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“Contrabando de hambre”, reportaje sobre el contrabando en la frontera Luso-Rosalena

Figuera Navarro, Alicia

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1 MEMORIA TRABAJO FIN DE GRADO GRADO EN PERIODISMO Facultad de Comunicación JUNIO 2020 “CONTRABANDO DE HAMBRE”, REPORTAJE SOBRE EL CONTRABANDO EN LA FRONTERA LUSO-ROSALEÑA Autora: Alicia Figueras Navarro Tutora: Maritza Sobrados León 2 ÍNDICE 1. Introducción………………………………………...….....3 2. Objetivos………………………………………………..…5 3. Metodología………………………………………….……5 4. Marco contextual…………………………………………7 5. Limitaciones y dificultades…………….………………..9 6. Fuentes………………………………………………..….10 7. Anexo……………………………………………………..16 3 1. Introducción Aceptando los riesgos que puede conllevar presentar un tema que no es de actualidad, he decidido hacer un TFG de carácter práctico, con la idea de sumergir al lector en un mundo muy diferente al actual a través de testimonios personales e imágenes. Un tiempo en el que la necesidad de comer y de alimentar a la familia era lo fundamental, sin tecnologías, sin informaciones sobre aquellos que morían de hambre por no tener sustento, donde la crisis que existía no consistía en no poder llegar a fin de mes, sino en no tener ni un cacho de pan que poder llevarse a la boca. Por ello, presento un reportaje de investigación novedoso, personal y aventurero sobre el contrabando en la frontera luso-rosaleña, una actividad caracterizada por las tácticas ingeniosas, trabajo en equipo, miedo mal disimulado… Todo ello enfocado a pasar alimentos u objetos desde Portugal hacia España con los que poder ganarse “unas perras” y sacar a las familias hacia adelante. La temática del reportaje está centrada en dar a conocer las rutas del contrabando por los distintos pasos a lo largo de la famosa “raya imaginaria” que separa España de Portugal, así como presentar un recordatorio de las historias de terror que los habitantes de Rosal de la Frontera tuvieron que vivir para evitar los desvanecimientos por el hambre. Es un ejemplo de publicación que hasta ahora no se ha visto en ningún reportaje escrito, ya que me centro en visibilizar aventuras personales de los que vivieron en tiempos de posguerra, intentando poner a los lectores en su piel, viviéndola como ellos lo hicieron. Por ello, he elegido este tema que considero que tocará la fibra sensible de aquellos que lo lean, ya que fueron nuestras generaciones precedentes las que labraron el futuro que hoy en día tenemos con sus esfuerzos y sacrificios, un hecho que no puede quedar en el olvido. La frontera entre Huelva y Portugal esta dibujada con precisión por el río Guadiana. Rosal de la Frontera es un pequeño pueblo de apenas dos mil habitantes de la provincia de Huelva, en España, fronterizo con Portugal. Se encuentra situado a tan solo 4 kilómetros de la frontera y a 7’9 kilómetros del primer pueblo de Portugal (Vilha Verde de Ficalho). Tras el horror que provocó la Guerra Civil llegó el hambre y con ello la idea de autarquía, por lo que muchos de los habitantes de este pueblo tuvieron que arriesgar sus vidas y dedicarse al contrabando de café, alimentos y otros objetos, cruzando la famosa “raya” imaginaria que separa a un país de otro. Junto con los 4 pequeños comercios heredados de las familias, el contrabando era la única forma de subsistencia para poder llevar un plato de comida a la mesa. Tanto niños como hombres y mujeres se dedicaban a ello. Las mujeres, por su parte, eran las que peor escapaban en dicha actividad si tenían la mala suerte de ser capturadas, puesto que en un principio, los Carabineros eran los encargados de la vigilancia en los cuarteles situados a lo largo de la frontera española. Estos no solo registraban a las mujeres corporalmente, sino que también llevaban a cabo abusos sexuales que nunca fueron denunciados. El riesgo de la actividad contrabandista consistía en tener que atravesar la frontera del país, evitando pasar por las aduanas de España y Portugal donde se hacían registros diariamente, para recoger la mercancía y esquivar tanto a la Guardia Civil en España, una vez unificado su cuerpo con el de Carabineros, como a la Guarda Nacional Republicana (GNR) en Portugal, ya que este tipo de actividades se consideraba un delito en ambos países. Las historias de los contrabandistas contando las rutas que planeaban en grupo para no ser descubiertos, sus engaños a las autoridades, sus técnicas para llevar tanta carga en sus espaldas y sus hazañas