La desindustrialización de la ciudad, trasfondo económico de una época de protestas y conflictos
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CAPÍTULO 9 La desindustrialización de la ciudad, trasfondo económico de una época de protestas y conflictos JOSÉ IGNACIO MARTÍNEZ RUIZ La interpretación de las "protestas y conflictos" habidos en Sevilla en la década de los sesenta no es tarea fácil. Hasta el presente, han venido primando las versiones que atribuyen la elevada conflictividad social de la época a razones básicamente políticas. Sin negar ni minusvalorar la importancia de tales argumentos, consideramos sin embargo que los investigadores no han prestado suficiente atención a la vertiente puramente laboral, esto es, a la vertiente más directamente ligada a la evolución de las relaciones entre empresas y trabajadores, a la hora de explicar el por qué del "estallido social" de los años sesenta. Por su obviedad, no será preciso insistir en que tales relaciones se encontraban condicionadas por la inexistencia de sindicatos libres y por la habitual identificación, por parte del régimen, de cualquier expresión de malestar laboral con un problema político, circunstancia que dificulta extraordinariamente todo intento de distinguir con claridad las causas laborales de la conflictividad vivida aquellos años, de las causas políticas. Así las cosas, lo que pretendemos en este trabajo es señalar que las dificultades de orden económico que afectaron a las empresas sevillanas en la década de 1960, dificultades que se reflejaron en sus cuentas de pérdidas y ganancias y que, siquiera en parte, respondían a los cambios sucedidos en las reglas que habían regido el funcionamiento de la economía española desde la finalización de la guerra civil -y que se concretaron, entre otros hechos, en una creciente liberalización económica y en la revisión del papel que correspondía desempeñar al INI y a las empresas públicas-, deben ser tenidas en cuenta a la hora de explicar las "protestas y conflictos" de aquellos años'. Entre otras razones, porque tales dificultades trajeron consigo el establecimiento 1. Sobre estacuestión, véase, entre otros, el artículo de MORALES, R.: "Una propuesta metodológica para el análisis de los conflictos obreros en el franquismo", Sociología del Trabajo, n° 26 (1995/1996), pp. 141-168.
254 José Ignacio Martínez Ruiz de medidas tendentes a incrementar la productividad laboral que crearon fuertes tensiones en los lugares de trabajo y la presentación de expedientes de crisis que, en más de una ocasión, desembocaron en la extinción de las relaciones laborales, es decir, en el cierre de las empresas y despido de los trabajadores. Habida cuenta de que, hoy por hoy, resulta imposible realizar un seguimiento individualizado de los resultados económicos de la mayor parte de las empresas industriales sevillanas en la década de los años sesenta, centraremos nuestra atención en aquel grupo de empresas que, por ser mejor conocidas gracias a la conservación de sus archivos y por haber protagonizado el ciclo de conflictividad que se vi vió en aquellos años, aspecto analizado en otros capítulos de este libro, pueden contribuir a proporcionarnos una visión más adecuada del contexto no ya político sino también empresarial y laboral en que se produjo el renacer del sindicalismo de clase en la ciudad. 1. LA SEVILLA DE LOS AÑOS SESENTA, ¿POR FIN UNA CIUDAD INDUSTRIAL? Como si de una noticia más del NO-DO se tratara, esto es, siguiendo el habitual estilo triunfalista y retórico de las declaraciones propagandísticas de la época, la reseña estadística de la provincia de Sevilla afirmaba en 1958: "Antaño, la actividad industrial sevillana quedaba reducida a unas manufacturas de corcho, a la cerámica trianera, a la fabricación de abonos y otras contadas industrias de menos importancia, independientemente de aquellas otras de abolengo agrícola, como el aderezo de aceitunas y la fabricación y refinado de aceites, que le dieron una merecida fama mundial. Pero hoy se fabrican en Sevilla aviones de combate, barcos de gran tonelaje, motores para bicicletas, maquinaria agrícola, cementos, planchas de uralita, tubos para la conducción de aguas, tejidos de algodón y lana, vagones para ferrocarril, etc., etc. Es decir, que paralelamente a su tipismo y al embrujo de su ambiente, que le han hecho famosa en todo en el mundo, Sevilla destaca también en el aspecto industrial, hecho que contribuye al enorme desarrollo de su población, donde han surgido como por encantOi suntuosos barrios e higiénicas barriadas obreras [...](la cursiva es nuestra)"2 A la vista de la impresionante relación de actividades industriales enumeradas en el texto anterior, podría parecer que habían bastado dos décadas, las que sepai U la terminación de la guerra civil de la fecha de publicación de la citada reseña estadística, para que el irredentismo industrial de los ganadores de la guerra COK respecto a Sevilla se hubiera hecho realidad, permitiendo a ésta, por fin, alean/.u el rango de núcleo fabril. Lo cierto, sin embargo, es que los días de Sevilla como urbe industrial -¿llejirt a serlo realmente alguna vez? - estaban contados como consecuencia de la fragi I idad 2. Presidencia del Gobierno. Instituto Nacional de Estadística: Reseña estadística de la pravim til Sevilla, Madrid, 1958, pp. 361. LA DESINDUSTRIALIZACIÓN DE LA CIUDAD, TRASFONDO ECONÓMICO DE UNA ÉPOCA DE ... 