Ambigua, Revista de Investigaciones sobre Género y Estudios Culturales, n.º 11, 2024, pp. 35-45. ISSN: 2386-8708 35 Voces silenciadas: reivindicando el papel de la mujer en la enseñanza de los textos clásicos Silenced voices: reclaiming the role of women in the teaching of classical texts Fátima Aguayo Hidalgo Universidad de Sevilla
[email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0001-6649-7732 Fecha de recepción: 31/05/2024 Fecha de evaluación: 18/07/2024 Fecha de aceptación: 02/09/2024 Resumen: En la Antigua Grecia, la mujer jugaba un papel muy marginal dentro de la sociedad griega. Su participación en la vida pública era extremadamente limitada, y sus roles principales se circunscribían al ámbito doméstico. Las mujeres eran responsables de las tareas del hogar, la crianza de los hijos y la gestión de la economía doméstica, pero carecían de derechos políticos y legales significativos. No podían votar, ni ocupar cargos públicos, ni participar en las asambleas políticas que tomaban decisiones cruciales para la polis. Además, las mujeres estaban sujetas a la tutela de un varón a lo largo de toda su vida. Primero, bajo la autoridad de su padre, luego de su esposo, y en caso de enviudar, de un hijo o un pariente masculino. Este sistema de tutela reforzaba la percepción de que las mujeres eran dependientes y necesitaban ser controladas por los hombres. La literatura y la filosofía griegas también reflejan esta marginalización. Filósofos como Aristóteles consideraban a las mujeres inferiores a los hombres en términos de capacidad racional y moral, justificando así su exclusión de la vida pública. Los textos literarios y mitológicos a menudo retrataban a las mujeres como figuras de segundo plano, cuyo valor residía en su capacidad para engendrar hijos. Para reivindicar el papel de la mujer griega, los docentes podemos implementar varias estrategias. La más importante es proporcionar información histórica detallada sobre las mujeres de esa época, ya que la simple traducción de un texto no es suficiente para comprender su situación en su contexto sociocultural. Es fundamental que los estudiantes conozcan las realidades y desafíos que enfrentaron las mujeres griegas para apreciar plenamente su impacto y contribuciones a la historia.
Ambigua, Revista de Investigaciones sobre Género y Estudios Culturales, n.º 11, 2024, pp. 35-45. ISSN: 2386-8708 36 Palabras clave: filología, filología clásica, perspectiva de género, historia, literatura, historiografía. Abstract In Ancient Greece, women played a very marginal role in Greek society. Their participation in public life was extremely limited, and their main roles were confined to the domestic sphere. Women were responsible for housework, raising children and managing the household economy, but they lacked significant political and legal rights. They could not vote, hold public office or participate in the political assemblies that made crucial decisions for the polis. Moreover, women were subject to male guardianship throughout their lives. First, under the authority of their father, then of their husband, and in case of widowhood, of a son or a male relative. This system of guardianship reinforced the perception that women were dependent on and needed to be controlled by men. Greek literature and philosophy also reflect this marginalisation. Philosophers such as Aristotle considered women inferior to men in terms of rational and moral capacity, thus justifying their exclusion from public life. Literary and mythological texts often portrayed women as secondary figures, whose value lay in their ability to bear children. In order to vindicate the role of Greek women, teachers can implement several strategies. The most important is to provide detailed historical information about the women of that time, as simply translating a text is not enough to understand their situation in their socio-cultural context. It is essential that students learn about the realities and challenges Greek women faced in order to fully appreciate their impact and contributions to history. Key words: philology, classical philology, gender perspective, history, literature, historiography. Introducción Durante siglos, la civilización griega ha sido venerada como la cuna de las costumbres que han moldeado el mundo occidental. Desde sus contribuciones en campos como la filosofía, el arte, la política y la literatura, hasta su impacto en la estructura social y el desarrollo de sistemas de gobierno, el legado griego ha perdurado a lo largo de la historia. Sus ideales de democracia, racionalidad y exploración del conocimiento han influido profundamente en la forma en que concebimos nuestra sociedad y nuestra cultura. La influencia griega sigue siendo evidente en áreas que van desde la arquitectura hasta el lenguaje, destacando la importancia duradera de esta antigua civilización en la formación de nuestro mundo moderno. A pesar de que la civilización griega sobresalió en los ámbitos previamente mencionados, el avance en lo que respecta a la igualdad de género fue mínimo. Este estancamiento se evidencia desde los inicios mismos del pueblo griego y su cultura.
