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Ecos míticos y tradición clásica en las rosas de Hércules de tomas morales

Escobar Borrego, Francisco Javier

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ECOS Míneos Y TRADICIÓN CLASICA EN LAS ROSAS DE HÉRCULES, DE TOMÁS MORALES* FRANCISCO JAVIER ESCOBAR BORREGO Universidad de Sevilla Yo fui el bravo piloto de mi bajel de ensueño; argonauta ilusorio de un país presentido, de alguna isla dorada de quimera o de sueño oculta entre las sombras de lo desconocido ... (Tomás MORALES, LOS puertos, los mares y los hombres de mar. Final, 1-4) Las relaciones entre mitología y geografía han propiciado un rico dominio de la tradición clásica conocido como geografía mítica \ Se trata de un campo de estudio que comprende tanto la génesis de las divinidades que personifican marcos geográficos, como el análisis de los diversos mitos relacionados con las fundaciones de ciudades. En dicha disciplina, ocupa un lugar de privilegio la mitologización o mitificación del Archipiélago Canario^. Así, las denominadas Islas Afortunadas, que entroncan con el mito * Quiero expresar mi agradecimiento a la Casa-Museo Tomás Morales de Moya (Las Palmas de Gran Canaria) por haberme facilitado la consulta de sus fondos bibliográficos durante mi instancia investigadora en dicho centro. ' Un desarrollo de esta cuestión ofrece M. MARTÍNEZ, Canarias en la mitología. Historia mítica del Archipiélago, Santa Cruz de Tenerife, Cabildo Insular de Tenerife / Centro de la Cultura Popular Canaria, 1992, pp. 11 ss.; e idem, «Islas míticas», en AAVV, Realidad y mito, ed. de F. Diez de Velasco / M. Martínez / A. Tejera, Madrid, Ediciones Clásicas / Secretariado de Publicaciones de la Universidad de La Laguna, 1997, pp. 19-43. ^ Sobre la pervivencia de la tradición clásica y la mitología en Canarias, vid. A. DÍAZ TEJERA, «Las Canarias en la Antigüedad», en Canarias y América, ed. de F. Morales Padrón, Madrid, Espasa-Calpe / Argantonio, 1988, pp. 13-58; M. MARTÍNEZ, Canarias en la mitología ... cit., passim; J. PÁEZ, «Tradición clásica y literatura canaria», en Humanismo y pervivencia del mundo clásico, L2, ed. de J. M.* Maestre Maestre y J. Pascual Barea, Cádiz, Instituto de Estudios Turolenses / Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 1993, pp. 719-726; M. MARTÍNEZ, Las Islas Canarias de la Antigüedad Rlit, LXVI, 131 (2004), 149-170 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://revistadeliteratura.revistas.csic.es 150 RLit, LXVI, 131, 2004 FRANCISCO JAVIER ESCOBAR BORREGO de las Islas de los Bienaventurados (MaKCCpœv Nf[aoi o Fortunatae Insulae), ofrecen una exuberante naturaleza propicia para la gestación de relatos fabulosos o legendarios, bien de ascendencia grecolatina, bien relacionados con los mitos aborígenes de los antiguos canarios. Además, el hecho de que Canarias fuera considerada en la Antigüedad como uno de los extremos del mundo, atendiendo al concepto griego de la oiKODfievri Cía tierra habitada'), facilitaba la mitificación del territorio insular. No es de extrañar, por tanto, que al marco geográfico canario se adscriban mitos de abolengo grecolatino como el del Jardín de las Hespérides —que se suele localizar en valles como el de la Orotava en Tenerife—, el de Hércules y los argonautas o el de Atlas, identificado, en ocasiones, con el Teide. También se transmiten y recrean leyendas pertenecientes al imaginario aborigen como la de la Selva de Doramas o la de la princesa Dácil. Este doble proceso de mitificación del Archipiélago Insular encuentra un cabal desarrollo artístico en el movimiento modernista canario, fundamentalmente, en las artes plásticas y en la literatura^. En el primer caso, llevará a cabo una destacada labor el pintor Néstor Martín-Fernández de la Torre (1887-1938), formado en el Prerrafaelismo y Simbolismo de raíces europeas entre 1904-1909"^. El artista insular realiza cuadros de tema mítico expuestos en 1909 como El Jardín de las Hespérides —inspirado en la poesía de Jacinto Verdaguer— o Hércules amasando el túmulo de Pirene al Renacimiento. Nuevos aspectos, Santa Cruz de Tenerife, Cabildo de Tenerife / Centro de la Cultura Popular Canaria, 1996; AAVV, Realidad y mito ... cit., passim; M. MARTÍNEZ, «El mito y la historia y literatura canarias», en Historia Crítica. Literatura canaria, ed. de R. Fernández et alteri, Las Palmas de Gran Canaria, Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, 2000, pp. 165-214; e idem. Las islas Canarias en la Antigüedad Clásica. Mito, historia e imaginario, Tenerife, Centro de la Cultura Popular Canaria, 2002. ^ En este sentido, véase: S. PADRÓN, Poetas canarios de los siglos XIX y XX, ed. de S. de la Nuez, Tenerife, Aula de Cultura de Tenerife, 1978, pp. 355 ss.; J. ARTILES / I. QUINTANA, Historia de la Literatura Canaria, Las Palmas, Excma. Mancomunidad de Cabildos de Las Palmas / Plan Cultural, 1978, pp. 191 ss.; L. SANTANA, «El Modernismo literario y artístico en Canarias», Aguayro, 75 (1976), pp. 14-16; idem, «El Modernismo en Canarias», Quimera, 153-154 (1996-1997), pp. 90-94; AAVV, Varia lección sobre el 98. El Modernismo en Canarias (Homenaje a Domingo Rivero), ed. de E. Padomo / G. Santana, Las Palmas de Gran Canaria, Excmo. Ayuntamiento de Arucas / Servicio de Publicaciones de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 1999; y AAVV, Modos modernistas. La cultura del Modernismo en Canarias, 1900-1925, Las Palmas de Gran Canaria, Museo Néstor / Cabildo de Las Palmas de Gran Canaria, 2000. "* Para la trayectoria artística de este egregio pintor canario, véase: S. DE LA NUEZ, «Néstor y los poetas canarios de su generación», Aguayro, 171 (1987), pp. 4-8; P. ALMEIDA, Néstor (1887-1938). Un canario cosmopolita, Madrid, Real Sociedad Económica de Amigos del País, 1987; L RUIZ / Á. PERERA / O. GUERRA, La poesía a través de la imagen (Didáctica de la poesía a partir de la pintura de