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El liderazgo político con perspectiva de género

Jiménez Romera, Gemma; Romero Parra, Inés

Abstract

El liderazgo político es estudiado desde diferentes ramas del conocimiento y es una temática que ha suscitado el interés entre quienes lo ejercen y quienes lo investigan. Los estudios sobre liderazgo clásico se han centrado en la figura del hombre, por ello, esta investigación pretende realizar un análisis sobre liderazgo político desde una perspectiva de género. Para ello se realizará una revisión bibliográfica de lo más relevante en cuanto a liderazgo en general y liderazgo político femenino en concreto. Relacionaremos estas teorías con las teorías feministas sobre el poder y el papel de las mujeres en las instituciones políticas. Una vez realizado esto, se procederá al análisis de casos de mujeres que ejercen o han ejercido un liderazgo político recientemente, estas son: Angela Merkel, Dilma Rousseff, Hillary Clinton, Michelle Bachelet y Katrin Jakobsdóttir

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EL LIDERAZGO POLÍTICO CON PERSPECTIVA DE GÉNERO. Jiménez Romera, Gemma1 Romero Parra, Inés2 RESUMEN El liderazgo político es estudiado desde diferentes ramas del conocimiento y es una temática que ha suscitado el interés entre quienes lo ejercen y quienes lo investigan. Los estudios sobre liderazgo clásico se han centrado en la figura del hombre, por ello, esta investigación pretende realizar un análisis sobre liderazgo político desde una perspectiva de género. Para ello se realizará una revisión bibliográfica de lo más relevante en cuanto a liderazgo en general y liderazgo político femenino en concreto. Relacionaremos estas teorías con las teorías feministas sobre el poder y el papel de las mujeres en las instituciones políticas. Una vez realizado esto, se procederá al análisis de casos de mujeres que ejercen o han ejercido un liderazgo político recientemente, estas son: Angela Merkel, Dilma Rousseff, Hillary Clinton, Michelle Bachelet y Katrin Jakobsdóttir PALABRAS CLAVE: Feminismo, ciencias políticas, liderazgo político, mujer, poder. ABSTRACT Political leadership has been studied from different branches of knowledge, it is a subject that has aroused interest among those who exercise it and those who investigate it. The studies on classic leadership have focused on the figure of man, so this research intends to conduct an analysis on political leadership from a gender perspective. In order to do so, a bibliographical review of the most relevant issues in terms of leadership in general and women's political leadership in particular will be carried out. We will relate these theories to feminist theories of power and the role of women in political institutions. Once this is done, we will proceed to the case analysis of women who have exercised or recently exercised political leadership, such as Angela Merkel, Dilma Rousseff, Hillary Clinton Michelle Bachelet and Katrin Jakobsdóttir KEYWORDS: Feminism, political sciences, political leadership, woman, power. 1 Universidad de Murcia. 2 Universidad Carlos III de Madrid. 404 INTRODUCCIÓN. Esta investigación consiste en un estudio sobre diferentes liderazgos; tradicionalmente este tipo de estudios se centraban en políticos concretos y en la forma que tenían de ejercer el poder, estas investigaciones versaban principalmente sobre hombres y no existían en este sentido otras perspectivas que tuvieran en cuenta una visión de género. Con el cambio de contexto las mujeres han logrado acceder al poder y en algunos casos ocupan puestos destacados dentro de los gobiernos. Al ser este hecho relativamente reciente, esta investigación tratará concretamente el liderazgo femenino y liderazgo feminista. Muchos autores y autoras han trabajado sobre liderazgo, sin embargo, son menos los y las que han trabajado en el campo del liderazgo femenino. Dicho lo cual es importante recalcar que actualmente existe un debate acerca de la pertinencia o no de diferenciar dentro del liderazgo las cuestiones de género. Existen opiniones e investigaciones positivas respecto a la diferenciación de liderazgos, como los casos de Blázquez Villaplana (2005) o Eagly y Johnson (1990); otras negativas acerca de que exista un liderazgo propiamente femenino que permita establecer diferencias en el tipo de liderazgo atendiendo al género (Bartol y Martín, 1986; Powell, 1990), así como algunas investigaciones que se encuentran en un punto intermedio. El liderazgo político no tiene una definición clara e inequívoca; podemos considerarlo como un conjunto de características propias que hacen que una persona esté dotada de una legitimidad especial para encargarse de llevar a cabo un proyecto político determinado. Sin embargo, es