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Los cuidados como herramienta de integración política: los clubs y sociedades de mujeres de Londres como inicio del movimiento sufragista de la primera ola feminista

Alvarez Lombradero, Nuria

Abstract

Durante la era industrial, se instauró una marcada división entre las actividades productivas y reproductivas, asignando estas labores al hombre y a la mujer, respectivamente. Entre las actividades reproductivas estaban los cuidados realizados por las mujeres en el espacio doméstico. Esta división creó un distanciamiento de las mujeres del espacio público dificultando su posibilidad de participación en la política. Sin embargo, un grupo de mujeres a finales del siglo XIX subvirtieron esta situación a través de utilizar los cuidados como herramienta de emancipación política. A través de establecer lugares que ofrecían actividades relacionadas con los cuidados en el espacio público, en este caso hacia otras mujeres, realizaron la primera transición en la definición de los cuidados de una actividad doméstica a una social. A su vez, este cambio posibilitó la incorporación de la mujer al tejido productivo al mismo tiempo que posibilitaron su presencia en el espacio urbano. Este artículo analiza estos lugares, los clubs de mujeres en Londres que generaron los primeros movimientos sufragistas que desembocaron en el derecho al voto de la mujer en el Reino Unido y por tanto su participación en la política de su país.

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67 ASTRÁGALO. Cultura de la Arquitectura y de la Ciudad, 33-34 (2023). ISSNe: 2469-0503 Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Article https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2023.i33-34.05 Received:15-06-2023 | Approved: 22-08-2023 LOS CUIDADOS COMO HERRAMIENTA DE INTEGRACIÓN POLÍTICA. LOS CLUBS Y SOCIEDADES DE MUJERES DE LONDRES COMO INICIO DEL MOVIMIENTO SUFRAGISTA DE LA PRIMERA OLA FEMINISTA / CARE AS A TOOL OF POLITICAL INTEGRATION. WOMEN’S CLUBS AND SOCIETIES IN LONDON AS THE BEGINNING OF THE FIRSTWAVE FEMINIST SUFFRAGE MOVEMENT / OS CUIDADOS COMO FERRAMENTA DE INTEGRAÇÃO POLÍTICA. OS CLUBES E SOCIEDADES DE MULHERES DE LONDRES COMO INÍCIO DO MOVIMENTO SUFRAGISTA DA PRIMEIRA ONDA FEMINISTA Nuria Álvarez Lombardero [email protected] 0000-0003-3228-7774 Architectural Association RESUMEN Durante la era industrial, se instauró una marcada división entre las actividades productivas y reproductivas, asignando estas labores al hombre y a la mujer, respectivamente. Entre las actividades reproductivas estaban los cuidados realizados por las mujeres en el espacio doméstico. Esta división creó un distanciamiento de las mujeres del espacio público dificultando su posibilidad de participación en la política. Sin embargo, un grupo de mujeres a finales del siglo XIX subvirtieron esta situación a través de utilizar los cuidados como herramienta de emancipación política. A través de establecer lugares que ofrecían actividades relacionadas con los cuidados en el espacio público, en este caso hacia otras mujeres, realizaron la primera transición en la definición de los cuidados de una actividad doméstica a una social. A su vez, este cambio posibilitó la incorporación de la mujer al tejido productivo al mismo tiempo que posibilitaron su presencia en el espacio urbano. Este artículo analiza estos lugares, los clubs de mujeres en Londres que generaron los primeros movimientos sufragistas que desembocaron en el derecho al voto de la mujer en el Reino Unido y por tanto su participación en la política de su país. Palabras clave: clubs de mujeres, sufragistas, activismo, emancipación, feminismo de primera ola. teJiendo histoRias. expeRiencias de tRansfoRmaciÓn socio-espacial desde los valoRes ecofeministas 68 ASTRAGALO Nº 33-34 | Septiembre / September / Setembro 2023 | Article | ISSN 2469-0503 During the early years of the industrial era, a growing division was established between productive and reproductive activities. In turn, these activities were allocated to men (productive) and women (reproductive) respectively. Among those reproductive activities, there was the act of care exclusively performed by women in the domestic space. This division created a disconnection of women from the public space, making it difficult for them to participate in politics. However, a group of women at the end of the 19th century subverted this situation by using care as a tool for political emancipation. By establishing places that offered care-related activities in the public space, in this case for other women, they achieved the first transition in the definition of care from a domestic to a social activity. In turn, this change made it possible for women to be incorporated into the productive fabric while enabling their presence in the urban space. This article analyses these -places, the women’s clubs in London that generated the first suffragette movements that led to women’s right to vote in the United