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Trabajadores pobres y pobreza en el trabajo: concepto y evolución de la pobreza en la ocupación: el impacto de las últimas reformas legales

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TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO CONCEPTO Y EVOLUCIÓN DE LA POBREZA EN LA OCUPACIÓN: EL IMPACTO DE LAS ÚLTIMAS REFORMAS LEGALES EDICIONES LABORUM TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO CONCEPTO Y EVOLUCIÓN DE LA POBREZA EN LA OCUPACIÓN: EL IMPACTO DE LAS ÚLTIMAS REFORMAS LEGALES Directores FCO. JAVIER CALVO GALLEGO M. ROSARIO GÓMEZ-ÁLVAREZ DÍAZ Autores MARÍA TERESA ARÉVALO QUIJADA JESÚS MANUEL ARTERO LÓPEZ MARGARITA BARRERA LOZANO CRISTINA BORRA MARCOS FCO. JAVIER CALVO GALLEGO JOSÉ ANTONIO FERNÁNDEZ AMOR Mª FERNANDA FERNÁNDEZ LÓPEZ CAROLINA GALA DURÁN DOLORES GÓMEZ DOMÍNGUEZ FRANCISCO GÓMEZ GARCÍA M. ROSARIO GÓMEZ-ÁLVAREZ DÍAZ MARÍA JOSÉ GÓMEZ-TORRES MACARENA HERNÁNDEZ BEJARANO JOSÉ LUIS LÁZARO SÁNCHEZ RAMÓN LÓPEZ FUENTES DAVID PATIÑO RODRÍGUEZ Mª GEMA QUINTERO LIMA M.C. RODRÍGUEZ-PIÑERO ROYO SEGUNDO VALMORISCO PIZARRO EDICIONES LABORUM Avda. Gutiérrez Mellado, 9 – Planta 3ª Oficina 21 30008 Murcia Tel.: 968882181 e-mail: [email protected] FRANCISCO ORTIZ CASTILLO Director editorial Este libro es resultado de los Proyectos de investigación I+D+i DER2015-63701-C3-1-R “Instrumentos normativos para la mejora de las transiciones de los working poor y su inclusión social”, y DER2015-63701-C3-3-R “Instrumentos Normativos Sociales ante el Nuevo Contexto Tecnológico 3.0” financiados por la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, dependiente del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) de la Unión Europea 1ª edición, Ediciones Laborum S.L. - 2017 Copyright © de la edición, Ediciones Laborum, 2017 Copyright © del texto, sus respectivos autores, 2017 Ediciones Laborum, S.L. no comparte necesariamente los criterios manifestados por el autor en el trabajo publicado. La información contenida en esta publicación constituye únicamente, y salvo error u omisión involuntarios, la opinión de sus autores con arreglo a su leal saber y entender, opinión que subordinan tanto a los criterios que la jurisprudencia establezca, como a cualquier otro criterio mejor fundado. Ni el editor, ni el autor, pueden responsabilizarse de las consecuencias, favorables o desfavorables, de actuaciones basadas en las opiniones o informaciones contenidas en esta publicación. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47) ISBN: 978-84-946595-7-7 DEPÓSITO LEGAL: MU 579-2017 Impreso en España - Printed in Spain 5 ÍNDICE INTRODUCCIÓN ........................................................................................... 13 TRABAJADORES POBRES Y POBREZA DE LOS OCUPADOS: UNA PRIMERA APROXIMACIÓN ...................................................................... 17 Fco. Javier Calvo Gallego 17 1. INTRODUCCIÓN ................................................................................... 17 2. SOBRE EL CONCEPTO DE TRABAJADOR POBRE Y POBREZA EN EL TRABAJO: UNA PROPUESTA SISTEMATIZADORA ................................................................................ 21 2.1. Un concepto inicialmente doctrinal, complejo y carente de uniformidad ............................................................................................. 21 2.2. El progresivo impacto de las definiciones estadísticas: una aproximación a los principales indicadores utilizados o de posible utilización en este ámbito ........................................................................ 25 2.2.1. El concepto de Working poor (trabajador pobre) para la Oficina de Estadísticas Laborales de los Estados Unidos .................. 26 2.2.2. Los indicadores del Eurostat en el marco actual del AROPE/ERPE ................................................................................... 27 2.3. Un intento y una propuesta de sistematización: las diversas opciones posibles para el investigador .................................................... 33 3. EVOLUCIÓN Y CARACTERIZACIÓN DE LOS OCUPADOS Y ASALARIADOS EN RIESGO DE EXCLUSIÓN SOCIAL O EN RIESGO DE POBREZA .............................................................................. 35 3.1. Ocupados y asalariados en riesgo de pobreza o exclusión social (AROPE) ................................................................................................. 35 3.2. Ocupados en riesgo de pobreza (IWP) ............................................. 37 3.2.1. Cuantificación y evolución temporal ....................................... 37 3.2.2. Algunos elementos que inciden en el riesgo de pobreza de los ocupados y asalariados ................................................................. 41 4. ALGUNAS NOTAS INICIALES SOBRE POSIBLES LÍNEAS DE ACTUACIÓN .............................................................................................. 52 RECUPERACIÓN Y POBREZA: ¿EL FIN DEL TRABAJO? ................. 57 Segundo Valmorisco Pizarro 57 1. INTRODUCCIÓN ................................................................................... 57 TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 6 2. ¿EL FIN DEL TRABAJO O MÁS BIEN EL INICIO DE FORMAS ALTERNATIVAS? ...................................................................................... 61 2.1. ¿Qué es la gig economy? .................................................................. 62 3. CAPACIDAD DE ADAPTACIÓN A LOS NUEVOS CAMBIOS ......... 62 4. REGULACIÓN LABORAL Y AFILIACIÓN SINDICAL, ALGUNOS ANTÍDOTOS CONTRA LA GIG ECONOMY ...................... 63 5. CONCLUSIONES .................................................................................... 65 6. BIBLIOGRAFÍA ...................................................................................... 66 LA PROBLEMÁTICA DE LOS WORKING POOR EN LOS ESTADOS UNIDOS ........................................................................................................... 69 Margarita Barrera Lozano 69 1. INTRODUCCIÓN .................................................................................... 69 2. EL CONCEPTO DE WORKING POOR ................................................. 70 3. COLECTIVOS EN EL ENTORNO DE WORKING POOR ................... 73 3.1. Factores determinantes de la pobreza en el trabajo .......................... 73 3.2. Evolución cuantitativa de los colectivos de trabajadores pobres ..... 76 4. MEDIDAS SOCIALES Y POLÍTICAS EN ESTADOS UNIDOS ......... 83 5. CONCLUSIONES .................................................................................... 86 6. BIBLIOGRAFÍA ...................................................................................... 88 MARCO TEÓRICO PARA EL ANÁLISIS DE LA POBREZA EN EL TRABAJO EN LA UE: CONCEPTO, MEDICIÓN Y CAUSAS ............... 91 M. Rosario Gómez-Álvarez Díaz 91 Francisco Gómez García 91 1. INTRODUCCIÓN .................................................................................... 91 2. DEFINICIÓN OFICIAL DE TRABAJADOR POBRE EN LA UNIÓN EUROPEA ...................................................................................... 93 3. ¿QUIÉN ES UN TRABAJADOR? .......................................................... 96 4. LA UNIDAD ECONÓMICA DE REFERENCIA: ¿EL INDIVIDUO O LA FAMILIA? ......................................................................................... 99 5. DIFERENTES APROXIMACIONES A LA POBREZA ...................... 102 5.1. Pobreza monetaria .......................................................................... 104 5.2. Carencia multidimensional ............................................................. 105 5.3. Pobreza subjetiva............................................................................ 107 5.4. Carencia de capacidades ................................................................. 108 5.5. Caracterización de la pobreza......................................................... 108 6. LA POBREZA EN EL TRABAJO: MARCO TEÓRICO ..................... 110 7. CONCLUSIONES .................................................................................. 113 8. REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS ................................................... 115 ÍNDICE 7 LA EVOLUCIÓN DE LA POBREZA EN LA POBLACIÓN Y EN LOS TRABAJADORES EN ESPAÑA ................................................................. 121 Dolores Gómez Domínguez 121 María Teresa Arévalo Quijada 121 1. INTRODUCCIÓN ................................................................................. 121 2. LOS INDICADORES DE POBREZA DE LA POBLACIÓN EN EL PERIODO DE CRISIS ............................................................................... 125 2.1. Desarrollos en el periodo de crisis con influencia en la evolución de la pobreza ......................................................................................... 126 2.2. Características de la población en riesgo de pobreza ..................... 135 3. FACTORES QUE INFLUYEN EN LA POBREZA LABORAL E INDICADORES DE POBREZA DE LOS TRABAJADORES EN ESPAÑA .................................................................................................... 141 3.1. Evolución de las tasas de pobreza según características sociodemográficas y del hogar del trabajador ....................................... 146 3.2. Evolución de las tasas de pobreza según características laborales del trabajador ......................................................................................... 148 3.3. Evolución de las tasas de pobrezas de los trabajadores en función del nivel de estudios alcanzados .............................................. 150 4. BIBLIOGRAFÍA .................................................................................... 151 5. ANEXO DE TABLAS Y GRÁFICOS .................................................. 153 TRABAJADORES POBRES EN ESPAÑA Y EUROPA: CARACTERÍSTICAS PERSONALES, FAMILIARES Y FACTORES DETERMINANTES ...................................................................................... 159 Jesús Manuel Artero López 159 Cristina Borra Marcos 159 David Patiño Rodríguez 159 1. INTRODUCCIÓN ................................................................................. 159 2. TRABAJADORES POBRES: SUS CARACTERÍSTICAS PERSONALES .......................................................................................... 159 3. TRABAJADORES POBRES: SUS CARACTERÍSTICAS FAMILIARES ............................................................................................ 172 3.1. Factor número de miembros del hogar ........................................... 173 3.2. Factor intensidad laboral ................................................................ 176 3.3. Factor intensidad laboral y composición del hogar conjuntamente ....................................................................................... 178 4. FACTORES DETERMINANTES A NIVEL AGREGADO ................. 180 4.1. Factores económicos ...................................................................... 181 4.2. Cambios socio-demográficos ......................................................... 193 4.3. Políticas públicas ............................................................................ 198 5. REFLEXIONES FINALES.................................................................... 202 TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 8 6. BIBLIOGRAFÍA .................................................................................... 203 7. APÉNDICE DE TABLAS ..................................................................... 205 LAS RECIENTES REFORMAS LABORALES COMO INSTRUMENTOS DE POLÍTICA ECONÓMICA Y SU IMPACTO SOBRE ALGUNAS CONDICIONES LIGADAS A LA POBREZA EN EL TRABAJO ................................................................................................ 211 Fco. Javier Calvo Gallego 211 M.C. Rodríguez-Piñero Royo 211 1. A MODO DE INTRODUCCIÓN: DERECHO, MERCADO DE TRABAJO Y SISTEMA ECONÓMICO ................................................... 211 2. EL PUNTO DE PARTIDA: EL MARCO JURÍDICO LABORAL COMO CATALIZADOR DEL AMPLIO IMPACTO DE LA CRISIS DE 2008 SOBRE EL MERCADO DE TRABAJO ESPAÑOL ................. 214 3. LAS REFORMAS DE 2010-2011 COMO EPÍGONOS DEL TRATAMIENTO TRADICIONAL ........................................................... 222 4. LA REFORMA DE 2012 Y EL “CAMBIO” DE FUNCIÓN DEL DERECHO LABORAL ............................................................................. 225 4.1. El cambio de función y de lógica ................................................... 225 4.2. La articulación de la reforma laboral de 2012: las líneas esenciales en relación con la deflación salarial ..................................... 230 4.3. El impacto sobre el sistema de relaciones laborales y sobre la estructura de la negociación colectiva ................................................... 234 4.4. Reforma laboral y atipicidad contractual ....................................... 244 5. ALGUNAS BREVES NOTAS SOBRE UN EFECTO QUIZÁS NO PREVISTO: EL IMPACTO DE ESTA EVOLUCIÓN SOBRE LA ESTABILIDAD DEL SISTEMA DE SEGURIDAD SOCIAL ................. 252 APROXIMACIÓN AL TRATAMIENTO DE LA POBREZA LABORAL EN LAS POLÍTICAS DE EMPLEO E INCLUSIÓN SOCIAL .......................................................................................................... 255 José Luis Lázaro Sánchez 255 1. INTRODUCCIÓN .................................................................................. 255 2. EL TRATAMIENTO EN EL ÁMBITO DE LA UNIÓN ...................... 256 3. EL TRATAMIENTO EN EL NIVEL INTERNO .................................. 260 4. LAS SOLUCIONES PROPUESTAS PARA COMBATIRLA: ALGUNAS NOTAS................................................................................... 263 POBREZA Y REFORMAS EN LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA ..... 267 María Fernanda Fernández López 267 1. INTRODUCCIÓN .................................................................................. 267 ÍNDICE 9 2. LA INCIDENCIA DE LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA ................. 270 3. REFORMAS PARA MEJORAR: SECTOR Y EMPRESA 2012 ......... 273 4. REFORMA CONVENCIONAL Y TRABAJADORES POBRES ........ 277 5. NEGOCIACION COLECTIVA Y TRABAJO POBRE ........................ 284 POBREZA EN EL TRABAJO Y MODALIDADES CONTRACTUALES (EN ESPECIAL EL TRABAJO TEMPORAL Y EL TRABAJO A TIEMPO PARCIAL) .................................................................................... 289 Mª Gema Quintero Lima 289 1. ALGUNAS CUESTIONES PREVIAS RELEVANTES ....................... 290 1.1. Las Políticas de Empleo ................................................................. 291 1.2. Las limitaciones de los estudios estadísticos y cuantitativos ......... 293 1.3. La hipótesis de los factores culturales: la idiosincrasia empresarial de la preferencia por la temporalidad ................................ 296 2. ELEMENTOS CRITICOS DE LA REGULACION DE LAS MODALIDADES CONTRACTUALES ................................................... 297 3. LA DURACION DE LOS CONTRATOS: EL PREDOMINIO DE LA TEMPORALIDAD .............................................................................. 299 3.1. La causalidad en los contratos temporales estructurales ................ 299 3.2. Instrumentos de (des)protección de los derechos laborales en la contratación temporal ............................................................................ 301 3.3. Los efectos indirectos del fomento de la contratación indefinida ............................................................................................................... 304 4. LA JORNADA PACTADA EN LOS CONTRATOS: EL CONTRATO A TIEMPO PARCIAL ........................................................ 306 5. ALGUNAS REFLEXIONES ................................................................. 308 5.1. Disonancias: una legislación dulcificada, y los efectos no declarados de las distintas reformas normativas ................................... 308 5.2. La perversión de los incumplimientos normativos por parte de los agentes jurídicos .............................................................................. 310 5.3. El samsara de las reformas legislativas (los mantras axiológicos) ........................................................................................... 312 6. BIBLIOGRAFIA .................................................................................... 314 LAS REFORMAS INCORPORADAS EN EL MARCO DE LOS ARTÍCULOS 41 Y 51 DEL TRET Y SU IMPACTO EN EL CASO DE LOS TRABAJADORES POBRES: PERSPECTIVA TEÓRICA Y ANÁLISIS PRÁCTICO ................................................................................ 317 Carolina Gala Durán 317 1. INTRODUCCIÓN ................................................................................. 317 TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 16 –estructura, descuelgue y ultraactividad de la negociación colectiva– como individual –modificaciones y despidos– como instrumento para intentar lograr una deflación salarial que lograra una mejora de la competitividad. El problema es que una vez analizados estos instrumentos –junto con la ineficacia de las medidas contra la temporalidad y la potenciación del trabajo a tiempo parcial como instrumento de creación de empleo más que de fomento de su calidad– la conclusión parece preocupante. Y ello ya que si bien estos factores podrían haber coadyuvado a la recuperación económica –aunque no se sabe en qué grado y con qué intensidad– no es menos cierto que sí han potenciado, y esto claramente, una creciente desigualdad, también en el ámbito laboral, que seguramente podría obligar a que nuevamente el Derecho Social retomara su finalidad tradicional redistributiva y de vía de inclusión social. Y ello por no olvidar su impacto sobre otras cuestiones como la estabilidad económica del sistema de protección social. Desde esta perspectiva, y tras un breve encuadramiento de la importancia dada a esta cuestión desde las políticas de empleo tanto a nivel europeo como nacional –a cargo del Pr. Dr. Lázaro Sánchez–, el siguiente bloque pretende analizar con mayor detenimiento los cambios normativos y su impacto sobre esta realidad, distinguiendo entre negociación colectiva –a cargo de la Prª, Fernández López–, modificación de condiciones y despidos –Prª. Gala Durán– y temporalidad y aticipicidad contractual –Prª. Quintero Olivares–. Igualmente se presta en este contexto una especial atención a las prestaciones familiares y al posible establecimiento de una renta mínima universal –Pr. López Fuentes– y a la protección social del autónomo –Prª. Hernández Bejarano– como posible elemento que pudiera justificar la peculiar incidencia en este colectivo de la pobreza. Finalmente, el presente trabajo se cierra con dos colaboraciones sumamente interesantes desde la perspectiva multidisciplinar que caracteriza este proyecto. En la primera la Prª. Gómez Torres realiza un análisis de la formación como factor ligado a la pobreza en el trabajo y como instrumento básico en los itinerarios de salida. En el segundo, el Pr. Fernández Amor analiza los instrumentos fiscales que en otros ordenamientos han sido utilizados como “impuestos negativos” o como mecanismos de “deducción reembolsable” en la lucha contra la pobreza en la actividad. 17 TRABAJADORES POBRES Y POBREZA DE LOS OCUPADOS: UNA PRIMERA APROXIMACIÓN FCO. JAVIER CALVO GALLEGO Profesor Titular de Universidad Universidad de Sevilla Proyecto DER2015-63701-C3-1-R 1 1. INTRODUCCIÓN Durante buena parte del siglo XX la pobreza y el Derecho Social –interpretado este en sentido amplio– fueron analizados conjuntamente desde una doble perspectiva. En primer lugar, y desde una óptica eminentemente histórica, como el substrato en el que germinó la conflictividad social que justificó la aparición de esta rama del ordenamiento y, con él, de las profundas transformaciones que dieron lugar al Estado Social. Y en segundo lugar, y desde una perspectiva dinámica, ciertamente optimista, como realidades y elementos íntimamente conectados, pero a la vez teórica y progresivamente excluyentes, en la medida en la que la regulación de unas condiciones contractuales dignas, unida a las transferencias redistributivas propias del Estado Social, deberían relegar la pobreza a situaciones marginales, ajenas a una actividad productiva que era concebida así como el principal vehículo de salida de la pobreza y de la exclusión social. Desde esta perspectiva tradicional –y que, por lo demás, hunde sus raíces incluso en la lógica de las antiguas leyes y ordenanzas de “pobres” 2 – la pobreza sería básicamente el estigma de las personas inevitablemente inactivas y remitidas a la protección social, del mismo modo que el trabajo, incluso a través 1 Proyecto de investigación I+D+i DER2015-63701-C3-1-R “Instrumentos normativos para la mejora de las transiciones de los working poor y su inclusión social”, financiado por la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación dependiente del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) de la Unión Europea. 2 Sobre el tema, véase el muy interesante trabajo de S. MUÑOZ MACHADO, “Sobre la pobreza y el Derecho”, Iustel, 2014. Igualmente de interés puede resultar algunos aspectos del trabajo de P. MUNUERA GÓMEZ, “El derecho a la inclusión social a través del trabajo” en Revue Européenne du Droit Social, 2012, 14.1, en especial p. 36 y siguientes TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 18 de su activación, debería convertirse en el principal instrumento de lucha contra la misma 3 . Sin embargo, ya desde principios de los años setenta en Estados Unidos 4 , y más tarde, aunque con creciente fuerza, en la Unión Europea 5 , comenzó a destacarse la importancia creciente de un colectivo de trabajadores –o más correctamente, y como veremos, de ocupados– cuyas rentas, unidas a las transferencias recibidas, no alcanzaban a superar el umbral de la pobreza o a evitar la aparición de carencias materiales graves o incluso severas. Obviamente, la existencia de este tipo de trabajos no era una novedad en Europa 6 . Dentro de nuestras sociedades –por no hablar, claro está, de la pobreza ocupacional en zonas en desarrollo– siempre han existido trabajadores y colectivos “al margen”, con menor cualificación y retribución y cuya actividad productiva no siempre permitía eludir la pobreza y la exclusión social. Sin embargo, seguramente lo más novedoso de este “nuevo tipo de pobreza” no sería solo el crecimiento cuantitativo de este colectivo en los países occidentales, sino también, y sobre todo, su ampliación sociológica a segmentos históricamente integrados entre la clase media, pero que, ya sea por las nuevas realidades sociológicas –en especial, y como veremos, la tipología de hogares–, ya sea por la nueva dinámica de los mercados laborales o por las insuficiencias de los sistemas redistributivos, caían o estaban en riesgo de caer en la pobreza y en la exclusión social. En definitiva, una nueva realidad ciertamente “perturbadora” y en la que el desarrollo de una 3 Por todos, D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty in Europe: Extent, Structure and Causal Mechanisms”, Combating Poverty in Europe Project, 2013, para la que, p. 2 “ever since the first studies on poverty, employment was regarded as the best way out of such a situation “. En este mismo sentido R. PEÑA CASAS, M. LATTA, Working poor in European Union, Luxembourg: Office for Official Publications of the European Communities, 2004, p. 3 y ss. 4 Más información en E. CRETTAZ, “A state-of-the-art review of working poverty in advanced economies: theoretical models, measurement issues and risk groups” en Journal of European Social Policy, October 2013 vol. 23 no. 4, p. 348. Entre los trabajos iniciales más destacados suele señalarse, por ejemplo –véase I. GARCIA ESPEJO, M. IBAÑEZ PASCUAL “Los trabajadores pobres y los bajos salarios en España: un análisis de los factores familiares y laborales asociados a las distintas situaciones de pobreza”, en EMPIRIA, 2007, n. 14, p. 44-, el de S. A. LEVITAN, I. SHAPIRO Working but poor: America's contradiction: 1987, The John Hopkins University Press. 5 En general, desde una óptica temporal, suele situarse el inicio de esta preocupación en Europa al inicio de la década de los noventa, si bien la incorporación en 2003 de la “EU statistics on income and living conditions” –en adelante EU-SILC– multiplicó el interés científico por este tema en Europa. En este sentido, por ejemplo, I. GARCIA ESPEJO, M. IBAÑEZ PASCUAL “Los trabajadores pobres…”, cit., p. 45; D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 2 y 4; E. CRETTAZ, “A state…”, cit., p. 348. 6 Véase I. MARX, B. NOLAN, “Trabajadores pobres” en Papeles de Economía Española, 2013, n. 135, p. 99, o D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 27 para la que, sin embargo, lo novedoso es que ahora sí se percibe esta cuestión como un problema en la agenda política. FCO. JAVIER CALVO GALLEGO 19 ocupación productiva, aun siendo un instrumento eficaz en muchos casos en la lucha contra la pobreza y la exclusión, distaba ciertamente de ser un remedio seguro para eludir dichas situaciones 7 . Diversos han sido los factores que, ya desde los primeros años ochenta y noventa, intentaron identificarse como posibles causantes de este fenómeno a escala global. El primero, sin duda, los efectos de la globalización y de la mundialización económica 8 , que, junto con el cambio tecnológico, habrían provocado en los países occidentales tanto un fuerte proceso de desindustrialización, como un correlativo descenso de los ingresos y de los niveles de vida de aquellos segmentos de mano de obra menos cualificados, sobre todo en los sectores más abiertos al comercio mundial 9 . En segundo lugar, el paulatino impacto de las políticas neoliberales, tanto en lo relativo a la reducción de la lógica redistributiva del Estado –mercantilización, contractualización, paso del ciudadano y usuario al consumidor…–, como especialmente, al menos en este caso, por la progresiva importancia otorgada a las políticas de activación (work first), singularmente para personas con escaso nivel de cualificación y que condujeron en muchas ocasiones a trabajos de escasa calidad y retribución 10 . Y en tercer lugar, pero no por ello menos importante, por la progresiva desigualdad que se ha instalado dentro de unos mercados de trabajo cada vez más segmentados, y en los que diversos factores como la edad, el género, la nacionalidad, la cualificación, el tipo de ocupación, el sector de actividad, la tipología contractual o incluso las dimensiones del centro de trabajo podían 7 L. BARDONE, AC, GUIO, “In-work poverty – New commonly agreed indicators at the EU level”, Eurostat, Statisics in Focus, 5/2005, p. 1. En palabras de P. WOLFF “17 % of EU citizens were at-risk-of-poverty in 2008” en Eurostat, Statisics in Focus, 9/2010, p. 4 que resumen una apreciación ampliamente compartida señalando: “Being in employment is an effective although not always sufficient way to secure oneself against the risk of poverty and social exclusión” 8 Véase, por ejemplo, J. HELLIER, E. KALUGINA, “Globalization and the working poor”, ECINEQ, 2015, n. 355; M.L. DE LA CAL, “Pobreza laboral”, Boletín de recursos de información, Centro de Documentación Hegoa, 2014, n. 40, p. 8 del texto impreso. En cualquier caso, y como recuerda E. CRETTAZ, “A state…”, cit., p. 349 un sector de la doctrina diferenció tradicionalmente los efectos de esta globalización en Estados Unidos y en Europa. Y así, mientras en el primero caso, la liviana regulación laboral habría favorecido que se dispararan las desigualdades salariales y un descenso del desempleo, en Europa esta misma globalización habría llevado a un descenso en la demanda de empleados de baja cualificación y, por tanto, a un incremento del paro. No obstante, nos remitimos al mencionado autor para una crítica a esta “teoría unificada”. 9 Ampliamente sobre estas cuestiones D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 7 10 Vid. D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 8; M.L. DE LA CAL, “Pobreza…”, cit., p. 9; I. MARX, B. NOLAN, “Trabajadores…”, cit., p. 99 y 100. No obstante, estos mismos autores –p. 104– señalan como, al menos hasta 2013 no existía ninguna investigación sistemática que vinculase las tendencias de bajos salarios con las políticas de activación. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 20 conducir, si se conjuntaban con los ya señalados elementos sociológicos propios del hogar, a ofrecer un segmento ciertamente relegado de ocupados para los que el desarrollo de una actividad productiva ni le permitiría salir de la pobreza monetaria relativa ni, incluso y en ciertas ocasiones, eludir el riesgo de una privación material grave o severa 11 . Además, y en el caso de nuestro país, resulta evidente como a todos estos factores se ha unido el impacto sinérgico que sobre nuestro tejido social han tenido, no ya solo las últimas crisis económicas del 2008 y 2010, sino también, o incluso sobre todo, el tipo de medidas con el que se ha querido reaccionar y actuar especialmente frente a la última de ellas 12 . El fuerte recorte de prestaciones y de unas transferencias redistributivas que, por lo demás, apenas habían mitigado el problema de la pobreza en los años expansivos previos a estas últimas crisis 13 , unidos al impacto que sobre el mercado de trabajo y la población ocupada han tenido las últimas reformas laborales han provocado, no solo un notable incremento del coeficiente Gini 14 , como principal indicador de desigualdad, sino también un llamativo incremento de este colectivo. En este sentido, la buscada, y en buena medida conseguida deflación salarial no ha actuado uniformemente 15 , cebándose fundamentalmente en los niveles con rentas más bajas, abriendo la horquilla de la dispersión salarial y afectando fundamentalmente a una clase media empobrecida y a los niveles retributivos inferiores 16 . Además, la concentración del desempleo en determinados colectivos y hogares, unido al progresivo desarrollo de una doble precariedad contractual –a los contratos temporales de escasísima duración se habría unido ahora su progresivo carácter de contratos a tiempo parcial no deseado– habría provocado una caída en la 11 Véase, por ejemplo, con amplia referencia bibliográfica, I. MARX, B. NOLAN “Trabajadores pobres”, cit., p. 100; D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 8. 12 Impacto este reconocido incluso por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Plan Nacional de Acción…, cit., p. 9 13 En general, sobre el impacto de la crisis en la pobreza resulta ineludible la remisión al excelente AAVV., VII Informe sobre exclusión y desarrollo social en España, FOESSA, 2014, p. 71 14 Según los datos de Eurostat (SILC) –extraídos el 23.06.2016, última actualización 07.06.2016– , España habría pasado de un coeficiente Gini del 31,9 en 2007 a un coeficiente del 34,7 en 2014. En términos relativos, muestro país habría pasado de ser el decimosegundo Estado en 2007 por su intensidad al octavo lugar en 2014, superando incluso a Grecia, Rumanía, Portugal o Italia. 15 Nos remitimos a lo que en su momento ya señalamos en nuestro trabajo F.J. CALVO GALLEGO, M.C. RODRÍGUEZ-PIÑERO ROYO, “Las reformas laborales como instrumento de política económica y su impacto sobre el dialogo social en España”, en Revista Internacional y Comparada de Relaciones Laborales y Derecho del Empleo, Vol. 2, Nº. 4, 2014, págs. 1-54. En general, sobre la misma y sus efectos J.I. PÉREZ INFANTE, “Crisis económica, empleos y salarios”, en Documentación Social, 2013, n. 169, p. 32 y ss. 16 AAVV., VII Informe…, cit., p. 71 y ss. FCO. JAVIER CALVO GALLEGO 21 intensidad laboral que obviamente está estrechamente conectada con la pobreza monetaria relativa de los hogares y con la posible aparición de supuestos de privación material grave. De ahí, en definitiva, que la cuestión de los “trabajadores pobres”, o como algunos prefieran denominarla, la “pobreza laboral o en el trabajo 17 ” haya ido asumiendo poco a poco un mayor protagonismo 18 . Y ello no solo entre los estudiosos de las ciencias sociales que desde muy distintas perspectivas se aproxima a este tema, sino también a nivel político, tanto nacional como internacional. Pero no adelantemos acontecimientos. 2. SOBRE EL CONCEPTO DE TRABAJADOR POBRE Y POBREZA EN EL TRABAJO: UNA PROPUESTA SISTEMATIZADORA 2.1. Un concepto inicialmente doctrinal, complejo y carente de uniformidad Por ahora, nos interesa comenzar este estudio señalando cómo, paradójicamente, el primer problema con el que nos enfrentamos al aproximarnos a este concepto es que, a pesar de su muy frecuente utilización, su delimitación ha distado tradicionalmente de ser clara y uniforme en la doctrina 19 . Y ello por diversos motivos. El primero y más evidente, es que este fue, al menos inicialmente, un concepto básicamente doctrinal y desde luego no establecido en una norma internacional. Como se ha recordado hasta la saciedad, las primeras aproximaciones a esta realidad, primero norteamericanas –tanto estadounidenses como canadienses– y, más tarde, europeas, se realizaron por trabajos científicos que, al tener que delimitar apriorísticamente su campo de indagación, adoptaron 17 Término este que algunos autores prefieren por ser neutro desde el punto de vista de género. En este sentido, por ejemplo, M.L. DE LA CAL, “Pobreza…”, cit., nota al pie 1. 18 Baste recordar ahora recientes y excelentes trabajos como el de AAVV., El trabajador pobre como centro de gravedad de la prevención de la exclusión social, (coord. E.M. BLÁZQUEZ AGUDO), Bomarzo 2015, o FUNDACIÓN 1º DE MAYO, Pobreza y trabajadores pobres en España, Colección Informes n. 106, 2014, disponible en http://www.1mayo.ccoo.es/nova/files/1018/Informe106.pdf 19 Esta realidad ya fue constatada en 1989 por uno de los artículos seminales en este tema: B.W. KLEIN, P. RONES, A profile of the working poor” en Monthly Labor Review, October 1989, p. 4. De “definitional chaos” hablaban en 2010 E. CRETTAZ, G. BONOLI, “Why are some workers poor? The mechanisms that produce working poverty in a comparative perspective”, REC-WP 12/2010, p. 6, disponible en https://www.era.lib.ed.ac.uk/bitstream/handle/1842/3985/REC-WP_?sequence=1 . Un amplio estudio de la literatura sobre esta cuestión en E. CRETTAZ, “A state…”, cit., p. 347-362. Para una recapitulación más breve y anterior en el tiempo R. PEÑA CASAS, M. LATTA, Working poor in European…, cit., p 7. En esta misma línea, desde una perspectiva retrospectiva S. PONTHIEUX” The working poor. Limits of the EU indicator “in-work poverty risk”, limits of the statistical category “working poor”, and exploration of a notion of “poverty in earned income”, ECINEQ 2007, p. 2 disponible en http://www.diw.de/sixcms/detail.php/60146 TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 22 una posición en muchas ocasiones no homogénea ni uniforme y sobre todo deudora de los propios objetivos o campos en los que se centraba la concreta investigación. Además, a esta diversidad en las fronteras de dicho concepto coadyuvó sin duda, y en segundo lugar, el hecho de que nos encontramos ante una realidad que, lejos de “pertenecer” o poder ser analizada por y desde una única rama del conocimiento, presenta elementos que van desde el ámbito laboral –salarios bajos, escasa o nula calidad o intensidad en el empleo–, al de la economía laboral –distribución de la riqueza e impacto sobre el crecimiento–, la previsión social e incluso la hacienda pública –eficiencia de los instrumentos de redistribución tanto de protección social como impositivos– y, sobre todo, al de la sociología –pobreza y exclusión social– 20 . En tercer lugar, tampoco cabe olvidar cómo los dos elementos que deben conjugarse necesariamente en este concepto –pobreza y trabajador– no son en absoluto homogéneos: mientras uno es netamente individual y normalmente encuentra su referente en las ramas jurídicas o económicas, el otro, el de la pobreza, normalmente viene referido a un concepto colectivo como es el hogar entendido como unidad básica de consumo y con principales connotaciones sociológicas 21 . Y si a todo ello sumamos, en cuarto lugar, el hecho de que en ocasiones se intentó construir un concepto tendencialmente universal, mientras que en otras la óptica fue mucho más concreta y específicamente estatal, tendremos las razones por las que, como decimos, y sobre todo durante los años ochenta y noventa, pero incluso aún hoy, este concepto de trabajadores pobres, pobreza en el trabajo o pobreza en la edad laboral –pues la elección del término dista de ser inocua– careció de una definición homogénea y clara, sobre todo para el que se aproxima por primera vez a esta realidad. No podemos detenernos aquí, obviamente, en el análisis pormenorizado de las diferencias en cada una de estas delimitaciones doctrinales, por lo demás ampliamente estudiadas en trabajos como el de CRETTAZ 22 . Por ello, y de forma más modesta, nos limitaremos a señalar, a título meramente ejemplificativo, cómo, por lo que se refiere a la pobreza, en la mayoría de estos estudios se optaba y aún se opta por una perspectiva objetiva y no subjetiva de la misma, esto es, asentada en indicadores objetivos y no sobre la apreciación de la propia persona. Desde esta óptica, y sobre todo en Europa, primó la adopción de una línea o 20 Destacando, por ejemplo, este carácter “híbrido” y las consiguientes dificultades R. PEÑA CASAS, M. LATTA, Working poor in European…, cit., p. 3. 