255 del modelo de industrialización de la postguerra y del fracaso de las alternativas que irían surgiendo a lo largo de los años sesenta y comienzos de los setenta. Estos hechos contribuyeron de manera decisiva al inicio de un período de fuerte conflictividad laboral y política, analizada en otros capítulos de este libro, y condujeron de manera inevitable a la terciarización de las actividades económicas de la ciudad. 1.1. El modelo industrial de la postguerra: lo heredado y lo nuevo. En 1957 el valor añadido bruto (V AB) de la industria sevillana apenas representaba más que el 3.22 por ciento del total español, situando a la provincia en el séptimo puesto del país tras Barcelona (21.36 %), Madrid (9.76%), Vizcaya (6.27 %), Asturias (5.57 %), Valencia (5.20 %) y Guipúzcoa (4.29 %) (véase el cuadro n° 1). Cuadro N° 1 VAB de la industria sevillana y española en 1957 SEVILLA ESPAÑA SEV/ESP ACTIVIDAD mili, ptas % mili. ptas. % % Alimentación, bebidas y tabaco 1.803 26.66 24.261 11.57 1.43 Textil 500 7.39 26.637 12.70 1.88 Cuero, calzado, confección 169 2.50 12.363 5.90 1.37 Madero y corcho .369 5.46 12.253 5.84 3.01 Papel, prensa y artes gráficas 114 1.69 5.891 2.81 1.94 Químicas y conexas 400 5.91 21.225 10.12 1.88 Cerámica, vidrio y cemento 194 2.87 6.225 2.98 3.10 Metal 886 13.10 39.416 18.80 2.25 Minería 211 3.12 12.380 5.90 1.70 Edificación y obras públicas 1.735 25.65 36.292 17.31 4.78 Agua, gas y electricidad 383 5.66 12.629 6.05 3.02 Total 6.764 100.00 209.667 100.00 3.22 I 'uente: Banco de Bilbao: Renta Nacional de España y su distribución provincial, 1955-1975; Madrid, 1978. Desde nuestro punto de vista, más relevante aún que lo anterior era el hecho de que ningún sector de la industria provincial -excluimos, a estos efectos, la "minería", la "edificación y obras públicas" y el "agua, gas y electricidad"- alcanzara siquiera ese 3.22 por ciento, testimoniando así la gran precariedad y, sobre todo, la falta de especialización de la industria sevillana a finales de los años cincuenta. Ciertamente, hemos de mencionar una notable excepción, la del sector "alimentación, bebidas y tabaco", cuya participación en el VAB nacional alcanzaba el año 1957 la cifra del 7.43 por ciento, muy por encima, pues, del 3.22 por ciento
256 José Ignacio Martínez Ruiz mencionado. En el nivel provincial la importancia del subsector era mayor aún pues, por sí solo, representaba más de la cuarta parte del VAB industrial de Sevilla (el 26.66%) (véase de nuevo el cuadro n° 1). En otras palabras, en el momento de redactarse la reseña estadística de la provincia de Sevilla de 1958, los sectores más tradicionales de la industria, esto es, los sectores vinculados a la transformación de los productos de la tierra - corcho, aceite y aceitunas, azúcar, harina, cerveza, etc. -, seguían constituyendo la principal seña de identidad de la industria provincial, exactamente igual que veinte o que cincuenta años antes3. Las cosas no eran exactamente así en el conjunto del país, ya que la rama más importante de la industria española en 1957 era el sector del "metal", que aportaba por sí solo el 18.80 por ciento del VAB industrial. En el caso de Sevilla, la cifra correspondiente a este sector era notablemente menor: tan sólo el 13.10 por ciento del VAB de la industria provincial. 1.2. El metal y el textil Diversos rasgos, sin embargo, hacían del metal sevillano un sector de extraordinaria importancia, un auténtico sector estratégico de la industria provincial a finales de los años cincuenta. Nos referimos, básicamente, a la especialización productiva y, sobre todo, al tamaño de sus establecimientos fabriles, donde se concentraban una parte nada desdeñable del empleo industrial de Sevilla. En efecto, según el censo industrial de 1958, de los 18 establecimientos industriales existentes en la provincia con más de 500 trabajadores -excluimos de nuevo las actividades mineras y la construcción-, cuatro pertenecían al sector del metal. Estos cuatro establecimientos empleaban a cerca de 4.500 de los 14.500 trabajadores ocupados en establecimientos con más de 500 empleados. Sus nombres: la Empresa Nacional Elcano, que con sus 2.226 empleados en 1958 era la más importante de Sevilla, la Hispano- Aviación (HASA) y Construcciones Aeronáuticas (CASA) (con 1.714 trabajadores entre las dos) y la Sociedad Anónima de Construcciones Agrícolas (SACA) (con 509 empleados), dedicadas a la fabricación de barcos y artefactos navales, a la construcción y reparación de aviones y a la fabricación de maquinaria agrícola, respectivamente4. 