El proyecto patrimonial como herramienta para la intervención en el patrimonio cultural: Metodología y criterios
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DIALOGarq 222 223 PONENCIA 12 EL PROYECTO PATRIMONIAL COMO HERRAMIENTA PARA LA INTERVENCIÓN EN EL PATRIMONIO CULTURAL. METODOLOGÍA Y CRITERIOS EL PROYECTO PATRIMONIAL COMO HERRAMIENTA PARA LA INTERVENCIÓN EN EL PATRIMONIO CULTURAL. METODOLOGÍA Y CRITERIOS Doctora arquitecta por la Universidad de Sevilla en 2012. Amplía sus estudios en la Universitá degli studi di Roma “La Sapienza” en las materias de “Restauro Arquitectónico” e “Intervención Paisajística y Urbana”. En 2006-2007 realiza el Máster de Arquitectura y Patrimonio organizado por la Universidad de Sevilla. Completa su formación con una estancia formativa en el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) y con la asistencia a diversos cursos, seminarios y talleres específicos en protección, conservación y puesta en valor del patrimonio cultural. En 2012 se incorpora como colaboradora al grupo de investigación HUM-666: “Ciudad, Arquitectura y Patrimonios Contemporáneos”. Entre 2005 y 2012 trabaja con el Departamento de proyectos del Centro de Intervención del IAPH especializándose en intervención e investigación del patrimonio cultural. En este periodo ha participado en la redacción de proyectos de intervención en el paisaje cultural y en la elaboración de proyectos de conservación e intervención sobre bienes inmuebles del patrimonio histórico. También ha participado en la redacción y gestión de proyectos de investigación vinculados con el patrimonio cultural, concretamente en los últimos tres años ha formado parte del equipo redactor del proyecto de investigación “Paisaje Histórico Urbano de las ciudades Patrimonio Mundial. Indicadores de sostenibilidad. El caso de estudio: Paisaje Histórico Urbano de la ciudad de Sevilla”. Ha impartido clases en el Máster propio de la Universidad de Sevilla: Gestión del patrimonio urbano Latinoamericano y Andaluz y en las Maestrías de Arquitectura del Paisaje y en la Maestría en Conservación y Gestión del Patrimonio Cultural Edificado, ambas impartidas en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Cuenca. Asimismo, ha sido docente en el Grado de la Carrera de Arquitectura, en las asignaturas “Taller 1: Proyecto arquitectónico urbano ejecutivo de conservación de 9º ciclo” y “Taller 2: Proyecto arquitectónico urbano ejecutivo de conservación de 10º ciclo”. Igualmente ha impartido diversas conferencias en distintas Universidades y organismos públicos de carácter patrimonial. Su labor de investigadora y de producción científica en el ámbito del paisaje se ha materializado en artículos científicos en revistas, asistencias a congresos y en la publicación del libro La intervención de Burle Marx en el paseo de Copacabana: un patrimonio contemporáneo editado por el IAPH, en el que colabora el Instituto do Patrimonio Histórico Artístico e Nacional (IPHAN). Para el desarrollo de su tesis doctoral titulada Burle Marx y su intervención en el paisaje cultural de Copacabana. Documentación, análisis y protección de un patrimonio contemporáneo, realiza en 2008 estancia investigadora en Río de Janeiro en el IPHAN. En su tesis doctoral estudia las intervenciones de Burle Marx en el frente costero de la ciudad de Río de Janeiro y su papel en la construcción del paisaje moderno. Dicha Tesis ha recibido el Premio IEAL 2013 a la mejor tesis doctoral sobre estudios de América Latina, concedido por el Instituto Universitario de Estudios sobre América Latina de la Universidad de Sevilla. En la actualidad disfruta de una Beca de Investigación concedida por la Senescyt en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Cuenca. Concretamente se encuentra investigando en el Proyecto vlirCPM, en la línea de Paisaje Histórico Urbano, desarrollando tareas vinculadas con la conservación, protección, intervención e investigación en el Paisaje Histórico Urbano de ciudades patrimoniales, como es el caso de Cuenca. CURRICULUM VITAE JULIA REY ESPAÑA
DIALOGarq 224 225 Julia Rey Pérez. Investigadora Prometeo – Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación [email protected] Palabras claves: Proyecto Patrimonial, valores culturales, intervención, metodología. La presente ponencia pretende abordar la cuestión de la intervención arquitectónica y urbana en el ámbito del patrimonio. El aterrizaje del proyecto arquitectónico en los bienes patrimoniales requiere de una reflexión en profundidad acerca de su complejidad, significado cultural, intervención y puesta en valor. Para ello es necesario tener claro la evolución que el concepto de patrimonio ha experimentado en los últimos 50 años, donde se ha dejado de focalizar la atención sólo en el monumento para, centrarse en la ciudad, el paisaje, el territorio o incluso los individuos. Este cambio de enfoque ha generado un nuevo panorama en el que los valores y significados patrimoniales han superado el tradicional valor histórico-artístico para adquirir una dimensión mucho más compleja, abarcando aspectos económicos, productivos, tecnológicos, ambientales, sociales, geográficos, estéticos, urbanos, simbólicos, paisajísticos… El Proyecto Patrimonial como herramienta para la intervención en el patrimonio cultural. Metodología y criterios. La presente ponencia pretende abordar la cuestión de la intervención arquitectónica y urbana en el ámbito del patrimonio. El aterrizaje del proyecto arquitectónico en los bienes patrimoniales requiere de una reflexión en profundidad acerca de su complejidad, significado cultural, intervención y puesta en valor. La evolución del concepto de patrimonio en los últimos cincuenta años, genera un marco conceptual realmente dilatado, en el que actuaciones que anteriormente se descartaban, hoy día tienen cabida en el ámbito del patrimonio cultural. El objetivo de esta comunicación es poner de manifiesto una metodología de intervención -ya experimentada por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH)- fundamentada en el estudio del bien en toda su dimensión a partir de las recomendaciones de la Carta de Cracovia y materializada en el Proyecto Patrimonial. Esta metodología permite a los estudiantes y a los profesionales que en la actualidad se enfrentan al reto de intervenir en los bienes culturales, identificar de manera crítica todos aquellos valores patrimoniales y la significación cultural que definen la autenticidad del bien y a partir de ellos, determinar los criterios teórico-prácticos de la intervención, las directrices y sus aspectos técnicos y definir el Proyecto Arquitectónico encaminado a conservar la autenticidad del bien y combatir su abandono y deterioro. Para una mejor comprensión de la característica holística que debe definir esta metodología de intervención, se hará referencia a casos de estudios con propiedades muy dispares y categorizadas con figuras patrimoniales realmente distintas. Ejemplos como la Intervención paisajística en el paisaje cultural de la ensenada de Bolonia (Cádiz) o la propuesta de intervención en el paseo de Copacabana del paisajista brasileño Roberto Burle Marx en Río de Janeiro, permiten poner de manifiesto la puesta en práctica de la intervención arquitectónica desde la mirada patrimonial. Para facilitar la comprensión de este complejo proceso, el siguiente trabajo se ha organizado en cuatro partes: 1) Figuras patrimoniales. Evolución del concepto de patrimonio, 2) Herramientas necesarias para abordar esta complejidad patrimonial. Formación de estudiantes y profesionales, 3) Metodología de Intervención y criterios del Proyecto Patrimonial aplicado a los casos de estudio y por último, 4) Conclusiones. 