un término que conjuga múltiples elementos. De esta forma, en las democracias modernas la figura del líder es una conexión para los militantes, también quien conjuga en su persona los objetivos del partido, así como una imagen icónica para los electores (Laguna, 2011: 46). El papel de los líderes no ha si no incrementado su relevancia, y por eso uno de esos grandes cambios en este sentido es el paulatino auge de la personalización de la política (Manin, 1998), entendida como “un tipo de mensaje eminentemente persuasivo, que simboliza en los atributos personales de un político su mensaje electoral, además de reforzar las nociones de poder, autoridad y liderazgo” (Orejuela, 2009: 61). Este proceso ha hecho que crezca la influencia e importancia del líder en detrimento de la figura de los partidos políticos (Laguna, 2011: 46) -a pesar de que aún son elementos importantes-, y pone el acento en su ejercicio del poder, y por tanto, en la naturaleza de su liderazgo. Podemos establecer un conjunto de actividades que distinguen dos tipos de liderazgo. Uno de ellos podríamos denominarlo como el más “clásico”, definido generalmente porque el poder era ejercido sólo por hombres con unas características bastante homogéneas y ligadas a la idea patriarcal de poder. El otro está surgiendo en las últimas décadas y tiene otras características derivadas de una forma diferente de entender el poder. Este tipo de liderazgos, en buena parte, están representadas por mujeres. Sin embargo, las investigaciones sobre liderazgo femenino son escuetas,y no se pueden trazar un conjunto de características y generalizarlas a todas las mujeres que ejercen el poder político. Una de las razones por la que la información es escasa en este tema es, lógicamente, por el hecho de que aun actualmente son muy pocas las mujeres que ejercen el poder político en las más altas instancias. 405 Por todo ello surge la pregunta ¿Es mejor un liderazgo femenino a uno masculino? La respuesta no puede ser tajante; algunos autores afirman que puede llegar a ser diferente, y en función de una sociedad u otra hará y se demandará un tipo de liderazgo u otro. Ante una sociedad hastiada por los dirigentes políticos y con la política en general, parece ser que el modelo de política arcaico y caracterizado por liderazgos masculinos podría dejar paso a otro tipo de liderazgos y otra forma de ejercer el poder. Ahora que las mujeres tienen la oportunidad de participar en la vida política de forma más importante, se abre una nueva escena en la que el cambio vendrá también de mano de estas nuevas dinámicas y experiencias. Con esta investigación por tanto se pretende no sólo entender estas nuevas dinámicas de ejercicio de poder, sino también intentar acércanos a estas nuevas realidades desde una visión feminista del poder. LIDERAZGO POLÍTICO: CONSIDERACIONES GENERALES. El liderazgo ha sido estudiado desde diferentes teorías, que han dado lugar a distintas aproximaciones o nociones básicas sobre las características de este conjunto de actividades. Una de esas aproximaciones es la que se enfoca en su vertiente política. El conjunto de características que definen el liderazgo político también ha variado a lo largo del tiempo, encontrando desde características que encuadraban al líder como un “filosofo-rey” aludiendo a la necesidad de su formación educativa, en el caso de Platón (2008) en la República, a otras como la que lleva a cabo Maquiavelo (2009) en El Príncipe, donde alude al Príncipe como líder ostentando en su persona unas características tales como carisma, astucia, inteligencia y unas notas de crueldad. Uno de los grandes teóricos sobre la forma y los tipos de ejercer el poder será Weber (2002), que establecerá como características deseables para el líder político la pasión, el sentido de la responsabilidad y la mesura, y como contrapunto advertirá de la característica negativa de la vanidad. Desde las teorías de Max Weber se han seguido estudiando y categorizando las características de los líderes; entre todos esos estudios es relevante destacar a Michels, que atribuye al liderazgo habilidades como talento, oratoria, fuerza de voluntad, solidez ideológica o bondad (Michels, 1962). Por su parte Bell (1990) definirá al líder como una persona dotada de poder y voluntad. Como se observa, existen enfoques muy diferentes que tratan de atribuir al liderazgo características propias derivadas de habilidades personales, del desarrollo de estas en las distintas circunstancias o a una serie de prácticas concretas. Dar una definición única de liderazgo sería un error, pues podría llegar a encorsetar el contenido de este trabajo; para analizar los liderazgos de forma general debemos tener en cuenta un conjunto de variables que se entrelazan, tales