acompañadas de temor por las condiciones en las que a veces tenían que realizar los viajes y esquivar tiros, son acompañados por los testimonios de los guardias civiles y los guardinhas portugueses acerca de las medidas que tenían que adoptar para poder capturarlos y descubrir a través de “chivatazos” por dónde pasarían estos. También hago hincapié en que ambos bandos no eran enemigos, sino adversarios en una lucha por alimentar a sus respectivas familias, tal y como ellos lo cuentan. Estas idas y venidas transportando tabaco, café, telas, alimentos, cuberterías, medicamentos…Han marcado a decenas de generaciones desde mediados del siglo XVI a la dura posguerra, acentuándose en su gravedad con el paso del tiempo. Finalmente, con la incorporación de ambos países a la Unión Europea en 1986, las historias de contrabandistas llegaron a su fin. Solo vive en ellos un recuerdo que quiero con este trabajo, que las generaciones posteriores lo conozcan y lo valoren. Este reportaje, como he mencionado con anterioridad, no trata sobre un tema de actualidad, tendría más cabida como un suplemento de un diario, con cierta vinculación a secciones como cultura o sociedad. He elegido este género porque requiere prácticamente una labor detectivesca para conocer detalles desconocidos sobre un hecho y darlos a conocer. Así es tal y como quería realizar mi trabajo a través de entrevistas y 5 documentos que me permitieran echar un vistazo al pasado y exponerlo en el presente de forma contrastada. Además, el reportaje me permite contar los hechos de forma más entretenida y descriptiva, dándome la posibilidad de introducir dentro de la historia las hazañas personales de los personajes. 2. Objetivos  Homenajear a los contrabandistas que arriesgaron sus vidas para alimentar a sus familias, en especial a mi propio abuelo.  Dar a conocer los testimonios de las autoridades de ambos países para visibilizar cuál era la posición y la comprensión de esta situación, así como acabar con los mitos de sus enemistades.  Fortalecer los lazos de unión entre España y Portugal. 3. Metodología En primer lugar, una vez elegido el tema, llevé a cabo una investigación documental sobre los libros publicados y los documentales audiovisuales en relación con el tema del contrabando. Para ello he utilizado fuentes de internet, las cuales están a disposición de la sociedad en general. Algunas de las publicaciones han sido realizadas por profesores de la Universidad de Huelva, como por ejemplo Juan Antonio Márquez, siendo publicadas posteriormente. Más concretamente, contacté con dos autores que me facilitaron sus obras acerca del contrabando de café y alimentos en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, Augusto Thassio y Antonio Rodríguez Guillén, de las que pude extraer una información bastante satisfactoria y profunda del tema en cuestión. De esta forma, la lectura de estos documentos me ha permitido construir una base sólida del reportaje. El documental que encontré, solo me proporcionaba su nombre “Memoria de la Frontera”, hasta que no me puse en contacto con Antonio Rodríguez Guillén no pude hacerme con él, ya que él me prestó la copia que tenía de dicho documental por haber colaborado en él. Por otro lado, a través de entrevistas realizadas tanto al bando de los contrabandistas como al bando de las autoridades, pude construir el relato de una manera original y profunda, adentrándome en la historia a través de sus ojos. En primer lugar, me puse en contacto con los ex contrabandistas cuyos nombres me facilitó mi abuela, Dominga 6 Villanueva. Solo pude contactar con Manolo Mocito, ya que los demás no se encontraban en el pueblo o no estaban capacitados, debido a su edad avanzada, de contarme la historia. Una vez entrevistado este en su domicilio particular, me puse en contacto con miembros de las autoridades en la posguerra. La mayoría, debido a su jubilación, se mudaron del pueblo, pero José Adame decidió quedarse, por ello fue el elegido para la próxima entrevista, la cual realicé en su domicilio particular al día siguiente de ponerme en contacto con él. Para poder entrevistar a Francisco Calvinho, tuve que desplazarme a Vilha Verde de Ficalho. Una vez realizada la entrevista, Calvinho me recomendó ir a ver a Antonio Reu, cuya casa no estaba muy lejos de la suya, para que pudiera ver los murales temáticos que realizaba en su propio domicilio. Me desplacé hasta el lugar, le hice varias preguntas sobre como caló la historia en su tierra, y me explicó