3. Sobre la industria sevillana en el primer tercio del siglo XX, véase ARENAS POSADAS, C.: Sevilla y el Estado. Una perspectiva local de la formación del capitalismo en España, Sevilla, Universidad, 1999. Para el período de postguerra, véase: MARTINEZ RUIZ, J.I.:" Guerra, autarquía, diversificación: la industria sevillana, 1936-1958" en ARENAS POSADAS, C. (ed.): Industria y clases trabajadoras en la Sevilla del siglo XX, Sevilla, Universidad, 1995, pp. 37-53. 4. Los restantes establecimientos con más de 500 trabajadores se dedicaban a la fabricación de conservas vegetales (nueve localizados en su mayor parte fuera de la capital. 6.230 empleados), a la fabricación y refino de azúcar ("Sociedad Azucarera Ibérica, S.A." de la Rinconada y "Azucarera de Sevilla" de Los Rosales, con 1.379 trabajadores entre las dos), a la fabricación de cerveza y malta ("La Cruz del Campo", 501 empleados), a la producción de tejidos de algodón (H YTAS A, con 1.240 trabajadores) y a la fabricación de sacos ("Yutera Sevillana, S.A." de Dos Hermanas, 700 empleados). LA DESINDUSTRIALIZACIÓN DE LA CIUDAD, TRASFONDO ECONÓMICO DE UNA ÉPOCA DE . 257 Ninguna de estas cuatro empresas, pertenecientes al Instituto Nacional de Industria (INI), empresas públicas pues, disponían de establecimientos industriales en Sevilla antes de la guerra civil. En los casos de SACA y Elcano, porque su creación fue posterior a la guerra (en 1939 y 1943, respectivamente); en los de HASA y CASA porque fue precisamente la guerra civil la circunstancia que propició su establecimiento en la capital hispalense5 En efecto, HASA -surgida en 1943 a partir de la Hispano-Suiza, empresa de material aeronáutico que había operado hasta entonces en Guadalajara y Barcelonase instaló en Sevilla, en la calle S. Jacinto, el año 1937. CASA, por su parte, con fábricas en Getafe y Cádiz, tomó la decisión de construir la factoría de Tablada en junio de 1938, iniciándose la materialización del proyecto pocos meses después6. Tanto en un caso como en otro, la elección de Sevilla como emplazamiento de las nuevas industrias obedeció a razones de orden estratégico -su lejanía de los frentes de guerra- y político antes que económico. Igual sucedió con Elcano, cuyos astilleros comenzaron a construirse en la margen derecha del canal de Alfonso XIII en 1943, esto es, en plena guerra mundial. La opción de Sevilla obedeció al deseo de reducir los riesgos asociados a una excesiva concentración de la producción industrial en las principales zonas fabriles del país en caso de guerra; de aquí, también, la paralización dos años después del otro gran proyecto industrial de Elcano: la construcción de unos grandes astilleros públicos en Barcelona7. La presencia del INI en SACA, finalmente, respondió a una de las denominadas "operaciones de salvamento" de empresas protagonizadas por el Instituto en los años cuarenta. Constituida en diciembre de 1939, SACA acumuló en pocos años unas pérdidas cercanas a los 10 millones de pesetas, por lo que fue intervenida por el INI en 1945 a petición de sus accionistas, entre los que se encontraban grandes propietarios agrícolas de Sevilla y Cádiz. En el ámbito de la empresa privada, la principal realización industrial de la Sevilla de postguerra fue Hilaturas y Tejidos Andaluces Sociedad Anónima (HYTASA), 5. Donde ya existían tres establecimientos pertenecientes al ejército y vinculados a la industria militar: La Fábrica de Artillería, la Maestranza de Artillería y la Pirotecnia. La ciudad disponía, además, del aeródromo de Tablada. Véase para esta primera fase de la industrialización, LEMUS LÓPEZ, E.: "Andalucía bajo el Franquismo" en ÁLVAREZ REY, L. y LEMUS LÓPEZ, E. (eds.): Historia de Andalucía Contemporánea, Huelva, Universidad, 1998, p. 468. 6. La consolidación del sector aeronáutico de la industria sevillana se produjo en los años cuarenta. Así, la obtención del concurso convocado por el Ministerio del Aire para la fabricación de aviones de combate por parte de Hispano-Suiza desembocó en junio de 1943 en la creación de una nueva empresa, HASA, un tercio de cuyo capital fue aportado por el Ministerio del Aire (al año siguiente la participación sería transferida al INI). En cuanto a CASA, cuyas instalaciones de Tablada entraron en funcionamiento en 1941, también el INI se hizo con una participación minoritaria del capital de la empresa, un tercio, el año 1943. Sobre este tema, véase MARTÍNEZ RUIZ, E.: La intervención del INI en la industria de la defensa durante la autarquía (1941-1959), Madrid, Fundación Empresa Pública, Programa de Historia Económica, documento de trabajo 9408, 1994. 7. VALDALISO, J.M.: "Programas navales y desarrollo económico: la Empresa Nacional Elcano de la Marina Mercante y el sueño industrializador de J.A. Suanzes (1942-1963)", Revista de Historia Industrial, n° 12 (1997), pp. 147-177.