1. Figuras patrimoniales. Evolución del concepto de patrimonio. El concepto de patrimonio ha variado notablemente en los últimos cincuenta años. En términos generales, puede afirmarse que se ha pasado de considerar el patrimonio como algo aislado para incardinarlo en un contexto más complejo. No solo se ha superado el concepto de patrimonio vinculado con el objeto, sino que va más allá de su definición como espacio físico soporte de dichos objetos e incluso se relaciona con la sostenibilidad, el bienestar social e individual y la calidad de vida. Un recorrido por las cartas patrimoniales desde la Carta de Atenas (1931), pasando por la Carta de Venecia (1964) y la Convención del Patrimonio Mundial (1972), hasta la Recomendación del Paisaje Histórico Urbano (2011), ponen sobre la mesa un panorama conceptual en el que el significado del patrimonio -desde su origen hasta los inicios del siglo XXI-, ha evolucionado de manera considerable: ha dejado de focalizar su atención sólo en el monumento o la obra de arte para, aumentando su campo de acción, centrarse en la ciudad, el paisaje, el territorio, los individuos o incluso la región. Este cambio de enfoque ha generado un nuevo panorama en el que los valores y significados patrimoniales han abandonado la unicidad tradicional (lo histórico-artístico) para adquirir una dimensión mucho más compleja, pues, abarcan aspectos económicos, productivos, tecnológicos, ambientales, sociales, geográficos, estéticos, urbanos, simbólicos, paisajísticos… Amparados en este nuevo contexto, hoy conviven en el ámbito patrimonial, lo que se conoce comúnmente como patrimonio histórico con los denominados patrimonios emergentes, como el patrimonio inmaterial, el subacuático, el industrial, el contemporáneo (moderno) y el paisaje cultural. No obstante, a pesar de la variedad de apellidos que se le pueden atribuir en la actualidad al patrimonio, es la definición de patrimonio cultural establecida en 1972 en La Convención del patrimonio mundial (en el Art°.1), la que recoge de una manera global y contemporánea la nueva dimensión y las diversas facetas del significado de patrimonio en la actualidad. Esta Convención se la considera el punto de partida de la valoración patrimonial de lo contemporáneo, superándose así definitivamente el concepto de patrimonio como objeto delimitado, que pasa a ser calificado como un “(...) contenedor de patrimonios” (Castellano y García de Casasola, 2006, p. 416). La consideración hacia estos patrimonios emergentes tiene lugar en el tránsito del siglo XX al XXI, en el que el concepto de lo patrimonial se ramifica para alcanzar una complejidad que protagoniza el panorama actual. La primera figura que marca el nacimiento de los patrimonios emergentes, es la de paisaje cultural, creada en 1992 cuando el comité del Patrimonio Mundial -al revisar los criterios culturales de la Guía operativa para la implementación de la Convención del patrimonio mundial -, la incorpora como categoría cultural. El paisaje cultural incorpora, pues, a la definición de los lugares el valor del tiempo y del espacio, desde un enfoque antropológico, ya que, de una parte, valida las interacciones significativas entre el hombre y el medio natural y, de otra, valora la morfología del territorio resultado de la acción humana (Rössler, 1998, p. 47). La ratificación del valor de la interacción entre factores naturales y humanos determina que se valoren, por un lado, las dinámicas generadas entre los distintos agentes que intervienen en el territorio y, por otro, las relaciones que se producen entre los elementos patrimoniales que se distribuyen en el territorio. Al mismo tiempo, se incorpora el valor de la percepción, entendido desde el punto de vista antropológico, y el valor de expresión de la diversidad del patrimonio común cultural y natural del hombre como fundamento de su identidad . Sin embargo, el valor del tiempo, entendido como sedimentación es el concepto más novedoso en esta atribución de valores, valor que, si bien ya insistió en él la Convención, no figura reflejado en el Convenio europeo del paisaje celebrado en Florencia en 2000. Según la Convención, el paso del tiempo otorga al paisaje el carácter de un proceso evolutivo, por lo que se considera la evolución permanente como una cualidad inherente al paisaje, al tiempo que lo convierte en un proceso vivo. La relación entre lo que ha existido, lo que existe y lo que podrá existir muestra la transformación diacrónica como el valor definitorio de un “paisaje cultural de altos valores patrimoniales”. Estos nuevos valores han condicionado de una manera significativa el concepto de patrimonio en el siglo XXI, dando lugar a una diversidad de valores tan
DIALOGarq 226 227 complejos y heterogéneos que no hacen sino alumbrar el inicio de una nueva etapa en el ámbito patrimonial . Un paso más en la dilatación del concepto de patrimonio tiene lugar en 1994, cuando el Comité de Patrimonio Mundial plantea desarrollar una noción más extensa del concepto de Patrimonio de la Humanidad, fundamentado en criterios más amplios. Esta revisión incluye propuestas vinculadas con la arquitectura, la tecnología, las artes monumentales, la planificación de la ciudad y los paisajes. Estas categorías permiten incluir las diversas expresiones culturales propias de los tiempos modernos. Aún así, la tendencia habitual es vincular el patrimonio contemporáneo con las obras maestras arquitectónicas de los siglos XIX y XX. Sin embargo, es importante insistir en que éstas no son los únicos elementos que conforman este periodo, sino que también hay que considerar los conjuntos urbanos, los patrones de la ciudad, las infraestructuras, los diseños de ingeniería, y el paisaje. En el caso del patrimonio moderno, se debe prestar más atención a los procesos culturales que al enfoque monumental. La decisión de considerar todas estas nuevas categorías, conduce a una reevaluación de los conceptos patrimoniales de autenticidad e integridad (Oers, 2003). Posteriormente, en 2001, organismos como UNESCO, ICOMOS y DOCOMOMO inician un programa conjunto para la identificación, documentación y promoción del patrimonio arquitectónico de los siglos XIX y XX (era moderna), y en el que se contemplan las intervenciones mencionadas en el párrafo anterior (2003, p. 10). Respecto a estos patrimonios, el conocimiento del autor y de la idea de proyecto, la revolución tecnológica y constructiva que implicó la materialización de estos “bienes patrimoniales modernos”, la cercanía temporal y