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Andaluces en la Corte de Isabel II. Influencias y poder político en la Nación Liberal

Núñez García, Víctor Manuel

Abstract

La Corona y la Corte se manifiestan a mediados del s. XIX como espacios de poder informal con amplias vinculaciones e influencias sobre los poderes formales (ejecutivos, ámbito parlamentario, diplomático…). El presente artículo plantea aportar elementos de análisis para abordar esta problemática historiográfica, desde los actores históricos que actuaron y bascularon entre los difusos límites de la política formal e informal isabelina. En este caso se analizan las influencias cortesanas y su trasunto en la política nacional de actores históricos naturales de los actuales territorios de Andalucía.

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65 APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 andaluces en la corte de isabel ii. influencias y Poder Político en la nación liberal1 víctor-manuel núñez-garcía Universidad de Sevilla [email protected] RESUMEN: La Corona y la Corte se manifiestan a mediados del s. XIX como espacios de poder informal con amplias vinculaciones e influencias sobre los poderes formales (ejecutivos, ámbito parlamentario, diplomático…). El presente artículo plantea aportar elementos de análisis para abordar esta problemática historiográfica, desde los actores históricos que actuaron y bascularon entre los difusos límites de la política formal e informal isabelina. En este caso se analizan las influencias cortesanas y su trasunto en la política nacional de actores históricos naturales de los actuales territorios de Andalucía. Palabras clave: Corte – Monarquía Isabel II – redes de poder – Andalucía – grupos de presión – Liberalismo español – clientelismo político andalusians in the court of isabel ii. influences and Political Power in the liberal nation ABSTRACT: In mid-19th century Spain, the Crown and the Court were informal power spaces with broad connections and influences on formal political institutions and powers (government, diplomacy, parliament...). This article aims to provi 1 Este artículo se inscribe en el proyecto de investigación I+D+i “Corte, Monarquía y Nación liberal (1833-1885). En torno al rey la modernización política de España en el siglo XIX” [HAR2015-66532-P]. Víctor-Manuel Núñez-García es Profesor adscrito a la Unidad de Historia de la Medicina y Documentación Científica en la Universidad de Sevilla. Sus líneas de investigación se han centrado en los inicios del régimen liberal en España y América Latina, haciendo hincapié en el análisis de aspectos relacionados con la representación, la biografía política en su vertiente colectiva, las culturas políticas liberales y sus elites de poder. Recientemente está desarrollando líneas centradas en la monarquía y la nacionalización, la historia cultural de la corrupción política y la historia de la medicina. Entre sus trabajos publicados destacan Huelva en las Cortes. Elites y poder político durante la Década Moderada (1843-1854) (2007), Trafalgar. Historia y memoria de un mito (2008), Los parlamentarios de Huelva en las Cortes de Cádiz. Discursos y debates políticos (2012) o La revolución del voto en Huelva. Representación política, elecciones, partidos y sociabilidad (1810-1868) (2017). 66 APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 Víctor-Manuel Núñez-García de elements to analyze this historiographic issue from the historical actors who moved among the diffuse limits of the formal and informal politics of Isabel II’s reign. In this case, we analyze the court influences and their repercussions in the national politics of the actors from the current territories of Andalusia. Keywords: Court – Monarchy – Isabel II – Power Networks – Andalusia – lobbies – Spanish Liberalism – Spoils system Monarquía, Corte y Nación liberal La Corona, lejos de debilitarse o desaparecer, tuvo un papel preponderante en el proceso de reconfiguración del liberalismo posrevolucionario en Europa y en España2, convirtiéndose en una institución capital para la construcción del Estado-Nación durante el s. XIX3. La pérdida de poder efectivo de la Monarquía en el desarrollo del liberalismo tiene como correlato la basculación de su peso específico hacia lo simbólico representando a la unidad y la moral nacionales, en puridad asume el papel de agente de nacionalización. La etapa isabelina supuso el inicio de esta evolución, aunque de manera muy gradual, para consolidarse en plena Restauración. Este proceso también conllevaba el paso del modelo cortesano tradicional –incluyendo a personajes, camarillas y grupos de presión e influencia intermediarios y beneficiarios de las decisiones de la Corona– hacia el modelo de Estado-Nación como entidad racionalizada, institucionalizada y moderna respecto a la gestión de los asuntos públicos4. 2 Mari Cruz ROMERO MATEO y María SIERRA (coord.), La España liberal. 1833-1874, Madrid: Marcial Pons-Prensas Universitarias de zaragoza, 2014; Encarna GARCíA MONERRIS, Mónica MORENO SECO y Juan Ignacio MARCUELLO BENEDICTO (ed.), Culturas políticas monárquicas en la España liberal. Discursos, representaciones y prácticas (1808-1902), Valencia: Universidad de Valencia, 2013; ángeles LARIO, El Rey, piloto sin brújula. La Corona y el sistema político de la Restauración (1875- 1902), Madrid: UNED, 1999; íD.: “La Monarquía Constitucional: Teoría y práctica política”, en Javier Tusell et al. (ed.), La Corona en la historia de España, Madrid: UNED, 2003, p. 105-145; íD.: “La Monarquía del liberalismo a la democracia”, en ángeles Lario (coord.), Monarquía y República en la España Contemporánea, Madrid: Biblioteca Nueva, 2007, p. 35-56; Catherine BRICE, Monarchie et identité nationale en Italie (1861-1900), Paris: EHESS, 2010; Andrzej OLECHNOWICz (ed.), The Monarchy and the British Nation. 1780 to the present, Cambridge: Cambridge University Press, 2007; Pierre ROSANVALLON, La monarchie imposible, Paris: Fayard, 1994. 3 Para explorar las líneas de investigación centradas en los procesos de construcción identitarias y de vertebración de la colectividad española en clave nacionalista: José áLVAREz JUNCO, Mater Dolorosa. La idea de España en el siglo XIX, Madrid: Taurus, 2001; Justo BERAMENDI, Ramón MáIz SUáREz y Xose Manoel NÚÑEz SEIXAS (ed.), Nationalism in Europe. Past and present, Santiago de Compostela: Universidad, 1995; Javier MORENO LUzóN (coord.), Construir España: nacionalismo español y procesos de nacionalización, Madrid: CEPC, 2007; Antonio MORALES MOYA, Juan Pablo FUSI y Andrés DE BLAS GUERRERO (coord.), Historia de la nación y del nacionalismo español, Barcelona: Galaxia Gutemberg, 2013. 4 El binomio Corte y Monarquía no siempre ha interesado de la misma forma a la historiografía contemporaneista española si la comparamos con la producción internacional, sin embargo en los últimos años la revitalización de estas temáticas se ha hecho patente. Desde una perspectiva 67APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 Andaluces en la Corte de Isabel II. Influencias y poder político en la Nación Liberal Esta convivencia y evolución en el caso español se vio acompañada de una disminución progresiva de la influencia del poder informal de los grupos de presión próximos a la Monarquía, en paralelo a la propia pérdida de peso político de la Corona en el camino hacia su nuevo papel como encarnación de la Nación, aunque concretamente en el período isabelino la prerrogativa regia, es decir las atribuciones constitucionales de la institución monárquica, otorgaba un lugar central a la Corona en el sistema político e interesantes posibilidades de influencia a las redes de poder cortesanas5. La línea divisoria entre los ámbitos y manifestaciones de la política formal (instituciones, gobiernos ejecutivos, parlamentarismo, ámbito diplomático…) y de la política informal (camarillas palatinas, grupos de presión e influencia, redes de poder, redes clientelares, fraude y corrupción políticas…) se muestra visiblemente difusa durante el reinado de Isabel II, período de continuidad de grupos de poder en el entorno de la Corona, las llamadas camarillas cortesanas, como uno de los aspectos de la vida en la Corte isabelina que presentó una esencial continuidad respecto a etapas precedentes6. En efecto, la Corona y sus aledaños, en competencia o como complemento al modelo de Estado liberal, y la Corte se manifiestan a mediados del s. XIX como espacios de poder informal con ininternacional y española destacar Norbert ELIAS, La sociedad cortesana, México: FCE, 1982 [1ª ed. de 1930]; Michael BILLIG, Banal nationalism, London: Sage, 1995; íD., Talking of the Royal Family, London: Routledge, 1998; Philip MANSEL, The Eagle in Splendour. Napoleon I and his Court, London: George Philip, 1987; íD., The Court of France. 