Ambigua, Revista de Investigaciones sobre Género y Estudios Culturales, n.º 11, 2024, pp. 35-45. ISSN: 2386-8708 37 A pesar de los progresos en la igualdad de género en varios aspectos de la sociedad contemporánea, todavía nos enfrentamos a desafíos persistentes. En este sentido, la educación emerge como un punto de partida esencial para abordar estas cuestiones. Como educadores, tenemos la responsabilidad y la oportunidad de contribuir al cambio al promover un enfoque inclusivo y equitativo en nuestras aulas. Esto implica no solo impartir conocimientos, sino también fomentar la reflexión crítica sobre los roles de género y las estructuras de poder en diferentes disciplinas. Al integrar una perspectiva de género en nuestra enseñanza, podemos empoderar a nuestros alumnos para que cuestionen los estereotipos y las normas de género, y fomentar una cultura de respeto, igualdad y diversidad. De esta manera, la educación se convierte en un motor clave para impulsar un cambio positivo y duradero hacia la igualdad de género en nuestra sociedad. En la actualidad, la perspectiva de género se ha vuelto cada vez más relevante en diversos campos, y resulta fundamental aplicarla en áreas donde tradicionalmente ha habido desigualdad o discriminación. Las filologías modernas, al ser disciplinas que estudian el lenguaje y la comunicación, son especialmente propensas a generar debates en torno al lenguaje inclusivo. La reflexión sobre cómo el lenguaje puede reflejar y perpetuar estereotipos de género es crucial en estos contextos, ya que puede contribuir a promover una comunicación más equitativa y respetuosa. Sin embargo, en el ámbito de la filología clásica, la enseñanza de cuestiones de género aún se encuentra en una etapa incipiente. Esto se debe, en primer lugar, a la priorización de la enseñanza de aspectos morfosintácticos sobre la enseñanza histórica en los textos clásicos (Aguayo Hidalgo, 2023: 991-999). Dado que en la antigüedad no se contemplaba el lenguaje inclusivo en las categorías gramaticales de género, el campo lingüístico presenta limitaciones en este sentido. Además, las diferencias de lenguaje entre hombres y mujeres, como el uso de verbos específicos para cada género, rara vez son abordadas por los docentes o incluidas en los planes de estudio. Por otro lado, la escasa importancia que se le da a la historia en la enseñanza de los textos clásicos también incide en la falta de atención hacia las cuestiones de género. Si los estudiantes no logran contextualizar una obra literaria ni entender las razones que llevaron al autor a escribirla, será difícil que comprendan por qué los personajes femeninos en dichos textos suelen desempeñar roles tan secundarios. Todo ello provoca que el alumnado termine su carrera universitaria sin conocer, por una parte, datos esenciales de las obras que han trabajado desde el principio de la misma y, por otra, el papel real de la mujer en la antigua Grecia. 1. La invisibilidad femenina en la procreación en la antigua Grecia Aunque los detalles específicos pueden ser difíciles de discernir en los registros históricos, algunas pistas arrojan luz sobre el surgimiento del sistema patriarcal griego. Durante el tercer milenio a.C., los habitantes de la región parecen haber vivido en una sociedad matriarcal, donde adoraban a una diosa madre como su principal deidad. Sin embargo, con la llegada
Ambigua, Revista de Investigaciones sobre Género y Estudios Culturales, n.