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1017 INFLUENCIA DE LAS CREENCIAS FRENTE A LAS ACTITUDES DE DESIGUALDAD HACIA LA MUJER A TRAVÉS DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL Salom Ripoll, Aguas Vivas [email protected] García de Mateos Ortolá, Mireya [email protected] RESUMEN: El presente trabajo gira en torno a dos ejes de análisis, por una parte, religión y cultura en la construcción del concepto de género y, por otra, el discurso publicitario. Ambos ejes quedan unidos por el tratamiento que se le da a la imagen de la mujer, que favorece las situaciones de desigualdad de género, relegando su papel a un protagonismo falso y distorsionado en el que siempre se imponen límites marcados y definidos por una sociedad dominada por hombres y perpetuada por mujeres que han aceptado esa realidad. Esta reflexión se centra en los estereotipos, valores y esquemas derivados de creencias religiosas y culturales, relacionadas con la construcción social de género, y, asimismo, trata la consolidación y perpetuidad de dichos estereotipos en los medios de comunicación, mostrando una imagen de la mujer ligada a prejuicios que apenas reflejan la verdadera mujer de hoy en día. Con esta propuesta se pretende dilucidar cómo cultura y género han alimentado la desigualdad entre sexos. Pero también los medios de comunicación, cuyo protagonismo en las sociedades actuales es indiscutible, se han convertido en la mayor parte de las ocasiones en cómplices de esta desigualdad, favoreciendo el sexismo a través de las imágenes y de discursos simbólicos, y en, otra ocasiones, se ha fomentado un machismo subconsciente tras la imagen de una sociedad donde la mujer coparticipa en el mantenimiento de esa imagen distorsionada. PALABRAS CLAVE: Desigualdad, mujer, roles, publicidad, medios de comunicación social, género, discurso simbólico. VOLUMEN II
1018 1. INTRODUCCIÓN En la sociedad actual se vende una imagen de la mujer que, aunque parte de una herencia de la historia, sigue formando una identidad alejada de su propia realidad y sigue marcando situaciones de desigualdad. El presente análisis parte de la existencia de determinados discursos que alimentan la construcción de la imagen femenina que se transmite en los medios de comunicación, y principalmente en publicidad, pero también, teniendo en cuenta el escenario cultural y religioso que conforman una parte de la realidad social. Cultura y religión se nutren una de la otra. Por ello, en muchas sociedades los límites entre la cultura y la religión son más difusos y ello implica una sociedad y estilo de vida diferentes. Consecuentemente la socialización conformará las diferencias entre ambos sexos, siendo el discurso de los medios de comunicación social un elemento relevante en este proceso de socialización. Las creencias religiosas influyen y conforman muchos de los valores y esquemas sociales que nos definen, constituyendo identidad en las personas y conformando un determinado tipo de sociedad u otra. La religión y la herencia que de ellas proviene constituyen gran parte del legado cultural bajo el que nos movemos en la sociedad. Construyen y constituyen nuestros esquemas sociales, definiendo los roles a desempeñar por hombres y mujeres. Por ello, y partiendo del análisis de los valores y actitudes que se derivan de las creencias de diferentes religiones, se pretende extraer la imagen de la mujer, sustentada en el sexismo que se desprende de las imágenes y discurso de los medios de comunicación social, con el fin de mostrar su aportación al fomento de las actitudes de desigualdad de género. 2. METODOLOGÍA Para la primera parte del presente artículo nos hemos basado en un estudio enmarcado en el trabajo de investigación de Mireya García de Mateos Ortolá para la Universitat de Valencia, que se realizó en 2008-2009 sobre actitudes hacia la mujer en el ámbito de la Comunitat Valenciana, y al que acompañamos una revisión bibliográfica con el fin de desarrollar las reflexiones oportunas y encuadrar el tema de debate. 3. INVESTIGACIÓN PREVIA549 549Todos los gráficos que aparecen en este artículo corresponden al citado estudio, titulado: “Actitudes y Valores en el maltrato de la mujer desde el punto de vista de diferentes religiones”.
