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El ritual de la tauromaquia en la pintura de Santiago Vera

Campos Cañizares, José

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EL RITUAL DE LA TAUROMAQUIA EN LA PINTURA DE SANTIAGO VERA* José Campos Cañizares** n Europa vivimos en estos momentos un mundo totalmente opuesto a la tradición. Aún más en España donde en los últimos años se ha producido un vacío educativo en todo lo relacionado con indagar en el pasado, en las esencias, en las raíces, con explicar de dónde procede la manera de funcionar de la sociedad y por qué determinadas costumbres han pervivido y cuáles son sus fundamentos. Por esta razón no iba a ser menos el desinterés y el desconocimiento habido en el apartado relativo a la existencia histórica y cultural de la tauromaquia. Arte creado por la civilización española, de evidente raíz popular, y con un notable apoyo político y social de sus clases dirigentes. La monarquía hispánica fue sustentadora y promotora de la fiesta de toros en la Península Ibérica desde finales del Medievo hasta la época de la Ilustración. Yla nobleza, inventora del toreo a caballo en el contexto de los juegos nobiliarios europeos en el siglo XIII. Modalidad taurómaca, el toreo caballeresco, que recreó la suer- Revista de Estudios Taurinos N.º 34, Sevilla, 2014, págs. 197-215 E * Este artículo reproduce la Introducción del autor al libro-catálogo de Santiago Vera, Negro Zaíno, Ediciones Catay, Taipéi, 2013. El catálogo se publicó con ocasión de la exposición de la pintura de Santiago Vera, del mismo título, celebrada durante el mes de mayo de 2013, con gran éxito de público, en la sede diplomática y cultural de México en Taipéi, en la Oficina de Enlace de México en Taiwán. ** Universidad de Kaohsiung. Completa 34 pag.QXD imprimir 12/06/2014 18:58 PÆgina 197 José Campos Cañizares 198 te de la lanzada a lo largo de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna, para generar y desarrollar la variante del rejoneo desde finales del siglo XVI, que alcanzó su esplendor en el siglo XVII. Manifestaciones taurinas que gestaron una base ceremonial, ritual y técnica, de índole aristocrática, que pasaría después al toreo a pie. Mientras, la tauromaquia de a pie, coetánea a la caballeresca, vivió su propio proceso hasta llegar a convertirse en hegemónica a mediados del siglo XVIII –en el siglo XVII ya era una actividad dinámica– debido a cambios de mentalidad en la sociedad española y a una directa implicación de las clases populares en lo que se denominaría corrida de toros moderna. Através de los siglos, el vigor del espectáculo taurino se mantuvo por medio de la aureola y el honor que aportaba a los practicantes del toreo –los toreadores caballerescos y los toreros de a pie– el hecho de medirse a un animal fiero, el toro. Un animal que se encontraba en el medio geográfico de la Península Ibérica, donde iban a prosperar los juegos taurinos por medio de la creación de dos tauromaquias complementarias: la de a caballo y la de a pie. Al toro como protagonista de esas expresiones festivas se le fue seleccionando en el tiempo a partir de su comportamiento salvaje. Una realidad supeditada a la coexistencia natural –en el mismo hábitat, en las mismas camadas– en el ganado vacuno, de aquél que mantenía puntas de fiereza –origen del bravo– y de aquél que tenía condición mansa. De una manera espontánea ambas líneas genéticas convivieron, a la vez, desde etapas lejanas, como fauna bravía y fauna gregaria; abocadas las dos ramas a realizar un trabajo específico en tareas agrícolas, a servir de alimento a las poblaciones cercanas donde pastaban, y, también, como fuente de suministro para los ritos y juegos taurinos allí donde se producían. Con el paso de los años se fueron especializando las ganaderías en ejemplares vacunos y en toros para la lidia, un hecho ya constatable en el siglo XVII. Hasta ese instante, como decíamos, en el ámbito de Iberia, el Completa 34 pag.QXD imprimir 12/06/2014 