º 11, 2024, pp. 35-45. ISSN: 2386-8708 38 del pueblo griego, que era patriarcal y veneraba a una divinidad masculina como su principal deidad, se produjo una fusión con la sociedad antigua. Este encuentro entre el pueblo griego y la sociedad preexistente dio lugar a una transformación cultural significativa, donde tanto la lengua como la religión jugaron un papel central (O’Neal, 1993: 116). Por un lado, la lengua que predominó en esta nueva sociedad fue una variante indoeuropea. Por otro, la religión experimentó una reconfiguración notable, ya que los aspectos masculinos de la nueva religión impuesta por los griegos prevalecieron sobre los elementos femeninos de la religión preexistente. Este cambio marcó una inversión en el poder y en la autoridad religiosa, con las deidades masculinas ocupando roles prominentes y los cultos vinculados a la divinidad femenina siendo desplazados o incorporados dentro de las nuevas prácticas religiosas helénicas. Dicha transformación contribuyó a que las diosas principales del panteón griego fueran presentadas de una manera menos femenina. Por ejemplo, Atenea era la diosa de la sabiduría, pero también de la guerra, lo que la vinculaba a tareas típicamente asociadas con lo masculino. Esta conexión con lo masculino tiene su origen en su nacimiento: Zeus se tragó a Metis, la madre de Atenea, cuando ella estaba embarazada y casi a punto de dar a luz. Esto permitió que Zeus diera a luz a Atenea, no en un parto como el de las mujeres, sino que Atenea nació de su cabeza (Hes. Th. 884). La acción de dar a luz posee un significado intrínsecamente femenino, dado que era la función de la mujer. Al adueñarse Zeus de dicha función, lo masculino se apropia de una experiencia exclusivamente femenina, redefiniendo el poder de la reproducción. En este contexto, la narrativa del nacimiento de Atenea simboliza la absorción de lo femenino por parte de lo masculino. La reproducción deja de ser un poder compartido entre hombre y mujer, unificándose en una sola entidad masculina. Así, Zeus no solo engendra a Atenea, sino que también subyuga el poder creador de la mujer, centralizándolo en su propia figura y reforzando la idea de un poder absoluto y masculino. Este acto de parir desde la cabeza en lugar del útero no solo desafía las normas biológicas, sino que también establece una metáfora de la supremacía y control masculinos sobre lo femenino. El hecho de que Atenea no se ajuste al ideal femenino tradicional está intrínsecamente relacionado con su peculiar nacimiento. Esta singularidad en su origen se refleja en sus actitudes y habilidades: Atenea rechaza el matrimonio, una institución que definía a muchas mujeres en la mitología griega, y en su lugar, desarrolla un profundo gusto y habilidad para la guerra. Además, su origen, desprovisto de una figura femenina, influye en su papel en diversos eventos literarios. Un ejemplo notable es su decisión de absolver a Orestes por el asesinato de su madre, Clitemnestra (A. Eu. 734-740). Esta absolución se produce durante el juicio llevado a cabo en el Areópago de Atenas. Atenea, como la diosa de la sabiduría y la justicia, preside el juicio como una figura imparcial y equitativa. En su decisión, considera los argumentos de ambas partes: por un lado, las Furias, que representan la venganza y la antigua ley de sangre, exigen castigo para Orestes por matar a su madre; por otro lado, Apolo intercede en favor de Orestes, argumentando que él actuó para vengar el asesinato
Ambigua, Revista de Investigaciones sobre Género y Estudios Culturales, n.º 11, 2024, pp. 35-45. ISSN: 2386-8708 39 de su padre Agamenón, por lo que su acción está justificada. Al decidirse en favor de Orestes, Atenea confirma la primacía del padre sobre la madre en la descendencia. Esta idea no es más que un reflejo del pensamiento de la sociedad griega, para el que el fin último de las mujeres es el matrimonio y la maternidad. Las mujeres griegas, concretamente aquellas atenienses de la época clásica responden al “pensamiento cívico de la maternidad” (Loraux, 2004: 54) al cumplir con su deber con la ciudad al engendrar hijos en el seno del matrimonio y proporcionar así a la polis futuros ciudadanos (Morales Ortiz, 2007:133). De acuerdo con ello, la verdadera realización del matrimonio para la mujer se alcanza mediante la maternidad o la procreación de hijos. Los testimonios al respecto en los textos griegos son numerosos. En torno a los siglos V y IV a.C., el logógrafo Lisias compuso discursos por encargo. Su En