cómo realizaba los murales y cuánto tiempo tardaba. Además, me permitió hacerle fotos para que formaran parte de mi reportaje. Por otra parte, para completar la información, entrevisté a mi abuela y a mi padre, José Manuel Figueras, para poder enriquecer el texto con pinceladas personales sobre la historia del “Norto” como contrabandista. Por último, una vez leída las obras de los autores que menciono al principio, me puse en contacto con ellos concertando una entrevista en persona con cada uno, en las cuales me proporcionaron información imprescindible y me resolvieron las dudas que me fueron apareciendo en la lectura de sus obras. La entrevista de Antonio Rodríguez Guillén la realicé en su domicilio particular, desplazándome hasta Aroche. Por otro lado, la de Augusto Thassio la realicé en el Centro de Interpretación de Miguel Hernández en Rosal de la Frontera, ya que él fue el artífice de su construcción. A través de las observaciones que fui extrayendo de las entrevistas, le pude dar un toque personal a mi trabajo, ya que pude complementar la información obtenida con los sentimientos, los gestos, las expresiones y demás lenguaje no verbal observado durante el proceso de preguntas y respuestas. El siguiente paso fue buscar publicaciones digitales en periódicos para poder contrastar toda la información recabada. Algunas publicaciones datan de 1990, otras de la actualidad, por lo que pude obtener una documentación ya más elaborada leyendo todas las que encontré. 7 Por último, llevé a cabo la realización de las fotografías de las rutas del contrabando, gracias a que mi padre se sabía los caminos por haber tenido que acompañar a mi abuelo en más de una ocasión. Además, me desplacé hacia la frontera actual para fotografiar puestos de mandos de las autoridades abandonados y los carteles que indican la delimitación de ambos países, la famosa “raya imaginaria”. 4. Marco contextual Al tratar el tema del contrabando fronterizo, tenemos que ubicarnos en el momento exacto en el que se empezaron a dar las circunstancias necesarias para llevarlo a cabo, lo que nos lleva primeramente a la imposición de las fronteras en España, y con ello a la creación de aduanas de vigilancia, las cuales son de origen militar. Según se recoge en el libro de Antonio Rodríguez Guillén Bandoleros y Contrabandistas en la Sierra de la Contienda, fue el rey Alfonso X el Sabio el que se encargó de regular el tráfico, creando el Real y Honrado Concejo de la Mesta, imponiendo así un control y cobrando todas las mercancías que pasaran por sus dominios. Instauró el nuevo tributo de “los diezmos de la Aduana”, bajo la vigilancia de “los Alcaldes de Saca”, los cuales tienen su origen en la segunda mitad del siglo XIII. Concretamente, hasta 1571 no llegó tal conocimiento a la Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Tras ello, los puestos que operaban se encontraban en Aroche y Encinasola, puesto que Rosal de la Frontera por entonces recibía el nombre de “La aldea del Gallego” y formaba parte de Aroche. En cada aduana se pagaban los diezmos establecidos por el Rey, entregando también una carta de autorización donde se especificaba el producto que pasaban, la cantidad y el lugar de destino. En Portugal, las Alfandegas seguían una disposición igual que en España. Se trataba de puestos de control y tráfico de personas y mercancías donde se cobraban los impuestos gravados según los bandos que regulaban los mismos. Las nuevas Alfandegas fueron surgiendo a lo largo de 1833 y 1834, bajo la atenta mirada de cuerpos fiscales mandados por oficiales del ejército. Gracias a la investigación del historiador Antonio Rodríguez Guillén, se sabe que la aparición del contrabando en la zona serrana coincide con la ocupación militar de los Puestos Secos en la primera mitad del siglo XIII. Sin embargo, las primeras normas que regulaban los intercambios comerciales entre España y Portugal datan de la segunda mitad del siglo XIV. La decisión de los Estados del establecimiento de fronteras trajo 8 consigo el rechazo del pueblo, puesto que las sociedades no participaron en dicha decisión. Cabe destacar el contrabando en el siglo XVIII debido a la gran actividad contrabandista de ganados, especialmente de caballos. Este último se daba principalmente entre gente pudiente. Hay que resaltar también que antes de esta actividad ilegal que menciono en el reportaje existía el bandolerismo. Estaba íntimamente relacionado con la actividad contrabandista, ya que estos acampaban a lo largo