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El marfil en la edad del cobre de la península ibérica. Una aproximación tecnológica, experimental y contextual a las colecciones ebúrneas del mega-sitio de Valencina de la Concepción - Castilleja de Guzmán (Sevilla).

Luciañez Triviño, Miriam

Abstract

Esta tesis doctoral tiene como objetivo principal determinar el papel tanto económico como social del marfil en el suroeste peninsular, en el seno de las sociedades de la Edad del Cobre a través del caso particular del mega-sitio de Valencina de la Concepción-Castilleja de Guzmán (Sevilla), y su comparación con otros contextos. Aunque la aproximación a este conjunto de marfiles ha estado orientada desde un punto de vista principalmente tecnológico, muy específicamente encaminado, aunque no solo, al reconocimiento de las técnicas y herramientas empleadas, los procedimientos y los modos de hacer, la tesis que se ha desarrollado tiene un enfoque multidisciplinar desde su concepción, aunando conservación, restauración, tecnología, experimentación y análisis contextual. El marfil se inscribe en el más amplio marco de la explotación de recursos bióticos, y concretamente animales. Durante la Prehistoria Reciente, las materias duras de origen animal fueron empleadas para elaborar herramientas orientadas a las actividades de producción/adquisición, pero también para fabricar artefactos de marcado carácter simbólico. La selección de determinada materia prima refleja elecciones culturales precisas, de modo que los recursos óseos, por su variado y versátil uso, constituyen una pieza clave para el conocimiento de las sociedades del pasado, contexto en el que el marfil puede ayudar a revelar aspectos de índole económica, social, cultural e ideológica. A nivel teórico, el enfoque tecnológico se ha fundamentado en el concepto chaîne opératoire, como herramienta que tiene la capacidad de guiar el estudio a través de cada paso del análisis y la interpretación (Soressi y Geneste, 2011: 341). Este enfoque se ha materializado de forma práctica en una metodología y un vocabulario específicos. Así el estudio y análisis empírico del material se apoyan en: 1) el reconocimiento de la materia prima (marfil de proboscídeo) a través del conocimiento profundo de sus características específicas, 2) la restauración de las piezas en peor estado de conservación para su correcta identificación, 3) la clasificación de cada artefacto en una categoría de análisis (bloques, soportes, esbozos, restos de fabricación, objetos acabados e indeterminados), 4) el reconocimiento de las técnicas, procedimientos y modos de trabajo, y 5) la puesta en práctica de varios experimentos como medio de contrastación de las hipótesis sobre la fabricación de algunas piezas, y la explotación general de la defensa de elefante. El análisis contextual se basa en el tipo de estructura en la que aparece el material, la cantidad (estimación de la cantidad de objetos y peso), el origen de la materia prima y su representatividad dentro del conjunto de industria ósea de la estructura, el NMI en la estructura y la cronología. Se han revisado 383 artefactos de conjuntos de Valencina que según la bibliografía podían contener artefactos de marfil de proboscídeo. Este material proviene de 12 estructuras de cronología calcolítica pertenecientes a ocho sectores del yacimiento. De las estructuras estudiadas cuatro se relacionan con actividades diferentes al enterramiento, posiblemente vinculadas con actividades artesanales y de producción (UC402 del Sector IES, UC5 y UC63 del Sector DÍA y ¿Estructura 50? del PP-Matarrubilla), y ocho son estructuras de carácter ritual y/o funerario (tholos de Montelirio, Estructura 10.042-10.049 y Estructura 10.076 del Sector PP4-Montelirio, tholos de Matarrubilla, tholos del Depósito de Agua (Castilleja de Guzmán); y Tumba 2, Tumba 3 y Tumba 5 del Sector Divina Pastora-Urbanización Señorío de Guzmán), además de una pieza sin UE/Estructura (y por tanto descontextualizada) del Sector PP4-Montelirio. Aunque la muestra de estudio puede parecer en principio reducida, la cantidad de material presente en Valencina ha brindado el laboratorio perfecto para realizar el primer estudio tecnológico completo de material ebúrneo prehistórico peninsular, obteniendo resultados que arrojan luz sobre cuestiones de índole tecnológica, experimental y contextual sobre la gestión y valor económico y social de esta materia prima. Así, Valencina destaca con casi 8,8 kg de marfil, superando de momento el peso de cualquier otro sitio calcolítico ibérico. Se constata un variado origen de la materia prima (Schuhmacher, 2012a y 2012b; Schuhmacher et al., 2013a, García Sanjuán et al. 2013), con dos fuentes extra-peninsulares (Loxodonta africana africana y Elephas maximus) y una tercera cuyo abastecimiento pudo realizarse de forma local Elephas (Palaeloxodon) antiquus). A nivel tecnológico el estudio revela que la explotación de la defensa se realizó de una forma sistemática, basada en dos formas de explotación diferenciadas, la transversal y la longitudinal, siendo la longitudinal (mediante una acción perpendicular al eje longitudinal del bloque) la forma de explotación preferencial, con un 72% del con junto fabricado sobre placas obtenidas de este modo (peines, discos perforados, tapaderas, empuñaduras, placas, etc.). Entre las técnicas identificadas, se ha constatado por primera vez en la península ibérica el empleo del aserrado por abrasión con cuerda (Sciage au fil sablé) como técnica empleada para la segmentación transversal de la defensa, lo que pone en tela de juicio la tendencia a asumir que el aserrado con sierra metálica es la técnica predilecta, o la única. Igualmente revelador ha sido constatar a nivel experimental que los perforadores líticos hasta ahora identificados en la bibliografía especifica de Valencina no pudieron ser los responsables de las perforaciones observadas en los marfiles, y que muy posiblemente éstas debieron realizarse mediante sistemas mecánico-manuales, como taladros de arco, con brocas de muy escaso diámetro. El reconocimiento de un caso de reparación, la posibilidad de haber detectado un caso de fragmentación y redistribución de piezas de marfil, el contexto (funerario, principalmente estructuras tipo tholos) y la tipología de los objetos, reflejan el carácter especial de este material. No se ha estudiado ni un solo objeto de marfil que pueda adscribirse a actividades productivas o de mantenimiento (como herramientas), por lo que todo el conjunto revela su uso como artefactos sociotécnicos o ideotécnicos. La variabilidad de tipos de objetos de marfil no es solo muy amplia (cuentas, recipientes cilíndricos, cajas, discos perforados, empuñaduras, placas, peines, tapaderas, bocas de recipientes, colgantes, etc.) sino que cada tumba de Valencina ostenta un "lote" único de piezas. Esto sugiere que los objetos no se fabricaron en serie (aunque sí se dio una forma de explotación sistematizada), sino de forma tal vez personalizada, orientada a un tipo de consumidores particulares (¿personas destacadas o con ambiciones de destacar dentro de una sociedad o grupo determinado?). Parece por tanto que el marfil tuvo un papel predominante en la construcción del ritual funerario y el orden social de la Valencina calcolítica, y aunque una gran parte del material proviene de enterramientos colectivos, algunos individuos tuvieron acceso privilegiado a grandes cantidades de materias primas exóticas como ámbar, cinabrio, oro, huevo de avestruz, cristal de roca, etc., entre las que la ostentación de grandes cantidades de marfil, y objetos únicos fabricados con él, fueron empleados como marcadores de estatus.

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EL MARFI L EN LA ED A D D EL C O B R E D E LA P ENÍ NSU LA I B ÉR I C A Una apro ximació n te c no ló g ic a , e xp e rim e nta l y c o nt e xtua l a l a s colecciones ebúr ne a s d e l m e g a - sit io d e V a le nc ina d e la Concepció n - Ca st i lle ja d e Guz m á n ( S e vill a ) M i r i a m L u c i a ñ e z T r i v i ñ o ________ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ D ir e c t o r e s : L e o n a r d o G a r c ía S a n ju á n Th o m a s X . S c h u h m a c h e r S e v illa , ju n io d e 2 0 1 8 T E SI S DOC T OR A L EL M A R F I L E N L A ED A D D EL CO BRE DE LA P ENÍ NSUL A I B ÉR I C A U na a p ro xim a c ió n t ecno lógica, experimental y cont ex tua l a l a s c o le c c io ne s e b ú rne as del m ega -sit io de Valencina d e la Co nc e p c i ón -Cast illeja de Guzmán (Sevilla) Miriam Lucia ñez Triviño _ _ _ _ _ _ _ _ ______________________________ Directore s: Leonard o García Sanjuán Thomas X. S chuhma cher Sevilla, junio de 2018 TESIS DOCT ORAL EL M A R F I L E N L A ED A D D EL C O B R E D E LA P ENÍ NSU LA IB ÉRICA U na a p ro xim a c ió n te c no ló g ic a , e xp e rim e nta l y c o nt e xtual a l as c o le c c io ne s e b úr ne a s d e l m e g a - sit io d e V a le nc in a d e la Co nc e p c ió n - Ca st i lle ja d e Guz m á n ( S e vill a ) M i r i a m L u c i a ñ e z T r i v i ñ o _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ D ir e c t o r e s : L e o n a r d o G a r c ía S a n ju á n Th o m a s X . S c h u h m a c h e r S e v illa , ju n io d e 2 0 1 8 T E SI S DOC T OR A L U N I V E R S I D A D D E S E V I L L A TE S I S D OCTOR A L EL MARFI L EN L A EDA D D EL C O B R E D E LA P ENÍ NSU LA I B ÉR I C A Una aproxi mació n t e cn o l ó g ica , e x pe r im e n t a l y co n t e xt u a l a las cole cciones e bú r n e a s de l m e g a - s it io de V a l e n ci n a de l a Conce pció n - C a s t ille ja d e Gu z m á n ( S e vill a ) M i r i a m Lu c i a ñ ez T r i v i ñ o _______ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ D i r e c t o r e s : L e o n a r d o G a r c í a S a n j u á n T h o m a s X . S c h u h m a c h e r S e v i l l a , j u n i o d e 2018 UNIVERSIDAD DE SEVILLA TESIS DOCTORAL EL M A R F I L EN L A ED A D DEL CO BRE DE LA PENÍ NSUL A I B ÉR I C A U n a a pr o xi m a ció n tecnol ógica, experime ntal y cont e xt u a l a la s co le ccio n e s e b úr neas del mega -sitio de Val enci n a de l a C o n ce pci ón -C ast illeja de Guzmá n (Sevill a) Miriam Luciañez Triviño _ _ _ _ _ _ ______ __________________________ Direc tores: Leonardo García Sanjuán Thomas X. Sc huhmacher Sevilla, ju nio de 2018 U N I V E R S I D A D D E S E V I L L A TE S I S D OCTOR A L EL M A R F I L EN L A ED A D D EL C O B R E D E LA P ENÍ NSU LA I BÉRIC A U n a a pr o xi m a ció n t e cn o l ó g ica , e x pe r im e n t a l y co n t extual a la s co le ccio n e s e bú r n e a s de l m e g a - s it io de V a l e n c i na de la C o n ce pció n - C a s t ille ja d e Gu z m á n ( S e vill a ) M i r i a m Lu c i a ñ ez T r i v i ñ o _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ D i r e c t o r e s : L e o n a r d o G a r c í a S a n j u á n T h o m a s X . S c h u h m a c h e r S e v i l l a , j u n i o d e 2018 Maquetación y diseño Miriam Luciañez Tr iviño © ilustración de portada: M iriam Luciañez Triviño © de los textos: Miriam Luciañez Triviñ o © de las figuras: los autores © de las ilustraciones: Miriam Luciañez Triviño Año de defensa: 2018 A mis padres. Incondicionales, sabios y pa cientes . A Carlos. Mi toma de tierra. EL MARFIL EN LA ED AD DEL C OBRE DE LA PENÍNSULA IBÉRICA ____________ __________________________ __ __________ ____________________ Una apr o ximación tec nológica, e xperimental y conte xtual a las colecciones ebúrneas del mega-si tio de V ale ncina de la Concepción-Castil leja de Guzmán (Se villa) ÍNDICE 15 Agradecimientos 17 Res umen 20 Abstract P ARTE I INTRODU C C IÓN 25 Capítulo 1 ― Delimitac ión de la inv estigación 25 25 25 28 32 1.1. Objeto y o rigen de esta tesis 1.1.1. Delimitación ma terial: el marfil como objeto de estudio 1.1.2. Delimitación tempora l y geog r áfica: la Edad del Cobre en el s uroes te de la península ibérica 1.2. Objeti v o s 1.3. Estr uctura de la tesi s 37 Capítulo 2 ― Hi storia d el marfi l 37 52 62 2.1. Una introducción: el marfil como una mate ria prima univ er salmente aprecia da a lo larg o de la historia 2.2. Historia de la s in v estigaciones: el marf il como o bjeto de in v estig ación 2.2.1. Síntesis de los debates y preguntas de i nv estig ación P ARTE II DISEÑ O DE LA IN VESTIGA CIÓN 67 Capítulo 3 ― Metodolo gía y vocabulario 67 70 71 73 3.1. ¿P or qué u na aproxima ción te cnológica y experimen tal? 3.2. Estudio tec nológico: ter minología y metodología a plicada a la industria ósea 3.2.1. Los conceptos de esque ma tecno- económico y de c adena opera tiv a 3.2.2. El "remonta je por def ecto" 76 78 79 81 83 83 84 85 86 91 94 94 96 96 99 101 105 108 109 109 111 112 113 113 114 115 116 117 3.2.3. Los elemen t os de a nálisis 3.2.4. Técnicas . 3.2.4.1. Técnica s de fractura ción 3.2.4.2. Técnica s de desg aste 3.2.4.3. Técnica s inter media s 3.2.5. Procedimien tos . 3.2.6. Métodos o modos 3.3. Estudio expe rimental: algunos experi mentos para alg unas pregunta s 3.4. Org anización de la información 3.5. Documentac ión: obse r v ac ión macro y micro scópica y fot og rafía 3.6. Propuesta ter minológica : sobre los tipo s de objetos a cabados e n marfil 3.6.1. Acla raciones sobre la orientación y denomina ción de las par tes de lo s objetos 3.6.2. Decorac iones 3.6.2.1. Motiv o s en bajo relie v e 3.6.2.2. Motiv o s calados 3.6.2.3. ¿Aplicac ión de color? 3.6.3. P erforacione s y v aciados 3.6.4. Tipos de objet os acab ados 3.6.4.1. Tipol ogía transv e rsal 3.6.4.1.1. R eceptores 3.6.4.1.2. Ele mentos perfo r ados 3.6.4.1.3. ¿Apliques/aplica bles? 3.6.4.2. Tipol ogía longitu dinal 3.6.4.2.1. R eceptores 3.6.4.2.2. Ele mentos sob re plac a longitudinal o elementos plano s 3.6.4.2.3. Eleme nt os perfo rados 3.6.4.2.4. Ele mentos denta dos (peine s/peinetas) 3.6.4.2.5. Figurillas "ex entas" 119 Capítulo 4 ― El marfil en los conjuntos de in du s tria ósea 121 123 124 126 131 133 134 135 137 139 4.1. El diente , un carácter únic o de los v er tebrados . 4.2.Un g ran diente modifica do: el denominado colmillo de elefante o marf il de proboscídeo . 4.2.1. Estr uctura y compo sición 4.2.1.1. Ca racterísticas obse r va bles en sección t r ansv ersal 4.2.1.2. Características obser v ables en el perfil tangencial natural (separación natural de los anillos de crecimie nto) 4.2.1.3. Características obse r v ables e n el perfil t ang encial ar tificial (cor te longitudina l tangente a los anillos de c recimie nt o) 4.2.1.4. Ca racterísticas obse r va bles en sección radia l 4.3. Solo algunos apuntes s obr e otras mate rias ó seas: el hueso , el asta de cér vido y la dentina de hipo pótamo 4.4. Algunos a puntes s obr e las propiedades la s propie dades mecánic as de la s ma terias duras animale s 4.4.1. Ensa yo de medició n de dureza con microin dentador 143 Capítulo 5 ― M edidas de Conservación-Resta ur ación: tra tam iento d e la s piezas pa ra e l estudio 145 157 166 167 169 170 176 5.1. Agentes de alteración y patolog ías del ma r fil proced ente de sedimentos secos 5.2. Ev aluación del e stado de c onser va ción 5.3. Secado c ontrolado (la a daptación al medio atmo sférico) y ca mbio de embala jes 5.4. Limpieza 5.5. Consolidación 5.6. R emontaje y adhe sión 5.7. R ecomendacione s de co nser va ción P ARTE III ESTUD IO EMPÍRIC O 181 Capítulo 6 ― V alencina de la Concepción en el tercer m ilenio ane 181 187 190 192 193 6.1. Presentac ión del yacimie nt o: brev e síntesis de la inv e stig ación y cro nología 6.2. El medio fí s ico 6.3. Producción sub s istenc ial y cultura mate rial 6.4. Precedentes s obre el estudio de marfil en V alencina 6.5. Sectores/e s tr uc turas co n marfil 195 Capítulo 7 ― IES y D ÍA ( Valencina de la Co ncepción) 195 196 198 200 201 203 206 208 208 209 211 211 214 219 219 219 224 225 7.1. Sector IES (Instituto de Enseñanza Secundaria) 7.1.1. Inter venc iones 7.1.2. Ar quitectura y e str atigrafía 7.1.3. Cronología 7.1.4. Estudios previ os sobre e l marfil 7.1.5. Descripción del material 7.1.5.1. P osibles objetos acabados o fragmentos de ellos 7.1.5.2. P osibles r estos de f a bricación 7.1.5.3. Piezas indeter minada s 7.1.5.4. Otras ma terias prima s 7.2. Sector D ÍA 7.2.1. Inter venc iones 7.2.2. Ar quitectura y e str atigrafía 7.2.3. Cronología y estudio s previos sobre el mar fil 7.2.4. Descripción del material 7.2.4.1. En ma rfil 7.2.4.2. En hueso 7.3. Sector PP-Ma tar r ubilla 229 Capítulo 8 ― Tholo s de Montelirio y PP4-Montelirio 231 232 234 241 8.1. Tholos de Montelirio 8.1.1. Inter venc iones 8.1.2. Ar quitectura y e str atigrafía 8.1.3. Cronología José Gotor Martínez, Noë lle Provenzano, Marianne Christensen y Corina Liesau v on Lettow-Vorbeck. Gracias ta mbién a Manuel Altamirano García , Paco Martínez Sevilla y a Lozano (José Antonio), por vuestro apoyo a través de convers aciones de wha tsapp y teléfono en los momento s de bajón , y a los miembros del Grupo de A rqueología de las Dinámicas Sociales (ASD) de la IMF -CSIC, en e s pecial a Juan Gibaja Bao, con los que tanto he aprendido e n sus seminarios. Sois geniales. No me puedo olvidar de otros grandes profesionales que han col aborado de una forma u otra en la realización de es ta tesis: Ana Pajuelo Pando, Pedro López Aldana y Mercedes Ortega Gordillo, por toda l a información arqueológica e im ágenes que me han proporcionado, Charles Bashore A cero, por la traducción del último capítulo, e Iñaki Dié guez Ur ibeondo, por los consejos y c onfia nza que me has transmitido para poner las pinceladas de color a la portada. No puedo pasar por alto otras bue nas amistades que he hecho a lo largo de este camino, grandes investigadoras que son hoy mis a migas ¿q ué más se puede pe dir? Gracias, Sonia Robles Carrasco, Mari Carmen Moreno Escobar, "Bones" (Marta Día z-Zorita Bonilla), Marta Diá z-Guardamino y "Pechi" ( Mercedes Murillo Barroso), y a mis ángeles de la guarda en momentos duros por tierras ga las: "Ari" Nieto y Silvia Valenzuela Lamas. Además de a mi querido Manuel E leazar Costa Car a mé (te adoro locamente). "La cabra tira al monte", y la morriña se hace a veces insoportable a 850km. Menos mal qu e siempre he tenido a la kuadrilla allí arriba guardánd ome bien esas b onitas montañas vascas, con cerve zas, cenas y conversaciones esperándome pa ra darme fuerza. Gracias por no abandonar en este casi interminable capítulo de mi vida. Alberto Navazo, gracias por confiar siempre en mi. Para ir te rminando, doy la s gracias a mis padres y a mi hermano, porque aunque en la distancia, son mi máximo apoyo y “lo más grande” que tengo. Menos mal que cuento a quí a mi la do con la mejor toma de tierra posible, la que me da serenidad e incalculables do s is de realidad: Carlos. Finalizo pidiendo disculpas por mi mala cabe za, pues seguro que me dejo algún nombre e n el tintero, dado que han sido mucha s la s pe rsonas q ue han a yudado a llevar a buen té rmino este estudio. 16 RESUMEN Y PALABRAS CLAVE Esta tesis doc toral tiene como objetivo principal determinar e l pap el tanto ec onómico como social del marfil en e l suroeste peninsular , en el seno de las socieda des de la Edad del Cobre a través del caso particular del mega -sitio de Valencina de la Concepción-Castilleja de Guzmán (Sevilla), y su comparación con otros contextos. A unque la aproximación a este conjunto de marfiles ha estado orientada desde un punto de vista principalment e tecnológico, muy específicamente encaminado, a unque no solo, al reconoc imiento de las técnicas y herramientas empleadas, los pro cedimientos y los modos de hacer , la tesis que se ha desarrollado tiene un e nfoque multidisciplinar desde su conce pción, aunando conservación, restauración, tecnolog ía, experimentación y análisis contextual. El marfil se inscribe en el má s amplio ma rco de la e xplotación de re cursos bióticos, y concretamente animales. D urante la Prehis toria Reciente, la s materias dur a s de origen animal fueron empl e ada s pa ra elaborar herramientas orientadas a las actividade s de producción/adquisición, pe ro también para fabricar artefactos de marcado carác ter simbólico. La selec ción de de terminada materia prim a refleja elecciones culturales precisas, de modo que los rec ursos óseos, por su va riado y v ersátil uso, constituyen una pieza clav e para el conocimiento de las sociedades del pasado, contex to en e l que el marfil pue de ayudar a revelar a spectos de índole económica, social, cultural e ideológica. A nive l teórico, el enfoque tecnológico se ha fundamentado e n el c oncepto cha îne opératoi re , como herramienta que tiene la c apacidad de guiar el estudio a través de cada paso del a nálisis y la inte rpretación (Soressi y Geneste, 2011: 341). Este enfoque se ha ma terializa do de forma práctic a e n una metodología y un voca bula rio específicos. Así e l est udio y aná lisis empírico del material se apoya n en: 1 ) el rec onocimiento de la materia prim a (marfil de proboscídeo) a través del conocimie nto profundo de sus ca racter ísticas esp ecíficas, 2) la restauración de las pie zas en peor e stado de conservac ión para su correcta ide ntificación , 3) la clasificación de cada a rtefacto e n una categoría de análisis (bloques, soportes, esbozos, restos de fabricac ión, objetos acabados e indeterminados), 4 ) e l reconocimiento de las técnicas, procedimientos y modos de trabajo, y 5) la pue sta e n práct ic a de varios experimentos como medio de contrastación de las hipótesis s obre la fabricac ión de algunas piezas, y la explotación general de la defensa de elefante. El análisis contextual se basa en e l tipo de estructura en la que aparece el material, la cantidad (e stimación de la cantidad de objetos y peso), el origen de la materia prima y su representatividad dentro del conjunto de industria ósea de la estructura, el NMI en la estructura y la cronología. 17 Se han revisado 383 artefa ctos de conjuntos de Val encina que según la bibliografía podían contener artefactos de marfil de proboscídeo. Este material provien e de 1 2 estructuras de cronología calcolítica pertenecientes a ocho sectores del yacimiento. De las estructuras estudiadas cuatro se relacionan con actividades diferentes al enterramiento, posiblemente vinculadas con actividades artesanales y de producción (UC402 del Sector IES, UC5 y UC63 del Sector DÍA y ¿Estructura 50? del PP - Matarrubilla), y ocho son estructuras de carácter ritual y/o funerario ( tholos de Montelirio, Estructura 10.042 -10.049 y Estructura 10.076 del Sector PP4 -Montelirio, tholos de Matarrubilla, th olos del Depósito de A gua (Castilleja de Guz m án) ; y T umba 2, Tumba 3 y Tumba 5 de l Sector Divina Pastora - Urbanización Señorío de Guzmán), ade más de una pieza sin UE/Estructura (y por tanto descontextualizada) del Sector PP4-Montelirio. Aunque la mue stra de estudio puede parecer e n principio reducida, la cantid ad de material presente en Valencina ha brindado e l laboratorio perfecto para realizar el primer estudio tecnológico completo de ma terial e búrneo prehistórico peninsular, o bteniendo resultados que arrojan luz sobre cuestiones d e índole tecnológica, ex perimental y contextual sobre la gestión y valor económic o y social de esta materia prima. Así, Valencina destaca c on casi 8,8 kg de marfil, superando de momento el peso de cualquier otro sitio calcolític o ibérico. S e constata un variado origen de la mate ria prima (Schuhmacher, 2012a y 2 0 12b; Schuhmacher et al., 2013a, García Sa njuán et al . 201 3), con dos fuentes extra -peninsulares ( L oxodonta africana africana y Elephas maximus) y una tercera cuyo abastecimiento pudo realizarse de forma loc al Eleph as (Palaeloxodon) antiquus ). A nivel tecnológico el estudio reve la que la explotación de la defensa se rea lizó de una forma sistemática, basada en dos formas de explotación diferenciada s, la trans versal y la longitudinal, siendo la lo ngitu dinal (mediante una acc ión perpendicular al eje longitudinal del bloque) la forma de explotación preferencial, con un 72% del conjunto fabricado sobre placas obtenidas de este modo (pe ines, discos perforados , tapaderas, empuñaduras, placas, etc.). Entre las téc nicas identificadas, s e h a c onstatado por primera vez en la península ibé rica el empleo del a serrado por abrasión c on cuerda ( Sciage au fil sablé ) como téc nica emp lead a par a la segme ntación transversal de la defensa, lo que pone en tela de juic io la tendencia a asumir que el aserrado con sierra metálica es la técnica predil ecta, o la únic a . Igualme nte revelador ha sido constatar a nivel experimental que los perforadores líticos hasta ahora identificados en la bibliografía especifica d e V alencina no pu dieron ser los re sponsables de 18 las perforaciones observadas e n los marfiles, y que muy posiblemente é stas debieron realizarse me diante sistemas mecánic o -manuales, como taladros de a rco, con brocas de muy escaso diámetro. El reconocimiento de un caso de reparación, la posibilidad de haber detectado un caso de fragmentación y redistribución de piezas de ma rfil, el conte xto (funerario, principalmente estructuras tipo tholos ) y la tipología de los objetos, reflejan el carácter especial de e ste material. No se ha estudiado ni un solo objeto de m arfil que pueda adscribirse a a ctividades productivas o de mantenimiento (como herramientas), por lo que todo el conjunto revela su uso como a rtefactos sociotécnic os o ideotécnicos. La variabilidad de tipos de objetos d e marfil no es solo muy amplia (c uentas, recipientes cilíndricos, cajas, discos pe rforados, empuñaduras, placas, peines, tapa deras, bocas de recipientes, colgantes, e tc.) sino que cada tumba de Valencina ostenta un "lote" único de piezas. Esto sugiere que los objetos no se fabricaron en serie (aunque sí se dio una forma de explotac ión sistematizada) , sino de forma tal vez personalizada, orientada a un tipo de c onsumidores particulare s (¿personas destacadas o con ambiciones de de stacar dentro de una socieda d o grupo determinado?). Parece por tanto que el ma rfil tuvo un papel predominante en la construcción de l ritual funerario y e l orden social de la Vale ncina calcolítica , y a unque una gran parte del material proviene de enterramientos cole ctivos, algunos individuos tuvie ron acceso privilegia do a grandes cantidades de materias pr ima s exóticas c omo á mbar, cinabrio, oro, huevo de avestruz, c ristal de roca , etc., entre las que la ostentación de grandes cantidades de marfil, y objetos únicos fabricados con él, fueron empleados como marcadores de estatus. PALABRAS CLAVE: Marfil, Edad de l Cobre, península Ibérica, tecnología, experimentación, conservación - restauración, prácticas funerarias, tec nología ósea. 19 ABSTRACT AND KEYWORDS The main objective of thi s doctoral thesis is to de termine the economic and social role of ivory in the southwest of the I berian peninsula w ithin C opper Age societies, through the particular case of the Valencina de la Concepción -Castilleja de Guzmán (Se ville) mega-site, and its comparison with other contexts. Although the approach to this assemblage of ivories has been oriente d from a technologica l point of view , very specifically direc ted , although not only, to the recognition of te chniques and t ools, procedures and ways of doing , this the sis has a multidisciplinary approach, c ombining conservat ion, res toration, technology, experimentation and contextual analysis. Ivory is part of the broa der framework of e xploitation of biotic resourc e s, specifically animals. During the Late Prehistory, ha rd animal tissues were used to produce tools oriented to activities of production/acquisition, but also to manufacture arte facts with marked symbolic character. The selection of a certain raw material reflects precise cultural choices. Therefore, osseous resources, bec ause of their varied and versatile use, constitu te a key piece for the knowledge o f the societies of the past. C ontext in which ivory can he lp to reveal aspects of economic, social, cultural and ideological nature. At a theoretical level, the technological approach has bee n based on the conce pt chaîne opératoire, as a t ool that has the a bility to guide the study through each step o f the analysis and interpretation (Soressi a nd Geneste, 2011: 341). This approach ha s materialized in a practical way in a specific methodology and vocabulary. Thus, the empiri c al study and analysis of the material are based on: 1) the recognition of the raw material (probos c idean ivory) through the deep knowledge of its specific characteristics, 2) the restoration of the artifacts in bad preservation conditions for it s cor rect identification, 3) the classification of each artefac t in a category of analy sis (blocks, blanks, pre-forms , produc tion wastes, finished objects and un -determined artifacts), 4) the recognition of techniques, procedures and modes, a nd 5) the practical impl ementation of some experiments as a method of testing the hypothesis about the manufacture of s ome pieces, a nd the ge ne ral exploitation of the elepha nt tusk. The contextual analysis is based on the type of structure in which the material appears, the quantity (e stimation of the n umber of objects and w eight), the origin of the raw material a nd its representativeness within the ensembl e of bone i ndustry of the structure, the NMI in the structure and the chronology. 20 We have studie d 383 artifacts of different assemblag es of materials from Valencina that according to the bibliography contained ivory ite ms. The material comes from 12 calcolithic structures be longing to eight sector s o f the site. Of the structures studied, four relate to ac tivities other than burial, possibly li nked to artisanal and productive activities (UC402 of Se ctor IES, UC5 and UC 63 of Se ctor DÍA and ¿Structure 50? of PP - Matarrubilla), and eight are structures w ith ritual/funerary charac ter (Montelirio tholos , Structure 10.042 -10.049 and Structure 10.076 of the Sector PP4 -Montelirio, Matarrubilla tholos , Depósito de Agua tholos ( Castilleja de Guzmán), and Tomb 2, Tomb 3 and Tomb 5 of the Divina Pa stora- Urbanización Señorío de Guzmán sec tor, in addition to a piece without UE / Structure (and therefore decontextualized) of PP4 -Montelirio sector. Although the sample of study ma y in principle seem reduced, the amount of mate rial present in Vale ncina has provided the perfect laboratory for the first c omplete technolog ic al study of Iberian prehist oric ivory , obtaining results that shed light on te chnological, experimental and conte xtual iss ue s, on the manag ement and economic and social value of this raw material. Thus, Valencina stands ou t w ith almost 8.8 kg of ivory, a figure that far exceeds for the moment the weight of any other Iberian chalcolithic site. The varied origin of this raw material ha s already bee n reported (Schuhmac her, 2012a and 2012b; Schuhmacher et al., 2013a, García Sanjuán et al . 2013), with two extra-peninsular sources ( L oxodonta africana africana and Elephas maximus ) and a third one , Elephas (Palaeloxodon) a ntiquus , that could be collected locally. On a technological level, the study revea ls that the exploitation of the tusk was c arried out in a systematic way, based on two different forms of exploitation (transversal and longitudinal), being the longitudinal way (through an a ction perpendicular to the longitudinal axis of the block) the preferential form of exploitation, with 72% of the studied ensemble manufactured from plaques obta ined in this way (combs, perforated discs, lids, handles, plates, etc.). Among the ide ntifi ed te chniques, the use of sawing by abrasion w ith rope ( Sciage au fil sab lé ) for the transversal segmentation of the tusk has been observed for the first time in Iberia. This find c alls into question the tendency to assume that saw ing with a metal saw is the preferred technique, o r the only one . It has been equally very interesting to prove experimentally that the lithic drillers ide ntified so far in the specific literatur e of Valencina could not be responsible for the perforations observ ed in the ivories, and that very possibly 21 these had to be done by mechanic al -manual systems, such as arc -drills, with v ery thin borers. The rec ognition of a repair case, the possibility of having detected a case of fragmenta tion and redistribution of piec es of ivory, the contex t (funerary, mainly tholos type structures) and the typology of the objec ts, reflec t the special character of this ma terial. Not a single ivory objec t has been stu died that can be ascribed to productive or mainten ance activitie s (as tools), so the w hole set reveals its use a s s ociotechnical and ide otechnical artifacts. The variability of types of ivory objects is very wide in Valencina (beads, cylindrical containers, boxes, perforated discs, h andles, plaques, combs, lids, containe rs, pendants, etc.), and the assemblage ha s a distinctive feature: each tomb has unique objects, which are not repe ated in other tombs. Thi s suggests that the production of iv ory objects was not "serial", but perhaps "persnalised", direc ted tow ards specific consumers (individuals of specia l importance or with the a mbition to stand out w ithin a certain society or group?). It seems therefore that ivory playe d a predominant role in th e construction of the fune rary ritual and social order of the ca lcoli thic Va le ncina, and although a large part of the material comes from collective burials, som e individuals ha d privileged access to large quantities of exotic raw materials, like a mber, cinnaba r, gold, ostrich egg, rock crystal, etc. , among which the ostentation of large quanti ties of ivory, and unique o bjects made with it, w ere used as status markers. KEYWORDS: Iv or y , Copper Ag e, Iberian P eninsula, technolog y , ex perim entation, c onser v ation - restoration, funeral practices , os seous technolog y . 22 ― INTROD UC CI ÓN P ARTE I CAPÍTUL O 1 Capítulo 1 ― Delim itació n de l a inve stigac ión 1.1. Objeto y origen de esta tesis 1.1.1. Delimitac ión material: el marfil como objeto de estudio Como ma teria prima, el marfil ha sido e mpleado hasta época recie nte (y lo es aún en la actualidad) para la elaboración de objetos de todo tipo , principalmente de adorno personal o decorativ os (tales como pulseras , colla res o peinetas), como par te de piezas de mobiliario y objetos compuestos (como varillas de abanicos , t eclas de piano , l e ngüetas de ins tr umentos de viento o incr ustaciones en muebles) y para un sinfín de otros tipos de objetos (es tatuillas , cajas o peine s). C omo veremos más ade lante , el ma rfil ha s ido , pues , una materia prima a mpliamente apreciada des de la Prehistoria y a lo larg o de la Historia. El es tudio de este mate rial es , sin duda, uno de los puntos fuer tes de la inv estig ación actual sobre materias ós eas de orig en 25 Delimitación de la investigación  Conocer los modos , los procedimientos y las t écnicas emple adas en la transfor mac ión de la materia prima dentro de la muestra presente e n el conjunto estudiado . Ello podrá ayudar en el futuro a obser var semejanzas y diferencias con materiales de otros yacimientos y cronologías , y por tanto reconocer las diferentes for mas de h acer que pue dan, en e l mejor de los casos y c uándo los datos tec nológico s sean más abun dante s, ayudar a discer nir entré qué objetos se produjeron en la península ibérica y c uáles no .  Analizar y describir las caract erís ticas par ticular es del marfil de probos cídeo , tanto estr ucturales como alteraciones propias que ayude n a s u cor recta identificación a simpl e vista o a bajos aumentos .  R econocer el/los contexto/s de consumo del marfil en el sitio es tudiado , y su c ompar ación a niv el penins ular , para pode r inter pretar s u us o y sig nificado social y el porqué de s u selección respecto de otras materias primas duras de orig en animal.  Concretar las materias primas explotadas (diferentes tipos de marfil) durante el III milenio en la zona estudiada, en relación con las empleadas en otras áreas de la península ibérica.  P erfilar las posibles zonas de abastecimientos de marfil y r utas de intercambio y comercio a través de las cuales este m aterial llegó a la península ibérica.  Apor tar nuevos datos e interpretaciones a las líne as de inv es tigac ión iniciadas por otros/as coleg as para la industria ósea en le Prehistoria R eciente peninsular . 1.3. Estructur a de l a tesis La presente t esis se estr uctura en trece capítulos integrados en c uatros g randes apar tados . En la Primera P ar te, en e ste Capítulo 1, se exponen, como se ha comprobado , las circunstancias a cadémicas y personales , y los inte reses c ientíficos que han dado génesis al te ma desar rollado , a sí c omo los objetiv os es pecífico s que se pretendían abordar . En el C apítulo 2 se aborda una visión diacrónica (no ex hausti v a ) para mostrar los us os y significados que ha tenido el marfil a lo larg o de lo s diferentes períodos y épocas , y zonas g eog ráficas , y en la segunda par te, los diferentes enfoques y preguntas de inv es tig ación planteadas hasta la fecha e n la literatura especializada publicada sobre esta materia prima. 