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Pablo Badillo O'Farrell y José M. Sevilla Fernández (Eds.), La brújula hacia el sur. Estudios sobre filosofía meridional [Reseña]

Domínguez Romero, Noelia

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Esta obra de título tan poético como preciso, La brújula hacia el sur. Estudios sobre filosofía meridional, es el corolario textual de una serie de conferencias que tuvieron lugar en las segundas Jornadas hispano-italianas celebradas en la ciudad de Sevilla en el año 2014. Sin duda alguna, se trata, en primera instancia, de un homenaje y un reconocimiento, un siglo después de ese recordado y quijotesco 1914, a aquellos pensadores españoles sobresalientes, críticos con su tiempo y hacedores de un mirar nuevo, que se constituyeron como una generación filosófica al abrigo de la anterior, la formada por los autores noventayochistas, a la vez que supone una confirmación de la sureñidad de la filosofía, de donde emerge un característico pensar mediterráneo. Justamente, desde una mirada valorativa, plural y problemática, este trabajo abre una ventana hacia los estudios de filosofía meridional, con el fiel propósito de iluminar un estilo de pensamiento original y propio, enmarcado en lo concreto, entregado a los aconteceres de la vida civil, a la particularidad de las circunstancias, usando la terminología orteguiana, frente al estilo de la filosofía norteña, de corte más esencialista y abstracto. Mas no se piense por ello que el libro plantea un enfrentamiento de los estilos, con objeto de eliminar a uno y dejar de rector del pensamiento al otro. Aquello a lo que esta obra nos impele es a la conciencia de una necesaria complementariedad de ambas perspectivas integradas en una bifocal mirada. Por tanto, más que de una oposición se habla de dos complementarios modos de pensar, una “complementariedad buscada” (p. 183), en palabras del editor José M. Sevilla, que, al mismo tiempo que procura una síntesis que suture viejas escisiones en filosofía, reivindica una atención hacia la desatendida, históricamente, modalidad sureña del pensar. El debate teorético acerca de la meridionalidad de la filosofía, además de la confrontación y consciente fusión (que no confusión) de dos modalidades de pensamiento, el racionalista y el vitalista, reúne a varios selectos especialistas y estudiosos del tema. Con todo, de este relato, como si de un tronco común se tratase, surgen varias ramificaciones y, de estas, pequeños ramales; sus textos, sin perder la unidad de sentido que les otorga completud, pueden agruparse en tres conjuntos de contenido totalmente interrelacionados entre sí: uno organizado por discursos que indagan, desde una perspectiva histórico-filosófica, en la recepción de fuentes e influencias del pensamiento septentrional en autores sureños; otro que centra una especial atención en Ortega y Gasset; y otro que teoriza más interiormente sobre la naturaleza y concreción de una filosofía meridional y la constitución de un pensamiento mediterráneo e intercultural, que si autónomo se halla íntimamente apegado a un germanismo que también necesita del sur para encontrarse a sí mismo. Tres líneas de estudios, como hemos apuntado ya, totalmente interconectadas y trasvasadas unas con otras. Precisamente, en esta primera situación destacamos la investigación de JOAQUÍN ABELLÁN, catedrático de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid, Sobre la recepción de Max Weber y Friedrich Meinecke en la obra de Ortega y Gasset (pp. 17-40), en la que el autor lleva a cabo una crítica de la recepción alemana de la Revista de Occidente. En particular, se interesa por comprender el modo en que se efectuó en Ortega y Gasset una incorrecta recepción de las obras del historicista Friedrich Meinecke y del sociólogo Max Weber, e incide en las consecuencias de ese inadecuado ingreso para la posterior comprensión de los autores recepcionados, subrayando el autor, sobre todo, que una no adecuada traducción dificulta la interpretación de los conceptos fundamentales que definen la teoría filosófica de un autor. También la dinámica de recepción de ideas germánicas en la cultura española comprime el capítulo a cargo del catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Sevilla, PABLO BADILLO O’FARRELL, Norte desde el sur. Recepción de fuentes septentrionales de pensamiento en la filosofía práctica española en la primera mitad del siglo XX (pp. 41-72), en el que aparecen exprimidas las principales fuentes y autoridades filosóficas de la geografía norteña que incidieron en las cátedras de ética, filosofía jurídica y filosofía política en buena parte del pasado siglo XX. El texto ofrecido por Badillo constituye un excelente archivo de filosofía práctica (entendida esta filosofía en su sentido alemán, de Rehabilitierung der praktische philosophie, haciendo referencia a Manfred Riedel, como mediterráneo, desde Aristóteles; p. 