scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Valor agregado multinivel y factores contextuales en educación: una comparación no paramétrica robusta

Thieme, Claudio; Tortosa-Ausina, Emili; Prior Jiménez, Diego; Gempp, René

Full text

VALOR AGREGADO MULTINIVEL Y FACTORES CONTEXTUALES EN EDUCACIÓN: UNA COMPARACIÓN NO PARAMÉTRICA ROBUSTA Claudio Thieme 1 Facultad de Economía y Empresa Universidad Diego Portales (Chile) Emili Tortosa-Ausina Departamento de Economía Universitat Jaume I, Castellón (España) Diego Prior Departamento de Economía de la Empresa Universitat Autònoma de Barcelona (España) René Gempp Facultad de Economía y Empresa Universidad Diego Portales (Chile) 1 Correspondencia: C. Thieme, Facultad de Economía y Empresa, Universidad Diego Portales, Av. Manuel Rodríguez Sur 253, Santiago de Chile. E-mail: [email protected] . Teléfono: 56 -2-6762211 Claudio Thieme, René Gempp y Emili Tortosa-Ausina agradecen el financiamiento del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (FO NDECYT), proyecto #1121164. Diego Prior y Emili Tortosa-Ausina agradecen el apoyo financiero del Ministerio de Ciencia e Innovación (ECO2010-18967/ECON y ECO2011- 27227/ECON). Emili Tortosa-Ausina también agradece el financiamiento de la Generalitat Valenciana (PROMETEO/2009/066). Esta investigación utilizó como fuente de información las bases de datos del SIMCE del Ministerio de Educación de Chile. Los autores agradecen al Ministerio de Educación el acceso a la información. Todos los resultados del estudio son de responsabilidad de los autores y en nada comprometen a dicha Institución. VALOR AGREGADO MULTINIVEL Y FACTORES CONTEXTUALES EN EDUCACIÓN: UNA COMPARACIÓN NO PARAMÉTRICA ROBUSTA 1.- INTRODUCCIÓN Un elemento central de los esfuerzos que los países realizan para implementar mejoras en sus sistemas educativos, es el desarrollo de indicadores para evaluar la calidad de la educación que imparten (Battauz, Bellio & Gori, 2011). En particular, en el campo de la política pública en educación se aprecia una creciente preocupación en la evaluación del aprendizaje de los estudiantes (Denvir & Brown, 1986; Ercikan, 2006). En muchos países, lo anterior se ha traducido en la adopción de sistemas de rendición de cuentas (accountability), cuyo propósito es evaluar, e informar a los actores involucrados, los resultados de logro académico de los estudiantes u otros indicadores de calidad de las instituciones educativas. Esta tendencia se ha visto fortalecida con la acumulación de evidencia empírica que demuestra que mecanismos adecuados de rendición de cuentas (los que son capaces de establecer responsabilidades claras para todos los actores del sistema) permiten mejorar las prácticas organizacionales al interior de las escuelas (Rouse et al., 2007) y optimizar los resultados educacionales (Carnoy y Loeb, 2002; Hanushek y Raymond, 2005). Todo lo anterior presupone que las metodologías de evaluación e indicadores utilizados para ello son los adecuados. Al respecto, los significativos avances metodológicos, principalmente el desarrollo de modelos multinivel (Bryk y Raudenbush, 1992; Goldstein, 1995) han mejorado la conceptualización y medición de las causas que explican el aprendizaje de los estudiantes (Aitkin y Longford, 1986). El concepto general es que el logro académico de los estudiantes depende tanto de características personales de los alumnos como de las características de la escuela y su contexto. Para analizar estas situaciones, los distintos niveles son considerados como sistemas jerárquicos de alumnos y escuelas, con individuos y grupos definidos en separados niveles jerárquicos, a través de variables que son definidas en cada nivel (Hox, 2002). Este importante progreso permite solucionar el principal problema metodológico de los estudios pioneros en este ámbito, al descomponer los distintos efectos anidados que explican los resultados educativos de los estudiantes, pudiendo determinar el porcentaje de logro de los estudiantes que se debe a las diferentes variables en diferentes niveles organizacionales (distrito, escuela, clase, alumno). Lo anterior es de alta relevancia en el momento de arbitrar medidas (específicas a nivel de alumno, colegio o entorno), y por tanto, permite aportar conocimientos útiles tanto para desarrollar procesos de mejora en los establecimientos educativos, desalentar las prácticas oportunistas de los gestores, señalizar la correcta asignación de recursos, premios y castigos, como para la toma de decisiones de políticas públicas. En tal sentido, una revisión bibliográfica muestra que existe un amplio acuerdo entre los especialistas internacionales respecto a que las comparaciones entre escuelas no pueden establecerse sobre los resultados brutos de logro académico, sino que deben basarse en el progreso de sus estudiantes a lo largo de los años de escolaridad, idealmente corrigiendo el efecto del rendimiento inicial y de otra condiciones de entrada relevantes (Goldstein et al., 1993; Goldstein y Thomas, 1996; Gray, Jesson, Goldstein,Hedger y Rasbash, 1996; Mortimore, Sammons y Thomas, 1994; Sammons, 1995). De hecho, el consenso entre los investigadores es que una escuela verdaderamente efectiva no es aquella cuyos estudiantes obtienen mejores resultados, sino aquella en la que los estudiantes progresan más allá de lo que puede esperarse, debido al efecto de la escuela. En otras palabras, que las escuelas efectivas son aquellas que agregan valor a los resultados de sus alumnos en comparación con otras escuelas que atienden a poblaciones estudiantiles con características equivalentes. En el contexto del accountability, se entiende por Valor Agregado (VA) de una escuela a la contribución que realiza al progreso neto de los estudiantes hacia objetivos de aprendizaje establecidos, una vez eliminada la influencia de otros factores ajenos a la escuela que pueden contribuir a dicho