32 CAPÍTUL O 1 Los Capítulos 3, 4 y 5 confor man la P a rte Segunda de la tesis doctoral, en la que se desar rollan los principios metodológicos de esta inv es tiga ción. En el Ca pítulo 3 s e jus tifi ca en primer lug ar el porqué de la elección del enfoque tecnológic o como ace rcamiento a l estudio de l registro material, y a continua c ión se detallan los fundamentos tanto teóricos como prácticos , así c omo la te r minología específica que se e mplea en el estudio , apar tados que res ulta n fundame ntales para comprender los s uce siv os capítulos (sobre todo los de análisis y resultados). En este punto debemos aclarar que en el Capítulo 3 no se ha desar rollado el tra bajo experimental, sino que solo s e presentan las preguntas de inv estig ación que podrían ser res ueltas mediante experimentación y que moti varon el desar rollo de esta par te de la t esis . La experimentación completa se e xpone por tanto en el Capítulo 10 . El C apítulo 4 está dedicado en ex clusiv a a l as par ticularidades del ma rfil de proboscídeo y que lo hac en diferenciable del resto de materias óseas . En esta pa r te se ha h echo especial hincapié en detallar , defini r y de scribir l as características específicas del ma terial a s imple vis ta o a bajos aumentos como método fiable de bajo costo para el reconoc imiento preliminar de l ma rfil , caracterís ticas pa r ticulares que a demás dan c uenta de la for ma de fabricac ión del obje to y su posible orientación dentro del bloque d e materia prima (defens a de elefante), y por tanto , infor mación tecnológica mu y v aliosa . En esta línea está igualmente enfoca do el sub -apa rta do 5.1. Agentes de alteración y patolog ías del m arfi l pr ocedente de sedimen tos secos del Capítulo 5, en e l que pres e ntamos las principales alteraciones del marfil de e lefante que también dan ref lejo del material con el que está fabricada deter mina da pieza, infor ma ción que se ha condensado en un cuadro resumen que pueda ser vir de guía para otros estudios tecnológicos (T abla 5.2). Este C apítulo 5 v ersa del tratami ento de conse r v ación llev ado a cabo sobre algunas de las pie zas para su posterior es tudio arqueológic o , comprobándose como un pas o fundamental e imprescindible para el estudio de las piezas de V alencina. La P ar te T ercera presenta el estudio empírico , empezando por la prese ntación del s itio de V alencina de la Conc epción-Ca stilleja de Guz mán (Capítulo 6), y continu ando en los sucesiv os capítulos (7, 8 y 9) con l as estr ucturas o sectores cuyo material ha sido objeto de es tudio . En cada uno de estos capítulos se ofrece infor mación de cada sector s obre las inter venciones arqueológicas realizadas en él, y la inter vención en la que fueron descubier tas las piezas , las características arquitectóni cas de la(s ) estr uc tura( s) con marfil, su cronología y estudios previos realizados por otros/as inv estig adores /as sobre el ma terial ebúr neo . Finalmente se detalla el 33 Delimitación de la investigación material de cada estr uctura/s ector expuesto de acuerdo a una tecno -tipolo gía definida por nosotros , es de cir , e n bas e a si los objeto s ha n sido obtenidos en el sentido longitudinal (tipología longitudinal) o t ransversa l (tipología transversal) de la defensa de el efante. El últim o apar tado de ca da uno de estos capítulos recoge obser vaciones sobre otras tipología s de obje to s fabricadas en otras materias primas (principalmente hueso) y que fue ro n halladas en los mismos contextos c on marf il. Los capítulos 10, 11 y 12 integ ran los análisis y resultados de la s tres principales fuentes de infor mación de esta tesis : la experimen tación (Capítulo 10), la tecnología (Capítulo 11) y el contexto (Capítulo 12). Como hemos explicado alg unos pá rrafos más a rriba, el aparato experimental no se desar rolló en e l apa r tado de metodología s ino que se expone ínteg ramente en el Capítulo 10. La de c isión de no integ rarlo e n los c apítulos metodológicos (si bien es obvio que es una parte de la metodología de estudio) se de be a qu e nos resultab a inc oherente separar la d es cripción de lo s experimentos de las obse r v a ciones y re sultados deri vados de los mis mos . P or e llo , y para que no queda ra de svinculada la par te descriptiv a de la experimentación y el p lanteamiento de las hipótesis de las obser v aciones y resultado s, se decidió hacer un único capítulo . As í en el Capítulo 10 se describe e l planteamiento e hi pótes is de par tida que motiv aron la experimentación, la selección del material empleado , los experimentos realizados y los resultados más relev antes s obre la s técnicas y potenciales her ramienta s , obtención de sopor tes , remojado como mé todo de abla ndar el m a rfil e hipótesis sobre la fabricación de un deter minado tipo de objeto (discos con perforación central). En el Ca pítulo 11 se exponen las técnicas , pr ocedimientos y for mas de explotación identificadas en e l conjunto es tudiado , y se ofrece una cuantificac ión del porcentaje de ítems que per teneces a una u otra for ma de explotac ión (transversal y longitudinal ). En los últimos sub-apar tados se proponen alg unos posibles esquemas de transfor mac ión pa ra la fabrica ción de deter minados sopor tes y objetos . En definitiv a este capítulo m uestra al trabajo y la g estión del marfil en el s itio de V alencina , deriv ada del es tudio y resultados tecnológicos y las obser vaciones experiment ales . Los res ultados e xpuestos en este capítulo per mitirán en un futuro la comparación, a niv e l sincrónico y diacrónico , de piezas de diferentes conjuntos y yacimientos (que sean estudiados desde su perspecti va tecnológica) , mostrando las diferen cias 34 CAPÍTUL O 1 o similitudes e n la for ma de hacer, y por tanto ayudar a desvelar las elecciones que guiaron a los g r upos prehis tóricos y distinguir entre aquellas impuestas por condicionantes de tipo material, funcional, etc ., de l as elecciones culturales . Finalmente, e l análi sis del c ontexto (Capítulo 12) se basa en el tipo de estr uctura en la qu e aparece e l ma terial, la cantidad (estimación de la cantidad de objetos y peso), e l orig en de la materia prima y su repres entatividad dentro del conjunto de indus tria ósea d e la estr uc tura, el NMI en la estr uc tura y la cronología. La Parte Cuar ta de la tesis consta de un único ca pítulo de c onclusiones , en e l que he mos pretendido realiz ar , en primer lug ar , una ev aluación crítica de la metodología empleada y proponer algunas de las vías futuras de in vestiga ción que ofrec e el marfil en sus diferente s facetas c omo fuente de infor mación y objeto de es tudio . P osterior mente ofrecemos una somera síntesis de la carac terización g eneral del trabajo y uso del marfil en V ale ncina de la Conce pción, condensando algunos de los resultados más inte resantes de l es tu dio tecnológico y experimental. Estos resultados y conclusiones se e xponen en for ma de las tres principa le s secuencias de la cadena operativ a: secuencia de adquisición, secuenc ia de producc ión y secuencia de consumo . En el sub -apar tado 13.3 s e realiz a un a nálisis comparativ o de V alencina en relación a otros y acimi entos cuyo marfil ha sido objeto de may or estudio y publicación, pe ro sobre todo , yacimientos con los que sí ha mostrado paralelos en el conjunto ebúr neo ―P erdigões (Regu e ng os de Monsa raz, P or tug al ) y Los Millares (Almería, España) -. E l último apar tado de l a s c onclusiones pretende ser una ref lexión sobre los problemas que encontramos en la literatura peninsular s obre la industria ósea, sobre todo cue stiones ter minológic as , pe r o principalmente enfoca do a la definición e identificación material de talleres de marfil prehistóricos en la pe níns ula ibérica . 35 CAPÍTUL O 2 Capítulo 2 ― Histori a del m arfil 2.1. Una intr odu cción: El marfil como materia p rima universalmente apr eciada a lo largo d e la Historia Si obse r v a mos a vista de pájaro el uso del ma rfil a lo larg o de la Historia del s er humano , s in ni tan siquiera se r exhausti v os, nos daremos cuenta fácilmente de qu e ha sido materia prima para una g ran v arieda d de objetos desde el P aleolítico hasta la actu alidad en todo el mund o , y que pese a que su uso ha podido ser des igual a lo largo de los diferente s periodos o épocas , ha estado siempre pres ente en el reg istro ma terial, principalme nte c omo una materia prima altamente apre ciada p a ra la elaboración de es c ulturas , adornos personales y mobiliario , marcando un carácter elitista a niv el s ocial, o ideológico . P arece haber razones prácticas pa r a esta atracción, ya que es un material duro y resistente pero susceptible de ser talla do , de color 37 Historia del marfil unifor me y textura s uav e, que puede ser pulido fácilmente para darle un acabado brillante y homogéneo (Christensen, 1999: 1), y que en condiciones nor males per m anece inalterado y compacto durante larg o ti empo (Heck el, 2009). E s un material duro y sólido y presenta clar as v e ntajas en compa ración con el hues o y el a sta: g ran largura (hasta 3m en una de fensa de macho adulto), amplio diámetro , de hasta 30cm, y una g ran par te c ompacta y homogénea (Hahn, 1995 ). Estas características per miten realizar obje tos de g ran tamañ o además de per mitir fabricar pie zas en bulto redondo que son difíciles de obtener con el hue so o el asta, debido a l canal medular o a s u par te inter na e sponjosa. El interés hacia este material podría estar lig ado a su rareza y a sus cualidades e stéticas y técnicas , y a la necesar ia g estión previa necesaria para s u adquisición (Chris tensen, 1999: 2). P ese a que es tos c riterios son impor tantes, es posible también que e l marfil, como otras ma terias primas , estuviera c aracterizado durante la Prehistoria por unos atributos simbólicos y significados más profundos (McG hee, 1977). En este apartado s e presenta un s omero repaso a través de algunos v e stigios y testimonio s d e diferentes c ronologías y div ersas c ulturas , con la intenc ión de mostrar la amplitud tanto g eog ráfica como te mporal del uso del marfil a lo larg o de la Historia de l s er humano . Durante este breve recor rido enc ontraremos ar tefa ctos de marfil vinc ulados principalme nte a do s esferas de la vida del ser humano: por un lado , objetos lig a dos a la es fera s imbólica, c o m o ador nos personales o figurillas (zoomorfas , antropomorfas y de otros tipos ), entre otros; y por otro , objetos relacionados con actividades cotidia nas como la adquis ición de alimentos o las actividades de transfor mación. Estos ú ltimos s on realmente escas os y se limitan prácticamente a la Prehis toria Antigua, como es el caso del Auri ña ciense es pañol, que cuenta con algunos ejemplares de azagayas realizadas en marfil, alg o que es tá en contraposición con la tendencia del resto de Europa, dónde principalmente se realizaron objetos de marfil de c arácter simbólico durante es te periodo (T ejero Cáceres , 2010). Como veremo s, a lo la rg o de todo su recor rido , e l marfil s e usará primordialmente para la ela boración de objetos de ador no y de alto v a lor simbólico (lig ado s al mundo sacro y a las dinámicas de re producción social), relac ionado s con divinidades o ancestros y con posibles personas destacadas dentro de la sociedad. Si empezamos por detenernos en el orige n de la pala bra actual marfil , e n castellano , la Rea l Academia Espa ñola de la Lengua nos dice que proviene del árabe hispano ‘a ẓ m alfíl que significa ‘hueso de elefante’. Otros idiomas han conser v a do su raíz latina (sustantiv o " Ebur ") como el inglés ( i vor y ), el francés ( ivoir e ) o e l italiano ( a vorio ); mientras el alemán, por ejemplo 38 CAPÍTUL O 2 ( Elfenb ein , mu y cercano al tér mino en inglés a ntiguo elpendban , literalmente " hueso de elefante"), se aproxima más a la for ma g rieg a ( eléphās ( ἐ λέφας ). El g rieg o dice ἐ λεφας para designar a la ve z el elefante y el marfil (Er nout y Meillet, 1 959, s .v . eb ur). La for ma latina ebur (genitiv o eboris ) podría tener s u orig en en e l tér mino egipcio A bw , cuya transcripción es abu o ab (Er nout y Meillet, 1 9 59, s .v . ebur). T eniendo la misma transliteración, el tér mino Ab w , puede escri birse en je roglífico de maneras diferentes , signifi ca ndo pues , cosa s diferentes . Así, elefante s e escribe cuya tr ansliteración es Ab w , marfil se escribe , y diente de elefa nte se escribe exactamente igual que marfil, siendo A b w también la transliteración para e stos dos tér minos (Hannig, 2 000: 330-331; 2006: 12). P ese a qu e el componente principal de los dientes de vertebrados es l a dentina (mism a composición química, aunque con diferencias est r ucturales ) desde el mismo orige n de la palabra, obser v amos que m arfil hace referencia a los colmillos de elefantes , pese a no ser este animal la única fuente de marfil existente y habiendo tenido otras espe cies de animales , como el hipopótamo , mayor uso en cier tas regiones y épocas , como es el caso del Antiguo Egipto. Sin embarg o , en tér minos g enerales , el ma rfil de elefante ha sido la materia prima más usada con g ran diferencia respecto al de otras especies (hipopótamo , cachalote , etc ). C omo consecuencia de e llo , cuando se habla de marfil se tiende casi a utomáticamen te a pensar en los colmillos d e el efantes . Inc luso , alguno s autore s se refieren al marfil de ele fante como ivoire vrai o true i vor y (verdadero marfil) (Christense n, 1999: 4 3; Hec kel, 2009: 73) o según otros, en el sentido estricto deberíam os considerar solo los incisiv os s uperiores de los elefantes africanos y asiáticos y sus predecesores (Muhka, 2000: 4) y no otros . P or s upuesto , a lo larg o del tiempo la difusión del marfil de elefante ha estado condicionad a, en primer lug ar , por la acc esibilidad y existencia de la materia prima y , en segundo lug ar , por la densidad y alcance de las redes de intercambio y los contactos político -económicos . Su existencia está estrechame nte unida a cier tas zonas g eog ráficas , mi e ntras que otras (en la s que no se encue ntra marfil) están sujetas al comercio o inte rcambio . P ero incluso en sociedades donde el marfil era relativ amente común, se reser vó para us o exclu s iv o de personas e special es o para los dioses (Ulrich, 2000: 18). 39 Historia del marfil En un pa sado que se nos a ntoja y a muy lejano , nuestros ances tros , crearon figuras de animales y humanos como iconos de fer tilida d. El ser humano usó por primera vez el marfil ya e n los momentos iniciales del P a leolítico Superior . En este periodo , el ma rfil de ma mut fue una materia prima s ignificati v a para la elaboración de obje tos y or na me ntos personales , extensamente reconocida por s us buenas cualidades de de nsidad , finura del g rano , lus tr e potencial cuando es pulido , peso y t extura sedosa (F er randis , 1928: 1 0; Heck e l, 2009). Y a en estos primeros momentos , y como se verá durante toda la Historia de la Humanidad, principalmente se usará para fabricar objetos con v a lor simbólico , ador nos persona les y estatuaría, y en menor medida para fabricar elementos cotidian os como azagayas , propulsores o punzones . Contamos con múltiples figurillas realizadas e n marfil de mamut d e hace e ntre 30.000 y 35.000, procedentes de Alemania, Francia, C hecoslov aquia, Ru s ia o Siberia. La primera re presentación en marfil del Paleolítico S uperior de una mujer fue des cubierta aproximadam e nte en el 18 64 en Laug erie-Basse (Dordoña), de 7,7cm de larg o , fue llamada " La V enus impudique" (White, 2006: 2 53). Son conocidas otras “V enus” paleolític as , como la figura de mu jer con g randes senos y marcados ge nitales femeninos de Hohle F els (Conard, 2009) o , ya del Grav etiense, la cabeza de mujer c onocid a comúnmente como “V enus de Brasse mpuy” pero también como "La Dame à la capuche" o " La Figurine à la capuc he " (" La dama con capucha" o "L a figura con capucha") (White, 2006). De es tos periodos también s on frecue ntes representaciones de animales en bulto redondo de mamuts , caballos , o av es . Otras piezas de marfil m uy interesantes son algunas estatuillas que repres entan seres híbridos animal -se r humano , como “Der Löw e nmensch ” (“El hombre L eón”) de scubier to en 1939 en la cue v a de Hohlenstein -Stadel , Alemania (W ehrberge r , 2011). Durante este periodo , hombres y mujeres c on vivieron con su fuente de marfil principa l, el mamut, tal y como nos muestran las numerosas representaciones de estos g randes animales sobre las paredes de las cuevas , c omo la de Rouffign ac. Evident e mente, este animal no solo fu e fuente de materia prima para la es tatuaria, sino también un impor tante recurso alimenticio y de otras materias primas como pieles para la confección de prendas y materiales constr uctiv os para cabañas (Gladkih et al ., 1985). 40 CAPÍTUL O 2 Bien sea por la desapa r ic ión del mamut e n Europa, fuente princ ipal de marfil hasta el momento , por un menor interés hacia este material o por el est ado actual de la inv estiga ción, lo cier to e s que parece existir un g ran vacío documental sobre el uso del marfil entre el Mesolítico y e l Neolítico Fina l en Europa. Una razón podría s er la ex tinción prog resiv a del ma mut a par tir de 3 0.000 BP , lo que redujo el trabajo del ma rfil (Al béric , 2014: 68) . En el caso de la península ibérica, frente a la relativ a abundancia de objetos de marfil a par tir del III milenio o finales d el IV (Schuhmac he r , 2013: 98) no encontramos apenas piezas ne olíticas , salvo dos ex ce pc ion es: una posible caja o parte de un carcaj en el sepulcro meg alítico de El J uncal (Ubrique, Cá diz), que según e l autor de la única publicación sobre esta c onstr ucción, podr ía pertene cer a l Neolítico Rec iente (Gutiér rez L ópez , 2007:295), adscripción crono -cultural que sin embarg o no es tá apo y ada por ninguna datac ión, que se conozca; y los objetos de marfil de las tumbas de Sobreira de Cima (Vidigueira, Beja, P or tug al) de la segunda mitad del IV milenio a.n.e (V alera et al ., 2008). El marfil aparece citado en La Epopeya de Gilg amesh, la obra literaria e scrita más antigua del mundo , reco g ida ya en tablillas de l a primera mitad del III mile nio ANE, como un material de g ran v alor . En el Libro VI de e sta obra, cuando la diosa Ishtar trata de seducir al héroe s em i- divino Gilga mesh, le ofrec e g ran cantidad de riqu ezas , entre las que figura el marfil: ‘V en aq uí, Gilgamesh’, dijo Ishtar ‘ cásate conmigo , entrégame tus d eliciosos frutos , sé m i esposo , sé mi d ulce hombr e. T e entregaré riquezas que superarán todos tus sueños: már m ol y alaba stro, marfil y jade, her mosas sir vientes de ojos verdeazulados, un car r o de la pislázuli con ruedas doradas y cu er nos de ámbar, tirado po r mulas gig a ntes como demonios de la torm enta’ (Mitch el, 2 008) Deteniéndonos en e l continente Africa no , en Egipto , con e l surgimiento de la s cultura s enmarcadas en los pe riodos predinásticos aparecen los primeros objetos elaborados c on marfil. Estos hallazg os nos muestran esta tuillas antropomorfas y pe ines fabrica dos a par tir del 3500 ANE con marfil de hipopóta mo . Un eje mplo s on la s piezas e ncontradas e n e l s itio de Hierakonpolis 1 , s ituado en el río Nilo a unos 500 kilómetros a l sur de El C airo . Much as de estas figuras están conser v adas en el Museo Ashmolean en Oxford (Whitehouse, 1992). Otra 1 http://www . hierakonpolis-o nline.o r g/in dex.php/explore -the -predynast ic-cemet eries/hk6-elite -cemete r y/tomb- 72 [Consu lta: 28/07/2015, 19:1 8] 41 Historia del marfil de elefantes eran de g ran precio y que “ no hay material más estimada para hazer estatuas de d ioses” (Plinio , Historia Natural, Libro Octav o , Cap . I, p . 356 -364). R especto a la Antigüedad, e l uso de l marfil se había hecho imprescindible en Roma ya de sde el siglo III d.n.e. A par tir del siglo IV d. C., entre las producciones ebúr ne as más destacadas , encontramos los dípticos , consistentes en dos hojas de marfil unidas mediante bisag ras a modo de libro , donde se representa ban en reliev e esce nas del nombramiento del cóns ul, festejos , temática mitológica, y e x c epcionalmente, religiosa o s imbólica. P odían ir polic romados , e incluso dorados para conmemorar ocasiones más solemnes (R odríguez L ópez , 2002: 531-532 ) . Los dípticos más in teresantes son los llamados consulares , que eran reg alados por éstos al Emperador o a amig os (F er randis, 1928: 44). El siguiente ar tículo del edicto enviado por los emperadores V alentiniano , T heodosio y Arcadio en el año 3 84 d.n.e ., es pecifica que era privilegio del cóns ul ordinario dar r e g alos como tablas de marfil: 15.9.1 Imppp . V alen tinianus , Theodosius et Arca dius aaa. ad senatum. pr. Nulli pri vatorum liceat holosericam vestem sub q ualibet editione lar giri. Illud etiam constitutio ne solidamus , ut exceptis consulibus ordinariis nul li pr orsus alteri aur eam sportula m, diptycha ex ebore dandi facultas sit. [Dat. VIII kal. aug . Heracleae Richomer e et Clear cho conss . (384 iul. 25). ] 6 - 7 Grieg os y romanos no solo combinaron c on oro e l marfil, sino que también fue policromado y ador nado con otr os materiale s de a lto v alor , o imitaciones de éstos , como cr is tal de roca, lapis 6 "Ningún sujet o priv ad o tendrá per mitido distribuir n inguna prenda de seda c omo r eg a los e n los espec tácu los de jueg os . T ambié n conf ir mam os mediante e sta const itución que, con la ex ce pció n del cónsu l ordinario , na die más tendrá el derecho de e ntreg ar reg alo s ( o pre mios) de oro o tab las de marf il". Se tr ata de una c onstitución imperia l, concret amente, de un edicto enviado por los empe radores V a lentiniano , The odosio y Arcadio en e l año o 384. Esta ca racterística ind ica que tiene fue rza de ley , y el hecho de que h aya sido enviada desde H erac lea al Senado en R oma, indica su carácter g eneral, la int ención de que es t a disposic ión se cump la en todo e l imperio . El he cho de que e stén mencionando e l marfil como a lg o que sólo pue de e ntreg ar el c ónsul ordinario indica lo prec ioso y simbólico de est e mat erial. T r aducción y c omentarios a tr avés de comun icación person al de la Doctora en Derecho R oman o Emilia Mat aix F er r andiz. 7 Otros text os antiguos donde s e habla del valor del ma rfil: Cicero . de Legibus . 2, 45 ; Cicero . Br ut us . 257 ; V irgilio . Georgicas . 1, 480 / 2, 193; Ov idio . Metamorfosis , 4, 148; Horacio , ep istulas , 1, 6, 54; Suet onio , Neron, 16; Plinio , epist ulas , 2, 14, 4; Juv e nal, 1, 95 / 3, 249 48 CAPÍTUL O 2 lazuli, plata, ébano , hueso , concha o vidrio; e n los que siguieron l os ejemplos de s us predecesores de la Edad del B ronce , pero también las c ostumbres del antigu o Oriente Medio , Anatolia y Egipto , donde objetos confec cionad os con materiales cos tosos sir vieron de marcadores de riqueza, prestigio y poder (Lapatin, 2001:4). Quisiéramos hacer menc ión aquí, c asi como a nécdota, pero al hilo del uso d el marfil pes e a no tener que ver con el mate rial sino con la fuente, de un edificio s ingular de é poca romana e n la provincia de Sevilla, la conocida "T umba del Elefa nte" de la nec róp olis romana de Car mona, dónde s e encontró la es cultura en piedra de un elefante. Y quis iéramos hacerlo recupe rando las palabras de uno de los descubridores " Ahora bien ¿qué significa la pr esencia del e lefante en lugar tan visible y de tanto honor? [...] pu dieran bien exp licarse suponiendo qu e el monumento per teneció a alguna de las familias qu e usaban el elefante como distinti vo [...], en cuyo caso vend ría a ser el de que me ocupo un a especie de emblema heráldico que r ecordase a todos , vivos y muertos , hech os glorio sos de má s g l orioso s hombr es " (F e rná ndez L ópez , 1899: 52-53) 8 . Durante la Edad Media fueron abundantes las producciones en marfil, siendo la eboraria una de las ar tes má s desar rollada s por los musulmanes . Bizancio s ería el lug ar donde es ta industr ia alcanzó ma yor desar rollo , cuya inf luencia se hace notar en los ma rfil es hispano -árab es (F e rrandis, 1 92 8: 53). No se puede pasar por alto la maestría de los ar tesanos orientales . Los chin os usaron marfil para fabricar tanto objetos utilitarios como ar tís ticos , con moti vo s representados sobre la v ida religiosa o de la c or te imperial. En J apón, por e l contrario , es más frecuente encontrar es cenas costumbristas en las decoraciones de los objetos de marfil. Mientras que los chinos hasta el siglo XV III e laboraba n los obje tos de una sola pie za, con un solo colmillo , adecuando el diseño a la cur v atura natural de éste, los ja poneses no limitaron s us diseños . L a talla fue en muc has ocasiones fabricada media nte diferentes piezas , lueg o ensambladas o pe g adas e ntre sí (Luedtke , 2000: 9). Y a en époc a moder na, el marfil también se us ó para fabricar algunos objetos utilitarios com o teclas de pianos , agujas de g anchillo o bolas de billar . El incremento de la demanda de marfil 8 Existe una larg a tr adi ción historiog ráfica sobre la func ión de la T umba d e l Elefante, desde la primera y a expuesta en el text o . P ara una resume n, ver por ejemp lo Jimé nez Her nández, A. ( 2012) La T umba del Elefa nte de la Necrópolis R oma na de Car mona. U na re visión nec esaria desde la Arque ología de la A rquitectura y la Arqueoastronomía. Arc hivo Es pañol de Arque ologí a 85: 119-139. 49 Historia del marfil trajo un drástico descenso de la popula ción de elefantes , pa rtic ular mente e n África, e n los 1970 (vv .aa., 2000:2). Es sig nificati vo que en la actualida d un país de l Africa Occidental lleve por nombre "Côte d’Iv oire" (Costa de Marfil, Oficial mente República de C ost a de Marf il). Este topónimo tiene su orig en en la larga trayectoria de expor tación de marfil, qu e se remonta a l a Edad Media, c uando colmillos de e lefantes de esta zona, junto con el de Madag ascar y Zanzibar era comercializados en g randes cantidades (F er randis , 1928:12). La explotación del marfil s e con v irtió e n el siglo XX en un problema ecológico . La demanda de marfil de elefante, pese a su alto prec io , llevó a la masacre indiscriminada de elefantes . P or ello , la distinción entre el marfil, asta y hueso no sólo es cr ucial pa ra la inv estig ación ar que ológica, sino también es mu y importante en la actualidad debido a las impor taciones de marfil procedentes d e especies en pelig ro de extin ción, c omo consecuencia d e lo cual s urgió el acuerdo CITES (Virág , 20 12 ; T olksdorf et al , 2014). El Conv enio CIT ES 9 (Con vention on Inter national T rade in E ndange red Species of Wild F auna and Flora), fir mado en W ashing ton el 3 de marzo de 1 973 por 21 país es , entró en v ig or en 1975 (la adhesión de España s e efectuó el 1 6 de ma yo de 1986). Este acuerdo na ció con la intención de controlar el comercio de las especies amena zadas de fauna y flora silvestres para g arantizar la conser vación de éstas . C asi desde el mismo momento de entrada en vig or de este conv enio , e l elefante fue incluido e n al Apé ndice I, donde se enc uentra n las especies animales y plantas con ma yor pelig ro de extinción, y cuyo comercio está prohibido y sólo se per mite bajo circunstancias ex ce pcionales . Actualmente en África, el marfil y el elefante son un potente símbolo de aut oridad, riqueza y poder (R oss , 1992). Es una substancia noble ex clusiv a de pers onas nobles (Ul rich , 2000: 10). En el reino de Benin, c olmillos enteros totalmente tallados eran encarg ados por los familiares para c onmemorar a sus ancestros . El recién coronado Oba , o rey , es taba oblig ado a pre parar un santuario para sus predecesores , y encarg aba un colmillo completo tallado . Otros obje tos rea le s también están hecho de m arfil como trompetas , campanas , o adornos (Ulrich 2000: 12). 9 http://www .cites .e s/es-ES /elcon v e nioc ites/P a ginas/Intr oduccion.aspx 50 CAPÍTUL O 2 En la cultura Edo (Benin), los colmillos tallados re presenta n el ede , " a vertical pr otr usion fr om the head which is believed to bridge hu man an d spirit r ealm s . Estas piezas s ir v en c omo bas e para lo s registros históricos " r ecording the militar y prowess, wealth and sta tus o f the Obas" 10 . Los Bwami (Cong o) us an exclusiv amente el marfil pa ra s us objetos rituales e insignias de g r upo . T ambién le atribuyen capacidades curativ as , realizando infus iones con ras paduras de marfil y ofrecidas al enfer mo (Ulrich , 2000: 12). En otras culturas de Oceanía, como en V anuatu o F iji, s in embargo , fue el marfil de otras especies e l que se usó c on el mismo o parecido significado que el de elefante en África. El marfil de Oc eanía provie ne de tres fue ntes principales: cerdo o jaba lí, cacha lote y mor sa. En Nuev a Guinea por ej e mplo , y en otras islas de Melanesia, los c olmillos d e ja balí e ran s igno d e riqueza y virilidad, y en las Islas F iji los dient es de c achalote eran objetos ce remoniale s clav e. Colg ados del c uello , eran símbolo a la v ez de prestigio y alto g rado e conómic o y manifestación de un milag roso pode r sobrenatural (Ulric h , 20 00: 1 6). P arece, pues , que el s er humano se fascinó te mpranamente con es te material. A pa r te de s us cualidades prácticas y estéticas debió hab er a lg o más . ¿P ero qué? El marfil proviene de animales pode rosos y de g ran tamaño (cachalote , elefante, nar val, hipopótamo , etc.). ¿De alguna made ra es posible que, simbólica mente , parte de la fue rza de es tas bestias estuviera atrapada en par te de ellas (en sus colmillos o g randes die ntes en este caso)? (U lrich 2000: 10). El marfil, pues , h a imprimido carácter de majestuosidad a niv el religioso o s ocial (Ma s Garcí a, 1987: 14) a lo larg o de la P rehistoria y la Historia. Usado e n contextos fune rarios y rituales ha sido recur rentemente utilizado como e xpresión de riqueza y es ta tus al se r vicio de estrategias de reafir mación social (V alera , 2010; López P a dilla y He r nández Pérez , 2011). 10 Pitt Riv ers Museu m. O nline Da tabase for O bjects in the Colle cti ons at the Pi tt Rive rs Museum [en línea]. Acc ession Number 1991.13.1. D isp onible e n: <ht tp://database s .pr m. o x .ac.uk/fmi/iw p /cgi? -db= objects_online& - loadframes> [ Consulta: 4/11 /2014]. 51 Historia del marfil 2.2. Historia de las investigaciones: el marfil como objeto de est udio en Ar q ueología El marfil como objeto de estudio llamó la a tención de los i nv es tiga dores e inv e stig adoras ya desde los primeros momentos de la inv es tigac ión arqueológica. Si bien ha recibido desig ua l atención por par te de la c omunidad científica desde los c omienzos de la in vestig ación, y ba jo diferentes criterios de es tudio , el m arfil ha estado s iempre presente confor me la Arqueologí a iba experimentando su propio desar rollo como disciplina científica. En estos primero momentos , alg unos inv es tigadores e inv es tiga doras repararon en diferenciar el marfil de otras materias primas ósea s animales , como el hueso , ta l ve z de for ma más intuitiv a que científica. Esta diferenciación tampoco se realizó sis temáticamente , por lo que es posible que algunos obje to s que s e definen en la bibliog rafía más a ntigua como “marfil” puedan s er hueso , o vic ev ersa. Sin embarg o , en los últimos de cenios se han de sarr ollado métodos c ientíficos no des tr uctiv os , y otros que requieren una ínfima cantidad de mu e stra, que per miten identificar e l tipo de marfil, que ar rojan luz sobre el origen de la materi a prima y e n consecuencia nos acercan c on datos más objetiv os al estudio de las r utas de intercambio o comercio a ni vel internaciona l. A par tir de la segunda mitad del siglo XX en E urop a se produce una revoluci ón metodológica en el estudio de la indus tria ósea en la que se comenzarán a implementar nuev as técnicas de análisis y clasificación, per mitiendo atender a aspectos fundamenta les como diferencia ción entre materias primas , técnicas , útiles emplea dos en s u elaboración y us o . En esto tuv o much o que ver la public aci ón de T ecnolog ía Pr ehistórica, de Semeno v (1981) en la que en la parte dedicada al hueso hablaba también del marfil. Esta obra daría pie a una extensa tradición de estudios traceológicos , focalizados en la indus tria lítica, y en el caso de la industria óse a con más re percusión en Europa que dentro de nu es tras fronteras . En Francia los estudios tecnológicos de industria ós ea tienen un potente desarrollo y tradición. P ero e n lo que concierte a l marfil, la in vestiga ción se ha centrado principalmente e n el P aleolítico , con una profunda inv estig ación de la tecnología y us o del marfil de mamut durante este pe riodo . Un ejemplo de ello e s la monog rafía Le T ra vail et l'Usage d e l'Ivoir e au P aléolithitiqu e Supérieur : Actes de la T abl e Ronde, donde se a únan tr abajos de div ersos especialistas , ta nto 52 CAPÍTUL O 2 franceses como de otras nac ionalidades (Hahn et al , 1995). Otro impor t ante trabajo es el publicado por Marianne C hristensen (1999) sobre la tecnología del marfil en el P a leolítico Superior de sde la c aracterización físico-química de la ma teria prima y el análisis funcional de los útiles de transfor mación. Otros inv estig adores/as tambié n han tr abajado sobre la caracterización física del marfil de mamut y su tecnología en el P ale olític o Superior (Heck el 2009). Son a bundantes los ar tículos brev es , más o m e nos r ec ientes , qu e se centran principalmente en figurillas de marfil de mamut de la zona de Alemania del P a leolítico Superior . A través del estudio concreto de varias de es tas represe ntaciones , sobre todo de animale s e híbridos animal - ser huma no , s e pla ntean cuestiones de tipo tecnológic o y funcional, y se plantea el inter rog ante de si fue el ser humano anatómicamente mode rno o el Neander tha l quien la s elaboró, as í com o el papel que éstas pudieron tener (cha manismo , hunting magic, etc.) (Conard y Floss 2001; Conard 2003; Conard 2009; W ehrberg er 2011; Hein 2011, e ntre otros). Son los a lemanes quienes tal v e z hayan hec ho mayor hinc apié en el estudio de esta materia en los últimos años , existiendo e n la actua lidad trabajos monog ráficos dedicados a la ar tesanía, comercio o intercambio y s ignificado del marfil en diferentes periodos prehistóricos e históricos , a sí como aspectos relacionados con la conser va ción -restauración de este ma terial (Banerjee y Eckmann, 2011). La orientación a ctual es que no hay estudio recient e sobre el marfil de cronología prehis tórica sin análisis científico de c aracterización de la materia prima. L as téc nicas que se usan son: microscopía óptica, Microscopía e lectrónica de barrido (MEB , SEM en la s s iglas en inglés), Microscopía electrónica de transmisión (MET , TE M en las siglas e n inglés), Espectrometría Infrar roja con T ransfor mada de F ourier (IRT F , FTIR e n las siglas en inglés), E spectroscopía Raman, Análisis isotópico , E spectrometría d e dispersión de e nergía de ra yos X (EDSX), y micro-tomog rafía compute rizada (Liesau et al ., 201 1; Schwarz et al. , 2012; Ba ner jee y Huth 2012). L a Espectroscopía de Masas es empleada para los e studios de dieta en se res humanos , pero esta técnica ha ido sufr iendo un g ran av anc e en los e studios isotópicos de otro s mamíferos , en este caso , por la necesidad de trazar los movimientos de los elefantes en África, 53 Historia del marfil y ser capaz de conoc er la procedenc ia del marfil comercializado (van der Me rwe et al., 1990, V og e l et al., 1990, K och et al ., 1995) 11 . Ante la impor tancia de esta materia prima para el conocimiento de sociedades pasadas , y la necesidad de su inv estig ación desde un punto de vista interdisciplinar s e fundó el C entr o Inter nacional de Estudios de m arfil (INCENTIVS). És te , es un centro de inv estiga ció n multidisciplinar integ rado en el De par tamento de Geoc iencias de la Univ ersida d J ohannes Gutenberg en Mainz, Alemania. Fr uto de ese trabajo colaborativ o entre div ersas disciplinas se publicó el v olumen Elfenbein und Archä olo gie c on contr ibuciones que se ocupan del m a rfil en el ar te, la cultura, la ar queolo gía y la restauración (Banerjee y Eckmann , 2011). En la península ibérica, el e studio de objetos de marfil, de su proce dencia y redes de abastecimiento , así como el significado de esta mat eria prima e n la Prehis tor ia ha sido objeto de estudio de numerosos inv estig adores desde a ntiguo . Y a en e l s iglo XIX, Estácio da V e iga estudió algunos objetos d e marfil de sitios de la Edad del Bronce de P or tug al, a tribuyéndoles tanto a éstos como a la mate ria prima en sí un orige n norte africano (Estácio da V eig a, 1886 - 1891, v ol.:1: 268 -70, v ol.2: 212) 12 . En s u obra Las Primeras E dades del m etal en el sudeste de Espa ña , Henri y Luis Siret mostraron un especial interé s por los or namentos , especialmente metálicos , pero también los elaborados en otras ma terias primas , como e l marfil, aunque no de for ma monog ráfica (Siret y Siret, 1890). Muy pos terior mente, L. Siret, en 191 3, tras las ex cav aciones en yacimientos de la Edad del C obre y B ronce del sureste de la pe nínsula ibérica diferenció entre los objetos re a lizados con marfil de elefante de los re alizados con marfil de hipopótamo , y en ambos casos les atri buyó un origen egi pcio como objetos que ll eg arían a l a P enínsula ya manufacturados (Siret, 1913: 33 ). Doce años más tarde Ser ra R àfols (192 5) rebatía el ori g en de éstos ya que no existía evidenc ia real de su orige n egipc io , y consideró como posible el noroeste africano; mientras , Götze (1925) 13 diría que el marfil loc al fós il de la península ibérica no es apto como materia prima debido a su fragilidad. De 1928 encontramos la obra titulada Marfiles y Azabaches Españoles de J osé F er randis en la que trató el uso del marfil des de la Prehistoria de España hasta el sig lo XVIII a través de múltiples 11 Citado en P ollar d 2007: 189 12 Citado en Schuhmacher e t al., 2009: 983. 