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Paradigma social de redes: implicaciones (des)emplazantes: el paradigma de redes: (des)- emplazamientos post-modernos

Acosta-Romero, Ángel; Calderón Amador, Juan José; Vázquez-Medel, Manuel Ángel; Vidal Jiménez, Rafael

Abstract

Esta comunicación propone un Paradigma de Redes como nuevo principio de comprensión ontológica, epistemológica, ético-política y estética del modelo social surgido de la crisis terminal de la modernidad. Como nueva Filosofía de la Relación este Paradigma representa una nueva forma hermenéutica de estar-en-el-mundo, toda una forma de existencia interpretante, que ha de servir para la exploración de nuevas formas de interacción consigo mismo, con los demás y el mundo desde los efectos mundializadores producidos por la intensificación creciente de los nuevos flujos tecnológicos. Del mismo modo, como forma de conocimiento, de manera autorreflexiva, este Paradigma debe convertirse en un nuevo compromiso autocrítico ante el déficit de diagnóstico social que supone la quiebra postmoderna. Ha de ser un instrumento fundamental de conceptualización de la nueva experiencia económicosocial, política y cultural que comporta en sí mismo.

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Grupo de trabajo F-60: Paradigma Social de Redes: implicaciones (des)emplazantes El paradigma de redes: (des)- emplazamientos post-modernos Palabras clave  cambios científico-tecnológicos  ciberespacio  cibergeografía/geografía  comunidades virtuales  gobernabilidad  interculturalidad / diversidad Resumen Esta comunicación propone un Paradigma de Redes como nuevo principio de comprensión ontológica, epistemológica, ético-política y estética del modelo social surgido de la crisis terminal de la modernidad. Como nueva Filosofía de la Relación este Paradigma representa una nueva forma hermenéutica de estar-en-el-mundo, toda una forma de existencia interpretante, que ha de servir para la exploración de nuevas formas de interacción consigo mismo, con los demás y el mundo desde los efectos mundializadores producidos por la intensificación creciente de los nuevos flujos tecnológicos. Del mismo modo, como forma de conocimiento, de manera autorreflexiva, este Paradigma debe convertirse en un nuevo compromiso autocrítico ante el déficit de diagnóstico social que supone la quiebra postmoderna. Ha de ser un instrumento fundamental de conceptualización de la nueva experiencia económicosocial, política y cultural que comporta en sí mismo. Contenido de la comunicación 1. Enfoque Inicial: hacia un Diagnóstico Social (de Red) ¿Cuál es la razón de ser de este texto? Crisis analógica, futuro digital. ¿Una oportunidad histórica? ¿Qué puede ello implicar desde un compromiso crítico con nuestro presente contingente? Este nuevo mundo de redes arroja nuevas luces, pero también encierra sus sombras. Hay que ir tratando de delimitar una y otra cosa. Porque esta nueva situación histórica no es una “necesidad fatalista”, pero se va asumiendo como arbitrario cultural, naturalizado como “habitus”. Advierto que la misma (des)-estructuración circular progresiva y hologramática –las partes del todo reproducen los rasgos de la totalidad que conformande mi texto pretende ser, de paso, una plasmación discursiva de la misma idea de Red que trato de desentrañar aquí. Si el “Paradigma de Red” es la negación de la linealidad moderna, mi escritura se homologa con semejante superación post-moderna. Nos encontramos ante una ruptura profunda con una modernidad tan analógica como monológica, simplificadora y discriminatoriamente “universalista”, recelosa de lo diferente. La modernidad se desborda así misma en el despliegue masivo de nuevos flujos comunicativos, que no sólo responden al incremento “irreversible” de las interconexiones telemáticas operadas en los nuevos entornos cibernéticos, dentro de una “migración digital” (Vilches, 2001) comparable a otras aventuras históricas colonizadoras a lo largo y ancho de una geografía territorial, ahora cada vez más comprimida y desolada existencialmente. Mientras el ser se digitaliza en su conversión del “átomo” al “bit” (Negroponte, 1996) también hallamos su punto máximo de “desbordamiento” (Appadurai, 2001) en la intensificación de los circuitos de desplazamiento migratorio que une y separa espacios culturales en un dinamismo mundial en el que la techné propicia una nueva conciencia del mundo como mundo en sus dobles juegos de unidad globalizadora y fragmentaciones localistas reactivas. Los desarraigados no-lugares digitales se abren paso ante los lugares físicos como fuertes espacios de afirmación reactiva de una identidad y una historia