Filosofía y nazismo en Heidegger: lo que olvida la exégesis ortodoxa española
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1 Un serio traductor de una prestigiosa editorial española me decía lo siguiente sobre «el caso Heidegger»: no sólo seleccionan lo que se puede o no traducir, sino también cómo hay que traducir determinados términos. Toda una guardia pretoriana. 2 Edición bilingüe. Introducción y traducción de Víctor Farias. Barcelona. Anthropos-Ministerio de Educación y Ciencia, 1991. Llamo la atención sobre lo siguiente. Enmanuelle Faye acusa en 2005 que esta edición de la Lógica no se encuentra en ninguna biblioteca de Francia, y que en doce años no ha sido objeto de recensión alguna ni de comentario. Véase en Enmanuel Faye: Heidegger: l´introduction du nazisme dans la philosophie. Autour des séminaieres inédits de 1933-1935. Bibliothèque Albin Michel Idées. Paris, 2005, p. 146, nota 2. 3 Martin Heidegger: Gesamtausgabe. I. Abteilung: Veröffentlichte Schriften 1910-1976. Band 16. Reden und andere Zeugnisse eines Lebensweges. Vittorio Klostermann. Frankfurt Am Main, 2000. THÉMATA. REVISTA DE FILOSOFÍA. Núm. 40, 2008. FILOSOFÍA Y NAZISMO EN HEIDEGGER: LO QUE OLVIDA LA EXÉGESIS ORTODOXA ESPAÑOLA Julio Quesada. Universidad Autónoma de Madrid-Universidad Veracruzana de México) La cantidad de documentos de Heidegger -ya de carácter oficial, bien de tono privado (cartas)- que van apareciendo o, simplemente, leyéndose y sacados a la luz pública para su conocimiento y discusión, son de tal cantidad y calidad que necesitarán libros y libros para su estudio. En este apartado de nuestro trabajo sólo señalaremos unos pocos datos firmemente asentados en la (incompleta) Obra Completa de Heidegger que produce como Herausgegeben (y comisario de la Verdad) Hermann Heidegger1. Incompleta como lo demuestra el trabajo de investigación historiográfica de Guido Schneeberger, Nachlese zu Heidegger. Dokumente zu seinem Leben und Denken (Bern, 1962), sepultado en el silencio a instancias del «Heidegger auténtico». Otro caso parecido tenemos en España con el magnífico trabajo de investigación y traducción llevado a cabo por Víctor Farías con el políticamente incorrecto Lógica. Lecciones de M. Heidegger (semestre verano 1934) en el legado de Helen Weiss2). Dada la importancia que tiene en la directa implicación de Heidegger- Rector en el área del “cuidado” de la raza aria, es imprescindible señalar la contribución que acaba de hacer el profesor Enmanuel Faye quien ha sacado a la luz los Seminarios inéditos que Heidegger había dado entre 1933 y 1934. Todo un manual de Formación del Espíritu Nacional reservado para los “alumnos avanzados” de la SA y SS. No podemos, claro está, remitirnos en este corto espacio que dedicamos a un artículo a la médula de su investigación; pero sí queremos hacernos eco de algo realmente repugnante: 1°) el flirteo filosófico de Heidegger con la eugenesia, y 2°) la directa prohibición que como Rector acciona contra los académicos que no sean arios a la hora de participar en el volumen dedicado al homenaje-adhesión de la ciencia alemana al Führer. 1°) Faye nos ha rescatado del volumen 16 de la Gesamtausgabe (GA)3 la breve, pero intensa, charla que como Rector lleva a cabo a principios de agosto de 1933 en el Instituto de Anatomía patológica de Friburgo: Aus der Tischrede bei der Feier des Fünfzigjährigen bestehens des Instituts für Pathologische Anatomie an der Universität Freiburg. “Como filósofo” - escribe Faye y esto es importante para los que sostenemos que no puede
210 Thémata. Revista de Filosofía, 40, 2008 4 Un ejemplo de esta difícil situación hermenéutica mediante la que ha sido recepcionado Heidegger en España la encontramos en el Prólogo que el profesor José Luis López Aranguren firma para el colectivo Heidegger. La voz en tiempos sombríos, compilado por el profesor Félix Duque. Para quien -no sólo por motivos de la oposición a Institutotuvo que estudiar con gusto su texto legendario Ética y política, le resulta, como mínimo, extraño que Aranguren se alinee con los que piensan que el compromiso político de Heidegger con el nazismo nada tiene que ver con su filosofía. Razón por la que el brillante y comprometido trabajo de Patricio Peñalver (“¿Era neutral la ontología fundamental de Heidegger?”) era criticado y puesto como ejemplo de aquellos trabajos que leen a Heidegger desde su “tangencial” encuentro con el NSDAP. Como si -añadimos nosotrosel ciudadano Pedro Cerezo en tanto senador con el PSOE de Granada nada tuviera que ver con los libros del catedrático de filosofía de la Universidad de Granada, profesor Pedro Cerezo, sobre Antonio Machado, Ortega y Unamuno. F. Duque (compilador): Heidegger. La voz de tiempos