de “la raya” hispano-lusa actuando en ambos lados. Tal fue el auge del bandolerismo que ante la alarma social y el miedo que se creó alrededor de estos, se reforzó la vigilancia en la Sierra y se mandaron Bandos a los Ayuntamientos para que se combatiera, con todos los medios necesarios, la presencia y las prácticas de estas cuadrillas. Este contrabando no estaba caracterizado por artículos de subsistencia, sino por cabezas de ganados en grandes cantidades, vino, trigo, suelas para zapatos, etc. Según revela el documentalista arocheno en su obra, el contrabando practicado en la frontera durante siglos, nunca ha sido tan reconocido como el que se llevó a cabo durante la Guerra Civil y la posguerra. Este en concreto estaba motivado por la penosa situación que dejaron los tres años de contienda y la escasez de productos básicos. Gracias a la proximidad de los pueblos serranos a la frontera, la subsistencia fue más llevadera pudiendo vender productos portugueses en los pueblos españoles, obteniendo así beneficio para poder sobrevivir. Esta actividad repercutió en la mayoría de la sociedad serrana tras la guerra civil, guerra que dejó al país en una situación de ruina total. La actividad contrabandista era secreta y practicada por la gran mayoría de la población ubicada cerca de la famosa “raya”. Cabe destacar que tras la II Guerra Mundial, España marca una sobretasa de productos procedentes de Portugal, y no es hasta 1928 cuando se celebra la primera Conferencia Económica entre ambos países. Once años después, se lleva a cabo la firma del Pacto Ibérico por Francisco Franco y Antonio de Oliveira Salazar, evitando así futuras agresiones entre ambos países. En 1931, fecha en la que se implantó la II República en España, el dictador portugués Antonio de Oliveira Salazar, tomó medidas en los mecanismos de represión y llevó a cabo una reorganización de la Policía de Vigilancia y Defensa del Estado. El objetivo del régimen era la represión de los crímenes políticos en el mismo organismo policial. 9 Para la circulación de los productos, se obligaba a llevar una “guía de circulación” que regulaba el transporte de estos. En Bandoleros y Contrabandistas en la Sierra de la Contienda, se cuenta también que en el año 1952, con la desaparición de las cartillas de razonamiento que se promovieron tras la guerra como sistema de distribución de los alimentos básicos en la sociedad, la situación llegó a ser insostenible para algunas familias, las cuales morían de hambre. La única solución era aprovechar la cercanía de la frontera hispano-lusa y llevar a cabo la actividad contrabandista, la cual marcó a miles de personas por el temor de ser capturados, el miedo a morir de hambre y los peligros que conllevaba practicarla. Los años más duros para los contrabandistas fueron de 1958 a 1960, ya que se fomentó la vigilancia en la frontera por parte de los dos países a través de Carabineros, la Guardia Civil y La Guardia Nacional Republicana. 5. Limitaciones y dificultades Los principales inconvenientes que he tenido a la hora de recoger toda la información para mi reportaje, ha sido poder contactar con contrabandistas que a día de hoy estén vivos y sin dificultades mentales para poder contarme la historia. Y ya no solo contrabandistas, sino también miembros del cuerpo de la Guardia Civil o de la Guardia Nacional Republicana en tiempos de posguerra. Algunos con los que pude contactar tenían problemas que le impedían contarme la historia del contrabando, como por ejemplo: demencia senil, alzhéimer…o simplemente una edad muy avanzada para poder darme datos concretos. Por otro lado, algunos que conservaban sus facultades mentales intactas, se habían trasladado a otro municipio, el cual estaba demasiado lejos como para poder ir a entrevistarles. Las dificultades a la hora de hacer las entrevistas que componen mi relato, se basaban en la disponibilidad de los entrevistados, algunos de los cuales tardaron en darme una respuesta para poder contactar con ellos, ya que son personas mayores que no manejan muy bien la tecnología para poder ponerse en contacto conmigo. Además, tenían otros quehaceres que ocupaban su tiempo, como por ejemplo acudir al centro de mayores donde realizan actividades diariamente. Por otra parte, tener que estar en Sevilla para poder asistir a las clases, retrasó mi encuentro con los entrevistados, los cuales se encontraban en mi pueblo, Rosal de la Frontera, y en Portugal. Otro de los impedimentos que encontré al recabar datos, fue