propia, a la vez que estos se reivindican en el miedo al encuentro con la “novedad” trans-histórica. En cualquier caso, experimentamos una nueva forma de representación de nosotros mismos, de los demás y del mundo en la misma crisis de la representación como proceso referencial entre las palabras y las cosas. De la representación a la continua reconfiguración del sentido como identificación en clave simbólica de la razón de ser de nuestras prácticas discursivas. Ruptura tecnológica de las cadenas de significantes allí donde el signo remite al signo, donde la representación y la figuración se convierten en concepto de lo representado y lo figurado. Con el tiempo habremos de ir valorando las consecuencias “finales” de semejante trastocamiento socio-cognitivo. ¿Liberación con respecto al Modelo o nuevos “modelos” múltiples de Control en la desposesión afásica e irreflexiva, meramente lúdica, de sí mismo? Quizá, de manera paradójica, ambas cosas a la vez. Sí, tenemos una nueva oportunidad histórica de exploración de lo que podríamos llegar a ser para ser lo que nunca fuimos bajo las estructuras protocolarias epistemológicas y ético-políticas de esa modernidad desilusionada de sí misma. Desde un triple enfoque ecosófico, el cual ha de responder de manera complementaria y comprometida a las nuevas formas de construcción (cruzada) de la subjetividad, a los nuevos esquemas de relación social y política post-nacionales, y a los nuevos retos medioambientales que arroja la nueva alianza entre naturaleza y cultura, hemos de preguntarnos sobre las paradojas que encierra este giro digital en forma de un nuevo “Paradigma Social de Redes” como reto dialógico-hermenéutico. Se trata, por un lado, de afrontar la gran paradoja presente entre la expansión sostenida de nuevos medios tecnocientíficos, potencialmente capacitados para la resolución de problemas ecológicos identitarios, sociales, políticos, económicos y propiamente medioambientales, además de compensar las actividades socialmente útiles en el planeta, frente, por otro lado, a la dificultad manifiesta de las fuerzas sociales (des)-organizadas y de las formaciones subjetivas -constituidas de manera agencial y emergente- a la hora de apoyarse en esas tecnologías, convirtiéndolos en vitalmente operativos, en un nuevo “hábitat” realmente habitable para todos. Concebir, a la vez, la conformación de las nuevas redes sociales como un nuevo “habitus”, como una nueva forma de pensar, sentir y estar en el mundo, requiere tomar conciencia del desfase cognitivo con el que vivimos nuestro desconcierto fundamental. Las Redes como “habitus” actúan en tanto esquemas generativos (estructurantes) con los que los sujetos aprehenden el mundo y actúan en él (interiorización de la estructura social configurada en una historia condicionada). Ello se concreta en modelos prácticos de percepción, apreciación y evaluación (moral), que pueden derivar en la no obediencia consciente a las reglas del juego implícitas ni producto de la acción organizadora de los poderes que inviste. Este “habitus”, como tal, tenderá a su durabilidad, autorreproducción y conservación mediante la naturalización (olvidada) de los arbitrarios culturales-históricos que están en su origen. Debemos prevenir la resistencia fundamental al cambio en el que puede devenir. Hay que advertir los mecanismos de control auto-regulador (entre lo consciente y lo consciente) del azar del discurso (qué, quién, cómo y dónde se puede decir lo que se puede decir) que la digitalización practico-discursiva representa como un particular “mercado lingüístico”, integrado por los ciber-receptores capaces de evaluar lo dicho, apoyado por el ”capital lingüístico”, como ganancia en el poder sobre los mecanismos de formación de los “precios lingüísticos” electrónicos, atentos a los “micromercados” dominados por las estructuras globales de liberación-dominación. En la superación de la dicotomía objetivista-subjetivista, mecanicista-finalística, como olvido del papel activo de los sujetos y de la existencia de regularidades sociales ajenas a la voluntad y consciencia subjetiva, hemos de centrar nuestra atención en la interacción entre, en primer lugar, las “estructuras sociales externas”, los “campos” como espacios organizados de localizaciones cuyas propiedades dependen de la posición en dichos campos, pudiéndose analizar independientemente de las características de sus ocupantes, en parte determinados por ellos; y, en segundo lugar, las “estructuras sociales interiorizadas” como situación-contexto y lógica específica de las ejecuciones (competencias): la incorporación subjetivas de las estructuras sociales “objetivas” en forma