sombríos. Barcelona. Ediciones del Serbal, 1991. Gracias a esta excelsa capacidad de ventriloquia nuestros colegas del país vecino hacía tiempo que habían transformado a Heidegger en “un filósofo francés de izquierdas”. Frente a la desconstrucción los tozudos trabajos de Alain Renaut y Luc Ferry han mantenido una postura muy lúcida: “Lo que, en cambio, queda por comprender, es cómo, en una fracción importante de nuestra inteligencia, poco sospechosa de complacencia hacia ideologías como el nazismo, esta crítica de la modernidad ha podido, retraducida a un lenguaje más contemporáneo, suministrar, casi sin modificaciones, las armas teóricas aparentemente indispensables para el ejercicio de la función intelectual -hasta tal punto que la llamada a los estrechos lazos tejidos, en Heidegger, entre esta dimensión de su pensamiento y su compromiso político, haya podido aparecer como hasta tal punto insoportable”. “El caso Heidegger”, en otro importante colectivo titulado Heidegger o el final de la filosofía. J. M. Navarro Cordón y Ramón Rodríguez (Compiladores). Editorial Complutense. Madrid, 1993. Traduce J. M. Navarro, p. 117. Nuestros seguidores incondicionales del claro del bosque encuentran en la famosa decisión de Heidegger de dejar el Rectorado y el partido la clave de su “resistencia espiritual” contra los desmanes (porque en el fondo la revolución nazi tenía razón...) que se estaban llevando a cabo. Pero esto es completamente falso. Tanto Víctor Farías como Hugo Ott, entre otros, han demostrado que Heidegger dejó el Rectorado porque no se sintió apoyado como él quería por las instituciones; nunca porque se opusiera al partido, pues, como sabemos, no sólo seguía afiliado al NSDAP sino que en sus conferencias por el extranjero, y después de haber dejado el Rectorado, mantenía firme la esvástica en su solapa mientras disertaba acerca de la poesía de Hölderlin en el Instituto alemán de Roma en 1936. Pero la más reciente recepción española ha dado otra vuelta de tuerca y ahora resulta que, en vez de empeñarse en no aceptar su nazismo, mejor se consigue hermenéuticamente y para seguir fomentando desde la izquierda antiyankee un glorioso «Heidegger antisistema» (muy útil, por cierto, para algún que otro «Instituto de Humanidades»), mejor considerar pero que muy afortunada la vieja idea de Lothar-Kelke según la cual debemos aceptar reflexivamente, positivamente, la relación de Heidegger con el nazismo en tanto que este movimiento encerraba una buena crítica a lo que hoy denominamos “globalización”. La crítica del Rector a la técnica planetaria -acuñada desde 1933: La amenaza que pesa sobre la cienciaes lo que une su pensamiento con el Hitler salvador de los pueblos originarios frente a la amenaza rusa y gringa, “metafísicamente lo mismo”. Eje diabólico que destruye a los pueblos naturales en beneficio de la Bolsa Internacional y la ciencia y técnica modernas como sus fundamentos. Gracias a esto el profesor Arturo Leyte quiso “arriesgar” lo siguiente. Resulta, después de todo, que le debemos dar las gracias a Heidegger por haber sido el único, ¡y a esa distancia!, de poner la Sorge al servicio de nuestro ecosistema y defenderlo del nihilismo de la globalización técnico-planetaria del Imperio USA, culpable de todo, especialmente de que Alemania perdiera la guerra por el ser. Es más: se le debe a Heidegger no sólo una estatua por su auténtico humanismo, sino el reconocimiento de ser el autor de la verdadera revisión crítica y salvadora del destino de la pólis y de la auténtica democracia porque al pensar el “ser” pensó en las “diferencias”; gracias a lo cual de una democracia de “espacio vacío” podemos estar en el camino de la democracia de las “diferencias” dejando atrás esta democracia flaca de Ser pero gorda de “concurrencia universal” que nos idiotiza en tanto verdad-y-arte-de-la-industria. Con el debido respeto hacia nuestro colega, esta lectura, con todo lo que ya se sabe sobre Heidegger y el nazismo, parecería patética si no fuera ridícula. Arturo Leyte: Heidegger. Madrid. Alianza. 