21 Nuevamente R. PEÑA CASAS, M. LATTA, Working poor in European…, cit., p. 4. En un sentido similar I. GARCIA ESPEJO, M. IBAÑEZ PASCUAL “Los trabajadores pobres…”, cit., p. 43; S. PONTIEUX, In-work poverty in EU, Eursotat, 2010, p. 27; D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 3. 22 E. CRETTAZ, “A state…”, cit., p. 349 y ss. FCO. JAVIER CALVO GALLEGO 23 umbral de pobreza relativa y no absoluta, centrada en un determinado porcentaje 23 de la mediana –obsérvese, no de la media– de ingresos, ya sea del individuo o, sobre todo, por componente del hogar, ya sea anual o anclada en un determinado momento. Y todo ello sin olvidar como, desde otra perspectiva, aunque eso sí monetaria, también ha sido frecuente utilizar ya sea la línea de pobreza oficial 24 o el resultado –al ser esta última ciertamente baja en algunos países– de aplicar al umbral oficial de pobreza algún multiplicador 25 . Solo en algunos casos se utilizaba una metodología distinta, poniendo por ejemplo en relación los ingresos familiares con los gastos en determinados bienes de primera necesidad y situando así el umbral en el coste de esta cesta o en aquellas situaciones en las que se gasta más de un determinado porcentaje –por ejemplo, el 20%– de los ingresos en tales bienes 26 , o, desde otra perspectiva, recurriendo a la imposibilidad o dificultad en el acceso a determinados productos –el concepto de privación/exclusión sobre el que después volveremos– o incluso, en los supuestos más extremos, en la necesidad de recurrir a la ayuda de entidades asistenciales 27 . Y todo ello por no hablar de la discusión sobre la necesidad o no de un concepto multidimensional que abarcará no solo la pobreza sino también la exclusión social. Y por otra parte, incluso un menor consenso se constataba si analizamos los intentos de delimitación en estos mismos estudios del segundo elemento antes 23 Que de acuerdo con E. CRETTAZ, “A state…”, cit., p. 352 y E. CRETTAZ, G. BONOLI, “Why are some…”, cit., p. 7 van del 40 al 70%, aunque la inclusión del indicador europeo ha conducido a que la mayor parte de autores utilicen el 60%. Por poner solo un ejemplo, en el caso de la OCDE, Employment Outlook 2009, Tackling the Jobs Crisis, Paris, p. 172 se adopta el 50%. 24 Moviéndonos así en el campo de la pobreza absoluta, al menos en aquellos países como Estados Unidos en los que este umbral viene fijado anualmente de forma oficial en función de las características de la familia. Esta orientación y una justificación de la misma muy clarificadora –“To me as an American, it seems more natural to think of poverty as falling in such a circumstance, and so I use absolute poverty concepts”– en G. S. FIELDS “Poverty and Low Earnings in the Developing World”, ILR Working Paper No. 152. Ithaca, NY: School of Industrial and Labor Relations, Cornell University, p. 3 disponible en http://digitalcommons.ilr.cornell.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1151&context=workingpapers . 25 Véanse los ejemplos en E. CRETTAZ, “A state…”, cit., p. 352. 26 Este umbral es, según E. CRETTAZ, “A state…”, cit., p. 352, el utilizado frecuentemente en Canadá. 27 Véase nuevamente una recapitulación de estos trabajos en E. CRETTAZ, “A state…”, cit., p. 352. En general, sobre las distintas perspectivas desde las que es posible definir y delimitar la pobreza, son de interés el trabajo de J. VENTURA, K JÁUREGUI, “¿Es posible (re)insertar a los pobres al desarrollo?: modelos y paradigmas”, Universidad & Empresa, 2016, n. 18(31), p. 35 y ss., Doi: http://dx.doi.org/10.12804/rev.univ.empresa.31.2016.02; el documento del INE La pobreza y su medición Presentación de diversos métodos de obtención de medidas de pobreza, disponible en http://www.ine.es/daco/daco42/sociales/pobreza.pdf ; o OCDE, Employment Outlook 2009, Tackling the Jobs Crisis, cit., p. 168-171. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 24 reseñado: el del trabajador 28 . Y ello ya que frente al mismo puede primar una aproximación ya sea sociológica, ya sea económica o, por último, otra más técnica y ciertamente reducida, propia por tanto del ámbito jurídico laboral. Así, y en primer lugar, en diversos trabajos el concepto de trabajador se aborda, sobre todo en determinados países, desde una perspectiva fundamentalmente sociológica que les permite incluir a toda persona activa, esté o no ocupada, siempre que, al menos, haya participado en el mercado laboral; esto es, esté ocupada o busque desarrollar dicha actividad una parte significativa del año –como, por ejemplo, veintisiete semanas al año–. Esta aproximación, avanzamos, básicamente norteamericana, permitía incluir en este concepto a desempleados que, eso sí, busquen activamente empleo –“labor force”–, si bien en algún caso, se ha llegado a reclamar –especialmente en Francia, dada la mayor tasa de desempleo de larga duración– una cierta participación activa que conlleve que se haya desarrollado un actividad productiva al menos un mes 29 . Y todo ello, claro está, por no hablar de ciertos estudios que abarcan a todos los miembros de la unidad familiar “pobre” en el que al menos uno de sus miembros trabaja 30 . En cambio, en otros estudios la acepción es más reducida y económica y abarcaría solo a los ocupados, incluyendo, eso sí, tanto a aquellos que lo son de forma autónoma como a los que lo son por cuenta ajena 31 . Finalmente, y entre otras razones, seguramente por la escasa fiabilidad –como veremos– de los datos relativos a los autónomos 32 , tampoco son escasos los autores que reducen aún más los límites de esta categoría, reduciéndolo a aquellos que desarrollan una actividad productiva dependiente en una acepción por tanto, bastante más cercana a la perspectiva jurídico-laboral. En cualquier caso, y por si no fuera poca toda esta complejidad, un análisis de la bibliografía existente plantea un tercer elemento, ligado eso sí, al anterior, pero aún más complejo; al analizarse los datos normalmente en un periodo temporal específico, suele ser igualmente habitual el requerir que ya sea el 28 En general nos remitimos al repaso recogido en E. CRETTAZ, “A state…”, cit., p. 352 y ss. 29 Por ejemplo, C. LAGARENNE, N. LEGENDRE, “The working poor in France: personal and family factors”, publicado originalmente como “Les travailleurs pauvres en France: facteurs individuels et familiaux”, Economie et Statistique No. 335, 2000 – 5, disponible el 27 de mayo de 2016 en < http://www.insee.fr/en/ffc/docs_ffc/is48_335.pdf >. Sobre las distintas opciones que en su momento se planteó el INSEE y la opción finalmente asumida véase S. PONTHIEUX “The working poor. Limits…”, cit., p. 6. 30 Un interesante ejemplo en A. PAYNE “Working poor in Australia An analysis of poverty among households in which a member is employed”, en Family Matters, 2009, n. 81, p. 15 y ss. 31 Sobre estas tres perspectivas –norteamericana o activa, francesa derivada de aquella pero que excluye a los parados de larga duración y la europea, la más estricta– D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 14 quien destaca además las consecuencias científicas de adoptar una u otra posición. 32 Véanse los autores citados infra 91. FCO. JAVIER CALVO GALLEGO 25 demandante de empleo –en la primera perspectiva– como el ocupado o el asalariado –en la segunda o la tercera “acepción”– desarrollen dicha actividad o participen en la fuerza de trabajo durante un determinado número de meses, semanas, días, o incluso horas y, además, en el caso de actividad, con una cierta intensidad. De hecho, es en estas dos últimas variables en las que la diversidad de fronteras y deslindes doctrinales se encuentra más acentuada pudiendo encontrarse investigaciones en las que se reclama, por ejemplo, para su incorporación a este colectivo que el individuo haya trabajado al menos una hora en la semana anterior a la entrevista, mientras que en otros se exigen mil horas de actividad al año, pasando, finalmente, y por señalar solo algunos ejemplos, a otros estudios en los que se demanda haber desarrollado una actividad al menos seis meses al año y treinta y cinco horas a la semana, llegándose incluso en algunos casos a solo incorporar dentro de este colectivo a las personas que desarrollen dicha actividad todo el año a tiempo completo 33 . 2.2. El progresivo impacto de las definiciones estadísticas: una aproximación a los principales indicadores utilizados o de posible utilización en este ámbito En cualquier caso, lo que sí resulta evidente es que sobre todo este magma de delimitaciones doctrinales ha ejercido un enorme y progresivo impacto armonizador 34 , sobre todo en sus respectivos ámbitos geográficos –y de ahí, avanzamos, el problema–, las definiciones e indicadores aportados por los diversos organismos estadísticos nacionales e internacionales 35 . Y todo ello sin olvidar cómo en muchas ocasiones la elaboración y delimitación de estos indicadores se ha visto igualmente influenciada por previos trabajos doctrinales elaborados, muchas veces, por investigadores de estas mismas instituciones estadísticas 36 . Sea como fuere, y por simplificar, creemos que han sido dos, al menos a nuestro juicio, los indicadores y su delimitación que mayor impacto habrían tenido en este campo. Lo llamativo es que, seguramente por razones históricas, y el contexto en el que nacen abordan este tema nuevamente desde ópticas diferentes: mientras en un caso esta delimitación se produjo desde las estadísticas específicamente laborales, lo que fomentó una perspectiva de la pobreza desde la óptica de la actividad (working poor), en el otro el análisis se realizaría desde las 33 Véase, nuevamente, E. CRETTAZ, “A state…”, cit., p. 352 y ss. 34 Y ello, como recuerdan E. CRETTAZ, G. BONOLI, “Why are some workers…”, cit., p. 9, fundamentalmente por la necesidad de posibilitar comparaciones entre los distintos estudios. No obstante, como también señala E. CRETTAZ, “A state…”, cit., p. 355 este impacto se ha centrado más en la delimitación de la pobreza que en el concepto de “trabajador”. 35 Un elenco de los mismos al que obviamente nos remitimos en E. CRETTAZ, G. BONOLI, “Why are some workers…”, cit., p. 8; E. CRETTAZ, “A state…”, cit., p. 351. 36 En este mismo sentido, E. CRETTAZ, “A state…”, cit., p. 350. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 32 yendo un paso más allá, el de carencia material severa, como variación del anterior en el marco del compromiso de la Estrategia Europa 2020 de reducir significativamente la pobreza 68 . Simplificando podríamos señalar que este indicador mediría la proporción de la población que no pueden permitirse tres (carencia material) o cuatro (carencia material severa) conceptos de los nueve siguientes: 1) no tener retrasos en el pago del alquiler, hipoteca, recibos relacionados con la vivienda o compras a plazos; 2) mantener la vivienda con una temperatura adecuada durante los meses fríos; 3) hacer frente a gastos imprevistos; 4) una comida de carne, pollo o pescado cada dos días; 5) ir de vacaciones fuera de casa, al menos una semana al año; 6) un coche; 7) una lavadora; 8) una televisión a color; 9) un teléfono. Y aunque es evidente que no existe como tal un indicador específico como el anterior que identifique la tasa de ocupados en hogares con privación material grave o severa, lo cierto es que sí es posible extraer estas cifras ya sea a nivel europeo o ya sea nacional a través del análisis de la European Union Statistics on Income and Living Conditions del Eurostat 69 . Al igual que en el anterior caso, esta privación material o severa es persistente cuando dicha incapacidad para obtener tales bienes se ha producido además del presente año en al menos dos de los tres anteriores 70 . 2.2.2.4. Hogares con muy baja intensidad laboral Finalmente, para esta tercera dimensión de la pobreza y la exclusión social se analiza la intensidad laboral de los hogares calculada como la razón del número de meses que los miembros de un hogar en edad de trabajar –entre 18 a 59 años 71 , pero con exclusión de los estudiantes entre 18 a 24 años dependientes–, han trabajado durante el año anterior entre el número de meses que durante este 68 Esta misma propuesta en I. MARX, B. NOLAN, “Trabajadores…” cit., p.103. Para un análisis desde esta doble perspectiva –tanto de riesgo de pobreza, como de carencia material severa– en nuestro mercado de trabajo, M. IBAÑEZ, “Apuntes…”, cit., p. 63 y ss. 69 Que en este, como en tantos otros puntos, consideramos que aporta una información preconfigurada más valiosa que la del propio INE. 70 http://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php/Glossary:Material_deprivation 71 Aunque en algún trabajos se ha optado por ampliar esta edad hasta los 64 –I. GARCIA ESPEJO, M. IBAÑEZ PASCUAL “Los trabajadores pobres…”, cit., p. 55– Eurostat parece considerar a este respecto solo a las personas entre 18 y 59 años – http://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php/Glossary:Persons_living_in_households_with_low_work_intensity –. FCO. JAVIER CALVO GALLEGO 33 mismo periodo tales personas pudieron trabajar 72 . De este modo, los hogares presentarían una baja intensidad cuando dicha ratio fuese o sea inferior al 20% 73 . 2.3. Un intento y una propuesta de sistematización: las diversas opciones posibles para el investigador Pues bien, llegados a este punto podríamos concluir señalado, en primer lugar, que seguimos careciendo de un concepto –y, consiguientemente, de una terminología– claro, uniforme, permanente y universal sobre qué ha de entenderse por trabajadores pobres, pobreza en el trabajo u ocupados en hogares con carencias materiales graves. Es cierto que la necesidad de acudir a las fuentes estadísticas hace inevitable partir de los presupuestos que delimitan los propios microdatos de las encuestas de los que son resultado. Pero, en definitiva, queda al investigador adoptar una delimitación concreta en función del concepto más o menos amplio que dé a las dos zonas que, eso sí, siempre deben interseccionar en estos casos: actividad/ocupación/empleo y pobreza 74 . De este modo, el ámbito de la indagación puede ser más o menos intenso en función del grado de relación escogido para el individuo con la actividad. Desde esta perspectiva, centrada como decimos en la actividad, se podría optar –seguramente en función de la finalidad del estudio–:  En primer lugar, por una definición muy amplia que abarcara –la visión más amplia– a todos los sujetos en edad de trabajar –lo que, por ejemplo, se ha denominado en algún trabajo reciente Working age poverty 75 – o, de forma más limitada, aunque nuevamente amplia a todos los activos (Working poor)  O, en segundo lugar, una delimitación más estricta, limitada a aquellos cuya situación laboral más frecuente –sin entrar aquí en sus características– fuera la ocupación (In-work poverty), distinguiendo nuevamente aquí en función de si se trata de autónomos –lo que podríamos denominar In self-employee poverty– o de asalariados 72 Véase en este sentido, de forma bastante más amplia: http://ec.europa.eu/eurostat/statisticsexplained/index.php/Material_deprivation_and_low_work_intensity_statistics#Low_work_intensity 73 Más información en L. BARDONE, A.C. GUIO, “In-work poverty..”, cit., p. 6. 74 Un ejemplo de propuesta sumamente interesante en S. PONTHIEUX “The working poor. Limits…”, cit., p. 12 y ss. 75 Véase M. GRZEGORZEWSKA, C. THÉVENOT “Working age poverty: what policies help people finding a job and getting out of poverty”, en EUROPEAN COMMISSION Employment and Social Developments in Europe 2013, Luxembourg: Publications Office of the European Union, 2014, p. 129 y ss. Desde otra perspectiva tampoco son infrecuentes los estudios sobre la pobreza entre la población en edad de trabajar (“poverty among the working-age population”) - OCDE, Employment Outlook 2009, Tackling the Jobs Crisis, cit., p. 172- TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 34 –In-employee poverty–. O incluso otra opción que mezclara la participación en la fuerza de trabajo –simple actividad– la mayor parte del año con el desarrollo de algún periodo –aunque no fuera el mayoritario– de ocupación por cuenta propia o dependiente, la que permitiría incluir a colectivos precarios con contratos u ocupación de escasa entidad o duración 76 . Ahora bien, si todas estas posibilidades se nos abren en relación con la actividad, no menos se nos ofrecen en el campo de la pobreza. Partiendo de que, por razones evidentes, parece razonable asumir un concepto objetivo y no subjetivo –o basado en la simple apreciación del individuo– de la misma, las posibilidades se bifurcan y multiplican en función de si adoptamos dos tipos de variables:  en primer lugar si adoptamos una perspectiva individual (de la persona en activo, ocupada o asalariada) en una óptica que gana adeptos 77 pero que en ocasiones se confunde con el concepto primigenio de bajos ingresos (low earnings); u otra colectiva, centrada en la situación de los hogares –cuyos miembros normalmente son computados en función de la escala corregida de la OCDE antes señalada–.  Pero también, si bien normalmente desde esta última perspectiva –ya que al provenir los datos de encuestas de condiciones de vida es el hogar la unidad básica de referencia– es posible distinguir en función de si lo que se adopta es: o un criterio de pobreza monetaria relativa –centrada–, como ya hemos señalado, normalmente en que la “renta disponible equivalente” de sus miembros alcance o no el 60% de la mediana (at risk of poverty) o o un criterio más cercano a la pobreza “absoluta” centrado en la carencia material grave o severa El resultado, por tanto, de cómo definamos cada conjunto determinará la amplitud de la consiguiente zona de intersección y de estudio, sin que existan condicionantes previos –más allá de la presencia simultánea de actividad y pobreza–, al depender, en último término, de qué y cómo se quiera investigar. Y todo ello sin olvidar cómo en este caso, el estudio puede ser transversal, esto es, centrados en los datos de una mera anualidad, o longitudinal, analizando las trayectorias –allá donde es posible– de los miembros de unidades familiares 76 La exclusión de estos sujetos del indicador IWP es, por ejemplo, una de las criticas fundadas que realiza S. PONTHIEUX “The working poor. Limits…”, cit., p. 12. 77 Véase lo ya señalado supra en la nota al pie 64. FCO. JAVIER CALVO GALLEGO 35 en relación con la pobreza para detectar de este modo su carácter esporádico, recurrente o permanente. En cualquier caso, y por razones de simple eficiencia y limitación de espacio, para este primer trabajo introductorio de la labor que durante tres años planea desarrollar el Proyecto DER2015-63701-C3-1-R adoptaremos una visión más estandarizada y transversal, centrada en los datos de EUROSTAT –para permitir así una cierta comparación entre los distintos estados miembros de la Unión–, relativos ya sea a la evolución y caracterización de los ocupados –distinguiendo entre trabajadores o no– en hogares con riesgo de pobreza monetaria relativa así como, de forma simultánea, y en la medida de lo posible– de aquellos ocupados en hogares con carencia material severa tal como han sido definidos en las páginas anteriores. 3. EVOLUCIÓN Y CARACTERIZACIÓN DE LOS OCUPADOS Y ASALARIADOS EN RIESGO DE EXCLUSIÓN SOCIAL O EN RIESGO DE POBREZA 3.1. Ocupados y asalariados en riesgo de pobreza o exclusión social (AROPE) Pues bien, si desde esta perspectiva analizamos las personas en riesgo de pobreza o exclusión social (subsumidas, por tanto, dentro del AROPE) por su más frecuente actividad durante el año anterior es fácil percibir, en primer lugar, que el porcentaje más bajo de riesgo se da, obviamente, entre las personas ocupadas, mientras que el más alto corresponde –como sucede tanto en la UE 27 como en la Eurozona 19–, con las personas desempleadas. La ocupación, por tanto, sigue siendo la forma más efectiva para asegurarse frente al riesgo de pobreza 78 , si bien eso sucede de forma más intensa en unos países que en otros. Así, mientras en Bélgica, Dinamarca o Finlandia el porcentaje de personas ocupadas y en riesgo de pobreza o exclusión social era menos de un tercio del mismo dato para la población general en 2014, en otros países –sobre todo, los de nueva incorporación– esta ratio se reducía dramáticamente destacando, por ejemplo Rumanía, en donde apenas alcanza el 1,2 79 . 78 Esta misma conclusión con datos de hasta el año 2005 en L. BARDONE, A.C. GUIO, “Inwork poverty..”, cit., p. 2. En esta misma dirección S. PONTHIEUX, In-work poverty in the EU, Eurostat 2010, p. 7. Igualmente en relación con las personas en edad de trabajar, OCDE, Employment Outlook 2009, Tackling the Jobs Crisis, cit., p. 167; Para un análisis más amplio de las características personales de las personas en riesgo de pobreza en España M. IBAÑEZ, “Apuntes…”, cit., p. 68 y ss. 79 Un intento de posible explicación de esta distinta relación entre países en L. BARDONE, A.C. GUIO, “In-work poverty...”, cit., p. 5, si bien debe recordarse que el trabajo es del año 2005. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 36 Tabla 1: Personas de 18 a 64 años en riesgo de pobreza o exclusión social por su más frecuente actividad GEO Relación con actividad/Tiempo 2008 2010 2012 2014 2015 UE 27 Total población 23,0 23,5 25,2 25,2 : Ocupados 12,5 12,2 13,4 13,1 : Asalariados : 10,2 11,4 11,0 : Ocupados excepto asalariados : 24,1 25,6 26,1 : No ocupado 44,1 44,9 47,5 48,4 : Desempleado 64,9 64,7 67,0 67,0 : Jubilados 32,1 27,4 27,2 25,0 : Otros inactivos 42,1 43,3 45,9 46,2 : Euro área 19 Total población 21,4 22,2 24,2 25,0 : Ocupados 10,8 10,5 11,9 12,1 : Asalariados : 9,0 10,4 10,5 : Ocupados excepto asalariados : 19,8 22,0 22,8 : No ocupado 42,2 43,9 46,8 48,1 : Desempleado 64,2 64,6 66,9 66,9 : Jubilados 26,7 22,9 23,7 22,8 : Otros inactivos 39,6 41,4 44,0 44,3 : España Total población 21,4 25,1 28,6 31,9 31,3 Ocupados 12,9 12,9 13,2 15,1 15,7 Asalariados : 10,7 11,2 12,7 13,2 Ocupados excepto asalariados : 24,9 24,4 26,9 28,1 No ocupado 39,2 45,1 50,0 53,4 52,9 Desempleado 50,4 58,4 62,1 65,4 64,2 Jubilados 30,5 22,6 19,4 20,1 21,8 Otros inactivos 36,5 38,6 42,6 43,8 43,9 Fuente: Eurostat (source: SILC) [ilc_peps02]. Datos extraídos el 22.06.2016, última actualización 13.06.2016) Ahora bien, lo que también se observa con claridad es que este menor riesgo no significa la inexistencia del mismo 80 . De hecho, el porcentaje de ocupados y de asalariados de entre 18 y 64 años en riesgo de pobreza o exclusión social es ciertamente significativo no solo en España –15,7 en 2015– sino también en la UE 27 y la Eurozona 19 –13,1 y 12,1 respectivamente en el año 2014–, último en el que tenemos datos. Y además, lo cierto es que estos mismos datos se habrían incrementado en nuestro país de forma significativamente más intensa que en el resto de Europa 81 . De hecho, mientras este porcentaje en el caso del conjunto de la población se habría incrementado en dicho periodo (2008-2014) 2,2 puntos en el caso de la UE 27 y de 3,6 en la Eurozona 19, en España, dicho incremento habría sido durante 80 En palabras de la OCDE, Employment Outlook 2009, Tackling the Jobs Crisis, cit., p. 167 “However, in-work poverty risk is significant almost everywhere. While employment reduces considerably the poverty risk, on average 7% of individuals living in households with at least one worker are poor in the OECD area”. 81 Una conclusión similar en A. MORENO MÍNGUEZ, “El impacto del desempleo en los hogares españoles: el reto de las políticas públicas ante la pobreza y la exclusión social”, en Documentación Social, 2013, n. 169, p. 98. FCO. JAVIER CALVO GALLEGO 37 estos seis años de 10,5 puntos. Y del mismo modo, aunque eso sí, de manera menos acusada, en el caso de los ocupados este incremento habría sido igualmente más alto en nuestro país que en las otras dos áreas tomadas como comparación –de 2,2 puntos, frente a los incrementos de 0,6 y 1,3 de la UE 27 y la Eurozona 19 respectivamente–. En cualquier caso lo más llamativo es que para el 2015 –año en el que aún carecemos de datos para las áreas geográficas más amplias– la cierta estabilización en la dimensión de este problema que cabe apreciar para el conjunto de la población no se habría trasladado a ocupados y asalariados, en el que esta magnitud habría seguido creciendo significativamente. 3.2. Ocupados en riesgo de pobreza (IWP) Sea como como fuere, una información mucho más desagregada puede obtenerse si analizamos el indicador específico elaborado por la Unión en este ámbito como es el de ocupados en hogares con riesgo de pobreza. 3.2.1. Cuantificación y evolución temporal Pues bien, lo primero que llama la atención al analizar los resultados ofrecidos por Eurostat es que España se habría situado siempre entre los países en los que la tasa de riesgo de pobreza en el trabajo, tal como ha sido definida anteriormente, se encuentra más alta 82 . Como puede apreciarse en la Tabla 2, los datos de nuestro país siempre se han situado por encima, tanto de la media de los países de la Unión, como de la zona euro. Y además, con una evolución preocupante en relación con el resto de sus socios. Y ello ya que si en 2006 era el sexto país con el indicador más alto de los que se poseían datos –y en aquel momento Eurostat no los disponía de algunos de los países que más tarde se demostraría sufren especialmente este problema–, posteriormente se ha situado siempre entre la tercera y la cuarta posición –con la salvedad del atípico 2013–, colocándose incluso por encima de países que habitualmente han tenido una tasa más alta como Luxemburgo, Italia o Polonia. Esto es, dentro de una tónica globalmente creciente 83 , España se situaría entre los estados en los que este indicador más habría aumentado. 82 Y todo ello sin olvidar que, como recuerdan R. GUTIERREZ PALACIOS, A. TEJERO PÉREZ, “La dinámica…”, cit., p. 20, el doble de las personas que reflejan las tasas estáticas pasan en algún momento por la pobreza laboral en un periodo de cuatro años. 83 Un análisis de las tendencias anteriores –esto es, entre 1995 a 2006- en I. MARX, B. NOLAN, “Trabajadores…” cit., p. 103, quienes destacan la ausencia de una tendencia común. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 38 Tabla 2: Tasa de ocupados en riesgo de pobreza (18 a 64 años) GEO/TIME 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 Unión Europea 27 8 8,3 8,5 8,4 8,3 8,9 9 9 9,6 : Euro área (19 países) 7,3 7,9 8,1 8,2 8 8,5 8,6 8,7 9,4 : Bélgica 4 4,3 4,7 4,5 4,4 4,1 4,5 4,4 4,8 : Bulgaria 5,5 5,9 7,6 7,5 7,7 8,2 7,4 7,2 9,3 7,8 República Checa 3,5 3,3 3,6 3,2 3,7 4,1 4,6 4,1 3,6 : Dinamarca 4,5 4,2 5 5,9 6,3 6,3 5,3 5,4 4,8 5,1 Alemania 5,5 7,4 7,1 6,8 7,1 7,7 7,7 8,6 9,9 : Estonia 7,8 7,9 7,4 8,3 6,7 8,2 8,5 7,7 11,8 : Irlanda 6,2 5,5 6,3 4,9 5,5 5,3 5,4 4,5 5,5 : Grecia 13,7 14,1 14,2 13,7 13,9 11,9 15,1 13 13,2 : España 10,1 10,2 11,3 11,7 10,8 10,9 10,8 10,6 12,6 13,2 Francia 6 6,4 6,5 6,6 6,5 7,6 8 7,8 8 : Croacia : : : : 6,2 6,5 6,1 6,2 5,7 : Italia 9 9,4 9,1 10,2 9,7 11,1 11,1 11,2 11,1 : Chipre 7,2 6,3 6,3 6,8 7,4 7,3 8 9 7,8 : Letonia 11,2 9,5 10,7 11,2 9,7 9,6 8,9 9,1 8,3 9,4 Lituania 10,1 8,1 9,5 10,5 12,7 9,6 7,7 9,2 8,4 : Luxemburgo 10,3 9,3 9,4 10,1 10,6 9,8 10,3 11,2 11,1 : Hungría 6,9 5,8 5,8 6,2 5,4 6,2 5,7 7 6,7 9,3 Malta 4,1 4,6 5,1 5,4 5,8 6,1 5,2 5,9 5,7 : Holanda 4,4 4,5 4,7 5 5,1 5,4 4,6 4,5 5,3 : Austria 6,3 6,1 8,5 8,2 7,5 7,6 8,2 7,9 7,2 7,8 Polonia 12,8 11,7 11,5 11 11,5 11,2 10,4 10,8 10,7 : Portugal 10,4 9,3 11,3 10,3 9,6 10,2 9,9 10,4 10,7 : Rumanía : 17,3 16,8 17,3 17 18,6 18,9 17,7 19,5 : Eslovenia 4,8 4,7 5,1 4,8 5,3 6 6,5 7,1 6,4 : Eslovaquia 6,3 4,9 5,8 5,2 5,7 6,3 6,2 5,8 5,7 : Finlandia 4,4 5 5,1 3,7 3,7 3,9 3,8 3,8 3,7 3,5 Suecia 7,4 6,5 6,8 7 6,6 6,9 6,7 7,1 7,8 : Reino Unido 7,7 7,9 8 6,3 6,7 7,8 8,7 8,2 8,7 : Islandia 6,6 7,2 6,9 7,8 6,8 6,7 5,4 6,2 4,7 : Noruega 6,1 5,9 5,4 5,6 5,2 5,5 5,1 5,8 5,2 : Suiza : 7,7 9,2 8,1 7,5 7,6 8,5 7,6 6,2 : Serbia : : : : : : : 14,6 14,9 : Fuente: Eurostat (source: SILC) [ilc_iw01]. Datos extraídos el 22.06.2016, última actualización 07.06.2016, En cualquier caso, estos datos son coherentes con los principales estudios que han analizado el impacto que los elementos institucionales, en especial los relativos al mercado de trabajo, al sistema de protección social –sobre todo los aspectos relativos a las políticas familiares– y a los mecanismos redistributivos propios del Estado de bienestar, tiene sobre este indicador 84 y a las posibles clasificaciones que de los mismos pudiera derivarse utilizando normalmente la bien conocida 84 Por mencionar tan solo un estudio sobre este impacto, véase D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 3 y ss. FCO. JAVIER CALVO GALLEGO 39 clasificación de Esping-Andersen 85 . Y ello ya que, dejando a un lado el caso sumamente singular de Luxemburgo 86 , resulta evidente que los países con unas ratios más bajas suelen ser los de los países nórdicos con sistemas de bienestar “socialdemócratas” –aunque entre ellos Suecia suele presentar las tasas más altas– , del mismo modo que los países “conservadores corporativos” –Austria, Francia y Alemania (aunque con un notable crecimiento en este último caso)– suelen tener igualmente unas tasas relativamente bajas frente a, sobre todo, los países mediterráneos y algunos –que no todos– los países del este 87 . No obstante, llama la atención cómo en relación con la privación material severa tanto de los ocupados como de los asalariados, España se ha situado bastante cerca de la media de los países de la UE 15 y, por tanto, bastante alejado de las ratios mucho más altas de los países de nuevo ingreso que, obviamente, condicionan la general de la UE 27. Este hecho puede resultar sorprendente sobre todo si lo relacionamos con los datos incorporados en la anterior Tabla 2, pero quizás responda a las redes y amortiguadores sociales propios de nuestro modelo social. En cualquier caso, lo que sí se aprecia es un notable incremento desde los datos de 2007 a los momentos más intensos de las dos crisis anteriores; esto es, 2009-2010 y 2014. Y ello tanto en cuanto a ocupados como en relación con los asalariados. 85 Por mencionar solo un ejemplo véase E. CRETTAZ, G. BONOLI, “Why are some workers…”, cit., p. 12. 86 Sobre la singularidad de los datos de este país, que hace que en ocasiones se excluyan de los propios estudios, D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 18. 87 Sobre esta relación entre las tasas de riesgo de pobreza en el trabajo y la clasificación de Esping-Andersen véase D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 18 y ss. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 40 Tabla 3: Tasa de ocupados y asalariados en privación material severa 18 a 64 años (2006-2015) GEO Rel. actividad 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 UE 27 Ocupados 6,5 6,0 5,7 5,5 5,5 5,7 6,4 6,1 5,4 : Asalariados : : : 5,2 5,2 5,4 5,9 5,8 5,1 : UE 15 Ocupados 3,0 3,0 3,3 3,2 3,1 3,6 4,3 4,2 3,9 : Asalariados : : : 3,1 3,1 3,5 4,2 4,1 3,8 : Nuevos 12 países Ocupados 20,3 17,6 14,7 14,7 14,8 14,3 14,6 13,8 11,1 : Asalariados : : : 13,7 13,9 13,2 13,4 13,0 10,2 : Euro área (19 países) Ocupados 3,8 3,6 3,8 3,8 3,6 4,1 4,7 4,5 4,3 : Asalariados : : : 3,8 3,7 4,1 4,5 4,4 4,2 : Bélgica Ocupados 2,2 2,0 2,4 2,4 2,4 2,4 2,6 2,1 2,4 : Asalariados : : : 2,4 2,4 2,5 2,7 2,2 2,4 : Bulgaria Ocupados 45,7 44,2 25,8 28,9 33,9 31,8 31,4 30,1 20,0 21,9 Asalariados : : : 29,4 34,9 32,9 32,5 31,5 20,6 22,8 R. Checa Ocupados 5,6 4,0 4,2 3,9 3,7 3,7 4,0 4,2 3,5 : Asalariados : : : 4,5 4,0 4,1 4,3 4,5 3,8 : Dinamarca Ocupados 1,0 1,0 0,7 0,8 1,1 1,3 1,6 1,7 1,5 2,0 Asalariados : : : 0,9 1,1 1,4 1,4 1,8 1,6 2,0 Alemania Ocupados 2,8 3,4 3,2 2,8 2,6 2,9 2,5 3,0 2,7 : Asalariados : : : 2,8 2,6 3,0 2,5 3,0 2,7 : Estonia Ocupados 4,0 2,9 2,5 3,7 5,1 5,3 6,0 4,6 3,9 : Asalariados : : : 3,9 5,2 5,5 6,3 4,8 4,1 : Irlanda Ocupados 1,8 1,4 2,4 1,7 1,4 3,5 4,9 5,0 3,9 : Asalariados : : : 1,9 1,4 3,8 5,2 5,2 4,2 : Grecia Ocupados 8,4 7,9 7,7 8,2 8,7 10,4 14,6 13,4 14,6 : Asalariados : : : 8,1 7,3 10,2 14,1 12,6 13,0 : España Ocupados 2,9 2,1 2,6 3,2 3,1 2,5 3,3 3,5 4,0 3,8 Asalariados : : : 3,3 3,4 2,7 3,3 3,7 4,3 4,1 Francia Ocupados 3,4 3,1 3,8 3,8 3,7 3,2 3,4 3,2 3,0 : Asalariados : : : 3,8 3,6 3,2 3,4 3,3 2,9 : Croacia Ocupados : : : : 10,0 9,9 9,9 8,3 7,6 : Asalariados : : : : 9,9 9,8 10,0 8,1 7,6 : Italia Ocupados 3,9 4,5 4,8 5,0 4,6 7,6 10,1 8,7 7,8 : Asalariados : : : 5,3 5,0 7,8 10,5 8,7 8,1 : Chipre Ocupados 11,1 11,0 7,4 7,8 9,4 9,8 12,8 13,1 12,7 : Asalariados : : : 7,5 9,2 9,6 11,8 12,0 11,9 : Letonia Ocupados 23,6 16,2 12,2 15,6 18,7 22,3 17,5 16,4 12,5 10,1 Asalariados : : : 15,7 19,1 22,7 17,9 16,7 12,7 10,3 Lituania Ocupados 19,0 10,8 6,7 10,0 12,5 11,3 11,5 9,4 7,3 : Asalariados : : : 10,0 12,7 11,4 11,9 9,6 7,5 : Luxemburgo Ocupados 0,9 0,6 0,5 0,8 0,4 1,0 1,0 1,2 0,9 : Asalariados : : : 0,9 0,4 1,0 1,1 1,3 0,9 : Hungría Ocupados 14,2 14,1 12,9 15,5 15,5 16,5 18,3 21,0 17,0 13,5 Asalariados : : : 16,9 17,0 17,9 19,9 22,6 18,2 14,4 Malta Ocupados 2,3 2,0 2,2 2,5 4,0 5,3 5,8 6,4 5,6 : Asalariados : : : 2,4 4,0 5,2 5,9 6,5 5,7 : Holanda Ocupados 0,9 0,6 0,6 0,9 1,0 1,3 1,2 1,3 1,3 : Asalariados : : : 0,9 1,0 1,3 1,3 1,4 1,3 : Austria Ocupados 2,8 1,9 3,6 3,0 2,6 2,1 1,9 2,2 2,4 2,3 Asalariados : : : 3,2 2,7 2,3 2,1 2,3 2,6 2,4 Polonia Ocupados 19,7 15,4 12,3 9,9 9,2 8,6 8,9 8,0 6,6 : Asalariados : : : 10,5 9,7 9,1 9,2 8,4 6,8 : FCO. JAVIER CALVO GALLEGO 41 GEO Rel. actividad 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 Portugal Ocupados 5,6 6,6 7,1 5,9 5,4 5,2 5,4 7,0 6,4 : Asalariados : : : 6,0 5,5 5,2 5,6 7,1 6,5 : Rumanía Ocupados : 28,4 27,0 27,4 26,2 25,6 26,2 23,4 19,7 : Asalariados : : : 20,9 19,9 18,4 18,8 17,6 14,1 : Eslovenia Ocupados 3,5 3,2 4,8 4,3 4,3 4,3 4,8 4,5 4,4 : Asalariados : : : 4,5 4,4 4,4 4,9 4,6 4,6 : Eslovaquia Ocupados 14,0 8,6 7,9 7,3 6,5 6,1 5,8 5,8 4,9 : Asalariados : : : 7,4 6,9 6,3 6,1 5,9 5,4 : Finlandia Ocupados 1,4 1,4 1,6 1,0 1,1 1,1 1,2 0,9 1,0 0,8 Asalariados : : : 1,1 1,1 1,2 1,2 1,0 1,0 0,8 Suecia Ocupados 0,9 1,0 0,8 0,9 0,8 0,5 0,6 0,5 0,3 : Asalariados : : : 0,9 0,8 0,5 0,6 0,5 0,3 : Reino Unido Ocupados 2,1 1,9 2,3 1,3 2,2 2,8 4,3 4,5 3,7 : Asalariados : : : 1,4 2,3 2,8 4,5 4,6 3,7 : Islandia Ocupados 1,4 1,5 0,6 0,7 0,9 1,8 1,1 1,0 0,7 : Asalariados : : : 0,8 1,0 1,9 1,2 1,0 0,7 : Noruega Ocupados 1,7 1,3 1,2 1,1 1,1 1,1 0,7 1,0 0,7 : Asalariados : : : 1,1 1,1 1,1 0,7 1,0 0,7 : Serbia Ocupados : : : : : : : 18,7 17,4 : Asalariados : : : : : : : 17,9 17,1 : Fuente: Eurostat [ilc_mddd12]. Datos extraídos el 22.06.2016, última actualización 13.06.2016, 3.2.2. Algunos elementos que inciden en el riesgo de pobreza de los ocupados y asalariados En cualquier caso, y centrándonos ya en un rápido análisis de los hipotéticos factores que podrían favorecerían la inclusión de un ocupado en este ámbito 88 , resulta evidente que, junto a los ya mencionados aspectos institucionales, la propia composición del indicador obliga a analizar factores tanto personales y laborales como, sobre todo, de tipo de hogar, ya que todos ellos condicionan los ingresos –normalmente ocupacionales, dejando a un lado los derivados de otras posibles transferencias ligadas al marco institucional, fiscal o de protección social propio de cada país– y el número de miembros del hogar, determinantes, en definitiva del ingreso equivalente disponible que define las fronteras de este grupo. Pues bien, y como decimos, el primer dato significativo es que también en España la tasa de ocupados pobres es bastante más alta en el caso de los autónomos que en el de los asalariados –casi el triple 89 – lo que coincide, por lo 88 Dejamos a un lado, por tanto, los factores que han podido causar o justificar esta misma situación en otros países emergentes que seguramente son diferentes a los de los países desarrollados. 