la ausencia –en la mayoría de los casosde la superposición de estratos temporales e históricos, propician un acercamiento distinto a esta nueva figura patrimonial. No obstante, a pesar de que el valor conceptual en torno al cual se genera la idea original del proyecto y de la consideración del proyecto como un documento histórico, se incorporan como un nuevo valor patrimonial, es importante dejar claro que éstos no son los únicos valores a considerar en estos patrimonios emergentes. En 1995, el informe Nuestra diversidad creativa, elaborado por la Comisión mundial de cultura y desarrollo, elaborado por la UNESCO, considera las culturas del mundo como un patrimonio común de la humanidad. Posteriormente, en 2003 el concepto de “patrimonio inmaterial” fue ratificado en la Convención para la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial, y es en ese momento, cuando se habla del patrimonio entendido como un recurso cultural, social, medioambiental, científico, educativo, territorial, económico, laboral, etc., recurso que, dada su extensión, posibilita la generación de desarrollo y bienestar colectivos (Fernández-Baca, 2011, p. 51). Pero probablemente, es la figura de Paisaje Histórico Urbano –la última categoría definida por la UNESCO, en su reunión de 2011 en París-, la herramienta más innovadora de preservación del patrimonio y de ordenación de las ciudades históricas (Conferencia, 2011b, p. 9). No obstante, se entiende más como un instrumento de gestión que como una figura de protección. La definición, recogida en el Anexo Recomendación sobre el paisaje histórico urbano (Conferencia, 2011a), revela la dimensión de esta nueva mirada patrimonial, cuya característica es la intensidad de la interacción entre la población que desarrolla sus actividades en la ciudad y el medio físico escogido para su emplazamiento (Fernández-Baca, Fernández, Ortega y Salmerón, 2011, p. 58). Con esta nueva figura, apoyada en el Memorando de Viena, aparecen los valores de equilibrio y convivencia entre la arquitectura contemporánea , los edificios históricos y los espacios abiertos, coexistencia que transmite una sola idea de conjunto de la ciudad. El “paisaje histórico urbano” supera la idea del edificio único y aislado para tener en cuenta, de una parte, todos los atributos del contexto en el que se ubica y, de otra, el propio ciudadano, al que contempla como protagonista desde la participación social coordinada por los diversos poderes públicos implicados. La consideración del lugar, el perfil de la ciudad, los ejes visuales, las líneas y tipos de edificios, los espacios abiertos, la topografía, la vegetación, las infraestructuras, la arqueología, la antropología y la arquitectura contemporánea, todo ello dilata la mirada patrimonial hasta el extremo de que resultan indispensables una nueva herramienta y recursos distintos de los empleados hasta ahora para conservar y gestionar los valores de este amplísimo patrimonio cultural (2011, p. 56). De las diversas categorías patrimoniales analizadas es la de paisaje cultural –entendido como aquel paisaje en el que todos elementos que lo conforman, e incluso él mismo, responden a los criterios de “valor universal excepcional” – la más extensa y compleja de todas, lo que determina que se convierta en el soporte en el que se integran los demás tipos de bienes mencionados, al margen de que se incluyan en una u otra categoría o pertenezcan a uno u otro tipo de patrimonio. Los diversos bienes patrimoniales que terminan por configurar el paisaje cultural se disponen en una estratificación en la que la diacronía juega un papel fundamental. Y es justo la armonía entre los diferentes bienes que paulatinamente van conformando el paisaje lo que constituye la esencia –entendida como autenticidad – del paisaje cultural. De este modo, debido al paso del tiempo y a la actuación del hombre, el paisaje se convierte en un palimpsesto en el que pueden verse –y entreverse– los principios y valores de las diversas sociedades que lo han ido modelando. El resultado práctico es la consideración de ese lugar como un bien patrimonial. 2. Herramientas necesarias para la intervención desde la complejidad patrimonial. Formación de estudiantes y profesionales. La diversidad de este panorama patrimonial plantea una situación realmente compleja a la hora de proteger e intervenir en los bienes del patrimonio cultural. Y el problema de esta complejidad es aún mayor cuando la formación del arquitecto patrimonialista es prácticamente inexistente en las Carreras de Arquitectura. Ha sido únicamente hace escasos años cuando las Escuelas y Facultades de arquitectura han empezado a incluir en sus mallas curriculares materias docentes vinculadas con la formación del arquitecto en el ámbito patrimonial. Aun así, la importancia de intervenir e investigar en patrimonio no adquiere el grado que debería en las aulas universitarias. El desarrollo de las técnicas de ordenación del territorio y la evolución del urbanismo, el transporte, las infraestructuras y el turismo, están acelerando la transformación de los paisajes de la ciudad. En el momento en que los bienes culturales que construyen la identidad de una nación se encuentran en peligro, es el arquitecto, como profesional que trabaja para la sociedad, el experto que debe enfrentarse a la difícil tarea de trabajar con los bienes culturales desde la intervención arquitectónica. No obstante, esta intervención se debe fundamentar en los valores patrimoniales de cada bien, al margen de la categoría patrimonial con la que se esté trabajando (monumento, conjunto urbano, paisaje, espacios públicos, yacimiento arqueológico…). Cada bien es único y la intervención arquitectónica debe prestar especial atención a los valores paisajísticos, históricos, conceptuales, naturales…, que representan estas actuaciones como una herencia cultural. Estos valores construyen el concepto de autenticidad que debe subyacer en la intervención arquitectónica y que además permitirán el desarrollo de una correcta gestión, protección e intervención del mismo. A pesar de que la intervención en valores se trata de una actitud relativamente actual, no se debe olvidar el origen de este concepto en la Carta de Venecia de 1964. En el artículo 11 de dicho documento, se afirma que el fin de la restauración de un monumento no es lograr la unidad de estilo, sino valorar todas las capas de información que se han ido depositando a lo largo de la historia, como si el monumento fuese un documento histórico, arqueológico y estético. Cada etapa histórica se debe a acontecimientos peculiares y, en consecuencia, se han de valorar tanto las capas anteriores como las aportaciones contemporáneas. Las primeras, mediante estudios históricos y arqueológicos,