progreso (Meyer, 1997). Para estimar el VA se utilizan un conjunto de procedimientos estadísticos que permiten hacer inferencias sobre la eficacia de las escuelas a través del seguimiento de la trayectoria de los estudiantes, analizando los resultados de dos o más años (Tekwe et al., 2004). Estos datos de la evolución de los estudiantes se transforman en indicadores de VA que pueden utilizarse para evaluar la eficacia de la escuela de manera mucho más válida y justa que el simple resultado promedio de sus estudiantes en un año cualquiera (Raudenbush, 2004). Durante los últimos años ha sido creciente la incorporación de modelos de VA más complejos (modelos contextuales), que permiten ajustar también los resultados por variables socioeconómicas y demográficas que están fuera de control por parte de la escuela, con el objeto de obtener una estimación del desempeño neto del establecimiento eliminando el efecto de las diferencias preexistentes entre los alumnos (Ballou, Sandres & Wright, 2004). Debido a su capacidad para estimar la contribución neta de la escuela a los resultados de aprendizaje, los modelos de VA permiten comparar la efectividad de las escuelas aunque atiendan a poblaciones muy diversas de estudiantes y guiar los cambios educativos necesarios, tanto en el nivel de la escuela, como de las reformas políticas (Drury y Doran, 2004; McCaffrey, Lockwood, Koretz, y Hamilton, 2003). De este modo, los indicadores de VA aparecen como una alternativa sumamente atractiva para los gobiernos (que necesitan contar con medidas de accountability equitativas), para los políticos (que desean que la evaluación de las escuelas considere su diversidad), para los investigadores (que requieren estudiar los factores que contribuyen a la efectividad escolar mediante indicadores no contaminados por las condiciones de entrada de los alumnos), para los profesores y directivos escolares (que solicitan medidas objetivas de su desempeño, adaptadas al tipo de población estudiantil que atienden), para los apoderados (que necesitan elegir escuelas para sus alumnos en función del aporte que ésta haga al estudiante) y para la sociedad en su conjunto, en la medida que implica una evaluación más justa y equitativa de las escuelas del país. Todas las razones anteriores han provocado que internacionalmente los Modelos de Valor Agregado sean cada vez más populares tanto en la comunidad de investigadores, como entre los políticos y gestores escolares. Un reporte del año 2008 de la OECD alienta decididamente a sus países miembros a emplear medidas de VA para evaluar el desempeño de sus escuelas y entrega lineamientos específicos y pautas claras para hacerlo correctamente. En este ámbito, existen una gran cantidad de modelos estadísticos para su estimación pero difieren en la definición e inclusión de variables de ajuste (Tewke et al., 2004). Sin embargo, la postura mayoritaria es la de incluir variables de ajuste, especialmente cuando se establece alguna forma de rendición de cuentas o de difusión de los resultados, ya que la equidad será cuestionable si no se tienen en cuenta características contextuales de los estudiantes y de las escuelas (McCaffrey et al., 2003; McCaffrey et al., 2004). A pesar de la gran cantidad de aportes metodológicos y empíricos, esta línea de investigación no está exenta de críticas (Bock,Wolfe y Fisher, 1996; Kuppermintz, 2003; Mccafrey, et al., 2003). Una de ellas dice relación que la naturaleza de su estimación corresponde a una comparación con la media, no suponiendo un real incentivo para el desempeño de excelencia. En efecto, la gran mayoría de los estudios de valor agregado utilizan regresión o análisis multinivel. Ejemplo de ello son los estudios de Goldstein et al. (1993), Gray et al. (1996), Cervini, 2009; Blanco, 2010, entre muchos otros. Por ello, los modelos provenientes desde la investigación en operaciones que evalúan el desempeño de las organizaciones educativas, pero principalmente utilizando modelos frontera no paramétricos (ya sea utilizando Data Envelopment Analysis (DEA) o Free Disponsal Hull (FDH), que proporcionan ventajas en este campo al adecuarse con el concepto de comparación con un óptimo y permitir la existencia de varios outputs de manera simultánea, resultan una alternativa más adecuada. En este campo, se aprecia en los últimos años una importante evolución al desarrollarse modelos cada vez más robustos y capturar el concepto de valor agregado (Silva Portela y Thanassoulis, 2001; De Witte et al. 2010) y análisis multinivel (Thieme et. al 2012). Sin embargo y a pesar de los avances que ello supone, las metodologías existentes no han capturado aún el concepto de valor agregado contextualizado, por lo que la sola inclusión de datos de alumno con resultados ex ante y ex post de su logro académico se estaría incorrectamente estimando el efecto escuela ya que ello supone erróneamente la existencia de inputs óptimos no controlables por los gestores, sin responder por tanto a un verdadero análisis de valor agregado que pretende medir correctamente la contribución de la escuela, eliminando la influencia de factores ajenos a esta unidad organizacional que pudieron haber contribuido a este progreso. Por tal razón, el objeto de este artículo es doble y pretende aportar desde la perspectiva metodológica y empírica a dos brechas existentes a esta evolución. En primer lugar, el aporte es metodológico al proponer un modelo de frontera robusta contextualizado de valor agregado que recoge los aportes de los trabajos de valor agregado contextualizado provenientes de la investigación en educación; los trabajo de metafrontera (Battese, Rao y O’Donnel, 2004), y los de análisis frontera de order-m (Cazals, Florens y Simar, 2002), provenientes de la investigación de operaciones. En segundo lugar, el aporte es empírico al utilizar esta propuesta en un país como Chile, que si bien tiene una