como: Las características personales que hacen que el líder sobresalga; características propias del entorno social, político y personal en el que se desarrolla la acción de liderazgo; los condicionamientos -como por ejemplo un momento de crisis 406 o de lucha dentro del partido-; las necesidades políticas o coyunturales que determinan cómo actuar y la capacidad de desarrollarse dentro del contexto, Delgado Fernández (2004). A esto, se le debe sumar, sobre todo en Europa, que el líder cuente con un partido que sustente la candidatura, y la presencia de los líderes en los medios de comunicación. Los medios de comunicación se articulan como agentes indispensables dentro de la sociedad de la información, pues con el mayor protagonismo del líder viene asociada la necesidad de transmitir de forma masiva su imagen y su discurso, con lo que los medios de comunicación de masas han obtenido un papel clave y preeminente en el contexto político (Deusdad, 2003: 20). Resulta llamativo el hecho de que estas características, como comentábamos, son atribuidas por norma general, a hombres que ejercen el poder: históricamente son ellos los que han estado presentes en la esfera pública y en la política, pero con la incorporación de la mujer a la vida pública, también se han incorporado otro conjunto de características. LIDERAZGO POLÍTICO FEMENINO Y LIDERAZGO POLÍTICO FEMINISTA. Como se puede comprobar, no se ha dejado de trabajar en el tema del liderazgo, sin embargo, cuando entrelazamos éste con la variable de género el resultado en mucho menos voluminoso. Es complicado trabajar en un campo donde la gran mayoría de los estudios y afirmaciones se basan en el estudio de un liderazgo propiamente masculino. Esto también se debe a la falta de referentes femeninos en el mundo de la política. La adquisición por parte de la mujer del sufragio activo y pasivo se empieza a dar, de forma generalizada, a partir de la II Guerra Mundial y aún existen países donde las mujeres no tienen derechos políticos, por ello es lógico ese vacío en cuanto a liderazgo se refiere. Para analizar el liderazgo femenino es necesario hacer un recorrido por las dificultades que las mujeres han tenido en el acceso y en la promoción de la actividad política. Un importante escollo a superar por parte de las mujeres es el hecho de que hasta hace relativamente poco tiempo se encontraban excluidas del espacio público, esto supone que la política era un área masculinizada y de difícil penetración (Vázquez, Carrasco, & Rico, 2011: 190) También nos encontramos con los obstáculos de tipo socioeconómico: las condiciones de desigualdad en este sentido de las mujeres fueron y siguen siendo muy importantes. Temas como la pobreza y la feminización de ésta, las diferentes tasas de actividad, el desempleo junto a la doble y triple jornada de trabajo, etc., no favorecen la incorporación de las mujeres en las élites políticas. Es reseñable que todos estos obstáculos, junto a las circunstancias propias de cada contexto social, suponen además una carga que podríamos denominar como “psicológica”, lo que incide directamente en la autoestima de las mujeres y en la percepción de estas sobre sus capacidades (Ramos, Barberá y Sarrió, 2003). Las mujeres para acceder a puestos políticos tienen que tener, por norma general, más méritos que los hombres y deben hacer más sacrificios personales. Además, aquellas que consiguen 407 ascender a puestos de alta responsabilidad política, aún minoritarias, se enfrentan al mismo tiempo a una mayor visibilidad y vulnerabilidad que sus análogos hombres (Ruiloba, 2013: 145). Ligado a lo anterior, existe un problema dentro del propio sistema de partidos políticos. Las mujeres tienen mucha presencia en las bases de los partidos, sin embargo, esas mujeres que están tan preparadas, no consiguen pasar a tener puestos de responsabilidad y liderazgo político. Es aquí donde conviene detenerse a reflexionar sobre la desigual estructura de oportunidades. Estas diferencias que se convierten en desigualdades, se explican de forma muy visual con la metáfora del «techo de cristal» que alude a esa dificultad «invisible», a esa frontera que provoca que las mujeres se estanquen en niveles más bajos de autoridad o que no promocionen en función de su trabajo y cualidades. Este techo no tiene un condicionante legal ni tiene una explicación a simple vista, pero supone la suma constante de situaciones discriminatorias, que acaban por impedir la realización profesional plena en cuanto a promoción laboral. Quizás una de las mejores definiciones es la dada por Morrison (1987), al afirmar que el techo de cristal es «tan sutil que se torna transparente, pero que resulta un fuerte impedimento para que las mujeres puedan moverse dentro de las jerarquías