de esquemas de pensamiento, sentimientos y acción (Bordieu, 1984). En ese sentido, pensar la Red nunca debe eludir las formas de in-corporación del “habitus” a través del cuerpo, esto es, los “biopoderes” que la vida digital puede introducir como inscripción de las formas de dominación que definen a los nuevos “campos” de acción de ese “habitus” digital en el uso subjetivo de la post-corporeidad así emanada. Desde estas premisas teórico-metodológicas, hemos de abordar el déficit de diagnóstico sobre lo que nos pasa en el tiempo, derivado del mismo principio de incertidumbre en que se asienta esta nueva era informacional, basada en la autorreferencialidad cultural, en la remisión de la cultura a sí misma a través de la construcción tecnológica de un mundo al otro lado del mundo. Sugiero, pues, la urgente necesidad de realizar nuevos diagnósticos interpretativos-comprensivos, más apegados a las nuevas experiencias que percibimos, con inquietud, en nuestra perplejidad informacionalista. Crisis de los dualismos genéricos, del frente a frente estructural-funcional del sujeto y del objeto, de la acción y la estructura, de la naturaleza y lo social, de lo masculino y lo femenino, del bien y el mal, de lo bueno y lo malo, de lo bello y lo feo, etc.; quiebra de las configuraciones geopolíticas en las que se cimentó la modernidad; supresión transfronteriza de las oposiciones entre los “adentros” y los “afueras” de toda naturaleza social; dispersión multipolar y post-clasista de las viejas identidades ideológicas de masas; fin de la demarcación cartográfica clásica entre desarrollo y subdesarrollo en la creciente “tercermundización” del Primer Mundo, allá donde cada vez más proliferan (en red) nuevos núcleos de poder económico-social y político en el Sur; nuevas dificultades para construir y leer nuestras singularidades en los conflictos interculturales que siguen al encuentro cotidiano con la otredad étnico-lingüística, política, religiosa, generacional, de género, etc.; fragmentación, descentramiento, multiplicación, antagonismos incontenibles de todos los procesos sociales; doble territorialización y deslocalización de una realidad diluida, fluida, inconsistente, que ya no responde a un pensamiento de la fijación y la permanencia…Vivimos en “tiempos líquidos” donde la deslocalización espacio-temporal impide la consecución de los proyectos en su continua disolución y reformulación. En esta época histórica particular resulta casi imposible que: «las formas, presentes o sólo esbozadas, cuenten con el tiempo suficiente para solidificarse y, dada su breve esperanza de vida, no pueden servir como marcos de referencia para las acciones humanas y para las estrategias a largo plazo; de hecho, se trata de una esperanza de vida más breve que el tiempo necesario para desarrollar una estrategia coherente y consistente, e incluso más breve que el tiempo requerido para llevar a término un “proyecto de vida” individual» (Bauman, 2008: 7-8). Pero pensar en Red significa también aplicar esa nueva ecosofía, esa triple ecología subjetiva, relacional-social y medioambiental en una doble dimensión propiamente social y mental (Guattari, 1996). Primero, aplicar prácticas discursivas concretas de cara a la modificación en reinvención de nuestro modo-de-ser en todos los ámbitos de interacción en los que nos encontremos más allá de la lógica autorreguladora del Capital Soberano. Del mismo modo, transformar nuestras formas de ser-en-grupo donde la acciones comunicacionales sean acompañadas por profundas mutaciones existenciales enfocadas hacia el problema esencial de la construcción de nuevas subjetividades infinitamente “(des)-habituadas” y (des)-emplazadas. 2. Una nueva agenda social de Redes Concretando más, el “Paradigma Social de Redes” nos lanza retos, nos ofrece una complicada agenda que, en mi opinión, ha de servir para interpretar –re-semantizando y re-conceptualizando- nuestras nuevas “realidades” post-modernas; y, de la misma manera, para poner el acento sobre aquellos aspectos capitales que no deben sino estimular un espíritu crítico y activo de resistencia contra las problemáticas consecuentes. Sólo así podremos concebir la figura del intelectual y del científico social en un agente de cambio constituyente infinito: 1. Para empezar, hay que ocuparse de la nueva morfología social que implementan las Redes. Del Objeto a la Relación, frente al principio organizador dotado de centro, la Red funciona como una (no)-estructura desorganizada y descentralizada, deconstruida a base de una multiplicidad de unidades autónomas, asociadas “eventualmente” según niveles de conectividad y consistencia. La morfología de flujos