2005. “Epílogo: Heidegger y la política”. Esta forma de interpretar a Heidegger diferenciando su compromiso nazi, que no hay que tener en cuenta a la hora de hacer ontología y política del Ser, tuvo en la desafortunada carta del profesor Félix Duque contra el “gacetillero” Vargas Llosa -El País, 12 de septiembre de 1993-, un ejemplo de lo que tan acertadamente Richard Wolin denomina “la izquierda académica postmoderna”. Richard Wolin: The Seduction of Unreason: The Intellectual Romances whitz Fascism from Nietzsche to Postmodernism. Princenton. Princenton University Press, 2004. Esta autodenominada “progresía” es postmoderna por su relativismo moral: hay que pensar la relación de Heidegger con el nazismo pero no desde el dolor humano o el Holocausto judío, sino como si hubiera algo en el pensamiento en sí mismo que, al margen de cuestiones sociales, lo hiciera apetecible epistémicamente. Lo que importa no es la justicia, el sufrimiento, el asesinato en masa, la depuración étnica; no, lo que importa es el Ser. Por esta razón (que no deja de ser política) pueden separar la biografía nazi de Heidegger de la Werke u Obra del ontólogo Heidegger. Pero si esto es así, entonces tenemos que concluir con el propio Heidegger que debemos salvar esa diferencia moral porque en el nazismo hay algo importante que rescatar. Como si con los terroristas se pudiera, o hubiera algo, que dialogar. Por eso declaro, desde España, con Richard Rorty que “No hay nada en lo que podamos sentirnos unidos a los nazis” porque, y como ha escrito muy oportunamente Witold P. Wolny, “hay algo en el ser humano que salva su moral relativa del relativismo: es lo que Rorty llama «la habilidad de simpatizar con el dolor del otro», un imperativo que crea obligaciones sobre otras personas (dar de comer al hambriento, destronar a los tiranos…”. Richard Rorty: Philosophy and Social Hope. London. Penguin Books, 1999, p. 14 y 15. Citado por Witold P. Wolny en Cosmovisión Postmoderna y haber separación entre “ciudadanía” y “filosofía del ciudadano”4- Heideg
211 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 Biorreligiosidad. Tesis Doctoral. Universidad de Sevilla, junio, 2007, p. 135 y 138. Todavía en España la izquierda postmoderna del PSOE cree que se puede dialogar con la ETA y que el apoyo al «Pacto sobde la paz», en el marco de la «Alianza de Civilizaciones», de “gente de bien” como Josu Ternera, Otegui y De Juana, es un claro indicio (seguimos filosofando nosotros) de que una cosa es el tiro en la nuca y otra, pero que muy distinta, la rica fuente de ideas que estos asesinos pueden aportaernos para que dejen de matarnos a los que no pensamos como ellos. Será fascinante que alguien tomara en serio esta macabra broma para investigar por qué en ciertos círculos nacionalistas vascos cae tan bien la ontología hermenéutica de Heidegger. 5 Enmanuel Faye: Heidegger: l´introduction du nazisme dans la philosophie. Autour des séminaieres inédits de 1933-1935, pp. 113-117. Traducción del francés al español nuestra. ger quiso salir en defensa ante los médicos que le escuchaban de lo que para el nazismo era “sano” y “enfermo”. Esta disertación confirma tanto la puesta en práctica del “gestarse” de la ciencia médica alemana (un nítido y emblemático ejemplo del giro hacia la finitud que debía tomar la ciencia en tanto esencia o verdad del Volk, puesta en práctica de lo que se anunciaba en el Discurso de Rectorado) como el conocimiento por parte de Heidegger del capítulo XI de la primera parte de Mi Lucha -“Nacionalismo y Raza”- capítulo de donde se saca, precisamente, el fundamento político y cultural del contenido de la “Higiene racial”, asignatura obligatoria que se impone con los nazis en la Universidad alemana. En el texto que aquí traducimos podemos ver que la diferencia entre “sano” y “enfermo” ya no está determinada en función del ser humano, sino en función (“protoestructura temporal”, añadimos nosotros desde Kant y el problema de la metafísica) de su pertenencia o no a tal pueblo. Heidegger -la voz...- decía lo siguiente ante aquellos futuros médicos: Pues bien, lo que es decisivo y extraordinario, lo que es la esencia de la salud de ninguna forma puede ser determinada de la misma manera en todos los tiempos y para cualquier pueblo. (...) Para los griegos, por ejemplo, «sano» no significa otra cosa que estar preparado y fuerte para actuar en el Estado. Para los que no cumplían con las condiciones de esta forma de comportamiento, el médico no estaba autorizado para estar en su cabecera, tampoco en caso de «enfermedad». (...) Para lo que es sano y para lo que es enfermo, un pueblo y una época se dan a sí mismos la ley en función de la grandeza interior y de la duración de su existencia. El pueblo alemán está ahora en trance de reencontrar su esencia propia y de restituir la dignidad de su gran destino. Adolf Hitler, nuestro gran Führer y canciller, ha creado a través de la revolución nacionalsocialista un Estado nuevo por el que el pueblo debe nuevamente asegurarse de una duración y de una constancia de su historia. (...). Para todo pueblo, el primer garante de su autenticidad y de su grandeza está en su sangre, su suelo y su crecimiento corporal. Si él pierde este bien o deja que se vaya debilitando, todo esfuerzo de la política estatal, todo conocimiento económico y técnico, toda acción espiritual acabarán en nada y sin futuro. (GA, 16, 150-152)5. Recordemos la fecha, finales de agosto de 1933. La Ley que había echado fuera de la administración a los “no-arios” ya había sido puesta en práctica; el caso de su maestro Husserl sólo es el ejemplo más doloroso. Pero un poco más tarde, continua Faye, Heidegger no se encontraba lo suficientemente satisfecho con su aportación filosófica como fiador en la eugenesia de la