DIALOGarq 228 229 permiten registrar los acontecimientos del pasado y las segundas, los del presente. No obstante, esta postura no defiende la conservación de todos los estratos sino que postula una conservación crítica, apoyada en los estudios necesarios para un exhaustivo conocimiento del monumento . Considerar de manera crítica la convivencia de diversos estratos temporales en un mismo monumento se entiende un punto de inflexión en la evolución de la concepción del patrimonio, ya que sienta las bases de las teorías de la conservación y restauración en la segunda mitad del siglo XX (Fernández-Baca, 2003, p. 178-179). Estas premisas fundamentadas en el conocimiento para la intervención elaboradas por la Carta de Venecia (1964), son ratificadas en el año 2000 por el ICOMOS y la Carta de Cracovia , denominada Principios para la conservación y restauración del patrimonio construido . En este último documento se ratifica la metodología ya consolidada del IAPH para el desarrollo de proyectos de intervención en el patrimonio cultural, la cual está fundamentada en el conocimiento y tiene como lema “Conocer para intervenir”. Únicamente mediante la documentación y el estudio en profundidad del bien patrimonial (histórico o emergente) es posible identificar los valores patrimoniales que defienden su autenticidad y a partir de ellos, determinar los criterios teórico-prácticos de la intervención, las directrices y sus aspectos técnicos y establecer las estrategias de intervención encaminadas a conservar la autenticidad del bien y combatir su abandono y deterioro (Instituto, 2008). La metodología de intervención del IAPH divide sus procesos en dos etapas de trabajo. Una primera cognoscitiva y una segunda operativa, que es la que se conoce con el nombre de Proyecto Patrimonial o Proyecto de Intervención (Instituto, 2008). Asimismo, la etapa cognoscitiva se divide en dos fases: • Fase primera: conocimiento y análisis del bien. La intervención en bienes culturales implica el conocimiento de realidades complejas, formadas por diferentes estratos temporales y espaciales. Esto conlleva a estudiar un proceso más que un elemento. Esta cuestión muestra la necesidad de enfrentarse al patrimonio desde equipos transdisciplinares, donde se genera un conocimiento transversal fundamental a la hora de abordar cualquier intervención. Cada especialista aporta, desde su óptica profesional, aquellas informaciones sobre el bien que contribuyan a definir los criterios teóricos. Dicho conocimiento constituye el contenido de los estudios previos en el que participan diversos especialistas. • Fase segunda: diagnosis y valoración. Únicamente cuando se han desarrollado los estudios previos, se está en disposición de interpretar los primeros resultados obtenidos, generar el diagnóstico del estado de conservación y elaborar una nueva propuesta de estudios previos necesarios para aumentar el conocimiento del bien. Esta documentación y estudio intenso del bien permite identificar aquellos valores que definen la autenticidad del bien y a partir de ellos se disponen los criterios teórico-prácticos de la intervención. Los criterios de actuación están condicionados por los principios extraídos de la combinación entre las directrices aceptadas internacionalmente para el estudio e intervención en Bienes Culturales (Cartas Internacionales) y los principios y presupuestos enunciados por la Ley 14/2007 de 26 de noviembre de Patrimonio Histórico Andaluz y la Ley 16/1985 de 25 de junio de Patrimonio Histórico Español. Una vez finalizada la etapa cognoscitiva, el objetivo de la etapa operativa es la elaboración del Proyecto Patrimonial según los criterios establecidos en la LPHA. Asimismo, es fundamental desarrollar un programa de conservación y mantenimiento donde se definan las acciones que garanticen tanto la permanencia y transmisión al futuro del bien intervenido, como su disfrute por parte de la ciudadanía. Igualmente se incluyen las acciones de difusión y divulgación de las actuaciones desarrolladas (Instituto, 2008). El desarrollo de esta metodología gestada durante los últimos años en el IAPH ha permitido elaborar una metodología de intervención enfocada al desarrollo del Proyecto Patrimonial aplicable a la formación del arquitecto en el ámbito académico e igualmente trasladable a cualquier categoría patrimonial. Como antecedentes fundamentales que subyacen a la hora de iniciar la formación del arquitecto patrimonialista, se destacan los siguientes: • La intervención en cualquier tipo de bien cultural debe ser entendida como un proceso de conocimiento. El estudio de un bien cultural es una oportunidad para aumentar el conocimiento de dicho bien, no solo desde el punto de vista de los estudios históricos, sino también de la comprensión de su significación cultural, de su identidad social, de las intenciones del proyecto y de las técnicas de construcción, incluso de aquellas que se ejecutaron en sus distintas etapas. En este contexto, el bien debe considerarse un documento único y su documentación debe ser el primer paso de su protección. Identificación de los valores culturales. En este sentido, la identificación de los valores patrimoniales, se constituye como el paso previo indiscutible para comprender el bien en toda su dimensión y complejidad, al mismo tiempo que permite la elaboración de los criterios y pautas de intervención. El término de analogía patrimonial defiende la intervención en valores como la única herramienta que garantiza el abordaje del bien (o conjunto patrimonial), teniendo en cuenta toda la estratigrafía histórica y temporal que lo ha ido conformando. La extracción de valores justifica esa mirada constante al pasado, que aporta las claves para intervenir en el presente. El éxito de esta intervención reside en la combinación equilibrada de los valores preexistentes con las necesidades contemporáneas, donde la carga de valores debe constituirse, en cada caso, como el punto de partida en la intervención de cada bien cultural (Fernández-Baca, 2011, p. 57). • Necesidad de difusión del bien cultural. La idea de que no hay patrimonio, si éste no es reconocido y asumido por un colectivo, pone de manifies- to la necesidad de transferir el conocimiento del bien. La sensibilización y comunicación de los valores de este patrimonio reciente al gran público, refuerzan la identificación y reconocimiento de éste con el propio bien. La metodología del IAPH garantiza el rigor metodológico, siempre que intervengan todas las disciplinas pertinentes que permitan obtener una lectura completa del bien y del lugar. La mirada sobre el bien desde diversas disciplinas como la historia, el arte, el medioambiente, la tecnología, la biología, la sociología, la arquitectura, el paisaje, la economía y la antropología, no sólo genera criterios y conocimientos sobre el bien, sino que es la clave para construir la propuesta de intervención. Este proceso de investigación combina la universalidad del conocimiento del bien, con la especificidad de cada caso y con la mirada al pasado para intervenir en el presente. 3. Metodología de Intervención y criterios del Proyecto Patrimonial aplicado a los casos de estudio. Una vez que se ha realizado este recorrido por la metodología del IAPH para intervenir en el patrimonio cultural, lo interesante es trasladarla a una serie de casos de estudio que permitan visualizar como es el proceso de la Metodología y de los Criterios para el desarrollo del Proyecto Patrimonial. Cada bien debe ser estudiado de manera individualizada, adaptando cada una de las fases de la metodología a la particularidad de cada uno, para así facilitar la identificación de sus valores culturales y la definición de los criterios teórico-prácticos en los que se fundamenta la intervención. Para visualizar estas cuestiones en este trabajo se van a comparar dos casos de estudios muy distintos cronológicamente, pero ambos englobados en el concepto de los nuevos patrimonios: la intervención paisajística en la ensenada de Bolonia en Cádiz en 2008 considerada como un Paisaje Cultural, y la intervención de Burle Marx en el paseo de Copacabana en 1970, en Río de Janeiro, entendida como un Patrimonio Contemporáneo. Cada una de las fases de la metodología aplicadas a ambos casos de estudio se fundamenta en la metodología establecida desde el Depar-