1789-1830, New York: Cambridge University Press, 1988; M. WINKELHOFER, The everyday life of the Emperor. Francis Joseph and his Imperial Court, Viena: Haymon, 2012; Richard S. WORTMAN, Scenarios of power. Myth and Ceremony in Russian Monarchy from Peter the Great to the abdication of Nicholas II, Princeton: Princeton University Press, 2006; J. DEPLOIGE y G. DENECKERE (ed.), Mystifying the Monarch. Studies on Discourse, Power and History, Amsterdam: AUP, 2006; Gijs VERSTEEGEN, Corte y Estado en la historiografía liberal. Un cambio de paradigma, Madrid: Polifemo, 2015; María Dolores SáNCHEz GONzáLEz (coord.), Corte y Monarquía en España, Madrid: UNED, 2003; José MARTíNEz MILLáN, “La sustitución del sistema cortesano por el paradigma del estado nacional en las investigaciones históricas”, Libros de la Corte 1 (2010), p. 4-16; Francisco VILLACORTA BAÑOS, “Sobre un viejo escenario: reina, corte y cortesanos en representación”, en Juan Sisinio Pérez Garzón (ed.), Isabel II. Los espejos de la reina, Madrid: Marcial Pons, 2004, p. 281-298. (especialmente p. 283-284). 5 Varias de los recientes estudios sobre Isabel II relacionan al personaje con su entorno cortesano, entre ellos Isabel BURDIEL, Isabel II. No se puede reinar inocentemente, Madrid: Espasa, 2004; íD., Isabel II. Una biografía (1830-1904), Madrid: Taurus, 2010; Jorge VILCHES, Isabel II. Imágenes de una reina, Madrid: Sílex, 2007; Emilio LA PARRA (coord.), La imagen del poder. Reyes y regentes en la España del siglo XIX, Madrid: Síntesis, 2011; Rosa GUTIÉRREz LLORET, “Isabel II, de símbolo a deshonra de España”, en Emilio La Parra (coord.), La imagen del poder…, p. 221-282; Francisco VILLACORTA BAÑOS, “Sobre un viejo…”, p. 281-298. Otras biografías clásicas y recientes sobre la Reina: Carmen LLORCA, Isabel II y su tiempo, Madrid: Itsmo, 1984; Juan Sisinio PÉREz GARzóN (ed.), Isabel II. Los espejos de la reina, Madrid: Marcial Pons, 2004; José Luis COMELLAS, Isabel II. Una reina y un reinado, Barcelona: Ariel, 1999; Germán RUEDA, Isabel II, Madrid: Arlanza Ediciones, 2001. 6 Isabel BURDIEL, Isabel II. No se puede…, p. 295-379; Francisco VILLACORTA BAÑOS, “Sobre un viejo…”, p. 281-298. (especialmente pp. 283-284). 68 APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 Víctor-Manuel Núñez-García fluencias sobre los poderes formales, más allá de episodios concretos y períodos de colaboración, de diálogo cotidiano, usufructo mutuo o de contraposición7. Lo que aquí se plantea es un análisis transversal, desde elementos metodológicos procedentes de la historia política y la historia cultural, de la Corte isabelina en torno a tres elementos: en primer lugar, las imbricaciones de los poderes informales (la Corte y sus redes de poder8) y los ámbitos políticos formales institucionalizados, a través de una selección de actores históricos cuyo nexo común es su procedencia andaluza, su inclusión en redes de poder cortesanas y su papel central en las agrupaciones políticas liberales, a excepción de Miguel Tenorio de Castilla. En segundo lugar, se propone una primera mirada hacia el cargo de secretario particular (puesto de naturaleza privada e informal) a través de un estudio de caso, el mencionado Tenorio, quien ocupó este puesto al servicio directo de Isabel II entre 1859 y 1865. En tercer y último lugar, se abordará brevemente la dimensión territorial de las influencias cortesanas desde el punto de vista de la política institucionalizada, los aspectos territoriales a la hora de desplegar los significados simbólicos de la monarquía isabelina o la cuestión de las incompatibilidades en relación al ámbito cortesano. En definitiva, este estudio se articula como un primer abordaje genérico desde el que desarrollar en próximas aportaciones ejercicios analíticos que pongan en relación la influencia desplegada desde la Corte, la dimensión territorial de dicha influencia y sus diversas manifestaciones: consolidación de liderazgos clientelares, bastiones electorales, la representación del poder simbólico, beneficios colectivos y privados en el territorio en base a las influencias cortesanas, fomento de líneas de negocio e incluso el desarrollo de estrategias y actividades corruptoras desde la imbricación de los poderes centrales y los de la periferia territorial. Todo en un período histórico en el que la Monarquía y la Corte coinciden con la creación del moderno concepto de representación política y de una esfera pública propia de la sociedad liberal. Poderes formales e informales. Entre la Corte y la política institucionalizada Apuntar el protagonismo de Andalucía y los actores políticos de dicha procedencia en la España liberal es un lugar común ya clásico para la historio- 7 Como caso ejemplificador de esas contraposiciones se podrían destacar los esfuerzos de un sector del Partido Moderado para que el “gobierno largo” de Narváez resistiese los envites de las intrigas procedentes del entorno de la Corona en su contra durante 1851. Isabel BURDIEL, Isabel II. No se puede…, p. 364; Isabel BURDIEL, Isabel II. Una biografía… 8 Véanse desde una perspectiva amplia las interesantes aportaciones del reciente monográfico de la revista Ayer (nº 105) dedicado a “Las redes de poder en el Mundo Contemporáneo”. 69APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 Andaluces en la Corte de Isabel II. Influencias y poder político en la Nación Liberal grafía contemporaneista9. Al margen de planteamientos localistas y de líneas analíticas epidérmicas, parece claro que su peso cuantitativo es significativo, así entre 1833 y 1868 llegaron a formarse 22 gobiernos ejecutivos con un político de origen andaluz en la presidencia del Consejo de Ministros, tanto de carácter interino y breve como los presididos por Istúriz en el verano de 1836 o por el Duque de Rivas en julio de 1854, como de los más estables y sólidos, el “gobierno largo” de Narváez en la Década Moderada es un óptimo ejemplo10. Cea Bermúdez, Martínez de la Rosa, Mendizábal, Istúriz, González Bravo, Narváez, Pacheco o Sartorius forman parte de esta nómina de presidentes, desde posiciones ideológicas diversas pero ocupando un lugar central en el desarrollo de la política española del reinado isabelino en determinadas etapas11. Por otra parte, según lo tipificado en las leyes electorales más importantes de la época –la progresista de 1837, la moderada de 1846 y la unionista de 1865– a las 8 provincias les correspondían 70, 68 y 67 diputados a Cortes respectivamente, lo que suponía unos porcentajes del 18´6%, 19´4% y el 19% del total de la representación en el Congreso de los Diputados12. Cifras que apuntalan este peso político en el ámbito parlamentario, aunque también matizable por el desarrollo demográfico de la región o los intereses políticos a la hora de diseñar circunscripciones13. Por otra parte, respecto al ámbito de la Corte isabelina, el estudio que aporta Raquel Sánchez al presente monográfico muestra una presencia mayoritaria de personajes de procedencia andaluza en el grupo de los gentilhombres de Cámara durante el período 1833-188514. 