Kingdom. This led to their participation in their country’s politics. Keywords: women´s clubs, suffragettes, activism, emancipation, first-wave feminism. RESUMO Sabe-se que, durante o desenvolvimento da era industrial, começou a se estabelecer uma divisão crescente entre atividades produtivas e reprodutivas, e a atribuição destas a homens (produtivas) e mulheres (reprodutivas), respetivamente. Entre as atividades reprodutivas estavam os cuidados realizados pelas mulheres no espaço doméstico. Essa divisão criou um distanciamento das mulheres do espaço público, dificultando sua participação na política. No entanto, um grupo de mulheres no final do século XIX subverteu essa situação ao usar o cuidado como ferramenta de emancipação política. Ao estabelecerem locais que ofereciam atividades relacionadas ao cuidado no espaço público, neste caso a outras mulheres, elas fizeram a primeira transição na definição do cuidado de uma atividade doméstica para uma social. Por sua vez, essa mudança possibilitou a incorporação das mulheres ao tecido produtivo ao mesmo tempo em que viabilizou sua presença no espaço urbano. Este artigo analisa esses lugares, os clubes de mulheres em Londres que geraram os primeiros movimentos sufragistas que levaram ao direito de voto das mulheres no Reino Unido e, portanto, à sua participação na política de seu país. Palavras-chave: clubes de mulheres, sufragistas, ativismo, emancipação, primeira onda do feminismo. 1. INTRODUCCIÓN Los discursos de los cuidados se han utilizado en el pensamiento Occidental para describir aquellos procesos feminizados de reproducción en la esfera privada que ocurren en la vida cotidiana de las personas. El origen de este discurso podría rastrearse hasta los orígenes mismos del capitalismo, como nuevo orden económico y social que sustituyó al feudalismo en Europa occidental a partir del siglo XVI, y sobre todo, a cómo en el pensamiento dominante de la Ilustración más adelante consideró racional la incorporación de una división entre aquellas actividades de producción nuria Álvarez lombardero https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2023.i33-34.05 69 económica de las de reproducción social1. Sin embargo, no es hasta que surge el capitalismo industrial a finales del siglo XVIII que aparece una separación física y social entre las esferas donde estas actividades tenían lugar. Como nos indica Silvia Federici al respecto “[…] aunque el trabajo doméstico pareciera ser una actividad antigua, que responde exclusivamente a la satisfacción de las necesidades naturales, en realidad es una forma de trabajo muy específica históricamente, producto de la separación de producción y reproducción, trabajo retribuido y no retribuido, que no había existido en las sociedades precapitalistas” (Federici 2018, 87). El desarrollo de la revolución industrial y la entrada del hombre al mercado de trabajo capitalista necesitaba de esta división para una producción optimizada en el trabajo estableciendo una separación entre los lugares y los actores de las actividades de producción y reproducción. Es en este momento que surge la división por género entre el hombre que se encarga del trabajo productivo remunerado en las fábricas u oficinas y las mujeres responsables de las tareas reproductivas no remuneradas en el espacio doméstico, entre las que se encuentran las tareas de los cuidados. Esta estructuración coincide con la transformación de la ciudad de Londres, uno de los epicentros de la revolución industrial, que comienza una reorganización de su estructura urbana y social a finales del siglo XVIII con el proyecto doméstico como base. Este proceso urbano, que se desarrolla plenamente en la segunda mitad del siglo XIX (1840-1900) se resume en tres fenómenos principales: una dispersión en el territorio circundante a través de un crecimiento de su trama urbana para acomodar el incremento exponencial de la población2, una división de la ciudad según clases sociales, donde las más bajas se asientan en los arrabales alrededor de las áreas industriales y el puerto al Este de la ciudad y las más altas, principalmente la nueva burguesía, en las nuevas áreas periféricas al Oeste, distanciándose así de los anteriores3 y, por último, una segmentación de las esferas de existencia en el espacio urbano según género relacionada con la división entre actividades productivas y reproductivas que crearon un distanciamiento entre el trabajo y el hogar. Como consecuencia de estos tres procesos el espacio urbano de Londres se segmentó con la firme intención de situar a la mujer en el espacio doméstico a cargo de las tareas reproductivas, más específicamente, a las de clase alta en el espacio doméstico suburbano y a las de clase trabajadora en los asentamientos obreros. A esta división que respondía directamente al nuevo capitalismo industrial, se unía la fuerte influencia de la Iglesia Evangelista entre la sociedad de la época Victoriana (1839-1901), principalmente entre la burguesía, que enfatizaba el papel de