories. T hings are differen t
today. No w narratives r eflect mass media account s […] Many o f the se narrati ves about cr i m e and
fear ar e b elievable because they “sou nd and loo k right”, b ut they are reall y false, simply i ncorrect,
often created and d istorted by ne ws sources (Altheide, 2017 : 11).
Por lo tanto, existe lo que se denomina “tendenciosidad” en la a ctuación de lo s media . McQuail
afirma qu e “la t endenciosidad se suele referir p rincipalmente a l a distorsión de la realidad”
(2000: 390), si bien e xpli ca que ha y diferentes tipologías de tend enciosidad en las
informaciones y sucesos que hacen llegar los medios a sus audiencias, sin que puedan
clasificarse c omo ideología o propag anda, incluso, de mentira o fa lsedades. Ante esto, McQuail
(2000) presenta idea s ge nerales sobre la tendenciosidad mediática:
Los sucesos y noti cias periodísticos otorgan un sit io sobrevalorado y desp roporcionado
a los grupos que se encuentran en la “cima” social, otorgá ndoles la c ualidad de fuentes a
sus opiniones, ideas, etc.
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
112
Por su parte, Altheid e ex pone que los medios de comunicación de masa s difunden ciertos
“problemas” , creando as í un “marco de problemas”. Este últim o se pued e entender como e l
marco de temáticas específicas vinculadas al miedo. Sin embargo, el autor ex plica que e l miedo
también puede ser transversal a la temática y perd urar e n el tiempo:
There is another d im en sion of fear in ne ws rep orts. Fear is usuall y associated with spec ific problems
that have bee n processed through t he proble m frame and en tertainment per spective. If the pro blem
frame is rele vant in news cover age, then w e might expect that a key s ymbolic part ( e.g., fear ) w ould
become associated with topic o ver time, but a lso that it m ay move or travel fro m one topic to another
(2017: 5 7).
El autor incide numeros as veces en la versatili dad del mi edo y su capacidad de adaptarse a
diferentes temáticas, formatos, etc. a través de los medios de comunicación. Por esto, se habla
de “discurso del miedo”:
The rise of a disco urse of fear is due to it s taken-for-gran ted relevance as a n ap prop riate feature o f
the e ffective environme nt. W h ile fear is di fferent fro m t he sp ecific to pics with which it is associated
(e.g., cri m e), I s uggest that t he e xpanded and p ervasive f eatures o f the word fear acro ss new s
sections il lustrates a m ore pr ofound acce ptance of fear into everyday disco urse t hat transcends
specific topics. Fear is more expans ive a nd per vasive than c rime, altho ugh the for m er can clearl y
include the latter [ …] While crime and violence ar e part of the fear story, there is more to it. For
example, t he co nstant co upling of cri m e and o ther aspec ts of urban li ving with fear have prod uced
a unique perspective abo ut our effective enviro nment. W hile cri m e is certainl y so mething to be
concerned ab out, as is any potentially dan gerous situatio n, the danger, per se, does not make o ne
fearful, j ust cautions. Fear is not a thing but a character istic attitude pertai ning to danger, fear is
multifaceted in its ac tual use in po pular culture, espec ially the news m edia (2 017: 6 2 -63).
De hecho, Altheide (2017) explica que la forma d e vincular una temática con la emoción del
miedo se debe a un proce so; no se trata d e algo es pontáneo o su cedáneo d e una tem ática, y es
por eso que se pu ede vincular con di ferentes temas. En e ste proceso, los medios de
comunicación de masas tienen una gran importancia:
Topics beco m e as sociated with fear through a p rocess. P roblems (and associate d ter ms) have a
“meaning ca reer”, often b eginning as somethin g that i s deviant or immoral a nd later b eco m ing more
accepted -although not nece ssaril y d esirable. This occ urs in p art through public co mmunication and
includes the j ournalists wh o write about such topics, as w e ll as the sources who suppl y t hem with
information and understa nding […] We co mmunica te differentl y about thing as they beco me more
familiar because taken -for-granted notions incorpo rate wh at is obvious. For exam ple, whe n reports
routinely str ess suf fering and ma yhem, fear beco mes i ncorpo rated into the mea ning: Si gnifier and
signified are essentiall y j oined and taken for granted. I this m an ner, I argue that a clear indication
of public familiarity with a top ic, as w ell as ho w it h as move d from one bod y o f experts to another,
is the p revalence o f fear as so ciated with it […] Fear tra vels in p ublic discourse as it bec ome
associated with topics o ver a p eriod of time […] T he po int I a m stressing i s that fear is a d ominan t
orientation t hat is shown and lives t hrough ce rtain topics […] T he argument to this po int is t hat
2. MARCO T EÓRICO
113
these ar e not merely words u sed for a matter of co nvenience to communicate effectively b ut have
come to b e linked to an orie ntation and co urse o f action i mplying danger, a voidance, pro active
precautions, and t hreat (Althei de, 2 017: 74).
En general, la atracción que sienten los medios por la emoción del miedo y el alarmismo ante
la inseguridad es induda ble:
Los medios de co municación [...] caen en el sensacionalis mo d el escándalo por el escándalo y la
revelación po r la revelación, per o que nun ca p ueden r enunciar a lo m ás esencial para ellos, que es
la creación de su spense, induciendo en los espectado res el abrigo de unas expectativas de futuro —
a veces alarmistas, otras opti mistas, p ero in ciertas sie mpre — que nadie puede saber n unca s i
llegarán alguna vez a cumplirs e efectivamente (Gil Calvo, 200 3: 290) .
Siendo los media constructores d e realidades, esta inseguridad ciudadana es parte de la visión
del mundo que tienen los receptores a través de relatos tanto mediáticos como políti cos. Al
respec to, Farré Coma (2005) explica cómo la cultur a del ries go y la inseguridad se han
adentrado en c asi todos los ámbitos culturales d e los ciudadanos: cultur a de mas as, cultura
mediática, industria cultural, et c. Esto, s egún explica el autor, implica confluir en l a cultura del
miedo: “Esta cultura del r iesgo mediatizada des emboca en la formación de culturas del miedo
que constituy en la culminación de una nueva realidad social” (2005: 96).
Como afirma C astillo Moro (2016), un factor ind ispensable para las relaciones sociales es la
seguridad, convirtiéndos e en una necesidad bási ca, como y a se ex plicó en el primer punto del
marco teórico de esta tesis doctoral. No obstante, el autor explica cómo en la actualidad los
individuos sienten una constante vulnerabilidad y fragilidad, por una sensación d e riesgo
pe renne gracias a los im ag inarios creados: “Los medios de comunicación son responsables
directos de e stos imaginarios que se orig inan en hechos reales pero al mismo tiempo con fuerte s
dosis de manipulación y construcción mediática de la misma” (2016: 29 1). P or lo tanto, la
creación de esta s ensación de inseguridad y vul nerabilidad recae, en gran parte, en el p apel
desarrolla do por los medios:
aunque esta sen sación d e inseguridad tan acent uada y d e la que tanto se habla se ha co nsiderado
como un efecto d el incr emento de la violencia delictiva, también p arecen in fluir en su presenci a
otros factores. Entre éstos [ ...] el co ntenido violento de los mensajes en los medios m as ivos de
comunicación pro bablemente esté asociado co n el a umento actual e n la per cepción de i nseguridad
(García Sílber man y Ramos Lira, 1998 : 362).
De hec ho, R e y y Rincón (2008) destacan que los discursos mediáticos generados e n torno a la
inseguridad ciudadana, y al miedo, se da n por unas características específicas:
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
114
A los medios de comunicación se les otor gó l a característica de seguridad de forma
constante.
La se guridad es una de las temáticas más utiliz adas en política, siendo parte desde hace
años de la a genda polític a: “la (in)seguridad en la política es el tema de campaña y de
gobier no” (20 08: 42) (so bre esta temática esp ecífica se centra el siguiente epígrafe de
este marc o t eórico).
La sens ación d e la población de encontrarse c onstantemente en un lu gar siniestro e
inseguro, pues la insegur idad se erige gracias a los medios de comunicación y, además,
de las experiencias cotidianas.
La s notici as sobre delitos e inseguridad y a no ap arecen en las páginas o programas de
noticias o crónicas, sin o que se han convertid o en debates políticos y ciudadanos,
forjando alrededor de la (in)seg uridad el futuro de los diferentes pa íses y la e speranza de
una sociedad futura donde la segurida d sea la característica principal.
“El relato policial y el testim onio del testigo son las estrategias de verosimilit ud para el
relato periodístico de l delit o” (2008: 42).
La s noticias no están tr abajadas sobre la investi gación, sino sobre dif erentes versiones,
rumores, confidencias a nónimas, pistas aleatorias, etc.
Al existir nuevos escena rios de riesgo y delito, las medidas de protección que otorga el
Estado son insuficientes y , por tanto, ineficaces, provocando un sentimiento de
indefensión en los ciudadanos.
“La inseguridad como te ma es un mu y comunicable por su atracc ión nar rativa, su trama
dramática popular y su impac to de opinión” (2008: 43).
De este discurso mediáti co sobre el miedo, los ci udadanos toman un pape l clave como
espectadores y , a la vez, como víctim as, y , po r ende, como consumidores y demandantes
de seguridad.
Para situar el inicio de esta inseguridad y miedo mediatizados, hay qu e remontarse a los
comienzos de la denomin ada cultura de l miedo. Furedi (2018) señala c omo punto de inflexión
histórico los atentados d el 11 d e septiembre 2001 de l as Torres Gemelas e n Nueva Yo rk, los
cuales supusieron un antes y un después también a nivel mediático. El miedo recorrió todo el
mundo:
2. MARCO T EÓRICO
115
El inicio de siglo abrió las compuertas de un alud de al armismo, terror y emisión d e miedo
provocad o por los m edios de co municación, apuntalado en ar gumentos falaces de pretendidos
agoreros d el fin del milenio y d el mundo y o tras veces p o r el evento cr ucial ocurr ido en tierra s
norteamericanas co m o fue el “a tentado” contra las Tor res Gemelas en s eptie mbre de 2001, trajo en
consecuencia u n síndro me d e miedo, terror, inseguridad y vulnerabilidad de to d o el sistema anterior
proveedo r de certid umbre individual y social ( Salazar, 20 09: 106).
Luc ía Salvador (2015) a firma por su parte que el suceso del 11-S caracterizó, sin lugar a duda ,
el inicio del siglo X XI, ce rrando etapas y otros h echos históricos como la Guerra Fría o la caída
del Muro de Be rlín (1989). La autora apunta q ue el día del atent ado: “emergió un nuevo
enemig o global: el terro rismo isl ámico; la tensión geopolítica se desplazó al eje Oriente -
Occidente y la dial éctica bélica volvió al primer plano en la escena internacional” (2015: 15 ).
La ma gnitud mediática d e este atentado provo có una conmoción mundial en los espectadores,
los ciudadanos, por las impactantes imáge nes que recorrieron el mundo:
Aú n ho y, l a e sp e ct a cu la r ida d d e la s imá ge ne s d e l o s a t en ta d o s c o nt in úa gr a b a da s e n l a me m or i a
co l ec t iv a d e l a hu mani d ad . Aq ue l “ mar t es n eg ro ” – uni ve rs a lme nt e c o no c id o co mo el 9 /1 1 e n los
p aí se s an glo s aj on es o el 11 -S e ntr e l o s his p an o ha bl a nt es – el mund o en te r o c o nte mp ló des d e sus
te le vi so r e s c ó mo l as T o r re s G e me la s q ue p r es id ía n e l Wo r ld T r ad e C e nte r d e Ma nh at ta n s e
d es mor o na b a n, e nv ue lt as en u na n ub e d e p o lv o y l la mas, h as ta q ue d ar r ed uc id a s a e sco mb ro s
(2 0 1 5: 15 ) .
Ordoñez expone la magnitud en la im posición de la cultura del miedo que tuvo el 11 -S. El autor
explica que este atentando también sup uso la evidencia del rol de difusión de los medios de
comunicación de masas. De hecho, todo el mundo en sus casas recuerda ver cómo se caían
ambas Torres a tiempos diferentes: “la caída de las Torres G emelas, sólo se dife rencia de otros
eventos terrorífico s por la magnitud de la difusió n que tuvo” (Ordoñez, 2006: 99). El 11 - S
provocó que los estadounidenses, y el resto del mundo, añadiesen un nuevo miedo a su lista
(invasión soviética, guerra nuclear, etc.): el miedo al terro rismo; un miedo que pasó de la
ficción litera ria o audiovi sual a la realidad, suponiendo el comienzo de que la inseg uridad y la
vulnerabilidad r ecorriese el mundo (Salvador, 20 15). Los medios de comunicación d e masas
jugaron un papel clave en la difusión y r ecreación de los sucesos y las imágenes, así como e n
la creación de posteriore s teorías o culpables:
Como si de una pelíc ula apocalíptica se tratase, el ataq ue contra los centros neurál gicos de Estado s
Unidos reveló que la primera p otencia m undial era vulnerab le. El pánico se apoder ó de la sociedad
estadounidense; lo s medio s de comunicación y la opinión púb lica se preguntaron quién ha bía sido
el resp onsable [ ...] Las especu laciones [.. .] llegaro n al punto de culpabilizar a las altas esfer as del
gobierno d e connivencia en l os atentad os e i ncluso d e su autoría, bajo sospechas d e intereses
econó m icos y belici stas. Lo cier to es q ue tanto la ve rsión oficial como la s alter nativas,
contribuyeron a a umentar el m iedo y la inseguridad entre los estad ounidenses ( 2015 : 16).
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
116
A pesar del importante p apel que adopta ron los m edios en el 11-S, una parte de l a población
cuestionó lo que se le e st aba pre sentando:
Often the public ignores or question s the risk info rm ation commun icated through the media . Despite
claim s that th e public passively intern alized the medi a-promot ed st ories and explana tions abou t 9 /11,
a signific ant proporti on of Americans rem ained sceptical. In august 2006, a survey of 1,010 adults
found that 36 pe r cent of the Am erican p ubli c susp ecte d that fed eral off icials assiste d the 9/ 11 attacks ,
or took no action to stop them , so that the US coul d justif y going to w ar in the Middle East . T he
refusal of a su b stan tial body of opinion to accept the m ainstream media’s versi on of 9/11 in dicated
that their threat assessm ents and fear calculat ions were sub ject to other influenc es (Fure di, 2018: 15).
No obstante, Furedi (2018) espec ifica:
The m edia did not cause [...] anx ieties but has played an imp ortant role in creating the symbols and
images that haunt o ur i magination. O n t his is sue, at least, t he media has help ed to render our fears
palpab le, visual, dramatic and inte nsely personal (20 18: 1 6).
Reguillo (2002) añade q ue a pa rtir del atentado del 11 de septiembre ta mbién se empieza a
conformar el conoc ido como “ discurso mediá tico del miedo” , el cual tiene u nas ca racterísticas
específicas, como la n ecesidad de definir y señalar al otro en la actualidad y , además, el ascenso
de estos sím bolos a una cultura global. Asimismo, especifica el autor, se destaca la importanci a
de la e xistencia de un g rupo de pe rsonas que conformen “ las ví ctimas”, tomando esto como un
elemento esencial en e l discurso del miedo:
Fear and vic tim (and victim ization, etc . ) have expan d ed drasti cally during the last de cade [… ] Victim
is a statu s and not a person, a loc ation in a set of relation sh ips, with expected rights, duties , and
obligat ions . Th e disc o urs e of fea r involv es vict im s, indeed, requires them . A fter al l, vi ctims […] a re
requi red b y the problem fram e. As the disc ourse of fea r expa nds, the popular cultur e apparatu s that
contri butes to g roup i d entities seem s to fin d m ore ty pes of vi ctims (Alth eide , 2017: 89).
News repo rts, talk sho ws, ne ws m agazi ne shows, and a h ost of p olice and reality cr ime d ramas s ee n
to pro claim that everybody is a victim of so mething, even th ough they ma y not know it.
There is a cultural script of victimization […] Just a s our c ulture has beco m e obs essed wit h fear, it
has also become acceptin g o f victim a nd v ictimizatio n [ …] Victi ms are a by -prod uct o f fear and the
discourse of fear. I contend th at fear and victim are linked through social power, responsibi lity, a nd
identity. T he li nkage in volver con cerns abou t sa fety a nd per ceptions of risk. I re fer speci ficall y t o
the role and identity of victim as held b y nu merous audience s who expec t victims to p erform ce rtain
activities, speak a certain language, and, in ge neral, follow a cultural script of depen dence, lacking,
and p owerlessness while rel ying on state -spo nsored social institutions to save and suppo rt them
(2017: 9 0-91).