9 José Manuel CUENCA y Soledad MIRANDA, El poder y sus hombres. ¿Por quienes hemos sido gobernados los españoles? (1705-1998), Madrid: Actas, 1998. Una síntesis de la época isabelina en clave andaluza en Diego CARO CANCELA, “Hacer política en la Andalucía de Isabel II: elites y pueblo (1844-1868)”, Ayer 85 (2010), p. 49-72. 10 En este sentido igualmente los territorios andaluces y especialmente sus capitales de provincia tuvieron un papel visible en diversos episodios insurreccionales y revolucionarios (1836, 1840, 1843, 1854 o 1868). Antonio MOLINER PRADA, Revolución burguesa y movimiento juntero en España, Lérida: Milenio, 1997. O en el desarrollo de incipientes movimientos sociales como el caso de Loja: Guy THOMSON, El nacimiento de la política moderna en España. Democracia, asociación y revolución, 1854- 1875, Granada: Comares, 2014. 11 José Ramón URQUIJO GOITIA, Gobiernos y ministros españoles (1808-2002), Madrid: CSIC, 2001, p. 35-63. Para recorrer la biografía política de estos personajes Mikel URQUIJO GOITIA (dir.), Diccionario Biográfico de los Parlamentarios Españoles. 1820-1854, Madrid: Cortes Generales, 2012; Diego CARO CANCELA (dir.), Diccionario Biográfico de los Parlamentarios de Andalucía. 1810-1869, 2 vols., Sevilla: Centro de Estudios Andaluces, 2010. 12 Manuel ESTRADA SáNCHEz, El significado político de la legislación electoral en la España de Isabel II, Santander: UC, 1999, p. 94-134. 13 María SIERRA, María Antonia PEÑA y Rafael zURITA, Elegidos y elegibles. La representación parlamentaria en la cultura del liberalismo, Madrid: Marcial Pons, 2010. 14 Ver el artículo de Raquel Sánchez “Viejas prácticas y nuevos actores: las gentileshombres de Palacio y la política informal en torno al monarca” inserto en el presente monográfico. 70 APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 Víctor-Manuel Núñez-García Estos datos igualmente pueden complementarse desde una perspectiva cualitativa, al argumentarse el protagonismo político de ciertos personajes andaluces durante las décadas centrales del XIX dentro de redes de poder, así como en el seno de las agrupaciones políticas liberales y sus fracciones, posiblemente uno de los casos más paradigmáticos sea el del general Narváez. Esto no tenía por qué significar que se implementasen necesariamente dinámicas territoriales en las líneas de acción política formales e informales. Aún con arraigo en el territorio andaluz15, una parte visible de los líderes políticos más importantes del momento se establece permanentemente en Madrid durante una buena parte de sus trayectos biográficos (Istúriz, Cortina, Sartorius, Narváez…); otros mantendrán la residencia principal en sus lugares de origen para viajar regularmente a una capital en la que gestionar ciertos asuntos, asistir a las sesiones de las Cámaras o establecer contactos políticos en otro tipo de ámbitos de sociabilidad elitista como la Corte isabelina; en este segundo grupo ya no se encuadrarían tantos políticos de primera fila. En ambos casos habría que analizar con cautela el peso de la dimensión territorial de sus influencias políticas y especialmente los diversos grados de influencia, fases de colaboración mutua, de enfrentamiento de intereses y de penetración en la Corte, desde el trampolín que les proporcionaba sus óptimas posiciones dentro de las elites políticas liberales. Las referencias a las influencias y presiones del entorno de la Corona, las camarillas palatinas o las redes de poder cortesanas a la hora de provocar crisis ministeriales, la caída de ejecutivos o la supresión de Cortes –para convocar nuevas elecciones y fabricar una Cámara Baja acorde con el nuevo rumbo político que se pretendía promocionar– se manifiestan como una constante en el análisis historiográfico del s. XIX español y en sus visiones coetáneas16. Las redes cortesanas se despliegan como espacios irregulares, informales, discontinuos, con una racionalidad en constante evolución, que ofrece a los actores individuales márgenes de acción en los que caben estrategias personales o co- 15 Cotta y Best enriquecen el análisis del dato prosopográfico de la adscripción a un territorio a través del nacimiento con el concepto de arraigo. Arraigo profesional, político, económico y patrimonial o a escala de influencias que en la práctica adquiere un mayor peso específico explicativo que la mera naturaleza. H. BEST y M. COTTA (ed.), Parlamentary Representatives in Europe 1848-2000. Legislative Recruitment and Carees in eleven European Countries, Oxford: OUP, 2000; M. COTTA y H. BEST, Democratic Representation in Europe. Diversity, Change and Convergence, Oxford: OUP, 2000. 16 Episodios recogidos en obras de muy diverso carácter y objetivos, apoyadas en los ricos testimonios coetáneos o los escritos ego-referencias de actores históricos implicados: Isabel BURDIEL, Una biografía…; Natividad ARAQUE, Las elecciones en el reinado de Isabel II: la Cámara Baja, Madrid: Congreso de los Diputados, 2008; Josep FONTANA, La época del liberalismo, Barcelona-Madrid: Crítica-Marcial Pons, 2007. Entre las narraciones coetáneas se seleccionan Marqués de MIRAFLORES, Memorias del reinado de Isabel II, 3 vols., Madrid: BAE, 1964; Antonio ALCALá GALIANO, Recuerdos de un anciano, Madrid: Imp. Central V. Sáiz, 1978; íD., Memorias, 3 vols., Madrid: Imp. Rubiños, 1886; Ramón de SANTILLáN, Memorias (1808-1856), Madrid: Tecnos, 1996. 71APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 Andaluces en la Corte de Isabel II. Influencias y poder político en la Nación Liberal lectivas17. El carácter informal de las relaciones de redes como las cortesanas, en términos relacionales entre elites en las que se superponen grupos de poder procedentes de la aristocracia tradicional y las nuevas elites liberales propias del s. XIX, y la naturaleza multidimensional de estas relaciones (parentesco en sentido amplio, patronazgo y clientela, amistad, sociabilidad, política…) otorgan un plus de complejidad a este tipo de análisis dependientes necesariamente de fuentes como correspondencia y escritos ego-referenciales, abriendo a su vez el campo abonado a la complementariedad de perspectivas analíticas procedentes de la historia cultural, la antropología o la sociología18. La identificación y el establecimiento de cronologías precisas en torno a las redes de poder informal en la Corte isabelina es igualmente un ejercicio complejo, por su propia evolución o por las imbricaciones relacionales entre las mismas. Con frecuencia se ha puesto el acento en la importante red liderada por la Reina Madre y Fernando Muñoz19, visiblemente activa e influyente tanto en períodos de presencia efectiva del binomio María Cristina-Muñoz en Madrid como desde París, para Burdiel el grupo de presión más influyente durante el reinado, perjudicado parcialmente eso sí por períodos de mayor independencia de Isabel II respecto a la influencia de su madre20. En dicha red confluyen poder e influencia política, negocio económico (muy lucrativo y de dudosa moralidad) y una apuesta decidida por el liberalismo conservador vinculada al Partido Moderado21. Igualmente, destacan las redes constituidas por los entornos inmediatos y de confianza de la Reina22 y del Rey consorte, los “amigos políticos” con influencia cortesana de Narváez (vinculado con los altibajos y la coyunturalidad propia de la época a la red de los Riánsares) y de 17 La definición y delimitación metodológica de estas redes en Juan PRO, “Socios, amigos y compadres: camarillas y redes personales en la sociedad liberal”, en Familias, poderosos y oligarquía, Murcia: Universidad, 2001, p. 153-173 (especialmente 155-157). 