interactivos (asimétricos y diferenciales), lleva consigo la inexistencia de principio o fin, puesto que todo está en medio. Se trata de una lógica compleja. El encuentro contingente de las diferencias genera “cualidades emergentes” indeterminadas. En la Red, cualquier nodo tiene la posibilidad de conectar con el resto, siempre desde la complementariedad (autopoiética) entre orden (codificación normalizadora) y caos (descodificación desviatoria). Aprovechando el valor heurístico de la metáfora rizomática (Deleuze y Guattari, 2000), la comprensión interpretativa del mundo de redes, supone la negación de la moderna morfología arborescente (sistema-raíz; sistema raicilla) en la que el uno deviene dos, en la que impera la lógica binaria del predominio del Modelo frente a las copias), en la que la multiplicidad remite a la unidad principal que representa el pivote central de la raíz, en la que prevalece un eje genético como unidad central desde la que se gobierna una sucesión de multiplicidades, reducidas a esa referencia originaria. Frente a la rigidez constitutiva del predominio de los elementos jerarquizados sobre las relaciones (pre-establecidas funcionalistamente) en las que entran en juego, en la Red opera una flexibilidad y multiplicidad constituyente y reconfiguradora, adoptando la forma de malla moduladora, continuamente redefinida en función de las alteraciones de sus elementos transicionales. 2. Desde esta definición fundamental urge reflexionar, primero, sobre nuestra relación con la “Técnica” como “habitus” socio-histórico concreto afín a esta dinámica multiplicadora. Esta agenda debe estar pendiente, en su vocación auto-crítica, de las consecuencias de esa nueva digitalización del Ser en la configuración de una nueva humanidad (post)-orgánica, y de los posibles totalitarismos fetichistas de un presunto informacionalismo irresponsable en nuestra nueva recursividad cultural. Las Nuevas Tecnologías necesitan de sus propios mitos y discursos simbólicos que las doten de un plus de sentido y un nuevo pensamiento de la transcendencia en la que fundar su imagen social. En la nueva identidad entre hombre y máquina como una vuelta al origen, «se trataría de un sistema en el cual la realidad es capturada a través de las experiencias no mediadas por los medios, sino que los medios son la experiencia» (Vilches, 2001: 65). Esta vía “tecnoromanticista” se asientan, en fin, en dos mitos, que podríamos desmontar deconstructivamente: el ciberespacio como inmanencia y la transcendencia cuasireligiosa de nuestra sociedad digital: «en más de un sentido, el progreso técnico se ha presentado como el sucesor de las religiones reveladas. Salvación y condenación, bienaventuranza y maldición, es algo que desde la Ilustración los augures ya no leen en las Sagradas Escrituras sino en las entrañas de la civilización técnica. Ambas revelaciones reposan por igual sobre un substrato de satisfacción, por no decir de triunfalismo» (Enzensberger, 2000: 5). Por tanto, quisiera hacer una advertencia sobre el papel ideológico y disciplinante que pueden tener metáforas como la “Impacto” tecnológico, puesto que su acrítica creencia puede conllevar un bloqueo del control y de la responsabilidad social sobre los “avances” tecno-científicos. El problema reside en «distinguir entre el agentetecnológico –como cosa compacta, dura y rotunda que, al igual que un meteorito, un puño o una bala, penetra- y el paciente-sociedad-medio ecológico, como víctima vulnerable de ese impacto. Desde la misma sistematicidad de la operación metafórica, el agente-tecnológico queda así definido por una potencia y un dinamismo propios frente a la impotencia y pasividad evocadas en el paciente-sociedad-medio ecológico» (Lizcano, 2002). Ese impulso ciego, esa inercia fatal atribuida a ese agente crea, en definitiva, ese sentido de destino, de necesidad histórica del desarrollo técnico y científico, que sostiene el universo ideológico del discurso postindustrialista-globalista. Existe, a su vez, una complementariedad (cientifista) de la metáfora de la “Invasión” con respecto a aquélla. Se trata de la intención de paliar la incoherencia metafórica que podría derivarse del empeño en reaccionar ante el “impacto” por parte de unos sectores sociales a los que se dota de la pasividad del paciente de dicho impacto. Ante la reacción de estos sectores sociales, o del propio medio ambiente, la oposición de ambas metáforas produce una redistribución de papeles y efectos retóricos, que obtienen su mayor grado de coherencia cuando se integran a través de alguna metáfora bélica, dentro de un discurso configurador de los agentes respectivos –ciencia y técnica