El concepto de vic timización se sostiene bajo una premisa:
Victimization requires an avo wed hurt or injury . I co ntend that the k ey d evelop m ent to ward the
acceptance of victim is a cultural co ntext that prom otes fear as a common definition o f the
environment. T here is the idea that w e are preyed upon b y many factors, cir cumstances, and people:
2. MARCO T EÓRICO
117
that injuries ca n occ ur through direc t action, for example, bru tal assaults; through t he lack o f action,
such as neglect; a s well as n umerous co ntingent circumstan ces (Altheide, 20 17: 9 2).
La víctima en sí “implies innocence and helplessness” (Altheide, 2017: 9 3). El con cepto d e
“víctima en potencia” tiene gran importancia, pu es supone que los ciudadanos vivan su día a
día en la insegurida d y e n las conocidas como ciudadanías de l miedo (Re y y Rincón, 2008).
A la ( in)seguridad ciudad ana la entendemos co mo una ‘p ercep ción’ co nstruida co n base en los
relatos m ediáticos y lo s discursos p olíticos, q ue se convierte en una ‘realidad real’ y una
‘experiencia ’ verd adera de habitar la vida cotidiana, porque aunq ue uno no ha ya vi vido la
inseguridad sabe que es víctim a en potencia (Re y y Rincó n, 2008 :36).
Una sociedad es m ás insegura por lo que se dice que por la r ealidad que h abita. La realidad n o es lo
que vivi m o s, ni siquiera las experiencias q ue d ecimos experimentar. La realid ad es lo que
percibimos que hemos v ivido, sentido y experi mentado. La realidad es, entonces, una p roducción
comunicativa. Así, la ciudad y la socied ad que habita m o s l a co nstruimos más sob re percep ciones
que sobre vivencias. Nos hacemos una idea de nosotro s mismos po r lo que nos c uenta n los medios
de comunicación, p or lo q ue sugieren lo s políticos y generad ores de opinión, p or las mitologías
urbanas. Es en este juego de percepciones d onde s e construye la r ealidad de la ( in)segu rida d
ciudadana. Los efecto s simb ólicos d e la (in)segurid ad ci udadana son los miedos. Éstos son el
resultado d e múltiples y divers as pro ducciones simbólicas, p ero sob re to do, del trab ajo del mercad o
y los medios de co municación (2008: 3 5).
Lo que Re y y R incón (2 008) denominan “víctima en potencia ”, Peña Lara (2013) lo califica
como “victimización vicaria ”:
La v ictimización se refiere al m iedo construido de for ma in mediata cuando se es víctima de un acto
violento o u na amenaza en lo concreto. Se basa en la experiencia del individuo y por lo tanto puede
ser una e xperiencia traumática y provoca r ciertos daños psico ló gicos que pu eden llevar a conductas
de pánico e inhibición. L a victimización puede entender se com o ser agredido directa y
corpo ralm e nte, o bien indirecta mente, o s ea, cu ando se es testigo de un h echo de violencia sobre un
tercero [...] La victi mización vicaria inclu y e la violencia d e la cual no se es víctima d irecta ni
indirecta, pero que es interiorizada gracias a la empatía co n que act uamos cuando le ocurre a un
cercano o lejano, compartiendo su dolor y rabia (20 13: 43).
En este contexto, los niños en parti cular son un grupo social usado de forma recurrente como
víctimas. Seg ún Altheide, esto se da por vari as razo nes, entre ellas por ser un g rupo considerado
inocente, es decir, no deben pagar por nin gún mal a ojos del resto de la sociedad, y po r ser
person as dependientes, pues se encuentran al cuidado de los a dultos: “Children as gang
members and y oun g crim inal dominate many of our news reports an d popular culture
presentations” ( 2017: 16 7). No obstante, también pueden ser generadores de miedo:
A discourse of fear of fers a conceptual elaboratio n for a process through w h ich n umerous m essage s
resonating with themes o f fear can be circulated, r ecast, and institutionally pro moted throug h public
policies, m edia repo rts, p opular culture, and cognitive fram eworks. T he challenge is to un derstand
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
118
how children, wh o are often presented as innocent victims a nd wh o require pro tection, ca n also be
presented as v ictimizers from whom society requires protection. Both inv olve fear but th e obj ect of
protectio n is diff ere nt: in t he first case, the state is b eing asked to protect children fro m the source s
of fear. In t he second case, t he childr en are the source o f fear and the state is protectin g societ y fro m
them. T he t wo cases co me tog ether when children in t he state’s car e are brutalized (2017: 172-17 3).
En este contexto relativo a las víctimas, Altheid e (2017) ex pone que la mayoría de relatos
mediáticos que hace n uso de la emoción del miedo tienen un punto de enfoque : la des gracia
individual, en otras palabras, la victimización propia:
Most articles use fear as a resource incorpo rating fear with acco unts struct ured as narratives that
personify m o ralit y pla ys. Th e focus is on individual m is fortune per petrated b y a n e vil ag ent,
(and/or) who is p ursued (o r t ried o r punished) b y a n a gent/agency o f righteo usness — u sually a
formal agent of social co ntrol — (and/o r) who is celebr ated b y member of the c horus ( audience)
proclaiming their preference fo r the righteous over the culprit […] Reactive and p roactive fear are
two major types (2017: 7 9).
El miedo reactivo , expone Altheide (2017 ), se forma por discursos de l miedo e n los media que
están centrados en el problema (la amenaza o peligro que acecha). Este tipo de mi edo conlleva
que las víctimas, en su imaginación, se sitúen ellas mismas en el propio prob lema. Por lo tanto,
ante el miedo reactivo, el individuo busca a toda costa evitar ser parte del grupo de víctimas,
sin llega r a la acción, solamente tiene que evitar e l problema de forma hipotética y, por end e,
terminan por “abandonar”/“ig norar” a las verdaderas víctimas:
The majority o f to pics, p roblems, ad i ssues prese nted as ne ws involves t hose framed as p roblems.
Suffering, m isfortune, distress , and inconvenience are the st uff of cont e mporary news, but they are
not the pr oble m . T he prob lem character istics are part o f a format organized around a narrat ive that
begins with a general co nclusion that “so m ethi ng is wrong” and we know what it is […] The focus
is not on a specific act, but rath er the act is e m braced as merely an e xample of a larger m ore i nsidious
prob lem-f ear. Thus, in order to avoid being victims, p eople wh o need ass istance are passed by. And
victims abound in t he problem fra m e (20 17: 7 9 -80).
El miedo proactivo , por otro lado , se caracteriza por que la atención no se centra tanto en el
problema, pues y a es previamente conocido por la audiencia, sino que los medios centran los
esfuerzos comunicativos en las víctim as. En el mi edo proactivo, el recepto r de la información
tiene que hacer alg o para evitar ser parte del grupo de víctimas:
Fear as a resource is pro vided by news organization s th at produce reports w ithi n t he prob lem frame
of the entertai nment for mat. Audience fa miliarit y with a general scenario lends fa miliarity and
credib ility to a specific eve nt. An other t heme t hat i s less co mmon t han reactive fear is co nnected
with t he victi m, b ut it is in an ticipation of some e vent or activity. T he idea here is that one d oes
something in ord er to avoid being a victim or avoid engagin g in an acti vity or issue alr ead y tainted
by fear (Altheide, 2017 : 81).
2. MARCO T EÓRICO
119
En resumen, ante la inseguridad crece el miedo a ser víctima de algún delito, catástrofe, etc.
pues se perc ibe el entorno como inseguro, re legando la característica de “seguro” a unos
espacios y grupos de p ersona concretos (García Silberman y Ramos Lira, 1998: 360 -361).
Respecto al miedo a s er víctima, se profundizará posteriormente cuando p lanteemos la teoría
del cultivo.
De nt r o d e la s mu ch as c o s as d e l a s q ue no s info r ma n l o s med io s , y so b r e t od o l a tel e vis ió n ,
en co nt r a mos u na in fi ni d ad de suc e so s vi o le nt o s, ta l es co mo ho mici d io s , a sa l to s , vi o lac i o nes ,
ro b o s y a cc id e nt e s, e nt re o tr os q u e ta mb ié n p ue d e n p ro vo ca r t emo r [. . .] . Es ta re al id ad no ti ci o sa
p re se nt a d a al e sp e ct ad or , e sta vis ió n ho mo ge ne iz an te d e l mun d o en e l q ue viv e, man t ie ne a l
suj e t o e n un e st a do d e a l er t a y d e c o ns ta nt e t e mor , p or q ue l a víc t ima d e l pr óx imo suc e so po d rí a
se r é l (P e ña La r a , 2 0 1 3: 39 ) .
En definitiva, los medios de comunicación de m asas son f actores d e gran influencia en la
perce pción de inse guridad y mi edo de los indi viduos que forman las au diencias (Altheide,
2017); en e sta lí nea, Re y y R incón (2008) explican que una cons ecuencia d e ello es la creación
de una ciudadanía del miedo con unos individuos que acaban temiéndose entre ellos y que, al
ansiar la se gurida d, terminen apartando a aquellos que consideran “los otr os”; algo que tiene
un gran potencial para la propaganda, por lo cual es de inter és pa ra la pres ente tesis doctoral.
Esto provoca un a dicotomía entre territorios y sujetos considerados “seguros” por los
individuos, y aquellos qu e se acaba n ex cluye ndo por considerarse inseguros.
Los otros nos infunden terr or, y po r eso Sartre situó el i nfierno entre ello s [...]. Nuestra inter acción
con los o tros co mo u na fuente de peligro social cap az de atemorizar nos, te mor que se ve po tenciado
y multiplicad o por la interacción a distanc ia q ue mantenemo s con ellos a tra vés de los medio s de
masas (Gil Calvo, 2003 : 207).
Así, se trata d e cr ear, a través de los medios, la “otredad”: “ Los medios de comunicación,
especialmente l a televisión [...] constru y en y a yudan a construir cotidianamente el relato de l a
otredad mons truosa, a través de dife rentes géneros y estrategias narrativas” (Reguillo, 2002:
76). Específicamente, R otker (2019) explica que los mass media con tendencias
sensacionalistas tienden a situar a los inmigrant es como el ori gen del peligro y , además,
concre ta que los medios, al hablar de peligros e inseguridades, señalan a los pobres,
ubicándolos como generadores de mie do.
In g ener al, f ear “ looks” m o re and m ore lik e c rime w hen it com es to new s media , but othe r is sues g et
folde d in to the mix. Crime and fear are good entert a inm ent. D rugs, gangs, and imm igrants are topics
that a r e topics that are often ass ociated w ith crim e, or, rath er, the crim e angle is u sed t o dis cuss each
as an issue. The same is true o f homelessn ess. Crim e rates are dow n, but public conce r n with crim e
is up, way up. W hile m ass audiences are d epicte d as fearin g criminals, the comm unicative logic
joining w hat the feare d are afraid o f is w ord examin ing (A lth eide, 2017: 7 1 -72).
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
120
Esta es un a forma d e sit uar a “los otros ”, creand o una cara visible: “Res ulta cada vez más
necesario, para los grupos sociales, dota r a sus miedos de rostros reconoci bles, a y udados en
esta operación po r los medios de comunicación, especialistas en la denomi nación del mundo”
(Reg uillo, 2000: 7 ). Asi mismo, Gil Calvo destaca cómo los occide ntales desarrollan mi edo a
los desconocidos (miedo mu y común desde la infancia como y a se des arrolló en el primer
epígrafe), pues los consideran como personas inseguras, cercanas al c rimen: “En la gran ciudad
– hábitat que compartimos tres cuartas partes de los occidentales – nos s entimos estrechados por
el miedo a los desconocidos que nos rodean, sospechosos de convertirse en hostil es agre sor es
potenciales” (2003: 209). Más concretamente, y se gún explica Peña Lara (2013), en la
actualidad lo marg inal es un componente del miedo.
El sujeto de lo peligroso se co ndensa en u n p ersonaje que e s joven, de barrio m arginal, habitante de
ciertas fro nteras co nsiderad as ‘caliente s’ ; un otro cerca no pero agresivo y a normal; u n suj eto
clara m ente fuera de la sociedad. As í, el delito es una forma de imaginación/discri minación del otro
(Rey y Rincón, 20 08: 3 8).
La alta visibilidad mediática oto rgada al crimen, al delito y a l castigo tendría una consec uencia
mayor: la ob jetivación del m ied o ciudadano que se proyecta en una minor ía, la de los portado res
del m iedo y la sosp echa [. ..] Se r efuerza, así, un or den so cial que iguala la alteridad y la difer encia
a la tr ansgresión d e la le y, el miedo y la violencia. El marginal, el po bre y el excluido acab an siendo
iguales al deli ncuente (B onilla y Tamay o, 2 007: 2 20 -221).
Según Altheide, el discurso del miedo conlleva do s grupos: los temidos y l os temedores, que
sienten miedo de los primeros y de sus entornos. En el estudio qu e aporta el autor se conclu ye
que, dentro de los temidos (es dec ir, d e “los otro s”), se encuentran inmigrantes, personas con
relaciones abusivas, pobres, negros, musulmanes, personas sin hoga r, mi norías, adolescentes y
pandillas. Además, ex plica el autor, son estos gru pos los que más ap arecen en los noticiarios
del estudio, caracter izándolos y de stacándolos por sus i dentidades (te midas)
4
.
4
“It also true that many o f t he feared are also fearin g peo ple and the environme nts. The materials a nd the
perspective used in tracking discourse permit comparisons of what is feared as w ell as who is fearing. Brief ABC
News were classified as describ ing peo ple w ho w ere both fea red and fearing. The gro ups/categories o f peop le that
could be classifies as b oth fear ed and fearing include the foll o w ing:
- Japanese i mmigrants
- Persons in ab usive relationship s
- Poor people
- Muslim im migrants
- Blacks
- Homeless person s
- Minorities
- Teenagers
- Gang me m bers
These groups are lar gel y tho se that are also feared the most b y a udience -citizens and are o ften pro minently
featured in news rep orts that stress the ir feared identitie s” (Altheide, 20 17: 7 2).
2. MARCO T EÓRICO
121
Poor people, and especially h omeless peo ple, are feared because it is ass umed that they will be
accompanied b y crime, vandalism, a nd heavy tra ffic -things that ca use a nei ghborhood to
deterior ate. How ever, through co mments made b y those who were fearful of the po or, some of the
fears that poor peop le have can be seen. The poor need food, so they are likely fearful of ho w they
will survive or where they will get the ir next m eal ( Altheide , 20 17: 73).
Como se desarrolla en el primer epígrafe de este marco t eórico, normalment e el hecho de s entir
miedo suele conllevar la necesidad, no solo de s eñalar al culpable, “el otro”, sino de que se
ejerza sobr e éste el castigo necesario. En esta situa ción, los medios de comunicación juegan un
papel de gra n relevancia por la forma en qu e se transmiten las informaciones y por cómo s e
crea la otredad: “El horr or de la violencia urban a, descrita y mostrada e n sus detalles más
escabrosos, p roduce indignación moral y reque rimiento de castigo. El miedo impreg na el
sentido común” (Delgado Rosales, 1999: 57). Al theide expli ca cómo las informaciones qu e
contienen la emoción de l miedo suelen ll evar con ellas un prototipo de villano, es decir, de
enemig o, “el otro”, así como un ag ente que “lucha” o “combate” contra el enemigo. Para este
juego de “bue nos” y “malos”, expone el autor, los medios de comunicación son esenciales:
Carried with the message of fear are images and target s of what and who is to be feared. Attac hed
to these ideal typos o f villain s and threats are for m al agents of social control associated with the
available sol utions to t hese pro blems. We see m the m occupying t he sa me space in o ur ne wspapers
and on o ur T V screens. Clai ms mak ers see king to promote a trouble into an issue turn to the ne ws
media for help, often wrapping their concerns i n an attracti ve fear package. Thus, the problem fra me
repro duces itself (2017: 5 6).
Esta insegurida d generadora de miedo suele conllevar alarmismo entre los individuos, que no
tiene por qué darse por hechos reales que les oc urren a ellos o a sus cercanos, sino por un
“espejismo virtual”:
Puro espej ismo virtual: una il usión colectiva – co mo los r umores infu ndados, los mitos pop ulares o
las burbuj as especulativas – , que emerge por generación esp ontánea. Lo ú nico q ue sie mpre se
precisa para que aparezca alarma s ocial es una red de interacción [...] pues el m iedo es siem pre una
relación social (Gil Cal vo, 20 03:42 ).