18 Pilar Toboso en su presentación del ya mencionado monográfico de Ayer sobre redes de poder apunta tanto las dificultades –fundamentalmente respecto a lo fragmentario de las fuentes o a la polivalencia del propio concepto de red– como las fortalezas de este tipo de enfoque –por su utilidad a la hora de analizar la complejidad de las relaciones humanas. Pilar TOBOSO SáNCHEz, “Presentación. Las redes de poder en el mundo contemporáneo”, Ayer 105 (2017), p. 13-14. 19 La formación de esta red se describe de manera precisa por Isabel BURDIEL, Isabel II. No se puede…, p. 345-351. 20 Por ejemplo en la formación del ejecutivo puritano liderado por J. F. Pacheco, donde la Reina contrariamente a los deseos de la Reina Madre sigue las pautas marcadas por el general Serrano. Isabel BURDIEL, Isabel II. No se puede…, p. 295-334. 21 La reconstrucción de esta red vinculando sus líneas relacionales y sus actividades económicas en Juan PRO, “Poder político y poder económico en el Madrid de los moderados (1844-1854)”, Ayer 66 (2007), p. 27-55. 22 Burdiel argumenta para la primera etapa del reinado la ausencia de una camarilla propia por parte de Isabel II, sin capacidad para atesorar un grupo propio, personal e intransferible de lealtades, como sí pudieron formar de manera muy sólida las redes de la Reina Madre y Fernando Muñoz y la del Rey consorte. Isabel BURDIEL, Isabel II. No se puede…, p. 356-357. 72 APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 Víctor-Manuel Núñez-García O´Donnell, o el grupo cortesano clerical, conocido como “ultramontano” a finales del reinado por su antiliberalismo, sus inclinaciones conservadoras y autoritarias, donde curas, confesores y monjas con una notable presencia en la Corte adquieren una gran influencia en círculos cercanos a Isabel II y Francisco de Asís. Dentro del marco de las redes de poder cortesanas, y enfocado desde la imbricación entre los poderes formales e informales, se presenta a continuación un primer acercamiento analítico a un reducido grupo de componentes de las elites políticas liberales de origen andaluz: Narváez, Istúriz, Cortina, Sartorius y Salamanca. Aparte de Miguel Tenorio, en este caso desde su cargo de secretario particular de Isabel II aunque con un papel en la política partidista muy secundario. Los criterios de inclusión de esta cata transversal, dentro de la amplia cosmovisión de las influencias cortesanas de la época, se basan en las conexiones relacionales entre estos personajes al adscribirse en algún momento de sus trayectorias a la misma red de poder, la liderada por los Riánsares; en su adscripción mayoritaria al liberalismo conservador –a excepción de Manuel Cortina– y como consecuencia directa en la visible influencia que llegan a ejercer en diferentes segmentos de la Década Moderada; y, por último, en su diversidad de perfiles y procedencias socio-profesionales –militares, abogados, banqueros y especuladores, políticos y propietarios todos ellos– como muestra de las propias necesidades de articulación práctica de las redes de poder, e instantánea a pequeña escala de este interesante dato prosopográfico que define en cierta medida una parte de los perfiles sociológicos de la elite política liberal y, por qué no, de la Corte isabelina. Lógicamente las ausencias son visibles y notables, desde Francisco Serrano, cuya relación personal con una joven Isabel II influyó ostensiblemente en la política de la época, el mismo Antonio Alcalá Galiano, el marqués de Roncali, el duque de Rivas o sagas familiares como la de los Armeros, Martín Belda, Benavides u otros personajes relevantes –González Bravo, Pacheco o Ríos Rosas–, hasta finalizar con un inevitable etcétera. El análisis de la presencia e influencias en la Corte isabelina de las elites políticas liberales andaluzas en sentido amplio durante las décadas centrales del s. XIX sobrepasa los objetivos de este artículo, es más, posiblemente sea un tema que deba ser tratado desde una perspectiva amplia en una monografía. Francisco J. de Istúriz y Ramón M. Narváez, actores centrales dentro de las distintas fracciones políticas adscritas al moderantismo en el reinado isabelino a la par que antagonistas políticos y personales, ejemplifican las relaciones entre los ámbitos de la política formal e informal de la época por su amplia presencia en la política institucionalizada liberal y por su grado de penetración en la Corte isabelina, además de por su relación con la Reina Madre y su entorno político, del que formaron parte. 73APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 Andaluces en la Corte de Isabel II. Influencias y poder político en la Nación Liberal El relato historiográfico en torno a la figura de Narváez perfila un actor histórico con relaciones tensas y complejas en la Corte. Sus modos bruscos, alejados de los cánones diplomáticos de la época, y su autoritarismo cuartelario hacen del general una persona escasamente apreciada en la Corte y abiertamente enfrentada a importantes grupos como el del Rey consorte y su entorno de confianza23; a su vez, él mismo tenía una actitud muy recelosa frente a los grupos cortesanos a los que siempre intentó controlar24. Para Narváez como para el Partido Moderado la Corona era el elemento central en el modelo de Estado que el moderantismo construye entre 1844 y 1854, en los debates parlamentarios sobre la declaración de la mayoría de Edad de Isabel II o de reforma de la Constitución de 1837 justificaba su papel en “el carácter monárquico de los españoles25”; mostrándose partidario de eliminar en el que sería el texto constitucional de 1845 aquellas cortapisas que “mengüen la dignidad del Rey” argumentando que los líderes políticos tenían “la sagrada obligación de procurar por todos los medios que haya un perfecto acuerdo entre el Monarca y los elegidos por la Nación26”. En esta relación ciertamente desigual Narváez, tanto en etapas de dominio político incontestado (1844-1851) como en otras de menor solidez de su posición (1856-1868), siempre trató de contar con el favor de la Reina y mostrarse independiente a las presiones cortesanas. Tras el Bienio Progresista y en una etapa de reparto del poder entre moderados y unionistas, su concepción del sistema constitucional evolucionó hacia la redefinición de una política en la que el ejecutivo contase con una mayor independencia respecto al poder de la Reina (y la Corte)27, en definitiva, estas diferencias políticas mostraban una coyuntural disfunción entre los poderes formales e informales. Por otra parte, para Isabel II el entorno cortesano y, especialmente, para la red de poder liderada por Fernando Muñoz y la Reina Madre, Narváez era la única personalidad que garantizaba el orden y la supervivencia de Isabel en el trono; lo necesitaban momentáneamente, pero era temido y detestado en la Corte isabelina donde se 23 Interesantes síntesis biográficas en Juan PRO, “Narváez. El espadón en la capital del Estado”, en Valentina Fernández Vargas (coord.), El Madrid militar. El ejército en Madrid y su territorio (1813-1931), vol. 2, Madrid: Ministerio de Defensa, 2006, p. 323-366; “Ramón María Narváez”, en Mikel Urquijo Goitia (dir.), Diccionario… Aparte de obras monográficas sobre el personaje como Jesús PABóN, Narváez y su época, Madrid: Espasa-Calpe, 1983; o la completa biografía de Manuel SALCEDO OLID, Ramón María Narváez (1799-1868), Madrid: Homo Legens, 2012. Recientemente aunque no es una biografía al uso Guy THOMSON, El nacimiento… 24 Su desconfianza era tal que en 1847 ordenó que la policía elaborase informes minuciosos de la totalidad de la servidumbre interior de la Reina. Fernando FERNáNDEz DE CóRDOBA, Mis memorias íntimas, vol. 2, Madrid: Valeció, 2007, p. 283. Cit. en el artículo de David SAN NARCISO de este monográfico. 