42), y un documento panorámico de la historia académica de la filosofía política en el contexto ideológico de una España ensombrecida en la política. Sin embargo, a pesar de las hostiles circunstancias, la confluencia nortesur pudo efectuarse, y el pensamiento meridional “fue plenamente permeable a las grandes escuelas de pensamiento” filosófico-político, ético y jurídico “vigentes en el mundo en aquel momento” (p. 71). Ubicado en la interrelación de ambos modos de pensamiento, el septentrional y el meridional, la propuesta ensayística El pensamiento mediterráneo y la filosofía intercultural (pp. 73-85) de Giuseppe Cacciatore, catedrático de Historia de la Filosofía de la Universidad de Nápoles “Federico II”, se centra en una revitalizada idea de Europa vista desde un caleidoscopio que refleja su propia identidad plural, “formas y contenidos que ponen frente a frente crisis y devenir, verdad e historicidad, libertad e intolerancia” (p. 73). Apoyándose en Ortega y en su discípula Zambrano, aunque también en las ideas de libertad de Croce y de futuro de Husserl, configura Cacciatore la idea de una vida histórica hecha de diferencias pero que a su vez es deseo y búsqueda de unidad. Y es ese descubrimiento el que le lleva a interpretar una idea de “historia”, pensada en una amplia dialéctica histórica “europeo-mediterránea”, que propone cómo la identidad europea “debe ser buscada en los procesos, que nunca acaban, de una dinámica transcultural, en la que depositamos nuestra tradición y nos disponemos a acoger las otras tradiciones” (pp. 79-80). Dicho de otro modo, se busca un espacio compartido, un diálogo entre culturas, un equilibrio entre lo universal y lo particular, y sólo bajo estos designios es posible comprender la constitución y originalidad del pensamiento mediterráneo. Por su parte, CLEMENTINA CANTILLO, profesora de Historia de la Filosofía en la Universidad de Salerno, con su aportación, La dinámica histórica entre energía mediterránea y pensamiento del norte: la confrontación de Ortega con Hegel (pp. 87-100), muestra la recepción hegeliana y su influjo en el filósofo madrileño, sin reducirse a un ejercicio historiográfico, sino desplegando una reflexión teorética acerca de la compleja relación entre el pensamiento del norte y el del sur. Además, como confirmación de una prevalente revalorización del punto de vista “mediterráneo”, la autora italiana se plantea el problema remitiendo a un nexo de correspondencias o un vínculo, afirma, “entre la dimensión visible de un lugar geográfico determinado y la invisible del pensamiento que en este nace y lo ‘habita’ con sus formas y producciones culturales” (p. 87); problemática esta, por otro lado, no ajena a las enriquecedoras contribuciones que Ortega proporcionó a la discusión actual acerca de una filosofía meridional. La incidencia de lo foráneo en el pensamiento propio –que lleva las más de las veces al nacimiento de una nueva y especial sensibilidad– es también la idea que vertebra el capítulo del profesor de Filosofía de la Universidad de Sevilla MIGUEL A. PASTOR PÉREZ. En La filosofía del norte en el pensamiento de Unamuno (pp. 101-136) apreciamos que la huella dejada por pensadores escandinavos y germanos en la obra del bilbaíno no es pequeña ni azarosa, sino que es amplia y penetra hondamente en la trágica voz unamuniana, tal vez porque es surcada y sentida como igual. El filósofo vascongado absorbe estas influencias o “determinaciones mayores” (p. 106), como las llama el autor, confeccionando “un mapa conceptual despejado de bruma, original, exclusivo y típico, entrecruzado de su propia y vital problemática” (p. 105). No obstante, Pastor insiste en que para comprender este planteamiento hay que advertir que buena parte del ideario de la filosofía alemana moderna admirada por Unamuno, a saber, la kantiana, la hegeliana, la schopenhaueriana, la nietzscheana, etc., antes de ser conocida y leída, está pre-expresado en el interior de su pensamiento. Y en este orden, más allá de esta pleamar intelectual de flujos y reflujos, se establece un profundo recorrido por el interior de la filosofía de Miguel de Unamuno que hace desnudar su más insondable y subterránea palabra, aquella que vive bajo el frágil tamiz de las apariencias. Asimismo, bajo un perfil similar que vincula indeleblemente el pensamiento y la vida se presenta el apartado dedicado a la biografía y al pensamiento de Fernando de los Ríos escrito por el catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Granada ANTONIO ROBLES EGEA Humanismo y socialismo en Fernando de los Ríos. Confluencia de ideas meridionales y nórdicas (pp. 137-155). El rondeño De los Ríos, notable intelectual en la España de la primera mitad del siglo pasado, miembro de la generación del 14, es el protagonista de estas páginas que pretenden ser un ejemplo más de unión entre las ideas filosóficas del norte y las del sur. En su ecléctico universo