13 Ibíd. 54 CAPÍTUL O 2 ejemplos conocido s h a sta la fecha, si bien dio may or e xtensión y profundidad de estudio a los marfiles de los siglos X y XII d.n.e . El matrimonio alemá n, for mado por Georg y V era Le isne r, sistematizó el trabajo que realizar a L. Siret en 1891 de los hallazg os de objetos de marfi l encontrados en c ontexto s funerarios de la Edad del Cobre en el sur peninsular , realizando un in ventario de los objetos de marfil hallados en tumbas meg alíticas (Leisner 1943). A finales de los 50, J odin (1957) y Camps (1960) conectaron hallazg os de la pe nínsula ibérica con hallazg os del pe riod o campa nifor me encontrados en yacimientos del noroeste de África. Muy pos terior me nte, ya a finales de los a ños 70 del sigl o X X, A. Gilma n y R . Har rison realizaron el inv e ntario de obje tos de marfil conocidos hasta la fecha en las fuentes bibliog ráficas (Ha rris on y Gilman, 1977), examinándolos como uno de los e lementos más intrig antes de la cultural material de las sociedades de L os Millare s y Vila N ova de Sao P e dro , desg rana ndo l a amplia g ama de c ontactos indic ados por una gran v ariedad de materiales impor tados , y remarcando el marfil y lo s huev os de av es tr uz como dos mat e riales imposibles de adquirir localme nte en la peníns ul a. Harrison y Gilman apuntaron, como lo hicieran anterior mente J odin y Camps , al noroeste a fricano como posible fuente de a bastecimiento de esta materia prima. Aunq ue ref lexionaban sobre la relación de comercio “anómala” (desde el punto de vista africano) que se produciría entre el nor te de África y la península ibérica, ya que el ma terial comercializado es prácticamente ine xistente en su z ona de abas tecim iento (nor te de África), suponiendo que los objetos de intercambio eran v asos campanifor mes y metales d e la península ibérica por marfil y huevos de av estr uz africanos (Har rison y Gilman, 1977). Algunos años más tarde P o y ato Holg ado y Her nando Grande (1988) re alizaron es tudio s específicos s obre la relación entre la península ibérica y e l noroeste de África durante el periodo C ampanifor me. Es tudiaron los yacimientos conoc idos del Mar r ue cos atlántico con materiales c ampanifor mes y pus ieron en duda que el orig en de l marfil s e e ncontrara en es ta zona. A rgumentaron que, aún tratándos e de relaciones de intercambi o no equilibradas , en los yacimientos nortea fricanos deberían aparecer restos de elefantes cuyas defensas habrían sido comercializadas y que a po y arían la teoría del nor te de áfrica c omo fuente de abaste cimiento . Lleg aron a la conclusión de que e n el III y II m ilenio a .n.e sería improbable que hubieran existido ele fantes y otra fauna asociada (como av estr uces) tan al nor te de l continente africano , 55 Historia del marfil de modo que, sin descar tar que g r upos que se encontraran en e l nor te de África comercializaran c on marfil y hue v os de av estr uz, éstos lleg a rían desde otros luga res de África (P oyato Holg ado y Her nando Grande , 1988: 328). A lo larg o de la trayectoria del es tudio del marfil muchas de las publicaci ones han esta do limitadas a estudios regionales , tanto en España como en P or tug al. As í, en el cas o del ter ritorio español, encontramos publicaciones sobre zonas y periodos conc retos como el de P asc ua l Benito (1995) para el Pa ís V alenc iano durante la Edad del Bronce. Es pecial atención han recibido los denominados botones de p erforación en “V”, que han sido obj eto de estudio a niv el europeo por numerosos inv estig adores , como J . Ar nal (1954) realizando los primero s intentos de se riación tipológic a a escala europea (López Padill a, 2006b: 93), y también en la península ibérica en trabajos de a lcance local o reg ional: Andrés R upérez (1981) o Delibes D e Castro (1983) para el P aís V asc o y Nav ar ra; F onseca F er randis (1985, 1988) para Cas tilla -La Mancha; P ascual Benito (1999) para el á mbito valenciano , Rod anés Vicente (1987) para Cataluña y V alle del Ebro (Lópe z P adilla, 2006b: 93) o Uscatescu Barron (1992) para l a península ibérica e islas Baleares . Y a más rec ientem ente los trabajos de López P a dilla para botones de perforación en “V” en c ontextos argáric os (López P adilla, 2006a y 2006b) . Otros estudios tratan el marfil dentro de trabajos más amplios sobre a rte factos elaborados en materias duras de orig en animal, como e l asta o el hues o . Dos ejemplos ac tuales son, por un lado la monog rafía de J osé Miguel T eje ro Cáceres Hueso , Asta y Marfil: T ecnolo gía de la Explotación de las Materias Óseas en la Pr ehistoria (2009), dónde trata de for ma m uy g eneral la producción y consumo de estas materias primas a lo larg o de la P rehistoria: y por otro lado , el trab a jo de J uan Antonio L ópez P adilla Asta, Hueso y Marfil: ar tefactos óseos de la Edad del B ronce en el Le vante y Sur este de la Pen ín sula Ibérica (c.2500 - c.1300 cal BC ) (2011) limitando el estudio a la Edad del Bronce en las regiones señaladas en el título . Entre las tes is do c torales más recie ntes sobre el estudio de la industria ósea en la península ibérica destacaríamos la de R. Maicas Ra mos (2007) Industria Ósea Y Funcionalidad : Neolítico Y Ca lcolítico En La Cuenca De V era (Almería) , la de J .M. T ejero Cá ceres (2010) La Explotación De Las Mat erias Duras Anim ales En El P aleolítico Su perior Inicial. A pr o xim ación T ecno -Econó mica A Las Pr oducciones Auriñacienses En La Península Ibérica, y la de M. Altamirano Ga rcía (2013 b) Hueso , Asta, Marfil y C oncha: aspectos tecnoló gicos y socioculturales durante el III y II milenio A. C. spectos técnicos y socioculturales dura nte el III y II milenio A.C. en el sur de la Península Ibérica. 56 CAPÍTUL O 2 Mientras que los aná lisis tecnológ icos y experimen tale s han sido aplicados al e studio de otra s materias primas , principalment e en la industria lítica prehis tórica pero también e n la del hueso , esta rama no ha sido muy explotada en la península ibérica para el estudio del marfil. Son realmente es casos los trabajos publicados en los que se hag a un a náli s is tecnológ ico y traceológic o de conjuntos ós eos , y apoyado en la experimentación (a ex cepc ión de las tes is mencionadas en el pár rafo anterior y las publicaciones m ás recientes de M. Altamirano Garcí a 2011, 2012a , 2012b , 2013a, 2013b , 2014 a, 2014b , 2014c, 2014d y V . Barciela González, 2015, 2012, 2007, 2006) 14 . Desde comienzos del s iglo XXI muchos inv estig adores e inv estig adoras han traba jado s obr e div ersos a spectos del m arfil, c uyas inv estig aciones se han ido material izando en div ersos monog ráficos . En el caso de la P e nínsula Ibérica , en 2012 salió a la luz el primer fas cículo del v olume n 16 de la s erie monog ráfica Iberia Arch aeologica dónde se recogía n las actas de l coloquio inter nacional celebrado en Alicante en no viembre del 2008 (Baner jee et al .,2012). L a cooperación e ntre el In stituto A r queológico Alemán y el Museo Arqueológico de Alicante (MAR Q) hizo pos ible la orga nización de es te foro en el que inv estig adoras e inv estig adores inter nacionales pre sentaron y deb atieron sobre e l estado de la inv estig ación. En este v olumen se reco gen inv e stig aciones sobre el marfil en la península ibé rica y Mar r ue cos , abordándose cuestiones c omo las técnicas de fa bricación, el orig en y procedencia del material o las vías comerciales de for ma diacrónica, así como las téc nic as de aná lisi s físico -qu ímic as empleadas que proporcionan datos fundame ntales para c ontestar a es tos inter rog antes . El segundo v olume n no tardó en ser publicado . Ese mis mo año se presenta el segundo tomo de “Elfenbeinstudien” en el que e l doctor T homas X. Schuhmacher pres enta el i nventario más actualizado de objetos de ma rfil de la penín s ula ibérica de l III milenio a ne y la primera mitad del II mile nio ane (Schuhmacher 2012b). Estos dos trabajos ( Baner jee et a l ., 2012 y Schuhmac he r , 2012b) so n de vit al importancia p ara abordar cua lquier in v estig ación sobr e marfiles pe ninsulares , muy par ticular mente por que brindan una sínte sis e inv entario muy extensos que abarcan g ran par te de la pe nínsula ib érica. 14 V er por ejemplo Bar ciela González 2007, donde publica lo s res ultados de la e xperimentac ión co n ador no s personales; y 2 006 y 2012 para un análisis t ecnológico y funcional de a lgunos e lementos de ador no de mar fil de la Edad del Br once . 57 P ARTE II ― DISE ÑO DE LA INV EST IGA CIÓN CAPÍTUL O 3 Capítulo 3 ― Metodo logía y vocabula rio 3.1. ¿Por qué u na ap r oxima ción tecnológ ic a y el apo yo expe ri men tal? Entendemos la apro xima ción tecnológica como el estudio de la c ultural material prehistórica a par tir del estudio razona do de las técnica s , comprendiendo en ellas tambi én los g estos realizados por el ser humano (Inizan et. a l , 1995: 13). El análisis de las téc nicas , integ rado en la apro ximación tecnológica, y a demostró su amplio potencial para el e studio de la Prehistor ia con su ap licación a la industria lítica, al que se sumaron después los estu dios tec nológicos de l trabajo del hueso , la cerámica, e l metal , et c . (Inizan et. al , 1995 : 13). Los estudio s tecnológic os no deben e ntenderse c o mo a puestas opuestas a a quellas que tienen la clasificación tipológica y taxonóm ica como uno de sus ejes principa les , pues ambas tienen como obje to satisfacer la n e cesidad de ordena r los hechos técnicos y social es 67 Metodología y V ocab ulario para poder mejor c ompararlos e inter pretar los , y en definitiv a dotar de contenido al conocimiento ar que ológi c o (T e jero Các eres , 2010: 98). Aunque la tipología no es operacional sin considerar , aunque sea de for ma parcial, las técnicas em ple adas en l a fabricación del objeto (Inizan et. al , 1995 : 13), no debemos , sin embarg o , ne gar el ca r ácter instr umental y la impor tancia que han tenido en Arqueología, siendo durante años pieza clav e para la reconstr ucción estratig ráfica y cronocultural de los sitios . Cabe decir que pese a su "mala fam a" actua l en algunos círculos , casi desde el prin c ipio las tipolo gías apar te de realizar listados de pieza s , integ raron en a lgunos casos mínimo s descriptores tecnológic os para definir los tipos , y en este s entido , la s nue v as tipolo gías integ ran cada vez más y mejor la apro ximac ión tecnológica, ana lizando las elecciones técnicas en lugar de, como antaño , realizar simples catálog os de for ma s (V alentin, 2008 : 189 -190). Nosotros no dejaremos de proponer una cla sificaci ón tipológica (pues e s ne cesaria) pero desde una perspectiv a tecnológica, referida principalmente al tipo de objetos acabados ( Apar tado 3.6 de este capítulo). El enfoque tecnológico , fundamentado e n el uso de l conce pto chaîne opératoire , per mite jerarquizar las ele cciones que guiaron a los g r upos prehistóricos y distinguir e ntre aque llas impuestas por condic ionantes de tipo m aterial, funcional, etc ., d e las elecciones culturales , así como valorar la impor tancia de unas y otras (V a lentin, 2008; T e jero Cáceres , 201 0; Soressi y Geneste , 2011). T e ng amos en cuenta sin e mbarg o que el concepto cade na operativ a ofrece únicamente un cuadro de lectura cómodo (P ele g rin et al., 1988 ), es una her ramienta más , como pueden ser otras metodologías o enfoques a rqueoló gic os , que en este caso tiene la c apacidad de guiar el estudio a través de cada paso del a nálisis y la interpretación (Soressi y Geneste, 2011: 341) y es , c omo se v erá en sucesiv os apar tados , el instr umento que ha guia do nuestr o raz onamiento y ordenación de esta tesis doctoral. La ca dena operativ a, entendida como una herramienta metodológica , nos per mite acercar nos tanto a los c ompor tamientos técnicos como a algunos de los aspectos económicos y socia les de una sociedad del pasado . Nos ayuda a re c onstr uir el orden de los diferentes pasos da dos pa ra la producción de un artefac to (G eneste, 1991 : 10) 15 y pe r mite también entender su org aniza ción ge og ráfica y temporal (Soressi y Gene ste , 2011: 341). P or ejemplo , per mite conocer la localización de cada estadio de la cadena de tra n sfor mación a par tir de la presencia o ausencia de los diferente s productos en un sitio pa rticular (Geneste, 1991; A verbouh, 2001). 15 Citado en Sore ssi y Geneste, 2011: 337. 68 CAPÍTUL O 3 Así pues , el e nfoque tecnológ ico y la propuesta de una tipología con marca dores técnicos , se presentan como el acercamiento má s completo al papel del marfil durante la Edad del Cobre, pues nos per mitirá interpretar un g ran nú mero de a cciones y elecciones que los g r u pos humanos rea lizaron sobre este material, desde su adquisición hasta su abandono o amor tización, pasando por su g estión e impor tancia o valor social, y per mitir á e n un futuro la comparac ión, a niv el sincrónico y dia crónico , de piezas de diferentes conjuntos y yacimientos , mostrando las diferencias o similitudes en la forma de hacer. Además , debemos comprender que la tecnología aba rca todo el sis tema té cnico puesto en jueg o e n una cultura (Inizan et. al , 1999: 13), y que por tanto el conocimi ento y reconocimiento de l sub - sistema de la industria ósea y concretamente la g estión de una ma teria prima e xtr aña y exótica como el marfil, per mite conocer algunos aspectos de otros sub -sistemas , como el de la tall a lítica o el metalúrgic o por ejemplo , dado que todos ellos se encuentran inter rel acionados . Se presenta como un medio de acc eso a sus e sfera s sociales , económicas y culturales en sociedades ya desaparecidas y ág rafas (A verbouh y Prov e nzano , 1998-1999: 5). De este modo , el a nálisis de las técnica s de trabajo de la s materias ósea s, entre las que s e incluye el marfil, tiene un rol muy impor tante que desempeñar, pues la industria producida con ellas se convier te e n uno de las compone ntes mayorita rios de la cultura mate rial a p a r tir del P a leolítico Superior , y po r tanto , su estudio puede enriquecer la reconstr ucc ión del sistema técnico g eneral d e una sociedad (A verbouh y Pro venzano , 1998-1999: 5). Además , y por otro la do , consideramos que nuestra propuesta, desde el punto de vi sta tecno-económico de las producc iones ebúr neas , requería de un apar tado experimental que complementara la infor mación recaba da tras el análisis tecnológico y afianzara alg unas hipótesis plantea das . S i bien éste puede resultar de modesto alcance, por limitarse a una pequeña pa r te, no solo de la compleja rea lidad de las materias ó seas en la Prehistoria R eciente , sino también relativ a al propio marfil, los e xperimentos llev ados a cabo ha n s ido de g ran interés y utilidad, no solo para nuestro estudio , sino creemos que pa ra futuras inv estig aciones . La Arqueología experimental, o la experimentación en Ar que ología, no e s "jug a r a ser prehistóricos" sino que e s una metodología de m arcado carác t er empírico que per mite recabar infor mación vali osa, y realiz ar impor tantes apor tacione s científica s sobre el contexto socioeconómico de las comunidades de l pasado (Baena Preysler y T er radas Batlle, 2005; T eje ro Cáceres , 2010). Es una herramie nta de inv estig ación (Outram, 2008: 3) cuyo nacimiento se produc e en el seno de la inv estig ación prehistór ica, campo en el que la 69 Metodología y V ocab ulario ausencia de documentaci ón escrita, los datos fra gmentarios y la falta de e lementos de contrastación de a lgunas hipótesis , llev an a la búsqueda de metodologías y recursos de análisis alter nativ os a la simple documentación de l registro (Morg ado Rodríguez y Baen a Preysler , 2011: 21). Mientras en otros países la Arqueología Experim e ntal surgió ya en el siglo X IX, en España no comenzará h a sta la segun da mitad del siglo XX. Si n embarg o , en las últimas dé cadas ha sido cada v e z más empleada como una metodología válida y capaz en la inv e stig ación arqu eológica (Baena Preysler et a l., 2014). A unque no era posible llev ar a cabo un prog rama experimental sistemático (por div ersos condicionantes qu e se e xplican más adelante) c ons ideramos que pese a todo , llev ar a cabo una serie de experimentos concretos podría resolver preguntas específicas , da do que este modo de ace rcamiento al registro material a r queológic o per mite, entre otras cosas , establecer un cuerpo comparativ o como medio de contrastación de las hipótesis postuladas sobre la producción del objeto , a través de la c onfiguración de réplicas, o la reconstr ucción de g e stos y procesos (Morg ado Rodríguez y Baena Preysler, 2011). Además , la experimentación puede ser a su v ez un método de descubrimiento a partir de l cual podemos for mular nuev as propuestas (sin la existencia de una hipótesis preestablecida) (Hempel, 19 73: 41 ) 16 . Así pue s , el estudio tecnológi co ha sido c omplementado con una serie de experimentos enca minados a comproba r las hipótesis planteadas a par tir del estudio técnico direc to de las piezas (Capítulo 10). 3.2. Estudio tecno lógico: termino logía y metodología aplicad a a la industria ós ea En este a par tado queremos sintetizar y explicar la ter minología empleada y definida para el desar rollo de esta tesis doctoral, con la finalidad de facilitar su lectura y dejar claros los tér minos que se emplearán en el análisis . P a ra el desarrollo de esta par t e hemos seguido la te r minología y definiciones emplea das y consolidadas anterior mente por otras in vestiga doras y otros inv e stiga dores . Las principale s obras c onsultadas pa ra el desar rollo de este a par tado han s ido las que se citan a continuación. En primer lugar, y principalme nte , las de finiciones y los té r minos establecidos por A verbouh y Prov enza no (1998-1999 ) para el estudio de la industria ósea, y ho y plenamente vig entes y ac eptados . En segundo lug ar , en cuanto al vocabulario específico en español, por un lado hemos usado las traducc iones al ca stellano propuestas 16 Citado en Morgad o Rodr íguez y Ba ena Prey sler, 2011 : 22. 70 CAPÍTUL O 3 por e l g r upo GDRE Prehist os en el Multilingua l Lexicon of Bone Industries (2010) y por otro , las adaptaciones de la te r minología espec ífica propuesta por T e jero Cáceres (2010 , 2013). La tesis de J .M. T eje ro Cáceres (2010) posterior mente publicada en B AR International Series (2013) ha sido una referencia clav e en lengua castellana (aunque e n algunos c asos no hemos seguido estrictame nte su propuesta si cier tos tér minos no s resultaban poco adecuados o confusos para n uestra cronología), ya que desde 2010, momento en el que este inv estig ador hizo su propuesta de adaptación al ca stellano , no se h a realizado ninguna nuev a revisión sobre la ter minología del análisis te cnológico de materias óseas en nuestro idioma. 3.2.1. Los con ceptos de esquema tecno-econ ómico y d e cadena ope r ativa P a ra comprende r los conce ptos a quí expresados es fundamental consultar la Figura 3.1. durante la lectura de este apar tado . El e squema tec no-económico puede descomponerse en v a rias secuencias , que tienen objetiv os diferentes (A v erbouh, 2000 y 2 001, a partir de Pig eot, 1991 ): Secuencia de adquisició n. Es la etapa de a pro visionamiento de la materia prima. Comprende l a expedición, la obtención (cole cta, ca za, cría a partir del Ne olítico y el intercambio -), la selección, el transporte y el almacenaje. Secuencia d e pr oducción. Comprende desde las ope raciones de tratamiento puntual de la materia hasta la fabricación del objeto en su for ma final. Secuencia de consumo . Es el estadio de uso de l objeto , en las div ersas esferas en las que este pudo ser utiliza do (funerario -ritual, doméstico , etc .) y su pé rdida, abandono o amor tización/de posición intencionada. P or su par te, l a cadena de transfor ma ción o cadena oper a tiva 17 (sinónimos) comprende desde la selección de la materia prima, su transpor te, y almac enaje en su caso , hasta el último estadio de la secuencia de producción (tratamiento , obtenci ón del soporte, confección y acabado) (Fig . 3.1.). 17 El término c haîne-opératoire f ue u sado por primera vez por A. Leroi -Gour han e n 1964. No fue él, sin embargo, quie n lo formaliz ó, sin o sus "alum nos -seguid ores" en e l seno d el gru po Tec hniques et Cultu re surgido en 1972, resur giendo y popularizándose la expre sión a partir d e la publicación de l primer volumen d e "Technique s et Culture " (Djindjian, 2013). 71 Metodología y V ocab ulario Así, e l conce pto de cadena operativa abarca el conjunto de los me dios técnicos empleados para elaborar un objeto , posibilitando la reconstr u cción d el orden de los diferentes pasos dados para su producció n (desde su diseño mental pasando por su fabricación y uso y culminando con su abandono , desecho o a mor tización ), y también cono cer dónde se desar rolló cada etap a. P or ta nto , posibilita definir la g estión económica de la materia prima en un ter ritorio o sociedad (Inizan , 1976). De este modo , la reconstr ucción de la chaîne- opératoire c onsiste e n ide ntificar las téc nicas , los procedimientos y los métodos llevados a cabo para la transfor mación de un material óseo y deter minar su org anizac ión. En primer lug ar e xistiría un pro y ecto cognitiv o por par te de la pe rsona que ela bora el objeto que posterior mente se t raslada a un esquema conce ptual y se concreta en un esquema operativ o , cada uno de cuyos pasos es de pendiente de un a serie de factores naturales y humanos (Inizan et al ., 1995). Así, la teoría e s q ue los elementos constantes de la cadena de transfor mac ión per miten de ter minar el e squema conc eptual, y a su vez la definición de los objetiv os del es quema conce ptual pe r mite la definición del pro y ecto inicial. Fig . 3.1. Esque ma te cno-ec onómico de la industria ósea : ext ensión d e las d iferentes cade nas y los tipos d e productos producid os e n c ada una (Modifica do ba sado en A verbouh, 2001: 113 , tab . 1; a par tir de Pig eot, 1991) 72 CAPÍTUL O 3 3.2.2. El " re montaje po r defecto" La apro xima ción tec nológica trata de entender los factores inv olucrados en la fabricación de un objeto: c ómo fue hecho y de qué mane ra se org a nizó su producción, entendiendo ésta como una sucesión de g estos org anizados , e intentar compren der el obje tiv o final de éstos . Se pretende c aracterizar la obtención de soportes, y de for ma g eneral la for ma de trabajar la mate ria la prima, no solo en tér minos técnic os sino también en tér minos de producción (tipos de productos) y producti v idad (cuánto producto por unida d de materia prima) (A verbouh, 2001: 112 ). Sin embarg o , los problema s de conser vación diferencial de los materiales óseos no admiten en muc has ocasiones reconstr uir los pasos dados en la producción, y por tanto no per miten realizar uno de los procedimientos clav e del análisis tecnológico: el remontaje. El principio de remon taje , e sto es , la unión de piezas o fragmentos desprendidos de un bloque original, acuñado y empleado para la industria lítica, es aplicable de for ma teórica a los c onjuntos de materiales óseos , pero en la prá ctica lo cier to es que juntar de for ma directa los diferentes productos de la transfor ma ción del bloque es en la may oría de los casos imposible (A v erbouh, 2000). Este tér mino significa recolocar , o juntar , todo aquello que está roto o desprendido con la intención de dis tinguir entre una rotur a a ccident al y un g esto técnico intencionad o (Ti xier , 1980). Es , dig amos , " v olver a colocar cada fragmento desprendido del bloque de materia prima en su sitio". Debido a los problemas inherentes de la s materias duras animales, e n la tecnología ósea se emplea el tér mino r emontaje por def ecto ( r emontage par d éfaut 18 en francés), ba sado en la reconstr ucc ión teórica (a partir de un e studio razo nado de la s evide ncias materiales) de las operaciones llevad as a cabo en la ca dena operativ a. Se trata de, a través de la lectura técnica de las piezas , ide ntificar las caracte rísticas técnicas que han presidido su desprendimiento del bloque para encontrar de for ma hipotética la disposición y sucesión de la s acc iones 18 Este tér mino e s d iferente al vocablo "me ntal refitting"/"r emontage mental" em plead o pa ra la industria lítica. En 1977 será c uando por fin u n tecn ólogo de l hueso, A. Billa moz, em plearía p or primer a vez el método del remontaje por def ecto, aunqu e d e forma implícita, in tentando enco ntrar la s consta ntes del debitag e e intentando c ombinar los resto s d e fabricación con los objet os y los esbo zos, considerad o por algunos e l primer auténtico a nálisis te cnológico d e un conjun to óseo t rabajad o (Ave rbouh, 200 0: 36). S erá la investigad ora A. Averbouh (e n su tesis d octoral, 2 000, y en u n trabajo posterior, 2001) qu ien expuso los principios d efinitivos del método del remontage pa r defaut , ad aptando esta metodol ogía a las contingencias particulare s de los materiales óseos, sis tematizando e l proced imiento, estruc turando y formalizando las e tapas a seguir para su puesta en práctica sobre los conjunt os óse os. A. Aver bouh explicó en su te sis (2000: 37) qu e el término rem ontage par défaut resultaba más adecua do para las mater ias duras animales, pues refuerza y pone en valor la dife rencia entre un r emontaje lític o y óseo, da do qu e el segundo se fundamenta e n la ausencia de deter minados productos o pie zas, y no solo en la lectura técnica. 73 Metodología y V ocab ulario F lexión. Se trata de la fragmentación del bloque aplicando una fuerza de tracción/f lexión continua. Puede realizarse direc tamente con las manos o apo yando e l bloque sobre algún elemento (un tronco de árbol por ejemplo). El e stigma asocia do es el plano de fractura, acompañado ade más por un a carac terís tic a lengüeta (saliente de materia prima) sobre la cara opuesta a aque lla donde se aplica la fuerza en el momento de l desprendimiento total. Se aplica en la fase de obtención de soporte s . P or su par te, las técnicas de despr end imiento también son tres , y son aquellas cuya consecuencia es la supresión de materia de un bloque mediante la aplicación de una fuerza violenta, desprendiendo de éste fragment os o lasc as de div e rso tamaño (T ejero Cáceres , 2010: 110). Percusión cortan te dir ecta . Se trata de aplicar un g olpe e n un punto conc reto con un útil que presenta una par te activ a cortante. El estigma es el nega tiv o d e de sprendimiento y l a entalladura o muesca. Al g olpe ar la materia p rima con la par te activ a cor tante se desprenden la scas que dejan su neg ativ o en e l bloque trabajado . Estos neg ativ os se disponen unos a l lado de otros y se superponen. De la misma mane ra, cuando el filo penetra de for ma más p erpendicula r en la ma teria se crean una serie de e ntalladuras o muescas con la for ma del borde activ o . A su vez, se crea una g arg anta que según su localización puede ser unifacial, bifac ial o periférica (se presenta en una o dos ca ras del bloque o en todo el perímetro). Esta técnica se emplea e n la fase de obtenció n de sopor tes (procedimientos de seccionado de los bloques). Percusión co rtante indir ecta . Se trata de la sepa ración de la ma teria mediante un g olpe trasmitido a tra vés de un ele mento inter medio sobre el que se aplica la percusión, dando como resultado el desprendimiento de astillas o vir utas . Los estigmas asociados dificilmente se pueden discer nir de l os de la percusión cortante directa. Se e mplea en la fase de obtención de sopor te o en la confe cción. Percusión dir ecta difusa. Su estigma c aracterístico es el neg ativ o de e xtracción caracterizado por un bulbo y en ocasi ones por la presenc ia de ondas de choque. Se emplea para la obtención de lascas (T eje ro Cáceres , 2010: 110) . 80 CAPÍTUL O 3 3.2.4.2. T écnicas de des gaste Son la s técnicas empleadas con la finalidad de eliminar prog resiv ame nte par tículas de la materia, apl icando presión mediante un útil. P or un lado tenemos las téc nicas de desgaste en superficie (en extensión): R aspado . Es la e liminaci ón de finas partíc ulas de la superficie por frotamiento para regularizarla o disminuir su e spesor , realiza ndo un movimiento unidirecc ional y repetido , g eneralmente, pero no oblig atoriamente, e n el sentido de las fibras ósea s con el filo de un a her ramienta dispuesta transvers a lmente a la superficie trabajada . Los estigmas asociados son las estría s , superfici ales y dispuestas longitudina lmente . Son paralelas entre sí y ag r upadas en playas o extensiones . Pueden estar asocia das a marcas de rebote del útil ( traces de b routa ge en francé s o shater marks en inglés). Éstas son pe rpe ndiculares al e je de la dirección del raspado y se producen por la vibración del filo sobre la materia. Se emplea en la fase de prepa ración del bloque (para la e liminación del periostio , por e jemplo, en el caso del hueso) o e n la confec ción de los objeto s c on el fin de da rles su for ma. T ambién puede aplicarse en otras operaciones como la reparación o e l reav iv ado . Abrasión. Es la eliminación de par tículas finas mediante el frotamiento , con el objetiv o de regularizar la superf icie o dis minuir el e spesor . El mo vimiento , a diferenc ia del raspado , no tiene por qué rea lizarse e n un solo sentido , pue de ser giratorio o de vaivén, y cambiar de orientación. Se realiza frotando dos s uperficies (el sopo r te trabaja do y el elemento abrasiv o), una de ellas en posición pasiv a. Su e stig ma ta mbién e s la estría, siendo e n este caso recta s o circula s de pendiendo del movimien to emp leado , y más o menos paralela s unas a otras , pero no ag r upadas . P or lo g ene ral el espesor de estas estrías es menor , y depe nde del "g rano" del a brasi vo y de su ce menta c ión, en el c aso de a brasi vos líticos . Es una técnica aplicada tanto en la fase de obtención como en la de confección. Pulido . E n este caso se tr ata de la eliminación de micropar tículas por frota miento de la superficie contra un abrasi vo de g rano muy fino . La téc n ica de l pulido entraña cier to debat e entre los tecnólog os del h ueso . Alg unos acepta n que se trata de una técnic a d iferenciada de la abrasión, mientras que otros consideran que se trata de una abrasión p ue s la única diferencia es e l tamaño de la par tícula d e l elemento abrasiv o 20 . C omo en el c aso anterior, el movimiento es rotatorio o de vai v én. En e ste caso las estrías son mucho má s finas . Estas 20 Nosotros en esta tesis consid erare mos el pulido d entro de la téc nica de abrasión, y usaremos e l término pulido para re ferirnos a una abrasión co n un abrasivo muy fino . P or tanto, un tipo d e abrasión específic o. 81 Metodología y V ocab ulario estrías se extienden g e neralmente por toda la superficie de la pieza, lo que ayuda a diferenciarlas de las e strías prov oca das por e l uso que se limitan a la zona activ a. Esta técnica se aplica únicamente para el acabado . La técnica de la abrasión no se efe ctúa únic amente con elementos líticos (piedras abrasiv a s de diferente g ranulomet ría) sino que de pendiendo de la fin alidad se pueden utilizar múltiples elementos: trozos de madera y cenizas , pieles y c uero , pigmentos como óxidos de hier ro , etc. Las técnic as de desg a ste e n profundid ad eliminan materia en e spesor pero el desg aste es localizado . C rean un surco o ranura con for ma y medidas diferentes de pendiendo de la técnica y el filo del útil empleado . R anurado . Esta técnica ataca el espesor del sopor te con un movimiento u nidireccional, creando una ranura profunda y larg a con sección e n U o e n V a bier ta con fondo plano . Esta técnic a se emplea tanto en la obtenc ión de soportes como en la fase de confec ción. En las paredes del surco se pueden obser var larg as estrías paralelas entre sí y pa ralelas al fondo del propio surco . Aser rado . Esta técnica ataca el es pesor de la materia, penetrando en e lla media nte un movimiento de v aivén en e l que se aplica una presión suficiente para ir p enetrando poco a poco . El surco característico es de sección en V cer rada . En ambos plano s d e a serr ado se obser v a n e strías rectas , e n oc asiones ligeramente oblicuas o tang enciales a l plano de aser rado . Incisión. En e ste caso se trata de la eliminación de par tículas creando un su rco (inc isión) poco profundo con un movimiento unidireccional con tinuo . En este caso se produce un surco poco profundo y de bordes recto s de sección en U cer rada, o en V , dep endiendo del ángulo con el que se ha ya aplicado el útil. Suele emplea rse e n la fase de acabado , para realizar las dec oraciones , pero también para delinear o ma rcar la zona a trabaja r (por ejemplo , se suele realizar una incisión que fac ilite el ag a rre del útil cor tante e n el ca so de realizar un aser rado). Aser rado (por abrasión) con hilo o cuerda. Esta técnica (" Sciage au fil sa b lé" ) fue identificada , descrita y experimentada por F . P oplin (1974), identifica da por A. Billamboz en 197 7 ("Sciage à la ficelle") y se ha nombrado en castellano como "aser rado con b ramante" (López P a dilla, 2011 : 331). Los tér minos en francés nos parece n más a decuados , dado que 82 CAPÍTUL O 3 "bramante" alude ex c lusi v amente a un "c ordel delg ado y resistente hec ho de cáñamo" , por lo que no contempla ría eleme ntos de otros materiales . Nosotros emplearemos para el castellano el tér mino " Aser rado (por abrasión) con hilo o c uerda", dado que se trata de realizar un cor te por abra sión. Se emplea un cordel (de fibras v eg etales , tendones animale s o cuero por e jemplo) y se introduce e l elemento abrasi v o , una arena por ejemplo (se impregna el cordel o se va añadiendo sobre e ste) y se realiza un movimiento de vai vén tirando de la cuerda desde sus e xtremos . En la superficie o pa red de la zona cor tada se obser v a n sutiles ondulaciones (debidas al movimiento lateral). El surco adq uiere for ma en U con bordes paralelos y fondo redondeado con series de estrías . 3.2.4.3. T écnicas inter medias En esta categ oría encontramos dos técnicas que recuerdan a las técnicas d e de sg aste pero se diferencia por el resultado obtenido (desprendimiento de esquirlas) . T aille a u can if (cor te con c uc hillo ) (A v erbouh y Prov enzano 1998 -1999: 17). Con esta téc nica se produce la ablac ión de finas porciones de materia por un choque asociado a un rascado , con la intención de disminuir el g rosor . El movimiento imprimido es semi -rotatorio asociado a una presión sobre la superficie y la par te activ a del útil empleado es cor tante. El estigma asociado es una serie de extracciones pene tr antes en for ma de muescas , en la s que se v erían e strías asociadas al microastillamiento o topografía del filo a ctiv o . Cincelado . Hemos propuesto el tér mino "c incelado" para el empleo de una pe rcusión cor tante indirecta empleando un útil de filo activ o cor tante en áng ulo agudo . E sto es , la her ramienta se c oloca en un áng ulo bastante paralelo a la superficie a trabajar con la intención de e liminar vir utas de materia prima de la superficie . Cada g olpe de percusión ejercido g enera un neg ativ o de extracción (debido a la penetración del filo del útil) en el que se obser van estrías orientada s en e l sentido del mo vimiento , ref lejo de la topog rafía de la her ramienta. Debemos remarca r , sin embarg o , que el cincelado puede realizarse si n percusión, empleando la her ramienta de for ma similar a la té cnica de T aille au canif . 3.2.5. Pr ocedimiento s Un procedimiento se entiende como la suce sión de varios g est os pue stos en jueg o para conseguir un deter minado resultado (A verbouh, 2000: 55). De esta for ma , un procedimiento es la c onjunción de v a rios g estos y acciones de pendientes de diferentes 83 Metodología y V ocab ulario técnicas , o en palabras claras y concisas de T ejero Cá ceres (20 10: 116 ) es "una suma de técnicas". Los procedimientos de traba jo se e ncu e ntran en todas la s fases de la c a dena técnica de transfor mación. Un procedimiento está caracte rizado por (A v e rbouh y Prov enzano , 1998 -1999: 7): las técnicas empleadas, su disposición y el resultado buscado . Algunos procedimientos propuestos hasta la fecha son:  Pr ocedimientos d e fragmenta ción . Su objetiv o es se parar el bloque en dos o má s par tes . Depe ndiendo de la dirección del eje de transfor mación, serán procedim ie ntos de hendido si es transv ersal, o de ar rancamiento si es longitudinal.  Pr ocedimientos de delin eación . Se trata de la delimitación de la zona de trabajo , o figura, con un trazo .  Pr ocedimientos de modificación d e sup erficie . Son aquellos que cambia n la apa riencia de la superficie: desg rasado (eliminación de periostio), reducción/adelg azamiento (descor ticado) y unifor mación (alisado y regularizaci ón).  Pr ocedimientos de m odificación de for mas y de m asas . Tienen como objetiv o dotar al bloque de una n ue v a for ma o volumen. Se trata de los procedimientos de desbastado , esbozado , v a ciado , recor tado y perforación. P e ro también podremos e ncontrar diferentes procedimientos de re paración o de consolidación de los ar tefactos . 3.2.6. Métodos o modos Método es , según el Dicc iona rio de la R ea l Academia de la Lengua E spañola, el modo de hacer a lg o con orden. Los métodos se encuentran en el plano te órico y son una constr ucción cuya finalidad es alcanzar el resultado deseado a través de la concatenación de v a rias operaciones (A v e rbouh, 2000: 151) . El estudio de la tecnología ósea es deudor del estudio lítico , por lo que los autores dedicados a la industria ósea se basan en los criterio de rec onocimiento de la talla lítica. Así se distinguen 6 métodos: 4 de d ébitage y 2 de confección, hasta la fec h a. 84 CAPÍTUL O 3 Modo de obtención de soportes o d ébitage. La finalidad es fraccionar la materia prima para obtener fragmentos que potencialmente pueden ser transfor mados en objetos (Inizian et al., 1995).  Po r fracturación . Se trata de hacer e stallar el bloque media nte un choque violento para obtener fragmentos de for ma indeter minada.  Po r se gmentación . Se trata de dividir el bloque transv ersalmente e n trozos con una for ma y dimensiones deter minadas .  Po r bipar tición. Consiste en dividir el bloque por su eje longitudinal para conseguir dos mitades con una for ma y dimensiones apro ximadame nte similares , y de ter minadas .  Po r extracción . El objetiv o e s extraer del bloque una porción definida, obtenie ndo así soporte s con for ma y dimensiones deter minada s , muy cercanas a la for ma final del objeto . Los modos de confección son los métodos empleados en la fase de confección dentro de la cadena operativ a:  De apro xima ción. Se trata de realizar los pla nos principales que definen el objeto .  De perfilado . C onsiste en perf ilar de for ma con cisa el contor no de la pieza. 