25 Diario de Sesiones del Senado [DSS], 7-11-1843, p. 83 (discurso completo en p. 83-84). 26 Diario de Sesiones de Cortes [DSC], 29-11-1844, p. 734. 27 Juan PRO, “Narváez. El espadón…” 80 APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 Víctor-Manuel Núñez-García Contaron con secretarios particulares durante el siglo XIX Fernando VII (Antonio Moreno), María Cristina de Borbón (Juan Dusmet, José del Castillo y Ayensa o Antonio María Rubio53), Isabel II (entre otros Juan Donoso Cortés, ángel Juan álvarez, Ventura de la Vega, Miguel Tenorio, Ramiro de la Puente, Martín Belda Mencía o ángel Vallejo Miranda54), el Rey consorte Francisco de Asís (Antonio Ramos de Meneses55, Manuel Rosales, Manuel Rosales y Godoy, Juan José González o Ambrosio Moreno56), Alfonso XII (Guillermo Morphy y Ferriz57), María Cristina de Habsburgo y Alfonso XIII (Morphy, Alfonso de Aguilar y Pereira, Patricio Aguirre de Tejada y Emilio María de las Torres Arnao58). Más allá de este somero recorrido nominal, el análisis más pormenorizado de la naturaleza y del uso de este puesto por sus titulares nos puede proporcionar claves explicativas complementarias sobre la dinámica de la actividad de Palacio y sobre el papel e influencias que estos personajes pudiesen llegar a ejercer en las redes de poder informal de la Corte59. Regresando a Tenorio, al ejercicio de un cargo como la secretaría particular caracterizado por la opacidad durante la época isabelina, al margen de las normativas de Palacio y extraordinariamente cercano a la Reina con quien despachaba a diario y que generaba ciertas tensiones políticas en los líderes de los partidos liberales, en su caso se añade la dimensión pública que oficialmente adquirió el hecho de que fuese considerado el “favorito” de la Reina desde finales de los 50 hasta mediados de los 60. En efecto, la primera cuestión que suele destacarse se refiere a la hipotética relación íntima que le unía a Isabel II entre la última fase de la década de los 50 y hasta mediados de los 60. Tanto Burdiel como Villacorta, siguiendo el estudio de Carmen Llorca, destacan que la época de privanza de la Reina por Miguel Tenorio pareció reforzar un modo de vida más sosegado y burgués, lo que suponía la relación más madura que había disfrutado Isabel II hasta el momento, aunque como apunta Burdiel la obra de Llorca no aporta fuentes que den solidez a esta afirmación60. 53 AGP, Personal, Caja 16862, exp. 18; Personal, Caja 16775, exp. 25; AGP, Personal, Caja 924, exp. 39. 54 AGP, Personal, Caja 16858, exp. 26; AGP, Personal, Caja 1075, exp. 23; AGP, Personal, Caja 7306, exp. 11; AGP, Reinado Alfonso XII, Caja 25019, exp. 2 y 8; AGP, Personal, Caja 111, exp. 18; AGP, Personal, Caja 1065, exp. 52. 55 AGP, Personal, Caja 2709, exp. 67. Se le conceden ciertos honores por parte de la Casa Real: AGP. Reinado de Isabel II, Caja 25026, exp. 3. Este personaje es abordado en Germán RUEDA, Isabel II…, p. 252 y s. 56 AGP, Personal, Caja 21069, exp. 29; AGP, Personal, Caja 921, exp. 1; AGP, Personal, Caja 457, exp. 15; AGP, Personal, Caja 712, exp. 19. 57 AGP, Personal, Caja 921, exp. 01. 58 AGP, Personal, Caja 7921, exp. 34; AGP, Personal, Caja 24, exp. 8; AGP, Personal, Caja 1040, exp. 4. 59 Los expedientes personales del Archivo General de Palacio presentan un carácter heterogéneo y con visibles potencialidades informativas, ya que no sólo contienen la documentación referida a nombramientos, bajas y hojas de servicio dentro de la Casa Real, sino que también pueden contener informes, correspondencia y otro tipo de documentos de indudable interés. 60 Isabel BURDIEL, Isabel II. Una biografía…, p. 620-622; Francisco VILLACORTA BAÑOS, “Sobre un viejo…”, p. 288. 81APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 Andaluces en la Corte de Isabel II. Influencias y poder político en la Nación Liberal El general Serrano, el marqués de Bedmar, Ruiz de Arana, Puigmoltó, Tenorio, Carlos Marfori –sobrino político de Narváez–, Ramiro de la Fuente y otros nombres han sido vinculados a Isabel II, pero la cuestión de estas supuestas relaciones extramatrimoniales presenta una cierta complejidad historiográfica. Al igual que las camarillas de Palacio o el cargo de secretario particular, el universo de los amantes de Isabel II es un ámbito, en principio, opaco por la falta de información fidedigna permitiendo al mito sobrevivir y amplificarse. La literatura producida sobre esta cuestión, tanto coetánea como reciente, ha sido amplia y con diversidad de contenidos e intereses, aunque respecto a estas motivaciones resulta de mayor interés el tratamiento coetáneo del asunto. La cuestión de la meticulosa privacidad de las posibles fuentes de información, en referencia a la correspondencia privada de Isabel II con sus “favoritos”, ya se señala por parte de Burdiel, y coincidiendo con esta autora el interés fundamental debe centrarse en el análisis de las implicaciones políticas de los persistentes rumores acerca de estas relaciones y el impacto que ello tuvo en la forma de representar públicamente a Isabel II. El ámbito privado y el público se superponían fabricando una representación de la imagen y del prestigio de la Monarquía de la época con implicaciones políticas61. El periódico El Correo Nacional sobre la conocida “cuestión de Palacio” (1847), con la relación entre la Reina y el general Serrano de trasfondo, publicaba: “La cuestión de palacio no ha sido nunca esencialmente, ni es en el día otra cosa, que una cuestión de poder62”. En este caso y en otros durante el reinado serán los propios moderados en sus intentos de imponer su autoridad sobre la Corte y de controlar a la Corona de forma exclusiva los que utilizaron como munición política los escándalos de Palacio, aireándolos e instrumentalizándolos de manera partidista63, como también hizo la oposición en el exilio respecto a la relación con Carlos Marfori en la etapa final del reinado isabelino64. La rumorología, amplificada en su dimensión privada y pública, se extendía de la Corte a los salones y tertulias madrileños, a la prensa, a las hojas volantes y al teatro, El propio Miguel Tenorio tildó a sociedad madrileña de la época como “la sociedad más irreverente y murmuradora del mundo65”. La degradación progresiva de la imagen pública de Isabel II tuvo una evolución ascendente hasta culminar al final del reinado en la etapa como favorito de Carlos Marfori, posiblemente junto a la del general Serrano –por evidentes im- 61 Isabel BURDIEL, Isabel II. No se puede…, p. 356-362. 62 El Correo Nacional, 8-8-1847. Cit. en Isabel BURDIEL, Isabel II. No se puede…, p. 310. 63 Burdiel en sus dos monografías sobre Isabel II nos detalla cómo los corresponsales e informantes del duque del Riánsares lo mantienen al corriente de todo lo acontecido en Palacio con detalle, todos ellos vinculados al moderantismo. Isabel BURDIEL, Isabel II. No se puede…; íD., Isabel II. Una biografía… 64 Isabel BURDIEL, Isabel II. Una biografía…, p. 792 y s. 65 AGP, Personal, Caja 7306, exp. 11. Cit. en Isabel BURDIEL, Isabel II. Una biografía…, p. 620-622. 