18:58 PÆgina 198 El ritual de la tauromaquia en la pintura de Santiago Vera 199 uro, primero, y el toro, después, fueron intensificando esos tratos económicos, rituales y festivos con gran diversidad de localidades –en zonas hoy reconocibles: Navarra, Aragón, Castilla, Extremadura, Andalucía1–. En dicho contexto, el toro bravo, tótem hispánico, sobrevivió, pervivió, con ese fundamento; por su simbolismo, por sus cualidades generativas y por su comportamiento agresivo que permitía al hombre medirse con él. Los toros podían ser cazados, sacrificados, o corridos en regocijos 1Circunscribimos este estudio al área geográfica y cultural de la Península Ibérica, y al sur de Francia, si bien es válido y aplicable, en los aspectos formales, a toda Iberoamérica donde se ha dado y se da el hecho taurino: México, Colombia, Venezuela, Ecuador y Perú. Fig. n.º 19.- Santiago Vera: El Diálogo. 2013. Mixta / Plotter. Todas las imágenes de las obras de este artículo han sido cedidas por el autor. públicos. En esas actividades transmitían sus características intrínsecas de seres vivos poderosos, portadores de potencialidades con facetas genésicas, curativas y catárticas. Completa 34 pag.QXD imprimir 12/06/2014 18:58 PÆgina 199 José Campos Cañizares 200 ELDEVENIR DE LA TAUROMAQUIA Desde la instauración de la corrida a pie como espectáculo predilecto del público a mediados del siglo XVIII el desarrollo de las ganaderías de toros de lidia estuvo ligado: o bien, a una versión más agresiva del toro, con astados de condición fiera y brava, que admitían una tauromaquia valerosa, auténtica y heroica; o, en su caso, a una vertiente comercial, con reses más bonancibles y obedientes, propiciadoras de un posible toreo pausado y artístico. Ambas tendencias taurómacas permitieron la formalización de una amplia tauromaquia para las corridas de toros, desde la asunción del riesgo por parte del torero y mediante el empleo de una técnica y un arte. Senderos, uno y otro, que se han mantenido a lo largo del tiempo; y que en concreto –pensamos– llegaron en plenitud a la época de la Guerra Civil española de 1936. En esta cuestión, hasta ese momento, existió un evidente equilibrio de fuerzas entre los ejemplares que se lidiaban de condición fiera y brava, con respecto a los que reunían bravura y nobleza. Se podría asegurar que se había lidiado en mayor proporción el toro duro, indómito, primitivo, que exigía el toreo científico y recio. Yen menor cuantía, saltó a las arenas el astado noble, boyante, que permitía un toreo florido. En esa difícil correlación de fuerzas se hizo posible una variada gama de modos de torear, de entender el espectáculo, de enfrentarse a los toros, en definitiva, de vivir la tauromaquia desde la economía y desde la ética. En la etapa de Joselito y Belmonte puede que los gustos del público iniciaran cambios profundos en la forma de torear. Se fue introduciendo el ideario de una faena más larga por contener tandas de muletazos ligados formando una obra autónoma con presentación, nudo y desenlace. Para ello surgió la necesidad de buscar un tipo de toro más uniforme en su comportamiento, menos reacio a ser toreado, más franco a las propuestas de una novísima tauromaquia más dilatada en lo artístico, que Completa 34 pag.QXD imprimir 12/06/2014 18:58 PÆgina 200 El ritual de la tauromaquia en la pintura de Santiago Vera 201 fuera capaz de entretener a un público –de una nueva sociedad, la de 1920– con una mirada más festiva, y, a la vez, menos comprometida con la pureza conceptual taurina primigenia, como había sido la de dominar al toro con una determinada técnica de torear por su condición montaraz y bravía. Pero la fiesta de los toros cambiará más aún tras la adopción del peto en la suerte de varas, desde 1928, que posibilitó mayor castigo a los astados y, por lo tanto, menos capacidad de respuesta de las reses al verse enfrentadas al hombre –al torero– que las tomaba más debilitadas, más dominadas, por esa ventaja. Como colofón a estos cambios, a continuación sobrevino la aniquilación del ganado bravo sufrida durante la Guerra Civil española, de 1936 a 1939, lo que, tras el conflicto bélico, determinó bajo interpretación moderna la transformación del decorado sobre el que se había montado la fiesta de los toros. Desde entonces, el tipo de toro que salió a las plazas en las corridas Fig. n.