1019 El citado trabajo de investigación trataba sobre las actitudes hacia la mujer que podía conducir a una violencia de género, y se elaboró también una escala con el fin de analizar la integración en la Comunitat Valenciana de los diferentes colectivos religiosos. Con el fin de cubrir la pretensión de este exposición, simplemente se han seleccionado los ítems y cuestiones que podían ser relevantes para este artículo. Se seleccionó una muestra formada tres grupos religiosos: musulmanes, evangélicos y católicos. Todos los sujetos debían ser hombres. Las pretensiones iniciales del trabajo de investigación eran poder estudiar, dentro de cada religión, dos grupos diferenciados de forma que la representatividad de la muestra se reflejara en las dos tendencias (más ortodoxa o conservadora y menos conservador o practicante) dentro de una misma creencia. Por ello, dentro del grupo de católicos se distingue entre católicos inmigrantes (la mayor parte procedentes de países hispanoamericanos) y católicos españoles practicantes. En el grupo de evangélicos, se encuentra una parte de la muestra de personas de etnia gitana y la otra parte de evangélicos practicantes (la mayor parte de ellos españoles), mientras que en el grupo de musulmanes también se seleccionaron dos grupos; musulmanes de la Gran Mezquita de Valencia (Federación Consejo Islámico) y musulmanes del Centro Cultural Islámico. Sin embargo, en la recogida de datos de musulmanes hubo obstáculos tales como el idioma, la extensión del cuestionario elaborado, las propias creencias (las cuales no les permitía responder a ciertas preguntas del cuestionario, etc…). Finalmente la muestra se compuso de 43 personas distribuidas del siguiente modo: Musulmanes 8, Católicos 19 y Evangélicos 16. La muestra, desglosada en subgrupos religiosos:
1020 La procedencia de la muestra: 27 personas eran españolas, 1 persona de un país de la Unión Europea, 8 hispanoamericanos y 7 personas clasificadas en la categoría de “otros”, la cual básicamente recogía países africanos tales como Argelia, Marruecos etc…, en donde se practica el Islam. En esta investigación y en el momento de seleccionar los grupos religiosos a estudiar se pretendió tener en cuenta no sólo a ciudadanos inmigrantes sino también a ciudadanos autóctonos. Para la realización del estudio se elaboró un cuestionario en el que se medían actitudes relacionadas con el papel de la mujer en la sociedad desde el punto de vista de la religión con que cada uno se define. La escala emplea un sistema de respuesta en escala Likert. Asimismo, las preguntas del cuestionario referidas a la mujer se formulan en una escala de graduación de forma que finalmente, se acaba preguntando directamente por el maltrato o abuso a la mujer. Desde el principio, se persiguió que la escala recogiera preguntas sobre la mujer desde diferentes ámbitos de actuación (educación, familia, profesional o laboralmente sexualidad, sociedad, religión…) todo ello, desde el prisma de la construcción de género aceptada socialmente. Actitudes hacia la mujer La primera parte del cuestionario referida a actitudes hacia la mujer consistía en una escala en la que se reflejan un total de 32 palabras las cuales han de ser asociadas a hombre o mujer dentro de una escala de 0 a 3. El análisis de los resultados muestra lo siguiente: Las palabras más relacionadas con el hombre de forma significativa son: Insensibilidad (media total= 1.46) Compromiso (media total= 1.33) Conformismo (media total= 1.15) Egoísmo (media total= 1.14) Religiosidad (media total= 1.18)
1021 Mediación (media total= 1.31) Persistencia (media total= 1.69) Dulzura (media total= 0.79) Mientras que para la mujer las puntuaciones significativas aparecen en las siguientes palabras: Practicidad (media total= 1.62) Sumisión (media total= 0.56) Paciencia (media total= 1.28) Razón (media total= 1.58) Disciplina (media total= 1.51) En el caso de “Insensibilidad” la media de 1.46 sólo es superada por los evangélicos con un 2.00, en el caso de católicos (1.22) y musulmanes (1.00) no es considerado el hombre como insensible.