82 APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 Víctor-Manuel Núñez-García plicaciones políticas– la relación más publicitada de la Reina. En este sentido se produjeron ciertos esfuerzos políticos para tratar de controlar esta situación, en septiembre de 1847 por ejemplo se publicó una Real Orden donde se prohibía “la impresión y publicación de todo escrito en que se trate de la vida privada de S.M. La Reina nuestra Señora, o de su matrimonio, o de su augusto Real consorte”, bajo sanciones de supresión de periódico y multa de 60.000 reales, todo ello justificado en función de que “se ha hecho cuestión de sucesos que no pertenecen al dominio público, convirtiéndolos en armas de partido66”. Dichos esfuerzos, aparte de esporádicos, surtieron escaso efecto sobre todo en una clase política liberal que instrumentalizó el uso de la rumorología sobre la Reina como un ingrediente más en las pugnas políticas de la época. La espinosa “cuestión de Palacio”, es decir, la existencia de favoritos tanto por parte de la Reina como por parte del Rey consorte –fundamentalmente su secretario particular Meneses– y el aprovechamiento político del asunto, siempre se mantendrá como una amenaza constante a la imagen y posición de Isabel II durante su reinado, eso sí con etapas de mayor tolerancia y silencios y otras en cambio de mayor beligerancia. En definitiva, la evolución de la imagen de Isabel II constituye un exponente del retroceso de los valores políticos y morales de la aristocracia en España –lo viejo– frente al creciente peso igualmente moral y político de unas clases medias –lo nuevo– que deseaban una Reina constitucional y, simultáneamente, una mujer que encajase en las virtudes del ideal doméstico de la feminidad burguesa67. Este tipo de cuestiones debe analizarse desde perspectivas metodológicas alternativas, profundizar en el estudio de las dimensiones e imbricaciones entre lo privado y lo público en un caso como el de Isabel II puede complementarse desde la influencia de lo emocional y desde la historia de las emociones, sin lugar a dudas una de las aportaciones historiográficas más prometedoras de los últimos tiempos68. Tras la “cuestión de Palacio” de 184769, donde desde el ámbito privado la Corona estuvo a punto de desequilibrar el orden de fuerzas políticas establecido y diseñado por los moderados –por la intromisión en sus planes de la ascendencia del general Serrano sobre Isabel II–, los siguientes “favoritos” de la Reina tuvieron un perfil más inocuo políticamente hablando, todos ellos procedentes del círculo moderado de la Corte. Miguel Tenorio se encuadra dentro 66 Gaceta de Madrid, 4-9-1847. 67 Resulta igualmente de interés el análisis comparativo de dos modelos coetáneos contrapuestos: Isabel II y la reina Victoria de Inglaterra. Isabel BURDIEL, “Isabel II: Un perfil inacabado”, Ayer 29 (1998), p. 187-216. 68 Luisa Elena DELGADO, Pura FERNáNDEz y Jo LABANJI (ed.), Engaging the emotions in Spanish Culture and History, London: Vanderbilt University Press, 2016; María SIERRA, “Entre emociones y política: la historia cruzada de la virilidad romántica”, Rúbrica Contemporánea 4-7 (2015), p. 11-25. 69 Véase Isabel BURDIEL, Isabel II. No se puede…, p. 295-334. 83APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 Andaluces en la Corte de Isabel II. Influencias y poder político en la Nación Liberal de este perfil más discreto y cercano al moderantismo, su llegada a Madrid en 1854 y su nombramiento en marzo de ese mismo año como gentilhombre de cámara de la Reina, le abrió las puertas de un nuevo ámbito de poder, la Corte isabelina, llegando a los aledaños del círculo más íntimo de los reyes. Aunque desde su nombramiento en abril de 1859 a través de una Real Orden como secretario particular de la Reina70, comenzó a despertar los recelos del entonces presidente del Consejo de Ministros Leopoldo O´Donnell, como una nueva competencia en sus esfuerzos por ganar la confianza de Palacio. Desde este cargo acumuló un grado de influencia política que ninguno de los favoritos anteriores, caso aparte Serrano, había logrado71, a ello se le añade su cercanía ideológica a la facción política moderada liderada por Luis González Bravo72. Esta nueva supuesta relación de Isabel II con Miguel Tenorio presentó la particularidad de su duración y del poder e influencia privilegiada que acumuló como secretario particular de la Reina. De entre los habituales cargos de Palacio (jefes de la casa real, mayordomos, gentilhombres, ayudas de cámara, guardia de corps, camareras mayores…) los secretarios particulares del Rey consorte –Meneses en esta época– y de la Reina adquirieron una cierta visibilidad política. Se podría decir que este cargo en sí es una muestra más de las pugnas y resistencias entre los elementos de la Corte tradicional y los nuevos y emergentes poderes vinculados al Estado liberal. Como apunta Burdiel, este era un cargo de pura designación regia, ajeno al control y a la fiscalización parlamentaria que tanto en España como en el resto de monarquías europeas causaba una profunda ansiedad entre políticos y la opinión pública liberal. El binomio entre la influencia personal sobre la Reina y el carácter del cargo agudizaban esa ansiedad política suscitada por una posición de poder secreta, escondida e incontrolable73. Un nuevo ingrediente fue el uso abiertamente partidista del cargo favorable a las tesis moderadas, lo que hacía acrecentar el recelo desde las filas del ejecutivo unionista. A finales de mayo de 1859 los corresponsales del duque de Riánsares apuntaban que la labor de Tenorio no caía en saco roto, en un período en el que coyunturalmente se vislumbró la posibilidad de prescindir de O´Donnell en el gobierno74, lo cual perfila su cercanía en esta etapa a una de las redes de poder cortesana más importante y activa en el reinado isabelino. Años más tarde, cuando se planteaba el Decreto de disolución de Cortes de 70 AGP, Personal, Caja 7306, exp. 11; AS, Expediente Personal, HIS-0461-04. 71 Carmen LLORCA, Isabel II…, p. 178-182. 72 Isabel BURDIEL, Isabel II. Una biografía…, p. 620-622. 73 Ibidem. Las normativas de Palacio ya mencionadas sobre la secretaría particular de época de Amadeo de Saboya y de Alfonso XII aunque en un nuevo marco reglamentista mantienen elementos procedentes del carácter privado del cargo. “Ordenanza de la Real Casa y Patrimonio” (1972). AGP, Administración General, leg. 942; AGP, Personal, Caja 28079. 74 Isabel BURDIEL, Isabel II. Una biografía…, p. 621-622; Carmen LLORCA, Isabel II…, p. 178-182. 84 APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 Víctor-Manuel Núñez-García 1863 y en una posición política de debilidad para O´Donnell y su ejecutivo, éste tuvo que sufrir la humillación de que alguien a quién siempre había tratado con sumo desprecio, el secretario particular de Isabel II (Tenorio), le dijese abiertamente que la Reina deseaba su renuncia75. Transcurridas las elecciones a Cortes de 1864 con una amplia victoria moderada76, incluido el escaño parlamentario de Miguel Tenorio en el distrito de Aracena (provincia de Huelva)77, las últimas jornadas de ese año asistieron a un nuevo episodio en el pulso y las diatribas entre la Corona y la Corte frente a la clase política liberal en el ejercicio de la formación de un nuevo gobierno. Desde el periódico unionista El Diario Español el articulista Juan de Lorenzana resta importancia a la supuesta influencia y al currículum político de Miguel Tenorio, aunque parece argumentar que el apoyo recibido por Narváez desde el secretario no fue finalmente recompensado: “El Sr. Tenorio no ha tenido ni podido tener parte en la formación del Gabinete que hoy preside el señor duque de Valencia. Porque, ¿cómo ni cuándo, ni por qué medios ni con qué títulos, había de intervenir el Sr. Tenorio, para nada, en la realización de uno de los actos más importantes de la prerrogativa regia? El Sr. Tenorio no es ni ha sido presidente ni vicepresidente de ninguna de las dos Cámaras, ni candidato siquiera a estas posiciones; no es jefe de ningún partido político: no ha dirigido ni acaudillado jamás ninguna mayoría, ni minoría, ni fracción alguna en ninguno de los Cuerpos Colegisladores”. (…) “El Sr. Tenorio, pues, racionalmente pensando y lógicamente discurriendo, debe asegurarse que no ha sido autor de la situación política que atravesamos. Todo esto es cier- to, ciertísimo; pero no lo es menos, y la conciencia pública así lo estima, que el Sr. Tenorio venía desde hace mucho tiempo dirigiendo votos al cielo porque el general Narváez volviera a empuñar las riendas del poder (…). Dados estos antecedentes, la ley de la reciprocidad y de la buena correspondencia mutua parecía exigir que ahora, más que nunca, el afecto del Sr. Duque de Valencia al Sr. Tenorio se ele- 75 La Correspondencia, 25-2-1863; Despacho de Barrot a Drouyn de Lhuys (26-2-1863), AMAE, CP, Espagne, vol. 863. Cit. en Isabel BURDIEL, Isabel II. Una biografía…, p. 702. 