corporativas» (Morrison, 1987: 13). En la actualidad existen otros conceptos más adaptados a los nuevos escenarios, en los que la mujer está llevando a cabo su incorporación y acceso. Nos referimos a la metáfora de Eagly y Carli (2007) del «laberinto de cristal»; con esta expresión hacen referencia a que los obstáculos para que la mujer acceda a altos puestos ya no se encuentran dibujados como un techo imaginario, sino más bien es un conjunto, un laberinto en el que la mujer tiene que hacer frente a muchos más obstáculos que el hombre para acceder al mismo puesto, tiene una fácil entrada pero una complicada salida. Esto también lo podemos ver, de forma más clara, por medio de las palabras de Astelarra (1990): «Cuando las mujeres se incorporan a tareas políticas se les pide que sigan actuando como madres y amas de casa y se les encargan tareas que son semejantes a las que se realizan en el hogar, temas educativos, servicios sociales, etc., rara vez se las identifica con tareas en áreas como la defensa o las relaciones internacionales, se produce, por tanto, una asignación de sexo a las áreas sociales y a sus actividades» (Astelarra, 1990: 19). Por medio de esta afirmación, puede observarse que la segregación también está presente y es un problema difícil de sortear. En la política española, fue la ex Ministra de Defensa Carme Chacón la que abrió el camino al ocupar un ministerio tradicionalmente ocupado por hombres, y tras ella también cabe destacar a María Dolores de Cospedal, que actualmente ocupa el Ministerio de Defensa; aun así, siendo relevantes estas figuras siguen siendo excepciones y es complicado ver a una mujer en un ministerio que no esté ligado a los roles clásicos de género. Respecto a la existencia de un liderazgo femenino propio, tal y como se mencionaba en la parte introductoria, hay dos grandes posturas teóricas: Una sostiene que efectivamente existe un liderazgo diferenciado (Blázquez Villaplana, 2005) en las mujeres y que el género condiciona la manera de ejercer el poder, y la segunda, que postula que esto no existe y que las diferencias no 408 se deben tanto a género sino a otras cuestiones tales como la cultura propia de las organizaciones (Genovese, 1997). Es relevante poner de manifiesto que dentro de papel que ejercen las mujeres líderes encontramos una asimilación de los roles tradicionales, es decir, hasta hace relativamente poco los ejemplos de mujeres en las élites políticas no existían, era un mundo tradicionalmente de hombres, por lo que muchas mujeres que han llegado lo han tenido que hacer mediante los medios tradicionales, desdibujando un poco sus características propias. Hay estudios que han tratado de resaltar como característica principal de los liderazgos femeninos el consenso (Eagly y Johnson, 1990) para ello empezaron analizando la incorporación de mujeres en redes de alto nivel profesional, y cómo esta incorporación ha mejorado considerablemente la dinámica y el éxito de estas empresas introduciendo matices cooperativos y nuevas formas de comunicación. Se ha definido desde estos estudios el estilo de liderazgo femenino como: - Capacidad de delegación. - Empatía y escucha activa. - Centradas en el grupo y no solo a nivel organizativo sino cooperativo. - Ánimo de superación y perfeccionamiento. - Dentro de juego de acción intentan buscar soluciones que beneficien en conjunto. - Están implicadas en el desarrollo grupal lo que las lleva a participar en acciones, aunque no sean parte de sus funciones. Siguiendo a Blázquez Vilaplana (2005) de este conjunto de características se desprenden dos modelos, uno masculino y uno femenino: Tabla 1. Características de los dos modelos: Modelo Masculino Modelo Femenino Estilo operativo: Competitivo Estilo operativo: Cooperativo Estructura Organizativa: Jerarquía Estructura Organizativa: Equipo/Red Objetivo básico: Triunfar Objetivo básico: Calidad Estilo de solución de problemas: Racional Estilo de solución de problemas: Intuición y racional Características claves: control detallado; Estrategia operativa; actitud no emocional; razonamiento Características claves: menor control; empatía; cooperación; altos estándares de resolución. Fuente: Blázquez Vilaplana 2005 Este modelo no se presenta hermético, sino que se permiten filtraciones de un modelo a otro en función de quién ejerza el poder y sobre todo en función de sobre quién se ejerza el poder. 