1022 En el caso de “Compromiso” los musulmanes son los únicos que superan la media de 1.33 con una media de 2.50. Por lo que respecta a “Conformismo”, los musulmanes superan la media total de 0.56 con un 1.00 y los católicos con 0.67, sin embargo, los evangélicos no llegan a la media. En cuanto a “egoísmo”, musulmanes y evangélicos superan la media de 1.14, sin embargo católicos no. La religiosidad es un concepto altamente asociado con el hombre en el caso de los musulmanes que con una media de 2.13 superan la media total de 1.18, sin embargo ni católicos ni evangélicos llegan a la media total. El control y la mediación se relacionan con el hombre sólo desde el punto de vista de los musulmanes, así como la dulzura. Con respecto a los adjetivos referidos a la mujer; la practicidad es asociada con el sexo femenino desde el punto de vista de los musulmanes los cuales con una media de 2.13 superan la total de 1.32, no siendo así en el caso de los dos restantes grupo religiosos. La sumisión únicamente es relacionada con la mujer desde el punto de vista de los evangélicos (2.07 frente a la media total de 1.44), pues ni católicos (1.06) ni musulmanes (1.14) así lo consideran. La paciencia es un concepto identificado con la mujer por musulmanes (2.86) y evangélicos (2.36) no siendo así por católicos (1.56), todo ello comparado con la media total de 2.08. Es curioso observar como los conceptos de razón y disciplina han sido ligados a la mujer y resultan significativos, con una significación de 0.020 en el primer caso y 0.038 en el segundo caso. Sin embargo, son conceptos que tan solo son ligados a la mujer desde el punto de vista de los musulmanes y no de los católicos o evangélicos. Si se realiza un ANOVA550, desglosando los grupos religiosos de los que se compone la muestra, se obtiene un mayor número de puntuaciones significativas que pasamos a analizar. En el caso de “Compromiso” ligado al hombre, se trata de un concepto que sólo es asociado por musulmanes y católicos inmigrantes, no por el resto de grupos religiosos. Al realizar este análisis pormenorizado conceptos como entrega, responsabilidad, egoísmo, transmisión de costumbres, religiosidad y paciencia también muestran una relación significativa con “hombre”. La entrega sólo es valorada por los musulmanes como una cualidad ligada al sexo masculino. La responsabilidad es asociada por musulmanes y evangélicos de etnia gitana. Todos los grupos religiosos, excepto los católicos, tanto españoles como inmigrantes, consideran que el hombre es egoísta. 550 ANOVA: análisis de la varianza que permite el control de métodos analíticos.
1023 La “transmisión de costumbres” y “la religiosidad” son asociados al “hombre” sólo por musulmanes y evangélicos de etnia gitana, a pesar de que la bibliografía consultada muestra a la mujer como principal transmisora de costumbres a través de la educación a os hijos/as. La “paciencia” se liga al concepto de hombre por parte de evangélicos de etnia gitana, católicos españoles y musulmanes, sin embargo los evangélicos de etnia no gitana y los católicos inmigrantes obtienen medias muy bajas en esta cualidad. La “tolerancia” sólo se considera ligada al hombre en el caso de musulmanes y evangélicos de etnia gitana. La “mediación” también es valorada únicamente por musulmanes y evangélicos gitanos, con una media mayor en el caso de los primeros (2.38 frente a 1.31), al igual que la “persistencia” que es valorada en gran medida por los musulmanes (3.80 frente a 1.69). Los conceptos de “respetuosidad”, “ejemplaridad”, “altruismo”, “afectividad”, “dulzura” y “disciplina” también son ligados al hombre, pero únicamente por los mismos grupos religiosos mencionados hasta el momento, musulmanes y evangélicos de etnia gitana. En el caso de conceptos relacionados con la mujer, y al realizar un análisis más detallado de los grupos religiosos, encontramos que se le asocian características tales como “practicidad”. En ese caso la media total 1.32 sólo es superada por los musulmanes (2.13) y los evangélicos de etnia gitana (2.00). Sin