Néstor), Las Palmas de Gran Canaria, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 1993; P. ALMEIDA, El Paisaje en Néstor, Las Palmas de Gran Canaria, Museo Néstor, 1994; AAVV, El Museo de Néstor: Catálogo, Canarias, Viceconsejería de Cultura y Deportes, 1988. (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://revistadeliteratura.revistas.csic.es ECOS Míneos Y TRADICIÓN CLÁSICA EN LAS ROSAS DE HÉRCULES RLit, LXVI, 131, 2Ú04 151 (a modo de homenaje a William Blake), al tiempo que eleva determinados referentes canarios como la fauna, la flora o el mar a una categoría mítica. De esta suerte, Néstor propone un simbolismo cosmogónico canario, marcado por su adscripción a la masonería, en el inacabado Poema de los elementos (1912-1938). En tal proyecto, basado en la plasmación pictórica de la tierra, el agua, el aire y el fuego, sobresalen el Poema del Atlántico o Poema del Mar (1912-1923) y el Poema de la Tierra (1934-1938). La primera de estas obras supone una mitificación del mar en sus diferentes horas y aspectos mediante ocho lienzos en los que conviven niños y adolescentes desnudos con peces canarios a fin de simbolizar las edades de vida del hombre. El Poema de la Tierra, en cambio, que quedó al fallecimiento de Néstor en distintos momentos de ejecución —desde el boceto hasta la obra terminada—, ofrece ocho piezas que representan las estaciones del año y los cuatro momentos del día,. La flora canaria recreada —como el draco—^ evoca la del mítico Valle de las Hespérides. El imaginario mítico canario pintado por Néstor encuentra su correlato literario en Las Rosas de Hércules de Tomás Morales (1884-1921)^. En su obra —de sesgo eminentemente simbolista y rubeniano—, Morales demuestra un excelente conocimiento de la mitología visible en la continua evocación de referentes míticos que otorga a su poesía un notable sabor clásico. Como recuerda Enrique Díez-Canedo en el prólogo a la primera edición de Las Rosas de Hércules (Madrid, 1922), Morales tiene sus ante- ^ En algunas versiones, el dragón que custodiaba celosamente las manzanas robadas por Hércules. ^ Entre la amplia bibliografía sobre Morales, destacamos: S. DE LA NUEZ, Tomás Morales. Su vida, su tiempo y su obra, 2 vols.. La Laguna, Universidad de La Laguna, 1956; AAVV, Tomás Morales en su tiempo. Islas Canarias, Consejería de Cultura y Deportes / Gobierno de Canarias, 1984; J. J. SuÁREZ CABELLO, Introducción al estudio de la lengua poética de Tomás Morales, Santa Cruz de Tenerife, Gobierno de Canarias / Consejería de Cultura y Deportes, 1985; M. GONZÁLEZ SOSA, Tomás Morales. Cartapacio del Centenario, con una carta inédita de Ramón Gómez de la Sema, La Laguna, Universidad de La Laguna / Instituto de Estudios Canarios, 1988; AAVV, Tomás Morales. Suma crítica, ed. de M. González Sosa, La Laguna, Instituto de Estudios Canarios, 1992; AAVV, Tomás Morales. LXXV Aniversario de su muerte 1921-1996, Agaete, litre. Ayuntamiento de la Villa de Agaete, 1996; J. C. MAINER, La Edad de plata (1902-1939). Ensayo de interpretación de un proceso cultural, Madrid, Cátedra, 5.^ éd., 1999, pp. 195 ss.; A. SÁNCHEZ ROBAYNA, «Tomás Morales en su centenario», en La sombra del mundo, Valencia, Pre-textos, 1999, pp. 109-123; y O. GUERRA, Un modo de pertenecer al mundo. Estudios sobre Tomás Morales, Las Palmas de Gran Canaria, Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, 2002. En cuanto a Las Rosas de Hércules, cfr. el artículo «Las Rosas de Hércules de Tomás Morales» de T. CANCIO (Aguayro, 154, 1984, pp. 3-5) y los estudios preliminares de DE LA NUEZ a su edición de la obra (Islas Canarias, Biblioteca Clásica Canaria, 1990, pp. 13-36) y de A. SÁNCHEZ ROBAYNA también en sendas ediciones: Las Rosas de Hércules. La cena de Bethania. Versiones de Leopardi (Tenerife, Interinsular Canaria, 1984, pp. 9-16) y Las Rosas de Hércules, Barcelona, Mondadori, 2000, pp. 9-30 (por la que citaremos). (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://revistadeliteratura.revistas.csic.es 152 RLit, LXVI, 131, 2004 FRANCISCO JAVIER ESCOBAR BORREGO cedentes, más que en Darío, en destacados poetas latinos que le inspiran la «palabra evocadora», «apretada de zumo clásico»^: ... Tomás Morales, alumno de Darío sólo en lo superficial, tiene sus profundos antecesores entre los poetas latinos: en Catulo, en Ovidio, en los tardíos Ausonio y Claudiano. Aquí una fragancia de rústico huerto, enriquecido por la estación en maravilla de frutos; allí una pomposa alegoría, en que vuela un ser mitológico sobre exuberantes jardines, entre arquitecturas opulentas. De ahí viene la elocuencia, que es cualidad cardinal en la poesía de Tomás Morales, de su abolengo latino que, seguramente sin proponérselo, le lleva a acertar en su vocabulario con la palabra evocadora, concreta, apretada de zumo clásico, a sugerir con su alejandrino la andadura del pentámetro y a acentuar en exámetro [sic] la amplitud de sus versos mayores. Morales, al servirse de la mitología clásica, entronca con el espíritu poético de tales autores, apuntado ya en el título de la obra y en el Canto inaugural (como veremos). Así, las rosas evocan la delicadeza en el tratamiento del amor —que observamos en poetas como Catulo, Ovidio u Ausonio—, mientras que la figura majestuosa de Hércules recuerda la fuerza y aliento épico que presenta la poesía de Claudiano. En esta búsqueda de cierto abolengo latino para su obra, Morales tendrá en cuenta también a Virgilio, tanto en las Bucólicas y Geórgicas como en la Eneida (de nuevo, la armonía entre la delicadeza y la fuerza heroica)^. Tales antecedentes constituyen la piedra angular para el verdadero propósito de Morales, es decir, la conjugación de la mitología clásica y su actitud mitificadora del imaginario insular. Como resultado, en la Weltanschauung o cosmovision poética de Morales convive el universo mítico de Hércules, Cupido, Poseidon, Mercurio y otras divinidades con el aliento