Así, este riesgo (que los individuos piensan que les rodea) , junto al alarmismo, lleva a la
vulnerabilidad. Como señala Sala zar:
La inseguridad y la contingenc ia son do s factores prevalecien tes en la vida cotid iana, d esde los virus
riesgosos p ara la información almacenada en un co mputador p ersonal, hasta la contin gencia del
chantaje y/o s ec uestro a trav és de la telef onía celular; estar celoso en las relac iones sexuales ante el
acoso d el Sida, y/o p erder el trab ajo d ebido a quiebra intempestiva de la e mpresa o fábrica en do nde
prestas tus servicio s; no sobr an lo s te mores infundido s las noticias de los desastres naturales, los
asaltos derivados por la inseguridad pública, la devaluación de la m oneda o una m ed ida que adm ite
suspensión de las garantías Constitucionale s por am e naza de terror ism o; todo es una extensa
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
128
que p odrían estar a punto de ocurr ir. Co mo sostie ne el a forismo, tod o lo malo es sie mpre s usceptible
de empeorar ( Gil Calvo, 2003 : 164 ).
El pap el de los m edio s en relac ión con los hech os no se redu ce nun ca a su fa cet a info r ma tiva o
com uni cat iv a. L as s ens acion es de mi edo bi en pue den es ta r jus tif icada s por lo s r iesg os, l as v iol en cias
o la s atr oci dade s que tien en lug ar a dia ri o en dif eren tes luga res del mun do, pero tam bién puede n se r
aum ent adas o men gu adas según el tra tami ent o q u e se le dé a la info rma ción (in clus o cuan d o és ta se
esf u erz a por dar cu enta de los he chos “ tal como ocu rri eron ”). A nunci ar q u e el pán ic o cund e en un a
pob la ci ón o en un terri tori o puede ref orza r el p án ic o mism o o inc lus o des enc aden ar nuev as olea das de
pán ic o que no se ha bían desa tad o h ast a ent onc es porq u e ha bían perman eci do por d eba jo de un ciert o
um bral de to le ranci a. Pero tamb ié n la su str ac ci ó n u om isi ón de in f orm ación relev ant e pue de con tri buir
a la in stau ra ci ón de u n a a tmósfe ra de inc er ti d um bre y m ie do (O rdoñ ez , 2006 : 98) .
Furedi (2018), por su parte, quita a los medios de c omunicación la responsabilidad de crear los
miedos, pero sí les atribu y e la construcción de un escenario en qu e los espectadores pueden
vivir esos miedos, aunque no sea en primera pe rsona: “As an inst itution, the media plays a
significa nt role in the cultivation of the landscape of fear [...] But the media does not so much
crea te fear as provide a medium through which it c an be experienced second hand” (2018: 14).
Asimismo, el autor apunta que no se trata tanto de la forma de difusión en sí de estos
acontec imientos, sino de su normalización y , ade más, la popularización de ciertos significados
y símbolos que a y udan a los ciudadanos a inte rpretar su re alidad, tanto individual como social:
The most significant con tribution of fered b y the media i n relatio n to influenci ng the way that societ y
fears is to pr ovide a cultural script w it h d ramatic content an d po w erful symbols. In th is way it plays
an important ro le in con structing the b ackground and a mbient c ultural sensibilit y that info r m as th e
dispositions o f p eople to wards the c hallenges, risks and threats that t hey encounter . Fro m thi s
perspective, the main o utcome of the catas trop hic apocalyptic rhetoric so metimes adop ted b y t he
media is to reinforce a pre -existing mood of pessimism a nd fatalism [ ...] T he most important
contribution made b y t he m ed ia is not so much how it frames and co mmunicates a speci fic threat,
but its role in popularizi ng and nor malizing a langua ge and a s ystem o f symbols a nd meaning for
interpreting societ y’s experien ce (Furedi, 2018 : 16).
Castillo Moro (2016) también incide en los medios de comunicación como creadores de al arma
y miedo, pues consi guen que la audien cia p erciba su entorno como p eligroso y con múlti ples
riesg os:
[… ] nu estr os me di os cum pl en a la perf ecci ón co n su ta rea de cre ar al arm a y m iedo . Tal como est án
di señ ados los me dios par a crea r ate nción , at rac tivo , con sum o y au di enci a, es in evit able qu e
es truc turalm ent e est én des tin ados a prov ocar est e ti po de situ aci ones , pue s de lo ac ont ecido si emp re
bu scará n el hech o im pactan te, prov oc ado r, la no ti cia est reme ce dor a, el per so naje m aca bro, y las
con secu enci as más des olador as. Ant e est e pan oram a bañ ado de v iole ncia donde imp eran las gu err as,
lo s atent ados , los m alt rat o s , ases ina tos , hom ici dios , v iol aci on es, delin cuen cia org aniz ada , corru pción,
f alt a de ét ic a y hon radez , se edi fi ca un a real idad , la mos trad a por los medi os de comu ni ca ci ón e
im agina da p or lo s s eres hum anos qu e des asos iega , al arm a y caus a mi edo (20 16: 305).
2. MARCO T EÓRICO
129
No obstante, hay que tene r en cue nta que Castillo Moro (2016) también afirma que a los medios
masivos no se les puede relacionar con una con stante intencionalidad d e crear alarma. De
hecho, el autor expli ca q ue, al buscar las noti cias más relevantes, estas su elen coincidir con
aquellas noticias que trata n peligros y alarmas socia les: “Dan de esta manera una int erpretación
sesgada de un mundo que, con una óptic a menos parcial, tal v ez pudiera ser r epresentado y
sentido de otro modo” (2016: 302). La búsq ueda de la atención de la aud iencia a través del
miedo está en líne a con la perspectiva de Ordoñez (2006), el cual concibe a los rece ptores como
cómplices de la instrumentalización de la emoción en estudio:
Antes de ser la s v ícti mas d el miedo, los indi viduos ya eran sus co nsumidores. Por eso no es extra ño
que la destrucción d e las Torres Gem e las h ubiese sido anticipada con lujo de detalles por
Hollywood, esa enor me i ndustria del entreten imiento experta en esce nificar hecato mbes
(conflagraciones nucl eares, nau fragios multitudinarios, c hoques d el planeta con meteorito s,
matanzas a cargo de asesinos naturales, exterminio s q ue ponen en peligro a la especie humana...).
En cier to sentido, las película s y los pro gramas basad os en la estetización del ter ror no son meros
pasatiempos: su e xistencia co ntribu ye eficaz mente a curtir las audiencias, a pr eparar las p ara el
consumo del terror real, el cual d e todos modos llega ate nuad o cuando apar ece transmitido en lo s
noticieros — por más que los televidente s, antes d e ca mbiar d e ca nal, alcancen a pensar: “¡Qué
terrible q ue algo así haya p odido ocurrir !” — . Esto muestra que el p apel central j ugado po r lo s
medios en la glob alización del m iedo no se d ebe sólo al poder de los pr opios medios, sino ta mbién
a la silenciosa co mplicidad del público. Mientras los eventos sangrientos siga n siendo una g arantía
de espectáculo, mientras las nar rativas del terro r y la violen cia continúen co nquistando audiencias,
seguramente los medio s se guirán utiliza ndo este tipo de ganchos y, e n co n secuencia, co ntinuarán
actuando co m o a gentes de la p ropagació n d el miedo. Y no p orque los medios se hayan pr opuesto
deliberad amente extender el miedo [. ..], sino porque apelan a él co m o a u na fór mula que en rep etidas
ocasiones ha p robado su eficacia (2006: 99).
“Fear has b ecome a staple of popular culture, ranging from fun to d read” (Altheide y
Michalowski, 1999: 481); por tanto, se de duce un i nterés entr e los receptores por las situaciones
de riesgo que son generadoras de miedo, exist iendo cierto morbo que emp uja a los individuos
a prestar atención a este t ipo de noti cias, pero tam bién a películas o series de televisión, entre
otros productos culturales.
Aun no siendo la viole ncia la forma má s co mún de r esolver co nflictos cotid ianos e n ninguna
sociedad , suele ap arecer sobre representada en los m edios p or varias razones. La p rimera: «A la
gente le gusta ver violencia ... se vende», dicen los dueños de tabloides sensacionalistas. Y están en
lo cierto. No se trata de una perversión morbosa. A todos no s interesa co nocer hechos viole ntos de
la so ciedad, porque co mo animales gregarios quere m o s saber cuándo , có mo y dó nde están su friendo
nuestros semejantes. Es to nos per mite id ear esquemas mentales para evitar un sufri m ient o similar
o resp onder de una manera apr opiad a en caso de riesgo. Como es ob vio, quienes se sien ten más
vulnerables, tie nen mayor nec esidad d e estar pr eparados (Vélez, 20 00: 162).
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
130
Castillo Moro (2016) pone como ejemplo el mi edo al delito, pues lo considera como “uno de
los miedos que a través de los medios de comunicación social está teniendo más transcendencia
y r epercutiendo en nuest ras pausas d e convivencia” (2016: 291). Asimismo, este miedo al
delito tiene un vínculo di recto con los medios de c omunicación de masa s: “El miedo al crimen
o al delito, que sienten las personas, está asociado c on la acción de los medios de comunicación
y ocasiona una amplia gama de e fectos negativos en el ser humano” (Molina -Jácome, 2014:
11). Molina-J ácome (2014) menciona algunos e fectos negativos que su pone este miedo al
delito, como una ma y or limit ación de las restricciones sociales y un incremento de l miedo que
viven/experimentan las personas entre otros. Respecto al miedo al delito, C astillo Moro (2016)
explica que los sucesos que se caracterizan por ser violentos ge neran más atención e int erés
por parte de los consumid ores y , por t anto, resultan de interé s para los mass media . Esto supone,
como explica el autor, que este tipo de sucesos conllevan un gran impacto emocional en los
espectadores y que, ad emás, se caracte rizan por generar miedo. El problema de esto reside en
que los medios de comunicac ión, al utilizar este tipo de sucesos de forma asidua, necesitarán
cada vez una ma yor intensidad para obtener mismos resultados, pues la sensibili dad de los
consumidores será cada vez más baja (Castillo Moro, 2016).
Al ha blar del delito en c oncreto, es ne cesario destacar que McQuail (2000 ) trata el tema de los
disturbios como respuestas colectivas al miedo, en las que los medios de comunicación de
masas tienen una gran inf luencia. En este caso, explica el autor, los dist urbios son considerados
como un reto, un riesgo y/o a menaza, pa ra el statu quo . Para que se provoquen, e l autor piensa
que los medios de masas tienen un pape l esencial:
Debido a la amenaza p otencial, para el ord en establecido, de las conductas colecti vas violentas no
institucionalizadas, se la s ha estudiado extensiva mente y los med ia se vieron implicad os en la
búsqueda de las causas d e dichas co nductas. Se ha sugeri do que los medios de comunicación
pueden, d e d iversos modos, provocar disturbio s, crear una cult ura de los disturbios, dar lecciones
sobre « có mo alborotar » y propagar disturbios d e un lug ar a o tro. Las pruebas, en un sentido u otro,
referidas a estas p reposicio nes son muy tenues y frag mentarias […] Aun así, ha y i ndicios que
apuntan a q ue lo s m edia p ued en co ntribuir a d isturbios si m p lemente infor mando […] o d ando
notoriedad a incidentes ca usantes d e d isturbios e incluso anunciando con an telación la p o sibilidad
de que se produzcan. En general, los media pa recen tener la capac idad de definir la natur aleza de
los su ceso s y, en casos concreto s, pueden in cr ementar el nivel de polarización, a pesar de q ue estén
« del lad o» del ord en estableci do (200 0: 519).
Esto conllevan a su vez unos efectos de reacc ión c olectiva:
Circunstancias q ue in tervienen e n una respuesta d e pán ico son la ansiedad , el te mor y la
incertidumbre [co mo se expli có en el pr imer ep ígrafe, factores esenciale s p ara la generación de
miedo]. Otro factor que al parecer precipita el pánico es la insuficien cia o inexactit ud d e la
2. MARCO T EÓRICO
131
información, q ue lleva n a una búsqueda urge nte d e más i nformación, nor m alme nte a través d e
canales personale s, lo que ge nera un incre mento de la d ifusión del mensaje original (200 0: 518).
Por lo tanto, estas reacciones colectivas pueden ser fomentadas por los propios mass media a
través de sus in formaciones, pro gramas, etc.; e incluso por el silencio, q ue también es un
ge nerador de miedo:
Aunque no se h aya de mostrado q ue lo s medios de co municación sean una causa pri maria de
disturbios […] , sí p ueden influir en la cr onología y f o rma de los alborotos […]. Al tratar
conjuntamente los te m as del pánico y de los d isturbios, merec e la pena señ alar que la solució n más
frecuentemente m e ncionada, la i m posici ón de silencio a l as noticias [ …], pod ría en sí m is ma
provocar un pánico local por la f alta de explicaciones referidas a d isturbios observables a la
vecindad (20 00: 519) .
Todo esto lleva a la ide a de que, dependiendo de lo que ha y a que contar, los medios o torgarán
una atención u otra y, del mi smo modo, se seleccionarán formas concretas d e contar una misma
noticia, por e jemplo, dosificando o multiplicando el e fecto que esta cause so bre las a udiencias.
Lo que comenta a contin uación Ordoñez tiene implicaciones directamente propagandísticas:
Estas posibilidad es re sultan at ractivas para muchos debido a que la gestión mediática del miedo es
una herra mienta eficaz par a el logro de ciertos propó sitos (e mprender una g uerra, p romover u n
proyecto leg islativo que li mita la inmigración extranjer a, motivar una ola de pop ularidad en ép oca
de eleccio nes, sembrar la desc onfianza en u na co mun idad, etcéter a) (Ordoñez, 2 006: 99).
En relac ión con esa idea de “ge stión” del miedo, los medios de comunicac ión de masas entran
en la lógica del merc ado, atenuando o inte nsificando las noticias, informaciones o
programaciones que más atención cosechan entre los rece ptores, siendo el miedo un factor
importante al respecto. Así, Altheide (2017) confirma que los medios d e comunicación d e
masas sacan beneficios de la difusión del miedo, pues la atención y el e ntretenimiento que
ge nera esta emoción es destacable. Esta id ea es reforzada po r otros autores, como R edondo
García (2011), pues considera a la emoción del mi edo un factor mu y eficaz para captar la
atención de l a audiencia, lo cual provoc a que su uso se haga rentable para los medios. L os
medios buscan noticias, sucesos, programas, etc. de temáticas impactantes para atraer la
atención, siendo la información sobre posibles peligros de gran utilidad:
El m ied o que estam o s tratando, genera u n clim a de in seguridad que s e reproduce así mismo
mediante representac iones e i mágenes del po sible peligro que se puede correr, au spiciadas y
desarrollad as p or unos m edi os de comunicación q ue bu scan a udiencias a través de noticias
impactantes (Ca stillo Moro, 2016: 292) .
Efectivamente, el miedo y el riesgo (de nuevo sentimientos primarios, pod erosos y comunes a toda
la espec ie) so n u na e ficaz fórmula de vender más p eriódicos que e l sensacio nalismo ha c ultivado
desde sus orígenes. P ara que los ciudadanos se vean interp elad os, implicados d irecta m ente en la
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
132
noticia, deb en sentir la a men aza o al menos la p osibilidad de que el daño d escrito les afe cte. Ah í
radica una de las potencialida des de este tipo de noticias: na die está co m pleta m e nte a sa lvo d e un
asesino, un atentado, un accid ente, una e nfermedad, la muerte d e un hijo, una catástro fe natural. Y
llegado el caso ¿Có mo se se ntiría? , ¿Cómo reaccio naría? Estas noticias co ntribu yen a indagar en
esos asp ectos d el y o. Interp elan al recep tor dir ectamen te p ero a través d e la viven cia ajena (Redondo
García, 2 011: 218).
En este contexto de rentabilidad económica, Altheide (2017) expone que el objetivo principal
a la hora d e usar los disc ursos del miedo es poder entrar en el mercado, ca ptando la atención
de la audiencia, y ser una buena a puesta para el ámbito publicitario, vendiendo e spacio y tiempo
en sus medios:
Fear invol ves bla m e and attac king the so urce of fear. Popular culture and especiall y ne ws reports
confuse r isk, da nger, and fear. One way is do ne is through the con tinued space o f victimization.
Fear prod uces victims and rei nforces the notion that e veryone is ac tuall y or po tentiall y a victim.
The emotional reaction of fear is desired. The main goal, after all, is to a ttract audiences in order to
sell adverti sing ti me (or space ) to co mm ercia l spo nsors [ …] The major impact of the disc ourse o f
fear is to pro m ote a se nse of disor der (201 7: 188 -189).
Por ejemplo, generar crisis periódicas basadas en el miedo proporciona a l os medios de masas
una posibilidad pare captar la atención de la audi encia en la vorá gine de of ertas de medios de
comunicación existentes en la a ctualidad:
The mass media, e speciall y organized entertai ning news, and the agencies of social con trol ar e
synergistically jo ined in an e colo gy of co mmunication. M ass media a nd pop ular cultur e r equire
entertaining pr ograms and periodic crises to gain the attenti on of audience s that are incre asingly
fragmented, p artly due to the expans ion of numerou s media o utlets and choices (2 017: 1 53).