89 Se mantiene, por tanto, la orientación que ya en su momento señalaron I. GARCIA ESPEJO, M. IBAÑEZ PASCUAL “Los trabajadores pobres…”, cit., p. 48. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 48 como español 107 . Y ello, seguramente, no ya solo por su tradicionalmente inferior salario, sino también porque la duración en cómputo anual de su actividad y, por tanto, de su remuneración, es inferior –ya sea por periodos de inactividad o de desempleo más frecuentes en este tipo de empleados– que la correspondiente de un trabajador comparable a tiempo completo e indefinido 108 . Tabla 9: Tasa de riesgo de pobreza en el trabajo por tipo de contrato: indefinido o temporal Año 2008 2010 2014 2015 Tipo contrato Total Hom Muj Total Hom Muj Total Hom Muj Total Hom Muj UE 27 Indefinido 5,1 5,4 4,7 5,1 5,1 5,1 5,9 5,7 6,1 Temporal 15,2 16,4 13,9 13,3 13,7 12,8 15,7 16,0 15,5 Euro área 19 Indefinido 5,3 5,5 5,0 5,2 5,2 5,2 6,1 5,7 6,6 Temporal 15,8 17,2 14,4 14,0 14,6 13,3 16,6 16,6 16,6 España Indefinido 6,0 6,2 5,7 5,5 5,5 5,5 5,9 5,6 6,2 5,9 5,7 6,2 Temporal 21,2 23,0 19,1 15,2 15,8 14,5 22,9 22,0 23,8 23,3 26,0 20,8 Fuente: Eurostat (source: SILC) [ilc_iw05].Datos extraídos el 22.06.2016, última actualización 07.06.2016 Y algo similar cabe decir del contrato a tiempo parcial 109 . De hecho, los datos parecen reflejar que en España la tradicional conexión entre atipicidad contractual y riesgo de pobreza en el trabajo es aún más intensa que en resto de países de la Unión como cabe apreciar de los datos tanto de la Tabla 9 como de la Tabla 10. CRETTAZ, “A state…”, cit., p.355 y 358 llama la atención sobre el hecho de que la mención a este grupo es frecuente en la literatura europea, pero no tanto en la estadounidense. 107 Específicamente para el caso español resulta de interés M. IBAÑEZ, “Apuntes…”, cit., p. 78. 108 Seguramente nos movemos en el concepto de “low labour force attachment” que utilizan para este tipo de trabajadores u otros como los “intermitentes” E. CRETTAZ, G. BONOLI, “Why are some workers…”, cit., p. 10 y ss. Y de hecho, estos mismos autores señalan (p. 23) como es esta escasa participación en el trabajo uno de los factores más influyentes entre las causas de pobreza laboral en nuestro país. En una línea similar, en Estados Unidos también suele señalarse al trabajo a tiempo parcial involuntario y a los periodos de desempleo como elementos que pueden conducir a un trabajador a la pobreza -U.S. BUREAU OF LABOR STATISTICS, “A profile…”, cit., p. 5-. 109 En relación con la UE véanse, por ejemplo, P. WOLFF “17 % of EU citizens…”, cit., p. 4; D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 6. FCO. JAVIER CALVO GALLEGO 49 Tabla 10: Tasa de riesgo de pobreza en el trabajo por tipo de contrato a tiempo parcial o a tiempo completo Área Geográfica Tipo contrato 2008 2010 2014 2015 UE 27 Tiempo Parcial 12,8 12,5 15,8 Tiempo Completo 7,3 7,1 7,7 Euro área 19 Tiempo Parcial 11,8 11,6 14,2 Tiempo Completo 7,0 6,8 7,7 España Tiempo Parcial 22,2 19,3 22,9 27,1 Tiempo Completo 9,4 9,2 10,2 10,3 Fuente: Eurostat (source: SILC) [ilc_iw07]. Datos extraídos el 22.06.2016, última actualización 07.06.2016 Finalmente, también parece evidente el importantísimo impacto que la tipología del hogar tiene sobre la inclusión o de un ocupado en este indicador. El hecho de que el ingreso equivalente disponible esté condicionado por el número de miembros/unidades del hogar hace que seguramente sea este uno de los elementos más importantes como, por lo demás, han resaltado igualmente diversos autores 110 . Y ello ya que la tipología del hogar explica en gran medida las diferencias existentes entre trabajadores pobres y trabajadores con bajos salarios 111 . De hecho, y aunque existe un cierto solapamiento, resulta evidente que no todo trabajador con bajos salarios es pobre –por ejemplo, si la renta del hogar se enriquece con ingresos de otros miembros o con otros ingresos públicos 112 –, del mismo modo que un trabajador con un salario alto puede llegar a estar inmerso en esta categoría de pobreza si por el número de miembros, la baja intensidad laboral, las escasas rentas del hogar y las bajas prestaciones 110 Véase, por ejemplo, L.BARDONE, A.C. GUIO, “In-work poverty,,,”, cit., p. 4. P. WOLFF “17 % of EU citizens…”, cit., p. 4; I. MARX, B. NOLAN, “Trabajadores…” cit., p. 106 y 116; S. PONTHIEUX, In-work…, cit., p. 21. Para una recapitulación de estos factores D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 5 quien destaca expresamente cómo “the household composition explains a major proportion of the in-work poverty risk”. Una referencia a los más importantes estudios en esta dirección en E. CRETTAZ, “A state…”, cit., p. 349. 111 De situaciones analíticamente distintas hablan, por ejemplo, I. GARCIA ESPEJO, M. IBAÑEZ PASCUAL “Los trabajadores pobres…”, cit., p. 49 a quien se reenvía (p. 53 y ss.) para un estudio de los solapamientos; una cuestión esta que podría sintetizarse en el dato de que la mayoría de los que tenían salarios bajos no eran pobres pues sus hogares no lo eran (el 81,7%), del mismo modo que la mayoría de los asalariados que viven en hogares pobres no tienen salarios bajos (el 74,3%). Obsérvese, no obstante, que la valoración del tipo de salario se realiza por salario hora. Desde una perspectiva más internacional I. MARX, B. NOLAN, “Trabajadores…” cit., p. 106. 112 Seguramente esta es la razón por la que, para I. GARCIA ESPEJO, M. IBAÑEZ PASCUAL “Los trabajadores pobres…”, cit., p. 58-59, el perfil de trabajadores con salarios bajos pero no pobres tendería a coincidir con el de mujeres casadas –segundo ingreso de la unidad- y jóvenes no emancipados. Serían los supuestos de trabajadores con salarios bajos segundos perceptores en el hogar de los que hablan, con idéntica orientación, I. MARX, B. NOLAN, “Trabajadores…” cit., p. 106-107. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 50 públicas el ingreso equivalente disponible cae por debajo del 60% de la mediana 113 . Tabla 11: Tasa de riesgo de pobreza en el trabajo por tipo de hogar Área Geográfica Tipo de hogar 2008 2010 2014 2015 UE 27 Persona soltera 11,3 10,7 13,6 Personal soltera con hijos a su cargo 20,6 21,3 20,0 Dos o más adultos sin hijos dependientes 5,1 4,8 6,1 Dos o más adultos con hijos a cargo 10,2 9,9 10,6 Hogares sin hijos dependientes 6,6 6,2 8,0 Hogares con hijos a cargo 10,8 10,5 11,2 Euro área 19 Persona soltera 10,4 10,2 13,9 Personal soltera con hijos a su cargo 20,0 23,2 20,8 Dos o más adultos sin hijos dependientes 4,8 4,5 6,1 Dos o más adultos con hijos a cargo 9,7 9,4 9,7 Hogares sin hijos dependientes 6,2 6,1 8,4 Hogares con hijos a cargo 10,2 10,2 10,5 España Persona soltera 12,1 11,5 16,4 14,2 Personal soltera con hijos a su cargo 25,0 34,3 26,8 24,3 Dos o más adultos sin hijos dependientes 6,0 6,4 8,1 9,2 Dos o más adultos con hijos a cargo 15,8 14,0 14,7 15,6 Hogares sin hijos dependientes 6,9 7,3 9,8 10,3 Hogares con hijos a cargo 16,0 14,7 15,3 16,1 Fuente: Eurostat (source: SILC) [ilc_iw02]. Datos extraídos el 22.06.2016, última actualización 07.06.2016 Desde esta perspectiva resulta evidente –Tabla 11– como, tanto en la zona Euro 19 como en la UE 27, el hecho de tener hijos a su cargo es un factor que, junto con la baja intensidad laboral del hogar 114 , incrementa este indicador 115 . Y esta misma lógica se detecta en España de forma incluso más intensa, lo que 113 Un estudio de las posibles variables trascendentes para este tipo de trabajador pobre con salario no bajo en I. GARCIA ESPEJO, M. IBAÑEZ PASCUAL “Los trabajadores pobres…”, cit., p. 61. En un sentido similar I. MARX, B. NOLAN, “Trabajadores…” cit., p. 107; OCDE Employment Outlook 2009, cit., p. 167. 114 De acuerdo con E. CRETTAZ, “A state…”, cit., p. 358 un ochenta por ciento de los estudios analizados destacaban el impacto del bajo “labour force attachment”. En esta misma línea se mueve la OCDE Employment Outlook 2009, cit., p. 167 cuando señala “For most of the working poor, underemployment is the major problem. The average intensity of work among the working poor differs sharply from that observed among the rest of the employed population”. 115 Por todos, I. GARCIA ESPEJO, M. IBAÑEZ PASCUAL “Los trabajadores pobres…”, cit., p. 51; M. IBAÑEZ, “Apuntes…”, cit., p. 71 y 75; E. CRETTAZ, G. BONOLI, “Why are some workers…”, cit., p. 11 y 18; I. MARX, B. NOLAN, “Trabajadores…” cit., p. 107; E. CRETTAZ, “A state…”, cit., p.355 y ss., quien no obstante llama la atención sobre la mayor atención prestada a este tema por la literatura europea frente a la estadounidense. En relación con la sobrerepresentación de los hogares con hijos, especialmente en aquellos con un soltero o con solo un trabajador en la familia S. PONTHIEUX, In-work…, cit., p. 24. Destacando igualmente la incidencia de ambos factores en un análisis de la cronicidad de la pobreza laboral R. GUTIERREZ PALACIOS, A. TEJERO PÉREZ, “La dinámica…, cit., p. 17. FCO. JAVIER CALVO GALLEGO 51 quizás tenga relación con lo escaso de las prestaciones y transferencias públicas que se realizan por hijos 116 . En cualquier caso, de lo que no cabe duda es que las cifras más altas se dan –tanto en España como en las dos zonas que se toman a efectos de comparación– entre los solteros –o divorciados– con hijos a su cargo 117 , en las que este indicador llegó a alcanzar en España el 34,3 –si bien ha experimentado un importante descenso en el año 2014 y, en menor medida, en 2015–. Las razones de esta especial incidencia se encuentran seguramente no solo en el incremento del número de unidades sin aportaciones a la renta global, sino también por su efecto reductivo en la intensidad laboral de la familia 118 . Y por otra parte, también es evidente cómo las tasas más bajas se dan –como por otra parte suele destacar la literatura científica 119 – en los hogares con dos más adultos sin hijos dependientes. Ya por último, parece igualmente aceptado, en relación con todo lo dicho anteriormente, que la baja intensidad laboral de los hogares, especialmente cuando existen menores dependientes, incrementa significativamente el riesgo de caer en la pobreza laboral, mientras que una alta intensidad laboral la reduce 120 . 116 En esta misma línea E. CRETTAZ, G. BONOLI, “Why are some workers…”, cit., p. 19 y 23, destacan a España como el país en el que el incremento de un niño por adulto tiene mayor impacto en las probabilidades de ser un trabajador pobre. En este sentido, no podemos dejar de señalar cómo si se relaciona este dato con la escasa trascendencia que –según este mismo estudiotiene este factor en un país como Suecia con altas prestaciones por hijos, cabría concluir que la reducida importancia de estas mismas prestaciones en España puede ser una de las causas de este comportamiento, con el correlativo impacto no solo sobre este tema sino, más en general, con la tasa de natalidad y el envejecimiento de nuestra población. Pero seguramente este tema requiera un estudio mucho más detenido y sereno. 117 Vid. L.BARDONE, A.C. GUIO, “In-work poverty,,,”, cit., p. 4; . E. CRETTAZ, G. BONOLI, “Why are some workers…”, cit., p. 11; M.L. DE LA CAL, “Pobreza…”, cit., p. 5. En relación con las tasas de pobreza elevadas, M. IBAÑEZ, “Apuntes…”, cit., p. 73, destaca la importancia de hogares monoparentales y de dos adultos y tres o más niños. Por otra parte, esta concentración de la pobreza laboral en este colectivo no es exclusiva de la UE estando también presente en EEUU. Sobre el tema, con, además, amplia referencia a los escasos resultados que han podido obtener las normas que han fomentado la aparición de unidades familiares más amplias J. FISHER, “Marriage Promotion Policies and the Working Poor: A Match Made in Heaven?”, 25 B.C. Third World L.J. 475 (2005), http://lawdigitalcommons.bc.edu/twlj/vol25/iss2/7 , p. 478 y ss. Finalmente también es necesario destacar que, como recuerdan I. GARCIA ESPEJO, M. IBAÑEZ PASCUAL “Los trabajadores pobres…”, cit., p. 58 son estas familias monoparentales con hijos dependientes, junto con aquellas en las que solo el varón con escasa cualificación trabaja de forma retribuida en hogar con hijos (p. 56) los dos modelos familiares en los que se dan las situaciones de pobreza “más grave” ya que a la pobreza del hogar se unirían también los bajos salarios (p. 59). 118 Más ampliamente D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 5 119 Nuevamente D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…” cit., p. 5. 120 Prácticamente por todos, L. BARDONE, A.C. GUIO, “In-work poverty..”, cit., p. 6 y ss. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 52 4. ALGUNAS NOTAS INICIALES SOBRE POSIBLES LÍNEAS DE ACTUACIÓN Tras todo lo antes dicho, es fácil comprender cómo el problema de los ocupados en hogares pobres o, más ampliamente, en riesgo de exclusión social, no solo se ha convertido en un tema ampliamente discutido tanto en el plano social como científico, sino también en una preocupación política, tanto a nivel nacional como en el ámbito de la Unión. Baste en este sentido recordar la preocupación mostrada en nuestro país sobre esta cuestión ya sea a nivel estatal por el Plan Nacional de Acción para la Inclusión Social del Reino de España 2013-2016 121 , o desde una perspectiva regional por normas como la Ley Foral navarra 36/2013 de 26 de noviembre 122 . Y todo ello sin olvidar el interés manifestado por la Unión Europea en múltiples documentos 123 , desde las Recomendaciones para el empleo de 2003 124 –en las que ya se señalaba la necesidad de “políticas adecuadas para reducir” su “número” 125 –, a las Directrices sobre esta misma cuestión en el periodo 2005-2008 126 , pasando por las menciones 121 MINISTERIO DE SANIDAD, SERVICIOS SOCIALES E IGUALDAD, Plan Nacional de Acción para la Inclusión Social del Reino de España 2013-2016, p. 9, disponible el 27 de mayo de 20116 en http://www.msssi.gob.es/ssi/familiasInfancia/inclusionSocial/docs/PlanNacional AccionInclusionSocial_2013_2016.pdf 122 BOE núm. 304, de 20 de diciembre de 2013, que hace referencia expresa en su Exposición de Motivos a la necesidad de “sumar la precarización de las condiciones laborales, muy extendida en este contexto de crisis y que da lugar a los denominados «trabajadores pobres»” 123 Sin ánimo de ser exhaustivo puede consultarse también las referencias a este tema en la Resolución del Parlamento Europeo de 13 de octubre 2005, Mujeres y pobreza en la Unión Europea -DOC 28 septiembre 2006, núm. 233-E-; en el Dictamen del Comité Económico y Social Europeo sobre la «Comunicación de la Comisión, Política de cohesión en apoyo del crecimiento y el empleo: directrices estratégicas comunitarias, 2007- 2013» COM(2005) 299 final — SEC(2005) 904 (2006/C 185/11); en el Dictamen del Comité Económico y Social Europeo sobre la «Comunicación de la Comisión — La Agenda Social» COM(2005) 33 final (2005/C 294/04) o en la Comunicación de la Comisión al Consejo, al Parlamento Europeo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones, Modernización de la protección social para crear más y mejores empleos: un enfoque general que contribuya a hacer que trabajar sea rentable, Bruselas, 30.12.2003, COM(2003) 842 final; o, por mencionar un último, El Informe Conjunto sobre la Inclusión Social en el que se resumen los resultados del examen de los planes nacionales de acción en favor de la inclusión social (2003- 2005) Bruselas, 12.12.2003 COM(2003)773 final. 124 Decisión del Consejo, de 22 de julio de 2003, relativa a las Directrices para las políticas de empleo de los Estados miembros, Diario Oficial n° L 197 de 05/08/2003 p. 0013 - 0021 125 Véase L.BARDONE, A.C. GUIO, “In-work poverty…” cit., p. 1. 126 Decisión 2005/600/CE, de 12 de julio. DOL 6 agosto 2005, núm. 205, FCO. JAVIER CALVO GALLEGO 53 a este mismo colectivo en otras normas como el Reglamento (UE) 1304/2013, de 17 de diciembre sobre misiones del Fondo Social Europeo 127 . Ahora bien, el carácter multidimensional y multicausal del problema 128 hace que sean también múltiples las perspectivas a valorar, a analizar y sobre las que sea posible actuar 129 en función, obviamente, del patrón o modelo de pobreza laboral de cada país y de los factores que más incidencia hayan tenido en ese concreto ámbito y en ese específico subgrupo de trabajadores pobres 130 . Intentaremos explicarnos. En general parece clara la presencia de tres líneas inevitablemente ligadas a las tres perspectivas básicas desde las que, como hemos visto, ha sido estudiado este problema. Así, por un lado, si el centro de atención se coloca en su consideración como trabajador que es pobre, resulta lógico que tanto la delimitación de los colectivos que van a ser objetivo prioritario de dichas políticas como el posible contenido de estas medidas se centre eficientemente en aquellos grupos con una menor retribución, con una peor calidad en el empleo o con una menor intensidad de conexión con la fuerza de trabajo, incentivando siempre la calidad y la intensidad de su ocupación como revulsivo frente a este tipo de pobreza 131 . De ahí la importancia en la orientación de estas políticas de algunos aspectos reseñados en apartados anteriores como el género, la edad, la nacionalidad, la precariedad contractual o la escasa o intermitente actividad no deseada en el diseño eficiente de los destinatarios y de los contenidos de estas hipotéticas acciones y programas. Y todo ello, claro está, sin olvidar el impacto en este campo de otras posibles actuaciones sobre elementos más institucionales como el sistema educativo –evitando, por ejemplo, la presencia sobredimensionada o extensa de una fuerza de trabajo escasamente cualificada e inadaptada a las nuevas tecnologías 132 – o del sistema de relaciones laborales 127 DOL 20 diciembre 2013, núm. 347. En él se señala, por ejemplo, cómo: “El FSE también debe favorecer la inclusión social y prevenir y combatir la pobreza con vistas a romper el ciclo de desventajas que pasan de generación en generación, lo que implica movilizar una serie de políticas destinadas a las personas más desfavorecidas independientemente de su edad, incluidos los niños, los trabajadores pobres y las mujeres de más edad”. 128 Véase, por todos, I. MARX, B. NOLAN, “Trabajadores…” cit., p. 108. 129 En este mismo sentido, por todos, M.L. DE LA CAL, “Pobreza…”, cit., p. 8. 130 En palabras de I. MARX, B. NOLAN, “Trabajadores…” cit., p. 116 “El mix de políticas que mejor funcionará en cada contexto dependerá de la composición de la población con baja intensidad laboral y de las causas subyacentes esa baja intensidad laboral. Tales causas pueden variar considerablemente de unos países y grupos de población a otros”. 131 O en palabras de D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 28: “Linking quantity and quality of work is vital to combat and prevent in-work poverty”. En una línea similar OCDE, Employment Outlook 2009, Tackling the Jobs Crisis, cit., p. 166. 132 Destacando este aspecto, por ejemplo, D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…” cit., p. 8 que lo considera incluso como “decisive”. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 54 como contexto básico para comprender, por ejemplo, la presencia o no de una notable dispersión salarial 133 ; la fortaleza sindical –en especial su densidad 134 – y su impacto sobre estos indicadores; la existencia real o no y la cuantía en su caso, de un salario mínimo –aunque el impacto de esta institución dista de ser claro 135 –; la cuantía de las cotizaciones sociales y las retenciones fiscales para este tipo de rentas 136 o la estructura dominante de negociación colectiva 137 , así como –por señalar un último elemento que debiera ser objeto de valoración y atención en relación con el impacto de estas políticas– la mínima o muy escasa dimensión de las empresas o centros de trabajo españoles. En cambio, si prima la perspectiva sociológica en la que lo importante es la pobreza en el hogar, resulta comprensible que los factores a analizar y, por tanto, las medidas estudiadas o incluso potenciadas tengan que ver más con los aspectos de intensificación de la intensidad laboral de los hogares 138 . Es en este punto donde se destaca, por ejemplo, la importancia –ya sea en la modelización o encuadramiento y clasificación de los distintos países en relación con esta variable, o, por qué no, de correspondientes áreas sobre la que desarrollar políticas públicas– de un conjunto de medidas que se han dado venido incluyendo bajo el término de “defamilisation” 139 ; esto es de los instrumentos que permiten 133 En este sentido D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 8. 134 Específicamente D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…” cit., p. 8; M.L. DE LA CAL, “Pobreza…”, cit., p. 7. Muy interesante en este punto es el trabajo de D. BRADY, R.S. BAKER, R. FINNIGAN, “When Unionization Disappears: State-Level Unionization and Working Poverty in the United States”, en American Sociological Review, 2013, October vol. 78, no. 5, p. 873: “Unionization reduces working poverty for both unionized and non-union households and does not appear to discourage employment”. 135 Una interesante recapitulación desde la perspectiva europea en I. MARX, B. NOLAN, “Trabajadores…” cit., p. 110 quienes parecen apuntar a un impacto limitado dado el no excesivo solapamiento entre salarios bajos y hogares pobres. En una línea similar parece situarse OCDE, Employment Outlook 2009, Tackling the Jobs Crisis, cit., 168 cuando señala que “The minimum wage may constitute a useful complement to IWB schemes, but taken in isolation, has a limited effectiveness in fighting in-work poverty as it is not well targeted.”. Desde una perspectiva norteamericana resultan de interés R. V. BURKHAUSER, “Why Minimum Wage Increases Are a Poor Way to Help the Working Poor” IZA Policy Paper No. 86 June 2014, disponible en http://ftp.iza.org/pp86.pdf ; J.J. SABIA “Minimum Wages: A Poor Way to Reduce Poverty”, CATO Institute, Tax and Budget Bulletin. No. 70, disponible en http://object.cato.org/sites/cato.org/files/pubs/pdf/tbb_70.pdf 136 I. MARX, B. NOLAN, “Trabajadores…” cit., p. 113 137 Vid. M.L. DE LA CAL, “Pobreza…” cit., p. 7. Para D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…” cit., p. 26 y 28 “the labour market setting has the biggest influence on in-work poverty”. 138 D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 2 139 Véase, por ejemplo, M.L. DE LA CAL, “Pobreza…” cit., p. 6 y 7; I. MARX, B. NOLAN, “Trabajadores…” cit., p. 108. Sobre el tema también resulta de interés el trabajo de M.T. LANQUETIN, MT. LETABLIER « Individualisation des droits sociaux et droits fondamentaux Une mise en perspective européenne » en Recherches et Prévisions, n°73, 2003. FCO. JAVIER CALVO GALLEGO 55 al individuo alcanzar un aceptable nivel de vida, independientemente de sus relaciones familiares, ya sea mediante el trabajo retribuido o mediante prestaciones de protección y seguridad social; o que, desde una perspectiva similar, sirve para evaluar el grado en el que los sistemas de bienestar públicos facilitan la autonomía y la independencia económica de la mujer frente a la familia 140 . Y ello ya que estas medidas de cuidado público de menores y/o mayores dependientes, juntos con otras instrumentos de apoyo al empleo femenino 141 o de jóvenes, están muy estrechamente conectadas con las políticas que tienden a fomentar el empleo de varios elementos de la unidad familiar (dual earmer policies) con el consiguiente impacto en la renta disponible y, consiguientemente, en la tasa de pobreza en el trabajo 142 . Finalmente, tampoco cabe olvidar la importancia que, como decimos, ya sea en el encuadramiento de los sistemas, como en el campo de las políticas del derecho, pueden tener los elementos y factores redistributivos propios del Estado social y del bienestar y que pueden, o no, completar la renta, ya sea en relación con los ingresos bajos o en función de las características del hogar 143 . De hecho, parece un dato incontestable que la generosidad de un Estado del bienestar tiene efectos sustanciales en la reducción de la pobreza en el trabajo 144 . Y ello ya sea en relación con las transferencias familiares, en especial por hijos 145 , las prestaciones sociales Famille et droit social. pp. 7-24; doi : 10.3406/caf.2003.2005, http://www.persee.fr/doc/caf_1149- 1590_2003_num_73_1_2005 140 C. BAMBRA “Defamilisation and welfare state regimes: a cluster analysis” International Journal of Social Welfare 16(4):326 - 338 · October 2007 141 Una interesante valoración sobre los posibles efectos colaterales de incrementar el empleo femenino, aún de escasa calidad/retribución, como posible instrumento de lucha contra la pobreza de los hogares en relación con sus posibles efectos negativos para las familias monoparentales conformadas por una mujer adulta en I. GARCIA ESPEJO, M. IBAÑEZ PASCUAL “Los trabajadores pobres…”, cit., p. 63. 142 Ampliamente D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 10 y ss. Véase no obstante los resultados de su análisis en relación con las medidas públicas de cuidado de niños en p. 24. Desde otra perspectiva, destacando las políticas familiares interpretadas en un sentido amplio –que incluirían beneficios monetarios, permisos parentales y servicios de cuidados de menoresvéase E. CRETTAZ, G. BONOLI, “Why are some workers…”, cit., p. 25. 143 Destacando estas tres posibles mecanismos de integración en la frontera de la pobreza en el trabajo D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 6. La trascendencia de estas políticas de desmercantilización es destacada, por ejemplo, por M.L. DE LA CAL, “Pobreza…”, cit., p. 7. Y en este mismo sentido, OCDE Employment Outlook 2009, cit., p. 167 señala cómo “Net social transfers play a key role in reducing poverty among the working-age population. On average, the rate of in-work poverty declines from 12% to 7% after net social transfers are taken into account (a 42% reduction)”. 144 Ampliamente D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 11 y ss. 145 Sobre el tema I. MARX, B. NOLAN, “Trabajadores…” cit., p. 113 y 114 quienes no obstante destacan como países como Reino Unido o Irlanda con gastos superiores a la media en ayudas para hijos asignadas fundamentalmente por renta figuran entre los menos eficientes en TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 56 como las de jubilación, o incluso y muy destacadamente las de desempleo, ya que todas ellas influyen en las rentas disponibles de los hogares con ocupados que es, en el último término el numerador de la operación que determinará a no su pobreza 146 . Y todo ello sin olvidar la efectividad de instrumentos fiscales que, como prestaciones sociales vinculadas al empleo, permitan complementar las rentas, al estilo de las ya experimentadas en Estados Unidos (Earned Income Tax Credit) o Gran Bretaña (Working Tax Credit ) 147 . En cualquier caso, y ya por último, no debe olvidarse que en el diseño de posibles políticas o medidas para este colectivo de personas ocupadas pero en hogares pobres –o incluso, desde una perspectiva más amplia, de activos en hogares pobres–, los poderes públicos, o incluso los agentes privados que deseen desarrollar en este ámbito una política de responsabilidad social, deben asumir y partir de un dato innegable: la extrema heterogeneidad de este colectivo 148 . Y ello ya que seguramente no son las mismas las medidas que debieran utilizarse para cada uno de estos subgrupos o cohortes 149 . Pero evidentemente, el análisis de los mismos y de estas medidas desborda las dimensiones de este trabajo inicial que pretende focalizar aspectos clave que serán desarrollados por distintos investigadores y grupos de investigadores de este mismo Proyecto en esta y en otras monografías. términos de reducción de la pobreza infantil. Véase, no obstante, su posición a favor en p. 116 y 117. 146 Véase, no obstante el distinto impacto o influencia de las mismas –mientras que las transferencias familiares y la asistencia social no parecían tener un efecto significativo en la reducción del riesgo de pobreza, este mismo efecto sí lo tendrían las prestaciones por desempleo– en el interesante trabajo de D. SPANNAGEL, “In-Work Poverty…”, cit., p. 26. 147 A favor de estas últimas –y haciendo referencia a otras experiencias comparadas– se muestra, por ejemplo, I. MARX, B. NOLAN, “Trabajadores…” cit., p. 114 y ss., si bien destacan –con amplia referencia doctrinal– que no es tan evidente que sistemas del tipo EITC puedan funcionar en otros países. Desde una perspectiva similar la OCDE, Employment Outlook 2009, Tackling the Jobs Crisis, cit., 168 señala cómo “Since the poverty risk is strongly affected by household composition, IWBs that are mean-tested on family incomes can be better targeted toward the most vulnerable households than individual-based benefits. The effectiveness of IWB measures also depends on national contexts: in particular, they tend to be either ineffective or very expensive in countries with a narrow earnings distribution at the bottom of the wage ladder that prevents a proper targeting of these benefits”. 148 Destacando este aspecto I. MARX, B. NOLAN, “Trabajadores…” cit., p. 108 149 Véase algún ejemplo en E. CRETTAZ, G. BONOLI, “Why are some workers…”, cit., p. 9; E. CRETTAZ, “A state…”, cit., p. 359; I. MARX, B. NOLAN, “Trabajadores…” cit., p. 109. 57 RECUPERACIÓN Y POBREZA: ¿EL FIN DEL TRABAJO? SEGUNDO VALMORISCO PIZARRO Departamento de Análisis Social, Universidad Carlos III de Madrid Proyecto DER2015-63701-C3-1-R 1 1. INTRODUCCIÓN Señala el historiador Joseph Fontana en un artículo publicado el 6 de junio pasado, como en España “crece la pobreza a causa de la recuperación”. En cualquier otro momento de la historia reciente, el concepto recuperación económica se asociaría a una etapa de crecimiento y posterior creación de empleo. ¿Qué está ocurriendo entonces en nuestro país para que hablemos a la vez de recuperación y pobreza? En las próximas páginas vamos a tratar de identificar algunas de las causas que podrían explicar este fenómeno, al que hemos de considerar complejo, multidimensional y globalizado. Según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al III Trimestre de 2016, el número de ocupados en España se sitúa en 18.527.500 personas. En el I Trimestre de 2014 había en nuestro país 16.950.600 personas ocupadas. No cabe duda que gran parte de esta recuperación de más de 1,5 millones de puestos de trabajo es a base de empleo temporal y precario. Por ejemplo, durante 2015 se firmaron nada menos que 17 millones de contratos temporales (lo que supuso el 92% del total). Asimismo, otro síntoma de la precariedad en el empleo es el descenso en la duración media de los contratos, bajando de 79 días en 2006 a poco más de 53 en 2015. Según esta misma fuente, en estos momentos, la tasa de temporalidad (porcentaje de asalariados con contrato temporal respecto del total de asalariados) se sitúa en el 25,72%. Si continuamos por esta senda, parece que se alcanzará la promesa del Gobierno en su discurso de investidura en agosto de 2016, en el que 1 Proyecto de investigación I+D+i DER2015-63701-C3-1-R “Instrumentos normativos para la mejora de las transiciones de los working poor y su inclusión social”, financiado por la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación dependiente del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) de la Unión Europea. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 64 En el caso de España, nuestra tasa de afiliación sindical se ha mantenido estable desde los años 80, rondando el 15%. A falta de datos actualizados por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social (quien no publica estos datos desde 2011), el Instituto de Estudios Económicos (IEE) cifra exactamente en un 15,9% nuestra tasa (datos de 2013), siendo la media de la OCDE de un 17,5%. Los países nórdicos se sitúan a la cabeza, del mismo modo que ocurre con la protección de su Estado de Bienestar, las cifras son ciertamente abrumadoras: Islandia (88,1%), Finlandia (69,2%), Dinamarca (68,8%), Suecia (67,7%) o Noruega (54,6%) son prueba de ello. En nuestro caso, con una tasa de afiliación constante, parece razonable pensar que su efecto sobre la mejora de las condiciones de los trabajadores es débil. El impacto que esta institución ha tenido en nuestro país ha sido absolutamente desigual según ramas profesionales (el metal en el sector industrial del País Vasco respecto a la hostelería en el sector de los servicios en Andalucía). Podríamos concluir que, seguramente, esta variable no tenga efecto sobre un mercado de trabajo que, como habíamos señalado anteriormente, es capaz de triplicar su tasa de desempleo en tan sólo seis años (del 7,93% en 2007 al 26,94% en 2013). Otra variable referida a la protección del trabajador es el Salario Mínimo Interprofesional (SMI). En la actualidad en España asciende a 655,20 € (a partir del 01/01/2017 será de 707,60 €), habiéndose producido un incremento del 60,01% en los últimos 16 años. Si miramos esta cifra en EE.UU., el SMI se ha SEGUNDO VALMORISCO PIZARRO 65 incrementado tan sólo un 29,81% en el mismo periodo (pasando de 889 € en 2000 frente a los 1.154 € en la actualidad). 5. CONCLUSIONES En este momento, es más importante que nunca, saber identificar cuáles serán los sectores por los que España apostará en el futuro, en un entorno en el que los mercados globales de oferta y demanda de mano de obra son mucho más cambiantes que nunca. Las instituciones educativas y los centros de formación deben anticiparse a estos escenarios y comenzar a preparar a nuestros futuros trabajadores/as. En este sentido, la inversión y la transferencia de resultados de la I+D+i son fundamentales para nuestro mercado laboral y formativo. Deberían concentrarse los esfuerzos de las políticas de formación, tanto para los trabajadores pobres como para las personas desempleadas, en cualificar a estas personas identificando sus talentos y consiguiendo una rápida adaptación de los mismos a las cambiantes exigencias de los empleos en estos sectores tecnológicos emergentes. Junto a los factores económicos y estratégicos, debemos hablar también del peso de las políticas públicas y de las organizaciones sindicales, algo que ha estudiado a fondo Vicenç Navarro. Es una evidencia empírica que los mercados de trabajo que arrojan las mejores cifras están protegidos por unas organizaciones sindicales fuertes, que trabajan por los derechos laborales: “El mayor desarrollo del Estado del Bienestar en los países escandinavos se debe primordialmente a la mayor fuerza del movimiento obrero en aquellos países que no en el sur de Europa, donde históricamente el movimiento obrero ha sido débil y ha estado dividido” TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 66 Asimismo, las políticas públicas de empleo deben trabajar de forma conjunta para identificar a todas y cada una de las personas que conforman este colectivo de trabajadores pobres, y establecer entre las diferentes CC.AA. la coordinación de competencias necesaria para construir nuevas metodologías de intervención. Otra lacra es la economía sumergida que afecta de forma directa a la financiación del Estado del Bienestar. Perseguir tanto la economía informal como la economía ilegal es una tarea crucial para defender los derechos de los trabajadores pobres. Las ideas anteriormente expuestas, nos hacen comprender mejor la radiografía que se presenta para identificar algunas posibles soluciones. Parece claro que para corregir esta lacra, deben darse algunas condiciones: a) Un mercado de trabajo que genere empleos de calidad y con alto valor añadido. b) Un Estado de Bienestar financiado por ese mercado de trabajo competitivo y estratégico. c) Inversión y transferencia de resultados de la I+D+i. d) Políticas públicas de formación y empleo dirigidas a este colectivo. e) Unos sindicatos fuertes que trabajen por la defensa del trabajador temporal y precario. f) Reducir a su mínima expresión la economía sumergida. 