la familia nuclear doméstica como base de la sociedad concibiendo el hogar como un lugar sagrado donde las actividades reproductivas tenían lugar y que debía distanciarse de todas las amenazas que el espacio público generaba (Bradley 1976, 94, Fishman 1987, 35). Entre las tareas reproductivas asignadas a la mujer en la época victoriana encontramos aquellas relacionadas con los cuidados de la familia, el hogar y el espacio doméstico. Con el auge del capitalismo 1 Según explica el libro Feminist Urban Theory for our time “el pensamiento dominante de La Ilustración había dividido anteriormente la producción económica y la reproducción social como dicótomamente opuestos, dando un mayor privilegio a la producción económica sobre la reproducción social” (Peake et al. 2021, 2). 2 Desde finales del siglo XVIII la ciudad de Londres sufre un crecimiento de su población a casi el doble, de 3.221 a 6.584 millones de habitantes debido a la emigración de la población rural en búsqueda de nuevos trabajos en la ciudad industrial tras las malas cosechas en el campo y la expansión del dominio sobre las colonias que trajo consigo una gran cantidad de emigrantes. 3 Lo que más asustaba a las clases altas era sobre todo la multitud y la mezcla de clases en proximidad en las calles. La posibilidad de verse rozados o accidentalmente golpeados por las clases más bajas, creaba “incertidumbre, desorientación y alarma” en las damas y caballeros de esta nueva burguesía industrial (Wilson 1991, 29). teJiendo histoRias. expeRiencias de tRansfoRmaciÓn socio-espacial desde los valoRes ecofeministas 70 ASTRAGALO Nº 33-34 | Septiembre / September / Setembro 2023 | Article | ISSN 2469-0503 en este periodo histórico inglés se genera lo que Nancy Fraser denomina como el “imaginario de la domesticidad burguesa”, un orden social en torno a la feminidad, y, con él, “la institucionalización de la esfera doméstica” (Fraser 2016, 104) donde se manifiestan los cuidados. Aquí los cuidados se entienden como una tarea asignada a la mujer, que era asumida como principal motivación de su vida con responsabilidad y afección, y que resume aquellas capacidades sociales como dar a luz y criar a los hijos, cuidar de amigos y familiares, y mantener los hogares, diferenciándose de aquellas que son realizada por el servicio doméstico y por tanto remuneradas. Esta acción de los cuidados se relacionaba a su vez con la protección de la familia en la esfera privada como unidad vertebradora de la sociedad4. Las mujeres, como “ángeles en el hogar”5, se dedicaban con devoción a cuidar a la familia como si fuera un deber hacia el Estado al mismo tiempo que se protegían de las tentaciones y pecados apartándose de la vida pública y restringiéndose a sus hogares, evitando ser confundidas con “prostitutas” o mujeres de baja moral (Mayhew 1861, 218). Como indica Elisabeth Wilson “los periodistas y reformadores de la época, como Josephine Butler, comenzaron a escribir acerca de las ocasiones en las que mujeres respetables eran confundidas con prostitutas, con consecuencias alarmantes como el arresto y detención. El hecho mismo de que tal error pudiera ocurrir acabó con las creencias antiguas de la distinción natural entre los rangos o clases. De la misma manera, la posibilidad de que una mujer virtuosa podría confundirse con una mujer de vida errante hizo caer las barreras de la convención y la respetabilidad, haciendo parecer a las mujeres como frágiles. No es de extrañar que en este momento las mujeres empezaran a retirarse de la calle” (Wilson 1991, 29). Este miedo llevó a un claro y constante distanciamiento de las mujeres del espacio público, generando muchos conflictos a aquellas mujeres que transgredían los límites por género en ese periodo, como las mujeres trabajadoras o las reformadoras sociales. El retiro al hogar doméstico de las mujeres como amas de casa, que la socióloga feminista María Mies ha denominado como “housewifization”6, hacía aparecer a la asignación de las labores relacionadas con las tareas de los cuidados era un acto deliberado, pues como indica la experta en estudios de las mujeres y la política Joan C. Tronto, “históricamente, las democracias han optado por dejar a alguna gente fuera de la vida política y asignarles deberes como cuidadores” (Tronto 2015, 13). Mies, al respecto nos explica cómo la burguesía inglesa puritana de este siglo creó una “ideología del amor romántico como compensación y sublimación de la independencia sexual y económica que habían tenido las mujeres antes del surgimiento de esta clase social” y declaró “a la ‘familia’ un territorio privado en contraste con la esfera ‘pública’ de la actividad económica y política” , lo que supuso el retiro de las mujeres de esta esfera pública para encerrarlas “en sus acogedores ‘hogares’ desde donde no podían interferir en las actividades belicistas, lucrativas y políticas de los hombres” (Mies 1998, 104). El retiro deliberado de la mujer del espacio público significaba la imposibilidad de expresar o compartir sus ideas, y, por tanto, de participar de la política de su país, acceder a la educación o a las nuevas profesiones de la modernidad. 