212 Thémata. Revista de Filosofía, 40, 2008 6 E. Faye: oc, p. 115-116. 7 Jacobo Muñoz... [F*]. 8 E. Faye: oc, nota nº 38, p. 116. 9 Es mejor precisar: Eugen Fischer dirigía el Instituto en donde se formó Mengele; mientras que Heidegger aprovechó su amistad con Fischer para eludir en 1944 la llamada a los reservistas de su edad al servicio de la defensa del Volksturm. Faye, oc, p. 116. ¿Y no es razonable pensar que Heidegger, con estas amistades, tenía que saber qué estaba ocurriendo en Auschwitz? 10 M. Heidegger: Lógica (semestre verano 1934) en el legado de Helen Wriss, p. 20-21. 11 Cursivas en el original alemán. Le agradezco a mi colega, y amigo, Tomás Pollán este hallazgo que me regaló. 12 K. Löwith: Mi vida en Alemania. Un testimonio, p. medicina nazi; por lo que, como rector, él mismo obraría políticamente exigiendo para la Universidad de Friburgo la dotación de una plaza correspondiente6. El 13 de abril de 1934, oficio n° 3079, y pocos días antes de su dimisión como rector7, escribe muy seriamente al ministro de Karlsruhe – ministro de Kultus, Unterrichts und der Justizpara exigir la creación de “una plaza de profesor ordinario de doctrina racial y de biología hereditaria”. El texto íntegro puede verse en GA, 16, 269. En esta carta Heidegger recuerda que el encargado del curso “Higiene racial”, el profesor Alfred Nissle, había sido destituido en 1933 y que llevaba pidiendo esa plaza desde hacía varios meses. El interés de Heidegger tenía nombre propio, pues personalmente se había interesado de forma perseverante por el consejero de medicina Pakheimer, jefe de distrito de la asociación de médicos nacionalsocialistas y que, con los billetes de tren pagados, había aceptado venir a Friburgo para enseñar “la visión del mundo nacionalsocialista y el pensamiento de la raza”8. En la contestación a la carta de Heidegger, será Heinz Riedel, miembro del NSDAP, antiguo director de la Oficina de la Raza de la SS de Friburgo y protegido de Eugen Fischer quien será nombrado profesor ordinario. No está de más, como ha hecho Faye, señalar que Fischer es quien en la foto de Leipzig -portada del libro de Farías Heidegger y el nazismoaparece junto a Heidegger y con el que tendrá una buena relación durante y después de la guerra. Otro intelectual de la órbita de la medicina racial y también apadrinado por Fischer fue Mengele, sí, el tristemente famoso médico de Auschwitz9. En el semestre de verano de 1934 Heidegger utiliza el término “salud del pueblo” (Volkgesundheit) dentro de un ejemplo pedagógico muy señalado en la época: “Pongamos ejemplos: canciones populares – censo del pueblo (del que algo diremos más adelante) – salud del pueblo. El movimiento «völkische» quiere reconquistar la pureza racial de las estirpes”10. A estos datos del propio pensamiento de Heidegger hay que añadir otros datos colaterales, pero realmente relevantes, como es la relación que se pudo establecer entre la filosofía existenciaria de Ser y tiempo y la “filosofía” de las prácticas médicas nazis. En efecto, en el artículo de K. H. Roth titulado “Psychosomatic Medizin und Euthanasie: Der Fall Víctor von Weizsäcker”, publicado en Zeitschrift für Sozialgeschichte der 20. un 21. Jahrhunderts, 1, 65, 1986, pp. 237-8, se informa de que el profesor von Weizsäcker, con ocasión de la publicación de su Enthaucie und Menschenrersunche, declaró en Heidelberg en 1947que su “práctica médica había sido profundamente influida por los análisis que Heidegger hizo en Sein und Zeit sobre la Sorge y la Fürsorge”11. Esto concuerda con la lógica interna mediante la que el propio Heidegger había explicado a Karl Löwith en Roma y en 1936 su afiliación al NSDAP: el por qué de su acercamiento al nazismo había que buscarlo en Ser y tiempo.12 2°) Heidegger veta a los colegas judíos en la carta del 13 de diciembre de