frente a invasorescomo bandos antagónicos. Todo ello cristaliza en el comportamiento adoptado por aquellos medios científicos que, cara a la justificación de los criterios de racionalidad y objetividad sobre los que se asienta su actividad corporativa, crean la figura del “invasor”, del “adversario” para desprestigiar el “irracionalismo” de los críticos de esa concepción heredada de la ciencia. Esa la actitud que el citado Emmanuel Lizcano encuentra en Mario Bunge con respecto a la nueva sociología de la ciencia (Lizcano, 2002). Así, no soslayemos los posibles efectos paralizantes de esa “velocidad-límite” tecnológica, convertida en una “Gran Óptica Planetaria”, complementaria a un “Tiempo mundial” que disuelve la sucesión en la simultaneidad absoluta de las acciones. De ahí, se deducen dos aspectos de esta “mundialización” espacio-temporal. Por una parte, la extrema reducción de las distancias, derivada de la compresión temporal de los sistemas de transporte y comunicaciones; por otra, la generalización paulatina de la televigilancia (Virilio, 1999). Tendemos a sufrir una especie de “apátheia”, la cual parece estar en la raíz de toda obsesión-compulsiva tecnologicista: «esa impasibilidad científica que hace que cuanto más informado está el hombre, tanto más se extiende a su alrededor el desierto del mundo. La repetición de la información (ya conocida) perturbará cada vez más los estímulos de la observación extrayéndolos automáticamente y rápidamente no sólo de la memoria (luz interior) sino, ante todo, de la mirada, hasta el punto de que, a partir de entonces, la velocidad de la luz limitará la lectura de la información y lo más importante en la electrónica informática será lo que se presenta en la pantalla y no lo que se guarda en la memoria» (Virilio, 1998: 51). De igual modo, prestemos atención a esa nueva mediación mercantilista y simuladora de todas las relaciones sociales por parte de la “Imagen” omnipresente en la patente “espectacularización” de lo cultural, resultante de la servidumbre tecnológica y de los “precios lingüísticos” que regula: «la alienación en el espectáculo a favor del objeto contemplado (que es el resultado de su propia actividad inconsciente) se expresa de este modo: cuanto más contempla, menos vive; cuanto más acepta reconocerse en las imágenes dominantes de la sociedad, menos comprende su propia existencia y su propio deseo. La exterioridad del espectáculo en relación con el hombre activo se hace manifiesta en el hecho de que sus propios gestos dejan de ser suyos, para convertirse en los gestos de otro que los representa para él. La razón de que el espectador no se encuentre en casa en ninguna parte es que el espectáculo está en todas partes» (Debord, 2002: 49). 3. Ese diagnóstico deconstructivo ha de responder, como ya vengo sugiriendo, al modo en que los viejos modelos globalizadores del Moderno “Sistema-Mundo” adoptan la modalidad de una nueva “Comunicación-Mundo”. En el “Sistema-Mundo”, descrito por autores como Wallerstein, imperaba una lógica estructural, cuyos rasgos principales eran: a) el desarrollo de flujos económicos mundiales, organizados (rígidamente) en torno a núcleo-semiperiferia y periferia (Teorías del Intercambio Desigual); b) la acción de un capitalismo de “Tiempo Diferido” y de la dilatación geográfica de los trayectos entre salida y llegada; c) un sentido parcial de lo sistémico en los efectos “limitados” de la interconexión a distancia. Por el contrario, en la “Comunicación-Mundo” opera toda una Lógica de Red. En ella, las relaciones económico-sociales-políticas y culturales se realizan en un tropismo de los flujos, allí donde en los Nortes cada vez proliferan más Sures y en los Sures se dispersan diferencialmente más Nortes. Frente a la “Teoría del Intercambio Desigual” entre Centro y Periferia, podemos hablar, por consiguiente de una nueva difusión en red de la relación riqueza-pobreza (Mattelart, 1998). Y es que: «debido a la descentralización de la producción y la consolidación del mercado mundial, las divisiones internacionales y los flujos de trabajo y capital se han fracturado y multiplicado, de modo que ya no es posible demarcar grandes zonas geográficas como centro y periferia, Norte y Sur. En regiones geográficas tales como el Cono Sur de América Latina o el Sudeste Asiático, todos los niveles de producción pueden existir simultáneamente y juntos, desde los más altos niveles de tecnología, productividad y acumulación, hasta los más bajos, con complejos mecanismos sociales que mantienen sus diferenciaciones e interacciones. También en las metrópolis el trabajo recorre el continuo desde las alturas hasta las profundidades de la