embargo, el concepto de sumisión sólo es ligado a la mujer por el grupo religioso de los evangélicos, tanto de etnia gitana como no. Los musulmanes y católicos españoles se encuentran cerca de la media de 1.44 ,con 1.14 y 1.17 de media respectivamente. La religiosidad es relacionada con la mujer en el caso de musulmanes (2.25), católicos inmigrantes (2.80) y evangélicos (2.88) de etnia gitana, superando la media de 2.00. El concepto de paciencia y tolerancia también son ligados a la mujer por parte de los anteriores grupos La tosquedad y el control por musulmanes y evangélicos de etnia gitana superando las medias obtenidas en referencia a todos los grupos religiosos. Musulmanes (2.57) católicos (1.92) y evangélicos de etnia gitana (2.33) frente a la media de 1.92, valoran la respetuosidad ligada a la mujer La ejemplaridad es destacada, en relación a la mujer, por musulmanes (2.57) y evangélicos de etnia gitana (2.38) frente a 1.65 de la media de todos los grupos religiosos. La dulzura con una media de 2.56 es superada por musulmanes (2.75), católicos inmigrantes (2.83) y evangélicos de etnia gitana (3.00). Aun así en el resto de grupos religiosos encontramos medias que se aproximan a la media total. La actividad (1.75) es superada por musulmanes (2.25), católicos inmigrantes (2.00) y evangélicos gitanos (2.33). La razón, concepto que según la bibliografía consultada suele ligarse a al hombre, en este caso y con una significación de 0.001, obtiene una media total de 1.63
1024 superada por los musulmanes (2.63) y evangélicos de etnia gitana, los que menos ligan tal polémico concepto a la mujer son los evangélicos de etnia no gitana y católicos inmigrantes. La disciplina con una media total de 1.85 es superada por musulmanes (2.88), católicos inmigrantes (2.00) y evangélicos de etnia gitana (2.50). A lo largo del análisis de resultados realizados se observa que evangélicos de etnia gitana y musulmanes son los grupos religiosos que más coinciden en la imagen estereotipada que se desprende de la palabra “mujer”. En cualquier caso, el grupo religioso que presenta un concepto diferente y distante del resto de grupos religiosos con respecto a la mujer son los católicos españoles seguido por los evangélicos de etnia no gitana. A continuación se señalan ciertos ítems, indicativos de actitudes con respecto al papel de la mujer con sus correspondientes interpretaciones. El ítem “El hombre debe controlar el gasto familiar, el aspecto económico del hogar” con una significación de 0.012, únicamente la media total de 3.03 es superada por los musulmanes y con respecto a la idea de “La mujer es la que ha de llevar principalmente la educación de los hijos” con una significación de 0.004, la media es superada tanto por los musulmanes como por los evangélicos. Con respecto a este último ítem y atendiendo al análisis de grupos religiosos desglosado, se observa que la media total de 2.95 s superada por evangélicos de etnia gitana, católicos inmigrantes y en mayor medida por los musulmanes. Con respecto al ítem “la mujer está dotada de mejores habilidades a la hora de criar y educar a los hijos”, el cual obtiene una significación de 0.012, y está muy relacionado con el ítem comentado anteriormente, la media es superada por musulmanes y evangélicos. En concreto, los musulmanes y evangélicos de etnia gitana superan en gran medida la media total de 3.67, con un 4.57 y 4.33 respectivamente. “El hombre debe controlar el gasto familiar” (media=3.03) “La mujer está dotada de mejores habilidades a la hora de criar y educar a los hijos/as” (media=3.67)
1025 El ítem “la mujer está sometida a más deberes y restricciones de cara a mantener una reputación social” obtiene una significación de 0.016. En este caso, la media de 3.26 es superada en gran medida por lo evangélicos de etnia gitana con un 4.50, le siguen los católicos inmigrantes con una media de 3.40. “La mujer está sometida a más deberes y restricciones de cara a mantener una reputación social” El ítem “A una mujer se le valora más socialmente por su conducta, por lo que hace que por lo que es” resulta ser significativo, siendo superada la media por evangélicos y musulmanes. Atendiendo al análisis de los grupos religiosos concretos, la media es superada por musulmanes y evangélicos de etnia gitana en gran medida. Aunque católicos inmigrantes y evangélicos de etnia no gitana también la superan en algunas décimas (3.83 frente a la total de 3.65). “A una mujer se le valora más socialmente por su conducta, por lo que hace que por lo que es”