mitopoético de la ciudad comercial de Las Palmas de Gran Canaria —símbolo del futuro y del progreso—, la cosmogonía del Atlántico, la exaltación hímnica del Teide o el tratamiento literario de la Selva de Doramas. Al análisis de estas cuestiones dedicamos las páginas siguientes. MITOLOGÍA CLÁSICA Y SIMBOLISMO La influencia de la mitología clásica en el corpus poético de Morales se manifiesta, en primera instancia, en la mención y desarrollo de diversos mitos de gran predicamento en el Modernismo hispánico, tales como el de "^ Citamos por la edición de Las Rosas de Hércules (1984) de SÁNCHEZ ROBAYNA (pp. 25-26). ^ La deuda de Morales para con Virgilio ya había sido destacada por SÁNCHEZ ROBAYNA, Tomás Morales ... cit., p. 16 (también señala la influencia de Homero, Hesíodo y Horacio). Además, J. SILES apunta acertadamente la huella de las Metamorfosis de Ovidio; vid. «La poesía de Tomás Morales», Caligrama, 2 (1985), pp. 107-122, p. 122, n. 78. (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://revistadeliteratura.revistas.csic.es ECOS MÍTICOS Y TRADICIÓN CLÁSICA EN lAS ROSAS DE HÉRCULES RLit, LXVI, 131, 2004 153 Hércules, Cupido y Caronte^. Estos referentes míticos cobran en la praxis poética un importante significado simbólico. La leyenda de Hércules, por ejemplo, motivo que jalona el Canto inaugural (en el libro primero de Las Rosas de Hércules), permite a Morales remontarse al pasado mítico de Canarias en el que el héroe épico marcaba uno de los límites de la tierra mediante las columnas identificadas por el promontorio de Calpe (el peñón de Gibraltar) y Abila (el Djebel Musa de Ceuta). El mito entronca, además, con una rica tradición modernista —de herencia romántica y prerrafaelista^®—, en la que pintores como Néstor y poetas admirados por Morales como Rubén Darío ^^ o Francisco Villaespesa ^^ se valieron de la figura de Hércules, acompañada normalmente de Pirene u Onfalia^^. Morales, por su parte, evocando un motivo tratado por poetas canarios áureos como Cairasco de Figueroa (1538-1610) en El Templo militante o Antonio de Viana (1578-1650) en sus Antigüedades de las Islas Afortunadas, inicia el poema con la mítica peregrinación errante de Hércules por Occidente (mitema que recuerda el poema anteriormente citado de Villaespesa) para llevar a cabo algunos de sus trabajos: «Bajo las rubias ondas del estío inclemente, / por apacibles cuencas y huyentes peñascales, / Hércules recorría las tierras de Occidente» (vv. 1-3)^"^. El héroe aparece recrea- ^ Al estudio de la utilización del mito por Morales dedican un capítulo M. GONZÁLEZ SOSA, Tomás Morales ... cit., pp. 17 ss., A. SÁNCHEZ ROBAYNA, en el estudio preliminar a su edición del 2000, pp. 24 ss.; y O. GUERRA, «Un fragmento en el espejo del orbe», en Un modo de pertenecer al mundo ... cit., pp. 16 ss. Por nuestra parte, ofrecimos un adelanto de esta cuestión, desde la perspectiva médica, en la comunicación «Imaginario mítico en la obra poética de un médico canario: Tomás Morales», IV Simposio Interdisciplinar de Medicina y Literatura (Sevilla, marzo del 2004). ^° Recuérdese, por ejemplo, Le rouet d^Omphale de Víctor Hugo, incluida en el segundo libro de Les Contemplations (1856). En cuanto a la influencia prerrafaelista, véanse Los doce trabajos de Hércules por Edward Burne-Jones. " Dedicada a Salvador Díaz Mirón, la pieza A un poeta, que recrea la leyenda, fue publicada en 1886 en la prensa chilena (periódico La época) y luego incluida en la segunda edición de Azul (1890). En el poema Era un aire suave ... (1893), de Prosas profanas (1896), Darío se sirve del mito como broche de la enumeratio de las armas femeninas de Eulalia. ^^ Con cuya aportación, el Modernismo español nacionaliza el mito. Así lo recuerda E. MEJÍA SÁNCHEZ, trayendo a colación la pieza de Villaespesa: «De Galicia, el Edén de Occidente, / rubia Onfalia de pálida frente, / pupilas de estrellas y rizos de oro, / que en tiempos remotos junto al mar sonoro / que amansaba, en su honor, su oleaje, / trocando en arrullos sus roncos clamores, / vio a sus plantas, como un homenaje, / la clava de Hércules cubierta de flores» {vid. «Hércules y Onfalia, motivo modernista», en El Modernismo, ed. de L. Lituak, Madrid, Taurus, 1975, pp. 185-199, p. 199). ^^ Mito narrado en diversas fuentes clásicas: Prop., Elegías, 4, 10 y 17; Ov., Fastos, II, 305; Heroidas, IX, 53-82, 113-118; Est., Tebaida, X, 646 ss. ^"^ Ed. cit., p. 35. También Villaespesa, poeta admirado por Morales, alude al «Edén de Occidente» en el poema citado {vid. E. MEJÍA SÁNCHEZ, «Hércules y Onfalia ...», cit., p. 199). (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://revistadeliteratura.revistas.csic.es 154 RLit, LXVI, 131, 2004 FRANCISCO JAVIER ESCOBAR BORREGO do en su vertiente de Hércules furens, motivo abordado, entre otros, por Séneca en la tragedia homónima y el propio Darío en A un poeta (composición inserta en Azul): «Iba alegre, poseso de un desmedido empeño; / el loco aturdimiento tronchaba los arbustos, / vagando a la ventura, bárbaro y zahareño» (vv. 7-9)^^. Además, el retrato de Hércules, de notoria plasticidad, tiene como principal referente el canon clásico de belleza, apuntada aquí, a modo de 8K(|)pacnç, como si de una pintura o estatua se tratase. Estamos, por tanto, ante un efecto visual o fanopeia —según Sánchez Robayna— mediante el cual Morales representa una imagen sobre la mente del lector: «La clásica belleza, gloriosamente ayunta / lo ingrave de Dionysos con el vigor de Ares: / bajo su piel nevada de adolescente griego, / proyéctanse los recios contornos musculares ...» (vv. 18-21)^^. El marco temporal en el que Hércules es caracterizado se remonta, de forma similar a la composición de Villaespesa, a la Áurea Aetas o Edad de Oro, de ahí que Morales aluda a esta mítica época mediante un circunloquio ponderativo: «Eran las venturosas épocas iniciales / cuando los sacros númenes de bondadoso ceño / solían su apariencia mostrar a los mortales» (vv. 4-6)^'^. En dicho período mítico —en consonancia con la mitologización de Canarias—, se hace posible la armonía de los contrarios (àôuvaxa o impossibilia) de eminente proyección simbólica, a saber, la fuerza de Hércules y la delicadeza de las rosas: «Frente a frente, de extraños prodigios animados, / cogidos en el pasmo de hipnótica influencia, / los dos contrarios símbolos se miran fascinados. / Opuestos arquetipos de paz y de violencia: / las peregrinas rosas, floral aristocracia, / y el vastago de Júpiter, todo supervivencia» (vv. 70-75) ^^ La conjugación de estos símbolos antitéticos, al decir de Morales, proporciona el equilibrio necesario para adquirir la sabiduría. Estamos, por tanto, ante una lectura simbólicoalegórica del mito: «¡Delicadeza y fuego, fragilidad y audacia: / los dos rosados vértices de la Sabiduría; / la conjunción suprema de la Fuerza y la Gracia! ...» (vv. 75-78) ^^ El poema culmina, en fin, con el olvido momentáneo de las hazañas heroicas por parte de Hércules para disfrutar de plácidos sueños de amor en un lecho de rosas. Como Propercio (III, 3, 15-16), Horacio {Carm. III, 3, ^^ Ed. cit., p. 35. Darío se vale del mismo motivo en A un poeta (vv. 5-7): «Hércules loco que a los pies de Onfalia / la clava deja y el luchar rehusa, / héroe que calza femenil sandalia ...» (Rubén Darío, Azul ... Cantos de vida y esperanza, ed. de A. Salvador, Madrid, Espasa-Calpe, 1994, p. 172). ^^ Ed. cit., p. 35. Sobre el concepto de fanopeia, véase el comentario de SÁNCHEZ ROBAYNA en su edición citada (2000, pp. 19 ss.). ^^ Ed. cit., p. 35. En el poema comentado, también ubica Villaespesa el enamoramiento de Hércules en «tiempos remotos» {vid. E. MEJÍA SÁNCHEZ, «Hércules y Onfalia...», cit., p. 199). '^ Ed. cit., pp. 37-38. '^ Ed. cit., p. 38. (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://revistadeliteratura.revistas.csic.es ECOSMÍnCOSYTRADlClÓNCLÁSlCAEN LAS ROSAS DE HÉRCULES RLit, LXVI, 131,2004 155 69-72) o Darío en A un poeta^^. Morales podría valerse de una recusado, en un nivel metaliterario (relegando a un segundo plano el aliento épico característico en su usus scribendí), al tiempo que sugiere el mito de Hércules enamorado de la dulzura y gracia de Onfalia^^ Sin embargo, a diferencia de la tradición modernista que recrea la leyenda. Morales realiza una variation ya que no menciona el nombre de la protagonista a fin de crear una atmósfera de mayor misterio y evocación simbólica. No obstante, el poeta canario se sirve de la asociación metafórica de las rosas vinculadas al mito, como aparece también, por ejemplo, en la descripción de La fiesta de la Virgen (1881) de Manuel Gutiérrez Nájera: «Tal, olvidando un punto las gestas azarosas / —crepuscular paréntesis en las heroicas lides—, / bajo un cielo del Lacio y en un lecho de rosas, / soñó su primer sueño de amor el gran Alcides ...» (vv. 100-103) ^2. El tratamiento simbólico-alegórico del amor en la mitología por Morales alcanza su punto álgido en la Balada del niño arquero, poema, de cierto recuerdo anacreóntico, perteneciente a la sección Alegorías del libro segundo de Las Rosas de Hércules ^^. Se trata de una composición alegórica en pareados de versos alejandrinos en la que Morales, a modo de exercitatio poética 2"^, narra la visita que le hace Amor a fin de lanzarle su flecha dulceamarga. Sebastián de la Nuez, por su parte, considera que, al margen de las posibles lecturas de autores clásicos como Anacreonte, Horacio y Ovidio —que no considera indispensables para la composición—, Morales pudo inspirarse en los dibujos de Cupido que solían aparecer en las publicaciones y revistas de la época como la Novela del Sábado o Blanco y Negro^^. Sea como fuere, para llevar a cabo la pieza, el poeta canario parte de su notable conocimiento de la tradición del tema tanto en la literatura ^° Así, el poeta nicaragüense recrea la renuncia de Hércules al ejercicio bélico en aras de disfrutar del amor (vv. 5-12): [Hércules] la clava deja y el luchar rehusa, / héroe que calza femenil sandalia, / vate que olvida la vibrante musa. / ¡Quién desquijara los robustos leones, / hilando, esclavo, con la débil rueca; / sin labor, sin empuje, sin acciones: / puños de fierro y áspera muñeca! ...» {ed. cit., p. 172). ^' Conclusión adelantada por G. ALOMAR («Sobre Las Rosas de Hércules», Los lunes de El Imparcial, 15-VIII-1920) y M. GONZÁLEZ SoSA, Tomás Morales ... cit., p. 18. 22 Ed. cit., p. 39. El texto de Nájera lo trae a colación E. MEJÍA SÁNCHEZ («Hércules y Onfalia ...», cit., p. 188): «Mis oídos se abrían a todos esos rumores sordos de los campos, a esos vagos ruidos del viento que brama entre los viejos encinares y besa murmurando el tallo de las rosas, como Hércules a los pies de Onfalia». El interés de Morales por la recreación poética de las flores (especialmente, las rosas) ha sido analizado por J. ARTILES en «Más sobre Tomás Morales», Anuario de Estudios Atlánticos, 5 (1959), pp. 237-252, pp. 243 ss. 2^ Para el estudio de este poema, cfr. Catálogo El museo de Néstor, cit., pp. 104105; AAVV, Modos modernistas ... cit., p. 285; y J. PÁEZ, «La Balada del niño arquero, una exercitatio poética», en AAVV, El niño arquero de Dámaso para Tomás Morales, Moya, Casa-Museo Tomás Morales, 2002, pp. 23-29. ^"^ Así lo señala J. PÁEZ, «La Balada del niño arquero ...», cit. 25 Véase: S. DE LA NUEZ, Tomás Morales ... cit., II, pp. 103-104. (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://revistadeliteratura.revistas.csic.es 156 RLit, LXVI, 131, 2004 FRANCISCO JAVIER ESCOBAR BORREGO como en las artes plásticas. De hecho, la recreación de Amor y sus atributos es un motivo que gozó de gran interés en la literatura canaria, como demuestran las piezas Si Amor tan ciego es ... de Cairasco de Figueroa, ¿Quién celebrará. Amor, tus obras buenas ...?, en Antigüedades de las Islas Afortunadas, de Antonio de Viana