producción capitalista: los talleres explotadores de Nueva York y París pueden rivalizar con los de Hong Kong y Manila. Si alguna vez Primer y Tercer Mundo, centro y periferia, Norte y Sur, estuvieron realmente separados a lo largo de límites nacionales, hoy se infiltran mutuamente, distribuyendo inequidades y barreras a lo largo de líneas múltiples y ramificadas. Esto no quiere decir que ahora los Estados Unidos y Brasil, la India y Gran Bretaña, son territorios idénticos en términos de producción y circulación capitalista, sino que entre ellos no hay diferencia de naturaleza, sólo diferencias de grado. Las diversas naciones y regiones contienen proporciones diferentes de lo que se consideraba Primer y Tercer Mundo, centro y periferia, Norte y Sur. La geografía del desarrollo desigual y las líneas de división y jerarquía ya no se encontrarán a lo largo de fronteras nacionales o internacionales estables, sino en fluidos límites infra y supranacionales» (Hardt y Negri, 2000: 285). Esta “Comunicación-Mundo” se traduce en un nuevo capitalismo de “Tiempo Real”, en el que el mundo se estrecha, se constriñe, se empequeñece en la supresión de los trayectos entre salidas y llegadas. Y ahí es donde es aplicable el principio sistémico de la “Totalidad” -la absoluta solidaridad entre los elementos (transicionales) interrelacionados determina que cualquier modificación de uno de ellos se traduzca en una reconfiguración del conjunto total del que forma partehasta sus últimas consecuencias mundializadoras. Esta nueva “sociedad mundial”, surgida de la implementación planetaria de la redes supone la inexistencia de espacios cerrados y la permeabilidad transfronteriza de todos los procesos vitales, dada la potenciación creciente de las relaciones a distancia en esa comunidad planetaria de problemas, objetivos e intereses (Beck, 1998). El “Paradigma de Redes” representa totalización mundializadora desde «la intensificación de las relaciones sociales en todo el mundo por las que se enlazan lugares lejanos, de tal manera que los acontecimientos locales están configurados por acontecimientos que ocurren a muchos kilómetros de distancia o viceversa» (Giddens, 1993: 67-68). Este dinamismo sistémico va unido a las alteraciones que se producen a nivel local no tienen por qué coincidir con los términos concretos de la relación efectuada a distancia. Esta nueva dialéctica global-local nos lleva hacia una “glocalización” transfronteriza” de la existencia social, en una permanente tensión entre identidad-diferencia. El funcionamiento de la redes se resuelve en un complejo proceso de co-creación, apropiación y asimilación diferencial de los flujos globales de la comunicación por medio de la modificación recíproca de la situación inicial en la que se encuentra cada contexto local antes del intercambio efectuado. En un pensamiento de la intersección “lo cultural” es el punto de sutura simbólica donde vamos creando el “Sentido del Sin-Sentido” en el potencial creativo que presupone el “Sin-Sentido del Sentido” (Watzlawick, 1995). Las redes sociales, no sólo, y quiero resaltarlo, como comunicación telemática, sino como encuentro impersonal trans-subjetivo cara a cara, debe ser la condición de posibilidad de la reinvención continua de sí-mismo como “ipseidad”, como identidad múltiple y plural, necesitada de las intrusiones de la alteridad y la complejidad en todas sus formas; debe ser la oportunidad para convertirnos en laboratorio experimental de infinitas reencarnaciones de lo que queremos llegar a ser. En rebelión absoluta con totalidades constituidas y terminales, debe actuar como un juego incesante de emplazamientos, desplazamiento y desemplazamientos espacio-temporales-simbólicos en la apertura siempre transformadora a la novedad del “otro”, en la búsqueda de autenticidades autónomas interconectadas en función de medios y fines circunstanciales, nunca cristalizados en asociacionismos disciplinantes de masas. Resistir ante los poderes disciplinantes significa desorganizarse en las (Entre)-Zonas Temporalmente Autónomas (TAZ), nunca estabilizada de las “multitudes” –nómadas psíquicoscomo subjetividades descentralizadas en continuo movimiento re-creador del sí, esas no-masas social y políticamente encuadradas, capaces de estar simultáneamente en todas y ninguna parte en función de sus particulares y puntuales proyecciones liberadoras. «Tan pronto como una TAZ es nombrada -representada y mediatizadadebe desaparecer, desaparece de hecho, dejando tras de sí un vacío, resurgiendo de nuevo en otro lugar, e invisible de nuevo en tanto indefinible para los términos del Espectáculo (...) El ataque se hace contra estructuras de