3.3. Estudio e xperimen tal: algunos e xperimen tos par a alguna s pr eguntas. Una par te complementaria al estudio tecnológico , y no por ello menos impor tante de la tesis doctoral ha sido la realización de una serie de experimentos planteados y lle v a dos a cabo para responder a cier tas hipótesis c oncretas sobre el registro material estudiado (Experimentación y análisis desarrollados en el C apítulo 10). Lo primero , tras el estudio ba jo lupa binoc ular de todo el c orpus de e studio , f ue plantear las preguntas o hipótesis , que en nuestro caso iban especialmente dirigidas a la fabricac ión de los objetos: ¿qué tipo de útiles (for ma de la par te acti v a y materia prima) fueron responsables de las huellas que vemos sobre el material?, ¿cómo explotaban la defensa?, ¿de qué zona del colmillo fueron extraídos los objeto s? Lo s objetos acaba dos , así como los escasos desechos de fabricación, nos dieron indicios sobre potenciales her ramienta s y sobre la for ma de explotación d el colmillo . Sin embargo , la escasez de productos inter medios no 85 Metodología y V ocab ulario per mitía conoce r los modos de debitage ni asegurar los sopor tes emplea dos , a unque sobre estos asuntos ha sido posible apor tar algunas hipótesis bie n fundamentadas . La selección de los útiles de trabajo , las téc nicas y métodos fueron prev iamente razona dos , tras el estudio minucioso de la estr uc tura de l marfil y de la s huellas obse r v a das e n e l material arqueológ ic o . La docume ntación del pro c eso ha sido todo lo de tallada q ue el equipamiento disponible ha per mitido , tomando el mayor número posible de da tos tanto cualitativ os como cuantitativ os . P a ra la mayorí a de los ca sos , se e mplearon útiles y materias primas docu mentadas en V alencina o en un radio de c aptación del y acimie nto razonable y las herramienta s experimentales se basaron en modelos arqueológicos encontrados en e l sitio . Sin embarg o , en algunas ocasiones se emplearon he r ramientas moder nas c uándo la pregunta de inv estig ación iba orientada a obser v ar carac terís tic as d el marfil y no se su tra bajo o de las técnicas empleadas . Como ocurre en m uchos casos , es posible que n uestro trabajo hubier a requerido de ciertos experimentos piloto , que hubieran per mitido tomar c ons ciencia de la materia prima trabaja da y su reacción, y en c onsecuencia optimizar el trabajo . Sin embarg o , ante la escasez de materia prima y presupuesto no podíamos invertir ma terial e n "tests" previos , por lo que de bimos limitar nuestra apor tación exp erimental a lo que se expone a lo larg o del C apítulo 10. 3.4. Organi zaci ón d e l a información Los datos rela tiv os a la s piezas estudiadas han sido recopilados en una base de da tos realizada con el prog rama Microsoft Office Acc ess 2007. En esta ba se de da tos hemos recogido infor mac ión que hemos considerado relev ante para nuestr o estudio y que aba rca v a rios tipos de datos (Fig . 3.3 .):  Infor ma ción identificativ a: es el núme ro de inv entario únic o dado a cada ítem estudiado , diseñado durante los trabajos de orde nación y e studio del material. Este número de ide ntificación e s e l que pode mos e ncontrar en la casilla " Nº inv entario ML T", y que está for mad o como se explica a contin ua ción: abreviación de l nombre de la ex c av ación, seguido de bar ra inclinada, nº de e str uc tura o unidad constr uctiv a, barra inclinada, nº de UE, bar ra inclinada, nº cor relativ o asignado por nosotros para ca da UE si el ex cav ador no lo había ya asign a do (ej. PP4-M/10042/535/7 = se trata del obje to nº 7 hallado en la UE 535 de la estr uctura 10 .042 de la ex cav ac ión PP4-Montelirio) o 86 CAPÍTUL O 3 número de inv enta rio dado por e l museo , si lo tiene (ej. IES/402/403/14 -10 = se trata de la pieza inv entariada con el número 1 4 -10 encontrada en la UE 403 de la estr uctura 402 de la ex cav ación del IES). Si una misma ex cav ación cue nta con campaña s en años diferentes tambié n se espec ifica, y en el c aso de conocer la zona de la estr uctura de donde procede la pie za también (E j. MONT -DJ09/ 19-CG/337 -2, se trata de la pieza o fragmento nº2 de la UE337, que se encue ntra en la C ámara Grande del tholos de Montelirio , ex cav ada en la Campaña con códig o DJ09/19). Fig . 3.3. Ba se de datos diseñad a y e mpleada para la tesis d octoral. Se e str uc tura en dife rentes pestañas (Elaboración propia)  Infor ma ción descriptiv a: datos relativ os a la naturaleza for mal y material de cada pieza. Son los datos contenidos en los siguien tes campos:  "Descripción g e neral": se trata de un campo de texto e n el que se realiza una descripción g eneral de la pieza (f or ma, decoración, etc y otras par ticularidades reseñables).  "F otog rafía" y "Dibujo": campos para recog er infor mación g ráfic a de cada pieza.  "Larg o", "Ancho", "Espesor", "ø (diámetro)", " r (radio)", "V olumen" y "P eso": Campos métricos . 87 Metodología y V ocab ulario  "Materia prima": tipo de materia dura animal 21 con la que está rea lizado el objeto de estudio .  "Modo de identificación" y "Descripción" de l a m a teria prim a: método empleado para el e studio de la materia prima, y descripción de las caracte rísticas obser v adas a diferentes aumentos que han llevado a la identificación.  "Especie": deter minación de la especie animal (ej. Ele phas maxim us (Elefante asiático)) si se sabe.  "Sopor te anatómico": deter minación de la par te de la osamenta (ej. Tibia, incisiv o superior , etc.).  Infor ma ción tecnológica: algunos de los campos ante s expuestos también apor tan infor mación relev ante para el e studio tecnológico , c omo las medidas , l a materia prima, la especie y el sopor te anatómico pues nos dan infor mación cuantitativ a sobre la s materias primas más explotadas así como la for ma de explotación de las esp e cies . Los campos específicos incluidos en la base de datos relati v os a la tecnolog ía son:  "Categ oría tec no g eneral": E n esta cate g oría se establec e e l primer niv el de catalog ación del material estudiado en base a los cinco tipos de productos obtenidos (que son los elementos de análisis tecnológico) en los diferentes estadios de la cadena operativ a: bloques , soporte s , esbozos , objetos ac abados y restos de fabricación.  "Categ oría tec no específica": en esta c ateg oría se es table cen las subcateg orias de 4 de las c ateg orías g enerales ante riores (tipos e specíficos de bloques , sopor tes , esbozos y restos de fabricación) .  "Tipo de obje to acabado": para los objetos acabados se ha introducido este campo específico que hace refe rencia a la c ateg oría tipológica en la que se ha enmarcado el item estudiado .  6 campos (uno por cada cara o e xtremo del objet o) para la lec tura tecnolgíca: donde se hac e una descripción de los e stigmas obser vados e n la superficie de los o bjetos 21 Se refiere a todas las pa r tes d uras , tanto in ter nas como e xter nas , que componen el e squeleto animal, entre las que se encue ntran: hueso , asta, ma rfil, concha, pezuña, die nte, cuer no . 88 CAPÍTUL O 3 que apor tan infor mación sobre las técnic as y útiles e mpleados para su transfor mac ión, los procedimientos y los modos de producción.  4 campos para hacer apreciaciones y c omentarios sobre la inter pretación de los estigmas , sobre el modo de debitag e (obtención de sopor tes), e l mo do de confección o para describir los procedimientos identificados .  Campos rela tiv os al estado de conser vación c omo "nº de fragmentos", "Estado g eneral de la superficie" o "valoración respecto a la lec tura tecno" ´donde se hace una descripción y v aloración somera del estado de la superficie del objeto en relación a la calidad del estudio de las técnicas de trabajo (si lo per mite o no). Fig . 3.4. P estañas d e la BD r elativ as a la infor mac ión y análisi s tec nológico de las piezas (Elabo ración propia) 89 M e t od olog ía y V oc a b u la r io larg o , como en fragmentos s in f or m a de f inible o pi e z a s dif íc ilm e nt e or ie nt a bl e s , e n los que hemos trazado el eje longitu dina l ha c i é ndolo c oinc id ir c on e l de m a y or long it u d. Fig . 3.7. De nominac ión de la s p a r t e s d e lo s o b je t o s . E je m p lo s d e a p u n t a d o s , r e c ip ie n t e s y ma n g o s o e mp u ñ a d u r a s ( E la b o r a c ió n p r o p ia ) . 3.6.2. Decor aciones En este apar tado se describ e n los t ipos de de c or a c i one s doc um e nt a da s e n e l c onjunt o de marfiles estudiado que se di v ide n pr inc ipa lm e n t e e n de c or a c ione s e n ba jo r e lie v e (eliminación de materia en s upe r f ic ie ) , c a l a da s ( e li m ina c ión t ot a l d e m a t e r ia ) y un pos ibl e caso de uso de color . 3.6.2.1. Motivos en bajo r el i e v e Las decoraciones documenta da s no s e r e a liz a r on m e dia nt e " s im ple s " inc is ion e s g r a ba da s e n la superficie, sino que se elim inó m a t e r ia c on la int e nc ión de que los m ot i v os r e pr e s e nt a dos sobresalieran lig eramente d e l f ondo . E s po r e llo que c ons ide r a m os la s de c or a c ione s obser v a das en la superficie de los obje t os c om o " ba jo r e li e v e s " a unqu e s e a n a pe n a s milimétricos (Figs . 3.8., 3.9 y 3 . 1 0 . ) . Motivo de diamante: motiv o r e a liz a do m e dia nt e pr of unda s a c a na la dur a s r e c t a s , g e ne r a lm e nt e de sección en V abier ta , q ue a l c r uz a r s e g e n e r a n e s pa c ios c u a dr a dos o r om boida le s e n Metodología y V ocab ulario la r g o , c om o e n f r a g m e nt os sin for ma definible o pi ezas difícilmente orient a bl e s , e n los que he m os t r a z a do e l e je long i t u dinal haciéndolo coincidir con el de ma yor lon g it u d. F ig . 3 . 7 . De n o mi n a c ió n d e l a s par tes de los objetos . Ejemplos de apuntados , recipien t e s y ma n g o s o empuñadur as (Elaboració n propia). 3 . 6 . 2 . D ec o r a c i o n e s E n e s t e a pa r t a do s e de s c r i ben los tipos de decorac iones documentadas e n e l c onjunt o de m a r f ile s e s t udia do que s e dividen principalmente en decoraciones e n ba jo r e lie v e ( e lim ina c ión d e m a t e r ia e n superficie), ca ladas (eliminación total de mate r ia ) y un pos ibl e c a s o de us o de c olor . 3 . 6 . 2 . 1 . M o t i v o s en b a j o r elieve L a s de c or a c ione s doc um e nt adas no se realizaron m ediante "simples" incisi on e s g r a ba da s e n la s upe r f ic ie , s ino que s e e li minó materia con la intención de que los moti v os r e pr e s e nt a dos s obr e s a lie r a n lig e r a m e nt e de l fondo . Es po r e llo que consideramos la s de c or a c ione s obs e r v a da s e n la s upe r f ic i e de los objetos como "bajo relieves" aunq u e s e a n a pe n a s m ili m é t r ic os ( F ig s . 3 . 8 . , 3 . 9 y 3.10 .). M o ti v o d e d ia m a n te : m ot i v o realizado mediante prof undas acanala duras rect a s , g e ne r a lm e nt e de s e c c ión e n V a bi e r t a , q ue al cr uzarse g eneran espacios cuadrados o r om boida le s e n M e t od olog ía y V oc a b u la r io la r g o , c om o e n f r a g m e nt os s in f or m a de f inible o pi e z a s dif íc ilm e nt e or ie n tables , en los que he m os t r a z a do e l e je long i t udina l ha c i é ndolo c oinc id ir c on e l de m a y or lo ngitud. F ig . 3 . 7 . De n o mi n a c ió n d e la s p a r t e s d e lo s o b je t o s . E je m p lo s d e a p u n t a d o s , r e c ip ie n tes y mang o s o e mp u ñ a d u r a s ( E la b o r a c ió n p r o p ia ) . 3 . 6 . 2 . D ec o r a c i o n e s E n e s t e a pa r t a do s e de s c r ibe n los t ipos de de c or a c i one s doc um e nt a da s en el conjunto de m a r f ile s e s t udia do que s e di v ide n pr inc ipa lm e n t e e n de c or a c ione s en bajo relie v e ( e lim ina c ión d e m a t e r ia e n s upe r f ic ie ) , c a l a da s ( e li m ina c ión t ot a l d e m a t e ria) y un posible c a s o de us o de c olor . 3 . 6 . 2 . 1 . M o t i v o s en b a j o r el i e v e L a s de c or a c ione s doc um e nt a da s no s e r e a liz a r on m e dia nt e " s im ple s " inc is i ones g rabadas en la s upe r f ic ie , s ino que s e e lim inó m a t e r ia c on la int e nc ión de que los m ot i v os representados s obr e s a lie r a n lig e r a m e nt e de l f ondo . E s po r e llo que c ons ide r a m os las de coraciones obs e r v a da s e n la s upe r f ic ie de los obje t os c om o " ba jo r e li e v e s " a un que sean ape nas m ili m é t r ic os ( F ig s . 3 . 8 . , 3 . 9 y 3 . 1 0 . ) . M o ti v o d e d ia m a n te : m ot i v o r e a liz a do m e dia nt e pr of unda s a c a na la dur a s r e c tas , g e neralmente de s e c c ión e n V a bi e r t a , que a l c r uz a r s e g e n e r a n e s pa c ios c u a dr a dos o romboidales en 96 CAPÍTUL O 3 reliev e a modo de pirámides de 4 caras , o de troncos de pirámide (cúspide achatada). Generalmente c onfor ma n una dec oración cubriente, que afec ta a toda o g ran par te de la superficie . Así pues , se puede encontrar sobre toda la cara exterior de objetos como vasos o en franjas , en decoraciones compuestas . Motivo de r ejilla: motiv o c on apariencia de red en reliev e, quedando los espacios inter medios lig eramente abultados . Generalmente confor man una decorac ión cubriente . Motivo de z igzags enfrenta dos : motiv o realiz ado a base de líneas en zigzag continuas e n reliev e y que se disponen adyace ntemente enfrentando sus v ér tices . No se ha encontrado de for ma aislada, sino siempre cubriendo la totalidad de la superficie . Líneas r ectas paral elas: motiv os de líneas rectas paralela s en reliev e realizadas a base de can a les o incisiones de escasa profundidad. A parecen rematando los bordes , enmarcando otras decoraciones , o pued e n ser cubrientes . Las líneas rectas pue den a parecer combinadas creando motiv os decorativ os: bandas de líneas oblicuas o bandas de triángulos . Ade m ás pueden aparecer en for ma de V creando el denominado "motiv o en espig a". Decoración a canalada: moti vo line al en reliev e realizado a b a se de acanaladuras de mayor profundidad con sección en V abie rta . Líneas r ectas entr ecruz adas (o motivo r omb oidal): motiv o realizado a ba se de acanaladuras de sección g eneralmente en V de escasa profundidad que se entrecr uzan dejando espac ios romboidales en reliev e . E mplea da para la elaboración del pericarpio de las bellotas . Mamelones: protuberancia en for ma de pezón . Cordón : moti v o en reliev e de pe rfil cóncav o que sobresale de la superficie hasta 3 mm, pudiendo ser rectilíneo o cur v o ada ptándose al contorno de la pieza. Bóvedas de cañón adyacentes: moti v o que da apariencia a la superficie de tubos ados ados . Los dife rentes tipos de motiv os aparec en ca si siem pre combinados , siendo m uy empleada la conjug ación, dispuest a en bandas , de superficies de coradas con motiv os romboidales/ de diamante/rejilla o zigzag enfrentados con bandas realizadas mediante líneas o canales paralelos . Las línea s y acanala duras parale las son el moti vo principal con el que se decoran bocas o bordes de recipientes , siendo g eneralmente el "motiv o" de a r ranque de la m a yoría de combinaciones . T ambién se emplea n para enmar car otros moti vos . 97 Metodología y V ocab ulario Fig . 3.8. Dibujos esqu emáticos de algunos motiv os decorativ os e n bajo relieve: a) motiv o de diamante; b) motiv o de rejilla; c) m otiv o de zigzags enfrentad os; d ) m otivo romboidal; e) com binaciones de líneas rectas (de ar riba a abajo: re ctas paralelas , band as de triángulos , m otiv o en e spiga) ( Elaboració n propia ). Fig. 3.9. M otivos decora tivos complejos a partir de líneas recta s (UE88, Cámar a Peque ña tholos de Montelirio) ( Elaboración propia). 98 CAPÍTUL O 3 Fig . 3.10. F otog rafías de algunos motiv os en bajo relieve . Ar riba: mamelón (vista desde ar riba y perfil). En medio: cord ón remata ndo bor de (izquie rda) y decoración ac analada (dere cha). Abajo: vista fr ontal y se cción de d ecoración de bóvedas de c añón (Elaboración pr opia). 3.6.2.2. Motivos cala do s Otro proce dimiento empleado fue e l ca lado . Se procedió a v ac iar completamente la zon a entre ca da motiv o a re presentar primero mediante perforaciones "de a r ranque" y posterior me nte mediante raspado (?). Solo se ha identificado e ste tipo de técnica decorati v a en los peines del tholo s de Montelirio y los motiv os re presentados son zoomorfos y bastones enfrentados (Fig . 3.11 .). Los denominados ba stones enfrentados son un m otiv o principa l en los peines cala dos del tholos de Montelirio . Se trata de una or namenta c ión a base de una serie de " cuerpos" alarg ados que se cur van hacia el centro de la pieza y se remata n por esferas . Aparecen uno 99 Metodología y V ocab ulario frente al otro , en número par en el P eine/peineta 2 (6 bastones) y en número impa r en el P e ine/peineta 1 (9 bastones) buscando la simetría en la composición. Los zoomorfos cuadrúpedos han sido identificados como posibles suido s . El procedimiento de c alado es e vidente en los zoomorfos de los pe ines , que se disponen siempre en el perímetro de la pieza, apoy a ndo las patas sobre el úl timo ba stón, siendo solo hipotético en los zoomorfos "exentos ", pues no se ha n obser v ado s vestigios de perforaciones . Fig . 3.11. Motiv o s calados: ba stones enfrentad os y zoom orfos (P e ines/peinetas, Cámara Grand e, tholos de Montelirio) (Ela boración pro pia). En cuanto a los animales representados: La figura indeter min ada del P e ine/Pe ine ta 1 (MONT -DJ09/19-CG/366 -1, Anexo 2: N ro Cat. 66 ) no ha mostrado a tributos claros de ninguna espec ie . Presenta un cue rpo lig eramente c ilíndrico , compacto y alarg ado con patas c or tas , no hay diferenc iación de la cabeza respecto de l cue rpo , pe ro sí se obser va un hocic o c ónico y unas orejas tímidame nte indicadas (Luciañez T riviño y García Sa njuán, 2016: 252). La zona baja d e l a c ola y vientr e 100 CAPÍTUL O 3 ha sido cla ramente elaborada med iante perfor aciones adyacente s (taladrando el espesor del soporte –plana longitudinal-). R especto del resto de c uadrúpedos como posibles suidos , merece la pe na reseñar algunas diferencias obser vadas a niv el for ma l entre e stas re presentaciones , pues muestran diferencias en la representación de l cuerpo y for ma g eneral, patas , orejas y hocic o . Estos zoomorfos son más volumétricos , con cuerpos más redondeados y g r uesas patas. Las orejas están tallada s a cada lado de la cabeza y el hocico acaba en un plano v e rtic al . Mientras , los ejemplares q ue confor man c laramente la decoración calada del P eine /peinet a 2 (MONT -D J09/19-CG/347 -1, Ane x o 2: N ro Cat. 67 ) muestran un cuer po de tende nci a trapezoidal, y son más aplanados . La cabe za es alargada y cónica y e l hocico estrecho . No parecen tener claramente definidas las orejas a e x ce pción de una pequeña protuberanc ia que sin embarg o no sobresale por los lado s , sino hac ia ar riba (Lucia ñez T riviño y García Sanjuán, 2016). A unque estos zoomorfos han sido propuestos como posibles suidos (c erdo-jaba lí) (Luciañez T riviño y García Sa njuán, 2016 ), ante re presentaciones tan esquemática s y de reducidas dimensiones , no e s posible a segurarlo , y podr ían estar re presentando otro tipo de animal, como un hipopótamo , por ejemplo (animal que tiene las orejas redon das , como los cuadrúpedos re presentados , al contrario que los cerdos domésticos que tienen oreja s triangulares bastante amplias). 3.6.2.3. ¿Aplica c ión de colo r? Solo se ha documentado la posible aplica ción de color en un f ragmento hallado en la CP del tholos de Montelirio (MONT -DJ09/19 -CP/209-3 , Anexo 2: N ro Cat. 110). Lamentablemente se trata del borde de un objeto inde ter minado , pero posiblemente un fragmento de una boc a/base . Presenta decoración aca nalad a de líneas paral ela s , y estas acanaladuras parecen estar coloreadas con pigmento rojo brillante (Fig . 3.12 y 3.13.). Como se puede v er se han implementado v arios métodos y softwares para modificar las imág enes de de talle del fragmento , como tentativ a para comprobar la u bicación localizada, y por tanto intencionada(?), del pigmento rojo dentro de las ranuras . 101 Metodología y V ocab ulario Fig . 3.12. Fragme nto con p osible decorac ión mixta de tallad o y color (Elaboració n propia). Fig . 3.13. Imáge nes d e RTI en el modo por de fecto (sin ni ngún filtro) co n tres orien taciones d e la luz difere ntes (indicadas e n rosa sobre la bola v er de) (Elaborac ión propia). En este ca so no se trataría de una decoración simplemente pintada sobre la superficie, sino que la técnica decorativ a sería en realidad mixta , pue s en prim er lug ar se r ealizan l as acanaladuras y posterior mente se rellenarían con color . Se desconoce si el pigmento fue aplicado con o sin aglutinante, y la técn ica de aplicación, pero parece a cumul ado (aplic ado) 102 CAPÍTUL O 3 en las depresiones de for ma muy unifor me, aunqu e se evidencian par tículas de color rojo en toda la superficie 24 . En la Figura 3.14. las f lechas rojas indican la s zonas de primidas de las ran uras que for ma n la decoración. Se pue de obser v ar cómo el pigm e nto rojo confor ma una c apa homogénea y continua dentro de las ranur a s , al me nos en dos de ellas donde mejor se ha conser v ado . Las f lechas verdes indican las zonas pla nas , en reliev e, entre cada ranur a coloreada, donde se puede sin emb a rg o obser var una fina ca pa, sutil y loc a lizada, de coloración r ojiza. Prácticamente toda s las imág enes rev ela n que la ca pa de pigmento dentro de la s ran uras tiene cier ta "entidad", e s opaca y cubriente, colore ando totalmente la s paredes de l surco . P or e l c ontrario , en las zonas que indican las flechas v erdes , se puede obser var que la capa es fina y t ranslúcida, lo q ue puede indicar que sean residuos de pigmento , o bien una ca pa más "aguada" de la coloración aplicada. Al tratars e de un fr agm ento aislado no se pued e asegurar de for ma taxati va que se trate de una decoraci ón pintada, pero pese a todo , c onsideramos que hay indicios para pensarlo . En el estado a ctual, no es posible po r tanto confi r mar a ciencia cier ta que estos marfiles estuvieran pintados , aunque e s bastante lógico pensar que par te de los objetos calcolítico s estuvieran coloreados , aunque no quede evidencia de ello . Sería necesario un trabajo más minucioso de las posibles de coraciones pinta das mediante por ejemplo: microF luorescencia de Ra yos X con cá mara de color (Reiche et al ., 2013, Albéric et a l ., 2015) o me diante análisis digital de imág enes (Ro g erio-Candelera, 2011; R og erio-Candelera y Linares Catela, 20 15). Esta puede ser una vía futura de estudio muy inter esante, sobre estos marfile s y otros de similar cronología, pues para marfiles de otros p eridos y época s , como fe nicios y Neo - Asirios se ha podido con fir mar su policromía y dorado (Re ic he et al . 2013, Albé ric et al ., 2015). Así pue s , sería m uy interesante rastrear en estos ma rfiles , de milenios atrás , el orig en de cier tas policromías . 24 No se ha podido realizar una análisis de este p osible pig mento, cuestión que queda esbozada para un trabajo futuro. 103 Metodología y V ocab ulario Fig . 3.14. Imáge nes d e detalle d e la decora ción pintada(?) e mpleando difere ntes filtros . Ar r iba: los rectángulo s azul y rojo indican la zona d e zoom o detalle de las su cesiv as fotog rafías . a ) Imagen de RTI con filtro Diffu se Gain (Gain: 11); b) Image n de RTI c on filtr o Diffuse Ga in (Gain: 31); c) Imagen de RTI c on f iltro Specular Enhance ment (Diffuse Color : 100, Specularity: 29, Highlight Size: 15); d) y e) Ima ge nes d e RTI con filtro Ima ge Unshar p Maskin g (Gain: 100) c on difer ente posición de la luz; f) Image n de d etalle de RTI con filtro Imag e Un shar p Maskin g (Gain: 100); g) Image n m odificada en Photoshop med iante varias operaciones (P aso Al to (1000 px), Aju stes: inv ersión, modificac ión de brillo -53 y con traste +100); h ) Ima gen modifi cada en Photoshop med iante varias operaciones (P aso Alto (1000px), Ajustes: de saturar, modificac ión d e cur vas (Salid a: 42, Entrada: 85); i) Ima ge n m odif icad a en Photoshop media nte f iltro d e P aso Alto (1000px). L as f lechas rojas in dican las zonas de primida s de los ca nales que confor ma n la d ecorac ión. Las f lechas v e rdes indican las z onas planas , e n relieve, entre cada ranura coloreada (Elaboración propia). 104 CAPÍTU L O 3 3.6 . 3. Perfora ci one s y vaciados En este apar ta do se describe n los tipos de perf oraciones y vaciados documentados en el conjunto de marfiles e stu diado (Fig . 3.1 6.). Se han de finido en base al tipo de ángulo , dirección (mono o bifacia l, re cta u oblic ua), localización (sobre el e je o late ralizada, en u n borde, etc.) , afecc ión (a todo el espesor –pa sante-, a una par te de la pare d, a una sola pa re d, etc.) y for ma (cilíndric a, c ónica, diábolo , etc .). T enie ndo en cuenta a demás que las perforaciones pueden aparec er solas o en g r upo . El ángulo en g e ometría puede definirse como " la pa r te del plano comprendida entre dos semir rectas c on orig en común, donde la s semi rre ctas confor ma n los lados de l ángulo , y el orig en común se denomina vér ti ce". T enie ndo presente e sta definic ión, las semir rectas sería n cada uno de los ta ladros inde pendiente s , y en lug a r de presenta r un orig en común, presenta rían un final o punto de unión (en el caso de las conv erg entes). Así, e l á ngulo empleado pa ra l a definición de las pe rforaciones documentadas sería "la par te del plano c omprendida entre dos taladros con punto de un ión común –en el interior de la pieza - (en el caso de perforacione s bifaciale s)". E n el caso de las monofacia les , el ángulo es siempre llano , dado que se toma como referencia el eje longitudinal de la her ramienta e mpleada que coincide, como es evidente, con el desar rollo del eje de la perforación. T alad r o ciego : orifici o sin salida de for ma g eneralmente cilíndric a realizado e n sentido recto u oblicuo desde una sola cara. Perfor ación monofacial en ángulo llan o (o p erforación sim ple): realiz ada desde una sola cara afecta a todo el espesor de la pieza o de la pared, y puede ser perpendic ular a l a superficie u oblicua. De pendiendo de la for ma de l filo activ o del útil emplea do pueden ser de for ma cilíndric a, cónica o de tronco de cono . Cuando la her ramienta emplea da tiene fuste larg o con bordes rectos conv e r g entes o lig eramente conv erg entes y e xtre midad distal roma o apuntada y e scaso espesor , la pe rforación presenta un desar r ollo recti líneo y g eneralme nte e l orific io de la cara de sde la que se inicia el movimiento es lig eramente más amplio que e l de la cara opuesta. 105 Meto dología y V o cabulario 3.6 . 4.1.3. ¿Apliques/apl icables? Espiga-T : obj eto con fust e cor to y secc ión circula r lig era mente facetada , con bordes rectos o lig eramente conv erg e ntes . La extremida d pro ximal puede o no estar indicada mediante una serie de m uesca s o desp rendimi entos de materia adyacentes y periféricos , y presenta una concavidad en for ma de medio o c uar to de círc ulo . En el fuste se obser v an los a nillos de crecimie nto . Su for ma re cuerda a los clavos o espig as de madera emple ados en ca rpintería (Fig . 3.18 .). Fig . 3.18 . Ti po de objeto "E s pig a -T". La s f lechas indica n las muescas q ue demar can la "cabe za". (Elaborac ión propia) 112 CAPÍTU L O 3 3.6 . 4.2. Tipología longitud inal 3.6 . 4.2.1. Receptore s Usamos el tér mino mango para he r ramientas o útiles , mientras que empuñadu r a se reser va para las ar mas . Mango : objeto de mo rfolog ía variable (rec to , de tronco de cono , lig eramente cur vado , etc) obtenido por e xplo tación longi tudinal de la defensa de elefante q ue pos e e una cavidad o taladro cie g o en la zona distal destinado a la inserción de otro elemento , un cincel o punta de metal por e jemplo . En los e lementos estudia dos la inserción se reali za sobre el eje longit udina l de la pie za, que coincide apro ximadame nte con el desar rollo longitudi nal del colmill o . Empuña dura: objeto realizado de una o v a rias pie zas decora das o no (de marf il o combina do con otro ma terial) c on una ca ja en la zona di stal destinada a la inserci ón de una hoja de puñal. En el ejemplar documentado , el puño o empuñadura posee una caja en l a z ona distal destinada a la inserción de una hoja de cristal de roca con escotaduras . El pomo o re mate presenta otra caja en la que se inser taba l a empuñadura ( García Sanju án et al , 20 13 y Mor g ado Rodríguez et al., 201 5). Ambas pa r tes fueron fabricada s sobre un sopo r te tipo plac a obte nido mediante explotac ión longitudinal de la defensa (Fig . 3.19 .). Fig . 3.19. Tipo d e empu ñadura docu mentada en el tholos 10.042 -10.049 del Sector PP4. (Modificado a par tir de fotog ra fía original de Miguel Á ngel Blanc o de la R u bia). 113 Meto dología y V o cabulario 3.6 . 4.2.2. Ele mentos so bre placa longitudinal o elementos planos Los ele mentos planos s on los que presentan u n e spesor muy inferior en rel ación a sus dimensiones de larg o y ancho . Las c onocidas "placas", así denominadas en la bibliog rafía, entran en este tipo de obje tos . Nosotros hem os diferenc iado , entre placas o pl a quitas de pendiendo del ta m año de la superficie pla na. Así: Placa: obje to pla no cuyo larg o es superior a 10 cm obte nido por explota ción longitudi nal de una de fensa de ele fante . Puede tener di versas for mas , siendo c omunes las que muestran uno o ambos extremos redondeados 26 . Decorada o no en una o ambas caras , son habitu ales los motiv os c ubrientes de rejill a y zigzags enfrentados e nmarcados e n los bordes con líneas paralela s o decoración de cordón. Presenta n perforac iones pasantes pe riféricas o perfo raciones en "V" en la cara no decorad a, g eneral mente a inter v a los regulares . Plaquita: objeto plano cuyo larg o es inferior a 1 0 cm obtenido por e xplotación longitudinal de una de fensa de elefa nte . Pue de te ner div e rsa for ma , siendo comunes las q ue muestran contor nos o esquinas red ondeada s y a l menos una perforac ión pasante e n el eje y cerca de uno de los bordes . Pueden porta r decora ción o no en una o amba s caras , siendo habitual es las decorac iones de reji lla, en z igzag o c ombinaciones de líneas pa ralelas a dyacentes , así como motiv os en relieve tipo "cordón" en alguna de las caras . Semicír culo de gran des dimensiones: obje to plano en for ma de semicírcul o , con diámetro superior a 150mm (117mm e l ej emplar MONT-DJ09/19 -CG/34 1-1 , Ane x o 2: N ro Cat. 55, y 120mm el ejempla r MONT -DJ09/19 -CG/318 -81 , A nex o 2: N ro Ca t. 70 ). Obte nido a par tir de la explotac ión long itudinal de una defensa de elefante, no pre sentan decoración en ning una de sus caras pero sí a lgunos r elieves en for ma de c ordón (¿función o decorac ión?). El borde recto , for mado por un plano abr upto e n áng ulo rec to c on las ca ras superior e inferior presenta dos cajas o cavidades rec tangulares en c ada extremo . E n el perímetro presenta perforaciones v a riadas , bien pasante s bien en ángulo obtuso o recto de pendiendo de l ejemplar . Placa con perforaciones en cír culo: objeto plano cuya for ma rec uerda a una " raqueta" o e spejo de mano (fuste alarg ado y e xtremidad distal redonda ) obte nido media nte explotación longi tudina l 26 Este tipo de placa s se han d enomi nado comúnme nte en la bibliog ra fía c omo "sa ndalifor me s" , té r m ino que nosotros n o empleare mos. 114 CAPÍTU L O 3 de la defensa de elefante, el e je d e la pieza coincide con el e je del c olmillo . No posee decorac ión, siendo su principa l característica un g r upo de perforacione s pasantes e n círculo , una junto a la otra, siguiendo el contor no circ ular de la extremida d distal. 3.6 . 4.2.3. Ele mentos pe r for ados Son aquellos objetos cuya pe rforación o perforaciones son la parte activ a , destinada a la sujeción o suspensión del objeto . Discos con perf oración cen tral: obje to de for ma circular con perfil apl anado obteni do mediante explotac ión longitudinal de una defensa de elefa nte . De escaso espesor (e ntre 3 y 6,5mm) y diámetro v ariable, pero i nferior a 50 mm en los ejemplares e studiados . Poseen una única perforación pasante justo en el centro y no presentan dec oración en ninguna de sus c aras o bordes . Se c aracterizan por te ner una cara superior traba jada mediante abrasión de g rano fino y una ca ra inferior en la que se obser v an div ersos e stigmas de t rabajo que sugi eren un ‘adelg aza miento’ de l espesor de la pie za, mediante, en algunos c asos , cincelado con un útil de filo activ o re cto y estrecho , seguido o a lter nado , según e l caso , por abrasión de g rano g r ueso. Cuenta : objeto q ue puede presentar for mas variadas pe ro cuy a característica elemental es poseer al menos u na pe rforación. Se considera n e n e ste g r upo los objetos que a parecen en cantidades elevadas (como c uentas disco ida les), en g r upos , o que presumibleme nte fueron fabricados para colocarse en c onjuntos , y no inde pendie ntemente, for mando e lementos suspendi dos de ador no (como collare s , pectorales o pulseras/bra zale tes ar ticul ados). Los tipos de cue ntas documentados son:  Cuenta mul tiperforada de bóvedas de cañón: objeto rectangular plano obtenido mediante explotac ión longitudinal de la defensa de elefante, con la c ara inferior lisa y plana, y la superior de corada con bóv eda s de cañón adyacentes realiz adas mediante depresi ones o g arg a ntas recta s y paralelas (posiblemente fa bricadas mediante incisión, ranur ado y raspado). Presenta múlt iples perforaciones realiza das desde diferentes caras: 1) perforaciones bifa ciales en ángulo llano adyacentes , que c onfiguran cada bóv e da o tubo , en su interior se ob ser v a un "esca lón" producido por la converge ncia de ambos taladros . (ver Fig . 3. 15 ); 2) una perforación e n codo en el la do izquierdo y derecho , 115 Meto dología y V o cabulario realiz ada en los vér tic es de la car a inferior, y que conectan c on "el tubo" más periféri co (V er ejempla res en Fig . 9.10 ).  Cuenta cuadrangular con d obl e perforación para lela pasante: objeto c uadrado de perfil a planado y sec ción re ctangular obte nido por explotaci ón longitudinal de la defensa de ele fante . Acaba do mediante abrasión de g rano fino , no presenta decoración en ning una de sus caras . P osee do s pe rforaciones bifa ciales recta s en ángulo l lano y paralelas qu e a fectan a toda la anchura de la pieza, es dec ir , están fabricada s a trav esando la pieza por su interior desde u n la do al otro , y no p or su espesor (V er eje mplares en Fig . 9. 12). Los denomina dos "boton es de perforación en V" están ausente s en el conjunto estudiado . P or otro lado , los pequeños discos de dimensiones milimé tricas con una perforación de escaso diámetro en el centro (cue ntas discoidale s) y que se contabili zan a millares en el th olos de Montelirio y estr uctura 10.0 42 -10.04 9 están fabricados en calcita o concha 27 . Bellotas: objeto de for ma ov oide en el q ue se representa la c úpula de bráctea s o caper uza median te un motiv o romboidal, con cuer po o p erica rpio liso for ma teado mediante a brasión y en alg unas ocasiones c on l a re presentación d e l e stilo residual (el ‘rabito’ del fr uto) media nte entalla duras . E l atributo común e s una perforación bifacia l e n ángulo recto u obtuso en la zona de la cúpu la de la bellota, donde un taladro penetra desde la pa r te alta de la cúpula (realizada sobre el eje de simetría) y con verge con otro realizado desde uno de los lados . 3.6 . 4.2.4. Ele mentos de ntados (peines/peineta s) Peine o peineta: objeto plano con par te activ a (distal) de ntada ( for mada por diente s la rg os y estrechos , o púas , dispuestas una junto a la otra de for ma bastante compacta ), qu e pudieron ser vir para desenredar y peina r el c abello (u otras fibras) o como pe inetas (ador no o para asegurar el peinado). Obtenido mediante explotación longitudinal, el eje de la pieza coincide apro x imadamente con el eje longitudinal de la defensa de ele fante. E l cue rpo (zona me sial ) y la extremidad pro x imal pue den estar decorado s o r ematados de muy divers as for mas . Se ha 27 Es impor ta nte señalar que ha fe cha de ho y no se ha llev a do a cabo un estudio exhaustiv o de este ingente conjunto , sino que de la muestra estudiad a no se ha constatad o el uso del marfil para la fabr icación de e ste tipo de elementos . 116 CAPÍTU L O 3 documentado la or na mentación mediante motiv os cala dos (zoomorfos y bastones) o e n bajo relieve (bandas de líneas oblicuas en sentido inv e rso o bandas de triángulos y motiv o de rejil la). 3.6 . 4.2.5. Fi gurillas " ex entas" Entre las figuras re p resenta das de for ma ex enta, sin atributos como perforaciones que indiquen su uso como c olg ante s (como en el caso de las bel lotas), solo se doc umentan repre sentaciones de ani males y personas . Antr opomorfos: objeto con f or ma o apa riencia humana. Zoomorfos: eleme nto e n for m a de anima l. Se han docum e ntado cuadrúpedos (posibles suidos? ), indeter mina dos y un av e . Estas fig urillas , que debido a la fracturación h o y se presenta n "exentas", parece que no lo estuvieron e n orig en . Sin emba rg o al no pode r atribuirse a un tipo de objeto deter minado y conoc ido se ha n de bido categ orizar apar te . Cr eemos que no fueron concebida s como objeto s inde pendie ntes , sino que muy posibleme nte for maron par te de la de coración de algún otro obje to , ¿tal v ez un pein e u otro obje to con decoración c alada? Esta inter pretación se basa en que much as de estas fig urillas presentan en el lomo dos a péndices de sección circular, enc ontrándose fracturados a esta altura y por sus patas (tambié n cilíndrica s). La morfología de estos a péndices y de sus pata s , sugiere que e stas piezas for maron p ar te tal v e z del mismo objeto de ma rfil calado (Luciañez T riviño y Garc ía Sanjuán, 2 016 : 256 -258). E l av e presenta un apéndice similar que coincide con las patas , por l o q ue pudo configurar la cabeza de un objeto apunta do , por ejemplo . Fig . 3.20. Z oomorfos cata log adas como "figurilla s ex entas" pero qu e debier on for mar par te de a lgún ele mento de mayor tamaño a la vista de los a péndic es qu e poseen e n el lomo (ejemplar abajo) (Elaborac ión propia) 117 CAPÍTUL O 4 Capítulo 4 ― El mar fil en lo s conj unto s de industri a óse a El reconocimiento de las diferentes mate rias primas en los conjuntos de industria ósea es una par te esencial del análisis tecnológic o , pues aporta infor mac ión sobre las especies y par tes ana tómicas explotadas o las estrategias de aba stecimiento . Dado que e sta tesis doctoral está enfocada a la tec nología y consumo de marfil de proboscídeo durante la E dad del Cobre, es fundamental exponer la s característ icas específica s de la materia prima (composición y estr uctura ). Estas c aracterísticas ayudan a discer nirla del resto de materias primas óseas (que tratarem os sucintamente para conocer solo los rasg os más significativ os de las que e n ocasiones pue den causar confusión). Hemos hecho especial hincapié en el reconocimiento de carac te res tanto estr ucturales como de alteraciones propias del material, visibles a simple vista o a bajos aume ntos , pues en much as ocasiones no tendremos a disposición equipos de la boratorio que cor robore n fehacientemente, mediante análisis físico-químicos , el ma terial. 