4 Desde el inicio de la industrialización en el siglo XVIII se establece la familia se considera como la unidad social básica, donde el individuo se forma desde su niñez para que en su edad adulta se conduzca como una persona productiva para la sociedad donde se desarrolla. El estado establece una serie de mecanismos y regulaciones para controlar a la familia que hasta el momento había sido autogestionada privadamente por sus miembros (Donzelot 1998). 5 La frase “ángel en el hogar” se utiliza por primera vez en 1885 como el título del poema narrativo de Coventry Patmore que cuenta la historia de Honoria, una mujer que reúne todas las cualidades e ideales Victorianos. Su identidad se centra exclusivamente en el hogar doméstico y funciona en oposición a su compañero masculino como lo “otro”: privada cuando él es público, inocente cuando él es hablador, pasiva cuando él es activo (Patmore 1854-56). 6 “Housewifization” es entendido por Mies como el proceso por el cual la división en el trabajo ha relegado a la mujer al rol de ama de casa (Mies 2014, 16). nuria Álvarez lombardero https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2023.i33-34.05 71 2. DE LOS CUIDADOS EN EL ESPACIO DOMÉSTICO A LO SOCIAL A pesar de esta situación un grupo de mujeres de la burguesía, gracias a su situación económica y social privilegiada, pudieron subvertir esta situación a través de la utilización de los cuidados y del espacio doméstico como herramientas de emancipación política a finales del siglo XIX. Para entender cómo se produjo este cambio primero hemos de entender cuál era la situación en la que estas mujeres se encontraban. Como indicamos anteriormente, el oeste de Londres o West End sufre un gran desarrollo urbanístico a mediados de ese siglo para acomodar a aquellas familias de la aristocracia y la clase media-alta en áreas residenciales alejadas de la industria y, al mismo tiempo, manteniendo la distancia entre el trabajo y el hogar7. La tipología utilizada fue las viviendas en hilera o terrace houses. Estas se desarrollaban más comúnmente en forma longitudinal, aunque a veces también en media luna, denominadas entonces como crescents, con algunas pequeñas plazas entre ellas con muy poca vida social8. Esta configuración urbana basada en la casa familiar regentada por la mujer de clase convertía al West End victoriano en el centro de la domesticidad burguesa londinense. En este espacio doméstico era dónde la mujer desarrollaba sus habilidades relacionadas con los cuidados, como ser el “entretenimiento del hogar”, dar placer a su marido frente a las pasiones naturales a las que se enfrentaba fuera del hogar, el mantenimiento y decoración de la casa, enseñar a los niños y luchar constantemente por la moral y un estado religioso lo más elevado posible en toda la familia (Fishman 1987, 37). Sin embargo, a medida que progresaba el siglo, algunas de estas mujeres comenzaron a aventurarse en el espacio público. En principio, estas primeras incursiones se relacionaban con la compra de aquellos bienes de consumo que las mujeres necesitaban para decorar sus hogares y mantener la imagen de su familia, teniendo ellas que desplazarse a los nuevos grandes almacenes que abrieron sus puertas a partir de 1860 en las high streets urbanas9. Unido a este desarrollo consumista, comenzaron a surgir nuevos programas dentro de la ciudad que ofrecían a las mujeres lugares de reposo y cobijo en sus adentramientos en el espacio público, y que la historiadora Erika Rappaport ha denominado como “cultura comercial femenina” (Rappaport 2001, 75), formada por cafés, teterías, sociedades y clubs de mujeres. Estos nuevos espacios garantizaban el confort para la mujer y un lugar en la ciudad donde poder desarrollar actividades en soledad a la vez que encontrarse con otras mujeres y sentirse arropadas y protegidas. De entre todos estos lugares, destacamos aquí las sociedades y los clubs de mujeres, pues tienen dos peculiaridades que los diferencian. Por un lado, estos lugares ofrecían “todas las afecciones benevolentes y sus resultados, todas las caridades vinculantes de la vida” relacionadas con los cuidados, extendiéndose desde el hogar a las relaciones sociales más amplias, tal y como defendió la escritora feminista AnnaBrownell 7 Entre 1825 y 1840 se diseñan los planos para estos nuevos barrios victorianos de como Belgravia, Pimlico, Tyburnia, el Norte de Bloomsbury y los alrededores de Hyde Park. Más tarde, entre 1860 y 1900 continua el crecimiento con la construcción de los barrios de South Kensigntion, Bayswater, Barnsbury, St.John´s Wood, Paddington, Kensington, Chelsea, Clapham, Camberwell y Kennington. En conjunto todos estos barrios formarán lo que se denomina como stuccovia, que se deriva del uso de estuco en sus fachadas (Olsen 1986, 22). 