defensa por el asesinato de Eratóstenes es uno de los pocos discursos escritos por oradores áticos que arroja luz sobre la vida cotidiana de las mujeres, convirtiéndose por ello en una fuente inestimable para el estudio de la mujer, sus derechos y su posición en la sociedad griega (Wolpert, 2001: 415). En un resumen conciso, Eufileto, un ciudadano acomodado de Atenas, casado y con un hijo, descubre a través de su esclava que su esposa le está siendo infiel con un hombre llamado Eratóstenes. Un día, después de confirmar la presencia del adúltero en su casa, Eufileto sale en busca de testigos. Al regresar con ellos, lo encuentra en la cama con su mujer y le da muerte, a pesar de los intentos de Eratóstenes por llegar a un acuerdo económico (Calvo Martínez, 1988: 67- 68). Pues bien, pese a ser una de las principales involucradas en la trama, la mujer de Eufileto nunca es llamada por su nombre. A lo largo de los cincuenta capítulos que componen el En defensa por el asesinato de Eratóstenes, solo aparece como la mujer (ἡ γυνὴ), aquella (ἐκείνη) o mi mujer (τὴν γυναῖκα τὴν ἐμὴν). De igual forma ocurre con el resto de las mujeres que aparecen en el relato, de las que tampoco se conoce el nombre y solo se las reconoce por la situación que ocupan en la vida de Eufileto. Su importancia radica, en definitiva, en si son madres, esposas, esclavas o sirvientas, y solo a través de esa relación pueden ser relevantes. El propio Eufileto afirma en el discurso que confió en su esposa cuando le nació un hijo, pues consideraba que esa era la mayor prueba de familiaridad (Lys. I 6). Esto subraya la importancia de la reproducción en la sociedad griega, donde la capacidad de una mujer para concebir y dar a luz a hijos era fundamental. La maternidad no solo aseguraba la continuidad de la familia y la línea de descendencia, sino que también confería estatus social al hombre y, por ende, a su esposa. La crianza de los hijos y la gestión del hogar eran consideradas las principales responsabilidades de la mujer griega, y su capacidad para cumplir con estas funciones era esencial para su valía y reconocimiento en la sociedad. En el mismo período que Lisias, el orador Demóstenes afirmó que los hombres tenían a sus esposas para procrear legítimamente (D. 59, 122). En el siglo I d.C. Sorano, declaró en su Ginecología que las mujeres se casaban por los hijos y no por mero disfrute (Sor. 34). Según dicho médico
Ambigua, Revista de Investigaciones sobre Género y Estudios Culturales, n.º 11, 2024, pp. 35-45. ISSN: 2386-8708 40 griego, las mujeres eran aptas para concebir entre los 15 y los 40 años, siempre que no sean varoniles, demasiado robustas o flácidas. Así, la principal función de las mujeres atenienses en edad fértil era producir hijos con o sin placer (O’Neal, 1993: 119). En esta línea, a pesar de la creencia generalizada de que las mujeres espartanas disfrutaban de mayores libertades en comparación con otras mujeres griegas, la realidad era completamente diferente. Si bien en Esparta, a diferencia de otras regiones de Grecia, se permitía a las mujeres participar en actividades físicas, esto no se debía a un beneficio pensado específicamente para ellas. Más bien, dichas actividades estaban destinadas a fomentar la salud y la fortaleza física de las mujeres espartanas con el fin de producir una progenie robusta y apta para la guerra, que era la principal preocupación de la sociedad espartana (Plu. Lyc. 14). Así pues, aunque las mujeres espartanas podían participar en actividades físicas, su libertad y autonomía estaban fuertemente condicionadas por las necesidades del Estado espartano, su enfoque en la preparación militar, y, por tanto, en la sociedad patriarcal en la que residían (Cartledge, 1981: 93). La mujer, por ende, era considerada como un mero recipiente de la semilla del hombre (Morales Ortiz, 2007: 139). En palabras de Platón (Pl. R. 454b), la hembra pare (τίκτειν) y el varón engendra (ὀχεύειν). Como representante de esta idea