o A una dama tapada en metáfora del dios vendado de Juan Bautista Poggio Monteverde (1632-1707)^^. El dominio de las Bellas Artes prestó también especial atención al tema, sobre todo, el Simbolismo y el Prerrafaelismo, con obras de Bume-Jones (Amor) o Simeon Solomon (Amor en Otoño)^'^. Continuando la herencia simbolista del motivo, el Modernismo ofreció notables hitos como refleja, por ejemplo, Néstor en El niño arquero (1913), cuadro inspirado en el poema de Morales que aquí abordamos ^^ La aportación de Morales reside, fundamentalmente, en el tratamiento simbolista que le concede al retrato del dios y a la hibridación genérica del poema. Efectivamente, el poeta caracteriza al Amor con su habitual venda (vitta) a modo de atributo —aportación de los mitógrafos medievales— y como un poderoso tirano (haciendo posible la máxima virgiliana «omnia vincit Amor», Eg., X, 69): «El rapaz de los ojos vendados golpea mi puerta / y su golpe atraviesa temblando la casa desierta: / —Voy, Amor... ¡Con qué afán mis deseos bajaron a abrirte! / Entra Amor; francas tengo mis puertas para recibirte ... / ¡Todo el día arreglando mi casa, desde muy temprano, / porque en todo resultara digna del gentil tirano!» (I, 1-6)^^. La descripción de los atributos del dios finaliza con la mención del arcus ('arco') y el carcaj con las flechas (sagittae) con los que oprime al poeta: «"¡Caminante que llevas por báculo un arco encantado / y a la espalda, supliendo la alforja, tu carcaj dorado!» (I, 19-20)^°. Mayor interés presenta la hibridación genérica de la composición jalonada en la sutil contaminatio de estilemas del epigrama-epitafio y del himno pagano, conjugados en un marco anacreóntico (especialmente, por el tema amoroso). En el primer caso, la apelación y llamada de atención al caminante (homo viator) recuerda uno de los elementos frecuentes en el epitafio, destacado por la mención del «letrero» que ofrece el texto epigra- ^^ Vid. M. MARTÍNEZ, «Eros en la poesía canaria», en Las Islas Canarias en la Antigüedad ... cit., pp. 159-194. ^^ Un recorrido por la tradición pictórica del tema lo lleva a cabo P. ALMEIDA, «El niño arquero: de Dámaso para Tomás Morales», en El niño arquero ... cit., pp. 13-21. ^^ Sobre los paralelismos entre los dos artistas canarios, véase: AAVV, Tomás Morales-Néstor (1884-1938). Las Palmas de Gran Canaria: La ciudad y el mar, Las Palmas de Gran Canaria, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1990-8; y F. J. ESCOBAR BORREGO, «Poesía e imagen en el Modernismo canario (A propósito de Tomás Morales y Néstor)», Comunicación. Revista Internacional de Comunicación Audiovisual, Publicidad y Estudios Culturales, 2/3 (en prensa). 29 Ed. cit., p. 131. 30 Ed. cit., p. 132. (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://revistadeliteratura.revistas.csic.es ECOS Míneos Y TRADICIÓN CLÁSICA EN LAS ROSAS DE HÉRCULES RLit, LXVI, 131, 2004 157 mático: «—jTe esperaba! A mi ruego devoto fue blando el Destino; / con las rosas primeras del año te alfombré un camino / y en la arcada de piedra musgosa que marca el lindero, / bajo un verde festón de follaje, colgué este letrero: «"¡Caminante que llevas por báculo un arco ...» (I, 1519) ^^ La conjugación de Eros y Tánatos se pone de relieve al herir de muerte Eros-Cupido al poeta (recreación del tópico elegiaco del vulnus amoris): «¡Cuatro veces fui muerto, cuatro veces. Amor, me has herido! / ¡Más de cuatro pasaron tus flechas silbando a mi oído! / ¡Cuatro heridas sangrientas que el Arquero causó, envenenadas! ...» (II, 1-3)^^. La pervivencia del himno pagano resulta evidente en la «letanía» que Morales lleva a cabo mediante una variatio en la invocación al dios para que se haga presente (mitema del praesens deus). Junto a este motivo —que desempeña una función mágica—, se encuentra tanto la caracterización del dios como la alusión al XÓTÍOQ de los vincula amoris: «"¡Duro Amor veleidoso ... Simulacro de eternos ardores; / te juzgamos propicio tan sólo para nuestras flores! / ¡Breve Amor lisonjero ... Decidor de una paz no turbada: / tu licor en mis labios sedientos fue sed renovada! / ¡Cruel Amor fatalista ... Olvidar tus cadenas no es dable; / "tienes toda la inmensa amargura de lo irremediable!"» (II, 15-22)^^. Si bien los himnos al Amor ya gozaban de importante tratamiento en la literatura canaria (recuérdense, por ejemplo, los que aparecen en las Antigüedades de las Islas Afortunadas, de Antonio de Viana), la referencia al sueño en un contexto de himno pagano entronca, al mismo tiempo, con la tradición áurea clasicista (por ejemplo, la Canción al Sueño de Femando de Herrera o la silva El Sueño de Que vedo): «¡Oh tristeza! Mi alma que un pacífico sueño envolvía, / por tu causa salmodia la pena de esta letanía...» (II, 15-16) ^'^. De ser así, podría explicarse la íntima unión entre Amor y Muerte en el poema de Morales, que tiene su correlato, por ejemplo, en la caracterización herreriana del dios como Eros funerario ^^. ^' Ed. cit., p. 132. ^^ Ed. cit., p. 132. También concluirá Morales: «¡Otra vez, dura flecha, por matarme saliste traidora / de la aljaba de los ojos negros de la flechadora! ... (Envío, 1-2; ed. cit., p. 135). 