213 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 13 M. Heidegger: El estudiante alemán como trabajador. Prólogo, traducción y notas de Julio Quesada. Er. Revista de filosofía. N° 29. III/2000. Sevilla, 2000. 14 A. Hitler: Mi lucha, II Parte, cap. 11, p. 162. Itálicas nuestras. Con Hitler volvemos a Carl Schmitt y a la cita de Habermas con la que habíamos comenzado este trabajo. Ahora podemos ver con más perspectiva que la lucha por el ser tenía que ver con la “inconmensurabilidad” de las especies, con la “autoafirmación” del pueblo alemán frente a los Derechos Universales del hombre. 1933 que, como Rector, manda al Decano para pedirle a los docentes de la Universidad de Friburgo dinero para una suscripción de la publicación de los trabajos conmemorando la “manifestación de la ciencia alemana” del 11 de noviembre de ese mismo año celebrado, como habíamos comentado antes, en la ciudad de Leipzig. Ahí Heidegger no sólo adopta la terminología antisemita völkisch de los tiempos sombríos, sino que vuelve a poner de manifiesto su profunda afinidad antisemita con el Führungprinzip -el mismo principio que había desterrado a su maestro Husserl de la Universidad como al resto de los docentes y administradores judíosmediante una observación muy relevante: “abstenerse los no arios “. Documento que lleva el número oficial de entrada 12.333 (GA, 16, 216-217). 3°) Un ejemplo de cómo el “tiempo originario” en tanto “protoestructura” del Dasein se convierte, a través del problema ontológico de la historia en tanto “constitución fundamental de la historicidad”, en el guardián de la esencialidad del ser cuya “unidad” tiene “el carácter de lo previo” o la “presencia permanente” de la raza, es decir, de la Sorge de la raza como auténtico destino del Volk alemán en calidad de único “pueblo espiritual” de Occidente, guardián, pues, de la cultura superior, un ejemplo de esto se patentiza en la alocución del 22 de enero de 1934, en donde Heidegger afirmaba lo siguiente: No existe más que un solo «Estado de vida» alemán. Este es el Estado del trabajo enraizado en el fundamento portador del pueblo y libremente ordenado en la voluntad histórica del Estado, pues la huella está preformada en el movimiento del partido nacionalsocialista de los trabajadores alemanes. (GA, 16, 309. Traducción nuestra). Se trata del “Estado Total” de Jünger, cuyo El Trabajador. Figura y dominio había servido de base más refinada -pero junto a Mein Kampfpara el ensayo filosófico-político de Heidegger El estudiante alemán como trabajador13, cuyo concepto de “libertad” se fundamenta en la adhesión sin fisuras al bloque. La libertad es el trabajo. «Libertad del trabajo» será la nueva concepción aria de la libertad y de la cultura; una libertad nada moderna, ni ilustrada, ni democrática o liberal porque para nada cuenta el sujeto o el individuo o yo, sino la comunidad de pertenencia, y un concepto o teoría de la cultura racista y en permanente lucha por su ser o raza contra la modernidad, identificada con los judíos, de la ciencia y técnica política al servicio del egoísmo individual internacionalizado que sólo busca en su expansión - ora liberal, ya marxistala desaparición del ser, la desaparición, escribía Adolf Hitler, de “la circunscripción territorial determinada de un Estado (que) supone en todo caso una concepción idealista de la raza que lo constituye y, ante todo, supone tener una noción cabal del concepto trabajo”14. Este nuevo concepto del “trabajo” se opone tanto a la concepción democràtico-liberal del trabajo como a la concepción marxista del mismo. Ni una ni otra imagen del mundo se hace cargo de lo fundamental que estaba en peligro: el cuidado de la raza. Por esta razòn “el pueblo del trabajo” nazi
214 Thémata. Revista de Filosofía, 40, 2008 15 En 1792 Humboldt había publicado Los límites de la acción del Estado. Para hacernos una idea del alcance político de la crítica de Heidegger recuperamos estos dos pasajes, que leemos de atrás hacia delante. “Pretender privar a la educación pública de que favorezca positivamente de tal o cual modo la formación o pretender obligarla a que favorezca exclusivamente el propio desenvolvimiento de las fuerzas del hombre es pretender algo irrealizable, pues lo que tiene una unidad de organización produce siempre una cierta uniformidad en sus efectos y, en estas condiciones, no se ve qué utilidad pudiera reportar una educación pública. (...) Y, sin embargo, a la vista de todo Estado nuevo a mí me parece que debieran tenerse presentes siempre dos puntos, ninguno de los cuáles puede pasarse por alto, a mi juicio, sin gran quebranto: uno es el de determinar la parte de la nación llamada a mandar y la llamada a obedecer, así como todo lo que forma parte de la verdadera organización del gobierno; otro, el determinar los objetivos a que el gobierno, una vez instituido, debe extender, y al mismo tiempo circunscribir, sus actividades. Esto último, que en rigor invade la vida privada de los ciudadanos y determina la medida en que éstos pueden actuar libremente y sin trabas, constituye, en realidad, el verdadero fin último, pues lo primero no es más que el medio necesario para alcanzar este fin”. Estudio preliminar, traducción y notas de Joaquín