nos encontramos a Aristóteles, quien en su tratado La reproducción de los animales representa a la hembra como un “macho estéril”, mientras que el macho tiene la verdadera parte activa (Madrid 1999: 314-320). Así pues, el papel de las mujeres en la reproducción, según el pensamiento tradicional griego, era considerado completamente pasivo. Tanto es así que las mujeres son designadas como campos o tierras en las que el varón planta su semilla para producir fruto (E. Andr. 637). También lingüísticamente se registra dicha diferencia entre ambos sexos. El verbo φύω, que significa "engendrar", cuando se utiliza en su forma activa y transitiva, generalmente se aplica al varón. Sin embargo, cuando se emplea de manera intransitiva, puede referirse tanto al padre como a la madre (Morales Ortiz, 2007: 141). Esto evidencia que el acto de engendrar se atribuye principalmente al hombre, mientras que la mujer es vista como el recipiente pasivo que da a luz, es decir, el ser de quien nace o es engendrado el hijo. Esta distinción subraya la percepción de que el hombre es el agente activo en la procreación, reforzando la visión patriarcal de la reproducción y el rol subordinado de la mujer en el proceso. 2. La mujer como propiedad del hombre La literatura antigua griega, que abarca desde las epopeyas homéricas hasta las obras trágicas y cómicas de dramaturgos como Sófocles, Eurípides y Aristófanes, proporciona un testimonio elocuente de la posición marginal de la mujer en la antigua Grecia. Cronológicamente, la épica homérica ofrece los primeros testimonios de ello. La Ilíada, epopeya del siglo VIII a.C., presenta diversas figuras femeninas que reflejan la concepción de la mujer en esa época. Un ejemplo notable es Briseida, quien es capturada por Aquiles durante la Guerra de Troya tras la muerte de sus hermanos y esposo en la batalla. La historia de Briseida encapsula
Ambigua, Revista de Investigaciones sobre Género y Estudios Culturales, n.º 11, 2024, pp. 35-45. ISSN: 2386-8708 41 la trágica realidad de las mujeres capturadas en conflictos bélicos, relegadas a un estatus de objetos inanimados (Farron, 1979: 27). En la propia obra, se mencionan a “mujeres bien ceñidas” en la lista de botines de guerra junto a otros bienes materiales como calderos, trípodes, caballos, mulos y bueyes (H. Il. XXIII, 259-261). Además de reflejar la dura realidad experimentada por las mujeres atrapadas en conflictos bélicos, Briseida ilustra la notable falta de libertad y autonomía que enfrentaban las mujeres en la antigua Grecia. La mitología, al hacer de ella una viuda sin la protección de figuras masculinas como sus hermanos, justifica su sometimiento bajo el dominio de dos hombres, Aquiles y Agamenón. Al igual que Briseida, Andrómaca enfrentaría una situación desafiante en ausencia de una figura masculina que velara por ella en caso de la muerte de su esposo Héctor. Después de que su padre, Eetión, rey de Tebas, falleciera al mismo tiempo que inssus hijos varones durante la Guerra de Troya, su madre tomó la desesperada decisión de quitarse la vida. Y como un trofeo de guerra la trajeron desde Tebas Héctor y sus compañeros, junto a brazaletes de oro, vestidos teñidos en púrpura y otros objetos (Sapph. 44). Es por ello que, al despedirse de Héctor, Andrómaca le suplica que no se enfrente a Aquiles, argumentando que, para ella, él representa tanto a su padre como a su madre y hermano (H. Il. VI 407-439). Esta situación es representativa no solo de la experiencia de Andrómaca, sino también de muchas mujeres en la Ilíada, quienes, enfrentando pérdidas y sufrimientos inimaginables, se ven relegadas a realizar tareas domésticas como su única forma de contribución. En realidad, Héctor y Andrómaca personifican la división de roles entre lo masculino y lo femenino en la obra (Farron, 1979: 24-26). Mientras Héctor cae en combate frente a las murallas de Troya (H. Il. VI, 490-492), Andrómaca permanece en su hogar, ocupada tejiendo e instruyendo a sus esclavas