33 Ed. cit., p. 133. ^^ Ed. cit., p. 133. Para la proyección del himno pagano en la poesía herreriana, véase: F. J. ESCOBAR, «La pervivencia del himno pagano en la poesía de Fernando de Herrera», en Sevilla y la Literatura. Homenaje al profesor Francisco López Estrada en su 80 cumpleaños, ed. de R. Reyes, M. de los Reyes y K. Wagner, Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad, 2001, pp. 247-259. En cuanto al poema quevediano, cfr. J. O. CROSBY / L. SCHWARTZ, «La silva El Sueño de Quevedo: génesis y revisiones», Bulletin of Hispanic Studies, 63 (1986), pp. 111-126; y F. SOCAS, «Dos poetas insomnes: Estacio y Quevedo», en Homenaje al profesor Presedo, ed. de P. Sáez / S. Ordonez, Sevilla, Universidad de Sevilla, 1994, pp. 743-756. ^^ Podría tratarse de un lejano recuerdo (aunque no una imitación), como sucede también con la Oda a las glorias de Don Juan de Austria de Morales respecto a la (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://revistadeliteratura.revistas.csic.es 164 RLit, LXVI, 131, 2004 FRANCISCO JAVIER ESCOBAR BORREGO simbólicamente en la imagen de los nidos, se verá alterada (evocación virgiliana de la Geórgica IV, 511-515): «Ya, sobre tus cabellos, no volarán los ruidos / propicios al geórgico misterio de los nidos» (vv. 99-100)^^. Sin embargo, en una atmósfera de recuerdo machadiano, quedará un hálito de esperanza para el poeta con la llegada de la primavera: «... Pero el tronco marchito / volverá a fecundarse con el calor bendito, / y, activamente henchido de vitales renuevos, / cubrirá sus arrugas con los retoños nuevos, / cuando llegue en el carro del aura mensajera, / precedida de un rayo de sol, la primavera ...» (vv. 107-112) ^^ Indudablemente, el referente insular de más destacada importancia en el imaginario poético de Morales lo constituye el mar^^. Ello obedece, según señala Jesús Páez, a que uno de los rasgos que conforman la identidad canaria es el atlantismo, es decir, la conciencia de vivir en el Océano Atlántico que rodea al Archipiélago mitificado ^°. Además, el propio Océano COKEavóc) posee una genealogía mítica al ser el primogénito de los Titanes, el hijo de Urano y Gea, así como el esposo y hermano de Tetis con la que engendra a las Oceánides y restantes divinidades marítimas (Hes., Teog., 133 ss., 337 ss.; Apd., Bibl, I, 1, 3; 2, 2, ss.; Diod. Sic, V, 66). Igualmente, desde Homero, el Océano se identificaba con el extenso río que rodeaba la tierra (//., XIV, 201, 246, 302; XXIII, 205; Od., XI, 13, 639; XII, 1). Por ello no es de extrañar que Morales señale, en Los puertos, los mares y los hombres de mar —composición incluida en la sección Poemas del mar del libro primero de Las Rosas de Hércules—, que al mar se siente vinculado en una relación de profundo amor desde su niñez: «El mar es como un viejo camarada de infancia / a quien estoy unido con un salvaje amor; / yo respiré, de niño, su salobre fragancia / y aún llevo en mis oídos su bárbaro fragor» (vv. 1-4)^^ El mar permite a Morales por añadidura realizar el añorado sueño de convertirse en un argonauta —motivo asociado al imaginario mítico canario— en aras de buscar una isla afortunada y utópica: «Yo fui el bravo piloto de mi bajel de ensueño; / argonauta ilusorio de un país presentido, / de alguna isla dorada de quimera o de sueño / oculta entre las sombras ^^ Ed. cit., p. 145. La imagen del nido violentado por la mano del hombre que profana el misterio de la naturaleza se encuentra en los versos referidos de Virgilio: «qualis populea maerens philomela sub umbra / amissos queritur fetus, quos durus arator / obseruans nido implumis detraxit; at illa / flet noctem, ramoque sedens miserabile carmen / intégrât, et maestis late loca questibus implet.» (ed. cit., p. 99). 58 Ed. cit., pp. 145-146. 5^ Véase, por ejemplo: S. DE LA NUEZ, «El tema del mar en Las Rosas de Hércules», Anuario de Estudios Atlánticos, 18 (1972), pp. 459-488. Para la mitificación del Océano, cfr, G. SANTANA, «El mito de Océano en la literatura canaria I», en Humanismo y pervivencia del mundo clásico ... cit., pp. 371-381. ^^ Vid. «Tradición clásica y literatura canaria», cit., pp. 720-721. ^' Ed. cit., p. 78. (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://revistadeliteratura.revistas.csic.es ECOS Míneos Y TRADICIÓN CLÁSICA EN MS/eOSAS DE//£/?Cí/L£5 RLit, LXVI, 131, 2004 165 de lo desconocido ...» (Final, vv. 1-4)^^. Por ello, no es de extrañar, al decir de Eugenio Padomo^^, que Morales se identifique mediante un proceso de fusión mítica con Palinuro, el entrañable amigo de Eneas y timonel de su nave que perdió heroicamente la vida en el mar a causa de una tempestad (En. VI, 341-383): «Y llegó el viento Norte, desapacible y rudo; / el vigoroso esfuerzo de mi brazo desnudo / logró tener un punto la fuerza del turbión; / para lograr el triunfo luché desesperado, / y cuando ya mi brazo desfallecía, cansado, / una mano, en la noche, me arrebató el timón ...» (vv. 9-14)^. El poderoso mar insular al que el hombre desafía está habitado por divinidades míticas que lo gobiernan (rasgo característico del atlantismo). Así lo vemos, por ejemplo, en la epístola A Néstor, excelente testimonio de la íntima interacción entre poesía e imagen en el Modernismo canario (vv. 51-55 y 61-65)^^: ¡Noble mar de las gracias helenas celebrado de heroicas acciones! ¡Viejo mar, cuyas ondas serenas sonrosaron de amor las sirenas y aclamaron los roncos tritones! (...) Canta el viento en las lonas latinas —se diría una garza que vuela— y, tras ellas, en tropel, las divinas, las desnudas nereidas marinas, se entrelazan danzando en la estela. Pero será la Oda al Atlántico, inserta en la sección Los himnos fervorosos del libro segundo, la pieza más destacada en el proceso de mitologización del mar^^. La composición, cuyo paralelo pictórico lo proporciona El poema del mar de Néstor, la conforman veinticuatro cantos de sesgo clasicista (en una contaminatio genérica entre la oda-himno y la épica) que confluyen en una mitificación del Océano. Desde el punto de vista métrico, se trata de una silva modernista que, como otros poemas del autor —a saber, el Canto en loor de las Banderas Aliadas y Por el Primer Centenario de un Escultor de Imágenes—, combina versos alejandrinos (en su mayoría), endecasflabos y heptasflabos. Morales concibió su obra, en un principio, como un poema de gran aliento épico que debía abarcar un buen número de temas marinos y todos los puertos del Océano, cantando por ^2 Ed. cit., p. 91. ^^ Vid. Palinuro en medio de las olas, Gran Canaria, Notas del Sendereador, 1997. ^^ Ed. cit., p. 91. ^^ Ed. cit., p. 198. Analizamos esta cuestión en nuestro artículo: «Poesía e