larga historia de evaluación desde 1980 a nivel nacional con pruebas estandarizadas en tres distintos niveles de escolaridad, utiliza indicadores brutos de logro académico de sus estudiantes como medida de desempeño de las escuelas que los cobijan. El modelo propuesto se aplica a una muestra de 47.076 alumnos, pertenecientes a 948 centros educativos de educación básica de Chile de todos los tipos que rindieron las pruebas de Lenguaje y Matemáticas del Sistema de Medición de la Calidad Educativa (SIMCE) de octavo básico (13 años) el año 2009 y de cuarto básico año básico el año 2005 (a la edad de 9 años) y para los cuales se contaba con información socioeconómica individualizada de sus familias. Con el objeto de contar con una muestra confiable y homogénea de la estimación agregada a nivel de establecimientos, se consideraron sólo los alumnos de los establecimientos que habiendo rendido ambas pruebas y se contaba con información socioeconómica a nivel individual, sus escuelas cumplieran el requisito de tener 30 o más alumnos en estas condiciones y que dicho valor fuese al menos del 60% del total de alumnos del establecimiento que rindieron la prueba el año 2009. El texto que sigue es organizado de la siguiente manera: en la segunda sección, se describe el marco teórico relevante. En la tercera sección se entregan detalles de la metodología propuesta. Los antecedentes de la aplicación empírica y la descripción de la base de datos utilizada se presentan en la cuarta sección. Los resultados comparativos entre modelos son analizados en la quinta parte, para finalizar con las principales conclusiones del estudio. 2.- Fundamentos teóricos Nuestro trabajo difiere principalmente en dos aspectos de las propuestas existentes: en el modelo de datos y en la metodología de evaluación utilizada. Por ende, resulta conveniente realizar un análisis de los fundamentos al respecto. 2.1.- El modelo de datos A pesar de que los diversos sistemas nacionales o estatales de accountability tienen como meta evaluar el aprendizaje que los estudiantes obtienen en una determinada escuela, difieren de manera significativa entre sí en la operacionalización del concepto de calidad y consecuente con ello, en el modelo de evaluación utilizado. Estas diferencias conducen a diferencias en la definición de qué escuelas son recompensadas y de cuáles son sujetas a recibir atención por parte del sistema de accountability, entre otras muchas otras repercusiones. Estos distintos modelos de evaluación han sido clasificados de diversa forma (Carlson, 2006; XXXX). Uniendo estas clasificaciones con la literatura de la medición del desempeño escolar en el área de investigación de operaciones podemos relevar dos aspectos esenciales: (i) existe una clara evolución metodológica y empírica de evaluación a nivel de escuela hacia una evaluación del desempeño de la escuela con datos a nivel de alumno; (ii) A su vez, en estos estudios más recientes de frontera no paramétrica a nivel de alumno podemos distinguir dos grandes enfoques para monitorear el desempeño de las escuelas: los modelos de status que utilizan un único año de evaluación de los resultados académicos de los alumnos, y los modelos de valor agregado (o ganancia) que utilizan dos o más años de resultados de los estudiantes. Del mismo modo, en estos enfoques podemos distinguir los modelos que utilizan variables contextuales (a nivel de alumno y/o escuela) para evaluar el desempeño escolar y los que no las utilizan. Esta situación y las preguntas fundamentales que intentan responder pueden ser representadas en una matriz 2*2. Tabla 1: Tipos de modelos de evaluación Sin variables contextuales Con variables contextuales Estatus (1 evaluación del alumno) Modelo 0 ¿Cuál es el nivel de logro absoluto de los estudiantes en esta escuela? Modelo 1 ¿Cuál es el logro de los estudiantes en esta escuela, acorde a factores contextuales de sus alumnos y/o de la escuela? valor agregado (ganancia) (2 o más evaluaciones del alumno) Modelo 2 ¿Es una escuela efectiva? Dado el nivel de logro de sus estudiantes cuando ellos entran, ¿cuánto ellos aprenden o desarrollan mientras ellos están en la escuela? Modelo 3 ¿Es una escuela efectiva? Dado el nivel de logro de sus estudiantes cuando ellos entran, ¿cuánto ellos aprenden o desarrollan mientras ellos están en la escuela, acorde a factores contextuales de sus alumnos y/o de la escuela? El modelo 0 implica considerar en el modelo de evaluación sólo outputs de logro académico de los alumnos y un valor unitario, similar para todos los alumnos, como input. Si bien esta situación es factible de modelar, el considerar evaluar a todos los estudiantes y escuelas considerando óptimas y similares condiciones de entrada y de perfil socioeconómico, pareciera no corresponder a una evaluación adecuada y por ende la literatura de investigación de operaciones no da cuenta de una evaluación de estas características. En efecto, estos modelos atribuyen todo el logro académico de los estudiantes a los establecimientos educativos, desconociendo una abundante y sólida literatura que indica que gran parte de la explicación de logro académico de los estudiantes proviene de factores contextuales, no controlables ni atribuibles a la escuela (Teddlie y Reynolds, 2000). Las principales críticas apuntan a que estas mediciones podrían generar incentivos perversos para la consecución del objetivo deseado, asignando menos recursos a aquellos alumnos con peores resultados que no contribuyen a acercar al establecimiento al objetivo deseado. Así también, esto podría generar una selección de alumnos al interior de los establecimientos o forzar a una autoselección de éstos (Wilson, 2004). Debido a la alta correlación entre el NSE (nivel socioeconómico) y el desempeño de los estudiantes, se considera que las medidas en niveles no logran transmitir información acerca de la eficacia de los establecimientos