para que le preparen un baño (H. Il. XXII, 440-444). Es significativo que a lo largo de todo el pasaje (H. Il. XXII, 437-514), Andrómaca nunca sea mencionada por su nombre, sino que se refieran a ella como "la mujer de Héctor", lo que enfatiza que su estatus está definido por su relación marital (Segal, 1971: 36). Como ocurría en el discurso de Lisias con la esposa de Eufileto, la verdadera relevancia de Andrómaca reside en su relación con su esposo. La prevalencia de estas expresiones, en lugar de llamar a los personajes femeninos por su nombre, refleja la percepción predominante en la sociedad griega, donde la identidad y el valor de una mujer estaban inextricablemente ligados a los hombres en su vida. La idea de que el matrimonio era una especie de contrato en el que la mujer pasaba a ser propiedad del hombre es fundamental para entender esta práctica. En la Antigua Grecia, las mujeres eran vistas como una extensión de los bienes del hombre, lo cual se reflejaba no solo en la vida cotidiana, sino también en la literatura y los discursos legales. Las mujeres, al casarse, perdían su individualidad y se convertían en "la esposa de" o "la madre de", lo que subrayaba su posición subordinada dentro del ámbito doméstico y social (Lyons, 2003: 95-103). En este sentido, cuando una mujer se casaba, perdía a su familia de origen y la familia de su esposo pasaba a ser su nueva familia. Esta transición implicaba no solo un cambio
Ambigua, Revista de Investigaciones sobre Género y Estudios Culturales, n.º 11, 2024, pp. 35-45. ISSN: 2386-8708 42 de residencia, sino también una transferencia de lealtades y responsabilidades. La mujer dejaba atrás su linaje y se integraba completamente en la estructura familiar del marido, adaptándose a sus normas y costumbres. Dos pasajes literarios ilustran a la perfección este hecho. El primero de ellos se trata de un epitalamio de Safo, en el que explica que junto a la dote, la doncella destinada a casarse es traída lejos de su madre y, por ende, de su familia (Saphh. 104). El segundo ejemplo se encuentra al comienzo de Medea. La nodriza, cuyo nombre desconocemos, relata cómo Medea dejó su tierra natal, la Cólquide, por amor a Jasón. Por él, hizo de Corinto su nueva patria y consideró a su familia como la propia. Sin embargo, todos sus esfuerzos para agradar a su esposo resultaron en vano, ya que él la traicionó con Creúsa, la hija de Creonte. Ante este ultraje, Medea se lamenta profundamente por haber abandonado a su familia y a la tierra de sus padres (E. Med. 1-48). Estas narrativas literarias no solo ilustran la práctica de transferir a la mujer de una familia a otra, sino que también destacan el impacto emocional y personal de dicha práctica en las mujeres mismas. Este proceso de redefinición de identidad y pertenencia reflejaba y reforzaba la percepción social de la mujer como un ser cuya existencia y valor estaban definidos por su relación con los hombres. 3. Experiencia en la aplicación de la perspectiva de género en la enseñanza de textos griegos Como hemos observado en los apartados anteriores, la situación de la mujer en la Antigua Grecia era bastante complicada. Su papel en los textos literarios se relegaba mayormente a un lugar marginal, siempre a la sombra de las acciones de un hombre. Las mujeres eran frecuentemente presentadas en relación con los hombres, ya sea como esposas, hijas o madres, y raramente se les daba una identidad propia o un papel significativo en la narrativa. Evidentemente, si en los planes de estudio no se contempla el análisis de estos textos desde una perspectiva de género, nuestro alumnado difícilmente será consciente de la situación real de la mujer en dicho periodo. La educación que excluye esta perspectiva corre el riesgo de perpetuar una visión sesgada e incompleta de la historia y la literatura. Es crucial que los programas educativos incluyan discusiones sobre la representación de las mujeres en la literatura antigua, analizando no solo cómo