76 Natividad ARAQUE, Las elecciones…, p. 561-582. 77 ACD, Serie de Documentación Electoral, leg. 51, nº exp. 8. 85APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 Andaluces en la Corte de Isabel II. Influencias y poder político en la Nación Liberal vase de temperatura y se manifestara por signos ostensibles y positivos. Y, sin embargo, sucede todo lo contrario78”. La relación entre Tenorio y Narváez igualmente parece compleja. En esta línea se dirige el rico testimonio del diplomático italiano Cavalchini de diciembre de 1864, reproducido al completo por Isabel Burdiel, texto por otra parte muy interesante a la hora de identificar y localizar los principales componentes de las camarillas (redes de poder informal) de Palacio a esas alturas: “En España, desde que reinan los Borbones, ha habido, cuando todavía hay hoy, dos gobiernos: uno oficial y otro oculto, que reside en Palacio, compuesto de ordinarios, de ambiciosos y de intrigantes. Ahora el Palacio está dividido en dos campos; están los partidarios de la Reina y los del Rey. Tenorio, el favorito, el padre Claret, el padre Cirilo, son de la Reina. Meneses, favorito de sucia especie [de sale espéce], la monja Patrocinio, Oñate, son del Rey. La Reina, aunque Borbón, tiene buena fe; quiere la constitución y que su hijo reine en su momento; se deja guiar por la Camarilla, creyendo que los consejos de los curas salvarán su alma un poco atormentada por los pecados y por los que el favorito le ha hecho cometer. (…) Así todas las crisis ministeriales que se han sucedido en España tienen su origen en Palacio, a veces por la oposición de una sola Camarilla y otras por las de las dos reunidas. Últimamente, Narváez se ha puesto en oposición contra Tenorio y contra Meneses. Intentó hacer despedir al primero y ha combatido la elección del segundo para la Cámara; pero tanto uno como el otro han acabado por vencer79”. La resistencia de Tenorio en el cargo de secretario particular tiene un carácter prolongado si se tiene en cuenta el recelo y la rivalidad con que los líderes unionista –O´Donnell– y moderado –Narváez– percibieron su posición en Palacio, al menos en este segundo caso se hace patente a partir de 1864. La llegada en 1865 nuevamente de la Unión Liberal al ejecutivo se planteó como un último 78 El Diario Español, 20-12-1864; Cit. una parte en Isabel BURDIEL, Isabel II. Una biografía…, p. 757. 79 Despacho de Cavalchini a La Marmora, Roma (31-12-1864). AMAE. Cit. en Carmen LLORCA, Isabel II…, p. 151-152; Isabel BURDIEL, Isabel II. Una biografía…, p. 757-758. Las visiones de los diplomáticos extranjeros en la Corte isabelina pueden instrumentalizarse como fuentes de información ricas y alternativas a la hora del análisis de las relaciones de poder entre los diferentes grupos de presión cortesanos. 86 APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 Víctor-Manuel Núñez-García intento de revitalizar el liberalismo en el país, O´Donnell expuso un ambicioso programa político de carácter aperturista que pudiese reintegrar en el sistema al Partido Progresista. Esta línea política hizo saltar las alarmas en el entorno cortesano más conservador de Isabel II, contrario al programa O´Donnell en su conjunto y especialmente al reconocimiento del reino de Italia80. El Duque de Tetuán concentró sus primeros esfuerzos políticos en neutralizar a las redes de poder cortesano contrarias a su política, logró la separación de la Corte de Sor Patrocinio y del Padre Claret y, finalmente, el 19 de agosto de 1865 Miguel Tenorio se vio obligado a renunciar a su cargo de secretario particular81, aunque tuvo una cierta continuidad en Palacio ya que se le permitió seguir varios meses al lado de la Reina como consejero real informal (1865- 1866). En última instancia fue alejado de la Corte y confinado en Segovia, donde fue acusado de participar en una conspiración contra el gobierno unionista. La consecuencia inmediata fue su envío en enero de 1867 al extranjero como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de la corona española en Berlín y Mecklemburgo-Strelitz82, cargo que compaginó con el escaño parlamentario por Huelva obtenido en 1867 hasta el final del reinado isabelino83, ya completamente marginado del ámbito cortesano, de sus débiles y aisladas redes de poder a estas alturas y alejado definitivamente de Isabel II. Para finalizar y regresando a aspectos de ámbito privado, como señala Germán Rueda, en la época de privanza de la Reina por Miguel Tenorio nacieron los infantas Pilar, Eulalia, Paz y el infante Francisco de Asís –fallecido al mes de su nacimiento–. Más allá de consideraciones de otra naturaleza, la relación de Tenorio con Paz de Borbón fue muy fluida, incluso lo acogió en la Corte de Baviera durante sus últimos años de vida, donde falleció en el Castillo de Nymphenburg (Munich) en 191684. Igualmente, también parece mantener contacto con Eulalia de Borbón, a quién escribe desde Munich en marzo de 1900 sobre una cuestión ciertamente delicada, para aconsejarla sobre su inminente separación matrimonial con Antonio de Orleans: “Sin comprender lo que sucede, me basta entender que V. A. y su marido rompen la tolerancia en que vivían, para permitirme indicar a V. A. que no puede muy bien realizarse sin publicidad ni intervención de abogados ni jueces”. Aconseja discreción y propone la mediación del duque de Chartres para “que lo haga árbitro de esta cuestión de familia, y que no se dirija por consejo de abogados ni de personas extrañas”, justificando la intromisión al alegar “el dolor es mi escusa85”. 80 Isabel BURDIEL, Isabel II. Una biografía… 81 AGP, Personal, Caja 7306, exp. 11. 82 AMAE, Expedientes, exp. 13570, PP-1109. 83 ACD, Serie de Documentación Electoral, leg. 58, nº exp. 5. 84 Germán RUEDA, Isabel II… , p. 80-83. 85 AGP, Fondo Privado de la Infanta Eulalia de Borbón, Caja 25050, exp. 22. 87APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 Andaluces en la Corte de Isabel II. Influencias y poder político en la Nación Liberal Incompatibilidades y territorialidad en la diversidad de dimensiones de la influencia cortesana Durante el año 1864 tanto Tenorio como el secretario de Francisco de Asis –Meneses– sufren el recrudecimiento de los ataques de la prensa unionista en materia privada y en cuestiones de influencia política, como desde La Época. En este caso se criticarán abiertamente sus candidaturas al Congreso de los Diputados en las elecciones a Cortes de ese año; respecto al caso de Meneses se sacan a colación las posibles influencias de Palacio a la hora de encasillarlo en un distrito electoral: “si ha de presentarse a diputado que lo haga como algo propio y sin intervención de palacio86”. Esta argumentación nos permite abordar de manera somera y preliminar dos líneas de análisis vinculadas igualmente con la relación dialéctica entre los poderes formales e informales de la época: por un lado, la cuestión de la incompatibilidad de ejercer cargos en Palacio (honorarios o con sueldo) y altos puestos en el aparato del Estado liberal (por ejemplo los parlamentarios); por otro, el posible usufructo territorializado –en clave andaluza– desde el prestigio, la posición e influencia que se puede disfrutar en la Corte. Estas cuestiones en ciertas etapas parecen preocupar a la Casa Real. Tradicionalmente el patronazgo económico había sido una de las líneas de actuación de los reyes para consolidar