pues establecimientos con mayor NSE tendrán mayor facilidad, dada su composición, para alcanzar los objetivos (Wilson and Piebalga, 2008). Al respecto Goldschmidt y Choi (2007) concuerdan con los riesgos señalados por Wilson (2004) y consideran que la tarea por alcanzar un porcentaje de alumnos en un nivel de logro dado termina por enfatizar en las características de los alumnos. Sin embargo, y a pesar de lo anterior, hemos querido rescatar este modelo ya que Chile ha adoptado un modelo de estatus de logro académico sin variables contextuales para la evaluación de sus escuelas, y por tanto bien vale la pena comparar estos resultados con los que se obtendrían en el modelo que proponemos en este estudio. El modelo 1 contempla evaluar el desempeño de las escuelas considerando el valor observado de logro académico de los estudiantes como output, y como inputs los factores del entorno no atribuibles al centro, ya sea a nivel de alumno como a nivel de escuela. Al respecto, Thieme et al. (2012) plantean un modelo multinivel que incorpora tanto factores del proceso educativo en educación atingentes a la escuela como factores contextuales a nivel de alumno y de escuela. A pesar del considerable avance que ello representa, el no considerar como inputs variables de logro académico de entrada de los alumnos es similar que considerar que ellas son iguales y óptimas para todos los estudiantes, situación que obviamente dista de la realidad y podría conducir a un error de interpretación de los resultados. El modelo 2 corresponde a un modelo de valor agregado puro donde se consideran exclusivamente como inputs y outputs, resultados de logro académico de los estudiantes, tanto al inicio como al final del proceso educativo bajo evaluación. Desde la investigación en educación se reconoce que las medidas de valor agregado (de ganancia) son una medida más informativa acerca de la eficacia de los establecimientos, aislando el efecto de la escuela del progreso de los alumnos (Wilson and Piebalga, 2008) y permiten reducir los incentivos a comportamientos deshonestos. Tres recientes estudios concuerdan con este modelo. Sin embargo, al igual que en el modelo anterior, adolece de no controlar por elementos ajenos a la escuela que influyen en dicho proceso. El modelo 3 resuelve las deficiencias de los modelos 1 y 2. Sin embargo, no ha sido estudiado aún desde la investigación en operaciones. Por el contrario, desde la investigación en educación, este tipo de modelos han surgido con fuerza como un refinamiento de las medidas de ganancia, y se le ha denominado CVA (contextual value added). El CVA se utilizó por primera vez el año 2006 en las escuelas Británicas, con esta medida se pretendía aislar el impacto real de la escuela sobre el progreso del alumno. En este sentido existe evidencia de la relación que existe entre las características del establecimiento y las mejoras que éstos experimentan. Levacic y Woods (2002) señalan que elementos como el rendimiento del establecimiento en el año base de la medición o la cantidad de niños en desventaja social y la variación en el presupuesto, tienen una incidencia significativa en el desempeño que alcanzan los establecimientos. El cálculo del CVA incluye una estimación de los resultados según una serie de factores como lo son el sexo, la etnia, la lengua de origen, entre otros. La diferencia entre la estimación del modelo y el resultado que realmente obtiene el alumno se denominó CVA (Wilson and Piebalga, 2008). Como hemos visto, a pesar de los grandes avances que suponen los modelos 1 y 2 desde la investigación de operaciones, es el modelo 3 el que permite aislar de mejor forma el impacto real de la escuela sobre el progreso de los estudiantes como lo indican los avances desde el área tradicional de evaluación escolar que utiliza preferentemente análisis multinivel paramétrico. Este modelo, que aún no ha sido analizado, presenta diferencias sustanciales con respecto a sus predecesores. 2.2. La metodología de evaluación Como ya hemos señalado, en los último años ha existido un considerable avance metodológico en la evaluación del desempeño escolar, especialmente producto del desarrollo de modelos multinivel (Bryk y Raudenbush, 1992; Goldstein, 1995). El concepto general es que el logro académico de los estudiantes depende tanto de características personales de los alumnos como de las características de la escuela y su contexto. Para analizar estas situaciones, los distintos niveles son considerados como sistemas jerárquicos de alumnos y escuelas, con individuos y grupos definidos en separados niveles jerárquicos, a través de variables que son definidas en cada nivel (Hox, 2002). Este importante progreso permite solucionar el principal problema metodológico de los estudios pioneros en este ámbito, al descomponer los distintos efectos anidados que explican los resultados educativos de los estudiantes, pudiendo determinar el porcentaje de logro de los estudiantes que se debe a las diferentes variables en diferentes niveles organizacionales (distrito, escuela, clase, alumno). En este ámbito, existen una gran cantidad de modelos estadísticos para su estimación pero difieren en la definición e inclusión de variables de ajuste (Tewke et al., 2004). Sin embargo, la postura mayoritaria es la de incluir variables de ajuste, especialmente cuando se establece alguna forma de rendición de cuentas o de difusión de los resultados, ya que la equidad será cuestionable si no se tienen en cuenta características contextuales de los estudiantes y de las escuelas (McCaffrey et al., 2003; McCaffrey et al., 2004). A pesar de la gran cantidad de aportes metodológicos y empíricos, esta línea de investigación no está exenta de críticas (Bock,Wolfe y Fisher, 1996; Kuppermintz, 2003; Mccafrey, et al., 2003). Una de ellas dice relación que la naturaleza de su estimación corresponde a una comparación con la