Rey y R incón (2008) estudi an cómo se transmiten los acontecimientos dramáticos sobre
delitos, los cuales son consider ados generadores de miedo por estos autores, pues visibilizan el
riesg o. El estudio de R e y y Rincón se centra en el análisis de los medios de comunicación de
América Latina en relación con la inseguridad ciudadana y el delito, cómo los medios
proporcionan una percepción concreta de la socie dad. Los autores pr esentan cuatro rasgos de
interpretación de los medios de masas al informar sobre este tipo de noticias:
1. El número de delitos es creciente: “se ha pasado de la insegurida d co mo hecho de
excepción, a un acontec i miento co tidiano” (2008: 38).
2. El escenario de los delitos, el terror y la violencia ha cambiado, ha y nuevas situaciones
y personajes, lo cual supone que el ciudadano puede encontrarse ante crímenes y
situaciones de rie sgo de f orma perma nente.
2. MARCO T EÓRICO
133
3. El uso asiduo de oraci ones con connotaciones p ara llamar a la inse guridad y , además,
para que el ciudadano sie nta “preocupac ión por la impunidad” (2008: 38).
4. La sensación de que no existen fórmulas para terminar con el ascendente número d e
delitos y que, además, la s medidas que se aplican no son suficientes para controlar las
diferentes situaciones, por lo que “ la sociedad se siente a menazada, temerosa y c ercada”
(2008: 38).
Si gu ie nd o c on l a i nf orma ci ón me di áti ca y su s i m pl i ca ci on es par a el m i edo , Al t hei de (20 1 7)
ex p li ca có m o s e d ebe crear u n m ar co in fo rm ativ o e sp ec íf ic o p ara t r ansm i ti r l as hi st or i as
me di át i cas qu e co nll e van l a e mo ci ón del mi edo , pu es se t rat an de re lat os que cu en ta n c on u n
pr oce so s o ci al c omp l ejo , p or l o q ue l os m edi os de c om u ni ca ci ón de m as as t i en en qu e t ra t ar
de s imp l ifi ca rl o. D e he ch o, l a s imp l ifi ca ci ón se re al iz a p ar a q u e lo s rece pt o res t o me n el
di s cur s o como un recu rso p ar a int er pr et ar otr as sit u ac io n es d e su r eal i da d cot i d ia na. Alth ei de
ex p on e q ue :
Este marco conlleva la existencia de un problema y que, por tanto, se trata de al go
indeseable para la población.
El número de personas afectadas por el p roblema es alto, lo cual genera atención en el
rece ptor, pues lo clasifica como alg o relevante.
Existen factores o elementos certe ros que pueden ser identificados por la audiencia.
Hay posibilidades de e li minar o mermar el problema. Existe capacidad de cambio.
Los receptores conocen e l agente que ejerce el cambio, el cual normalmente suele ser e l
gobier no (Altheide, 2017).
Por su parte, Redondo Ga rcía (2011: 218-219) desarrolla en su tesis doctoral, entre otros puntos
de interés, el valor noticioso de diferentes sucesos , señalando aquellos que acaban situándose
en posiciones de privilegio por su g ran atracción:
Enfermedades: sobre tod o aquellas que im plican un gran número de pe rsonas afectadas,
que tienen síntomas relevantes, et c. En definitiva , que se caracterizan por algún factor
ge nerador de miedo. La autora pone como ejemp los el SIDA , las vacas locas, la Gripe
A, entre otras. A esta enumeración de la autora, puede añadirs e la C OVID-19,
enfermedad que ha provocado en 2019 y 2020 una pandemia con una gran cantidad de
víctimas y efec tos colaterales y , p robablemente, irreversibles.
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
134
Catástrofes na turales o provocadas: incendios, desastres nucleares, etc.
Actos de violencia y /o agresión externos: la autora señala como ejemplos los conflictos
bélicos, el terrorismo y la inseguridad ciudadana, entendiendo esta últim a como
problemas más indi viduales/locales, como la existencia de un asesino, psicópatas, etc.
Aquí cabe añadir las pala bras de Gil Calvo (2003) sobre los atentados, el ter rorismo, pues
lo sitúa como una de las situac iones más impactantes: “L os atentados terrorist as son una
especie perteneciente al mismo géne ro d e acontecimientos mediáticos que los escándalos
púb licos, con los que forman la gran familia de las profanaciones del orden vigente”
(2003: 261)
Sucesos acerca del desce nso de los niveles de bienestar, como el desempleo, pérdidas
económicas, e tc.
Siguiendo con los contenidos y factores que pueden relacion arse con la representación
mediática del miedo, Cantor expone tres c ategorías de estímulos y /o acontecimientos qu e
tienden a producir miedo e n situaciones dadas en la vida real y que son refle jadas y /o
producidas por los medio s de comunicación: “(a ) danger s and injurie s, (b) distorsions of natural
forms, and (c) the experience of endangerment and fear by other” (2002: 291). En las siguientes
líneas el a utor manifiesta que un mismo “escenario temeroso” puede incluir una o más de estas
categoría s:
a. Dangers and injuries : Cantor (2002) explica que el estímulo debe evocar miedo:
The d epiction of events that either cause or threaten to cause great harm is the stock - in -trade of the
frightening fil m. Natural disasters such as tor nadoes, volcanoes, plagues, a nd earthq ua kes; violent
encounters on an i nterpersona l, global, or even i ntergalactic level; attac ks b y vicio us ani mals; and
large - scale ind ustrial a nd nuclear ac cidents are t ypical e vents in frig htening media fare ( 2002: 292).
b. Distorsions of Natural Forms : otra categoría evo cadora de la emoción d el miedo que
explica Cantor (2002) es aquella ba sada en distorsiones o deformidades, es decir,
aquellas que no son consideradas por los receptores como familiares, ni siquiera
naturales.
c. The Experience of Enda ngerment and F ear by ot hers : en esta categoría Cantor (2002 )
expone que muchas ve ces un individuo siente mi edo cuando se l e muestra a otros sujetos
viviendo dicha emoción. Esta categ oría se basa en la y a mencionada teoría del contagio,
en la que se profundizará posteriormente enfocándola desde los medios de c omunicación
de masas:
2. MARCO T EÓRICO
135
Another i ndirect mechanism that may be prop osed to account for emotional respo nses to the
experiences of o thers derives from t he fact t hat w it nessi ng ot her peop le risk danger can produce th e
"vicario us" experience of fear, even when the persons at ris k do not express fear […] T heref ore,
fear m ay b e see n as der iving from the a nticipation o f e mpath y with the distress re spo nses of liked
characters (Ca ntor, 2002: 2 93).
No obstante, y como no solamente se trata del q ué sino del cómo, Farré C oma (2005: 109)
expone criterios que si guen los medios de comunicación a la hora de tratar las noticias y
acontec imientos, entre ell os, incluidos l os que se clasifican como temáticas de riesgo,
ge neradoras de miedo:
1. Búsqueda de suc esos orig inales y con consecuenc ias a gran escala.
2. Hechos qu e sean dramáticos pero que el espectador pueda enmarcar en un ambient e
conocido, cotidiano.
3. Los h echos deben ser “conocidos”, familiares para los receptore s, así como
personalizados y visuales, con el fin de generar vínculos temáticos y cotidianos.
En este co ntexto par ecería obvio q ue los medios de co municación son fuentes impo rtantes en la
amplificación social d e las p ercepcio nes de riesgo: ya sea po r su negatividad, distorsión,
sensacionalis mo, d ra m atizació n o exag eración d e las temática s que, en un pr imer mome nto
descontextualiza n p ara, en un segundo momento, reco ntextualizar en sus for mas informati vas. E n
particular, esta presunción es asumida de for ma impresion ista por todo s aquellos actores (expertos,
políticos, ciudadanos) que desco noce n la complejidad d e lo s proceso s de comunicación mediada y
las operac iones instrumentales de los medios (Farré Co ma, 20 05: 109 -110 ).
Junto a lo s contenidos y los factore s que in ciden en la re presentación del miedo como tema, es
destacable el lenguaje y las formas empleados por los medios de comunicación cuando uti lizan
esta emoción. Furedi señala que uno de los poderes de los medios es su capacidad para influir
en el lenguaje, consi guiendo así popularizar la retórica del mi edo, para lo cual el uso de la
repetición de términos e s indispensable. Algunos ejemplos de dichos términos que aporta el
autor son pandemias, superbac terias, tóx ico, etc., los cua les apelan a lo existencial.
The m ed ia does n ot m erely mobilize a pre-existing vocabu lary of g loo m - it also play s an i mportant
role in innovating o r popularizing ne w ter ms inviting peo ple to fear. Even an ac tivity as banal as
forecasting the weather has bee n tr ansformed into a mini -dra ma, throu gh ad opting a rhetoric that
inflates t he threat p osed by relativel y normal co nditions [...] T he ter m ‘extreme weather’ is a
parad igmatic culture of fear e xpression (Furedi, 2 018 : 19).
La s cuestiones de form a pueden rel acionarse c on los procedimientos mediáticos. En este
sentido, la descontex tualización de las noti cias es interesante, pu es est e “n o contexto” ll eva a
la desinformac ión (Molina -Jácome, 2014).
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
136
Nuestras vidas cotidia nas se e ncuentra n rod eadas por riesgos p otenciales con lo s que co nvivimos
voluntariamente. Fumar p roduce i mportantes riesgos par a nuestra salud, ci rcular por car retera
presenta una alta probab ilidad de accidentes e incl uso de muerte. Este t ipo de riesgo es v oluntario
y se enc uentra in tegrado en nuestras decisio nes d el día a día de tal m anera que, de tan visibles, se
convierten e n i nvisibles. Por el c o ntrario, la cuestió n se torna distinta r especto a có mo p ercibi m os
nuestro entor no a par tir de lo s pr ocesos de mediación estruct ural a los que nos so meten los m edio s
de comunicación. Muchos de estos riesgos mediatizados se nos presentan como in visibles, di fusos,
que pueden ser muy visibles e n sus consecue ncias en la to ma d e decisiones co tidia nas (Farr é Co ma,
2005 : 108).
Esta invisibi lidad y des contex tualización provoca que sean los rumores los protagonistas en los
medios de comunicac ión de masas, como expli ca Ordoñez (2006):
Las noticias sobre crímenes, atentad os suicidas, catástrofes, car tas -bomba, mensajes con án trax, así
como la s estadística s relati vas a secuestros, accidentes, ag resiones, masacres, generan un sord o
sentimiento d e te nsión y de alar ma. La inquiet ud se instala po co a po co en los cor azones y, p or
ende, en las relaciones interper sonales. P ronto impera u n miedo vago e indefin ido que ob staculiza
tanto la identificación de los re sponsables como el cálculo de los riesgos. Sólo los rum o res circulan
por doq uier: la tensión planea sob re las cabez as de todos porque nadie sabe a ciencia cierta cuándo
y dónde será el próximo golpe (2 006: 99).
Desde la perspectiva de la influencia mediátic a, Gil Calvo (2003) rev ela que el al armismo
social derivado d el riesgo percibido que fom entan l os medios de comunicación de masas a yuda
a elevar los niveles colecti vos del riesgo real. De hecho, explica cómo por contagio, igual que
las e nfermedades infe cciosas, se pue de llegar a crear “ epidemias sociales ” ( 2003: 43) de ri es gos
percibidos. Estos riesgos, como se expli có en epígrafes ante riores, derivan en la emoción del
miedo, tanto a nivel individual como social ; este efecto conta gio que ti ene el miedo y a se
desarrolló e n el primer punto de este marco teór ico, mediante la teoría del contagio que a porta
la psicología social. No obstante, Gil Calvo (2003) destaca cómo los medios de comunicación
son factore s esenciales p ara fomentar e st e contagio:
El efecto co ntagio [ ...] constituye la materia pri ma del lla mado comp ortamiento co lectivo , hoy
ampliamente d ifundido p or los m edios de co municación [... ]. Y este pr oceso d e difusió n med iática
del comportamiento no es neutral ni aséptico sino en s í mismo epid em iológico, pues en realidad no
todas las interacciones humanas merecen la mis ma atención de los medios de m asas, q ue las f iltran
y seleccio nan ignorando las normales [.. .] par a dar noticia preferente de las que parecen más
reveladoras p or sorprendentes, transgresoras y extraordinarias ( 2003 : 213).
En definitiva, los medios a y udan a difundir la emoción del miedo, apo yados por el “ efecto
contagio”, consiguiendo así propaga r por la ciudadanía dicha emoción:
Los medios de co municación contribu y en a pro pagar el síndro me del miedo entre la p oblació n,
realimentando su espo ntánea fo bia soci al. En cierta s oca siones [...] este miedo co lectivo p uede ser
deliberad amente cread o como un arte facto ad hoc que lo s poderes públicos inventan p ara la ocasión.
2. MARCO T EÓRICO
137
Son los espej ismos mediático s [...] que buscan controlar a la població n explotando su cred ulida d.
Pero por lo general, el miedo co lectivo proced e tanto de la realidad exterior [...] com o d e la p ropia
realidad social (2003 : 212).
Lo cierto es que: “la tas a de riesgo percibido que los medios de comunicación revelan parece
aumentar mu y por encima de cu anto pu eda hac erlo la tasa del imprevisto riesgo r eal” (Gil
Calvo, 2003: 39). Esto no solo como vía de información de sucesos, sin o que, además, los
medios de comunicación de mas as aportan el cómo enfrentarse a los miedos y /o riesgos, pues
las experiencias directas son mu y escasas como para tener ejemplos t anto de sucesos como de
reacciones a los mismos:
The fears highlighted i n co ntemporary societ y are f ar less based on d irect experience than in
previous ti mes; and t he media is the maj or source of infor mat ion to p eople ab out matters with which
they have no direc t exper ience. In this sen se, the principal accomplishme nt of the media is to
provide the public w it h a co nstantl y evolving script ab out ho w i t s hould e xperience and r eact global
threats (Furedi, 2018 : 13 -14).
Altheide y Michalowski (1999) coincid en con Furedi, pues y a afirmaban que los medios de
comunicación de masas no solo difunden información sobre qué temer, sino, también, cómo
paliar o eliminar las consecuenc i as del p eligro o, incluso, cómo enfre ntar se a la emoción del
miedo. De hecho, sobre esto s e profundizará posteriormente cuando se exponga la teoría de la
agenda-setting :
Me d i a p ra ct ic e s an d maj or ne ws so ur c e s ( e . g. , l aw e n fo rc e me nt a ge nc ie s) h av e co o pe ra t ive l y
p ro d uce d a n or ga ni z at io n al “ mac h i ne , ” fu el e d b y e nte r ta i n ment a nd se l ec t iv e us e o f ne ws
so ur c es , th at si multa ne ou sl y c on ne ct s p e o p le to t he ir e ffe c ti ve en vir o n me nt s e ve n a s i t ge ne ra t es
en te r ta in me nt -o r ie nt e d p ro fi ts [ . ..] T his d i sc o ur se re s o nate s th ro u gh p ub li c i nfo r mat io n a nd i s
b ec o min g a p ar t o f wha t a ma ss so c ie t y ho l d s i n c o m mon: W e inc r e as in gl y sh ar e u nd e rs ta nd i ngs
ab o ut what to fear and how to avo id i t. Th e co ns eq ue nc e s ar e fel t in nume ro u s way s but
p ar t ic ul ar l y i n a c ce l er a ted neg a ti ve pe r c ep t io ns a bo u t p ub li c o rd e r ( e .g ., t he st r e e ts are no t sa fe ,
st ra ng er s a r e da nge r o us, the stat e m u st p r o vi d e m o re cont r o l a nd sur ve il la nc e ) (Alt he id e y
Mi c hlo wsk i, 1 99 9 : 4 7 6) .
Rey y Rincón (2008) apoyan esta ide a. Los autores considera n a los mass me dia no solo como
predicadores del miedo, sino ta mbién como apo rtadores de soluciones al mi smo. Farré Coma
(2005) coincide con estos autores, afirm ando qu e esta constante exposición al miedo a través
de los medios de comunica ción de masas conlleva la creación de un bucle, en el que el
ciudadano a caba po r considerar su hogar como un lugar seguro del ex terior y, por tanto, cuanto
más tiempo está en casa, más tiempo de ex posición a noticias, pro gramas, etc., y , en definiti va,
más exposición a información genera dora de miedo.
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
144
Phillips (1958) realiza un a de l as primeras c ríticas a aquellas definiciones del término “opinión
pública”, pue s no inclu y e n la comunicación como un factor relevante a destacar, así como otros
elementos como los líder es de opinión, en los cuales se p rofundiz ará posteriormente. Para el
autor, la opinión pública
will refer to actio n o r readiness for action with regard to a given issue o n the part of me m b ers o f a
public wh o are reacting in t he ex pectation that oth ers in the public are similarly orie nted toward the
same issue [ …] T he definitio n sa ys not hing abo ut co mmunication, ab out opinio n lead ership, o r
about the role o f primary groups. Yet we strongly suspect that these are some - how i nvolved in the
phenomenon under study. T he part the y pla y may be illuminat ed, ho wever, if we exa mine the
process b y whic h public opini on is formed (P hillips, 195 8: 93).