6. BIBLIOGRAFÍA ALONSO, L.E. y PÉREZ ORTIZ, L. (1996): ¿Trabajo para todos?: un debate necesario. Ediciones encuentro. Madrid. CASTELLS, MANUEL (1999): “La transformación del trabajo y el empleo: trabajadores en red, desempleados y trabajadores a tiempo flexible”. En: La era de la información: Economía, sociedad y cultura. La sociedad red. México: Siglo XXI Editores. Págs. 229-309. BRADY, DAVID, REGINA BAKER, and RYAN FINNIGAN (2013): "When Unionization Disappears: State-Level Unionization and Working Poverty in the U.S." American Sociological Review 78(5):872-896. Centro de investigaciones sociológicas (2014): “Actitudes hacia la inmigración (VII)”. Estudio 3019. INE (2016): Encuesta de Población Activa (EPA). III Trimestre. SEGUNDO VALMORISCO PIZARRO 67 MORENO, FRANCISCO JAVIER, BRUQUETAS, MARÍA (2011): “Inmigración y Estado de bienestar en España”. Colección Estudios sociales, 31. Obra Social de La Caixa. RIFKIN, JEREMY (1995). “El fin del trabajo. Nuevas tecnologías contra puestos de trabajo: el nacimiento de una nueva era”, Barcelona. Ed. Paidós. Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda – GESTHA (2014): “La economía sumergida pasa factura. El avance del fraude en España durante la crisis”. U.S. Bureau of Labor Statistics (junio de 2016). United States Departament of Labor. Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (2016): “El estado de la pobreza. Seguimiento del indicador de riesgo de pobreza y exclusión social en España 2009-2015”. VI Informe. 69 LA PROBLEMÁTICA DE LOS WORKING POOR EN LOS ESTADOS UNIDOS MARGARITA BARRERA LOZANO Departamento Economía Aplicada III, Universidad de Sevilla Departamento de Economía, Universidad Loyola Andalucía Proyecto de Investigación DER2015-63701-C3-1-R 1 1. INTRODUCCIÓN Cerca de 10 millones de habitantes de los EE.UU. pertenecen al colectivo de los denominados working poor, según datos de 2014, lo que equivale a más de un 6% del total de la fuerza de trabajo 2 (BLS, 2016). Este hecho se traduce en que desde 2009 una media de 10,3 millones de habitantes se ha visto en situación de pobreza a pesar de estar desarrollando actividad laboral y recibir ingresos. Diversos factores socioeconómicos hacen prever que la existencia de este tipo de colectivo va a encontrarse cada vez más arraigada en la sociedad. Estos factores se derivan principalmente del desarrollo económico y el cambio estructural y tecnológico de la economía a nivel global y local. El problema central es el de la polarización del trabajo, en primer lugar disminuyendo la necesidad de trabajo de cualificación media, y con ello también las ventajas que surgen de la existencia de la clase media y, en segundo lugar, incrementando la desigualdad de la distribución de la renta. Esta sustitución se basa en el incremento de utilización de equipos y maquinaria que hacen innecesaria la utilización de capital humano, a menos que este capital humano supere la productividad y el valor añadido de la actividad desarrollada por los equipos y maquinaria, es decir que se trate de trabajo altamente cualificado, o a menos que dicho capital humano sea lo suficientemente barato como para no hacer necesaria su sustitución, es decir que se trate de trabajo poco cualificado. Es el incremento de 1 Proyecto de investigación I+D+i DER2015-63701-C3-1-R “Instrumentos normativos para la mejora de las transiciones de los working poor y su inclusión social”, financiado por la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación dependiente del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) de la Unión Europea. 2 Entendiendo como tal aquellos individuos que han trabajado o buscado trabajo en las últimas 27 semanas. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 70 la demanda de trabajadores para realizar tareas propias de personal altamente cualificado y poco cualificado, a expensas de la desaparición de las actividades laborales de cualificación media, las que absorben la masa humana que tiene un mayor riesgo de caer en la situación de los working poor. Esta masa humana hace que el total de personas que compiten por puestos de trabajo menos cualificados sea mayor, y por lo tanto o bien (1) el desempleo de actividades menos cualificadas incremente o (2) las condiciones de los puestos de trabajo destinados a colectivos menos cualificados sean más precarias 3 . Otro aspecto a destacar del colectivo de los working poor, además de su previsible crecimiento, es la contradicción inmersa en el mismo términocompuesto. ¿No deberían trabajo y pobreza ser mutuamente excluyentes? La realidad es que cada vez más, no lo son. La mayoría de los pobres realizan de hecho trabajo, trabajo cuya remuneración no es suficiente para cubrir las necesidades básicas. La remuneración necesaria para cubrir las necesidades básicas se determina por la cuantificación del umbral de pobreza. El concepto, y al mismo tiempo contrasentido, de working poor fue acuñado en EE.UU. por primera vez, y, como evolución de múltiples concepciones relacionadas. Se considera el término de Klein y Rones (1989), que se tratará en el siguiente apartado, como referencia inicial. Las circunstancias y factores que han seguido la evolución de este término son clave para poder conocer cómo la problemática de los trabajadores pobres puede mitigarse y qué medidas se han observado como más efectivas en el contexto norteamericano. Por esta razón este capítulo se va a centrar en las circunstancias que envuelven a los trabajadores pobres en EE.UU. con la finalidad de poder determinar las soluciones más adecuadas en otros ámbitos geográficos, ofreciendo una descripción general del concepto (Apartado 2), colectivos más vulnerables y evolución temporal de tasas de pobreza laboral (Apartado 3) y medidas políticas más utilizadas (Apartado 4). 2. EL CONCEPTO DE WORKING POOR La búsqueda de una definición de Working Poor conlleva la inclusión de dos aspectos: por una parte la idea de trabajadores pobres como tal, ¿Qué caracteriza a los individuos cuya remuneración del trabajo no cubre el coste de las necesidades básicas?, y por otra la delimitación técnica de qué se entiende por trabajador pobre, ¿Qué cifras van a establecer si un individuo es considerado o no trabajador y si es o no es pobre y trabajador al mismo tiempo? Es por esta razón por la que existen diferentes ideas de este término, que además es un concepto dinámico, es decir que varía en el tiempo, según se modifican las condiciones sociales. 3 Tal y como se resume en Calvo Gallego (2017) Trabajadores pobres y pobreza de los ocupados: Una primera aproximación, p. 12 Nota al pie de página número 8. MARGARITA BARRERA LOZANO 71 Uno de los conceptos de referencia es el que proponen Klein y Rones (1989), entendiendo por working poor aquel “conjunto de personas que han dedicado al menos medio año a los esfuerzos del mercado de trabajo, ya sea como empleado o en búsqueda de trabajo, y que sin embargo aún viven en el seno de familias pobres”. Esta conceptualización surge con la idea de aunar una diversidad de sentidos en los que “working poor” se había utilizado, tratándose de un concepto doctrinal desde su origen que incluye la doble cara de una situación que engloba la situación laboral y la condición de pobreza. Otros conceptos previos al de Klein y Rones son los de Danzinger y Gottschalk (1986) y Levitan and Shapiro (1987). El primero de ellos incluye aquellos “cabeza de familia que ganan menos de 204$ a la semana en dólares de 1984, quien permanece en pobreza incluso si trabaja 52 semanas al año”, y el segundo como “aquellas personas cuyas ganancias no suponen una cantidad suficiente para que ellos o sus familias salgan de la situación de pobreza”. Otra noción más generalizada es la tomada por la Oficina de estadísticas laborales (Bureau of Labour Statistics, BLS) que utiliza una medida del indicador de working poor tomando como referencia trabajadores pagados por horas cuyos salarios se sitúan en o por debajo del salario mínimo. Con posterioridad a la propuesta de Klein y Rones, se continúa utilizando ésta como referencia, siendo la utilizada por Gardner & Herz (1992). Sin embargo, más adelante, Kasarda (1995) propone una delimitación más estricta para evitar la inclusión de aquellos que no trabajan dentro de los working poor, señalando: “working poor son aquellas personas de 16 años o más que han formado parte de la fuerza de trabajo al menos 27 semanas en el año anterior, normalmente durante 20 horas semanales, y que viven en familias cuyos ingresos se encuentran por debajo del umbral de pobreza”, o en otras palabras: “aquellas personas de 16 años o más que trabajan a tiempo completo y que no ganan suficiente para sacar a la familia de la situación de pobreza”, tomando como referencia 12.674$ de 1989. Los umbrales de pobreza en EE.UU. se actualizan cada año, siendo en 2015 de 12.331 para individuos menores de 65 años (US Census, 2015) Otros autores utilizan una amplia variedad de aproximaciones al concepto de trabajadores pobres, principalmente en análisis transversales en los que es necesario homogeneizar clasificaciones estadísticas de datos de empleo/desempleo y pobreza que proceden de diversas fuentes. Un ejemplo de variación del concepto de working poor en el desarrollo de estudios transversales es el que desarrollan Brady, Fullerton y Cross (2010), incluyendo como working poor aquel individuo que reside en un hogar con ingresos por debajo del 50% de la media de los ingresos de los hogares y donde al menos un componente está empleado. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 72 Una cuestión que atañe a la delimitación del colectivo de los trabajadores pobres es la medida de pobreza. Ésta descansa en dos pilares: la pobreza absoluta y la pobreza relativa. La primera se refiere a indicadores que se basan en el mínimo de ingresos necesarios para hacer frente a los gastos necesarios para el pago de alimento. La tasa de trabajo pobre es un indicador utilizado desde el punto de vista de la pobreza absoluta, cifrándola en un 7% en 2013 en EE.UU. (BLS, 2015), basándose en el número de personas 4 en el mercado laboral en las últimas 27 semanas y cuyos ingresos no alcanzan el umbral de pobreza. La pobreza relativa introduce factores relacionados con el entorno y los estándares de vida de una sociedad, tomando como referencia la mediana de ingresos de un territorio. Un ejemplo de medida es el AROPE (At-Risk Of Poverty and Exclusion) utilizado en Europa para la cuantificación de personas en riesgo de exclusión, donde en lugar de utilizar el nivel de ingresos o las semanas en el mercado laboral se hace uso del valor de ingresos por debajo del 60% del de la población y de ítems tales como tener retrasos en el alquiler, coche, lavadora o calefacción (EAPN, 2016). Con el objetivo de trabajar con un indicador que permita disminuir la pobreza, el AROPE incluye otros sub-indicadores: (1) la tasa de riesgo de pobreza después de transferencias sociales, (2) la carencia material severa de bienes y (3) los hogares que presentan muy baja intensidad laboral. El grupo de personas considerados en riesgo de pobreza y/o exclusión social se les denomina ERPE o AROPE (según se utilicen las siglas en español o inglés) (INE, 2016). Son personas en riesgo de pobreza y/o exclusión aquellas que se encuentran en alguna de las siguientes situaciones: 1- Personas con ingresos bajos (60% de la mediana del ingreso equivalente o por unidad de consumo, medido como ingresos inferiores al 60% de la renta mediana disponible equivalente-después de transferencias sociales), 2- Personas con privación material severa (4 de 9 ítems 5 ), 3- Personas que viven en hogares con una intensidad de empleo bajo (personas entre 0 y 59 años en hogares cuyos miembros en edad de trabajar lo hicieron menos el 20 de su potencial de trabajo en el año anterior (INE, 2016). Algunos de estos sub-indicadores son casos de medidas de pobreza relativa que contrarrestan a la estadounidense de working poor que se cifra en términos 4 También es posible medirlo en términos de familias o personas “sin relación” o sin familia al cargo. 5 Los ítems considerados son: 1. No tener retrasos en el pago del alquiler, hipoteca, recibos relacionados con la vivienda o compras a plazos; 2. Mantener una vivienda con una temperatura adecuada durante los meses fríos; 3. Hacer frente a gastos imprevistos; 4. Una comida de carne, pollo o pescado cada dos días; 5. Ir de vacaciones fuera de casa, al menos una semana al año; 6. Un coche; 7. Una lavadora, una televisión a color; 8. Un teléfono. MARGARITA BARRERA LOZANO 73 absolutos. Independientemente, es posible utilizar la idea de working poor y adaptarla en términos relativos. Además de la importancia de considerar la pobreza como relativa o absoluta es importante tener en cuenta otro factor determinante: el poder adquisitivo. De la misma manera que la pobreza relativa considera factores contextuales en su definición, el poder adquisitivo varia en tiempo y lugar. Es decir, un nivel de ingresos por encima del nivel de pobreza en 1989 puede estar por debajo del nivel de pobreza en 2016, o una persona pobre en EE.UU. puede no serlo si se la compara con la población de India. Además del AROPE o ERPE también es relevante hacer mención al concepto de riesgo de pobreza en el trabajo –in work at poverty risk– (IWP). Éste se centra en el trabajo real y no sólo en la característica de activo considerado para la inclusión en working poor; es decir, mientras que el colectivo doctrinal de working poor va a agrupar a individuos activos, hayan o no trabajado o sido ocupados, el colectivo de individuos IWP va a estar compuesto exclusivamente por aquellos individuos que han desarrollado actividad laboral bien por cuenta ajena o propia. Esta diferencia implica que los IWP excluyen a los desempleados de larga duración 6 . Además, otra diferencia a destacar entre working poor y IWP es la utilización de medidas absoluta en primer caso y de medida relativa en el segundo caso, que incluye hogares cuya renta disponible equivalente es menor del 60 por ciento de la mediana. 3. COLECTIVOS EN EL ENTORNO DE WORKING POOR 3.1. Factores determinantes de la pobreza en el trabajo Además de contribuir a la conceptualización del trabajador pobre, Klein y Rones (1989) profundizan también en las causas principales de la situación en la que se encuentra este colectivo. Culpando a circunstancias como desequilibrios en mercado laboral 7 o en la estructura familiar de la pobreza en colectivos que ofertan su trabajo a cambio de una remuneración. Más concretamente, estas circunstancias se pueden clasificar como: 6 Calvo Gallego, F.J. (2016) “Trabajadores pobres y pobreza de los ocupados: una primera aproximación”, en Temas Laborales: Revista andaluza de trabajo y bienestar social, nº 134, p. 63 y ss. 7 El hecho de considerar la participación en el mercado laboral proviene de la necesidad de enfatizar el malfuncionamiento del mercado laboral como promotor de las situaciones de Working Poor, eliminando de esta población aquellos casos de pobreza que no están causados por este desequilibrio, como por ejemplo, como indican Klein y Rones (1989): estudiantes que buscan trabajo una o dos semanas antes de encontrar un trabajo de verano o personas enfermas o discapacitadas. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 80 Tabla 4 Tasa de pobreza en el trabajo por nivel educativo 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 Total (más de 16 años) 5,4 5,1 5,1 6 7 7,2 7 7,1 7 6,3 No finaliza al instituto 14,1 13,8 16,5 18,3 20,3 21,4 20,1 21,2 19,2 18,3 Menos de un año en el instituto 16 15,2 18,3 19,9 24,3 24,6 21,8 21,8 20,7 19,2 De 1 a 3 años en el instituto 14,2 13,5 16,2 18 18,7 20,5 19,8 21,2 19 18,3 4 años de instituto sin finalizar 9,1 11,8 13,1 15,6 17,3 16,9 17 19,4 16,1 16,5 Instituto finalizado 6,6 6,3 6,3 7,2 8,8 9,2 9,2 9,4 8,9 8,3 Algo de fomación profesional o similar 4,7 4,4 4,1 5,1 6,3 6,4 6,2 6,7 7,1 6,1 Algo de formación profesional, sin graduación 5,3 5 4,7 5,9 7,1 7,4 7 7,7 8,2 6,9 Grado similar 3,4 3,3 2,8 3,5 4,7 4,5 4,6 4,9 5 4,6 Estudios de universitarios 1,7 1,4 1,3 1,7 2,1 2,1 2,4 2,1 2,3 2 Elaboración propia. Fuente: U.S. Bureau of Labor Statistics, Current Population Survey (CPS), Annual Social and Economic Supplement (ASEC) a través de BLS (2007; 2008; 2009; 2010; 2011; 2012; 2013; 2014; 2015; 2016). Otro de los factores personales determinantes en la posibilidad de caer en situación de pobreza, incluso cuando se pretende o se realiza actividad laboral, es el nivel educativo. Tal y como se deriva de la Economía Política 12 la señalización de aquellos que participan en el mercado de trabajo ofreciendo su mano de obra es clave, lo que es posible gracias a la existencia de diferentes titulaciones. Es decir, serán más valorados aquellos que presenten una titulación, que aquellos que aun teniendo los mismos conocimientos no puedan dar buena cuenta de ello por medio de certificados. Reflejo de ello son los datos presentados en la Tabla 4. Así, destacamos la existencia de una tasa de pobreza de 18 de promedio entre los que tienen cuatro años de estudios en el instituto sin haber obtenido titulación alguna, frente al resto 13 que presentan de media una tasa de pobreza del 5,25. Profundizando aún más, la tasa de pobreza disminuye con el nivel de estudios, siendo en 2014 de 2 para los que finalizaron estudios universitarios; y además es menor también cuando se ha obtenido una titulación. Por señalar un ejemplo. la tasa de los que han realizado Formación Profesional sin titulación es de 6,9; sin embargo, la tasa de los que tienen una formación equivalente pero que han obtenido otro tipo de titulación es del 6,1. En concreto, las titulaciones 12 Ver por ejemplo: Pindyck. R. S. & Rubenfield. D. L. (2008). Microeconomics. New York: Pearson. 13 Graduados en el instituto, Formación Profesional, titulación equivalente o estudios universitarios. MARGARITA BARRERA LOZANO 81 universitarias son las que más seguridad pueden aportar, siendo los efectos de la crisis sobre el nivel de pobreza en el trabajo de aquellos que ostentan un título universitario los menores en términos absolutos con un incremento del 0,3 frente al 7,4 de los que no finalizaron el instituto. La equivalencia entre el nivel educativo y la tasa de pobreza en el trabajo que aquí se observa de manera general –es decir: menos probabilidad de caer en pobreza a mayor nivel educativo– se detecta de manera aún más clara en el caso de Europa, y especialmente en España, donde el incremento de la tasa de pobreza laboral de los segmentos menos cualificados se ha disparado desde 2013 Tabla 5 Tasa de pobreza: Nivel de estudios obligatorios, “menos de un año en el instituto” 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 Total 16 15,2 18,3 19,9 24,3 24,6 21,8 21,8 20,7 19,2 RB 15,7 15,3 18,3 19,6 25,1 24,7 22,2 21,5 20,3 19,3 AA 18,7 18,4 25,5 29,1 26,4 34,9 25,3 30 24,5 18,3 A 12,2 9,4 11,5 16,9 16,3 13,2 14,4 15,5 18 18,7 EHL 17,4 16,9 18,3 21 26,3 25,8 23,3 24,3 21,7 20,1 Elaboración propia. RB: Raza blanca; AA: Raza negra o afroamericanos; A: Asiáticos; EHL: Etnias hispanas o latinas. Fuente: U.S. Bureau of Labor Statistics, Current Population Survey (CPS), Annual Social and Economic Supplement (ASEC) a través de BLS (2007; 2008; 2009; 2010; 2011; 2012; 2013; 2014; 2015; 2016). Tabla 6 Tasa de pobreza en el trabajo: Nivel de estudios preuniversitarios, “graduados en el instituto” 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 Total 6,6 6,3 6,3 7,2 8,8 9,2 9,2 9,4 8,9 8,3 RB 5,5 5,2 5,2 6,2 7,5 8 7,6 7,8 7,4 6,8 AA 12,7 12,1 12,3 12,5 15,5 15,9 17,7 17,3 17,7 16,1 A 7,3 6,2 6,6 7,3 8,6 8,3 8,7 9,1 6,7 7 EHL 9,4 9 9,4 10,9 13,2 13,7 12,5 13,9 12,2 12 Elaboración propia. RB: Raza blanca; AA: Raza negra o afroamericanos; A: Asiáticos; EHL: Etnias hispanas o latinas. Fuente: U.S. Bureau of Labor Statistics, Current Population Survey (CPS), Annual Social and Economic Supplement (ASEC) a través de BLS (2007; 2008; 2009; 2010; 2011; 2012; 2013; 2014; 2015; 2016). TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 82 Tabla 7 Tasa de pobreza en el trabajo: Nivel de estudios superiores, “universitarios” 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 Total 1,7 1,4 1,3 1,7 2,1 2,1 2,4 2,1 2,3 2 RB 1,5 1,4 1,2 1,5 1,9 2 2,1 1,9 2 1,8 AA 2,7 2 1,9 2,6 3,2 3,3 4,5 3,8 3,5 3,1 A 2,4 1,5 1,8 2,8 2,8 2,1 3 2,1 2,9 1,9 EHL 2,6 2,4 2,6 3,2 3,6 3,7 4,1 4,5 4,1 3,8 Elaboración propia. RB: Raza blanca; AA: Raza negra o afroamericanos; A: Asiáticos; EHL: Etnias hispanas o latinas. Fuente: U.S. Bureau of Labor Statistics, Current Population Survey (CPS), Annual Social and Economic Supplement (ASEC) a través de BLS (2007; 2008; 2009; 2010; 2011; 2012; 2013; 2014; 2015; 2016). La relación entre la situación pobreza y el nivel de estudios es heterogénea dependiendo del colectivo étnico. Las Tablas 5, 6 y 7 presentan los datos correspondientes a estudios primarios o inferiores –“menos de un año en el instituto”–, estudios preuniversitarios –“graduados en el instituto”– y estudios superiores –“universitarios”– por raza. Según la tasa de pobreza en el trabajo de los que no han alcanzado estudios secundarios, el colectivo más desfavorecido ha sido tradicionalmente el de raza negra y afroamericanos 14 . Sin embargo en los últimos periodos se observa un acercamiento entre estos y los de etnia hispana, quienes alcanzan una tasa de 20 en 2014. Por otro lado, entre los que han finalizado estudios preuniversitarios, el colectivo más perjudicado es y ha sido tradicionalmente el de raza negra y afroamericanos, seguidos de los hispanos y latinos, mientras que los de raza blanca y asiática aparecen en una situación más positiva, ambos con tasas en torno a 7 en 2014. En último lugar, el reparto entre los que han alcanzado una titulación universitaria perjudica prioritariamente a los de etnia hispana o latina seguido de los de raza negra o afroamericana, 3,8 y 3,1 respectivamente, manteniéndose el resto en tasas inferiores a 2. En resumen, tanto pertenecer al colectivo de raza blanca como al de asiáticos se relaciona con un mayor nivel de bienestar, mientras que los de raza negra se ven más perjudicados para niveles de estudios no universitarios, en el caso de estudios universitarios son los hispanos o latinos lo más pobres en el trabajo; existiendo un mayor nivel de desviación, es decir mayores diferencias étnicas, entre los que alcanzan la titulación preuniversitaria, con una desviación típica superior a 4, frente a la de 0,78 y 0,96 de sin titulación preuniversitaria y universitaria. Es decir, que la raza supone un factor 14 Nótese que la diferencia entre raza negra y afroamericanos recae en el origen familiar de los individuos, son afroamericanos aquellos cuyas generaciones predecesoras también fueron nacidas en América. Es este sub-colectivo el más marginado de ambos, siendo curioso el hecho por ejemplo del idioma utilizado que en algunos casos se puede considerar como un dialecto de inglés hablado en EE.UU. A este respecto ver por ejemplo: Anderson (1995). MARGARITA BARRERA LOZANO 83 determinante e influyente sobre la posibilidad de caer en pobreza en el trabajo, especialmente cuando se ha alcanzado un nivel de estudios intermedios, pero no tanto en colectivos sin estudios (con tasas de pobreza en el trabajo muy altas) ni en colectivos universitarios (con tasas de pobreza en el trabajo muy bajas). La información por razas no existe aún en Europa, lo que dificulta realizar cualquier comparativa con la pobreza y su división por razas característica de EE.UU. Si bien en EE.UU. son los colectivos afroamericanos e hispanos los más pobres, y los de raza blanca y asiáticos los menos pobres, en Europa se identifican claramente unas tasas de pobreza más bajas en los segmentos nacionales, no pudiendo discernir entre grupos nacionales, como ocurre en EE.UU. entre raza blanca y afroamericanos. Es materia interesante de estudio la composición de “nacionales fuera de la UE”, donde es muy probable que aparezca una participación muy importante de hispanos y latinos (procedentes de Latinoamérica) y otra de asiáticos, y cuyas tasas de pobreza probablemente no coincidan, como tampoco lo hacen en EE.UU. 4. MEDIDAS SOCIALES Y POLÍTICAS EN ESTADOS UNIDOS Las políticas de pobreza en Estados Unidos se basan especialmente en la prevención, y no tanto en el apoyo y soporte a aquellos que ya son pobres. Diferenciando cuatro líneas de actuación (Kearney & Harris, 2014): 1- Desarrollo infantil 2- Apoyo a jóvenes en situación desaventajada 3- Promoción de habilidades y competencias 4- Apoyo a redes seguras y apoyo en el trabajo Las ayudas a familias con hijos dependientes (Aid to Families with Dependent Children, A.F.D.C), cuya creación data de 1935 fue criticada, por los efectos sobre el incremento de madres solteras que buscaban el beneficio económico en la situación de desamparo (Wilson, 2015), utilizando el término de “reina del bienestar” para sus beneficiarias. Este tipo de críticas llevó a apostar por otro tipo de medidas basadas en la formación de capital humano y la atención en la búsqueda de empleo, con periodos limitados de apoyo a beneficiarios y que pudiesen ser más restringidos bajo competencia de los Estados, derivando en el diseño de la Ayuda temporal a Familias Necesitadas (Temporary Assistance for Needy Families-TANF) y su aprobación en 1996. Dicho cambio incrementó los recursos económicos gubernamentales para las familias de working poor, en un momento en que (1) se incrementa la incorporación de madres solteras al trabajo, (2) se disminuye la tasa de pobreza infantil, (3) se incrementa la desgravación de ingresos sobre la renta de los working poor y (4) se incrementa el salario mínimo [según señalan Edin, K.J. y Shaefer, H.L (2015) a través de (Wilson, 2015)], TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 84 principalmente por la coyuntura económica de final de siglo. Sin embargo, aquellos que no fueron capaces de permanecer dentro del mercado laboral perdieron todo el apoyo que pudiesen necesitar, derivando en el incremento del número de personas en Estados Unidos que viven por debajo del estándar de pobreza mundial fijado por el Banco Mundial (Jensen, 2016), según datos sobre el crecimiento de pobres sin ingresos 15 , de beneficiarios de Programa de Ayuda a la Nutrición 16 (Supplemental Nutritition Assistance Program-SNAP) y niños sin hogar. Otras medidas más concretas son las señaladas por Berube (2005) y Stevens y Pihl (2016): subsidio al empleo, la desgravación sobre la renta ganada (Earned Income Tax Credit, EITC), incremento del salario mínimo, programas de formación y educación o la desgravación por hijos (child tax credit). El subsidio al empleo es un programa incluido dentro del programa TANF. La finalidad es la de promover la re-incorporación al trabajo de desempleados disminuyendo los costes de contratación por parte de empleadores, funcionando como un incentivo a la creación de empleo. De manera indirecta también persigue fomentar la actividad económica derivada del consumo de los hogares, beneficiados por la creación de empleo por estos subsidios, provocando así un efecto multiplicador de arrastre sobre el resto de la economía (Lower-Basch, 2010). Estos subsidios tienen como finalidad la inserción laboral a corto y a largo plazo 17 . El EITC es un impuesto reembolsable para personas que trabajan pero que perciben salarios bajos 18 , que permite incrementar el salario efectivo de quien lo recibe entre 1,5$ y 2,5$ la hora. Este tipo de ayuda se dedica principalmente a hogares con hijos (Berube, 2005). La fijación de precios mínimos en el mercado laboral, o salarios mínimos tiene como inconveniente el incremento del desempleo. El proceso de transmisión de fijación de estos salarios en el funcionamiento del mercado descansa en un amplio abanico bibliográfico, dentro del que recientemente se han encontrado evidencias de que esta disminución del empleo es fruto de una variación en la tasa de crecimiento del empleo en el largo plazo (Meer & West, 15 A partir de datos del Census Bureau’s Survey of Income and Program Participation. 16 Basado en la utilización de cupones de comida (food stamps) 17 Dedicado a empleo de transición, programas de trabajo vacacional para jóvenes de familias con ingresos bajos, y modelos laborales para personas con discapacidad provenientes de familias con bajos ingresos. 18 Para un estudio en profundidad de este específico tema nos remitimos al excelente trabajo de Fernández Amor. J.A., ¿Una ‘deducción reembolsable’ o un ‘impuesto negativo’ para contribuyentes identificados como ‘trabajadores pobres’?: un estudio de derecho comparado, incorporado a esta misma monografía en las páginas 429 y ss. MARGARITA BARRERA LOZANO 85 2016) en lugar de una mera disminución en el empleo. Independientemente de los efectos reales derivados de esta medida, entre los que se encuentra la mejora de la calidad del empleo, se trata de una medida utilizada en EE.UU. con valores diferentes a nivel de Estado y también a nivel local. Dentro de los programas de formación y educación, destaca por sus buenos resultados el de carrera de educación técnica 19 (Carrier Technical Education, CTE). Dentro de las oportunidades educacionales se incluyen el empleo a corto plazo, los programas de formación y certificaciones en áreas profesionales, los CTE forman parte de estos últimos. La desgravación por hijos permite reducir la tributación sobre la renta por hijos menores de 17 años en una cantidad de 1000$ por hijo, siendo posible obtener una devolución por la diferencia sin las obligaciones superasen la cantidad a desgravar (Nunns & Rohaly, 2013). Relacionada con la desgravación por hijos se ofrece el programa gubernamental de cuidado infantil, para la monitorización y seguimiento de niños de hasta 5 años pertenecientes a familias pobres (Office of Head Start, 2016). Dentro de las ayudas para vivienda destacan: el seguro de hipoteca (FHA), la garantía de préstamos para veteranos (VA), la deducción de interés hipotecario, la asistencia de vivienda (tradicionalmente denominado “sección 8”) y la provisión de vivienda pública (USA, 2016). La asistencia de vivienda o programa de cupones de elección de vivienda, está especialmente dirigida a rentas bajas, tercera edad y discapacitados; se trata de subsidios pagados a los dueños de las viviendas alquiladas. Ésta, junto a la de vivienda pública, son las que mayor protección ofrecen al colectivo de trabajadores pobres. Un factor característico del mercado estadounidense es la re-distribución descentralizada, entendida como aquella que funciona de manera paralela a la intervención del Estado, por iniciativa privada o empresarial. Esto se materializa en (1) transferencias privadas de rentas más altas a rentas más bajas (2) oferta de servicios de vivienda y conciliación a colectivos relacionados con una actividad productiva 20 y/o colectivos determinados. Las ayudas a los colectivos pobres son aplicables en términos generales a todo tipo de pobreza. Sin embargo, las necesidades particulares de los trabajadores pobres distan en algunas cuestiones de las necesidades de los pobres que no trabajan. Esas necesidades son las derivadas del coste de oportunidad de 19 Jepsen, Christopher, Kenneth Troske, and Paul Coomes. 2014 en Stevens & Pihl (2016) 20 Un ejemplo es la provisión de servicios de guardería a personal universitario en universidades o la posibilidad de acceder a servicios de alojamiento específicos. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 86 trabajar 21 , relacionadas con el transporte al trabajo y con la dedicación de tiempo a trabajar y por tanto la imposibilidad de dedicarlo, por ejemplo, al cuidado de hijos y necesidad de contratar servicios de guardería y servicios domésticos. Estos costes de oportunidad son en especialmente altos para el tipo de trabajo desarrollado por los working poor debido a (1) jornadas laborales más probablemente rotatorias, nocturnas o en fines de semana, (2) distancias de commuting o entre el hogar y el centro de trabajo más largas o falta de medios de comunicación (los colectivos pobres residen habitualmente lejos de o mal comunicados con centros de actividad empresarial), (3) pocas facilidades para la conciliación familiar y laboral. La diferencia que presentan los trabajadores pobres y los trabajadores no pobres en la capacidad de afrontar estos costes de oportunidad sarán posiblemente más acusadas conforme el cambio económico tecnológico o estructural avanza, y con ello la polarización del trabajo, además de la concurrencia de recesiones económicas que provocan la obsolescencia de puestos de trabajo anteriores 22 . Otro aspecto crítico es el nivel de educativo. El grado de estudios de un individuo está condicionado por aquel que alcanzaron sus padres 23 , lo que implica que aquellos nacidos en el seno de familias pobres tendrán más probabilidad de caer en situación de pobreza derivada de una baja cualificación 24 . 5. CONCLUSIONES Aunque existen estudios que concluyen la ausencia de relación entre tecnología y destrucción o creación de empleo 25 , el cambio tecnológico, entendido como el cambio estructural de la economía, es un factor de riesgo en el incremento del colectivo de trabajadores pobres debido a la creciente polarización del trabajo, dando como resultado un aumento en el número de trabajadores que realizan su actividad en ocupaciones menos cualificadas y por lo tanto peor remuneradas, incrementando el riesgo de pobreza de un número mayor de personas. La delimitación de los working poor se hace en términos de pobreza absoluta, a pesar de que existen estudios que modifican la terminología estándar para la realización de estudios transversales con otras regiones. La utilización del 21 Edin y Lein (1997) señalan algunos de los obstáculos a los que tienen que hacer frente, en concreto, madres trabajadoras. 22 Las llamadas “jobless recoveries” o recuperaciones sin empleo (Jaimovich & Siu, 2012) 23 Existe una amplia literatura analizando el proceso de transmisión intergeneracional, por ejemplo Eccles (2005). 24 La relación inversa entre el nivel educativo y el nivel de ingresos se puede consultar en De Navas y Proctor (2015). 25 Sobre esta cuestión véase, en esta misma obra colectiva, el trabajo de Valmorisco Pizarro (2017) recuperación y pobreza: ¿el fin del trabajo?, p. 41 y ss. MARGARITA BARRERA LOZANO 87 concepto en términos relativos no debe modificar el tamaño del colectivo, pero de hecho, en el caso de EE.UU. la utilización de un indicador en términos absolutos da como resultado un valor de pobreza trabajadora menor al valor que resulta de la utilización de un indicador relativo. La utilización del umbral de pobreza en términos absolutos considera un número de trabajadores pobres menor que si se utilizase una referencia de ingresos en relación a los ingresos medianos de la población. En cualquier caso, los niveles de trabajadores pobres en EE.UU. superan a los de otras economías desarrolladas. El nivel educativo, la edad, el nivel de ingresos de progenitores, la raza así como el sector económico donde se realiza la actividad laboral son factores de los que depende el pertenecer al colectivo de los working poor. Estos cuatro factores están determinados en cierto modo por el nivel de cualificación (como combinación de nivel de estudios y experiencia laboral): los más jóvenes, los más pobres y los que pertenecen a colectivos menos favorecidos (afroamericanos, latinos y discapacitados) tendrán menos oportunidades para continuar estudios y mejorar sus capacidades de cara a obtener una mejor colocación laboral, pasando así a encontrarse en riesgo de exclusión social. Los factores relacionados con la cualificación laboral no son los únicos que influyen en el avance del trabajo pobre. Los factores coyunturales también provocan que en situación de crisis económica, sea la mano de obra de baja y media cualificación la primera en sufrir desempleo, pasando a incrementar la mano de obra que opta a puestos de menor cualificación, compitiendo por unos salarios más bajos. La intensidad en que esta situación se produzca va a depender además de factores institucionales. Los factores institucionales son los que comprenden organizaciones para la regulación del mercado de trabajo y las políticas utilizadas. Por lo tanto, tanto la existencia o no de estas instituciones (por ejemplo, sindicatos) o fuerza de las mismas, como el apoyo estatal (por ejemplo, programas de ayudas y transferencias) influyen en las decisiones de los agentes económicos. Como resultado, un mayor nivel de apoyo gubernamental va a permitir (1) por un lado, poder vivir sin necesidad de ocupar labores cuya contraprestación no permita hacer frente a las necesidades básicas (incrementando el desempleo), (2) por otro lado, que aquellos que ejerzan las actividades peor remuneradas puedan hacer frente a los pagos de necesidades básicas por los derechos adquiridos gracias a la negociación colectiva o las ayudas gubernamentales recibidas (mejora de la calidad del empleo). Contrariamente, una menor regulación (por carencia de negociaciones o ayudas) provoca un menor desempleo, una menor calidad del empleo y por lo tanto un mayor número de pobres que trabajan. Aunque tradicionalmente la realidad ha indicado que un mejor o mayor nivel de protección gubernamental disminuye el número de trabajadores pobres y TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 88 aumenta el nivel de desempleo, cada vez existen más evidencias de que imperan otros factores o sub-factores que deben considerarse, probablemente por descubrir, que están provocando que desempleo y trabajo pobre varíen de manera directamente proporcional, tanto en sentido positivo como negativo. Por esta razón es crucial continuar profundizando en ello para poder hacer frente a la globalización económica y a los efectos tangenciales de la misma. 