DIALOGarq 230 231 tamento de Proyectos del IAPH para el desarrollo de proyectos de intervención en el patrimonio cultural. Las fases son las siguientes: Fase primera: conocimiento y análisis de la intervención. Fase segunda: identificación de valores culturales. Fase tercera: Propuesta de Intervención. Esta figura es un símil del Proyecto Patrimonial o del Proyecto de Conservación que está recogido en el artículo 22 de la LPHA. Dicho proyecto contiene: − Estudio del bien y sus valores culturales (Fases primera y segunda) − Diagnosis de su estado − Definir criterios teóricos − Propuesta de actuación (teórica, técnica y económica) − Incidencia sobre los valores protegidos − Programa de mantenimiento y control El Proyecto de Intervención Paisajística en la Ensenada de Bolonia. La Ensenada de Bolonia, se sitúa en el litoral atlántico de Andalucía, entre los municipios de Barbate y Tarifa. Las destacadas condiciones paisajísticas y la cantidad de elementos patrimoniales identificados, convierten a ese lugar en un paisaje cultural con altos valores patrimoniales culturales y naturales. La flora y la fauna especialmente valoradas, conviven con formaciones geológicas únicas como es la Duna natural y con un notorio patrimonio cultural conformado por destacados sitios arqueológicos y por otros elementos culturales de la zona, como es el caso de la ciudad romana de Baelo Claudia, las tumbas antropomorfas de Betis o la Necrópolis prehistórica de los Algarbes. [Fotografía Francisco León]. (Imagen de la Ensenada de Bolonia desde la Duna Natural. En el centro se puede observar el Conjunto Arqueológico de Baelo Claudia, y al fondo la población de El Lentiscal, bajo el cerro de San Bartolomé, 2008) En el caso de este Proyecto, la Fase primera de conocimiento y análisis de la intervención y la Fase segunda de identificación de valores, viene dada por los resultados obtenidos del análisis territorial del patrimonio cultural de dicho ámbito, materializado en la Guía del Paisaje Cultural de la Ensenada de Bolonia, Cádiz. Avance (Instituto, 2004). La Guía supone auténtico instrumento de gestión y planificación territorial de la que parten las estrategias propuestas en el Proyecto de Intervención Paisajística. El trabajo de la Guía identifica la Ensenada de Bolonia como una entidad diferenciada en relación al territorio circundante, ya que se destaca la singularidad de los elementos arqueológicos localizados en ese espacio, la permanencia de la actividad pesquera originada en la antigüedad y la conservación de tipologías constructivas tradicionales (Fernández-Baca et al., 2007, p. 96). El resultado es la identificación de una serie de valores ambientales, escenográficos, culturales, naturales, históricos y estéticos, que obligan a plantear un proyecto de intervención paisajística. La aportación fundamental de la Guía, desde el análisis interdisciplinar del ámbito de estudio, es su carácter propositivo al elaborar una serie de líneas estratégicas para la mejora paisajística de la Ensenada y el mantenimiento de sus valores. Y es en una de estas líneas estratégicas donde se integra el presente proyecto de intervención paisajística, cuya actuación incide principalmente en la mejora de las condiciones paisajísticas de la ciudad romana de Baelo Claudia y del resto de elementos del patrimonio cultural de la zona mencionados anteriormente. A la hora de abordar la Fase tercera (Propuesta de intervención), la mirada del arquitecto patrimonialista - a pesar de que los valores del lugar y los objetivos están definidos en la Guía del Paisaje-, está comprometida con las preexistencias. Por este motivo, volver a estudiar el lugar desde la mirada del arquitecto constituye el punto de arranque para el aterrizaje del proyecto arquitectónico en los bienes patrimoniales. En esta acción de volver a mirar el lugar, se decide como estrategia de proyecto considerar el Conjunto Arqueológico de Baelo Claudia como atractor cultural de la Ensenada, al tiempo que cumple con la función de soporte y enlace de los elementos patrimoniales dispersos en el territorio. Partiendo de la ciudad romana de Baelo se trazan una serie de itinerarios que permiten conocer el territorio a través de recorridos que, entendidos como herramienta crítica, incorporan sus elementos patrimoniales y hacen uso de la percepción como un valor cultural añadido (2007, p.100). La posibilidad de que el colectivo pudiese apropiarse de estos elementos patrimoniales dispersos y reconocerlos como una unidad, sugiere trabajar con un lenguaje común y extensible al ámbito de la Ensenada. La propuesta consistió en elaborar una serie de iconos asociados a las acciones de Recorrer/Orientar/Proteger/Disfrutar, que ubicados en el territorio, cualifican el espacio arquitectónico de forma que “las relaciones que se producen entre ellos, a partir de la experiencia humana, construyen la propuesta: una nueva capa de lectura que transforma simbólica y físicamente el espacio a través de la acción del observador” (2007, p. 100). Esta serie de objetos-iconos permite cualificar cada una de las acciones, al tiempo que construir un lenguaje de intervención que definiese un manual para intervenir en la Ensenada a partir de las texturas de materiales, como el hormigón prefabricado (asemejado a la piedra natural), acero inoxidable para minimizar las secciones, y madera como soporte para reflejar el paso del tiempo. Asimismo, las tumbas y canteras excavadas en las rocas, la erosión de la lluvia y el mar y las huellas en la arena, son identificadas como huellas y trazas antrópicas y naturales, que revelan la acción de serigrafiar los contenidos divulgativos, como la herramienta contemporánea para volver a grabar el territorio. Se trata de un lenguaje contemporáneo que pone en valor dichos bienes patrimoniales (2007, p. 102). La construcción de estos recorridos espacio-temporales fomenta el conocimiento de aquellos elementos patrimoniales dispersos en el territorio de la Ensenada de Bolonia desde la unidad patrimonial. La estrategia de coser todos estos elementos incita a registrar el lugar y conocer el patrimonio cultural de la Ensenada en toda su dimensión. Finalmente, debido a la diversidad de las propuestas obtenidas de la Guía, el Proyecto