González Radío explora en profundidad la complejidad de la definición de opinión pública, lo
que le lleva a múltiples c onclusiones. De l mismo modo, rea liza una d iferenciación e ntre aquello
que es “opinión” y lo que se considera “opinión p ública”. Por un lado, el a utor se c entra en lo
que considera “opinión”:
Se entiende por opinión y a modo de defin ición, el dictamen , juicio o parecer que se for m an de una
cosa cuestionable, do nde destacan dos nota s: a) el con tenido co gnoscitivo; b ) sobre aquel lo que es
cuestionable. P or ello la opinión es un saber sobre lo cuestionable (20 05: 60).
En segundo lu gar, se a dentra en el término “o pinión pública”, al que dedica una ma yor
profundidad:
Se entiende por opinión p ública el sentir o estimación en que co inciden la ge neralidad d e las
personas acerca de asuntos deter minados, lo cual i ndica: 1 ) la dimensión cognoscitiv a; 2) la
dimensión valor ativa; 3) la referencia a un sujeto co lectivo, la generalidad de las per sonas: 4) la
inclusión al co incidir, lo cu al i m plica co ncurrencia e n el mismo tiempo, modo, ocasión y
circunstancias, así co mo simultane idad y co ncordancia sin aludir a la p osible causa de la
coincidencia; 5) ver sa sobr e asuntos d eter m inado s.
Por todo ello se estab lece que hay: un conte nido, sea co nocimiento o estimación; que hay un
referente e mpírico, es decir, un asu nto deter minado y c uesti onable; q ue ha y un pr oceso d e crea ción,
que se co ncreta en una for ma d ete rminada; y que hay un sujeto cuantificado que lo crea, ha y un
alguien (2005 : 60 -61).
Este autor unifica los ít ems en una definición de “opinión pública” desde el ca mpo de la
comunicación:
1) la opi ni ón pú bli ca es el ‹p arec er › o la ‹ap r ec ia c ió n › s obr e un a det erm in ada cu es tión , e x pre sa da
‹c ol ect iv am en te › ; 2 ) los te ma s s ob re los qu e ve rsa son de ca rá ct er p úb li co , ‹c on ci ern en a l a c ol ec tiv ida d›
don de se ex pre s an ; 3) l as cue st io n es qu e de bat e s on ‹ con tr ov er t id as › y de ben se r dis cu ti das en un cl im a
de ‹li ber tad › ; 4 ) el su jet o ac ti vo de la op in ión públ ic a es u n gr up o y n o e l in div i duo, l o c u al i m pli ca que
h an si do ‹ com un ic adas › — a qu í rad i ca la op in ión de un in div id u o de la opi ni ón del gru po — ; 5)
re pr ese n ta l a b as e so ci al , es la ‹op in ió n de l os g ob er na dos › , qu e pu ede co inc idi r co n los go be rna n te s; 6)
2. MARCO T EÓRICO
145
la opin i ón pú bli ca ‹n o si em pre es esp ont án ea ›, si n o que su ele es ta r m edia tiz ad a p or i n st an cia s
in ter me dias , c om o l os pa rti do s, pre n sa , e tc ., e s aq uí do n de se en cu en tra n pl ena c on jun ció n de l os m edio s
de co m uni cac ió n d e ma sas con la opi ni ón pú bli ca ; 7) h a de te ner la po s ibi li dad y la pe rs pec ti va de se r
‹e f ic az › o lo qu e es lo m ism o ha de te ner in f lu enc ia rea l en los c en tros de deci si ón po lít ica ; 8) la opi ni ón
pú blic a es ‹d iv ers a›; 9) pe ro , a d em ás , la opi n ión es ‹c am bia nt e› . D e es ta f or m a s e h a i do con st r uy en do
u na con cep ció n de la op in ión p úb li ca (20 05: 1 7- 18 ).
Noelle- Ne umann explica que el concepto de “opinión pública” tiene una relación directa con
otros dos términos que aventuraba Harwood Childs. P or un lado, e xplica Noelle-Neumann
(1995), la opinión pública es un fenómeno social al que s e le puede asignar, desde la
racionalidad, la ide a de que tiene una func ión relevante dentro de l procedimiento por el cual se
desarrolla n tanto las opiniones como las decisiones de los individuos y los grupos en una
sociedad d emocrática. No obstante, la autora especifica que la opinión públi ca también s e
puede entender desde otra perspectiva: como cont rolador social. Noelle -Neumann se basa en
que el objetivo de la opinión pública es encontrar un consenso social, con el que s e garantice
el apoy o a la realización de ciertas decisiones, par eceres o actuaciones. De hecho, la opinión
pública es una forma en sí de crear opiniones e ideas en torno a temáticas debatibles y mar cadas
por su controversia, consiguiendo a sí ser un orient ador de los individuos y la sociedad:
La opinión pública co m o exp resión de juicios sob re cuestiones cuestionables se convierte en guía,
en ve hículo y en sopo rte de la vida social y p olítica en la socied ad democr ática y de derecho […]
Al delimitar el ob jeto d e la opinión p ública hay q ue estab lecer que es una expr esión genér ica que
afecta a los co mporta mientos masivos y a la s interpretacio nes instr umentales q ue apar ecen en lo s
medios de co municación (Gon zález Radío , 2005: 3 6-37).
En relación con la doble vertiente sobre el concepto de opinión pública que ex pone Noelle -
Neumann puede especificarse que:
El con cep t o de una op in ió n públ ic a rac i o na lme nte co nfi gu r a d a se ba sa en la idea de un ciud a d a no
inf or mad o y c ap a z d e f o rm ula r a r gu ment o s r a z on ab l e s y de rea li z ar ju ic io s c or re c to s. E st e
co nc e p to se ce nt r a en la vi da po lí t ic a y e n l as c o nt ro v ersi as p o l ít ica s . La ma yo r p ar te d e l o s
au to r e s qu e e mpl ea n e st e c on ce p t o r e co no ce n qu e só l o un p eq u eñ o gr up o d e c iud a d a no s
inf or mad o s e in te r es a do s p a rti c ip a r e a lmen te e n esa s d is cus io ne s y j uic i o s. P er o e l c on ce pt o de
la « o p ini ó n p úb l ica co mo c on tr o l s oc ia l » a fec t a a t od o s lo s mi e mb ro s d e l a so ci ed ad ( No e l le -
Ne u man n, 1 9 95 : 2 87 ) .
La op inión pública como co ntrol social busca garantizar un ni vel suficiente de consenso social sobre
los valor es y los obj etivos comunes. Según este concepto, el p oder de la opinión p ública es tan
grande que no puede ignor arlo ni el gobier no ni los miemb ros individuales de la socied ad. Este
poder pr ocede de la amenaza de aisla miento que la socied ad dir ige co ntra los indi viduos y los
gobiernos desviados, y del mied o al aisla miento debid o a la naturaleza social del ho mbre.
El concepto de opinión pública co m o control social se extie nde a un área m ucho m a yor; en realidad
a todo lo q ue exprese visib lemente e n público una opinión relacionada con valo res, sea
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
146
directa men te, baj o la forma d e con vicciones expresad as, sea indirecta m ente ( Noelle -Neu mann,
1995 : 289-290).
Esta idea de l a im portancia del aislamiento se m aterializará en su teoría sobre la espiral del
silencio, la cual se ana liz ará en próximos párr afos de este subepí grafe. No obstante, s e
consideraba importante incluir en e ste punto su apreciación sobre la doble ve rtiente del
concepto de opinión públi ca, pues el término “c onsenso social” es de gran r elevancia p ara
entender, como explican Noelle-Neumann (1995 ) y Gonz ález Radío (2005), la o pinión públi ca
como un pilar fundamental en las soci edades democráticas. De hecho, Gonz ález Radío también
destaca la importan cia del aislamiento respecto a la opinión pública, entendiendo este
fenómeno como una acción grupal, social, que conlleva un juicio de valor al respecto: “ La
opinión pública es a quello que se expresa en público sin aislarse, lo cual re presenta la
aprobac ión y la desaprobac ión” (2005: 142).
Si pasamos a considerar el proceso de creación de la opinión públi ca, s e de be tener en cuenta
que las opini ones de los individuos y las sociedades no se d an de forma f ortuita, sino que se
deben a un proce so:
Se trata d e un fenómeno soc ial en el que particip an una multiplicid ad d e factores, sobre todo
aquellos relacio nados co n la co municación política y con la s car acterísticas del entorno en las que
se da el propio proceso. Utilizando un criter io histor icista pod rían distinguirse d os modos diferentes
de formación d e la op inión pública: el proceso de formación d e la opinión en la sociedad primaria
y el pr oceso de for mación de la opinión d e masas ( D ’Ada m o, Gar cía Beaudou x y Fre idenber g,
2007: 10).
D’Adamo, Ga rcía Beaudoux y Freidenberg explican que el primero d e estos modos es la toma
de decisiones d e form a l ocal a través del consenso entre los indi viduos de un lu gar. Como
ejemplo, los autores pon en las reuniones de alde as en las i glesias norteamericanas donde se
discutían los problemas de ese lugar en concreto, llegando a un consenso entre los vecinos. El
segundo, y más inte resante para este trabajo, es l a creación de la opinión pú blica en la sociedad
de masas. D’ Adamo, G arcía Beaudoux y Fre idenberg explican que ante el auge d e la
Revolución I ndustrial y todo lo que este cambio histórico conllevó econ ómica, política y
socialmente, provocó qu e la opini ón públi ca también sufriera modificaciones en diferentes
ítems:
a. El rad io y los i nstru mentos de esti mulación, pue sto que se a mpliaron e incre mentaron de
manera significati va;
b. La vida urbana, q ue fue co nfigurándose co mo necesariamente más co mpleja, m ás flexible y
más móvil;
c. Las relaciones eco nómicas, so ciales y políticas, q ue co menzaron a tener un alca nce ma y or ;
2. MARCO T EÓRICO
147
d. La naturaleza d e los prob lemas, p orque dejaron de ce ntrarse en lo local par a alcanzar una
dimensión global;
e. El flu jo acelerado de la inf or mación, que m odi ficó los tiem p os de vigen cia de los tem as (2007 :
11)
No obstante, la opini ón pública existe desde la cre ación de las primer as sociedades, es decir,
de los primeros grupos “ organizados” de seres humanos, pues al org aniz arse, c rear y mantener
relaciones entre los dif erentes miembros, se fo rmalizaba cierta autoridad entre unos y otros
(D’Ada mo, García Beaud oux y Freidenberg, 2007) . “De esas rel aciones se d educe alguna clase
de comunicación polí tica entre los hombres, que i mplica la exist encia de una opinión pú blica,
es decir, de contestación y participación en los as untos públicos de algún grupo (aunque ést e
fuera minoritario)” (2007: 3).
González Radío (2005) considera que la opinión públi ca debe estudiar al individuo y al grupo,
pero no al indi viduo por se parado, sino de ntro de l grupo, pu es los fac tores contextuales son de
gran im portancia (una d e las críticas que se l e realiz aba a la hipótesis d e la a guja hipodérmica).
González Radío deja patente que la opinión pública es e n sí una construc ción social y que , por
tanto, int erfiere en muchos ámbitos al individuo, pues este está afectado por el/los grupo/s
social/es al/los que pertenec e.
Desde la perspecti va del i ndividuo se si túa la opinión p ública como una forma d e c ultura, p or lo
que ante lo que se quiere entender por opinión pública el individuo se encuentra condicio nado p or
dos f actores: por una parte, la situació n social objetiva, que afecta directa mente a los de más, la idea
y cree ncia q ue te ngan los demás; pero, p or otra p arte, la situ ación social subj etiv a, la conciencia
que uno se hace de la rea lidad. Una y otra situación deter minante ca m bia en funció n de las variables:
tiempo, lugar y relación. Con relación a e sta última, la per tenencia a un deter minado grupo, sea
primario o secundario, condiciona el com porta miento la idea o r epresentación de la sociedad y d e
las distintas situacione s. En e se sen tido, se interpretan lo s proce sos de integración que r ealiza el
grupo y los proce sos de adaptación que realiza el individuo […] Siendo una construcció n social, la
opinión pública incide, afecta y config ura estados de opinión, estereo tipos sociales y formas de ver
e interpretar las circunstancias y los modos de vi vir (200 5: 22).
D’Adamo, García Beaudoux y Freidenberg afir man que en este proceso de creación de la
opinión pública ha y dos dimensiones temporales. Por un lado, e s estático pues la opinión
pública pertenece a un momento exacto con un contexto sincrónico: “como si se sacara una
fotografía de un moment o determinado” (2007: 12). Por otro lado, “la diná mica […] la concibe
de un modo evolutivo, como si fuera una película. El proc eso dinámico de formación de la
opinión pública puede ser descrito como una serie de momentos interdependientes, de flujo y
reflujo, y complementarios entre sí” (2007: 12). Así, al conceb ir la opini ón públi ca desde una
perspec tiva dinámica, la emisión de una cantidad ma y or d e información se hizo más fr ecuente,
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
148
incluso aquella que se pr esentaba a una audiencia que no tenía vínculo con los acontec imientos
noticiosos (D’Adamo, G arcía Beaudoux y Freide nberg, 2007). Esto a yudó a los medios de
comunicación de masas a erigirse como un pilar esencial, como se explicó en el subepígrafe
anterior sobre el escaso contacto dire cto que tienen los receptores.
Por lo tanto, la opini ón pú blica aporta a los individuos conocimientos del entorno a nivel global,
aunque este no tenga una relación dire cta. Dicho entorno es mu y importante para la opini ón
pública y, en general, pa ra los medios de comunica ción de masas, y , por ende, para entender
los efectos que estos implican, pues es dond e a caban tom ando su papel l os receptores. Esto
provoca, según Luhmann, que los efectos no pued an limitarse de forma exacta, ni en forma ni
en expansión:
En la medida en la que el lect or o el espectado r toman par te, el acto de ente nder la co municació n
tiene lugar en el sistema [ ...] porque sólo en el sistema s e d a la ocasión para que su rja m á s
comunicación. Se entie nde por sí m i smo q ue lo s efectos que se pr od ucen en el entorno s on d iversos
e incalculables (2 000 : 61).
De hec ho, l as formas en que puede afectar la opinión pública a la a udiencia son m últiples:
Ob vi o us l y o u r pu bl i c opi ni o n is in int e r mit te nt con ta c t wit h co mp le xe s of all sor t s; w it h amb it io n
an d eco n o mic int e re s t, p er son al a ni mo si t y, r a ci a l pr ej ud ic e , c la ss fee l in g a nd wha t n o t. T hey
d ist o r t our r ead i ng , o ur thi n ki n g, our ta l kin g an d o ur b eh av io r in a gre a t va r ie ty o f way s
(L ip p man n, 2 0 09 : 7 4) .
Thus the e nvironment w ith w h ich our public opinio ns deal is refracted in many w a ys, b y ce nsors hip
and privacy at the source, by physical and social barriers at the oth er end, b y sca nt attention, b y the
povert y o f language, b y dis traction, b y uncon scious co nstellations o f feelin g, b y wear and tear,
violence, monoton y. T hese limitatio ns upon our access to that e nviron ment co mbine with th e
obscurity and co mplexity o f t he facts the mselves to th wart clea rness a nd j ustice of perception, to
substitute misleadi ng fictions for w or kable ideas, and to d ep rive u s of ad e quate check s up on those
who conscio usly strive to m isl ead (2 009: 76).
Según Phil lips (1958), l a opinión públi ca sob re una temática puede c ambiar en cuestión de
poco tiempo, pues las temáticas que pertenecen y generan la opini ón p ública pueden ser
desplazadas por otras y, esas, a su v ez, por otras, y así sucesivamente. No hay p rueba fáctica
de que un tema sea permane nte en la opinión pública:
In o ther i nstances, public opi nion o n one issue is d isplace d by public opi nion o n a not her. At t he
same ti me t hat beh avioral adj ustment with r egard to the first issue is a t its height, a new wave o f
public o pinion based o n a d ifferent iss ue may b e starti ng to for m. T his ne w iss ue attr acts t he
attention of m an y members of the first public and a ne w p ublic, possibl y m ore p o w erful, is formed
(1958: 1 03).