6. BIBLIOGRAFÍA ANDERSON, E. (1995). The Black inner-city grandmother: transition of a heroic type? En K. M. Weigert, & T. R. Swartz, America's working poor. 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La definición de trabajador a efectos de la cuantificación de la pobreza en el trabajo no es uniforme a nivel internacional, por ello agrupamos las propuestas metodológicas en el ámbito de las estadísticas oficiales o centros de reconocido prestigio, para delimitar la condición de trabajador según los requisitos comunes que presentan. En concreto hemos identificado cuatro tipologías en las definiciones: las que sólo exigen la participación en el mercado de trabajo, aquellas que requieren un mínimo de trabajo remunerado, las que demandan que la actividad remunerada sea la principal actividad durante el periodo de referencia y por último, si la principal fuente de ingresos es la renta que procede del trabajo. Dentro de las propuestas que delimitan a los trabajadores sólo en función de su participación en el mercado como parte de la población activa está la propuesta estadounidense y la australiana. En concreto, el Bureau of Labor Statistics de Estados Unidos (USBLS), explicita como requisito definitorio la participación en el mercado laboral durante al menos la mitad del año anterior de la entrevista, excluyendo de esa forma a los individuos que tienen una participación marginal 4 . Por su parte la definición australiana procede del Social Policy Research Centre, que es un centro de investigación de reconocido prestigio pues el país carece de estadísticas oficiales, exige que todos los miembros de la familia sean activos, independientemente del número de horas trabajadas (Peña-Casas y Latta, 2004). La segunda tipología engloba a las propuestas que requieren también el ejercicio de un trabajo remunerado, aunque no sea la principal actividad realizada a lo largo del periodo. La propuesta francesa, hasta el 2005, aplicaba una adaptación de la norteamericana, pero exigía que al menos esa persona hubiese trabajado un mes, para evitar incluir en las estadísticas a los desempleados de larga duración (Cazenave, 2006), si bien ya ha adoptado la definición europea. Asimismo, la OIT considera trabajador a aquella persona que declara haber trabajado al menos una hora la semana previa a la entrevista (ILO, 2016). La tercera propuesta precisa la realización de una actividad laboral en una gran parte del periodo de referencia. Las estadísticas oficiales de Bélgica exigían 6 meses de actividad laboral, hasta que adoptó la propuesta europea, que como hemos analizado se centra en el colectivo que específicamente realiza una actividad laboral de al menos 7 meses. En Estados Unidos también ofrece otra definición oficial alternativa, recogida en el Census Bureau, según la cual, el número total de horas trabajadas por el total de los miembros de la familia debe 4 Consultar, http://www.bls.gov/opub/reports/working-poor/2014/home.htm#technical-notes M. ROSARIO GÓMEZ-ÁLVAREZ DÍAZ - FRANCISCO GÓMEZ GARCÍA 97 ser mayor o igual a 1750 horas (44 semanas). Por último, el departamento del Gobierno de Canadá, responsable de las los programas sociales y del mercado laboral (ESDC, 2016), exige que el individuo trabaje al menos 910 horas al año, lo que equivale a 26 semanas con una jornada laboral de 35 horas (Fleury y Fortin, 2006). La cuarta corresponde a la definición de la National Council of Welfare, organismo oficial canadiense sin actividad desde el 2012. En este caso, la naturaleza de trabajador lo determina la dependencia de la familia de los ingresos que se obtienen en forma de salarios o ingresos como autónomo, de forma que estos deben representar más del 50% de la renta familiar, sin evaluar la intensidad del esfuerzo laboral (Peña-Casas y Latta, 2004) En la tabla 2 resumimos la tipología de definiciones de trabajador, para delimitar la población denominada trabajadores pobres, atendiendo a la evaluación de los requisitos de participación en el mercado, y si la unidad evaluativa es el individuo o la familia. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 98 Tabla 2: Diferentes definiciones de trabajador pobre País Participación en el mercado Unidad de referencia Umbral de la pobreza Población activa Actividad laboral Individual Familiar Medición Estados Unidos (USBLS) 6 meses participación Sí Línea oficial de pobreza: 3 veces gasto en alimentos básicos Australia (Social Policy Research Centre) Participación la mayoría del periodo Todos los miembros Línea absoluta monetaria de pobreza (Línea Henderson) Francia (INSEE) 6 meses de participación 1 mes natural Sí Los individuos viven en un hogar con una renta inferior al 60% de la renta mediana equivalente del país Bélgica (National Plan for Social Inclusion, 2001-2005) 6 meses Sí Los individuos viven en un hogar con una renta inferior al 50% de la renta mediana equivalente del país Unión Europea (Eurostat) Al menos 7 meses naturales Sí Los individuos viven en un hogar con una renta inferior al 60% de la renta mediana equivalente del país Estados Unidos (Census Bureau) 1750 horas (equivale a 44 semanas) Cómputo familiar Línea de pobreza oficial: 3 veces el gasto en alimentos básicos Canadá (ESDC) 910 horas (equivale a 26 semanas a tiempo completo) Sí Mínimo gasto en alimentos, ropa y vivienda Origen de las rentas Canadá (NCW) (hasta 2012) Más del 50% de la renta debe proceder de fuentes del trabajo Cómputo familiar Mínimo gasto en alimentos, ropa y vivienda Fuente: Elaboración propia a partir de Peña-Casas y Latta (2004), Fleury y Fortin (2006), Crettaz (2013) y ESDC (2016). La definición de trabajador pobre propuesta por la Unión Europea tiene dos ventajas. Una es la comparabilidad de los ratios de pobreza en la población en edad de trabajar de forma que se puede diferenciar, por un lado, el porcentaje de personas inactivas y aquellas que buscan empleo pero no lo ejercen de forma continuada, y M. ROSARIO GÓMEZ-ÁLVAREZ DÍAZ - FRANCISCO GÓMEZ GARCÍA 99 por otro, aquellas que aún trabajando, no alcanzan unos niveles de ingresos suficientes para salir de la pobreza. Esto permite comprender de una forma más detallada la vinculación entre la pobreza y la actividad laboral, entendida no como participación en el mercado, si no como actividad realmente remunerada. La segunda ventaja que también se puede apreciar es el análisis de la situación relativa entre los diferentes países europeos (Bardonen y Guio, 2005). Ahora bien, como hemos visto, esta definición no es unánime en las estadísticas oficiales, ni en los estudios académicos. Para comprender mejor el alcance de la definición aplicada en el contexto de la Unión Europea recurrimos a los principales resultados del estudio de Ponthieux (2010) para los países miembros de la UE con datos del año 2007. Esta autora aplica tres definiciones diferentes de trabajador: activo (si declara participar en el mercado de trabajo 6 meses, aproximación norteamericana), empleado (si trabajó al menos un mes durante esos 6 meses, aproximación francesa) o “en el trabajo” (si ha trabajado más de 6 meses, según la aproximación europea). De media, el porcentaje de pobreza en el trabajo sería del 71% con la definición de “activos”, el 52% con la aplicación de la definición de “empleado”, y del 47% con el requisito de “en el trabajo”. La conclusión de la autora es que la diferencia entre estos porcentajes es que existe un problema importante de acceso al trabajo y de la estabilidad en él para una parte destacada de la población. Por tanto, su propuesta, seguida también por autores como Crettaz (2011, 2015), es la necesidad de contar con otro indicador que informe de la pobreza de todas las personas que participen en el mercado laboral. Además, todas estas aproximaciones presentan una limitación importante. Las fuentes estadísticas sólo identifican como trabajo a aquella actividad por la que se recibe una remuneración en el mercado. No se evalúa por tanto el valor monetario y no monetario del trabajo no remunerado en la sociedad en forma de cuidados en el hogar o trabajo voluntario (Peña-Casas y Latta, 2004), ni tampoco se cuantifica el trabajo en economía sumergida. 4. LA UNIDAD ECONÓMICA DE REFERENCIA: ¿EL INDIVIDUO O LA FAMILIA? La unidad económica que se toma como referencia en las estadísticas anteriormente citadas es la unidad familiar para determina el umbral de pobreza. El riesgo de estar en una situación de pobreza depende no sólo de las características personales y ocupacionales del individuo, sino también de las características familiares como es nivel de empleo remunerado del resto de componentes del hogar, otros posibles ingresos no laborales, la edad de sus miembros, y las cargas familiares. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 100 Siguiendo a Bardone y Gui (2005), la información que ofrece esta opción metodológica es la evaluación del bienestar económico, no sólo del trabajador, sino la del resto de componentes de la familia como son los niños y los dependientes. En los hogares existen todo un conjunto de recursos compartidos, que exigen una evaluación conjunta para determinar el nivel de vida disfrutado por todos sus miembros. Además, la perspectiva de la unidad familiar, permite realizar un análisis para determinar cómo las diferentes políticas de ayudas a las familias pueden impactar en las decisiones de participación en la vida económica y social de sus componentes. Sin embargo, este indicador supone implícitamente que todos los miembros de la familia disfrutan del nivel medio de la renta que se imputa a esa unidad, pero esto no es siempre cierto. Este es un aspecto que no siempre se cumple, como evidenció Sen (2001), en el estudio de la pobreza dentro de las familias indias, con un trato desigual a los niños en detrimento de las niñas. Siguiendo este argumento, Ponthieux (2010) indica que esta cuestión es especialmente relevante si se realiza un análisis desde la perspectiva de género. De hecho, las características y los ingresos del empleo suelen ser menos favorables para las mujeres que para los hombres, en términos medios, y sin embargo, los estudios empíricos muestran que la pobreza laboral afecta en mayor medida a los hombres. De igual manera, supongamos la situación de un joven trabajador que vive con sus padres, y gracias a ello disfruta de un grado de calidad de vida elevado, pero sin embargo carece de los recursos para poder tener un proyecto de vida independiente, este es el caso de más de mitad de los jóvenes que viven con sus padres en el caso de España y Grecia (Eurostat, 2013; Crettaz, 2011). Otra cuestión de gran importancia es la tendencia desde la crisis en el ámbito europeo del incremento del tiempo parcial involuntario. Sin embargo esta tendencia no se detecta en la tasa de riesgo de pobreza en el trabajo porque la mayor población que cumple los requisitos de trabajar más de 7 meses son los tiempos completos, y además, una vez que se agrega la renta familiar, estos tiempos parciales involuntarios dejan de ser “pobres” (Horemans, Marx y Nolan, 2015). Por ese motivo, se hace necesario contar con indicadores adicionales que permitan realizar un diagnóstico complementario, a la información que ofrece el ratio europeo. Eurostat ofrece datos sobre los “trabajadores con salarios bajos”, de forma que una persona pertenece a esa categoría si sus ingresos salariales brutos son menores a dos tercios de la mediana de los ingresos brutos por hora en el país correspondiente. El salario incluye el efectivo pagado directamente al empleado antes de cualquier deducción en concepto de impuestos sobre la renta o contribución a la seguridad social a cargo del trabajador. Además se computa cualquier otro ingreso adicional, ya sea regular o no, como comisiones M. ROSARIO GÓMEZ-ÁLVAREZ DÍAZ - FRANCISCO GÓMEZ GARCÍA 101 adicionales, participación en beneficios, etc. Sin embargo, una persona con salario bajo puede ser pobre o no, en función de su situación familiar y otros ingresos que pueda obtener por otras vías alternativas (Gardinier, y Millar, 2006; García e Ibañez, 2007, Marx and Verbist, 2008; Nolan y Marx, 2000) Ponthieux (2010: 29) propone el índice de “pobreza en ingresos laborales” o “poverty in earned income”, que relaciona directamente la actividad individual en el mercado laboral y los ingresos derivados de ésta. El primer paso consiste en determinar los ingresos de la actividad laboral, a partir de la suma del salario bruto, o en su caso la renta de autónomo, y prestaciones por desempleo y enfermedad. Esta cantidad se compara con el umbral de la pobreza, que en el caso europeo es el 60% de la mediana de la renta disponible familiar equivalente, de forma que las personas que no lleguen a este nivel pueden ser considerados “pobres en ingresos laborales”. La comparación de los tres indicadores nos permite evidenciar que estamos evaluando aspectos diferentes, y por ello complementarios para analizar la relación entre la pobreza y la actividad laboral. En el caso de que un individuo tenga un salario bajo, sabemos que está por debajo de un determinado umbral dentro de la distribución salarial en el que éste desarrolla su actividad. Si tenemos información sobre los trabajadores pobres en ingresos de la actividad laboral, podemos identificar directamente a aquellos que podrían ser pobres si sólo contaran con sus propios ingresos derivados de su actividad laboral, y esto guarda una relación directa con sus características laborales y las del mercado en el que participa. Por último, el ratio de los trabajadores pobres determina la situación de pobreza real, pero mediatizada por las circunstancias personales y las políticas públicas. Tabla 3: Trabajador con salario bajo, trabajador pobre según su renta laboral y trabajador pobre Trabajador con Salario bajo Ingresos salariales brutos por hora de trabajador < 2/3 de la mediana del salario/hora de la población asalariada Trabajador pobre por ingresos de la actividad laboral Ingresos salariales brutos + prestaciones por desempleo y enfermedad anuales del trabajador< línea de pobreza del país Trabajador pobre Renta familiar disponible anual < línea de pobreza del país Fuente: Ponthieux (2010), Eurostat, elaboración propia Ponthieux (2010) realiza un estudio comparativo para la UE para el 2007 y sus resultados muestran como la pobreza tiene mayor incidencia si se evalúa con TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 102 los ingresos de la actividad laboral que si te toma por referencia a la familia, evidenciando de forma más clara la relación entre la actividad laboral y la insuficiencia de ingresos. 5. DIFERENTES APROXIMACIONES A LA POBREZA Sin duda alguna, la pobreza es un fenómeno complejo en el que influyen multitud de factores y que puede ser estudiado desde muy diversas perspectivas. La definición de la pobreza exige determinar si una persona concreta alcanza un nivel de bienestar de referencia en un lugar y un momento determinado. Por tanto, esta definición plantea varios interrogantes: qué entendemos por carencia de bienestar, cuál es el nivel que determina si estamos en una situación de pobreza o no, y el periodo temporal evaluativo (Bourguignon, 2006). En este epígrafe nos centramos en presentar las diferentes concepciones sobre el bienestar más empleadas en la evaluación de la pobreza, entendiendo que ésta se puede determinar si existe una carencia de: recursos monetarios, acceso a una serie de bienes o también privación multidimensional, el bienestar subjetivo, y por último, la carencia de capacidades. Es cierto que las estadísticas oficiales han empleado la carencia de recursos monetarios para el estudio de los trabajadores pobres. No obstante, creemos conveniente la presentación de otras alternativas de medición como vía para una mejor comprensión de la situación de la pobreza en el trabajo. Por otro lado, dependiendo de la referencia empleada para establecer los umbrales, se puede hablar de pobreza absoluta y relativa. En el caso de la pobreza absoluta se opta por un valor concreto que delimita la frontera entre una situación de pobreza o no, cuantificando el valor de los recursos necesarios para mantener un mínimo bienestar. El objetivo es medir el coste que supone la adquisición de una cesta de productos esenciales (bienes y servicios) que permita alcanzar los niveles mínimos de bienestar, habitualmente referidos a una serie de necesidades básicas. Una de estas líneas absolutas, ampliamente utilizada, es la que fija un dólar per cápita al día como el valor de los recursos mínimos que se necesitan para no considerar que una persona está sumida en la pobreza. Esta línea se puede utilizar en el contexto mundial, entendiendo por tanto que cualquier persona que viva con menos de un dólar al día es pobre. Por el contrario, en las medidas de la pobreza relativa, el umbral se fija como un determinado porcentaje de otra variable, de forma que si ésta se modifica, el umbral también. Las líneas de pobreza relativa clasifican a las personas de la sociedad objeto de estudio en dos grupos, las que se encuentran más desfavorecidas, a las que se denomina pobres, y el resto. M. ROSARIO GÓMEZ-ÁLVAREZ DÍAZ - FRANCISCO GÓMEZ GARCÍA 103 Si se produce en la sociedad un aumento homogéneo del nivel de ingresos, por ejemplo una subida del 5% de los ingresos para todos los hogares, la pobreza absoluta se reducirá pero la línea de pobreza relativa proporciona las mismas tasas de pobreza antes y después de este aumento. El umbral de pobreza será mayor, pero la proporción de personas pobres permanecerá invariable, por tanto la situación de la pobreza de un hogar o de un individuo depende de su posición relativa en la sociedad. En el cuadro 1 recogíamos las diferentes medidas de pobreza utilizadas en las diferentes definiciones de trabajador pobre. El umbral de la pobreza también se define de forma diferente por cada organismo. Los europeos emplean como referencia un porcentaje respecto al valor de la mediana de la renta equivalente en cada país. Sin embargo, el resto de propuestas se rigen por mediciones monetarias en función del coste monetario de una cesta básica. En el caso norteamericano la línea de pobreza se determina a partir del coste monetario de una cesta básica, según la propuesta de Orshanski (1963-1965), que se aplica actualmente en los Estados Unidos con algunos cambios y adaptaciones. A partir de unos estudios empíricos que esta autora realizó en los hábitos de consumo en U.S, concluyó que el gasto en alimentación de los hogares es una proporción constante del gasto total, en concreto un tercio de la renta antes de transferencias públicas. La línea de pobreza se fija multiplicando el valor de los productos alimentarios básicos por el inverso de la proporción que supone el gasto en alimentación sobre el gasto total. Así el umbral es igual al valor de la cesta básica de alimentos por tres, que se actualiza según la inflación 5 . En Canadá, la línea de la pobreza se determina por la incapacidad de una familia de gastar más allá de lo necesario en alimentos, ropa y vivienda (Statistics Canada, 2014; ESCD, 2016), y en Australia se adopta una línea absoluta de pobreza monetaria (Fleury y Fortin, 2006). Por último, es de interés conocer la caracterización de la pobreza: la incidencia y la distribución de la pobreza, la intensidad con la que esta se sufre entre los trabajadores y como está distribuida entre el colectivo. También cabe distinguir los estudios estáticos de los dinámicos. Éstos últimos incorporan una dimensión esencial como es el tiempo de permanencia en la pobreza. Surgen así la distinción entre la pobreza transversal (en un año fijado) y la pobreza de larga duración o pobreza persistente. 5 Consultar “Poverty: The History of the Official Poverty Measure” en http://www.census.gov/hhes/povmeas/publications/orshansky.html#C2 TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 104 5.1. Pobreza monetaria Tradicionalmente, en economía, se ha evaluado el bienestar mediante una referencia monetaria, considerando la pobreza como un estado de privación o falta de recursos monetarios para adquirir una cesta de bienes y servicios necesarios para vivir en unas condiciones mínimamente aceptables. El primer análisis sistemático de este fenómeno social procede de un estudio sobre las condiciones de vida de las familias de York realizado por Rowntree (1901) a principios del siglo XX. En él se define la “línea de pobreza”, como el nivel de ingresos mínimamente necesarios para el funcionamiento estrictamente físico, que incluiría, esencialmente, la adquisición de alimentos, el acceso a vivienda y vestido. En cuanto a la dimensión monetaria a emplear, existen dos alternativas, la renta o el gasto (Deaton, Ruiz-Castillo y Thomas, 1989; Gradín, Cantó, y del Rio, 2008). El ingreso anual, que en principio parece la mejor opción, refleja la capacidad económica del hogar pero sólo proporciona una imagen parcial. Los hogares además de los ingresos disponen de bienes y activos, que también forman parte de la riqueza total del hogar e influyen en el nivel de vida que los hogares pueden sostener. Además, los ingresos pueden variar mucho de un año a otro sin que esto suponga cambio alguno en las condiciones de vida, este podría ser el caso de un hogar que tenga ahorros, acceso a crédito, o que espere que sus ingresos futuros vuelvan a ser de la misma cuantía que antes. Por otro lado, la variable gasto es más estable, ya que los hogares no modifican sus hábitos de consumo al producirse disminuciones puntuales de los ingresos, es decir el gasto depende más del concepto de renta permanente (ingresos esperados futuros o renta que permitiría que las familias vivieran en las mismas condiciones sin modificar su riqueza), que de los ingresos actuales. La pobreza a su vez está íntimamente relacionada con la llamada renta permanente y por tanto el gasto sería una buena variable para medirla. La elección del gasto como variable monetaria también presenta desventajas. Se sabe que las pautas de consumo de los hogares dependen en gran medida del entorno en el que se viva y de las costumbres adquiridas a lo largo del tiempo y en muchos casos no tienen una relación directa con los recursos del hogar (Berthoud y Bryan, 2011). No obstante, es preciso tener en cuenta que ambas variables, ingreso y gasto, están sujetas a errores de medida. Se ha comprobado que, con bastante frecuencia, las cifras de ingresos que se recogen en las encuestas infravaloran los ingresos reales, es el caso del trabajo por cuenta propia o las rentas del capital, mientras que otro tipo de ingresos, rentas del trabajo por cuenta ajena, se recogen con M. ROSARIO GÓMEZ-ÁLVAREZ DÍAZ - FRANCISCO GÓMEZ GARCÍA 105 mayor exactitud. Esto produce sesgos en la información final utilizada para realizar análisis de pobreza. En el ámbito de las estadísticas oficiales de los trabajadores pobres que recogíamos en la tabla 1, la medida empleada es la renta monetaria. Si bien, en el contexto europeo se ha empleado un umbral relativo de pobreza, frente al contexto de lengua anglosajona que se ha optado por establecer medidas absolutas. 5.2. Carencia multidimensional Existe otro concepto denominado pobreza multidimensional que está estrechamente vinculado con la exclusión social y está relacionado con la privación o falta de acceso a ciertos bienes y servicios, considerados necesarios por la sociedad, pudiendo ser de primera necesidad o no. El estudio de la privación multidimensional se remonta a los años 80, cuando se realizaron los primeros intentos de analizar la pobreza y la exclusión social por medio de indicadores no monetarios (Townsend, 1979; Mack y Lansley, 1985; Callan, Nolan y Whelan, 1993; Alkire y Foster, 2007). Su medición se realiza mediante variables no monetarias e indicadores de privación, utilizándose agregaciones de estos indicadores para construir medidas de pobreza, de forma que se puede estar en una situación de falta de recursos monetarios, pero no por ello se puede sufrir otras carencias y viceversa. De hecho, la pobreza monetaria muestra sólo una parte del fenómeno y presupone que hogares que tienen los mismos ingresos gozan de niveles de vida similares. Además, aunque el ingreso es un buen indicador del nivel de vida, no consigue reflejar todas las posibles situaciones y en ocasiones su medición resulta complicada y poco ajustada, por ejemplo en el caso de los trabajadores autónomos, aspecto ya comentado. Por otra parte, los individuos poseen otro tipo de recursos, no reflejados en las mediciones de pobreza monetaria, que pueden utilizar para no caer en la pobreza y llevar un nivel de vida aceptable. Este sería el caso de las personas que disponen de ahorros, patrimonio, etc. También existen otra serie de recursos que pueden influir en la situación de un hogar y que no están directa y únicamente relacionados con su riqueza material actual, por ejemplo la educación, el apoyo de familiares o amigos, el acceso al crédito, etc. Además de estas consideraciones teóricas se han realizado estudios que analizan la relación entre la privación material y la pobreza monetaria. En ellos se clasifica a la población en dos grupos, los pobres y los no pobres, utilizando por un lado medidas de pobreza monetaria y por otro, medidas de privación multidimensional. Pues bien, estos estudios no encuentran una relación directa entre ambos grupos, ni para el caso de España (Ayala, Jurado y Pérez-Mayo, TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 112 Tabla 4: Factores determinantes de la pobreza en el trabajo Fuente: Spannagel (2013) y elaboración propia Es evidente que la acumulación de los factores incrementa la probabilidad de ser un trabajador pobre. Un trabajador con bajo salario (relativo), baja participación laboral (subempleo) y que vive en un hogar con una alta ratio niños/adultos, está abocado a la pobreza en el trabajo. En esta situación se hacen imprescindibles, aparte de unas adecuadas políticas laborales, las políticas fiscales y sociales (apoyo a la familia dentro de una concepción amplia del Estado del Bienestar). Las investigaciones muestran (Marx y Verbist, 1999; Gardiner y Millar, 2006) que el nivel de renta de una familia depende fundamentalmente de la posición de cada uno de los miembros del hogar en el mercado de trabajo y no de la posición del cabeza de familia como ocurría hace décadas. Por el contrario, los hogares en los que existe un único perceptor de renta tienen mayor riesgo de pobreza, que se incrementa si hay niños u otras personas dependientes. Crettaz y Bonoli (2010) comparan empíricamente los mecanismos generadores de pobreza laboral para Suecia, Alemania, EE. UU. y España. Precisamente llegan a la conclusión que el problema de la pobreza laboral es menos grave en Suecia y Alemania, entre otras razones porque hay unas políticas sociales-familiares más generosas. A esta caracterización, desde nuestra perspectiva se podría añadir un tercer nivel, recogido en la tabla, que sería el social, entendiendo a éste como el conjunto de instituciones, valores y normas que afectan a las conductas en los tres ámbitos. En el mercado laboral, como otros espacios sociales, se produce diferentes tipos de discriminación: racial o, entre otras, por la edad. Asimismo, la capacidad de Nivel Factor Empleo Familia Políticas Públicas Individuo Salarios Bajos Empleo atípico Baja cualificación Insuficiencia de beneficios vinculados al trabajo Hogar Baja intensidad de empleo Único perceptor Elevado número de personas dependientes Escasez de beneficios y transferencias Social Discriminación laboral Percepción de la familia como unidad de “cuidados” y responsabilidades individuales Marco regulatorio M. ROSARIO GÓMEZ-ÁLVAREZ DÍAZ - FRANCISCO GÓMEZ GARCÍA 113 negociación de los sindicatos es un elemento importante en la negociación salarial y las condiciones laborales en general. Desde la concepción social de la familia, las prioridades entre los cuidados familiares y el desempeño laboral, el papel de la mujer, etc también afecta a la relación entre la organización familiar y laboral. Por último, el sector público, puede afectar a los otros dos ámbitos empleo-familia, no sólo con medidas monetarias, si no regulatorias de diferente índole, desde el salario mínimo, hasta la conciliación de la vida laboral y familiar. Sin duda, las políticas públicas tienen un papel fundamental en la lucha contra la pobreza laboral, y siguiendo a Marx y Nolan (2013), pueden diferenciarse medidas en dos dimensiones: En primer lugar, si la política en cuestión pretende tener un impacto directo en la renta (salario mínimo, complementos salariales y, entre otras, deducciones fiscales) o indirecto (incrementar la formación o estimular la intensidad laboral con medidas de conciliación laboral). En segundo lugar, otra dimensión es si el instrumento de política es incremental (amplía disposiciones existentes; por ejemplo, reforma de las políticas laborales activas) o si la herramienta de política pública es nueva (como el impuesto negativo sobre la renta). Tabla 5: La caja de herramientas de políticas públicas para reducir la pobreza de los trabajadores Opciones Incrementales Opciones Nuevas Subir el salario mínimo Deducciones fiscales para grupos específicos Ayudas por hijos a cargo (para grupos específicos) Impuestos negativos sobre la renta Prestaciones sociales vinculadas al empleo Mejora de la cualificación Políticas de demanda (empleo subsidiado, subvenciones de los costes) Políticas laborales activas Facilitación de la incorporación al mercado laboral Políticas innovadoras centradas en la oferta (capacitación) Políticas innovadoras orientadas a la demanda (ej. cheques de servicios) Fuente: Marx y Nolan (2013) 7. CONCLUSIONES La existencia de personas trabajadoras en situación de pobreza representa un claro fracaso de la sociedad a la hora de diseñar mecanismos para que las personas puedan tener una vida decente, mediante su participación en el mercado laboral. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 114 El diseño de soluciones exige, como primer requisito conocer el alcance del problema y de ahí la necesidad de una métrica de los trabajadores pobres. La propuesta de la Unión Europea marca una clara diferencia entre las personas pobres en edad de trabajar al diferenciar entre aquellas que tienen una mayor vinculación con el mercado laboral, al exigir una actividad de al menos siete meses en el año, de aquellas otras personas, que aún trabajando, no llegan a ese umbral y que Cantillon y Vanderbrouecke (2014) denominan “pobres en trabajo”. Esta categorización permite identificar colectivos con diferentes problemáticas, y por tanto con diferentes perspectivas a la hora de repensar la actividad laboral como medio para no vivir situaciones de pobreza. No obstante, incluso bajo la etiqueta de los “trabajadores pobres” existen también diferentes realidades con diferentes necesidades –Crettaz (2013: 22)–. Por ese motivo, este autor propone como forma de trabajar diferenciar tres grupos una vez identificados los trabajadores pobres: personas con baja intensidad laboral, bajos salarios y pobreza debido al tamaño de la familia. Esta aproximación nos parece muy adecuada en la medida en la que permite una mejor compresión de la situación de cada uno de estos colectivos y un diseño más apropiado de las medidas. En el caso de que un individuo tenga un salario bajo, sabemos que existe un problema relacionado con el salario mínimo, la cualificación, la productividad y la capacidad de negociación de los trabajadores. Si el problema es la falta de horas de trabajo, se debe investigar si existe insuficiencia de demanda en el sector, y por tanto es un problema sectorial. Por último, si la situación de pobreza está derivada de las cargas familiares, en ese caso el enfoque se debe centrar en las ayudas a las familias y la conciliación laboral y personal. El aspecto que puede crear más dificultad a la hora de evaluar el alcance de la pobreza en el trabajo es la unidad que se debe tomar por referencia. La unidad individual, y los ingresos que obtiene del mercado laboral permiten identificar las posibilidades reales de esa persona para poder tener una vida digna, independientemente de otras circunstancias. Ahora bien, la existencia de rentas adicionales de otras fuentes, como puede ser rentas del capital y las rentas del resto de familiares pueden incidir en la decisión de aceptar un tipo de trabajo u otro, que por sí sólo considerado puede ser insuficiente para evitar la pobreza. Por otra parte, la toma de referencia de la familia puede encubrir situaciones de pobreza, como puede ser el caso de los jóvenes o parejas que se mantienen como unidad familiar sólo por las circunstancias económicas. En ese caso, sería necesario identificar si esa parte de la población desearía trabajar más, y Eurostat ofrece esa información estadística. En definitiva, en la compresión de un fenómeno tan complejo exige indicadores adicionales al ratio propuesto por la UE que visibilice los diferentes M. ROSARIO GÓMEZ-ÁLVAREZ DÍAZ - FRANCISCO GÓMEZ GARCÍA 115 colectivos que existen dentro de este grupo, para poder así comprender mejor su situación y circunstancias y poder aplicar medidas que eliminen la pobreza en el trabajo. En este sentido, se hace necesario ampliar el cuadro de indicadores oficiales. La UE debería ofrecer, al igual que hace con la información sobre la pobreza, datos sobre la intensidad y la duración de la pobreza en el trabajo. A ello se debería unir la propuesta de Crettaz de ofrecer datos sobre tres colectivos diferentes dentro de los trabajadores pobres: aquellos con baja intensidad laboral involuntaria, bajos salarios y con responsabilidades familiares. Por otro lado la pobreza, como hemos podido comprobar a lo largo de este capítulo, es un concepto multidimensional, de forma que la pobreza monetaria no corresponde a situaciones de carencias materiales, y en la medida en la que son perfiles poblacionales diferentes dentro de los trabajadores, su estudio requiere la construcción de un indicador específico. 8. REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS ALKIRE, S. Y FOSTER, J. (2007) Counting and multidimensional poverty. Counting and multidimensional poverty measures. OPHI working paper Series: 7. ANDRESS, H.-J. Y Lohmann, H. (2008): The Working Poor in Europe: Employment, Poverty and Globalisation, Cheltenham, UK and Northampton, MA: Edward Elgar Publishing. ASPLUND, R.Y PERSSON, I. (2000): Low Pay - A Special Affliction of Women, en Gregory, M. et al. (Ed.): Labour Market Inequalities: Problems and Policies of Low- Wage. Employment in International Perspective. Oxford: Oxford University Press. ATKINSON, A.B. (1987): “On the measurement of poverty”. 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En los estudios de economía la pobreza hace referencia a una situación de necesidad, de no alcanzar un determinado estándar de vida o de no disponer de suficientes recursos (Feres y Mancero, 2001). Cuando hablamos de pobreza de la población en las economías avanzadas nos estamos refiriendo, por lo general, a una realidad distinta al concepto de pobre en el sentido de no disponer de lo suficiente para la subsistencia, es decir, no poder ni siquiera proporcionarse una alimentación con un mínimo de calorías, una vivienda, el acceso a servicios básicos de salud o educativos. La pobreza en las economías avanzadas es un concepto relativo, en el sentido de no tener lo suficiente para vivir en consonancia con el estándar de vida de una determinada sociedad. Como los niveles de vida varían de un país a otro, en las sociedades avanzadas de la Unión Europea, dependiendo del nivel de riqueza, habrá individuos que con el nivel de ingresos de su hogar en el país de residencia se clasifican como pobre y no lo serían en otro estado miembro y viceversa. 