Abellán. Tecnos/Clásicos del pensamiento, n° 53. Madrid, 2002, pp. 65 y 4 . coincide, en sus lineamientos geopolíticos màs importantes, con “el “pueblo metafísico”, “el pueblo espiritual”, en fin, “el pueblo histórico” de Heidegger que entendiò la revoluciòn antimoderna del movimiento nacionalsocialista al hacer depender la Sorge, el cuidado de la raza, de este nuevo concepto del “trabajo” puramente ario, puramente alemàn. Y era por esta razòn por lo que el nuevo estudiante alemán era esencialmente un “trabajador” al servicio del III Reich. Pero dejemos que el propio Heidegger nos ilumine. ¡Estudiantes y profesores alemanes! ¡Queridos invitados! La matriculación es la inscripción de los estudiantes en el seno de la comunidad docente de la Universidad. El estudiante se vuelve así “sujeto de derecho en el seno de la Universidad”. Él adquiere derechos, entre otros, los siguientes: después de haber pagado las tasas de inscripción prescritas, de asistir a clases, de utilizar los institutos y las clínicas de investigaciòn. Él adquiere igualmente obligaciones: no sólo la de inscribirse, como mínimo, en algunos cursos, sino la de asistir a ellos; la de vivir en la localidad universitaria; la de observar el reglamento interno, etcétera. Tanto los derechos y obligaciones de los estudiantes, así como el carácter de unidad de la existencia estudiantil, tienen su origen en la forma en que la Universidad se fija sus propias metas, y de su rendimiento informa al Estado. La tarea de la Universidad pasa por ser la enseñanza científica, fundada sobre la investigación científica, y puesta al servicio de la formación científica en vista de los oficios liberales, oficios "superiores" que están en relación con el Estado. La relaciòn de la Escuela Superior con el Estado está definida por su carácter propio de institución pública. La interpretación, todavía muy extendida, del informe de la Escuela Superior al Estado es la de Guillermo de Humboldt, quien la ha formulado canónicamente. Con motivo del trabajo al que él se entrega para fundar la Universidad de Berlín -la Universidad modelo para todo el siglo XIX- Guillermo de Humboldt, en calidad de jefe de instrucción pública en Prusia, escribe un memorándum Sobre la organización interna y externa de las instituciones científicas en Berlín (1810). Ahí se puede leer: "El Estado no debe nunca perder de vista que él es una fuente de obstáculos desde que se inmiscuye (en los asuntos universitarios), y que estos asuntos irían en si mismos infinitamente mejor sin él...15 Pero, por otra parte, siempre según Humboldt, el Estado tiene la obligación de "procurar todos los medios para las instituciones académi-
215 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 16 “Aber wie nun! Wenn der Staat in der völligen Unwälzung begriffen ist? Wie nun! Wen die Wissenschaft sich von Grund aus wandelt? Und wie! Wen beides geschieht aus der Unaufhaltsamkeit des Andrangs einer neuen deutschen Wirklichkeit? Dann wird ja auch das Sein des deutschen Studenten ein anderes. Das ändert auch die Immatrikulation ihren Sinn. Dieser Akt gerade -wenn anders wir ihn wissentliche vollziehenzwingt uns vor die Frage: Wer ist das –der Student in der neuen deutschen Wirklichkeit? Gesamtausgabe, 16, p. 199. Debemos llamar la atención sobre algo muy importante. Este «quién es el estudiante alemán» debe entenderse como una consecuencia de su premisa existencial ontològica: no «qué es el Hombre», sino quién es el hombre que, a su vez, sólo cabe contestarla, como veremos en la Segunda Parte, desde la decisión del «quiénes somos nosotros», es decir, «¿qué es el Ser?» o «¿Por qué es el ente en cuanto ente y no más bien la nada?». 17 Se trata de la batalla de Langemarck del 10 de noviembre de 1914 en Bélgica, al nordeste de Ypres. Aquí tuvo lugar una lucha encarnizada y el ejèrcito alemàn probò, por primera vez, el gas clorina; unos 2.000 soldados canadienses murieron a consecuencia de ello .La aldea fue tomada por los aliados en agosto de 1917.Ahora bien, lo que Heidegger remarca como “espíriru de Langemarck” es que los estudiantes voluntarios que formaban parte de la infantería alemana se lanzaron contra los expertos britànicos. A su vez, cuenta la leyenda que mientras caían cantaban la primera estrofa -Deutschland, Deutschland, uber allesde lo que posteriormente sería el himno nacional alemàn. 