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José Manuel Rubio Recio: in memoriam

Bernal Rodríguez, Antonio Miguel

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293 JOSÉ MANUEL RUBIO RECIO: IN MEMORIAM Catedrático de Geografía, y Académico de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, José Manuel Rubio fue un pilar determinante en la implantación de los estudios geográficos en la Universidad de Sevilla y un pionero nacional en los estudios del medio ambiente y de la naturaleza. La semblanza que pergeñamos a continuación se centra en los primeros años de su llegada a Sevilla, en la fecunda labor realizada en aquellos años iniciales, de arranque, de los estudios de geografía en la Hispalense, años en los que ambos estuvimos empeñados en la misma tarea académica y en los que entablamos una fluida y fructífera amistad que perduró hasta el final de sus días. Los estudios de Geografía en la Universidad española entraron con retraso, a comienzos del siglo XX, comparado con el arraigo que la disciplina ya había alcanzado, por ejemplo, en las universidades francesas, alemanas o inglesas. Y se iniciaron con un grave hándicap: quienes fueron ocupando las primeras cátedras –décadas 1910 y 1920– procedían, por formación, de otras disciplinas o de aquella especialización historicista de la geografía tan en boga a fines del siglo XIX cuando ésta era considerada, como disciplina ancilar, uno de los “ojos de la historia” junto con la cronología. De ahí que los contenidos de sus programas dieran Por antonio-miGuel Bernal Minervae Baeticae. Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, 2ª época, 47, 2019, pp. 293–298 294 cabida a los estudios de la esfera, la cartografía, los aspectos descriptivos, viajes, exploraciones, etc.; en España, temáticas muy ligadas a los estudios americanistas desde tiempos de la Casa de la Contratación. Nada que ver con la renovación que se estaba produciendo en la Geografía, sobre todo a partir de Vidal de la Blanche, Martonne y otros grandes maestros franceses. Antes de 1936 existía cátedra de Geografía, ya cubierta, en las Universidades de Madrid (Bullón), Barcelona (Pérez Agudo), Valladolid (Melón) y Sevilla (Bozal). La cátedra de Sevilla estuvo dotada desde 1922 pero no fue cubierta hasta 1928 por Ángel Bozal Pérez –doctor en Filosofía y Letras y doctor en Derecho– quien la regentó hasta su jubilación en 1967. Pese a haber sido pionera, entre las españolas, la Universidad de Sevilla –por circunstancias que no son del caso comentarno conoció en esos cuarenta años ni arraigo ni progreso en los estudios geográficos como se diera en las restantes y, en particular, en la de Valladolid, donde se formarían los profesores Benito Arranz y Rubio Recio, verdaderos artífices, más que del renacer, de la implantación ex novo de los estudios geográficos en la Hispalense. Aunque titular propietario de la cátedra hasta 1967, Bozal hacía años que, por sus circunstancias personales, no ejercía tarea alguna ni docente ni investigadora, siendo suplido sucesivamente por profesores de otros escalafones de la enseñanza. En consecuencia, no fue hasta la incorporación de Juan Benito Arranz a la cátedra de Geografía de la Universidad de Sevilla –por traslado desde la de Oviedo– en el transcurso del año académico 1968-69 cuando puede fecharse el arranque de los estudios de Geografía, propiamente dichos, en nuestra Universidad. Al incorporarse no encontró nada; carencia absoluta de personal, de infraestructuras, biblioteca especializada inexistente y, lo que era peor, descrédito de las asignaturas regladas de Geografía entre el alumnado y ausencia de cualquier atisbo de investigación. Todo estaba por hacer. Por cuestiones que no hacen al caso, el profesor Benito Arranz, en septiembre de 1969, me requirió para incorporarme a las tareas de la cátedra1, lo que hice de manera circunstanciada durante siete 1. a.m.Bernal, “D. Juan Benito Arranz y el inicio de los