1032 A pesar de que existe una importante cantidad de bibliografía acerca del uso sexista de los procesos de comunicación social, parece no ser suficiente para animar a una reflexión individualizada que permita arrancar desde la propia concienciación, el equilibrio en el que deberían basarse los procesos de interacción social, o si se prefiere, en la búsqueda de una armonía con la que equilibrar los intereses de los participantes. La reflexión no es sencilla: ¿hay que elegir un rôle en nuestra sociedad? ¿son los medios y la publicidad los únicos responsables del discurso estereotipado? En esta reflexión sobre la relación social es importante tener en cuenta la propia acción de la mujer como co-responsable en la conservación de esta visión estereotipada o sumisa. La internalización y en consecuencia la implementación práctica de normas, conceptos y juicios como datos pre-construídos constituye el pilar de la hipergeneralización donde cabe toda la problemática contemporánea acerca de la Mujer y su discriminación, y que se manifiesta a diario en contenido y forma en los medios de Comunicación Social. (Fainholc.B, 1993). Existen disciplinas que tratan el tema del role como una parte de la necesidad del ser humano de sentirse integrante de un grupo donde debe asumir un papel que pueda desenvolver para sentirse realizado y aceptado. Hemos visto en el estudio previo presentado al inicio de este artículo que existe actitudes hacia la mujer que consolidan su papel en esta sociedad tal y como nos lo presentan mediáticamente. En esta reflexión no se trata de disertar sobre la conveniencia de elegir entre un papel masculino, o un papel femenino. Pero, ¿qué tipo de reflexión sería necesaria para iniciar los cambios en los discursos sexistas?, ¿quizás una reflexión con capacidad para ir neutralizando aquellos discursos que simplifiquen o releguen el papel de la mujer asociado a un “uso social”, frente al del hombre como consolidado en el “uso de poder”. El sociólogo Pierre Bourdieu (Plaza y Delgado, 2007) acuñó el concepto de dominación simbólica para explicar la dominación estructural implícita de los varones sobre las mujeres en las sociedades más avanzadas. Así, de una manera sutil, se perpetúan los esquemas mentales de omnipotencia masculina y complacencia femenina, arraigados con fuerza en el imaginario colectivo de los países del primer mundo. En esta línea, Victoria Sendón, inspirándose en Bourdieu, “mide” la dominación masculina a partir del coeficiente simbólico femenino que, básicamente, hace explícitas las diferentes aportaciones de los espacios del varón (valorados positivamente) frente a los de las mujeres (minusvalorados). Un concepto que no ha pasado desapercibido para los poseedores del discurso mediático que utilizan un lenguaje alejado de la espontaneidad pues, tal y como aportan Plaza y Delgado (2007), “el lenguaje no es un instrumento neutro objetivo para aprehender la realidad, sino que es un producto elaborado que refleja el complejo entramado de creencias, ideas, actitudes, concepciones y elaboraciones de una sociedad para dotar de sentido a la realidad”. Por ello nuestro interés en elegir los medios de comunicación y la publicidad en este análisis, se justifica porque los primeros se caracterizan por actuar como vehículos del discurso sexista, mientras que la publicidad la consideramos la forma de comunicación social más extendida, una especie de amplio escaparate que utiliza el arte de la persuasión para lograr sus objetivos, y