1 Proyecto de investigación I+D+i DER2015-63701-C3-1-R “Instrumentos normativos para la mejora de las transiciones de los working poor y su inclusión social”, financiado por la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación dependiente del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) de la Unión Europea. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 128 Gráfico 3: Número de cotizantes a la Seguridad Social (total sistema a 31 de diciembre*) *el dato de 2016 es a 31 de Octubre Fuente INE. Elaboración propia Pero si un dato es destacable, es el del aumento del número de parados (sobre todo juveniles). La cifra de parados comienza a crecer en 2007, en ese año estaba por debajo de 1.850.000 parados y no ha cesado de incrementarse esta cifra hasta 2013, año en el que se sitúa por encima de los 6.050.000 parados. Si la tasa de paro general ha aumentado entre 2006 y 2013 en 17,64 puntos, para los más jóvenes (de 16 a 18 años) este aumento ha sido de casi 45 puntos, llegando la tasa de paro en 2013 al 73,98 % para este colectivo. Todos los grupos de jóvenes mantienen a lo largo del periodo una tasa de paro por encima de la general siendo “los menos” afectados los de mayor edad. 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 *OCT-16 TOTAL SISTEMA 18.156.182 18.770.259 19.195.755 18.305.613 17.640.018 17.478.095 17.111.792 16.332.488 16.258.042 16.651.884 17.180.590 17.666.175 15.000.000 15.500.000 16.000.000 16.500.000 17.000.000 17.500.000 18.000.000 18.500.000 19.000.000 19.500.000 DOLORES GÓMEZ DOMÍNGUEZ - MARÍA TERESA ARÉVALO QUIJADA 129 Gráfico 4: Evolución de la tasa de paro. Fuente INE. Elaboración propia Al mismo tiempo se ha producido un crecimiento significativo del desempleo de larga duración (gráfica 5), lo que supone que una parte significativa de la población de parados haya agotado las prestaciones por desempleo. Para el conjunto de la población en edad de trabajar (15 a 64 años), el porcentaje de los que llevan parados 12 meses o más se eleva en casi 35 puntos entre 2008 y 2014. De esta cifra destaca el crecimiento del desempleo de muy larga duración, es decir, el porcentaje de parados en situación de paro continuado 24 meses o más. Con datos del cuarto trimestre, el porcentaje de parados de muy larga duración se había multiplicado entre el cuarto trimestre de 2008 y el del 2014 por más de seis en los parados de edades entre 15 y 24 años, alcanzando en 2014 el 19,2%; en el intervalo de 25 a 49 años se había multiplicado por más de cinco, situándose en 2014 en el 33%, en el grupo de mayor edad, de 50 a 64 años, el porcentaje de parados de muy larga duración era en el último trimestre de 2014 superior al 50% (tabla A3 del anexo). 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 Total 8,45 8,23 11,25 17,86 19,86 21,39 24,79 26,09 24,44 22,06 De 16 a 19 años 29,11 28,72 39,38 55,23 61,26 64,02 72,55 73,98 68,56 67,27 De 20 a 24 años 14,74 14,97 20,16 33,26 36,87 42,33 48,85 51,78 50,32 44,59 De 25 a 29 años 10,07 8,96 13,33 21,69 24,69 26,31 31,49 33,27 30,33 28,51 0,00 10,00 20,00 30,00 40,00 50,00 60,00 70,00 80,00 TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 130 Gráfico 5: Evolución del desempleo de larga duración Fuente: Labour Force Survey (Eurostat) y elaboración propia. La evolución de la cifra de paro y el hecho de que su larga duración conduzca al agotamiento de la prestación por desempleo tiene su reflejo en el incremento del número de hogares que no perciben ningún ingreso. En el gráfico 6 se muestra como el número de hogares en el que ninguno de sus miembros percibe ingreso (salarios, pensiones o prestaciones por desempleo) se incrementa en más del 95%. En 2015, teniendo en cuenta la media de los trimestres, en más de 740.000 hogares, ninguno de sus miembros percibía ingresos. Gráfico 6: Número de hogares sin ingresos (miles)* * El dato anual que se recoge es la media de los datos trimestrales. Fuente: Encuesta de Población Activa (INE) y elaboración propia. 0.0 10.0 20.0 30.0 40.0 50.0 60.0 70.0 80.0 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 15-64 años 15-24 años 25-49 años 50-64 años DOLORES GÓMEZ DOMÍNGUEZ - MARÍA TERESA ARÉVALO QUIJADA 131 Otro indicador de gran interés es la ganancia media anual por trabajador. En el gráfico 7 puede observarse como entre 2006 y 2008 había un crecimiento de los salarios medios en torno al 13% en el salario medio total y el salario medio a tiempo completo. Algo menor, en torno al 8% en el caso de jornada a tiempo parcial. Sin embrago, a partir de ese año, y hasta 2015 el crecimiento en el salario medio total ha sido algo superior al 4%, por encima del 7% en el caso de la jornada a tiempo completo, pero ha disminuido el 3% en el caso de la jornada a tiempo parcial. Gráfico 7: Evolución de los salarios medios. Notas: *Los salarios medios son la media de los salarios brutos mensuales. Fuente: Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Elaboración propia Si atendemos a la renta media por persona, como muestra el gráfico 8, ésta ha ido disminuyendo desde el año 2008 en adelante, pasando de 11.318 € en 2008 a 10.419 € en 2014. Esta disminución ha supuesto una pérdida del 8% durante el periodo. En el caso de los ingresos medios de los hogares 7 , éstos han pasado de 30.045 € en 2008 a 26.092 € en 2014. Esto supone una disminución del 14% en 6 años. Puede observarse que en el último año, el ingreso medio por hogar disminuye y la renta media por persona aumenta, esto puede explicarse por la reducción en el tamaño medio del hogar. 7 Renta anual neta media por hogar (año anterior al de la entrevista). 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 Total 1.572,59 1.643,46 1.774,34 1.815,18 1.838,82 1.841,75 1.850,26 1.869,11 1.881,32 1.893,70 Jornada a tiempo completo 1.703,93 1.779,06 1.929,61 1.995,36 2.022,19 2.046,75 2.076,25 2.121,27 2.132,20 2.142,03 Jornada a tiempo parcial 632,93 660,15 688,97 706,91 698,62 697,16 664,93 696,97 698,22 697,24 500,00 700,00 900,00 1.100,00 1.300,00 1.500,00 1.700,00 1.900,00 2.100,00 2.300,00 TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 132 Gráfico 8: Renta media por persona y hogar Fuente INE. Elaboración propia Todo lo anterior apunta a un empeoramiento de las condiciones económicas de los individuos y de los hogares en los que estos conviven. Además, como indica Ayala (2016), el efecto de la crisis ha afectado fundamentalmente a las rentas más bajas, lo que ha conducido a un incremento de la desigualdad en España, un país que, diversos estudios revelan, se caracteriza por una mayor desigualdad en la distribución de la renta que otras economías desarrolladas. En los años de crisis han desaparecido buena parte de las ganancias que en la mejora de la distribución de la renta se habían conseguido en los periodos de bonanza. En un informe de la OCDE (2015), de un conjunto de 31 países, España aparece como el cuarto país en el que se ha producido una mayor caída de la renta media y el que mayor diferencia presenta entre las rentas de la parte baja y la parte superior de la distribución. Ayala (2016) muestra el aumento de la desigualdad entre 2007 y 2014 (tabla 1). 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 Renta media por persona 10.737 11.318 11.284 10.858 10.795 10.531 10.391 10.419 Renta media por hogar 28.787 30.045 29.634 28.206 27.747 26.775 26.154 26.092 0 5.000 10.000 15.000 20.000 25.000 30.000 35.000 DOLORES GÓMEZ DOMÍNGUEZ - MARÍA TERESA ARÉVALO QUIJADA 133 Tabla 1: Distribución por decilas de la renta disponible de los hogares e indicadores de desigualdad 2007 2014 Decila8 % % Primera 3,6 2,9 Segunda 5,3 4,8 Tercera 6,0 6,3 Cuarta 7,7 7,1 Quinta 8,1 8,1 Sexta 9,9 10,2 Séptima 10,3 10,7 Octava 12,1 12,6 Novena 15,2 15,3 Décima 22,0 22,1 P90/P109 3,95 4,39 P90/P50 1,87 1,97 P50/P10 2,11 2,23 Índice de Gini 0,303 0,315 Fuente: Elaborado a partir de Ayala (2016, p.28) En la tabla puede observarse como han disminuido los porcentajes de renta que acumulan los tramos de menor renta y se ha producido un aumento en los tramos a partir del sexto. Cuando en la medición de la pobreza se utilizan líneas de pobreza relativa a las que nos hemos referido en la introducción, al porcentaje de la población por debajo de la línea se le denomina tasa de riesgo de pobreza y se trata de una medida de desigualdad. Los cambios en el desarrollo económico de la sociedad afectan a este tipo de indicadores. Por ejemplo, si se produce un aumento homogéneo del nivel de renta en todos los hogares, las líneas de pobreza relativas proporcionan las mismas tasas de pobreza antes y después de este aumento. El umbral de pobreza será mayor, pero la proporción de personas pobres permanecerá invariable. Pero si el aumento o disminución de la renta no es homogéneo, las tasas de pobreza variarán. La línea de pobreza depende de la distribución de los ingresos y su valor va cambiando. En los gráficos 9 y 10 puede verse la evolución del umbral 10 de riesgo 8 Decila: 10% de la población ordenada de mayor a menor renta. 9 P90, P50 y P10 representan respectivamente los niveles de renta correspondientes a los percentiles 90, 50 y 10. 10 La definición de renta del hogar incluye el alquiler imputado. El alquiler imputado se aplica a los hogares que no pagan un alquiler completo por ser propietarios o por ocupar una vivienda alquilada a un precio inferior al de mercado o a título gratuito. El valor que se imputa es el TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 134 de pobreza 11 desde 2008 hasta 2015 tanto en el caso de hogares de una persona como en hogares de 2 adultos y dos niños. Gráfico 9: Umbral de riesgo de pobreza: Ingresos anuales de hogares de 2 adultos y 2 niños (€) Fuente INE. Elaboración propia Gráfico 10: Umbral de riesgo de pobreza Ingresos anuales de hogar de una persona (€) Fuente INE. Elaboración propia equivalente al alquiler que se pagaría en el mercado por una vivienda similar a la ocupada, menos cualquier alquiler realmente abonado. Asimismo se deducen de los ingresos totales del hogar los intereses de los préstamos solicitados para la compra de la vivienda principal. 11 Hay que tener en cuenta que, en la encuesta de Condiciones de Vida, los ingresos que se utilizan en el cálculo de variables como rentas y tasa de riesgo de pobreza corresponden siempre al año anterior, es decir, los valores que aparecen para 2015, por ejemplo, corresponden a los ingresos de 2014. 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 Umbral 17.596,8 18.641,3 18.402,5 17.551,1 17.473,4 17.039,7 16.718,6 16.823,0 Umbral (con alquiler imputado) 20.292,0 21.229,6 21.296,9 20.402,3 20.197,3 19.684,4 19.511,9 19.603,6 0,0 5.000,0 10.000,0 15.000,0 20.000,0 25.000,0 Ingresos anuales de hogares de 2 adultos y 2 niños (€) 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 Umbral 8.379,4 8.876,8 8.763,1 8.357,7 8.320,7 8.114,2 7.961,3 8.010,9 Umbral (con alquiler imputado) 9.662,9 10.109,3 10.141,4 9.715,4 9.617,8 9.373,5 9.291,4 9.335,1 0,0 2.000,0 4.000,0 6.000,0 8.000,0 10.000,0 12.000,0 Ingresos anuales de hogar de una persona (€) DOLORES GÓMEZ DOMÍNGUEZ - MARÍA TERESA ARÉVALO QUIJADA 135 En ambos casos puede verse que el valor más elevado del umbral se registró en 2009. A partir de ese año el umbral ha ido bajando hasta situarse en 2014 en su punto más bajo y parece que empieza a crecer a partir de ahí. Esto nos lleva a una característica de la pobreza relativa. Un hogar puede tener unos ingresos estables a lo largo del periodo y entrar y salir de la pobreza según dicho umbral vaya fluctuando. 2.2. Características de la población en riesgo de pobreza Como ya se ha comentado, la tasa de riesgo de pobreza mide cuantas personas tienen ingresos bajos en relación al conjunto de la población. Aunque entre 2009 y 2015 el umbral de riesgo de pobreza haya disminuido (gráficas 9 y 10), por ejemplo, un 9,7% en el caso de hogares de una sola persona, el porcentaje de población total en riesgo de pobreza ha aumentado 1,7 puntos porcentuales, como aparece reflejado en la tabla 2. Además, los datos contenidos en la tabla 2, reflejan una disminución del porcentaje de la población de 65 o más años en riesgo de pobreza, que se ha reducido a la mitad entre 2009 y 2015 (quizás porque al haber bajado el umbral de riesgo de pobreza, éste se acerca más a las pensiones de menor cuantía, y sus perceptores en el límite de la línea ha cambiado de situación cuando la referencia es el ingreso), se mantiene la tasa para la población menor de 18 años en torno al 29% –aunque en los años centrales de la crisis se había reducido– y es en el grupo con edades comprendidas entre los 18 y 64 años donde el crecimiento de la tasa de riesgo de pobreza ha sido mayor, pasando del 16, 5% en 2008 al 22,8 en 2015. Si se consideran los ingresos con alquiler imputado (tabla A4 de anexo) se obtiene una evolución similar. Tabla 2. Población en riesgo de pobreza. Realización encuesta Ingresos del año Población en riesgo de pobreza (%). Ambos sexos Total De 65 y más años Menos de 18 años De 18 a 64 años 2008 2007 19,8 25,5 27,3 16,5 2009 2008 20,4 23,8 29,0 17,2 2010 2009 20,7 21,8 29,3 18,1 2011 2010 20,6 19,8 27,5 19,0 2012 2011 20,8 14,8 27,9 20,4 2013 2012 20,4 12,7 27,5 20,4 2014 2013 22,2 11,4 30,5 22,9 2015 2014 22,1 12,3 29,6 22,8 Fuente INE (ECV). Elaboración propia TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 136 Puede concluirse, según reflejan las tasas, un incremento de la pobreza monetaria que se ha concentrado fundamentalmente en el grupo con edades comprendidas entre 18 y 64 años. Además, y como se refleja en el gráfico 11, ha aumentado la intensidad de la pobreza 12 , es decir la distancia de ingresos de la población en riesgo de pobreza al umbral. La intensidad se incrementa entre 2007 y 2012 en casi 8 puntos, mientras que para la media de la Unión Europea el incremento ha sido inferior a 1,5 puntos. Por otro lado, si se ancla el umbral de pobreza en el valor del año 2008 para calcular la tasa de riesgo de pobreza de la población, considerando sólo la modificación en el umbral debida al aumento del índice general de precios (tabla 3) puede apreciarse que el aumento de la pobreza monetaria de la población sería mucho más acusado. Para el conjunto de la población española el incremento que se ha producido sería de casi 10 puntos mientras que para la media de la UE sólo se habría incrementado en 2 puntos. La reducción de la tasa de riesgo de pobreza monetaria de la población a partir de 65 años es mucho más moderada y en los otros dos grupos de población se produce un incremento de más de 10 puntos para los menores de 18 años y de 13 puntos en el intervalo de 18 a 64 años. Gráfico 11: Evolución de la intensidad de la pobreza en España y UE (2007-2015) Fuente: EU-SILC (Eurostat) y elaboración propia. 12 Diferencia entre el umbral de pobreza y la mediana de los ingresos netos equivalentes de la población pobre como porcentaje del umbral de pobreza. DOLORES GÓMEZ DOMÍNGUEZ - MARÍA TERESA ARÉVALO QUIJADA 137 Tabla 3: Población en riesgo de pobreza con el umbral anclado en 2008. Zona Edad 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 UE27 Total 16,5 16,2 16,3 17,4 18,0 19,0 19,4 18,5 menos de 18 años 20,3 20,2 20,9 21,4 21,9 23,0 23,5 22,3 18 a 64 años 14,7 14,6 15,0 16,3 17,4 18,5 18,9 18,2 65 años y más 18,9 17,8 15,8 16,9 16,1 16,6 16,7 15,8 España Total 19,8 19,7 20,6 23,7 25,9 28,1 30,9 29,9 menos de 18 años 27,3 28,2 29,2 31,3 33,1 35,8 39,3 37,6 18 a 64 años 16,5 16,5 18,0 21,5 24,7 27,3 30,5 29,5 65 años y más 25,5 23,2 21,4 23,9 22,8 23,0 23,6 23,5 Fuente: EU-SILC (Eurostat) y elaboración propia. La pobreza monetaria, como ya se ha indicado es una medida relativa con respecto a un estándar de ingreso para mantener un nivel de vida, por lo que la consideración de medidas multidimensionales mejora el análisis de la vulnerabilidad de la población con relación a la pobreza. En este trabajo utilizamos la carencia material severa y el indicador AROPE 13 . En la Tabla 4 puede observarse cómo es a los más jóvenes a los que más ha afectado la crisis. Por una parte, en los menores de 16 años, ha aumentado la tasa de pobreza o exclusión social pasando del 31,9% en 2009 al 33,4% en 2015. El riesgo de pobreza se ha mantenido a lo largo de esos años pero la carencia material severa ha pasado del 4,5 al 6,4%. El grupo de edades comprendidas entre 16 y 29, es en el que los indicadores han aumentado más en el intervalo temporal considerado. Así, en el año 2009, el 23,6 % de estos jóvenes se encontraban en riesgo de pobreza o exclusión social, sin embrago, en 2015 esta cifra ha aumentado hasta el 38,2%, (14,6 puntos más). Los datos parecen mostrar que este aumento se debe, en mayor medida, al aumento en el riesgo de pobreza monetaria, que ha pasado del 18,3 al 29,2 (una realidad que no nos puede sorprender cuando sabemos que el paro juvenil ronda el 67,27% para los de 16 a 19 años y el 44,59% para los de 20 a 24 años). Para este grupo de edad, la carencia material severa también ha aumentado 2,8 puntos en este periodo. Por otro lado, los mayores de 64 años, en estos años, han visto su tasa de riesgo de pobreza o exclusión social reducida un 11,2%. De hecho, actualmente 13 Según la “Estrategia europea 2020”, las personas que están en riesgo de pobreza y/o exclusión social se clasificarían por el indicador AROPE. Por tanto, una persona entraría en riesgo de exclusión social cuando: Vive con bajos ingresos (60% de la mediana del ingreso equivalente o por unidad de consumo); Sufre privación material severa (4 de los 9 items); Vive en hogares con una intensidad de empleo muy bajo (por debajo del 20%). En caso de estar incluida en dos o tres condiciones, la persona se contabilizan solo una vez. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 144 la pobreza relativa utilizando los ingresos del individuo o los del hogar. Concluyen, con la aproximación del ingreso del individuo, una menor tasa de riesgo de pobreza en los trabajadores de sexo masculino que la que se obtiene con la definición de Eurostat y un importante aumento entre las trabajadoras, que se duplica en el caso de España y puede incluso llegar a triplicarse en el caso de Austria. Si se toma el ingreso individual y además se considera a toda la población en edad de trabajar, de 15 a 64, excluyendo a los retirados o estudiantes en ese tramo de edad, las tasas de pobreza laboral aumentan significativamente sobre todo en el caso de España, en el que la tasa de pobreza laboral femenina se situaría por encima del 44% frente a una tasa masculina algo por encima del 13%. Con respecto a este último resultado, las autoras concluyen que puede deberse a la existencia en España de un sesgo de género en las prestaciones por desempleo y enfermedad. En los análisis empíricos sobre riesgo de pobreza de los trabajadores para los países de la UE, entre los que se encuentra España, sobresalen las características sociodemográficas del trabajador y las características del hogar como los factores más significativos en la explicación del riesgo de pobreza. También las características del empleo, tiempo parcial frente a tiempo completo o trabajo temporal frente a permanente, resultan explicativas de las diferencias en el riesgo de pobreza de los trabajadores, aunque cuando este último grupo se considera conjuntamente con el primero, esas diferencias pierden peso. Un aspecto también importante en el riesgo de pobreza de los trabajadores es la existencia y volumen del nivel de transferencias de ingresos, por parte del Estado, a los hogares con trabajadores pobres que, como se expone en Rodríguez Cabrero (2010), es casi inexistente en el caso de España. Teniendo en cuenta estas características y a partir de los datos de Eurostat de ingresos y condiciones de vida, se analiza la evolución de la tasa de pobreza de los trabajadores en España en el periodo reciente. Aunque la tasa de pobreza de los trabajadores es menor que la del conjunto de la población hay un hecho relevante que merece ser destacado y es el aumento de dicha tasa en los últimos periodos en los que se empieza a hablar de recuperación económica. Así en el gráfico 12 se muestra la evolución de la tasa de pobreza de la población ocupada mayor de 18 años tanto en España como en la UE. DOLORES GÓMEZ DOMÍNGUEZ - MARÍA TERESA ARÉVALO QUIJADA 145 Gráfico 12: Evolución de la tasa de pobreza de la población ocupada (mayores de 18 años) Fuente: EU-SILC (Eurostat) y elaboración propia. La tasa de pobreza laboral monetaria es mayor en España que para la media de la Unión Europea (UE), además el incremento de la tasa que se produce en los dos últimos periodos es también más acusado en el caso de España, utilizando como referencia el dato de 2013, la tasa ha aumentado en la UE medio punto y en España el incremento ha sido de 2,6 puntos. Este incremento es superior al que se ha producido en la tasa de pobreza monetaria del conjunto de la población en estos dos últimos años que ha sido de 1,7 puntos y similar al experimentado en la población de 18 a 64 años en términos porcentuales, pero relativamente mayor. Existen diferencias en cuanto al valor de la tasa según el estatus del trabajador, trabajador por cuenta ajena (asalariado) o trabajador por cuenta propia (no asalariado) y en cada uno de estos dos grupos según se analice la pobreza monetaria o la carencia material severa (tabla 6). Tabla 6: Pobreza monetaria y carencia material según estatus del trabajador (mayores de 18 años) Tasa de pobreza monetaria Carencia material severa Tasa Tasa 2009 2013 2015 Dif. 2013- 2015 2009 2013 2015 Dif. 2013- 2015 UE Asalariados 6,4 6,9 7,3 0,4 5,2 5,7 4,5 -1,2 No asalariados 20,8 21,5 22,6 1,1 7,2 8,0 6,3 -1,7 España Asalariados 9,4 8,2 10,4 2,2 3,3 3,7 4,1 0,4 No asalariados 24,2 21,7 26,2 4,5 2,6 2,1 2,1 0,0 Fuente: EU-SILC (Eurostat) y elaboración propia. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 146 Cuando para medir la pobreza utilizamos la imposibilidad de acceso a determinados consumos, gastos o servicios 21 las tasas disminuyen sensiblemente tanto en España como en la UE. Las tasas de pobreza monetaria de los no asalariados (fundamentalmente autónomos y empresarios) son muy superiores a la de los trabajadores asalariados llegando incluso a triplicarse en el caso de la UE, y son superiores para ambos grupos en el caso de España. Sin embargo, con relación a la carencia material severa, las tasas son superiores para los trabajadores de la UE en su conjunto y son superiores en este ámbito geográfico para los trabajadores por cuenta propia, aunque la tasa se ha reducido desde 2013. En el caso de España, la tasa de carencia material de los trabajadores por cuenta propia es inferior a la de los asalariados y se ha reducido desde su valor máximo, que fue en el año 2012 del 3,2%, en más de un punto. Sin embargo, la tasa de carencia material severa ha aumentado en 1,4 puntos para el trabajador asalariado, desde su valor mínimo de 2,7 registrado en 2011. En general, la mayoría de los estudios coinciden en señalar la escasa fiabilidad en los datos de ingresos en el caso de los no asalariados, lo que explicaría que exhiban mayor pobreza monetaria y menor carencia material que los asalariados por lo que, en la mayoría de los análisis, resultan excluidos o considerados de forma independiente. En lo que resta del apartado el estudio se realiza sobre los trabajadores asalariados. 3.1. Evolución de las tasas de pobreza según características sociodemográficas y del hogar del trabajador En la tabla 7 se recogen las tasas de pobreza monetaria de los trabajadores asalariados en España por intervalos de edad y sexo. En líneas generales, las tasas de pobreza de los trabajadores son mayores en los intervalos más jóvenes y además, experimentan un importante crecimiento, de 8,4 y 4,2 puntos entre 2013 y 2015 respectivamente en hombres y mujeres. El grupo de 55 a 64 años es el que presenta tasas de pobreza inferiores y además se han reducido entre 2013 y 2015. En el grupo de edad intermedia, se ha producido un incremento de la pobreza en mayor medida en los hombres. Las tasas de pobreza son mayores para la población asalariada femenina salvo en el intervalo de mayor edad. 21 No poder permitirse al menos 4 de los 9 items siguientes: 1) pagar la factura del alquiler, hipoteca o servicios públicos, 2) mantener el hogar adecuadamente caliente, 3) asumir gastos inesperados, 4) comer carne o proteinas de forma irregular, 5) ir de vacaciones, 6) disponer de coche, 7) disponer de lavadora, 8) disponer de aparato de televisión en color y 9) disponer de teléfono. DOLORES GÓMEZ DOMÍNGUEZ - MARÍA TERESA ARÉVALO QUIJADA 147 Tabla 7: Tasa de pobreza monetaria de los asalariados por edad y sexo (mayores de 18 años) 2009 2013 2015 Diferencia 2015-2013 TOTAL 15-24 13,4 14,5 20,9 6,4 25-54 9,4 8,4 11,1 2,7 55-64 5,7 5,5 4,3 -0,8 HOMBRES 15-24 11,8 10,1 18,5 8,4 25-54 9,9 7,9 11,0 3,1 55-64 5,6 4,5 3,3 -2,2 MUJERES 15-24 15,4 19,3 23,5 4,2 25-54 8,8 9,1 11,3 2,2 55-64 7,1 0,6 0,6 0,0 Fuente: EU-SILC (Eurostat) y elaboración propia. Como hemos indicado anteriormente, el riesgo de pobreza de un trabajador está influenciado por las características del hogar en el que vive, es decir por el número de adultos y el número de menores dependientes que conviven en el hogar (tabla 8). Las tasas de pobreza son mayores cuando en el hogar hay un solo adulto. La conformación del hogar con menores dependientes aumenta la tasa de riesgo de pobreza del trabajador, en este caso, si el hogar está formado por un solo adulto la tasa de pobreza monetaria alcanzó en 2010 el 21,3% para la media de la UE y el 34,3% para España, aunque el valor de esta tasa ha disminuido en los últimos años y el dato de España en 2015 la sitúa en el 24,3%. Las tasas de pobreza son menores en los hogares formados por al menos dos adultos sin dependientes, aunque el valor de la tasa ha crecido más, proporcionalmente, en los últimos años de lo que lo ha hecho las tasa en los hogares formados por al menos dos adultos con dependientes. Tabla 8: Pobreza de los trabajadores según composición del hogar 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 EU Sin dependiente Una persona 10,1 9,6 10,3 11,4 10,8 10,8 12,3 12,7 13,1 13,6 13,3 Dos o más adultos 5,2 5,1 5,5 5,1 5,0 4,8 5,5 5,7 5,6 6,1 6,2 Otros Hogares 6,3 6,1 6,6 6,6 6,5 6,2 7,1 7,4 7,5 8,0 8,0 Con menores dependientes Una persona 16,0 17,6 17,9 20,6 19,0 21,3 19,7 19,9 20,3 20,1 19,9 Dos o más adultos 9,6 9,6 9,6 10,2 10,0 9,9 10,1 10,1 10,0 10,5 10,6 Otros Hogares 10,0 10,1 10,1 10,7 10,5 10,5 10,6 10,7 10,6 11,1 11,2 ESPAÑA Sin dependiente Una persona 8,3 8,6 8,8 12,1 12,0 11,5 16,0 10,8 11,8 16,4 14,2 Dos o más adultos 6,5 5,7 6,0 6,0 6,6 6,4 6,5 6,7 6,4 8,1 9,2 Otros Hogares 6,8 6,1 6,4 6,9 7,5 7,3 8,4 7,5 7,4 9,8 10,3 Con menores dependientes Una persona 25,8 20,9 22,3 25,0 34,6 34,3 25,8 23,4 25,4 26,8 24,3 Dos o más adultos 14,4 14,4 14,1 15,8 15,8 14,0 13,0 13,8 13,1 14,7 15,6 Otros Hogares 14,7 14,5 14,3 16,0 16,3 14,7 13,5 14,2 13,6 15,3 16,1 Fuente: EU-SILC (Eurostat) y elaboración propia. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 148 Uno de los determinantes de la tasa de pobreza del trabajador es la intensidad laboral del hogar. A menor intensidad laboral mayor es la tasa de pobreza monetaria según revelan los datos (tabla 9). En los hogares con baja intensidad laboral, entre 0.2 y 0.45, la tasa de pobreza monetaria del trabajador ha estado casi todos los años por encima del 20%, salvo en 2013 en el que la tasa con baja intensidad laboral y sin dependientes se sitúo en el 17,1%, entre ese año y el 2015, se ha producido un aumento de 12 puntos. La baja intensidad laboral y la presencia de dependientes elevan sustancialmente la tasa de pobreza, prácticamente por encima del 38% durante todo el periodo, alcanzándose los valores más elevados en 2008, con una tasa en el 52,8% y en 2015 en el 53,3%. En los hogares con intensidad laboral media, entre 0.45 y 0.55 y media alta, entre 0.55 y 0.85 las tasas de pobreza difieren mucho en función de la existencia en el hogar de dependientes o no. Sin embargo, la alta intensidad laboral del hogar hace que la diferencia en la tasa de pobreza sin y con dependientes sea menor. Además curiosamente, en los tres últimos años, la tasa de pobreza de los trabajadores en hogares con alta intensidad laboral y dependientes es menor que la de los que no tienen dependientes. Tabla 9: Tasa de pobreza de los trabajadores e intensidad laboral del hogar. 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 Sin dependientes (0.2,0.45) 24,7 20,9 22,4 26,6 21,5 21,1 19,9 28,9 17,1 20,1 29,1 (0.45,0.55) 8,4 12,1 12,6 11,0 11,8 12,1 12,0 9,7 13,2 15,5 14,2 (0.55,0.85) 6,5 5,5 6,0 10,4 8,5 7,2 9,8 7,4 5,9 9,8 10,9 (0.85,1) 4,5 3,6 3,9 3,9 4,8 4,7 5,9 4,1 4,9 6,9 6,7 Con dependientes (0.2,0.45) 37,9 38,9 38,0 52,8 41,2 49,1 38,7 48,1 47,8 49,3 53,3 (0.45,0.55) 27,8 32,7 32,0 33,6 34,0 32,1 25,2 25,2 22,9 24,9 30,7 (0.55,0.85) 12,4 10,4 12,4 17,4 16,9 15,1 11,2 13,3 12,3 15,3 16,3 (0.85,1) 7,6 7,0 6,8 6,5 8,0 4,9 6,7 4,7 4,5 4,9 5,7 Fuente: EU-SILC (Eurostat) y elaboración propia. 3.2. Evolución de las tasas de pobreza según características laborales del trabajador La estabilidad en el empleo, es decir disponer de un contrato permanente frente a uno temporal y el número de horas trabajadas, es decir el tiempo completo frente a tiempo parcial, muestran, como es de esperar, diferencias en las tasas de pobreza de los trabajadores por cuenta ajena (tabla 10). En la tabla siguiente podemos observar como la tasa de pobreza de las personas que tienen una vinculación laboral permanente es similar en la Unión DOLORES GÓMEZ DOMÍNGUEZ - MARÍA TERESA ARÉVALO QUIJADA 149 Europea y en España y se mantiene en torno a los 6 puntos. La tasa de pobreza de los trabajadores con contrato temporal triplica en 2015 a la de los trabajadores con contrato permanente en el caso de la UE y casi la cuadriplica en España. Además hay que tener en cuenta la alta tasa de temporalidad en el mercado de trabajo español frente a la media de la UE (gráfico A2 del anexo). En 2007 la tasa de temporalidad 22 de la UE estaba en 14,6 y la de España 17 puntos por encima, en los dos años siguientes, la tasa se reduce en la UE en un punto y en España, debido fundamentalmente a la destrucción de empleo vinculado al sector de la construcción, en 6,3 puntos. Con alguna ligera subida, la tasa de temporalidad en España ha continuado disminuyendo hasta 2013 y a partir de ese momento ha comenzado a crecer, aunque se sitúa en 2015 todavía por debajo del nivel de 2007. Aunque la tasa de pobreza de los trabajadores temporales en España se reduce entre 2008 y 2010, en los demás años, pese a caer el número de trabajadores, la tasa de pobreza crece y, en los últimos años, con tasas de temporalidad similares a las de 2007, la tasa de pobreza esta once puntos por encima del valor de 2007. Tabla 10: Tasa de riesgo de pobreza de los trabajadores asalariados según algunas características laborales 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 Contrato Permanente UE27 5,1 5,1 5,5 5,5 5,5 5,9 5,7 España 6,0 5,5 5,4 5,4 5,4 5,9 5,9 Contrato temporal UE27 13,5 13,3 13,8 14,2 14,9 15,8 15,7 España 17,8 15,2 15,9 17,6 17,5 22,9 23,3 Contrato tiempo completo UE27 7,0 7,1 7,4 7,4 7,2 7,7 7,8 España 9,6 9,2 9,3 8,7 8,9 10,2 10,3 Contrato tiempo parcial UE27 12,8 12,5 13,4 13,7 14,7 15,7 15,3 España 21,1 19,3 19,0 21,2 18,7 22,9 27,1 Trabaja todo el año UE27 7,9 7,9 8,3 8,4 8,5 9,0 9,0 España 11,1 10,5 10,8 9,9 10,0 11,6 12,2 Trabaja menos de un año UE27 15,9 14,7 16,7 17,2 16,3 18,2 17,6 España 17,3 14,7 11,9 21,1 15,4 22,4 22,4 Fuente: EU-SILC (Eurostat) y elaboración propia Las mayores tasas de pobreza según las características laborales corresponden a los trabajadores a tiempo parcial y además, la diferencia con respecto a las tasas a tiempo completo son también mucho más elevadas que en la UE. La tasa de empleo a tiempo parcial (% del total) es en España más baja que para la media de la UE pero, desde que se inició la crisis, esta modalidad de 22 Porcentaje de empleados con contrato temporal del total de empleados. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 150 empleo ha ido creciendo de forma que, si en 2007 la diferencia entre la tasa europea y la española era de 6,2 puntos (gráfico A3 del anexo), en el año 2015, la diferencia se reduce a 4,1 puntos a pesar de que el empleo a tiempo parcial también ha crecido para la media de UE. El crecimiento del empleo a tiempo parcial va acompañado de un mayor peso en la composición del mismo del empleo a tiempo parcial no deseado 23 . Como se refleja en el gráfico A3 del anexo, el empleo a tiempo parcial no deseado (como porcentaje del empleo a tiempo parcial total) se ha incrementado para la media de la UE en 7,2 puntos entre 2007 y 2014 y en España, para el mismo periodo, el incremento ha sido de 30,7%. En cuanto a la tasa de pobreza de los empleados a tiempo parcial, pese a mostrar crecimiento en los últimos años, experimentó una reducción en los años centrales de la crisis que, con cierta cautela, no parece estar en consonancia con la evolución en esos años del empleo a tiempo parcial no deseado. Como es de esperar, también existen diferencias entre las tasas de pobreza de los trabajadores que trabajan todo el año, frente a los que lo hacen una parte de este. 3.3. Evolución de las tasas de pobrezas de los trabajadores en función del nivel de estudios alcanzados Finalmente en la siguiente tabla recogemos las tasas de pobreza de los trabajadores en función del nivel de estudios alcanzado. Consideramos los tres niveles ISCED11 de Eurostat, nivel 0-2 con estudios inferiores a secundarios, 2-4 estudios secundarios y 4-6 estudios superiores. A mayor nivel educativo alcanzado por el trabajador menor es la tasa de pobreza relativa. La tasa de pobreza ha aumentado entre 2013 y 2015 para todos los niveles educativos, pero lo ha hecho en mayor medida entre los que tienen niveles educativos más bajos. Tabla 11: Tasa de pobreza laboral por nivel educativo 2009 2013 2015 EU nivel 0-2 16,3 17,9 19,0 nivel 2-4 7,7 8,9 9,4 nivel 4-6 3,4 4,2 4,6 España nivel 0-2 17,8 16,3 21,7 nivel 2-4 11,1 11,5 13,7 nivel 4-6 5,0 4,7 6,5 Fuente: EU-SILC (Eurostat) y elaboración propia 23 Esta calificación corresponde a los trabajadores a tiempo parcial que optan por esta situación ante la imposibilidad de un contrato a tiempo completo, pero que desearían trabajar más horas. DOLORES GÓMEZ DOMÍNGUEZ - MARÍA TERESA ARÉVALO QUIJADA 151 A modo de reflexión final y según nos indican los datos, las mayores tasas de pobreza corresponden a los trabajadores más jóvenes y fundamentalmente a las mujeres, aunque los últimos datos muestran un cierto acercamiento de las tasas entre ambos géneros. Los trabajadores que son el único adulto del hogar con dependientes son los que tienen mayor riesgo de pobreza relativa, pero no son en los que más ha crecido la tasa, si tomamos la diferencia 2007 a 2015. Entre los trabajadores pobres que viven en hogares con muy baja intensidad laboral y dependientes se ha agudizado la pobreza si comparamos los últimos datos con los de inicio de la crisis. Sin embargo, la tasa de pobreza en los hogares con alta intensidad laboral y dependientes se ha reducido mostrando valores por debajo de los que tenía al inicio de la crisis. Atendiendo a las características laborales, en los trabajadores con vinculación permanente prácticamente no se ha alterado la tasa de pobreza, sin embargo, lo contrario ha ocurrido con los trabajadores a tiempo parcial y con los temporales, en el caso de estos últimos, pese a haber reducido su peso en el mercado laboral 4. BIBLIOGRAFÍA AYALA CAÑÓN, L. (2016): “La desigualdad en España: Fuentes, Tendencias y Comparaciones Internacionales”. FEDEA, Estudios sobre la Economía Española, 24. BARDONE, L y GUIO, A.C. (2005): “In-Work Poverty. New commonly agreed indicators at the EU level, Statistics in Focus, Population and Social Conditions”. Catalogue number KS-NK-05-005-EN-N. BLANK, R.M. y BLINDER, A.S. (1986): “Macroeconomics, Income Distribution, and Poverty”. En S. Danziger y D. Weinberg (eds.): Fighting Poverty: What Works and What Does Not, Harvard University Press, Cambridge. CRETTAZ, E. y BONOLI, G. (2010): “Why are some workers poor? The mechanisms that produce working poverty in a comparative perspective”. REC-WP 12/2010. CUTLER, D.M. y KATZ, L.F (1991): “Macroeconomic Performance and the Disadvantaged”. Brookings Papers on Economic Activity, 2, 1-74. DOMÍNGUEZ DOMÍNGUEZ, J. y MARTÍN CARABALLO, A.M. (2006): “Medición de la pobreza: una revisión de los principales indicadores”. 