convergen lo mediterráneo y lo nórdico a la par: los principios de la Institución Libre de Enseñanza, tutelados por su tío Francisco Giner, conviven en armonía con las ideas de la clásica filosofía humanista, y estas con las teorías producidas en países como Alemania, Inglaterra o Francia. Y el resultado no es otro sino “una filosofía de la libertad humana, principio y fin para el hombre y la humanidad” (p. 139), mediante el ejercicio de un socialismo fuertemente enraizado en las necesidades humanas; en definitiva, un particular ideario filosófico-político que busca ser regido por los más altos valores éticos universales e ilustrados. La complementariedad entre nordicidad y sureñidad del pensamiento filosófico es el leitmotiv que, dentro del marco de rehabilitación de una línea de pensamiento desarrollada a partir de la conexión entre historicismo filosófico, humanismo retórico y raciovitalismo, articula el magnífico ensayo del catedrático de Filosofía de la universidad hispalense JOSÉ MANUEL SEVILLA FERNÁNDEZ titulado Ortega y el pensamiento sureño. Acerca del norte y el sur de la filosofía (pp. 157-199). Un acercamiento, desde una perspectiva problematista, a Ortega y Gasset, y más concretamente a su obra Meditaciones del Quijote (1914), que refuerza la sureñidad del célebre filósofo español, así como fortalece la consolidación del pensamiento meridional o sureño en un sentido global. Ofrece Sevilla una interpretación meridionalista que insiste en la integración de los dos estilos de pensamiento en una dialéctica de vida y razón que, paradójicamente, encontraría su mayor espíritu de integración en el mismo Ortega que distingue entre el mediterranismo con su primado en la impresión y el germanismo que prioriza el concepto. De este modo, y según José M. Sevilla, aspectos como los de “razón viviente”, “vida de la razón” y “filosofía vivible” actúan como “patas de un trípode desde el que debe apreciarse la perspectiva de una filosofía del Sur en Ortega” y de un “filosofar al sur del pensamiento” (p. 159). Un canto a la existencia humana como a la filosofía, a la vida como razón y a su lógos creador; filosofía vivible, nunca pasiva frente a las circunstancias, sino activa en su internalidad, lo cual anuncia “el concepto fundamental de sureñidad de la filosofía” y condiciona “el giro hacia la claridad del mediodía” (p. 162). Desde esa revitalización orteguiana del circunstancialismo y del raciovitalismo, abordados críticamente por el autor, se propone una síntesis totalizadora entre vida de la razón y razón para la vida; horizonte de una filosofía integradora, “posible de llevar a cabo desde el lado meridional del pensamiento, único capaz de doblegar con imaginación e ingenio la razón al servicio de la vida” (p. 177). Y en ese binomio vitalista se va dibujando, expresado en el desenlace del texto, la conformación de la cultura europea y de su propio sentir y pensar, mas no sólo desde la perspectiva raciovitalista del propio Ortega, sino también desde la del humanismo ‘vitarracional’ de George Santayana. En similar parangón transcurre el discurso de Fulvio Tessitore, catedrático emérito de Historia de la Filosofía de la Universidad de Nápoles “Federico II”. Filosofía del Sur: Nápoles entre España y Alemania (pp. 201-216) cierra este libro apuntando igualmente al meridión, aceptando y confirmando la existencia de una filosofía del sur en una tensional puesta en escena con una filosofía del norte. La singularidad de Nápoles vista en su cosmopolitismo cultural; el alma de Vico que se entrelaza con la tradición prusiana y esta con la española, elemento clave, sin duda, para comprender la dimensión interna de esta particular filosofía meridional. Coincidiendo con el término del historiador español Américo Castro, para Tessitore la ciudad napolitana es la “vividura”, la “morada vital” de la historia entendida como radical problema; problema que afecta indisolublemente al pensamiento sureño. A la manera viquiana, “se trata de la idea de una historia no hecha, no dada y por reconocer; de una historia que hacer” (pp. 204- 205), por construir, y, por ende, problemática, arrastrada por la “fuerza inquietante de la duda, el aguijón de la incertidumbre” (p. 202). Y junto a esta idea de una historia no absoluta se reafirma Nápoles, abierta a lo nuevo, a lo diferente, a pesar de estar condicionada por la conciencia de la finitud que le obliga a un triste, pero a la vez poderoso y estoico, “vivir desviviéndose”. Estos estudios que hemos reseñado no sólo compendian elementos propios del programa de una crítica de la razón filosófica, en cuyo pedestal se asienta la razón histórica y vital, problemática y crítica, narrativa en definitiva, como se puede constatar en su conjunto, sino que trascienden sobre sí mismos y se vuelven necesarios para una vindicación de un pensar el sur de la filosofía, que inexorablemente entraña un discurrir filosófico al sur del pensamiento.