1033 porque además, ambos, se mueven en el ámbito de lo público invadiendo una notable variedad de áreas. Hablar de la mujer en la publicidad es hablar de un instrumento, un elemento más en el escenario publicitario que es asumido por el público, en general, puesto que su figura representa una serie de asociaciones simbólicas que permiten o facilitan acortar el proceso de entendimiento del mensaje que se pretende transmitir. Da igual que se hable de un coche, de un producto de limpieza, una joya, un juego…. La figura de la mujer, y la versatilidad que ésta ha adquirido, favorece la descodificación de la información subyacente en todo mensaje. La visión estereotipada del papel de la mujer es perfectamente comprobable en una búsqueda a través de la red donde mujer-publicidad sigue aportando imágenes que muestran actitudes consolidadotas de un discurso sexista, diferente a la propia realidad, aunque es verdad que en los últimos años se ha abierto a diferentes grupos étnicos. Pero la publicidad no hay que verla como la causante de la desigualdad de género, sino como una valiosa herramienta que adquiere su valor en manos de quien la sabe dominar y sabe decidir qué uso se puede hace de ella. El poder de la publicidad es indiscutible, no en vano se nutre de varias disciplinas para ser más efectiva: psicología, sociología, lingüística, economía,… y su eficacia dependerá, en gran medida, de rigurosas investigaciones de los públicos a los que se dirige los cuales actúan arreglo a determinadas pautas de conductas, que al estar consolidadas, permiten afinar el discurso simbólico utilizado en las comunicaciones sociales. Esto nos lleva al público, a la masa, a las personas que conforman las sociedades y que son consumidoras de productos perfectamente elaborados para ser “ingeridos” de la forma más sutil posible. Anteriormente hemos comentado la transformación del papel de la mujer en la sociedad occidental no reflejada en los medios que siguen perpetuando estereotipos con los que alimentan sus discursos. Si enlazamos por una parte el vencimiento de determinados prejuicios hacia lo femenino, y por otra parte la perpetuidad del discurso estereotipado, hay un elemento que a veces se escapa a la reflexión crítica: la decisión de continuar con este discurso ya no corresponde exclusivamente a los hombres, más bien, la mujer “consiente” un lenguaje simbólico en el que, al menos, puede participar de forma más consciente y tolerada. No cambia pues la intención del mensaje, ni su efecto, pero sí su concepción. La mujer sigue siendo un productoobjeto, pero convendría analizar en qué medida no es ella co-responsable de esta subordinación frente a los valores masculinos. Si consideramos el uso y abuso del cuerpo femenino en los lenguajes mediáticos como favorecedores de intenciones con falta de respeto hacia el mismo, podemos encontrar cierta relación entre el producto que se ofrece (la mujer), y la creencia de su pertenencia de aquel que se considera portador “legal” de su titularidad, es decir, el hombre. Así pues, ¿hacia dónde hay que dirigir la reflexión crítica? Pensamos que la mujer debe ser la primera en autodiagnosticar la situación actual a través de una herencia de la que no ha podido, no ha sabido, o no ha querido desprenderse. Poner en valor a la mujer sin tener que pertenecer a uno de los arquetipos mediáticos (consentidos?) que marcan diferencias entre “lo bello” de los que no lo es, “lo estético” de lo que no lo es, “lo ideal” o “lo perfecto” de lo opuesto. El respeto empieza por uno mismo, y desde la reflexión individualizada, incitar la reflexión a nivel de concienciación social, como una especie de energía que se va alimentando de los nuevos