la limitación respecto a las fotografías originales del tiempo del contrabando. Algunos las habían perdido con el 16 7. Anexo Fotografía de Rosal de la Frontera a vista de Dron (Óscar Várgas) 17 Muros de tapia donde se escondían las autoridades (Alicia Figueras) Antigua Alfandega de Vilha Verde de Ficalho (Alicia Figueras) 18 Zona de descanso frente a la Alfandega (Alicia Figueras) Antigua residencia de las familias de la GNR junto a la frontera (Alicia Figueras) 19 REPORTAJE Reportaje | CONTRABANDO DE HAMBRE Tal y como se recoge en el libro del isleño Augusto Thassio, Rosal de la Frontera en la Posguerra. Contrabando de hambre, la situación llegó a ser tan temerosa que algunos contrabandistas llegaron a perder la vida en Valdevargo, Sobral da Adiça, Vilha Verde de Ficalho, Beja, Rosal de la Frontera… Alrededor de la actividad contrabandista siempre Contrabandistas de Aroche| Fotografía Antonio Rodríguez Guillén ALICIA FIGUERAS Contrabando de hambre El contrabando fronterizo es una historia de horror en la que los habitantes de Rosal de la Frontera tuvieron que arriesgar sus vidas, esquivar disparos y limpiarse la sangre de sus pies cansados de correr campo a través, todo para salvar a su propia familia del hambre que vino de la mano de la posguerra española. Eran muchos los que cruzaban la raya para mendigar un trozo de pan en los pueblos portugueses; otros, asumieron las consecuencias que el contrabando suponía e hicieron frente a la escasez de alimentos, comenzando así una aventura que caló en ambas partes de la raya. había en cierta medida sufrimiento, peligro y miedo mal disimulado por aquellos que la llevaban a cabo cada día. La guerra dejó al país en una situación de ruina total. La famosa raya no solo era cruzada por los habitantes Augusto Thassio: “La difícil situación por la que pasaban los contrabandistas se puede definir como pan y sangre” de los pueblos que se ubicaban junto a ella, sino también por personas que venían desde pueblos alejados tales como los de la cuenca minera y el Andévalo interior. Esto significaba que el contrabando, sus técnicas, sus peculiaridades, sus tácticas y sus miedos, dependían del sitio del que proviniese el contrabandista. Eran muchos los que mendigaban un poco de comida en los pueblos portugueses, ya sean contrabandistas en edad adulta, un grupo de niñas de edades emprendidas entre 8 y 11 años, madres acompañadas de sus hijos…Tal era el hambre que abundaba en la frontera que aquellos niños pequeños que se adentraban en tierras portuguesas y veían un huerto, lo arrasaban. Por ello, el escritor isleño apodó 1 esta situación como “contrabando de hambre”. Cuestión de necesidad El investigador y documentalista Antonio Rodríguez Guillén, explica que ser contrabandista consistía en ir de día o de noche, fuese cual fuese las condiciones meteorológicas que se daban, campo a través atravesando malas hierbas, muros y riberas, hacia los pueblos portugueses donde vendían el café. Principalmente los rosaleños iban a Vila Verde de Ficalho o Sobral da Adiça, donde estuviera más barato. Algunas veces, la mercancía se vendía en los propios cortijos en España, pero suponía asumir un mayor riesgo, puesto que la actividad contrabandista era castigada no solo con la cárcel, eso era lo de menos para aquellos que se dedicaban a esta actividad, lo importante era lo que suponía, dejar a sus familias desoladas y hambrientas, esperando a que la muerte llamara a su puerta. Toda esta trayectoria se realizaba a pie, y los que se dedicaban a esto eran seguidores de la noche, puesto que les daba una mayor ventaja la falta de visión por parte de las autoridades. Aun así, el temor y el azar siempre les acechaban. El contrabandista solía ganar unas 10 Pts por kg de café que vendían, puesto que este valía en la posguerra 15 Pts/ Kg. El café más vendido en esta época procedía de las marcas “La Gitana” y “Camelho”. Algunos definían su sabor como único y era lo más solicitado por los contrabandistas, incluso hay quien no Reportaje | CONTRABANDO DE HAMBRE pesara más, y al cocer la masa, el pan se abría. Otras veces, utilizaban harina de altramuces para hacer el pan. Este, al salir del horno, estaba “hecho polvo”...Incluso algunas veces, a la masa le añadían yeso y al amasarlo, se cuajaba. Una verdadera porquería. Arropados por la noche En el contrabando, una “ruta fija” era algo con lo que no podían contar. Estaban rodeados de peligros y tenían que ser “cambiantes”, no pasar más de dos veces a la semana por el mismo