2. MARCO T EÓRICO
149
Siguiendo con el funcionamiento de la opinión pú blica, Saperas (1987) expone cómo esta actúa
en función de las dif erentes temáticas y sus estru cturas, consiguiendo así transmitir aquellas
que, aparentemente, son complejas, de la forma más simple y directa posible; el autor pone
como ejemplo la política. Noelle-Neumann (1995 ) o Lippmann (2009) explican que la opinión
pública se ba sa, en la mayoría de los c asos, en estereotipos y , además, la primera autora ex pone,
apoy ando la ide a de P hillips (1958 ), qu e el tiempo que dura una temática en la opinión pública
no se puede delimitar: “ Los est ereotipos se ciernen, como nubes de tormenta, sobre el p aisaje
de la opinión pública dura nte un tiempo y después pueden de saparecer para siem pre” (N oelle -
Neumann, 1995: 191).
Una figura de gran im portancia para el fenómeno de la opinión pública son los lí deres de
opinión. Estos son un intermediario ent re los medios y parte d e la po blación a la qu e los
mensajes no ll egan; gracias a l a figura del líder d e opinión, consiguen reci bir la información
(Katz y L azarsfeld, 1979). Según Katz y Lazarsfeld (1979), los líderes de opinión son capace s
de influir en las opinione s, decisiones y acciones de los demás, mucho má s de lo que el resto
puede influirle a él (Phill ips, 1958). P or lo tanto, el presti gio con el qu e cuenta es bastant e
destacable:
At this point it is p ossible to suggest a def inition of leadership that m a y be useful in this d iscussion.
A leader is one wh o, in the course of interacting with other s, influences th eir attitudes and behavior
m ore than t hey influe nce his. He can be disti nguished fro m a spokesman, who merel y registers t he
opinions o f a group, a nd fro m a prestigeful follo wer, who lends a uthor ity to a n e xisting pa ttern o f
attitudes and b ehavior. In practice, a leader often serves as sp okesman and ma y seek to ap pear as a
prestigeful follo wer, b ut i f he actually is l imited to one or the ot her of the se roles he ca nnot b e
regarded as a leader (Phillips, 1958 : 96).
Según las explicaciones que aporta Phillips (1958), los líderes de opinión son un escalón
intermedio entre los que lanz an las temátic as y b uscan un clima de opinión específico, y el
resto de indi viduos del grupo, la mas a. Se trata de simplificar el proceso, pues el líder de
opinión transmite el mensaje al re sto de sujetos de una forma más sencilla para comprender y,
además, intentando lle gar a un ma yor número de personas de lo que haría el emisor principal:
“When leadership takes over, simplification a nd ge neralization of the origina l ideas can usuall y
be observed. The leader attempts to formulate the issues in such a mane r that the y will be
understood by and be of i nterest to the largest possible number of people” ( Phillips, 1958: 96).
Esta fig ura es, ade más, importante por su capacidad de crear información y lazos de unión entre
diferentes grupos, los cuales a veces no tendrían que compartir ideas . Por ell o, según el número
de persona s que a cepte las ideas propue stas, podrá generarse o no la opinión públi ca:
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
150
Thro ugh i ntergro up co mmunicatio ns t he idea s t hat were o riginally deve loped as a result o f
interaction w it hin face - to - face g roups, an d w er e then rati onalized by o pinion leader s, beco me
available to large numbers of people wh o are not per sonally ac quainted with each other. Some of
those expo sed p ay no attention . Others find the ne w ideas inc ompatible with ex isting ideas o n which
they alread y base their be havior or w ith the nor ms o f the gro ups to which they belo ng, an d either
consciously or unconsciousl y rej ec t the ne w notions. If all, or nearly all, of the aud ience falls into
one of the se t wo categories, t hen the pheno m enon we cal l public opinion never appear s. If, on th e
other hand, a s ubstantial numb er of individuals accept the new idea s there is a cha nce t h at public
opinion may develop (Phillips, 1958: 9 7).
De hecho, puede darse e l caso en que a los indi viduos ni siquiera les llam e la atención una
temática u opinión, pero por la figura del líder d e opinión, y del resto de l grupo, sí sienten
atracción, de forma que acaban por acoger las o piniones que estos tienen acerca de dichas
temáticas (Phillips, 1958):
It is at thi s la st st age o f th e pub li c op i ni on pr o ce ss th at ind ivi d ua ls who ma y be unc o nc e rne d w it h
the is su e a t ha nd a r e d r a wn i n . Al tho u gh t he y ma y no t h ave fo r me d a p er s on al at t it ud e a bo ut th e
is sue , and i nd ee d ma y n ot b e awar e o f it s n at ur e , the y sti l l ca nno t ign o re t he b eh av ior of t ho se
ab o ut th em who d o fe el st r on gl y ab o u t i t. T he y t he r ef or e a do p t t he o p in io ns o f the s e o t he r
(P hil li p s, 19 5 8: 10 1) .
En este punto se entiende , pues, a los medios de c omunicac ión como pilares esenc iales para la
opinión pública, pues se pueden considerar difusores de la misma y representaciones de ella.
Según Phillips (1958), lo primordial de los mass media es su capacidad de difusión, pues son
los transmisores de aquellas temáticas que generan preocupación en l os individuos que
conforman un grupo social. El autor explica que la divulgación de los medio s de comunicación
de masas es ba stante amplia, logrando en una sola emisión o retransmisión un g ran número de
impactos, lo cual no es una condición sine qua non , sino que podría conseg uirse una misma
asimilación de la opinión pública sin esta herramienta, pe ro de forma muc ho más lenta y con
una dificultad mucho may or, lo que Phil lips (1958) denomina como comun icación de persona
a persona. Otros autor es, como Gonz ález Radío (2005), entienden que el concepto de opinión
pública en la actualidad está lig ado al de medios de comunicación de masas.
La o pinión p ública refleja sentires y d ec ires y rep rod ucen la libertad de información y, a l m is mo
tiempo, proyectan sentires e ideas sobre asuntos parti culares vertidos en los medio s d e
comunicación.
En este co ntexto, ha y que valor ar p ositivamente el papel de los medios co mo e ntidades en donde
aparecen las o piniones y se co sifica la opinió n pública (20 05: 35).
2. MARCO T EÓRICO
151
De hecho, S alazar (2009 ) explica cómo los medios de comunicación son los creadores de la
opinión pública, hasta el punto de considerarla un invento de estos:
Los medios de comunicación so n los nuevos forj adores de op inión pública, entendida como el
conoci m iento colecti vo resultante de la acción combinada de los diverso s medios de comunicació n
efectivamente utilizados en cada época y l ugar; el c lima forjad o está vesti do de op acidad, le
imprimen colores i mprevisibles y contingentes di fícil de apre hender, a pesar de ser una cons trucción
social no constru ye la realida d, la d efine y red efine d esde la exterioridad , lo cual nos ind ica la
mayoría de las veces que la o pinión p ública es u n invento, e s la descon figuración y la ignor ancia
de la evidencia p rimera o realid ad social ( Salazar, 2009 : 110 -111 ).
Como afirma González Radío (2005) la opinión públi ca se expande a través de los mass media
y conlleva, directa y /o in directamente, la creación de la identidad tanto individual como a nivel
social:
Los m ed ios s e convierten en sí m ismos como po rtavoces y como referencia s de lo que es la opinión
pública, lo q ue es y represe nta el consenso social, así co mo los sig nificados d e la disona ncia o la
carencia de tal consenso.
De esta for m a, la ide ntidad individual y la identidad social, lo s procesos d e defensa de inter eses, la
conformación de un estado de op inión […] encuentra eco, tanto en la sociedad y el individuo, com o
en el poder (2005: 85 ).
Los medios de comunicación de masas son, entonces, vínculos esenciales entre el mundo y los
individuos y , como se ex plicó anteriormente, la globalización supuso el punto histórico de
inflexión, pues los receptores no tienen necesidad de salir del salón de su casa para conocer lo
que ocur ría en la otra p arte del mundo y , por supu esto, moldear la opinión pú blica. Todo g r acias
a este proceso de mapas mentales al que Lippmann (2009) ha ce alusión:
The very fact th at men theorise at all is proof t hat t heir pseudo -environment s, their interior
representations o f the world, are a determining element in t hought, feeli ng, a nd actio n. For if the
connection b etween reality an d huma n response were direct and immediate, r ather tha n direc t and
inferred, indecision a nd failure would be unk nown [ ...] B ut public o pinion deals with indirect,
unseen, an d puzzling facts, and th ere is n othing obvious about them. The situ ations to w hich public
opinions refer are k nown only as o pinions (2009 : 27 ).
Esto no solo supone recibir una parte “sesgada” d e la realidad, pues los medios de
comunicación son los que dec iden qué contar, cómo y cuándo, como se expresó en el
subepígrafe anterior, sino que se necesita tambié n más atención por parte del recept or, y m ás
esfuerzo. Esto se debe a que, obviamente, el ser h umano ti ende a imaginar, pensar, etc.; y en
este caso lo ha ce en sucesos/ hechos que no ha viv ido en la realidad, po r lo que el esfu erzo es
mayor (D’Adamo, Garc í a Beaudoux y Fre idenberg, 2007).
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
152
In putting toget her our public o pinions, not onl y do we have to picture more space than we ca n see
with our e yes, and m ore time than we can feel, but we have to describe and j udge m ore peop le,
m ore actions, more things tha n we can ever count, or vividly imagi ne. We have to summarize and
generalize. We ha ve to pick out sa mples, and treat t hem as typical ( Lippmann, 20 09: 148) .
Esto se acentúa con la globalización, en concreto, con el hecho de que : “ L a globalización
mediática esté conta giando los innovadores com p ortamientos colectivos” (Gil Calvo, 2003:
217).
La co municación globalizada ha multiplicado la generac ión imprevista de complej as
externalidad es, intensificando la interdependencia e ntre el t odo y las par tes, así co mo la d e éstas
entre sí, q ue a travé s de s u i nterconexión mediática pueden condicio narse unas a o tras d e forma
cada vez más compleja (20 03: 212).
De hec ho, el autor acusa directamente a los mass media de manipular los hechos – la rea lidad –
para cambiar la opini ón pública; por tanto, no sol o los co nsidera actores activos en tanto que
difusores, sino también creadores:
Los medios de co municació n permiten manipular la realida d mediante la creación y el ca mbio de
los climas de opinión. De ahí q ue to dos los agentes sociales, tanto públicos com o privados , in ten ten
acceder a los medios, a f in de condicio nar en la m edida de lo posible semejante manipulaci ón de la
realidad (2003: 279).
Confor m e crec e el tamaño del grupo y se hacen más densas las red es de interacción a gran escala,
entonces la oralidad ya no basta como mecanismo de control social, pues lo rum o res y la s
habladurías só lo s on eficace s a escala local. De ahí que ha y a de recurrirse a los medio s d e
comunicación d e masas, que a ctúan de grandes vías tra nsmiso ras del efecto co ntagio, q ue prop aga
el co mportamiento co lectivo a través d e todas las redes d e comunicación a distancia, im pre sa o
audiovisual (200 3: 216).
Esto lo rea firma González R adío (2005), quien en tiende que el juego d e r elaciones exist entes
entre los medios de comunicación de masas y l a o pinión pública genera u na forma de ver la
realidad dif erente, pues traslada ciertos sentimi entos, emociones, perspectivas, etc. En
definitiva, a diferentes intereses
La opinión p ública apar ece como un marco cult ural y un ester eotipo de los sentires, visio nes y
formas de ver r eflejada en los medios de co municación, por lo q ue se trata de una for ma d e co ncebir
y d e entender la realidad a través d e los medios inform ativos, pero atendiendo a la relación
Individuo, Pod er, Mer cado y Sociedad (2005 : 22).
La opinión pública tiene diferentes funciones en la sociedad; entre ellas, ayuda a ordenar y
esclarecer la vid a en sociedad, a y uda a que el indi viduo se sitúe dentro de l os grupos sociales
a los que p ertenece (Gonz ález Radío, 2005). P ara esto, el papel de los m edi os de mas as es
indispensable, como transmisores y creadores de la opinión pública:
2. MARCO T EÓRICO
153
La información es un factor nuclear para id entificar la opinió n pública, por lo que la comunicación
y la infor mación se con vierten en la materia pri m a de la op inión p ública. Aquella i nfor mación
aparece d istribuida so cialmente y d e forma natural po r los medios de comunicación, por lo cual s e
convierten en ele mentos básic os y ordenado res de la vida social.
Los niveles d e afectació n, de influencia y de manipulación de lo s medios de comunicación es
notable y básica en la socied ad conformando mitos, e xtendie ndo in formaciones, e stablecie ndo a los
individuos de u na deter minada sociedad (2005: 86).
González Radío ex plica que la opinión públi ca ha sido útil en numerosas o casion es a lo lar go
de la historia del ser hu mano en sociedad para modificar comportamientos, tanto a niv el
individual como social: “hay un a afectación indirecta e inmediata de l a opinión pública,
entendida como opinión publicada y cono cimiento de la realidad social, que sirve pa ra adecuar
y ajustar los comportamientos y l as actitudes y la s opiniones” (2005: 139). Esto provoca que
el surtidor de la opinión pública, el escaparate como metáfora más coloquial, sean los medios
de comunicación de masas:
El poder y la o pinión públic a tienen una relació n direc ta y co mo fuente d e la o pinión pública
aparecen los medios d e co municación, po r lo cual éstos se convierte n en ele mentos sig nificativo s
dentro d e la socied ad, donde tienen la funció n de ar ticulación. Reco rdándonos q ue la opinión
pública tiene unas funciones manifiesta s y una s funciones latentes (Go nzález Radío , 200 5: 143).
Todos estos factores int ervienen a la hor a de modificar la opinión públi ca a través d e los
medios, lo que Gil Calvo (2003) d enomina manip ulación. No obstante, en ocasiones se pued e
dar lo que Noelle- Ne uma nn (1995) denomina como “clima doble de opinión”, que nace de la
divergencia entre la opinión que existe entre los individuos, la audiencia de los medios de
comunicación de masas y la que ofrecen lo s mass media :
El «clima doble d e op inión » − es decir, la d iferencia entre el cli ma per cibido por la población y el
clima represe ntado por los m ed ios […] El cli ma dob le de opinión e s un fenó meno fascinante [… ]
ya q ue sólo se da en circun stancias mu y espec iales. Sólo s e produce cuando el clima de opinión
entre la gente y el p redominan te entre los per iodistas d e los medios so n diferentes. E ste fe nómeno,
sin embar go, perm ite elaborar un útil instrumento. Siem pre que aparezca una discrepancia entre las
op iniones o las intencione s tal como las expresan real m ente los individuos y la estimación de qué
debe pensar la mayoría […] merece la pena co mprobar la hipótesis de que el er ror de j uicio ha ya
podid o ser provocado por los medios de co municación (No elle-Neu mann, 1995 : 220).
No obsta nte, Gil Calvo (2003) expli ca que existe una especie de bucle entre la opinión pública
y los medios de comunicación de masas, pues los segundos a yudan a conformar la opinión
pública. Esta opinión pública puede afectar a la audienc ia y , además, es s obre la que versa la
realidad social. Por lo tanto, también es un factor que limita otros ámbitos, como por ejemplo
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
256
Este tipo de situa ciones s on las que la clase polític a intenta evitar, p ara lo cual debe exist ir un
equilibrio entre el mi edo y la esperanza/confianza en u n futuro a lentador, opciones viables. D e
hecho, el miedo es lo c ontrario a la confianza, como e xplican Charaudeau (2009) y Eggs
(2011), pero también es lo contrario a la seguridad y la estabilidad. El miedo es un signo d e
incertidumbre constante, algo que rompe con la “ promesa” que se le hace al indi viduo desde el
sistema, tanto por parte del merc ado como del Estado:
El miedo es incertidu mbre de lo porvenir que e mplaza el imaginario de una vida estable que se
plasma co mo una subjetivida d do m inante y co mo of er ta s upre m a del capitali smo. La felicidad
entendida co mo la seguridad d e acceso a tod os los bienes y servicios ; la ce rteza d e que si e l
individuo se atiene al p acto social, acepta las regulaciones y legitima el m onopolio de la violencia
por el soberano, entonces recib irá a cambio pro tección y abrigo, según lo que d icta el sentido común.
Y para eso está el Estado, el que todos paga mos, al que todos remoza m os con nuestr a obediencia y
que, naturalmente, d ebe dar nos garantías colectivas ante n uestra vulnerab ilidad individ ual (Useche
Aldana, 200 8: 2).
La falta de seguridad y certidumbre, junt o al miedo y la vulner abilidad que generan en el
individuo, provocan que esta emoción sea muy eficaz:
valerse d el miedo es un r ecurso suma mente eficaz, porq ue o bnubila la me nte e impide e xaminar
con detenimiento la cuestión y pensar en la forma de desterrar lo. Cuando se recurre al miedo de
forma inj ustificada, el mensaje provoca un desengaño, por no mencionar la crueldad que conlleva
el miedo en sí mismo. E llo nos lleva a co nsiderar pormenorizadamente cuándo y có mo resulta eficaz
la inducción de miedo (P ratkanis y Aronso n, 1994: 21 6 -21 7).