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Checa 9,6 9,0 8,6 9,0 9,8 9,6 8,6 9,7 9,7 Dinamarca 11,7 11,8 13,1 13,3 12,1 12,0 11,9 12,1 12,2 Alemania 15,2 15,2 15,5 15,6 15,8 16,1 16,1 16,7 16,7 Estonia 19,4 19,5 19,7 15,8 17,5 17,5 18,6 21,8 21,6 Irlanda 17,2 15,5 15,0 15,2 15,2 16,6 15,7 16,2 16,3 Grecia 20,3 20,1 19,7 20,1 21,4 23,1 23,1 22,1 21,4 España 19,7 19,8 20,4 20,7 20,6 20,8 20,4 22,2 22,1 Francia 13,1 12,5 12,9 13,3 14,0 14,1 13,7 13,3 13,6 Croacia : : : 20,6 20,9 20,4 19,5 19,4 20,0 Italia 19,5 18,9 18,4 18,7 19,8 19,5 19,3 19,4 19,9 Chipre 15,5 15,9 15,8 15,6 14,8 14,7 15,3 14,4 16,2 Letonia 21,2 25,9 26,4 20,9 19,0 19,2 19,4 21,2 22,5 Lituania 19,1 20,9 20,3 20,5 19,2 18,6 20,6 19,1 22,2 Luxemburgo 13,5 13,4 14,9 14,5 13,6 15,1 15,9 16,4 15,3 Hungría 12,3 12,4 12,4 12,3 14,1 14,3 15,0 15,0 14,9 Malta 15,1 15,3 14,9 15,5 15,6 15,1 15,7 15,9 16,3 Holanda 10,2 10,5 11,1 10,3 11,0 10,1 10,4 11,6 11,6 Austria 12,0 15,2 14,5 14,7 14,5 14,4 14,4 14,1 13,9 Polonia 17,3 16,9 17,1 17,6 17,7 17,1 17,3 17,0 17,6 Portugal 18,1 18,5 17,9 17,9 18,0 17,9 18,7 19,5 19,5 Rumania 24,6 23,6 22,1 21,6 22,3 22,9 23,0 25,1 25,4 Eslovenia 11,5 12,3 11,3 12,7 13,6 13,5 14,5 14,5 14,3 Eslovaquia 10,6 10,9 11,0 12,0 13,0 13,2 12,8 12,6 12,3 Finlandia 13,0 13,6 13,8 13,1 13,7 13,2 11,8 12,8 12,4 Suecia 10,5 12,2 13,3 12,9 14,0 14,1 14,8 15,1 14,5 Reino Unido 18,6 18,7 17,3 17,1 16,2 16,0 15,9 16,8 16,7 Fuente: Living Conditions and Welfare (Eurostat) y elaboración propia. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 256 exclusión social derivada de las condiciones de trabajo, situación esta última que constituye una dimensión a menudo olvidada, pero de una gran importancia, especialmente en un contexto de creciente precarización del trabajo asalariado. Y recientemente, Calvo Gallego 4 , ha resaltado que a pesar de que históricamente el desarrollo de una actividad productiva se ha percibido como el instrumento más efectivo en la lucha contra la pobreza, hoy es evidente que la ocupación no elimina de forma absoluta este riesgo. Al respecto, apunta que desde principios de los años setenta en Estados Unidos, y más tarde, aunque con creciente fuerza, en la Unión Europea, se ha destacado la paulatina importancia de un colectivo de ocupados cuyas rentas, unidas a las transferencias recibidas, no alcanzaban a superar el umbral de la pobreza monetaria relativa o a evitar la aparición de carencias materiales. A juicio del autor, lo más novedoso de este “nuevo tipo de pobreza” no sería solo su crecimiento cuantitativo sino también, y sobre todo, su ampliación sociológica a segmentos históricamente integrados entre la clase media. 2. EL TRATAMIENTO EN EL ÁMBITO DE LA UNIÓN Retomando el trabajo del profesor Rodríguez-Piñero, y en conexión con lo que se recoge en otros trabajos de este mismo estudio, ha de resaltarse que el concepto de pobreza laboral, no tiene un carácter universal, a la vez que es relativo. En este sentido, en la Estrategia 2020 5 se indica que el umbral nacional de pobreza se define como el 60 % la mediana de los ingresos disponibles en un Estado Miembro, documento que constata la magnitud del problema al reflejar que el número de europeos que viven por debajo de los umbrales nacionales de pobreza debería reducirse en un 25 %, rescatando así a más de 20 millones de personas de la pobreza. Ya la Resolución del Parlamento Europeo sobre la lucha contra la pobreza 6 alude a todas las personas que no dispongan, por sí mismas o en la unidad familiar en la que vivan, de recursos suficientes, situación que se mide, o puede hacerse, no individualmente sino por unidad familiar. De esta forma, es posible que los trabajadores en cuyas familias no existan más recursos que los derivados de sus empleos se sitúen en el terreno de la pobreza, por no alcanzar la unidad familiar el nivel de recursos considerado suficiente. Se manifiesta así el carácter relativo de la noción de pobreza laboral, por cuanto las rentas del trabajo no son las únicas 4 “Trabajadores pobres y pobreza de los ocupados: una primera aproximación”, Temas Laborales, nº 134, 2016. 5 Una estrategia para un crecimiento inteligente, sostenible e integrador, Comunicación de la Comisión, de 3 de marzo de 2010, denominada Europa 2020: Una estrategia para un crecimiento inteligente, sostenible e integrador [COM(2010) 2020 final]. 6 DO n° C 262 de 10.10.1988. JOSÉ LUIS LÁZARO SÁNCHEZ 257 que pueden determinar si una persona está por debajo del umbral de pobreza que en cada caso se fije, siendo relevante su situación personal y familiar, lo que, de alguna manera, dificulta la construcción del propio concepto. La pobreza y la exclusión social son problemas que se abordan específicamente a nivel europeo en la Recomendación del Consejo 92/441/CEE de 24 de junio de 1992 sobre los criterios comunes relativos a recursos y prestaciones suficientes en los sistemas de protección social. De ella, a los efectos que ahora interesa, destaca la relación que se establece de ambas situaciones con la dignidad humana, cuyo respeto forma parte de los derechos fundamentales que constituyen el fundamento del Derecho comunitario. Asimismo, se reconoce que los procesos de exclusión social y la amenaza de empobrecimiento se han incrementado y diversificado en el transcurso del último decenio, en particular debido a las evoluciones del mercado del empleo y, en particular, del aumento del desempleo de larga duración. Por su parte, en el Consejo Europeo de Lisboa, de 23 y 24 de marzo de 2000, se incluyó la promoción del empleo y la inclusión social como una parte integrante de la estrategia global de la Unión para lograr su objetivo estratégico de convertirse en la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de conseguir un crecimiento económico sostenible, con más y mejores puestos de trabajo y una mayor cohesión social. Asimismo, fijó objetivos ambiciosos para que la Unión tendiese a crear de nuevo las condiciones necesarias para conseguir el pleno empleo, mejorase la calidad y la productividad del trabajo, y fomentase la cohesión social y un mercado de trabajo integrador. A su vez, consideró inaceptable el número de personas que vivían en la Unión por debajo del umbral de pobreza y excluidas socialmente y, por tanto, juzgó necesario adoptar medidas que incidiesen decisivamente en la erradicación de la pobreza fijando objetivos adecuados, que fueron acordados por el Consejo Europeo de Niza celebrado los días 7, 8 y 9 de diciembre de 2000. En este contexto, la Decisión 1672/2006/CE del Parlamento europeo y del Consejo, de 24 de octubre de 2006, estableció un programa comunitario para el empleo y la solidaridad social, denominado Progress 7 , que prosiguiera y desarrollara las actividades iniciadas con arreglo la Decisión no 50/2002/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 7 de diciembre de 2001, por la que se aprobó un programa de acción comunitario a fin de fomentar la cooperación entre los Estados miembros para luchar contra la exclusión social, y que en definitiva, contribuyera a alcanzar los objetivos de la Estrategia de Lisboa. 7 Conforme a su artículo 3, la estructura del programa se dividía en cinco secciones, entre las que figuraban el empleo y la protección e inclusión social. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 258 Avanzando en el tiempo, y de manera específica apuntado hacia el enfoque de la pobreza que nos ocupa, en la Estrategia 2020, y bajo la idea de crecimiento integrador, se considera que debe darse protagonismo a las personas mediante altos niveles de empleo, invirtiendo en cualificaciones, luchando contra la pobreza y modernizando los mercados laborales y los sistemas de formación y de protección social para ayudar a las personas a anticipar y gestionar el cambio, y a construir a una sociedad cohesionada. Y ya directamente se resalta la necesidad de luchar contra la pobreza 8 , situación que afecta al 8 % de los trabajadores que no ganan lo suficiente para abandonar el umbral de pobreza, concluyéndose que los parados son especialmente vulnerables a la pobreza. Además, y dentro de esta idea de crecimiento integrador, se plasma como Iniciativa emblemática, entre otras, la llamada “Plataforma europea contra la pobreza”, que la Comunicación COM (2010) 758 final crea bajo la denominación “Plataforma Europea contra la Pobreza y la Exclusión Social”. Se diseña para crear una asociación entre los diferentes grupos de la sociedad, incluidos los Gobiernos nacionales, las instituciones de la Unión Europea, las autoridades regionales y locales, las organizaciones no gubernamentales y las propias personas en situación de pobreza. Y el objetivo de la inclusión social se pretende conseguir a través de una incidir en una diversidad de ámbitos, tales como el acceso al empleo, a los servicios básicos y a las tecnologías de la información y la comunicación, a los servicios de red, financieros (banca básica) y energéticos (luz y calefacción). También, en los ámbitos de la protección social, la educación y la juventud, la integración económica y social de los inmigrantes, así como en la lucha contra las discriminaciones, especialmente respecto a determinados colectivos. Se aborda así la pobreza desde una perspectiva general, no identificando tal situación con las personas que no trabajan, a la vez que configurando al mercado de trabajo como una de las vías que permiten la salida de tal escenario. No obstante, de los cinco ámbitos de actuación a los que se refiere esta Plataforma, en el primero de ellos parece reflejarse la idea de la pobreza laboral, al señalarse como acción la lucha contra la pobreza en todos los ámbitos, pero sobre todo en el mercado laboral, la promoción de la renta mínima, la asistencia sanitaria, la educación y la vivienda. Esta cuestión aparece nuevamente en la Recomendación del Consejo, de 13 de julio de 2010, sobre directrices generales para las políticas económicas de los Estados miembros y de la Unión 9 . En ésta, se recuerda que la Estrategia de Lisboa, puesta en marcha en 2000, se relanzó en 2005, tras una evaluación 8 Circunstancia de la que se precisa que hay 80 millones de personas en riesgo de caer en ella, de las que 19 millones son niños. 9 2010/410/UE. JOSÉ LUIS LÁZARO SÁNCHEZ 259 intermedia que la centró más aún en el crecimiento y en la búsqueda de más empleos y de mejor calidad. Asimismo, resalta que la idea de empleos de calidad está presente en la Estrategia Europa 2020. De ahí que los Estados miembros y la Unión deban aplicar reformas dirigidas, entre otras, a promover el espíritu emprendedor y ayudar a convertir las ideas creativas en productos, servicios y procesos que puedan generar crecimiento, empleos de calidad y cohesión territorial, económica y social. Así pues, el buen funcionamiento del mercado de trabajo, está dentro del objetivo de las reformas, con la finalidad, además, de reducir la pobreza. Sin embargo, en las directrices que esta Recomendación incluye, la idea del empleo de calidad no está presente, en tanto las referencias al mismo no aluden a esta perspectiva 10 . No obstante, esta nueva categoría de pobres se constata ese mismo año en las Orientaciones para las políticas de empleo 11 , en las que se adopta, en un primer momento, la perspectiva tradicional, la que relaciona salida de la pobreza con acceso al mercado de trabajo. En este sentido, se considera que los Estados deben garantizar a todos los ciudadanos acceso y oportunidades a lo largo de toda su vida, reduciendo así la pobreza y la exclusión social mediante la eliminación de los obstáculos a la participación en el mercado laboral. Ahora bien, también se apunta hacia ese nuevo enfoque, lo que se hace a partir de la consideración de que no es suficiente con el acceso al trabajo, al requerirse que los beneficios del crecimiento económico lleguen a todos los ciudadanos potenciando un empleo basado en un trabajo digno, lo que pasa por el buen funcionamiento de los mercados laborales 12 , prestando una atención particular a la lucha contra la pobreza en el trabajo, lo que se refleja después en las concretas orientaciones que figuran en anexo de la citada Decisión. Éstas, 10 En este sentido, se alude a que los sistemas fiscales favorezcan más el empleo, y a potenciar la calidad del gasto público y mejorar la viabilidad de las finanzas públicas persiguiendo en particular la reducción de la deuda, la reforma del gasto público relacionado con el envejecimiento, como el gasto en pensiones y salud, y políticas que contribuyan a un aumento del empleo. También a las reformas estructurales necesarias para tener éxito en unas condiciones mundiales de limitación creciente del carbono y los recursos creando nuevas oportunidades de negocio y empleo, así como a reducir emisiones y adaptarse mejor al cambio climático, apoyar el crecimiento sostenible y el empleo. 11 DECISIÓN DEL CONSEJO de 21 de octubre de 2010 relativa a las orientaciones para las políticas de empleo de los Estados miembros (2010/707/UE), orientaciones mantenidas en los años posteriores, como por ejemplo para 2013 hizo la DECISIÓN DEL CONSEJO, de 22 de abril de 2013, relativa a las orientaciones para las políticas de empleo de los Estados miembros (2013/208/UE). 12 Al respecto se pide mejorar la calidad del trabajo y la lucha contra la segmentación, pero también se apunta hacia la necesidad de invertir en sistemas de educación y formación, en desarrollar capacitaciones adecuadas, garantizando a la vez una protección social adecuada y sostenible. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 260 están íntimamente ligadas a las orientaciones para las políticas económicas de los Estados miembros y de la Unión que figuran en anexo a la Recomendación del Consejo, de 13 de julio de 2010, sobre directrices generales para las políticas económicas de los Estados miembros y de la Unión, constituyendo ambas las Orientaciones Integradas Europa 2020. Para finalizar este breve recorrido por las referencias europeas sobre la materia cabe citar, al menos, la Comunicación de la Comisión sobre un pilar europeo de derechos sociales 13 , que abre un amplio proceso de consulta sobre un pilar europeo de derechos sociales que fije los principios esenciales para respaldar sistemas de bienestar y mercados de trabajo que funcionen correctamente y sean justos. Presenta tres puntos clave, uno de los cuales, “Condiciones laborales justas”, atiende de manera expresa a la pobreza laboral desde la perspectiva del establecimiento de salarios que garanticen un nivel de vida digno y contribuyan a combatir la incidencia de la pobreza de los ocupados. 3. EL TRATAMIENTO EN EL NIVEL INTERNO A nivel interno, nacional, cabe apreciar que, con carácter general, hay una clara conexión entre el empleo, la inserción laboral y la lucha contra la pobreza. Ello puede verse en el Programa Nacional de Reformas del Reino de España 2016, y en particular dentro del objetivo enumerado en quinto lugar –Luchar contra la pobreza y la exclusión social–, en el que se cuantifica el propósito de reducir al menos en 1,4 - 1,5 millones el número de personas en situación o riesgo de pobreza y exclusión social. De por sí, estas cifras revelan la magnitud del problema y la adversa evolución experimentada en España al respecto, como lo pone de manifiesto el hecho de que en 2012 el número de personas en riesgo de pobreza y exclusión social alcanzara los 13,1 millones, mientras que en 2008 se situaba en 11,1 millones de personas. Tendencia negativa, además, peor que la experimentada en la Unión Europea, territorio en el que la tasa de pobreza y exclusión social se ha incrementado en el referido periodo en 1,3% frente a los 3,7 de España. Se observa, en cambio, que este objetivo se persigue con medidas no sólo laborales, citándose al respecto, y al margen del Plan Nacional de Acción para la Inclusión Social, otras actuaciones específicas, dirigidas a determinados colectivos, caso de los jóvenes, discapacitados o la población gitana, o que abordan concretas materias, como por ejemplo el Plan de Acción sobre Drogas. Atendiendo ya a referencias más concretas, caso del citado Plan Nacional de Acción para la Inclusión Social del Reino de España 2013-2016, vemos que se apunta hacia la perspectiva que nos ocupa. Es cierto que se parte de que las 13 [COM(2016) 127 final]. JOSÉ LUIS LÁZARO SÁNCHEZ 261 personas empleadas se encuentran muy preservadas del riesgo de pobreza y/o exclusión social, y que el grupo más vulnerable está formado por las personas desempleadas. Pero también lo es que se reconoce que la crisis económica y los cambios estructurales de la economía han provocado, entre otras cosas, que los perfiles de la pobreza y la exclusión se difuminen, con la consolidación de perfiles menos tradicionales, como es el caso de las y los “trabajadores pobres”, asociados a la precariedad y segmentación de los mercados de trabajo. En este sentido, se indica que tener un empleo no es una condición suficiente y que garantice la ausencia de pobreza y exclusión social y que carecer de empleo o trabajar de forma precaria, se convierte, en muchos casos, y máxime en el actual contexto económico, en el origen de una situación de pobreza y exclusión social y, por ende, en la desigualdad social. Dentro de esos nuevos perfiles también se destaca el de quienes han perdido su empleo y tienen serias dificultades para acceder a los bienes y servicios básicos, situación ésta que atiende al trabajador en su condición de activo y no como ocupado. Esta perspectiva amplia de la noción de trabajador, que no es nueva, es importante de cara a la existencia de prestaciones que eviten que la ausencia temporal de ingresos, con el consiguiente riesgo de pobreza económica, se convierta en problema estructural, de exclusión social. Es por ello que el Plan contempla como población objetivo no sólo los perfiles más tradicionales de la pobreza y la exclusión social sino, también, los problemas asociados a aquellas personas que se mueven alrededor del umbral de pobreza relativa, en una situación de desequilibrio y de entrada y salida de la pobreza en función de algunos factores, entre los que la situación laboral constituye un hecho decisivo. Por otra parte, es de destacar en el plano conceptual, que el Plan escoja el término “inclusión”, lo que responde a una concepción multidimensional de la pobreza (carencia de recursos para satisfacer las necesidades básicas) y la exclusión social (proceso de pérdida de integración o participación de las personas en la sociedad y en los diferentes ámbitos económico, político y social). Y precisamente el Plan ilustra esta distinción utilizando el desempleo, como situación que no tiene que ser equivalente en todo caso de exclusión. Cuestión diferente es la de una persona en desempleo de larga duración que derive en otros escenarios como la pérdida de la vivienda, y, por tanto en situaciones de exclusión. Por otra parte, y tambien desde la perspectiva conceptual, el Plan utiliza para la medición de la población en riesgo de pobreza y exclusión social el indicador AROPE, propuesto por la Unión Europea como medida de los objetivos y logros en el ámbito de la pobreza y la exclusión social. Como ya se ha analizado en otro trabajo de esta misma obra, este indicador surge de la concepción multidimensional de la pobreza y exclusión social, por lo que integra, a su vez, tres tipos de sub-indicadores: TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 262 • la tasa de riesgo de pobreza que mide la renta, es el factor más importante dentro del AROPE, pues supone entre el 60% y el 65% del peso del indicador • la privación material severa que considera las posibilidades de consumo, componente supone en torno al 11% del peso del indicador AROPE • y la baja intensidad de empleo en el hogar que representa, aproximadamente, el 25% del peso del indicador La población en riesgo de pobreza y exclusión social estaría, por tanto, formada por las personas que viven en hogares en los que se den, al menos, una de las tres circunstancias siguientes: están en riesgo de pobreza, sufren privación material severa y/o hay una baja intensidad de empleo. En el terreno estrictamente normativo y laboral, por un lado, las principales referencias en materia de empleo se dirigen, como les es propio, al fomento del mismo al considerar que es la vía más efectiva para luchar contra la pobreza y la exclusión social. En este sentido, el Real Decreto 751/2014, de 5 de septiembre, por el que se aprueba la Estrategia Española de Activación para el Empleo 2014-2016, entre los objetivos estructurales que se agrupan a partir de los seis Ejes de las políticas de activación para el empleo recogidos en el Real Decreto Legislativo 3/2015, de 23 de octubre, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley de Empleo, incluye –eje 3, oportunidades de empleo–, las actuaciones que tienen por objeto incentivar la contratación, la creación de empleo o el mantenimiento de los puestos de trabajo, especialmente para aquellos colectivos que tienen mayor dificultad en el acceso o permanencia en el empleo, con especial consideración a la situación de las personas con discapacidad, de las personas en situación de exclusión social, de las víctimas del terrorismo y de las mujeres víctimas de violencia de género. Asimismo, el Plan anual de Política de Empleo para 2016, aprobado por Resolución de 22 de agosto de 2016, de la Secretaría de Estado de Empleo, identifica cinco áreas de actuación, y la primera es la creación de empleo e inclusión social. Puede decirse, pues, que la idea de pobreza laboral no tiene un reflejo expreso en la normativa de empleo, que insiste en la idea de exclusión social, noción ésta que, además, protagoniza alguna disposición específica, caso de la Ley 44/2007, de 13 de diciembre, para la regulación del régimen de las empresas de inserción. Ésta se dirige específicamente a la inserción de personas en situación de exclusión social a través de este tipo de empresas, que, deben estar calificadas de tal forma y que deben realizar cualquier actividad económica de producción de bienes y servicios, cuyo objeto social tenga como fin la integración JOSÉ LUIS LÁZARO SÁNCHEZ 263 y formación sociolaboral de personas en situación de exclusión social como tránsito al empleo ordinario. A los efectos que aquí interesan, esta Ley identifica la exclusión social con la especial dificultad para su integración en el mercado de trabajo y con la pertenencia a alguno de los colectivos que incluye. Éstos tienen que ver, en algunos casos con la condición de ser beneficiario de determinadas prestaciones –rentas mínimas de inserción–, con la edad y con la situación de estar o haber estado interno en determinadas instituciones, o con tener problemas de drogodependencia u otros trastornos adictivos, situaciones todas ellas que deberá ser acreditada por los Servicios Sociales Públicos competentes Como se aprecia, la condición de exclusión social atiende a una variedad de situaciones, no sólo de origen económico, que se intenta paliar a través de la integración de estas personas en esas empresas a fin de lograr, después, su inserción en el mercado de trabajo ordinario. Para ello, la empresa de inserción facilitará a los trabajadores contratados procesos personalizados y asistidos de trabajo remunerado, formación en el puesto de trabajo, habituación laboral y social, así como acompañamiento para la inserción sociolaboral que faciliten su posterior incorporación al mercado de trabajo ordinario. 4. LAS SOLUCIONES PROPUESTAS PARA COMBATIRLA: ALGUNAS NOTAS Regresando al estudio del profesor Rodríguez-Piñero, ha de resaltarse que la salida de la pobreza laboral no pasa exclusivamente por lo laboral, por las condiciones de trabajo, sino por un conjunto que desborda al sector jurídico del trabajo por integrarse en un proceso de reconocimiento pleno de derechos. No obstante, considera el autor recién citado que al Derecho del Trabajo le compete actuar como de hecho demuestra el origen de la disciplina como respuesta a la cuestión social. También porque, en parte, la pobreza laboral es fruto de la evolución de la normativa laboral, que permite situaciones de precariedad laboral a través, entre otras vías pero de manera especial, por la existencia de determinadas modalidades “atípicas” de prestación de servicios. A lo que añade la tradicional incertidumbre sobre la calificación jurídica del contrato de trabajo, que provoca un mal persistente en nuestro mercado de trabajo, el del trabajo sumergido, informal. En el antes citado estudio sobre los factores de exclusión social 14 , se incluyen una serie de indicadores, relacionados tanto en el acceso al empleo, como relativos a las condiciones de trabajo. Y al respecto se apunta que la 14 VV.AA., Joan Subirats i Humet (Dir.), “Análisis de los factores de exclusión social”, Cuadernos de trabajo, nº 4, 2005, Fundación de estudios BBVA. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 264 exclusión laboral no se expresa únicamente en la carencia de empleo sino que tiene relación con las diversas situaciones de precariedad laboral que se contraponen a la visión fordista de empleo estable y con una serie de derechos adquiridos. La precariedad se configura, de ese modo, como el principal factor generador de desigualdad y exclusión en el ámbito laboral, junto con el desempleo y el subempleo. Se añade que el énfasis en esta precarización del trabajo permite comprender los procesos que nutren la vulnerabilidad social y, en última instancia, generan el desempleo y la desafiliación, factor sobre el que se añade que adquiere dimensiones crecientes en el contexto de desregulación laboral que caracteriza las nuevas formas de producción de la economía globalizada. Y sobre la misma, se apunta que se compone de múltiples dimensiones, no sólo con la temporalidad, también con la desigualdad e insuficiencia salarial. Los enfoques que han dado algunos de los instrumentos y disposiciones reseñados en el apartado anterior inciden en la necesidad de una protección social adecuada, como refleja la citada Recomendación del Parlamento Europeo, que señala que el trabajo no es de por sí suficiente para evitar la pobreza, en tanto estar por encima de los umbrales en los que ésta se manifiesta también depende de otras variables, fundamentalmente de la existencia de un nivel suficiente de prestaciones. Y en esta dirección, el Parlamento Europeo 15 se pronunció a favor del establecimiento en todos los Estados miembros de una renta mínima garantizada como factor de inserción social de los ciudadanos más pobres, recomendando a los Estados que reconozcan, dentro de un dispositivo global y coherente de lucha contra la exclusión social, el derecho fundamental de la persona a recursos y prestaciones suficientes para vivir conforme a la dignidad humana. No obstante, se matiza, que dicha renta puede hacerse depender de la disponibilidad activa para el trabajo o para la formación profesional con vistas a la obtención de un empleo, para las personas cuyas circunstancias permitan dicha disponibilidad activa o, para el resto de personas, condicionada a medidas de integración económica y social. A la vez, que los Estados miembros pueden no ampliar dicho derecho a las personas con empleo a jornada completa ni a los estudiantes. Asimismo, que dicha renta se fije teniendo en cuenta el importe de los recursos estimados suficientes para cubrir las necesidades fundamentales en 15 Resolución del Parlamento Europeo, de 20 de octubre de 2010, sobre el papel de la renta mínima en la lucha contra la pobreza y la promoción de una sociedad integradora en Europa (2010/2039(INI)). JOSÉ LUIS LÁZARO SÁNCHEZ 265 cuanto al respeto de la dignidad humana, cuantía que dependería del nivel de vida y de precios en cada Estado, así como de los tipos y dimensiones de las unidades familiares. Y a las personas cuyos recursos, calculados por individuo o por familia, sean inferiores a dichos importes así fijados, debería reconocérseles una ayuda financiera diferencial que les permita alcanzar dichos importes. En las también citadas Orientaciones para las políticas de empleo 16 , la nº 10 –Promover la inclusión social y luchar contra la pobreza–, parte de que la ampliación de las oportunidades de empleo constituye un aspecto esencial para prevenir y reducir la pobreza y fomentar la plena participación en la sociedad y en la economía. Y al tiempo que se constata la existencia de pobreza entre los trabajadores, se apunta hacia varias direcciones para combatirla. Así, por ejemplo, hacia los sistemas de protección social, con inclusión de las pensiones y el acceso a la atención sanitaria. En particular, se resalta que las prestaciones deberán centrarse en garantizar ingresos durante los períodos de transición y en reducir la pobreza, especialmente entre los grupos en riesgo de exclusión social, como las familias monoparentales, las minorías, los discapacitados, los niños y los jóvenes, los hombres y mujeres ancianos, los inmigrantes en situación regular y las personas sin hogar. Y es por ello que se destaca la importancia de los servicios públicos, para que la ciudadanía acceda a servicios asequibles, viables y de gran calidad, especialmente en el ámbito social. Y en el plano nacional, el Plan Nacional de Acción para la Inclusión Social del Reino de España 2013-2016 insiste en la idea de la inclusión social activa, a través de la que se aborde la problemática de la exclusión y la pobreza de forma integral, superando estrategias parciales y articulando las actuaciones en torno a tres ejes: • las políticas activas para un mercado de trabajo más inclusivo, dirigida hacia las personas con mayores dificultades de acceso al mismo • la asistencia mediante unas políticas de rentas mínimas que asegure la cobertura de las necesidades básicas • y el acceso a unos servicios públicos de calidad. Cabe atender, finalmente, a algunas propuestas políticas que se refieren a este asunto, especialmente a las incluidas en el Acuerdo alcanzado por el Partido Popular y Ciudadanos en agosto de 2016, en virtud del cual la segunda formación se comprometió a la investidura del candidato de la primera, Sr. Rajoy Brey, a la Presidencia del Gobierno. 16 DECISIÓN DEL CONSEJO de 21 de octubre de 2010 relativa a las orientaciones para las políticas de empleo de los Estados miembros (2010/707/UE). TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 272 reformas como la de 1994. Por lo general, los convenios de rama serían menos relevantes en cambio frente al número menor de trabajadores afectados por los mucho más numerosos convenios de empresa.  En segundo lugar algo ya señalado, la pobreza convencional en contenidos, ceñidos a jornada y salario fundamentalmente, lo que ha contribuido no poco a ralentizar la interiorización de reformas legales de importancia que habían depositado su eficacia en la negociación. La reacción convencional a la reforma de 1994, por ejemplo, y el fracaso de intentos como los descuelgues salariales son una muestra de estas rebeliones convencionales, que neutralizan los contenidos de la ley. Por no hablar de leyes específicas en materias punteras, como la de Igualdad entre Mujeres y Hombres –de todos es conocida la tardanza en abrirse paso instituciones tales como los planes de igualdad–, o la de Riesgos Laborales, todavía en muchas ocasiones simplemente remitida o directamente transcrita desde la ley.  en tercer lugar, la lentitud de los procesos de negociación, favorecidos por instituciones como la ultraactividad, de duración potencialmente indefinida, que provienen de la legislación franquista, y que daba poca agilidad a la negociación misma, dificultando sus niveles de adecuación a las necesidades de un sistema productivo cambiante hasta el extremo de que se habló prontamente entre nosotros del cambio de modelo que se estaría operando a escala global, el abandono de las líneas tipificadoras de la negociación fordista (del Rey Guanter). Esos mismos autores llamaban la atención sobre el problema en unos términos quizás excesivos, desconociendo límites de alcance constitucional (art. 37.1 en conexión con el art. 28.1 CE) pero no podía negarse una verdad de fondo que no cuestionaba el sucederse de Acuerdos Interconfederales 11 que implícitamente aceptaban estos patrones de todos conocidos. Ya en 2011 el legislador apuesta por reformas profundas que palíen estas fallas y funda en ellas la justificación de una norma de amplio espectro. Desde su mismo preámbulo aparecen alusiones a ello: “Así, se mantiene la atribución de la 11 “Por otra parte, se considera que la negociación colectiva sectorial estatal constituye un ámbito adecuado para la promoción, desarrollo y aplicación del efectivo cumplimiento de las obligaciones y responsabilidades de empresarios y trabajadores en materia de Seguridad y Salud en el trabajo. En tal sentido debería fortalecerse el compromiso del trabajador y del empresario con el cumplimiento de la normativa en materia de prevención de riesgos laborales, de acuerdo con la Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo”. III Acuerdo Interconfederal para el Empleo y la Negociación colectiva 2015 2016 2017, Capítulo III, referido a prevención de riesgos pero perfectamente extensible al Acuerdo en su conjunto. Quizás porque el Acuerdo, por razones obvias, dedicó el apartado sobre negociación colectiva al problema de la ultraactividad, Capítulo V. MARÍA FERNANDA FERNÁNDEZ LÓPEZ 273 determinación de la estructura de la negociación colectiva a las organizaciones empresariales y sindicales más representativas de carácter estatal o de Comunidad Autónoma, mediante acuerdos interprofesionales. Además, se reconoce ese mismo papel a los convenios o acuerdos colectivos sectoriales, de ámbito estatal o autonómico, acomodando el artículo 83.2 del Estatuto de los Trabajadores a nuestra realidad convencional. Ello permitirá seguir vertebrando y ordenando los distintos niveles de negociación desde el nivel que se considera más apropiado para ello, en el que pueden identificarse mejor las peculiaridades de cada sector, así como la necesidad o conveniencia, en su caso, de abrir la negociación colectiva a ámbitos inferiores… En cuanto a los conflictos de concurrencia entre convenios, por un lado se mantiene la tradicional regla general sobre prohibición de afectación del convenio durante su vigencia por lo dispuesto en convenios de ámbito distinto. A la vez, la nueva redacción del artículo 84.2 del Estatuto de los Trabajadores fija una prioridad aplicativa del convenio de empresa sobre un convenio de ámbito sectorial en relación con determinadas materias. Son éstas las que se identifican como más cercanas a la realidad de las empresas, y en las que, en mayor medida, encuentra justificación una regulación particularizada, en aras de conseguir una mejor acomodación de las relaciones laborales al entorno económico y productivo en que se desenvuelven. Con todo, este conjunto de materias no tiene carácter exhaustivo, sino que serán los acuerdos y convenios que fijen la estructura de la negociación colectiva los que puedan identificar otras materias, distintas de las expresadas, susceptibles de ser incluidas en los convenios de empresa”. Diagnóstico acertado que se frustra en sus recetas, combinando en el texto de la norma, incluso en aquellos aspectos más “duros” del contenido intervencionista (los arts. 83.2 y 84, como ejemplos notables), con remisiones de vuelta al mismo viejo modelo que se trata de superar, cambiando todo para que todo siga igual, como de alguna manera ya identificaba el preámbulo antes transcrito. En estas circunstancias, el cambio de mayoría parlamentaria y el nuevo Gobierno acometen la reforma de la negociación colectiva con una contundencia desconocida hasta el momento en todo el periodo de negociación democrática. 3. REFORMAS PARA MEJORAR: SECTOR Y EMPRESA 2012 Resumiendo ideas ya muy asentadas en torno a la reforma del RDL 3/2012, luego Ley del mismo número, los mismos elementos de diagnóstico señalados por las partes firmantes de los grandes acuerdos sobre negociación colectiva sirven de esencial punto de partida a la nueva reforma por varios frentes que tratan de enfrentar la pasividad en la selección de sus contenidos, no siempre coherentes:  el primero, la neutralización de los acuerdos interconfederales para gobernar la aplicación de las reglas legales fundamentales en materia de TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 274 estructura. Todo ello está implícito en la técnica normativa, y se hace explícito en relación con reglas fortalecedoras de la negociación en la empresa que importa mucho que se cumplan al legislador (arts. 82.3 y 84 ET en su nueva redacción, por ejemplo).  