estudios de Geografía en la Universidad de Sevilla (1968-1976)”, en prensa 294 JOSÉ MANUEL RUBIO RECIO: IN MEMORIAM 295 cursos académicos, de 1969 a 1986. Tras mi incorporación a la cátedra –segunda en orden cronológico–, en las semanas siguientes se produce una tercera: la del profesor Rubio Recio, leonés recriado en Valladolid, quien acababa de ganar la plaza de profesor agregado de Universidad Hispalense disputada en controvertidas oposiciones con el doctor Muñoz Pérez. José Manuel provenía de la Universidad de Oviedo –donde era catedrático de Escuela de Comercio (con anterioridad, lo había sido de la de Badajoz)– y había sido estrecho colaborador del profesor Benito Arranz en los años de su permanencia en aquella Universidad. Una vez en Sevilla, encontró alojamiento y acomodo durante unos meses, hasta que vino su familia, en el hotel Murillo –donde yo me alojaba en un apartamento que antes había ocupado Juan Benito– y que se convertía, de ese modo, en nexo común de nosotros tres (Benito, Rubio y yo mismo). En total, al comenzar el curso de 1969-70 fuimos el trio disponible para atender la docencia de un alumnado ya masificado, encargándonos Rubio y yo de las clases de los distintos grupos de comunes y D. Juan de los de especialidad. Los primeros meses de José Manuel en Sevilla fueron de tanteo, de conocimiento del medio, tanto urbano como agrícola o de espacios naturales. Casi todos los días, tras el almuerzo, en su citroen, salíamos de escapada a los alrededores para familiarizarse con campos de latifundios y haciendas olivareras, regadíos de algodonales, etc. –visitamos varios de ellosasí como el conocimiento del entorno aljarafeño, las riberas del Guadalquivir o las Marismas. Una exploración completada con la de la ciudad, con un día de especial dedicación: el jueves, donde perdíamos el tiempo por los tenderetes de libros viejos y librerías de libros antiguos circundantes, que le eran tan queridos a José Manuel dada su firme afición de bibliófilo –que compartíamos–, posible herencia de sus padres –él, D. Julián María Rubio, catedrático de historia moderna y ella, Rita, bibliotecaria, ambos en la Universidad de Valladolid. José Manuel fue el artífice más entusiasta en la tarea constructiva de la Biblioteca del Departamento; en un tiempo récord, no más allá de tres o cuatro cursos académicos, logramos reunir –con algo más de dos mil volúmenes– una selecta colección de libros de geografía, en sus diversas materias, con las novedades más recientes e idiomas diversos. Que se completaba con 295ANTONIO-MIGUEL BERNAL 296 las adquisiciones cartográficas, planos catastrales, colecciones de revistas, diapositivas, etc. En fin, lo indispensable para lograr que el Departamento fuese un centro de estudio de Geografía acorde a lo que ya existía en otras universidades. Otro aspecto relevante de su personalidad, y calidad como profesor, era su capacidad de atracción para incorporar a jóvenes licenciados a la investigación geográfica, muchos de ellos, muy pronto, convertidos en acompañantes asiduos de las excursiones no programadas llevadas a cabo. Unos estrechos contactos que nutrieron al Departamento de colaboradores empeñados en temas de tesinas y de tesis doctorales. Bajo las directrices del profesor Benito Arranz se dio un giro copernicano a la organización de la enseñanza. Y en los cursos comunes, José Manuel se volcaba para que dispusiésemos de los manuales más actualizados, y abordar temas hasta entonces inéditos en la enseñanza de la geografía en las aulas hispalenses: estudios de población y demografía, climatología, el medio físico, iniciación de técnicas estadísticas, geografía rural, industrialización, ordenamiento urbano, proyecciones de material gráfico, etc. Y una singularidad, que fue la que más rápidamente trascendió en el alumnado de la Facultad y que durante años fue la “marca” de la casa: los exámenes orales. Ni que decir tiene que tal novedad causaba un enorme desasosiego