258 José Ignacio Martínez Ruiz cuya constitución fue autorizada por la Junta Técnica del Estado el año 1937 y que muy pronto llegó a convertirse en la tercera o cuarta empresa textil de España, entre otras razones, por su acceso en régimen de exclusividad al 20-30 por ciento del algodón producido en el país8. A diferencia de HYTAS A, fueron muy numerosas las pequeñas industrias de todo tipo creadas en Sevilla al amparo de los altos precios y de la escasez de determinados productos, "cuando no con fines menos confesables", en los años que siguieron a la finalización de la guerra. Si bien, como indicaba en 1943 la Memoria de la Delegación de Industria de Sevilla "cuando las circunstancias cambien y la ordenación y distribución de las primeras materias obligue a un encaje en los precios y en las calidades seguramente desaparecerán con raras excepciones por carecer de sólido fundamento técnico y orgánico", como en efecto ocurrió. En síntesis, el modelo de industrialización de la Sevilla de los años cuarenta y cincuenta permite distinguir con toda claridad dos sectores: el primero, representado por el selecto grupo de grandes empresas del sector del metal pertenecientes al INI (HASA, CASA y Elcano), vinculado a la defensa nacional y a los contratos estatales, cuyo establecimiento en la capital hispalense obedeció a motivaciones de orden estratégico-militar y político antes que económico y, el segundo, representado por la industria agroalimentaria, de rasgos muy tradicionales, tanto por la orientación de sus actividades - la transformación de los frutos de la tierra -, como por su carácter de empresas intensivas en mano de obra. En medio quedaría el caso de HYTASA, favorecida por el Estado en el reparto de las concesiones de materia prima, pero vinculada a una actividad, la producción textil algodonera y lanera, más ligada a las primeras etapas del proceso de industrialización que a los nuevos sectores surgidos en la segunda revolución industrial. Aparte se situarían todas aquellas industrias relacionadas con la demanda generada por una ciudad de 25CM50.000 habitantes, según fechas. 2. EL AMARGO DESPERTAR DEL SUEÑO INDUSTRIAL DEL FRANQUISMO Junto al Plan de Estabilización de 1959, que supuso la reducción de las facilidades crediticias, la elevación del precio del dinero a empresas y particulares y la contracción de la demanda, los principales factores que determinaron la evolución de la industria sevillana desde comienzos de los años sesenta y, especialmente, de sus establecimientos más activos, cuya historia constituirá el hilo conductor de este epígrafe, fueron el abandono por parte del INI de su tradicional aspiración a dirigir y controlar el proceso de industrialización del país, sustituida por el principio de la subsidiariedad y la intensificación del proceso de liberalización económica. 8. FERNÁNDEZ ROCA, F.J.: HYTASA (1937-1980). Orto y ocaso de la industria textil sevillana. Sevilla, Diputación Provincial, 1998. LA DESINDUSTRIALIZACIÓN DE LA CIUDAD, TRASFONDO ECONÓMICO DE UNA ÉPOCA DE.. 259 2.7. Las empresas públicas, en números rojos A comienzos de la década de 1960 todas las empresas del INI establecidas en Sevilla salvo, tal vez, CASA presentaban pérdidas en sus balances9. El caso más grave, posiblemente, era el de Elcano que, de obtener más de 400 millones de ptas. de beneficios en el quinquenio 1955-59 pasó a experimentar unas pérdidas cercanas a los 115 millones de ptas. en el cuatrienio 1960-63. Estos datos recogen los resultados globales de la empresa, que simultaneaba la construcción de buques y artefactos navales en Sevilla con la fabricación de motores diesel y maquinaria auxiliar en Manises (Valencia) y con la explotación de su flota mercante. Pues bien, el balance por centros del saldo de pérdidas y ganancias de Elcano permite concluir que el astillero sevillano no contribuyó en lo más mínimo a la obtención de beneficios en el 1955-59, período en el que tuvo unas pérdidas cercanas a los 43 millones de pesetas y, peor aún, que sus pésimos resultados económicos en 1960/63 -casi 319 millones de pesetas de pérdidasfueron la causa de que la empresa en su conjunto entrara en números rojos a comienzos de los años sesenta, como ya hemos señalado10. También HASA entró en una dinámica de resultados negativos crecientes en la segunda mitad de la década de 1960, y ello a pesar de o, tal vez, agravado por la renuncia a seguir fabricando electrodomésticos de las marcas Siemens y Baukneckt, cuya producción había iniciado pocos años antes a fin de dar ocupación a sus trabajadores y de rentabilizar sus instalaciones ". Efectivamente, de acuerdo con los deseos del