8 Como indica el historiador Sir Walter Besant, estas “eran áreas sin ninguna sociedad, reuniones sociales o instituciones, una vida aburrida como nunca el ser humano había tolerado” (Porter 1996). 9 En calles concurridas y amplias como Oxford Street, Regents Street o Piccadilly del nuevo centro de Londres los comercios pequeños iban cerrando para dar paso a los primeros grandes almacenes, como Whiteley´s (1863), John Lewis (1864) o Fraser & Sons (1873). teJiendo histoRias. expeRiencias de tRansfoRmaciÓn socio-espacial desde los valoRes ecofeministas 72 ASTRAGALO Nº 33-34 | Septiembre / September / Setembro 2023 | Article | ISSN 2469-0503 Jameson en su influente ensayo Sisters of charity de 185510. En un ambiente de sororidad, sus fundadoras brindaban a otras mujeres, fueran visitantes o miembros, todos los cuidados que les eran necesarios, como alimentarse, educarse, o vivir en un hábitat propicio para el desarrollo de sus vidas, y que no les eran otorgados por ser ellas mismas las cuidadoras de sus hogares. Con ello entendemos aquí los cuidados como un derecho al que todas las personas, independientemente de su género, deben tener acceso, y el acto de cuidar como una función clave para la sociedad, y no sólo para el núcleo familiar11. Por otro lado, la presencia y localizaciones de los clubs y sociedades en áreas centrales en proximidad a las calles comerciales principales de la ciudad lejos de las áreas residenciales ayudaron a asegurar el acceso de la mujer burguesa a la esfera pública y facilitar su participación en el espacio público. Estos lugares “desafiaron la tradicional división entre el espacio público masculino de las instituciones y el espacio privado femenino de la domesticidad” (Walker 1996, 26) tanto en su arquitectura híbrida entre vivienda doméstica y centro público social como en su localización lejos de la periferia residencial y al lado de las calles comerciales en el centro urbano productivo. Esta alteración que las sociedades y clubs de mujeres realizaron a través de asistir a las mujeres en sus necesidades no atendidas por el espacio urbano y social establecido facilitó no sólo su incorporación al espacio público, sino también entrar en contacto con la diversidad y la diferencia que este medio ofrecía, dos elementos esenciales en la definición de política según Hannah Arendt12. Podría decirse por consiguiente que la redefinición que los clubs y sociedades realizaron tanto del espacio urbano como de la sociedad en la primera industrialización, fueron herramientas fundamentales para una inicial incorporación de las mujeres a lo político. 3. LAS SOCIEDADES Y CLUBS DE MUJERES EN LONDRES (1855-1867) Para entender este cambio en la concepción de los cuidados y su relación con la participación e integración de las mujeres en lo político, comenzamos analizando aquellos lugares utilizados primero por las mujeres londinenses como centro de reunión. En 1855 abrió sus puertas la primera sociedad para mujeres de clase media-alta en Londres, el Langham Place Circle (1857-1866)13 en una vivienda situada en el número 19 de la calle Langham Place en el barrio de Marylebone del West End, sus objetivos principales fueron proveer oportunidades de educación y ocupación igualitarias para el sexo femenino, así como promover mejoras legales y económicas para las mujeres a 10 Un referente para todas las posteriores actividades filantrópicas y reformadoras realizadas por mujeres en años posteriores (Jameson 1859, 13). 11 Con esta posición nos acercaríamos a la acepción que define la ONU en 2021 como un derecho al que las personas deben tener acceso y clave para la sociedad, pero con la diferencia de que no sería simplemente para su reproducción (NU. CEPAL-ONU Mujeres 2022). 12 Según la definición de Arendt “la política trata del estar juntos y los unos con los otros de los diversos” (Arendt 2001, 5). 13 Como preámbulo de esta sociedad de mujeres, encontramos el grupo de discusión Kensington Society (1865) fundado por Alice Westlake para aquellas mujeres que quería iniciar una carrera en la educación y la medicina, y que se reunía en el número 44 de Philimore Gardens de Kensigton. Entre sus miembros se encontraban mujeres relacionadas con la lucha por los derechos de la mujer, principalmente el derecho al voto, como Barbara Bodichon, Jessie Boucherett, Emily Davies, Francis Mary Buss, Dorothea Beale, Anne Clough, Alice Westlake, Helen Taylor, Elizabeth Wolstenholme-Elmy and Elizabeth Garrett. El Langham Place circle comenzó su andadura en la calle Prince Street en 1957 para luego situarse en el edificio de la calle Langham Place y así poder tener más espacio para los nuevos servicios que proveía. nuria Álvarez lombardero https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2023.i33-34.05 73 través de asesorar a las casadas para mantener sus propiedades y a las trabajadoras para asegurarse sueldos dignos. Sus fundadoras fueron Elisabeth Rayner Parkes, Jessie Boucherette y Barbara Leigh Smith Bodichon, mujeres relacionadas con el movimiento feminista y sufragista 14. De este modo, el Langham