de Intervención Paisajística en la Ensenada de Bolonia se compone de 4 acciones: - Acción 1: Itinerario cultural Baelo Claudia-Punta Camarinal. Adecuación paisajística del borde del conjunto arqueológico de Baelo Claudia. - Acción 2: Adecuación del Conjunto Arqueológico al nuevo proyecto museístico - Acción 3: Itinerario Cultural. Puerto de Bolonia-tumbas antropomorfas de Betis - Acción 4: Itinerario Cultural necrópolis de Los Algarbes-Punta Paloma La Acción 1 Itinerario cultural Baelo Claudia-Punta Camarinal. Adecuación paisajística del borde del conjunto arqueológico de Baelo Claudia, tiene dos objetivos claros: 1) conectar el límite sur de la ciudad de Baelo Claudia con Punta Camarinal y así incorporar los elementos patrimoniales identificados y 2) construir un nuevo cerramiento en todo el perímetro del Conjunto Arqueológico que incorporase las diferentes puertas de acceso. El diseño de este cerramiento se modifica por tramos en función de la distancia y velocidad de percepción del peatón o vehículo. En la zona de acceso peatonal y en la parte colindante a la playa, la distancia entre los elementos que conforman el cerramiento es menor y el entramado horizontal presenta un diseño de cables de acero. Mientras que en el tramo que rodea al Conjunto accesible en vehículo, las distancias entre los elementos verticales son mayores y la componente horizontal se trata de una malla de acero (2007, p. 105). Las hipótesis arqueológicas hablan de Baelo Claudia como una ciudad costera que resuelve su contacto con el mar mediante un muelle y sus correspondientes espigones, siendo el lugar donde tenían lugar los intercambios comerciales. En ese espacio de contacto entre el límite de la ciudad y el océano, se propone una pasarela de madera construida a partir de la geometría establecida por la trama ortogonal de la ciudad romana y la fábrica de salazones. Esta línea de pasarela se va dilatando para conformar puntos de estancia al tiempo que se adosa al nuevo
DIALOGarq 232 233 cerramiento, y recupera la relación visual entre la ciudad y el mar, reforzando la protección de los restos arqueológicos y convirtiéndose en el arranque del itinerario cultural hacia Punta Camarinal (2007, p. 108). La acción 2 Adecuación del Conjunto Arqueológico al nuevo proyecto museístico tiene como objetivos la mejora de la oferta museográfica del Conjunto Arqueológico de Baelo Claudia. Esta acción pretende actualizar los contenidos divulgativos y el mobiliario urbano a través de un diseño y materiales contemporáneos. Desde el punto de vista conceptual se recupera y adecua el trazado de cardos y decumanos a las investigaciones arqueológicas materializados con el material de la grava y la madera para asegurar la accesibilidad de minusválidos. Asimismo se delimitan las áreas arqueológicas y se adecuan recorridos en el interior de yacimiento para así facilitar la lectura espacio-temporal de la trama urbana. La museología para la puesta en valor del yacimiento se resuel- ve en el mismo elemento de protección de los restos arqueológicos, optándose por la serigrafía en acero inoxidable para la señalización de los contenidos divulgativos. Por último, se disponen nuevos pavimentos formalizando áreas de estancia y plataformas de observación que estructuran los recorridos, al tiempo que se incorporan los elementos de mobiliario urbano para el disfrute del colectivo (2007, p. 109). El objeto-icono y el lenguaje propuesto en las anteriores acciones, son igualmente aplicables a la Acción 3: Itinerario Cultural. Puerto de Bolonia-tumbas antropomorfas de Betis, los cuales construyen dicho itinerario cultural apoyado en la carretera secundaria que da acceso a estos asentamientos. A lo largo de este recorrido se insertan las piezas prefabricadas de hormigón construyendo una superficie reconocible que además de incorporar los contenidos divulgativos serigrafiados, supone áreas de pausa para la visualización de las tumbas (2007, p. 112). Por último, la Acción 4 Itinerario Cultural necrópolis de Los Algarbes-Punta Paloma, tiene lugar en la Necrópolis de los Algarbes, que es uno de los yacimientos más importantes de Andalucía. En este yacimiento se propone el cerramiento ya ensayado en el Conjunto Arqueológico de Baelo Claudia, ejecutado en madera laminada y cables de acero inoxidable. Dentro del yacimiento se ubican los mismos elementos ya mencionados, como son las superficies de pausa, la señalización y el mobiliario urbano. La intervención de Burle Marx en el paseo de Copacabana (Río de Janeiro). En el siguiente caso de estudio se trabaja igualmente la figura patrimonial del paisaje, pero desde la perspectiva urbana. La evolución histórica de nuestras ciudades nos muestra el conjunto urbano como el resultado de la interacción entre el territorio o el entorno con el individuo. A lo largo del proceso de conformación de la urbe, se han originado una serie de elementos que se han ido consolidando y dotando de identidad al paisaje urbano a través de sus valores económicos, sociales e históricos. El resultado es que la ciudad -y en consecuencia su paisaje urbano-, está construida por diferentes estratos temporales, históricos y espaciales que a la hora de intervenir en la actualidad no se tienen en cuenta. Por lo que, a diferencia del ejemplo anterior, en este caso, además de trabajar con todos esos estratos de información que conforman el Paisaje Histórico Urbano de la cuenca de Copacabana, habría que trabajar con una intervención absolutamente moderna, en la que se contempla la existencia de un nuevo valor patrimonial, como es el concepto originario de la intervención en el paseo de Copacabana, obra del paisajista carioca Roberto Burle Marx. El estudio de la intervención de Burle Marx desde las tres fases establecidas en la metodología del IAPH aporta las claves de como intervenir en un ejemplo de estos nuevos patrimonios. Las intervenciones públicas de Burle Marx en el paisaje de la ciudad de Río de Janeiro, son consideradas un ejemplo representativo del paisaje urbano moderno, y con atributos patrimoniales lo suficientemente significativos como para hablar en conjunto de paisaje cultural y de patrimonio contemporáneo. La diversidad de valores patrimoniales que definen concretamente la intervención en Copacabana y el abandono en el que se encuentra debido al desconocimiento de sus valores culturales por parte de la ciudadanía, hacen de su propuesta de intervención todo un reto conceptual y patrimonial. Fase primera: conocimiento y análisis de la intervención. La complejidad de la obra de Burle Marx hace que esta primera fase metodológica se divida, a su vez, en dos partes: una primera destinada a la documentación del proceso de génesis de la obra y una segunda dedicada al estudio de la obra en el lugar. La documentación del proceso de la génesis de la intervención en el paseo de Copacabana, tiene el objetivo de profundizar en la manera de trabajar del paisajista y, al mismo tiempo, observar el proceso que experimenta la intervención, desde la gestación de la idea hasta su materialización en el espacio público. Asimismo, documentar este