119 El marfil en los conjun tos de industria ósea P a ra este estudio part íamos de una m ue stra de objetos previa mente identificados en la bibliog rafía como de "marfil" o " marfil/ hueso". De este modo , uno de nuestr os objetiv os ha sido identifica r con mayor prec isión la materia prim a de estas pieza s. Sin embarg o , pese a que en muchos casos puede diferenc iars e entre marfil, hue so o asta visualmente mediante obser v a ción macro o microscópica, debemos apuntar que la diferenciación e ntre las diferentes materias primas óseas no es siempre po sible e n ar tefac tos que están totalme nte trabajados o son de pequeño tamaño (Müller y R e ic he, 2011: 3234) c omo es e l caso de la mayor ía de objetos de nuestro estudio . Además de la expe riencia adquirida pa ra la realización de esta tesis doctoral , se han tomado como referencia las descripciones e imág enes de las principales c aracterísticas de los t ejidos óseos animales public ados por div ersos especia listas , basándonos en la ausencia o presencia de características estr ucturales propias de las diferentes ma terias duras según la bibliog rafía disponible (ej. Mac Greg or , 1985; Krzyszko w ska, 19 90; Desc hler-Erb , 1998; Espinoza y Mann, 1999; Cho yke y O’Connor , 2013; Abelo vá, 2008; Lock e , 2008; Rijk elijkhuizen, 20 08; Virág, 2012; T olksdorf et al ., 2015, e tc .). Queremos de tener nos un momento para ag radecer a Sonia O' Connor su ayuda en el reconocimiento de piezas dudosas , mediante un casi contin uo intercambio de impresiones e emails sobre las diferentes características y alteraciones del material. Como se expuso en la metodología, s e ha realizado un estudio profundo d e los estigmas técnicos y la materia prima empleando un estereomicroscopio N ikon SMZ800 c on dos lentes (0, 5x y 2x ) c on a umentos ha sta 126x, y un microscopio digital (ShuttlePix P -400R Digital Microscope) con una lente óptica de 20x, y aumentos hasta de 400x (propiedad del Depa rta mento de Prehistoria y Arqueologí a de la Uni versidad de Sevilla) 26 . En los siguientes apar tados iremos de lo g ene ral a lo específico, tratando al final, solo de for ma muy somera, la estr uc tura de otras materias primas óseas para ver las características que lo diferencian del ma rfil. Lo primero que cabe mencionar es que sensu stricto todos los dientes de los v e r tebrados tienen la misma composición química y misma estr uctura física básica (Espinoza y Mann, 1999: 4; K a rdong, 1999: 467 -8) y , aun con diferencias y par ticularidades estr ucturales , todos ellos están c ons tituid os en su mayor par te de dentina. Es por e llo que en primer lug a r se h ace una brev e introducción del diente, como carácter ex clusiv o de los v e rte brados , pues , l o que se c onoce como marfil es e n realidad la dentina de 26 No se han podido e mplear los equipos sistemátic amente ya que no e staban siem pre disponibles , de modo que e l estudio y documentación ha tenid o que ir supeditado a la disponibilidad de uno u otro equ ipo . 120 CAPÍTUL O 4 los dientes , aunque se asoc ia principa lmente a los dientes de g ran tamaño (Lock e , 2008: 447). Desde antiguo (como v e íamos en el capítulo de introducción) y a día de ho y , tanto en el imaginario colectiv o como en la literatura especializada, marfil 27 se entie nde específicamente como sinónimo de la d entina de los elefantes , de sus inc isi v os e v oluciona dos como colmillos , y no del resto de sus dientes (He ck e l, 2009; Lock e, 2008). De este modo , y siguiendo el significa do que tiene en la bib liog rafía , c uando empleemos este tér mino (en solitario) lo haremos para referir nos a la dentina de los colmillos de lo s elefantes e n concreto y e x clusiv amente, y c uand o hablemos de la dentina de otros anima les emplearemos la v oz "dentina" o le a ñadiremos la etique ta de l anima l (ej. marfil de hipopótamo o dentina de hipopótamo). 4.1. El diente, un car á cter úni c o de los ve rtebr ados. Los dientes son un carácter únic o de los animales v e r tebrados , y n or ma lmente están cubier tos con esmalte, una capa mineralizad a qu e sólo se encuentra en este subfílum (K ardong, 1999: 467). La de ntición he terodonta per manente de los mamíferos incluye cuatro ti pos de die ntes: los incisiv os en la par te front al, los caninos junto a ello s , los premolares a lo larg o de los lados de la boca y los molares en la par te posterior . Generalme nte , los incisiv os , en la par te anterior de la boca, se usan para cor tar, los caninos para desg ar rar y retener, y los premolares y molares para machacar y moler aliment o (K a rdong, 1999: 475). En ocasiones , inc isi v os o ca ninos e stán modificados como lo que se c onoce por colmil los (F eldhamer et al ., 199 9: 56). P or ejemplo , en el caso de los elefantes y en los machos de nar val, son los incisi vos superiores , dos e n el caso de los elefa ntes , y uno (superior izquierdo) en los nar vale s -que constituye el característico colmillo en es piral de 3m - (K ardong, 19 99: 476 ). P or e l contrario , en las morsas los colmillos pares son los ca ninos superiores que sobresalen hacia a bajo (K ardong, 19 9 9: 476), y en el caso de los c erdos son también caninos alarg ados y ampliado s (F eldhamer et al ., 1999: 56 ) (Fi g . 4.1.). 27 A lo largo de la Historia ha sido explotada la dentina de ot ra s e species , com o l a morsa, el hipopóta mo , el cachalote, la orca , e l jabalí v er r u g oso y e l nar val. Ade más de la s fuentes animales c itadas , tamb ién otros materiale s de procedenc ia vegetal, c omo las semilla s de la palme ra tagua ( Phytele phas m acroc ar pa), u otros material de proc edencia animal, como el c asco de l cála o de Bor neo ( Rhinoplax vigil ) han sido utilizad os como “marfil” por su parecid o estético con éste ( Espinoza y Mann, 1999:24 -29). 121 El marfil en los conjun tos de industria ósea Las intersecciones de las líneas antes referidas (que se desar rollan del inte rior al exterior del colmillo), for ma n ángulos cóncavos o c onv ex os (conocidos tambié n como "Ángulos de Schreger" -Virág 2012 : 1415-), y difie ren entre los dife rentes taxones de proboscídeos (Lock e, 2008: 433; Espinoza y Mann , 1999). Se ha propuesto , desde hace décadas , que los ángulos difieren entre las especies extintas y las super vivientes , mostrándose ángulos más agudos en las extintas , c omo el mamut, que en el marfil moder no ( Espinoza y Mann, 199 1, 1993 y 1999; P a lombo y Villa, 2001; T rapani y Fisher . 2003; Ábe lo vá, 2008). Sin embarg o , la diferenciación d e la especie, ba sada en la medición de los á ngulos presenta problema s para una identificación fiable en el caso de piezas arqueológicas . Además , la estr uctura de Schreger no es un c arácte r sexual, y el g rado de l os ángulos , especialmente en Lo xodonta africana de pende de la eda d (P alombo y V illa, 2001: 659). P a rtie ndo de la base de que solo deben usarse los ángulos exter nos (los cercanos al cemento , no a la cavid a d pulpar) E.O . Espinoza y otros (1990) examinaros 21 muestr a s de elefante moder no ( L o xod onta africana y Ele phas m aximus ) y 1 9 de es pecies extintas (Mammuthus columbi, Gomphotherium simpsoni , y algunos e jemplares de Mamm uthus y Gomphotherium no identificados). Midieron una mue stra de ángulos inter n os y exter nos dando como resultado que en los espec ímenes actuales los ángulos inter nos varían entre 96º a 149º, siendo la media 115º, con ángulos exte rnos entre 105º a 156º, con la media en 130º. Comprobaron que las especie s e xtintas muestran á ngulos me nores: internos entre 40º a 95º (media= 73º) y ext er nos entre 39º y 100 º ( media= 7 6º). E n un traba jo posterior (Espinoza y Mann, 1991) en e l que se midieron un total de 520 á ngulos (de 26 secciones transv ersales de Mammutus p rimigenius y 26 de Lo xodonto african a y Ele phas maximus ) se concluye que entre los 90 y los 115º las especies c oinciden, por lo que no pue de basarse la identificación en la me dida de un únic o áng ulo . P e se a todo , los áng ulos d e la s especies actuales se presentan por encima de 100 º y los de especie s extintas por debajo de 100º (Espinoza y Mann, 1 991). Un estudio posterior lle v a do a cabo por M.R. P alombo y P . V illa (2001) c on mayor número de medic iones de ángulos exter no s e inter no s (23 8 espec ímenes: Lo xodonta africana (72) ; Elep has maximus (1); Mammuthus primigenius (49); Mammuthus meridionalis (20); Mammuthus tr o gontherii (10); Mammuthus sp . (6); Elep has (P aleo xodon) antiquus (28); Elep has falconeri (4); Anancus ar ver nen sis (31) y Stego don (9)) apuntó los siguientes resultados:  Lo xodonta african a : los ángulos inter nos de los últimos c onos de de posición miden entre 48º-88º, mientras que los exte rnos entre 118 º -145º (cerca del ceme nto). Las secc iones 128 CAPÍTUL O 4 de un mismo colmillo no se presenta n iguales , a sí se comprobó que en la z ona distal las líneas de Schre ge r son muy cur v ada s , con un radio de cur vatura ca si constante . Mientras , la z ona de for mac ión más rec iente (zona pro xima l) muestra que el radio de cur vatur a es desigual desde el interior hacia la perifer ia .  Elep has máximus , Elephas (P a leo xodon) antiquus y Ele phas falconeri : mostraron medidas comparables al elefante africano .  Mammuthus p rimigenius , Mammuthus m eridionalis y Mammuthus tr ogo n therii: los ángulos no difieren demasiado unos de o tros . Son má s a gudos que en el género Lo xodonta , sobre todo en la zona periférica. Los á ngulos e xter nos de los espec ímenes de Mamm uthus primigenius varían e ntre 65º-90º. Los resultados de esto s trabajos (T abla 4.1), ponen en e videncia la escasa o nula aplicabilidad del criterio de medic ión de los ángulos para diferenciar entre elefante a fricano y asiático . Este criterio , sin embarg o , ha sido utilizado en un trabajo reciente por Noce te Calvo et a l. (2013: 1583 ): "It was poss ible for us to distinguish Asian and A f rican iv or y by measuring the Sc hrege r angles obser ved on the surface of the ar tefacts under the microscope . It is noted that a spec ial computer prog ramme (de v elope d by A. Bane rje e) was used for the exact mea surement of the Schreg er angle. It is shown that mea surement of Schreger angles is applica ble not only for the distinc tion between recent African a nd Asian iv or y , but it is also useful in the case of small fragments of archaeological a r tefacts ". R esultado que consiguie r on e mpleando un softwar e especial de cuyo funcionamiento no se dan detalles . Especie Espinoza et al. (1990) P alombo y Villa (2001) Actual ( L o xodonta africana y Elephas maximus ) Inter n: 96-149º (media 11 5º) Exter n: 105-156º (media 1 30º) Inter n: 48-88º Exter n: 118-145º Lo xo d o nta african a Inter n: 48-88º Exter n: 118-145º Elephas máximus Asimilables a L. africa na Extinta (Mamm uthus y Gomphotherium) Inter n: 40-95º (media: 73 º) Exter n: 39-100º (media 76 º) Exter n: 65-90º Elephas (P aleoxod o n) antiq uus Asimilables a L. africa na Elephas falconeri Asimilables a L. africa na Mammuthus primi genius , Mammuthus meridiona lis y Mammuthus trogontherii Exter n: 65-90º T abla 4.1 . R esumen d e l os resu ltados de las medic iones de ángulos de S chrege r basado e n lo s trabajo de Espinoza et al. , 1 990 y P a lombo y Villa, 2001 (Elaborac ión propia). 129 El marfil en los conjun tos de industria ósea R esumiendo , varias razones contradicen la aplicabili da d de los ángulos pa ra distinguir entre elefante africano y asiático en pieza s ar queológicas trabajadas:  En primer lug ar , las líneas de Schreg er y los ángulos son más evidentes c erca de la superficie dentina -cemento y menos claros cerca de la cavidad pulpar (Espinoza et al . 1990), por lo que solo sir ven los exter nos (Espinoza y Mann 19 91, 1999).  En segundo lug ar , la "red" de línea s de Schrege r puede ca mbiar durante el crecimiento ontog enético , por lo que la s secciones de un mi smo colmillo pueden ser bastante diferentes (P alombo y Villa, 2001: 657).  En te rcer lug ar, pese a la tendencia de ángulos más agudos en especies extintas , obsér v e se en la Figura 4 .5 el solapamie nto entre ~ 117-132º de E. antiquus (del que existen yacimientos en la provincia de Sevilla) con el elefant e africano y el asiático , y la coincidencia plena e ntre L. africana y E. maximus . Fig . 4.5. V ariab ilidad d e los ángulos exter nos en dife rentes espe cies de la familia Ele phantidae (Fu ente: P alombo y Villa, 2001: 659, Fig .3)  En cuar to lug a r , e s ne cesario medir múltiples ángulos para elaborar una media fia ble , alg o que en muc hos casos no será posible e n piezas muy pequeñas que en la superficie mostrarán escasos ángulos medibles .  En quinto y último lug ar encontramos que solo sir ven los ángulos más cercanos al cemento . En piezas trabajadas o de escaso tama ño es prácticamente imposibl e sabe r la zona e xacta de la defe nsa de la que se extrajo la pi eza. De modo que a no se r que la pieza e n estudio haya sido elaborada just o de una zona c ercana al ce mento y en alguna de sus par tes c onser v e re stos de este, es imposib le sabe r si los ángulos que se están midiendo son los exter nos o no . 130 CAPÍTUL O 4 P or tanto , la Estr uctura de Schre g er sí es un indi cador fiable para dete r minar la materia prima como marfil de probos c ídeo , pero la me dición de los ángulos no es vá lida para diferenciar entre especies . Solo sería aplicable, en todo caso , para fragmentos que muestren una sección transv ersal completa o casi completa (com o un segmento por ejemplo). 4.2.1.2. Cara cterísticas observables en el perfil tangencial natur al (separ ación natur al de los anillos d e crec imi ento) Cuando obser vamos un perfil tang encial natural (Fig . 4.6.), es decir , cuando el colmillo se separa naturalmente por sus planos tang enciales (a nillos de crecimiento ), son v a rias las características que podríamos encontrar . Fig . 4.6 . Esquema de los d os tipos d e perf iles tang enciale s a los que se hacen refe rencia en el texto . El perfil tangencial natural coincide con la se paración de los anillos d e crec imiento , mientras que e l per fil tangencia l ar tificia l se produce al cor tar intencionalmente el colmillo parale lamente a su eje longitudinal , atrav esand o y cor tando tan gencialme nte los a nillos de crec imiento (Elaboración propia). 131 El marfil en los conjun tos de industria ósea P or un lado , la superficie más inter na del cemento en contacto con la dentina (inte rsección dentina-ceme nto , cementum-dentin e junction = CDJ ) es r ug osa , con elevaciones y depresiones , por lo que podemos enco ntrar inclusiones ocasionales de cemento en la zona más exte rior del colmillo (Virág , 2012: 1412). P or o tro lado , es sintomática la aparición d e finas líneas paralelas oscuras y claras , for ma das por sutiles su rcos y ele v ac iones paralelas entre ella s y a la pared de la cavidad pul par que corren a todo lo larg o del eje longitudinal d el c o lmillo , y que no aparecen en una se cción intacta (Virág , 2012: 1413) (Fig . 4.7.). Fig . 4.7. Ejemplos de los surcos y elevaciones parale las entre e llas y a la pared de la c avi dad pulpar obser vables e n per fil tangencial natu ral, fotog rafia dos en las piezas estudiad as (Elaborac ión propia). 132 CAPÍTUL O 4 Finalmente, obser v a ble en una superficie na tural teñida, e ncontramos el patrón de plum a ( feath er-patter n) propuesto por M. Locke (2008) (Fig . 4.8. ). Éste se obser va como zonas o bandas a dyacentes claras y oscuras en las que se obser van líneas con for ma si m ilar a "U"s o "V"s , que también se ref lejan como fisuras con esta misma for ma en ma terial deg radado . Fig . 4.8. P a trón de pluma (A pa r tir d e Lock e, 2008: Fig .11d, p .4 33 y Fig .15a, p .437) 4.2.1.3. Car acterísticas observables en el perfil tangencia l artific ial (corte longitudinal tan gente a los ani llos de cr ecimi ento) Hemos definido como "perfil tang encia l ar tificial" el que se produce al cor tar el colmillo paralelamente a su eje longitudinal atrav e sando y cor tando tang encialmente los a nillos de crecimiento . Un cor te especial de tipo tang encial ser ía e l cor te axial (el que pasa justo por el centro del colmillo). En este perfil se obser v an líneas paralelas oscuras y claras , asociadas a fisuras o g rietas rectilíneas con l a misma dispos ición, que correspo nden a la vista longitudinal de los anillos de crecimiento . Además , se pueden obser v ar líne as ondula das más oscuras y c laras , lig eramente translúcidas , que son indicación de di vers os conos adya centes (Fig . 4.9). 133 El marfil en los conjun tos de industria ósea Fig . 4.9. Vista de u n perfil tang encial ar tificia l obtenido mediante la experimentació n. La capa más exter na q ue presenta color lig erame nte m ás oscuro o ama rillento cor re sponde al cemento . Véa se la alter nancia d e ondulaciones clar as y oscuras (Elaborac ión propia). 4.2.1.4. Car acterísticas o bservables en se cción r adial Como ocur re e n la sección transv ersal, en la radial también se obser van bandas alter nantes claras y oscuras paralelas a la pared de la c avidad pulpar que se obser van en toda la longitud del colmillo . R esponden a cor tar longitudinalmente todos los conos de c recimiento y l a orientación de e stas bandas c oincide con e l pa trón de ag rietamiento . P or otro lado , en una fractura natural podríamos obser v a r cur v as sinuosas paralelas e ntre ellas orientadas radialmente (desde la pared de la cavidad hacia la periferia) y que pueden ir asociadas a una decoloración mineral del material (Virág, 2012: 1411-12). La bandas claras y oscu ras que se obser van en todos los cor tes ( transv e rsal, radial, tang encial) cor responden a la deposición de dentina en capas cónicas paralelas a la CDJ en la sección transv ersal, pero se c or tan con ésta (CDJ ) en ángulo agudo en l a sección radial (Virág, 2012: 1 414-15). En el A partado 5.1 ( Ag entes de altera ción y patologías del marfil ) del Capítulo 5, consag rado a las medidas de conser vación -restauración implementadas como par te de la 134 CAPÍTUL O 4 metodología de traba jo , h e mos realiza do una síntesis de los t ipo s de fisuras/g rietas y otras características obser v a bles en c ada sección del colmillo de proboscídeo , así c omo en superficie (v er T a bla 5.2.), que son impres cindibles para el diag nóstico del estado de conser v ación, pero también para la identificación del propio material. 4.3. Solo algunos apuntes sobre otr as materi as óseas: el hueso , el asta de cérvido y la den tina de hipopótamo En ocasiones es posible q ue nos cueste diferenciar el marfil de otras materias primas , bien por el escaso tama ño de la pie za, por su alto g rado de modificación antrópica, por su g rado de de terioro , o por la im posibilidad de rea lizar un estudio microscópico . En este apar tado solo hemso des ar rollado brev emente las carácterísitcas básicas de otras ma terias duras animales que se ha n empleado en V a lencin a o de las que se sospecha que pueda h aberse dado un uso esporádico 31 . El hueso está for mado de v arios tejidos: cor tical o compacto , trabecular o esponjoso , periostio , ca rtíla g o , médula ósea, ner vios y v asos sanguíneos (Barone, 1986) 32 . La par te explotada para la fabricación de objetos durante l a Prehistoria ha sido principalmente el tejido compac to . La difer enc ia entre e l hueso cor tical y el trabecular se basa en el g rado de porosidad (entre 5-30% en el primer caso y 70/90% en el segundo (T oppets et al. , 2004). Los principale s te jidos óseos constituyentes del hues o (del exte rior al interior) son (Christensen, 2004: 17 ):  P e riostio: membrana fibrosa que recubre e l hueso , ex ce pto en las superficies ar ticulares , inserciones m usculares y ter minaciones de los tend ones . No es común encontrarlo en los útiles , pues nor malme nte se elimina en una oper ación de raspado de la superficie . 31 Comunicación personal de J os é Miguel Morillo Le ón para el caso d el hipopótamo . 32 Citado en C hristensen, 2004 : 17 33 Ídem 135 Igual que el marfil, el hueso está compuesto de una fracción orgánica (fibras de colág eno), y una inorgánica (cristales de apatita de 20 a 40 nm de larg o por 3 -6 nm de ancho). Esta combinación o "substancia fundamental" se deposita en finas ca pas (lá minas óseas) y la mineralización de é sta procura al hueso su rigidez y de ter mina sus capa cida des mecá nicas . En los individuos jóv enes el hueso posee may or par te orgánica, a umentando la mineralización con la edad (Barone , 1 986; Cur rey , 2002 ) 33 . El marfil en los conjun tos de industria ósea  T ejido hav e rsiano: las láminas de fibras colág e nas se org a nizan e n tor no a un canal v a scular (osteonas). Está for ma do por numerosos ca nales (C anales de Hav ers) que recor ren el hueso longitudinalmente, teniendo una porosidad a pro ximada de 5 -10% (Barone, 198 6). Además existen a lgunas ramificaciones (Ca nales de V olkmann o Conductos de V olkmann) que c onectan los Conductos de Hav ers entre sí. E ste sistema de canales es el que da una aspecto "poroso" al hueso bajo lupa y microscopio .  T ejido e sponjoso: es un tejido que presenta una e str uctura abier ta de c avid a des v a sculares de g ran tamaño , que contienen v a sos sanguíneos y que no se presentan regulares como e n el h ueso compa cto . Tiene u na porosidad ele v ada de 50 -90% (Barone, 1986). La morfología y la arquit ec tura v a ría según las diferentes c at eg orías de huesos (Barone, 1986). P or ejemplo los huesos larg os (como húmer os , tibias , o fém ures) están constituidos de una par te central c ilíndr ica (diáfisis ) constituida de tejido compacto hav ersiano . De ntro de esta pa r te t e nemos una cavidad medular donde se encuentra la médula, y el tejido esponjoso se limita al interior de las extremidades (e pífisis). P or otro lad o los huesos planos , c omo costillas u omoplatos , están compuestos e sencialmente de tejido espo njoso en lug ar de canal medular (Christensen, 2004). P or su par te, el asta de cér vido , e s una for ma ción ósea temporal que presenta un ciclo a nu al de desar rollo (Chri stensen, 2004 ). E l tejido óseo de l asta no pres enta osteon as , pero sí una estr uctura laminar atrav esada por v asos sanguíneos longitudina les . E stá for mado de tejido esponjoso , en la par te inter na, y compacto en la exter na (MacGreg or , 1985). Además la proporción y la te xtura del tejido e sponjoso v a ría según las par tes o zonas del propio ast a (A v e rbouh, 2000). Similar a l hue so , el tejido óseo del asta está for mado por tejido cor tic al y tejido esponjoso . El primero se situa en la periferia env olv iendo al tejido esponjoso que se enc uentra en el centro del asta (T ejero Cáceres , 2010: 130). La dentina de hipopótamo se extrae de los caninos superiores e inferiores y de los incisiv os inferiores , siendo lo s inferiores los que más cantid ad de materia prima proporciona n pues son los más g randes del animal. Casi dos terceras p ar tes de la superficie están cubier tas de esmalte. Los caninos presentan en e l centro una zona intersticial arqu eada, mientras que en el caso de los incisiv os en el c entro del diente puede v e rse un pequeño pun to y orificio . La 136 CAPÍTUL O 4 dentina se v e bastante trans lúc ida y "mineral", y m uestra una serie m uy compacta de finas líneas concéntricas que responden a la for ma g e neral de l diente (Espinoza y Mann, 1991) (Fig . 4.10 .). Fig . 4.10. Cor te tr ansv ersal d e incisi vo de hipopótamo (izq.) y elefante (dr cha.). Obsér vense dos diferencias significativ a s al a plicar luz (nor mal) a través d e la c ara e xter na d el d iente de cad a espec ie: el incisiv o de hipopótamo presenta u na capa más cristalina, co n difer ente re f lexión de la luz, entre la capa exter na y la dentina, mientras que el elefante no muestra esta " capa luminosa" e n la f otografía . S in embar g o , elef ante muestra la estr uctur a de líneas entrecr uzada s y el hipopótamo no . Ma terial e xperimental ( Elaboración propia) 4.4. Algunos apuntes sobr e las pr opiedades mec áni cas de l as materias dur as animales En orige n, los dientes se configuraron para sopor tar la presión a xial, sin e mbargo, el colmillo de elefante se modificó alargándose y cur v á ndose, pues , ante la variedad de obj e tiv os con los que los elefantes usan sus g randes colmillos (de fensa y ataque, exhibición, obtención de alimento , e tc), unido al g ran peso de l material en sí mismo, no es de ex tr a ñar que este diente especializado haya r equerido tambi én de una composición estruc tural p ar ticular, par a poder ser usado , e ntre otr as cosas , como pa lanca, lo que requería inevitablemente un a g ran resistencia a la f lexión (Vi rág, 2012: 1406; Lock e, 2008: 447) (Fig . 4 .11.). Fig . 4.11. D ifere ntes fuerzas a las qu e se pue de someter al d efensa de ele fante en re poso (en v e rde) o e n actividad (en rojo). (Fuente: Albéric 2014: p .46 , f ig . 14) 137 Medidas de conservación-restaur ación: tr a tamiento de las piezas par a el estudio estado de conser v a ción, deterioros y alteraciones deriv ados de su p ropia estr uc tura y composición, y el contexto social en el que dich a pieza fue producida. Es prec iso ac larar que la inter vención sobr e las piezas ha sido desigual, pues nuestr o objetiv o era poder obser v ar su superficie de cara a la lect ura técnica, y por tanto no todo s los obje tos ha n sido inter v enidos ni de la misma ma nera ni con la misma intensidad 38 , habiendo muchos que no han sido inter venidos en absoluto , pues su estado de conser v ación no impedía su estudio arqueológico . Al c omenzar el trabajo y plantear el mejor tratamiento para las piezas s e pudo comprobar que la literatura específica en materia de conser v ación -restauración de marfil es muy escasa, tanto e n lo que se refiere a las alteraciones específicas c omo a los tratamientos y ma teriales empleados 39 . Los estudios específicos son en muchos casos antig uos (ej. Baer et al., 1971; Gordon y Buikstra, 1981; Matienz o y Snow , 1986), o apor tacione s puntuales en actas de cong resos difíciles de encontrar debido a su e x ce pcionalidad (Ej. C atalán et al. , 2008; Krist et al. , 2014). Los textos g enerales sobre conser vación y restauración de materiales arqueológicos , bie n a modo de monog rafías , tipo manuales (ej. Cronyn, 1990; Berducou, 1990; García F or tes y Flos T ravieso , 2008) , o en otro tipo de publicaciones (Mar tiarena, 1992), no suelen tratar el marfil c omo materia prima de for ma ind e pendie nte , sino que las patologías y los tratamientos propuestos se incluyen en un mism o apar tado junto al hue so . P a rece asumido que, pese a sus diferencias físicas , desde el punto de vista de la conser v ación tienen más parecidos que diferencias ( Drig g e rs et al ., 1991), aunque ape nas existen trabajos específicos que lo confir men. T ambién podemos encontr a r mención al marfil en guías de museos para los conser v adores/as , como la Museum Handbook , del National P ark Sevice, U .S . De par tment of the Interior (ac cesible en línea), o pe queñas instr uccion es de centros de c onser v a ción como el Ca nadian Conser v ation Institute (CCI) . La cuestión de las pat olog ías y alteraciones específicas ha sido pa rticular mente y principalmente a bordada desde estudios tafonómicos recientes , como por ejemplo las te sis 38 En el Anexo 1 se proporci onan las fichas de Conser v a ción/Restauración de las c uatro piezas que mayor tratamiento han re querid o para su e studio . 39 R e cientemente han sid o defe ndid as dos tesis d octorales qu e tra tan aspectos diagenétic os y tr atamie ntos de Conser vación-R esta uración d e marfil subacuático (Albéric, 2 014 y Buendía O r tuño , 2016) , que han tenido alcance limitad o para el desar rollo de n uestro trabajo por ser e specíficas de un medio d iage nético muy difere nte (acuátic o de inmersión) al de nuestras piezas ( ter re stre seco). 144 CAPÍTUL O 5 doctorales de M. Alberic (2014) Etude chimique et structu rale de l'ivoir e d 'éléphant moder ne et an cien o P . Simpson (2011) Stu dies on the Degr adation of Hor n, Antler an d Ivor y at Arch aeolo gical Sites . La aplicación in situ de metodologías adecuadas para la recuperación y extracc ión de materiales facilita la fase de estudio , su tratamiento de restauración y posterio r exposición al público (García F or tes y Flos T ravieso , 20 08: 18 ; P edelì y Pulg a, 2002; García Sa ndov al, 2008). Estas medidas preventi vas son por lo g eneral escasas o están ausente s e n la may or par te de las exc ava ciones arqueológicas . En el caso de las piezas estudiadas , solo se tomaron cier tas precauciones de for ma puntual c on a lgunos materiales pero no c on todos (en exc av ación, transpor te y a lmacena je). Debemos saber que un material proce dente de un me dio acuá tico o saturado de a gua no presenta la s mismas a lteraciones que aquel que vie ne de estar e nter rado bajo el suelo . El primer criterio que pe r mite considerar que un objeto es tá seco e s la na tur aleza de los sedimentos que lo recubr en (Berducou, 1990: 247). Se distinguen 4 medios diag enéticos: dos medios te rrest res de enterramiento (seco y saturado de agua) y dos medios acuá ticos de inmersión (marino y lacustre) (Albéric, 2014: 51). En el caso de e sta tesis doctoral los materiales provienen de e x cav aciones ter restres , de sedimentos secos (salv o evidentemente ev entuales e pisodios de aumento de la cantidad de a gua retenida en el estrato . 5.1. Agentes de alte ración y patologías del marfil pr oceden te de sedimentos secos Las materias primas óseas son un reg istro impor tan te para la comprensión de la Prehistoria y la Historia, pero desafortunada mente, debido a l paso del tiempo , el ambiente de enter ramiento , la temperatura, el proceso de minera lización, y otros factores , muc hos de estos objetos se e ncuentran en muy mal estado de conser v ación (Matienzo y Snow , 1986: 133). Las patologías qu e se obser v a n en las ma terias duras de orig e n animal son consecuencia de alteraciones de orden físico , químic o y b iológico (Berducou, 1990: 234), de for ma que los g rados y proce sos de alteración vienen de t er minados por el ambiente de enter ramiento , y por tanto el deterioro es inevitable da do que el medio es un complejo sistema diná mico (Simpson, 2011). Los materiales óseos están sometidos a la s le yes de la conser v ación diferencial y condena das , e n muc hos casos , a la de str ucc ión total (Christensen y T e jero , 2015: 80). Es impor tante saber que el contexto de exposición y enter ramiento jueg a un pa pe l impor tante e n la conser vación de los materiales óseos y en su estado o g rado de 145 Medidas de conservación-restaur ación: tr a tamiento de las piezas par a el estudio modificación. Los ag entes pueden ser abióticos y bióticos y no producidos intencionalmente por el ser humano , por lo que es indispensable conocer la s modificaciones no antrópicas con el fin de no confundirlas con las que son fr uto de la manufactura y uso de la piez a, pues la lectura tecnológica puede v e rse afectada por e stas alteraciones (Christensen y T ejero , 2015 : 80 -83). Debido a que los diferentes factores actúan simultáneamente , se compleme ntan o se suceden, es difícil jerarqui za r su impor tancia y pa pel en las a lteraciones obser vadas 40 . En las siguientes líne as he mos in tentado sintetizar las principales causas de a lte ración del marfil y sus efectos , principalmente las alteraciones que pro v oca n cambios morfológicos visibles . La deg rada ción post-mor te m es el prim er factor de alteración. T ras la m ue rte del anima l la fracción orgánic a comienza a v erse afecta da por la a cción de bacterias (Albéric, 2014). El tiempo de ex posición a la intemperie que puede sufrir un objeto óseo antes de que dar sepultado puede causar serias alteraciones , como la desecación de las estr uc turas fibrosas , prov oc ando fisuras , g rietas , etc., que pueden llev ar a la destr ucc ión total en el caso del hueso (Thié baut et al. , 2010: 69) 41 . El marfil a bsorbe humedad del e ntorno y la libe ra debido a s u hig roscopicidad. C uando e l g rado de hume dad del substrato o la hume dad relati va (HR ) de l a ire a umentan, el material absorbe agua. E sto produce el aumento de v olumen y peso , y en consecue n c ia la defor mación de la pieza, el debilita miento de la es tr uctura y la c reación de un substrato propicio pa ra e l desar rollo de org anismos y microorg anismos (Mar tiarena , 19 92: 1 85). Además es un material anisótropo , por lo que tiene diferentes propiedades fí sicas en cada dirección de su configurac ión tridimensional (Lafontaine y W ood, 1 982: 10 9; Mérid a González, 1997: 3) . Esto supone que debido a su hig roscopicidad, responde de for ma heterogénea al absorber o liberar humeda d, y estos movimientos pueden ser de dife rente intensidad y dirección en los 3 ejes espaciales y de igual manera respon de de for ma heterogénea cuando está sujeto a fuerzas o te nsiones, lo que causa estrés inter no y deter mina las características de las futuras fr acturas ( Mérida González, 1997: 3). 40 Recomenda mos f uerteme nte, para una e xposición detallad a d e la diagénesis de los materiale s óseos, la lectura d e la tesis d octoral de Marie Albéric , dirigida p or Ina Re iche, y de fendida e n 20 14 , c on el título : "Etude chimique et struc turale de l’ivoire d’éléphant m oderne et a ncien". En el Capítulo 2 (14 pági nas) expone, con una organización difere nte a la d e esta tesis, los fenómenos que degrada n los materiales óseos. Organizando los q ue prod ucen la pérdida del colágen o, la mo difi cac ión de los cristales bi ológicos de HAP y modificac iones m orfológicas. Del mismo m odo, re comend amos la le ctura de la te sis doctoral d e Pa ul Simpson (2011). 41 Citado en Altamira no García , 2013b: 538 . 146 CAPÍTUL O 5 Los problema s más g rav e s son los de ri v ados de las f luc tuaciones de temperatura y humedad relativ a que inducen movimientos de cont racción y expa nsión. Como ocur re c on otros materiales o rgánicos , un a mbiente excesi va mente seco prov oca la desec ación del marfil, su contrac ción y ag rietamie nto , y el material se vuelve que bradizo y se " reseca". Mientras que un g rado d e humedad demasiado elev ado puede causar el hinchamiento , la defor mación de l material y conv er tirse en foc o de proliferación de microorga ni smos y org anismos (Catalá n et al , 2008: 553; Laborde Mar queze y Bouzas Abad, 2003: 271; Lafontaine y W ood, 1982; Sac kett, 2006: 12; Mar tiarena, 1992: 187 ). Condiciones de baja HR y alta temperatura prov ocan la deshidratación del marfil, por la pérdida del agua libre contenida e n su propia composición, perdiendo elasticidad (Berducou, 1990: 236). P or el contrario en ambien tes muy húmedos , e l agua absorbida en un primer momento establece uniones dé biles con las moléc ulas hidrófilas presentes en el marfil (e j. Colág eno), lo que pro voca el hinchamien to de la estr uctura. P o sterior mente, un ex ceso de agua prov oca la lix iviación de la porción orgánic a (Collins , 1995: 62) y per mite a las fibras deslizarse unas sobre otras , fenómeno que se traduce en una aumento de l a f lexibilidad (Berducou 1990: 235). Lafontaine y W ood (1982) propusieron una ec uación me diante la que podría calc ulars e la cantidad de humedad absorbida y liberada por el marfil. A su v e z estudiaron los cambios dimensionales de l marfil ante la variac i ón de humedad relativ a (pero temperatura constante de 22ºC) demostrando que el marfil de elefante presenta c ambios may ores e n el sentido radial que en el longitudinal y tang enc ial, de l mismo modo que e xpuesto a bajos ni veles de humedad (ambiente muy seco) el marfil presenta sev eros ag rieta mientos (Fig . 5.1.). Fig . 5.1. Ag r ietamiento p or desec ación del ma rfil. F otogr afía de una pieza de Matar r ubilla (Ane x o 2: N ro Cat. 115) (E laboración pr opia). 147 Medidas de conservación-restaur ación: tr a tamiento de las piezas par a el estudio Entre otros fac tores , la hidrólis is es la responsable de la pérdida parcial o total del c olág eno . Existen dos tipos de hidrólis is: e nzimática y química, y a mbas causan la r uptur a de los enlaces peptídic os entre los aminoácidos de colág eno (Albéric , 2015: 5 3) , convirtiendo el marfil en un material extremadamente poroso . Esto ca usa el c olapso g radua l de su estr uctura inter na. La porosidad fav orec e el intercambio y la deposición de minerales dentro de la matriz inorgá nica, y el proceso de deg ra dación es acompaña do por la filtración de elementos menores e n la dentina a través de los túbulos dentina les . Estos ele mentos menores pueden reaccionar con los cristales de carbonato hidro xiapa tita, g enerando nuev as substancias . Dur ante la diagé nesis , el f osfato procedente de los cris tales de carbonato hidro xiapatita pue den ser pa rcialmente removidos por el agua infiltr a da, cambiando l a composición químic a del marfil en diferentes g rados . Los cambios químicos de la hidro xiapatita pueden causar la for mac ió n de y eso y calcita, y el tamaño de los cristales también puede v a riar (Baner jee y Huth, 2 012: 1 5-19). Además , el agua es ve híc ulo de otros ag entes de deterioro: biológico s y sales. La deg radación biológica es tanto de orden físico como químico , y es la producida por microorg anismos y org ani smos viv o s . P odemos encontrar g alerías producida s por insectos , estrías y g rietas debido a la inserción de raí c es , mellas producidas por los dientes de roedores o manchas producidas por mohos y ba cterias (Berducou, 1990: 237; Collins , 1995: 63) (Fig . 5.2.) . Fig . 5.2. Manchas superfic iales produ cidas posibleme nte por a cción de microorg anismos o contacto de las piezas con sub stancias or gánicas o miner ales col orantes ( Elabora ción propia). Los microorg anismo provocan la hidrólisis enzimátic a de la s macromoléculas orgánicas producida por una rea cción químic a en la que las enz imas prov ocan la división de la s moléculas de H 2 O del colág e no (Berducou, 1990: 237). De e sta manera la fracc ión orgánica del hueso o el marfil desaparece dejando espacios libres (B e rducou, 1990: 277). 