409 Debemos tener en cuenta que estas características que podrían considerarse como un liderazgo propio, en ocasiones priman valores asociados tradicionalmente a las mujeres, volviendo a repetirse estereotipos e imágenes prefiguradas de cómo debe ser una mujer. En este sentido, D’Adamo, García Beaudoux, Ferrari y Slavinsky (2008) plantean los estereotipos que recaen sobre las mujeres que ejercen una posición de poder dentro de la política. Ponen de manifiesto en su análisis que en las características de liderazgo femenino, pesan mucho estos estereotipos. Con esto volveríamos al círculo vicioso de los roles y estereotipos, asumiendo que una mujer que ejerza un liderazgo político será más «blanda» o tenderá a un poder más delegado. Por otra parte, existen diversos estudios que, aunque no están centrados en el liderazgo político, sí lo están en la diferenciación de liderazgo por género. El primer estudio de referencia lo llevaran a cabo Eagly y Johnson (1990), quienes realizaron un meta análisis por medio del cual se evaluaron diferentes tipos de gestión. Concluyeron con la afirmación de que las mujeres lideraban con estilos más democráticos y participativos, mientras que los hombres tenían actitudes más autocráticas que las mujeres. Así, las mujeres tendían más a una orientación a las relaciones mientras que los hombres se centraban en la relación hacia las tareas. En el estudio llevado a cabo por Cuadro, Moreno y Navas (2003), que se basa en el de Eagly y Jonhson, se afirma que dentro de los diferentes estilos de liderazgo que podemos encontrar las mujeres tienden a un liderazgo más transformacional. Este tipo de liderazgo se caracteriza por la cercanía al trabajador, el empuje y la motivación intelectual, mientras que los hombres tendían a un liderazgo más tradicional. En este caso, las conclusiones de la investigación son más tendentes a encontrar similitudes que diferencias entre las diferentes formas de ejercer el poder. Blázquez (2005) aludirá a otras características propias del liderazgo político femenino afirmando que este suele ser más social que partidista. Amparo Valcárcel (1996) afirma que existirían tres rasgos que se pueden identificar cuando las mujeres ejercen el poder, estos son: - Detentan el poder sin la completa investidura: Es decir, la percepción social y partidaria hace que el poder de una mujer se perciba como indeciso ligado esto a los roles tan marcados. - Detentan el poder sobre tres votos clásicos: pobreza, castidad y obediencia, estas características están muy ligadas a los medios de comunicación y a la imagen que se proyecta de la mujer a las que se les atribuyen consideraciones y baremos diferentes a las del hombre propiciando esto un trato muy diferenciado. - Detentan el poder asociado a las virtudes clásicas reconocidas al sexo femenino: Fidelidad y abnegación. Ligado a lo anterior se eternizan de este modo el «cómo debe ser una mujer» frente al «cómo es». Existen roles que se mantienen, pero si las mujeres han sido educadas de manera diferente, esto quiere decir que ejercerán el poder de forma diferente. Este argumento es el que mantienen los que apuestan por la diferente sociabilización y afirman que los hombres han sido educados para ejercer un poder basado en la dominación, la manipulación y el individualismo (Giddens, 1991), este conjunto de estudios sostienen que aún persisten estereotipos que influirían en el estilo de liderazgo y que provocarían que los hombres se centraran más en el control, el poder y la jerarquía y las mujeres se orientarían hacia las personas, la participación, las relaciones y la 410 capacidad para delegar. Esto propicia que las mujeres ejerzan por un lado un estilo más interactivo, y por otro propicien valores más humanistas-democráticos. Respecto al conjunto de características que pueden desarrollar las mujeres en el poder Gutierrez-Rubi (2008) afirma que tienen actitudes menos autoritarias, más dinámicas y participativas, ejercen el poder de modo que no es tan importante la fuerte jerarquización, si no el trabajo en equipo, tratan el poder de una forma menos finalista y obsesiva y más funcional e instrumental. Otro tema interesante dentro de esta revisión, es entender qué mujeres llegan al poder y cuál es su perfil, la variable sexo en este estudio es central, pero no aislada. Todo tiene su contexto y entender este contexto nos acerca más a la realidad. Barrera (2000) trata el tema de las mujeres en la élite política, afirmando que las mujeres que se encuentran en este contexto suelen tener grandes recursos, con superabundancia de medios económicos, sociales y culturales, es decir, tiene unas estructuras de apoyo muy consolidadas, y considera que ya eran «élite» antes de ser élite política. Ruiloba Núñez (2013) sigue en la misma línea que Barrera y realiza una tabla con las características de las mujeres que acceden al poder político de alto nivel. Tabla 2. Características de las mujeres que acceden al poder político de alto nivel. Son una aristocracia femenina en los círculos masculinos. Son una élite dominada en el campo político, dentro de los mecanismos que rigen los partidos, en manos de la oligarquía masculina. Son una élite aislada, entre el poder masculino y la masa femenina Son una élite discriminada por exigírseles un nivel altísimo de cualificación profesional e inputs de todo tipo. Son una élite problematizada por su tensión entre lo profesional versus lo femenino. Fuente: Rubiola Nuñez (2013) Obviamente, estas características no son aplicables a todos los casos; encontramos mujeres que se alejan de estas características como por ejemplo Michelle Bachelet, pero, aun así, podemos considerarla como una excepción. 