proceso da la oportunidad de reflexionar en torno a la idea proyectual del autor, la cual se considera como un valor patrimonial característico de los bienes del patrimonio moderno. A fin de que este estudio sea lo más exhaustivo posible, se abordan las cuestiones relativas a: 1) los antecedentes y el lugar, 2) el concepto, 3) el dibujo como expresión singular de la intervención, 4) la síntesis (de la obra de arte a la planimetría constructiva), y 5) la construcción del espacio (paso del lienzo al terreno). El estudio del proceso de génesis, revela que el punto de partida en la gestación de la intervención son los valores transmitidos por el lugar y la idea de proyec- to que Burle Marx quiere imprimirle a la intervención. El encargo por parte del Ayuntamiento que llega al Escritorio Burle Marx & Cía. (integrado por Burle Marx y los arquitectos José Tabacow y Haruyoshi Ono), es el de dotar a los habitantes de un barrio con 161.178 habitantes, de un lugar de estancia y paseo. Desde el inicio, los autores decidieron que en aquel espacio de 4.5 Km de longitud debería privilegiarse al peatón y a los paseos en detrimento de los vehículos. La idea de que un pavimento dominante de piedra portuguesa ocupase la totalidad de la superficie, permitiría al ciudadano disfrutar por completo del espacio del paseo. Por lo que el valor del vacío como origen de la idea proyectual se convierte en el protagonista indiscutible de la intervención. La utilización de un dibujo libre, infini- to y abstracto refleja la intención de provocar interés y curiosidad al caminar para combatir la monotonía de un diseño repetido, por lo que su carácter pictórico es realmente singular y llamativo (Tabacow, 2012). Una vez que se ha trabajado en el proceso conceptual, estudiando el proceso creativo del autor, resulta imprescindible trasladarse al sitio y abordar el estudio del lugar en toda su dimensión. Para una correcta lectura del hecho urbano resulta indispensable que los espacios públicos estén preparados para ser el soporte de la identificación de ese paisaje. Los espacios públicos están destinados a ser el lugar que permite la experimentación por parte del colectivo, y la identificación de las diferentes capas patrimoniales que conformaron el proceso de gestación de la ciudad. La importancia de la conexión entre esos espacios públicos y su accesibilidad se considera la piedra angular del éxito para una correcta lectura del hecho patrimonial urbano. [Fotografía de Julia Rey Pérez]. (Paseo de Copacabana desde el Hotel Othon, 2011). El estudio del lugar pretende estudiar los valores históricos y espaciales del sitio, reconocer la incidencia de la intervención en la población, y en última instancia, generar un material gráfico que complete la documentación existente sobre la intervención. Este segundo apartado debe incluir: 1) un estudio histórico y socioeconómico del lugar, 2) un análisis espacial, 3) un estudio del uso por parte del individuo y 4) un análisis del estado de conservación de la intervención. El estudio histórico revela que la orla de Copacabana recoge las diferentes fases del lugar, desde su descubrimiento como playa desértica, pasando por su consolidación como el destino de la clase burguesa, hasta su conformación como lugar simbólico de Brasil. Es el lugar en el que se desarrollan todos los eventos sociales, culturales y comerciales de Río de Janeiro, funcionando como el centro neurálgico de la ciudad. El análisis espacial pretende conocer la estrategia paisajística seguida por Burle Marx para la construcción de la composición espacial del paseo. El dibujo de los alzados, secciones y plantas de análisis espacial, visual y de recorridos revela que la vegetación y el dibujo del paseo son las herramientas con las que –de manera alternacompone la secuencia de espacios engarzados que dotan al paseo de Copacabana de una
DIALOGarq 234 235 calidad espacial importante (Rey, 2011, p. 125-130). Esta armoniosa articulación de los elementos enriquece el caminar y logra un recorrido, a lo largo de la avenida Atlântica, lleno de múltiples sensaciones, visual y con cambios de escala. El estudio del individuo explicita las claves de cómo el ciudadano habita y vive en el paseo de Copacabana. El estudio in situ, verifica que Burle Marx alcanza su propósito de recuperar el espacio público como un lugar común de interacción y relación entre los individuos. El ciudadano identifica, aprecia y valora el aspecto artístico de la intervención, a la vez que percibe que el paseo de Copacabana es un espacio público con connotaciones artísticas y naturales singulares. Y por último, el estado de conservación. Un recorrido a lo largo de toda la avenida Atlântica permite identificar las actuaciones que suponen un peligro para el estado de conservación del paseo. Se han detectado algunas deficiencias vinculadas con la materialidad de la obra (pérdida del mosaico de piedra portuguesa, modificaciones del dibujo o alcorques vacíos) que no afectan a la esencia de la intervención y se pueden resolver con un adecuado programa de mantenimiento . A pesar de que los estragos detectados a lo largo de la avenida son consecuencia de un uso intenso de la población e implican una señal de éxito, se han detectado una serie de actuaciones que sí afectan a la autenticidad de la intervención, considerándose perjudiciales. Estas actuaciones están protagonizadas por los restaurantes y hoteles que modifican y ocupan de manera ilícita cualquier fragmento de calzada . El resultado es la ocupación completa del ancho de la calzada con sus terrazas y vehículos que además de deteriorar, y disminuir el espacio proyectado por Burle Marx para ser disfrutado por los ciudadanos, modifican por completo el dibujo de la calzada, y eliminan las especies arbóreas que consideran un obstáculo . Estos hechos afectan a la ocupación del espacio público, alteran las cuestiones de percepción y desvirtúan la legibilidad del proyecto, y en definitiva, suponen un peligro para su estado de conservación. Fase segunda: identificación de valores culturales. En esta fase se funden los valores culturales obtenidos durante la documentación del proceso de génesis de la obra con los obtenidos durante el trabajo de campo. Los valores del lugar hacen referencia a Copacabana como un testimonio histórico del proceso de modelaje del lugar experimentado por la acción humana a lo largo de su historia, además de poseer un significativo valor paisajístico. En relación a los valores de la obra proyectados al lugar, se destaca el valor de recuperación de un espacio público clave como soporte de testimonios sociales y culturales para la consolidación de un patrimonio inmaterial, y el valor de la modificación del paisaje existente. Los valores culturales de la obra en sí misma son los siguientes: valor conceptual, valor metodológico singular, valor de contemporaneidad, valor del dibujo, valor de la tradición, valor del mosaico de piedra portuguesa, valor del árbol como elemento artístico, valor original o de transición, valor de uso, valor de calidad espacial: generación de secuencia de espacios diferentes, valor