Ministerio del Aire, el 1 de septiembre de 1965 se constituyó la Compañía Hispano Alemana de Electrodomésticos (CHADES A) con un capital de 85 millones de pesetas, aportados en casi su totalidad por HASA (materiales, instalaciones y elementos). De esta forma, quedaban separadas las actividades de fabricación de electrodomésticos de las vinculadas a la construcción de aeronaves, la razón de ser de HASA desde su creación12. De la gravedad de la situación de la empresa dan cuenta las cifras siguientes: la facturación de HASA pasó de 298.4 millones de ptas. en 1965 a 172.9 en 1966, 123.8en 1967,111.5 en 1968,151.1 en 1969y 162 en 1970. En estos mismos años, las pérdidas de HASA se dispararon desde las 738.000 pesetas en 1965 a los 14.8 millones en 1967 y 34.5 millones en 1970 B. 9. Sugerimos la excepción de CASA porque, aunque la empresa en su conjunto presentaba beneficios a comienzos de los años sesenta, desconocemos los balances correspondientes a cada uno de sus establecimientos. 10. Los datos se toman de VALDALISO, J.M.: art. cit., pp. 171. 11. De los 298.4 millones facturados por HASA en 1965, 67.03 correspondieron a las ventas de electrodomésticos (el 22.5% del total) y 12.36 millones a "otras producciones de índole civil". 12. En las instalaciones de HASA se fabricaron en los años cuarenta y cincuenta diversos tipos de aviones con patente alemana (Messerschmitt y HA-Triana), aunque el mayor éxito de la empresa fue la construcción del HA-200 Saeta, el primer reactor hecho en España. 13. INI: Memoria y Resumen de Actividades, años 1965-1970.
260 José Ignacio Martínez Ruiz Dadas las circunstancias, no tiene nada de extraño que HASA presentara en 1967-68 un expediente de crisis con objeto de rescindir los contratos a más de la mitad de la plantilla (el expediente afectaría a 537 de los 1.022 trabajadores de la empresa, sin contar los aprendices), cuya productividad había caído en picado desde 1965l4. A la hora de la verdad, sin embargo, la reestructuración de la empresa se redujo a la baja de 58 trabajadores. En 1971, HASA se integró en CASA (accionista minoritario de HASA desde el año 1967), en un intento a la desesperada por evitar la liquidación de la empresa. 2.2. La privatización y cierre de SACA, símbolo del proceso de desindustrialización de la ciudad. A la hora de explicar las circunstancias que condujeron a la privatización y cierre de SACA, mediada la década de 1960, resulta indispensable referirse en primer lugar a la profunda transformación experimentada por la empresa a partir del momento en que el INI se hizo con la mayoría de su capital social el año 1945. Por entonces, la producción de SACA consistía básicamente en arados, gradas y cultivadores de tracción animal, esto es, en un tipo de producción muy tradicional15. Pues bien, gracias a la importante ampliación de capital llevada a cabo el año 1953, por un importe de 70 millones de pesetas, la empresa pudo acometer una profunda reorganización de sus instalaciones que conllevó la construcción de un nuevo taller de fundición y la completa reorientación de su producción, destinada a partir de entonces a la fabricación de aperos diseñados para tractores. En 1956 la producción de arados para tracción mecánica superó a la de arados para tracción animal y cesó definitivamente la fabricación de gradas para tracción animal. A finales de este mismo año, además, SACA firmó un acuerdo de colaboración con la multinacional alemana FAHR, en virtud del cual la empresa sevillana comenzó a fabricar cosechadoras. Tres años después, en 1959, se firmó un acuerdo similar con la norteamericana International Harvester Co., para iniciar la fabricación de tractores, actividad que por entonces no llevaban a cabo más que tres empresas en todo el país (Motor Ibérica S.A., Lanz Ibérica S.A. y Hanomag-Barreiros)16. Como consecuencia de todo ello, la plantilla de SACA 14. FERNÁNDEZ ROCA, F.J.: "Liberalización parcial del mercado y conflictividad social: Sevilla en los años sesenta", en CASTILLO, S. y ORTIZ ORRUÑO, J.M. (eds.): Estado, protesta y movimientos sociales, Bilbao, Universidad del País Vasco, 1998, pp. 661-676. La referencia en la página 674. Según las Memorias del INI, la producción por trabajador pasó en HASA de 162.000 a 118.000 pesetas entre 1966 y 1968. 15. En 1947 SACA fabricó 3.288 arados, 848 cultivadores, 690 gradas y 34 sembradoras, todos por tracción animal. También produjo 152 arados para tractor. 