º 20.- Santiago Vera: El Círculo Eterno. 2013. Mixta y collage / Plotter. Completa 34 pag.QXD imprimir 12/06/2014 18:58 PÆgina 201 José Campos Cañizares 202 quedó disminuido, en edad, trapío, pitones y poder. La invalidez del toro bravo y su menor combatividad en la lidia, unido al germen de un toreo embellecido que latía en el ambiente, hizo brotar una tauromaquia más estética, menos valerosa, donde la faena de muleta se convertía en sí misma en un tercio, en la lidia, con vida propia. El toreo de muleta robaba valor y presencia a los restantes tercios de la lidia, principalmente al de varas, y, también, a las suertes que habían sido hasta ese periodo del siglo XX la columna vertebral del toreo y con las cuales se preparaba la muerte de los astados que se lidiaban. Una previsión presentida –la supremacía de la muleta– que llegaba cuando la raza del toro bravo se batía ante una situación de retroceso y de supervivencia. Hay que reconocer que, en la historia de España, no era la única vez que sucedía una diezma de ganado bravo en el campo; pero no –posiblemente– en tales términos, ni tampoco coincidiendo con un periodo de transición, de cambio, tan rotundo en el modelo de torear vigente, dentro de la lidia y de la faena. En consecuencia, en la posguerra, en los años cuarenta del siglo XX, surgió una manera de entender la técnica del toreo, y de fraguarse el fondo de las lidias, totalmente distinta a la que había creado el espectáculo taurino de a pie desde sus inicios, allá por los siglos XVI-XVII o XVIII, y en su prolongación en el siglo XIX. En aquel toreo de antaño basado en la fortaleza de las piernas del toreador para poder superar las dificultades de un animal fiero, se había diseñado una suerte de varas que rebajaba al toro poderío y potencialidad. Una lidia de castigo que se complementaba desde su comienzo con el juego del capote y con la suerte de banderillas; y, en última instancia, con el empleo de la muleta, para ahormar al toro y dejarle en las condiciones idóneas para darle muerte con estoque. De aquellos usos, hacia 1945, se había pasado a una tauromaquia donde el manejo de capotes y de varas, quedaron relegados a una debilitada presencia, según el toro mostrara fuerza o poderío o no. Ahora la muleta asumía Completa 34 pag.QXD imprimir 12/06/2014 18:58 PÆgina 202 El ritual de la tauromaquia en la pintura de Santiago Vera 203 un gran protagonismo, para componer faenas largas, de entretenimiento, no preparatorias para que al toro se le matara en el momento adecuado, sino para que se compusiera una escenografía que trasladase a los espectadores sólo una representación icónica del matador. Una imagen que convirtiera al torero en un ídolo de masas en colaboración con los nuevos canales de comunicación –la televisión– y con el auspicio de los precedentes medios comunicativos de la publicidad y del cine. Unos medios que cultivaban una determinada personalidad del torero –basada en la cantidad: de tardes, de dinero, de fama–, sin que el toro, ni su integridad, ni la tauromaquia, estuviera en la raíz ni fuera el móvil de su oficio o vocación, sino un ente que acompañaba al nuevo ideario, un simple colaborador, un elemento de ayuda. Razón por la cual desaparecía la necesidad de su comportamiento bravío, surgido de su indómita condición; porque el toro encastado, impedía el camino y el resultado de la novísima propuesta. Así en la década de los sesenta del siglo pasado el toro enrazado de edad, sin manipulaciones, afeaba las nuevas tácticas que se habían asentado en el mundillo de los toros, que coincidían con los cambios históricos generados por la evolución del capitalismo que