se les retrataba, sino también por qué se les retrataba de esa manera y qué implicaciones tiene eso para nuestra comprensión de la historia y la cultura. Una de las soluciones que, como docentes, podemos implementar para visibilizar el papel de la mujer en la historia de la antigua Grecia es incorporar una perspectiva feminista en nuestros planes de estudio. Esto implica no solo incluir textos y materiales que destaquen las experiencias y contribuciones de las mujeres, sino también cuestionar y analizar críticamente las narrativas dominantes que tradicionalmente han minimizado o distorsionado su papel. Esta metodología ha sido aplicada en la asignatura Textos Griegos I, específicamente en el grupo 2, en el curso 2023-2024. En dicha asignatura, trabajamos el discurso de Lisias
Ambigua, Revista de Investigaciones sobre Género y Estudios Culturales, n.º 11, 2024, pp. 35-45. ISSN: 2386-8708 43 previamente citado En defensa por el asesinato de Eratóstenes. Además de la traducción y estudio lingüístico del texto, exploramos el papel de la mujer desde distintos ámbitos. Para ello, se establecieron diversos temas relacionados con la mujer en los que el alumnado podía trabajar de manera individual, para luego integrarlos en un proyecto común sobre la mujer en la antigua Grecia. La motivación del alumnado fue bastante notable, ya que nunca habían abordado los textos clásicos de esta manera y, además, sintieron que se incluía un tema de actualidad como es la perspectiva de género en la enseñanza. Gracias a ello, la participación en las sesiones aumentó significativamente y el grado de absentismo, generalmente bastante alto, se redujo notablemente. La culminación de esta metodología se alcanzó en el I Congreso Concienciades: creando con-ciencia filológica, celebrado los días 6 y 7 de mayo de 2024 en la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla. Este evento tenía varios objetivos clave: fomentar la investigación y la transferencia de conocimiento en filología, además de introducir la perspectiva de género en la didáctica. También se buscaba destacar que la filología no solo se dedica al estudio de los aspectos lingüísticos y literarios de diversas lenguas, sino que también aborda cuestiones socioculturales, históricas y antropológicas. El congreso se configuró como un espacio compartido en el que no solo participaban personalidades relevantes del ámbito académico, sino también estudiantes de grado y máster de la Facultad de Filología y doctorandos. Estos participantes tuvieron la oportunidad de presentar proyectos y propuestas relacionadas con temas cruciales en el campo de la educación y la filología. Esta plataforma permitió un intercambio de ideas y experiencias que subrayaron la relevancia de la perspectiva de género y otras cuestiones contemporáneas en la enseñanza de los textos clásicos y la filología en general. Pues bien, en dicho congreso siete alumnas de la asignatura Textos Griegos presentaron sus trabajos individuales bajo el proyecto común Revisar la Antigüedad clásica con con-ciencia. En él, las alumnas abordaron diversos temas, entre ellos la omisión de nombres femeninos en los textos griegos y el uso de la voz masculina para reproducir las palabras de personajes femeninos. También se discutió cómo eran las descripciones de las mujeres en estos textos, el papel de la mujer como propiedad del hombre, y la visión griega de la mujer como un ser pasivo en el proceso de reproducción. Además, se trataron cuestiones relacionadas con el matrimonio y el uso del maquillaje. En palabras de las propias ponentes, la experiencia fue sumamente positiva. Gracias a iniciativas de esta índole, adquirieron una comprensión más profunda de lo que realmente significaba ser mujer en la antigua Grecia. 4. Conclusiones Es una realidad que la perspectiva de género está cobrando mayor relevancia en diversos ámbitos, incluida la educación. No obstante, es esencial que, como docentes, implementemos metodologías que presten