148 CAPÍTUL O 5 En ambientes o sedimentos ricos e n oxíg eno , la actividad de bacterias aeróbicas o anaeróbicas requiere el c ons umo de oxíg eno o SO 4 - 2 para meta bolizar , y oxid a r , la materia orgánica, y con e llo se produce la variación del pH y Eh (P otencial redo x), fav oreciendo reacciones como la disolución de carbonatos , sílice, interca mbio iónico o la for mac ión de compuestos orgánicos solubles (Florian, 1 987) 42 . Los obje tos de marfil sufren el colapso de su e str uctura por factores físicos incluidos los producidos por la s sale s solubles v ehiculizadas por el agua (Cronyn, 1990: 27 7; Berducou, 1990: 235; Collins , 1995: 62). Las piezas de marfil retiene n humedad (con las sales solubilizadas) en su interior . Cuando el agua que se encuentra dentro del sistema finalmente se seca (sale de la ma teria) las sales cristalizan en g rietas , fisuras , oquedade s , e tc . y es el momento en e l que el daño se produce por la presión que éstas ejercen al aumentar su v olumen (Cronyn, 1990: 103). Aún más pelig roso re sulta cuando la s sales se re hidratan una v e z habían cristalizado , ya que cog en agua en su e str uctura sin disolvers e y vuelv en a aumentar sus dimensiones (B e rducou, 1990 : 2 35). Este daño puede ocur rir muy rápidamente, por e jemplo , el Na 2 SO 4 se hidrata dando c omo resultado Na 2 SO 4 .1OH 2 O en tan solo 20 minutos , necesitando solo un pe queño incremento de la humedad relativ a (Cronyn, 1990: 103). Si la HR aumenta, las sales se rehidratan aumentando de v olumen o se disuelven vehiculizándos e y de positándose en otras z onas de la pieza . El mayor daño se localiza en la superficie, en las zonas por las que la humedad aba ndona el material, así como en oquedades dentro del objeto . Las sales insolubles son g e neralmente carbonato cálcico , sulfatos , o silicatos (Cronyn, 1990: 105). Las sales del sustrato pueden precipitarse, g eneralmente e n la superficie de la pieza, creando una costra endurecida sobre el ar tefa cto (Fig . 5.3.). En el caso de objetos deteriorados , e l calcio puede lixiv a rse y re -precipitar en otra zona (Cronyn, 1990: 105). El carbonato cálcico se disuelve lentamente pero el proceso se puede acelerar c on temperaturas baja s y un pH bajo , o con altos niv eles de dióx ido de carbono (Cronyn, 1990: 105). Este tipo de compuestos , una v e z c ristalizados no se rehidratan, se adhieren fuer temente a la pieza y como ocur re con las solubles, prov ocan la aparición de fracturas por acción mecánica (Car rascosa et al., 2009: 367). 42 Citado en Bu endía Ortuño, 20 16: 172. 149 Medidas de conservación-restaur ación: tr a tamiento de las piezas par a el estudio Fig . 5.3. C ostra o co ncreción g risácea en superficie (d e diferente g ranulometría), muy posi blemente c ostras adherid as de c arbon atos o silicatos que recu bren las superfic ies y /o rellenan d epre siones de las decora ciones y las parede s de perforaciones . F otog ra fía de la su perficie de la empuñadura d e la estr uc tura 10.049 del sector PP4 (PP4 -M/10049/ 535(12y13)/2 , Anexo 2: N ro Cat. 34) (Elaborac ión propia). 150 CAPÍTUL O 5 Después del abandono , los materiales arqueológicos sufren deg radac iones de orden físico producidas por la presión e jercida por el peso del sustrato de ente r ramiento (tier ra, sedimentos , etc.) (Berducou, 1990: 235), a sí como modificaciones en la su perficie, c omo estrías de diferente s g rosores , for ma y orientación, producidas por fuerzas mecá nicas al contacto con materiales de div ersa granulometría. Suelos bien drenados y aireados facilitan la actividad biológica con la consiguiente deg radación de la par te or gánica, y la posible desaparición total del marfil (Berducou, 1990: 244, Cronyn, 1990: 277). La interacción entre la diferencia de pH de l s ustrato y del pH del marfil también tiene sus efectos neg ati vos . El pH de los suelos puede variar significativ amente a escasa distancia y profundidad, a l ig ual que en escasos periodos de tiempo , pues e stas variacion es se deben a la actividad microbiana , secado del suelo o v ariaciones estacionales en la c antidad de materia orgánica, por lo que la medición de l Ph es neces aria y posible pero presenta cierta dificultad (Simpson, 2011: 21). Las materias du ras de orig en a nimal se conser van en casi todos los tipos de ambientes arqueológicos , si bien el g rado de deterioro varí a enor memente. Esto se debe a que e stán for madas por dos compone ntes princ ipales que se preser v a n en pHs opuestos . Esto quiere decir que en un depósito ácido la par te inorgánica (la hidro xiapa tita) se disuelv e, lo que prov oca que el c oláge no se c ontraiga c uando se seca, causando la defor mación de la estr uctu ra; mientra s que en un ambiente alcalino la par te orgánica (el c olágeno), se hidroliza y es atacada por bacte rias . En ambientes con pH menos extremos , se produce cier ta pérdida de dureza en la superficie, posiblemente producida por una lig era pérdida de c olág eno solo en la capa más ex terior de la pieza (Cronyn, 1990: 277). Las mejores condicione s de conser vación se dan e n a mbientes con a ltos porcentajes de carbonato cálcico en un pH moderado (Cronyn, 1990: 277), sin emba rg o este a mbiente destr uye el colág en o , y pese a la c onser v a ción del objeto , ca usa otros problemas como la dificultad o imposibilidad de su da tación por 14C. El ambiente que puede conducir a la pérdida total del marfil es un medio aireado (con presencia de O 2 , no calcá reo (por ejemplo , ácido) con un índice de drenaje elev ado (P e delì y Pul g a, 2002; C ronyn, 1990: 277). El e nv ejecimiento del marf il arqueológico se puede carac terizar por e l c ambio de c olor de la materia. Deb ido a la d eg rada ción del c olágeno e l color puede v a riar d e crema a amarillo , y finalmente bla nco (cuanto más colágeno s e pierde durante el proceso diag enético ). T ambién se pue den dar cambios de color d ebido a infiltración de elementos men ores , como hier ro o mang aneso , t ransportados desde el ambiente circundante mediante el agu a infiltrada. Puede volv er el marfil de color entre mar rón y azul (por la sustitución del Ca por 151 Medidas de conservación-restaur ación: tr a tamiento de las piezas par a el estudio F e en la e str uctura de mineral, for mando crista les a zules de v ivinita) o neg ro ( po r infiltración de mang aneso , que al principio del pro c eso for ma cristales de de ndrita en la superficie, v olviendo toda la pieza neg ra al final) (Baner jee y Huth, 2012 : 15 -19). El marfil también puede verse a fectado por deg r adación tér mica a dquiriendo diferente coloración e n función de la te mperatura a la que haya si do expuesto (Baer et al., 1971) (T abla. 5.1.). T ambién adquiere c olor blanquecino y se vuelv e quebradizo cuando se expone a la luz solar durante un tiempo prolng ado . P aj iz o Mar rón Mar rón-neg r o Negr o Gris os curo Gris cl ar o Blanco 204ºC 260ºC 316ºC 593ºC 649ºC 760ºC 816ºC T abla 5.1. T onalidad del mar fil depend iendo de la temperatura de exposición ( Fue nte: Baer et al ., 1971) El momento del descubrimiento de una pieza es e l momento más pelig roso para su continuidad ma terial. Después de ha ber estado enter rado durante siglos o milenios y tras haber alcanzado el equilibrio con el medio de ente r ramiento (o acuá tico en su caso), en el instante e n el que éste a s oma de nuev o a la luz y a l medio aéreo , se produce un cambio radical de las condiciones en las que había pe r manecido establ e. E s el momento en el que comienzan a actuar los ag entes de de terioro antes expuestos , y sus consecuentes alteraciones físicas y químicas comienzan a desencadenarse (Ga rcía F or tes y Flos T ravieso , 2008: 16). A estas alterac iones prov oc adas por el inte nto d e a decuación del mate rial a su nuev o entor no , se debe n unir los deterioros prov oca dos por la acción del ser humano . Una pobre o limitada e strategia de ex cava c ión acar rea el empleo de métodos y materiales no adecuados para la conser vación, causando daños ir reversibles , con la consecue nte pérdida de infor mación histórica, mu chas veces en la superficie de los objetos (g ol pes , arañazos , e tc) (P ede lì y Pulg a , 2002; Collins , 1995: 63). En g eneral el ser huma no es uno de los má s pelig rosos ag entes de deterioro del patrimonio arqueológico , no solo po r imp r udencia sino más si cabe cuando en ocasiones destr uy e deliberada mente par te de su propio pasado , con accione s de v a ndalismo o desidia. T odos los fac tores e xpuestos , unidos a la e str uctura y características del material, dan como resultado una serie de patrones de craquelado o rotura característicos de l marfil (Capítulo 4), pe ro que es necesario sintetizar de nuev o al final de este a par tado pues su identificac ión ayuda a deter minar el e stado de conser v ac ión de la pieza, el material y el modo de fabricación del objeto (T abla 5.2 .). 152 CAPÍTUL O 5 T abla 5.2. Ti pos de fisuras/g rie tas y otras car acterísticas obser v ables en c ada sec ción de una defensa de proboscídeo ( Elaboración propia). 153 Temporalmente no disponible Tholos de Montelirio y PP4 -Montelirio Dentro de los e lementos pe rforados , destacan m uy partic ular mente el conjunto de bellotas de las cuales s e encuentran dos ejemplares en la CG , uno de ellos halla do in situ, c omo par te de la indumentaria U E344 (V er Figura 12.2.). Las re presentaciones de bellotas son e specialmente numerosas en el tholos de Montelirio , ta nto en for ma de piezas e x e ntas (que se describen en es te apar tado) como para decoración de cabezas de e lementos apuntados . Las representaciones de estos fr utos son muy detalladas . Se representa la cúp ula de brácteas o caper uza me diante líneas incisas entrecr uzadas; m ediante abrasión se l e da una aspecto lis o al pericarpio (el cuerpo de la bellota) y en algunas ocasiones se ha tallado inclu s o el estilo residual (el rabito del fr uto). Un atributo común a es tas re presentaciones son las perforaciones . En lo s elementos completos se ha p odido comprobar qu e estas pie zas presentan perforaciones e n ángulo en la zona de la cúpula (Fig . 8.11.). El atributo común de todas estas bellotas es una perforación bifacial en ángulo recto u obtus o en la zona de la cúpula, donde un taladro penetra des de la par te alta de la cúpula (realizada sobre el eje de simetría) y conv erg e con otro realizado desde uno de los lados . Fig . 8.11. Localización de las pe rforaciones en las bellotas ( Elaboración prop ia a par t ir de Luciañez T riviño y García Sanju án, 2016: 254, fig . 6 ) . 256 CAPÍTUL O 8 8.1.5.1.2.4. Elementos d entados (peines/peinetas) En total, en el tholos de Montelirio hubo al me nos cinco "peines /peinetas" de diferente diseño y for ma: dos con figuritas zoomor fas en la CG , y tres con decoración g eométrica en la CP . Estas piezas poseen una par te ac ti va (distal) for mada por di entes larg os y es trecho s , o púas , dispuestas una junto a la otra de for ma bas tante compacta , que pudieron ser vir para desenredar y peinar el cabello (u otras fibras ) o como peine tas(adorno o pa ra as egurar el peinado). El res to del cuerpo del objeto (z ona mes ial y proximal) puede estar decorado o rematado de muy di versas f or mas . Los dos ejemplare s de la CG ha n s ido de nominados P eine/peineta 1 (M ONTDJ09/1 9- CG/366-1, Anexo 2: N ro Cat. 66) y P eine/peineta 2 (MONT -DJ09/19-CG/347 -1, Anexo 2: N ro Cat. 67) (V er Fig ura 12.9. en Capítulo 12). P eine/peineta 1: esta pieza fue hallad a en el centro de la C G , s e loca lizó junto con otros objetos bajo la estela. P esa alg o menos de 23 g r y s us medidas s on (largo x an cho medio x espesor me dio): 118,1 x 60,42 x 6,27 mm. Se trata de una placa cala da alarg ada, con nuev e bastones cur v os enfrentados y rematados con e sferas y sobre el último bastón, en el perímetro exterior , se c onser va una únic a figura zoomorfa (presuponemo s que al otro lado , a la mism a altura habría habido otro). Se reconoce un cuerpo l ig eramente cilíndrico , c ompacto y alarg ado con pa tas cor tas , no hay dif erenciación de la cabeza respe cto del cuerpo , pe ro sí se obser va un hocico cónic o y una s orejas tímidam ente indicadas . Estos rasg os no pe r miten rec onocer el animal re presentado . La extremidad distal, fracturada, prese nta el ar ranque de 21 púas realizadas mediante ranur a do bifacial. Éstas s e encuentran “enmarca das” entre dos “púas” más g r ue sas en cada borde, como en mucho s pe ines actuales . P eine/peineta 2: és te fue halla do junto a la pelvis del individuo UE 111, también en el área central de l a CG , pesa alg o menos de 10 g r y sus medidas son (la rg o x ancho medio x espesor medio): 71,32 x 75,75 x 4,09 mm. Es te ejemplar , t ambién fragmenta do a la altura del ar ranque de las púas , contaba con 44 apro ximada mente. En este cas o se trata de una placa má s cor ta que la a nterior , pero igualmente con decoración ca lada. Este peine está remata do con s eis bastones enfrentados y figuras zoomorfas en su zona pro ximal, como en el otro eje mplar . Sobre e l último bas tón encontramos seis figurillas zoomorfas (tres a cada lado) identificadas como 257 Tholos de Montelirio y PP4 -Montelirio suidos (cerdos o jabalís). Estos zoomorfos presentan un cuerpo de tendenc ia trapezoidal, una cabeza más bien c ónica que aca ba en un hoc ico es trec ho , con una pequeña y tímida protuberancia ape nas sobresaliente a modo de orejas , y unas p atas ‘triangulares’. Presentan evidentes similitudes técnicas y decorati v as . Ambos están ejecutad os a pa rtir de una placa extraída long itudinalmente de una de fensa, y están de corados con bastones y z oomorf os calados , sin ningún otro tipo de decoración. Sin embarg o , muestran también s ignificativ as diferencias . La ejecución o resultado fin a l no es igua l, dado que e l P eine 1 es totalment e simétrico , mientras el P e ine 2 prese nta toda la decoración des plazada del eje de simetría, mu y posiblemente un resultado asimé trico no intencionado . A demás el P eine 2 presenta prácticamente el doble de púas que el otro , s iendo más estr echas y finas , lo que parece implicar el empleo de un útil de filo activ o más estrecho y sutil. 8.1.5.1.2.5. Otr os Se loca lizó una pie za fracturada en for ma de espiral c on se cción cuadrada (MONT -DJ09/19- CG/318-106 , Anexo 2: N ro C a t. 73 ). P esa uno s 8 g y su ancho y es pesor medio s s on 9,66 mm y 11,4 mm, respectiv ament e. Se encuentra fracturada por lo que no es posible saber s u for ma original. La pa r te conser vada no hace reconocible e l posible objeto , podría tratars e de un colg ante o remate/decoración de algún objeto . En la Cámara P equeña ( CP) se han identificado la s siguientes materias primas: Marfil de proboscídeo (Nº piezas=36), Marf il? (Nº piezas=22), Hueso (Nº piezas=15), Hue so? (Nº piezas=3), así como una serie de objetos cuya mate ria prima es "indeter minada/dudosa" (Nº piezas=10). Como c omentábamos en el c aso de la CG , e l empleo de la concha se ha documentado masiv amente pa ra la fabricación de cue ntas discoidale s documentadas principalmente en la CG , pero tambié n localizadas en est a Cámara P equeña. Además , se encontraron varios fragmentos de cáscara de huev o de av es tr uz que no muestras estigmas tecnológicos vis ibles y pesan a pro ximadamente, en total, unos 55 g . (Gráfico 8.3.). E l peso de l conjunto de marfil (incluyendo los posibles e lementos de marfil) asciende a 4607,3g . 258 8.1.5.2. Cámar a Pequeña (CP) C AP Í T U L O 8 Gráfico 8.3. Mate rias duras a n i ma l e s d o c u me n t a d a s e n l a C P t h o l o s d e M o n t e li r i o ( E l a b o r a c i ó n p r o p i a ) . Entre las cate g orías de es t udio no e s de e x t r a ñ a r la a br um a dor a c a nt id a d de e l e m e nt o s categ orizados como posib le s obj e t os a c a ba do s ( N º pie z a s = 7 3 ) t e nie ndo e n c ue nt a e l e s t a do d e alta fragmentación, pudiend o c ons ide r a r c om o o bje t os r e a lm e nt e c om ple t os t a n s olo d o s bellotas perforadas . Es posib le , pue s , que t r a s la r e m oc ión de l c ont e nido de la C P los a r t e f a c t o s quedaran reducidos a fragm e nt os y que e l núm e r o t ot a l r e a l de obj e t os ( c om ple t os ) f ue r a menor . E ntre los objetos de m a r f il e n la C P , c uy a m or f olog ía e s r e c onoc ible , s e h a n encontrado: un av e (tal ve z e x t r e m o pr o x im a l de un e l e m e nt o a punt a d o o pa r t e de la decoración de otro tipo de o bje t o) , 6 be llot a s , 4 s ui dos , 6 z oom or f os inde t e r m ina dos ( a de m á s otras 6 tallas con for ma zoo om or f a ha n s ido c a t a log a da s c om o m a t e r ia pr im a " inde t e r m ina d a " pero muy posiblemente se tr a t e de m a r f il) y 2 f ig ur illa s inde t e r m ina da s . R e m a r c a r que ning un o de los fragmentos de obje t os e n la C P indic a n una e x plot a c ión de l bl oque t r a ns v e r s a l (represe ntada principalment e por obje t os t ipo v a s o , c a ja , t ubo , bo c a /ba s e , a r os o br a z a le t e s ) estando ausentes vestigio s de e s t e t ipo d e pie z a s e n e l m a t e r ia l c on s e r v a do . Hemos incluido en la cat e g or ía de b l o q u e 5 de los r e g is t r os , qu e c ont a biliz a n m il e s d e fragmentos de marfil sin s ig nos e v ide nt e s de t r a ba jo , in c luy e ndo un g r a n s e g m e nt o que conser va par te de la cavid ad pulpa r de una de f e ns a de e le f a nt e ( F i g . 8 . 1 2 . ) , c o n un pe s o t ot a l de 26% 1 2% CAPÍTUL O 8 Gr á f i c o 8 . 3 . M a t e r i a s d u r a s ani males documentadas e n la CP t ho los de Montelirio (E l a b o r a c i ó n p r o p i a ) . E nt r e la s c a t e g or ía s de e s tudio no es de extrañar la abr umadora can t id a d de e l e m e nt o s c a t e g or iz a dos c om o pos ib le s objetos acabados (Nº piezas=73) teniendo en c ue nt a e l e s t a do d e a lt a f r a g m e nt a c ión, pudi e n do considerar como objetos realmente com ple t os t a n s olo d o s be llot a s pe r f or a da s . E s pos i ble, pues , que tras la remoción del c ontenido de la C P los a r t e f a c t o s que d a r a n r e duc idos a f r a g mentos y que el número tota l rea l de objeto s ( c om ple t os ) f ue r a m e nor . E nt r e los obje t os de marfil e n la CP , cuya morfología e s r e c onoc ible , s e h a n e nc ont r a do: un a v e ( t a l v ez extremo proximal de un elemento apun t a d o o pa r t e de la de c or a c ión de ot r o t ipo de objeto), 6 bellotas , 4 suidos , 6 zoomorfos indet e r m ina dos ( a de m á s ot r a s 6 t a lla s c on f or m a z o oomorfa han s ido catalog a das como materia pri m a " inde t e r m ina d a " pe r o m uy pos ibl e m e nt e s e t rate de marfil) y 2 figurillas indeter mina das. Re m a r c a r que ning un o de los f r a g m e nt os de obj etos en la CP indican una ex plotación del bl oque t r a ns v e r s a l ( r e pr e s e nt a da pr inc ipa lm e n te por objetos tipo vaso , c aja, tubo , boca/bas e , a r os o br a z a le t e s ) e s t a ndo a u s e nt e s v e s t ig io s d e e ste tipo de piezas en e l mat erial conser vado . He m os inc luido e n la c a t eg oría de bloque 5 de los regis tros , que co nt a biliz a n m il e s d e f r a g m e nt os de m a r f il s i n s ignos e videntes de trabajo , incluyendo un g r a n s e g m e nt o que c ons e r v a pa r t e de la c a v id a d pulpar de una defensa de elefante (Fig . 8. 12.), c o n un pe s o t ot a l de 17% 3% 42% 1 2% Hueso Hueso ? Marfi l Marfi l? Indete r min a d a + Con c h a + Cás c a r a h u e v o a v e s t r u z C AP Í T U L O 8 Gr á f i c o 8 . 3 . M a t e r i a s d u r a s a n i ma l e s d o c u me n t a d a s e n l a C P t h o l o s d e M o n t e li r i o ( E laborac ión propia). E nt r e la s c a t e g or ía s de e s t udio no e s de e x t r a ñ a r la a br um a dor a c a ntid ad de elementos c a t e g or iz a dos c om o pos ib le s obj e t os a c a ba do s ( N º pie z a s = 7 3 ) t e nie ndo e n cuenta el estado de a lt a f r a g m e nt a c ión, pudi e ndo c ons ide r a r c om o o bje t os r e a lm e nt e c om pletos tan solo d os be llot a s pe r f or a da s . E s pos ible , pue s , que t r a s la r e m oc ión de l c ont e nido d e la C P los a r tefacto s que d a r a n r e duc idos a f r a g m e nt os y que e l núm e r o t ot a l r e a l de obj e t os (completos) fue r a m e nor . E nt r e los obje t os de m a r f il e n la C P , c uy a m or f olog ía e s reconocible , se han e nc ont r a do: un a v e ( t a l v e z e x t r e m o pr o x im a l de un e l e m e nt o a pu ntado o par te de la de c or a c ión de ot r o t ipo de obje t o) , 6 be llot a s , 4 s ui dos , 6 z oom or f os inde ter minados ( además ot r a s 6 t a lla s c on f or m a z ooom or f a ha n s ido c a t a log a da s c om o m a t e r ia pr im a "indeter minada" pe r o m uy pos ibl e m e nt e s e t r a t e de m a r f il) y 2 f ig ur illa s inde t e r m ina da s . R emar c ar que ninguno de los f r a g m e nt os de obje t os e n la C P indic a n una e x plot a c ión de l bloque transversal ( r e pr e s e nt a da pr inc ipa lm e nt e por obje t os t ipo v a s o , c a ja , t ubo , bo c a /ba se, aros o brazaletes) e s t a ndo a u s e nt e s v e s t ig io s de e s t e t ipo d e pie z a s e n e l m a t e r ia l c on s e r v a do . He m os inc luido e n la c a t e g or ía de b l o q u e 5 de los r e g is t r os , qu e c ontabilizan miles de f r a g m e nt os de m a r f il s i n s ig nos e v ide nt e s de t r a ba jo , in c luy e ndo un g ran s egmento que c ons e r v a pa r t e de la c a v id a d pulpa r de una de f e ns a de e le f a nt e ( F i g . 8 . 1 2 . ) , con un peso total de H u e s o H u e s o? M a r f i l M a r f i l? I n d e t erminada + C o ncha + C á scara huevo ave struz 259 Th o l o s d e M on t e lir io y P P 4 - M o n t e lir io 4482,3g, y que hemos con s ide r a do c om o m a t e r ia l que pudo s e r de pos it a s in t r a ba ja r . U n número reducido de frag me nt os ha n que da do c a t e g or iz a dos c om o in d e te r m in a d o s ( N º pie z a s = 8 ) (Gráfico 8.4.). Fig . 8.12. Fragmento d e d e f e n s a d e e l e f a n t e p r o c e d e n t e d e l a C P ( E l a b o r a c ió n p r o p i a ) . Gráfico 8.4. Categ or ías de an á lis is p o r ma t e r i a p r ima e n l a C P t h o l o s d e M o n t e li r i o ( E l a b o r a c i ó n p r o p i a ) . 0 10 20 30 40 50 60 70 80 Tholos de Montelirio y PP4 -Montelirio 4 4 8 2 , 3 g , y que he m os c o nside rado como material que pudo s er de pos it a s in t r a ba ja r . U n núm e r o r e duc ido de f r a g m e ntos han quedado categ orizados como indeter m in a d o s ( N º pie z a s = 8 ) ( G r á f ic o 8 . 4 . ) . F ig . 8 . 1 2 . F r a g me n t o de defensa de elefante proce dente de la CP (Elaborac ió n p r o p i a ) . Gr á f i c o 8 . 4 . C a t e g o r í a s d e a ná lisis por mat eria prima en la CP t holos de Monte lirio (E l a b o r a c i ó n p r o p i a ) . Th o l o s d e M on t e lir io y P P 4 - M o n t e lir io 4 4 8 2 , 3 g , y que he m os c o ns ide r a do c om o m a t e r ia l que pudo s e r de po sita sin traba jar. Un núm e r o r e duc ido de f r a g m e nt os ha n que da do c a t e g or iz a dos c om o in d e te r minados (Nº piezas =8) ( G r á f ic o 8 . 4 . ) . F ig . 8 . 1 2 . F r a g me n t o d e d e f e n s a d e e l e f a n t e p r o c e d e n t e d e l a C P ( E l a b o r a c i ón propia). Gr á f i c o 8 . 4 . C a t e g o r í a s d e a n á lis is p o r ma t e r i a p r ima e n l a C P t h o l o s d e M o n t e li r i o ( Elaborac ión propia). Indet Marfil? Marfil Hueso? Hueso 260 CAPÍTUL O 8 8.1.5.2.1. T ipología longitudinal 8.1.5.2.1.1. Receptor indeterminado Solo un ejemplar parece coincidir con un obje to receptor (MONT -DJ09/19-CP /80-19, Anex o 2: N r o Cat. 91). Se trata de dos fragmentos de elemento ala rg ado , de bordes rectos y s ección circular . Fragmentado en ambos extremos , en uno de los cuales se conser v a un taladro cieg o cilíndrico jus to en e l eje longitudinal de la pie za. P esa 7,44 g y el largo conser v ado e s de 90 mm (Fig . 8.13.). Fig . 8.13. P o sible objeto r ece ptor (indeter minado). P osee el rest o de un ta lad ro c ieg o circu lar en uno de los extre mos (Elaboración propia) 8.1.5.2.1.2. Elementos sobre placa longitudinal o elementos planos Se ha n documentado fragmentos de dos posibles placas o plaquitas decoradas . Un eje mpla r (MONT -DJ09/19 -CP/88-21, Anexo 2 : N ro Ca t. 9 2) presenta dec oración bifa c ial de triángulos for mados por línea s paralelas combinados con ba ndas de líneas oblicua s . P odría ser un fragmento de peine (de l ejempla r 88 -22, Ane x o 2: N ro Cat. 93) pero no ha podido ser remontado . 8.1.5.2.1.3. Elementos p erfor ad os Se han podido identificar fragmentos cor respondientes a cuatro bellotas y dos ejemplare s completos . La re presentación y decoración es igual que las documentadas en la CG . 261 Tholos de Montelirio y PP4 -Montelirio Un ejemplar es d estacable de todo el conjunto de bellotas . Es la única b ellota que presenta 3 perforaciones (MONT -DJ07/32-C P/73-3, Anexo 2 : N ro Cat. 113 ) (Fig . 8.14.). Fig . 8.14. Ú nico e jemplar de bellot a que presenta tres perforac ion e s conv er gent es ( Fuente: Luciañez T riviño y García Sanju án, 201 6: 255, f ig . 7) . 8.1.5.2.1.4. Elementos dentados (peines/peinetas) En la CP se encontraron restos d e al menos tres peines , de los que tan s olo se enc ontraron algunos fragmentos en los que se v e e l ar ranque de las púas . La decoración de dos de es tos peines/peinetas no tiene na da que v er a la de l os ejemplares d e la C G , dado que en este caso la decoración es siempre de líneas incisas , creando líneas paralelas o en zigza g . Es destacabl e que uno de ellos posee una decoración dife rente en cada una de s us caras (superior e inferior) (M ONT -DJ09/19-CP/88 -38=62, Anexo 2: N ro Cat. 114). (V er Figura 12.28 a y b). 262 CAPÍTUL O 8 8.1.5.2.1.5. Figurillas " e xentas" Al marg en de las figuritas zoomorfas descritas en los peines/peinetas , se han contabilizado en la CP otras 19 re presentaciones de animales a modo de pequeña s figurillas que pa recen repres entar : un av e , cuatro suidos y 14 indeter minados . La representación del av e (indeter minada) se encuentra fragmentada a la altura de las pa t as y por su morfología es muy posible que for mara par te de la dec oración de algún objeto (c abeza de elemento apuntado o remate de peine, por ejemplo) (Fig . 8.15.). A unque ante repres entaciones tan esquemáticas es difícil establecer con seguridad la familia o especie representada , la for ma de l cuerpo y el hocico , invita a describir como posibles suidos el resto de pequeñas tallas (Fig . 8.16.). E l elevado número de indeter minados se debe a que la may or par te de las figurillas han pe rdido la zona de la cabeza, y por tanto rasg os característico s como las oreja s o el morro; sin embarg o , otros atributos nos hacen inclinar nos a que también puedan tratarse de s uidos . T odos estos zoomorfos presentan cuerpos cilíndricos y vientres redonde ados , g r ue sas patas cilíndricas , orejas redondeadas que s obr esalen a cada lado de la cabe za y un hocico que acaba en un plano v e rtic al abr upto con una pequeña ‘lengüeta’ hacia arriba. Estas figurillas , que debi do a la fracturación ho y se nos presentan ‘ ex e ntas ’ (y así han sido catalog adas) , parece que no lo estuvieron en orig en. P ensamos que no fueron conce bidas como objetos independientes , sino que muy posiblemente for maron par te de la decoración de alg ún otro objeto , c omo un pei ne tal vez. T al s uposición se basa en que la morfología de las pa tas , a modo de apéndices cilíndricos , que también se encuentran en e l lomo de algunos ejemplares , Fig . 8.15. R epre sentación de av e indete r minada (Elaboración pro pia) 263 Tholos de Montelirio y PP4 -Montelirio podría indicar que for maban parte de la misma de coración cala da, ¿ tal ve z elaborada a base se suidos superpue stos?. Fig . 8.16. Ejemplares de re pres entac io ne s zoomorfas (Ela boración prop ia) 264 CAPÍTUL O 8 8.1.5.3. Algunas consid er aciones sobre el conjunto y l a cuestión de los ¿bloques? A niv el global, vie ndo la estr uctura en s u conjunto , contamos en total con más de 5 kilog ramos de marfil (5304,6 g). Como se ha podido comprobar , la mayor cantidad d e marfil se enc ontraba depositada e n la CP , con 4607,3 g, de los c uales 4482,3 g s on de re s tos d e ma rfil considerados sin trabajar , incluyendo un g ran s egmento de defensa de elefante, que pesa unos 1200 g . Solo algunos fragmentos sin traba jar se localizaron en una fosa de ex polio superficial de la C G , y e n el pasillo e ntre cámaras, posiblemente debido a la remoción de los de pósitos , y posiblement e ar rastrados des de la CP . Si obs er vamos el Gráfico 8.5., podemos comprobar que la ma teria ós ea principa l en la elaboración de ar tefa ctos e s el m arfil , suponiendo el 67% (con 108 registros) de la industri a ósea del tholos , seguido del hueso con un 2 6% (de los que se cuentan 41 registro s per tenecientes a v a rillas de hues o o fragmentos de é stas) y algunas pie zas de materia prima indeter minada. Ade más de algunos restos de huevo de av estr uz en la CP (55 g ) y la concha. Si n embarg o , si in c luyéramos la estim ación d e l número de c uentas discoidales de concha realizada por Día z-Guardamino Uribe y otros (2016) a par tir de una muestra de 250 ejemplares , entonces , s in duda y c on mucha diferencia, sería la concha la materia ós ea más empleada en el tholos de Montelirio . En el caso de lo s v estigios de cáscara de hu ev o de ave s tr uz se ha intentado calcular , al men os para tener una idea estimada de a qué proporción de hue v o cor responde n los res tos encontrados en la CP . Pa ra ello se consultó por cor reo elec trónico a la em pres a " A vícola de Selección" 69 quienes nos aportaron los s iguientes datos (medias estimadas): Altura del huevo 15 / 17 cm; Anchura 12 / 14 cm; Peso del huev o 1.400 / 1.800 g r; G rosor de la cascara 2 / 2,2 m; R elación cascara/huev o 25% del peso total ). En el caso de ha ber tenido un hue v o de 140 0 - 1500 g r el porcentaje conser v a do de la CP (55g) correspondería tan solo a apro xima damente un 15%, por lo que no alcanzaría ni a la mitad de un huev o completo . 69 A vícol a de Se lección , C .I.F . número 24.29 5.318-G Calle 1 de Ma yo , 18140 La Zubia, Granada, 958 30 45 59 - 645 96 75 46 , info@avicoladeseleccion .es 265 Tholos de Montelirio y PP4 -Montelirio Son v a rios los trabajos publicados sobre el Sector PP4 -Montelirio: inv entario y resultados de la ex cav ación (Mora Molina, 2011; Mora Molina et al ., 2013); estudio de los restos faunísticos (Liesau v on Lettow V orbeck et a l., 2014); análisis bioar que ológico de los restos humanos de la s estr ucturas 10.04 2-10.49, 10 .034 y 10.031 (R obles Car ras co 2011; Rob les C arrasc o and Día z- Zorita B onilla, 2013, Rob les Car ras co et al., 2017); estudio y restauración de varias pie zas de marfil (García Sanjuán et al., 2013b; Luciañez T rivi ño et al., 2014); carac teriz ac ión geoquímica del pigmento de cinabrio (R oge rio-Candelera et al., 2013) y de una pieza de ámbar (Murillo- Bar roso and García Sa njuán , 2013 ) de la e str uctura 10. 042 -10.49; análisis de v arias piezas de cristal de roca (incluida el puña l del niv el superior de la e str uc tura 10.049 (Morga do Rodrígue z et al . , 2016) y el es tudio de una g ran placa de oro d e la estr uctura 10.0 29, un ho yo simple sin restos humanos (Murillo-Ba rros o et al., 2015). 8.2.2. Ar q uitectur a y estr at igr afía Dado que e l material estudiado procede de diferentes estr ucturas , se ha a g r upado la descripción de las mismas del s ector según Mora Molina, 2011 y Mora Molina et al ., 2013, individualizando , por s u ma gnitud y elementos de la cultura ma terial la Estr uctura 10 .042 - 10.049 que se presenta en primer lug ar . 8.2.2.1. E structur a 10042 -10049 La práctica totalidad del conjunto estudiado procede d e la estr uctura 10.042 -10.049, un a estr uctura funeraria meg alítica que oc upa una pos ición central y destacada en el s ector C de l PP4-Montelirio . Su s ituación s obresaliente se mu e stra e n for ma de un e spacio v a cío a su alrededor , pues , a pesar de que ha y muc has otras e str ucturas (funerarias y no funerarias) en tor no a ella, é stas s e encuentran como mínimo a 9,25m (aunque en g eneral a más de 20m) (Mora Molina et al ., 2013; Wheatley et al., 2012) (V er Figura 8.1.). La inte rpretación del ex cavado r, J . Peinado Cuc arella, seguida por nos otr os en todo s los trabajos relativ os a es ta estr uctura, describe una es tr uctura meg alítica de doble cámara revestida de la jas de pizarra. Tie ne un primer c orredor de ac ceso rectang ular que da a una primera cámara de planta circular; és ta conecta con una segunda cámara , también circular , mediante otro cor redor rectangula r . El ex cav a dor llamó “Estr uctura 10. 042” al cor redor de acceso y la 272 CAPÍTUL O 8 primera cámara, y “Estr uctura 10.049” a la s egunda cáma ra y al corredor que une las dos (Fig . 8.18.). El pa sillo entre cámaras esta ba prácticamente destr uido por completo en el momento de la ex cav ación y no s e documentó e videncia del túmulo , pese a que el espacio v acío a s u alrededor y la separación del res to de estr ucturas s ugieren q ue podría h aber estado de limitada por alg ún tipo de estr uctura (García Sanjuán et al. , 2018) Fig . 8.18. Estr uct ura 10.042 -10.049 del Sector PP4-Mo ntelirio ( Fuente: J osé P e inado Cucare lla). El primer corredo r de acceso es una g alería de 13 m de longitud y 0,7 m de anchura máxima delimitado por lajas de pizarra (29 en el lado no r te y 28 en el sur). És te dis ponía de tres tramos diferenciados por unos pequeños dinte les de pizarra. El primer tramo , que comienza en el inicio del cor red or , mide 2,80 m, el s egundo 2,40 m y el terce ro y último 2,80 m (P einado Cucarella, 2008). A tra vés de este se lleg a a una primera cá mara de planta c ircular . Cor respondientes al primer cor redor , en la s UEs 542 y 615, se do cumentan: fragmentos de cerámica, seis piedras aparentemente s in trabajar , y una s 2000 cuentas discoidales b lancas (c on 273 Tholos de Montelirio y PP4 -Montelirio un peso apro xima do de 454 g) que aparecieron me zcladas s on los restos humanos e impregnadas de pigmento rojo (cina brio) (Rogerio -Candelera et a l ., 20 13; García Sanjuán et a l. , en prensa ). La primera c ámara c ircular (de la Estr uctura 10.0 42) tiene un diámetro es timado de 2,57 m, también delimitada por lajas de p izarra colocadas vertica lmente (solo cinco en su pos ició n original), y que había sido en gran pa rte destr uida por a ctividades que podrían datar de época medieval (García Sanjuán et al. , e n prens a) y por las trin cheras de la inter vención de 199 8 (P einado Cucarella, 2008). Dentro de es ta cámara (UE s 211, 640 y 648 ), a parte de los restos de marfil, se identificó el siguie nte conjunto de a r tefact os : 1300 fragmentos de cerámica, 24 piezas de indus tria lítica tallada (11 punt as de f lec ha más un fragmento , y s eis láminas , y otros fragmentos), dos o tres figurillas antropomorfas (fragmentos de e llas), 24 c uentas discoidales , así c omo una serie de restos de fauna , entre los que se documenta 17 fragmentos de asta de Cer vus ela phus , algunos con manipulación antrópica, y conchas marinas (como Pecten sp.) ( L iesau v on L ettow V orbeck et al ., 20 14). No se documentó ningún objeto metáli co . En la E str uctura 10.042 se documentó un conjunto desar ticulado y revuelto de hueso s humanos en muy diferentes e stados de conser v a ción, c uya dispersión podría deberse a actividades que podrían remontarse a la Antig üedad o é poca me diev a l, según el ex cav a dor (García Sanjuán et al. , en prens a). El e studio antropológico apunta a un NMI de cuatro: dos individuos femeninos , un individuo v arón y un indeter minado (R obles Car rasco y Díaz -Zorita Bonilla, 2013: 379). El pasillo que une ambas cáma ras tiene una long itud máxima de 2,52 m y 0,51 m de anc hura, delimitado por el lado norte con 7 lajas de pizar ra y 8 en el sur . La segunda cámara (o la cá mara de la Estr uctura 10049, se gún la descripción del ex cav ador antes mencionada) está delimitada por 23 lajas de pizar ra y tiene un diámetro máximo de 2,16m. En ella, el exc ava dor diferencia dos depósitos inde pendientes (UE664 y UE535) , que aparecieron s e parados por 22 la jas de pizar ra, que él interpreta c omo un sellado del niv e l de base, o como un der r u mbe . Sobre el segun do nivel de posicional, o superior , también se hallaron lajas de pizar ra, 12, de las que sin embarg o e l arqueólogo no hace interpreta ción. 274 CAPÍTUL O 8 El niv el de base de la cámara de la E str uctura 10.049 , es to es la UE664, contenía los restos ar ticulados de un único individuo . Se trata de la inhumación de un v arón de entre 17 y 25 a ños de ed ad, probablem e nte de sex o masculino , a unque de bido a l elev a do g rado de fragmentación del esquele to el diagnóstico del sex o fue realiza do mediante indicadores cualitativ os , por lo cual debe ser tomado con cautela (R obles Car rasc o y Díaz-Zorita Bonilla , 201 3: 377). El cuer po de encontraba en posición decúbito lateral derecho y mirando hacia el nor te, cercano a la pared derecha de la cámara y m uy cerca de la entrada a la misma y con s u cabeza apuntando ha cia el cor redor (Fig . 8.19. ). El análisis de isótopos es tables 87 Sr/ 86 Sr (Díaz-Z orita B onilla, 2017: 91), sugieren que este individuo sería local (de la propia V a lencina o de un área cer ca na ). Fig . 