como obra de arte público, valor de originalidad y autenticidad de la obra, y valor ambiental y microclimático. De todos los valores identificados, es el valor de la idea sobre la que se apoya la obra, el que define la autenticidad de la intervención. Su concepción de la avenida Atlântica como lugar destinado al uso y disfrute del hombre es una respuesta moderna que se adapta a las consecuencias de la vida moderna de las grandes metrópolis: aumento de la población y la necesidad de un espacio público. Esta cuestión va de la mano de una de las características claves del siglo XX “(…) el privilegio de la planificación y la dedicación a programas sociales” (Cantacuzino, en Oers, 2003, p. 12). La incorporación de la intervención de Burle Marx en un determinado fragmento del paisaje de la ciudad carioca genera un nuevo escenario donde se combinan los patrimonios más consolidados con los emergentes y transforman ese lugar en un paisaje cultural de altos valores patrimoniales. Fase tercera: propuesta de intervención. Una vez que la fase de estudio ha sido completada y los valores que definen la autenticidad del bien identificado, aparece la pregunta de ¿Cómo afrontar la intervención en estos patrimonios complejos? ¿Cuáles son las herramientas apropiadas que nos permiten abordar correctamente las diferentes facetas y aspectos del bien cultural? La experiencia en casos similares acontecidos en el ámbito andaluz nos lleva a proponer un Proyecto de intervención paisajística similar al Proyecto de Conservación que define la LPHA 14/2007 o al Proyecto Patrimonial ya ensayado en el IAPH. La idea estratégica que subyace en dicho Proyecto es la protección de la autenticidad de la intervención, que es proteger el valor del vacío y el valor de uso de la intervención destinada al disfrute del ciudadano. Asimismo se contempla la mínima intervención, respeto de la autenticidad, discernibilidad y reversibilidad de la obra. El proyecto propone la reintegración material y formal de los dibujos del mosaico de piedra portuguesa (datando cada una de las nuevas piedras para garantizar la discernibilidad y evitar el falso histórico, como se hizo en su día en el Park Guell), un tratamiento vegetal y su rearborización, una propuesta de mobiliario urbano y de señalización con un mismo lenguaje y la elaboración de un manual de pautas de conservación y mantenimiento. Entre otras acciones, aparte del proyecto, se propone la incorporación de los estudios de otras disciplinas para completar el diagnóstico, la eliminación de elementos que disminuyen el espacio para el peatón (instalaciones, mobiliario efímero y vegetación incorporada por los vecinos) y la eliminación de elementos que “ensucian” o desvirtúan las visuales (alcorques, vehículos o grupos arbóreos en la playa). Estas medidas no van en contra de las terrazas, únicamente debe sustituirse la terraza construida, por instalaciones efímeras que a partir de ciertas horas deje completamente libre el calçadão. Otra cuestión que sí debería resolver una Comisión de carácter patrimonial es qué sucede con el espacio perdido por la implantación de las vallas y con las ampliaciones de comercios que han construido sobre el dibujo del calçadão. La altura de la edificación y la ubicación de los accesos actuales, también deberían mantenerse para garantizar la vinculación de la obra con la arquitectura. Asimismo, se debería concretar unas directrices para regular las actividades de la oferta hostelera, un programa de usos compatibles desde la participación ciudadana, y un programa de actividades de sensibilización con el valor de la obra. Una vez abordadas en ambos proyectos las cuestiones pertinentes a la tercera fase a través del Proyecto Patrimonial, es importante incidir en que la protección de la obra debe garantizar acciones y no entorpecer el ritmo dinámico de la sociedad, ya que la ciudad y los paisajes son procesos de construcción permanente. Intervenir en el patrimonio hoy, implica superar la vieja concepción de protección entendida como fosilización para centrarse en el interés público, es decir, en la democratización del patrimonio considerado como recurso y disfrute social, al tiempo que pone de manifiesto la naturaleza del patrimonio como construcción sociocultural. Estas acciones deben atender a las necesidades y expectativas reales de la población sin alterar los caracteres esenciales del bien y manteniendo un uso vinculado a la sociedad. Solo de esta manera se podrá garantizar el mantenimiento de esta identidad con la obra y, en consecuencia, su permanencia y salvaguarda. 4. Conclusiones La investigación que se ha desarrollado tanto en la fase previa de la redacción del Proyecto de Intervención Paisajística en la Ensenada de Bolonia, como en la tesis doctoral Burle Marx y su intervención en el paisaje cultural de Copacabana. Documentación, análisis y protección de un patrimonio contemporáneo, ha pretendido poner de manifiesto –tal y como defiende la metodología del IAPH-, que para desarrollar una amplia y correcta intervención en los bienes patrimoniales en base a su autenticidad, se requiere de un exhaustivo y riguroso Acto de conocimiento. Esta metodología de trabajo fundamentada en el conocimien- to, acompañada de un reconocimiento jurídico de estos lugares, de la
DIALOGarq 236 237 definición de políticas de ordenación territorial y urbanística que integre estos espacios y de la participación pública, posibilita la creación de las herramientas necesarias para proteger los paisajes culturales con altos valores patrimoniales. Esta herramienta metodológica facilita un acercamiento al patrimonio cultural de manera científica y rigurosa, en la que los resultados de los distintos trabajos desarrollados desde la transdisciplinariedad, aportan un conocimiento, que amplía las posibilidades de intervención en los bienes patrimoniales desde una mirada más contemporánea. Enseñar a intervenir en el patrimonio a estudiantes o profesionales desde esta perspectiva, completa las carencias del proyecto arquitectónico, olvidado en numerosas ocasiones de los valores culturales que definen la autenticidad de nuestros patrimonios, y en consecuencia, de nuestra identidad. El presente trabajo es una defensa de la apuesta por la investigación aplicada como herramienta para afrontar esta pluralidad patrimonial que define el patrimonio cultural y que afecta tanto a los bienes patrimoniales denominados como emergentes como probablemente a los de los siglos venideros. Este trabajo científico ha sido financiado por el Proyecto Prometeo de la Secretaría de Educación Superior de Ciencia, Tecnología e Innovación de la República del Ecuador. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Andalucía (Comunidad) (2007). Ley 14/2007, de 26 de noviembre, del Patrimonio Histórico de Andalucía. Boletín oficial de la Junta de Andalucía, nº 248, de 19/12/2007, 6-28. Castellano, B. y García de Casasola, M. (2008). La protección de lo social. Estrategias contemporáneas de intervención: el poblado de San Francisco en Huercal-Overa (Almería). 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