Po r lo tan to, a co nt inu aci ón , se va a des ar ro llar cómo la pr opa ga nda pol ític a, a tra vé s de su s
té cnic as, hace uso de la em oc ión del mied o, es dec ir, có mo se incl uy e dicha emo ción en los
di sc ur sos pro pag and íst icos . Bi squ er ra (2 017 ) hace un aná li si s de los ac tiva dor es de l mie do,
a cha cán dolo s a lo qu e con si der a com o “t ra uma s”, lo s cua le s será n temát ica s pi lar es en la
pr opag and a po lí tic a . El a uto r e xpl ic a que es to s tr a uma s s on a co ntec imien tos o su ce so s qu e
pr ovoc an un a co nmoc ión; una im pre sió n nega ti va e in te nsa en los ind ivi duos de una socie dad:
“ un t ra uma po líti co e s un f enóm eno co lec tiv o” (B is que rra , 20 17: 6 1) . Tal es la i nten si da d,
e xpl ic a, que “ ac ti van un pe nsa mie nto de es tar en situ ac ión de r ie sgo, vu lnera bil ida d y ame naz a
c on st ant e” ( 2017 : 6 5). Esto pr ovoc a que el i mpa cto ll eg ue n o s o lo a pe rso na s que han vi vid o en
pr imer a per sona los suc eso s, s in o qu e co ns iga i nc id ir t a mb ién en pe rso nas q ue, r ea lm ent e, no han
te nid o un c on tac to, ni siqu iera cerc ano, con los hech os. “Es to s c lima s emo cio nal e s son un bue n
c al do de cul tiv o para polí tic a s rep re so ra s […] L a polít ica de l mie do a vec es se fun dame nta en
Un tra um a o en la prev enc ión de un trau ma hipo téti co ” (2 017: 61 ). El a ut or expo ne e l eje mpl o
2. MARCO T EÓRICO
257
de los y iha dista s y el con fl ic to co n Occ iden te qu e ha de sen cad ena do ten si one s po lí tic a s y
so cia les , a sí co mo mi edo en la p obla ció n po r mú ltip les ata que s terr or is tas :
Si b ien podemos a vanzar múltiples y diversa s interpretacion es [ …] pod em os convenir en q ue una
de las interpr etaciones posib les y verosímiles es la narr ativa siguie nte: la cultura o ccid ental
representa el mal po r múltiples razo nes; pro fesan una reli gión co ntraria a la nuestra, p or la que
lucharon y mur ieron miles de musulmanes, nos e xpulsaron d e Europ a en el siglo XIV (tr auma) y
desde entonces sola mente hemos sufrido hu millaciones del i mperialismo occid ental; es nuestro
deber devolver el honor a los « nuestros » co n la recupera ción de los territor ios per dido s y la
instauración del cali fato unive rsal.
En contrapo sición, pueden p roliferar (como está sucediendo) en Europa y América movimiento s
basado s en el miedo que fomentan la xenofobia y la ex clusión. T odo esto son narrativas q ue
pretenden s ubrayar có mo la política d el miedo se s ustenta a menudo sobre aconteci m iento s
traumáticos que acti van las e m oc iones fuertes q ue predispo nen la acció n (2017 : 66 ).
Po r l o t an to, co m o e j emp lo de t rau m as pol ít i cos, Bi s qu err a (2 0 17 ) m en cio na los at en t ad os
te rro ri s ta s, gue rr as o de rrot as mil it ar es , i n ci die ndo en e l at en t ad o d el 11 de s ep t ie mb re a la s
To rre s Ge me la s d e N ue va Y or k (1 1 - S ): “E l W orl d T ra de C en te r era u n s í mb ol o pot en t e,
es tr ech am en t e r el aci o na do c on n u est r a c on ce pció n d el p aí s y d e no so t ro s en i n fi nid ad d e
fo rm as ” ( Lako ff , 202 0: 7 7 ). Bi sq ue rra (2 0 17 ) e x pli c a q ue es te fu e e l in ic io d e un a
co ns ecu ci ó n d e at en t ad os q ue ma nt u vo est e t rau ma. S u r ép li ca en Es pa ñ a f uer on l os at en ta dos
de l 11 de mar z o d e 200 4 e n la es ta ci ón de At oc ha e n Ma dr id, q u e su pus ie ro n un c am bio e n
el ru mb o p ol ít i co de l pa ís , el cu al s e en fr en tó , días de sp u és , a una s e l eccio n es gen er al es , l a
cu al es ca st i garo n al P ar t id o P opu l ar (P P ) co n J os é M arí a Az n ar a la ca b ez a , be nef i ci and o
co mo ven ced or a Jo sé Lui s Rod rí gu ez Zapat er o del Par ti d o Soc ia lis t a Obre ro Esp añ ol
(P S OE ) (C am iñ as He rn án de z , 2 00 7) . Ot ro s at en tad os qu e de ben m en ci onars e co m o ej em pl o
so n lo s at en t ad os d e Pa rí s de 2 01 5, l os d e N iz a d e 2 01 6, l o s d e Ca ta l uña de 20 1 7 o l o s d e
Lon dr es de 20 1 7. Es c ie rt o q u e Bi s qu err a ( 20 17 ) pu nt ua li z a q ue ha n ex ist i do ot ro s mu ch os
at en ta do s e n ot ra s par t es del mu nd o, p er o se det ie ne en e sto s por cer can ía en he cho s y
rep er cu si ón medi át i ca y pol í ti ca en Occ i den t e. Del mis m o m o do , la pres ent e tes is do cto ra l se
aco ge a l m is m o pr oc es o, de di cán d ol e su s l í ne as a O cc id en te y, s o br e t o do , a Es pa ña p or
de li m it aci ón es p aci al d el es tu di o. No ob s ta nte , s e le d a l a mis m a i mp ort a nci a p o lí ti ca , s oc ia l
y, p o r su p ues t o, hum an a a at en ta do s qu e s e h an da do en ot r as p ar te s del m u nd o , s u fri d os en
lu gar es co mo Bagd ad , Irak, Af gani s tá n, Si ri a, Y em en , N i geri a, en t re ot r os p aí se s q ue
co nv iv en co n el t er ro ri sm o d ia ri am en te y d o nd e e st e t ip o d e act u aci o nes s i gue s i en do u na
la cra .
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
258
Estos traumas, como los atentados terroristas, generan a rgumentos políti cos que aprovechan
las c ircunstancias sociales, pues en cajan p erfectamente en l as estrategias p ropagandísticas que
utilizan el miedo. Esto se de be a que, como se explicaba anteriormente, s e deja a los ciudadanos
sin otra alterna tiva. Los e misores de este tipo de propaga nda, respecto a los traumas,
tienden a hacer uso de la estrategia “O y o o el Terror”, m anip ulando las conciencia s populares para
que identifique n al gobierno con el estabilizad or d e la nación y a todo adversario del partido con el
enemigo d e la socied ad. Frente al par tido del gob ierno só lo queda el terro r, el caos o la ruina. Esta
rentable antinomia se fabr ica haciendo que la ciudadanía vincule m e ntalme nte a los adver sarios del
partido o el gobernante con tal enemigo co mún ( Catalán, 20 18: 7 0).
Bisquerra (2017) afirma que estos traumas tan devastadores para las ciudada nías son
instrumentalizados por el poder, la clase política, a travé s de la propaganda. Todo en be neficio
propio del emisor par a conseguir ese control y domi nación política que ya se ha mencion ado
en numerosas ocasiones. Recuperando en especial el atenta do del 11-S, Aparici, Día z y Tucho
lo califican como “punto de inflexión” (2007: 19). Esto se debe , en gran medida, al fomento y
la implantación de disposiciones y medidas de co ntrol que conllevó, las cuales definen como
“un peaje a pagar en la batalla contra el terrorismo global” (2007: 19). Bisquerra (2017 ) achaca
a la propaganda la acepta ción de est as m edidas gr acias a los traumas, com o el 11 -S, pues son
acontec imientos que afec tan de forma directa al clima social:
Después d el 11 d e septiembre d e 2001 : Al menos a nivel d e propaganda, el clima est aba bien
(artificiosamente) p reparado. Es eviden te que los medios de pro paganda, de forma cons ciente y
organizada, o de forma soc ialmente más o menos inconscie nte, pero comercialmen te m u y
consciente, estaba n prep arando las g uerras de Or iente Medi o. B asta con reco rdar q ue el terror ismo
y la “guerra co ntra el te rro r” ha s ido la exc usa tra mposa p ara p rovocar incluso guerras de
destrucción total de países y estado s co m o Irak ( Tizó n, 2011: 232 -233 ).
Es importante aquí el co ncepto “Guerra contra el terror” mencionado po r Tizón (2011), pues
fue uti lizado por varios di rigentes tr as el 11-S co mo justificante, como George W. Bush. Este
concepto supuso una redefinición de lo que supo nía el miedo y , por ende, lo que suponía la
seguridad e n sí: “The ‘war on ter ror’ propaganda context must conside r the state -defined
concept o f ‘s ecurity’, an d how ‘thr eats’ and th e r ange of ‘soluti ons’ are defined in relation to
this” (Briant, 2017: 25). Esta “redefinición” se vincula directamente con los “marcos” y
estructuras mentales de valores c onsensuados sobre los que teoriza La koff (2020 ):
Los marcos son estruc turas mentales que moldean nuestra visión del mundo. Por lo tanto, m o ldean
los objetivos que p erseguimos, los p lanes que traza m os, el modo en que actuamos y lo que
considera m os un b uen o mal resultado de nuestras accio nes. En p olít ica, nuestros marcos moldea n
las políticas sociales y las inst ituciones que cr ea m os par a p onerlas en pr áctica. Mo dificar nuestros
marcos es modificar tod o esto, así que un ca mbio de marco es un ca mbio social. Los marc os ni se
2. MARCO T EÓRICO
259
ven ni se yen. Forman parte d e lo que los científicos llaman e l « i nconscie nte colectivo »; se trata de
estructuras de nuestro cerebro a las que no p odemos acce der de manera co nsciente, pero que
conoce mos a través de sus co nsecuenc ias: la forma e n la que raz onamos y lo q ue consider am os
sentido co mún (2020 : 11)
Si ponemos en relación l o comentado por B riant (2017) y lo propuesto po r Lakoff (2020), el
11-S supuso una ruptura con los marcos con los que contab an los ciudadanos de Occidente
respec to a la estabilidad, la certidumbre, la segurid ad, etc. El miedo pasó a ser parte de la vida
diaria de los ciudadanos, pues se habían dado cuenta de que el que proporcionador de se gurida d
había sido atacado (Salvador, 2015) y , por tanto, e indirectamente, el resto también. Ningún
lugar era seguro, cualquiera podía ser el enemigo, cualquiera podía ser vícti ma. Ga itán Briceño
y J aillier Castrillón (2014) ex plican que:
El éxito de la maquinaria de propaganda consiste en cambiar la estructura de pensa m iento y la forma
de co m pren sión de la realidad , a parti r d e una ideolo gía prees tablecida; por tanto, tod as las accio nes
serán f r uto de esa n ueva mirada. Esta m aquinaria ideoló gica transforma esquemas mentales,
representaciones colecti vas, d efine valores y, en general, for ma el siste ma de vida (20 14: 19).
Por lo tanto, había que otorgar diferentes significados. El atentado marcó el contexto y las
estructuras mentales se vieron afectadas y c ambiaron: “Rede finir el marco significa cambiar el
modo en que el público v e el mundo. Es cambiar l o que se considera senti do común” ( Lakoff,
2020: 11). Como la prop aganda depend e dir ectamente del contexto (Briant, 2017), el miedo se
apoderó de esas estructuras, por lo que, como explica Briant (2017), se redefinió todo lo que
supone conceptos como temer o el binomio seguridad/ inseguridad, así como cuestiones
relativas a qué temer o cómo paliar ese miedo. De ese temor, esa insegurida d y esa
incertidumbre ge stados p or el atentado, se crearon argumentos propagandísticos basados en el
miedo y e n la búsqueda de una estabilidad y un “f uturo mejor”:
De ahí, la tradiciona l explo tació n de los réditos simbólico s d erivados de la p enetración en la s
conciencias de lo s mitos d e la “Seguridad Nacional” y la “ P az Mun dial”, h o y, reforzad a por alusió n
constante a las “lecciones del 11 d e septiembre” , co m o h icier a el portavoz de la Verdad, G eorge W.
Bush, en su “reco nfortante” discurso d el martes 28 de junio de 2 005 (Vidal Jiménez, 20 09: 316 ).
Tal e s el ambiente, “estado” psicológ ico y social de l miedo, que, c omo explica Spence (2005 ),
el propio Geor ge W. Bush, en el discu rso de clausura del 16 de ma rzo de 2003 dado en la
cumbre celebrada en las Azores, llegó a afirmar q ue la lucha mundial cont ra el terror en es e
momento era, prácticamente, la primera guerra d el siglo XX I. Así, Spenc e (2005) relacio na
directamente este acontecimiento y sus consecuencias políticas y sociales, con la sociedad del
riesg o de Beck (2003), ya explicada en la prese nte tesis doctoral:
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
260
Just as w ar agai nst ter ror is a global w ar [en r elación a la afir m ación de Bush en el discurso
mencionado], risk societ y i s amon gst other things a p aradigm of glo balization, and as such is par tic -
ularly suited to the interp retation o f the response to Sept e mber 11 200 1, and its effects ( Spence,
2005 : 284).
Spence (2005) entiende la guerra c ontra el terror (el terrorismo) como una batalla constante de
la realidad que estamos viviendo. El autor explica que, en p ro de la se gurida d, acaba por
ge nerarse más terror y, por ende , más inseguridad, apo y ándose en la paradoja de Kissinger:
A more co mplete ac count of the causes and effects o f contemporar y terr or wou ld, minimall y,
incorporate eschatological, petro chemical, postcolonial and neo - conservative elements beyon d the
scope of this d iscussion. E ven within its li mited d eployment here, ho w ever, world risk so ciety
supports an under standing o f war agai nst terr or and its contexts that is simulta neousl y cri tical and
constructive, c halle nging the calcified a ssumptions of national security with alter native vocab -
ularies a nd n or ms of mutual ri sk, v ulnerabilit y, d ependence and responsibility. Kissinger’s paradox
– that absolute sec urity for o ne entails its opp osite for the re st – implies that t he securit y ambitions
of modern natio n-states ar e at best co nfused and at worst se lf -defeati ng (Spencer, 2 005: 299).
El 11-S consig uió red efinir el mi edo y sus derivados, como la inseg u ridad, l a inestabilidad o la
incertidumbre, c onvirtiéndolo, como ex plica Bisquer ra (2017), en un trauma de gran calado:
Terro rism features w ithin this discourse as one o f t he da ngers against which the impress of security
is ap plied, and is p resent in multiple registers within t he rep ertoire of significations through wh ich
identities achie ve articulatio n and reco gnition in public spac e. T he impact of Septe mber 1 1 is
confirmed in this co ntext as a refiguration, rather than a wholesale transfor mation, as terro r came
to prominence a s the ot her ag ainst which stabilit y and ord er are defined, and terroris m as th e label
applied without discriminati on to behavio urs and id entities experie nced as d isturbing to o r
incompatible with the orthodo xies thereb y prescribed (Sp ence, 2005: 2 92).
Este tipo de traumas influyen en la sociedad y , por supuesto, en sus emociones pue s, como
explica Bisquerra (2017), inciden de lleno en la vulnerabilidad, la inseguridad, la
incertidumbre, etc. y, ade más, en sentimientos como la humi llación o la sensación de derrota.
Todas estas son consideradas por el autor como factores que alimentan el miedo, por lo que
consiguen permear en la política y en la socied ad. De he cho, Bisquer ra (2017) e xplica que van
más allá, pues consiguen distorsionar la realidad, cambiar esos marcos y configurar nuevos
significa dos y símbolos que acaban por adentrarse en lo social, lo polí tico y lo económico, en
definitiva, en tod as las p arcelas de la so ciedad. T odo esto, gracias a l a pr opaganda política
como catalizador de los sucesos y c omo instrumento. Es importante entender de sde las propia s
palabras de Bisquerra (20 17) cómo un tra uma pue de instrumentalizarse y ser partícipe del c lima
del miedo a travé s de la p ropaganda :
el poder transforma el trauma en situación de miedo. Es instru m ental izar la emoción producida por
un trauma par a convertirla e n un cli ma emocional estr uctural [ …] Las estructuras d e posic iones de
2. MARCO T EÓRICO
261
poder , ya sean gobier nos, estad os o grupos de presió n, en situacio nes más o meno s vulnerab les,
pueden utilizar el miedo co mo elemento instigador, así como una respue sta esp ecífica al trauma.