Place Circle inició el movimiento de los clubs femeninos con fines políticos y feministas a través de su Langham Place Group, que reunía a un pequeño número de mujeres de clase media decididas a hacer campaña en diversos frentes para mejorar la situación de la mujer (Lacey 1987, Rendall 1989, Worzala 1982). En sus instalaciones se incluía una recepción, una cafetería o comedor (donde las mujeres podían leer, descansar o refrescarse mientras que disfrutaban del espacio público), una sala de comités (que podía ser alquilada por cualquier sociedad relacionada con las mujeres o la filantropía) y las oficinas de la revista English Woman's Journal (Herstein, 1993). En 1859 se incluyen en el edificio las oficinas de la Society for Promoting the Employment of Women (Sociedad para la promoción del empleo de la mujer) y una oficina para registrar el trabajo de las mujeres profesionales. Posteriormente, en 1860 se añade a sus instalaciones en la cercana calle de Prince Street, el pequeño club social Ladies Institute (Ainley 1987, 75) fundado por Bessie Parker, que incluía una sala de lectura con biblioteca de libros y revistas abierta de 11am a 10pm, un comedor para visitas esporádicas entre compras y una recepción. A través de todas estas actividades la sociedad al completo se convirtió a principios de 1860 en un centro pionero donde las mujeres de la burguesía podían conversar sobre sus preocupaciones con otras mujeres, desarrollar su nivel cultural, realizar servicio comunitario a través de apoyar e informar a otras mujeres15 e iniciar su actividad productiva como mujeres independientes económicamente subvirtiendo así los límites establecidos. Gracias a sus actividades y servicios, lo que en principio eran preocupaciones o inquietudes individuales fueron tomando forma como movimiento colectivo, y es por lo que el Langham Place Circle se convirtió rápidamente en el centro de las campañas feministas, entre ellas principalmente el movimiento sufragista por el derecho al voto. A partir de la apertura del anteriormente citado Ladies' Institute comienzan a abrir, progresivamente, otros clubs para mujeres en esta misma área del West End londinense. Dirigidos siempre por mujeres de clases sociales privilegiadas, estos clubs son propiedades donadas, o a veces incluso propias, con el objetivo de proveer a las mujeres de un lugar más allá de los espacios de consumo, y donde ellas puedan sentirse seguras en el espacio público y relacionarse con otras mujeres. Para entender estos clubs de mujeres, tenemos que entender primero el origen de este lugar en el espacio urbano. Los primeros lugares de este tipo se remontan al siglo XVIII, cuando surgen los primeros clubs como extensión de los coffehouses16 o cafeterías de la época Tudor, lugares exclusivamente masculinos para socializar mientras se bebía o cenaba. Derivado de la palabra inglesa clubbe, que significaba solidaridad, sociedad o fraternidad, los clubs o clubhouses ofrecían un sentido permanente de pertenencia y asociación a sus socios que los coffehouses no tenían. Normalmente existía un 14 Dos de sus fundadoras, Bodichon y Boucherette, junto a Emily Davies y Elisabeth Garrett, fueron las primeras mujeres en presentar la primera petición de voto para las mujeres desde la Kensington Society a John Stuart Mill, que a su vez la presentó en la House of Commons de Londres en 1866 (Kent 1987, 184-196). 15 Una de las principales virtudes de esta sociedad era atraer tanto a jóvenes generaciones como a mujeres de más edad, por lo que las más ancianas apoyaban las campañas feministas de las más jóvenes. 16 Los coffehouses aparecen con la introducción en Inglaterra del hábito de beber café en lugares públicos alrededor de la mitad del siglo XVII. Lugares como el Calves Head Club (1693) o el Green Ribbon Club (1675) de reuniones esporádicas masculinas en Londres se consideran como el precedente a los posteriores exclusivos clubs, pero a diferencia de éstos no existía una filiación permanente o relación de interés común. teJiendo histoRias. expeRiencias de tRansfoRmaciÓn socio-espacial desde los valoRes ecofeministas 74 ASTRAGALO Nº 33-34 | Septiembre / September / Setembro 2023 | Article | ISSN 2469-0503 interés común que unía a estos individuos en sociedad y que daba el carácter al club, ya sea intelectual, deportivo, militar, político o religioso. A esto se unía un sentido de exclusividad que garantizaba el acceso sólo a cierto tipo de socios, aquellos de clase media-alta, mientras que otros eran rechazados. En consecuencia, para la sociedad inglesa en este periodo histórico, donde los límites de clase estaban muy definidos en la sociedad y existía un gran miedo a mezclarse con los más pobres, el club se convertía en un símbolo de elitismo17. Por un lado, esta exclusividad estaba relacionada con el rango social, atrayendo como socios a personajes influyentes de alto nivel social o económico. Esto convirtió a los clubs en símbolos del control sobre la sociedad y la política a todos los niveles