8.19. Estr uc tura 10.049, niv e l de base (U E664) (Fuent e: J osé P e inado Cucar ella) Alrededor del cráneo de es te indi viduo se coloc ó una defensa de elefante no de corada (pero fragmentada en 3 segmentos de dimensiones pa recidas) con el lado cónca v o vuelto hacia l a cabeza del inhumado , como enmarcando o de limitando el c uerpo con res pecto al umbral entre la cámara y el cor redor . Este colmillo , atribuido a elefante africano ( Lo xodonta a. africana ) tiene unas dimensiones apro ximadas de 59 -60 cm y un peso de 1170.5 g y constituye una pieza única en todo el registro calcolítico de la península ibérica ( García Sa njuán, et al., 2013). A excepción de un g ran plato cerámico de borde alme ndrado (con pigmento rojo sobre él ) colocado más o menos en e l centro de la es tr uctura, justo a s u espalda, e l resto de objetos s e enc ontraban 275 Tholos de Montelirio y PP4 -Montelirio colocados delante del c uerpo , entre el individuo y la pared (dig amos que el inhumado mira hacia ellos , ya que se encuentran delante de sus brazos , que tiene flexionados hacia el pecho). En esta concentración de objetos de a juar , es donde encontramos los objetos de industria ósea estudiados junto a unas 21 láminas d e sílex, una hoja de puña l de sílex de for ma foliacea, talla bifacial y dos escotaduras en la zona pro ximal; un pomo de ámbar c u yo análisis por Espectroscopía de Infrarrojos por T ransfor mada de F ourier (FTI R) sugirió un posible orig en siciliano (Murillo-Bar roso y García Sanjuán, 2013: 516) as í c omo a bundante pigmento rojo de cinabrio c ubriendo el cuerpo y los obje tos . Solo se localizó un objeto infor ma de unos 5 c m de base cobre, pos iblemente un punz ón. Siendo este el único objeto metálico en la estr uctura, y uno de los seis de todo el Sector PP4 -Montelirio (García Sanjuán et al. , en pre ns a). En el niv el superior (UE535) 72 de e sta seg unda cá mara se doc umentaron: dos platos c ompletos (uno de ellos con res tos de pigmento rojo), dos medios plato s (uno con pigmentación roja) y un plato al que le fa lta la par te de l borde; 24 fragmentos de otro recipiente cerámico , una alabarda o puñal de cristal de roca (con empuñadur a de marfil) 73 , una punta de f lecha de sílex , 38 láminas de sílex y fragmentos de otras , 90 cuentas , 12 fragmentos de lajas de pizar ra, un pequeño fragmento de cuarzo o cristal de roca (aparentemente sin trabajar) y un huevo d e av estr uz . Además se enc ontr a ron algunos objetos de industria ósea c omo múltiples fragme nto s indefinidos , una placa decorada (v aina), e l extremo final de un colmillo con de coración, una empuñadura de marfil, etc . No se docume ntó ningún resto humano o de f auna (García Sanjuán et al. , en prensa). 8.2.2.2. Otr as estructur as Del conjunto de e str uc tur as ex cav adas e n el P P4 -M ontelirio a pa rte del tholos 10.042-10.049 solo en algunas otras s e documentó algún tipo de e lemento fabricado e n ma terias duras de orig en animal. Son las que de for ma somera se c itan a continuación para conocer otros tipos de estr ucturas en las que se ha documentado industria ósea 72 No existe fotog rafía de camp o de est a unidad estrat igrá fica. 73 Descritas separa damente en dos publi cac iones pre vias: García Sanjuán e t al ., 2013: 617-622 y Morg ado R odr íguez et al ., 2016. 276 CAPÍTUL O 8 8.2.2.2.1. Es tructur as me galíticas Dentro de las es tr ucturas conside radas meg alíticas (según Mora Molina et al ., 2013, estr ucturas que presentan losas de piedra de mediano tamaño) encontramos: La Estr uctura 100 31 es una e str uctura neg ati v a de tendencia circular , de 2,40m de longitud máxima x 1,94m de anchura máxima. En su interior s e identifica ron tres individuos inhumados , frente a uno de ellos se encontró un e lemento de industria ósea , aparentemente un elemento tubular decorado realizado posiblemente sobre h ueso larg o (Anex o 2: N ro Cat. 49, Anexo 3: F igura 1. V er Fig . 12.19. ). La Es tr uctura 10.032 es una estr uctura funeraria meg alítica con una cámara c ircular y un cor redor de acc eso rectangular revestid a de lajas de pizar ra. La cámara presentaba un diámetro de 1,9 7 m y el c orredor presentaba una longitud de 1,63m y una anchura de 0,62 m. Presentaba dos fases de enter ramiento: 5 indi viduos en la primera fa se y 2 individuo s a r ticulados en la f ase más antigua (Según la memoria de ex ca v ación P einado Cucarella, 2008) (Anex o 3 : Figura 2). La Estr uctura 10.03 4 presenta la misma tipología que la anterior . S e trata de una estr uctura for mada por una cáma ra circular de 2,13,m de diámetro máximo c on un cor redor de 1,32m de larg o por 0 ,53m de anchur a . Dentro de la cámara se identificaron 7 indi vi duos junto a elementos de ajuar (Anex o 3: Figura 3). 8.2.2.2.2. Es tructur as fun er arias negativas con elementos pétre os La Estr uc tura 10.055 es una es tr uctura negativ a de te ndencia rectangular , cuyas dimensiones máximas s on 3,34m de longitud y 1,79m de anchur a. No s e obser va diferencia entre c ámara y cor redor , y tan solo presentaba dos lajas de pizarra dispuestas en vertical en la entrada (una a cada lado) indicando el acceso a la es tr uctura. En es ta estr uctura se h a lló un único ind ividuo inhumado junto a ele mentos de ajuar (Anex o 3: Figura 4 ). La Estr uctura 10.083 es una es tr uctura neg ativ a con una cámara de tendencia circula r exc avad a en e l suelo , c on un diámetro máximo de 2,48m y una anchura máxima de 2,20m y un cor redor de acceso de tendencia rectangular (longitud máxima de 0,88m y una anc hura máx ima de 277 Tholos de Montelirio y PP4 -Montelirio 0,53m). En e l in terior de la cá mara s e identificaron ocho individuo s con alg unos elementos de ajuar (Anexo 3: Figura 5). La Estr uc tura 10.051 es una e str uctura funeraria neg ativ a con una cámara circular (diáme tro máximo de 2,24m ) y un cor redor de acceso rectangular (long itud de 1,43m y una anc hura de 1,00m), a la entrada del corredor se encontraban dos lajas de piza r ra hincadas , una a cada la do . (Anexo 3: Figur a 6). La Es tr uctura 1 0.075-10.078 e s una e str uctura funer aria negativ a con un a c ámara de tendencia circular y un cor redor de acceso rectangular . La cá mara, e xca v a da en el s uelo , tenía una longitud máxima de 2,31m y una anchura máxima de 2,5 6m. El cor redor t enía una longitud máxima de 1, 40m y una anchura máxima de 1,08m. Los únicos ele me ntos pétreos de arquitectura los encontramos en l a entrada, como ocur re en otras estr ucturas descritas . En el interior de la cámara se identificaron dos niv eles deposic ionales , siendo en el supe rior , llamad o estr uctura 10.078 por el exca vador , donde se hallaron elementos de industria ó sea, junto a 3 inhumaciones (Ane x o 3: Figura 7). La Estr uc tura 10.073 es una es tr uctura funeraria neg a tiv a de planta cua dr angular (1,1 9m x 1,13m.) E n su interior s e identifica ron, según la doc umentación de campo , dos individu os inhumados con elementos de ajuar e ntre los qu e d e stacan un punzón de cobr e con enm ang ue de hueso trabajado o asta (Anex o 3: Figura 8 ). 8.2.2.2.3. Es tructur as fun er arias negativas sin elementos pétre os La Estr uctura 10.040 es una estr uc tura funeraria neg ativ a ov alada, de 1,42m de longitud en el lado más largo y 1,11m en el lado más cor to . E n s u interior se hallaron tres indi viduos con algunos elementos de a juar (varios rec ipientes , una lucer na y un objeto de hueso trabajado ) (Anexo 3: Figur a 9). La E str uctura 10.087 e s una estr uc tura nega ti va de planta ir regular, de 2,11m x 1,39m, en cuyo interior se docume ntaron tres individuos , con un algunos elementos de ajuar entre los que destacan un recipiente ce r ámico zoomorfo (A nex o 3: Fig ura 10). 278 CAPÍTUL O 8 La Estr uctura 10. 076 es una estr uc tura funeraria neg a tiv a de tendencia circular , de 1,69m x 1,41m., en cuyo inte rior s e identificaron dos indiv iduos junto a un recipiente cerámico y un apuntado en marfil (Ane x o 3: Figura 11 ). 8.2.2.2.4. Es tructur as n o funer arias negativas sin elementos pétr eos La E str uctura 10.024 es una e str uctura no funeraria ne g ativ a de tendencia circular , que dispone de un acceso por s u p ar te sur (espacio sin zanja) (longitud máxima de 1 7,07m y una anchur a máxima de 1 4,97m.). La estr uctura no se enc ontraba c ompleta por e ncontrarse cor tada por la calle Cer vantes de Castilleja de Guzmán. Esta estr uctura es en realida d un " recinto" que alberg a otras estr ucturas neg ativ as y que aparte de ele mentos de la cultura material, ade má s presenta un a enor me cantidad de re s tos animales ( suponen más del 95% de l total recuperado de las estr ucturas no funerarias) (L iesau von Lettow -V orbeck et al., 2014: 7 7) (Anexo 3: Figura 12). 8.2.3. C r onología El sector P P4 -Monteliri o presenta una es casa o nula pres er v ación de colág eno en los materiales óseos que ha hecho compli c ada y no del todo fiable su datación. El g r upo Atlas de la Uni versidad de Sevilla realizó el primer intento de datación de algunas piezas encontradas en la estr uc tura 10 . 049, que sin e mbarg o ofrec ieron un resultado dudoso y poco acorde con el contexto cronocultural del sitio , por lo que las cinco dataciones obtenida s de m ues tras de marfil (García Sanjuán et a l . 2013, 625; T abla 2) se consideraron inválidas y no incluidas en e l poste rior pro yec to de datación y modela do ba y esiano (T oTL) debido al bajo contenido de colág eno (García Sa njuán et al ., 2018). La estr uctura 10042 -10049 plantea el siguiente problema: la escasa o nul a preser vación de colág eno en la estr uc tura ha hecho fr a casar todo intento de datación de la segunda cámar a (10049), de modo que a día de hoy las da taciones , y el modelo , cor responde n ex clusiv amente a la primera par te de la e str uctura (10042) (Ga rcía Sanjuán et al., en prensa). Re s altar que es ex ce pcional e l m al estado de c onser v ac ión de los restos óseos en este sector, sir va c omo ejemplo que de las 17 muestras enviad a s para datación por el pro y ecto T oT L, 13 de ellas contenían níminas trazas de coláge no , o nada, por lo que no pa saron los controles de calidad 279 Tholos de Montelirio y PP4 -Montelirio para elaborar el modelo ba yesiano , mismo problema que había señalado también el laboratorio del C NA (García Sa njuá n et al ., 2018 ). Así, dicho pro yecto consig uió datar con éxito c uatro muestras prov enientes de tres individuos de la estr uctura 10.071. Así las cosas los res ultados de las dataciones del s ector provienen de la estr uctura 1 0.042, 10.071 y 10.031. Como se ha adelantado , pese a intentar la datación de la estr uc tura completa (10.042 -10.049) la datación de esta tumba viene dada exclu siv amente por la pr ime ra parte de ella (10.042), de la que se tienen dos fe ch a s de hues o human o . L os ente rramie ntos en esta estr uctura habrían comenzado en 3725–355 5 cal BC ( 9% pr obabilidad ; inicio: estructura 10.042 (PP4-Montelirio) o e n 3515–2875 cal BC ( 86% probab ilidad ), y probablemente en 3185 –2880 c a l BC ( 68% probab ilidad ). Finalizando en 2885–2155 cal BC ( 86% pr obabilidad ; final: estruc tura 10.042 (PP4-Montelirio) o 2045–1840 cal B C ( 9% pr obabili dad ), y probablemente en 2880–2490 c al BC ( 68% pr obabilid ad ) (García Sanjuán et al ., 2018). Debido a estos problemas , no es posible saber s i los individuo s e n la es tr uctura 10.042 y el individuo del niv el de bas e de la 10.049 fueron de positados al mismo tiempo , o qué inter valo puedo transcur rir entre ambas activid ades , de igua l modo que desconocemos cuánto tie mpo transcur rió entre la deposición del indi viduo de l niv el inferior (y los objetos e n este n iv el) y l a depos ición de los objetos del niv el superior de la estr uctura 10.049. Las dataciones de la estr uctura 10 .0 71 –e str uc tura circular sin e lementos pétreos - (s obre diente humano) apuntan a que los enter ramientos come nzaron alrededor d el 3175–2870 cal BC ( 93% pr obabilid ad ; inicio: estructura 10.071 (PP4 -Montelirio) o 2825–27 75 cal BC ( 2% p r obabilidad ), posiblemente en 2950–2880 cal B C ( 68% pr obabili dad ). El enter ramiento finaliz aría en 2885– 2465 cal BC ( 95% p r obabilidad ; final: estr uctura 10.071 (PP4-Montelirio) y probablemente en 2880– 2715 cal BC ( 68% pr obabilida d ) (García Sanjuán et al., 2018). Finalmente el modelo realizado por García Sanjuán y otros ( 2018) pa ra la e str uctura 10 .031 (estr uc tura neg ati va de te ndenc ia circular) se basa en dos dataciones radiocarbónicas de dos craneos de dos individuo s . El modelo es tima una acti vidad iniciada en 439 0–4190 cal BC ( 3% pr obabilidad ; inicio: estructura 10.031 (PP4 -Montelirio) o en 379 5–2570 cal BC ( 92% pr obabili dad ), y posiblemente e n 3015–2590 cal BC ( 68 % pr obabilidad ). Finalizando la actividad en 2855–1580 cal 280 CAPÍTUL O 8 BC ( 92% pr obab ilitda d , final : estructura 10.031 (PP4 -Montelirio) o 1195–1 010 cal BC ( 3% probab ility ), and probably in either 2830–2790 cal BC ( 3% pr obability ) or 2745–2320 cal BC ( 65% p roba bility ). 8.2.4. Es tu dios pr evio s sobr e el marfil Algunas de las piezas de estudio del sector PP 4 -Montelirio , concretamente de la es tr uc tura 10.042-10.04 9 fueron estu diados por nosotros y sus resultados publicado s con anterioridad. En un primer tr abajo (García Sanjuá n et al., 2013) se abordó el es tudio de v arios ar tefac tos d e marfil de la Estr uctura 10.049 : de la UE664 una defensa sin trabajar fracturada en tres trozos y un v as o con decoración de diamante; y de la UE535 la extremidad distal de defensa decorada con motiv o de dia m ante y franjas de lín eas parale las , una pla ca de g ran tamaño con decorac ión de rejilla en una de sus caras y una empuñadura con la misma decoración . En este estudio , se intentó datar la estr uctura (como se explicó en e l a paratado prece dente), s e realizó la caracterización de la materia prima y se propusieron algunas interpretac iones sobre el uso o función de la s p iezas . Sob re todo en el caso exc e pcional del colmillo decorado y la g ran placa. En el primer caso , d ebido a los res tos de una posible perforación docum e ntada en la punta de la pieza así como por su for ma, se interpretó que ésta podría haber funcionado com o contenedor (de la misma for ma que los cuer nos han sido usados como vasos) (García Sa njuán et a l., 201 3: 616-617) o haberse tratado de un ídolo o betilo , por s u for ma seme jante a otros elaborados con piedra del sur de la penín sula ib é rica (Almag ro Gorbea, 1973: 63). En el caso de la plac a decorada se propuso su pos ible uso como funda (par te de rígida de e lla) de un g ran puñal de cristal de roca con la empuñadura de marfil (García Sa njuán et al., 2013: 617). El estudio de la materia prima apuntó a que las cu atro piezas trabajadas están fabrica das en marfil de elefante as iático ( Ele phas maximus ) mientras que el colmillo s in trabaja r per tenec ería a un es pécimen de ele fante africano ( L o xodonta a. africana ) (García Sanjuán et al., 2013: 623, T abla.2). En un segun do trabajo (Luciañez T riviño et al., 2014) s e publicó el tratamiento de conser vación-restauración llevado a cabo sobre estas piezas , desde la v aloración de s u estado de conser vación inicial pasando por los procesos y materiales empleados hasta el resultado final de la inter vención, y que resultó fundamental para la in v estig ación pues per mitió realizar el estudio arqueológico e i nte rpretación de dichos artefac tos . 281 Tholos de Montelirio y PP4 -Montelirio El otro ejemplar (P P4-M/10049/664(II)/4, Anexo 2: N ro C at. 41) s e encuentra en peor esta do de c onser va c ión, no solo por s u es tado fragmentario sino porque también la s uperficie se presenta muy alte rada, microastillada, así como a f ectada por abundante concreción. Al igual que e l otro ejemplar , también está decorado con motiv o de diamante y líneas paralelas en el borde . Sin emba rg o és te parece tener dos apéndices enfrentados (asas?) uno a ca da lado del v a so , de tendencia alarg ada y fuste circul ar decorados con estrangulamientos paralelos . Debido a su mal e stado l a s medid as apro ximadas son: 60 -70 mm de alto , diámetro máx imo de la base unos 68 mm y mínimo 58 mm, da do que es te v aso presenta una base ov alada (V er Figura . 12.15). Se documentó una pie za de g ran tamaño en mal es tado de conser vación pero a similable a fragmentos de un tubo o ¿pared de tubo ? ( PP4-M/10049/664(5)/3, Anex o 2: N r o Cat. 43). S e trata de fragmentos de pa redes cóncav o -conv e xas con decoración de retícula en la cara ex ter na. No se han e ncontrado indicios de que hubiera tenido una base de l mismo material realizada de una pieza, como ocur re con los v a sos . En las fotos de ex cav ac ión parece que la pieza era un tubo c er rado , pero en s u esta do actual no es posib le v erificarlo dado que no ha s ido posible realizar el remontaje com pleto (no se han podido unir todos los fr agmentos). P esa 263 g pero sus medidas son ir reconstr uibles . La mayor par te del conjunto pres enta muy mal estado de cons er v ación, pe se a todo , habiendo estudiado algunos fragmentos , es posible que en la Estr uctura 10.049 también hubiera habido una caja (Anexo 2: N ro Ca t. 36) s imilar a la recuperada en la 10.042. Otro g ran número de fragmentos , con o s in decoración, apuntan a la de posición de otros objetos acabados que no se pueden reconocer . . 8.2.5.1.2.1.2. Tipología longitudinal 8.2.5.1.2.1.2.1 . Elementos dentados (peines/peine tas) En el niv e l de base (UE664) s e rec uperaron dos ejempla res de peine /peineta decorados . No se tenía cons tancia de su existencia has ta abrir las cajas y bolsas de la ex cav ación durante el desar rollo de nuestro T raba jo de Fin de Máster (Luciañez T riviñ o , 2012). Esta s pie zas se encontraban embaladas junto con otros ma teriales y embutida s en g rande ter rones de tier ra. 288 CAPÍTUL O 8 Ambos se e ncuentran en m uy mal estado de c onser v ac ión, habie ndo perdido muchas de la s par tes , s obre todo las púas (Fig . 8.22.). El P e ine 1 (PP 4-M/10049/664.9-664.4/5 , Anex o 2: N r o Cat. 37) está rea lizado s obre una placa de muy escaso espesor, dado que en su estado actual la media de g rosor de la pieza es de unos 5 mm. P resenta una conser vación diferencial en ambas caras , estando una muy bien conser vada y la otra superficialmente de str uida. Pe s a 14,7 g y 60,9 mm de larg o cons er v ado . Solo en una de s us caras se obser va bien la decoración cubriente de motiv o en e spig a en bandas adyacentes . Es posible que en ori g en la extremidad pro ximal fuera redondeada , dadoq ue se han obser vado en al gunos fragmentos de borde tres incisiones parale las (motiv o decorativ o recur rente pa ra r ematar bordes y bocas) que se cur v an. El P e ine 2 ( P P4-M/10049/664.9 -664.4/6 , Anexo 2: N ro Ca t. 38) parece que fue más g rande y pesado que el anterior . P esa 24,6 g y el es pesor medio es de 9 mm de espesor . Presenta una altísimo g rado d e fragmentación y no ha s ido posible calcular sus dimensiones y for ma original. Ambas caras , inferior y supe rior , se encuentran decoradas con el motiv o de rejill a (motiv o c on apariencia de red en reliev e, quedando los e spacios inter medios lige ramente abultados) y la zona cercana a los bordes aparecen rematada por líneas paralelas , que también se han empleado para diferenciar la zona decorada d el inicio de las púas. Fig . 8.22. R est os de dos e jemplare s de peines decora dos de la Estr uctur a 10.049 ( Ni vel infer ior –UE664). A) P eine 1, y B) P e in e 2 ( Elaborac ió n prop ia) 289 Tholos de Montelirio y PP4 -Montelirio 8.2.5.1.2.1.3. Defensa de elefante seccionada A unque no se trata de un objeto acabado , es muy relev ante e l hallazg o de esta defensa de elefante casi completa, pero seccionada en tres pedazos , y colocada enmarcando la cabeza del individuo inhumado , por resul tar un ha llazg o único (F ig . 8.23 , Anexo 2: N ro Cat. 45). C omo av anzábamos , este "ar tefacto" se ha catalog a do como " bloque" da do que pa rece que la defensa se de positó intencion almente semi -completa , sin decoración, y no parec e constituir un objeto "acabado". Sin embarg o , tal y como se trata en c apítulos posteriores , parece haber indicios de un seccionamiento i ntencional de la pieza (V er Sub-apar tado 10.4.6., y Fig . 10.8. y 10.44). Fig . 8.23. De fensa de elefante c ompleta o sem i-com pleta, sec cionada en t res trozos , co locada e nmarcando la cabeza el inhumado en la UE6 64 de la Estr uctura 10.049 (Fuente: J osé P e inado Cucare lla) 290 CAPÍTUL O 8 8.2.5.1.2.2. Nivel s uperior (UE535) 8.2.5.1.2.2.1. Tipología tr an sversal 8.2.5.1.2.2.1.1 . Recept or es En e l niv el s uperior de la 10.049 (UE 535) donde no se hallaron restos humano se localiz ó una par te de una defens a de elefante decorada (Fig . 8.24.). E sta pieza parece que se realizó de una sola pieza, usando la cavid ad pulpar y sig uiendo la for ma natural del colmillo de elefante . En su estado actual se estima que mide 3 0 cm de la rg o , pero e n las imág enes de trabajo de c ampo se obser va qu e originalmente pudo lleg ar a alca nzar 36 -37 cm. La cara exter na está totalmente decorada mediante bandas con decoración de diamante combinadas alter nativ amente con bandas de líneas rectas adyac ente . La extremidad distal está rematada con una protuberancia ov oide que se encuentra fracturada, lo que ha per mitido c omprobar que la pieza está totalmente hueca . La g ran aber tura de la extremidad proximal se estrecha hacia la punta donde queda reducida a un canal. L a pieza posee una perforación realizada perpendic ular mente a e ste canal justo en este perforación (Ane x o 2: N ro Cat. 30). Fig . 8.24. Defensa de e lefante decorada (est ado actu al tras restauración del MASE) hall ada en la Estr uctura 10.049 (UE535) , y detall e de la dec oración (Fuente : elaboración pro pia a par t ir de fotog rafía de detalle de la decorac ión de Miguel Áng e l Blanco de la R u bia) 291 Tholos de Montelirio y PP4 -Montelirio 8.2.5.1.2.2.1.2 . Elementos perfor ados Se documentaron en es te niv el 22 fragme ntos de posibles ejemplares , o ejemplar de aro con sección pla no-conv exa (en for ma simila r a una " D ") sin decoración en ninguna de s us c aras (PP4 -M/10049/535/5, Anex o 2: N ro Cat. 33 ). Estos fragmentos corres ponden al mismo tipo de objeto documentado en el th olos de Montelirio ( V er comparación de los fragmentos e n Fig . 12.28.). Algunos fragmentos presentan res tos de pigmento rojo e n superficie, restos del pigmento esparcido en este niv el. 8.2.5.1.2.2.2. Tipología longitudinal 8.2.5.1.2.2.2.1 . Recept or es Una pieza espectacular y de g ran tamaño e s una empuñadura de marfil de un g ran puñal de cristal de roca (Anex o 2: N r o Cat. 34 ). P ese a v a rias hipótesis iniciales (amul e to , idolo , etc.) el estudio de las fotog rafías de campo rev eló que se trataba de la empuñadura un puñal de c ristal de roca hallado en la misma UE y en clara conexión espacial ( García Sanjuán et al., 2013: 617). Esta pieza e stá fabricada mediante dos par tes ela bor adas por s epa rado (puño , y empuñadura o mang o), y pos terior mente e nsambladas (de algún modo aún desconocido) ( V er F iguras 11.20 y 11.21 en Capítulo 11 .). El ma ng o pos ee una caja en la zona distal destinada a la inse rción de la hoja de crista l con escotadur as y el pomo o remate pres enta otra caja en la que se inser t aba la empuñadura ( García Sanjuán et a l., 2013 y Morg ado R odríguez et al ., 2015). Ambas pieza s fueron fabrica das sobre un sopor te tipo placa obtenido mediante explota ción longitudinal de la defensa. El pomo o remate tiene for ma de creciente inv er tido . En una de sus caras conser v a ocho mamelones , aunque posiblemente el número original sería de 1 0. En la cara opues ta tiene 14 perforaciones , justo en la zona , que atraviesan desde el borde hacia esta car a. Cerca a e stas perforaciones s e docum entó un g r upo de cuenta s disc oidales que pudieron for mar pa rte de la decoración de esta pieza (García Sanjuán et al, 2013: 617). 292 CAPÍTUL O 8 P or otro lado la empuñadura o mang o presenta decoración bifacial c ubriente c on el característico motiv o de rejilla, rematado en los la dos con v arias líneas adyacentes qu e corren paralelas a los bordes (Fig . 8.25. ). Fig . 8.25. Empuña dura de mar fil para puña l d e crist al de roca hall ada e n la Estr uct ura 10.049 (U E535). (Fuent e: Miguel Áng el Bla nco de la R u bia). 293 Tholos de Montelirio y PP4 -Montelirio 8.2.5.1.2.2.2.2 . Elementos s obr e placa longitudin al o elementos p lanos Se documentó una g ran placa decorada de ape nas 7/7,5 mm de espesor ( PP4 - M/10049/535/4 , Ane x o 2: N ro C at. 31.). En la cara superior , enmarcada por un cordón en reliev e, presenta una g ran supe rficie central decorada con motiv o de rejilla. L a cara inferior no tiene decoración, pero sí dos z onas elev adas en la zona cercana a lo s borde s izquierdo y derecho donde se documentan una s erie de per forac iones en V a una distancia medi a apro ximada de 5 cm entre una y otra. E stá muy fragmentada y ha perdido g ran par te de la zona a la que se ha lla mado distal, por lo que en su e stado actual mide aproximad amente 3 0 cm. Su extremidad pro ximal es redondea da y los bordes izquierdo y derech o se desar rollan conv erg entes hacia la zona distal. (Fig . 8.2 6.). Fig . 8.26 . Pl aca decorada hallada en la Estr uct ura 10.049 ( UE535) (A rriba c ara super io r-decorada , abajo car a in fer ior donde se encuent ran las perforaciones e n V en los lados) (Fuente : Migue l Ánge l Blanco de la R ubia). 294 CAPÍTUL O 8 8.2.5.2. Otr as estructur as del PP4 con m arf il Los ve s tigios de ma rfil se hallan casi ex clusiv amente en la E str uctura 10.042 -10.049, y tan solo se localizaron algunos fragmentos en mal estado de conser v ación de secc ión c ircular y borde s rectos de algún objeto no identificable ( PP 4-M/10076/948/1, A nex o 2: N r o Cat. 46) en la Estr uctura 10.076 en la que se enc ontraron dos individuos . La otra pieza de marfil, es un fragmento plano de alg ún objeto , tal v ez similar a una plac a (pero sin decoración) que presenta restos de alg unas perforaciones que se encuentra des contextualizada por no tener ni UE ni estr uctura (PP4-M/-/-/1, Anexo 2: N ro Cat. 47) 8.2.5.3. En hueso A unque no s e ha identificado marfil en práctic amente ninguna otra e str uctura de l P P4 (a ex ce pción de los elementos citados en el pár rafo anterior) s í s e ha identificado el hueso pa ra la fabricación de objetos en otras es tr ucturas del sector (M ora Molina, 2011). El conjunto de e lementos fabricados en hueso es má s v ariado que el del vecino tholos de Montelirio , en el que el hueso fue ex clusi vamente empleado para la fa bricac ión de e lemento s apuntados , tipo "varilla s " como se ha expuesto . Es significativ o e importante destacar en primer lug ar que las v arillas de hu eso son esc asas en el conjunto del PP4 (mientras en Montelirio e l número de és tas asc iende a 4 1 (fragmentos , objetos semi-completos y objetos completos) (Altamirano García y Luc iañez T riviño , 2016). Entre todas las estr uc turas del PP4 s e han docume ntado: un ejemplar completo en la UE535 de la 10.049, otro c ompleto en la Es tr uctura 10.055 (UE718 ), y otro pos ible en la U E549 (sin estr uctura) en muy mal es tado de c onser vació n y tota lmente fragmentado , además d e fragmentos ape nas reconocibles e n otras estr ucturas (10 .051, 10.076, 10.080, 10.032, 10.042). T ambién se documentó en la estr uctura 10.075 -78 (UE939) un ejemplar completo (solo le falta el ápice) de s ección facet ada y fuste la rg o y estilizado , c on restos de tejido esponjoso en la extremidad pro xima l y en muy buen estado de conser v a ción. Se han ide ntificado otro tipo de apuntados , de s ección c ircular (más g r ues a que en las v arillas) sin facetas y de fuste menos alarg ado , y más g r ueso . Ejemplares completos sin ca beza indicada (la ex tremidad pro ximal aparece rema tada con un plano liso) se han documentado en la UE549 295 Tholos de Montelirio y PP4 -Montelirio (sin estr uc tura), otro e n la E str uctura 10. 055 (UE718), otro en la E str uctura 10.083 (UE 871), y otro en peor estado de conser v a ción en la UE531 (sin estr uctura) ( Mora Molina, 2011). A unque la finalidad de esta te sis doctoral no ha sido estudia r las manufactur as en hueso , tal y como se ha hec ho en otros conjuntos , en este apartado se ofrec e una descripción sinté tica del tipo de obje tos fabricado s con hueso , y da da la si ngula ridad de algunos objetos da remos una descripción más precisa de algunos de ellos . E lementos singulares en hueso so n: Un hue so larg o decorado hallado en la E str uctura 10.031 ( Anexo 2: N r o Cat. 49). V er localización de la pieza en Anexo 3: fig . 1). En es ta estr uctura aparecieron un mínimo de tres individuos (enter ramientos primarios): dos adultos (un mas culino -25/40 años- y un fe menino -18/25-) y un sub-adulto (6±2 -4 años). Este hueso larg o , en muy mal es tado de cons er va ción actualmente (A unque ha sido restaurado por el MASE) , está decorado con motiv os en espig a y apareció de positado frente al individuo varón que ya cía de c ostado (dando la espalda a la mujer) (V er Figura 12.19.). En la Es tr uctura 10.07 3 (UE 867) s e loc alizó un pequeño mang o fabrica do a par tir de la par te mesial de un hueso no identificado (Ane x o 2: N ro Cat. 51). Este mang o per tenece a un punzón metálico , de base cobre?, que se inserta en el mango mediante un taladro rea liza do en una d e las extremidades . Finalmente, entre el material fabrica do en hueso encontramos un objeto c omp leto en for ma de tronco de cono , hueco en su interior, totalmente pulido por la c ara exter na ( Anex o 2: N ro Ca t. 48). Se trata de un s egment o de hueso de algún an ima l de g ran talla (por la g r ues a pared que presenta) sin que podamos precisar nada sobre s u función . Otros restos , muy erosionados de paredes de posibles cilindros provienen de la Estr uctura 10.040 (UE565). 296 CAPÍTUL O 9 Capítulo 9 ― Otr o s se ctor e s/estr uctur as En este Capítulo 9 se recog e la infor mación del estudio empírico de otras seis estr ucturas funerarias de adscripción calcolítica per tenecientes a l sitio prehistórico de V alencina e n las que se había documenta do , según la bibliog rafía publicada, la presencia de marfil. Así pues en los apar tados s iguientes s e presenta el ma terial del meg alito de Ontiv eros , tholos de Matar r ubilla, th olos del De pós ito de Agua (C astilleja de Guzmá n), y de l a s T umbas 2, 3 y 5 d el Sector "Urbanización Señorío de Guzmán -Divina P a stora". 297 Otr os secto r e s/ e st r u c t u r a s d e l sit io d e V a le n c in a d e la C on c e p c ión Fig . 9.5. Fr a g me n t o c o n d e c o r a c i ó n r o m b o id a l ( E l a b o r a c ió n p r o p i a ) Gráfico 9.1. Mate ria s d u r a s a n i ma l e s d o c u me n t a d a s e n O n t i v e r o s ( E l a b o r a c i ó n p r o p i a ) . 0% 25% O t r os se c t or es/ estructur as del sitio de V alencina de la Conce pció n F ig . 9 . 5 . F ragmento con decora ción rombo idal (Elaboración propia ) Gr á f i c o 9 . 1 . M a t e r i a s duras ani males documentadas e n Ontiv e ros (E laboraci ó n p r o p i a ) . 75% O t r os se c t or e s/ e st r u c t u r a s d e l sit io d e V a le n c in a d e la C on c e p c i ón F ig . 9 . 5 . F r a g me n t o c o n d e c o r a c i ó n r o m b o id a l ( E l a b o r a c ió n p r o p i a) Gr á f i c o 9 . 1 . M a t e r i a s d u r a s a n i ma l e s d o c u me n t a d a s e n O n t i v e r o s ( E l a b o r a c ión propia). Hueso Marfil Indetermianda 304 C AP Í T U L O 9 Gráfico 9.2. Cat eg orí a s d e a n á lis is p o r ma t e r i a p r ima e n O n t i v e r o s ( E l a b o r a c i ó n p r o p i a ) . 9.2. Matarrubilla El monumento meg alítico d e M a t a r r ubilla s e e nc u e nt r a a l s ur d e la v a r ia nt e A - 8 0 7 7 que une la s localidades de Castilleja de G uz m á n V a le n c ina de la C onc e pc ión. Se loc a liz a a pr o x im a da m e nt e a 500-600 m al suroeste de O nt i v e r os y a uno s 7 0 0 m e n líne a r e c t a a l oe s t e de la s e s t r uc t ur a s de la Urbanización Divina P a s t or a ( V e r F ig ur a s 6 . 1 . y 6 . 4 . ) . 9.2.1. In tervenciones El material de Matar r ubilla e s ot r o de los c onjunt o s e x c a v a do s e n a nt ig uo . E s t a e s t r uc t ur a f ue descubier ta e n 1917 cuando , de bido a t r a ba jos a g r í c ola s , s e pus o a l de s c ubie r t o una g r a n los a de g ranito , que resultó ser l a c ubie r t a de la c á m a r a s e pulc r a l ( O be r m a ie r , 1 9 1 9 ) . F ue e n 1 9 1 8 cuando Ober maier realizó una e x c a v a c ión d e l l la m a do " dolm e n " . E n e s t e m om e nt o la ex cav ación se realizó desde la c á m a r a ( e nt r a ndo por e l hue c o r e a liz a do por la e x plos ión de dinamita) en direcc ión hacia la e nt r a da por e l c or r e dor ( O be r m a ie r , 1 9 1 9 : 4 5 ) . Se e x plor a r on la cámara circula r y 9,80m del c or r e dor ( O be r m a ie r , 1 9 1 9 : 4 9 ) , h a s t a e nc ont r a r l a s é pt im a lo s a d e cubier ta derr umbada, c er ran do e l a c c e s o por la g a le r ía , y dond e s e d e t uv ie r on los t r a b a jos . E n 0 0,5 1 1,5 2 2,5 3 Bloque Soport e CAPÍTUL O 9 Gr á f i c o 9 . 2 . C a t e g o r ías de análisis por materia prima e n Ontiv e ros (Elaborac i ó n p r o p i a ) . 9 . 2. M at ar r u b i l l a E l m on um e nt o m e g a lít ic o d e Matar r ubilla s e encuentra al s ur de la v ariante A - 8 0 7 7 que une la s loc a lida d e s de C a s t ill e ja d e G uz mán V alencina de la Conce pción. Se locali z a a pr o x im a da m e nt e a 5 0 0 - 6 0 0 m a l s ur oe s t e d e Ontiv eros y a unos 700 m en línea recta al oes t e de la s e s t r uc t ur a s de la U r ba niz a c ión D i v ina Pa stora (V er F iguras 6.1. y 6.4.). 9 . 2. 1 . I n t e r v e n c i on e s E l m a t e r ia l de M a t a r r ubilla es otro de los conjuntos exca vados en antiguo . E s t a e s t r uc t ur a f ue de s c ubi e r t a e n 1 9 1 7 c ua n d o , debido a trabajos ag rícolas , se pus o al descu bie r t o una g r a n los a de g r a nit o , que r e s ult ó s e r l a c ubier ta de la cámara s epulcral (Ober maie r , 1 9 1 9 ) . F ue e n 1 9 1 8 c ua ndo O be r m a i e r r e a li z ó una ex cav ación del llamado "dolmen". En e s t e m om e nt o la e x c a v a c ión s e r e a li z ó de s d e la cámara (entrando por el hueco rea lizado por la e x plos ión de dina m it a ) e n dir e c c ión ha c i a la entrada por el c orre dor (Ober maier, 1919: 4 5 ) . Se e x plor a r on la c á m a r a c ir c ula r y 9 , 8 0 m d e l cor redor (Ober maie r , 1919: 49), hasta e ncontr a r l a s é pt im a lo s a d e c ubie r t a de r r um ba da , c e r r a ndo e l acceso por la g alería, y donde se detuvie r on los t r a b a jos . E n S o p o r te Esboz o Resto fabricación Obj.acabdo Dudoso C AP Í T U L O 9 Gr á f i c o 9 . 2 . C a t e g o r í a s d e a n á lis is p o r ma t e r i a p r ima e n O n t i v e r o s ( E l a b o r a c ión propia). 9 . 2. M at ar r u b i l l a E l m on um e nt o m e g a lít ic o de M a t a r r ubilla s e e nc u e nt r a a l s ur d e la v a r ia nt e A -8077 que une las loc a lida d e s de C a s t ill e ja d e G uz m á n V a le n c ina de la C onc e pc ión. Se loc a li za apro ximada mente a 5 0 0 - 6 0 0 m a l s ur oe s t e d e O nt i v e r os y a uno s 7 0 0 m e n líne a r e c t a a l oe ste de las estr ucturas de la U r ba niz a c ión D i v ina P a s t or a ( V e r F ig ur a s 6 . 1 . y 6 . 4 . ) . 9 . 2. 1 . I n t e r v e n c i on e s E l m a t e r ia l de M a t a r r ubilla e s ot r o de los c onjunt o s e x c a v a do s e n a nt ig u o . Esta es tr uctura fue de s c ubi e r t a e n 1 9 1 7 c ua n do , de bido a t r a ba jos a g r í c ola s , s e pus o a l de s c ubier to una g ran los a de g r a nit o , que r e s ult ó s e r la c ubie r t a de la c á m a r a s e pulc r a l ( O be r m a ie r , 1919). F ue en 1 918 c ua ndo O be r m a i e r r e a li z ó una e x c a v a c ión d e l l la m a do " dolm e n " . E n este mome nto la e x c a v a c ión s e r e a li z ó de s de la c á m a r a ( e nt r a ndo por e l hue c o r e a liz a do por la explosión de dina m it a ) e n dir e c c ión ha c ia la e nt r a da por e l c or r e dor ( O be r m a ie r , 1 9 1 9 : 4 5). Se exploraron la c á m a r a c ir c ula r y 9 , 8 0 m d e l c or r e dor ( O be r m a ie r , 1 9 1 9 : 4 9 ) , h a s t a e nc ont rar la séptima losa de c ubie r t a de r r um ba da , c e r r a ndo e l a c c e s o por la g a le r ía , y dond e s e d e t uv i eron los trab ajos . En Du d o s o Indet Hueso 305 Otr os sector es/ estructur as del sitio de V alencina de la Conce pción este mome nto , se obs er v aron cinco bloques má s de a renisca y se dedujo que habrían for mado par te de una antigua entr ada al cor redor , más baja que el resto y que por tanto el cor redor tendría una longitud de unos 10 m (Ober maier , 1919: 52; Colla ntes d e T erán, 1969:48). En 1955 se llevó a cabo una res tauración de l monu mento , después de exca va rlo totalmente c on la intención de e xtraer lo que pudiera quedar de ajuar (Collantes d e T e rán, 19 69; 49). Se abrió una trinchera de 4 m de ancho por 1 -1,5m de profundidad a lo larg o de toda la g alería para dejar al descubier to todas las losas de cubierta que se habían caído en el fondo . Éstas fueron colocadas al borde de la trinchera para poder proceder a la ex cav ación del corredor . Se consolidaron las paredes y las cubie r tas v olvieron a colocarse (Collantes de T er án, 1 969: 49). La estr uctura parece que ha bía sido saqueada de antiguo , pues por encima del suelo primitiv o de la g alería se encontró material de tradición ibérica y romana (Collantes de T erán, 1969: 54). 9.2.2. Ar q uitectur a y estr ati gr afía Es una es tr uctura ex cav ada en una loma ondulada, reliev e habitual de la comarca de l Aljarafe sevillano . Su eje se dirige de NNE (corredor) a SSW (cámara) (Ober maie r , 1919: 44). Su arquitectura cor responde al tipo tholos (Fig . 9.6.). Tiene un larg o c or redor de acc eso de uno s 30m y una cámara circular con fals a c úpula fabricada por a pro ximación de hiladas que se cier ra con una g ran losa de c ubierta de 3,6 m de larg o y 0,95 m de g r ueso . Las paredes no son v e rtic ales , s ino que la mampostería de pie dra y bar ro fue colo cándose de tal manera que el perfil de la g alería v a ce r rándose hacia el tech o , teniendo el cor redor 1,27 m de ancho a la altura del suelo y 1,1 m a la altura de la cubier ta. Además , a la entrada de la g alería, a medio metro apro xima damente, a cada lado , s e dispuso una laja de pizar ra penetrando en perpendic ular a la pared, y sobres aliendo unos 12 cm ha cia e l interior de l cor redor . Esta estr uctura pudo tener un pórtic o o v es tíbulo que prece día a la g alería, indicado por un g ran bloque de arenisca de1,3 m de la rg o (Collantes de T erán, 1969). 