media, no suponiendo un real incentivo para el desempeño de excelencia. En efecto, la gran mayoría de los estudios de valor agregado utilizan regresión o análisis multinivel. Ejemplo de ello son los estudios de Goldstein et al. (1993), Gray et al. (1996), Cervini, 2009; Blanco, 2010. Por ello, los modelos provenientes desde la investigación en operaciones que evalúan el desempeño de las organizaciones educativas, pero principalmente utilizando modelos frontera no paramétricos (ya sea utilizando Data Envelopment Analysis (DEA) o Free Disponsal Hull (FDH), que proporcionan ventajas en este campo al adecuarse con el concepto de comparación con un óptimo y permitir la existencia de varios outputs de manera simultánea, resultan una alternativa más adecuada. En el área de educación son innumerables los estudios que se han realizado utilizando estas técnicas, como por ejemplo Bessent et al. (1982), Ruggiero et al. (1995), Mancebón y Mar Molinero (2000), Bifulco y Bretschneider (2001), Mizala et al. (2002), Ouellette y Vierstraete (2005). Sin embargo, estas metodologías tampoco están exentas de problemas, en particular la característica determinista y no probabilística de estos modelos, la dimensionalidad y fuerte dependencia a la inexistencia de outliers, y la incorporación exclusiva de datos a nivel de alumno, con lo cual se estaría incorrectamente estimando el efecto escuela ya que ello supone erróneamente la existencia de inputs óptimos (controlables o no controlables), sin establecer por tanto un análisis multinivel. Para solucionar aquello, nuestro enfoque sigue esta línea de trabajo, haciéndose cargo de los problemas descritos anteriormente, a través de la integración de los trabajos de análisis multinivel contextualizado provenientes de la investigación en educación (McCaffrey et al., 2003; McCaffrey et al., 2004 ), con los trabajos provenientes de la investigación operativa, en particular, los de metafrontera (Battese, Rao y O’Donnel, 2004) y los de análisis frontera de order-m (Cazals, Florens y Simar, 2002). En tal sentido, este trabajo es coincidente con la evolución que han experimentado los estudios en esta área. En efecto, el estudio pionero corresponde a Silva Portela y Thanassoulis (2001) quienes (siguiendo un modelo 2) descomponen la eficiencia global en efecto estudiante y efecto escuela, utilizando DEA (Data Envelopment Analyisis) como metodología de análisis. Posteriormente, usando el mismo modelo de datos, De Witte et al., (2010) avanzan en el plano metodológico planteando una metodología de frontera robusta, en particular de order-m, para esta evaluación. Sin embargo, ambos estudios adolecen de considerar factores contextuales, tanto a nivel de alumno como de escuela, en la evaluación del desempeño escolar. Por su parte, Thieme et al. (2012), siguiendo un modelo de datos 2 realizan una descomposición multinivel de frontera robusta con datos de corte transaccional (un modelo de status contextual); pero se diferencia de ellos al utilizar adicionalmente resultados de logro académico de los estudiantes en dos momentos del tiempo. Estos autores utilizan igualmente order-m en sus estimaciones, logrando una mayor descomposición, y por ende explicación, de los distintos efectos que componen la ineficiencia global. En resumen, la propuesta de una evaluación de valor agregado multinivel contextualizado de frontera robusta que mide y separa los efectos netos del alumno y de la escuela, controlando por nivel socioeconómico, tanto a nivel de alumno como a nivel de escuela; utilizando un modelo de análisis de frontera robusta, eliminado (o al menos disminuyendo drásticamente) los potenciales problemas causados por la existencia de outliers y de dimensionalidad de las evaluaciones, resulta la evolución normal de esta área de estudio. 4.- Muestra, modelos de evaluación, inputs y outputs La base de datos utilizada en este estudio se construyó a partir de las bases de datos del Sistema para la evaluación de la calidad de la educación en Chile (SIMCE), el cual desde mediados de los años 1990 ha evaluado de manera censal el aprendizaje de los estudiantes de cuarto y octavo año básico, y segundo año medio, a través de pruebas estandarizadas. Las pruebas SIMCE evalúan el logro de los Objetivos Fundamentales y Contenidos Mínimos Obligatorios del Marco Curricular vigente en diferentes subsectores de aprendizaje, a través de una medición que se aplica a nivel nacional, una vez al año, a los estudiantes que cursan un determinado nivel educacional. A partir del año 2006, se evalúa todos los años a 4° Básico y se alternan 8° Básico y 2° Medio. Además de las pruebas asociadas al currículum, el SIMCE también recoge información sobre docentes, estudiantes y padres y apoderados a través de cuestionarios de contexto. Esta información se utiliza para contextualizar y analizar los resultados de los estudiantes en las pruebas SIMCE. En particular, para este estudio se utilizó información de los resultados de los alumnos de cuarto año básico del año 2005 y de octavo año básico del año 2009. De igual forma, se extrajo adicionalmente la información sobre nivel socioeconómico y cultura de las familias de los alumnos a través del cuestionario aplicado a padres en la evaluación del año 2005. De esta forma, de los 142.109 alumnos que dieron ambas pruebas y se mantuvieron en el mismo colegio, sólo 57.000 cumplieron adicionalmente con pertenecer a una escuela con más de 29 estudiantes que dieron la prueba y se contase con información completa de más del 60% de los alumnos que el año 2009 dieron la prueba SIMCE en ese colegio. De este universo se extrajo una muestra de 47.076 alumnos pertenecientes a 948 establecimientos, de los cuales 395 (41.67%) tienen dependencia Municipal (públicos), 460 (48.52%) son particulares con subvención estatal (particulares subvencionados) y 93 (9.81%) son particulares pagados. La tabla 1 hace