Más que una p olítica d e gestión del miedo, es el uso del miedo en la gestión política [ …] Los
traumas so n recordados, relatados, r evividos y narr ados desde la per spect iva d el m ie do y l a
amenaza. De e sta for m a se constitu yen en una in strumentalid ad emocional e structural. Uno de los
efectos es el uso d el miedo par a la do m inación po lítica (Bisquerra, 2017 : 70 -71).
Puede deducirse que, si el poder es capaz de instrumentaliz ar un trauma para generar miedo
gracias a la propaganda, se provoque, al mismo tiempo, una victimización, pues si hay u n
peligro o amenaza, ha y personas que están sien do acechadas por el mismo: los inocentes.
Bisquerra (2017) explica así que , en el momento en que se instrumentaliza el miedo, se necesita
que algunas person as se sientan como víctimas, por tanto, se uti liza la victimización como
recurso en la estrategia propagandística del miedo. Se explica, por ende, que la relación entr e
traumas y victimización es directa:
Las experiencias de un tr auma generan e mociones inte nsas que p redisponen a un sen timiento de
victimización, lo cual provoca una d istorsió n en la percep ción d e la realidad, en la activac ión d e
mecanismos d e defe nsa inco nsciente s y en la defe nsa de la ideología, de tal for m a q ue i nduce a
pensar en cate gorizacione s si mples d el b ueno y malo, nosotro s y e llos; inclusió n p ara nosotros,
exclusión para ello s.
Esto está más presente de lo que sería d eseable. Cuando se escucha a mu chos rep resentantes de
partido s político s y candid atos a elecciones se puede llegar a la conclusión d e que su p ensamiento
se p uede resumir en: «Nosotr os somos los bue nos, sie mpre hacemos la s cosas bien y tene mos la
razón; ellos son los malos, e stán eq uivocados, siempre lo hac en tod o mal y no tiene n razó n »
(Bisquerra, 2017: 66).
A la perce pción y división entre buenos y malos, entre nosotros y ellos u otros, se dedicará un
subepígrafe posterior d onde se profundiza en técnicas d e la propaganda vinculadas
específicamente c on el miedo.
En definitiva, una for m a eficiente d e hacer us o del miedo e n la p ropaganda polí tica es
aprovec har e instrumentali zar los traumas. C omo y a se ha mencionado, es im portante que el
terrorismo sea tr atado al teoriz ar y analizar la emoción del miedo en la propag anda políti ca,
pues el terrorismo significa en sí mismo un estado de terror. Tal es la importancia que tiene el
terrorismo en el estudio del mi edo que es considerado como uno de los más difundidos entre
la población, y tiene tanta potenc ia que Barber (2004 ) afirma que el terrorismo puede provocar
que la vida d e los indi viduos de una soc iedad se paralic e. Al respecto, Tiz ón (2011) lo considera
un “metamiedo” que ha sido uti lizado, cambiado y manipulado durante toda la historia ; un
miedo “manipulado” po r la c lase política a trav és de la p ropaganda, convirtiéndolo en un
salvoconducto para pod er ejercer el control y se guir mant eniendo su pos ición. El mi edo es
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
262
definido como el inst rumento del terrorismo y de aquellos que quieren difundirlo: “El miedo
es el instrumento y el cataliz ador del terrorismo, el amplificador de acontecimientos terroristas
reales que a e scala global son poco numerosos y distantes e ntre sí” (Barber, 2004: 30).
Partiendo de qu e, s egún Bisquerra (2017), la em oción del miedo es us ada en la prop aganda
política gracias al aprovechamiento de traum as, se procede a exponer cómo se presenta el
miedo en la propaganda, en sus técnicas, e, incluso, cómo puede ll egar a s er más eficaz y útil.
Pratkanis y Aronson (1994) proponen cuatro f actores que consi guen aumentar la eficacia del
uso del miedo en la propaganda política:
1. Intentar que la noticia, el hecho, suceso o temátic a ge nere en los receptore s una inquietud,
cierto sobresalto que le lleve a la intranquilidad. Esto, en primer lugar, genera interés y
atención y, en se gundo lugar, les genera alteración y perturba ción , desembocando en
miedo.
2. Aportar una solución o, al menos, sugerencias que, de ciert a forma, pue dan paliar el
miedo. De esta forma, el receptor sab rá que ha y formas de hacer fr ente a la amenaza o
peligro. De nuevo, la imp ortancia de d arle a la audi encia esp eranzas de a lgo mejor, como
vimos con la, ya ex puesta, estra tegia del salvador.
3. Tratar que los receptores consideren estas sugerencias y /o soluciones com o prácticas y
eficaces. Si las c onsidera n poco aplicables o que, realmente, no podrían paliar la amenaza
o peligro, no le darían cre dibilidad suficiente. En definitiva, ti enen que ser convincentes.
4. Procurar que la audiencia piense que las solucio nes son acertadas y, ade más, que se
sientan capaces de realizar aque llo que se le enco mienda.
Como podemos observar, Pratkanis y Aronson (1994) se centran, sobr e todo, en la ex istencia
de soluciones y en qué característica s deben tener. P or su parte, Jiménez Rodríguez (2017)
realiza un análisis del discurso y un an álisis de frecuencia léx ica de las elecciones de 2015 en
España acerca del uso de las emociones, a partir de los cuales encuentra que ex isten actos de
habla, del discurso, que son susceptibles de provocar la emoción del miedo en el receptor
(201 7: 630), es decir, “ex presiones encaminadas a generar alarma ante hechos ne gativos,
susceptibles de provocar temor en la ciudadanía” (2017: 630). Al respecto, la autora detecta los
siguientes actos de ha bla:
1. Atacar al exogrupo con un lenguaje despectivo y , además, haciendo uso de la repetición
de conceptos.
2. MARCO T EÓRICO
263
2. Utilizar el miedo para posicionar al candidato (emisor) como el único capaz de aportar
una solución eficaz al problema e xpuesto (de nuevo, estrategia del salvador).
3. Augurar tiempos difíciles, un futuro incierto y n egativo: “basado en el mie do al futuro
para refor zar la ima ge n de se gurida d del endogrupo” (Jim énez Rodrígue z, 2017: 630).
En este caso del estudio de Jiménez R odrígue z (2 017) , observamos cómo el uso del miedo se
puede analizar desde el discurso, teniendo ma rcas concretas de cómo identificarlo y, por ende,
de cómo analizarlo. De n uevo, se acude a otro aut or, Valdez Ze peda (2012), para profundizar
en cómo se utiliza el mi edo en la propaganda política. E l autor propone una e strategia
propagandísti ca concreta basada e n el miedo: “el voto de l miedo”. Vald ez Zepeda (2012)
identifica las fa ses que ti enen que caracterizan a esta estrateg ia propagandística:
1. Identifica r y estudiar cuáles son los miedos, amenazas, peligros, e tc. que tienen los
ciudadanos de una sociedad, como el terror ismo o la recesión económica.
2. Jerarquizar los miedos identificados en consona ncia a la prioridad dete ctada en los
electore s. De esta forma, la campaña podr á da rle más peso a unos u otr os e, incluso,
focalizarse de forma con stante en alguno en especial.
3. Tener en consid eración cómo se han usado los miedos seleccionados en otras campañas
o momentos políticos anteriores, así como la reacción social a su uso, lo que a yuda a
conocer “la pertinencia, modalidad y opo rtunidad del planteamiento estratégico” (2012:
136-137).
4. Presentar peli gros o ame nazas a los que ha y qu e otorgarles un a atención especial como
parte de la estra tegia de comunicación.
5. Crear un vínculo entre lo s contrincantes políticos y los p eligros/amenazas seleccionados.
6. Ap ortar una esperanza, e s decir, una solución a e sos peligros/amenazas; a l miedo que
sienten los electores. Debe ser considerada como una solución eficaz por parte de los
rece ptores.
7. Valorar la ca mpaña, tant o en resultados obte nidos como en cobertura mediáti ca.
8. Generar retroalimentación de los miedos para poder se guir ofr eciendo sol uciones y , en
el caso de que s ea n ecesario, realizar mejoras o correcciones de errores que se ha yan
detectado en la ca mpaña.
EL USO DEL MIEDO COM O HERRAMI ENTA DE LA P ROPAGAND A P O LÍTICA…
264
El voto del mi edo, por tanto, se presenta como una estrategia propagandística que tiene como
objetivo único, prácticamente, implantar en los ciudadanos el miedo hacia una amenaza o
peligro. De hecho, está estrechamente relacionada con técnicas p ropagandíst icas que han ido
mencionándose y, más adelante , se desarrollarán profundizando en ellas, como la creación del
enemig o o la polarizació n.
Es importante tener en c onsideración a Rodrí guez Andrés (2011), quien ex plica que el uso de
la emoción del miedo en la propag anda política no debe centrarse en la cantidad de miedo que
hay que difundir a la población, sino que se trata de centrarse en la efectividad de ese mi edo
que se int enta difundir. Para esto, existen unos factores que contribu y en a la efectividad, af irma
Rodríguez Andrés (2011):
1. Evaluar los riesgos reales para poder equilibrarlos e n intensidad con los mensajes que s e
hacen llegar a la població n.
2. Analizar cómo es la población receptora de los mensajes generadores d e miedo, pues
dependiendo de factores tanto socioeconómicos c omo culturales, podrán influir de una
forma u otra. C on esto, el autor hace referencia a conocer el contexto en que se van a
difundir los mensajes.
3. Intentar que los peligros y amenazas propue stos sean percibidos por los receptores como
cercanos, pues el aumento de la persuasión con el miedo es proporcional a l o cercano qu e
sientan el peligro los receptores.
4. Procurar que los emisores, que suelen ser las personas que pert enecen al pa rtido que e stá
en el gobier no, sean considerados como creíbles. En muchos casos, se utiliza a
personalidade s im portantes en el campo, como virólogos, para a y udar a fomentar este
aspecto. Señala Rodrí guez Andrés (2011) que d ebe evitarse la doble moral, siendo
ejemplares con aquello que se está trasladando a lo s rece ptores, a yudando, a la vez, a la
calma.
5. Aportar r ecomendaciones y soluciones a los dife rentes peligros que se va yan generando.
6. Eliminar o paliar los rumore s que se difunden socialmente con gran rapidez.
Es im portante tener en c onsideración que Rodrígu ez Andrés (2011) se centra en la propaganda
política de rivada de una crisis sanitaria y en cómo el miedo juega un pa pel relevante al respecto.
De he cho, su estudio busca mostrar un uso e ficaz de dicha emoción para po der gestionar mejor
una crisis sanitaria, pues Rodríguez Andrés (2011) destaca la efectividad que tiene el miedo:
2. MARCO T EÓRICO
265
Nos referi m os a la e fectividad del uso del miedo como recurso p ersuasivo para tratar de con vencer
a la o pinión pública de que debe seguir las p autas d e comporta miento indicadas si n o quiere padecer
las consecuencias d e la amenaz a, un análisis vi nculado a lo q ue se ha denominado en el ámbito
académico co mo ‘comunicaci ón de riesgos’ (2 011: 35) .
Rodríguez Andrés (2011) expli ca que, en el caso de las crisis sanitarias, se debe encontrar el
equilibrio e ntre el uso de l miedo como forma de a lertar y hacer cumplir las restricc iones
necesarias, trasladando un mensaje intenso, pero sin ge nerar en la p oblación un miedo
excesivo. El autor tiene una visión ética del uso de este recurso emocional c uando se trata de
estos contextos: crisis sanitaria s. Esto se debe, explica, a que el miedo es, en la ma y oría de los
casos, irracional y , además, uno de los primeros factores que entr a en a cción: “Miedo a ser
contagiado por al gún virus, a contraer una enfe rmedad, incluso a perder la vida… El miedo,
por tanto, es un factor emocional que e stá presente” (Rodríguez Andrés, 2011: 36).
Dentro de la p ropaganda política y de sus recursos más utiliz ados, encontramos la publicidad
política. Tal y como expli ca P ineda (2007), l a publi cidad y la p ropaganda son dos fenómenos
comunicativos distintos, aunque l a confusión e indiferenciación entre ambos ha sido una
constante:
La publicidad y la pr opaganda comparten el intento d e infl uir a favor del interés d el e misor, p ero
es ta naturaleza i nteresada está guiada por m o tivacio nes distin tas seg ún sea el tipo de comunicació n.
Lo importante es p or qué quieren infl uir la prop aganda y la publicidad (Pineda, 2007: 114).
Por lo tanto, según ex plica P ineda (2007), el factor diferencial más importante entre un
fenómeno y otro es la int encionalidad de ambos tipos de comunicaciones. Esto, como expli ca
el autor, afecta a otros factores que participan en la comunicación, como los receptores o los
efec tos, lo cual también difiere partiendo de la intencionalidad. No obst ante, Pineda (2007)
expone que el fenómeno publi citario puede ser útil para el fenóm eno propaga ndístico, en otras
palabras, y lo qu e aquí n os concierne es “ la intrumentalización o el uso propagandísti co de la
publicidad ” (2007: 1 19). Sin embargo, ha y qu e tener cuidado, pues no puede catalogarse la
publicidad como propaganda, a pesar de que pueda ser un recurso propagandístico:
De l a id ea de que l os anu n cios com erci ales pue dan us arse con f ine s p rop agan díst icos no de be
con clu irse que la p u bli cidad es pro pag an da , pues se r ía lo mis mo que con clui r que el art e o la lite ratu ra
so n pr opag anda de bido a que en oca sio nes se h a u ti liz ado p ropag andís ticam ent e (Pi ne da, 20 07: 119) .
Por esto, como recurso propa ga ndístico es n ecesario profundizar en él; máxim e si además
existe una tipología publicitaria que tiene relación directa con el miedo. Sin embargo, antes es
necesario incidir en qu e l a publicidad es un fenómeno comunicativo que d estaca, no solo por
informar, sino también por persuadir, al igual que la propaganda:
EL USO DEL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE LA PROPAGANDA P OLÍTICA…
272
Sin embargo, a pesar de que este spot es el más famoso, no es el único, sino que forma parte
de una gra n tra yectoria en la polí tica estadounidense:
Negative televisión ad s go bac k a long wa y i n p residential campaigns. T he 1964 “Daisy” ad w a s
pulled b y the J ohnson ca m pa ign after only a few air ings, b ecause it w as re garded as too f r ightening.
In 196 8 there w ere attack ad s o n both sid es, including th e anti- Ag new “Spiro Agnew for Vice
President/Man la ughing” and t he anti - Humpherey “Why is this man laughing? ” spot. More recently,
the 1 988 anti- Dukakis “Willi e Horton” and “ Re volving D oor” ad s were hea vily cr iticized for
carrying a racist message ( Redla wsk, 20 06 : 13 8).
Dentro de la publi cidad política negativa enc ontramos un subtipo concreto: la publi cidad
política de ataque. Díaz J iménez y Alv a Rivera (2016: 40-41) ofrecen una clasificación de la
misma:
1. Mensaje de ataque no comparativo: esta pri mera tipolo gía se centr a en aportar
únicamente infor m ación negativa sobre el contrin cante político.
2. Mensaje de ataqu e no comparativo indirecto: en esta segunda opción tampoco se ofrece
información acerca del emisor. No obstante, difier e con el anterior en que la información
negativa sobr e el cont rincante no se hace de f orma deliberada es decir “presenta
información ne gativa sobre al gún c andidato o partido político sin hacer referencia exacta
a éste” (Díaz Jiménez y Alva Rivera, 2016: 41).
3. Mensaje de ataque comparativo directo: en este caso sí existe comparac ión con el emisor,
mencionando a ambos de forma directa.
4. Mensaje de at aque comparativo indirecto: ex iste comparación con el emisor, pero no se
menciona dir ectamente al oponente, al igual que ocurr ía en la se gunda tipolo gía expuesta.
En resumen, la publi cidad política negativa conlleva que el uso de emoci ones negativas s ea
recurrente y eficaz, sobre todo, el miedo. Por tanto, este tipo de publi cidad se conviert e en un
recurso a tener en cuenta a la hora de plantear una estrategia de propaganda política basada en
la emoción de l miedo.
Como hemos podido deducir de todo este subepígrafe, el miedo es un r ecurso utilizado en
propaganda política. Hemos realizado un recorr ido que nos ha permitido tener en c onsideración
la emoción en estudio dentro del ámbito de la política y, en especial, como instrumento
propagandístico. También hemos podido profundiz ar sobre elem entos int rínsecos de l a
propaganda y , además, en técnicas y estrategias propa ga ndísticas, así como un recurso a tener
en cuenta: la publicidad política negativa. Algunas de las técnic as propagandísticas
mencionadas, tienen, no obstante, una importancia adicional, al estar vinc uladas directame nt e
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