en un alumnado no acostumbrado a expresarse oralmente y en directo para ser evaluado. En poco tiempo, el profesor Rubio Recio ampliaba sus relaciones de conocimiento directo del espacio ampliando su presencia y contactos académicos en las provincias de Cádiz y Huelva, donde ejerció un papel decisivo, a través de sus alumnos e investigaciones promovidas bajo su dirección, en la configuración de los Departamentos de Geografía de una y otra universidad. De esa labor, han quedado como muestra el número de tesis dirigidas y promocionadas por él así como el elenco de profesores, alumnos suyos, que hoy ocupan cátedras y titularidades en dichas universidades. Y, por supuesto, en las dos universidades sevillanas –Hispalense y Olavide–. Antes de su incorporación a la Universidad de Sevilla, el profesor Rubio Recio ya conocía bien, por contactos previos, cierta zona de la Andalucía occidental. En concreto, la zona de 296 JOSÉ MANUEL RUBIO RECIO: IN MEMORIAM 297 playas, dunas y pinares que luego conformaron el Coto de Doñana y Dunas del Odiel donde, desde la década de 1950, José Manuel, acompañando a sus amigos Valverde y González Gordon, efectuaron campañas de anilladamiento de aves migratorias. Una predilección por el medio físico, por la geografía de los espacios naturales, interesado por el medio ambiente y por la naturaleza que fueron los valores –hasta entonces apenas explorados entre los geógrafos españoles– que decidieron al tribunal que juzgó las oposiciones a la plaza de Sevilla a la que Rubio Recio concurrió a inclinar los votos del tribunal a su favor, pese a su exigua producción bibliográfica, frente a la del otro candidato –americanista de prestigioque contaba en su haber con una obra publicada tan extensa como valiosa. Fue la del tribunal una decisión innovadora al otorgar un voto de confianza para incorporar las nuevas singladuras de la geografía del medio natural al que José Manuel dio cumplida y óptima respuesta al convertirse en pionero y, luego, en reconocido maestro en dicha modalidad de los estudios geográficos en España, con reputado prestigio internacional. De la escasa producción bibliográfica de sus primeros tiempos destaca algún que otro artículo dedicado a aspectos de la economía extremeña y de la montaña asturiana. A partir de 1974, ya bien asentado en la Universidad y familiarizado con el entorno andaluz, los temas abordados en una amplia bibliografía, que iba en progresión, fueron diversos aunque con un denominador común, que hizo que finalmente los trabajos de Rubio ofrezcan el aspecto de una obra compacta y cerrada. Asuntos relacionados con los temas medioambientales en la autopista de Sevilla-Cádiz, sobre el parque nacional de Doñana, la biogeografía de las Marismas, la fauna andaluza y los paisajes vegetales, la geomorfología de la sierra Pinar, el estudio sobre el pinzapal, la dehesa, y un largo etc. más. En suma, investigaciones centradas en cuestiones medioambientales, en la biodiversidad y en la Biogeografía, de las que como hemos dicho, además de ser pionero, fue un consumado maestro. Estudios que se completan con sus incursiones en el mundo americano –Costa Rica, Amazonas, Orinoco, etc.– así como las publicaciones en el boletín de la RASBL, como su trabajo sobre el Guadalquivir, en colaboración con J. A. Valverde, o sobre los océanos, el Ebro, etc. 297ANTONIO-MIGUEL BERNAL 298 En suma, gracias a su enorme vitalidad y dedicación, José Manuel nos dejó en herencia intelectual casi medio siglo de dedicación a unos estudios que sirvieron para abrir horizontes innovadores y renovadores en la geografía sevillana, con unas promociones de geógrafos interesados por el medio ambiente y los espacios naturales y geomorfológicos que constituyen escuela de prestigio. Pero, sobre todo, siempre quedará de él, su bonhomía, de la que durante tantos años pudimos disfrutar sus amigos, colegas universitarios y compañeros de la Academia. 298 JOSÉ MANUEL RUBIO RECIO: IN MEMORIAM