arrinconaban el espacio rural para que dominase el medio urbano. Se iniciaba una fractura con la tradición con todas sus implicaciones. ELDESARROLLO DE UNA DÉBIL TAUROMAQUIA Y EL IDEAL DE UNA RESPUESTA Hasta hoy los cambios habidos respecto al tipo de toro dominante en las corridas desde los años sesenta del siglo XX –con la reacción torista de los setenta– han propiciado un animal de morfología más aparente, más acusada –si bien, sólo en algunas plazas, Madrid, Bilbao–. Una clase de toro de baja acometividad, sin capacidad de sorpresa, con ausencia de un comportamiento diverso, sin nervio, sin capacidad de lucha. Así, Completa 34 pag.QXD imprimir 12/06/2014 18:58 PÆgina 203 José Campos Cañizares 204 al toro bravo se le ha acomodado a conductas uniformes, lánguidas, entregadas, disponibles para un toreo moderno, de largo metraje, de muchos pases, de poco ajuste, de piernas cambiadas en el torero. Un toro que –se dice– se ha dejado por medio el motor, pero en realidad que ha perdido la casta, la virtud de la superación, el poder ir a más en la lidia; en definitiva, que ha sacrificado la bravura. No podemos negar que existen ganaderías que permanecen con valores románticos, que remiten a lo originario: Victorino Martín, Adolfo Martín, José Escolar, Cuadri, Palha o Miura. Es cierto, pero son lidiadas fuera del circuito que planifican los toreros denominados figuras. Ano ser que sean toreadas por los afamados diestros, por una causa publicitaria, con fines mercantiles, en eventos que normalmente causan daño al ganadero; que antes se mostraba puro, y, que por tocar la gloria, se presta a los intereses disfrazados de canto de cisne del taurinismo que hoy detenta el poder. En su verdadera dinámica, el lugar reservado para estas ganaderías es puramente testimonial, al ser estoqueadas por toreros modestos, en plazas toristas como Madrid, o en cosos de menor rango –Azpeitia–, o en arenas foráneas, caso de las francesas –por ejemplo, Bayona, Beaucaire o Céret–. La fiesta de los toros vive dominada por la contradicción interna de un negocio que busca rendimientos inmediatos sin planificar el futuro. Bajo esa mentalidad resultadista y acomodaticia de los últimos años, ha llegado a la actualidad. Entre medias, el aficionado ha quedado estragado, cansado, y ha abandonado su puesto de mártir y defensor de lo puro, de lo auténtico. Asu vez, la afición a los toros ha sufrido el acoso de una sociedad, la que vivimos, desligada del mundo agrario, inmersa en las penurias de la degradación del planeta y abocada a la constante aniquilación de la flora, de la fauna, de los ríos, de los mares, de la atmósfera. Una sociedad globalizada que ya no entiende los ciclos de vida natural con los cuales ha vivido siem- Completa 34 pag.QXD imprimir 12/06/2014 18:58 PÆgina 204 El ritual de la tauromaquia en la pintura de Santiago Vera 205 pre comprometido el hombre, es decir, implicado en las fases de vida y muerte, de sobrevivencia. Una pelea por la subsistencia que no desaparece y siempre se reproduce como ahora en forma de crisis económica. Mientras tanto, esas presiones, decíamos, sufridas por la cultura taurina la exponen a la opinión de culturas ajenas –la mirada inquisitiva del otro como fracaso de la alteridad–, por ser valoraciones motivadas por la implantación de la mundialización comunicativa en las vidas humanas y en las sociedades. Un cosmos social que ha crecido apegado a la vir- Fig. n.º 21.- Santiago Vera: Sevilla. 2012. Mixta / Plotter. tualidad y en oposición a cualquier rastro de lo que se denomina la gran cultura y la tradición. Son, por tanto, aspectos que han desembocado en la ignorancia de los fenómenos antropológicos, por la lejanía con la que se ve la raíz del hombre y el origen de la sociedad. Un conocimiento –lo atávico y su simbología– que no debe ser abolido por prestarnos a seguir tablas rasas en lo histórico dictadas por modas en los comportamientos de amplios sectores sociales. 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