sitio. El ex contrabandista Manolo Mocito - cuentaque la rutina diaria consistía en escoger los horarios entre grupos de contrabandistas, bien de día o de noche (la noche era la mejor elección la mayoría de las veces puesto que es cuando mayor defensa tenían) aun así, la ruta de noche la calificaban como “mala y penosa”. En muchas ocasiones les acompañaban fuertes lluvias, vientos, tormentas…Siendo los relámpagos lo único que les alumbraba. Otros de los grandes peligros de la noche eran los lobos. En la actual carretera de Sobral da Adiça es donde más abundaban. Estos podían verse desde lejos por el brillo de sus ojos y, en numerosas ocasiones, tuvieron que hacerles frente. Las autoridades temían a estas bestias feroces por lo que muchas veces les daban ventaja. Con el paso del tiempo, encontrarse con ellos ya era algo normalizado y como nunca iban solos, les hacían frente si era necesario. habla de simple contrabando, sino de “contrabando de café”. Los artículos que “contrabandeaban” de España a Portugal eran: panas en piezas, pantalones de pana, mantones de manila, cuadros de láminas, collares, sedas, paños de camilla, hules, navajas, pucheros, tazas, gurumelos, telas tales como el terciopelo, sartenes, pañuelos de cabeza, medallas...También, dado que las cosechas eran más tempranas en España que en Portugal, llevaban tabales llenos de tomates, pimientos, pepinos y demás alimentos. Después, cuando daban el fruto en Portugal, se traían los mismos productos, pero con unos cuantos kg de café camuflados entre ellos. Aunque hay quien solo compraba pan. Las principales fechorías y engaños de los vendedores portugueses se hacían contra el pan y la harina, dos productos de primera necesidad y muy escasos en España durante la posguerra. Augusto Thassio cuenta que mezclaban la masa con cenizas para que Camino de “El Galindo”| Fotografía Alicia Figueras Camino de “El Mirlo” junto a cuartelillo abandonado de la Guardia Civil | Fotografía Alicia Figueras 2 Manolo Mocito: “Los lobos eran uno de mis mayores temores, pero ir en grupo me tranquilizaba” Reportaje | CONTRABANDO DE HAMBRE Cuando tenían que saltar los tapiales de las cercas o lindes e incluso cruzar la frontera por caminos de tierra, lo hacían de espaldas, para que los pasos no les delataran, hasta que se topaban con pastos y las huellas desaparecían. También, con las bestias de carga empleaban el mismo proceso, les cambiaban las herraduras para que diera la impresión de que se dirigían en dirección contraria; cuando llegaban a los pastos, volvían a herrarlos correctamente. Casi siempre iban por el campo, entre jaras y malezas, pero cuando crecía el Barranco de la Abuharda, el Barranco de Ficalho o el de la Aduana, pasaban por la orilla de la carretera, casi al lado de los guardias. Si los descubrían, los tiros silbaban por encima de las cabezas. Recuerdos en la zona portuguesa Antonio Reu, habitante de Vilha Verde de Ficalho, se ha dedicado a lo largo de su vida a la elaboración de murales de piedra en pared para adornar su propia vivienda. En 2018, realizó en su fachada un homenaje a los contrabandistas que transitaban todos los días por el carril que se ubica junto a su vivienda. Esta historia caló tanto entre la población portuguesa que, para ellos, los contrabandistas son considerados los héroes de la posguerra española. Por ello, el portugués dedicó todo un año de su vida a la elaboración, en una parte, de dos contrabandistas con sus mochilas y en otra, a la Guardia Nacional Republicana portuguesa buscándolos, representando así las vivencias de ambos en tiempos de hambre. Por otro lado, la feria principal de Vilha Verde de Ficalho llamada FATOR (Feira de Artes e Oficios da Raia), celebrada en el mes de julio, tiene el honor de representar a través de muñecos de tela agarrados con alambres, la actividad contrabandista en medio de una pequeña plaza en el centro del pueblo, junto al museo del contrabando. En dicho museo se pueden observar no solo las mochilas y alpargatas que utilizaban estos héroes fronterizos, sino también las armas con las que les disparaban, los uniformes de las autoridades en aquellos tiempos y miles de recuerdos que conmemoran la historia de la frontera. Este y el museo ubicado en Santana de Cambas, una freguesia portuguesa del concelho de Mértola, son los encargados de recordarnos tiempos difíciles en el que los rosaleños y portugueses encontraron en el estraperlo su único medio de subsistencia, y en el que tuvieron que pagar con padecimiento