3.000 soldados estudiantes se encuentran enterrados en el cementario Ypres. La alusiòn por parte de Heidegger a Langemarck tenía, pues, en 1933 unas claras y enfervorecidas notas tan imperialistas como irresponsables; màxime cuando èl mismo, la Segunda Guerra Mundial ya avanzada, se negò a dar un paso al frente.. cas". Es, entonces, a partir de los “àmbitos”, como lo son la ciencia y el Estado, la forma en que se determina la esencia del estudiante alemán. Y la matriculación, en cuanto tal, recibe de ahí su sentido y carácter. Pero ¡¿qué es, entonces, de él si nuestro Estado está inmerso dentro de un trastorno completo?! ¡¿Qué es de él si la ciencia se modifica totalmente?! ¡¿Y si estos dos procesos tienen lugar porque la nueva realidad alemana viene a nosotros con un irresistible impulso?! En ese caso, el ser del estudiante alemán se transforma en otro. Y, entonces, la matriculación cambia igualmente de sentido. Por lo tanto, este acto mismo, -si es que lo realizamos a conciencianos impele a esta pregunta: ¿quién es, pues, el estudiante de la nueva realidad alemana?16 Esta pregunta es tan esencial para nosotros que el desarrollarla no puede por menos que dar lugar a una celebración. La pregunta hace dar al estudiante alemán un primer paso hacia un nuevo sacrificio, aunque no violento, de manera que en el futuro colocaremos esta fiesta en la realidad y bajo el símbolo de Langemarck17. ¿Qué es, pues, el nuevo estudiante alemán? ¿Un "sujeto de derechos en el seno de la Universidad"?. Por supuesto que no. Pues el estudiante alemán pasa ahora por el servicio del trabajo; se pone al lado de la SA; es asiduo a las salidas sobre el terreno. Ciertamente, eso es algo nuevo. Y no deja de ser aprobado ampliamente, sobre todo teniéndose en cuenta que, a pesar de todo, el estudiante no olvida "sus estudios". Estudios, por otra parte, que se llamarán en lo sucesivo "servicio del saber". En un futuro próximo, él procurará que todos esos servicios concuerden. El nuevo estudiante contesta a todo aquello: ¡No!, esta no es nuestra realidad sino solamente la antigua, un poco completada y retocada, recubierta de pintura fresca, la antigua realidad que día a día va perdiendo cada vez más su consistencia. Debido a que los elementos que describen la situación son fragmentarios, es absolutamente imposible aprender a explicar quienes somos nosotros. El nuevo estudiante no se encuentra simplemente de repente ahí delante. Él no ha hecho más que comenzar su marcha de aproximación. En tanto que nuevo, no está hecho aún del todo y, por lo tanto, no tiene ninguna razón para darse por lo que no es. ¡Grave error! El nuevo
216 Thémata. Revista de Filosofía, 40, 2008 estudiante es -y esta marcha de aproximación, que siempre va por delante, da al ser de este estudiante su luz. Este ser no emerge de cualquier sitio, arbitrariamente y de golpe. Él aparece bajo la autoridad de la nueva realidad alemana. Sólo cuando nosotros aprendamos, cuando comencemos a comprender lo que acontece (geschieht) en esta realidad, sólo entonces seremos llevados a saber quién es el nuevo estudiante alemán. ¿Qué es lo que acontece? Los Alemanes devienen un pueblo histórico (Die Deustchen werden ein geschichtliches Volk). ¿Quiere esto decir que ellos no tenían ya una larga historia llena de acontecimientos? Por supuesto -pero «tener» Historia (Geschichte) no significa aun ser histórico (geschichtlich sein); pues “ser histórico” quiere decir: saber como pueblo ( als Volk wissen) que la historia no es lo que ya ha pasado, y aún menos lo que está, aparece, como presente; por el contrario, es emprender y soportar, de forma que el tiempo presente sea tomado desde el principio a partir de un futuro que no deja de estar en todo el impulso de su venida. El futuro de un pueblo no consiste de ningún modo en lo que no es todavía. Él no es sino como lo que ha llegado a ser. Él está en camino. Viniendo de esta manera es como él está, aquí, en el corazón de la decisión sabedora por la cual el pueblo se lo recuerda a sí mismo, y de este modo se conduce extáticamente desde el seno del impulso, gracias a lo que el destino se encamina hacia él. Ser histórico quiere decir: saber emprender a partir de una anticipación que se lanza al corazón de lo que viene, y proceder de manera que, dentro de lo que ha acontecido, se libere la fuerza que persiste en nosotros como obligación, y que sea salvaguardada la grandeza aún llena de transformaciones. Pues ese saber llega a su realización al mismo tiempo que un pueblo encuentra la forma de su Estado; este saber es el Estado. Este último es -despertar al mismo tiempo que alianzala articulación en el seno de la cual el pueblo que ahí se dispone se ve expuesto a todas las grandes potencias que señalan el ser de los hombres. El Estado es, él deviene, en la medida en que proyecta estas potencias en la existencia del pueblo y ahí las impone. Así, por ejemplo, la naturaleza se manifiesta como espacio de un pueblo, como paisaje y patria, como fundamento y suelo. La naturaleza se libera en tanto que poder y ley de esta transmisión velada de la herencia de