su poder y para crear Cortes adictas, aunque igualmente se insistió en ciertas ocasiones en la incorrección de la duplicidad de ingresos desde la Corte y el aparato estatal. Así, en el año 1846 se abrieron expedientes informativos sobre empleados que cobrasen sueldo de la Casa Real y del Estado aunque sin plantear abiertamente una posible situación de incompatibilidad87. Entre las escasas respuestas a este requerimiento informativo destaca Pedro Castelló Ginestá, primer médico-cirujano de Cámara quién comunica que, aparte de su sueldo en Palacio, disfrutaba de unos ingresos de 14.000 reales anuales como Catedrático jubilado del Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos88. O en 1866 se pide desde Palacio al Congreso de los Diputados la lista de los diputados electos en el ejercicio parlamentario 1866-1867 para averiguar quiénes eran empleados en la Casa Real. En esa legislatura había concretamente 8, de los cuales 4 eran gentilhombres y otros 4 mayordomos de semana todos sin sueldo, excepto Francisco Valdés y Mon, gentilhombre de interior con 3.000 reales de sueldo anual89. Este último caso contravenía el artículo 26 de la Constitución de 1845, según el cual quedaría sujeto a reelección “todo diputado que admitie- 86 Isabel BURDIEL, Isabel II. Una biografía…, p. 757-758. 87 AGP, Reinados, Isabel II, Caja 352, exp. 13; AGP, Reinados, Isabel II, Caja 8681, exp. 18. 88 AGP, Reinados, Isabel II, Caja 352, exp. 13. 89 AGP, Reinados, Isabel II, Caja 354, exp. 28. 88 APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 Víctor-Manuel Núñez-García se del Gobernó o de la Casa Real pensión, empleo que no sea de su escala en su respectiva carrera o comisión con sueldo90”. Respecto a las incompatibilidades parlamentarias tan sólo en la ley electoral de 1837 se incluía a los Jefes de la Casa Real, obviando al personal de Palacio en las normativas de 1846 y 186591. Además el Senado isabelino bajo la Constitución de 1845, de elección regia, vitalicio, hereditario y con cupos para altas dignidades de origen aristocrático (grandes de España y otros títulos nobiliarios)92 vinculados preferentemente a la Corte como gentileshombres o a través de otros cargos, desvirtuaba la difusa línea divisoria entre estos ámbitos de poder formal e informal. Todo ello más allá del carácter híbrido, de enfrentamiento o de colaboración en el uso del poder de las elites políticas isabelinas entre los cauces formales e informales, el potencial prestigio social que adquirían los cargos parlamentarios o el peso político práctico que pudiesen desplegar las Cámaras Colegisladoras en el sistema político isabelino y la Corte con sus amplios resortes de poder informal93. Por otra parte, las carreras parlamentarias de actores políticos como Narváez, Istúriz, Cortina, Sartorius o Salamanca fueron extensas y caracterizadas por sus dominios prolongados en una o varias circunscripciones, situadas en la mayor parte de sus trayectorias políticas en sus lugares de origen por lo que construyeron sólidas áreas de influencia territorializadas más allá de sus influencias en Madrid. Miguel Tenorio por ejemplo, político secundario dentro del moderantismo, en paralelo a sus cargos en la Corte fue diputado electo por la provincia de Huelva en 1857, 1858, 1863, 1864 y 186794; igualmente se podrían ejemplificar las exitosas relaciones electorales de Cortina con la provincia de Sevilla o de Istúriz con Cádiz. La cuestión en estos casos, y esto es extrapolable a otros similares, se dirige hacia la relación directa entre el prestigio de la Corte y la magnificencia de la Monarquía (por su valor simbólico y como agente de nacionalización) a la hora de apuntalar el dominio político y, por qué no, clientelar en el territorio. En todo caso, los personajes aquí analizados tenían su epicentro de influencia y arraigo en Madrid, donde su cercanía a las instituciones políticas, a la Corte, a la Reina y a otros ámbitos de sociabilidad les posibilitaba un cierto grado de influencia territorial, como potenciales mediadores e interlocutores 90 Francisco CáNOVAS SáNCHEz, El moderantismo y la Constitución española de 1845, Madrid: Fundación Santa María, 1985, p. 66. 91 Manuel ESTRADA SáNCHEz, El significado…, p. 131-132. 92 Juan Ignacio MARCUELLO BENEDICTO, “Próceres y senadores en el reinado de Isabel II”, En Manuel Pérez Ledesma (coord.), El Senado en la historia, Madrid: Secretaría General del Senado, 1998, p. 175-225. 93 Juan Ignacio MARCUELLO BENEDICTO, La práctica parlamentaria en el reinado de Isabel II, Madrid: Congreso de los Diputados, 1986. 94 Víctor Manuel NÚÑEz GARCíA, “Miguel Tenorio…, p. 74-77. 89APORTES, nº96, año XXXIII (1/2018), pp. 65-95, ISSN: 0213-5868, eISSN: 2386-4850 Andaluces en la Corte de Isabel II. Influencias y poder político en la Nación Liberal de peticiones y gestiones solicitadas desde sus lugares de origen, a través del mantenimiento de relaciones con las elites y los patrones clientelares locales, aunque la vertiente territorial no queda fijada dentro de las prioridades preferentes de la influencia política en esta época, como sí parece consolidarse en períodos posteriores, fundamentalmente en la Restauración95. Como caso ejemplificador, Antonio Cánovas del Castillo contó con Miguel Tenorio –personalidad de prestigio e influencia en Huelva– en 1874 a la hora de la formación y creación de una masa sólida de seguidores del Partido Conservador en la provincia de Huelva96. Estas cuestiones a su vez pueden vincularse a la interacción entre la Monarquía, la Corte y las elites locales a la hora de la escenificación ceremonial y simbólica del viaje regio, donde tanto los miembros destacados de la Corte, desplazados en masa junto a la Reina en una época en la que aún pervivían aspectos de la tradición de la Corte itinerante97, como las elites locales aparecen como intermediarios privilegiados entre el poder monárquico y el pueblo, lo que fortalecía una sólida preeminencia territorial de estas personalidades. El viaje de la Reina de 1862 a la región andaluza estuvo plagado de actos en todas las provincias –a excepción de Huelva– con protagonismo de la flor y nata de las burguesías locales: los Loring, Heredia, Ybarra…98 O en el caso de la localidad granadina de Loja, Narváez hizo de cicerone en la visita de la Reina junto al gobierno unionista, la acompañó en todo momento y se alojó en su residencia, escenificando el papel central del patrón incontestado de la localidad. El aparato propagandístico de la Monarquía se implementaba para popularizar a la institución y a la figura de Isabel II ante la población, pero igualmente otorgaba réditos desde una perspectiva territorial y local a las elites. Consideraciones finales La experiencia de los actores históricos analizados muestra su capacidad de maniobra dentro de los ámbitos de los poderes formales e informales y el difuso límite entre los mismos en la época isabelina. La relación contrapuesta en términos de tradición (Corte) y modernidad (Estado liberal) no se manifiesta como una realidad rupturista, al contrario: hay elementos visibles que pueden 95 José VARELA ORTEGA (dir.), El poder de la influencia: geografía del caciquismo en España (1875- 1923), Madrid: Marcial Pons, 2001. 96 Véase María Antonia PEÑA GUERRERO, Clientelismo político y poderes periféricos durante la Restauración: Huelva (1874-1932), Huelva: Universidad de Huelva, 1998. 97 En concreto en el viaje a Andalucía de 1862 Isabel II desplazó a un parte importante de su servidumbre en Palacio y a sus cargos más destacados. AGP, Reinados, Isabel II, Caja 240, exp. 10. 98 Fernando COS GAYóN, Crónica del viaje de sus májestades y altezas reales a Andalucía y Murcia: en setiembre y octubre de 1862, Madrid: Imp. Nacional, 1863; Ramón FRANQUELO, La Reina en Málaga, Málaga: El Correo de Andalucía, 1862.