una descripción completa de la muestra tanto a nivel de alumnos como de centro educativo. Tabla 2: Descripción de la muestra Los distintos modelos a evaluar se basan en la disponibilidad de información recogida a nivel de alumno (5 variables) y de centro (1 variable). Como variables de output se consideró los puntajes obtenidos por los alumnos de 8º básico en el año 2009 en las pruebas de matemáticas y lenguaje del SIMCE. Como variables de inputs a nivel de alumno se consideraron dos variables de logro Number % Number % Public 18.021 38,28% 395 41,67% Privately - owned subsidized 23.987 50,95% 460 48,52% Privately - owned fee paying 5.068 10,77% 93 9,81% Total 47.076 100% 948 100% Pupils Schools Type of School académico previo como son el puntaje obtenido por los mismos alumnos en las pruebas de matemáticas y lenguaje del SIMCE cuando cursaban 4º básico en el año 2005; y un índice de nivel socioeconómico y cultural de las familias construido a través de Componentes Principales utilizando las variables de nivel educacional del padre, nivel educacional de la madre e ingresos mensuales del hogar, obtenidas del cuestionario aplicado a las familias junto con la prueba SIMCE durante el año 2005. Igualmente se utilizó como proxie del nivel socioeconómico del centro el promedio del índice de nivel socioeconómico y cultural de las familias. Tabla 3: Estadísticos descriptivos de las variables Model type 0: Overall Effect: (y1, y2)/2 Model type 1: Contextual Status: y1, y2, x3, x4 Model type 2: Value added: y1, y2, x1, x2. Model type 3: Contextual value added: y1, y2, x1, x2, x3, x4 Siguiendo la clasificación señalada previamente, se configuraron 4 modelos de evaluación (uno de ellos, el modelo 0, correspondiente al promedio SIMCE), de los que se da cuenta en la tabla 2. 5.- Resultados La tabla 4 presenta los resultados de los cuatro tipos de evaluaciones realizadas: tipo 0 (status sin variables contextuales), tipo 1 (status con variables contextuales), tipo 2 (valor agregado puro), tipo 3 (valor agregado contextual). Los resultados del tipo 0 corresponden a los resultados brutos de los estudiantes promedio de cada colegio, similares a los que se reportan año a año en Chile; los restantes tres tipos de modelos de evaluación corresponden a los resultados de orden-m obtenidos para cada uno de ellos. De los resultados de tipo 0 podemos concluir que existen importantes diferencias de desempeño entre tipos de escuelas dependiendo de su dependencia. Los establecimientos particulares pagados muestran mejor desempeño que los particulares subvencionados, y estos a su vez, mejores desempeños que los establecimientos municipales. Sin embargo, cabe recordar que en este tipo de evaluación se asigna erróneamente todas las diferencias (overall effect) a un efecto escuela. Ello obedece a que este tipo de evaluación supone que todos los alumnos tienen similares y óptimas capacidades cognoscitivas de entrada y factores del entorno (nivel socioeconómico y cultural de las familias del estudiante). Level Variable Description Minimun Maximun Mean Std. Dev. Percentil 25 Percentil 75 y1 Mathematics Score, 8º grade, 2009 138,1600 401,7100 274,1052 51,4150 237,0400 311,1000 y2 Language Score, 8º grade, 2009 97,2000 376,8700 263,9506 50,1096 229,3100 300,1200 x1 Mathematics Score, 4º grade, 2005 90,8300 363,6200 267,0472 50,5391 233,4200 304,3200 x2 Language Score, 4º grade, 2005 103,7400 364,7700 273,7696 48,4829 244,0550 308,0450 x3 Socioeconomic and cultural level, student's family -2,6437 3,3798 0,2923 1,0111 -0,3841 0,8137 School level x4 Socioeconomic and cultural level, school average -1,1227 2,6654 0,2917 0,8372 -0,2842 0,5766 Student level Table 4: Results for the overall effect (OE) and its components, arithmetic means Sin embargo, un análisis sobre estos resultados dan cuenta de una correlación intraclase de 34%. Este resultado entrega una indicación de la dependencia de los puntajes de logro de los estudiantes sobre la escuela. Alrededor de 34% de la varianza final de logro de los estudiantes puede ser adscrita a la escuela. Esto significa que la mayor cantidad de varianza ocurre a nivel de estudiante. Situación que no se visualiza en este tipo de reporte de resultados. Los resultados de orden –m para una evaluación de tipo 1 (contextual status), que descompone el efecto total entre efecto alumno y efecto escuela, y que considera los valores observables (y por tanto no óptimos) de factores no controlables a nivel e alumno y de escuela. Para el total de la muestra la ineficiencia global es de 1.1737; compuesta principalmente por el efecto estudiante que alcanza un valor de 1.1515, y en bastante menor medida por el efecto escuela que toma un valor de 1.0192. Por tanto, en promedio, la contribución del efecto estudiante es mucho mayor que el atribuible a la escuela. La descomposición de estos resultados por tipo de dependencia indica que en los tres casos el efecto estudiante tiene mucha mayor relevancia que el efecto escuela sobre la ineficiencia global. De igual manera se aprecia que persisten, aunque en menor medida, las diferencias de desempeño entre tipos de establecimientos. Los resultados para la evaluación de tipo 2 (valor agregado puro), considera valores observados de logro académico de los estudiantes tanto al inicio como al final del segundo ciclo de enseñanza básica. Sin embargo, supone que todos los alumnos tienen una dotación óptima de factores del entorno. Para el total de la muestra, la ineficiencia global es de 1.0545, siendo el efecto estudiante (1.0283) sólo levemente superior al efecto escuela (1.0255). Sin embargo, esta situación cambia al realizar un análisis por tipo de dependencia. En efecto, si bien el efecto estudiante se mantiene relativamente estable (entre 1.0274 para el caso de los establecimientos públicos y 1.0304 para Type of Effect Type 0 (Status) Type 1 (CS) Type 2 (VA) Type 3 (CVA) Total