las disposiciones y tendencias instintivas esenciales. La naturaleza se convierte en regla normativa en tanto que salud. Cuanto más libremente reina la naturaleza, tanto más es posible poner a su servicio, de la forma más grandiosa y más capaz, el poder formativo de crear formas de la auténtica técnica. Es por su relación profunda con la naturaleza, inclinada por ella, influenciada y limitada por ella, como se realiza la historia de un pueblo. Esta es la lucha que consiste en trazar el camino en su esencia propia, y como se garantiza la duración que el pueblo quiere darse a sí mismo a través del crecimiento de su constitución estatal. En la lucha, consistente en representarse la posibilidad de su grandeza y de su destino como verdad esencial, [el pueblo] se presenta adecuadamente en el arte. Éste sólo se alcanza con el gran estilo, impreso en la huella de su esencia de la existencia del pueblo. ¿Qué está ocurriendo, entonces, para que el pueblo se haga Estado? Estos poderes, la naturaleza, la historia, el arte, la técnica, el Estado mismo, han sido impuestos, y por esta imposición están confinados en sus límites. Y es así como ha llegado a revelarse eso mismo que hace a
217 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 un pueblo seguro de sí mismo, radiante y fuerte. Ahora bien, el carácter revelado de estos poderes no es otra cosa que la esencia de la verdad (Die Offenbarkeit dieser Mächte aber ist das Wesen der Wahrheit). Imponiéndose estos poderes es como el Estado, que se está haciendo, devuelve al pueblo a los límites de su verdad real. Es desde esta verdad como se eleva la auténtica posibilidad de saber, el deber de saber y la voluntad de saber. Saber, sin embargo, quiere decir: dominar en la claridad de la esencia de las cosas, y por la fuerza de este poder estar resuelto para la acción (Wissen aber heisst: des Wesens der Dinge in Klarheit mächting und kraft dieser Macht zur Tat entschlossen sein). En cuanto a la exigencia de este modo de saber, resulta, mientras tanto, que los grandes poderes del ser de los hombres ya se están imponiendo, que ella misma se transforma en el poder dentro del Estado. Esta exigencia del saber es la que nos impone la medida para todo lo que es digno de ser sabido y para lo que no lo es. Lo que es digno de ser sabido traza los límites, en cuyo seno el cuestionamiento auténtico puede encontrar sus razones últimas y dar prueba de sus aptitudes. En cualquier caso, la ciencia no puede engendrar desde ella misma este saber originario que únicamente los poderes de la existencia del pueblo llevan en su seno. La ciencia sólo puede llevar este saber a su pleno desarrollo; ella lo fortalece y prepara su realización en la supremacía de un concepto que esté a su altura. Presupuesto de toda ciencia es, entonces, que esté en guardia y que se haya impuesto el poder de una verdadera exigencia del saber. El que esta exigencia se imponga y, por lo tanto, que dicho presupuesto se haga efectivo, es lo que acontece en cuanto nuestro Estado llega a ser. ¿Cómo y donde se realiza el Estado? Según toda evidencia únicamente allí en donde el pueblo original (Volk unverbraucht), no desgastado, llegue a hundirse hasta las raíces de su existencia, allí donde, audazmente, él va siempre hacia sí mismo -con la juventud alemana. Ella no tiene ninguna elección. Es necesario que ella haga lo que tiene que hacer. Sabe -en su forma de saberque está comprometida con la meta de este objetivo: imponer la nueva exigencia del saber en el devenir del Estado. Comprometerse abiertamente en la tarea de este fin: esto es lo que para nosotros significa ser un estudiante alemán. ¿Quién es, pues, el nuevo estudiante? ¿Un “sujeto de derechos en el seno de la Universidad”? Nosotros, ya no tenemos el ánimo de pronunciar tal fórmula. Pero, ¿cómo el estudiante puede encargarse de una tarea que todavía está lejos de ser obvia, la de imponer la nueva exigencia del saber? ¿No tiene primero que aprender? ¿Cuándo dejaremos, entonces, de tomar a la juventud demasiado en serio y de atribuirle una importancia excesiva? Conocemos bien la realidad de las cosas. De toda la vida se ha criticado que los estudiantes no estaban “pulidos”; ahora se les acusa de ser simplemente primitivos. ¡En efecto! Tienen ese lado “primitivo” -¡y es una suerte! Porque ser “primitivo” no significa solamente: disponer de una cantidad notablemente más pequeña de conocimientos que los doctos, y saber utilizar mucho peor los métodos que éstos últimos manejan con la habilidad que confiere un largo hábito. Ser “primitivo”, ¿no quiere decir más bien: quedarse allí en donde lo que está en cuestión se encuentra en su origen, estar al lado de lo que es primero y elemental, ser llevado por su