Aún respetando el panorama de la negociación existente desde la perspectiva formal, la opción del legislador de 2012 es claramente partidaria de un modelo bipartito en la estructura de negociación, en que interrelacionen entre sí el Convenio sectorial estatal y la empresa como unidad de negociación no siempre culminante en un Convenio clásico, potenciada a través de posibilidades técnicas como el fortalecimiento de los mecanismos de descuelgue expresamente vinculados a condiciones mucho más flexibles que las que habían venido abriéndose paso en la práctica negocial y finalmente por mecanismos que pueden no ser ya convencionales, como los arbitrajes del art. 83.2 ET. O el reconocimiento expreso, desacomplejado, por decirlo así, de la negociación informal en la empresa, incluso en empresas de mínima entidad (arts. 82.3 y 41.4 ET, que no pueden elegir representantes mediante las comisiones ad hoc de dudosa imparcialidad en su versión de elección directa. El Convenio provincial no es mencionado por su nombre en ningún momento, y muy pocas veces aparece la mención de convenios sectoriales de ámbito inferior a los estatales. El ámbito material de la negociación en sentido amplio no cambia, pero sí lo hacen las reglas que han de aplicar sus actores y eso no puede, por pura lógica, dejar las cosas como estaban.  En relación con la eficacia de los Convenios, se mantiene el estándar tradicional de la eficacia general y normativa, pero con cambios relevantes que se espera que, de aplicarse regularmente, llegarían a cuestionarlo, y que en lo sustancial incumbirían a la relación Convenio-acuerdo de empresa. Ello de modo que éste operase en ocasiones importantes, como en los supuestos de periodos de consulta, contradiciendo o modificando lo dispuesto en el Convenio de ámbito superior o llenando sus vacíos. Obviamente esta tendencia luce especialmente cuando el acuerdo de empresa no tiende ni siquiera a regular, sino a bilateralizar el ejercicio de poderes empresariales (art. 41 ET por ejemplo) sin que pueda reconducirse en sentido estricto su función a la noción típica de Convenio Colectivo o de una norma, cualquiera que sea su nombre. Por esta vía, la fuerza normativa del Convenio superior sería prácticamente inexistente, aparecería sin máscara la naturaleza contractual de aquél y su reconducción al ámbito de la autonomía privada, por muy reforzada que esté por un legislador, que parece proclive a la prevalencia de la empresa como unidad relevante en la negociación colectiva española. Lo anterior, por lo menos MARÍA FERNANDA FERNÁNDEZ LÓPEZ 275 en relación convenios debidamente formalizados, no parece, sin embargo, que esté sucediendo en una primera visión del tema en la práctica. Como pone de relieve Cruz Villalón tal parece que en estos primeros tiempos de aplicación de la reforma no se materializa el designio del legislador: “Si analizamos el porcentaje de convenios de empresa sobre el total de convenios, se comprueba que en el período 2000-2011 dicho porcentaje sufre un proceso progresivo de pequeño aumento (desde el 73,28 % en 2000 hasta el 76,42 % en 2007, con una ligera distorsión en el año 2004) hasta el año 2007 para, a partir de tal fecha, ir disminuyendo paulatinamente en términos generales; tendencia de disminución progresiva en el porcentaje de convenios de empresa sobre el total que se sigue manteniendo en los años sucesivos, pues, aún con datos provisionales, en 2012 tal porcentaje desciende al 72,24 % y en 2013 al 70,6 %. Es decir, los descensos son incluso más acusados que en años precedentes (2,39 puntos porcentuales entre 2011 y 2012 y 1,64 puntos porcentuales entre 2012 y 2013 frente a los 0,95 puntos porcentuales entre 2009 y 2010 y el 0,4 punto porcentual entre 2010 y 2011). Si no hemos errado en la consideración anterior, habría que concluir que el aumento del número de convenios de empresa en los últimos meses no ha llegado a ser de nivel tal que logre incrementar el porcentaje de convenios de empresa sobre el total en relación a la situación precedente a la última reforma” 12 .  Queda también la posibilidad de acuerdos informales, y los acuerdos en periodos de consulta, con tratamiento de Convenio Colectivo, que pueden torcer la dinámica de unas estadísticas que difícilmente los pueden tener en cuenta. O, para romper la primacía del convenio de empresa formalizado, estatutario, la posibilidad del recurso a los laudos arbitrales de la Comisión Consultiva Nacional de Convenios Colectivos (en adelante CCNCC) y la prevalencia de éstos en los procedimientos que concluyen sin acuerdo. La abundancia de laudos de 2013, ciertamente, va desplomándose –según datos de la CCNCC son dos los dictados en 2014 y ninguno en 2015, ni en el tiempo transcurrido de 2016, terminando los 12 “La incidencia de la reforma laboral…” cit., pág. 40. En contra, del Rey Guanter «“Estructura de la negociación colectiva, prioridad del nivel de empresa e inaplicación del convenio colectivo tras la reforma laboral de 2012”. Madrid 2016 pag. 104 y, para el arbitraje obligatorio, págs. 109 y ss. Sigue dicho autor sosteniendo que “el descenso en el número de trabajadores de las plantillas de las empresas cubiertas por convenios sectoriales entre el año 2012 y 2013, donde se pasa de los 7,88 trabajadores a los 6,73, pues ello puede significar que las empresas pequeñas están pasando a negociar sus propios convenios, quedando el nivel sectorial para las muy pequeñas o micro empresas, donde no se alcanzan las plantillas mínimas para tener órganos de representación estatutaria o unitaria». TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 276 procedimientos por otras razones 13 – luego tampoco por esta vía se alcanza una empresarialización efectiva de los ámbitos de la negociación.  En referencia estricta a la creación de nuevas unidades de negociación, con datos del Ministerio de Empleo y de Seguridad Social, se registra sin embargo una tendencia contraria: es el nivel de empresa el que se multiplica, dejando en segundo lugar, bastante alejados, a los convenios de ámbito superior a la empresa. Resulta éste un fenómeno curioso por lo ajeno a las evaluaciones de la reforma en sus primeros momentos, que parece acercarse más a las previsiones iniciales acerca del alcance de la reforma de 2012.  Otro dato se refiere al descenso en el número medio de trabajadores afectados por ambos tipos de convenios, sectoriales y de empresa, ratificado por todos los autores que han abordado esta vertiente de la estadística. Sentado el dato, interesa la valoración del mismo en cierto sector doctrinal: “con independencia de los parámetros utilizados y las diferencias que de ello se derivan, lo cierto es que parece observarse una tendencia de descenso de la tasa de cobertura a partir de 2009, algo acusada ya entre 2009 y 2011. Esta tendencia, si bien con datos muy provisionales, parece acentuarse y acrecentarse más significativamente si comparamos 2009 con 2012, y, sobre todo, con 2013. De una tasa de cobertura (con el dato en media anual) del 79,16% o del 72,78%, según nos atengamos al número de afiliados o al de asalariados en 2009 se pasa a una tasa de cobertura del 72,46% o del 67,86%, respectivamente, en 2012, y del 52,59% o del 49,31%, respectivamente, en el año 2013”. Evidentemente se trata de una valoración provisional pero sin duda parece estar conduciendo a un paulatino descenso de los niveles de cobertura convencional” 14 . Esta situación, en pleno cambio, resulta relevante también si se contempla desde la perspectiva de los trabajadores pobres, en la medida en que disminuye intensamente el nivel de ganancias medio para los trabajadores por cuenta ajena, sumándose al efecto de pauperización la abundante población de trabajadores autónomos de toda clase y finalizando, como es obvio, con los trabajadores de empleos precarios, temporales, a tiempo parcial o, sencillamente, insertos en la economía sumergida o sin empleo. 13 http://www.empleo.gob.es/es/sec_trabajo/ccncc/B_Actuaciones/Inaplicacion/index.html 14 Cruz Villalón, op. cit, pág 140. MARÍA FERNANDA FERNÁNDEZ LÓPEZ 277 4. REFORMA CONVENCIONAL Y TRABAJADORES POBRES A la hora de detectar los mecanismos que conducen a esa pérdida de la cobertura, la propia legislación tiene rasgos que pueden producir la reducción del ámbito de los Convenios, o su simple deformación hacia estructuras de bilateralidad imperfecta. “Así, con los procesos de negociación colectiva se continúa dualizando la mano de obra según el tipo de empresa en el que se emplea. En un extremo, se encuentran trabajadores de grandes empresas con buena posición en el mercado del producto y en la trama productiva general que se defienden a través de ella y quedan bajo su cobertura (en grado desigual) dado que hay representación y fuerza sindical; en el otro, los que no; entre ambos, una casuística diversa. Este desarrollo guarda correspondencia, pues, con el tipo de empresa y, especialmente, con la presencia sindical y el grado de institucionalización de la negociación colectiva. En este entorno, los resultados de la “empresarización” continúan polarizados: por un lado, las empresas que mantienen sus estructuras de representación pudiendo reforzarse en algún caso; por otro, las que continúan sin ellas de modo que la posición de su mano de obra es cada vez más precaria aunque la tendencia se escora hacia estas últimas” 15 . En este marco general, entre nosotros puede acentuarse un fenómeno ya existente: los trabajadores pobres, que en la definición mayoritaria trabajan, pero no alcanzan el 60% de la mediana de los ingresos disponibles. El factor “trabajo” del trabajador pobre es lo que hace singular su posición y diferencia su tratamiento de la mera ansia de renta, haciendo necesario modificar las clásicas recetas sobre factores que aumenten el atractivo del trabajo para sujetos que han caído en “la trampa de la pobreza y la inactividad” que han propugnado machaconamente instancias como la OCDE o la propia UE. “Por ejemplo, ser un trabajador pobre está íntimamente relacionado con obtener sueldos bajos, de forma que en la Europa de los trece y en 1995 un 37% de los trabajadores pobres tenían sueldos bajos. Además, estos trabajadores ocupan empleos de muy baja calidad, en los que el nivel de estudios exigido es mínimo, con una proporción mayor de mujeres autónomas, empleos más temporales y con gran rotación; en general feminizados y en mayor medida a tiempo parcial…Respecto a las características del hogar, las investigaciones señalan que los más vulnerables son las familias monoparentales y aquellas en las que hay sólo un trabajador con niños dependientes. En general, parece que el talón de Aquiles es la intensidad laboral de la familia, es decir, la cantidad de trabajadores 15 Miguel Ángel García Calavia, Enric Sanchis Gómez, Departamento de Sociología y Antropología Social de la universidad de Valencia “La negociación colectiva en España” pág. 12. En Congreso FES de Sociología. http://www.fes-sociologia.com/files/congress/10/grupostrabajo/ponencias/577.pdf . TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 278 que hay en el hogar teniendo en cuenta el número de miembros, tanto adultos como menores”. Tarde, pero como ha sostenido con acierto la Comisión Europea “member States will reform financial incentives with a view to making work attractive and encouraging men and women to seek, take up and remain in work. In this context, Member States should develop appropriate policies with a view to reducing the number of working poor. They will review and, where appropriate, reform tax and benefit systems and their interaction with a view to eliminating unemployment, poverty and inactivity traps, and encouraging the participation of women, low-skilled workers, older workers, people with disabilities and those furthest from the labour market in employment…Member States should develop and implement broad actions and measures to eliminate undeclared work, which combine simplification of the business environment, removing disincentives and providing appropriate incentives in the tax and benefits system, improved law enforcement and the application of sanctions. They should undertake the necessary efforts at national and EU level to measure the extent of the problem and progress achieved at national level” 16 . Entre esas medidas de respuesta a la pobreza laboral se ha señalado, de cara a nuestro país, que “los factores que previenen a los trabajadores con sueldo bajo de caer en la pobreza son mayoritariamente de dos tipos: por una parte, la presencia de más de un sueldo en el hogar; y, por la otra, las ayudas sociales, en general ayudas a la vivienda y al cuidado de los menores. En este sentido, un factor de los países del sur de Europa para alejar a los asalariados con ingresos bajos de la pobreza es el papel de la familia extensa, que puede prestar un importante apoyo en el cuidado de los niños o facilitar el acceso a la vivienda” 17 . La expresión de los sociólogos evidencia hasta qué punto se trata de un problema que golpea duramente entre nosotros, dada nuestra estructura 16 2003/578/EC: Council Decision of 22 July 2003 on guidelines for the employment policies of the Member States. 17 Garcia Espejo, I y Pascual Gomez, M, op. cit. Según la Encuesta de Calidad de Vida del INE, el umbral de riesgo de pobreza, medido en relación con el número de personas convivientes y la renta anual arroja un resultado de Ingresos por año, 2010 2011 2012 2013 2014 hogar con una sola persona 8.358 8.321 8.114 7.961 8.011 hogar con 2 adultos y 2 niños 17.551 17.473 17.040 16.719 16.823 Siendo así que “el valor del umbral de pobreza, expresado como ingreso equivalente de la persona, se fija en el 60% de la mediana de los ingresos por unidad de consumo de las personas”. En un salario hora de 7, el umbral de pobreza se situaría en 4,2 passim. Es de notar también el descenso progresivo del umbral, paralelo probablemente con la bajada de las rentas medias. MARÍA FERNANDA FERNÁNDEZ LÓPEZ 279 productiva. “Los bajos salarios son característicos de los trabajadores no cualificados, de los trabajadores cualificados de la agricultura y de los trabajadores de los servicios. En muchos casos el tipo de empleos a los que hacen referencia estas categorías requieren pocas cualificaciones y no suelen ofrecer oportunidades de carrera laboral a medio y largo plazo. Respecto a la rama de actividad, en ambos casos destaca el elevado porcentaje de la rama de agricultura, ganadería y pesca. La proporción de hogares pobres es asimismo superior en las ramas de hostelería y de servicios personales y limpieza; ramas caracterizadas en España por una alta temporalidad de los empleos y una acusada rotación laboral. Estas mismas actividades destacan en la distribución de los bajos salarios pero con porcentajes más elevados, y a ellas hay que añadir la rama del comercio. Otras características de los empleos resultan relevantes en la distribución dela pobreza entre los asalariados. La concentración de los hogares pobres y de los bajos salarios en las empresas de menor tamaño es abrumadora, sobre todo en la segunda situación. Así, cerca del 30% de los asalariados que viven en un hogar pobre trabajan en empresas de menos de cinco trabajadores, y el porcentaje alcanza el 57,9% en el caso de los asalariados con bajos ingresos. Finalmente, la temporalidad de los empleos es otra característica de ambas situaciones” añadiéndose que junto a la rama de actividad destacan otras características del empleo como el tamaño de la empresa: “los asalariados con bajos ingresos cuyas características del hogar les salvan de la pobreza se concentran en las empresas de pequeño tamaño, hasta 10 trabajadores, mientras que las grandes y medianas presentan una asociación negativa y estadísticamente significativa” 18 . A parecidas conclusiones llega la investigación de EUROSTAT, “About 2.7 million people in the EU-27 were lifted out of the risk of poverty or social exclusion in the long-term period between 2005 and 2013. However, the situation has deteriorated in the shorter term, since 2008, pushing the EU off its path to meeting the EU 2020 strategy’s poverty target” 19 . En efecto, entre los objetivos de cara a Europa 2020 la propuesta de reducir la población en riesgo de pobreza está expresamente incluida. Para España el objetivo es reducir la situación de pobreza de 1,400,000-1,500,000 personas. En general, se parte para comprender esta cifra del contexto de un diagnóstico realmente formidable que muestra lo estrechamente que se encuentran relacionados objetivos de inclusión social y laboral que a veces son objeto de valoración y tratamiento separados: “In line with the sustainable development agenda, the EU aims to actively include every citizen, notably the most disadvantaged, fully in society, including in work. By doing so, it endeavours to 18 García Espejo, I., y otros “LOS TRABAJADORES POBRES”... 61 EMPIRIA. Revista de Metodología de Ciencias Sociales. n. 14, julio-diciembre, 2007, pp. 41-67. ISSN: 1139-5737. 19 http://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php/People_at_risk_of_poverty_or_social_exclusion TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 280 tackle various challenges: poverty, social exclusion, labour market segregation, long-term unemployment and gender inequalities. Thus in the EU the poverty and social inclusion concepts are closely interlinked. A substantial proportion of the EU population is at risk of poverty or social exclusion, but not all are affected in the same way. Some have a low income compared with other residents in the same country, but this does not necessarily imply a low standard of living. Social transfers help a subset of this group achieve an income above the poverty threshold. Another form of poverty is material deprivation. Those affected cannot pay unexpected expenses or afford some items considered to be desirable or necessary to lead an adequate life. Reducing inequalities between the highest and the lowest incomes contributes to the Sustainable Development Strategy’s goal of achieving a high level of social cohesion. Differences between the earnings of men and women are also an issue. Income status and education level are closely linked. Tertiary education and lifelong learning enable citizens to gain and update knowledge, skills and competences needed for employment, social inclusion and personal fulfilment. Early school leavers and adults with low educational attainment are more likely to experience very low work intensity or be among the working poor. Social inclusion also links to the wider theme of socioeconomic development. Public expenditure on education helps foster economic growth and productivity. Poverty and unemployment represent a non-realisation of human capital and thereby a social and economic loss to society. Furthermore, gender pay gaps reduce work and education incentives for women, hindering overall economic performance. More highly educated people have a greater potential to contribute to the economy. In turn, a well-performing economy and good labour market performance fosters employment, decreases monetary poverty and strengthens social inclusion. A strong economy also has more resources for social transfers to help people who still live in poverty. Poverty and unemployment affect people’s health and are thus a challenge for the national budgets” 20 . Culminando la pirámide, el Consejo señala que “los Estados miembros y la Unión han de abordar también el impacto social de la crisis y aspirar a construir una sociedad cohesionada en la que se capacite a las personas para que puedan anticipar y gestionar el cambio y participar activamente en la vida social y económica. Es necesario garantizar el acceso y las oportunidades para todos y reducir la pobreza y la exclusión social, principalmente velando por un funcionamiento eficaz de los mercados de trabajo y los sistemas de protección social, así como por la eliminación de los obstáculos a la participación en el mercado de trabajo. Los Estados miembros deben procurar, asimismo, que los 20 http://ec.europa.eu/europe2020/europe-2020-in-a-nutshell/targets/index_en.htm MARÍA FERNANDA FERNÁNDEZ LÓPEZ 281 beneficios del crecimiento económico lleguen a todos los ciudadanos y a todas las regiones”. 21 En aras de este objetivo, la Orientación n, 8 en esta Decisión señala que “los Estados miembros deben modernizar los sistemas de protección social para ofrecer de manera eficaz y eficiente una protección adecuada a lo largo de todas las etapas de la vida de una persona, fomentando la inclusión social, promoviendo la igualdad de oportunidades, incluida la igualdad entre hombres y mujeres, y abordando las desigualdades. Complementar los enfoques universales con otros selectivos aumentará la eficacia, mientras que la simplificación mejorará la accesibilidad y la calidad. Es preciso prestar mayor atención a las estrategias preventivas e integradas. Los sistemas de protección social deben fomentar la integración social alentando a la gente a que participe activamente en el mercado laboral y la sociedad. Unos servicios asequibles, accesibles y de calidad, como el cuidado infantil, la asistencia extraescolar, la educación, la formación, la vivienda, los servicios sanitarios y los cuidados de larga duración son esenciales. También debe prestarse una atención especial a los servicios y acciones básicos para evitar el abandono escolar prematuro, reducir la pobreza de los trabajadores y luchar contra la pobreza y la exclusión social. A tal fin, es necesario utilizar diversos instrumentos de manera complementaria, de acuerdo con los principios de integración activa, incluidos los servicios de capacitación y activación laboral, los servicios de calidad accesibles y el apoyo adecuado a los ingresos en función de las necesidades individuales. Los sistemas de protección social deben diseñarse de forma que faciliten el acceso a todos los beneficiarios, apoyen la protección y la inversión en capital humano, y contribuyan a prevenir, reducir y combatir la pobreza y la exclusión social a lo largo de toda la vida”. Es posible observar la claridad del objetivo. Lo que es cuestionable es la eficacia de la acción para su alcance si no se combina con otros insertos en la misma estrategia y/o en otras, inspiradas en las instituciones comunitarias y de otras organizaciones internacionales, cuya eficiencia no puede medirse sólo en cifras, sino en indicadores de la integración social de las personas destinatarias. En el texto del propio Consejo se observan contradicciones en este sentido, y la vaguedad de las indicaciones orientadoras para alcanzarlo refleja ciertamente la confusión que rodea al complejo tema de la igualdad y la integración social. La misma situación de confusa evidencia se desprende de los documentos de la OIT: “Both the effectiveness and relevance of the social contract depend on how it can adapt itself to new economic, social and political realities. When the world of work undergoes profound changes, tensions grow threatening to erode the existing social contract. For example, there is widespread concern that, in 21 DECISIÓN (UE) 2015/1848 DEL CONSEJO de 5 de octubre de 2015 relativa a las orientaciones para las políticas de empleo de los Estados miembros para 2015. 289 POBREZA EN EL TRABAJO Y MODALIDADES CONTRACTUALES (EN ESPECIAL EL TRABAJO TEMPORAL Y EL TRABAJO A TIEMPO PARCIAL) Mª GEMA QUINTERO LIMA Universidad Carlos III de Madrid Proyecto de Investigación DER2015-63701-C3-1-R 1 A partir de las categorizaciones múltiples presentadas en otros lugares de esta obra, cabe abordar un par de cuestiones jurídicas. Así, una de las causas habitualmente señaladas, que explica a priori la existencia de trabajadores pobres en sentido lato, ha sido la existencia de una contratación temporal excesiva/abusiva y una proliferación del trabajo a tiempo parcial. El objetivo aquí es, entonces, el de tratar de revisar de qué modo las distintas regulaciones jurídicas (que son resultado de reformas legislativas permanentes y sucesivas) de la contratación temporal y de la duración de la jornada (tiempo parcial) han podido contribuir a la conformación de la figura del trabajador pobre o en riesgo de pobreza, y en el incremento cuantitativo –del número– de trabajadores pobres. Para eso se habría de tratar de identificar cuáles son los elementos de la regulación de la contratación temporal y del trabajo a tiempo parcial que pueden tener incidencia en esa situación de pobreza. De ahí que el objetivo de este trabajo sea el de analizar si se da esa incidencia realmente, como hipótesis de trabajo totalmente válida para plantear nuevas propuestas de solución. 1 Proyecto de investigación I+D+i DER2015-63701-C3-1-R “Instrumentos normativos para la mejora de las transiciones de los working poor y su inclusión social”, financiado por la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación dependiente del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) de la Unión Europea. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 290 1. ALGUNAS CUESTIONES PREVIAS RELEVANTES Sin embargo, antes de la cuestión de la temporalidad y la parcialidad en la contratación, habría algunas cuestiones relevantes que señalar y que sirven como condicionantes del análisis o como marco en sí mismo. Porque obviamente, la situación actual se explica a partir de un devenir normativo, en el que se han sucedido distintas reformas, con contenidos variados y, entre ellos, de la contratación. En cada reforma, los elementos críticos de la temporalidad/parcialidad –los que explicarían su potencial pauperizador del trabajador– han sido modificados, en distintas direcciones, con diversos efectos. Y, al mismo tiempo que se modifica ese elemento de la regulación jurídica contractual, en ocasiones se han variado otros elementos concomitantes, lo que genera una zona de cierta indefinición en la determinación de la relación causaefecto entre regulación-pauperización. Esa pauperización tendría diferentes grados, de ahí que se haya de advertir que el trabajador pobre stricto sensu no es una realidad idéntica al trabajador con poco salario; si bien el bajo salario puede conducir con cierta facilidad a una situación de riesgo de pobreza 2 . Pero ni el trabajador temporal necesariamente ha de tener un bajo salario, ni el trabajador a tiempo parcial ha de ser necesariamente pobre (si acumula distintas jornadas parciales o su salario a tiempo parcial reúne ciertas características). Porque también es plausible que los trabajadores indefinidos y a jornada completa tengan un salario bajo. O dicho de otro modo, sin perjuicio de lo que diga más adelante: la pobreza en el trabajo puede tener como causa la regulación jurídica que el legislador haga de la temporalidad/la parcialidad de la contratación laboral. Pero, sin embargo, no es una condición única ni indivisible. Sin que se vaya a tratar aquí, sino en otro trabajo de esta obra 3 , el salario (su cuantía, conformación, efectividad, garantía) sí parece ser un elemento originario o coadyuvante de una eventual situación de pobreza. Porque la pobreza en el trabajo, a la vista de los elementos que sirven de objeto de análisis en las distintas aproximaciones estadísticas 4 es algo 2 Una persona con salario bajo puede ser pobre o no, en función de su situación familiar y otros ingresos que pueda obtener por otras vías alternativas (Véanse los trabajos conceptuales de ARTERO, BORRA y PATIÑO en esta misma obra, asi como la presentación diacrónica de su evolución, presentada por DAVIA, M. A, “Evolución del empleo de bajos salarios en España” en FOESSA, VII Informe sobre exclusión y desarrollo social en España, 2014. Madrid, FOESSA; 2014, 46 p. 3 Véase especialmente el estudio de la deflación salarial realizado supra por los Profesores Calvo Gallego y Rodríguez-Piñero en La reforma de 2012 y el “cambio” de función del Derecho Laboral, p. 165. 4 Véanse los trabajos conceptuales de ARTERO, BORRA y PATIÑO en esta misma obra. Mª GEMA QUINTERO LIMA 291 multidimensional, que incorpora elementos jurídicos plausibles diversos: la regulación del salario, el tipo de contratación –temporal–, la parcialidad de la jornada, el modelo de protección social establecido (especialmente en lo relativo al desempleo y a la protección de la familia), los niveles de formación y de empleabilidad de los trabajadores, por señalar algunos evidentes. La temporalidad es solo parte de las causas, y la conformación de la precariedad iría más allá del tipo del contrato. No obstante, y realizada esa precisión, aquí se va a tratar de diseccionar la realidad de la contratación temporal/ a tiempo parcial, para tratar de derivar algunas conclusiones sobre su incidencia no totalmente cuantificable en la situación de pobreza absoluta, relativa, y/o de la precariedad sin cuantificar. Si bien, para ello, se han de advertir algunas ideas fuerza que predeterminan un enfoque jurídico que, sin embargo se impregna de elementos ajenos (políticos, económicos y sociológicos). 1.1. Las Políticas de Empleo En un contexto de políticas económicas de solución de coyunturas de crisis económicas, ha actuado como paradigma de la organización del trabajo el de la progresiva flexibilización del mercado de trabajo. Y las distintas estrategias de reforma laboral, han tenido el epicentro en las sucesivas reformas de la temporalidad 5 cuyo efecto ha sido la Dualidad del Mercado de Trabajo 6 . En primer lugar, así, si se parte de la existencia de la señalada dualidad del mercado actual, en el que conviven trabajadores indefinidos y trabajadores temporales, ha de entenderse cuál es el origen de la dualidad en sí misma. Por simplificar la dualidad tuvo su origen, en su momento, en la ruptura con la regla general del carácter indefinido del contrato. En un contexto de crisis económica, en el que el desempleo resultaba ser un problema socio-económico de gran envergadura, la promoción de la contratación temporal, incluida en la Ley 32/1984, de 2 de agosto 1984, se presentaba como una solución de solvencia relativa, especialmente contrastada en el Derecho Comparado. Como freno ideológico a las dificultades que entrañaba la contratación indefinida, las políticas de empleo se instrumentaban a través de diversas formas de fomento de esa 5 Véase, por todos, TOHARIA CORTES, L. (Dir.) El problema de la temporalidad en España: un diagnóstico” Madrid: MTSS, 2005, 216 p. 6 Véanse, por todos, DESDENTADO BONETE, A. “La reforma de la contratación temporal en la ley 12/2001”. En GARCIA PERROTE ESCARTIN, I. (Coord.). La reforma laboral de 2001 y el acuerdo de negociación colectiva para el año 2002. Valladolid: Lex Nova, 2002.pp. 53- 77 y CAMPS RUIZ, L.M. “La reforma de la contratación temporal en la ley 35/2010”. En ALFONSO MELLADO, C.L. ET AL. La reforma laboral en la ley 35/2010, de 17 de septiembre, de medidas urgentes para la reforma del mercado de trabajo. Valencia: Tirant Lo Blanch, 2010, pp. 15-54. TRABAJADORES POBRES Y POBREZA EN EL TRABAJO 292 contratación indefinida, bajo la forma de bonificaciones/exenciones, de un lado y, de otro, mediante el diseño de distintas formas de contratos temporales. Y esta última línea de reforma ha permitido en momentos de crisis, y en situaciones cíclicas recurrentes no patológicas necesariamente, la flexibilidad de entrada/salida del mercado de trabajo (desde el punto de vista de los trabajadores) y del ajuste flexible de plantilla (desde el punto de vista empresarial) 7 . Así, la existencia de políticas de empleo resulta ser un condicionante potente de la existencia de contratación temporal (desde el inicio, en la década de los ochenta, y hasta la actualidad). Pero paradójicamente, en cierto momento, se observó que esta dualidad generaba fuertes distorsiones en el mercado. Se generó la autoconciencia legislativa de los defectos estructurales del mercado de trabajo generados por la contratación temporal estimulada por las regulaciones normativas precedentes. De suerte que, al mismo tiempo, se convirtió en objetivo de las políticas de empleo, ya no tanto promover la contratación temporal en clave de empleo, sino frenar los efectos de esa dualidad (trabajadores indefinidotemporales) mediante la incentivación de la contratación indefinida y la desincentivación de la temporal (reformas de 2010 y 2012). Objetivo, no obstante, no conseguido, por razones diversas, como se ira poniendo de manifiesto. Sin embargo, paralelamente, se ha mantenido una síncopa incongruente, la de la inserción de ciertos colectivos (desempleados, jóvenes, discapacitados, entre otros, por simplificar), a través de la contratación temporal, y no siempre de tipo formativo. Y los efectos de esa esquizofrenia jurídica resultan ser exponencialmente dañinos en términos de riesgo de pobreza. Tanto más cuanto, a lo que aquí interesa, las políticas contra la temporalidad nunca hasta el momento han tenido como objetivo frenar la pauperización de los trabajadores, ni luchar contra los distintos tipos de pobreza ligada al trabajo. Las políticas de empleo han tratado de promover el empleo (crear empleo), pero por efecto han generado índices de temporalidad exagerados que, en una segunda fase, han configurado nuevos objetivos reformistas, en orden a frenar la dualidad del mercado y/o el uso abusivo de la contratación temporal (frenar el incremento de la precariedad en el empleo). Ha habido políticas de empleo materializadas en normas de promoción de la contratación para una formación en alternancia, que ha podido llegar a generar pequeñas bolsas de trabajadores pobres también. Finalmente, y por el momento, nos encontramos en una fase en la que la parcialidad excesiva se atisba como un 7 ALFONSO MELLADO, C.L. “Las actuaciones para reducir la temporalidad en los contratos laborales” Temas Laborales, núm. 107, 2010, p. 96. Mª GEMA QUINTERO LIMA 293 nuevo núcleo sustancial problemático, que emerge ligado a una demanda novedosa de protección de los trabajadores contra la pobreza. Pareciera llegado el momento socio-teórico óptimo para diseñar nuevas políticas públicas de lucha no contra la pobreza y la inserción social de los desempleados, sino, concomitantemente, para la lucha contra la pobreza de los trabajadores empleados. En clave preventiva y reparadora. 1.2. Las limitaciones de los estudios estadísticos y cuantitativos En un segundo orden de cuestiones, el análisis del dueto temporalidadparcialidad como causas actuales del riesgo de pobreza en el trabajo, aunque comprobado, no resulta perfectamente cuantificado en su impacto por las limitaciones estadísticas que se hacen patentes en este ámbito. No existen esas limitaciones para definir al trabajador pobre 8 , pero sí para indicar la incidencia de las reformas laborales de la contratación temporal y del trabajo a tiempo parcial en la condición de pobreza. Eso sí, cuantitativamente si es posible desvelar la tendencia acerca de la creación o destrucción de empleo en función de la tipología del contrato. Y los datos demuestran que la pérdida de empleo ha sido mayor para los trabajadores temporales que para los indefinidos. Y si eso es cierto, (ha habido cambios en las estructuras del empleo, por efecto del incremento y descenso de contratos temporales en la medida en que son más elásticos), también es verdad que no conocemos ningún tipo de microdatos continuos que posibiliten un seguimiento generalizado de cada trabajador para visualizar su íter contractual en orden a comprobar si las pérdidas de empleo son definitivas o solo coyunturales, y de qué modo inciden en su situación económica. Tabla 14: Distribución de efectivos por contratos AÑO NUEVOS EFECTIVOS CON CONTRATOS CONTRATO INDEFINIDO* CONTRATO TEMPORAL* 2008 13.212 9.269 3.942 2009 12.196 9.023 3.168 2010 11.898 8.865 3.033 2011 11.663 8.787 2.874 2012 11.213 8.685 2.528 *Variacion media anual en miles. Fuente. Datos de la ECL, presentados por la ITSS. Memoria 2015. 8 Como se pone de manifiesto en otros trabajos de esta obra, donde, antes al contrario, la definición del trabajador en riesgo de pobreza ha quedado definida en términos cuantitativos del modo más solvente posible. [Document text truncated for crawler view.]