imagen en el Modernismo canario (A propósito de Tomás Morales y Néstor)», cit. ^^ Para este poema, véase: S. DE LA NUEZ, Introducción al estudio de la «Oda al Atlántico», de Tomás Morales. Los manuscritos. Génesis y estructura. Las Palmas, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1973. (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://revistadeliteratura.revistas.csic.es 166 RLit, LXVI, 131, 2004 FRANCISCO JAVŒR ESCOBAR BORREGO añadidura notables hazañas marineras desde la Antigüedad clásica hasta su época. De ese primer proyecto, quedan, al decir de Sebastián de la Nuez, algunos versos sueltos^^. Sea como fuere, el poema, compuesto entre 1915 y 1919, fue elogiado por sus contemporáneos ya en el proceso de elaboración, como demuestra el que Saulo Torón, notable poeta amigo de Morales, le insistiera frecuentemente a fin de que finalizase la oda para su publicación ^^ Consciente de la envergadura y magnitud del poema, Morales, a la manera de los poetas clásicos mediante la translatio studii, invoca a las Musas en aras de que le proporcionen la inspiración necesaria para su ambicioso proyecto: «Sedme, Musas, propicias al logro de mi empeño: / ¡Mar azul de mi Patria, mar de Ensueño, / mar de mi Infancia y de mi Juventud ... mar Mío!» (I, vv. 8-10)^^. En efecto. Morales recrea una teogonia del mar, ensalzando, en primer lugar, tanto su mítico nacimiento como sus arcanos orígenes mítico-naturalistas: «Era el mar silencioso ... / Diríase embriagado de olímpico reposo, / prisionero en el círculo que el horizonte cierra» (II, vv. 1-3)^°. A este respecto cabe recordar que el tema de la teogonia, con la figura del poeta mitificador, entronca —aunque resulte bien distinto en Morales— con otros hitos modernistas de gran altura, como, por ejemplo, los poemas de Salvador Rueda —admirado por el poeta canario— «Nacimiento» de Piedras preciosas (1900) o «Los amores del cielo y de la tierra» de Claves y símbolos (1957) ^^ En la teogonia de la Oda al Atlántico, en concreto, el soberano que ha de reinar es Poseidon que aparece acompañado de su habitual cortejo (presente también en la epístola A Néstor): «...un diamante de fuego raya el éter, un trueno / repercute en la clara concavidad de un monte / de la tierra cercana... y en el brutal desgarro / de una nube, aparece, llenando el horizonte / —áureo de prestigios— Poseidon en su carro...» (III, vv. 10-14)^^. También Rueda, al igual que otros modernistas, evoca las ^^ Vid. S. DE LA NUEZ, Introducción al estudio de la «Oda al Atlántico», cit., p. 12. ^^ Cfr. A. SÁNCHEZ ROBAYNA, «Epistolario Tomás Morales-Saulo Torón», cit., pp. 109 y 119. 69 Ed. cit., p. 116. ™ Ed. cit., p. 116. ^^ Véase: V. CRISTÓBAL, «Mitología clásica en la poesía de Salvador Rueda», Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos, XX.2 (2002), pp. 493-517, p. 499. ^^ Ed. cit., p. 117. Morales amplifica el mitema del cortejo del dios: «Es una inmensa concha de vividos fulgores; / cuajó el marismo en ella la esencia de sus sales / y en sus vidriadas minas quebraron sus colores / las siete iridiscentes lumbreras espectrales. / Incrustan sus costados marinos atributos / -nautilos y medusas de nacaradas venas- / y uncidos a su lanza, cuatro piafantes brutos / con alas de pegasos y colas de sirenas. / Vedlos: ¡cómo engallardan las cabezas cornígeras! / Ensartadas de perlas vuelan las recias crines, / y entre sus finas patas, para el galope alígeras, / funambulescamente, rebotan los delfines ... / El agua que inundara los flancos andarines / chorrea en cataratas por el pelo luciente. / ¡Oh, cuan abiertamente / se encabritan y emprenden la carrera, fogosos, / los ijares enjutos, los belfos espumosos, / al sentir en las ancas las puntas del tridente ...!» (IV, vv. 1-18; ed. cit., pp. 117-118). (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://revistadeliteratura.revistas.csic.es ECOS MÍTICOS Y TRADICIÓN CLÁSICA EN LAS ROSAS DE HÉRCULES RLit, LXVI, 131, 2004 167 legendarias criaturas acuáticas en su Parnaso mitológico —si bien es verdad que con un tratamiento diferente respecto a Morales—, como se ve en «La armonía del mar», en El país del sol (1901)^1 El poeta canario, por su parte, se vale, además, de la Aurora que, junto con Apolo, habrá de iluminar radiantemente tan feliz ocasión (motivo del amanecer mitológico o cronografía): «Y apareció la aurora [sic] vibrante de energía, / una aurora de fuego, más bien un mediodía. / Todo era formidable e infantil: sonriente, / Apolo se ofrecía coronado de rosas; / y con gracioso anhelo, / sobre el arco del cielo / galopaban las horas atropelladamente...» (VII, vv. \-iy\ Frente a tales divinidades mitológicas, el hombre, que vive en contacto con la Naturaleza, se adentra en el ámbito sagrado de la selva —al igual que sucedía en Tarde en la selva— con la intención de construir un artefacto, de naturaleza fabulosa, capaz de domeñar al poderoso Océano. Morales, por tanto, recrea la figura del hombre primigenio y artifex —al que elogia con una salutación ditirámbica—, re vitalizando así el mito judeocristiano del ser adámico (que tanto predicamento tendrá en la literatura española contemporánea, por ejemplo, en El Arquitecto y el Emperador de Asirla, de Arrabal). Se trata, de esta manera, de una alegorización del hombre primitivo seducido por la conquista del mar mítico mediante la creación de la nave. Dicha creación, tema presente habitualmente en las teogonias, será, como sucede con los mitologemas arcaicos, un ente mítico híbrido, en este caso, entre ave y sirena: «...Dióse por ultimada la construcción ingrave: / —una mitad es ave; / la otra mitad, sirena—. / Y al fundar sólo un cuerpo, velamen y carena, / surgió definitivo el ensueño: LA NAVE...» (XIV, vv. 13-17)^^. El motivo de la edificación naval a fin de asumir un reto entronca, en cambio, con el pasaje de la Eneida (III, 1-8) en el que Virgilio alude a la construcción de las naves de Eneas