1034 cambios sociales. Pues ¿hasta qué punto no se advierte, en determinadas mujeres una autosatisfacción y orgullo de representar a ese segmento de la población encumbrado por los cánones de belleza? Programas y series de televisión, junto con gráficas publicitarias de emisores diversos nutren esta afirmación551. Por otra parte, desde el punto de vista del “feminismo”, como movimiento destinado a “igualar” los derechos de los géneros, ha derivado en objetivos que han confundido a la sociedad, puesto que, coincidiendo con Ménéndez, M. I. (2006) “el reto del feminismo (…) es abandonar el tono quejumbroso y victimista que nos caracteriza, dejar de estar guarecidas bajo el paraguas de la marginalidad (…)”, cuando consideramos que hace tiempo la mujer ha decidido prestar su imagen, pero esta vez con su permiso y a cambio de una parte de su gestión. La reflexión sigue siendo necesaria para que la imagen de la mujer recupere un papel más centrado en la realidad actual y alejarse de una visión androcéntrica. 5. CONCLUSIONES En el presente trabajo se ha reflexionado sobre el trato hacia las mujeres desde la concepción social del constructo de género, así como el papel de los medios de comunicación social en la transmisión de unos estereotipos y valores en relación a la mujer. En las consideraciones previas se observa una distancia entre la mujer real y la imagen que de ella se transmite, tanto desde el punto de vista de las creencias y cultura, como de los medios de comunicación social. Pero también a través del concepto de género y de los medios de socialización se tiende a fomentar una imagen de la mujer basada en la desigualdad con respecto al sexo masculino, apenas coincidente con la realidad de la mujer actual. La estructura de producción de la información y las “rutinas” profesionales de los medios de comunicación social y sus decisores/productores provocan un tratamiento ajeno y descontextualizado de los temas que se informan o presentan en general, y que se va agravado en temas relacionados con la mujer. Esta conclusión viene reforzada por Fainholc.B, (1993) al afirmar que, en este proceso se pueden observar dos fenómenos: las mujeres, cuando son incluidas ocupacionalmente en estos procesos de producción de mensajes siguen los mismos cánones reforzadores de los medios empeorados por el desgaste cotidiano de los prejuicios, es decir, reproducen las pautas de los modelos discriminatorios vigentes; o, las pocas mujeres, que producen significados desde lo distinto, aparecen como algo excepcional, fruto del azar y no como consecuencia de los procesos de transformación social históricamente detectables ya. Consideramos que la presencia de la mujer tanto en los medios de comunicación como en los espacios públicos está condicionada por una serie de prejuicios culturales que derivan de una cultura patriarcal. La presencia femenina ha venido definida más por la aceptación de nuestra posición como madres que como mujeres, creándose una especie de fragmentación o disyuntiva en la que una faceta excluye a otra. 551 Véase la campaña de Navidad 2011 de la compañía de low-cost Ryanair.
1035 El análisis del presente trabajo invita a una reflexión individualizada, con el fin de romper estereotipos y creencias ligadas a determinados constructos, con la intención de provocar una actuación promovida desde la corresponsabilidad que nos permite, actualmente, una sociedad formada por numerosos actores sociales influyentes en la modelación de la conducta humana (familia, escuelas, instituciones,...) y desde donde debe germinar la reflexión. BIBLIOGRAFIA Asociación de Consumidores y Usuarios (2003): “La Mujer y la Publicidad”, Dirección General de la Mujer, Consejería de Trabajo. Publicaciones DGM. Comunidad de Madrid. Cuadrado, M. (2001): “El Genero Femenino a través de la publicidad”. AFP Gestión del Color. Federación de Mujeres Jóvenes. Madrid Fainholc, B.(1993): “La mujer y los medios de comunicación social”. Editorial Humanitas. Buenos Aires. Martín, M., Martín, E., Baca, V. (1995): “Las mujeres y la publicidad”. Ministerio de Asuntos Sociales. Instituto de la Mujer. Menéndez, Mª Isabel (2006): “El zapato de Cenicienta”. Editorial Trabe. Uviéu, Peña – Marin, C. y Frabetti, C. (2002): ”La mujer en la publicidad”. Instituto de la Mujer. Madrid, Plaza, J.F. y Delgado, C. (2007): “Género y Comunicación”. Editorial Fundamentos. Madrid Vera, Mª. T. y Ballesteros, R. Mª. (2004): “Mujeres y medios de comunicación”. Editorial Atenea. Universidad de Málaga.