306 CAPÍTUL O 9 Tiene un c ámara c ircular de mampostería con 2, 12 m de a lto y de 2 ,82 m de diá metro máximo . La pared con s iste e n hiladas alter nantes de piedras y tier ra, hasta 1,62 m de altura, empleando delg adas placas de arenisca horizontalmente colocadas (entre c ada dos filas s e intercala una capa de arcilla amarilla) y que v an p aulatinamente sobresa liendo s obre las anteriores hasta for mar la falsa cúpula, que no cier ra de l todo , s ino que se remata con una g ran losa de g ranito (Ober maier , 1919: 45-49). El cor redor mide 1,30 m de ancho y el sue lo estaba fabricado de arcilla compact ada . Las paredes presentan el mismo sistema constr uctiv o que la cámara, p ero en este c aso las parede s se inclinan hacia a dentro según nos ac ercamos haci a el tech o , por lo que en cor te transv e rsal presentaría una for ma lig eramente trapezoidal (Ober maie r , 19 19: 49 -50). L a cubier ta del cor redor se realizó con placas de arenisca mientras que en la cámara se usó una g ran losa de g ranito (Ober maier, 1919: 50). Fig . 9.6. Planta y a lzado de Matar r u billa (Fuente: a par tir de Schuhmac her et al., 2013a: f ig .1b , mod ificado a par tir de Co llantes de T e rán, 196 9: Fig .1.) 307 Otr os sector es/ estructur as del sitio de V alencina de la Conce pción La mayor par te de los hallazg os se realizaron a par tir de la segunda mitad de la g ale ría, es decir hacia el fondo entrando por le entrada del cor redor 76 . Prác ticamente todos los objetos de marfil se e ncontraron entr e los 13 y 16 m. En la ex c av ación de Ober maie r no se encontró ningún objeto mobiliar en la c ámara (ex ce pción de la pila), y en el c or redor se hall aron tan solo fragmentos de v a sijas ibéricas a la altura de la segunda gran losa del tec ho – de sde la c ámara - (Ober maier, 1919: 55). A la misma altura pero estratos por debajo s e encontró cerámica neg r uzca , má s tosca y no realizada a tor no , s in decoración, al lado de algunos restos humanos revueltos y fracturados (una cabe za de fémur (pequeña) y par te de l cuello , un calcáneo , una vér tebra torácica incompleta , tres fragmentos de costilla y cuatro fragmentos de hueso larg o) (Ober maie r , 1919: 56). Siguiendo po r el co r redor , a la altura de las losas nº5 y nº6 se encontraron nuev a mente restos de cerámicas toscas y neg r uzcas asociadas ig ua lme nte a restos humanos (un fragme nto de cabeza de húmero , extremidad dis tal de un cúbito , dos metacar pianos , 5 fragmentos de c ostillas , v arios fragmentos de pe lvis , una cabeza de fémur (mayor al pa recer que la anterior), otro fragmento de fémur , v a rios fragmentos de huesos larg os , 2 extremidades superiores de la tibia y un fragmento de vér tebra lumbar). En medio de és tos restos s e encontró un fragmento de braza lete (Ober maier , 1919: 56, fig . 21). En la ex cav ac ión de 19 55 se obs er vó que los restos humanos y los objetos a lo larg o del cor redor s e dis ponían pri ncipalmente alineados a lo larg o de la s paredes . Solo se encontró una inhumación comple ta, con el c uerpo lig eramente encogido , yaciendo de costado y mirando hacia el interior de la g alería (Collantes de T e rán, 1969: 55). Entre los materiales y objetos recupe rados en esta segunda inte r v ención, en e l cor redor encontramos , entre ot ros: un hacha de ser pentina, un cuchillo de sílex, dos fragmentos de cuchillo , una punta de f lecha, un cuenco hemisfé ri co de caliza ma r mórea, pigmento rojo , un fragmento de punzón de cobre, numerosos fragmentos de hoj as batidas de oro , y otros fragmentos más g randes de hojas de oro; algunos fr agmentos de cerámica, abundantes cuentas de collar y v a rios objetos de marfil ( Collantes de T erán, 1969 ). 76 Según Co llantes de T erán, 1 969: 55: "des de los 10 a los 17m se ext endía el sec tor del cor re dor que nos proporcionó una mayor c osecha de ob jetos de ajuar". De bemos t ener en cuenta que empezar on a contar los metros desde la cámara, de m od o que c uando hacen indicac ión de los met ros a los que se encontr aron los ob jetos , las cifras más bajas son las má s cerc anas a la cámara. 308 CAPÍTUL O 9 Destacar que ante l a escasez d e objetos de ajuar (debido a expolios antiguos) el hallazg o más impor tante y sing ular es una g ran "pila" c on for ma de pa ralele pípedo recta ngular , ta l vez un altar de piedra o una mesa de ofrendas que no es tá exactame nte en el centro de la cámara, sino tocando lig eramente con los v ér tices traseros la pared (Ober maier, 1919: 52; Colla nte s de T erán, 1969: 54). En la par te superior presenta una depres ión rectangular (de 8 -10,5 cm de profundidad) quedando a los la dos un borde li so de unos 20 cm g rosor máximo (Ober maie r , 1919: 52). 9.2.3. C r onología P or el tipo constr uctiv o pue de adscribirse al perio do Calcolítico , sin embarg o , esta estr uc tura no tiene cronología abs oluta por lo que no es pos ible precisar nada sobre su constr ucción y fases de uso . 9.2.4. Es tu dios pr evio s sobr e el marfil Los materiales de Matar r ubilla fueron objeto de estudio c on anterioridad. En sus trabajos T .X. S chuhmacher (2012a, 2012b y Schuhma cher et al ., 2013a) propone que el "trozo cilíndrico" de colmillo de esta tumba cor responde a un fragmento d e ma teria prima en br uto producto de un doble aser rado per pendicular al c ol millo de elefante . F . C ollantes de T erán, en la publica ción de 1 969, lo describió como "bloque no trabaja do", a puntando que durante la exc avación la extracción de esta pieza costó un g ran trabajo por s u mal estado de conser vación ("las capas concéntricas d e l marfil (.. .) tendían a disg reg arse"). (C ollantes de T erán, 196 9: 58). P or otro lado , en su ca tal og acíon de lo s tipos de cuentas , T .X. Schuhma cher (2012a, 20 12b) denomina los complejos ejemplares de Matar r ubilla como "Multiple Röhr enperlen" (cuentas de tubos múltiples), ejemplares que e n esta T esis se h a n denominado como "c uentas de bóv e das de cañón" ( igual que lo hace F . Collantes de T erán, 1969: 60), de las que T .X. Schuhmac he r documentó 40 ejemplares (53 por nosotros –contando múltiple s fragmentos -). Destaca, sobre esta tumba, la aparición de g ran cantida d de marfil, en su mayor ía tipos de objetos ex ce pcionales , cerca de piezas de oro (en un reducido es pacio del cor redor entre los 13 y 16 m) (Schuhmac he r , 2012a: 53). 309 Otr os sector es/ estructur as del sitio de V alencina de la Conce pción Este conjunto de cuentas , for mada s por tres , cuatro o c inco tubos , no tienen paralelos en el Mediter ráneo oc cidental, y han s ido interpreta das c omo par te de un complejo collar (tal vez similar a c ier tos c ollares egipcios) (V er Figura 12.21) (Schuhmacher , 2 012a; Schuhmac he r et al ., 2013a), y que debió per tenecer, igual que el res to de objetos de a juar , a unas poc as inhumaciones secundarias de prestigio realizadas a lo larg o de las paredes del cor redor (Schuhmac her, 2012a: 53, 57) . L as analíticas mos traron qu e algunas de ellas están fabricadas de marfil a siático , mientras que otras e n marfil de Elephas antiquus 77 . Esto indic aría, por un lado , que los contactos con el Mediter ráneo oriental e starían esta blecido s y a en e l Calcolítico a ntiguo (se ha propuesto a través de Siria entrando por el estrecho de Gibraltar), y por otro que posiblemente la pieza llegó hasta V a lencina ya fabricada, como un objeto aca bado , y que algunas piezas fueron fabricadas localmente con marfil fósil para sustituir un número indeter minado de ejemplares rotos o perdidos (Schuhma cher, 2012a: 57). Según este inv estig ador otras piezas que apo yarían la procedencia oriental del c ollar podr ía n ser los antropomorfos con los brazos cr uzados y las puntas de jabalina de La P astora (Schuhmacher , 2012a: 57-58). R especto de otras piezas de Matarr ubilla también se han propues to algunas interpreta ciones . La placa con pe rforacio nes en círculo podría responer a un ¿ ídolo en for ma de s andalia? (Schuhmac her et a l ., 2013a: 498), tér mino muy empleado en la litera tura para denominar a cier tos objetos pla nos co n pe rforaciones . Respecto de un pequeño fragmento "c on el final en for ma de cuer no" se ha propuesto su posible c orrela ción con las lúnul as de Perdigoe s (V er : Schuhmac he r et al ., 2013a: fig .2-29, V alera, 2010) y al igual que se propo ne e n es ta T esis Doctoral, un pequeño objeto con una lengüeta cuadrangular ( Anexo 2: N ro Cat. 125) sería un aplique destinado a ser insertado e n otro objeto (Schuhmacher et al ., 2013a: 498). 9.2.5. Descr ipción de l material En total, el c onjunto en materias duras anim a les de esta estr uctura c uenta con 98 entrada s en nuestra base de datos (Anex o 2: T abla 9). Solo una pieza fue hallada durante la ex cav ación de Ober maier : "un brazalete tosco con bordes angulosos " (2mm de ancho , 9 mm de g r ue so), o tal v e z un fragmento de materia prima, encontrado en el c orredor, c omo indicábamos , as ociado a 77 No se sabe el número e xacto d e ejemplares qu e está n fabricados co n cada tipo de marf il puesto q u e no han s ido analizadas t odos los e jempalres . 310 CAPÍTUL O 9 restos de cerámica y restos humanos y que en la actualidad se encuentra des aparecido (Ober maier , 1919: 56, fig . 21; Collantes de T erán, 1 969; Schuhma cher 2012: 531). E l resto de piezas fueron recuperadas durante la inter ven ción de C ollantes de T erán. Debemos destacar que todo el material de industria ósea, y por tanto los marfiles , fueron halla dos e n el cor redor, lo que c ontrasta a bsolutamente con la prá ctica de deposic ión documentada e n estr ucturas de tipología y env erg adura similar , c omo el tholos de Montelirio o e l tholos 10.049 -42 del sector PP4-Montelirio , donde los ma teriales de a juar y conc retamente los marfiles se concentran en las cámaras . El esta do de conser vación a niv el g eneral e s aceptable en cua nto a la integ ridad de las pi ezas , dado que e ncontramos abundantes piezas casi completas , y muc hos de los fragme ntos h an posibilitado reconocer la tipología del objeto . Sin n embarg o la va loración del es tado de la superficie en relación a la lectura téc nica es peor , dado que las alteraciones de la s uperfici e como fisuras en for ma de patrón de pluma (en el caso del ma rfil), la delaminación o el astillado de la superficie, no han posibilitado la det e r minación de las técnicas de manuf actura de algunas de la s pie zas ( T abla. 9.2.). Ademá s , en es ta estr uctura s e ha n detec tado v a rias piezas con aspecto fosilizado , habiendo perdido densidad y p eso , m uy cuarteadas y con e l ma rfil de c olor blanco , como s i de una tiz a se trat ara (esto puede deberse a que la materia prima sea material fosilizado ya en época calcolítica). V aloración del estado de cons er v aci ón general *: Nº efe cti vos Pésimo 17 Malo 22 R egu lar 31 Bueno 25 Óptimo 1 V aloración del estado de conser v aci ón de la super ficie en relación a la lectura té cnica*: Nº efe cti vos Ilegible 31 Medio 46 Bueno 19 Óptimo 0 * 1 de las piezas se e ncuentra en para dero desconoc ido por lo que no a parece en el recue nto par a valorar e l estado de conse r vación de l conjunto T abla. 9.2 . V aloración de l estado con ser vación de l material estu diado de Matar r u billa (Elaborac ión propia) Algunas de las piezas debieron ser inter venida s en a ntiguo , posiblemente sometidas a algún tipo de limpieza superficial alg o exc esiv a que ha g enerado una supe rficie con aspec to liso y brillante y que "enmascara" o ha bor rado los estigmas de fabri cac ión or iginales . Algun as 311 Otr os sector es/ estructur as del sitio de V alencina de la Conce pción inter v enciones puntuales como la aplicación de esmalte o laca transparente pa ra es cribir el siglado sobre la pieza, o la escritur a de la sigla directamente sobre la materia prima también son alteraciones "moder nas" que afectan tanto a la integ ridad de la pieza como a su estudio . En e l tholos de Matarr ubilla se han documentado las s iguientes materias primas duras de origen animal (Gráfico 9.3.): Marfil de proboscídeo (Nº piezas=54), Marfil? (Nº piezas=27), Hueso (Nº pieza s=4), Hueso? (Nº piezas=1), D entina? (Nº piezas=2 ), así como una serie de objetos en la cate g oría de "indeter minados/dudosos" (Nº piez as=2). T ambién s e empleó la c onch a para la fabricación de cuentas discoidales , y para fabricar cuentas -ador nos sobre Trivia eur opea? con dos perforaciones unifaciales en l a región dorsal (ocho piezas). E ntr e los elementos catalog ados como Dentin a ? s e e ncuentra un colmillo de suido completo s in s ignos de trabajo y un pequeño fragmento de la zona exterior de un diente o colmillo también de s uido . El peso del conjunto de marfil (incluyendo los posibles elementos de marfil) asciende a 646,27g . En lo que re s pecta a las categ orías tecnológicas hemos cataloga do c omo b loque sec undario el segmento de defensa de elefante (Anexo 2: N ro Ca t. 122). Algunos fragme ntos han quedado en la c ateg oría de indeter minados (16 íte ms) y el resto (80 ítems) se han ca talogado como obje tos acabados (algunos completos y s obre todo abundant e s fragmentos). Esta estr uctura cue nta con tipologías de objetos acabados singulares , sobre todo en lo que r especta a los tipos de "cuentas" como se v e rá a continuación (Gráfico 9.4.). Entre los objetos acabados de marfil cuya morfología es reconocible, hemo s identificado: dos fragmentos de un pos ible braza lete o pulsera con decoración en espig a, dos posibl es placa/plaquita perforadas , un rece ptor indeter minado , una placa m ultiperforada con un g r upo de pe rforaciones e n círculo , y un g ran núme ro de cuentas de morfologías div e rsas . Lo s elementos de hueso son muy escasos y tan solo se han documentado 4 fragmentos de un posible elemento apuntado de sección circular . 312 C AP Í T U L O 9 Gráfico 9.3. Mat erias d u r a s a n i ma l e s d o c u me n t a d a s e n M a t a r r u b ill a ( E l a b o r a c i ó n p r o p i a ) . Gráfico 9.4. Cat eg oría s d e a n á lis is p o r ma t e r i a p r ima e n M a t a r r u b ill a ( E l a b o r a c i ó n p r o p i a ) . 28% 2% 2% 0 10 20 30 40 50 60 70 80 Bloque Soporte CAPÍTUL O 9 Gr á f i c o 9 . 3 . M a t e r i a s duras ani males docume ntadas en Matar r ubilla (Elaborac i ó n p r o p i a ) . Gr á f i c o 9 . 4 . C a t e g o r í as de análisis por materia prima e n Matar r ubilla (Elabora c i ó n p r o p i a ) . 4% 1% 55% 8% S o p o r t e Esboz o Resto fabricación Obj.acabdo Dudoso C AP Í T U L O 9 Gr á f i c o 9 . 3 . M a t e r i a s d u r a s a n i ma l e s d o c u me n t a d a s e n M a t a r r u b ill a ( E l a b o r a c ión propia). Gr á f i c o 9 . 4 . C a t e g o r í a s d e a n á lis is p o r ma t e r i a p r ima e n M a t a r r u b ill a ( E l a b o r ac ión propia). Hueso Hueso? Marfil Marfil? Dentina? Indeterminada + Concha Indet Marfil? Marfil Diente? Diente Hueso? Hueso 313 Otr os sector es/ estructur as del sitio de V alencina de la Conce pción Nº in ventario estudio Largo Ancho medio Espesor medio Peso ( g) D .Mat/11 12,4 12,63 4,82 0,8 D .Mat/12 12,38 12,42 4,38 0,72 D .Mat/13 12,5 12,18 4,64 0,74 D .Mat/14 12,53 12,11 4,73 0,72 D .Mat/29 12,38 12,59 4,4 0,65 D .Mat/30 12,51 12,33 4,75 0,59 D .Mat/61 12,13 12,3 4,43 0,45 T abla. 9.3 . Datos mét ricos de las c uentas c uadrangulares con d oble perforac ión de Matar r ubilla (Elaboración propia) Fig . 9.13. A plique ( indefinido) con lengüeta perforada de Mat arr ubilla (E laboración propia). 320 CAPÍTUL O 9 Un elemento singular es un pequeño obje to perforado . No se puede reconocer una for ma deter minada pero parece e vidente que podría haber sido pa r te de un objeto compues to , a lgo similar a un aplique. Es una pieza que presenta un cuer po ala rg ado y cur vo en su par te superior , que se v a estrechando hacia uno de los lados (fragmentado). L a c ara inferior e s lisa y perpendic ular a ésta, hacia la zona más g r uesa de la pieza, e ncontramos una lengüeta cuadrangular con una perforación que la atra v iesa de lado a lado . Esta leng üeta estaría destinada a ir encajada e n una pieza y la perforación probablemente haría de sujeción mediante un clav o o vástag o . (D .Mat/19, Anex o 2: N ro Cat. 125) (Fig . 9.13.). 9.3. Tholos d el Depósi to de Agua ( Castilleja de Guzmán) Sin duda la ex cav ación de esta estr uc tura, o mejor dic ho la no ex cav ación, vi ene ma rcada por una total impr udencia por pa rte del ayuntamiento de l muni c ipio de Castilleja de Guzmán, como v eremos a continua ción. 9.3.1. In tervenciones Durante los trabajos de explanación del ter reno para la cons t r ucción de una urbanización en el tér mino de Castille ja de Guzmán (Sevilla), en el lado derecho de la car retera a la altura del km. 3 que une este municipio con el de V ale ncina de la C once pción, se quedó a la vis ta " una estr uctura dolménica" y su túmulo qu e dó cor tado en sección. P or este motiv o s e proce dió a un ex cav ación de urgenc ia en junio de 1989 (Santana F alcón, 1991: 446). Se abrió una c uadrícula de 3x3m delante del cor redor que dio a conocer la ubicación de la cámara funeraria, de planta circular , y s e comprobó que la única p a rte de la e s tr uctura que no había sufrido daño era el cor redor, del cual s ólo se pudieron exc av ar 2m. En la limpieza de l perfil del túmul o , a l E ste de la primera cámara, s e detectó una s egunda estr uctura que había quedado cor tad a en sección long itudinal (también constr uida en lajas de piza r ra) (Santa na F alc ón, 1991: 446). La es tr uctura estaba afectada por un de pósito de agua. A la vista de los hallazg os los ex cav adores decidieron pa raliza r los traba jos , con intención de reanudarl os más tarde , ya que el alcalde del municipio l es infor mó de que dicho de pósito iba a ser inutilizado , lo cual l es per mitiría trabajar con mayor seguridad. P or tanto , a los 11 días de trabajo , s e pararon los 321 Otr os sector es/ estructur as del sitio de V alencina de la Conce pción trabajos a la espera de que el ayuntamiento , seg ún lo acordado , les infor maría de la retirada del depós ito y la posibilidad de rea nud ac ión de la exc av ac ión. Sin e mbarg o , el 2 de enero de 1991, con autorización municip a l, s e reanudó la demolición del túmulo y s in avi so a la De lega ción Provincial de C ultura. P or tanto la única infor mación super viviente de esta estr uctura e s la documentada en los 11 días de trabajo , referida a la infraestr uctura del túm ulo , la documentación de la posición de la cámara, la exc avación de 2,20 m de cor redor y la e scasa cultura material encontrada (Santana F alc ón, 1991: 446). 9.3.2. Ar q uitectur a y estr ati gr afía El túm ulo estaba constr uido mediante la s uperposición de tier ras , sin e stratos de piedras y si n anillo peris táltico . Seg ún la infor mación publicada, al Este de l primer en terramie nto se encontró un seg undo sepulcro ta mbién muy destr uido , por lo que el túmulo alberg aba dos estr ucturas funerarias (Santana F alcón, 1991: 446). De la primera estr uctura, la cámara funeraria ha bía sido cons tr uida mediante lajas de pizar ra colocadas en vertica l de las que s olo se c onser v aban fragmentos in s itu de 3 de e llas . Se hallaron 8 agujeros de poste dispuestos en círculo , " rodeados de una g ran mancha de fueg o " (Santana F alcón, 1991: 448) (Fig . 9.14.). La documentación de esta mancha de fueg o así como los agujeros de pos te traza similitudes con el tholos de Montelirio para el que se ha inf erido que estos postes habrían he cho la función Fig . 9.14. Cámara circular con agujeros de pos te del th olos del Depósito de A gua (Castille ja de Guzmán) ( Fuente: c orte sía d e I. Santana Fal c ón). 322 CAPÍTUL O 9 de c imbra para la fabricación de una techumbre rea lizada de arcilla (F e rná ndez Flores y A ycar t Lueng o , 2013: 245). En la cámara d e esta estr uctura meg alítica, cerca de la entrada , se encontraron 212 cuenta s c ilíndricas y discoidales de caliza y hueso dispersas en una ma ncha de ocre rojo (Santana F alcón, 1991: 448). El cor redor e staba realiza do a base de lajas de pizar ra colocadas v er ticalmente una junto a la otra, con una altura entre 1,1 5 y 1, 2m, e n cuyo niv el arqueológico se documentaron div e rsas manchas de ceniza y alter ación tér mica. Ademá s, en la zona de conexión de la cámara con el cor redor se documentó una a cumul ac ión de ocre más o menos c ircular , con 20 -25cm d e espesor y un di ámetro de casi medio metro . P resentaba una concavidad en el centro a fectad a por la acción del fueg o . J unto a es ta acumulación de oc re, a pareció una piedra ir regular con restos de a lmag ra (¿T al v ez " enlucida" con pigm ento rojo?). El ma terial rec uperado en el cor redor fue m uy escaso (cuentas como las docum entadas en la cámara, frag me ntos de marfil así como algunos elementos de hue so ir rec onocibles). T odo ello a lo larg o del cor redor sin mostrar evidencias de acumulación lo calizada intencionada (Santana Falcón, 1991: 448 -449). P arece que a niv el constr uc tiv o para cimentar el c orr edor se procedió a practicar una zanja de 1 m de ancho y profundidad apro ximada de 1,10 y 1,2 m cuyas paredes se revistieron de g randes lajas de pizar ra. De ésta s , en el lado Es te se documentaron dos de ellas " co n hue llas de almag ra" ( Santana F alcón, 1991: 449) 78 . P ese a que se interpretó que el túmulo a lbergó dos estr uc turas inde pend ientes , podríamos pensar que la estr uctura habría s ido de tipo tholos con doble cor redor y cámara, similar a las documentadas en la zona. Hay múltiples indicio s que puede n apoy ar esta teoría si c omparamo s los hallaz g os con es tr ucturas de l entor no . El tholos del De pósito prese nta: 1) sistema constr uctiv o a base de l ajas de pizarra dis puestas v er tica lmente , tanto en e l corredor como en la c ámara de planta circular , 2) se documentaron agujeros de poste y un estrato de combus tión en la cámara, así como 3) varias lajas d el cor redor pintadas con pigmento de coloración roja, todo lo cual es ple namente coincidente con lo documentado en e l tholos de Montelirio . Además , 4) la ac umul aci ón de ocre más o menos circular ( 20-25cm de es pesor y un diáme tro de casi 78 T ambién e n el Ro q uetito V , se docume ntó una laja de pizar ra con re stos de ocr e, per teneciente a una de las paredes del c or redor . A l parece r se trataría de una est r u ctura monumental, con cor re dor y cáma ra de falsa cúpu la por aproximación de h iladas , pe ro de ella so lo se conoce n 6,7m de c or redor (Murillo D íaz et al ., 1990) 323 Otr os sector es/ estructur as del sitio de V alencina de la Conce pción medio metro) documentada por I. Santana Falcón (1991: 448 -449) en la zona de conexión de la cámara con e l cor redor podría cor res ponder a u n alta r de arcilla, como los dos encontrados en el segundo tramo del c orredor de Montelirio (F er nánde z F lores y García Sanjuán, 2016: 96) sobre los que se ide ntifi caron cenizas de plantas como la la vándula, el brezo , el pino o la encina (Llerg o L ópez et al., 2013: 415). 9.3.3. C r onología y estudios pre vios s obr e el marfil No existe ninguna dataci ón para esta estr uctura, pero s u s istema constr uctiv o y el ha llazg o de los agujeros de poste podría ser conte mporáneo del tholos de Montelirio . La primera referenci a a estos ha llazg os , aunque no con mucho detalle, se hace en el artículo publicado en el Anuario Arqueológico de Andalucía (Santana F alcón, 1991). P osterior mente T .X. Schuhmacher (2012b: 481) integ ra estas piezas en s u in v e ntario (simplemente descricpión y listado ) sobre marfiles peninsulares . 9.3.4. Desc ripción del material Dadas las nefastas condiciones de e x cav ación de la estr uctura no es de extrañar el escaso registro documentado en g eneral, y en lo que a industria ósea se refiere en par ticular . Así, contamos en la a ctualidad con cuatro registros para esta estr uc tura (A nex o 2: T abla 10) depos itados en el MASE. T ras el estudio en el mu seo se h an documentado e l hues o y el marfil como ma terias prima s animales traba jadas , contando con uno y tres efe ctiv os respectiv ame nte (Gráfico 9.5.). L os restos de marfil se limitan a menos de un centenar de fragmentos con un pe so total de 21,77g . El e stado d e conser v ación g eneral es muy d e ficiente , c on un a ltísimo grado de fragmentación, delaminación de la es tr uctura de la mate ria por la se paración de los anillos de c recimiento y fisuras e n "patrón de pluma", lo que ha impedido por completo reconocer ninguna tipol ogía de objeto así como el estudio de las t éc nicas (T abla 9.4.). 324 C AP Í T U L O 9 Gráfico 9.5. Mat erias duras a n i ma l e s d o c u me n t a d a s e n e l t h o lo s d e l De p ó s i t o ( E l a b o r a c i ó n p r o p i a ) . V alor ación del e s t ad o d e c o n s e r v ac i ó n g e n e r al: N º e f e c t i v os Pésimo 0 Malo 3 R egular 1 Bueno 0 Óptimo 0 V alor ación del estado d e c o n s e r v ac i ó n d e la s u p e r f i c i e e n relació n a la le c t u r a t é c n i c a: N º e f e c t i v os Ilegible 3 Medio 1 Bueno 0 Óptimo 0 T abla. 9.4 . V aloración de l estado c o n s e r v a c ió n d e l ma t e r i a l e s t u d i a d o d e l t h o l o s d e l De p ó s i t o ( E l a b o r a c ió n p r o p i a ) Dada la pobreza del registro a r que ológ ic o r e c upe r a do y e l e s t a do d e c on s e r v a c ión, de f inir l a s categ orías de análisis ha re s ult a do f r us t r a nt e y li m it a do . A t r a v é s de r e s t os de s upe r f ic ie s antropicamente modificada s , e n la s que he m o s po dido ide nt if ic a r e s c a s o s e s t ig m a s tecnológicos hemos atribui do dos e nt r a da s a l a c a t e g or ía d e obje t o a c a ba do , s in pod e r identificar de ningún modo la t ipolog ía c onc r e t a . L os ot r os dos e f e c t i v os h a n que da do c om o 75% CAPÍTUL O 9 Gr á f i c o 9 . 5 . M a t e r i a s d u r a s ani males docume ntadas en e l tholos del De pósito (E la b o r a c i ó n p r o p i a ) . V alo r ac i ó n d e l estado de conser v ación general: N º e f e c t i v os P é s im o 0 M a lo 3 R e g ula r 1 B ue no 0 Ó pt im o 0 V alo r ac i ó n d e l e s t ad o de conser v ación de la su perficie en r e lac i ón a la lectura técnica: N º e f e c t i v os I le g ible 3 M e dio 1 B ue no 0 Ó pt im o 0 T a b l a . 9 . 4 . V a l o r a c ió n d e l e s t a d o c onser v a ción de l material estu diado del tho los del Depós i t o ( E l a b o r a c ió n p r o p i a ) D a da la pobr e z a de l r e g i s t r o arqueológico recuperado y el e stado de c ons e r v a c ión, de f inir l a s c a t e g or ía s de a ná lis i s ha r esulta do fr ustrante y li mitado . A través de r e s t os de s upe r f ic ie s a nt r opic a m e nt e m odif ic a d as , en las que hemos po dido ide ntificar e s c a s o s e s t ig m a s t e c nológ ic o s he m o s a t r i bu ido dos entradas a la cate g oría de objeto a c a ba do , s in pod e r ide nt if ic a r de ning ún m odo la tipología concreta . L os otros dos efecti vos h a n que da do c om o 25% C AP Í T U L O 9 Gr á f i c o 9 . 5 . M a t e r i a s d u r a s a n i ma l e s d o c u me n t a d a s e n e l t h o lo s d e l De p ó s i t o ( E l aborac ión propia). V alo r ac i ó n d e l e s t ad o d e c o n s e r v ac i ó n g e n e r al: Nº efectiv os P é s im o 0 M a lo 3 R e g ula r 1 B ue no 0 Ó pt im o 0 V alo r ac i ó n d e l e s t ad o d e c o n s e r v ac i ó n d e la s u p e r f i c i e e n r e lac i ó n a la le c t u r a t é c n i c a: Nº efectiv os I le g ible 3 M e dio 1 B ue no 0 Ó pt im o 0 T a b l a . 9 . 4 . V a l o r a c ió n d e l e s t a d o c o n s e r v a c ió n d e l ma t e r i a l e s t u d i a d o d e l t h o l o s d e l De p ó sito ( Elaboración propia) D a da la pobr e z a de l r e g i s t r o a r que ológ ic o r e c upe r a do y e l e s t a do d e c on ser vación, definir las c a t e g or ía s de a ná lis i s ha r e s ult a do f r us t r a nt e y li m it a do . A t r a v é s de restos de superficies a nt r opic a m e nt e m odif ic a da s , e n la s que he m o s po dido ide nt if ic a r escasos estigmas t e c nológ ic o s he m o s a t r i buido dos e nt r a da s a l a c a t e g or ía d e obje t o acabado , sin poder ide nt if ic a r de ning ún m odo la t ipolog ía c onc r e t a . L os ot r os dos e f e c t i v o s h a n quedado como Hueso Marfil 325 Otr os sector es/ estructur as del sitio de V alencina de la Conce pción indeter minados . T .X. Schuhm acher (2012: 481) identifica uno de los elementos como fragmentos de un pos ible aro o braz alete de marfil, s in embarg o e ste ar tefa cto no e s de ma rfil sino de hue so (evidenciado al microscopio por res tos de tejido trabe cular y el s istema hav ersiano) y no ha podido a tribuirse a ninguna tipología concret a, má s al lá d e resultar "fragmentos de hueso trabajado" (Anexo 2: N ro Cat. 130 y 131). 9.4. Urb anización "Se ñorío de Guzmán – Divina Pastor a" Las estr ucturas ex cav adas de la Urbanización "Señorío de Guzmán" se enc uentran concretamente a unos 2km del casc o urbano de Castilleja de Guzmán e n dirección a Castillej a de la Cuesta (Ar teag a Matute y Cr uz -A uñón, 2001: 640). Hacia el nor te de es ta urbanización, a unos 300-400 m se e ncue ntra el tholos del De pósito . 9.4.1. In tervenciones La e x cav ación d esve ló más de 20 estr ucturas prehistóricas semidestr uidas en la finca conocida como Divina Pastora, en la s inmediaciones de un sector denominado L os Cabez uelos que se extiende desde V a lencin a de la C oncepc ión hacia Castilleja de Guzmán. Además se encontraron múltiples sepulturas tumulares de la Edad del Hier ro (Artea g a Matute y Cr uz - A uñón, 2001: 640). La inter vención arqueoló gic a de carácte r de urg encia se llevó a cabo cuando al pre parar los trazados de las calles para la constr ucc ión de la urbanización "Señorío de Guzmán " aparecieron las estr ucturas funerarias en el año 1996 (Ar teag a Matute y C r uz -A uñón, 2001: 641) ( Fig . 9.15.). Debido al pres upuesto y a lo con v enido con la constr uctora la ex cav ación fue selectiv o y por ello se inter vi nieron tan s olo se is estr uc turas de las 20 obser v a das (Ar teaga Matute y Cr uz-Auñón, 20 0 1: 644). Se pudieron distinguir dos tipos de tumbas prehistóricas: las fabrica das con la jas de pizarra y las de paramentos de mampostería, tipologías que al parecer no s e mezclaban es pacialment e, sino que aparecieron for mando ag r upac iones definidas (Ar teag a Matute y Cr uz -Auñón, 2001: 644). 326 CAPÍTUL O 9 Fig . 9.15 . Plano de la urbaniza ción "Señorío de Gu zmán – Di vina P ast ora" con in dicación de las tumbas (Fuente : Art eag a Matute y Cr uz-Auñón, 2001: 644, f ig . 3). 9.4.2. Ar q uitectur a y estr ati gr afía 9.4.2.1. T u mba 2 (T2) Es una e str uctura tipo tholos , con cá mara circular y cor redor (alg o sinuoso) constr uida por la jas de pizar ra de unos 1,5 m de altura hinca das v e rtic almente ( Fig . 9.16 .). El s uel o estaba realizado mediante marg as verdosas apisonadas . La cá mara presentaba falsa cúpula por apro ximac ión de pizar ras superpue stas (Ar teag a Matute y Cr uz -Auñ ón, 2001: 645). E l diámetro de la cá mara oscilaba e ntre los 2 y 1,85 m, y el cor redor pudo alca nzar los 4 m de larg o , con una anchura no superior a 1,10 m, y a unque no pudo delimitarse en su total e xtensión, al e star pa rcialment e destr uido , estaba orientado hacia el Suroeste (Ar teag a Matute y Cr uz -A uñón, 2001: 645). P arece que la estr uctura sufrió e l de r r umbe de la cúpula en algún momento de su biog rafía y que calló sobre los ente r ramientos y el ajuar , y que también sufrió alteración antrópica posterior (Ar teag a Matute y Cr uz -A uñón, 2 001: 645). 327 Otr os sector es/ estructur as del sitio de V alencina de la Conce pción Se documentaron zonas de coloración rojiza relacio na das con los enter ramientos as í como dos v a sos globulares , dos lám inas y un raspador de sílex y algún resto de talla, junto a algunos elementos de industria ósea (Ar teag a Matute y Cr uz -A uñón, 2001: 645). Además de fragmentos de láminas de oro decoradas (L ópez Aldana et al., 2015; Murillo Barroso , 2016b). Este e nter ramiento alberg ada tres inhumaciones , dos individuo s adultos (uno femenino de entre 22 y 28 años y estatura media de 1,53m; y uno masc ulino de edad comprendida entre los 16 y los 2 2, y de unos 1, 52m de altura) y un tercer individuo no identificado (A rte ag a Matute y Cr uz -A uñón, 20 01: 645). Según O . Arteag a Matute y R. Cr uz-Auñón (2001: 64 5) tras e l " der r umbe" parece que hubo cier ta frecuentación duran te el Hierro Antiguo , pues se localiza ron restos de cerámica a man o además de trozos de un enor me v a so calizo . 9.4.2.2. T u mba 3 (T3) Es una estr uctura con cámara circular con falsa cú pula y cor redor ( tholos ) co nstr uida media nt e la ex c av ac ión de una zanja que posterior mente sería revestida de lajas de pizar ra hinc adas v e rtic almente (ver Figura 9. 16.). El suelo estaba realizado me diante el apisonamiento de tier ras y al igual que en la otra estr uctura se enc ontró ocre rojo s olo en las zonas de inhumación. La cámara presentaba un diámetro de 1,8 -2 m y del c or redor se cons er v aban 1,3 m de larg o con una anchura máxima de 1, 5 m (Artea g a Matute y Cr uz-Auñón, 2001: 646) Al igual que e n la T umba 2, aquí se documentó un niv el de base sellado por el de rr umbe de las lajas de pizar ra del tec ho , sobre el cual apareci eron res tos humanos , que pueden obe decer a una reutilización (de estos materiales no se apor ta es tudio ni comentario en la publicación) (Ar teag a Matute y Cr uz -A uñón, 2001: 646). En el estrato inferior (debajo del derr umbe) se documentaron dos posibles v a sos globulares y un tercero de paredes rectas y finas , una punta de f lecha y un hacha de cobre de borde s abier tos , dos de fensas de jabalí, otros restos de fauna y fragmentos de láminas de ma rfil. Además de c uatro inhuma ciones (un adulto m asculino -24-30 años-; un adul to femenino -24- 30 años -; un preadulto feme nino -15-18 años -, y un infantil -6-12 años)(Ar teag a Matute y Cr uz -A uñón, 20 01: 647). 328 CAPÍTUL O 9 9.4.2.3. T u mba 5 (T5) El s istema constr uc tiv o de la T5 consta de hiladas de arenisca y pizar ra alter nas . E ntre la cámara y el cor redor , a modo de jamba, se colocaron dos lajas de piza r ra se parando ambo s espacios y la cámara y parte del cor redor pres entaba un pavimento a base de lajas de pizarra dispuestas horizontalmente . La cámara casi alcanzaba los 3 m de diámetro , y en e ste caso s e detecto un único niv e l de us o . El c orredor s upera los 4m, c on orientac ión N -E (Artea ga Matute y Cr uz-Auñón, 20 0 1: 647). Se documentaron 10 individuos (3 adultos masculinos , 4 adul tos femeninos , un preadulto y dos infantil). E ntre el ajuar s e encontró: un cuenco campanifor me "continental", un vas o campanifor me "marítimo", dos vaso s semiesféricos , dos c uencos , restos de talla lítica y 600 cuentas de collar de caliza (A rte ag a Matute y C r uz -Auñón, 2001: 647) y algunos res tos de marfil (Schuhmacher , 2012: 543) , cuentas laminares de oro (L ópez Aldana et al., 201 5; Murillo Bar roso , 2016b), un punzón y escoria de cobre (López Aldana et a l., 2015). Es curioso que la Tumba 1, realizada mediante el mismo s istema constr ucti v o (mampostería) no pres entara ningún elemento de marfil, pero sí res tos de un v aso campanifor me y un a laminita de oro (además de tres inhum aciones: dos adultos , masculino y femenino y un infantil) (Ar teag a Matute y Cr uz -A uñón, 2001: 647). 9.4.3. C r onología y estudios pre vios s obr e e l marfil No s e tiene ninguna da t ación abs oluta para ninguna de las estr ucturas . E n lo referente al marfil, e ncontramos la breve mención a los fragmentos hallados en e l Anuario Arqueológic o de Andalucía (Ar teag a Matute y Cr uz -Auñón, 2001 ), de finidos todos ellos como materia prima y matrices (Sc huhmacher et a l ., 20 13a: 498). V arios fragmentos de marf il de la T5 indican que per tenecen a Ele phas antiquus (García Sanjuán et a l. 201 3: 623, T abla 2; Schu hmacher , 2012b: 543). 329 Análisis Conte xtual 12.1. Estructu r a a estructur a: la e scala mi cro En este apar tado abordamos el análisis de cada una de la s estr ucturas o conte xtos con marfil, exponié ndolas en el mismo orden que el empleado en la P ar te III (estudio empírico ) de esta tesis doctoral, esto e s: Sec tor IES (Estr uc tura 402), Se ctor DÍA ( Estr uctura U C5 y UC63), Sector PP -Matar r ubilla (¿Estr uctura 50?), tholos de Montelirio , Sector PP4- Montelirio (Estr uctura 10 .042 -49, Estr uctura 10. 076 y un objeto sin UE/estr uctura), tholos del De pósito de Agua y Sector " Se ñorío de Guzmá n – Di vina P astora" (T umba 2, T umba 3 y T umba 5). De cada una de la s e str ucturas se abordan cuestiones sobre su cronología, la zona de deposición de los marfiles dentro de ellas , e l NMI humanos , las entradas totales en la BD (Base de Da tos), el número de objetos que h a n podido ser identifica dos , los tipos de objetos y las características técnicas del conjunto , da tos relativ os al peso de marfil, los tipos de marfil y otras mate ri as óseas o materias primas encontradas en el mismo contexto , dejando la v a loración del e stado de c onser v ación g eneral (de todos los conjuntos) para el apar tado de análisis meso . Sector IES En e l Sector del IES una sola estr uctura de las ex cav adas c ontenía marfil, la Estr uctura 40 2, que es un ho yo de tende ncia ov al (e je N-S: 3,33m y e je E-W 1,96 m). En su inte rior las piezas y fragmentos de marfil a parecieron ag r upados ha cia el centro de la estr uctura, junto a una sier ra de cobre y múltiples útiles de hueso , más o men os fragme nt ados (V arg as Jiménez et al ., 2012: 76). E n este contexto no se documentaron restos humanos . Las da taciones disponibles (T abla 12.1) y el mode lo bayesiano (García Sanjuán et al., 2018) muestr a n una activid a d prolong ada e n este sector . En la E str uctura 64 la actividad comenzó en torno al 3010 -2875 cal BC (2σ) finalizando sobre el 2870 -2630 cal BC (2σ), mientras que el marfil de la Estr uctura 402 se data e ntre el 285 5-2575 cal BC (2σ) (dataciones realizadas sobre fragmentos de marfil) , aunque se desconoce hasta qué punto el momento del aprovisiona mie nto de marfil coincide con la muerte del animal. 446 [Document text truncated for crawler view.]