una vez que éste ha abandonado Troya junto a los suyos para emprender su destino regido por el fatum: «Postquam res Asiae Priamique euertere gentem / immeritam uisum superis, ceciditque superbum / Ilium et omnis humo fumat Neptunia Troia, / diuersa exsilia et desertas quaerere terras / auguriis agimur diuum, classemque sub ipsa / Antandro et Phrygiae molimur montibus Idae, / incerti quo fata ferant, ubi sistere detur, / contrahimus uiros» ^^. ^^ Cuestión analizada por V. CRISTÓBAL, «Mitología clásica en la poesía de Salvador Rueda», cit., p. 515. ^4 Ed. cit., p. 119. ^^ Ed. cit., p. 124. En otro lugar señalará Morales: «¡La Nave! ... Concreción de olímpica sonrisa; / vaso maravilloso de tablazón sonora, / pájaro de alas blancas para vencer la brisa: / amor de las estrellas y orgullo de la aurora ...» (XV, vv. 1-4; ed. cit., p. 124). ^^ Ed. cit., p. 153. También lo recuerda S. de la Nuez, pero insistiendo en el paralelismo entre las playas descritas por Virgilio y las costas atlánticas {cfr. Tomás Morales... cit., II, p. 116). (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://revistadeliteratura.revistas.csic.es 168 RLit, LXVI, 131, 2004 FRANCISCO jAvreR ESCOBAR BORREGO Continuando con la tradición clásica, Morales compara mediante un símil mítico los audaces hombres que harán frente al Océano con los argonautas (recreados, por ejemplo, por Apolonio de Rodas en las Argonáuticas) en aras de imprimir al pasaje tensión dramática. Tales héroes son conscientes de la rebeldía humana y comprenden la repercusión de su victoria sobre la Naturaleza: «...soberbios luchadores de estirpe soberana, / héroes arrojados en singular contienda / sin saber por la noche del día de mañana. / Nobles exploradores, argonautas valientes, / descubridores de islas, pasos y continentes...» (XIX, vv. 2-6)'^^. De ahí que en la exaltación de la heroica gesta. Morales evoque la hazaña de Hércules fenicio que, desafiando insorteables peligros, consiguió asentar los pilares del finis terrae (tema recurrente en la mitificación del imaginario insular): «¡De allá vino la práctica del valiente ejercicio! / Las gloriosas columnas del Hércules fenicio / vieron la subitánea / invasión con que, ebrias de bravura indomable, / hollaron impetuosas con viento favorable / la onda midacritánea...» (XX, vv. 1-6)^^. Esta teogonia oceánica es sólo posible, en fin, gracias a que Gran Canaria es un territorio insular con pasado mítico (recuerdo de las MaKápcov Nfiaoi o Fortunatae Insulae): «...un luchador te grita ¡padre! desde una roca / de estas maravillosas Islas Afortunadas...» (XXIV, vv. 9-10) ^^ En resumidas cuentas, la poesía de Morales constituye un destacado hito para el conocimiento de la tradición clásica en la literatura española contemporánea. Su recreación de la mitología se hace patente, especialmente, en el libro segundo de las Rosas de Hércules, en el que se enmarcan composiciones, de proyección simbólico-alegónca, como la Oda al Atlántico, la Balada del niño arquero o A Rubén Darío en su última peregrinación. Sin embargo, esta revitalización de la mitología por Morales habrá de continuar hasta el final de su trayectoria poética, como demuestra la presencia del Himno al Volcán en el inconcluso libro tercero. El interés del poeta por la tradición clásica le lleva a impregnar de espíritu virgiliano algunos de sus poemas —como Tarde en la selva o «Yo fui el bravo piloto...»—, logrando asimismo conjugar la delicadeza poética de autores como Ovidio {Metamorfosis) y el aliento épico de Claudiano (según se ve en el Canto inaugural). Como resultado. Morales se distancia de la influencia rubeniana en aras de impregnar su poesía de notable sabor clásico, al tiempo que entronca con la expresión lejana renacentista. Así lo refleja, por ejemplo, la experimentación e hibridación de géneros de abolengo clasicista tales '' Ed. cit., p. 127. ^« Ed. cit., p. 127. ^9 Ed. cit., p. 130. (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://revistadeliteratura.revistas.csic.es ECOS MfnCOS Y TRADICIÓN CLÁSICA EN lAS ROSAS DE HÉRCULES RLit, LXVI, 131, 2004 169 como el himno, el epitafio o la oda. Además, Morales pone de relieve su aspiración épica, al revitalizar destacados mitemas vinculados al imaginario insular como las hazañas de Hércules y los argonautas o la gesta de Atlante en el jardín de las Hespérides. No estamos, por tanto, ante meras alusiones a modo de exempla mythologica —como sucede en otros poetas modernistas—, sino ante un serio y cabal proyecto de reconstrucción arqueológica del pasado mítico de Canarias (como también hizo Néstor en el plano pictórico). En el imaginario mítico-poético de Morales, en definitiva, conviven Poseidon y el Océano, Mercurio y la ciudad comercial. Hércules y el Teide, referentes todos ellos que conforman el renacer de una nueva Edad de Oro insular. (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://revistadeliteratura.revistas.csic.es 170 RLit, LXVI, 131, 2004 FRANCISCO JAVIER ESCOBAR BORREGO RESUMEN Ecos míticos y tradición clásica en Las Rosas de Hércules, de Tomás Morales, por Francisco Javier Escobar Borrego. El presente trabajo ofrece un análisis de la pervivencia de la mitología y la tradición clásica en las Rosas de Hércules, de Tomás Morales (1884-1921). Se presta especial atención tanto a la recreación de la mitología clásica por parte del poeta como a su actitud mitificadora del imaginario insular. Palabras clave: Literatura Contemporánea. Modernismo Canario. Mitología. Tomás Morales. ABSTRACT This work studies the influence of classical mythology and tradition on Rosas de Hércules by Tomás Morales (1884-1921). Special attention is payed both to the poet's rewriting of classical myths and to his own insular mythical imagery. Key words: Contemporary Literature. Canary Modernism. Mythology. Tomás Morales. (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://revistadeliteratura.revistas.csic.es