Overall Effect 265,5373 1,1737 1,0545 1,0545 Student´s Effect 1,1515 1,0283 1,0179 School Effect 1,0192 1,0255 0,9976 Contextual Effect 1,0385 Public Overall Effect 246,2879 1,2335 1,1019 1,1019 Student´s Effect 1,1678 1,0289 1,0177 School Effect 1,0563 1,0710 1,0294 Contextual Effect 1,0518 Privately - owned subsidized Overall Effect 273,5235 1,1500 1,0347 1,0347 Student´s Effect 1,1479 1,0274 1,0176 School Effect 1,0019 1,0071 0,9845 Contextual Effect 1,0329 Privately - owned fee paying Overall Effect 315,7072 1,0508 0,9610 0,9610 Student´s Effect 1,1021 1,0304 1,0202 School Effect 0,9534 0,9326 0,9325 Contextual Effect 1,0101 los establecimientos particulares pagados), el efecto escuela cambia drásticamente. En promedio, los establecimientos particulares pagados muestran ser eficientes (0.9326); los particulares pagados exhiben bajos niveles de ineficiencia. Sólo los establecimientos públicos muestran altos niveles de ineficiencia (1.0710). Sin embargo, esta situación cambia al incorporar al modelo de valor agregado precedente variables de contexto a nivel de alumno y de escuela. Los resultados de la evaluación de tipo 3 (valor agregado contextual) dan cuenta de ello. Para el total de la muestra la ineficiencia global se mantiene inalterable, variando los efectos que la componen. En efecto, la mayor parte de esta ineficiencia global obedece a variables de contexto (1.0385), seguida de efecto de estudiante (1.0179), mientras que, en promedio, el efecto escuela resulta eficiente (0.9976). Al descomponer por tipo de dependencia, los resultados son más aclaradores de la situación. Tal como podría esperarse, el efecto estudiante muestra no sólo igual media para todos los tipos de dependencia, sino también, como puede apreciarse en figura 2, similar distribución. Similar situación se aprecia con respecto a los efectos contextuales que afectan negativamente principalmente a los establecimientos públicos (1.0518), en menor medida a los establecimientos particulares subvencionados (1.0329) y muy poco a los establecimientos particulares pagados (1.101). Por último, los resultados del efecto escuela, muestran sólo promedios ineficientes para el caso de los establecimientos municipales. Tanto los establecimientos particulares subvencionados como los particulares pagados muestran, que en promedio, son eficientes. Una visión más global de la situación analizando la función de distribución puede verse en la figura 2. En ella se aprecia una curva normal de distribución del efecto escuela con media cercana a 1.000, pero con diferentes curvas de distribución por tipo de dependencia. En efecto, casi la totalidad de los establecimientos particulares pagados son eficientes, al igual que más de la mitad de los establecimientos particulares subvencionados y sólo cerca de 1/3 de los establecimientos públicos. Figure 2: Kernel density plots by type of school, model 3 Comparación entre diferentes tipos de modelos de evaluación La primera metodología para comparar los diferentes tipos de modelos de evaluación fue estimar la correlación del efecto escuela entre los cuatro tipos de modelos de evaluación. La tabla 6 presenta los resultados de las correlaciones. Estos indicadores pueden dar una indicación de qué tanto las estimaciones de los distintos tipos de modelo de evaluación dan cuenta de similar constructo. Las altas correlaciones de las estimaciones del efecto escuela entre los distintos tipos de modelos de evaluación sugieren que subyace el mismo constructo para los distintos indicadores de efectos de escuela. La correlación entre los resultados de valor agregado contextual (de tipo 3) y las restantes estimaciones de efecto escuela muestran altas correlaciones que varían entre 0.8469 y 0.9445; incluso la correlación entre las estimaciones brutas de resultados Simce promedio (tipo 0) con las de valor agregado (tipos 2y 3) son muy altas (0.9039 y 0.8469, respectivamente). Estos resultados no difieren significativamente de los reportados en estudios que comparan distintos modelos de valor agregado utilizando metodologías tradicionales jerárquico lineales (Timmermans et al., 2011; Gorard, 2006; Gorard, 2008). Tabla 5: Correlations for the overall effect (OE) across models, all schools Todas los valores p<0.001 (two-tailed); N= 948 La segunda metodología para comparar las estimaciones de los distintos tipos de modelos de evaluación corresponde a tablas de contingencia. Las comparaciones entre las clasificaciones del efecto escuela por quintiles, entre distintos tipos de evaluación se muestran en la tabla 6. Tabla 6: Tablas de contingencia entre tipos de modelos de evaluación Type 0 (Status) Type 1 (CS) Type 2 (VA) Type 1 (CS) 0,7931 Type 2 (VA) 0,9039 0,78 Type 3 (CVA) 0,8469 0,8025 0,9445 La comparación entre los tipos de evaluación 0 y 3 indica que del 100% de los establecimientos que se clasifican en el quintil superior (q 5 ) acorde al promedio Simce (tipo 0), el 69% se mantienen en ese quintil acorde a un análisis de valor agregado, el 22% se traslada al quintil 4, el 8% al quintil 3 y un 1% al quintil 2. Por otra parte, del 100% de los establecimientos que se clasifican en el quintil inferior (q 1 , el 20% con peor desempeño acorde al promedio Simce), el 69% se encontraría en esa misma clasificación acorde a una evaluación de valor agregado contextual, un 26% debiera ser clasificado como del quintil 2, un 4% como del quintil 3 y un 1% como del quintil 4. Como se aprecia en las tablas 7a y 7b, las mayores similitudes de ordenamiento se producen en los quintiles extremos, existiendo mayor variabilidad en los quintiles intermedios (q 2 , q 3 y q 4 ). En general, un ordenamiento de escuelas con resultados brutos de logro académico (tipo 0) sólo es capaz de reproducir un 52, 4% del ordenamiento resultante con un modelo de valor agregado contextual (tipo 3). Por su parte, un ordenamiento de escuelas acorde a su indicador