411 Muchas veces las mujeres que ostentan un liderazgo político propio se ven imbuidas por la forma clásica de ejercer el poder, lo que impide que se libere y desprenda de sus actuaciones unas características propias generalizables a todas las mujeres. En España en concreto esto es más difícil de percibir por dos razones: primero por la escasez de mujeres en los altos cargos políticos, y segundo porque las que ejercen estos puestos están muy condicionadas por el partido al que pertenecen. Como se ha comentado a lo largo de esta investigación, en el caso del liderazgo político femenino, al no existir una muestra muy extensa, debemos acudir a los casos que se están dando actualmente o que se han dado de forma reciente y analizar si estas mujeres tienen o no un liderazgo político diferenciado. De esta forma, paralela al desarrollo expuesto, la teoría feminista también ha aportado un sustento ideológico a la incorporación de la mujer en la vida pública, a los problemas en la representación y el desigual reparto del poder y a las actuaciones que han llevado a cabo las mujeres que están o han estado en los puestos de decisión política. El feminismo se debe entender como una ideología plural y transversal a toda la vida social y política de las mujeres. Cabe apuntar por ello que no solo existe un feminismo, sino que existen diversos feminismos y corrientes con opiniones variadas y en ocasiones incluso opuestas. Quizás sea pertinente, por determinar un punto de partida entre feminismo y poder político, acudir a Kate Millet como referencia, y también al slogan «lo personal es político»3 del feminismo radical. Este slogan aunque corto, es directo y pretende incidir, entre otros, en un hecho muy relevante: las mujeres no solo deben ceñirse al ámbito público, deben de incorporarse en la vida pública y sólo de esta manera estarán realmente representadas. Betty Friedan también será referencia en el tema del poder y del acceso de las mujeres a la vida pública. Esto obviamente sólo es una breve reseña de esta implicación entre feminismo y poder; este feminismo radical se diversificó más tarde en diferentes movimientos con postulados concretos acerca del poder. El desarrollo teórico de los distintos feminismos derivó en distintas formas de entender el poder y de cómo ostentarlo; según Amy Allen (Allen 1999; 2005), existen tres modos en los que la teoría política feminista abordó el poder: el poder como recursos, el poder como dominación y el poder como empoderamiento. Dado que no existen tantas mujeres en el poder como para establecer un patrón determinado en cuanto al ejercicio del poder, debemos considerar si esta clasificación se puede aplicar a las mujeres que ejercen o han ejercido el poder político. Más adelante se tomará también como referencia dentro de la teoría del poder a Hannah Arendt, pues en sus discursos existe un sustrato feminista muy relevante. Desde esta investigación no se pretende entrar en las teorías más puras sobre el poder, pero era necesario entender que las teorías feministas se han preocupado mucho en definir el poder, y el poder es una de las partes más importantes dentro del ejercicio del liderazgo. Esta investigación trata más bien de aportar ejemplos de liderazgos políticos femeninos y entender, si estos son realmente diferentes a los liderazgos tradicionales y si tienen connotaciones de feminismos en cuanto a las iniciativas políticas. 3 Sacada del título de un artículo de Carol Hanisch, publicado en Notes from the Second Year: Women’s Liberation, en el año 1970. 412 Eagly, Alice; Carli, Linda. (2007) Through the labyrinth. The truth about how women become leaders. Boston: Harvard Bussines School Press. Genovese, Michael. (1997). Mujeres líderes en política: modelos y prospectiva. Narcea, Madrid. Giddens, Anthony (1991). Modernity and self-identity. Polity Press, Cambridge Gutiérrez Rubí, Antonio. (2008) “Políticas. Mujeres protagonistas de un poder político diferenciado”. El Cobre, Barcelona. Laguna Platero, Antonio. (2011). “Liderazgo y Comunicación: La Personalización de la Política”. Anàlisi, Quaderns de Comunicació i Cultura, 43, (45-47) Manin, Bernard. (1998). 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