control, esencialmente contra las ideas; y la defensa es la «invisibilidad» -un arte marcial- y la «invulnerabilidad» - un arte «oculto» entre las artes marciales. La «máquina de guerra nómada» conquista antes de ser detectada, y se desplaza antes de que el mapa pueda ser reajustado. Por lo que concierne al futuro; Sólo los autónomos podrán planear la autonomía, organizarla, crearla. Es un proceso que se autoinicia» (Bey, 2009). En este sentido, debemos construir una Web que no debe limitarse a su naturaleza informática, que no debe ser meramente una red de ordenadores, sino que el boca a boca ha de constituir una red de información transitiva, dialógica. Lo decisivo es que las tecnologías, con independencia de su naturaleza y nivel de desarrollo concreto, sean abiertas y horizontales. Hay que reencontrase con la inmediatez frente a la mera mediación, reducir las distancias, recobrar, insisto, el “pecho a pecho”, que diría el citado autor, en una anti-red que combine información y deseo para saturarse en su existir. Aunque, claro está, el poder de una red no jerárquica reposa en el aparato informático como herramienta esencial. Por ello: «en todo caso, el concepto de red implica el uso de ordenadores. En toda la imaginería de la ciencia ficción, la Red de ordenadores opera como condición del Ciberespacio (como en Tron o Neuromancer) y la pseudotelepatía de la «realidad virtual». Como fan del Cyberpunk no puedo sino imaginar el «hackeo de la realidad» como algo jugando un papel fundamental en la creación de TAZs. Como Gibson y Sterling, asumo que la Red oficial nunca conseguirá clausurar la Web o la anti-Red -que la piratería de datos, las transmisiones no autorizadas y el libre flujo de la información nunca podrá ser detenido. De hecho, y tal y como yo la entiendo, la teoría del caos predice que ningún Sistema de Control universal es posible» (Bey, 2009). Para ello, en contra de los determinismos neurocientícos-tecnocráticos, es preciso explotar la positividad de nuestra complejidad biológica, física, química, antropológica, socio-política y cultural a favor de una nueva “plasticidad mental” asentada en el dinamismo naturaleza-sociedad-individualidad. Nuestras bases bio-cerebrales son condición condicionada por las actitudes y aptitudes socio-culturales que estemos dispuesto a adoptar como nuevo “habitus” permanentemente en proceso de alteración transgresora de nuestros variables mapas neuronales en redes intra e inter-personales. De la capacidad para redefinir constantemente nuestros mapas neuro-culturales autónomamente interconectados depende, en suma, dependen los trastocamientos sustanciales que podamos experimentar en esas complejas redes de sentido transubjetivo que son los flujos trans-culturales y dialógicos realizadores de nuestros ecosistemas hermenéuticos abocados a la “alteridad” como constituyente y compromiso ético para el sí-mismo. Las Redes deben ser el gran Meta-Espacio de la reinvención de lo “existente”. El prejuicio propio ha de ser la estructura pre-comprensiva que nos conduzca a un continuo despojo y desalojamientos de nosotros mismos. La Red, o la Anti-Red, si se quiere así, es la “Gran Evasión” de la cárcel de sí mismo en el retorno continuo de lo diferente, liberado del Modelo. Y, por ello mismo, como azar explosivo, ha de ser la muerte del “genio creador”, del fin del genuino e imposible autor intelectual y estético. Abramos paso a la serendipia creadora de nuevos cerebros colectivos anónimos en sus momentos transicionales operacionales, hechos de individualidades intersectantes, liminales, sólo “reales” en el instante efímero y circunstancial de esa trans-acción creadora de lo que ha dejado de ser patrimonio inalienable del falaz, heroico, épico, prepotente e incapaz sujeto moderno, agotado en el olvido metafísico de la diferencia como esencia del Ser. Se trata, si se me permite, de una visión antropológica y psicológica de nuestra radical transdiscursividad –porque todo decir-hacer siempre remite a otro decir-hacer-, de nuestra hipertextualidad existencial, de nuestro ir y venir en lo dicho-hecho-pensado, para situarnos siempre en un continuo re-empezar, en un nuevo amanecer siempre por llegar. 