de valor agregado puro (tipo 2) en quintiles es en el 71,2% casos, similar al que se obtendría en un ordenamiento con estimaciones de valor agregado contextual (tipo 3). Figure 3: Transitions from model 0 to 3, contour plots Figure 4: Transitions from model 2 to 3, contour plots Comparación con metodología convencional para estimar Valor Agregado Un aspecto importante a considerar en el análisis es comparar los resultados obtenidos mediante metodologías fronteras con las metodologías tradicionales para estimar Valor Agregado en investigación educativa. En general, la metodología más frecuente y aceptada son los Modelos de Regresión Multinivel (McCaffrey, 2004), también conocidos como Modelos Jerárquicos Lineales o modelos de regresión con efectos aleatorios (Goldstein, 2003; Raudenbush & Bryk, 2002). De manera análoga a la metodología que utilizamos en este trabajo, en los modelos de regresión multinivel se intenta explicar el rendimiento individual de los estudiantes a partir de una serie de predictores individuales (variables de Nivel 1) y de características contextuales de la escuela (variables de Nivel 2). Algebraicamente, un modelo de 2 niveles puede ser conceptualizado como un modelo de regresión lineal en el cual el intercepto  y las k pendientes  ! asociadas a los x predictores de Nivel 1 son estimadas de manera tal que puedan variar para cada uno de los j grupos definidos en el Nivel 2 (en este caso escuelas), mediante la especificación de términos de error aleatorios u 0j y u kj , respectivamente, que capturan la contribución específica de cada grupo a la explicación de la varianza total. De este modo, por ejemplo, un modelo multinivel con un predictor X en el Nivel 1 y un predictor W en el Nivel 2, es descrito como: En este sistema de ecuaciones, el predictor W, en el Nivel 2, explica la variación tanto del intercepto como de la pendiente del predictor X de Nivel 1. De este modo, el puntaje de un estudiante en la variable dependiente Y (i.e. SIMCE) puede descomponerse en tres elementos: la media global para toda la muestra (γ 00 ), la desviación del puntaje del estudiante respecto del proemdio de su escuela (r ij ) y la desviación del promedio de la escuela respecto de la media global (u 0j ). Este último término es definido como el efecto aleatorio para el intercepto, porque puede variar entre las escuelas. Cuando las variables incluidas en el modelo corresponden a características individuales de los estudiantes (e.g. X = nivel socioeconómico de la familia) o a características de la escuela (e.g. W=composición socioeconómica del estudiantado) que explican el rendimiento de los estudiantes, u 0j es un estimador de Status Contextual de eficacia de la escuela. Cuando las variables incluidas en el modelo son corresponden al desempeño pasado del estudiante (e.g. X= rendimiento en SIMCE en 4° básico), u 0j se puede interpretar como un estimador de Valor Agregado de la escuela. Finalmente, si las variables incluidas en el modelo consideran tanto el desempeño pasado como características individuales y/o de la escuela que podrían explicar el desempeño de los estudiantes, u 0j es utilizado como indicador de Valor Agregado Contextual de la escuela. En línea con los resultados presentados en las secciones previas del artículo, en esta sección utilizamos modelos multinivel para estimar los tres modelos de efectos escolares previamente calculados con modelos frontera. Previamente se estimó un Modelo 0 (modelo sin predictores) que arrojó un coeficiente de correlación intraclase ICC=0.34. Este resultado indica que el 34% de la varianza total de los resultados en 8° básico puede explicarse únicamente por diferencias entre las Escuelas. El Modelo 1, fue un modelo de Status Contextual, utilizando como predictores el NSE individual y el NSE promedio de la escuela. El Modelo 2 fue un modelo de VA simple en el que se utilizó como predictor el rendimiento SIMCE promedio de 4° Básico. Finalmente, el Modelo 3 fue un modelo de VA contextual, en que se incluyeron los tres predictores. Es importante indicar que el Modelo 3 arroja un ICC=0.12, lo que significa que, una vez corrigiendo el efecto de rendimiento previo y nivel socioeconómico, la varianza de los resultados explicada sólo por las diferencias entre escuelas, se reduce a un 12%. La siguiente figura muestra los residuales estandarizados para este modelo. 0 1 1 0 00 01 0 1 10 11 1 ij j j j ij j j j j j j Y X r W u W u β β β γ γ β γ γ = + + = + + = + + En las siguiente tabla se presentan las correlaciones entre los estimados de efectos escolares para cada metodología multinivel y las correlaciones entre las estimaciones para metodologías multinivel versus metodología frontera. SIMCE8_mean Modelo 1 Modelo 2 Modelo 3 SIMCE8 1 ,576 ** ,789 ** ,440 ** Modelo 1 ,576 ** 1 ,597 ** ,768 ** Modelo 2 ,789 ** ,597 ** 1 ,823 ** Modelo 3 ,440 ** ,768 ** ,823 ** 1 Hay cuando menos dos resultados interesantes de observar en esta tabla. El primero es que Modelo 2 (VA simple) es el que mejor correlaciona con el promedio SIMCE no corregido. Aunque esto resulta en principio contra intuitivo, probablemente obedece al fuerte efecto que ejerce el NSE sobre los resultados. En efecto, dados que los estudiantes cursaron el menos 5 años consecutivos en el mismo establecimiento, es razonable suponer que el NSE ejerció un efecto inicial sobre sus resultados. Esta presunción es plausible si se considera que los Modelos que incorporan efectos contextuales (Modelos 1 y 3) tienen una correlación sustancialmente más baja con SIMCE. En ese sentido, un segundo resultado interesante de apreciar, es que la correlación del Modelo 3 con SIMCE es más baja que la obtenida para el mismo análisis en el caso de los modelos frontera. En línea con lo anterior, en esta tabla se presenta la correlación entre los efectos escolares estimados mediante metodología multinivel versus metodología frontera.