16. Sobre esta cuestión, MARTÍNEZ RUIZ, J. I.: "Empresas multinacionales, transferencias de tecnología y mecanización agraria: los inicios de la fabricación de tractores en España en perspectiva internacional (1952-1967)", VI Congreso de la Asociación de Historia Económica, Gerona, 1997. L4 DESINDUSTRIALIZACIÓN DE LA CIUDAD, TRASFONDO ECONÓMICO DE UNA ÉPOCA DE. 261 se incrementó extraordinariamente, pasando de 420 trabajadores en 1953 a 500 en 1958 y 950 a comienzos de 1964. Resulta realmente sorprendente que la firma del acuerdo con International Harvester Co., origen de buena parte de los problemas posteriores de SACA, se llevara a cabo sin que la gerencia del INI se pronunciara sobre su financiación y, más aún, sobre los beneficios esperados, en términos de rentabilidad, de la asociación con la multinacional norteamericana. En cualquier caso, lo cierto es que las ampliaciones de capital llevadas a cabo en 1960 (por otros 70 millones de pesetas) y 1963 (por 150 millones más), junto con los 300 millones de ptas. en obligaciones INISACA emitidas entre 1962 y 1964, apenas sirvieron más que para financiar el circulante que necesitaba la empresa para poder fabricar las cosechadoras FAHR y, sobre todo, los tractores International Harvester. La aparición de pérdidas no se hizo esperar: en 1963 ascendieron a 30.9 millones de pesetas y en 1964 a 63.6. Demasiado para una empresa cuyo capital no ascendía por entonces más que a 168 millones de pesetas y que, asimismo, como hemos señalado, se encontraba fuertemente endeudada con el INI y con la banca privada. En este contexto de pérdidas económicas continuadas y crecientes, debemos situar el proceso de privatización de SACA, llevado a cabo en 1964-66. Ello dio lugar a la creación de una nueva empresa, International Harvester España S.A. (IHESA), a la que fueron transferidos la práctica totalidad de los activos de SACA (predio industrial, edificios y maquinaria). Entre tanto se ponía en marcha IHESA, que no sería "sucesora en ningún concepto de los derechos y obligaciones de SACA", la empresa pública presentó un expediente de crisis por reestructuración que significó la suspensión por seis meses de los contratos de la casi totalidad de la plantilla. A este primer expediente de crisis seguirían otros dos más por seis meses cada uno. La gran mayoría de los trabajadores afectados por los sucesivos expedientes de crisis no volvería a reintegrarse al trabajo ni en SACA ni en IHESA, cuya liquidación fue decidida de manera sorpresiva en 1967. Según la empresa, como resultado de la falta de viabilidad de la misma; según los trabajadores, por motivos políticos: las vinculaciones mantenidas por SACA con el gobierno castrista cubano, su principal cliente -cultivadores de caña- en los últimos años17. La liquidación de IHESA y la extinción de las relaciones laborales en SACA, que también sería liquidada en 1972, supuso un duro golpe para la precaria estructura industrial de la economía sevillana y se convertiría en símbolo y aglutinador de buena parte de las protestas laborales en la segunda mitad de los años sesenta. 17. Profundizamos en la cuestión en MARTÍNEZ RUIZ, J.I.: "Privatización de empresas públicas y desindustrialización en Andalucía: la Sociedad Anónima de Construcciones Agrícolas (1964-1972" en Homenaje a Jordi Nadal, Granada, 1999.
262 José Ignacio Martínez Ruiz 2.3. Comienzan los problemas en HYTASA Como ha señalado F. J. Fernández Roca, la liberalización del mercado algodonero, a partir del año 1962, afectó de manera muy negativa a HYTASA18. Efectivamente, en pleno proceso de expansión de la empresa -concretada en la construcción de la fábrica algodonera n° 2 y en importantes inversiones en las factorías desmotadoras y en la producción de aceite-, HYTASA se encontró con que no podía seguir monopolizando el elevado porcentaje de la producción algodonera nacional -cifrado entre un 20 y un 25 por ciento del total nacionaldel que había disfrutado hasta entonces. De controlar en la campaña de 1962/63 casi el 24 por ciento de la producción española de algodón pasó a poco más del 14 por ciento en la campaña siguiente. Paradójicamente, sin embargo, los responsables de la empresa no se plantearon en ningún momento sustituir el algodón nacional, cuyo control pasó cada vez más a las cooperativas algodoneras, por el algodón importado o iniciar la fabricación de artículos con fibras artificiales, circunstancias que desembocaron en una importante contracción de los beneficios, primero, y en la desaparición de los mismos, después. En los ejercicios de 1967-1969, por primera vez en su historia, HYTASA no pudo repartir beneficios. Las consecuencias laborales de esta situación no tardaron en dejarse sentir. La plantilla de HYTASA, que se había incrementado extraordinariamente entre 1958 y 1963, pasando de unos 2.100 trabajadores a más de 3.300, se redujo en cerca de 700 en los seis años siguientes (en 1968 contaba con poco más de 2.600 trabajadores). Aun así, los peores días de HYTASA, como es bien sabido, estaban por llegar. El 1975, la empresa reconoce por primera vez en su historia haber tenido pérdidas. En 1978 la plantilla se ha reducido a poco más de 1.900 trabajadores, en tanto que las pérdidas anuales se elevan a más de ochocientos millones de ptas. Al Plan de Viabilidad exigido por el gobierno de la UCD para otorgar nuevos créditos a la empresa, siguen la intervención de la gestión y, ya con un gobierno socialista, la expropiación, que daría paso a continuación a una polémica privatización. 