de huesos el triunfo de tan meritorio sacrificio. Murales de piedra realizados por Antonio Reu en Ficalho, representando la actividad contrabandista| Fotografía Alicia Figueras El “camino del terror” consistía en dirigirse desde Rosal de la Frontera esquivando los puestos de vigilancia de las autoridades, a Sobral da Adiça para recoger el café. Posteriormente, lo llevaban hacia Aroche para venderlo, y en numerosas ocasiones, al Cerro del Andévalo o a Valdelamusa. Eran sitios en los que se echaba 3 o 4 días de camino para poder llevar la mercancía, pero contar con bestias para ello les facilitaba el camino a los contrabandistas. Otras veces, en vez de ir al Sobral, se dirigían hacia Vilha Verde de Ficalho, pueblo portugués a tan solo 8 kilómetros de Rosal, o a Vila Nova de São Bento, una freguesia portuguesa del concelho de Serpa. Los pequeños cortijos portugueses donde los contrabandistas iban a recoger la mercancía, se recogían bajo el nombre de “cantinas” y estaban ubicadas cerca de la frontera.En su libro Bandoleros y contrabandistas en la Sierra de la Contienda, Antonio Rodríguez Guillén Antonio Rodríguez Guillén: “Los contrabandistas buscaban noches oscuras evitando toda clase de ruidos. Llevaban alpargatas pero, al final, terminaban descalzos” 3 explica que cuando el café escaseaba en las cantinas, los contrabandistas quedaban con los almacenistas del interior y estos les traían la carga por la carretera de Santo Aleixo y Safara, concertando un punto de encuentro y una señal para reconocerse mutuamente, evitando así equívocos y trampas de las autoridades. El gran contrabandista de la frontera Don José Figueras Ortega alias “El Norto”, era uno de los contrabandistas más importantes en la frontera. Sus palabras quedaron recogidas en el documental de Davinia Román antes de su fallecimiento, el cual trata de la represión ejercida por parte de los sublevados de la provincia de Huelva y sobre cómo a través del comercio ilegal con Portugal, las familias onubenses encontraron su medio de subsistencia. Él - explica en dicho documental- que el hecho de que no tuvieran miedo de hacer este tipo de actividades es porque iban juntos, los lazos que unían a los contrabandistas eran inexplicables, las condiciones penosas a las que se tenían que enfrentar les unían más. Un ejemplo de ello eran las riberas crecidas, ante las cuales esperaban sentados y se contaban sus hazañas, olvidando el miedo que les recorría el cuerpo. “Nos llamaban maleantes, mangantes, golfos, pero nosotros no hacíamos nada de eso, íbamos con nuestro dinero por delante” comentaba el ex contrabandista. “El Norto” residía en Rosal de la Frontera, padre de 7 hijos y marido de Dominga Villanueva, la cual cuenta la historia de su difunto marido; con tan solo 4 años mataron a su padre durante la guerra y su madre, que era contrabandista, fue enviada a la cárcel dejándole totalmente desamparado. Siendo solo un niño se fue andando hasta Sobral Da Adiça, donde una familia portuguesa lo cuidó hasta que pudo volver a Rosal. Dominga -cuenta- tuvo que involucrarse en varias ocasiones en esta labor de contrabandista para ayudar a su marido; una vez iba con sus hijos a la ribera a lavar la ropa y a por agua para la comida, cuando él vino con la primera carga para que ellos se la llevaran a casa y volver de nuevo a por más, pero la situación se complicó cuando vieron a lo lejos a la Guardia Civil a caballo. Ella afirma que del susto casi se cae al charco, sin embargo, su marido ni se inmutó, estaba preparado física y mentalmente para todo. El día a día de Dominga cuando él se iba de casa, consistía en cuidar a sus hijos, hacer la comida y tenerlo todo preparado para cuando él llegara. Pero el verdadero trabajo y el que más problemas podía causarle, era vender el café que su marido traía con el cuidado de que no la pillaran. Cuando la mochila de café llegaba a casa, se almacenaba hasta poder colocarla en el mercado local o planear su venta fuera de la localidad. Por aquellos tiempos, el delito que acarreaba esta actividad era penado con la cárcel. Los contrabandistas que se dedicaban a atravesar la raya de un país a otro varias veces al “El Norto”| Fotografía Alicia Figueras Mojones de piedra que delimitan la frontera por el camino de “El Mirlo”| Fotografía Alicia Figueras Reportaje | CONTRABANDO DE HAMBRE 4 día, no sabían cuándo iba a llegar su final, tentaban a la suerte cada día pero, como cuenta Dominga, era la única forma de alimentar a la familia entonces. Por otro