local, nacional o la globalidad del imperio británico18. Por otro lado, la exclusividad también era por género, ya que se admitían estrictamente a hombres, solteros o casados, fomentando el culto al egoísmo y el gusto exclusivo por el placer. De esta manera, áreas como Pall Mall, junto a Piccadilly y St. James, donde se concentraron el mayor número de clubs a finales del siglo XIX, se convirtieron en áreas exclusivamente masculinas19. Clubs, tabernas y otros espacios de encuentro sirvieron a las necesidades políticas, económicas y sociales de una clientela masculina, y dieron forma a las identidades de los hombres reforzando su dominio en la política, la educación y el trabajo. De forma similar y como contraposición a estos lugares de reunión exclusivamente masculinos20, los clubs femeninos ofrecían a la mujer un lugar de reposo y acogida. La mayoría de los clubs femeninos se situaban en la zona del West End, al oeste de la ciudad de Londres, cerca de zonas comerciales, pero no en las calles principales. De esta manera, la mujer encontraba un lugar de estancia dentro sus actividades diarias, guarecida en ámbitos relativamente más privados, ya que el acceso a sus clubs se realizaba a través de entradas más o menos escondidas, en calles secundarias que desembocaban en el bullicio de las grandes calles comercial21. Por su carácter aún subversivo, no contaban con edificios específicos, sino que ocupaban viviendas particulares vacantes, normalmente donadas por algún miembro o fundadora, que eran ligeramente reformadas para el nuevo uso. De esta manera el espacio doméstico de la vivienda adosada se transformada ahora en un espacio social. Uno de los barrios de la ciudad que acumulaba un mayor número de clubs femeninos era Mayfair, el área residencial y comercial más de moda a finales de la época victoriana entre Oxford Street, Regent Street, Piccadilly y Park Avenue22. En particular, podríamos referirnos 17 “Incluso fuera del hogar, el ciudadano ingles desea ser inaccesible a cualquiera que no sea de su mismo rango. Esta distinción entre individuos, combinado con el confort al cual los ingleses están acostumbrados en el hogar, hacen fácilmente comprensible que el sustrato ingles sea eminentemente concordante con el desarrollo de los clubs” (Daly 1840, col. 328). 18 Tal y cómo indicaba una guía de la ciudad de Londres de la época victoriana: “Estamos llegando a Pall Mall, unos de las más esplendidas calles de Londres por el esplendor de sus clubs, el lugar de descanso de los Caballeros Ingleses más distinguidos, los más influyentes social y políticamente en la Nación y el Imperio” (Pascoe 1885, 239). 19 Tal y cómo el historiador Roy Porter indica: “Los clubs ayudaron a mantener la ciudad de Londres como masculina” (Porter 19986, 283). 20 Algunos autores indican el inicio de los clubs de mujeres como una reivindicación antes los homónimos masculinos. En un artículo publicado en el Daily News en 1871 se indica cómo el día de la procesión prenupcial de la Princesa de Gales en 1863 los clubs masculinos abrieron sus puertas a las mujeres para que pudieran ver pasar el carruaje marcando el primer intrusismo de la mujer en este mundo tan exclusivo (Rappaport 2001, 87). 21 Los clubs normalmente eran homogéneos en cuanto a la clase social de sus miembros, siendo normalmente burguesía media y alta. Por otro lado, al buscar esa privacidad dentro del espacio público los clubs solían situarse dentro de los barrios o vecindarios de vivienda, en calles secundarias con pequeños y exclusivos comercios, pero no en las calles principales. Solamente los clubs New Somerville y Victoria abrieron sus puertas en las bulliciosas calles de Oxford Street y Regent Street (Borden 1996, 304). 22 El área de Mayfair comenzó su desarrollo entre mediados del siglo XVII al XVIII por un número reducido de terratenientes, el más importante de ellos era la familia de como un área residencial de moda. El arquitecto y constructor local Edward nuria Álvarez lombardero https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2023.i33-34.05 75 al ambiente entre las calles Grafton y Dover –ésta última llamada popularmente como Petticoat Lane haciendo referencia a los pequeños abrigos que llevaban las mujeres en esta época–, y cerca de la masculina calle de Piccadilly. Tal y como un periodista señalaba tras la apertura del Lyceum Club situado en esta calle: “Desde las ventanas de los otros once clubs en Piccadilly los hombres miraban al exterior con cara de shock, y en Pall Mall y St. James Street se produjo una sacudida de cabezas calvas y un sombrío crujido de periódicos The Times. Primero Dover Street, ahora Piccadilly. ¿Qué será lo siguiente que conquistarán las mujeres?” (Stratigakos 2008, 24). Programáticamente, al igual que los clubs masculinos, los clubs de mujeres tenían diferentes funciones. Todos ellos proveían de lugares seguros, confortables y relajantes para las mujeres que paseaban solas por la ciudad. En ellos estas flâneuses podían entretenerse jugando