2.4. El fracaso del Polo Industrial La decisión de asignar uno de los cinco Polos de Desarrollo Industrial aprobados por el gobierno a comienzos del año 1964 a Sevilla, en cuyo término municipal, junto con los de Alcalá de Guadaira y Dos Hermanas habría de instalarse, no sirvió para invertir la tendencia anunciada de manera dramática por los cierres y expedientes de crisis enumerados en epígrafes anteriores. El Polo Industrial tan sólo pudo ralentizar, que no detener, el proceso de desindustrialización de la ciudad. Efectivamente, de acuerdo con el balance efectuado al término de 1970, de los más de 300 proyectos presentados en los primeros años de vigencia del Polo, apenas 18. El contenido de este epígrafe se basa en FERNÁNDEZ ROCA, F.J.: op. cit. LA DESINDUSTRIALIZACIÓN DE LA CIUDAD, TRASFONDO ECONÓMICO DE UNA ÉPOCA DE.. 263 si había en funcionamiento 73, habiéndose ocupado, que no necesariamente creado, unos 5.700 puestos de trabajo de los cerca de 29.000 previstos en 1964-67 ". No hablamos de puestos de trabajo creados porque, en más de un caso, el Polo no sirvió más que para reubicar empresas que ya existían con anterioridad en la ciudad y que ahora decidieron trasladarse a la periferia con objeto de aprovechar las ventajas de todo tipo -fiscales, en infraestructuras, etc.- que el Polo ofrecía a las empresas que se instalaran en el mismo. De otra parte, hay que insistir en que muchas de las instalaciones del Polo no eran en realidad instalaciones industriales sino meros almacenes, por lo que la posibilidad de computar como empleo industrial la totalidad e, incluso, la mayor parte, del empleo ocupado en el mismo es harto problemática y avala lo que ya hemos afirmado con anterioridad. Si lo que se pretendió con el Polo de Desarrollo Industrial de Sevilla fue contribuir al desencadenamiento de un proceso más amplio de industrialización o reindustrialización, lo conseguido no permite hablar más que de fracaso. 3. ADIÓS A LA INDUSTRIA: SEVILLA, UNA ECONOMÍA TERCIARIZADA Tres hechos simbolizan, a comienzos de los años setenta, el definitivo agotamiento del modelo industrial de la postguerra y, en última instancia, de la pretensión de hacer de Sevilla una ciudad industrial. El primero de ellos es el abandono del proyecto de construir una canal paralelo al río Guadalquivir, entre Sevilla y Bonanza; el segundo, la adjudicación de la IV Planta Siderúrgica Integral a Sagunto (Valencia), y el tercero, la decisión de la multinacional Ford de instalar su nueva planta de fabricación de vehículos en España en la localidad de Almusafes (Valencia). En efecto, el proyecto del canal Sevilla-Bonanza fue definitivamente abandonado a comienzos de 1969, aunque se siguió hablando del mismo durante muchos años más. Si de lo que se trataba era de acercar Sevilla al mar, explicaba por entonces el Ministerio de Obras Públicas, la nueva autopista de peaje a construir entre Sevilla y Cádiz pondría ambas ciudades a una hora de distancia y Sevilla se podría convertir en el gran centro redistribuidor de las mercancías llegadas al puerto gaditano. No hacía falta construir canal alguno; en todo caso, alguna corta -como la de los Olivillos, que entraría en funcionamiento en el verano de 1971- y el dragado sistemático del Guadalquivir serían suficientes para que barcos de hasta quince mil toneladas pudieran llegar sin problemas al puerto de Sevilla. También en el caso de la IV Planta Siderúrgica Integral, el anuncio de que finalmente se construiría en Sagunto, en lugar de algún punto del sur de España (Sevilla capital no fue realmente jamás una seria candidata), se conoció con relativa prontitud: 19. GONZÁLEZ DORADO, A.: Sevilla: centralidad regional y organización interna de su espacio urbano, Sevilla, Servicio de Estudios del Banco de Urquijo, 1975, pp. 305-309. Véase también, LEMUS LÓPEZ, E.: "Andalucía bajo el Franquismo" en ÁLVAREZ REY, L. y LEMUS LÓPEZ, E. (eds.): Historia de Andalucía Contemporánea, Huelva, Universidad, 1998, p. 483.