5. A modo de conclusión: la productividad ontológica, epistemológica, éticapolítica y estética de la No-Idea de Redes Esta idea del (des)-emplazamiento y de (des)-habituación permanente nos remite a las implicaciones ético-políticas del saber-en-red, de la responsabilidad “por” y “en” el otro” frente a los nuevos diagramas disciplinarios transfronterizos, ya descritos. La idea derivada de mis reflexiones anteriores de una Red liberadoramente productiva, en tanto No-Red anti-jerárquica, señalan hacia una nueva “intelectualidad orgánica” y “ecosófica”, a un “nihilismo” afirmativo” frente al ethos utilitarista-consumista, complementado sistémicamente al miedo reactivo a la diferencia. Hablo de ese “nomadismo” incansable y constituyente de las citadas identidades múltiples (ipseidades) frente al fetichismo tecnológico, la Técnica como el Acontecimiento mismo (y olvido de la diferencia ontológica). Una filosofía de la resistencia en red ha de afrontar la crisis del normativismo hegemónico occidentalista, a favor de una firme trans-valoración moral y contrapartida transcultural frente a los postulados globalistas hegemónicos del “Fin de la Historia” y la consumación del “Mercado” como destino inexorable de la Humanidad. Esto sólo es posible desde una “poética de la diferencia”, de la re-creación continua de las diferencias en los intersticios liminales del “TRANS” entre lo idéntico y lo negativo. Desde la deconstrucción de los principios de predicción, anticipación y desfuturización del saber tecno-científico. Desde la recuperación de la “experiencia” como saber “a posteriori”: el azar del ser-posibilidad (en minoría). En síntesis, la resistencia en red, apunta hacia una serie de cambios fundamentales, que de algún u otro modo han sido sugeridos en este texto, pero que aportan nuevas ideas sobre las que habrá que ir pensando. La agenda se extiende en diversos ángulos de comprensión interpretativa: 1. Cambio Ontológico: a) Diferencia ontológica: el ser como ir-siendo en su estar-en-el-mundo en la encrucijada entre el “Ser” y el ”Ente” (evento; extrañeza; actualización de virtualidades indeterminadas). b) Primacía de las relaciones-contextos (transiciones) sobre los elementos posicionales (momentos; emergencias; agenciamientos). c) Del “objeto” a los “flujos” moduladores: trastocamiento espacial-temporal. d) Digitalización de la existencia: descolonización cibernética del 1° Entorno Natural y del 2° Entorno Urbano. e) La Realidad como Simulacro (hiperreal): lo “real” como espectáculo iconocrático. 2. Cambio Epistemológico: a) Complejidad y (des)-emplazamiento espacial, temporal y simbólico del saber b) La Interpretación como koiné (lenguaje común) c) Geopolítica del Saber como vehículo de Poder d) Prácticas-discursivas habilitadoras de una “objetivación” ni creada “ex nihilo” ni preexistente a la actualización de lo que sobreviene “potencia en acto” indeterminada 3. Cambio antropológico: a) Subjetividad pléctica: sujeto como lugar dinámico de entrecruzamiento de flujos de interacción múltiples y variables (“plexo”). b) Descomposición identitaria: intrusión transdiscursiva y transcultural de la figuras de la alteridad en el uno mismo como mismo, y en otro como “otro” (“ipseidad”). c) Complejidad bio-físico-químico-psico-biográfico-antropológico-socio-cultural (“Ecosofía” / “Nueva Alianza” socio-natural /”Plasticidad mental neuro-psicológica- cultural). d) Desmaterialización electromagnética de las “representaciones múltiples” del sí mismo (“homo ciberneticus”). e) (A)-socialidad “hiperperceptiva”: aislamiento en el mundo como “pantalla”. 4. Cambio ético-político: a) Implicaciones morales y económico-social-políticas del Saber como “interés”, comunicacionalmente “generalizado”. b) Pensamiento dialógico: “responsabilidad” por la “otredad-excluida-afectada (de la soledad cerrada a la soledad abierta al “otro-solitario”). c) “Ética del mal”: deconstrucción de las objetivaciones de la otredad como espejos deformantes del sí mismo. d) Miedo consumista a la alteridad como subjetividad primaria. e) Horizonte transcultural de la (con)-vivencia “en” las diferencias. 5. Implicaciones creadoras y estéticas: a) La muerte del autor, del genio creador. b) La soberanía co-creadora del receptor. c) El exceso de sentido de lo dicho, actualizado desde un determinado acto de interpretación. d) Ruptura de cadenas de significantes en el “intervalo” entre el signo “mudo” y el “texto real” construido por el lecto-autor. e) Fin de la linealidad discursiva a favor de una escritura “anagramática”: - En cada parte del discurso están presentes las demás (holografía). - Ruptura del orden “lógico” de la narración. - Multidireccionalidad de la lectura. -Descomposición de las coordenadas espaciales-temporales: procesos de condensación y alteración contra-secuencial. -De la obra subjetiva a los textos (actualizados) trans-subjetivos. Bibliografía/Referencias  APPADURAI, Arjun, 2001, La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización, Montevideo-Buenos Aires: Trilce-Fondo de Cultura Económica.  BAUMAN, Zygmunt, 2008, Tiempos líquidos. 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