al bridge o relacionarse con otras mujeres en la comida o tomando el té de la tarde. Sin embargo, los clubs de mujeres introdujeron eventos de mayor tamaño dentro de los clubs, como conciertos de música o conferencias y debates, pues parte de su identidad era formar una red social de interacciones estimulando los contactos, el debate y la discusión de diversos temas. A esto se unían actividades más privadas como leer los periódicos o escribir cartas –usando el club como un despacho–, e incluso dormir en el propio club. En los clubs femeninos se debatían en grupo temas tabú para la mujer de la época victoriana como la vivisección, los beneficios del socialismo para las mujeres, la educación o las obras de Ibsen23. Por otro lado, los clubs eran instituciones públicas en cuanto que permitían a la gente reunirse para conversar y entretenerse mientras que la exclusividad de su filiación, que prohibía a extraños entrar en las instalaciones, guardaba la privacidad de la socia. El club era un espacio público como un lugar en la ciudad, pero el sentido de propiedad y de formar parte de él como miembro registrado lo definían en términos de privacidad. Muchas mujeres de clases alta inicialmente y media posteriormente eligieron los clubs, por el confort que ofrecían sus habitaciones en el agresivo espacio público de la metrópolis londinense de finales del siglo XIX. En busca de este confort los clubs expandían las esferas privadas sobre la pública a una menor escala, la de la domesticidad, pero disgregada por toda la ciudad. El club femenino era como una casa pública en el que las mujeres podían disfrutar de todas las ventajas del hogar y de los lugares de negocios sin las ataduras de ninguno de los dos. Diseñados como algo más que lugares de entretenimiento y descanso, pensados domésticamente como viviendas para simbolizar su papel de segundo hogar dentro espacio público de Londres, los clubs de mujeres sirvieron como un punto de acceso femenino a la esfera pública. En definitiva, podríamos decir que la arquitectura de los clubs era un espacio de negociación entre la esfera pública, tradicionalmente masculina, y la esfera privada doméstica, tradicionalmente femenina (Rendell 2002, 63), y “existiendo simultáneamente como público y privado, los clubs colapsan la ideología de esferas separadas en dos espacios diferenciados, el masculino, el público urbano, y el femenino, el privado del hogar” (Stratigakos 2008, 23). De forma similar a los masculinos, los clubs de mujeres se disgregaban por todo el territorio urbano creando una red femenina extendida en paralelo sobre toda la ciudad. Existía una gran oferta de distintos clubs que cubrían intereses específicos según nivel de educación, estatus social o intereses políticos. Un ejemplo es el Somerville club (1878-1888), situado primero encima de la Shepherd fue el encargado de construir un mercado de dos plantas coronado con un teatro, el Shephard Market. En el siglo XIX es la familia Rothschild la encargada de promover nuevas residencias. 23 La obra Casa de muñecas de Henrik Ibsen (1879) en la que Nora, la protagonista femenina está bajo el paternalismo de su marido y padre se convirtió en símbolo del feminismo y su autor en defensor de la causa. teJiendo histoRias. expeRiencias de tRansfoRmaciÓn socio-espacial desde los valoRes ecofeministas 82 ASTRAGALO Nº 33-34 | Septiembre / September / Setembro 2023 | Article | ISSN 2469-0503 Fig. 6. En esta imagen del número 7 de la revista The Graphic podemos ver las distintas estancias del club. Tras pasar la entrada una escalera de tamaño medio se encierra en sí misma para dar un paso algo restringido a la planta primera. En ella se sitúan los espacios semipúblicos, como la sala de lectura, la biblioteca, la sala de fumadores, el comedor, el salón, la sala de lectura y escritura y la sala de vistas. Imagen de Mary Evans Picture Gallery. nuria Álvarez lombardero https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2023.i33-34.05 83 REFERENCIAS Ainley, Rosa (Ed.). 1998. New Frontiers of Space, bodies and Gender. London: Routledge. Álvarez Lombardero. 2016. “Una ciudad paralela de las mujeres: La red de clubs y asociaciones femeninos en Londres (1859-1914)”. Revista Proyecto, Progreso, Arquitectura, 14: 96-109. Arendt, Hannah. 2001. ¿Qué es la política? Barcelona: Paidós. Borden, Iain. 1996. Strangely familiar: narratives of architecture in the city, London: Routledge. Bradley, Ian C. 1976. The Call to Seriousness: The Evangelical Impact on the Victorians. 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Después de terminar su doctorado en la disolución de los límites trazados por la planificación urbana moderna en la Universidad de Sevilla, ha publicado diferentes artículos en revistas internacionales, como RA, Metalocus y Archithese, y los libros Política de Fabricación (ViBok 2017) y Arquitectas: Redefiniendo la Práctica (Recolectores Urbanos, 2016), siendo este último galardonado en la XIII Bienal Española de Urbanismo y Arquitectura.