264 José Ignacio Martínez Ruiz en 1967. Oficialmente, sin embargo, la decisión no se tomó hasta el año 1972, en que Altos Hornos del Mediterráneo, sociedad alentada por Altos Hornos de Vizcaya, que buscaba reactivar su antiguo centro de Sagunto, se adjudicó el concurso convocado por el gobierno el año anterior. Si las viejas industrias características de la primera revolución industrial, como la siderurgia como acabamos de ver, no parecían tener cabida en Sevilla, tampoco los nuevos sectores industriales pudieron ofrecer de manera alternativa perspectivas de futuro a una ciudad tan duramente castigada por la crisis industrial. A comienzos de los años setenta, se conoció la intención de la multinacional norteamericana del automóvil Ford de instalarse en España, al calor de la nueva regulación de la fabricación de automóviles recientemente aprobada por el gobierno. El ministro de industria, López de Letona, habla de una inversión de doscientos a doscientos cincuenta millones de dólares, de la fabricación de doscientos a doscientos cincuenta mil automóviles al año y de la creación de siete u ocho mil nuevos puestos de trabajo. De nuevo se lanzan las campanas al vuelo y las instituciones políticas, sindicales y empresariales sevillanas se movilizan, si bien en esta ocasión de manera algo más tímida de lo que se había hecho con anterioridad, tal vez por la cercanía de decepcionantes experiencias pasadas (canal Sevilla-Bonanza y IV Planta Siderúrgica Integral). Se envían telegramas al presidente de la compañía, Henry Ford, al vicepresidente del gobierno español y a varios ministros, al embajador de España en Estados Unidos ¡y hasta al alcalde de Kansas City!, aprovechando la excusa del hermanamiento existente entre Sevilla y la ciudad norteamericana. En todos los casos se solicita para la ciudad la instalación de la nueva fábrica. El ayuntamiento ofrece a finales de noviembre de 1972 los terrenos de La Corchuela (unas 725 ha.), todavía por entonces refugio para centenares de familias, así como la exención de arbitrios y tasas fiscales, y se compromete a gestionar la cesión de otras cien hectáreas próximas a La Corchuela pertenecientes al Ministerio de la Vivienda. La construcción de una planta dedicada a la fabricación de automóviles en Sevilla, se especula, podría absorber la cesantía obligatoria en que se encontraban buena parte de los metalúrgicos sevillanos como consecuencia de las dificultades que afectaban a las principales empresas y relanzar un sector ya presente en la capital a través de ISA-Renault, donde se fabricaban cajas de cambio para automóviles. Sueño de una noche de verano. Pocos días después, a comienzos de diciembre de 1972, se conoce a través de "fuentes generalmente bien informadas" la decisión de la empresa norteamericana de instalarse en la dinámica fachada levantina, entre Valencia y Tarragona. La elección final recaería en Almusafes (Valencia). Con esta decisión se marchaba el último gran proyecto del siglo XX de hacer de Sevilla una gran urbe industrial. CAPÍTULO 10 Los líderes del sindicalismo democrático durante los años sesenta: semblanza de una nueva generación de la protesta CUSTODIO VELASCO MESA Si los años cincuenta se caracterizaron por el definitivo abandono de la lucha armada y por la llamada "reconciliación nacional", los años sesenta supusieron una fase marcada por el acrecentamiento de la movilización obrera y la lucha sindical en lo que fue una nueva modalidad de oposición al régimen franquista. Uno de los rasgos fundamentales de aquellas agitaciones lo constituye el hecho de que sus protagonistas conformaron una generación de trabajadores sensiblemente diferente a la que animó el movimiento obrero durante los primeros años del franquismo. Nacidos mayoritariamente cuando la guerra daba paso a la dictadura y al lastre de la crisis de los años cuarenta1, se trataba, así pues, de hombres que se vieron obligados a conciliar en sus itinerarios vitales los resultados políticos y las consecuencias económicas de la confrontación bélica con renovadas inquietudes en favor de unas condiciones de trabajo y, en suma, de una sociedad más justa. Sin duda esta circunstancia habría de condicionar el desarrollo y carácter de los acontecimientos, de tal modo que para una más completa comprensión de la oposición sindical al franquismo se hace imprescindible el planteamiento de algunas cuestiones elementales. ¿De qué forma se gestó la protesta obrera que desde principios de los años sesenta empezó a manifestarse 1. Joe Foweraker habla de un movimiento obrero que, como consecuencia de la represión durante la guerra civil y la posguerra, hubo de ponerse en marcha casi "sin generaciones intermedias". FOWERAKER, J., La democracia española. Los verdaderos artífices de la democracia en España, Ed. Arias Montano, Madrid, 1990, p. 144. A ello apunta asimismo la siguiente observación que realiza Fréres du Monde en 1969 respecto a los conflictos obreros en España y en Sevilla: "el movimiento obrero se ha visto obligado a partir de cero, sin generaciones intermedias. Así, en Sevilla, las Comisiones Obreras están compuestas de trabajadores muy jóvenes, la mayoría con una edad no superior a los treinta años". "Luttes ouvriéres en Espagne", en Fréres du Monde, Bordeaux, ni 60, 1969, pp. 35-36. Texto citado por MARTÍN CORRALES, E.. "El movimiento obrero sevillano bajo el franquismo", en ARENAS POSADAS, C. Industria y clases trabajadoras en la Sevilla del siglo XX, Universidad de Sevilla, Sevilla, p. 283.