lado, su hijo José Manuel Figueras, explica al- Reportaje | CONTRABANDO DE HAMBRE “Mi marido esquivó disparos y burlaba siempre a las autoridades de ambos países, por ello fue considerado uno de los mayores contrabandistas de Rosal de la Frontera” gunas de las tácticas ingeniosas que su padre y los demás contrabandistas empleaban para poder pasar la raya sin ser vistos ni capturados, como por ejemplo: forrar los cascos a los mulos de carga para que no hicieran ruido cuando iban andando, amarrarle una piedra al rabo para que esta le diera en el culo y así evitar que rebuznaran, llevar “uma lota” que correspondía a 10kg de café por si les cogían, arrojar esa y no perder la carga mayor. La tarea de José Manuel era esperar a que su padre llegara para ayudarle a descargar la mochila y la mercancía, ya que él era el que más responsabilidad tenía al ser el mayor de los hermanos. En muchas ocasiones pensó que a su padre le podía pasar algo, ya que entendía lo dura que era la vida del contrabandista. Él estudiaba durante el día, hasta que por la noche escuchaba a los perros ladrar y sabía que su padre estaba llegando a casa, aunque alguna vez se debía a guardias civiles escondidos. “Mis hermanos y yo teníamos siempre el miedo de que mi padre alguna vez no llegara a casa” Una de las anécdotas que José Manuel comparte con su padre es que una vez, con tan solo siete años, tuvo que enfrentarse cara a cara con la Guardia Civil cuando esta llegó a su casa. Primero preguntaron por su padre, si estaba en casa, a lo que él respondió que no, que estaba en el casino. El guardia pensó que estaba mintiendo, pero como no tenía pruebas se fue. José Manuel no supo la explicación de esta situación hasta un rato después cuando apareció su padre. Por lo visto, venían pegándoles tiros al “Norto” y a sus compañeros desde Sobral hasta la frontera y cuando llegaron a Rosal, tu- No solo los hombres contrabandistas eran los encargados de llenar los estómagos vacíos de sus familias, las mujeres también se dedicaban al contrabando en tiempos de posguerra, incluso por una mayor necesidad. El perfil de la mujer contrabandista podía resumirse en 3: algunas eran viudas de la guerra, otras, madres de una familia numerosa a la que tenían la responsabilidad de sacar hacia delante, o también, podían tener a su marido en la cárcel por la actividad contrabandista. Augusto Thassio define a la mujer contrabandista con tres palabras: valentía, decisión y coraje. Algunas de ellas -cuenta- tenían niños tan pequeños que no podían dejar solos, por lo que se los llevaban con ellas y aunque atravesaban la raya sin miedo, cuando las pillaban eran sometidas a registros corporales, ya que algunas escondían el dinero en sus pechos. Pero eso no era lo peor que les podía pasar, no siempre se libraban de abusos sexuales de algunos desalmados guardinhas, abusos que consentían impotentes y que a veces tenían consecuencias nueve meses después. Esta era la causa por la que algunas preferían ir en pareja para evitar tales tragedias. Las mujeres, cuenta Manolo Mocito, a veces tenían incluso más agallas que los hombres para aguantar los horrores de los Carabineros. En determinadas ocasiones, estas iban en la misma cuadrilla que los hombres y si les apresaban, sufrían las mismas consecuencias que ellos. Aunque si es cierto que servían fielmente a su cuadrilla porque, muchas veces, iban dos mujeres delante de la cuadrilla de contrabandistas solo con el dinero en los senos para avisar, cantando y riéndose, si veían a las autoridades, salvando así no solo a su cuadrilla, sino también la mercancía. Así se convirtieron en auténticas heroínas. Valentía, decisión y coraje vieron que separarse para así despistar a las autoridades, ya que la Guardia Nacional Republicana avisó a la Guardia Civil de que estos habían cruzado la raya. “El Norto”, por su parte, se escondió en una casa por encima de la suya, ya que sabía que iban a ir a por él. Al final, gracias a la inocencia de su hijo, se quedaron sin cogerle ni a él ni a los demás contrabandistas que iban en su grupo. Carabineros y autoridades rosaleñas Las investigaciones del historiador arocheno revelan que, en un principio, los Carabineros eran los encargados del control de la frontera. Estos no solo tiroteaban a los contrabandistas sin miramientos con la justificación de que “eran exiliados políticos” o “perseguían el mal para la patria”, sino que además, algunos de sus interrogatorios Antigua aduana de Rosal de la Frontera| Fotografía de archivo 5